La Imagen Como Pensamiento DIGITAL
La Imagen Como Pensamiento DIGITAL
La Imagen Como Pensamiento DIGITAL
imagen
como
pensamiento
Sofa Sienra Chaves, Adriana Prez Garca,
Leonardo Rodrguez Torres, Juan Mojica Arias
(Compiladores)
P
93.5
.I443
2015
La imagen como pensamiento / compiladores, Sofa
Sienra Chaves[et al.]1a ed.--Toluca, Estado de
Mxico: Universidad Autnoma del Estado de Mxico,
2015.
282 p.; il.; [22 cm]
ISBN: 978-607-422-649-2
1. Comunicacin visual Filosofa 2. Imagen (filosofa)
3. Percepcin visual. I. Sienra Chaves, Sofa, comp.
Categorizacin: MDF
Depto. Procesos Tcnicos.
La
imagen
como
pensamiento
Sofa Sienra Chaves, Adriana Prez Garca,
Leonardo Rodrguez Torres, Juan Mojica Arias
(Compiladores)
Universidad Autnoma del Estado de Mxico, Facultad de Artes
Maestra en
Estudios Visuales
ndice
Introduccin
(p. 13)
Conferencia / conference
Grard Wajcman
(p.18)
Parte 1
(p.38)
25, 27, 29, 51, 55, 69, 70-72, 89, 92, 117,
23, 25, 27, 29, 31, 35, 37, 41, 54, 71, 73,
55, 59, 62, 64, 65, 66, 71, 83, 92, 93,
Parte 2
(p.74)
111117);
53, 56, 59, 61, 63, 65, 66, 69, 77, 81, 92,
154).
Parte 3
(p.156)
(p. 51, 52, 56, 69, 70, 77, 81, 84, 113,
54, 56, 59, 64, 66, 69, 85, 92, 113, 122,
25, 27, 29, 31, 33, 35, 37, 41, 43, 49,
Parte 4
(p.210)
21, 23, 25, 27, 29, 31, 35, 37, 41, 54,
Autores
(p.260)
ndice de artculos
(p.270)
ndice onomstico y de
conceptos
(p.274)
Introduccin
Quiz el problema no est slo en las imgenes, sino en la teora y, de forma ms
especfica, en una cierta imagen de la teora.
W.J.T. M itchell
Aparece una imagen. Se presenta como un nervio vivo que se retuerce y late. Su destello marca
una tensin silenciosa a la que es difcil dar un sentido, es pura vibracin. Cmo traducir el
silencio que nos inunda en el encuentro con la imagen?, desde qu lugar podemos aproximarnos a ella e intentar significarla sin pretender clausurar su potencia?
Escribir es una manera de usar el lenguaje como seuelo, la palabra que pesca lo que no es
palabra, un modo de orientar el pensamiento en torno a lo mirado. Situarse en el ocano de imgenes resulta, hoy, una necesidad casi fsica, en tanto ellas insisten en proclamar su paradjica
condicin de promesa y amenaza, impulsando nuestra oscilacin entre la fascinacin y el temor.
La relacin de la imagen y el pensamiento plantea una problemtica compleja acentuada
por el hecho de que ambos trminos son difciles de aprehender cabalmente. En cuanto a
nuestra histrica relacin con las imgenes, podramos reconocer, desde una tradicin occidental, una intencin diseccionadora de la mirada cuyas races se podran encontrar en los
postulados platnicos acerca del original y la mmesis que consiste en analizar las imgenes
como si fueran cosas, procurando un distanciamiento objetivo a fin de develar su significado.
Por otra parte, es en las artes principalmente, donde es posible identificar dicha articulacin a
partir de una implicacin, que ms que analizar se propone sentir la imagen, ser uno con ella,
moverse a su ritmo. No hay separacin sino continuidad. Entre estas dos actitudes, entre analizar y sentir, encontramos el terreno parapensar la imagen a partir de un doble movimiento que
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campo de estudio, observamos como punto nodal aquel congreso de estudios visuales organizado por el espaol Jos Luis Brea, que logr reunir a tericos de la imagen, productores e
investigadores interesados en aproximarse a la cultura visual y proponer, a partir de ella, nuevos enfoques para la generacin de conocimiento, en un campo que reclama la investigacin
transdisciplinaria. Una dcada despus de este evento, consideramos pertinente retomar la
apuesta por un discurso crtico de la visualidad contempornea, partiendo de las interrogantes
planteadas en aquel momento pero, fundamentalmente, proponiendo nuevos desplazamientos
y problematizaciones que ataen a nuestras actuales coordenadas de tiempo y espacio.La imagen como pensamientoaparece as como un vasto campo para el estudio de la cultura visual y
como una clave de apertura para el debate a propsito de la imagen y sus posibilidades epistemolgicas. En este sentido, tratamos de habilitar un espacio de convergencia que propicie dilogos e intercambios, por lo cual el formato del Foro, si bien mantiene un carcter universitario
y acadmico, intenta retomar el espritu de la tertulia, de la charla de caf, de la conversacin
prolongada y atenta que alimenta, moviliza, conecta y cuestiona las ideas.
Entendemos quela imagen como pensamientose ha materializado en un doble acontecimiento. Por un lado, en el tiempo pretrito y espacio compartido en la Universidad Autnoma
del Estado de Mxico del 13 al 16 de octubre de 2014 y, por el otro, en el presente libro, que se
inscribe en dimensiones espacio-temporales particulares: su materialidad como geografa y su
organizacin como historicidad. Puesto que es un objeto porttil que sirve para (des)organizar el pensamiento, no resulta posible diferenciar el contenido de la forma, sino que estas
dos dimensiones quedan rebasadas por la experiencia personal del vagabundeo errante que
proponen sus pginas. Por ello, quiz, sugerimos una imagen de la teora, tan inacabada como
rizomtica, a partir de aquello que expresaran Gilles Deleuze y Flix Guattari a propsito de la
literatura menor:
As pues, entraremos por cualquier extremo, ninguno es mejor que otro, ninguna
entrada tiene prioridad, incluso si es casi un callejn sin salida, un angosto sendero,
un tubo sifn, etctera. Buscaremos, eso s, con qu otros puntos se conecta aqul por
el cual entramos, qu encrucijadas y galeras hay que pasar para conectar dos puntos,
cul es el mapa del rizoma y cmo se modificara inmediatamente si entramos por
otro punto (Deleuze-Guattari, 2001: 11).
El libro propone recorridos variados, singulares y recnditos. Retomando la metfora arquitectnica, buscamos construir, ms que un edificio, una madriguera con mltiples entradas y
sin una sala principal a la que arribar. No hay escaleras ni accesos privilegiados, sino corredores que se conectan, incesantemente, entre s. Por tanto, el lector encontrar pistas para experimentar su propio trayecto sin que ello implique prescindir de la organizacin estructural a
partir de la que se desarroll el Foro. De esta manera, hemos decidido mantener la agrupacin
de los textos en cuatro partes que se corresponden con una serie de interrogantes que ubicamos en cuatro ejes temticos propuestos al inicio del proyecto:
1.
La educacin artstica: objeto y funcin en la era de la imagen electrnica. En un contexto en el que la imagen se despliega en una multiplicidad de formas y procesos, es
posible evidenciar una variabilidad de los modos de distribucin, acceso y produccin
visual. En este nuevo escenario, pautado por la presencia de la imagen electrnica y
por la expansin de las redes informacionales, se tiende a difuminar la barrera entre
productores y consumidores de contenidos culturales. Los artistas y las escuelas de
arte se ven as convocados a repensar crticamente su objeto de estudio y su funcin en
la sociedad: qu se ensea, cmo y para qu?, en qu consiste el valor epistemolgico
de la imagen desde la universidad? y cul es el rol del artista en la actualidad?
2.
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trasladar el anlisis de la imagen hacia nuevos universos de significacin, a entenderla bajo sus caractersticas hbridas desde un matiz ms epistmico que disciplinario:
sobre qu paradigmas la imagen opera como mtodo de aproximacin al mundo para
la generacin de conocimiento? y de qu manera la imagen se vuelve relevante en el
mbito transdisciplinario?En definitiva, se trata de abordar los diferentes enfoques en
donde la imagen cumple un rol epistemolgico, tanto en las ciencias exactas como en
las humanidades pero, fundamentalmente, la apuesta consiste en explorar y provocar
puntos de cruce, donde la imagen se desborda de los compartimentos estancos y opera
de manera transversal.
4.
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Fuentes de consulta
Brea, J. L. (ed.) (2005) Estudios visuales. La
epsitemologa de la visualidad en la
era de la globalizacin. Madrid: Akal.
Deleuze, G. y Guattari, F. (2001) Kafka. Por
una literatura menor. Mxico: Era.
(2002) Mil mesetas. Capitalismo
y esquizofrenia. Buenos Aires:
Pretextos.
Didi-Huberman, G. (2012) Arde la imagen.
Mxico: Serieve.
Fernndez Christlieb, P. (2011) Lo que se
siente pensar, o la cultura como
psicologa. Mxico: Taurus.
Mitchell, W.J.T. (2009) Teora de la imagen.
Madrid: Akal.
conference
Grard Wajcman
a parfaitement vu a. Je veux dire quen utilisant comme je le fais les moyens de la vido, de
lordinateur et dinternet pour me transporter jusqu vous, au moins mon image et ma voix, je
me dis que jaccomplis ainsi ce que Freud considrait comme lessence mme de la civilisation.
Il conoit en effet, dans ce prcieux livre quest Malaise dans la civilisation, quil publie en 1930,
que les apports de ce quon nomme la civilisation consistent en tout premier lieu perfectionner les organes du corps, dvelopper ses capacits motrices et sensorielles, accrotre sa
puissance. Je cite Freud :
Grce tous ses instruments [aux apports de la civilisation], lhomme perfectionne
ses organes moteurs aussi bien que sensoriels , ou bien il largit considrablement les limites de leur pouvoir. Les machines moteurs le munissent de forces
gigantesques, aussi facile diriger son gr que celle de ses muscles; grce au navire
et lavion, ni leau ni lair ne peuvent entraver ses dplacements. Avec les lunettes il
corrige les dfauts des lentilles de ses yeux. Le tlescope lui permet de voir dimmenses distances et le microscope de dpasser les limites assignes sa vision par la
structure de la rtine. Avec lappareil photographique, il sest assur un instrument
qui fixe les apparences fugitives [] A laide du tlphone, il entend loin, des distances que les contes eux-mmes respecteraient comme infranchissables.
En mesurant que les conqutes de la civilisation semblent aller dans le sens la fois de
librer lhomme de son impuissance naturelle, de le sortir de ses limitations et daccomplir les
rves les plus fous de lhumanit, Freud finalement sexclame On dirait un conte de fes!.
Evidemment, il note que tout ne relve pas du conte de fe. On devrait sans doute penser les
effets et consquences de toutes les inventions techniques. Tout nest pas merveilleux, loin sen
faut ne serait-ce que parce que lhomme est la seule espce vivante qui ait invent les moyens
de se dtuire elle-mme. Par ailleurs, Freud parle du tlphone mais le microphone, par
exemple, aura eu un rle politique considrable dans le 20me sicle. Il a jou un rle historique dans la constitution des foules. Quest-ce quaurait t Hitler sans microphone ? Celui qui
sest rendu parfaitement compte de a, cest Charlie Chaplin dans son film le Dictateur, ralis
en 1940.
Dans toutes les fonctions voques, la civilisation se prsente donc comme un organe
du corps en plus. En venant palier ses dfauts par des appendices et des prothses, la civilisation fait apparatre la finitude, ou la dbilit essentielle de lhomme. Et en multipliant ces
appendices et ces prothses du corps, la science et la technique tendent son pouvoir daction
et de connaissance sur le monde. On mesure aussi que ce que les machines amnent comme
perfectionnement du corps sapplique sur un corps pens lui-mme comme une machine. Et
si, comme toute machine, le corps rpond de limpratif du matre quil faut que a tourne et
que a tourne rond, nous sommes confronts aux invitables embarras du corps, ses rats.
La mdecine bien sr est appele l, la science la biologie, et on invente le bb-mdicament
pour soigner les dfauts du corps. Jadis, on pouvait penser un corps aristotlicien. Le corps
aristotlicien, cest le corps pens comme forme, dans son image, comme une forme totale et
puissante. Lme, la puissance vitale saccomplit dans limage totale du corps, la clbration
du corps comme Un. En un sens, lhistoire de lart occidental a t celle dune clbration de
ce corps en gloire. La peinture des corps racontait une gnse de lme au sens aristotlicien.
Mais a, ctait le corps davant, un corps avant ou hors de la science. Parce quil est manifeste
que cette poque est rvolue, quon peut, quon doit dire adieu la clbration de lunit du
corps en gloire. La science et la technique triomphent et avec elles saffirme au contraire le
triomphe dun autre corps, qui est le corps cartsien, un corps articul, un corps en pices et
en morceaux conu comme une machine. Je regardais il y a quelques jours les images fascinantes dAimee Mullins cette amricaine handicape qui est devenue athlte, top model et actrice, et qui porte deux prothses de jambes. Elle est licne mme du corps cartsien, chaque
photo delle est limage de la civilisation en gloire, mais de la civilisation de la science. Bien sr,
videmment, si on soccupe de trouver une icne du corps cartsien, je prfre videmment
penser Aimee Mullins plutt qu Oscar Pistorius.
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Mais il faut videmment ajouter maintenant quelque chose. Oscar Pistorius peut y faire
penser. Cest que la science et la technique qui perfectionnent le corps permettent videmment
un dveloppement de la civilisation, mais on ne peut laisser de ct que cette clbration du
nouveau corps machine marche avec la mort. Le dveloppement des appendices techniques
non seulement nexclut pas mais au contraire inclut la pulsion de mort, parce quen augmentant
les pouvoirs du corps, on augmente en mme temps, comme mcaniquement, le pouvoir de
destruction des corps. Bien sr Freud dit que dans la civilisation on se croirait dans un conte,
mais il noublie videmment pas quil crit Malaise dans la civilisation en 1929, cest--dire
aprs les dsastres de la guerre de 14 et alors que la seconde guerre mondiale se profile lhorizon. Il faut mesurer que la seconde guerre mondiale accomplira dincroyables progrs de la
science, lvidence dans linvention de la bombe atomique; mais aussi le nazisme a dmontr
que, mme sans arme, la technique au niveau le plus simple peut servir des buts de morts: cest
ce quont t les chambres gaz, qui ntaient pas du tout un fait de guerre, mais qui, par lemploi du Zyklon B, de ce gaz qui tait lorigine un produit insecticide, ont t lapplication des
techniques les plus pacifiques du jardinage la destruction massive de millions dindividus.
Je ferai maintenant une autre remarque propos de notre civilisation et du corps. Elle
concerne directement la place et la fonction de limage. Je note quentre les lunettes, le tlscope, le microscope et lappareil photo, Freud souligne la place dcisive des technologies de
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la vision. Du coup, je me rends compte que tout ce qui ma occup ces dernires annes, tout
ce que jai pu crire concernant les camras de surveillance, les drones et toutes les techniques
dimagerie actuelle, tout cela constitue un dveloppement de la conception freudienne de la
civilisation. Limportance de limage aujourdhui nest plus souligner. Ce quil faut simplement penser, cest dj quon est moins dans ce quon a pu appeler une civilisation de limage
que dans une civilisation de lexcs dimages. Ds lors quon a affaire aux images numriques,
on est aujourdhui confront ce que les informaticiens nomment la question du Big Data, qui
est le problme du traitement du volume gigantesque des donnes. Compte tenu de la masse
norme dimages qui sont mises en mmoire, il est devenu impossible de voir toutes les images
que nous produisons. Cest dj en cela quon peut dire que nous ne sommes pas dans une civilisation de limage, mais de lexcs dimages.
Il importe ici de faire une autre remarque. Cest quen commenant, tout lheure, jai reli
naturellement limage et la numrisation, pas seulement parce que limage que vous voyez ici a
t techniquement filme avec une camra numrique, mais ce quon appelle image aujourdhui
appartient essentiellement au numrique. Ce quil faut du coup comprendre, cest que limage
dont on parle nappartient plus entirement au registre du visuel. Cest un changement, une
rupture considrable dans la rflexion sur le visible et dans lhistoire de lart. Jadis, mme si la
question du visible sest toujours articule celle de linvisibe, limage tait entirement pense
dans son essence comme une modalit du visible, quil sagisse en peinture de la couleur, du
pigment ou plus proche de nous de la photographie dite argentique ou du film de cinma. Or
ce quon appelle pixel nappartient pas directement au visible, cest un algorithme, cest du
calcul, de la pure mathmatique. Limage est un visible mais inscrit dans lordre du lisible. Le
numrique produit des images, mais en vrit il nous masque la trame symbolique de limage,
que limage nest pas visuelle, quelle nest quun compos de chiffres et de lettres. Limage
scrit. En quoi, avec les ordinateurs qui nous permettent daccder toutes les images quon
dsire, on a une nouvelle fois tort de penser que nous serions dans une civilisation de limage:
la vrit est que nous sommes dans une civilisation de la mathmatique, du chiffre, de ce qui
scrit. On croyait nagure que limage allait balayer lcrit, et finalement, il faut se rendre
lvidence que le numrique a dvelopp une civilisation de lcriture.
Jen viens maintenant un autre retournement qui est pour moi le retournement central de
notre civilisation. A savoir que nous ne sommes pas dans une civilisation de limage, ni mme
de lexcs dimage, mais dans une civilisation du regard. Et cest prcisement cela qui donne sa
raison cet excs actuel des images. Ce que la civilisation, au sens de Freud, a dvelopp, cest
quelle a appareill notre il.
La civilisation du regard dont je parle, cest lextension rapide et dmesure de la puissance
du corps quant son organe visuel. Lhomme voit plus, mieux, plus vite, plus loin, il voit aussi
plus profond, et dabord plus profond en lui-mme. On pourrait dire que jamais on a autant
regard, et jamais on a vu si bien. Non seulement, depuis la lunette de Galile, le tlescope a
permis dtendre notre vision du monde au-del mme du monde, non seulement, depuis la
loupe et les opticiens hollandais, avec le microscope notre regard est entr dans lintimit la
plus infime de la matire, mais dans notre civilisation, la surprenante nouveaut, cest que nous
sommes devenus nous-mmes lobjet privilgie de notre propre regard, de la puissance illimite de ce regard. La terre toute ronde est devenue un gros globe oculaire qui nous regarde,
nous surveille, nous ausculte. Walter Benjamin avait aperu a, quil y avait eu un bouleversement radical du regard au temps de la modernit, il crivait en effet ceci, je le cite: Lhumanit
qui jadis avec Homre avait t objet de contemplation pour les dieux olympiens lest maintenant devenue pour elle-mme. Jajoute moi que non seulement lhumanit est devenue un objet
de contemplation pour elle-mme, non seulement nous nous sommes pris de passion nous
regarder nous-mme, mais, arm par la science et la technique, notre regard est entr au plus
profond de notre corps. Jadis, on contemplait le portrait de quelquun et ce visage, limage de
ce corps taient susceptible de livrer une vrit intrieure de ltre, dune me. Aujourdhui,
avec la radiographie, lIRM ou lchographie, nous regardons nous-mme lintrieur de
nous-mme, dans lespoir peut-tre dapercevoir notre me au plus intime de nous-mme, mais
dissimule quelque part au fin fond des neurones.
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dans lpoque du regard absolu. Cest une chose nouvelle dans notre socit. Une mutation. La
vue est devenue le sens premier. Bien sr cela est vrai depuis ce quon a appel la Renaissance.
Mais la diffrence de la Renaissance et de Lonard de Vinci, un artiste qui a jou un rle
majeur dans llvation de la vue comme sens premier, quand la vue devenait le sens majeur, et
quand dans la hirarchie des arts, la peinture tait leve au rang de fleur de tout art, la vue
tait alors une facult humaine. Cest--dire forcmentlimite, partielle, marque par la finitude de lhomme, qui ne dtient pas le don divin de lomnivoyance. a a donn la perspective.
La perspective est la science de la vision humaine, cest--dire de la condition humaine voyante,
savoir que notre vue est limite, cadre, quon ne voit pas tout, que la vue suppose le partage
du visible entre ce quon voit et ce quon ne voit pas. Cest cela qui sincarnait dans linvention
du tableau, de la fentre albertienne du tableau. Le tableau incarnait lide dune dualit entre
champ et hors-champ, comme on dirait aujourdhui, lge du cinma, o entre le visible et
le cach, limage et lirreprsentable. Or, avec la place rgnante du discours de la science, le
primat de la vision aujourdhui ne renvoie pas la facult visuelle de lhomme, et donc ses
limites, mais ce qui est la vue divine, une omnivoyance qui aurait le pouvoir de rduire tout
le rel limage. Or cest la science qui sest aujourdhui arroge ce pouvoir domnivoyance.
Cest bien a qui faisait question pour Freud qui disait: lhomme stait fait depuis longtemps
un idal de la toute-puissance et de lomniscience, et il lincarnait en ses dieux, Il leur attribuait
tout ce qui lui demeurait inaccessible, ou lui tait interdit. On peut donc dire que ces divinits
taient des idaux culturels . Et de l Freud en arrivait cette conclusion que Maintenant
quil sest considrablement rapproch de cet idal, il est devenu lui-mme presque un dieu.
Freud crivait cela en 1930. Le problme, cest quau 21e sicle, avec les avances de la science,
lhomme ne se contente plus dtre presque un dieu. Le cadre du tableau, la fentre ont t
exploss. On est maintenant dans une vision qui se veut intgrale, hors les murs, travers les
murs. Autant dire quon est au temps de ce quon nomme le mur dcrans, cest--dire que cest
en effet un mur mais le mur dcrans est un mur qui suppose quon peut tout voir. Il ny a plus
aujourdhui de hors-champ. Et pas plus non plus dopacit ou de cach. Toutes les limites sont
franchissables lil du dieu moderne qui est lil de la science. Plus dopacit ni de cach,
cest--dire aussi bien quil ny a plus dintime. Profondment, il y a cette ide que tout le rel
serait visible, cette thse hypermoderne que tout le rel serait rductible limage. Cest ce
que dit le mathmaticien que je citai quand il parle de la numrisation du monde. En ce sens,
il se prend pour Dieu, le Dieu calculateur de Leibniz. Le mouvement gnral du discours de la
science va vers une virtualisation du monde.
Freud disait que la civilisation tendait accomplir nos rves comme dans les contes, magiquement, mais aujourdhui il se manifeste autre chose qui na plus rien voir avec la magie
et les contes. Le monde hypermoderne est celui dun dchanement de la pulsion de voir. Il faut
entendre dchanement dans tous les sens. Cest--dire que la passion de voir a envahit la
socit et quelle est lexercice dune libert nouvelle. Cest--dire quil ne sagit plus cette fois
dun droit, mais dune libration totale, dune pulsion du regard sans limite. On veut tout voir
et on on voir tout de tout. Des interdits pesaient jadis sur le voir. Le droit de regard a t revendiqu. Il a t acquis, reconnu et protg, inscrit dans un cadre juridique. Un pas a t franchi
aujourdhui. Cest quon est pass de ce droit une appropriation sauvage, une dvoration
cannibale de lil. Le regard tend ntre plus rgl par rien. Dans les faits, si on considre le
problme des paparazzi qui cristallise mdiatiquement un aspect de la question du droit de
regard aujourdhui, les juges sont impuissants fixer des limites, et il est massif que ce nest
plus la loi qui rgit ce droit, mais largent et le march.
Mais pris dans sa globalit, dans lide actuelle dun droit de regard, il ne sagit plus
darracher un privilge au pouvoir, le droit de regard signifie aujourdhui que cest au rel que
simpose le devoir dtre transparent. On est pass du droit de regard une exigence universelle de transparence.
En ce point il importe de souligner qu limpratif de tout voir rpond aussi celui de tout
montrer. Le voyeurisme gnralise fait couple avec un exhibitionnisme de masse. Cest vrai
dans tous les domaines, y compris celui de la politique o on nattend plus des hommes politiques quils nous disent leurs penses quant la conduite de la cit, mais quils nous confient
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ce quils aiment manger, quils ouvrent les portes de leur chambre coucher et quils nous
disent comment ils baisent.
La transparence est devenue idal absolu et impratif absolu. Cela donne lieu lmergence dune nouvelle pornographie. Lhypermodernit engendre une nouvelle forme de
pornographie, symptomatique de cette qute exaspre dun rel qui ne se droberait pas
limage. Ce nest plus la pornographie dhier, parce que ce nest pas la digue de la pudeur qui
est abattue, mais la digue du dgot, au-del de laquelle les limites sont abolies. On nest pas
dans la transgression. La pornographie dhier transgressait les limites de la pudeur pour dcouvrir quelque chose voir qui tait interdit; aujourdhui la pornographie numrique abolit
les limites pour voir ce qui serait au-del des images. Ce qui peut tre le pire.
Le fantasme de la transparence se heurte une limite dsespre dans la pornographie.
Toute la question de la pornographie hypermoderne, de la pornographie lectronique, est lie
a, un dfaut essentiel: on nen voit jamais assez, cest quil ny aura jamais assez dimages;
plus jen vois, plus jen veux, et plus je crois voir se dvoiler ce quune autre image me voilait, et
plus mchappe ce que les images sont supposes me montrer. Et a, a va linfini.
Il y a manifestement une cassure dans lhistoire moderne. Si on pense au dbut du 20 e,
quand Freud inventa la psychanalyse, on en tait lge de la rpression de la sexualit; la fin
du 20 e et le 21e sicle sont marqus par la diffusion massive de ce qui sappelle le porno, qui
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est le cot exhib, devenu spectacle, un show accessible par chacun sur internet. De la fin du
19 e sicle victorien au rgne du porno, nous ne sommes pas seulement passs de linterdiction
la permission, mais lincitation, lintrusion, la provocation, le forage. Le porno, questce dautre quun fantasme film avec une varit propre satisfaire les apptits pervers dans
leur diversit? Rien finalement ne montre mieux ce que Lacan nommait labsence du rapport
sexuel que le porno, la profusion imaginaire des corps qui passent leur temps se donner et
se prendre.
On peut voquer propos de cette pratique contemporaine du porno ce que fut le dferlement des effets du christianisme dans lart, des effets qui ont t ports leur acm par le baroque. Lacan parle de a. A propos de la peinture baroque, il note dans son Sminaire Encore
que : tout est exhibition de corps voquant la jouissance. Mais la diffrence du baroque avec
le porno cest que lexhibition religieuse des corps pms laisse toujours hors de son champ la
copulation mme. Or lre de la technique, la copulation ne reste plus confine dans le priv,
nourrir les fantasmes particuliers chacun, elle est dsormais rintgre dans le champ de
la reprsentation, qui est elle-mme passe une chelle de masse. Une seconde diffrence est
encore souligner entre le porno et le baroque. Tel que dfini par Lacan, le baroque viserait
la rgulation de lme par la vision des corps, la scopie corporelle. Il ny a rien de tel dans le
porno, nulle rgulation, plutt une perptuelle infraction. La scopie corporelle fonctionne dans
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technique dite de la virtopsie qui consiste autopsier non plus des cadavres mais limage
numrique des cadavres. On peut souligner que le mot autopsie signifie en grec voir de
ses propres yeux, je veux dire quil ny a rien dans ce mot qui spcifie le cadavre par rapport
au vivant. Finalement, la science exerce aujourdhui un pouvoir dautopsie sur tous les corps,
indiffremment, quils soient morts ou vivants.
De tout cela je tire que le temps est venu dentrer en rsistance contre limage. Il ne sagit
pas du tout de prner un nouvel iconoclasme, mais de lutter contre lenvahissement des images
sans frontires, contre la virtualisation du monde, et contre cette sorte de nouvelle pornographie des images. Jai lide quil sagit de dresser les corps contre limage, daffirmer lopacit,
limpntrabilit contre la transparence, dopposer la prsence relle une virtualisation
gnralise. En fait, cest dj ce qui se passe. Comme spontanment, zn ces temps de virtualit, toutes les formes sociales qui favorisent la rencontre relle des corps rels prennent de
plus en plus de valeur, le thtre par exemple. Cest aussi la chance de la psychanalyse. Trs
simplement, contre lennui, la vanit du virtuel, rien ne semble valoir la prsence relle des
corps. En vrit, on ne peut sen passer. Cest aussi comme a que jexplique les dveloppements
aujourdhui en art de la performance. Cela ne concerne pas simplement la forme historique de
la performance dont lhistoire sest construite entre ses premiers actes futuristes ou dadastes,
jusqu la fin des annes 1970, sur des principes lis lphmre, laction, au geste, la pa26
role, au public, et surtout au corps, qui en est lessence mme. Cest aussi comme a que je vois
ce qui se passe quand un artiste comme Tino Sehgal vide entirement le Guggenheim Museum
de New York afin doffrir la totalit de lespace une uvre sans objets, sans textes de prsentation, sans catalogue, sans vernissage, et avec un interdit de photographier. Cette uvre
radicalement immatrielle qui entraine les visiteurs dans une exprience esthtique singulire
mettait en jeu les corps, la rencontre des corps des spectateurs et puis des enfants, je crois,
qui parlaient tout bas. Il ny avait rien, aucun objet, et rien voir, mais ce rien imposait une
prsence et lopacit dune nigme laquelle on se heurtait.
La mise en jeu des corps rel est une faon de rsister par la prsence, par lpaisseur des
corps, par leur pesanteur, par leur opacit, au pouvoir dissolvant de limage, son pouvoir de
transparence. Je me rends compte quun certain nombre de pratique artistique aujourdhui
tente de lutter en ce sens contre limage. Je crois quil importe aujourdhui de rsister par
lopacit de la prsence lentreprise nantisante de la transparence. Prserver quelque chose
de lopaque, de lnigme, de lintime, du secret, de lpaisseur irrductible de la matire, me
semble une faon de maintenir une dimension humaine face la puissance dshumanisante
des images aux mains de la science.
Conferencia
Grard Wajcman
Como me fue imposible venir a hablarles directamente, en persona, el hecho de que me dirija a
ustedes a distancia, in abstentia, gracias a los medios electrnicos, tiene finalmente un sentido
ms interesante. Porque de lo que yo quisiera hablarles es justamente de las imgenes, de la
invasin de las imgenes, y por lo tanto de algo como la virtualizacin del mundo, una virtualizacin ligada a lo que un cientfico francs, un matemtico, llamaba recientemente con una
feliz pasin la digitalizacin del mundo. De hecho, hablando de lo que me concierne debido
a que yo estoy en Francia y ustedes en Mxico y recurriendo a las tcnicas modernas de la
imaginera, yo quisiera hablarles de eso y, por consiguiente, de nuestra civilizacin.
Quiero hablarles del asunto de la civilizacin y del cuerpo. Esto no significa que se tratar
de hablar del lugar del cuerpo en nuestra civilizacin actual, porque hay en verdad una relacin ntima, fundamental, entre lo que denominamos la civilizacin y el cuerpo. De manera
precisa, Freud vio esto. Me refiero a que utilizando los medios electrnicos como yo lo hago
sea el video, la computadora y el Internet para transportarme hasta ustedes, por lo menos mi
imagen y mi voz, me hago consciente de que cumplo con lo que Freud consideraba la esencia
misma de la civilizacin. l conceba, en efecto, en ese precioso libro que es El malestar en la
cultura, publicado en 1930, que las contribuciones de lo que llamamos civilizacin consisten,
en primer lugar, en perfeccionar los rganos del cuerpo, en desarrollar sus capacidades motrices y sensoriales, en acrecentar su poder. Lo cito:
Gracias a todos sus instrumentos (a las aportaciones de la civilizacin), el hombre
perfeccion sus rganos tanto motores como sensoriales o bien, ampli
considerablemente los lmites de su poder. Las mquinas de motor le procuran
fuerzas gigantescas tan fciles de dirigir a su voluntad como sus msculos; gracias a
los barcos y aviones ni el agua ni el aire pueden impedir su desplazamiento. Con los
lentes, l corrige los defectos de las lentillas de sus ojos. El telescopio le permite ver
inmensas distancias y el microscopio le permite transgredir los lmites asignados a
su visin por la estructura de la retina. Con la cmara fotogrfica, se ha asegurado
de un instrumento que fija las apariencias fugitivas []. Con la ayuda del telfono,
l escucha lejos, a distancias que los mismos cuentos estimaban como infranqueables.
27
dedor, estamos confrontados a las inevitables vergenzas del cuerpo, a sus prdidas. Hay que
llamar entonces, por supuesto, a la medicina, a la ciencia, la biologa y se inventa el bb-medicament1 para tratar las carencias del cuerpo. Antes se poda pensar en un cuerpo aristotlico,
el cual es pensado en su imagen, como una forma total y poderosa. El alma, el poder vital se
realiza en la imagen total del cuerpo, la celebracin del cuerpo como Uno. En un sentido, la historia del arte occidental ha sido la de una celebracin de este cuerpo en esplendor. La pintura
de los cuerpos narraba una gnesis del alma en sentido aristotlico. Pero este era el cuerpo de
antes, un cuerpo anterior a o fuera de la ciencia. Puesto que es evidente que esa poca se ha ido
se puede, o ms bien, se debe decir adis a la celebracin de la unidad del cuerpo en esplendor.
La ciencia y la tcnica triunfan y con ellas se afirma, por el contrario, el triunfo de otro cuerpo,
es decir, el cuerpo cartesiano, un cuerpo articulado, un cuerpo en piezas y en fragmentos, concebido como una mquina. Hace algunos das vea las fascinantes imgenes de Aimee Mullins,
esta norteamericana minusvlida devenida atleta, top model y actriz que lleva dos prtesis
como rodillas. Ella es el cono mismo del cuerpo cartesiano, cada foto de ella es la imagen de la
1 Beb-medicamento o beb doble esperanza, es un nio concebido con la ayuda de una seleccin
de un embrin con un doble diagnstico preimplantable (dpi, en francs), para que sea inmune a la
enfermedad gentica que sufre un hermano o hermana y que sea inmuno-compatible con l, lo que
permite la curacin del nio afectado gracias a la muestra de sangre del cordn umbilical. (N. Del T.)
29
todas las imgenes que se desee tenemos una nueva ocasin de equivocarnos en pensar que
estaramos en una civilizacin de la imagen; la verdad es que estamos en una civilizacin de la
matemtica, de la cifra, de lo que se escribe. Hasta hace muy poco se crea que la imagen iba
a barrer con lo escrito, pero finalmente, hay que rendirse a la evidencia de que lo digital ha
desarrollado una civilizacin de la escritura.
Ahora, abordo el cambio que para m ha sido central en nuestra civilizacin. A saber, que
30
no estamos en una civilizacin de la imagen ni aun del exceso de imagen, sino en una civilizacin de la mirada. Y es precisamente eso lo que le da su razn de ser a este exceso actual de
imgenes. Lo que la civilizacin ha desarrollado en sentido Freudiano, es que ella ha emplazado nuestro ojo.
La civilizacin de la mirada que hablo es la extensin pronta y desmesurada del poder del
cuerpo en cuanto a su rgano visual. El hombre ve ms, mejor, ms rpido, ms lejos, tambin
ve con mayor profundidad y, en principio, de manera ms profunda en l mismo. Se podra
decir que nunca se ha mirado tanto y nunca se ha visto tan bien. No solamente desde el catalejo
de Galileo, el telescopio ha permitido entender nuestra visin del mundo ms alldel mundo
mismo, no slo, a partir de la lupa y la ptica holandesa, con el microscopio nuestra mirada ha
entrado en la intimidad ms nfima de la materia, sino que en nuestra civilizacin, la sorprendente novedad es que hemos devenido nosotros mismos en el objeto privilegiado de nuestra
propia mirada, del poder ilimitado de esta mirada. Toda la tierra gira y se convierte en un gran
globo ocular que nos mira, nos vigila, nos ausculta. Walter Benjamin se haba dado cuenta de
esto, que haba sucedido una convulsin radical de la mirada en los tiempos de la modernidad,
lo cito: La humanidad que anteriormente, con Homero, haba sido objeto de contemplacin
para los dioses olmpicos, ha devenido ahora objeto de contemplacin para ella misma. Yo
agrego que no solamente la humanidad ha devenido en un objeto de contemplacin para ella
misma, ms bien, adems de la pasin por mirarnos a nosotros mismos, armada por la ciencia
y la tcnica, nuestra mirada ha entrado en lo ms profundo de nuestro cuerpo. Anteriormente,
se contemplaba el retrato de alguien y ese rostro, la imagen de ese cuerpo, era susceptible de
suministrar una verdad interior del ser, de un alma. Hoy, con la radiografa, el irm (imagen por
resonancia magntica) o la ecografa, vemos nuestro propio interior, con la esperanza, quiz,
de percibir nuestra alma en lo ms ntimo de nosotros mismos, pero disimulada en alguna
parte en lo ms profundo de las neuronas.
