Allá un tapiz suspendido, sobre una puerta enrollado, semeja un monstruo enroscado que se arrastra en un rincón; allí empinado en su losa de algún fundador el busto remeda con fiero susto gigantesca aparición.
DOÑA ANA 35 (Aparte.) Ven aquí cómo este enredo se me ha hecho sin sentir. DON JUAN ¡Ay ingrata!, como es cierto que el que ofende ve con susto, con sobresalto y con miedo la cara del ofendido.
(Vanse las dos.) Jornada segunda - Escena II (Sale DON JUAN y TACÓN.) DON JUAN ¿Pensarás, tirana injusta, pensarás, hermosa fiera, 85 ya que el susto se pasó de que por sombra me tengas, que de aquel pasado incendio las no apagadas pavesas, al aliento de tus ojos, a ser llama otra vez vuelvan?
no hay ninguna indicación de cambio de autoría. 92 Compárese con la primera línea de la conclusión escrita por Vera Tassis, editor de E.: De buen susto nos libramos.
MUÑOZ No sé, que sólo decía Tacón que estuvo en un tris 152 de entregarle a la justicia por ladrón, mas que escapó, y tu padre se quedó allá, con esta noticia; y, viendo que no he podido hacer que deje Tacón tan grave resolución, a contártela he venido, por ver si puedes hacer que se evite este disgusto y se le excuse este susto a aquella pobre mujer.
--¡Qué tristes ideas! (dije yo no sin
susto.) Mañana sobreviviremos los dos a la batalla. --Pues emplacémonos para después de ella...
Pedro Antonio de Alarcón
No tenía en el mundo más que aquella criatura: su mujer, hallándose recién parida, había muerto a consecuencia del
susto de ver entrar a los civiles, que venían a prender al marido por sospechas de no sé qué alijo de tabaco y sal.
Emilia Pardo Bazán
Rosario se serenó al punto, y dirigiéndose hacia la ventana, díjole a su novio con acento afable: -¡Ah!, que eres tú. Qué susto me has dao y qué mo tiées tú de anunciarte, hijo mío.
El Conejo se llevó un susto tremendo, dejó caer los guantes blancos de cabritilla y el abanico, y escapó a todo correr en la oscuridad.
- Sea quien sea el que viva allí - pensó Alicia-, no puedo presentarme con este tamaño. ¡Se morirían del susto! Asi pues, empezó a mordisquear una vez más el pedacito de la mano derecha, Y no se atrevió a acercarse a la casita hasta haber reducido su propio tamaño a unos veinte centímetros.
-Creced y multiplicaos- ¡Educadnos! Y lo tendremos todo. No habrá miedo ni susto ni enfermedad alguna. Fuertes seremos. Alúmbranos la conciencia de tu sabiduría.
Menudo susto llevaron cuando vieron a ese animal que parece una enorme rata y que mira con ojos asustadísimos, o un zorrillo, aunque no tan apestoso, pero que de todos modos huele muy mal.