Recién nos conocíamos, escribía poco y me sentaba a leer una y otra vez a Caicedo entre los estantes de una biblioteca que olía a polvo y a café.
Me dijiste que escribiera con dolor.
"Hoy te vi. Te juro que te vi, te vi te vi livianita al viento entre las margaritas que cortabas y ponías de revés porque te parecían hermosísimas y que yo no entendía.

Te soñé como si no estuvieras lamiendo otros universos con tu lengua felina hasta dejarlos tristes y llenos de estrellas y como si yo pudiera tocarte las comisuras de la boca con los dedos índices como hacías vos, Marisolsita linda, antes de sumergirte con tu boca salada de mar en mi boca toalla que te raspaba y te mordía y te contaba los principios de la guerra y te hablaba del amor y otras fuerzas cohersitivas, y vos entendías, solecita preciosa, que a Gandhi y Hitler los diferenciaba nada mas el uniforme y me explicabas despacio lo que pensabas de los cadáveres insepultos y las motocicletas, mientras mirabas tu pelo al sol, solecita, tan claro que yo pensaba en María del Carmen y no en vos, solecita querida, pensaba en María Del Carmen y en la muerte de Caicedo (la real y la de Maríangela, porque murió también con la muerte de Mariángela) y no te prestaba atención por pensar en tu pelo-maría-del-carmen y tu boca-oceáno y tus deditos-punzón y las pecas de las manos de Clarisa la vieja de la gran pensión en la que te quedabas los fines de semana, solecita linda.
Pero la tarde es un costal de huesos arrastrado por la calle y tarde que temprano te fuiste y ahora sí, aunque tarde, puedo pensar en vos al recordarte y no en ella, ni en Caicedo, ni en los libros que nunca te leí y las mentiras que te dije, y todo lo que te falle
Pero te juro Marisolsita, que me puse de puntitas al verte, quizá en un intento de alcanzarte porque estas mas cerca del cielo vos que yo, y quizás ganándome el cielo me acerque lo suficiente para mirarte debajo de la falda y vislumbrar el paraíso y Marisolsita linda, estire mis manos al viento y toque tu pelo y vos estabas en otro lugar, en otro país, en otro mundo, en otra dimensión, en otro tiempo, en otro cuarto de la gran casona y yo podía verte pero estabas muy lejos que no tuve más remedio que estirar mis manos.


Marisolsita, te vi.
¿Dónde estás?"
Esto fue escrito hace mucho tiempo.
Esto fue escrito hace mucho tiempo.
Las fotografías son de Christer Strömholm, Daido Moriyama, Anders Petersen y Art Shay