En suma, la vigilancia del mundo va con la vigilancia de nosotros mismos. Pero sobre todo,
se percibe de que no hay lmite para la mirada. La explosin actual de tcnicas de creacin
de imgenes en todos los dominios, hace que lo que se tena hasta aqu, con Kant como una
propiedad absoluta de la materia, es decir, lo impenetrable, se le ha sustrado. En una poca
donde el poder de la ciencia se mide por su omnividencia, se considera en adelante que no hay
ms resistencia material, que nada limita ni obstaculiza a la mirada.
Tambin, debido a esto, se despliega la idea de que los cuerpos son virtuales. Es decir, que
desde este punto de vista tampoco estamos en la civilizacin de la imagen, sino en una civilizacin de la transparencia. Se desea ver todo y que seamos, por lo tanto, transparentes. Esto no
va sin la idea de que esta mirada que nos penetra nos desmaterializa. En este nuevo milenio, en
la poca de la transparencia del mundo, la misma idea de lo oculto parece perder su sentido.
Se puede de pronto remarcar que esta potenciacin de la ciencia y de las tcnicas, que tiende a
instaurar el reino de la transparencia sobre la tierra como en el cielo, este movimiento profundo que yo nombro El ojo absoluto y que seala el advenimiento de una nueva civilizacin de la
mirada, cumple fielmente lo que es para Freud la lgica misma de la civilizacin.
Se ha denunciado una civilizacin de la imagen amenazada por los desbordamientos que
ella permita de una libertad de ver. Actualmente ya no se trata de libertad, sino de que hay un
imperativo generalizado de ver. Habita el mundo y anima el espritu de la poca.
Hemos entrado en la poca de la mirada absoluta. Es algo nuevo en nuestra sociedad. Una
mutacin. La vista se ha convertido en el sentido primario. Por supuesto que esto es verdad
desde aquello que se ha denominado el Renacimiento. Pero a diferencia del Renacimiento y de
Leonardo Da Vinci un artista que ha jugado un papel mayor en la elevacin de la vista como
sentido primario cuando la vista devena en el sentido mayor y cuando en la jerarqua de las
artes, la pintura era elevada al rango de Flor de todo arte, la vista era entonces una facultad
humana. Es decir, fuertemente limitada, parcial, marcada por la finitud del hombre, que no detenta el don divino de la omnividencia. Esta concepcin gener la perspectiva. La perspectiva
es la ciencia de la visin humana, es decir, de la condicin humana vidente, a saber, que nuestra
vista es limitada, encuadrada. Que no se puede ver todo, que la vista supone la divisin de lo
visible entre lo que se ve y lo que no. Es eso que se encarnaba en la invencin del cuadro, de
31
la ventana albertiana del cuadro. El cuadro encarnaba la idea de una dualidad entre campo y
fuera de campo, como se dira ahora, en la edad del cine o entre lo visible y lo oculto, la imagen
y lo irrepresentable. Ahora bien, con el lugar en que reina el discurso de la ciencia, la primaca
de la visn actualmente no reenva a la facultad visual del hombre y, por lo tanto, a sus lmites,
sino a lo que es la vista divina, a una omnividencia que tendra el poder de reducir todo lo real
a la imagen. Porque es la ciencia quien hoy se ha agenciado ese poder de omnividencia. Algo
que preocupaba a Freud, quien deca: el hombre se haba hecho desde hace mucho tiempo un
ideal de omnipotencia y de omnisciencia, y l la encarnaba en sus dioses. l les atribua todo
lo que le era inaccesible, o le estaba prohibido. Se puede entonces decir que esas divinidades
eran ideales culturales. De ah que Freud llegaba a la conclusin siguiente: Ahora que [el
hombre] se ha acercado considerablemente a este ideal, l mismo ha devenido casi un dios.
Freud escribi esto en 1930. El problema, es que en siglo xxi, con los avances de la ciencia, el
hombre no se contenta en ser casi un dios. El marco del cuadro, la ventana, han sido demolidos. Ahora se est dentro de una visin que se desea integral, fuera de los muros, a travs
de los muros. Lo mismo decir que se est en el tiempo de lo que se nombra como el muro de
pantallas, es decir, que es en efecto un muro, pero el muro de pantallas es un muro que supone
que se puede ver todo. Al da de hoy ya no hay ms fuera de campo. Ni tampoco opacidad y
ocultamiento. Todos los lmites son franqueables al ojo del dios moderno que es el ojo de la
32
33
Seminario Aun que: todo es exhibicin del cuerpo evocando el placer. Pero la diferencia del
barroco con el porno es que la exhibicin religiosa de los cuerpos desfallecidos deja siempre
fuera de su campo a la propia copulacin. Ahora bien, en la era de la tcnica, la copulacin no
queda confinada ms en lo privado, en nutrir los fantasmas particulares de cada quien, ella
est, en adelante, reintegrada en el campo de la representacin, la cual ha pasado, ella misma,
a una escala masiva. Es necesario sealar una segunda diferencia entre el porno y el barroco.
Tal y como es definido por Lacan, el barroco contemplara la regulacin del alma por la visin
de los cuerpos, la escopa corporal. No hay tal cosa en el porno, ninguna regulacin, ms bien
una perpetua infraccin. La escopa corporal funciona en el porno como una provocacin a un
placer destinado a apaciguarse.
La difusin planetaria de la pornografa por la va de la pantalla electrnica tiene efectos. En particular eso crea novedades en los modos de aprendizaje en los jvenes en cuanto a
sexualidad. Los masturbadores no tienen que producir ellos mismos sueos mientras estn
despiertos, puesto que ellos los encuentran ya hechos, ya soados. Se pueden tambin percatar
de las consecuencias de esta pornografa constantemente abierta en las costumbres de las generaciones jvenes, en cuanto al estilo de las relaciones sexuales, porque ste parece marcado
por el desencanto, la brutalizacin y la banalizacin, lo que conlleva a una especie de shock paradjico entre la pornografa y el horror. Es lo que la furia copulatoria alcanza en la pornogra34
fa, un cero de sentido que hace pensar en lo que Hegel dice en la Fenomenologa del espritu
acerca de la muerte infligida en el momento del terror en la Revolucin francesa; l menciona,
en efecto, de esta muerte infligida, que es la ms fra y la ms plana , sin ms significado que
el de cortar una cabeza de col o de absorber un trago de agua. Se tiene verdaderamente la
impresin de que la copulacin pornogrfica tiene la misma vacuidad de sentido.
Reencuentro entre la pornografa y el terror en la Revolucin, pero tambin con el terrorismo actual. La violencia de esas imgenes est a la medida de las actualidades televisivas que
nos bombardean, en tiempo real, todos los horrores del planeta. Hay un terrorismo de las imgenes en los hechos actuales, como por otro lado lo ha comprendido muy bien Bin Laden y los
dems actuales maestros de la muerte, como los del grupo llamado El estado islmico de Irak
quienes la usan con determinacin. Por mi parte, he visto en el 11 de septiembre en Nueva York
la voluntad de los terroristas de mostrar que eran los verdaderos maestros de las imgenes.
Y yo he sido afectado por el hecho de que dos das antes, el 9 de septiembre, el Comandante
Massoud haba sido asesinado en Afganistn por los talibanes, pero no se ha sealado suficientemente la estrecha relacin que se manifestaba entre esos dos eventos por la va de la imagen,
es decir, ustedes recuerdan quiz que el Comandante Massoud fue asesinado por un grupo
de terroristas que se haban hecho pasar por periodistas de televisin, los cuales han organizado un atentado suicida que ha consistido en hacer explotar una cmara escondida, que se
supona iba a filmar a su vctima. Cuando se sabe que al da de hoy los miembros de un grupo
como los de El estado islmico filman la decapitacin de sus rehenes, yo me digo que la nueva
pornografa contempornea seala en este sentido la intrusin en la esfera de lo ntimo de esta
escalada de imgenes insoportables, en particular las de esos cuerpos bloqueados, decapitados
como si se arranca una cabeza de col, o explotados y reducidos a pulpa en los atentados como
se bebe un trago de agua. Lo que me preocupa es que el terrorismo que trata a los cuerpos
como si no fueran nada, reencuentra en un cierto sentido el poder de penetracin de la imagen
de las tecnociencias porque la digitalizacin de lo real, la virtualizacin de los cuerpos, es una
manera de tratar todos los cuerpos como cuerpos muertos. La virtualizacin es una desmaterializacin que culmina en esta nueva tcnica llamada virtuopsia, que consiste en hacer la
autopsia no de cadveres, sino de la imagen digital de los cadveres. Se puede sealar que la
palabra autopsia significa en griego ver desde sus propios ojos, quiero decir que no hay
nada en esta palabra que especifique al cadver en relacin con lo vivo. Finalmente, la ciencia
ejerce hoy en da un poder de autopsia sobre todos los cuerpos, indistintamente que ellos estn
muertos o vivos.
De todo esto deduzco que el tiempo ha acabado por entrar en resistencia contra la imagen.
No se trata en absoluto de predicar un nuevo iconoclastismo, sino de luchar contra la invasin
de las imgenes sin fronteras, contra la virtualizacin del mundo y contra esta especie de nueva pornografa de las imgenes. Yo tengo la idea de que se trata de preparar a los cuerpos contra la imagen, de afirmar la opacidad, la impenetrabilidad contra la transparencia, de oponer
la presencia real a una virtualizacin generalizada. De hecho, esto es lo que pasa ya, todas las
formas sociales que favorecen el reencuentro real de los cuerpos reales toman poco a poco ms
valor, el teatro, por ejemplo. Es tambin la oportunidad del psicoanlisis. Muy sencillo, contra
el problema de la vanidad de lo virtual, nada parece validar la presencia real de los cuerpos.
En verdad, no se puede prescindir de ellos. Es as como yo explico los desarrollos actuales en
el arte del performance. Eso no concierne solamente a la forma histrica del performance cuya
historia se ha construido entre sus primeros actos futuristas o dadastas hasta finales de los
aos 70, acerca de principios ligados a lo efmero, a la accin, al gesto, al habla, al pblico, pero
sobre todo al cuerpo, que es la esencia misma. Es as tambin que yo veo lo que pasa cuando
un artista como Tino Sehgal vaca completamente el museo Guggenheim de Nueva York con la
finalidad de ofrecer la totalidad del espacio a una obra sin objetos, sin textos de presentacin,
sin catlogo, sin coctel de inauguracin y con la prohibicin de fotografiar. Esta obra radicalmente inmaterial que involucra a los visitantes en una experiencia esttica singular, pona en
juego a los cuerpos, el reencuentro de los cuerpos de los espectadores y por supuesto de los
nios, que hablaban en voz baja. No haba nada, ningn objeto y nada que ver, pero este vaco
impona una presencia, as como la opacidad de un enigma con el que se reencontraba.
35
La puesta en juego de los cuerpos reales es una manera de resistir por la presencia, por
el espesor de los cuerpos, por su pesadez, por su opacidad al poder disolvente de la imagen, a
su poder de transparencia. Me doy cuenta de que un cierto nmero de prcticas artsticas actualmente tratan de luchar en este sentido en contra de la imagen. Yo creo que es importante
resistir por la opacidad de la presencia a la empresa anulatoria de la transparencia. Preservar
algo de lo opaco, del enigma, de lo ntimo, del secreto, del espesor irreductible de la materia,
me parece una manera de mantener una dimensin humana de cara al poder deshumanizante
de las imgenes en las manos de la ciencia.
36
Parte 1
38
6066, 89); Brea, Jos Luis (p. 56, 59, 65, 69,
visuales (p. 51, 52, 56, 69, 70, 77, 81, 84, 113,
19, 21, 23, 25, 27, 29, 31, 33, 35, 37, 41, 43, 49,
164, 166, 175, 181, 182, 185, 186, 188, 189, 193,
77, 170); memoria (p. 44, 53, 90, 96, 111, 127,
134, 152, 161, 175, 177, 188, 189, 236, 243, 244,
(p. 51, 56, 61, 69, 7073, 77, 83, 113, 115, 131,
200, 218); poder (p.19, 21, 23, 25, 27, 29, 31,
35, 37, 41, 54, 71, 73, 79, 89, 123, 125, 126, 128,
115, 117, 214, 236); deseo (p. 31, 54, 152, 213,
39
El nombre que he escogido, Re-conocer; apuntes, estrategias y tcticas trata de ubicar un conjunto de reflexiones a propsito de la educacin artstica en esta poca. Puntos problemticos
que sin duda tienen que ver con esta, digamos, era de la imagen electrnica. No s si mi tema
de investigacin acerca de la educacin artstica debera estar ubicado en este apartado puesto
que, a mi parecer, la aparicin de la imagen electrnica no es la nica problemtica de la educacin artstica contempornea y el fenmeno es ms complejo. Tal vez deberamos juntar este
texto en el apartado de Imagen y conocimiento: perspectivas transdisciplinarias o tendramos que hablar de la educacin artstica como un proceso epistmico... En realidad, aunque de
manera muy general, eso es lo que voy a hacer.
Digo en principio re-conocer en el doble sentido de: nuevamente comprender el arte como
un conocimiento (cfr. Shiner, 2004), pero tambin de observar los desplazamientos de las prcticas
artstico-sociales en el desvanecimiento de las fronteras disciplinarias institucionales tanto en las
formas de mostrar (una sintaxis), de designar (una semntica) y de conocer (una pragmtica). Sin
duda la imagen electrnica es una sintctica tecnolgica que ha transformado nuestra experiencia
de eso que podramos llamar real (cada quien definir esta palabra a partir de su postura conceptual) modelando un confuso juego de virtualizacin con diversos efectos semntico-pragmticos.
Hace tiempo que creo que nunca antes hubo tanta realidad y tan pocos creyentes.
Digo apuntes, porque considero que cada da es ms necesario apuntar las observaciones
sin caer en la tentacin de definir los hechos desde un saber estabilizado que obliga, que instituye, que determina la correcta forma de re-presentar (con guin intermedio) el mundo, como
si ese (cualquier mundo) fuera estable en su presencia. Repito, apuntar las observaciones para
en cada desplazamiento distinguir, relacionar, representar (sin guion intermedio) el conjunto
de fenmenos que provocan nuestra creencia de realidad.
Como se puede escuchar, estos apuntes ya toman un sentido semitico, mismo que utilizar como estrategia pragmtica para hablar tanto de la educacin como del fenmeno artstico.
Estrategia y tctica son dos conceptos que uso en el sentido que propone Michel de Certeau (2000: 42):
Llamo estrategia al clculo de las relaciones de fuerza que se vuelve posible a
partir del momento en que el sujeto de voluntad y de poder es susceptible de aislarse
de un ambiente. La estrategia postula un lugar susceptible de circunscribirse
41
como un lugar propio y luego servir de base a un manejo de sus relaciones con una
exterioridad distinta. La racionalidad poltica, econmica y cientfica se constituye de
acuerdo con este modelo estratgico.
(...) llamo tctica a un clculo que no puede contar con un lugar propio, ni por tanto
con una frontera que distinga al otro como una totalidad visible. La tctica no tiene
ms lugar que el del otro.
(...) Lo propio, [lo tctico] es una victoria del lugar sobre el tiempo. Al contrario,
debido a su no lugar, la tctica depende del tiempo, atenta a coger al vuelo las
posibilidades de provecho. Lo que gana no lo conserva. Necesita constantemente
jugar con los acontecimientos para hacer de ellos ocasiones.
As entendido, me muevo en un territorio de relaciones sgnicas donde las tcticas son los desplazamientos temporales de todos y cada uno de los saberes como nuevas prcticas instituyentes enfrentando necesidades especficas.
Sin duda hay muchas posturas respecto de la tecnologa digital y su relacin con la educacin artstica. Algunas tratan de reconocer, por ejemplo, la transmisin del conocimiento artstico por medio de las nuevas tecnologas, otras al universo artstico contemporneo alimentado desde una sintaxis tecnolgica, una nueva forma simblica creadora de ficciones; o las que
42
ven el discurso de la virtualidad como una gramtica de realizaciones que facilita la creacin
artstica en una constante actualidad expresiva, y tal vez, esos temas sean tratados aqu.
Mi intervencin va ms encaminada a las transformaciones conceptuales que implican
la relatividad del conocimiento como elemento fundamental del arte contemporneo y sus
repercusiones en la educacin, y desde ah, tratar de ubicar el papel fundamental que juega
el desarrollo digital tecnolgico, visto ste como expansin gramtica representacional que
sin duda se extiende con gran rapidez en las prcticas comunicativas, que en mucho rebasa la
posibilidad pragmtica de los usuarios, pero que al mismo tiempo, abre un caudal de formas
instrumentales de produccin.
As, mi primer apunte se dirige a algo que podra llamar la conciencia epistmica del saber
artstico. Creo que es fundamental comprender qu relacin tiene ste con las prcticas metodolgicas que se aplican en la enseanza del arte, que (dicho sea de paso) en la poca contempornea se constituyen al abrigo de las maquinarias universitarias. Sin duda aparece ah un
conflicto ente las visiones esencialistas del arte, tan socorridas por muchos modelos educativos
y las visiones epistmicas de corte relativista.
A propsito de ese proceso representacional quiero citar, a manera de collage, algunas
ideas y segmentos de textos, presentados en la ltima dcada en el seminario de Educacin
arte y signo del Centro Nacional de Investigacin, Documentacin e Informacin de Artes
Plsticas (cenidiap). Creo que bajo una visin semitica ms extendida hecha en las suma de
anotaciones, es posible buscar con ms claridad el lugar que podra ocupar la imagen digital o
la digitalidad en el proceso educativo.
1.
La produccin artstica en la poca contempornea se ha caracterizado por la expansin, manipulacin y/o ruptura (pero no desaparicin) de cdigos a travs de la produccin creativa de sucesos, de acciones discursivas (textuales o no) de sentido. La
propuesta es crear algo que transforme la aparente legalidad cultural desde alguna
vivencia sensorial, afectiva, lgica, tecno-lgica o sociocultural. Esta transformacin
debe tener el suficiente sustento para que su propia manera de ser o actuar, estabilice
un proyecto de significacin independiente (esto no siempre es aparente) que por muy
lejano que se encuentre de las formas comunes, pueda ser integrado a un plano de reconocimiento sgnico social. Por ejemplo: si el objetivo es presentar el desvanecimiento de
una concepcin esttica, la obra debe desactivar un discurso, a travs de uno o mltiples cdigos (no siempre visibles) que transformen el sentido de otredad que impacta
estratgicamente a un pblico.
2.
Es importante destacar, en este proceso, la proliferacin de sistemas sgnicos, en ocasiones indescifrables, que actan en la produccin y percepcin de la obra; situacin
que paradjicamente, en mltiples ocasiones no slo provoca confusin, sino un estado
de incompetencia interpretativa.
Creo que el mayor problema que enfrenta la educacin artstica contempornea es estar
atravesada por una multiplicidad de discursos que crean y justifican algo parecido a
una interminable ficcin. En realidad lo ms fcil sera pensar que el arte siempre ha
estado envuelto en una nebulosa, pero satisfactoria ficcin. Eso es efectivamente muy
fcil, algo ms complicado sera insinuar que toda la cultura funciona como una completa ficcin y que (cfr. Lewis, 1956) nosotros hemos inventado el orden de la realidad
desde nuestro pensamiento; as, en esta invencin, el arte es tan slo el trazo sinptico
de un ejercicio vital, que se resiste a desaparecer en la repeticin de dicho orden.
4.
Ubicar el arte como una maquinaria ficcionante, relativa y ambigua que teje y desteje la
esperanza de cambio, de renovacin, de individualidad, en una cultura que inventa la
rigidez de sus modelos. Esta maquinaria es puesta en marcha por el incierto desplazamiento de un ingenio, de un talento, de una gracia, de una conciencia o de una fe. Pero
43
a esto se une la plataforma social que estabiliza aquello que llamamos verdad. El arte
es memoriosamente guardado como una victoria del sentido, del valor esttico y a veces
conceptual. Sin embargo, poco esfuerzo hay que hacer para que esttica y concepto se
diversifiquen en mil interpretaciones, todas distintas, hasta llevarnos a perder la confianza en el encuentro clarificador de un sentido.
5.
6.
Desde este punto de vista, el nuevo paradigma del arte es la conciencia de ambigedad
que bajo diferentes cdigos se expande en mltiples sentidos. Entender este proceso
implica poder imaginar una organizacin del saber y la enseanza en una propuesta
econmica y potente que pueda enfrentar la relatividad de sentidos, sin olvidar los
registros de una memoria social.
44
Ahora presento otro apunte, digamos, de orden histrico. Hace dos dcadas, en el momento
de creacin del Centro Nacional de las Artes (CENART), en el CENIDIAP y en la Direccin de
Desarrollo Acadmico del cenart, iniciamos un conjunto de seminarios dirigidos a comprender
el fenmeno contemporneo artstico tratando de ubicar las problemticas que afectaban el
espacio educativo. Las ms definidas entonces, en 1996 eran:
a.
b.
Las tradiciones disciplinarias no han comprendido las necesidades de una visin interactiva que enfrente las nuevas dinmicas culturales en el espacio educativo.
c.
d.
e.
En una evaluacin hecha en 2008 encontramos casi las mismas, pero con algunos nuevos puntos de reflexin:
La prdida de fronteras disciplinares, no slo entre las artes y las humanidades sino
tambin entre los saberes cientficos.
La necesidad de mantener las tradiciones artsticas al tiempo que impulsar las propuestas del arte contemporneo.
La rigidez institucional ante los anteriores problemas que indudablemente plantean una
relatividad del conocimiento.
Desde los primeros aos de trabajo pudimos concebir una metodologa estratgica que tena
por fin distinguir los niveles de relativizacin del conocimiento que podran engranar una
transformacin. As, se pens en el pensamiento complejo, como un macro sistema de aproximacin interdisciplinar, la semitica como un sistema relacional, que perteneca a todas las
disciplinas y el constructivismo como un sistema auto-elaboracin de la experiencia cognitiva.
Se podra hablar de estos tres temas por mucho tiempo, pero prefiero detenerme slo en el
segundo de ellos:
1
Representamen
2
Objeto
Figura 1
Seminario Educacin,
Arte y Signo, CENIDIAPINBA, Humberto Chvez
Mayol.
3
Interpretante
45
La semitica desempe un papel fundamental puesto que, entrados en un mbito representacional relativo, permita distinguir los elementos y los actores que configuraban los procesos
tanto de produccin como educativos. Basados en la idea (lo digo de manera general) de que un
signo es un algo que se refiere a otro algo para alguien, planteamiento en principio peirceano,
ubicamos las dimensiones sintcticas, semnticas y pragmticas (planteamiento morriseano).
As, pudimos distinguir prcticas diferenciadas, pero tambin mbitos de conservacin, transformacin e intercambio.
SINTCTICA
Plano sintctico
Integracin de gramticas y cuerpos
Figura 2
Dimensiones Semiticas
de Morris (2014).
Seminario Educacin,
Arte y Signo, CENIDIAPINBA, Humberto Chvez
Mayol.
46
SEMNTICA
Plano semntico
PRAGMTICA
Plano pragmtico
Integracin de aproximaciones
disciplinares en una realidad
determinada
Desplazamientos argumentales
analticos (nuevas metforas
interpretativas)
Por poner un ejemplo simple, un pintor o un msico podra implementar la utilizacin de una
tecnologa digital en el mbito sintctico (el plano de produccin) sin casi modificar el plano
semntico que podra tener una proyeccin de comunidad especfica, social, multicultural, etctera, y en el mbito pragmtico podra utilizar un planteamiento terico literario o de corte
47
el arte aparezca como una realidad no quiere decir que la realidad producida tenga una esencialidad artstica, sino slo que es el producto de una o mltiples operaciones de sentido.
La tecnologa es el emblema fehaciente de la expansin sintctica, pero su utilizacin no
implica la comprensin del proceso representacional y argumental que crea la actividad artstica. Cuando digo argumental, para nada propongo una figura de estabilizacin lgica, sino el
reconocimiento de las formas de pensamiento que organizan una experiencia, que la vuelven
sustentable, no como un producto objetivo, sino como la prctica que desliza el desorden-orden
subjetivo hacia una gramtica de descubrimiento e innovacin. No se descubre ningn objeto
positivo, puesto que la bsqueda no tiende a configurar una verdad matrica, sino ms bien
intenta reconocer la multiplicidad discursiva de la subjetividad como un bien transformante.
Hace muy poco tiempo, en el 2 Encuentro de Arte y Significacin Signo, tiempo y arte
realizado en Monterrey, tuve la oportunidad de escuchar la propuesta de Bertrand Gervais, en
la que busca comprender el tringulo semitico como un proceso de flujo, no solamente el flujo
creado entre lo estable y lo dinmico, sino el flujo como una intensificada transformacin de
un intrprete dinmico a partir de la exuberante informacin generada en los medios y en el
ciberespacio. En ese sentido, ya no hay un interpretante nico, sino una suerte de esttica del
flujo que constituye una nueva concepcin artstica.
Gervais propone el mbito del objeto como una esttica de la presencia que no necesa48
riamente implica lo real, sino el mundo que se hace presente en la representacin y la esttica
del trazo, que no se refiere a un elemento estabilizado, sino un trazo mvil en constante transformacin. La interpretacin se constituye como un flujo temporal constante.
Si bien este modelo fue pensado para analizar la produccin artstica en el ciberespacio, indudablemente puede ser aplicado a cualquiera de las propuestas instalativo-artsticas contemporneas que utilizan los desarrollos informticos en razn de los flujos temporales que los atraviesan.
Es indudable que el sentido de estas tres estticas abre una competencia compleja: flujo de
Esttica de la presencia
Figura 3
Conferencia Esttica
y ficcin de flujo.
Elementos de descripcin
de prcticas digitales
dentro del segundo
Encuentro de Arte y
Significacin (2012),
Bertrand Gervais.
Fuentes de consulta
Figuras
Iberoamericana.
CENIDIAP-INBA.
CENIDIAP-INBA.
Figura 3. Bertrand Gervais (2012)
Conferencia Esttica y ficcin de
flujo. Elementos de descripcin
Significacin CENART..
49
51
atencin se ha centrado en entender cules son las maneras especficas de producir significados a travs de lo visual y cmo dichas maneras estn no slo relacionadas, sino ancladas al ser
humano, al mundo material que este crea y al espacio simblico del que se dota (Garca Varas,
2011: 31). Los Estudios Visuales proponen, entre otras cosas, que las propiedades fsicas de las
imgenes son tan importantes como sus contextos y funcin social, poniendo en cuestin la
esencializacin, la reduccin y la centralidad puesta histricamente, y casi de manera exclusiva
en el carcter representativo de las imgenes, es decir, el pensar la imagen simplemente como
ilustrativa, ornato, adorno, complemento de lo verbal y/o lo textual (cfr. Moxey, 2009), por lo
que se hace necesario entonces, abrir los campos de reflexin en torno a lo visual ms all de la
Historia del Arte, la Semitica y/o la Esttica.
Las Humanidades Digitales de forma similar a los Estudios Visuales, surgen de ciertas
incomodidades disciplinares, de la necesidad de abrirse a otros campos del conocimiento,
para comprender que en las sociedades digitales sern necesarios acercamientos multi y trans
disciplinares, a travs de los cuales sea posible describir y estudiar el denominado entramado
sociotcnico. Lo que comenz como una serie de interrogantes en escuelas de literatura y entre
biblioteclogos acerca de las relaciones entre informtica y humanidades o las preocupaciones
en torno a las maneras ms eficientes de digitalizar grandes acervos principalmente textuales
y visuales se transform rpidamente de un cuestionamiento bsico respecto de los posibles
52
usos de herramientas computacionales en las humanidades, hacia un importante debate alrededor de las nuevas formas de organizacin, produccin y distribucin de la informacin y del
conocimiento en la era digital, hasta llegar a proponerse el surgimiento de un nuevo humanismo en donde ninguna disciplina puede pensarse fuera de lo multimedia: el diseo, el cdigo,
la programacin y la mezcla, y en donde la colaboracin/confrontacin disciplinar resultan
ineludibles. De ah que las humanidades digitales se postulen tambin como un campo de
reflexin acerca de las nuevas formas de aprendizaje y de los retos que enfrentan los sistemas
tradicionales de enseanza.
El inters de las Humanidades Digitales por fijar la atencin en los nuevos soportes pedaggicos y entornos de aprendizaje, las hace valiosas para el enfoque propuesto, en donde
se considera lo visual y lo audio-visual como proceso fundamental para entender las nuevas
formas de comunicacin, trabajo y pensamiento. En este sentido, los planteamientos de las
Humanidades Digitales responden a un importante momento histrico en donde para entender
lo que significa ser humano en la era de la informacin en red, ser necesario unir los valores,
las prcticas de representacin e interpretacin, las estrategias de construccin de significados, complejidades y ambigedades del ser humano en muy diversos mbitos de la experiencia
y el conocimiento. Esta aproximacin que podra definirse como transhistrica y transmedia,
al proponer formas alternativas para acercarse y entender no slo los cambios ocurridos en
la sociedades contemporneas sino el alcance de los mismos en las disciplinas, tanto dentro
de la academia, como fuera de ella; no podra reducirse por lo tanto, a un slo gnero, medio,
disciplina o institucin (cfr. Burdick, Drucker, Lunenfeld, Presner, y Schnapp, 2012). Las Humanidades Digitales promueven la remezcla, la apertura y la sabidura de las multitudes, entendiendo que en la actualidad la informacin no debe ser entendida como una mercanca para ser
controlada, sino como un bien social para ser compartido y reutilizado. Algunas propuestas de
investigacin surgidas desde las Humanidades Digitales plantean que estos entrelazamientos
disciplinares puedan funcionar como la base de planes de estudio para las universidades del
siglo xxi (cfr. Burdick et al., 2012) por lo que estas reflexiones se convierten tambin en un buen
lugar desde el cual contribuir a la reactivacin no solo de las humanidades o de lo los estudios
de lo visual, sino de la academia misma.
Uno de los puntos de partida para construir el proyecto de investigacin acerca del Homecasting fue justamente el de pensar los cambios recientes en la imagen; especficamente la imagen digital planteada como posible clave de lectura, entendiendo que la digitalizacin de los
procesos ha marcado un punto de quiebre en la produccin de imgenes y que es a partir de
estos cambios que surgen prcticas como la de producir contenidos audiovisuales por parte de
personas que no se consideran a s mismas como creadores y que no han tenido una formacin
institucionalizada, ni en muchos casos un acercamiento previo ms all de sus exploraciones
personales con el denominado lenguaje audiovisual. Se trata de sujetos quienes a partir del
acceso a los aparatos, acceso a la tcnica, desarrollan toda una serie de procesos individuales y
colectivos de aprendizaje y apropiacin.
Sera posible considerar al portal YouTube como lugar actual de permanente construccin
de documentos y memorias colectivas? en este caso generadas principalmente por los
yousers (cfr. Van Dijck, 2009). Al trmino de la investigacin desarrollada entre los aos 2009
y 2013, se propuso la reflexin alrededor de una inevitable revisin a muchas definiciones
relacionadas entre otras cosas, con los procesos mismos de documentar y con lo que se
considera un documento en trminos histricos y de memoria, resaltando que desde este
punto de vista, las producciones homecasting deberan ser entendidas no slo a partir de
consideraciones formales audiovisuales y/o estticas, sino como importantes construcciones
culturales contemporneas. Si se digitaliz la informacin y por lo tanto las formas de
aprender cambiaron, estudiar fenmenos como el Homecasting, los memes o las colecciones de
fotos en Flickr, (por nombrar algunos) sera una posible puerta de entrada para pensar en las
variaciones que est ocasionando la digitalizacin de los procesos, desde los ms simples hasta
los ms complejos; considerables transformaciones que han llevado tambin a la eclosin de
grandes volmenes de informacin.
53
Caminos posibles
Las nuevas estructuras de la informacin plantean retos a los investigadores, quienes necesariamente deben estudiar, celebrar, alentar el trabajo y las expresiones surgidas desde los
55
intersticios, pero no perder de vista que todas las producciones y prcticas digitalizadas hacen
parte de un gran sistema de produccin de informacin controlado por intereses econmicos
y que, por lo tanto, el espejismo de la participacin llana y libre en Internet debe ser debatido
para permitirnos por un lado, avanzar hacia la conceptualizacin de la modulacin como estrategia de control en la era de la informacin digitalizada y, por el otro, entender que procesos
como los que ocurren al interior del Homecasting nos muestran como la imagen digital est en
el centro de los cambios en el sentido de las experiencias estticas contemporneas. Es necesario que los investigadores pensemos en nuevas herramientas metodolgicas que nos permitan
crear cruces entre lo micro y lo macro (para el caso de este proyecto, entre el anlisis de lo
audio-visual y sus contextos sociales, econmicos y polticos). El diseo de las metodologas
para estudiar lo digital es un interesante reto que har necesario y ms frecuente un verdadero trabajo multidisciplinar y sera tarea de los investigadores acompaar atentamente estos
procesos y en consecuencia proponer formas no slo novedosas si no acordes para acercarse,
entender y analizar estos cambios.
Si asumimos que gran parte de la produccin cultural se encuentra ahora bajo el rgimen
de la reproductividad electrnica (cfr. Brea, 2007), esto significa asumir tambin los cambios
en el conocimiento debidos a la informatizacin de los procesos para su produccin, distribucin y almacenamiento. Reflexionar acerca de estos cambios en donde la produccin cultural
56
y los procesos creativos operan bajo este nuevo rgimen, debera ser objetivo fundamental
de nuestros proyectos de investigacin, ya que estamos frente a una funcin desplazada de
lo cultural en estas megaindustrias del ocio, la comunicacin y el espectculo, por la cual la
cultura habra dejado de ser simplemente un puente con el pasado y las tradiciones (cfr. Jameson, 1999) confirmando cmo las antiguas concepciones fundamentalistas del sujeto han sido
reemplazadas por lo leve, en donde ocio y produccin simblica en algunos momentos parecen
verse como iguales. Desde estos puntos de vista, el estudio de las producciones de la visualidad
contempornea al interior de las economas de la experiencia, en el marco de esta regulada
hipervisibilidad que nos propone la vida on-line y con la teora de la imagen electrnica como
clave de lectura, detenindose en la descripcin, pero intentando avanzar hacia el anlisis de
cmo se construyen los sentidos actuales de lo social, es por dems un campo de estudio interesante, frtil e indispensable.
El trabajo desde los Estudios Visuales y las Humanidades Digitales, ser necesario para
intentar construir mapas con visiones ms abiertas, pero, al mismo tiempo, ms profundas
de las sociedades actuales. Sera tarea de nosotros investigadores y entusiastas de una u otra
corriente, acompaar atentamente estos procesos y proponer formas metodolgicas y tericas
que nos permitan comprender mejor las sociedades actuales, atravesadas por grandes cam-
bios como el de la digitalizacin de los procesos para crear, producir y compartir informacin
(visual, sonora, textual), pero tambin inmersas en el contexto de las grandes mutaciones y
transformaciones del capitalismo.
Fuentes de consulta
Brea, J. (2007) Cultura ram: Mutaciones de la
Editorial.
en: http://web.archive.org/
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Universidad de Salamanca.
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org/2013/06/we-are-what-we-tweet-
com/18-homecasting-the-end-of-
the-problem-with-a-big-data-world-
when-everything-you-say-is-data-
2011].
mined/#sthash.AL8HFDiz.dpuf
[Consultado 10 Dic. 2013].
