Ejemplos ?
La cabeza al aire y sin machete, el padre va. Corta el abra de espartillo, entra en el monte, costea la línea de cactus sin hallar el menor rastro de su hijo.
Entrada en vigor. El presente real decreto entra en vigor en el momento de su publicación. Dado en la Embajada de España en Buenos Aires, el 3 de diciembre de 2010.
El aire y el viento que las envuelven hacen lo mismo y las siguen cuando se elevan y cuando descienden; y lo mismo que en los animales entra y sale el aire incesantemente por la respiración, el aire que se mezcla con estas aguas entra y sale con ellas y provoca vientos furiosos.
—Cómpreme el último cachito... el huerfanito... —un chiquillo entra ofreciendo un billete de lotería... —¡Salte cabrón! -grita uno de los meseros—.
- Dudo que lo reciba, pero en fin, voy a ver si es posible... Y destruyendo la descansada postura en la que se hallaba, la mujer entra en un privado sin privaciones, como quien no quiere.
- y abre la puerta de la oficina del principal. El transformado entra. - Antes que nada, permítame presentarle mis disculpas por haberme visto imposibilitado para atenderlo ayer mismo.
La secretaria entra diciendo en su rapidez lo de siempre: "Diga usted..." - Tenga listos los documentos y los trámites "a realizar".
Artículo Cuarto.- La presente ley entra en vigor en el mismo momento de su proclamación por el Congreso del Partido Único Nacional de Trabajadores en Bata el día 14 de julio de 1972.
Juzgad si el corazón pudo estar quedo cuando escuchó que el Ogro regresaba, cuando aquel rostro criminal y acedo vio cerca ya de la enriscada cava; pero más pudo la piedad que el miedo, juzgad si ardía o si fingiendo amaba. Arriba el Ogro y alza al fin la piedra; entra entre cabras él, y no se arredra.
El de Antioquía, un tonto de remate que Martán el cobarde se apellida, pues va junto a Grifón, da en el dislate de pensar que traen la fuerza compartida; y así entra también en el combate; mas.
Proseguimos por ahí hasta un pequeño pasillo; en el fondo se alzaba otra gigantesca puerta y roncamente me dijo uno de ellos: —Aquí está el pasadizo de la curiosidad, entra.— Ordenó mientras abría con sus manos escamosas la puerta del inicio.
Pues ¡mira! va a ser el mes que entra. Parrón se estremeció, y yo también, conociendo que el amor propio de adivino me podía salir por la tapa de los sesos.