Peligros

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Peligros

 
Mun. de la prov. española de Granada; 7 380 h.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
Cierto es que los dos muchachos no se habían acordado particularmente de llevar escopetas ni anzuelos; pero, de todos modos, el bosque estaba allí, con su libertad como fuente de dicha y sus peligros como encanto.
Aquí, como en todas partes donde la gente pobre tiene muchos más perros de los que puede mantener, las casas son todas las noches merodeadas por perros hambrientos, a que los peligros del oficio —un tiro o una mala pedrada— han dado verdadero proceder de fieras.
La decisión de huir y sus peligros -para los que el mensú necesita todas sus fuerzas- es capaz de contener algo más que una fiebre perniciosa.
Ella, con el tono de un perfecto sofista, me contestó: -No lo dudes, Sócrates, y si ahora quieres reflexionar un poco acerca de la ambición de los hombres, te parecerá poco de acuerdo con estos principios, a menos que no pienses en lo muy poseídos que están los hombres del deseo de crearse un nombre y de adquirir una gloria inmortal en la posteridad, y que este deseo, más aún que el amor paternal, es lo que los lleva a afrontar todos los peligros, sacrificar su fortuna, soportar todas las fatigas y hasta perder la vida.
Habíase de mezclar el día siguiente en un riesgo tan sangriento; y cuando todos se prevenían de defensa o consideraban los peligros, él comentaba y leía a Polibio.
No pensó lo que en ella le podía acontecer: estudió lo que debía obrar. Considerar los peligros es prudencia de cobardes, habiendo de entrar en ellos; y también muchas veces es cobardía de valientes.
¿Qué esperamos por nuestro temor, cuando la república nos espera por su remedio? Dos peligros grandes tenemos: en sabernos librar del peligro infame está el librarnos.
Había dicho Favonio que la guerra civil era peor que la más dura tiranía; y Statilio, que al varón sabio y prudente no le era lícito por causa de los malos y de los necios arrojarse en los peligros temerosos.
Resta tomar su deposición a la magnanimidad jactanciosa y a la conveniencia de Julio César, y a aquel entendimiento que tenía por descanso el desprecio de todos los peligros.
Continúa conociendo el mundo que te rodea. Tus antenas, como hilos en movimiento, seguirán previniéndote de los múltiples peligros que te aguardan.
Por razón de los peligros que pueda presentar para los hospitales la proximidad de objetivos militares, convendrá velar por que estén lo más lejos posible de ellos.
360 entre tanta muchedumbre, sin hallar seguro blanco, no acertaba a amar a alguno, viéndome amada de tantos. Sin temor en los concursos defendía mi recato con peligros del peligro y con el daño del daño.