57
La observacin, anlisis y posterior reflexin acerca de las imgenes visuales y sonoras presentadas en las producciones audiovisuales en tiempo real, por algunos artistas audiovisuales
en Colombia; han permitido un acercamiento a los fenmenos estticos que subyacen en la
cultura electrnica en diferentes contextos audiovisuales, como son la creacin audiovisual
en directo, presentada desde el livecinema y el Vj. De aqu, que las posibilidades en cuanto a
herramientas y medios adquiridos por la imagen en movimiento durante los ltimos aos, han
posibilitado el cambio en los lenguajes y narrativas que acompaan dichas producciones.
Esta fuente primaria parte de la expectacin frente a las narrativas y estticas visuales
que acompaan dicha prctica; se presentar entonces un panorama desde sus orgenes ms
cercanos proyectados desde las rave, aunque se podra sealar que tiene siglos en su experimentacin.
Con el fin de analizar dicho fenmeno, se ha intentado identificar en su concepcin las
relaciones: imagen (visual-sonoro) objeto (narrativas) sujeto (experiencia), como caractersticas de su existencia; recurriendo tambin a la discusin esttica de sus contenidos, reflexin
fundamental para comprender su papel en el proceso creativo.
Qu dicen esas imgenes?, qu narrativas las acompaan?, qu soportes?, para qu
pblico?, en qu espacios?, qu aportes hace a la sociedad?, al campo del arte?
Muy dismiles pudieran ser las respuestas, pero me adscribo a lo planteado por Jos Luis
Brea en su libro, La era postmedia:
El mayor desafo que las prcticas artsticas tienen en este contexto, bajo este
punto de vista, no es tanto el de experimentar con las posibilidades de produccin
y experimentacin material o formal ofrecidas por las nuevas tecnologas; sino el
de experimentar con las posibilidades de reconfigurar la esfera pblica que ellas
ofrecen, de transformar sobre todo los dispositivos de distribucin social, con las
posibilidades de incluso alterar los modos de exposicin, de representacin pblica
de las prcticas artsticas. (2001: 22).
59
De esto, que el futuro de las prcticas audiovisuales en tiempo real, en tanto que efmeras,
tienen an mucho camino por recorrer en cuanto a su conceptualizacin y aunque, la espectacularizacin por las herramientas y medios, crean expectativas entre el medio artstico, la generacin de sentido y las relaciones con el mundo que se puedan generar mediante el lenguaje
de las imgenes, es un universo de conocimiento infinito que puede concebir en el individuo
relaciones de tipo dialgico o, incluso, gestionar efectos simblicos en el tiempo, a partir de
esas imgenes fragmentarias, no-narrativas y remezcladas del tiempo real.
La creacin audiovisual en directo o en tiempo real es uno de los fenmenos contemporneos ms debatidos y menos estudiados en lo que se refiere a imagen en movimiento, no obstante dentro de las especulaciones que esto ha trado, no se ha determinado an una categora
que lo sustente como arte,1 sin embargo, los indicios de su produccin denotan una cierta
ambivalencia entre el acto creativo y el simple hecho de lanzar imgenes para acompaar una
sesin de msica, en su mayora electrnica.
Es necesario sealar que la proyeccin de imgenes en tiempo real no es un fenmeno
que pertenezca exclusivamente a la era digital; sus inicios se remontan, desde mucho antes de
la invencin del Cinematgrafo; un ejemplo de esto es el teatro de las sombras desarrollado
en Oriente; la mquina catrpica y las linternas mgicas del siglo vxii creadas por Athanasius
Kircher, las cuales se popularizaran con los espectculos pticos o fantasmagoras creadas
60
1 La presente reflexin no busca dar una categora de arte a este fenmeno, pero es importante sealar que
algunas instituciones no avalan esta prctica dentro del campo del arte.
2 Este artculo no pretende dar informacin acerca de la historia y evolucin de los aparatos que dieron
origen a la imagen en movimiento. Slo es necesario sealar parte de su existencia para el anlisis y comprensin de este fenmeno en la contemporaneidad.
Figura 1
Linterna mgica (1680),
Athanasius Kircher.
La cmara oscura recibe
imgenes del exterior
e invierte el proceso
proyectndolas al exterior.
diferentes prcticas de la visualidad, sin embargo, el estudio que nos compete tiene que ver
con las posibilidades en cuanto a herramienta narrativa y quiz esttica, es decir, la apropiacin y aprovechamiento de los medios (en este caso audiovisuales) dirigidos hacia un pblico
que apenas empieza a comprender lo que subyace a la imagen en movimiento y todas las posibilidades que ello amerita.
Si bien el prrafo anterior haca referencia al siglo xvii y todo lo que all sucedi hasta nuestros das (en cuanto a herramientas de proyeccin de la realidad o ilusiones pticas)
realmente el inters de este experimento se centra mucho ms atrs en el tiempo. La datacin
de la imagen en movimiento se remonta al origen de los tiempos, la alegora de la caverna de
Platn es una de las referencias ms antiguas en cuanto a imagen en movimiento y proyeccin
de imgenes en tiempo real, donde el fuego acta como primera herramienta de proyeccin de
luz artificial.3
La transformacin de las imgenes exigen la consideracin de toda una trayectoria
vinculada a dicho proceso. Es por ello, que el inters principal de este texto es considerar los
diversos fenmenos que se van produciendo en el mundo del arte en torno a la idea de percep-
3 En el mito de la caverna de Platn se nos presentan las sombras como indicadores de la realidad que no son
ellas, pero que suponen el continuo recuerdo y referencia de esa realidad del ser. La sombra, a caballo entre
lo real y lo ficticio, entre el ser y el no ser, a medio camino entre lo mgico y lo religioso, suponen la imagen
ms palpable del mundo de lo abstracto, del mundo de las ideas, de aquello que trasciende lo que nuestros
sentidos perciben.
61
cin, lenguaje y proceso audiovisual, que trae implcito la utilizacin del diseo como forma
de creacin de las artes audiovisuales y stas como transformadoras del pensamiento del ser
humano en la actualidad.
Ahora bien, analizando los orgenes de la imagen en movimiento y en busca de los referentes, encontramos sus races primigenias en las prcticas del Wayang Kulit o teatro de sombras,
originario de India, que representaba el Ramayana a travs de una escenificacin con figuras en un teatro de sombras que posteriormente fue exportado, interpretado y producido en
Indonesia dentro del ao 930. El que controla las marionetas The puppeter o Dalang, mueve
los hilos entrando en un trance mstico, absorbiendo y transmitiendo los espritus de todos los
personajes que interpreta en el espectculo del Wayang Kulit (cfr. Gil, 2008).
De all que esa bsqueda constante por representar o no la realidad por medio de aparatos de ilusin ptica, es una tarea que lleva siglos en su experimentacin. La historia de la imagen en movimiento y su fusin con el sonido ha sido y sigue siendo uno de los paradigmas ms
importantes del arte en nuestro tiempo.
La relacin sonido e imagen, se convierte entonces en un factor determinante y de investigacin para muchos artistas que trabajan y experimentan diferentes formas de percepcin,
basados en la idea de inmersin a partir de los sentidos, desde las prcticas de la visin y la
escucha. En este sentido el tiempo real cumple un papel fundamental en las producciones au62
diovisuales presentadas en este espacio de lo efmero, donde la relacin con el cuerpo se hace
Figura 2.
Wayang Kulit (1890).
El wayang Kulit o teatro
de sombras es un ritual
tradicional de Indonesia
y Malasia, donde un
interprete llamado
Dalang, trabaja a partir
con marionetas a las
que les da vida con su
movimiento y con si voz. La
representacin se realiza
entre una fuente de luz
y un teln sobre el que se
proyectan las sombras. Se
crea que quienes asistan a
un wayang estaran libres
del mal.
cada vez ms evidente desde la prctica un tanto performtica suscitada por el artista del video
en tiempo real, hasta la experiencia del espectador que es quien re-edita constantemente eso
que se le presenta en forma de imgenes y sonidos.
Sin embargo, el carcter particular de una obra audiovisual en directo, no se basa tan slo
en el modo en el que se presenta, se percibe y se experimenta, sino que su historia y sus orgenes dan muestra de todo un legado en cuanto a las formas de representacin y mediacin de la
imagen del mundo contemporneo: Condenados as a la obsecacin de Narciso nos preguntamos enseguida: Y para qu la imagen en tiempos de ceguera? (Burgos, 2010: 4).
Establecer un sentido narrativo y definir desde el arte esas imgenes que se nos presentan
de forma fragmentaria y no lineal podra ser peligroso, en tanto que sobrevienen al problema
contemporneo de la imagen; imagen pensada como lenguaje que nos habla en tiempo presente. Entre el mundo y el ojo habitan imgenes. Frases como las de Mara Beln Senz, curadora
de la exposicin, de Hanna Collins: La revelacin del tiempo; inaugurada en noviembre de 2010
en el museo de la Universidad Nacional de Colombia, dejar ver esa necesidad del artista por
mostrar por medio de la imagen, sea sonora o visual, el pensamiento asociado al conocer por
medio de las imgenes: Las imgenes vienen siendo, como lo han venido siendo las palabras,
la sustancia que encarna un devenir del pensamiento en las cosas del mundo (Sanz, 2010:19).
Puede resultar un poco pretencioso intentar establecer en las prcticas audiovisuales
del tiempo real, parmetros que indiquen la forma correcta de lectura de una imagen, sobre
todo en el contexto de lo contemporneo, donde el sentido de las imgenes presentadas ya no
obedecen a esa idea platnica de hacer visible lo invisible, sino que las imgenes se inclinan a
patrones de pensamiento, un tanto fragmentario, que le suceden otras imgenes emitidas por
medios como la televisin e Internet. Desde esta perspectiva, puede resultar interesante para
quienes trabajan con el audiovisual en directo o en tiempo real la utilizacin del reciclaje o
la remezcla para la creacin de sus propias narrativas y estticas visuales (incluida la msica). Todo esto, desde una perspectiva relacional entre el realizador audiovisual en tanto que
lenguajes, significados, propsitos y la experiencia producida en el espectador frente a la obra,
mediante la generacin de sentido que estas imgenes visuales y sonoras puedan producir en
l, as la combinacin de elementos como repeticin, loop, remix, experiencia, performatividad,
se convierten en conceptos importantes al momento de producir y experimentar un trabajo
audiovisual del tiempo real.
Asistimos, entonces, a una lectura del mundo que se acomoda un poco al pensamiento fragmentario y no lineal de nuestro mundo mediatizado, donde los lmites entre autor y espectador
se desdibujan y quiz hacer Hacer invisible lo visible?: Ese reciclaje de sonidos, imgenes o
formas implica una navegacin incesante por los meandros de la historia de la cultura navegacin que termina volvindose el tema mismo de la prctica artstica (Bourriaud, 2007: 15).
63
En este sentido, y para tratar de cerrar un poco esta exposicin, es fundamental establecer
caractersticas que denoten cules son los conceptos, medios y modos de decir, que vinculan
la creacin audiovisual en directo, su relacin con el espectador y los posibles espacios de
exposicin. Frente a esto las reflexiones realizadas por Bourriaud, en cuanto a las formas de
decir del artista contemporneo se hacen evidentes en la apropiacin de lenguajes y material
existente, para luego crear las narrativas e imgenes que acompaan una pieza audiovisual.
No es extrao entonces que Bourriaud tome como ejemplo la figura del Dj (disc. jockey) o el
programador para designar a los artistas que trabajan con materiales preexistentes generando
as otros significados, (caso particular del artista audiovisual en directo).
Para este anlisis, se han precisado tres conceptos que abarcan de forma general dicho fenmeno: La imagen: que se representara por medio de lo visual y lo auditivo, estas dos unidas
como un todo; el objeto: que seran las narrativas o modos de decir de la imagen en movimiento; el sujeto: que es quien re-edita la experiencia desde una muestra un tanto fragmentaria y
efmera caracterstica principal de dichas escrituras. Tratar de establecer una categora explcita para este fenmeno se quedara corta, puesto que parte de sus caractersticas se basan en
la multiplicidad de herramientas, tcnicas, formatos y trabajo colaborativo.
No suena descabellado, entonces, tratar de vincular la prctica del tiempo real, a las producciones realizadas por el grupo fluxus; que en los aos de 1960 ya intua la necesidad de con64
Figura 3
Mquina del tiempo
(2008), Zuluaga, Mc.
Las herramientas
utilizadas por el
colectivo individual
estn relacionadas
con el videoarte como
narracin, instalaciones
interactivas de espacio
y de tiempo, msica
experimental electrnica
realizada en vivo.
fluencia entre las diferentes artes. Artistas como John Cage, Joseph Beuys, Marcel Duchamp
y Nam June Paik son precursores en las actuales formas de arte, basadas en el Happening, videoarte y escultura social. No es el arte, en palabras de Marcel Duchamp, (...) un juego entre
todos los hombres de todas las pocas? (Duchamp en Bourriaud, 2007: 15).
Es esencial tomar como antecedente a estos artistas y su posible relacin con la creacin
audiovisual en directo, en el sentido de recoger una historia, analizar las posibles convergencias con otras disciplinas y tratar de identificar los espacios que este habita, es indiscutible
que una prctica como sta, no se puede abordar nicamente, tomando como antecedente los
postulados de arte contemporneo y mucho menos desde la perspectiva de la era digital. Su
trayectoria tiene siglos de experimentacin.
De esta manera se podra decir que la creacin audiovisual en directo a evolucionado la
forma de representacin, en cuanto a sus herramientas, medios, espacios expositivos y modos
de decir, sin embargo, es necesario establecer algunos paradigmas que impliquen nuevos
ordenes en la forma de lectura de esas imgenes fragmentarias, no narrativas, que dejan a un
lado el texto, para ser comprendidas en accin colaborativa con un msico o deejay. As pues,
la experiencia artstica, y en este caso, la experiencia audiovisual se vislumbra como potente
generador de ideas y de cambios en los modos de ver y de entender las narrativas y estticas
visuales actuales.
Desde este punto de vista y citando nuevamente a Brea, concluyo que existe una urgente
necesidad del artista contemporneo por la produccin simblica y por pensar los medios ms
all de las herramientas:
Por mi parte estoy convencido de que una forma artstica no nace por la mera
emergencia de una novedad tcnica y ni siquiera por el descubrimiento aadido de
un vocabulario formal asociado a ella; si no solo cuando a una prctica de produccin
simblica le es dado el ejercicio de la auto-crtica inmanente (Brea, 2002: 28).
El tiempo real va ligado a una prctica del ahora de las cosas actuando as como sistema
abierto, donde artistas y espectadores se enfrentan a una obra audiovisual del tiempo real
65
desde su relacin con el mundo, llevados un poco por esa esttica relacional que menciona
Bourriaud: Donde la obra se presenta ahora como una duracin por experimentar, como una
apertura posible hacia un intercambio ilimitado (Bourriaud, 2006: 13-14). Desde esta perspectiva se puede determinar una lectura de esas imgenes de lo fragmentario y no lineal, como
nociones caractersticas de la sociedad contempornea en cuanto a las narrativas que configuran sus territorios y pensamiento.
Entender el tiempo real proyectado desde las producciones audiovisuales en tanto que
fenmeno que tiene convergencias con el performance y la msica, no es una tarea fcil, sin
embargo esa relacin en cuanto a tiempo, cuerpo y espacio, permiten posibles convergencias
entre el tiempo y las reflexiones realizadas por Henry Bergson y su concepto de tiempo en
cuanto a duracin o tiempo vivido, que es diferente al tiempo de la ciencia, en tanto que medible: sucesin de instantes estticos. El tiempo para Bergson es entonces la duracin en m, lo
vivido, no como relacin, sino como un absoluto.
Las reflexiones sobre el tiempo real en tanto duracin, entendida desde Bergson, le suceden ese transcurrir que de manera inmediata genera relaciones con el cuerpo, haciendo ms
evidente ese acontecer que permite que el tiempo cambie. Asimismo, las imgenes y sonidos
del tiempo real presentadas en el contexto de lo contemporneo nos acercan a la experiencia
del cuerpo, experiencia vista como factor determinante para la comprensin del fenmeno del
66
Fuentes de consulta
Bergson, H. (2004) Memoria y vida: Textos
experimentalis.jpg - Recuperado:
Noviembre 22, 2013, de: http://
es.scribd.com/doc/6798293/
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Figuras
Adriana Hidalgo.
Brea, J. L. (2002) La era postmedia.
kircheriana experimentalis.jpg -
casa.
http://es.scribd.com/doc/6798293/
Siegfried-Zielinski-GenealogiasComunicacion-Escucha-yVision#scribd.
Figura 2. Wayang Kulit (n.d). Archivo:
https://www.academia.edu/423712/
Demiurgos_de_la_Luz
cacahlima.blogspot.com/2011/10/
dalang.html
Figura 3. Zuluaga, Mc (2008). Archivo:
Federico Daza. Jpg Recuperado:
Marzo 16, 2015 de: https://www.
realizacin y representacin
facebook.com/federico.dazamarin/
photos.
Libertarias-Prodhufi.
67
Imagen descentrada
69
al aparato hermenutico y argumentativo del arte, de la relevancia de las dos ideas. Es decir,
no es preciso para hablar de arte en el mundo actual, hablar de imagen, tampoco de representacin, puede sin embargo convertirse en un slido lugar, en consideracin por dems a los
lugares disciplinares ya establecidos, ampliados y especializados. Pero la referencia no deja de
ser contingente.
Paradjicamente y sin duda como evidencia del trasegar de los Estudios Visuales, se ha
ampliado la discusin respecto de o con relacin en ambas, pero en otras categoras de la
visualidad, de tal manera que es posible que se estn nuevamente aproximando a la visualidad
artstica, por una va distinta al discurso hegemnico del arte.
En el mismo sentido, visto el robusto aparato conceptual de los Estudios Visuales y su
consolidacin como una lnea para aproximarse y articular el amplio horizonte de reflexin en
torno a la imagen. Cabe sealar que la invitacin a seguir la pista de una imagen que evoluciona linealmente y que va progresando, en consideracin particularmente a los medios tcnicos
que la permiten, como puede resultar luego de una mirada desprevenida de Las tres eras de
la imagen (Brea, 2010), se torn siempre en un inconveniente. Sorpresivo resulta que sea tal
vez all, en una aproximacin de carcter arqueolgico, en donde hoy se recoge una prospera
discusin. Quiz la consolidacin ms juiciosa del tema de la visualidad, Ojos abatidos (Jay,
2008) y de la que se desprende claramente la certeza del imperio de la imagen en el mundo
70
occidental, intuicin que habra al fin cobrado sentido, enmarca adems un debate acerca de la
denigracin de la mirada que recoge la posmoderna filosofa continental.
De manera tal, consolidado el problema de la imagen, por el que se haba desplazado en un
primer momento el aparato terico de los Estudios Visuales, la deriva por la visin, la mirada y
la visualizacin adquiere la ventaja necesaria, no slo para estructurar nuevamente el campo,
sino para advertir su fuerte contenido discursivo. En la Arqueologa de los medios (Zielinski,
2012) se instaurar el punto de partida que va a consolidar la prctica y transformacin del
medio como fundamental, insistiendo que este no es el producto de una evolucin predecible,
sino de la visualizacin de circunstancias para la comprensin del mundo.
As, desde la produccin artstica actual, parece oportuno sealar (segunda parte de la
premisa) si bien no es una particularidad slo de este momento, que lejos del inters por el
medio y en el mismo sentido por el contenido en tanto captura del mundo, la imagen deviene en
un rastro, en una pista para la comprensin de algo mayor. Nada tiene que ver con que tenga
valor icnico o iconogrfico, o que desde sta pueda ser planteada una exploracin hermenutica; simplemente la imagen se advierte como el trnsito a la visibilidad.
Quiz habra un acuerdo entre aquellos que se interesan por el arte hoy da, con respecto, por ejemplo, al entusiasmo por la obra de Alberto Durero, sus retratos y obras mayores
sern sin duda primordiales, los cuatro libros de la medida lo pondrn en un reducido grupo
de artistas investigadores, pero los grabados en los que trata las formas y herramientas de
domesticacin de lo visual para limitarlo al restringido espacio de la pintura, adquieren sin
duda un sentido fundamental. De manera que, puede ser interesante an visitar nuevamente a
un autor sumamente tradicional que adems se encuentre inscrito en el decurso historiogrfico ms habitual y mirar sus procedimientos y herramientas, primero como estrategias para la
representacin y luego ms importante an como pistas para la articulacin de los discursos
sobre el poder de la imagen, la mirada y su domesticacin.
La incierta lista de autores con las intenciones acabadas de mencionar, para el caso de Durero estara seguramente encabezada por el investigador de finales del siglo xvi, Giovanni Battista
Della Porta y Athanasius Kircher, jesuita del siglo xvii, pero sin duda podra llegar hasta nuestros das. La preocupacin ciertamente no sera la imagen, quiz la mirada, pero ms acertado
an la visualidad. No los ordenara un saber disciplinar ni las herramientas y estrategias de sus
investigaciones. Seran una lista de espritus inquietos por las formas de la visualidad.
La visualidad como la estrategia de presentacin a partir de la cual se puede hacer comprensible un horizonte de reflexin. No el lenguaje en el que este horizonte se presenta (como
lenguaje cientfico, por ejemplo) tampoco la estructura disciplinar que ordena su forma discursiva y menos las formalizaciones y evidencias resultado de su prctica.
El arte contemporneo puede, en consideracin, ser el lugar de esas visualizaciones. No
porque el lenguaje con el que se presente sea el lenguaje del arte (que seguramente ya no lo es)
tampoco porque emerja en el sereno lugar del arte (la prctica artstica sabemos bien aparece en los lugares no slo menos esperados, sino quiz ms espinosos) y menos porque sus
formalizaciones y evidencias sean el resultado de su prctica (las obras no les interesan a los
artistas).
De manera que el arte no es slo una descentralizacin de la mirada, sino que deviene en
una descentralizacin de la visualidad, de algo que ha descentrado la primaca de la imagen.
Si bien ya se ha discutido, quiz demasiado dirn algunos, a propsito del trnsito del arte
a la idea y del mismo modo acerca de la idea de desmaterializacin de la obra de arte. El arte ya
no est invitando a sentir desde la imagen, sino a pensar desde ella, a que se convierta en una
pista para comprender el universo que emerge y que no es posible ver. Deviene en una imagen
descentrada que no dispone nada a la mirada, que est en tanto certeza de la comprensin de la
existencia del arte o del mundo, como el viejo registro del acontecimiento que no es posible ver.
La imagen descentrada no refiere a una imagen total ni a una condicin de la imagen, es
ms bien una condicin de quien mira, que ya no se basa en la mirada, desbordada e insatisfecha. La imagen le sugiere slo una ruta para comprender el mundo; en el arte, esa ruta no es la
que dispone para ser vista es la visualidad que esta promete articular. El arte contemporneo,
ms que representar, modela, se inserta en el entorno social, en lugar de ser inspirado por l
71
72
Puede que s, pero en realidad es una forma de visualidad. No es la instalacin que se dispone
ante nosotros, es ms bien la condicin en la que nos pone frente al mundo.
De la misma manera la obra de Doris Salcedo, que desde el comienzo con Atrabilarios
(1991) enfrent la violencia en Colombia como el argumento central de su trabajo; seria y sutil
no recurre a la representacin tangible de la violencia, sino a la eficaz arma de la metfora (cfr.
Olivares, 2006: 390) puebla sus obras con los rastros del desplazamiento y la ausencia al tiempo
que compone territorios objetuales de desesperanza con los enseres y pertenencias de los que
han sido desaparecidos u obligados a desplazarse. De manera que zapatos, sillas, camas y mesas devienen en testigos de los infortunios de la nacin. No parece posible ver zapatos ni sillas
tampoco camas.
Francis Als y la cosa se va ajustando; lo simple cobra el carcter de evidencia del destino.
En Cuando la fe mueve montaas (2002) logr convocar a quinientos voluntarios a las afueras
de Lima a que sirvindose de palas movieran una montaa, en alusin a las promesas de la
tradicin cristiana que se implant en territorio Inca.
Santiago Sierra quiz me permita aclarar lo que quise decir. Aborda los mltiples aspectos
de la discriminacin, quiere con su obra sealar las innumerables maneras a partir de las cuales el mundo contemporneo margina, clasifica y discrimina. La piel, el lugar de procedencia, el
tamao, el trabajo, el salario o el dinero son excusas para proponer ejercicios o articulaciones
a partir de las cuales reflexionar las condiciones actuales. Por ello, aborda controvertidos temas sociopolticos de exclusin social, explotacin y contaminacin del medio ambiente. Sierra
acomete la tarea de poner en evidencia los sistemas de poder.
En una foto de Sierra, de una calle cualquiera de Madrid, tomada en la noche, se perciben
con claridad, carros, postes de luz, rboles, contenedores de basura, etctera. No se ve a nadie,
no aparece ninguna persona en la foto. Sierra pag a cien emigrantes indocumentados para
que se escondieran. El problema no es de imagen, me parece, es de visualidad.
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73
Parte 2
cultura visual (p. 55, 77, 78, 84, 85, 116, 117,
137, 142, 152, 153, 182, 186, 199); esttica (p.
35, 43, 44, 47, 48, 51-53, 56, 59, 61, 63, 65, 66,
69, 77, 81, 92, 93, 97, 102-104, 106-108, 112,
113, 125, 131, 147, 148, 150, 189, 215, 217, 218,
219, 226, 253, 255); Bal, Mieke (p. 78, 86,
150); Moxey, Keith (p. 52, 57, 77, 81, 84, 85,
186, 190); Hernndez, Carlos Ivn (p. 81,
83); mirada (p. 25, 27, 29, 51, 55, 69, 70-72,
89, 92, 117, 124, 125, 127, 132, 133, 150, 163,
164, 176, 182, 183, 189, 199, 204, 217, 241, 243,
244, 250, 251-253); fragmento (p. 21, 89, 90,
92, 93-97, 177); transparencia (p. 27, 31, 35,
74
53, 54, 56, 59, 64, 66, 69, 85, 92, 113, 122, 123,
paisaje (p. 83, 85, 96, 101, 105, 106, 108, 131,
48, 49, 52, 59, 60, 63, 65, 6972, 77, 85, 89,
131, 147, 148, 150, 152, 153, 159, 161, 162, 165,
23, 25, 27, 29, 31, 35, 37, 41, 54, 71, 73, 79, 89,
256); internet (p. 19, 31, 51, 54, 55, 56, 63, 111,
(p. 51, 56, 61, 69, 7073, 77, 83, 113, 115, 131,
aparato (p. 53, 60, 62, 70, 82, 116, 121-123, 125,
75
La incorporacin en el Diccionario de Americanismos1 de trminos como levantn, narcocorrido o plomear produjo desconcierto entre los crculos ms conservadores de nuestra
lengua a razn de una suerte de reconocimiento lingstico y por ende cultural, a la jerga de
los narcotraficantes; sin duda, uno de los grupos ms estigmatizados de este pas a causa de
su actividad ilcita y criminal. Sin embargo, como bien lo explic Jos G. Moreno de Alba
entonces director de la Academia Mexicana de la Lengua la cultura del crimen organizado
y los narcotraficantes mexicanos es un nuevo campo semntico que debemos conocer (2010:
3). En este sentido, el Diccionario de Americanismos, publicado hace apenas cuatro aos,
constituye un precedente notable acerca del inters que deberamos prestar al fenmeno del
narcotrfico en nuestra historia reciente, ms all del descrdito o el rechazo inmediato a raz
de las heridas profundas que sin duda han segregado a una parte considerable de la poblacin
civil de este pas. De nueva cuenta, en palabras de Moreno de Alba: Una sociedad que quiere
estar bien informada necesita saber este tipo de vocabulario. Y si ahora, en la vida cotidiana,
la delincuencia organizada es un ingrediente de los problemas, tenemos que conocerlo [] Ah
est, no hay que negarlo y es parte tambin de la lengua espaola (Ibid Ibidem).
En el desarrollo de este trabajo, buscar dirigir el desafo de comprensin lanzado por
este lingista hacia un horizonte ms amplio en torno al narcotrfico, el cual defino con el
trmino, en plural, imaginarios. Pienso los imaginarios-narco no en un sentido convencional,
esto es, como conjuntos de representaciones no-lingsticas susceptibles de ser categorizadas
y jerarquizadas en el universo visual, ms bien, en constelaciones irregulares que cargan un
rastro de verbalidad y de donde emanan imgenes inestables, imprecisas, y por tanto de difcil
definicin. Estas imgenes son precisamente aquellas que pueden ser aprehendidas desde
los estudios visuales, pues como recuerda Mitchell citado por Moxey, (stos) atienden a las
variadas e incongruentes familias a las que pertenece la cultura visual, as como a la naturaleza
cambiante de la visualidad y la percepcin (2009: 14).
1 Tesauro ambicioso realizado por las diferentes academias de la lengua que busc recoger todas las
palabras propias del espaol de Amrica.
77
78
Tal y como Mieke Bal propone pensar a la cultura visual esto es, como movimiento y no como
una disciplina con fronteras bien establecidas (cfr. Bal, 2004: 12) el narcotrfico podra a su
vez ser imaginado como un flujo contagioso dentro del movimiento incesante de una cultura
dominada por imgenes. Me parece pertinente la metfora mdica en tanto el flujo que emana
del narco posee partculas referidas a la decadencia, crueldad y opulencia material, rasgos
innegables de una patologa que oscila entre lo fsico y lo mental. Esta patologa, adems de
generar escenarios escalofriantes que operan en el nivel de la vida cotidiana (pensemos, por
ejemplo, en los diferentes tipos de colgados en puentes peatonales de distintas metrpolis), tambin se ha materializado en imgenes laudatorias de un gusto eclctico, alterado con
respecto de la mezcla de estilos en apariencia irreconciliables.
Figura 1
Imgenes extradas
de la cuenta de
Instagram de el Chino
Antrax (Jos Rodrigo
Archiga Gamboa),
la cual fue cerrada en
das posteriores a su
detencin.
79
mulado por unos cuantos millones de pesos lo condujo hacia una zona ambigua entre el culto
al cuerpo, la alta costura intervenida y la glorificacin de un estilo de vida que cohesiona a los
mafiosos con los magnates; nada ajeno a los excesos de un capitalismo global que, a decir de
Roberto Saviano, ha colocado a Mxico en el centro de las operaciones al hacer de la cocana el
negocio ms rentable alrededor del mundo. 2
Figura 2
Titular de El Imparcial,
jueves 25 de noviembre
de 1993.
80
2 Mxico es el origen de todo. El mundo en el que ahora respiramos es China, es la India, pero es tambin
Mxico. Quien no conoce Mxico no puede entender cmo funciona hoy la riqueza de este planeta. Quien
ignora a Mxico no entender nunca el destino de las democracias transfiguradas por los flujos del
narcotrfico. Quien ignora a Mxico no encuentra el camino que distingue el olor del dinero, no sabe cmo
el olor del dinero criminal puede convertirse en un olor ganador que poco tiene que ver con el tufo de
muerte miseria barbarie corrupcin (Saviano, 2013: 57).
3 A mi parecer, en el arte contemporneo la demostracin ms efectiva de este contagio se expres en el ttulo
de la muestra que fue seleccionada para representar a Mxico en la Bienal de Venecia en 2009; un ttulo
formulado como interrogante: De qu otra cosa podramos hablar?, proyecto curatorial de Cuauhtmoc
Medina en torno a la obra de Teresa Margolles. La formulacin retrica de la pregunta es implacable: esa
edicin de la Bienal de Venecia corri en paralelo con el periodo ms lgido de la denominada guerra contra
el narcotrfico, impulsada con vehemencia por el ex-presidente Felipe Caldern. La muestra de Margolles
enfoca y pone en primersimo plano los estragos de esta batalla a travs de una conceptualizacin en torno
al cadver, sus flujos y los desechos de los ajustes de cuentas. La exhibicin que dio forma al Pabelln
de Mxico polmica por su naturaleza y ampliamente debatida en el medio representa en definitiva
el vnculo ominoso entre arte y narcotrfico. Lazo que tambin explorarn, en un periodo temporal
coincidente, otros artistas desde diferentes medios: Watchavato en el estncil e intervenciones callejeras,
Lenin Mrquez Salazar y Omar Rodrguez-Graham en pintura, o Gustavo Monroy en dibujo, entre otros.
81
4 La idea proviene de un giro que Nstor Garca Canclini propone en torno a la reactivacin de la esttica:
buscamos formas no separadas radicalmente de todo tipo de funcin, representaciones ms interesadas
en el conocimiento incluso de lo que no existe que en la verdad, experiencias despreocupadas por
algn tipo de trascendencia e interesadas ms bien en abrir posibilidades en un mundo sin normas
preestablecidas (2010: 39).
sentido debido a la materializacin de una fantasa arquitectnica desproporcionada incluso con respecto a la zona residencial donde se ubicaba, el destino de esta mansin ha devuelto a la imaginacin su facultad creativa. La especulacin de que el propietario del inmueble era
Amado Carrillo el Seor de los Cielos (versin que oficialmente nunca se confirm), seguramente provoc que tanto los intentos de subasta de la mansin resultaran fallidos, as como
las solicitudes de demolicin por parte de los vecinos de la colonia Pitic. Durante estos veintin
aos transcurridos a su incautacin, la casa de Las mil y una noches se ha transformado en
un residuo virulento del paisaje urbano, que ha albergado lo mismo una muestra copiosa de
graffiti urbano que un hogar temporal para vagabundos y, seguramente, un espacio para consumar encuentros sexuales fugaces.
Figura 4
Te estoy viendo puto
(2014), Carlos Ivn
Hernndez.
83
En su proyecto Despojo (2012-2014), Carlos Ivn Hernndez recurre a esta mansin para reelaborar a travs de la fotografa, el video y el fanzine los diferentes niveles de visualidad
que se encuentran imbricados en el devenir de este inmueble. Como construccin fallida y
abandonada, los muros externos e internos abren un espacio de escritura colectiva annima,
donde se inscriben smbolos, grafas ilegibles y frases que van de la condicin testimonial de
quienes transgreden la propiedad privada para dejar un recuerdo de su visita, a quienes escriben leyendas que pueden ser interpretadas como una pequea puesta en abismo. Te estoy
viendo puto es una frase-espejo grafiteada en una de las esquinas del interior de la residencia
que sirve a Carlos Ivn Hernndez como motivo para desplegar una narracin de esta mansin
a travs de un fanzine. Las fotografas se encuentran intercaladas con la transcripcin de di-
logos extrados de un video de Youtube, subido por un grupo de adolescentes quienes visitan
la casa de Las mil y una noches y se graban emitiendo sus opiniones al respecto. Tanto las
fotografas como el video apropiado y el fanzine dan cuenta de la potencialidad significante
del despojo que subyace a esta mansin. Lejos de pensar en una degradacin del objeto que
exacerba el origen perverso de esta construccin (asociado con el dinero ilcito y la crueldad de
los narcotraficantes), vemos cmo diferentes recursos artsticos son susceptibles de aprehender las palpitaciones del objeto en la cultura visual contempornea. Al respecto, Keith Moxey
recupera una idea de Gumbrecht para resaltar esta tarea: tenemos que estar en sintona con
la intencionalidad de la naturaleza, la vida y el propsito de los objetos, su papel activo en el
sutil vaivn de la experiencia (2009: 10).
Figura 5
Casas en Cali. La
narcoarquitectura y
sus contribuciones a la
comunidad (2004-2005),
Luis Molina Pantin.
84
Ese hacer clic que narra la fotgrafa representa no slo la pregnancia del objeto hacia el
sujeto, tambin su dinamismo para remover afectos y saberes ya incorporados a la subjetividad; de lo contrario la imagen latente de Robert Morris no hubiera surgido en esa trama criolla
post-minimal. Como ya lo aclar, aunque lejana de los imaginarios-narco, la serie y el discurso
de Rosario Lpez asumen, sin cortapisa, el desafo esttico de conceptualizar un gusto fuera
del centro de las formas convencionales de representacin. Creo que en nuestro caso, an
queda pendiente la tarea de pensar en las imgenes emanadas de los imaginarios-narco ms
all de su inmediato rechazo, descrdito o clasificacin superficial. De pensar, por lo tanto, en
ese gusto alterado como una forma que ha agitado nuestra sensibilidad al momento de pensar
con imgenes y, por ende, ha revitalizado nuestra cultura visual, sin que ello suponga, bajo
ninguna circunstancia, una apologa hacia el trfico de drogas.
