Vigo

vigo

s. m. Hond. Parche o emplasto.
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2022 Larousse Editorial, S.L.

Vigo

 
Mun. de la prov. española de Pontevedra, cab. de p. j.; 283 670 h. Primer puerto pesquero de España. Construcciones navales y de automóviles. Ind. conservera y del papel. Fábricas de loza, cristal y vidrio. Aeropuerto. Iglesias de Santiago (gótica) y de Santa María (neoclásica). Griegos y fenicios llegaron a Vigo en busca de estaño. Es la Vicus Spacorum romana. En 997 fue destruida por Almanzor y repoblada, en 1170, por Fernando II.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
Y he aquí que en el silencio que le cerca sintió la puerta abrir, y unas pisadas que de él se aproximaban cautelosas, entre el rumor de la ondulante falda de un vestido de seda crujidora, y percibió un sombra que robaba de su alcoba la luz, y vió por último entrar en ella una mujer velada. Vigo cerró los ojos, de su mente febril antojo e ilusión juzgándola; y la mujer, creyéndole dormido, alzó la blonda que su faz velaba.
Suponiendo el primer don delicadeza estimable de un buen realista, aceptable en su mala situación, le admitió en la convicción de que traía consigo la fe de un común amigo; mas la carta sale ahora con que es don que una señora le hace, no a él, sino a Vigo.
Siendo a Vigo a quien se da, siendo a Vigo a quien se ama, y el secreto de una dama siendo lo que en juego está, García, que a ciegas va parte a tomar desde luego en tan misterioso juego, ¿de qué carta ha de tirar para no manifestar que está fallo y que va ciego?
LITORAL: Barro, Baiona, Bueu, Caldas de Reis, Cambados, Cangas, Catoira, Gondomar, Grove (O), Marín, Meaño, Meis, Moaña, Moraña, Mos, Nigrán, Porriño (O), Portas, Poio, Pontecesures, Redondela, Ribadumia, Sanxenxo, Soutomaior, Valga, Vigo, Vilaboa, Vila García de Arousa, Vilanova de Arousa, Illa de Arousa (A), Pontevedra.
Si a Vigo una mujer ama y Vigo su amor no sabe (lo que en lo posible cabe) ¿no parecerá una trama de García, en que la dama, presa de un amor sincero, paga su amor en dinero con hidalga bizarría, haciendo un papel García indigno de un caballero?
Si Vigo, de ella ignorando la pasión (que puede ser un secreto de mujer), la cosa a pechos tomando, rehusa altivo en sanando aceptar de ella el favor, y lo hace cuestión de honor, indigna de su hidalguía… ¿cómo ha de pagar García ni el dinero ni el amor?
Además, la que le envía billetes para su amigo, dice que son para Vigo; es decir, que o desconfía de él o intenta que García palpablemente comprenda que no quiere que se extienda a él su generosidad; y es natural, en verdad, que esta conducta le ofenda.
Mas García, que ya ha amado, no puede perder de vista que el amor es egoísta, exclusivo y malcriado; sabe que el enamorado, de su pasión a la llama no ve más que lo que ama; y en su amor ciego por Vigo, si ofendía o no a su amigo no vió al escribir la dama.
Pero he aquí que en el punto en que la carta siguiente le declara llanamente que, con el billete adjunto, van jugando en el asunto dos mil francos, que a ofrecer viene a Vigo una mujer por una razón de amor, García se halla pero en la cuestión hoy que ayer.
El estorbó la internación de los Ingleses quando quemaron nuestra flota en Vigo; acompañó al Rey en la infeliz expedición de Barcelona, defendió con un cuerpo de tropas las orillas del Tajo, y obligó á los enemigos á levantar el campo, y retirarse.
Es grave la situación, y no sabe del laberinto en que está cómo salir. ¿No podrá Vigo al fin darle la llave? Pero sobre todo tiene García en su corazón otra secreta razón que alegar no le conviene; mas resuelto le mantiene a permanecer neutral en cuestión tan capital: una razón cimentada en una quimera… en nada: razón propia, personal.
Sumiéronse los tiburones en busca del negro, y todas las miradas quedaron fijas en un remolino que no tuvo tiempo a borrarse, porque casi incontinenti una mancha de espumas rojas coloreó el mar, y en medio de los hurras de la marinería y el vigoroso aplaudir de las manos coloradotas y plebeyas de los mercaderes, salió a flote la testa chata y lanuda del marinero que nadaba ayudándose de un solo brazo, mientras con el otro sostenía entre aguas un tiburón apresado por la garganta, donde traía hundido el cuchillo...