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domingo, 6 de abril de 2025

PUBLICACIÓN DE MI SEGUNDA NOVELA "EL AMULETO DE EFRAÍM TAMBIÉN TENÍA SU TALÓN DE AQUILES

 



Entre papeles guardados - desde años atrás- los borradores de la novela “El amuleto de Efraím también tenía su talón de Aquiles”, y casi la condeno al olvido, pero leyendo ensayos de la novela en Colombia sobre personajes legendarios violentos, me vinieron a la memoria aquellos primeros esbozos escritos con intención de novela sobre la mítica figura de Efraím Araque, que había dejado durmiendo en viejos baúles, pues quizás sentía que, no le encontraba el tono que quería, para contarla; sabía que desde la estructura y su carpintería, y de lo legendario del personaje, a pesar de la criminalidad de Efraím Araque que constituye la figura nuclear de este ejercicio novelístico, no podía partir en su estantería y alma, en la misma disposición de ingeniería literaria como encaré a Nazareno Córdoba el personaje liminar de mi primera novela, “La saga del último de los duros”.
Las novelas como los vinos y los buenos rones, también se maduran, y ahora cuando volví sobre los papeles olvidados de Efraím Araque, que se erigió en su mítica como el sanguinario León María Lozano de “Cóndores no entierran todos los días”, y el Efraín González, “siete colores”, de la cuentística de Jairo Aníbal Niño, sentí observando el contexto de la vida de Efraím Araque en Piedecuesta que, lo legendario y popular que rodeó su vida criminal , eran los elementos que motivaban la escritura de su novela.
Por eso, me aventuré a escribirla desde diversas voces, con fuentes y recursos del testimonio, la crónica, la historia, y el hilo de la ficción, pues antes que una biografía es una novela que zurció estos elementos narrativos necesarios para su construcción, de manera sutil, para que no se les notara la costura. Ahora queda a manos del lector, y a la espera de su lanzamiento en el grato espacio del café-teatro Kussi Huayra. Aunque ya está en preventa, por lo que agradezco a quienes ya la compraron, impresa a la vieja usansa, con recursos propios por lo que su comercialización está directamente en mis manos .

NOTA BENE: Agradecimientos al artista Miguel Ángel Gélvez, por la obra El Mirón, para la portada, a César Bueno, por la impresión y edición de la novela; y al académico, Juan Remolina Caviedes, por el prólogo.










Transcribimos uno de los capítulos de la novela sobre el legendario, Efraím Araque


Comienza la leyenda
 



Lo conocí bien pollo. Le llevaba qué sé yo, diez años de demás, al menos. Él tenía por ahí siete, cuando un día me lo tropecé por el camino polvoriento que del barrio Hoyo Chiquito iba a juntarse con la que llamaban la Y (había allí una casa vieja donde hacían tapetes de fique y alpargatas) y con la carretera nacional que, cogía por el norte hacía Bucaramanga. Venía hecho un desastre, con la cara sucia, la nariz sangrando, un ojo amoratado, los pantalones y la camisa rotos, y las manos raspadas como si lo hubieran arrastrado por el pavimento. Era la tarde de un sábado, iba a buscar agua a la quebrada Suratoque, pues Acuasur, había suspendido el servicio, para darle mantenimiento a los tanques del acueducto, cuando me lo encontré por primera vez. No lo niego, me dio lástima, verlo así, como el pollo chiras del cuento. No tuve que preguntarle nada, cuando se toparon nuestras miradas, y él mismo me lo dijo, me agarré a puños con el viejo de los tapates, me trató de ladrón. Yo que voy a robarle esos tapetes tan feos, y vi en sus ojos esa rabia que a uno lo helaba; y dijo luego, le dejé las canillas rotas de las patadas que le di, a ese viejo hijueputa. Y siguió su camino tan campante, como si nada le hubiera pasado, y su nariz no fuera esa llave rota que, trataba de taponar con las hilachas de su camisa. Al otro día vi al viejo de los tapetes. Venía cojeando hacia Hoyo Chiquito. Cuando lo tuve cerca, le observé los arañazos en la cara, y me acordé de su nombre: Justo. Le pregunté qué le había pasado, un culicagado que llaman Efraím, un raterito mala clase, trató de robarme unos tapetes, y nos encendimos a puño, pero qué gallito. Un demonio, el culicagado, si viera sus ojos de carbones de odio. Entonces pensé que, esa era la mejor descripción de los ojos de Efraím, y me dije, que ese pelao debía tener el demonio adentro, porque miraba con esos ojos de Rhoda, la niña perversa de la película, La mala semilla del director Mervyn Leroy, que vimos con mi papá la vez que me llevó a conocer bien de niño, el teatro Unión de Bucaramanga.  

Después supe por ahí, que Efraím era hijo de una tal Etelvinia, vivía en Villanueva, y era la misma que años después instalara su fabriquín de costales de fique, en la mejor casa de Hoyo Chiquito; había progresado al parecer tanto, que ella, contrataba directamente con Hilanderías del Fonce, la cosida de los costales de fique. Pero, Efraím parecía no sentirse bien en las faldas de Etelvinia, y prefería la calle, era un pelao díscolo, a quien esa amistad con los Arce, nunca le convino. Eran mayores que él, rateros de profesión, formados por su propio padre para la delincuencia, un policía expulsado de la institución por mala conducta: le gustaba nada más ni nada menos que, quedarse con las armas de fuego, decomisadas a quienes no portaban su salvoconducto, y luego las vendía a criminales y delincuentes, altamente peligrosos, sin sonrojarse siquiera. 

lunes, 24 de marzo de 2025

sábado, 8 de marzo de 2025

MUJER

 





*Foto propia                                                                                                                                                                                                                                                

Voy a escribirle unos versos,
bien sentidos
a la mujer valiente
que se trepó a la rosa de
los vientos,
sin perfume
ni glamour
a esparcir sus palabras
de amor,
de vida,
de lucha
para decirle al mundo:
aquí estoy,
luego existo.




























martes, 25 de febrero de 2025

lunes, 17 de febrero de 2025

Memorial de los tiempos



Todas las reaccione

Foto de la web



Resbala la lluvia
se humedece la tarde.
Gente que corre,
cabellos
y rostros mojados,
buscando un alero donde guarecerse.
El niño que habita en mi
recuerda el patio de geranios
y la lluvia impenitente
cayendo
sobre los cadáveres
de la masacre

Foto intervenida

martes, 4 de febrero de 2025

Angustia

 




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Cuánto pesa esa angustia
que pone sus huevos en alma
y carne,
buscando anticiparse a la certidumbre.
Rasguña,
araña,
roe,
carcome dentro
y nada encuentra,
en su desvelo.
Esa angustia que apuñala desde dentro,
y busca justificarse,
dando palos de ciego
esa angustia que horada las paredes
de la serenidad
echándonos la casa encima


Foto propia intervenida


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sábado, 25 de enero de 2025

De inercias y silencios





*Pintura del maestro colombiano, Gonzalo Rey


EL día ha puesto sus huevos de silencio,
al silencio lo secunda la inercia de las cosas.
Hace falta un ápice de la risa del hombre
que vende la suerte por las calles.
Hace falta esa boca de rojo carmesí
y el canto de la voz de la mujer
que vende flores a la puerta del teatro.
Todo se ha quedado mudo
y quieto hoy,
tan mudo y quieto que hace falta tu beso
y el frufrú de tu vestido cayendo a tus
espaldas