85
Fuentes de consulta
Figuras
a su detencin.
Figura 2. Titular de El Imparcial, jueves 25 de
noviembre de 1993.
Figura 3. Carlos Ivn Hernndez, (2013-2014)
De la serie Despojo.
Figura 4. Carlos Ivn Hernndez, (2014) Te
estoy viendo puto.
Figura 5. Luis Molina Pantin, (2004-2005)
y sus contribuciones a la
comunidad.
Repblica.
86
1 Este cuento es particularmente elocuente porque el escritor dice Las formas [de los espejos] comenzarn a despertarse. Diferirn poco a poco de nosotros, nos imitarn cada vez menos. Rompern las barreras de cristal y de metal y esta vez no sern vencidas. Parte extrada de: http://vtooto.tumblr.com/
post/17235786537/en-aquellos-tiempos-el-mundo-de-los-espejos-y-el
89
que deca mucho ms de lo contenido en el cuadro, fue su manera de mirar las formas de la
vida socialcon una capacidad tcnica de la lente fotogrfica (Aguiluz, 2005: 128). O la imagen
dialctica de Walter Benjamin que fue detener una imagen del pasado en su fuga y hacer
aparecer el tiempo detenido en ella. (Vargas, 2012: 87), esta idea presiente la naturaleza de una
imagen mltiple, que no est supeditada a una lectura desde el pasado o el presente, sino que
es una donde lo que ha sido se une como un relmpago al ahora en una constelacin. (Vargas,
2012: 95). El mtodo que Benjamin us en la preparacin del proyecto pasajes de Pars, fue el
de la imagen dialctica, que acta como figura anacrnica o dinmica ya que es leda desde el
pasado, el presente y adems anticipa algo de su futuro. sta corresponde al modo de ser del
fragmento, pues compromete no slo una manera de ordenar sino la elaboracin de un modelo
de conocimiento.
2 El collage [] es citacin directa, repeticin literal o citacin de algo sacado de su contexto y colocado
en otro. El montaje es el cortar y reunir de estos fragmentos de significado, imgenes, cosas, citaciones,
prstamos, para crear nuevas yuxtaposiciones. El collage es sencillamente el cuestionar de la nocin de la
representacin en cuanto que encontrar correspondencia alguna con una realidad exterior. [] La finalidad es construir algo nuevo de algo viejo, conectar cosas entre s que pueden parecer impares para lograr
nuevas intuiciones e interpretaciones. [] sin reducir las cosas encontradas a lo general (teora, proceso,
clasificacin etc.) (Shanks, p. 88-90 1992, citado por Konstantopoulou 2011).
3 Esta percepcin simmeliana es evidente al titular a su seccin de colaboraciones en el semanario cultural
Jugend de Munich, bajo el trmino Snapshots Momentbilder..., palabra que se us por vez primera en
el ao 1890 para referir a las instantneas fotogrficas (Aguiluz, 2005: 128).
Figura 1
Panel nmero 49 del
Atlas Mnemosyne (19241929), Aby Warburg.
91
Figura 2.
Atlas Mnemosyne
(1924-1929), Aby
Warburg.
Pensado de manera simple el fragmento pertenece como parte o fraccin a un todo, a algo
completo, pero la verdadera inviabilidad radica en pensar en la integridad de la totalidad
Todo nuestro sistema, sea tcnico o mental, tiende a la unicidad, a la identidad, a la totalidad, a costa de una simplificacin extraordinaria [] nuestras neurosis ponen de manifiesto
los males y desvelos causados por esta simplificacin. Pero la dualidad es indefectible. La que
desfallece, a mayor o menor plazo, es la totalidad (Baudrillard, 2008: 181). Si se considera
lo absoluto de la totalidad, entonces, pensar de manera fragmentada suena a divisin, a una
sntesis que dejara al fenmeno reducido. As, pensar lo mnimo aparece amenazante, si se le
entiende como una dislocacin del pensamiento racional, ste es el momento cuando el fragmento participa del margen. La parte y el todo son trminos interdefinidos que no se pueden
explicar solos, sino que mantienen relaciones de reciprocidad de acuerdo al criterio con el que
se les mire.
En ese acercamiento a la parte, Omar Calabrese distingue dos formas: el corte y la ruptura.4 El corte es una incisin que sale limpia de la totalidad y la extiende, aunque se encuentre separado la precisa, la vive en cmara lenta. El detalle es una forma de exaltacin, charla
chismosa de cierta porcin de la obra, es el evento condensado, la intencin esttica concentrada. El detalle refiere a un espacio y tiempo concretos de enunciacin, pues la mirada de un
sujeto se ejerce bajo una gua, al mostrar el detalle se le dice al espectador: mira aqu y mira
92
ms despacio. En cambio, el fragmento es una fractura que puede ser imaginada independiente a la totalidad y constituirse con un sentido propio. El fragmento se vincula al objeto y no a
la accin, ya que no importa quin la haya hecho, sino la presentacin y lectura que de ella se
desprendan. Los confines del fragmento no son <<de-finidos>>, sino ms bien <<interrumpidos>>* Inter-rotos (Calabrese, 1999: 89). Calabrese sugiere atinadamente al principio de su
libro La era neobarroca que el detalle involucra una prctica del asesino, mientras que el
fragmento una prctica del detective (Calabrese, 1999: 86), refiriendo a que el segundo involucra una pesquisa descriptiva que emplea la ausencia como principal material de elaboracin.
Si remontamos a lo uno y lo mltiple de Deleuze y Guattari podremos advertir que la hechura
de lo mltiple se construye no aadiendo constantemente una dimensin superior, sino, al
contrario, de la forma ms simple, a fuerza de sobriedad, al nivel de las dimensiones de que se
dispone, siempre n-1 (slo as, sustrayndolo, lo Uno forma parte de lo mltiple). Es decir en
esta operacin de disminucin se da un lugar a lo mnimo pues siempre hay que escribir a n-1
(Deleuze, Guattari, 2000: 12).
4 El semilogo italiano lo refiere al corte hecho por alguien y da peso a la preposicin de que implica la
precedencia de un estado anterior al del corte, como adems la proveniencia del elemento cortado por un
conjunto ntegro (Calabrese, 1999: 86)
93
Burroughs y la interzona
Otro ejemplo de los modos de ser del fragmento, pero en la literatura, es la produccin de
William Burroughs, conocido principalmente por no buscar elaborar una narrativa tradicional
o comprensible, sino lograr un empeo tenaz de ampliar la conciencia para liberarla del tiempo (Cohen, 2014: 91). El escritor disloc el lenguaje, fue contra su orden natural, pues pensaba
que la palabra escrita era un virus que no notbamos por la simbiosis hecha con el husped,
sin embargo esta buena relacin haba terminado y no se poda ms que atacar mediante una
vacuna cida: un lenguaje discontinuo contra la gramtica esclavizante (Cohen, 2014: 91)
Figura 3
Be cheerful, sir (1962),
William S. Burroughs.
94
En el arte, influenciado por Brion Gysin us el shotgun art 6 y el collage que ms tarde bautizara como cut up o fold in, acciones cuyo objetivo era romper ciclos y rehacer a partir de retazos.
El mtodo Burroughs busc a todas luces un quiebre de la realidad, un esfuerzo por hacer del
6 Particularmente revelador ya que utilizaba una pistola que haca explotar latas de pintura, este proceder
rememoraba la manera en que su esposa Joan perdi la vida mientras ambos jugaban Guillermo Tell.
Figura 4
Collage N 43 (1965),
William Burroughs &
Brion Gysin.
95
96
El autor de St. Louis no slo pensaba la rotura de las palabras a nivel escritura, sino a nivel de
imagen y sonidos, es decir, la escritura como entidad audiovisual, capaz de constituirse en unidades calificadas para operar en la conciencia, estas premisas se conectan con pelculas como
Videodrome o Existenz de David Cronemberg 8 y tambin con la idea de control.
La desarticulacin semntica del cut up cinematogrfico cre la interzona, lugar donde se
vive una realidad paralela que escapa a lneas de asociacin ancladas a una narrativa tradicional, ah corren pedazos de distintas historias y se generan espacios y tiempos imposibles. El
movimiento es de expansin inestable reaparicin de momentos relegados, emergencias imprevistas como despachos de la memoria involuntaria, irrisin de los lugares comunes, paisajes
que son sntesis mentales, tesoros que conecta el tiempo plegados en s mismos, a resguardo
de la sucesin y el confinamiento (Cohen, 2014: 91). El mejor ejemplo de la interzona est en
la versin cinematogrfica de naked lunch, que mezcla pasajes de la vida personal de Burroughs, con alucinaciones del personaje principal, el guin de Cronenmberg y el caos propio de la
novela del escritor, cuatro fugas movindose al ritmo de jazz.
A modo de cierre
De qu podra servir recuperar el fragmento en la transparencia?, qu no todas las formas
desde lo moderno estn o se inspiran en l? No es un mtodo novedoso, pero s uno pertinente
que se debe actualizar con otras figuras que lo enriquecen como la instantnea simmeliana o la
imagen dialctica de Benjamin. Es un hacer que se convierte en prctica significante, toda vez
que es una forma de ordenar, pensar y traducir mundos visivos, conforma una esttica y es una
demarcacin epistemolgica.
Se trata pues de una prctica del detective generada por muchos artistas y filsofos que
constituye una manera revestida de explicar fenmenos de la realidad, como los atlas de Gerhard Richter o de Aby Warburg, mtodos que incluyeron saberes transversales y otras dinmicas que se escurren a la enunciacin ya que El secreto del mundo est [] en el fragmento, en
el aforismo [], aphorizein: aislar, separar [...] Por el detalle pasa la anamorfosis, la metamorfosis de las formas, mientras que el conjunto omite este devenir por totalizacin del sentido o
de la estructura (Baudrillard, 2008: 205). Si se pudiese expresar un devenir para el fragmento
este sera dispersarse en la forma, pasar de una a otra, cambiar, [] todas las formas son a
la vez distintas y singulares, pero todas estn encadenadas: y si llegamos a incluirnos en este
ciclo del devenir, podemos re-involucionar sin fin de una a otra y gobernarlas a todas (Baudrillard, 2008: 204).
97
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(1965), Collage N 43.. Recuperado
de: http://includemeout2.blogspot.
mx/2012/05/third-mind-williamburroughs-brion.html
99
Uno de los aspectos ms elusivos en el anlisis de artefactos digitales y sus diversas configuraciones en el ecosistema meditico contemporneo es sin duda la relacin que dichos media objects guardan con tradiciones artsticas anteriores y en un sentido ms amplio, con la historia
y los distintos cuerpos tericos de la filosofa del arte. Detrs de la consistencia sugerida por
la simulacin en alta definicin de todos los medios, desde la pintura y la fotografa, hasta la
msica y el cine, el linaje esttico de muchos de estos artefactos suele ser mucho ms complejo
cuando se le examina de cerca; en efecto, una de las consecuencias inesperadas de subsumir
todos los medios a la lgica de su simulacin digital es la fragmentacin y el colapso de las
ideas que animaron su creacin en primer lugar, la circunstancia que los hizo posibles y cataliz su subsistencia en la actividad artstica a travs de los siglos.
Un caso ejemplar de esta confusin intelectual es el de los juegos de video, cuyo vertiginoso ascenso como industria y en el gusto de sus audiencias como objeto cultural, los ha desplazado hacia el centro del foco crtico, pero simultneamente aislado de algunos de los discursos
tericos ms pertinentes para su anlisis. Tal es el caso de su dimensin espacial, frecuentemente subordinada a modelos de interpretacin textual, bien equipados para explorar los aspectos narrativos y simblicos de algunos videojuegos particularmente en sus continuidades
con el cine y la literatura pero inevitablemente inadecuados para abordarlos como sistemas
de produccin espacial. La revisin acadmica ms articulada de esta distincin metodolgica
es quizs la que hace Christopher Thi Nguyen, en su proposicin de analizar juegos de video
como sistemas espaciales:
Si hemos de tomar prestado de otro campo, bien haramos en tomar herramientas
del estudio del espacio, incluyendo arquitectura y urbanismo [] el estudio del
paisaje y los juegos de video son primos cercanos, y hay convergencias. Ambos lidian
con el diseo de espacios lgicos a travs de la manipulacin de las condiciones de
confinamiento, frecuentemente con el objetivo de permitir a sus usuarios agencia e
involucramiento causal. (Nguyen, 2013: 1)
101
1 Vase Neo-Baroque Aesthetics and Contemporary Entertainment de Angela Ndalianis y Neo-Baroque: A Sign
of the Times de Omar Calabrese.
modelo de jerarquas intrnsecas al sistema de representacin que sugiere distintas modalidades de fidelidad y afinidad al mundo exterior (espacio real). (1991: 72).
De tal modo que tanto el espacio pictrico como el espacio de juego no corresponden al
plano fsico que ocupan los lienzos y las pantallas, sino al espacio imaginario creado dentro
de estos rectngulos planos, un mundo sinttico negociado en el intersticio entre hombre y
realidad. El genio de Panofsky consiste en entender que en la construccin de este espacio imaginario se dirimen cuestiones ideolgicas y culturales, es decir, que los sistemas de perspectiva estn invertidos en representar al mundo no slo como es, sino como debera ser; y ms
interesante an, en sugerir que precisamente por esto, la prctica espacial es una actividad
fundamentalmente simblica:
Al transformar la ousia (realidad) en phaiomenon (apariencia), la perspectiva parece
reducir lo divino a un simple asunto de conciencia humana; pero es precisamente por
esta razn, que por el contrario, transforma la conciencia humana en un vehculo de
lo divino. (Panofsky, 1991: 72)
Si bien existe un inters renovado en el estudio del espacio y los juegos de video, la idea desde
mi punto de vista ms elaborada y la ms cercana a Panofsky en este sentido, es la de Stephan
Gnzel, quien recupera el estudio tridico del espacio de Henri Lefebvre para sugerir que
lo que es ejemplificado en/por los juegos de video no es la imposibilidad de una descripcin
verdadera del espacio real, sino lo que entendemos por realidad de acuerdo a la ciencia del
espacio (Gnzel, 2013: en lnea). De tal modo que para Gnzel, el objetivo al estudiar filosficamente un juego de video consiste en explorar e identificar las modalidades mediante las que
los juegos expresan conceptos espaciales, nociones a travs de las que operan como sistemas
de interaccin. 2 Dichos conceptos estn a su vez inevitablemente alineados a distintos cuerpos
tericos, se construyen frecuentemente en contrapunto y estn por ende invertidos en una dialctica histrica, lo que en turno nos permite ubicar estticamente artefactos como los juegos
de video en la genealoga ms amplia de la historia y filosofa del arte.
La manera ms sencilla de entender esta aproximacin es mediante uno de los ejemplos
que ofrece el mismo Gnzel: Tetris. De acuerdo al alemn, Tetris es un sistema representacional que ejemplifica la idea aristotlica del espacio, en la que cada objeto tiene un lugar (topos)
que colinda perfectamente con el espacio que ocupan todos los objetos que le rodean. De tal
suerte que cuando percibimos que los objetos se mueven, en realidad slo estn intercambiando espacios de acuerdo a Aristteles. Esta idea presupone un orden espacial en el que
2 Gnzel entabla su postura en contraposicin a Espen Aarseth y Axel Stockburger, quienes consideran el
espacio en los juegos de video como alegora y como sistema kinestsico respectivamente.
103
no existen espacios vacos, en virtud de que no deberan poder existir. Tetris, de acuerdo a
Gnzel, ejemplifica este concepto del espacio en su funcionamiento: mientras el jugador trata
de ordenar los bloques de tal modo que encajen perfectamente y as despejar el espacio en pantalla, el sistema est diseado para progresivamente evitar la colindancia perfecta y saturar as
dicho espacio. Es esta tensin mediante la que se construye la experiencia esttica de Tetris. El
contraejemplo en este caso sera Tetris Hell, en el que concepto espacial aristotlico es sustituido por preceptos espaciales Newtonianos. (cfr. Gnzel, 2013)
En este orden de ideas, propongo que la experiencia esttica de Diablo puede ser entendida
como la realizacin de una fantasa paisajista del siglo xviii: el Capriccio arquitectnico, especficamente en las ideas espaciales detrs de uno de los capriccios ms clebres: las crceles
imaginarias de Piranesi.
Crceles infinitas
Diablo la conocida saga de dungeon-crawlers estren su tercera entrega en mayo de 2012. No
es muy sorprendente que tratndose de una franquicia multimillonaria y con una devota legin
de fans, la frmula del juego haya variado relativamente poco desde sus inicios:3 a grandes ras104
gos, el jugador asume el rol de un personaje un hroe al que gua en tercera persona a travs
de escenarios infestados de entidades demoniacas a las que despacha con progresivo grado de
dificultad mediante intrincadas combinaciones de armas, habilidades especiales, encantamientos
y amuletos. De ah el frecuente uso del trmino hack and slash rpg (juego de rol de cortar y tajar).
Si bien es cierto que el jugador configura su personaje dotndolo de diversas armas, hechizos y amuletos, y concedo que en esta tarea hay cierto grado de agencia e individualizacin,
creo que las decisiones tomadas en este mbito son menos relevantes para la experiencia esttica
principal del juego, que ofrece en general poco margen de maniobra en cuanto a los modos de
expresin de los personajes. Dicho de modo muy esquemtico, aunque como jugador puedo
personalizar a mi personaje en Diablo, al final del da mi mdico brujo no es tan distinto de tu
mdico brujo; seguro, tienen amuletos y hechizos distintos, que en turno les conceden perfiles de combate diferenciados, pero las elecciones en este sentido no dejan de ser cuestiones de
permutacin, es decir, puedo cambiar una mueca Wanga vodoo por una cabeza reducida para
que mi mdico brujo ejerza ms dao, o por una serpiente Uhkapian para ganar en inteligencia y
3 En trminos generales, el juego fue bien recibido tanto por su audiencia, que segn Game Informer compr
3.5 millones de copias durante las primeras 24 horas a partir de su estreno, como por la crtica, que elogi
el balance y los ajustes a la interfaz como mejoras bienvenidas a ms de una dcada de la entrega anterior
(Diablo 2, 2000; y Diablo 2: Lord of Destruction, 2001). Asumiendo dicha consistencia, en este texto me refiero
a Diablo de manera general, aunque por cuestiones de conveniencia revis la tercera entrega ms que las dos
anteriores.
Figura 2
Diablo 3 (2012),
Blizzard Entertainment.
propiedades mgicas aleatorias, pero estas decisiones, por s mismas, constituyen menos tokens
de identidad que elementos de balance y dificultad.
Nguyen hace una diferenciacin clave en este sentido, cuando recupera dos definiciones de
juego que considera mutuamente irreducibles: juego como mimesis
toma de Walton (1990) y juego como esfuerzo strive, que toma de Suits (2005). La manera
ms sencilla de entender la diferencia, Nguyen argumenta, es revisando la forma en que evaluamos a los transgresores de cada sistema, el aguafiestas y el tramposo:
En el juego infantil de indios y vaqueros, cuando un nio se detiene para clarificar
alguna de las reglas, no est haciendo trampa, pero est siendo aguafiestas. Por otro
lado, cuando un jugador de ajedrez se detiene a preguntar por una regla, no est
siendo aguafiestas, porque nadie que juega ajedrez tiene ningn inters en mantener
ninguna ilusin. El ajedrez es todo esfuerzo, y nada de mimesis. (Nguyen, 2013: 7-8)
Nguyen nota adems que una buena parte de los juegos operan simultneamente en ambos
esquemas y, ciertamente, considero que es el caso de Diablo. Sin embargo, tambin es cierto
que pese a los elementos de rol, que en principio sugieren afinidad con juegos de simulacin
como Dungeons and Dragons, gurps, Traveller, o World of Darkness, basados esencialmente en
el modelo de indios y vaqueros make believe, Diablo est invertido, por lo menos en igual
medida, en el paradigma del juego como esfuerzo, especficamente como la superacin de obstculos espaciales: la aventura geogrfica/arquitectnica de explorar un paisaje imposible. Es
105
en este sentido que encuentro una afinidad esttica con las Carceri dinvenzione.
Las clebres crceles de Piranesi son una serie de 16 placas para aguafuerte, creadas por el
artista Veneciano entre 1745 y 1761.4 Piranesi estudi con el paisajista Giovanni Battista Tiepolo y se le asocia frecuentemente con el movimiento pictrico de los vedutisti italianos (creadores de vistas); Canaletto, Giovanni Paolo Panini, Sebastiano Ricci, Francesco Guardi muchos
de ellos, incluido Piranesi, con influencia flamenca y mecenas britnicos. De las veduta di
fantasia de Paninni, en las que retrataba composiciones imaginarias de ruinas romanas, se
deriv la vertiente de pintura paisajista conocida como el Capriccio, que consiste en la incorporacin de elementos arquitectnicos y de paisajes reales, frecuentemente identificables, en
composiciones pictricas fantsticas que combinan estos elementos de maneras caprichosas e
inverosmiles (cfr. Wilton-Ely, 1988).
Piranesi adopt esta estrategia pictrica en sus crceles, en las que retrata monumentales calabozos con cuerpos arquitectnicos desconcertantes y frecuentemente ambiguos. El
grabador italiano consigue atraernos a su mundo subterrneo subvirtiendo dos estrategias
representacionales: la coherencia dimensional y la unidad del espacio percibido (cfr. Roncato,
2007). Uno de los aspectos ms atractivos de las mazmorras de Piranesi estriba en que dichas
inestabilidades estn creadas a partir de un sistema de representacin concebido precisamente para evitar ambigedad, tanto dimensional como de unidad espacial. Dicho de otro modo,
106
la manera en la que Piranesi utiliza la perspectiva lineal que aprendi como arquitecto, 5 hace
evidente las ambigedades inherentes a dicho sistema de representacin. El resultado, como
apunta Huyssen, es que el espectador es atrado a un laberinto en el que proliferan escaleras,
puentes, y pasajes que parecen conducir a profundidades infinitas (2006: 15). La naturaleza
paradjica de este espacio es a su vez recuperada por Aldous Huxley:
Nos sentimos abrumados por estructuras gigantescas, pero nos es imposible
identificar sus cimientos o sus funciones. Cables y escaleras atraviesan el espacio
pero es muy difcil decir a dnde van o cmo llegaron ah. [...] La luz es extraa:
Cmo puede tan vasta oscuridad producir contornos tan precisos?... La manera en la
que las estructuras estn distribuidas, acopladas, e interconectadas, en este mundo
subterrneo, la manera en la que luz brilla desde arriba solo para ser consumida por
la oscuridad nuevamente. (Huxley and Adhmar, 1949: 11)
4 Existen de hecho dos versiones de las Carceri dinvenzione: la serie original fue creada alrededor de 1750 , pero
Piranesi regres trabajar en sus placas tiempo despus, ajustando el contraste y agregando dos nuevas vistas, la II
y la V. La serie completa se re-edit en 1761.
5
Piranesi firm toda su vida como architetto veneziano, pese a tener una sola comisin arquitectnica
hacia el final de su carrera: La iglesia de Santa Maria del Priorato, comisionada por el Papa Clemente XIII en 1764.
En este aspecto, por lo menos, se intuye ya en Piranesi los indicios de la imaginacin del
Romanticismo, a punto de superar, a travs del Barroco, la mmesis representacional cifrada
en los valores del renacimiento. El espectador de las crceles es simultneamente espectador
de esta transicin, en la que los lmites de lo representable estn a punto de despegar hacia lo
107
Figura 3
Arco con Ornamento
(1761), Giovanni Battista
Piranesi.
108
Fuentes de consulta
Burke, E. (1767), A Philosophical Enquiry
Press.
Dodsley in Pall-mall.
Press.
Figuras
Bergen, Norway.
en: https://commons.wikimedia.org/
wiki/File:Piranesicarceri.jpg
109
1 Menciono algunos de los abordajes heterogneos a este curioso objeto de estudio entre los cuales se encuentran
el clsico libro La mquina de los memes de Susan Blackmore (2000); tambin emergen propuestas desde la sociologa como la de Carl Chen (2012), quien plantea una discusin respecto de los memes en Internet en relacin a temas
como la esfera pblica desde autores clsicos como Jrgen Habermas y la produccin cultural de Theodor Adorno.
Por su parte Cristin Santibaez (2001) realiza un abordaje desde la teora social referenciando las propuestas
sistmicas de Niklas Luhmann y las posturas sobre el lenguaje de Ludwig Wittgenstein. Otros autores de inters
que se interesan en los memes son Michele Knobel y Colin Lankshear (2007), quienes esbozan tipologas para su
clasificacin a partir de una metodologa de anlisis donde evidencian las categoras de humor, intertextualidad y
yuxtaposicin haciendo mencin de estudiosos del discurso como Norman Fairclough y Gunther Kress. Asimismo,
Patrick Davison (2012) se interesa en los memes desde los estudios de los medios, la cultura y la comunicacin;
mientras el reconocido Cole Stryker (2011) describe desde su experiencia bloguera lo que representan los memes
en la cultura de Internet, convirtindose en un lenguaje visual en un contexto globalizado.
111
imgenes, vdeos, jingles son compartidos por un sin nmero de internautas circulando,
evolucionado, y popularizndose a nivel mundial. Desde aqu se podra tratar de definir los
memes como unidades de transmisin cultural, lugares de re-apropiacin de sentido(s), lugares
comunes de significacin, herramientas de marketing viral, tendencias comunicativas, formas
aceptadas de comunicacin en lnea, vehculos para humorizar experiencias, expresiones de
la cultura en Internet, resultados de la subcultura nerd, elementos que trascienden la lengua
particular y plantean un significado ms o menos universal. 2
Si bien los memes en las redes sociales virtuales exacerban las situaciones, estos se
convierten en un condensador de experiencias comunes con cierto tinte de humor.3 Gracias
a su apariencia kitsch y una esttica sucia que evoca a las imgenes visuales generadas desde
Microsoft Paint, se difunden rpidamente por Internet a travs de blogs, foros y especialmente
Facebook, Twitter y YouTube. Entre los memes ms conocidos y populares se encuentran: Bad
Luck Brian, Willy Wonka, Ay Si, Por favor, Troll, Yao Ming, Disaster Girl, Futurama Fry, Bebe
Exitoso, Filosoraptor, Forever Alone, Ancient Aliens, Challenged Accepted, Jackie Chan, Fuck
Yea, Mr Bean, Bebe Furioso y Friki.
Bajo este contexto me propongo reflexionar tres ejes importantes, el primero de ellos tiene
que ver con la relacin simbitica imagen-palabra que est en los memes; el segundo tema es
el montaje, permitiendo su apropiacin, re-apropiacin y circulacin. Finalmente se discute el
112
La simbiosis imagen-palabra
Aunque esta relacin es muy particular, es una asociacin que resulta compleja y problematizadora, que ha sido cuestin de reflexin y anlisis de intelectuales tan lcidos como Michel
Foucault (1993), John Berger (2000) y W.J.T Mitchell (1994), entre muchos otros. En el caso de
los memes la relacin imagen-palabra es un entramado de formas simblicas co-dependientes
constituido por una leyenda superior (caption top), una leyenda inferior (caption bottom) y la
imagen visual de los personajes. Esta estructura juega a modificar los textos superiores e infe-
2 Segn un artculo de la reconocida bbc un meme es un estilo o idea cultural que se vuelve algo cotidiano a fuerza de repeticin en la sociedad. Y su sbita popularidad a pesar de que data de los setenta se
debe a que gracias a la red, hay ms ejemplos de ella. El Diccionario de Ingls de Oxford define a meme
como un elemento cultural o caracterstica de comportamiento cuya transmisin y persistencia consistente
en una poblacin (Cuen, 2011). Adicionalmente el mexicano Dassaev Garca Huerta se acerca desde la
antropologa y las teoras de la comunicacin definiendo meme como un medio que transmite un suceso,
material o idea que puede tener la forma de una imagen, vdeo, msica, frase o broma que es seleccionada
o trasmitida de persona a persona en Internet. Tambin recopila de manera sistemtica las propuestas de
reflexin de mltiples autores sobre el tema. Vase, Garca (2014).
3 En algunas ocasiones son denominados tcnicamente meme caricatura, rage comic, rage face.
riores, que contienen una premisa de apertura y una de cierre manteniendo la misma imagen,
que es la que permite la categorizacin y temtica del meme. La imagen los clasifica, nos da una
lnea de significado y de sentido, por su parte la palabra explora las oportunidades de interpretacin por parte del sujeto. Como bien ha sealado W.J.T Mitchell (1994) este juego simbitico
entre imagen-palabra supera lo estructural y lo formal para incidir en procesos de sociabilidad
y subjetividad, evidenciando que la re-presentacin es un acto mixto.
Las imgenes visuales en el caso de los memes juegan a un re-conocimiento intertextual
por parte del espectador, ya que son extradas y yuxtapuestas de mltiples lugares y contextos
como pelculas, series de televisin, cartoons, videos de YouTube con altos ndices de visitas, o
simplemente del mismo Internet lo que en muchas ocasiones evoca imaginarios que abarcan un
repertorio de lugares, personajes y situaciones comunes, que difcilmente un sujeto que desconozca el entorno y contexto visual podr dar cuenta del meme y de la experiencia all narrada.
Esto nos lleva a pensar en las imgenes bajo las prcticas de representacin visual y los
principios de construccin visibles (Phail Fanger, 2011: 21) elementos de inters para los
estudios visuales y las ciencias de la imagen, donde se ratifica con los memes que las imgenes
visuales no son productos cerrados, convirtindose en un lugar de transitoriedad por la misma dinmica y actualizacin del timeline de las redes sociales virtuales donde, sin embargo,
se construyen y se negocian significados, transmisin y flujo de ideas/conceptos.
Bajo esta lnea el contexto de produccin de los memes se convierte en un nicho de prcticas polticas, socioculturales, incluso estticas donde la imagen y la palabra, son otras formas
de relacionarme con el Otro. Ya en los procesos de circulacin, consumo y apropiacin el
meme, pasa a ser un elemento cambiante, dinmico incluso mutante que logra trans-formarse de diversas maneras, gracias al montaje como veremos ms adelante.
Tambin es importante resaltar que muchos de los personajes de los memes surgen originalmente de un contexto totalmente distinto, al uso que normalmente recibe, es el caso de Neil
deGrasse Tyson4 (meme Ay Si) reconocido cientfico estadounidense que ha incursionado en los
medios. Tambin el actor/director Gene Wilder quien personifica al meme Willy Wonka, 5 en el
film que lleva este mismo nombre. Otro claro ejemplo es el de Yao Ming 6 exjugador de baloncesto en la nba en una rueda de prensa, cuya imagen visual es ahora un famoso meme en la
Internet. Esto evidencia las prcticas de visualidad/viralidad que permiten las e-image en sus
4 Para revisar el vdeo de donde surge la imagen del meme ver: El Origen Del Ay Si!!!... Neil deGrasse Tyson [Internet]. Disponible en: <http://www.youtube.com/watch?v=qGSS09esisA> [Acceso el 27 de junio de
2014].
5 Sobre Willy Wonka revisar: Willy Wonka meme ORIGEN [Internet]. Disponible en: <http://www.youtube.
com/watch?v=FfoKY8W7b1w> [Acceso el 27 de junio de 2014].
6 Sobre Yao Ming, puede consultarse en YouTube: El origen del Meme Yao Ming Origen Reddit. [Internet].
Disponible en: <http://www.youtube.com/watch?v=jlfw8fihm9g> [Acceso el 27 de junio de 2014].
113
Figura 1
Meme Ay s, ay s
(2011), S/A
Figura 2
Meme Willy Wonka
(2011), S/A
114
Figura 3
Meme Yao Ming (2010),
S/A
7 Existe en nuestra cultura visual contempornea un uso de las imgenes como datos, donde las prcticas de
creacin son mediadas por el copy-paste.
8 Existen diversidad de sitios web para la elaboracin de memes, que ofrecen la opcin de crear nuevos
personajes, enviar por correo, compartir por medio de vinculacin con redes sociales virtuales http://memegenerator.net/, http://www.generadormemes.com/, http://www.quickmeme.com/make/, http://www.
mememaker.net/create, http://memecrunch.com/generator, http://www.memecreator.org/create, http://
memebase.com/memes/, http://troll.me/create-meme/, http://diylol.com/, http://www.memecenter.com/,
http://www.memekit.com/, entre muchos otros que se pueden encontrar en la Internet de manera gratuita.
9 Un sitio web como Rage Maker http://ragemaker.net/ permite por medio de una interface sencilla generar
las caricaturas, con 4 vietas y viralizarlas.
10 Dos casos que circulan en YouTube son Memes - In Real Life 1 [Internet]. Disponible en: <http://www.
youtube.com/watch?v=dXzItYgobKQ> [Acceso el 27 de junio de 2014]; y Memes - In Real Life 2 [Internet].
115
sentacin del mundo y a su vez difuminan las fronteras de la virtualidad, as como la maniquea
discusin entre lo real y lo virtual. Los pxeles hacen parte de nuestra piel. Las pantallas de
los ordenadores aunadas al Internet no estn exentas de establecer ciertos estereotipos, all
tambin se ponen de manifiesto ciertas re-presentaciones que incluyen claras distinciones
de gnero, raza y clase que finalmente construyen ciertas representaciones de mundo. Al
respecto, Lev Manovich seala:
Igual que sucede con todas las representaciones culturales, las de los nuevos
medios son tambin inevitablemente parciales. Representan y construyen algunas
caractersticas de la realidad fsica a expensas de otras; se trata de una visin
del mundo entre otras, de un sistema posible de categoras entre otros muchos.
(Manovich, 2005: 60).
Disponible en: <http://www.youtube.com/watch?v=1LOu7Oio_2E> [Acceso el 27 de junio de 2014] realizados por PistolSchrimps un sitio web de parodias de series, pelculas y humor negro.
11 Son evidentes las prcticas de creacin, re-creacin y co-creacin de imgenes y contenidos a travs de
mltiples soportes que tambin reconfiguran disciplinas acadmicas y modelos de negocio.
12 Estas narrativas contienen micro-relatos que contienen sujetos-objetos que son congruentes con los estilos de vida, dinmicas sociales, improntas culturales y velocidades de nuestras sociedades contemporneas.
En este mismo punto Michele White (2006) plantea discusiones con respecto a las representaciones del cuerpo en Internet, sospechando de los estereotipos emergentes en las interfaces de
los ordenadores como por ejemplo el que encontramos en el cursor del mouse, que se presenta
con una mano diestra y blanca.
Por su parte los canadienses Joseph Heath y Andrew Potter, hacen una lectura de los
modos de resistencia que han caracterizado los ltimos aos nuestra cultura en la Web, ellos
perciben que en muy poco tiempo Internet se dej infestar por los individuos siniestros del
mundo real, es decir, los racistas, intolerantes y sexistas (Heath & Potter, 2005: 345) evidenciando una crtica a la popularizacin y uso que ahora tenemos de la red, dejando atrs la
mirada entusiasta que tuvo la primera generacin que los autores describen en un ambiente
libre y descentralizado, sin jerarquas ni restricciones, anhelando un nuevo modelo de corte
socioeconmico. Evidentemente se reanudan las discusiones sobre las prcticas populares de
una cultura globalizada.
En esta lnea los memes logran apelar a experiencias smiles y banales de los individuos,
convirtindose en productos culturales que dan cuenta de la vida cotidiana, de situaciones que
en las imgenes, narrativas y discursos polticamente correctos no seran avalados. El uso de
estereotipos, clichs y experiencias comunes permite su asimilacin y reinvencin, donde el
meme se convierte en un espacio de reconocimiento de s mismo y del Otro. De esta forma se
moldean identidades glocales, pues teniendo en cuenta que los memes se producen y circulan
a travs de plataformas digitales, nuestra cultura visual contempornea est atravesada por
fenmenos que navegan lo local/global, un proceso que exacerba lo visual y donde prima el ya
reconocido ocularcentrismo. Empero, como he venido sealando la continuidad de los procesos de identidad y alteridad son regulados por las prcticas culturales, las improntas de los
grupos sociales donde la imagen se convierte en un tejido y urdimbre de elementos polticos,
culturales, sociales, estticos y tecnolgicos que producen sentido(s) en medios y plataformas
de comunidad como los son las redes sociales virtuales.
