En la tarde del 8 de Septiembre, día en que medio Lima concurría á las fiestas que se efectuaban en homenaje á la Virgen de Cocharcas, fiestas que, después de la solemne misa y procesión, concluían con opíparo banquete dado en el con- ventillo por el canónigo capellán, lidia de toretes, jugada de gallos, maroma y castillitos de fuego, entró á la picantería una negra que llevaba en brazos una preciosa niña, de raza blan- ca, y que revelaba tener nueve ó diez meses de nacida.
Él respondió que, por dalles contento a todos, desde aquel punto se las concedía, y advirtiéndoles que las estimasen en mucho, porque eran no pagar media nata del primer hurto que hiciesen; no hacer oficios menores en todo aquel año, conviene a saber: no llevar recaudo de ningún hermano mayor a la cárcel, ni a la casa, de parte de sus contribuyentes; piar el turco puro; hacer
banquete cuando, como y adonde quisieren, sin pedir licencia a su mayoral; entrar a la parte, desde luego, con lo que entrujasen los hermanos mayores, como uno dellos, y otras cosas que ellos tuvieron por merced señaladísima, y los demás, con palabras muy comedidas, las agradecieron mucho.
Miguel de Cervantes Saavedra
Concluyó por fin el banquete con vino blanco y bizcochos, y mientras el fraile y mis tíos se fueron a dormir la siesta y mis primas a vestirse para ir a vísperas, yo me largué al campo a tomar el aire, que buena falta me hacía.
Acordó de hacer un banquete, ansí por no lo poder llevar como por contentarme, que aquel día me había dado muchos rodillazos y golpes.
El francés los atosigó a entrambos: a Fernando las sospechas que traía, viendo a su enemigo interceder por el honor del vasallo en quien temía tan gloriosos servicios; y en Gonzalo Fernández la atención bien advertida en el peligro de dos malicias coronadas. Llegó a España el Católico y nunca pudo digerir aquel banquete del rey de Francia, ni se lo dejó digerir al Gran Capitán.
Cuando a Orso le estorbaba un señor, le atraía, jurábale amistad, comulgaba con él -¡horrible sacrilegio!- de la misma hostia, le sentaba a su mesa..., y en mitad del
banquete el convidado se levantaba con los ojos extraviados y espumeante la boca, volvía a caer retorciéndose..., mientras el anfitrión, con hipócrita solicitud, le palpaba para asegurarse de que el hielo de la muerte corría ya por sus venas.
Emilia Pardo Bazán
Deseoso Ridolfi de animarle, hizo una seña, entendida al vuelo, y pocos minutos después, un preso moribundo de hambre fue traído a la sala del
banquete.
Emilia Pardo Bazán
Pero luego dijo: - Jamás retiro mi palabra; el señor catedrático está invitado - y se inclinó, dirigiendo una mirada al Rey, que indudablemente había oído el diálogo. Había
banquete en casa del general, y sólo el conde y su protegido habían sido invitados.
Hans Christian Andersen
Por defender el injuriado fuero ¿No es lícito la espada desnudar?» (167) Si entronizado el codicioso belga Saqueaba el palacio y la cabaña Y desangrando á la infeliz España Rios de oro enviaba á su nacion; Si reía en espléndido banquete Sirviéndole de música el gemido De un pueblo que por él empobrecido Moribundo imploraba compasion; Si al pedirle justicia el triste padre, Padre á quien deshonró vil cortesano, Decia el estrangero al castellano: 'Cómprame la venganza y la tendrás'; ¿Debió Castilla tolerar su afrenta?
on la copa en alto, los ojos cerrados, llego hasta la mesa de los convidados, con la copa en alto, la copa dorada, en donde agoniza toda desangrada la última ilusión. Con la copa en alto toda corazón, me acerco al
banquete loco de la Vida.
Beatriz Eguía Muñoz
Por ejemplo, en el prólogo del autor que encabeza el libro primero de Gargantúa nos dice: “Alcibíades, en el diálogo de Platón que se intitula El Banquete, al elogiar a su preceptor Sócrates, príncipe, sin discusión, de los filósofos...” “¿Creéis por vuestra fe que jamás Homero al escribir La Ilíada o la Odisea pensase la alegoría que calafatearon Plutarco, Heráclides, Ponticua, Eustaquio Fortuno, y de la que le ha desnudado Politian?
Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un
banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea.
La Biblia (Nuevo Testamento)