Ejemplos ?
Carve Los muchachos siempre fueron aficionados a la pelota, sin perjuicio del hoyito, del trompo y aún algunos de la taba, haciendo caso omiso de la pandorga.
Y seguir apuntando lo que es y lo que no es la Tradición, sería el cuento de la buena pipa ó de nunca acabar. Como usted, amigo Pastor, es de los que le sacan púa al trompo y saben rezar el Credo...
Y danzaban riendo, diciéndose cosas picarescas y chistosas, burlándose dulcemente las jóvenes de las viejas, que no eran las menos decididas para dar brincos y jalearse. -¡Ay, mire sor Gertrudis, qué vueltas! Parece un trompo. -¡Y qué lindos pies que luce!
Su hermanito contaba hallar una pareja de bueyes de cartón y una carreta; además una escopeta de esas que disparan bolitas de papel a manera de balas; un trompo y otras cosas.
Como tenía algunos cuartos, compró un trompo; pero no era muy diestro en su manejo, y el trompo, en vez de bailar en el suelo, pegó un brinco y rompió uno de los vidrios de la tienda de un zapatero que salió con el tirapié.
Había el que esto escribe salido de la edad del babador y el mameluco y entrado en la del cuartillo de barragán y la mataperrada, cuando una tarde, caminito de la escuela, ocurriole llegar a la tienda de las Pantojas y gastar la peseta dominguera en un trompo, un balero y un piporro.
¡Que no! Por la falta de cabuya no bailo mi trompo yo». Y en fin, casi todos los tipos populares de la ciudad figuraban en efigie en el nacimiento de Barbones.
— ¡Oh, claro, claro, claro! Se da trato de cuerda, que es lo infantil, y el trompo de música resuena. Pero la guillotina, una mañana fresca...
En cuanto a Guillermo de Prusia, acostumbrado desde chiquitín al vo- mipurga de la cerveza alemana y a intoxicarse con el tósigo de los cigarros hamburgueses, conservó toda la sangre fría, y sablazo por aquí y cañonazo por allá, cerró la noche, y don Napoleón pidió alafia. Báileme usted este trompo en la uña y dígame si es pajita.
Si a esto añadimos que el padre de la joven, al pasar a mejor vida en 1637, la había dejado bajo el amparo de una tía sesentona y achacosa, legándole un decente caudal, bien podrá creérsenos, sin juramento previo y como si lo testificaran gilitos descalzos, que no eran pocos los niños que andaban tras del trompo, hostigando a la muchacha con palabras de almíbar, besos hipotéticos, serenatas, billetes y demás embolismos con los que, desde que el mundo empezó a civilizarse, sabernos los del sexo feo dar guerra a las novicias y hasta a las catedráticas en el ars amandi.
Se había escapado de su cama descalza; echó algo sobre la mía, y me dijo volviéndose a la carrera y de puntitas como había entrado: –Oye, los dos centavos para ti, y el trompo también te lo regalo...
(Se va cantando) : «El pañuelo que me diste, lo eché al campo a juntar flores... Conmigo son las promesas y con otros los amores»... i Barajá ese trompo en la uña!... FORTUNATO.