117
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119
A principios del siglo xix los experimentos fsicos y qumicos en torno al fenmeno de la luz,
como la cmara oscura y las sustancias fotosensibles, se concretan en el invento que se atribuye a los franceses Nicphore Niepce y Louis Daguerre: la fotografa. En 1826, en plena ebullicin moderna de la revolucin industrial se obtuvieron las primeras fotografas y la creacin
de imgenes sufri un punto de giro,1 el invento de la fotografa dividi la historia de las artes
visuales y provoc un trastorno en las formas de representacin y percepcin social. Explica
Gisle Freund:
Cada momento histrico presencia el nacimiento de unos particulares modos de
expresin artstica, que corresponden al carcter poltico, a las maneras de pensar y a
los gustos de la poca. El gusto no es una manifestacin inexplicable de la naturaleza
humana, sino que se forma en funcin de unas condiciones de vida muy definidas que
caracterizan la estructura social en cada etapa de la evolucin. (Freund, 1974:7)
La fotografa aparenta una perceptible semejanza con la realidad producto de la tcnica que
permite la escritura directa, a travs de la luz, de las apariencias de lo material sobre una superficie sensible. El pensamiento ilustrado europeo coloc en la imagen tcnica la investidura
de verdad que aunque estrictamente unida a la naturaleza, slo tiene una objetividad facticia.
(Freund, 1974:8). Ahora el hombre/mujer tambin produce imgenes tcnicas: aquellas producidas por un aparato (cfr. Flusser, 1990), dando nacimiento al nuevo lenguaje visual cargado
de la confusa idea de objetividad que tendr consecuencias en el desarrollo de la civilizacin
humana a partir de ese momento. Philippe Dubois advierte la importancia histrica de este
evento: [] la fotografa define una verdadera categora epistmica, irreductible y singular,
una nueva forma no slo de representacin sino ms fundamentalmente todava de pensamiento, que nos introduce a una nueva relacin con los signos, el tiempo, el espacio, lo real, el
121
ciberespacio.
Cerca de cumplirse 200 aos de la aparicin de la imagen tcnica, sta se ha extendido por
el planeta y con ella el discurso ideolgico; los dueos de las empresas de difusin de mensajes
(que son los mismos amos de los modos de produccin capitalistas) reconocen en este lenguaje
las posibilidades colonizadoras e invaden con sus imgenes mediticas las distintas culturas
promoviendo el consumo infinito. Ludovico Silva advierte, para quienes investigamos estas
categoras, que
[] creer que la alienacin de la sociedad de masas es el producto de las ideas que
se difunden por los medios masivos es cometer un error ideolgico; por el contrario,
esas ideas y toda esa tcnica diablicamente persuasiva no surgieron sino como
una necesidad de justificar el aparato material alienante del capitalismo altamente
desarrollado y convertido en imperio. (Silva ,1971:24)
Figura 1
Frgil (2015) Lucas
Prez y Jess Madueo.
mente no simblico, objetivo de las imgenes tcnicas hace que el observador las mire como
si no fueran realmente imgenes, sino una especie de ventana al mundo. El observador confa
en ellas como en sus ojos (1975:18). Tal espejismo de verdad ha sido utilizado hbilmente por
los grandes poderes comunicacionales para ocultar la intencionalidad poltica del emisor. La
subjetividad del creador aparece imperceptible, invisible. El sujeto que aprieta el botn del
aparato ha estado escondido en la propia caja negra de la cmara.
La imagen tcnica ha brillado como arma, instrumento y escenario del ejrcito colonizador
en la guerra moderna de los smbolos; convertida en el ojo del amo, ha sido un excelente instrumento de control de lo que se ve y lo que se escucha y de cmo se ve y de cmo se escucha,
de all que tambin ha controlado lo que no se ve y lo que no se escucha. Silva lo explica al
precisar que: [] todo proceso de produccin basado en la explotacin engendra una ideologa que lo justifica. Y esta ideologa ser la de aquellas clases sociales que controlen el proceso,
es decir, aquellas clases que representan al capital (1971:116).
La imagen de lo bonito, lo adecuado, lo bueno, lo desarrollado, lo avanzado, la moda, lo
in (dentro) y lo out (fuera) entre infinitas caracterizaciones ha estado perfectamente explicada en los discursos de la cultura de masas, que entra a nuestros sentidos junto al peso de la
credibilidad de la imagen tcnica. Pantallas de todo tipo han colonizado los espacios cotidianos y pblicos de una sociedad que, frente a la idea de progreso, permiti la entrada de otros
123
124
Nos encontramos con las propuestas filosficas del autor portugus Boaventura de Sousa
Santos en el brillante texto Epistemologas del Sur, en el cual desarrolla la necesidad de []
un pensamiento alternativo de alternativas (2010). Propone una direccin a la investigacin
que llama la doble sociologa transgresiva de las ausencias y de las emergencias que consiste
en contraponer a las epistemologas dominantes en el Norte global, una epistemologa del Sur
(2010:30).
Se refiere De Sousa Santos a la sociologa de las ausencias como la investigacin que tiene
como intencin:
[] mostrar que lo que no-existe es, de hecho, activamente producido como noexistente, o sea, como una alternativa no creble a lo que existe. La no-existencia es
producida siempre que una cierta entidad es descalificada y considerada invisible,
no-inteligible o desechable (De Sousa Santos, 2010:30).
El sujeto operador del aparato se ha transparentado, cual fantasma que lo ve todo pero nadie
lo ve, sus ideas al no ser evidente su existencia son inteligibles, se supone que su conciencia
no est siendo escrita en su representacin, el aparato lo esconde en su simulada, adherida y
difundida objetividad.
Tanto la fotografa publicitaria y el fotoperiodismo, como el universo del arte/masivo y
los discursos cinematogrficos y televisivos han hecho existir como sinnimos de poder la
seductora esttica del confort y del glamur, el discurso del especialista rodeado de credibilidad, la idea de superioridad dada por razas, ttulos acadmicos y hasta tendencias sexuales, la
idea apocalptica de un imposible mundo mejor en relacin con la madre tierra, la desigualdad
entre los derechos y deberes de los sujetos dependiendo de su clase social, la imposicin de la
globalizacin como lnea hacia el desarrollo y la exigencia de leer lo productivo como aquello
que produce ganancias materiales, entre miles de ideas que desembocan en un solo lugar: en
la justificacin de los modos de produccin y explotacin capitalistas. Estas existencias, entre
muchas otras, repetidas infinitamente y con infinitos artilugios descalifican todos los universos fuera de estos campos como: [] lo ignorante, lo residual, lo inferior, lo local o particular
y lo improductivo (De Sousa Santos, 2010:30), sealando con adjetivos como inadecuado, pasado de moda, de mal gusto, viejo, obsoleto, inferior, improductivo, subdesarrollado, atrasado,
marginal y paremos de contar, a una inmensidad de costumbres, imaginarios y cualidades
estticas locales y particulares de nuestros pueblos, inclusive, desdibujndolas.
El uso de representaciones de la lujuria, la gula, la avaricia, la codicia, la pereza, la ira, la
envidia y la soberbia, por utilizar la calificacin que el cristianismo le dio a los vicios y nombr
como pecados capitales, estn presentes en el universo de la cultura mass meditica, claro est,
repetidamente confundidos en la constante subversin de los sentidos por parte del poder
(Hinkelammert, 2001:103).
La mano invisible ha revuelto la olla de la comunicacin desdibujando la intencionalidad de
los mensajes: la publicidad fundida con la propaganda, la noticia fundida con la promocin, la
propaganda fundida con la cultura, la ficcin confundida con la realidad, la realidad interpretada en la ficcin, la mentira montada en la supuesta objetividad, la ideologizacin disfrazada
de entretenimiento. La apariencia escrita en las imgenes delinearon el gusto y de all los
patrones de consumo: Se trataba de dejar de ser nosotros, para asemejarnos a ellos (Ornelas,
2012:26)
Hagamos un ejercicio y caractericemos un sujeto comunicador-amo-occidental-moderno:
su mirada atraviesa los lentes del fetiche, mira a travs del ojo de la ideologa, representa en
representaciones, cree que el consumo es el orden natural, coloca atributos en las mercancas
ms all de sus posibles usos, representa [] valores de uso no para satisfacer las necesidades
de los hombres, sino para cubrir las necesidades del mercado capitalista (Silva, 1971:155). Es
125
dueo de los medios de produccin, es dueo de las mercancas y quiere venderlas, dicta pauta
frente a los sujetos asalariados que manejan sus aparatos, tiene en su ejrcito una inmensa
diversidad de sujetos que comulgan, consciente o inconscientemente con su ideologa. Una
inmensa cantidad de personas que con tal de recibir dinero, aplausos, pequeos premios de
la fama, aumento del salario, la poderosa mano del amo sobre el hombro (invisible en algunos
casos, pero pesada), es la mano de obra que produce mensajes dirigidos al consumo y que
justifican las formas de poder impuestas por el sistema hegemnico como si ste fuera el orden
natural de las cosas. Justifican las ideas de sus mensajes expresando: Es lo que vende! El sujeto
comunicador-amo-occidental-moderno y su ejrcito de asalariados se confunden en uno slo
que igualmente se hace invisible, escondido o secuestrado dentro de la caja negra. Para l los
pueblos son masas y los sujetos consumidores. Su tica es la tica del mercado. Este sujeto dice:
Mira. Cmpralo. Consmelo!
Caractericemos otro sujeto, un sujeto inconforme con el discurso del sistema que no se
siente cmodo con los lentes de la ideologa y pretende representar al mundo asumiendo imaginarios locales y propios, apegados a las necesidades ecolgicas de subsistencia necesaria para
el planeta tierra y sus habitantes. Un sujeto que se mira y mira su contexto. Este sujeto dice: Yo
me miro. Yo nos miro! Estos sujetos han sido descalificados o sealados de no-inteligibles, produciendo rpidamente su invisibilidad al ser sealados por el ojo del amo como [] el ignoran126
te, el retrasado, el inferior, el local o particular y el improductivo o estril (De Sousa Santos,
2010:43). Dentro de los medios de comunicacin masiva hegemnicos las ideas y los mensajes
de este sujeto no han ocupado segundos ni metros en las empresas de difusin de mensajes ni
en los noticieros, a menos que sea para ser descalificado o para sostener su falsa fachada de
denuncia y preocupacin social. Este sujeto ha sido vetado, no difundido, no publicado.
Si quebramos el frasco (pantalla de los medios de comunicacin masiva) ideolgico occidental-moderno-capitalista-dominador y vemos de cerca las manifestaciones culturales-artsticas de los pueblos nos encontramos con un universo, distinto al meditico, de la imagen
tcnica, de poca difusin, donde el operador del aparato se sabe sujeto y al saberse narra-registra-recrea-representa desde s mismo y desde y hacia su entorno inmediato. Este sujeto,
el inconforme, se re-conoce atravesado por la ideologa pero tambin la re-conoce y se revela
contra ella como va pudiendo, con su emocionalidad y enfrentando el miedo a la desilusin (cfr.
De Sousa Santos, 2010). Asumiendo su subjetividad como herramienta bsica para la creacin,
creacin que asume como sujeto cultural y poltico, habitante de un territorio. Este sujeto se
deja ver detrs y no dentro de la caja negra.
En el afn de homogeneizar nuestro gusto y neutralizar nuestras propias luchas, nos
sealaron que pensar en el cuidado del ambiente, en el cooperativismo, en la solidaridad eran
asuntos de gente come flor 2 y de gente bruta/burra para el caso de quienes se quedaron fuera
de las ciudades. Nos hicieron sentir que defender el trabajo colectivo, la hermandad y la Patria
eran asuntos de gente con la mirada hacia el pasado, lo cual dentro la monocultura del tiempo
linal3 parece un error, mientras que para nuestros pueblos originarios en el mirar hacia atrs,
hacia el conocimiento ancestral, estn las bases del trabajo colectivo, de la resistencia y del
Buen Vivir en una relacin equilibrada con la naturaleza.
Durante el desarrollo de la Revolucin Bolivariana, se han dado pasos importantes para
combatir el monstruo comunicacional fachada de la industria cultural/poltico/econmica. Uno
de los irrevocables logros producto del discurso y accin de Hugo Chvez consisti en que el
pueblo venezolano pudiese reconocer su historia y a travs de ello removi el suelo conceptual
al hacer visible la riqueza de las referencias simblicas de la base cultural venezolana, que
durante siglos se desdibujaba en el escenario poltico/colonial/econmico/cultural. Hugo Chvez, como lder poltico, cre un trauma irreversible en el orden comunicacional, rescat de la
invisibilidad las formas narrativas de nuestros pueblos al reconocerlos, exigir respeto, realzar
las coordenadas comunicacionales que atraviesan el territorio venezolano y defenderlas como
formas de organizacin social.
Nicols Maduro en su discurso a la Asamblea Nacional el 8 de marzo de 2013, cuando asumi la Presidencia a pocas horas la muerte de Chvez, expres:
127
[] una nueva narrativa ideolgica y poltica que est en plena construccin y que es
diversa y que nos pertenece a todos, que estamos alimentando y retroalimentando
permanentemente con las reflexiones de la realidad. Chvez hizo posible la revolucin
porque la conect a la realidad de la historia nuestra, la conect al corazn de los
pueblos, la hizo viable, la dot de un proyecto poltico, estratgico y constitucional []
(Maduro, 2013:7).
En el proceso de visibilizacin restitutivo de los imaginarios fundacionales, el arte y la comunicacin tienen el deber de cumplir con su labor social. El discurso hegemnico ha intentado
desdibujar las particularidades de los territorios, sin embargo, la memoria popular parece ser
2 Come flor: calificativo utilizado en tierras venezolanas para nombrar a una especie de forma ingenua de
actuar y pensar, ser tonto til, sin ninguna malicia.
3 Boaventura de Sousa Santos: [] la monocultura del tiempo lineal, la idea segn la cual la historia tiene
sentido y direccin nicos y conocidos. Ese sentido y esa direccin han sido formulados de diversas formas
en los ltimos doscientos aos: progreso, revolucin, modernizacin, desarrollo, crecimiento, globalizacin. Comn a todas estas formulaciones es la idea de que el tiempo es lineal y al frente del tiempo estn
los pases centrales del sistema mundial y, junto a ellos, los conocimientos, las instituciones y las formas
de sociabilidad que en ellos dominan. Esta lgica produce no existencia declarando atrasado todo lo que,
segn la norma temporal, es asimtrico en relacin a lo que es declarado avanzado. (De Sousa Santos,
2010:43)
en nuestros nios, y en nuestra sociedad en general, que desmientan el poder de los medios de
comunicacin y se apropien de las herramientas y las pantallas para instaurar una nueva racionalidad, que nos permita sobrevivir en armona con el planeta y con el vecino:
[] teniendo en cuenta que el neoliberalismo es el proyecto econmico, ideolgico y
cultural ms criminalmente homogeneizador -esto es, destructor de la biodiversidadque jams haya existido en la historia del capitalismo. (Vega, 2001: 206)
Trabajar en colectivo es la clave, escucharnos, vernos, movilizarnos, alzar la voz, dar voz, andar con los sentidos despiertos y el cerebro atento. Crear mensajes y difundirlos, reaprender a
ver y a representar. Luchar sin cesar para que en nuestras pantallas se reproduzca la interpretacin de un mundo que se reconoce nacido de la tierra y sus custodios.
Fuentes de consulta
Benjamin, Walter (2008) Sobre la fotografa,
Presidente(E) de la Repblica
de Comunicacin e Informacin.
Ornelas, Jaime (2012) Volver al desarrollo,
Buenos Aires.
Gili, Barcelona.
Tiempo.
Vega, Renn. (2011) Neoliberalismo: Mito y
Crtico. Bogot.
Figuras
Crtico. Bogota
Lander, Edgardo (2009) Prlogo dePortoGonalves, en Carlos Walter,
Territorialidades y lucha por el
territorio en Amrica Latina.
Ediciones IVIC. Instituto venezolano
de Investigaciones Cientficas.
Caracas.
129
1. Vestigios de la huella
Histricamente, la fotografa, entendida como proceso, fue definida y valorada como huella,
ndice de lo real o evidencia de la realidad. Esta definicin otorg de facto a la imagen fotogrfica un estatuto superior respecto a otro tipo de imgenes como la pintura y el grabado: Las
fotografas suministran evidencias escribe Sontag (1977: 15) en Sobre la fotografa. Esto significa que en relacin con el hecho fotogrfico, se vea la existencia de un vnculo unvoco entre
el referente u objeto y la fijacin o registro de ste por medio de un proceso qumico, dicha re-
131
lacin, que fue descrita por diversos autores como huella, emanacin, contigidad o conexin
ptica con el objeto, termin por otorgar a la imagen fotogrfica un valor slido de verdad.
Hoy, con el uso y profusin de la imagen digital, el hecho fotogrfico ha perdido su valor
testimonial y la nocin de huella se ha convertido en un vestigio obsoleto de la teora visual,
ya que a diferencia de la imagen analgica, la fotografa digital parece contener el potencial de
ser manipulable y modificable desde sus cimientos, que por otro lado, no dependen ms de una
reaccin qumica, sino de variables numricas de clculo. Si antes la imagen fotogrfica confera
confianza como testimonio, ahora, ante la posible manipulacin de sta, la postura es contraria.
Pareciera que dadas las posibilidades de recombinacin algortmica que tienen las imgenes digitales, no resultara creble o sostenible, entonces, seguir hablando de huella, contigidad
o ndice de lo real, cuando ya no es viable distinguir entre el registro de un hecho y la construccin intencional de ste, como Mitchell menciona el referente se ha despegado (2000: 29-31).
Figura 1
Rue des Poissonniers
(2009), Jon Rafman.
133
134
Fuentes de consulta
Figuras
Gustavo Gili.
eyes.com/
135
El 3 de enero de 2007, Felipe Caldern Hinojosa se puso una chamarra verde olivo y un gorro
militar con escudo de cinco estrellas para rendir tributo a las fuerzas castrenses mexicanas en
Apatzingn, Michoacn. As vestido, con una chamarra que le quedaba grande y un gorro que
enfatizaba su corta estatura, Caldern march entre los ms altos rangos castrenses, rindi
homenaje a la bandera y declar que su gobierno extendera las operaciones de seguridad
implementadas en Michoacn a todas las entidades de la Repblica que estuvieran amenazadas
por el crimen organizado (cfr. Herrera & Martnez 2007). Este acto, ms all de ensalzar la inauguracin de la llamada guerra contra la delincuencia que caracteriz al sexenio de Caldern,
fue una especie de preview de los muchos y muy variados gestos de simbolismo militar que
habran de marcar la escena de la cultura visual mexicana a lo largo de los aos 2006-2012.
Desde anuncios espectaculares adosados a los edificios de la Secretara de la Defensa Nacional
(sedena) y de la Polica Federal, hasta imgenes de nios jugando a los soldaditos como fue el
caso de los hijos de Caldern portando vestimenta militar para el desfile del 16 de septiembre
del 2007, el sexenio se caracteriz por la proliferacin de imgenes de las fuerzas castrenses
en la esfera pblica mexicana.
A travs de la recopilacin de una serie de objetos visuales que caracterizaron el momento
histrico, este texto tiene por objetivo analizar el giro a partir del cual se otorg preponderancia a imgenes que enaltecan al sector castrense en la iconografa poltica del sexenio calderonista. Asimismo, este ensayo busca examinar la relacin entre la proliferacin de imgenes
militares y las estrategias de comunicacin meditica desarrolladas por un gobierno pugnando
por legitimarse frente a grupos de criminales organizados. De tal suerte, este texto retomar
los argumentos de Nicholas Mirzoeff (2009) y Giorgio Agamben (2005) en tanto a la normalizacin de la cultura militar como estrategia para afianzar el estado de excepcin, esto con la
finalidad de recalcar la emergencia en el discurso de un militarismo que se ha normalizado y
convertido en status quo de la cultura visual mexicana.
137
El presidente en su laberinto
A decir de Claudia Herrera y Ernesto Martnez (2007), el uso presidencial de uniformes militares no era prctica comn entre los presidentes previos a Caldern. Si bien el expresidente
Vicente Fox haba portado vestimenta militar en ocasiones extraordinarias, tales como la
supervisin de las obras de reconstruccin tras el huracn Isidore en Yucatn en 2001, se trat
de momentos excepcionales muy contados. En cambio, Caldern luci indumentaria militar en
una ocasin en la que tradicionalmente otros presidentes portaban vestimenta civil. Efectivamente, la decisin de vestirse de militar
las fuerzas armadas formaba parte de una estrategia ms amplia en la que se desplegaba
la presencia militar a lo largo y ancho del territorio nacional con el fin de combatir al crimen
organizado que, en palabras del General de Divisin D.E.M Arturo Olgun Hernndez, viola el
estado de derecho y vulnera la paz ciudadana (2011: 1). Sin embargo, la llamada guerra contra
el narcotrfico tuvo una serie de implicaciones que fueron ms all del combate frontal entre
las fuerzas armadas y grupos delictivos. Como han documentado diversos autores, la estrategia calderonista de combate al narco termin por debilitar al Ejrcito Mexicano al exponer a
las fuerzas castrenses a escenarios de combate para los cuales no estaban entrenados. De tal
suerte que, al sacar al ejrcito de sus cuarteles, Caldern gener un ambiente propicio para la
138
corrupcin de sus miembros, as como para el descrdito del ejrcito ante la sociedad (Hernndez, 2012: 11). Ya para 2011, numerosas voces denunciaban las violaciones a los derechos
humanos que cometa el ejrcito en las zonas donde estaban desplegados (cfr. Human Rights
Watch, 2011a y 2011b; Carrasco Araizaga, 2011); en efecto, en poblaciones donde haba mayor
presencia militar surgan mayores acusaciones de corrupcin y violaciones a los derechos
humanos. Asimismo, la ampliacin de las fuerzas de seguridad pblica, y la correspondiente
mutacin de la Polica Federal Preventiva (pfp) en Polica Federal (con un incremento de 5 mil
a 35 mil efectivos a lo largo del sexenio; cfr. Hernndez 2012: 11), result en serias crticas a
los crecientes ndices de violencia en el pas y a la escalada exponencial de muertes violentas
relacionadas con el combate al narco.
Ante esta crisis de imagen pblica, tanto de las Fuerzas Armadas como de la Polica Federal, surgieron una serie de campaas de relaciones pblicas que buscaban mejorar la percepcin de las fuerzas castrenses y de seguridad pblica en el pas. Por ejemplo, en 2011 la Revista
Militar Armas public un nmero dedicado a La Gran Fuerza de Mxico, una campaa
de relaciones pblicas que surgi como consecuencia de un contacto ms estrecho con la
ciudadana, resultado del cumplimiento de las rdenes emitidas por el Ejecutivo Federal [de
asumir] roles ms protagnicos en la lucha contra la delincuencia organizada y la inseguridad
(Direccin General de Comunicacin Social Sedena, 2011a: 5). Esta campaa de relaciones
pblicas, titulada Programa de Comunicacin Social S.D.N. 2011, tena por objetivo:
Fortalecer la confianza y la imagen del Instituto Armado, a travs de mensajes
claros y efectivos, dirigidos a audiencias especficas, posicionando siempre los
siguientes conceptos rectores: igualdad de gnero, respeto a los derechos humanos,
cercana con la poblacin, profesionalismo y modernizacin. (Direccin General de
Comunicacin Social Sedena, 2011a: 5)
Como parte de la estrategia de relaciones pblicas, se llevaron a cabo cinco campaas publicitarias, entre las cuales destacaba La Gran Fuerza de Mxico, diseada para estrechar el
contacto con la poblacin de acuerdo con los siguientes objetivos:
Lograr que la gente se sienta orgullosa del Ejrcito y la Fuerza Area Mexicanos.
Dar a conocer y fortalecer que todas las actividades que realiza el Ejrcito y Fuerza
Area Mexicanos, se hacen con respeto a los Derechos Humanos. []
Con este fin, la sedena puso en prctica una estrategia integral de comunicacin que comprenda el desarrollo de spots televisivos, publicidad exterior (incluyendo espectaculares, mobiliario urbano y tarjetas telefnicas), publicidad en internet y medios impresos, as como cuatro
exposiciones (D.F., Monterrey, Puebla y Guadalajara) bajo el eslogan de la campaa La Gran
Fuerza de Mxico.
Soldaditos de juguete
La misma sedena subrayaba la importancia de la exposicin La Gran Fuerza de Mxico en su
recuento de la campaa de relaciones pblicas. Adems de dedicarle un artculo en la Revista
Armas (Direccin General de Comunicacin Social Sedena, 2011b: 10-12), la Direccin General
de Comunicacin Social de la sedena recalcaba que, de entre todos los puntos de la estrategia de comunicacin, destacaba dicha exposicin con asistencia de poco menos de un milln
y medio de visitantes en toda la Repblica Mexicana entre las fechas del 6 de marzo al 18 de
139
septiembre de 2011 (Direccin General de Comunicacin Social Sedena, 2011a: 6). El semanario Proceso cubri dicha exposicin en la explanada del Antiguo Colegio Militar, en Popotla,
Mxico D.F., calificndola de una campaa para mejorar la imagen pblica del Ejrcito (cfr.
Carrasco Araizaga, 2011 y Vera, 2011). Partiendo del objetivo de fomentar la convivencia de las
familias mexicanas y un mayor acercamiento del pueblo de Mxico con sus Fuerzas Armadas
(citado en Carrasco Araizaga, 2011: 21), la exposicin invitaba al pblico mexicano a observar
aeronaves, armamento, uniformes, equipo militar, fotografas de armamento, presentaciones
de grupos militares y bandas de guerra militares (Direccin General de Comunicacin Social
Sedena, 2011b: 11). La exposicin se diriga explcitamente a nios y jvenes a partir de su
objetivo de fomenta[r] la integracin y el esparcimiento de las familias, adems de que se contribuye con la educacin de la niez y de la juventud mexicana (Direccin General de Comunicacin Social Sedena, 2011b: 10). De tal suerte, los nios y jvenes asistentes podan disfrazarse de soldados con las caras pintadas de betn, recrear escenas del plan DN-III-E, conocer ms
acerca del armamento militar usado por el Ejrcito contra la delincuencia organizada, realizar
operaciones de contraguerrilla, captura y control de reas o de control de objetivos militares, as como subirse a vehculos de las Fuerzas Armadas para tomarse la foto (cfr. Carrasco
Araizaga, 2011; Direccin General de Comunicacin Social Sedena, 2011b y Vera, 2011a).
La estrategia para resanar la imagen de las fuerzas armadas mexicanas no se limit al
140
interacta con la gente en los sitios oficiales de la sedena. Tambin cuenta con una presentacin
en botarga para los eventos masivos y, de acuerdo con la Direccin General de Comunicacin
Social de la Sedena, ser el protagonista de un cmic (un proyecto en fase de realizacin en
diciembre de 2011). Este afn del Ejrcito por interpelar a los nios recuerda a la controvertida decisin de Felipe Caldern de vestir a sus dos hijos de soldados para el desfile del 16 de
septiembre en 2007. Portando uniforme completo, con condecoraciones e insignias militares
incluidas, los menores saludaron a la bandera y miraron atentos el desfile militar. Sin embargo,
este gesto fue de suma controversia ya que, como argument la fraccin del prd en la Cmara
de Diputados con respecto a este suceso, se llevaba la militarizacin del pas al entorno familiar (cfr. Mndez, 2007). En otras palabras, la trivializacin del estado de excepcin provocado
por la movilizacin de las fuerzas castrenses, mediante el presidente y sus hijos que jugaban a
los soldaditos, haca mofa del nmero inusitado de muertes violentas que haba sufrido el pas
a lo largo del sexenio.
141
pretende justificar y ampliar los alcances del estado. As, los colosos de Caldern sealan una
crisis de gobernabilidad en la cual se despliega la espectacularidad ultra-visible del soldado
para buscar legitimar a un rgimen en crisis.
Fuentes de consulta
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Press.
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Grijalbo.
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143
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Consultado el 28 de julio del 2014.
Mndez, E., Aranda, J. y Muoz, A. (2011),
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hijos de Caldern, en La Jornada, 18
de septiembre. Disponible en <http://
www.jornada.unam.mx/2007/09/18/
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010n1pol>. Consultado el 26 de julio
del 2014.
Mirzoeff, N. (2009), War is Culture: Global
Counterinsurgency, Visuality, and
144
Las nociones de imagen operativa (cfr. Farocki, 2013) y de aparato esttico (cfr. Dotte, 2012)
ayudan a reformular cuestionamientos necesarios para entender las actuales condiciones para
la percepcin, experiencia y comunicacin en las condiciones tcnicas que habitamos.
La nocin de realidad que compartimos se ampla en los flujos intermitentes de imgenes, palabras y sonidos, as como se desarrolla en territorios fsicos y virtuales. Las imgenes
circulan entre nosotros como entes migrantes y en dispora que lejos de constituirse como
objetos pasivos, se han puesto a trabajar. Representacin e identidad, constituyen nuevos
valores de cambio de un nosotros, una nocin que ya no se explica como una asociacin
estable fraguada en el tiempo en largos periodos, como comunidades locales, ciudadanas, nacionalidades, sino que se configura atravesada por los procesos de la globalizacin y enredada
en circuitos electrnicos, redes telemticas y lgicas maqunicas.
147
I. Imgenes operadoras
El procesamiento de las imgenes en los ltimos veinte o treinta aos se ha
transformado, las imgenes cinematogrficas no son simplemente elementos para el
entretenimiento o la educacin, las imgenes se han convertido en campos de trabajo,
no son ya piruetas caprichosas. El estatus de las imgenes ha cambiado y eso puede
tambin constituir una oportunidad as como una nueva aproximacin terica, algo
ms all de la esttica, podemos comparar las imgenes a herramientas y mquinas,
las manifestaciones estticas como manifestaciones sintomticas, huellas de su propio
tiempo. (Farocki, transcripcin de grabacin personal.)
Los dispositivos electrnicos, digitales, telemticos y en la red se imponen en todos los espacios pblicos y privados que aspiran, al parecer, a controlar los tiempos de la vida social. La
tecnificacin del territorio se contina en una tecnificacin de los imaginarios y de las relaciones sociales y afectivas que nos vinculaban.
Harun Farocki plantea a travs de su trabajo visual y en sus escritos, una particular
dimensin activa de las imgenes como entes operativos que realizan funciones con efectos
1 Montaje blando: unir con fuerzas invisibles los componentes que, de otra forma, se dispersaran (Farocki, 2013: 119). Podra decirse que la instalacin de un conjunto de imgenes fijas o las videoinstalaciones,
son el correlato exhibitivo de este montaje blando.
a travs de ellos.
La palabra clave parece ser: consumo, y en nuestro contexto publicitario y propagandstico, la especializacin y la inversin econmica parecen no tener lmites respecto a cmo
sacar provecho de las imgenes. En Los creadores de los mundos de consumo (2001), Farocki
document la planificacin de centros comerciales para lo cual resulta fundamental conocer
las prcticas y costumbres especficas de la comunidad a la que se dirige la venta. Es claro el
inters por lo social y por lo comunitario, incluso, lo que no se justifica nunca de forma satisfactoria es el beneficio real en trminos de mejora de las condiciones de nuestros vnculos con
el entorno y con los otros sujetos.
Las comunidades en este caso, como en tantos otros se representan en el consumo y se
identifican como tarjets, como objetivos a alcanzar. Las imgenes aqu no dirigen misiles ni
drones, pero realizan operaciones que permanecen ocultas para el propio receptor.
II. Aparatos
Si queremos pensar los aparatos por s mismos no hay que reducirlos a su uso ya que
finalmente aparatos muy distintos pueden servir para las mismas tareas [] Debemos
preguntarnos por su funcionamiento y no por su uso, estudiar la lgica propia de los
aparatos culturales en tanto que objetos tcnicos. (Dotte 2012: 82)
Al igual que en el caso del trmino mquina introducido por Gille Deleuze, Jean-Louis Dotte
aporta a la discusin de las articulaciones con los dispositivos tcnicos y culturales una nueva
metfora: aparato. A diferencia del concepto de dispositivo propuesto por Foucault, que
se planteaba como fenmeno en el contexto de las relaciones entre sujeto, poder y saber; el
concepto aparato centra la discusin en el fenmeno perceptivo y esttico, as como en las
prcticas simblicas y artsticas, inevitablemente asociadas a la construccin de una temporalidad, de una poca.
El concepto particular de aparato para este autor, implica un agenciamiento de heterogneos, un conjunto diverso que en un determinado momento constituye una condicin muy
especfica de aparicin. Por eso, para el autor, los aparatos hacen poca, inventan nuevas
temporalidades y provocan la llegada de nuevas espacialidades (Dotte, 2009).
Los aparatos hoy en da se plantean respecto de las innovaciones tcnicas de los siempre
mal llamados nuevos media, 2 pero estos aparatos contemporneos se inscriben en una suce-
149
sin de conceptos tcnicos, como el desarrollado en occidente alrededor del siglo xv, cuando se
crea el espacio de representacin que denominamos la perspectiva. Una constitucin esttica
particular que genera un tiempo y un espacio particular que a su vez dan lugar al sujeto decartiano. Las temporalidades y espacialidades que inventan los aparatos no se sustituyen sino que
se multiplican hasta llegar al momento actual en el que vivimos los tiempos de aparatos tan
diferentes como son el museo la fotografa el cine o la cura psicoanaltica.
En el sealamiento de todos estos aparatos Dotte est apuntando el definitivo papel que
ocupa lo esttico en la configuracin de un marco de visin y el desarrollo de un modo de
experiencia. El aparato no constituye un elemento tangible, no es la mquina ni tampoco su
adscripcin disciplinaria como fotografa o cine, tampoco se define desde el dispositivo
tcnico que les da cuerpo, como es la cmara u otro dispositivo electrnico, sino que encuadra
el problema desde un mbito mucho mayor que tiene que ver con innovaciones tcnicas de la
mirada, del habla, de la escucha, etctera.
En relacin con la dimensin digital de los medios, Lev Manovich (2006) propone
diferenciar una capa informtica de una capa cultural, para luego canalizar los fenmenos
transcodificadores entre ambas. Se trata de distinguir por un lado los modos de operacin
propios de los aparatos electrnicos, como son el proceso, el paquete, la clasificacin, la
concordancia, la funcin variable, el lenguaje informtico y la estructura de datos y, por el otro,
150
puede ser considerado un medio nuevo para las varias generaciones de indgenas digitales que crecieron
con l.
III. Nosotros
Un Yo que pretenda pronunciar unos enunciados racionales y universalizables
siempre debera poder decir nosotros y esto es adems lo que NOSOTROS hacemos
aqu al tiempo que nos preguntamos de qu nosotros hablamos y en nombre de
qu o de quin nosotros nos permitimos hablar en su nombre. Cmo, por qu y
en qu condiciones todava podemos decir nosotros? (Stiegler, 2001: 143).
Cuando ya no nos sentimos atrados por las imgenes y ya no somos capaces de identificarnos
con ellas como comunidad, se complica el vnculo entre individuos as como tambin su adscripcin o identificacin a un entorno estable.
Podramos distinguir dos modos en los que los actuales procesos simblicos estn afectando a la configuracin de un Nosotros. Por un lado la tecnificacin del territorio fsico
a travs de procesos tcnicos de digitalizacin y automatizacin, mientras que por otro, la
estandarizacin de los imaginarios que ahora se entrecruzan en un escenario deslocalizado y
homogenizado globalmente.
Tcnicamente, estamos asistiendo, a un monumental proceso digitalizador que homogeniza los formatos en un cdigo propio para que las mquinas entiendan. Desde el cdigo gentico, hasta la factura de la luz, se inscriben en el mismo lenguaje funcional, todos los signos
parecen sintetizarse en la misma forma binaria de 0 y 1; formas grficas y auditivas, imgenes
en movimiento, textos, estadsticas, etctera son traducidos al mismo formato susceptible de
ser programado, organizado, almacenado y operado por dispositivos electrnicos y digitales.
Culturalmente, el avanzado proceso de globalizacin altera los imaginarios locales especficos, acelerando el desarraigo de sus tradiciones, mitos, relatos e historias comunitarias. Los
avances de las redes telemticas amplan las opciones al tiempo que eliminan, la posibilidad de
territorios y vnculos estables construidos progresiva y lentamente a travs del tiempo con un
alto grado de diversidad.
