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La luz y otros cuentos
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Libro electrónico129 páginas1 hora

La luz y otros cuentos

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"La Luz y otros cuentos" es una colección literaria de relatos que exploran temas profundamente humanos y emocionales, como la pérdida, la soledad, la esperanza, y las complejas relaciones interpersonales. A lo largo de estas historias, el autor emplea una combinación de elementos poéticos y narrativos para sumergir al lector en ambientes cargados de simbolismo y significado. La obra destaca por su uso de la música como un recurso que complementa y enriquece la experiencia narrativa, buscando sincronizar las emociones del texto con composiciones clásicas que elevan la intensidad de cada cuento. Cada relato refleja aspectos personales y filosóficos del autor, ofreciendo una mirada introspectiva sobre las experiencias y dilemas que forman parte de la vida humana.

IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento25 oct 2024
ISBN9798896195085
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    La luz y otros cuentos - Julio Rodas

    LA LUZ

    Y OTROS CUENTOS

    Julio Rodas

    Mi corazón no puede con la carga

    de su amorosa y lóbrega tormenta

    y hasta mi lengua eleva la sangrienta

    especie clamorosa que lo embarga.

    MIGUEL HERNÁNDEZ

    ––––––––

    La verdadera abnegación no es guardarse las penas, es saberlas compartir.

    MIGUEL DE UNAMUNO

    A Marco Tulio.

    STTS. CUV.

    ÍNDICE

    PRESENTACIÓN

    PRÓLOGO

    POR LA MAÑANA

    EL POETA

    LA LUZ

    MÁS ESPACIO

    UNA AYUDITA

    INDIGNACIÓN

    EN EL JARDÍN

    LA CARTA PRECISA

    LAMENTO RIMBOMBANTE

    EL ÚLTIMO ORGULLO

    LA MARIPOSA

    EXTRACTO DE UN DIARIO (PACIENTE No. 23)

    LA OFENSA

    PERSUASIÓN

    ¿AMIGOS?

    ADIÓS

    AL ANOCHECER

    ––––––––

    PRESENTACIÓN

    Cuando el autor me pidió que elaborara el prólogo de esta su segunda publicación, mi primera respuesta fue una negativa. Consideraba, como aún considero, que no merecía tal honor, en parte porque no tengo ni título ni fama de crítico literario; y, segundo, porque en este libro es la música la que juega un, sino el, papel primordial, y yo soy, en buena parte, amusical, algo así como aquel de necias orejas que, por obra de Apolo Febo, tomó prestadas las de un borrico de lento caminar.

    Por lo tanto, si tengo el gusto de escribir estas líneas, y el honor de que usted, lector, las lea, es única y exclusivamente gracias a la bondad del autor, quien me ha insistido que escriba este proemio a su obra, de la que ahora pasamos a hablar.

    Sin exagerar ni adular, esta obra es de las más vivas, penetrantes y profundas que he conocido y leído. Y esto sin mencionar siquiera su originalidad, en la cual es también aventajada dado que, a nuestro leal saber y entender, no tiene un precedente en nuestro medio. Dicha originalidad no se debe a los temas que se tratan, sino a la forma en la que se abordan, la claridad e ímpetu con que se escenifican, siguiendo el decir del autor. Decimos que no es original en los temas que trata, no como un demérito a la obra, sino porque lo que se presenta en estos relatos no es sino una buena parte del depósito común de la humanidad, de aquello que nos hace humanos, ¡y con qué agudeza y precisión!

    La profundidad y vehemencia con que se presentan estos asuntos que nos son comunes, en menor o mayor medida, a todos, se deben no solo al uso de la palabra por parte del autor, sino también a la música que la acompaña, es más, sin esta música el texto pierde mucho de su fuerza. Esto podría considerarse como una espada de doble filo: o bien le permite al lector participar de esa elevación espiritual que produce esa mezcla de la palabra y el sonido de los instrumentos musicales, o bien no encuentra, como yo en algunos casos y a mi pesar, ese vínculo invisible e indisoluble que el autor ha establecido entre su obra y las piezas de música que la acompañan.

    En este último caso, mi consejo es que escuche a la música, que reduzca a lo mínimo el sonido de las palabras del texto y enmudezca los pensamientos de su mente, y escuche con mayor atención, porque la música es hija del silencio, por más contradictorio que esto suene. Y es que para oír todo lo que estos escritos nos quieren decir, debemos escuchar a la música, esa que dice algo sin hablar, que nos hace entender sin palabras y nos convence sin argumento ni discurso.

    Y si, por cualquier caso, la escenificación trae a su memoria otros sonidos o ritmos, atrévase a crear su propia mezcla. Porque en todo libro hay varias obras: la del propio autor y las de cada uno de sus lectores. Aunque encontrará que estas piezas calzan tan bien a los relatos que acompañan que le parecerá que están han sido compuestas una para la otra, sin saber cuál haya sido primero, o sin distinguir si fue la una para la otra o viceversa. Y este es el mayor éxito del autor: lograr esa perfecta fusión, casi identificación entre lo que se lee y lo que se escucha, prueba de la sutileza con que ha sabido extraer, darle voz y forma a lo que sus ojos del alma veían al tiempo que sus oídos musicales escuchaban salir, ya sean calmas o a borbotones, esas notas en perfecto ritmo y armonía.

