¡Qué cosas dice uno! ¡Yo la llamé a usted "hija mía"! -Déjeme proseguir, señor don
Jorge. Hija mia... -exclamó usted con una voz que me llegó al alma-: en nada tiene usted que pensar por ahora más que en llorar y en pedir a Dios por su madre...
Pedro Antonio de Alarcón
-profirió Angustias con religiosa gratitud, cogiendo y estrechando la mano de don
Jorge, a pesar de los esfuerzos que hizo éste por retirarla-.
Pedro Antonio de Alarcón
Sabedor de ello el Marqués de los Tomillares, cuya visita no había faltado ninguna mañana a don
Jorge, o, más bien dicho, a sus adorables enfermeras, con quienes se entendía mejor que con su áspero primo, le envió a éste, al amanecer, un magnífico sillón cama, de roble, acero y damasco, que había hecho construir con la anticipación debida.
Pedro Antonio de Alarcón
Las tres mujeres se disputaron la dicha de pasear al Capitán Veneno en el sillón-cama: bebieron champagne y comieron dulces, así los enfermos como los sanos, y aun el representante de la medicina; el Marqués pronunció un largo discurso en favor de la institución del matrimonio, y el mismo don
Jorge se dignó reír dos o tres veces, haciendo burla de su pacientísimo primo, y cantar en público (o sea delante de Angustias) algunas coplas de jota aragonesa.
Pedro Antonio de Alarcón
Calificóla nuevamente de grave y peligrosísima, por estar la tibia muy destrozada, y recomendó a don
Jorge absoluta inmovilidad, si quería librarse de una amputación y aun de la misma muerte...
Pedro Antonio de Alarcón
Negábale todos los días don
Jorge que tuviese hechura la concesión de la viudedad, lo cual sacaba de sus casillas a la guipuzcoana; pero a renglón seguido la invitaba a sentarse en la alcoba, y le decía que, ya que no con los títulos de General ni de Conde, había oído citar varias veces en la guerra civil al cabecilla Barbastro como uno de los jefes carlistas más valientes y distinguidos y de sentimientos más humanos y caballerescos...
Pedro Antonio de Alarcón
Era de notar, sin embargo, que cuando alguna mañana tardaba Angustias en entrar a darle los buenos días, el pícaro don
Jorge preguntaba cien veces, en su estilo de hombre tremendo: -¿Y ésa?
Pedro Antonio de Alarcón
Y era que la llegada del Marqués había coincidido con la terminación de la cura. Don
Jorge sudaba de dolor. Dióle Angustias un poco de agua y vinagre, y el herido respiró alegremente, diciendo: -Gracias, prenda-.
Pedro Antonio de Alarcón
RICARDO LAGOS ESCOBAR, Presidente de la República; Eduardo Dockendorff Vallejos, Ministro Secretario General de la Presidencia; Francisco Vidal Salinas, Ministro del Interior; Ignacio Walker Prieto, Ministro de Relaciones Exteriores; Jaime Ravinet de la Fuente, Ministro de Defensa Nacional; Jorge Rodríguez Grossi...
Capitan agregado— Miguel Rodriguez. Tenientes 1ros— Jorge Velasco, Camilo Benavente, Antonio Martel, Pedro Zorrilla, Marcos Blanco.
En cuanto a usted, señorita Angustias, hágame el favar de llamar al sereno y decirle que vaya en casa del Marqués de los Tomillares, Carrera de San Francisco, número... y le participe que su primo don
Jorge de Córdoba le espera en esta casa gravemente herido.
Pedro Antonio de Alarcón
Por ahí iba en sus pensamientos don
Jorge de Córdoba, cuando sonaron unos golpecitos en la puerta principal de la sala, seguidos de estas palabras de Angustias: -¿Se puede entrar?
Pedro Antonio de Alarcón