151
153
Fuentes de consulta
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Madrid: Herman Blume.
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Ojo/mquina II (2002), 15 min.
Ojo/mquina III (2003), 25 min. Disponible
en: http://arttorrents.blogspot.
mx/2008/01/harun-farocki-eyemachine-1-2-and-3.html
Naturaleza muerta (1997), 57 min. Disponible
en: https://www.youtube.com/
watch?v=HaZnEQzLxOU
Reconocer y perseguir (2003), Disponible
en: https://www.youtube.com/
watch?v=RHKYR333xaE
Los creadores de los mundos de consumo
(2001), 72 min. Disponible en:
https://www.youtube.com/
watch?v=hlHEN4b4fYw
155
Parte 3
cultura (p. 19, 23, 43, 56, 59, 63, 77, 78, 112,
117, 123, 125, 137, 142, 177, 203, 204, 224, 251,
256, 257); interpretacin (p. 48, 52, 81, 101,
177, 188, 203, 206, 228, 243); hermenutica
(p. 188, 203); Geertz, Clifford (p. 203);
fotorreportaje (p. 203, 204, 206, 207);
Turner, Tyrone (p. 203); representacin
(p. 33, 48, 49, 52, 59, 60, 63, 65, 6972, 77, 85,
89, 102, 103, 106108, 113, 116, 117, 121, 122,
125, 131, 147, 148, 150, 152, 153, 159, 161, 162,
165, 182186, 188, 196, 199, 204, 206, 207, 213,
214218, 231, 235, 236, 249, 250, 251255);
fotografa (p. 25, 35, 83, 84, 101, 121, 122,
156
232); pintura (p. 21, 25, 27, 31, 71, 89, 93, 101,
106, 131, 148, 165, 181, 182, 185, 186, 188, 189);
visual (p. 55, 77, 78, 84, 85, 116, 117, 137, 142,
43-45, 51, 54, 56, 65, 73, 92, 101, 102-107, 116,
126, 148, 161, 166, 170, 171, 173, 176, 184, 195,
(p. (p. 51, 52, 56, 69, 70, 77, 81, 84, 113, 132,
77, 81, 121, 128, 138, 142, 147, 150, 152, 153,
Jos Luis (p. 56, 59, 65, 69, 70, 89, 188);
232, 244, 250, 254); estilo (p. 82, 170, 171, 205,
(p. 52, 116, 148, 152, 161, 167, 169, 182, 224,
imagen (p. 19, 21, 23, 25, 27, 29, 31, 33, 35, 37,
108, 160, 170, 171, 176, 193, 196, 197, 198, 199,
160, 163, 164, 166, 175, 181, 182, 185, 186, 188,
(p. 162, 165, 166, 172); tiempo (p. 25, 29, 31,
33, 35, 42, 59, 60-66, 72, 89, 90, 92-94, 96, 132,
poltica (p. 31, 42, 47, 55, 113, 117, 123, 127,
(p. 35, 44, 52, 54, 59, 62, 65, 66, 83, 92, 93, 96,
195); muerte (p. 23, 33, 93, 127, 138, 141, 193,
251)
205); imagen digital (p. 35, 43, 51, 53, 56, 69,
157
El arte de la analoga
Julio Estrada
Este artculo proviene de la conferencia realizada al inicio del ao en el (poner ttulo del encuentro por favor:), misma que aqu se expande con varias precisiones sobre la influencia que ejerce
e incluso debe ejercer la libertad el proceso de creacin en artes visuales sobre el de creacin en
msica, lo que pide al lector abordar algunos aspectos propios de la teora y la prctica de este
arte por siglos a la deriva en cuanto a autonoma y desembarazo para alcanzar sus representaciones creativas. Como elemento conclusivo de las proposiciones contenidas en el texto, se aaden tres vertientes de mi trabajo producto del ensayo de participar en la apertura de distintos
canales que aspiran conducir a una renovacin del arte musical: ver la msica, crear en vivo y
nombrar la escucha.
159
frontera con la ltima la esencia trae la oportunidad de alcanzar al yo maduro, paradigma del
que emerge an la flama solitaria del trazo propio. El anhelo, buscarse frente al abismo sin otro
saber que el de intuir al desnudo el ensayo pstumo de la imaginacin creadora, incertidumbre obligada para otear nuevas luces, tambin sombras que, a la distancia, inciten al impulso
que acaso pueda encontrar otro all en sus voces.
Enfrentar la historia privada desde el crear artstico lleva a distinguir el fruto como un
reflejo del ser, en cuanto que el sueo propio del arte exime de las barreras del mundo real,
retrata paso a paso al imaginario y con todos los sentidos se apropia del universo. La captacin
de la obra artstica, estrecho encuentro entre imaginarios autnomos, conduce al privilegio
de experimentar mediante la creacin un conocimiento deductivo que emerge con la emocin,
el afecto o la razn que se asocian de la vivencia, lo que hace presentir que la percepcin y el
ejercicio creativo del arte corren en paralelo al existir y, al liberar a la mente, procuran una
alternativa de vida en lo ntimo.
Cada arte mantiene los bordes inequvocos de la especificidad de su materia y del perfil
de sus propias vas, talantes que se imponen en lo perceptivo mediante la aprehensin que
logra cada sensor; as, mientras que el contacto fsico con los slidos aporta datos mltiples y
concretos color, forma, textura, volumen u otros la propagacin del ritmo y del sonido en el
ambiente es menos obvia y adquiere un aire abstracto e inexplicable que tiende a producir el
160
contacto anmico con la msica misma,1 lo que incita a retener y registrar el tiempo y el espacio
de su presencia fugitiva.
Ante el mundo real resaltan las ventajas de lo visual por encima de lo sonoro, como se
aprecia al experimentar fenmenos que aun si comparten un mismo origen impactan de modo
distinto a cada sentido vase y escchese el ejemplo paradigmtico que procura el rayo y el
trueno, donde los surcos y resplandores de la imagen visual se perciben de modo directo y
concreto, mientras que la compleja configuracin de las descargas, ecos y espectros prolongados dificultan el ensayo de dilucidar la imagen rtmico-sonora. Basten los ms de ciento cincuenta siglos que conservan las imgenes ancestrales del arte de Altamira para comprender la
permanencia de lo visual a lo largo de la historia, mientras que la msica en ese mismo periodo
slo deja hacer escasas conjeturas dada la dificultad que ofrece el registro de lo auditivo, un
aspecto que a su vez influye para requerir por siglos aliarse a la poesa, el drama y la danza
por s sola, la msica no ocupa ms de mil aos en tanto que arte independiente en China o en
la India, cuando en Europa acumula apenas medio milenio de existencia.
La libertad en algunas artes nace de su mayor inmediatez para concebir y representar la
idea creativa, como se observa en el arte visual y sus facilidades para plasmar de inmediato el
1 Dicha condicin deviene parte del arquetipo misterioso que predomina en algunas religiones al describir
la formacin del mundo.
trazo anlogo al impulso imaginario sin que ello obligue a traducirlo con exactitud coordenada cartesiana, edificacin geomtrica o combinatoria de formas, colores u otros elementos;
a su vez, el registro en la danza de la evolucin discontinua o continua del cuerpo se facilita
mediante una escritura unitaria cuyo objetivo principal es el registro grfico del movimiento
tridimensional. 2 Tanto en artes visuales como en danza la facilidad proviene de su autonoma
respecto del intrincado rgimen de signos que posee el arte musical, cuyos procedimientos
constrien al registro de cada uno de los factores mediante escalamientos distintos cuya
superposicin en una variedad de cuadrculas genera una maraa poco accesible para el no
experto y un largo adiestramiento para quien aspire a serlo.
La estructura discontinua de la mayora de los materiales a los que se liga la msica por
siglos intervalos de duracin, de altura, o timbres vocales e instrumentales inmutables entorpecen sus modos de transformacin y la alejan de la libertad de diseo en danza o en artes
visuales a la vez que le exigen acercarse a sistemas cuyo funcionamiento permita articular la
informacin mediante el cdigo. Lejos de la facilidad de la literatura para evocar la realidad, el
potencial de la msica para imitar a la naturaleza tiende a quedar por debajo de una especial
vocacin para expresarse dentro de la pureza de lo inmaterial, desafo que la conduce a templar sus estructuras caractersticas, a aliarse a la cifra matemtica y a enclaustrarse en el aura
recndita y complicada de su mecanismo perceptivo.
La invisibilidad de la materia auditiva exige una cadena de esfuerzos para el desciframiento de la informacin que implica el concurso del odo, la sinestesia incluso, la percepcin o la
memoria para que, de manera parecida a la que debe emprender el invidente, se especule ante
la escucha y se intente entender a cada instante cmo es la materia fsica de las seales rtmicas
y sonoras, de dnde viene, qu la produce, cmo se transforma, qu significa, cmo se registra
o tantos otros factores para, slo luego de su captura, aproximar dicha materia a la realidad
con su reproduccin. Todo ello contribuye a hacer del cdigo escrito una referencia indispensable para que el msico escudrie y ensamble sus estructuras mediante una proyeccin
espacio-temporal individualizada de lo escuchado, una meta cuya complejidad, en el campo de
la creacin artstica, no deja de perturbar al menos retardar la manifestacin inmediata de la
emocin y del afecto que pueden acompaar a la msica.
En msica es infrecuente que en la experiencia de representacin interna de la creacin
musical se den las tentativas del imaginario para escuchar de forma analgica el movimiento
fluido de una materia ajena a su sistematizacin; por el contrario el proceso generalizado es el
de una ordenacin digital que exige presentar datos precisos, como el nombre de cada altura
de la escala, el valor de cada duracin, el nivel de amplitud o contenido armnico de cada voz,
la textura en que se integra, la evolucin que sigue, etc., un recorrido elptico que semeja al
2 Laban, Rudolph von (1950/1987). El dominio del movimiento, cuarta edicin, Madrid, Fundamentos.
161
3 El filsofo del lenguaje Donald Davidson, en una conversacin sostenida en 1999 en Mxico, me hizo la observacin de que la msica no puede ser un lenguaje, aun si un vasto nmero de sus nociones estructurales
depende de mtodos propios de la potica, como la mtrica, que fijan al ritmo mediante patrones parecidos
al armado silbico o a las sonoridades de acuerdo con coincidencias cercanas a la rima. Vase Estrada,
Julio, El imaginario profundo frente a la msica como lenguaje, XXI Coloquio Internacional de Historia
del Arte: La abolicin del Arte, IIE UNAM, Mxico, 2000, pp. 525-550; tambin, Ruidos poco conocidos de
Orfeo, XXII Coloquio Internacional de Historia del Arte. (In)disciplinas. Esttica e historia del arte en el
cruce de los discursos, Instituto de Investigaciones Estticas, UNAM, Mxico, 1999, pp. 553-584.
163
Figura 1
Las Meninas (16561657) Diego Velzquez.
164
el espejo de atrs quienes a su vez son el objeto de inters entre los personajes que
miran al frente. Y sin embargo, acaso toda la escena es un acto de magia que nos deja
ver el lienzo, objeto que puede ocultar un tema distinto e inesperado a la vez que un
tercer presente cuya incgnita lleva a la confluencia de tres espacios: el que vemos,
el que no vemos y nos desvela el espejo, y el del lienzo que nunca podremos ver y que
nos incita a imaginar la original apertura creativa de Velzquez (Figura 1).
Las Meninas vaticinan la renovacin porque aun si el tema de la poca obliga a incluir al rey
no concede sus formas a dicha representacin y se anticipa al arte de su tiempo y anuncia con
su temtica la belleza de la fealdad a la que acude dos siglos y medio despus Picasso, o a la
textura intrincada en lo micro que a su vez deja luego ver la mancha confiada en Tpies, o a la
construccin perspectiva de multi-espacios en Bacon, un avance no slo para la pintura sino
para el arte todo, donde por encima de cualquier complejidad la intuicin mantiene una relacin estrecha entre la analoga propia de la realidad y la analoga del fantasear que la desborda.
En cuanto a la msica que en Europa es contempornea a Velzquez, escchense los logros
de Claudio Monteverdi, cuyos madrigales y peras tienden todava a contar con el sustento de la
literatura, una autonoma que consigue con precisin mecnica y rica libertad el Arte de la fuga
(1750) de J. S. Bach, aunque es slo a cuatro dcadas de esa obra pstuma que Mozart deja intuir
los mltiples cruces de perspectivas de Las Meninas con el ltimo movimiento de la Jpiter:
cinco elementos enunciados en la secuencia del tema principal aparecen al final de la sinfona
expuestos en una superposicin que innova en el contrapunto, como simplifican dos proyecciones que, con el sencillo apoyo de cinco vocales, intentan aludir a cada elemento del tema:
Secuencia inicial: a e i o u
165
El modo discontinuo deja a Bach contabilizar, calcular, memorizar e imaginar con facilidad el ensamble de sus estructuras mediante la proyeccin en el tiempo y en el espacio
de un conjunto de elementos idnticos para presentarlos a la manera de un mosaico que
juega con el orden del modelo original a travs del contrapunto imitativo, cuyo potencial algebraico se expresa aqu con las operaciones de inversin y reflexin de la letra d:4
db
qp
Mozart recurre igualmente a estructuras discontinuas escalas, alturas, ritmos aunque la flexibilidad de sus mtodos tiene un carcter de tipo ms continuo y hace mayores cambios en el sistema que le llevan a obtener con la Jpiter una nueva evolucin en
166
el contrapunto que trocea el tiempo dentro del espacio y genera un tiempo ms elstico
que el newtoniano y por ello ms einsteniano.5
En las artes visuales se conoce y se practica de antao el trnsito flexible entre el discontinuo
y el continuo, y ms an en la modernidad que allana sus fusiones con el cubismo curvado de
Les demoiselles dAvignon de Picasso o con la estructuracin abstracta continua en la obra de
Antoine Pevsner, a lo cual se suma la temprana influencia de la fotografa que fija la imagen
tridimensional y el cinematgrafo que la captura en movimiento.
Mientras que el imaginario del siglo XX accede a una continuidad nunca antes conocida,
la msica queda anclada en el escalamiento de sus estructuras y es slo despus de la posguerra que comienza a cobrarse mayor conciencia del continuo como un modo indito de crear,
4 Estrada, Julio / Gil, Jorge, Msica y teora de grupos finitos. 3 variables booleanas. Con un resumen al ingls. Instituto de Investigaciones Estticas, UNAM, Mxico 1984.
5 En una entrevista Einstein declar que prefera la msica de Mozart a la de Bach porque se pareca ms al
Universo, idea que adopto en un cuento donde ambos autores presencian una carrera; para seguir de vista
al corredor principal meloda Bach gira en crculo sobre sus pies contrapunto imitativo mientras que
Mozart emprende una carrera en sentido opuesto o coincidente por instantes con el corredor resonancia
armnica y genera dos tiempos que alternan de modo creativo, algo que recuerda el planteamiento del
fsico sobre dos hermanos: uno en tierra y otro que viaja al espacio, con lo que envejecen de modo distinto.
Estrada, Julio, Bach, Mozart, Einstein y el corredor X, Revista Dilogos, volumen XXI, nmero 11, noviembre, pp. 36-39, Colmex, 1985.
fenmeno que produce la interaccin creativa arte visual - arte musical derivada del espacio
continuo pevsneriano y del tiempo-espacio continuo que propone Bla Bartk con el deslizamiento de la altura del sonido glissandi en cuerdas y metales, hasta su generalizacin en la
textura inicial y final de Metastaseis (1954), del msico-arquitecto Iannis Xenakis.6
La prctica vocal e instrumental, as como la construccin de instrumentos tradicionales
de aliento, percusin o cuerda contribuye al fomento de la discontinuidad del espacio y del
tiempo musicales, por siglos tendientes a operar con la estructura de la escala, dado que la
comprensin de la materia de la msica exige, por medio del registro escrito, el anlisis de sus
cambios, procedimiento al que se acerca ms nuestra poca gracias a las tecnologas electrnicas y digitales. A pesar del vasto conocimiento tcnico y terico actual sobre la materia
audible, los usos y costumbres de msicos y musiclogos se estancan todava en conceptos de
la Antigedad que distorsionan la percepcin y estorban a la relacin cientfica que sostiene la
fsica con la msica . El sustento terico que desde el primer tercio del siglo XX ofrece Henry
Cowell, de que a toda altura sonora le corresponde una duracin rtmica, pone en evidencia
el vnculo exacto entre ambas frecuencias para dejar considerarlas como la misma materia;7
dicho referente es esencial para refutar la idea caduca de que slo se puede escuchar el sonido,
cuando en el tiempo-espacio einsteniano ritmo y sonido se integran dentro de un mismo
continuo, lo que cuestiona la idea clsica de acstica y lleva a ampliarla a una nocin ms vasta,
cronoacstica, tema que abordan las siguientes lneas:
La divisin del continuo de frecuencias entre ritmo y sonido proviene de la limitacin
psico-fisiolgica humana al relacionarse con dicha informacin: lo que mientras en las frecuencias bajas procura la impresin de ser temporal al reconocerse el cambio de lo lento a lo rpido,
comienza a dar la impresin de ser espacial a partir de la aceleracin mxima, 1/16, donde
inicia la identificacin de las frecuencias sonoras y se tiende a observarse un cambio que va de
lo bajo a lo alto, ascenso en altura del grave al agudo (Figura 2). 8
6 El dibujo de las evoluciones de tipo continuo en dicha obra representa en coordenadas cartesianas al tiempo (X ) y la altura (Y ), ensayo de representar las transformaciones de orden continuo mediante un artificio
visual que teje una superficie curva con varias rectas, un continuo de estructura discontinua que depende
de la obligada referencia a las notas de la escala cromtica de doce sonidos las escalas de altura ms continua se logran con divisiones finas, donde la percepcin no alcanza a distinguir la diferencia entre dos
puntos contiguos, como ocurre con los dieciseisavos de tono en Julin Carrillo o, en el caso del ritmo, con
la aceleracin extrema de los Estudios del estadounidense-mexicano Conlon Nancarrow.
7 Cowell, Henry D., New Musical Resources, with notes and acccompanying essay by David Nicholls, Cambridge University Press first published 1930, 1996.
8 Estrada, Julio, Thorie de la composition : discontinuum - continuum, tesis doctoral, Universit de Strasbourg, 1994.
167
Figura 2
Thorie de la
composition :
discontinuum continuum tesis
doctoral, Universit de
Strasbourg (1994), Julio
Estrada.
Transicin continua del
ritmo al sonido.
168
En la parte inferior del grfico se observa un patrn rtmico constituido por 6 ataques
cuya repeticin incesante y acelerada deriva en una altura en extremo grave misma
que har que aquellos ritmos se escuchen como una forma de onda sonora a su vez
punto de partida de las diagonales que indican que debe deslizarse hacia arriba sin
interrupcin hasta alcanzar un registro medio. Mientras que la evolucin del tiempo
se cifra en la serie de ventanas en la parte superior del grfico, el ndice de aceleracin
de la frecuencia aparece en la escala de duraciones a la izquierda, que parten de 1
y llegan a 1/16 donde la percepcin escinde al ritmo del sonido, cuya divisin
sucesiva produce la serie de alturas que asciende del Do1 al Do 4.
La nocin de cronoacstica amplifica a su vez los componentes fsicos de frecuencia, amplitud y contenido armnico sonoros a su complemento en el ritmo, cuyos componentes de baja
frecuencia son el pulso, de amplitud el instante de ataque y de contenido armnico la serie de
micro-duraciones que se producen como resultado de la conjuncin del pulso y la evolucin
temporal de la amplitud. Dado que el conjunto de dichos componentes es indisoluble nuestra
percepcin auditiva requiere hacer consciente su presencia en la realidad para reconocer en un
amplio espectro la evidente fusin de la materia rtmica y la sonora, lo que sintetiza la nocin
Discontinuo y continuo se encuentran hoy al centro de la discusin del crear musical e inciden,
por lo tanto, en nuevas formas y mtodos de pensar, percibir e imaginar la materia de la msica, como ilustran a continuacin dos distintas figuras que dejan observar con claridad dichas
diferencias (Figura 3):
derecha, otro conjunto de 6 figuras vara de modo continuo del crculo a valos cada
vez ms estrechos; representan la transicin continua de los componentes de un macro-timbre continuo altura, intensidad y color; pulso, ataque y microritmos.
Figura 3
Macro-timbres
discontinuo y continuo
tesis doctoral,
Universit de
Strasbourg (1994), Julio
Estrada. Dibujo de
Christian Morales.
9 Idem.
169
La primera de ambas figuras ilustra la adaptacin que debe seguir el sistema compositivo en
artes cuando recurre a materiales de orden discontinuo, cuyo conocimiento exige el anlisis
que permita comprender su estructura, el clculo que deriva del escalamiento de todos sus
objetos con operaciones matemticas combinatoria, lgebra u otros mtodos, adems de un
proceso perceptivo que requiere de una alianza con el factor mnemnico; mientras, la plasticidad que produce la alta resolucin de los materiales de orden continuo no impone de entrada la
organizacin sistemtica de sus distintos espacios, lo que adems de procurar mayor libertad
al crear artstico tiene como ventaja una mayor apertura para poder hallar el respaldo de la
bsqueda terica ms cercana al carcter de sus iniciativas.
170
Realidad e imaginacin continuas
Lo hasta aqu expuesto ensaya transmitir la idea de dirigir la bsqueda terica hacia una comprensin ms clara y sensitiva de los objetos que constituyen la materia de cada arte, de modo
que el proceso creativo pueda reducir al mximo los obstculos que genera la normatividad de
la academia, entelequia que enturbia la necesaria afinidad entre la realidad y la imaginacin.
En oposicin a la idea, vieja pero an influyente, que ubica al sistema al centro de la ocupacin
creadora e incluso de la obra teora-sistema-estilo, donde la teora deviene insuficiente al no
indagar con suficiente objetividad la realidad y enfocar su sustento en las bases del sistema;
donde el sistema se cifra en soluciones pragmticas para organizar las relaciones espacio-temporales, y donde el estilo es el ejercicio obediente de las reglas del sistema y no el dictado de
la imaginacin hoy es indispensable formular un esquema ms amplio cuya lgica propicie
incluso mayor continuidad:
Imaginacin
Realidad
Estilo
Teora
Creacin
Sistema
Las aperturas que ofrecen el vnculo entre estilo e imaginacin y entre teora y realidad
duplican los vectores del proceso creativo y equilibran la posicin que debe tener el sistema
en tanto que referente inmediato al resultado, la creacin: cuanto ms clara sea la percepcin
de la realidad ms transparente ser tambin la comprensin de la obra que gesta la imaginacin, la creacin como bien muestra Velzquez. Del pasado al saber cientfico y tecnolgico
modernos resalta la evidencia de que la desarticulacin del declogo del sistema en artes lleva
a la adopcin natural de modelos de tono ms subjetivo, propios de la experiencia sensitiva,
para emprender un ms claro discernimiento de la estructura natural de la materia, punto de
partida de un nuevo saber que admite su orden continuo o discontinuo, tanto como la mixtura
que generan sus fusiones.
En esencia, y por fuera de los lenguajes, las reflexiones anteriores conducen a una nueva ecuacin en el ejercicio del arte que postula la necesidad de una percepcin creativa que
encamine sus esfuerzos hacia el trnsito continuo entre realidad e imaginacin: primero, para
indagar con el mtodo cientfico cmo es en verdad la realidad; segundo, mientras sea verificable, para que al asimilar dicho conocimiento se d fundamento al mtodo generativo de la
obra, y tercero, para hacer que dicho conocimiento de la realidad sea parte de las herramientas
que dejen descifrar el imaginario y convertirlo a la realidad.
El carcter no racional de la fantasa creadora no exime al fundamento que la conduce con
171
una lgica afn a la de los sueos, cuya irrealidad se sostiene gracias a la invencin expedita
que se les brinda durante la vivencia eso que nos hace creer que las situaciones, construcciones o argumentaciones que se les procura en paralelo son verdaderas y que en la creacin
instantnea se tiende a percibir con emocin y goce artsticos. A pesar de la exuberancia
del imaginario, de la proeza a la turbacin en lo onrico, o del deleite a la consternacin en lo
creativo, el fantaseo se orienta con rapidez mediante intuiciones y deducciones de todo tipo
que participan en la invencin y en la comprensin del orden intrnseco que tienen sus frutos.
Es igualmente obvio que el propio pensar inconsciente tiende a integrar en estos procesos la
estructura de los lenguajes abstractos matemticas, lgica, juego, los estados que emanan
de la psique emocin, afecto o la conciencia que se tiene de los estados fsicos de la materia
gas, fluido, magma o slido y que contribuyen a descifrar en buena parte lo contenido en las
percepciones creativas.
El nuevo conocimiento de las ciencias duras, lo mismo que de otras suaves como la psicologa, contribuye a la aproximacin a un arte musical que, sin abandonar la aventura que
caracteriza al territorio creativo actual, impacte en el imaginario y en la emocin de modo
cercano al que tuvo la msica del pasado, cuando la fantasa se carga de realidad y del yo al
evocar la vivencia intensa, como Mozart al sublimar el arquetipo recndito de la voz doliente
del Rquiem, copia de la emocin del llanto. Hoy es imposible saber en qu parte de la evolu172
cin de dicho proceso nos encontramos, aunque sea posible intuir que el abismo entre el ayer y
el futuro se contrae cada vez ms y genera formas de creacin que, distantes de las conocidas,
son indispensables para persistir en esa forma de crear que descubre la expuesta articulacin
del arte nuevo, la bsqueda-hallazgo.
Para ilustrar el conjunto de ideas expuestas hasta aqu abordo enseguida tres distintas
directrices de mi trabajo en las ltimas cuatro dcadas, ensayos de emparentar la creacin
musical con las artes visuales ver la msica, con procesos ajenos al cdigo escrito crear en
vivo y con el concurso de la metfora en poesa para divisar lo inasible del universo auditivo
nombrar la escucha.
Ver la msica
Hacia 1975, el imperativo de una convocatoria me llev al arrebato creativo de dibujar la evolucin completa de un proyecto, Luz y sombra del tiempo, cuya grfica entera 15 metros por 25
cmts. de ancho convert con laboriosa facilidad a la notacin tradicional de una partitura de
orquesta que no integro a mi catlogo, aunque el proceso me desvel una metodologa de creacin que no dejo de emplear, ver la msica mediante dibujos que intuitivos que prescinden del
Figura 4
Fragmento del grfico
original de euaon,
voz electrnica (1980),
base para la conversin
posterior a euaonome,
para orquesta (1995).
Julio Estrada.
En el dibujo se aprecian
ms de 60 distintas
lneas, cada una
corresponde a una voz.
10 En nhuatl, eua, emprender el vuelo; on, distante, lo que podra significar emprender el vuelo a la distancia: www.youtube.com/watch?v=9LUNXqcVUOg . En euaonome, nhuatl, ome, nmero dos: www.
youtube.com/watch?v=4Oth7NPOU3g
173
Crear en vivo
A lo largo de cerca de dos dcadas he concentrado mi trabajo docente en investigar la importancia y generosidad que tiene el incitar a la manifestacin del imaginario mediante la fantasa
creativa, experiencia abierta que propongo a mis alumnos y que practico con regularidad en
mi obra, para asumir el crear con naturalidad, lejos de la anulacin de la espontaneidad que
emana de la enseanza musical acadmica. En las clases que imparto al fundar en 1995 el
Laboratorio de Creacin Musical en la Escuela Nacional de Msica, hoy Facultad de Msica de
la UNAM, el trabajo se divide en dos grandes ramas: seminarios de exposicin de la bsqueda
terica fundamental y sesiones de bsqueda en torno a las fantasas creativas individuales,
tema que resumo as:
El estudiante debe recostarse en una mesa y mantenerse en un estado de relajacin
fsica y mental, como en un sueo despierto en el que no se piensa en nada sino slo
se deja que surja la libre fantasa, lo que implica no proyectar una obra ni remitir
a problemas individuales que expondran la intimidad al resto de la clase. Los
miembros de sta, previo acuerdo para poder presenciar la sesin, permanecen
atentos en torno a la escena y en el silencio requerido para evitar la distraccin. De
174
11 Entre otras, de 1998 a 2003, como visitante de la Orquesta Estudiantil de la Escuela de Msica de Ensenada, Baja California, produje varias creaciones en vivo; en 2004 Radio Educacin me solicit una creacin
radiofnica en vivo, misma que realic con la participacin de tres violonchelistas; en 2011 produje un
concierto en vivo con estudiantes de creacin musical e instrumentistas profesionales de la Universidad
de Crdoba, Argentina; tambin en la Universidad de Rosario, donde realic un concierto en vivo con
la participacin de estudiantes de creacin e interpretacin musicales; en 2012 la Universidad de Nuevo
Mxico en Albuquerque me propuso un concierto en vivo con la participacin de estudiantes de creacin
e interpretacin musicales; la sociedad musical neoyorkina International Contemporary Ensemble me
solicit otra creacin en vivo con un cuarteto instrumental integrado por flauta, clarinete bajo, guitarra
y percusin, en un concierto en la universidad de Columbia; etc.
12 Estrada, Julio, Bajo el volcn, http://www.rassegnadinuovamusica.com/RNM2012/mp3/10_Estrada%20
Bajo%20el%20Volcan.mp3
175
tiva de manera fcil y muy notoria. La experiencia tiene mucho del arte plstico en cuanto que
el msico se asume como parte ejecutoria del proceso creativo, de modo que la directriz del
mismo se mantiene intacta mediante la seleccin previa de cada uno de los materiales.
Nombrar la escucha
El proceso de explorar sin traducir el universo auditivo es posiblemente la faceta ms importante de la prctica que ejerzo en permanencia del propedutico al doctorado universitarios y
que, se recordar, reside en verbalizar todo aquello que se percibe durante la experimentacin
de una fantasa creativa, cuya descripcin sirve para comunicar la vivencia que luego debe
convertirse en msica. Mi trabajo ms reciente de creacin se nutre tambin de dicho influjo
al emprender la mirada al pasado que evoca este escrito en su inicio y que me reconduce al
intento de acceder a la msica con la palabra, iniciativa que permaneci en un olvido pendiente
y de la que se desprende desde hace menos de medio siglo la breve coleccin de cuentos y poemas que quise reunir en un pequeo libro, Msica ficcin,13 magro al no vislumbrar entonces
la esencia: nombrar la escucha. Que el odo atendiese al mundo real o al imaginario, evitaba
ya desde entonces recurrir, tanto a la onomatopeya imitar anterior a la palabra que reposa
176
en breves ritmos y sonidos como al cdigo musical til auxilio de la escritura para guiar a
la creatividad musical dentro de los espacios discontinuos; no as al sugestivo recurso de la
metfora mediante el cual, del poeta al cientfico, se incita de modo sencillo a una imaginacin
tan misteriosa como la que yace al fondo de la msica.
Nombrar el mundo auditivo por fuera de la imitacin y del cdigo obliga a un encuentro
directo y no simblico entre los objetos que suenan y nuestra manera de describirlos, asunto
que ilustra una sencilla aventura que sirve de prueba: explicar con claridad cmo se escuchan
los fenmenos que nos rodean sin decir cmo se producen o qu equivalencias les encontrarnos en algn sistema musical o acstico slo con describir lo que distinguimos en ellos, como
si se tratara del primer encuentro:
Ensaya, lector, explicar con palabras lo que escuchas ante el sonar de una campana
o de un violn, ante una avalancha o un trueno, un ladrido o un mugido, una carreta
13 Dicho libro no fue nunca publicado pero contena varios de los textos que he escrito y difundido en algunas ediciones personales o en revistas. Estrada, Julio, Solo para uno, partitura verbal, Experimental
Music Catalogue, Londres 1972 reedicin como Odo en embrin, Revista Siete, vol. 8, nmero 50,
febrero, p. 49, SEP, 1975; Imaginaria, partitura verbal, juliusedimus, 1972; Cinco poemas y un cuento
de primavera, Revista de la Universidad, vol. xxxiii, nmero 11, pp. 19-20, UNAM, 1980; Canto alado,
Pauta, cuadernos de teora y crtica musical, nmero 1, pp. 71-72, UAM Iztapalapa, 1982, adems del cuento arriba citado, Bach, Mozart, Einstein y el corredor X.
o un avin, una voz hablada o una cantada, un suspiro o aquel estornudo, ejemplos
todos a los que se sumar un largusimo etctera, porque, al menos en la historia
de nuestra cultura, escuchar sin recurrir al cdigo de la onomatopeya sino slo a la
vivencia auditiva, sin memoria, es algo que, oh sorpresa, tiende a pasar inadvertido.
Mi aguijoneo para hacerte lector ingresar a dicha experiencia no implica que yo mismo me
excluya de esa laguna, extensa herencia cuyos pormenores debe revisar nuestra percepcin,
difcil y constante equilibrio a lograr entre las seales que enva el odo y la interpretacin que
den nuestros conocimiento y capacidad de anlisis instantneo de su informacin.
Para ilustrar las ideas anteriores expongo a continuacin un breve ejemplo de mis ensayos para procurar un acercamiento a esa nueva senda que quiero abrir y cuya lectura podra
contribuir a captar mejor el proceso:
A ras del suelo flota un halo brumoso que se expande en el ambiente como el humo. Se
palpa. Un suspiro eternizado deja apenas escuchar al aire.
Una argolla grue all arriba y tie la pared con su allo arisco. El chillido
spero asciende y traza una ola. La fuerza de cada acarreo trae otro mayor. El oleaje
areo arrecia el vuelo y vocifera de un modo distinto a cada giro.
Luego, un enorme araazo, un latigueo mudo, el grito atrapado en el golpe,
varios estallidos speros, vuelcos agrios que mecen su rumor amargo en un bramido
incesante. El aire se estremece por doquier.
El crudo golpeo se cuela en todo el cuerpo, tiembla en los msculos y palpita
en cada cartlago. Del crneo a los pies tiritan los huesos sin reposo. El tremolar
asciende por la columna y se aloja en la cabeza, se cuela entre los labios y corre
con su hormigueo por encas y dunas del paladar. Invade nervioso la pared de las
tubas, se frota en ellas y sube entre el moverse de estribillos y yunques, martillos
y el traquetear de tamborcillos, cosquillea folculos e irrita pelillos del trago, se
infiltra y se fuga en las conchas de las orejas y al llegar al odo deja escuchar un tono
aterciopelado que anuncia el llamar bronceado de la campana.
177
Fuentes de consulta
Cowell, Henry D. (1996), New Musical
19-20.
_____ (1928) Canto alado, Pauta, cuadernos
de teora y crtica musical, UAM
Iztapalapa, Mxico, 1, 1928, 71-72.
_____ (2015) Nombrar la escucha, 70 aos.
Instituto de Investigaciones
prensa).
Laban, R. von (1950/1987). El dominio del
Fundamentos.
1994.
_____ (1985). Bach, Mozart, Einstein y el
corredor X, Revista Dilogos,
volumen XXI, Colmex, Mxico, 1985,
11, 36-39.
Estrada, J. / Gil, J. (1984). Msica y teora de
grupos finitos. 3 variables booleanas.
Instituto de Investigaciones
Estticas, UNAM, Mxico, 1984.
Obras musicales
Estrada, J. (1980), euaon, electrnica
euaonome, para orquesta (1995)
_____ (2012). Bajo el volcn, para conjunto de
contrabajos.
_____ (2011-).Velia, pera para leer.
Figuras
Figura 1. Diego Velzquez (1656-1657) Las
Meninas disponible en: https://
es.wikipedia.org/wiki/Las_
meninas#/media/File:Las_Meninas,_
by_Diego_Vel%C3%A1zquez,_from_
Prado_in_Google_Earth.jpg
179
Figura 2. Julio Estrada (1994) Thorie de
la composition : discontinuum
- continuum, Tesis doctoral,
Universit de Strasbourg.
Figura 3. _____ (1994) Macro-timbres
discontinuo y continuo, Tesis
doctoral, Universit de Strasbourg.
Dibujo de Christian Morales.
Figura 4. _____ (1980) Fragmento del grfico
original de euaon, voz electrnica,
base para la conversin posterior a
euaonome, para orquesta (1995).