    He tenido el privilegio de ver, leer y escuchar la formación de este libro, a veces me ha resultado trabajoso hacer inteligible para mí ciertos trazos o secciones de la misma, especialmente aquellas que tienen una fuerza y sonoridad que lo deja a uno anonadado. Pero es ahí donde se debe pegar más el oído para escuchar y ver mejor, ya sea las escenas cotidianas o aquellas que le son más familiares al autor, y a sus colegas, pero que tampoco nos son ajenas o extrañas, y que se escenifican en esta compilación.

    El poder de la palabra y la música es creador, tal como lo expusiera con suma belleza J. R. R. Tolkien en su Ainulindalë, quien también gozaba de ese arrebato que produce la música, pero sin conocer sus tecnicismos o reglas (lo mismo que podemos hacer todos nosotros), porque para gozar la música basta nada más escucharla. Los invito ahora a escuchar la música que se contiene en las páginas de este libro.

    ––––––––

    Marco Tulio León Paiz

    Nueva Guatemala de la Asunción, equinoccio de otoño 2024

    PRÓLOGO

    ––––––––

    Luego de mi primera publicación, me di a la empresa de agregar algo especial que caracterizara a mi nuevo grupo de escritos. Al inicio de este año, me encontraba planeando la siguiente serie de cuentos; así, y de fondo, también escuchaba algunas composiciones del romanticismo ruso, personalmente mi época musical preferida. Mientras acompañaba los violentos movimientos de Modest Mussorgsky, o bien era impulsado por la obertura de Rimsky-Korsakov, me di cuenta de que aquellas melodías retrataban breves escenas en mi mente. Así llegó esa idea fugaz de narrar un relato ambientándolo con música, acentuando las emociones del mismo. De esta forma, ideé la manera de compartir con el lector aquella música que me inspiró a escenificar estos relatos.

    En esos días, recuerdo que estaba deseoso de incursionar en la música de Schubert, especialmente en sus Impromptus. De los escuchados, fue con el primero (Op. 90, D. 899) que dibujé una historia; mi mente era el papel, mi corazón fungía como lápiz. Lo nombré La luz. Siendo así el primer cuento que escribí en ese formato amenizado, decidí llamar a este libro en honor a esa breve historia que precedió a las demás; una que brotaba naturalmente con cada nota de un melancólico piano, que a ratos lo iluminaba un aire esperanzado y melodioso. Quedando satisfecho con el resultado, comenzó la inspiración. Me basé en la duración de las piezas musicales para poder compaginarlo con la longitud del escrito, y en la mayoría de los casos logré una sincronía bastante adecuada a la melodía.

    El lector que pueda escuchar la pieza que he colocado al inicio de cada cuento, podrá notar la suma diferencia que ejerce la intensidad y el sentimiento que transmite toda la armonía que encierra el arte en pentagrama. Claro, algunas veces la experiencia podrá variar dependiendo de la rapidez con que se lea, sin embargo, insto a repetir la melodía en caso el texto sobrepase el tiempo de la pieza musical.

    Con respecto al orden de estas narraciones, sepa el lector que también este lo sometí a un cuidadoso escrutinio. No es casualidad que decida recibirlo Por la mañana para despedirlo Al anochecer. Asimismo, existe una razón por la cual el cuento No. 12 le pertenece al paciente No. 23, y la pequeña niña del cuento No. 7 tiene precisamente esa edad. Las referencias más específicas de las otras narraciones quizás no las llegue a reconocer el lector inmediatamente, pero deberá tener por seguro que tiene en sus manos un libro bien pensado. Nada está puesto solo porque sí.

    Como es costumbre propia, cada relato retrata algo personal, en mayor o menor medida. Cada trabajo de cada autor contiene algo de suyo, sea en su estilo o en su mensaje. En mi escritura plasmo la filosofía analizada, meditada y contemplada de mi vida, así como mis pensamientos, experiencias, dudas y anhelos. Ningún escrito mío es totalmente ajeno a mi persona.

    Entrego entonces al lector un trabajo más de mi vida, un año con una faceta alegre, reconfortante, y otra más oscura y desgastante; un conjunto de obras con un orden pensado para la reflexión crítica, con música de fondo, escogida especialmente para enaltecer los sonidos de la curiosidad imaginativa, requerida para disfrutar cualquier narración.

    ––––––––

    Nueva Guatemala de la Asunción, septiembre 2024.

    POR LA MAÑANA

    Concierto de Aranjuez: II. Adagio

    ~Joaquín Rodrigo

    ––––––––

    La madrugada se iba transformando en mañana tan lentamente, justo como suele hacerlo: sutil, elegante, tan sencilla y silenciosa; cambiaba sus prendas y se alistaba con el alba, aquella que avisaba a las pequeñas

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