El ritmo de vida de la sociedad actual nos envuelve en dinmicas impregnadas de tintes tecnolgicos a tal grado que difcilmente podemos imaginar nuestra rutina diaria alejada de estos
recursos. Nuestra disposicin a ver en general ha sido afectada al grado en que a veces preferimos la comodidad de hacerlo de forma inmediata a travs de un computador que tengamos a la
mano para as evitar las posibles molestias o incomodidades que implican el trasladarse a otro
lugar, donde esas imgenes digitales adquieren cuerpo y materia en dilogo con un espacio
fsico determinado.
Nuestra manera de acercarnos a observar y conocer bienes de nuestro patrimonio cultural tambin se ha modificado. Aun cuando contamos en nuestro pas con una vasta riqueza
patrimonial y tenemos la facilidad de visitar lugares de su resguardo como museos, zonas
arqueolgicas, comunidades o iglesias, muchas veces conocemos obras slo por las fotografas
que observamos a travs de pginas de internet y eso nos hace formarnos imgenes mentales
de ellas que distan de la experiencia que podramos tener al contemplarlas y ms que eso,
vivirlas en su realidad tangible.
Desde la Conservacin, los restauradores tenemos la posibilidad de estar en contacto con
esas obras ms all de las fotografas, lo que deriva en experiencias y responsabilidades
nicas. Esta proximidad fsica me ha invitado desde hace algunos aos, a raz de mi tesis de
licenciatura en restauracin dentro de la Escuela Nacional de Conservacin, Restauracin y
Museografa Manuel del Castillo Negrete, perteneciente al Instituto Nacional de Antropologa e Historia, as como de mi experiencia docente en la misma institucin, para ahondar en el
estudio del concepto imagen en la pintura de caballete novohispana desde la perspectiva de la
Conservacin, tema que me fue muy complejo desarrollar debido a que en esta profesin an
no se ha engranado el estudio acadmico con el mbito de los Estudios Visuales. Adentrarme
en ese campo fue para m novedoso y me posibilit ampliar la perspectiva de comprensin de
las pinturas ms all de slo recursos desde la Historia del arte con un enfoque historiogrfico
o iconogrfico.
181
Figura 1
Traslado de las
monjas dominicas a
su nuevo convento
(1738), annimo.
Figura 2
Detalle del retablo
mayor de la Iglesia
de San Juan Bautista,
Coixtlahuaca, Oaxaca
(1560), Andrs de
Concha (atr.).
Desde su etimologa, el trmino representato est vinculado con la evocacin de algo ausente
mediante figuras, palabras o actos; pretende sustituirlo en su realidad al tiempo que crea una
nueva. Una representacin implica dos efectos y dos posibles modos de actuar: una es desde
su ejecucin al haber quin disponga de los recursos para llevar a cabo ese hacer presente
(en este caso el pintor); y la otra, por la atribucin de una presencia y poder propios a aquello
representado, permite a quien la observa ser un observador quien puede representarse a s
mismo a travs de su acto visual e interpretativo (Chartier, 2001:77-78). Su poder radica en el
sentido engendrado por las formas y que en conjunto con la mirada del observador permite
construir nuevos y diversos significados, sentidos y modos de ver. Tienen el poder de seducirnos y en el camino nos abandonamos a ellas: (se) despliegan en nosotros ms que ante nosotros. (Enaudeau, 1999:49)
183
Las representaciones son tambin una manifestacin social de identidades. A travs del
manejo de formas, su simbolizacin y sus prcticas de construccin material, son una va donde plasmar, concretar, emitir y hacer circular conceptos de distintos niveles de complejidad. Se
transforman en mediadoras de las formas de concebir y adquirir prcticas, saberes y percepciones, as como sistemas de creencias, valores y formas de poder; incluso llegan a incidir en
las mentalidades, en los modos en que stas construyen discursos y en que se construyen a s
mismas, en que reconocen y significan. Los mbitos artsticos son espacios privilegiados para
entramar, reproducir y/o transgredir representaciones sociales e ideologas de todo tipo.
Figura 3
La Resurreccin
(detalle) Iglesia de
San Juan Bautista,
Coixtlahuaca, Oaxaca,
(1560) Andrs de
Concha (atr.)
184
la conformacin de su ptina, el paso plausible del tiempo, y por ende se vuelven una parte
esencial e insustituible de las obras. (Philippot, 1996:372-373).1 Se trata de la vinculacin entre
forma, materia y significado: una forma conlleva una materia, una materia una forma, y ambas
un significado particular.
Por esta razn es imposible hacer una traduccin literal de lo expresado y representado
en un material (por ejemplo un dibujo a tinta) a otro (como una pintura al leo), ya que cada
material articula posibilidades inherentes a su consistencia y medios tcnicos. Si cambia el
material, cambia el significado (Zamora, 2010:108).
Figura 4
Santsima Trinidad
Antropomorfa (detalle)
ubicada en el Seminario
Conciliar de Chihuahua,
Chihuahua (s. XVIII),
annimo.
185
1 Paul Philippot concibe a la ptina como una cuestin de reflexin crtica ante la obra en la que se conjuga su historicidad y esttica con su aspecto material actual (realidad esttica). Es el paso normal del tiempo y la huella que
deja sobre la obra, no en s slo una cuestin fsica o qumica. Adems del amarillamiento del barniz, se conforma
por los diversos patrones de craqueladuras que juegan un papel muy importante en la apariencia y textura de las
obras.
origen, sino que a la obra se van aadiendo fortunas y desavenencias en sus siglos de existencia
(repintes, recortes, envejecimiento material, ptinas, etc.), entonces eso que entendemos como
imagen est supeditado a su conjunto material, a las propiedades nicas de cada obra, a su
autenticidad (Muoz, 2003:84-87),2 de tal modo que si una pintura se craquela, se amarillea, tiene
virajes de color, abrasiones, desfases en el soporte o bastidor e incluso prdidas mayores, su
imagen se transforma pues todo eso constituye parte de ella al igual que los numerosos efectos
visuales generados por la eleccin de materiales y por el tratamiento plstico de los materiales
pictricos como las texturas dadas por las pinceladas y por el tipo de soporte. Todo esto
marca una gran diferencia en nuestra percepcin de ellas; no podemos apreciarlas de la misma
manera en directo y mediante un profundo y consciente proceso de observacin que por
cualquier otro medio de reproduccin cuyo objetivo suelen ser las formas representadas.
Desde el mbito de la cultura visual (Mirzoeff, 2003:3-7)3, Mitchell plantea lo siguiente:
You can hang the picture on the wall but you cannot hang an image on the wall. An image
is what comes off the picture. [] The picture is an image in a medium, or an image that is
mixed into some picture of an object. Even if the object is shaped as an image or the object has
reflected on an image (2004:2). Aunque l en primera instancia seala como imagen a las formas representadas en un soporte material, el cual es el objeto donde esa imagen aparece, en la
pintura, al estar esas formas constituidas por materia que conforma parte de la estructura de
186
la obra y a la vez al ser esa materia la que da estructura a las formas representadas pues sin
material pictrico (empastes, veladuras, etctera.) no habra formas, el vnculo entre ambas
es indisociable. A la conjuncin entre esa imagen y el objeto la llama representacin (picture), y
sta se logra a travs del medio, es decir, el conjunto de prcticas materiales empleadas para su
realizacin (cfr. Mitchell, 2005 y Moxey, 2009). Debido a que en la Conservacin estudiamos las
obras en su integridad material y por la imposibilidad de disociar ambos aspectos, esas formas
plasmadas entonces son la representacin pictrica (a partir del uso de la pintura como recurso
expresivo). Esto no quiere decir que en otros mbitos de estudio (por ejemplo, en Historia
del arte, Fotografa o Cine) sea incorrecto emplear el trmino imagen para las pinturas desde
otra perspectiva, pero s creo que por la manera en que los restauradores incidimos en las
obras, lo ms pertinente sera conceptualizar con claridad la diferencia entre las implicaciones
de ambos trminos. Brandi, importante terico de la restauracin del siglo xx, aborda esta
relacin al decir que la materia funge como medio para la transmisin o epifana de la
imagen (Brandi, 2003:19) que, dicho poticamente, en esencia se traduce en ese punto de
2 Muoz Vias plantea algunos elementos a considerar en la determinacin de la autenticidad de las obras: su estado
original, su estado prstino o de lo que debera ser, el estado pretendido por el autor, y el estado actual.
3 Campo de estudio que se enfoca en aspectos culturales basados en imgenes visuales asociadas con medios tecnolgicos diversos a raz del creciente dominio de lo visual en la era moderna. Considera la produccin de imgenes,
su composicin formal/visual y su recepcin socio-cultural, de tal manera que su eje de estudio no son las imgenes per se sino la tendencia actual por retratar o visualizar (hacer visual) la existencia misma.
Figura 5
Aparicin del Nio
Jess a San Antonio de
Padua (s. XVII) Luis
Jurez (atr.).
Figura 6
Cristo de Chalma
(1729), Joseph de Mora.
187
Figura 7
Escalera Regia y
el Claustro de San
Francisco (detalle)
Museo de Guadalupe,
Zacatecas (s. XVIII),
annimo.
Comprender estas imgenes como un mbito complejo, dinmico y anacrnico (Didi-Huberman, 2000:18) que no se limita slo a los elementos formales plasmados pictricamente sino
que abarca el conjunto ntegro de la forma, materialidad y posibilidades estticas de cada obra,
implica vincular nuestra mirada con nuestras experiencias, no slo con el acto de ver mediante
la vista (cfr. Lizarazo, 2004) Esa experiencia conlleva la puesta en juego de la memoria y la activacin de nuestros pensamientos y nuestros sentidos, pues nunca podrn estar desvinculados.
Por el contrario, todo aquello evocado con la mente tendr repercusin en nuestras sensaciones y viceversa (cfr. Derrida, 2011).
Las pinturas de la poca novohispana deben comprenderse e interpretarse desde su particularidad. No son obras slo pertenecientes a otro tiempo, por el contrario, lo atraviesan, no
dejndolo atrs sino creando puentes dinmicos con l y con nosotros al estar frente a ellas. Lo
que solemos adscribir a rupturas dentro de rubros historiogrficos es en realidad una continuidad reinterpretada y reapropiada en aras de miradas inmersas en contextos y situaciones
distintos, mas no ajenos a nuestra actualidad, desde donde las asimilamos de un modo muy
distinto a como lo hicieron sus contemporneos, mientras recreamos en nosotros y compartimos reproducciones de sus imgenes e incluso selfies con ellas a travs de las redes sociales.
189
Fuentes de consulta
Benjamin, W. (1989) La obra de arte en
la poca de su reproductibilidad
Laboratorio Educativo.
Institute.
Zamora guila, F.. (2010) Filosofa de
Figuras
2014): 503-537.
en http://humanities.uchicago.edu/
http://miriadacolumna.blogspot.
faculty/mitchell/interview_pictures_
mx/2009/12/pintura-novohispanade-
2013).
Figura 2. Andrs de Concha (atr.) (1560)
Chicago Press.
191
La pertinencia sociolgica
de la imagen fotogrfica
Teresa Mrquez
En esta contribucin busco atender a la invitacin de discutir en torno a la imagen como pensamiento. Lo har estrictamente desde la sociologa1 y cerrar arbitrariamente toda puerta,
ventana y rendija por donde puedan filtrarse argumentos y conceptos ajenos a ella. Si bien
la disciplina en las ocasiones que aborda lo visual abreva de la filosofa, la historia del arte y,
recientemente, de los estudios culturales y visuales, y a pesar que los trabajos de los socilogos
que recoger hayan sido nutridos desde esos senos, consider en aras de no reiterar el discurso vigente en los estudios de arte, concentrarme estrictamente en aquellas reflexiones que surgen como producto de la reflexin y la prctica sociolgicas. Por supuesto, no paso por alto que
en la disciplina en la que me ubico el giro icnico continua ausente, es decir, las imgenes
continan importando (si acaso lo hacen con suficiencia) ms como sentidos sociales incorporados a prcticas, que como formas y funciones en s que imponen su presencia material en el
juego social. Con todo, espero mostrar que uno de sus conceptos definidores, la imaginacin
sociolgica (cfr. Mills, 2009), junto a la nocin de generacin especfica (cfr. Becker, 1974),
permiten sumarnos al argumento de la imagen como pensamiento de la mano de una discusin
sobre las polticas de la imagen que configuran nuestros modos de ver, de relacionarnos y de
imaginar mundos posibles y de una va metodolgica que permite su exploracin.
193
de una localidad y un pas. Mi ensayo de respuesta considera que una denuncia se entiende
como el momento culminante de una actitud de sospecha que sigue pistas y establece
relaciones. Para desarrollar la hiptesis me remitir a un tema que ocup en los aos setenta
al socilogo norteamericano Howard Becker al estudiar lo propio y valioso de la fotografa
documental a travs de lo que denomin generalizaciones especficas. El trmino se refiere a
aquellas ideas generales esto es, comunes a un grupo o a una sociedad que los fotgrafos
documentalistas logran de alguna manera incorporar en imgenes de gente, lugares y eventos
que son especficos e individuales (cfr. Becker 2002). El planteamiento permite sostener que
la pertinencia sociolgica de la fotografa al menos la de tipo documental parece estar en
que dichas generalizaciones especficas son una prueba de existencia en el dominio de lo real
de lo que nos interesa y estudiamos como cientficos sociales (cfr. Becker 1982 y 2007), esto es,
aquellos vnculos que (de)construimos con ms o menos xito entre subjetividad y estructura.
La generalizacin especfica
Howard Becker estudi las diferencias entre la fotografa de prensa, la artstica y la documen2 La informacin proporcionada permite al lector ubicar la fotografa a travs de Internet.
tal (vase, Becker 1974; 1998 y 2002). Su punto de partida es un inters por establecer cmo el
sistema organizacional del que forman parte cada uno de estos gneros fotogrficos influye en
la definicin y, por tanto, en la lectura que se hace de cada una de ellas. As por ejemplo, una
de las diferencias que identifica entre el fotoperiodismo y el documentalismo es que el primero se ocupa de gente muy especfica que tiene nombre, una direccin, y que juega un rol muy
determinado en una escena noticiosa (vctima, hroe, testigo). Esta personalizacin que hace la
foto de prensa y que es parte de su canon, incita a que el lector de la publicacin se identifique
con una situacin muy precisa de modo que un tema social abstracto queda reducido de alguna
manera, a una experiencia personal que produce algn tipo de emocin que puede ir desde la
sorpresa hasta el odio. Incluso, un fotoperiodismo ms especializado como el de guerra (en sus
mejores versiones) que puede hablar de algo ms universal como la condicin humana puesta
de manifiesto en situaciones extremas, se reduce de acuerdo a Becker en ltima instancia a
buscar no una reaccin intelectual, sino un impacto visual y emotivo tal como Susie Linfield lo
denuncia en el artculo del NYTimes antes citado.
Por su parte, la fotografa artstica o de autor (siempre siguiendo a Becker), estara ms
orientada a causar un efecto visual casi irreflexivo, acudiendo a estereotipos o lugares comunes de modo que sea fcilmente leda por una amplia audiencia. De hecho, en ocasiones, por
medio de la fotografa de arte conocemos profundamente personajes como sucede con el gnero del retrato, pero como espectadores no sabemos nada de las circunstancias que construyeron el inters fotogrfico del autor. As, tanto fotoperiodistas como artistas individualizaran
por las lgicas propias de la organizacin social a la que pertenecen (periodismo, mercado
del arte) temas que son ms generales y complejos. La tarea de incorporar la sociedad en la
imagen (y con ello pensarla y no meramente venderla) parece recaer para Becker en una fotografa ms de tipo documental.
Becker es tambin autor de un amplio anlisis sobre el libro Seventh Men de Berger y
Mohr (para algunos el ms logrado de la dupla), donde escritor y fotgrafo renen una serie de
fuentes alrededor del tema de la migracin europea combinando textos, estadsticas, poesa,
argumentos de la teora crtica y, por supuesto, fotografas (cfr. Berger y Mohr, 2010). Becker se
ocupa del libro en la medida que encuentra en las imgenes capturadas ex profeso, evidencias
para el anlisis sociolgico. Qu quiere decir esto?, sin duda, no se trata de considerar las fotografas como marcas o huellas de una verdad objetiva (la migracin laboral). A lo que Becker
se refiere con evidencia es que las imgenes contribuyen a la credibilidad de un argumento
sociolgico en la medida que incorporan una generalizacin. En otras palabras, las imgenes
fotogrficas del libro de Berger y Mohr son materiales para los estudios sociales cuando configuran casos especficos de un argumento general. Las fotografas aseguran (porque lo muestran) que la historia generalizada, abstracta, llena de teora (i.e. la estructura social, la agencia,
195
la desviacin) realmente existe (como realidad conceptual), del mismo modo que existe esa
gente fotografiada que la representa.
En suma, la generalizacin especfica se refiere a un proceso de representacin fotogrfica
de gente ubicada en un contexto histrico, en unas circunstancias sociales y en una historia
familiar y personal, es decir de gente especfica, pero cuya representacin fotogrfica por s
misma contribuye a un argumento central en la medida en que incorpora no slo una idea (i.e.
lo bueno o lo malo), sino un argumento coherente y conectado (que es siempre ms general y
abstracto). Otra manera de ilustrar esta idea es remitindome a otro libro de los mismos autores. En uno de los captulos de Otra manera de contar (cfr. Berger y Morh, 2007) muestran a travs de 150 fotografas la vida de una campesina ficticia de las montaas de la Alta Saboya. Lo
sorprendente es que no lo hacen echando mano de fotos de archivos o de lbumes familiares,
sino de fotos que han tomado de aqu y de all en la que nosotros como espectadores vemos lo
que esta campesina habra visto, conocemos calles como las que habra transitado, un perro
que habra tenido, las dos guerras que le habra tocado vivir, la ciudad a la que se aventur,
una cocina en la que envejeci. Las imgenes son pues generalizaciones (no objetivaciones) de
un tiempo histrico y de una circunstancia personal que reconocemos (aunque dicha campesina realmente nunca existiera) y que podemos reconstruir emotiva y conceptualmente como
una trayectoria de vida desplegada en toda su ambigedad en la articulacin campo/ciudad;
196
de a pie que necesite responder a la necesidad cada vez ms urgente de dar expresin a su
individualidad (Freund, 2011: 8), sea mediante su trabajo cotidiano, sus luchas polticas o, por
qu no, a travs de la imagen fotogrfica.
Este es el momento de precisar que cuando hablo de una predisposicin sociolgica no
estoy haciendo referencia a la sociologa o al anlisis social como un campo acadmico o un
marco institucional con reglas de pertenencia y exclusin, sino a una predisposicin accesible
a cualquiera de tal manera que es precisamente la objetivacin visual de esta actitud (ya sea
desde las trincheras de los profesionales o de los legos) lo que brinda a la sociologa (ahora s
como campo de especializacin) la oportunidad de discernir sobre el valor de una imagen fotogrfica. En otras palabras, el pensamiento sociolgico no es exclusivo de los socilogos o dems
cientficos sociales, y a la vez, no se refiere nicamente a lo que pasa a nuestro alrededor ya sea
en una dimensin local o en una global. Se trata de una forma de entendernos a nosotros mismos
en relacin con lo que pasa fuera de nuestra subjetividad. Al acuar el trmino en una poca de
extravos de sentido, de excesos de informacin, de prdida de confianza, Wright Mills identific que la gente comn y corriente necesitaba algo para darle sentido a su vida y al rumbo de la
humanidad, algo que la sociologa poda proporcionar. Incluso, que era su deber hacerlo.
Lo que necesitan, y lo que ellos sienten que necesitan, es una cualidad mental que les
ayude a usar la informacin y a desarrollar la razn para conseguir recapitulaciones
lcidas de lo que ocurre en el mundo y de lo que quizs est ocurriendo dentro de
ellos. Y lo que yo me dispongo a sostener es que lo que los periodistas y los sabios,
los artistas y el pblico, los cientficos y los editores esperan de lo que puede llamarse
imaginacin sociolgica, es precisamente esa cualidad. (Mills 2009: 25).
Para Mills la imaginacin sociolgica se afianza en la idea de que slo podemos comprender
nuestra propia experiencia en la medida que la ubiquemos como parte (es decir, como causa
y consecuencia) en un contexto histrico. Todo evento de nuestra biografa personal por ms
nimio que parezca se ubica en la historia. Y, al mismo tiempo, el mero hecho de que vivamos y
que tales hechos insignificantes nos ocurran, contribuye a dar forma a la sociedad y al curso
de su historia. De manera que lo que necesitamos hacer para comprendernos a nosotros mismos y al mundo en que vivimos, es adquirir o potenciar cierta predisposicin por relacionar
constantemente, incansablemente, serenamente, las biografas (personales, institucionales,
globales) con la historia y la relacin entre ambas al interior de un colectivo o una sociedad.
Esa imaginacin es la capacidad de pasar de una perspectiva a otra: de la poltica
a la psicolgica, del examen de una sola familia a la estimacin comparativa de los
197
Lo que sucede o deja de suceder es una oportunidad para hacernos preguntas. Tales preguntas
son viajes de ida y vuelta entra la periferia y el centro, entre lo privado y lo pblico, entre lo
concreto y lo abstracto. Pero ms all, se trata de estrategias metodolgicas que nos permiten
abordar y, en su caso, evaluar la pertinencia sociolgica de las imgenes fotogrficas. Mills
proporciona un listado amplio y desarrollado de las preguntas que (segn l) buenos anlisis
sociales se han hecho. Me he permito adecuarlas y formularlas de manera que sea posible con
ellas llevar a cabo un trabajo de produccin visual o de anlisis sociolgico de imgenes fotogrficas. De modo sucinto las preguntas seran, en qu consiste lo que observo?, qu partes
lo forman?, cmo se relacionan stas entre s? Y, dando un paso a una mayor abstraccin
qu rol juega lo que observo/pienso en el orden o desorden de las cosas?, en qu consiste tal
orden?, siempre fue as y, por tanto debe seguir sindolo, o no lo fue y, por tanto, es posible
198
cambiarlo? Por ltimo, pasando ahora a un nivel mucho ms concreto, quin soy yo y mis
iguales (o los otros) dentro de este orden en esta poca?, qu hace que estemos de acuerdo con
el orden que se nos impone o que disintamos de l?
Si bien, como he dicho, las preguntas que plantea Mills son otras y se refieren a aquellas hechas por buenos estudios sociales, las que propongo tienen la intencin de mostrar cmo es posible incorporar en el da a da una predisposicin por la imaginacin sociolgica de modo que nos
permita hacer y reconocer generalizaciones especficas. No se trata de reservarla para grandes
ocasiones como cuando se emprende una lucha en favor o en contra de alguna causa social, sino
de incorporarla dentro de una prctica rutinaria de observaciones interesadas del mundo.
Polticas de la imagen
Todo lo anterior busca establecer que la imagen como pensamiento implica una disposicin
por develar vnculos que permitan identificar lo general en lo particular. Una imagen resultar
sociolgicamente interesante si su excedente de significacin, es decir, aquello que escapa a la
voluntad del fotgrafo sea lego o profesional nos habla de algo ms all del momento biogrfico que se busc congelar (Bourdieu 2003). Dicho a la inversa, en la imagen como pensamiento
3 Se trata de un parecido que no remite a ningn ser real con el cual se podra comparar una imagen. Es una presencia cualquiera cuya identidad no tiene importancia. El parecido desapropiado forma parte del concepto de imagen
pensativa que Rancire propone como encuentro entre varias indeterminaciones como impronta o encuentro entre
el sujeto, el fotgrafo y nosotros (cfr. Rancire, 2008).
199
la visualidad. Para el crtico de arte chileno Justo Pastor, despus de que las ciencias sociales y
las humanas se convirtieran en simples ciencias de la gobernabilidad, las imgenes son incluso
el nico lugar donde la resistencia social y la crtica poltica son posibles (cfr. Pastor 2010). La
imagen como pensamiento implica aunque parezca una obviedad pensar la imagen, es
decir, sospechar vnculos y visibilizarlos. La visibilizacin es en s misma una categora que es
necesario poner bajo el escrutinio sociolgico pues implica relaciones necesariamente asimtricas (quin visibiliza, para quin, desde qu lugar, cmo y con qu propsitos). Hay pues
muy poco por establecer y mucho por preguntar. En tiempos de hipervisibilizacin, ocularcentrismo y redes sociales, las imgenes continan siendo como en Altamira, un espacio no de
parecido o de duplicidad, sino de bsquedas.
Fuentes de consulta
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200
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201
El etngrafo inscribe discursos sociales, osea lo expresado en el hablar (el noema), lo pone por
escrito, va ms all del hecho de hablar como tal.
A este respecto, abordar el papel que juega o podra jugar el fotorreportaje como modo
de inscribir un discurso social determinado en el campo de la antropologa visual. Para ello tomar como ejemplo el trabajo del fotoperiodista norteamericano Tyrone Turner, el cual se llev
a cabo en los barrios ms pobres de Recife, Brasil. Dicho fotorreportaje lleva el nombre de Glue
203
Kids of Brazil (Nios del Pegamento) y trata de los nios y adolescentes adictos al pegamento
de esta ciudad.
Propongo entender y utilizar la imagen fotogrfica como un dato y una produccin
cultural a la vez que como una tcnica de investigacin por lo sumo legtima para el estudio
antropolgico. De esta manera, la fotografa se valora en tanto portadora de informacin en s
misma, como documento etnogrfico que posibilita estudiar desde el acto de creacin, de difusin e intervencin y de dotacin de sentidos de la fotografa. Pretendo se conciba la fotografa
como representacin visual que est en funcin de la relacin interpersonal que se establece
entre el fotgrafo, lo o los fotografiados, la cmara, el antroplogo (en el caso que este no sea
quien toma las fotografas), la audiencia y la sociedad.
Esta forma de considerar a la fotografa y ms precisamente al fotorreportaje se relaciona
profundamente con el anlisis formal y de contenido de la misma, que aportan al aprendizaje
de mirar a travs de la imagen y de indagar el contexto en el que se produce. En este sentido la
fortaleza de la cmara no radica en la objetividad de la misma como medio, sino en el reconocimiento de nuestra mirada en la imagen y de las miradas de los otros, de las subjetividades y de
los mltiples discursos humanos conversando. Dado que la antropologa no estudia el mundo
de los fenmenos observables, sino que analiza sus representaciones, y en especial la actividad
simblica de la mente humana, creo que la fotografa es por lo sumo legitima para abordar
204
1 Ms all de que el principal objetivo de Turner fue denunciar pblicamente el abandono social que sufren estos
jvenes, su trabajo es ms que valedero para emprender un estudio antropolgico sobre la vida de esta subcultura
brasilea, a la cual se le pueden encontrar numerosos puntos de contacto con otras subculturas latinoamericanas
como ser la registrada por el uruguayo Mario Handler en su pelcula documental Aparte.
205
tas formas que tienen los seres humanos de relacionarse con el mundo.
Una disciplina como la antropologa visual debe pensar la cultura en trminos dinmicos
y no estticos, debe considerar las interacciones e interrelaciones que se dan entre los diferentes actores de la investigacin atendiendo a las trasformaciones del proceso social. Las fotografas deben concebirse como complejos intercambios de ideas y sentimientos, tal como propona
David MacDougall que deba considerarse el filme cinematogrfico. Todo ello conduce a ver al
fotorreportaje de Turner como la inscripcin de una experiencia intersubjetiva, donde no es
posible delimitar con claridad dnde empieza y termina la objetividad y la subjetividad, ya que
el investigador como los participantes de la investigacin se ven afectados y/o transformados
por la experiencia de interaccin cultural. La manera en la que Turner dispone los elementos
en el cuadro con la ayuda de picados y contrapicados, utiliza los claroscuros y las sombras, los
fuera de foco, as como el hecho de presentar su trabajo en blanco y negro, no son gratuitos en
tanto se conjugan en torno a una experiencia y a una interpretacin e intencin de presentar el
discurso que sobre y de estos nios se pretende mostrar. No hay all lastima, sino compromiso,
desesperacin, injusticia y denuncia. Los nios son fotografiados drogndose, compartiendo
estos momentos entre ellos y con sus familias, en espacios tan ntimos como sus casas as como
en lugares pblicos de Recife en la interaccin de estos con el resto de la comunidad.
El significado y la comprensin de una imagen fotogrfica son producto del dilogo que se
206
establece entre dicha imagen y quien la interpreta, teniendo como elemento intermediario el
contexto desde dnde se produce y desde el cual sta se observa. La fotografa como documento visual que comunica un significando determinado (o indeterminado en muchas ocasiones),
expresa una interpretacin de la realidad que es vlida ya que surge del entramado de las
relaciones sociales que se crean al realizar una investigacin, siendo incluso consideradas ms
legtimas que el propio discurso textual.
En la antropologa visual la fotografa se presenta como componente del proceso de
reflexin sobre el contexto, sobre los participantes (investigadores e investigados) y sobre los
acontecimientos que all se suceden, lo cual nos lleva a concebir a la imagen como un instrumento y como un efecto de las diversas expresiones discursivas. La incorporacin de la
fotografa al trabajo de investigacin antropolgica aporta a la complejidad y a la calidad del
mismo ya que con ella se pueden abordar temticas difcilmente accesibles por el plano oral o
escrito, debido a que el vnculo con lo emocional se torna ms fcil a partir de la imagen fotogrfica o de otro tipo de representacin (pintura, dibujos, entre otros).
Finalmente, en cuanto a metodologa se refiere, el trabajo con imgenes suele potenciar y
enriquecer la documentacin escrita. El uso de las nuevas tecnologas (cmaras fotogrficas digitales y cmaras filmadoras digitales) le plantea a la antropologa visual una reformulacin de
su trabajo, dado que conlleva una novedosa manera de recoger datos y con ello nuevos modos
207
Ffuentes de consulta
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Parte 4
210
(p. 42, 45, 47, 49, 116, 227, 236); literatura (p.
52, 93, 94, 101, 161, 165, 196, 224, 226); Didi-
226, 228); cuerpo (p. 19, 21, 23, 25, 27, 31,35,
60, 69, 95, 125, 148, 228, 244); efmero (p. 35,
37, 62, 66, 80, 93, 96, 117, 122, 152, 153, 161,
62, 66, 243, 244); frgil (p. 123, 243, 244); Eco,
(p. 23, 42, 4548, 54, 59, 122, 167, 206, 214,
presencia (p. 35, 37, 41, 44, 48, 49, 168, 183,
(p. 19, 21, 23, 54, 60, 64, 122, 147152, 233235,
249, 250, 253, 255); control (p. 53, 54, 56, 62,
96, 123, 140, 147, 148, 204, 234, 249, 250, 252);
(p. 29, 35, 37, 249, 252); poder (p.19, 21, 23, 25,
27, 29, 31, 35, 37, 41, 54, 71, 73, 79, 89, 123, 125,
52, 62, 90, 94, 122, 160, 198, 223, 241244, 246,
(p. 72, 92, 93, 124, 177, 241244, 246, 252, 253,
254, 255)
211
Y debemos pensar que quizs un da, en otra economa de los cuerpos y los
placeres, ya no se comprender cmo las astucias de la sexualidad, y del poder
que sostiene su dispositivo, lograron someternos a esta austera monarqua del
sexo, hasta el punto de destinarnos a la tarea indefinida de forzar su secreto y
arrancar a esa sombra las confesiones ms verdaderas.
M ichel Foucault
1.
En las ltimas tres dcadas, el dispositivo pornogrfico ha experimentado, gracias a la
emergencia de subgneros como el porno amateur a principios de los aos ochenta, el
gonzo a partir de los aos noventa y el altporn a inicios de la primera dcada del siglo xxi,
una vertiginosa potenciacin de su lgica confesional. Si bien fenmenos dismiles, tanto el
porno amateur, el gonzo y el altporn, funcionan bajo una misma retrica de la autenticidad;
cada uno, a su manera, encarna el cndido deseo de arrebatarle al sexo sus confesiones ms
verdaderas.
En el caso del porno amateur, nos enfrentamos a una estrategia de sustraccin, es decir, la
ausencia de edicin, iluminacin especial, msica incidental, maquillaje, filtros, sets, excusas
argumentales y, lo que es ms importante, de actores profesionales, producir una especie
de grado cero de la representacin pornogrfica, generando una suerte de efecto de lo real,
habitualmente asociado a la representacin de sexo real, entre personas reales, en lugares
reales. En este sentido, el exhibicionismo, lo casero, lo artesanal, lo annimo y lo no comercial,
sern los signos por excelencia del porno amateur. Algo as como una prefiguracin del voto de
castidad de Dogma 95, el porno casero insuflar algo de realismo en el panorama pornogrfico
de los ochenta.
Por su parte, el gonzo, desde 1989 hasta nuestros das, har de esta frmula un producto perfectamente comercializable, producido por profesionales de la industria pornogrfica,
artesanos del pov, quienes, videocmara en mano, llevarn las pretensiones realistas del porno
213
amateur todava ms lejos, gracias a las convenciones representacionales del periodismo gonzo, ahora en clave sexualmente explcita. Pioneros como Ed Powers, John Stagliano y Seymore
Butts, producirn representaciones que juegan con lo inmediato y lo inmersivo, a partir del
uso y abuso de los primeros planos, las tomas sin cortes, el plano subjetivo y la narracin en
primera persona.
Ms all de estos aspectos formales que hacen del gonzo una codificacin pornogrfica
fcilmente identificable, brutalmente transparente y de una legibilidad aparentemente absoluta valdra la pena mencionar algunos tropos que puntan esta retrica de la autenticidad. Esta
obsesin por lo real, heredada del porno amateur, ha llevado al gonzo a ampliar su repertorio
e incluir prcticas sexuales no muy frecuentes o habituales en la pornografa mainstream
(extreme anal, fisting, gagging, enemas, vomiting, urination). Ante las dificultades escpicas
para capturar de manera verosmil el placer de las actrices, se ha optado por algo mucho ms
sencillo: el registro de prcticas extremas y sus efectos en el cuerpo femenino.
Pareciera que algunos directores, siguiendo los pasos del infame Max Hardcore, han
tirado la toalla a la hora de intentar representar el orgasmo femenino, sustituyndolo, metonmicamente, por una serie de intensidades que recorren los cuerpos y producen reacciones
fisiolgicas fcilmente registrables en video, al menos, en trminos topolgicos e hidrulicos:
dilataciones, sofocamientos, arcadas, vmitos, lgrimas Todo esto aderezado con cierta dosis
214
2.
Los sets fotogrficos del sitio electrnico Suicide Girls se ubican, estlisticamente hablando, en
lo que podramos llamar retomando la expresin de Dian Hanson la nueva fotografa ertica.
215
En este sentido, sus imgenes estn ms cerca del erotismo que de la pornografa, o bien, ms
cercanas al softcore o porno suave que al hardcore. Es decir, las fotografas se enmarcan en los
cdigos representacionales del desnudo, iteraciones de las poses y encuadres clsicos de las
formas ms convencionales de representacin del cuerpo femenino. En general, las modelos
posan en solitario y la digesis de las series recorre un proceso progresivo de desnudamiento, a la manera de un striptease o un espectculo de burlesque. Por otra parte, la desnudez es
casi siempre parcial y los desnudos totales evitan religiosamente los beaver shots o, dios no lo
quiera, el split beaver, inscribindose, de esta forma, en el terreno polticamente correcto de la
fotografa pin-up, sometida a un nostlgico reciclaje posmoderno.
Las alusiones a los placeres solitarios son recurrentes, sin embargo, las representaciones del auto-erotismo femenino no van ms all de los lugares comunes a los que nos tiene
acostumbrados la fotografa ertica. En el caso de series que incluyen dos o ms modelos, las
alusiones sficas son casi la norma, pero se limitan a la puesta en escena de prcticas erticas
confinadas al histrionismo de las lipstick lesbians, besos, abrazos y caricias bajo la modalidad
del sexo simulado. Por otra parte, las prcticas heterosexuales brillan por su ausencia, este
gineceo pornoutpico no tolera, en su espacio representacional, la presencia masculina.
En este sentido, la elipsis de cualquier referencia a los nmeros sexuales caractersticos
de la discursividad pornogrfica, paralela a un elegante tratamiento de la desnudez femenina,
216
otorga al sitio un aura de artisticidad poco frecuente al interior de la industria del entretenimiento para adultos, convirtindolo en una suerte de versin hipster de la fotografa licenciosa
del siglo xix. Un snobismo pornogrfico que, ms que proponer una alternativa ante sus versiones ms extremas, recicla sus victorianos orgenes fotogrficos, aderezndolos con modificaciones corporales, buen gusto y buenos modales.
Parafraseando a McLuhan, el tatuaje es el masaje, el pornograma por excelencia del
universo escpico del porno alternativo. Es decir, si los subgneros del porno responden a la
iteracin obsesiva de una prctica sexual o parafilia en la determinacin de los lmites de su
universo discursivo, pareciera que el altporn prescinde alegremente de lo sexual, haciendo de la
modificacin corporal la zona ergena por excelencia, la fuente de todo placer visual, bajo una
lgica de la distincin que es, ms que nada, una cuestin de piel, de ornamentacin corporal.
Esta desnudez segunda puntuada por tinta, metal y tintes de cabello es modelada, dcilmente, a partir de la actualizacin de una reserva de gestos, poses y posturas provenientes
de las convenciones representacionales del pin-up y de la fotografa cheesecake. El aggiornamento alternativo de estas formas fuertemente codificadas de imaginera ertica se remonta,
al menos, a la fotogenia de Bettie Page durante la dcada de los aos cincuenta, as como a su
renacimiento, como objeto de culto, de la mano de figuras como Dita Von Teese, desde inicios de los aos noventa. Esta sensibilidad retro y salvajemente citacional parece dejar poco
3.
Las propuestas cinematogrficas de los porngrafos Jack the Zipper y Andrew Blake constituyen un buen punto de partida a la hora de intentar visualizar las potencialidades de una pornografa de otro modo. A pesar de sus diferencias, ambos directores comparten, adems de una
amistad, una misma fascinacin por la experimentacin formal, sus pelculas, pornogrficas
por donde se las mire, insuflan, sin embargo, una bocanada de aire fresco en nuestros viciados
placeres escpicos, constituyendo, quizs, la prefiguracin de inditas estrategias representacionales, esbozando, tal vez, las condiciones de posibilidad para la emergencia de nuevas lneas
217
(2009) y Sex Dolls (2010), por nombrar algunas. Mismas que podran leerse, tambin, como expresiones de esta esttica alternativa, muy en sintona con las estrategias metapornogrficas,
preciosistas y estetizantes, del fotgrafo Tony Ward, en particular, aquellas publicadas en sus
libros Orgasm y Orgasm XL, de 2000 y de 2002, respectivamente.
Obviamente, esta suerte de enmarcado de la esttica alternativa, a partir de un puado de
porngrafos y algunas prcticas significantes que podemos asociar a ellos, no sera posible sin
la puesta en marcha, en su sentido foucaultiano, de la funcin autor, sin los efectos de sentido
propios de lo que podramos llamar estilo. Quiz, la pornografa alternativa, tal como hoy la
conocemos, no sea ms que una coartada terica que nos permitir cartografiar, en un futuro
no muy lejano, el espacio visual de un nuevo subgnero pornogrfico probablemente mucho
ms interesante, gracias a su carcter perifrico y subversivamente oximornico: la pornografa de autor.
Fuentes de consulta
219
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La investigacin en torno al tema del onanismo es escasa, se encuentra mayormente concentrada en estudios de psicologa que abordan el tema como uno ms en la agenda de la salud sexual
contempornea. Pocos estudios vinculan a la masturbacin, como nocin histrica y culturalmente localizable, con la imagen y con las formaciones de la fantasa subjetiva. Ciertamente el
psicoanlisis ha sido el acercamiento ms coherente al tema de la masturbacin, pues ha podido sealar que dicha prctica est fundada en la creacin subjetiva de una fantasa. Freud, en
su ensayo Pegan a un nio (1919), advirti la estructura general de dicha fantasa. Es necesario
repasar brevemente esa estructura antes de poner a la fantasa masturbatoria en dilogo con el
problema de la imagen. Freud se propone analizar la fantasa Pegan a un nio; se trata de una
frase-imagen que sus pacientes confesaban avergonzados. Dicha fantasa de golpiza incorpora
de forma implcita, es decir, inconsciente, dos fases previas y consecutivas entre s: El padre
pega a un nio y Yo soy azotado por el padre, al respecto, Freud afirma:
Este ser-azotado es ahora una conjuncin de conciencia de culpa y erotismo; no es
slo el castigo por la referencia genital prohibida, sino tambin su sustituto regresivo,
y a partir de esta ltima fuente recibe la excitacin libidinosa que desde ese momento
se le adherir y hallar descarga en actos onanistas. (Freud, 2010: 186)
De esta forma, el onanismo para el psicoanlisis est anudado con las pulsiones fundamentales
que estructuran a la subjetividad: el deseo incestuoso, la culpa y el erotismo. Por ello, cualquier
abordaje del onanismo debe reconocer que es una prctica que da cuenta de algo esencial del
sujeto y, en consecuencia, que la serie de imgenes que conforman la fantasa onanista tambin
suponen un componente inconsciente.
223
En lo que sigue har un breve recorrido por la historia cultural de onanismo, de su origen
y sus relaciones con la modernidad, la transformacin de la familia burguesa y de cmo se
relaciona con el ejercicio literario. Para despus indagar en el fundamento psquico de dicha
prctica y sus relaciones con la subjetividad en tanto prctica generadora de imgenes, ello me
permitir aportar una aproximacin a la definicin de imagen en el onanismo.
Chaqueta, paja, cinco contra el calvo, manuela, chambrita, jalarle el cuello al ganso, los
placeres de la oca, pueta, apualarse la ingle, darle al manubrio, afinarse el violn, sacarle
el veneno a la serpiente, hacerse justicia por propia mano, jalrsela, chaira, estrujar el salami, hacerse una carlotita, lavar a mano, pulirle el casco al soldadito, sexo solitario. Todas son
formas populares para caracterizar la masturbacin masculina y enfatizar lo vergonzoso de
su ejercicio. La masturbacin ha sido categorizada culturalmente como un pecado, un crimen,
una enfermedad y, hoy en da, una prctica de libertad sexual que ha permitido a los sujetos
explorar su cuerpo para reconocerse en l. Sin embargo, la masturbacin como concepto,
definido formalmente por la ciencia, fue introducido en la cultura hasta el siglo xviii bajo la
nocin de onanismo como una anomala anmica con consecuencias fsicas atroces. En su
investigacin Thomas W. Laqueur muestra cmo el nacimiento de este neologismo ocurre,
por un lado, en el marco de la transformacin social de la modernidad que impuso el modelo
de familia burguesa y, por otro, en medio de la incipiente cultura popular impresa del siglo
224
XVIII ingls (Laqueur, 2007: 27), en medio del desarrollo de una creciente industria farmacutica que vena convenientemente acompaada de pequeos libros que advertan, bajo un
lenguaje aparentemente cientfico, respecto de ciertos males, su sintomatologa y el tratamiento a seguir. Por lo dems, resulta interesante que este gnero de textos mdicos (con toques
pornogrficos), dedicara buena parte de sus pginas al relato de las terribles enfermedades del
comercio con uno mismo.
Esto ltimo es fundamental, pues occidente ha centrado su atencin en la descripcin del
vicio de la masturbacin, particularmente porque se trata de una prctica en solitario que
atenta contra la naciente sociedad moderna y aqu es necesario precisar una contradiccin:
la modernidad se inaugura gracias a la proclama de lo ntimo, a la reivindicacin de la vida
privada que coloca al individuo en el centro de sus preocupaciones y de las fuerzas sociales
en construccin; simultneamente, este acento en la vida privada mira con malos ojos a la
masturbacin justamente por ser de las formas ntimas la menos accesible a las pedagogas y
la higiene mdica que intentaban garantizar un tipo moralmente correcto de intimidad. Michel
Foucault dedicar una buena parte de su investigacin a la comprensin del fenmeno moderno de la produccin de saberes sobre el cuerpo y el alma que permitirn una serie de tecnologas de poder.
En ese sentido, no es extrao que el sexo solitario se definiera como causa universal de to-
das las patologas, en su tratado mdico Samuel-Auguste Tissot (1760), antloga toda una serie
de sntoma asociados a la masturbacin; una conclusin inmediata es que todas las enfermedades y sntomas estaban ligados en mayor o menor medida al vicio onanista. Quiero citar uno de
los testimonios que aparecen en el texto de Tissot:
Me estoy consumiendo por la prdida casi continua de esperma: mi rostro est casi
cadavrico, por lo plido y plomizo que resulta. La debilidad de mi cuerpo provoca
que mis movimientos sean cada vez ms dificultosos []. Mis digestiones son tan
defectuosas que presentan el mismo aspecto que tenan al introducirlos al estmago.
(Tissot, 2003: 46)
Tissot pone especial nfasis en lo perjudicial que resulta la masturbacin para el intelecto, a
lo largo de su libro hay frases sembradas que afirman el peligro de la imaginacin a que estn
sometidos los enfermos de onanismo. La justificacin es expuesta en uno de los captulos de su
texto, y se debe a las teoras de Hipcrates, Demcrito y Galeno, extendidas por toda Europa,
que afirman que el cuerpo, y principalmente la cabeza, producan un lquido vital que eventualmente se transforma en semen, por lo que un uso perjudicial de dicho lquido no puede
ms que repercutir en un debilitamiento generalizado y, fundamentalmente, del intelecto. Pero
adems, y este es el punto al que quiero llegar, el vicio de la masturbacin est fuertemente
ligado al uso (perjudicial) de la imaginacin:
Pero es tal el grado de organizacin de las partes genitales, que su actividad y los
deseos que la acompaan se ponen en funcionamiento no slo por la presencia de
un humor seminal sobre abundante sino tambin por la imaginacin, pues influye
enormemente sobre esas partes. Si se concentra en los deseos, la imaginacin puede
ponerlos en un estado que los provoca realmente, y entonces tal deseo conduce al acto,
el cual es tanto o ms pernicioso cuanto menos necesario sea. (Tissot, 2003: 83-84)
225
para nuestro placer. Cuntas veces nuestra imagen habr servido a los oficios imaginativos
de algn masturbador, cuantas veces la imagen de nuestro rostro, de nuestro cuerpo, cuantas
veces nuestro nombre habr servido como artificio del placer de un otro insospechado? Esa
imagen reproducida y convertida en ficcin, en narratividad devela la sustancia de la creacin
esttica: la invencin para el puro placer sexual ya en la masturbacin, para el placer de la
venganza en la imagen de los celos y del odio, para el puro placer de mirar en el artista anonadado con el mundo. Una primera conclusin por ahora: nuestra imagen no nos pertenece,
no es robada y refigurada o para decirlo de otra forma, no es a nosotros a quien ama nuestro
amante, es a nuestra imagen robada y trabajada por la imaginacin a quien besa cuando nos
besa, Lacan dir: amar es dar lo que no se tiene a quien no es.
En ese sentido, el comentario de Derrida a propsito del fantaseo en Rousseau muestra las
funestas consecuencias de la imagen que pueden entreverse desde ahora: Y es precisamente
de lo imaginario que se trata. El suplemento que engaa a la naturaleza [...] Ahora bien, ese
peligro es el de la imagen, el onanismo anuncia la ruina de la vitalidad a partir de la seduccin
imaginativa (Derrida, 2005: 192-193).
Es claro que Derrida se refiere a la oposicin escritura/habla que desarrolla en De la
gramatologia y la lleva a la oposicin naturaleza/imaginacin para mostrar que la cosa de la
naturaleza, lo real, no puede ser deseada por s misma, requiere del tamiz de la imaginacin.
Y afirma que si el goce sin el suplemento de la imaginacin fuera posible, sera mortfero.1
Para decirlo de otro modo, el objeto que deseamos es inaccesible a nosotros, no sabemos
qu deseamos, slo sabemos que deseamos algo, lo sabemos porque su imagen nos acosa, se
impone en nosotros bajo la forma de la fantasa. Es en ese sentido que debemos comprender el
comentario de Derrida, por eso la muerte subyace a toda fantasa. La muerte sera ese objeto
real, imposible de conocer. De esta forma es factible hacer un pasaje de la imagen a la fantasa,
que me permitir platear una segunda conclusin: la imagen es visible porque es sostenida por
una fantasa. Revisemos esta idea, digo que la imagen es visible porque parto de la idea de que
la visibilidad se fundamenta en el deseo, por lo que no todas las imgenes son visibles; de esta
manera, la fantasa hace visible lo invisible de las cosas reales pues las inscribe en una lgica,
en una sintaxis, que sera la del deseo.
Cuando se trata de lo sexual, la fantasa hace posible justamente la concrecin del deseo,
en el acto sexual. Zizek, en El acoso de las fantasas, plantea de qu manera la fantasa sostiene
a la ideologa y sus modificaciones, explora los modos en que la fantasa sostiene el deseo en
tanto el objeto de deseo se mantiene lejos, en la medida en que no es accesible, afirma que: el
contacto con otra persona real, de carne y hueso, que sentimos al tocar a otro ser humano, no
es algo evidente, sino intrnsecamente traumtico, que slo cabe sostener en la medida en que
ese otro entra en el marco de la fantasa del sujeto (Zizek, 2012: 75).
Como he indicado antes, la mediacin de la imagen o de la fantasa hace posible el amor
y el acto sexual, pero ni siquiera con esa mediacin la angustia del sexo queda desalojada. En
el caso de la masturbacin el sentimiento de culpa aparece como residuo de esa insatisfaccin
intrnseca al sexo; Zizek muestra cmo en No amars de Kieslowski y en Hamlet la cercana
del objeto deseado, en este caso la mujer, materializa lo que la fantasa haba recreado y, por lo
tanto, el deseo se sustrae de la persona real. Uno se da cuenta que no es a l a quien uno desea,
sino a esa versin del otro que mi fantasa ha creado. El problema afirma Zizek, desde luego,
es que, para que la sexualidad funcione con normalidad, necesita una mnima sntesis de imaginacin capaz de (re)crear su objeto (Zizek, 2012: 75).
En Ninfomana de Lars von Trier, Joe, enamorada de Jerome, decide no tener sexo con l,
le niega el placer que vive con otros. Jerome escapa con su secretaria y deja a Joe abandonada
y enamorada. Es as que conocemos el mtodo del rompecabezas a partir del cual recrea la
presencia de Jerome desde la configuracin de su propio deseo.
Como lo explica el psicoanlisis, el objeto lejano y, por eso mismo, deseado, al acercarse
pierde la potencia (virtualidad) que el deseo le haba dotado. Jerome regresa y Joe, que le ha
1 Pues esa presencia, a la vez, es deseada y temida, el suplemento transgrede y a la vez respeta lo prohibido. [] El
goce mismo, sin smbolo ni supletivo, el que nos acodara (con) la presencia misma, si algo semejante fuera posible,
no sera sino otro nombre de la muerte. (Derrida, 198)
227
pedido en un arranque sexual que llene todos sus agujeros, despus de un tiempo deja de sentir. Como si el develamiento de la persona real inhibiera el deseo. El pedido de Joe, que Jerome
llene todos sus agujeros, es imposible y esa imposibilidad no puede disfrazarse con fantasas,
pues no tiene imagen. Ese es el drama de la protagonista de Ninfomana, atrapada en la repeticin incesante de la bsqueda del deseo colmado.
Pero qu es lo que se muestra en la fantasa onanista?, de qu estn hechas esas imgenes? Ya sabemos que son robadas a la persona real, o sea que no se trata del otro.
Sabemos que la fantasa onanista dejar ver que en el encuentro con la pareja sexual es
necesaria la mediacin de una fantasa que haga tolerable lo insoportable del sexo. Y la imagen
que produce la fantasa onanista en su narrativa ertica es, para decirlo con Freud, una serie
de subrogados de uno mismo y de sus relaciones con su objeto causa de deseo. Para decirlo de
otro modo, esa fantasa es una suerte de historia de uno mismo donde uno ensaya de formas
mltiples y superpuestas los acercamientos a aquello que enciende el deseo, que lo hace arder.
Aqu quisiera tomar prestada esta nocin de Didi-Huberman que, si bien, remite a las tesis de
historia de Walter Benjamin y la historicidad que subyace en la interpretacin de Aby Warbug
en Atlas Mnemosine; considero que es posible desplazarla al problema singular de la configuracin de la imagen en el onanismo. Igual que en Warbug las imgenes en la fantasa onanistas
son anacrnicas, se ordenan en la lgica del deseo y no de la temporalidad social. Todas ellas
228
recubren una cosa: el modo en que cada uno de nosotros concibe su relacin con el mundo, con
uno mismo y con la imagen del otro. De suerte que ese palimpsesto, esa superposicin, eso a lo
que Lacan llama el fantasma, es lo que verdaderamente concebimos como realidad.
Para concluir, la imagen que el onanismo nos deja ver est impregnada por el deseo, por el
deseo particular del sujeto y su estructura es una fantasa que provee al sujeto de una mediacin con lo real del sexo. Esa fantasa convierte al sexo en placer, por ello el placer no es un
atributo natural, sino cultural, yo dira que ficcional, en el sentido que slo es posible por la capacidad de figuracin o de fantaseo del sujeto. Por eso mismo, la imagen que me importa configurar en esta presentacin es una creacin subjetiva, que encuentra en el cuerpo la verdadera
consecuencia de su potencia. La imagen entonces, es ese palimpsesto visible que encubre lo
invisible. Y este es mi intento de configurar a la imagen como una forma de conocimiento que
nunca se devela completamente, tal y como lo afirma Didi-Huberman: la imagen es sntoma; es
decir una interrupcin en el saber. Y en el onanismo ese conocimiento es subjetivo, es decir, un
saber descentrado y mltiple, como la imagen misma.
Fuentes de consulta
Derrida, J. (2005) De la gramatologa, Mxico:
Siglo xxi.
Didi-Huberman, G. (2012), Arde la imagen,
Mxico: Ocano.
Foucault, M. (2000) Los anormales, Buenos
Aires: Fondo de Cultura Econmica.
Freud S. (2010) Pegan a un nio, Obras
completas, tomo xvii, Buenos aires:
Amorrortu.
Laqueur, Thomas W. (2007) Sexo Solitario.
Una historia cultural de la
masturbacin, Buenos Aires: Fondo
de Cultura Econmica.
Rousseau, J. (2008) Confesiones, Madrid:
Alianza.
Tissot, A. (2003), Onanismo, Madrid:
Asociacin espaola de psiquiatra.
Zizek, S. (2012) El acoso de las fantasas,
Madrid: Akal.
229
Pensemos la tecnologa como medio de exploracin detallada y excesiva del cuerpo, como un
proceso de develamiento y exteriorizacin de su materia, rganos, fluidos, carne, excrecencias. La representacin de la herida y la produccin de la enfermedad en los medios visuales
se presentan como relatos minuciosos, excursiones corpreas, que permiten desde la fragmentacin de los cuerpos un acercamiento a lo real que viene del efecto que dichas representaciones generan. As, la tecnologa, ms que una forma de volver ausente lo corpreo, parece
aproximarnos a la realidad de su presencia. En este sentido, los mecanismos de representacin
tecnolgica gozan de una cualidad efectista en tanto posibilidad de cercana al cuerpo. Existe,
en los dispositivos tecnolgicos, una reaparicin de la puesta en escena del cuerpo, enmarcando, desde diversas prcticas artstico-culturales, una cuidadosa visin de la presencia, la
cancelacin y la penetrabilidad del cuerpo. Desde estas diversas prcticas quisiera recuperar
la distincin entre tres imaginarios en torno a la relacin cuerpo-tecnologa y una sugerente
participacin de lo corporal en las mismas. Desde una irrelevancia o innecesaria participacin
del cuerpo y una biologa insuficiente a una necesaria presencia de lo corporal para producir
un cuerpo nuevo.
El primer imaginario al que quisiera hacer referencia, tendr que ver con los cuerpos
mediatizados. Estos cuerpos presentes slo en espacios virtuales que se relacionan a partir de
su distanciamiento, relaciones que nos remiten a una corporalidad no slo ausente, sino innecesaria. La inmediatez con la que estos cuerpos se comunican actualmente tiende a la sustitucin de una respuesta comunicativa por una simple reaccin a la instantaneidad. La presencia
de los cuerpos ya no tiene nada que ver con la fsica de los mismos, estar cerca del otro no es
distinguirnos en tanto materia el uno del otro. Los encuentros se reducen al ruido del teclado,
231
los gestos faciales a abstracciones. Somos aquello que precede de la cinetosis, secuelas del
accidente generado por la aceleracin de la tecnologa, del mal de los transportes rpidos al
mal de las transmisiones instantneas, que nos convierte en minusvlidos motores y videntesviajeros (Virilio, 1999: 77). Hablamos de una desaparicin del cuerpo por la aparicin de
una excesiva cercana. Proximidad meditica, al decir de Paul Virilio, hablando de presencias
inmediatas. Donde cualquier cualidad del sujeto es posible a distancia. Hablamos de sujetos
que se fragmentan, que se mueven separados de sus extremidades, que se emocionan racionalmente y se desahogan en un click. Si es posible que las acciones de los cuerpos se dividan y se
vuelvan independientes la una de la otra:
[] surge la posibilidad inaudita de un brusco desdoblamiento de la personalidad del
sujeto que ya no podra dejar intacta durante mucho tiempo la imagen del cuerpo,
dicho de otra manera la PROPIOCEPCION del individuo Tarde o temprano, esta
ntima percepcin de la masa ponderal perder toda evidencia concreta, liquidando al
mismo tiempo la clsica distincin entre el adentro y el afuera. (Virilio, 1993: 116).
Esta prdida del cuerpo en la cibercultura, no slo demuestra que el clsico dualismo cuerpo/
espritu no ha sido resuelto, sino que se discute un dualismo que tiene que ver ahora con la f232
sica de los cuerpos: cuerpo/mente. Ya no es slo pensar la disolucin del cuerpo, interior y exterior siendo la misma cosa, sino pensar que no se requiere de la relacin ntima con los cuerpos
para exteriorizarlos y es el cuerpo el que ahora aprisiona la inteligencia del sujeto. Se regresa a
la condena del cuerpo, a la hostilidad que resulta de un pensamiento que insiste en su separacin. La carne como fuente de corrupcin, el cuerpo como prisin del alma. Ahora, el cuerpo
como lmite de la mente. David Cronenberg, advierte que gran parte del pensamiento filosfico
gira alrededor de esta compleja dualidad y visin de la corporalidad separada de la mente.
Segn el director, El fundamento del horror, y de la dificultad de la vida en general, se basa
en que no podemos llegar a comprender cmo es que podemos morir. Por qu debe morir una
mente sana slo porque su cuerpo est enfermo? (Cronenberg citado en Dery, 1998: 20).
La cibercultura, en este sentido, no desconoce que existe o se genera de manera accidentada un sentimiento de incorporeidad que no slo se expresa en sus necesidades tecnolgicas,
sino que es notado constantemente en la irrelevante e innecesaria existencia de los cuerpos
para el desarrollo tecnolgico. No se piensa en ellos, se producen constantemente espacios
y necesidades que demuestren que es ms efectiva la independizacin de nuestra fisionoma.
Pues, evidentemente, estoy separada de mi cuerpo y del otro en espacios virtuales. Para
qu el cuerpo si est en desuso? Este sentimiento de incorporeidad, de lejana con los cuerpos, vuelve ms hostil el hecho de que tanto la mente como la materia conviven en el mismo
espacio. Se genera, al decir de Mark Dery []un odio al cuerpo, una combinacin de desconfianza y desprecio hacia la incmoda carne, que representa el factor limitante en los mbitos
tecnolgicos (Dery, 1998: 260). Es cuerpo, el odio, el desprecio a la carne, el repudio de sus
interiores y salidas. Es en ocasiones, incluso, vergenza, angustia o rechazo. Se pregunta
Bruce Mazlish: Quin no ha sentido a veces el hedor del cuerpo y el deseo de librarse de
l?, quin no ha sentido repulsin ante la degradante necesidad de evacuar los intestinos, y
quiz incluso del sexo? (citado en Dery, 1998: 260). Sabemos entonces, desde siempre, lo que
suscita el cuerpo. Que no nos sorprenda ahora la torpeza que frente a la tecnologa los cuerpos
demuestran. Pero, en este sentido, la verdadera incomodidad de ser cuerpos es que, a la par
que la tecnologa crece, estos cuerpos estorban ms. La capacidad de ser un cuerpo se limita
por tener un cuerpo, dice Stelarc al recordar la distincin hecha por J.P Berger entre ser un
cuerpo y tener un cuerpo (Stelarc, 1998: 117).
As, condenados y privados del uso de nuestros cuerpos, avanzamos ahora como
incapacitados a la obsesiva mutilacin tecnolgica. El segundo imaginario tendr que ver con
una suerte de domesticacin de los cuerpos. Cuerpos ornamentados que se vuelven cuerpos
adaptables a la tecno-cultura. Repensar estos cuerpos insuficientes, cuerpos extendidos
que en su extensin se exhiben como obsoletos y necesitados de intervenciones. Esta
insuficiencia nos lleva [] a la intrusin intraorgnica de la tcnica y sus micromquinas en
el seno de lo viviente (Virilio, 1993: 110). Sabemos que es comn pensar en la cibercultura
formas de desaparecer la corporalidad para darle entrada inmediata al artificio del cuerpo.
Sin embargo, consideremos que lo que en realidad existe es una accin de sobreponer en el
cuerpo, de aadir al cuerpo, de incorporar; e incorporar al cuerpo aditamentos extraos,
en tanto rediseos de los mismos, no es ms que una especie de ocultamiento del cuerpo, lo
que hay entonces, son cuerpos clausurados por la tecnologa. De la incorporacin al efecto de
incorporeidad. Y si bien, basndonos en que para muchos la lgica del cuerpo est en la carne,
algunos quisiramos pensar que la mquina que deviene de la carne pudiera ser una expresin
del propio cuerpo que ha cedido a dejarse en su desvanecimiento. Sabemos que en realidad
estamos siendo llevados a incorporarnos, por tanto, corporalizarnos en la tecnologa por una
necesidad de seguir siendo cuerpos presentes. Sin embargo, el cuerpo no debiera pensarse
como el lmite de esos cuerpos otros como no lo es en la gentica, la evolucin que se busca
de los propios cuerpos debera darse en ellos y el fastidio de su imposibilidad de evolucin
termina produciendo no cuerpos. Pues ya no hablamos de un sentimiento de incorporeidad,
sino de una necesidad de ya no ser este cuerpo insuficiente.
[] la carne del hombre encarna su parte maldita, que innumerables dominios de
la tecnologa pretenden felizmente remodelar, inmaterializar transformar en
233
mecanismo controlables para librar al hombre del molesto peso en el que maduran
la fragilidad y la muerte. Para remediar la desgracia de estar hecho de carne, el
cuerpo es disociado del hombre que encarna y concebido como un en s. Es sometido
a innumerables subterfugios para escapar a su precariedad, a sus lmites, para
controlar esta parte inaprensible, para alcanzar una pureza tcnica. Tentacin
demirgica de corregirlo, de modificarlo, ante la imposibilidad de hacer de l una
mquina realmente impecable. (Le Breton, 2007: 20).
descripcin que viene de su imperfeccin por la precariedad de lo que lo forma, debilidad emotiva y sensorial, enfermedad, dolor y muerte. Si hay entonces un futuro del cuerpo, este tiene
que ver especficamente con su desaparicin bajo la idea de reconstruccin.
As, en el mbito de lo artstico nos hemos encontrado con las constantemente propuestas
citadas de extensin de los cuerpos en Stelarc. Quien a diferencia de propuestas como las de
Marcel L Antunez que desde la tecnologa se produce una mquina experimental, desorganizada y en potencia, para recordar a Deleuze; desde la radicalidad de un pensamiento que
confronta la reconstruccin de la corporalidad Stelarc declara la obsolescencia de los cuerpos.
El artista piensa que el cuerpo no puede hacer frente a la potencia tecnolgica debido a que
biolgicamente no est equipado para hacer frente a este nuevo entorno. De esta forma, piensa
el cuerpo, sobretodo como una estructura frecuentemente disfuncional, susceptible y con escasos parmetros de supervivencia. El artista propone potencializar los cuerpos, redisendolos
modularmente con un sistema inmunolgico hiperactivo que no haga difcil el remplazo de los
rganos disfuncionales, alejando al cuerpo de la mortalidad por la facilidad del intercambio y
sustitucin de partes. De esta forma, piensa en cuerpos ms accesibles y longevos, porque (p)
rolongar la vida ya no significa existir sino ser operativos (Stelarc, 2007: 120).
As, como desde las propuestas de Stelarc, Paul Virlio encuentra en este cuerpo posevolucionista una caricatura del superhombre nietszcheano, yo encuentro, desde la enfermedad
-pues
sabemos que las prtesis utilizadas para la reconstruccin y regulacin de los cuerpos, en
ocasiones, ms all de un rechazo, generan infecciones ya sea por contaminacin intraoperatoria o hematgena- lo que vemos en esta propuesta en relacin con las consecuencias de estas
intervenciones mdicas es an ms perturbador.
Referida como metalosis maligna, Floris Kaayk imagina una enfermedad altamente destructiva con relacin en la tecnologa. Es debido a la streptococcus metalomaligna, nombre
pseudocientfico de la bacteria atacante de las prtesis, que se genera un inquietante efecto en
el cuerpo. Lo que vemos en la propuesta del cineasta es una verdadera colonizacin tecnolgi-
235
ca. La prtesis se propaga, al ser invadida por la bacteria. Tan vivo como cualquier rgano, el
metal est posibilitado de crecer invadiendo al cuerpo. Se produce una especie de ramificacin
del metal que sale y remplaza la carne. La deteccin de la infeccin suele ser muy parecida a
cualquier infeccin necrotizante. La piel suele mostrar una progresiva irritacin, seguida de lo
que pareciera hinchazn o inflamacin del rea. Pero ms all de una necrosis, en la siguiente fase de la enfermedad, el metal penetra la piel y comienza su salida del cuerpo despareciendo
completamente secciones de ste para ser remplazado por el metal.
Recordando a Jean-Luc Nancy, es posible negar un carcter intrusivo a todo rgano o extremidad artificial por su derecho de residente en el cuerpo. Pienso ahora, desde esta propuesta, que al fungir como parsito no es slo nuevamente intruso, sino invasivo. De esta forma
me parece seductora la idea de imaginar un cuerpo que enfrenta la asepsia de la tecnologa
con la contaminacin tecnolgica. Floris Kaayk ha escenificado la fagocitacin de Marvin
Minsky, quien dice, dentro de un horizonte de sustitucin, que: [] el espesor de nuestra masa
ponderal se dilata a semejanza de la masa csmica, para dejar lugar a un nuevo equipamiento
posindustrial, pero sobre todo posevolutivo (Minsky citado en Virilio, 1993: 122). Contrariando as, la idea sobre la carne en Artaud, donde la podramos pensar como rgano colonizador
del cuerpo.
Ya hablaba Paul Virilio de una especie de enfermedad tecnolgica en tanto adicciones del
236
sujeto apegado a la tecnologa, de los [] drogados por la redes de los mltiples medios de comunicacin, las net- yonkis, los webadictos y otros ciberpunks afectados por la enfermedad iad
(Internet Addiction Disorder), y cuya memoria se convierte en un baturrillo, un vertedero lleno
de una pila de imgenes de toda procedencia, de smbolos usados, amontonados no importa
cmo y en mal estado (Virilio, 1999: 77). Desde aqu consideremos la evolucin de los cuerpos
por la enfermedad. En las distinciones que hace Paul Virilio, nos enfrentamos a la experiencia
inmaterial del padecimiento en tanto virtualidad de los cuerpos. Una adiccin que surge de
una suerte de posibilidad de economa del cuerpo. En donde la corporalidad es slo irrelevante
o innecesaria. Lo que prima en este primer imaginario es la idea de que: La realidad como
fuerza antes que como idea oficiante de la representacin [] (Lerardo, 2005: 14). Durante su
estancia en la psiquiatra del frmaco y el electroshock (Lerardo, 2005: 14), Antonin Artaud desarrolla una visin de la enfermedad que no slo se condena en su encuentros con la
medicina y la liquidacin del opio, sino que viene de la inmaterialidad y la fragmentacin de los
cuerpos. Pero en un mejor sentido, Artaud intuye otra corporalidad desde esta fragmentacin,
que no tendra nada que ver con un intento de cancelacin o clausura del cuerpo.
Declara que un cuerpo en su adormecimiento habitual se fragmenta en distintas funciones. La biologa corprea se fragmenta, se agota en la inmediatez de una funcin o tarea
especfica. Slo al descender a un cuerpo como totalidad sensorial, libre de toda divisin o
fragmentacin, puede acontecer el cuerpo nuevo [] (Lerardo, 2005: 20). Pienso la enfermedad
como esta totalidad de los cuerpos, como posiblemente lo hara Artaud desde su esquizofrenia.
Ms all de la inmaterialidad de la enfermedad, Floris Kaayk piensa en un virus que parasita
al cuerpo, cuerpo totalizado por la enfermedad. As, retomando del proceso evolutivo de los
cuerpos las enfermedades vinculadas a virus y bacterias concibe un proceso post evolutivo
considerando enfermedades basadas en la tecnologa. La idea del virus electrnico recurrente
en los medios tecnolgicos reaparece como una variante maqunica de la flesh eating bacteria
en la propuesta del cineasta. Lo sugestivo de metalosis maligna viene de la actualizacin de esta
posibilidad. La estrategia formal con la que es trabajada hace que lo posible se piense como
probable. Trabajando con el lenguaje de un documental Kaayk presenta, entrevistas, estudios,
pacientes, terapias, trminos mdicos y hasta un laboratorio en busca de una vacuna preventiva para la enfermedad. En el trabajo de Floris Kaayk, a diferencia del uso retrico del formato
documental o periodstico como prembulo de la ficcin, en donde la introduccin informativa
a la que se recurre en gran parte de las propuestas cyberpunk es debilitada en el transcurso
de la historia, siendo eso por supuesto la atraccin del cine de ficcin, lo vemos ausente en
metalosis maligna y se mantiene a lo largo de todo el cortometraje, en trminos de docuficcin.
Los dos imaginarios anteriores se presentan en una suerte de realidad. Lo que vemos en stos
ya no son slo probabilidades, sino realidades. Desde el crecimiento exponencial de las redes
sociales y vidas alternativas en mundos virtuales operamos como cuerpos ausentes al decir
de Stelarc. Igualmente, nos encontramos no slo con propuestas artsticas que amplifican los
cuerpos utilizando prtesis sino que desde la medicina la potencializacin de los cuerpos ya
es un hecho. Ahora, ms all de la visin de la mquina monstruosa, y la posibilidad de ser
destruidos por la tecnologa, Floris Kaayk intuye desde la infeccin y perversin de la carne la
construccin de un cuerpo nuevo.
237
Fuentes de consulta
Artaud, A. (2005) El arte y la muerte/otros
escritos, Argentina: Caja Negra.
Dixon, B. J. y Cassidy, J. E. (1998) Cyberotics,
Technology and Post-Human
Pragmatism, Londres: Routledge.
Dery, M. (1998) Velocidad de escape. La
cibercultura en el final del siglo,
Espaa: Siruela.
Nancy, J. L. (2007) El intruso, Buenos AiresMadrid: Amorrortu.
Le Breton, D. (2007) Adis al cuerpo. Una
teora del cuerpo en el extremo
contemporneo, Mxico: La Cifra.
Virilio, P. (1999) La bomba informtica,
Espaa: Ctedra.
_______ (1993) El arte del motor. Aceleracin
238
Cuerpos ausentes
cuerpo, sta es sustituida por las huellas de su interaccin con el todo, se vuelve algo que ya
no est y as se nos presenta. Tomamos este acto de ausentismo, la vacuidad, como un nuevo
motor que presenta ahora ya no al Ser como eje central, al individuo; discute ahora sobre su
actuar, la modificacin que realiza en su mundo, el tema se torna ahora sobre lo humano.
Desde el punto de vista conceptual es necesario ver la ausencia no como un estado puro
en el que nunca ha estado el objeto ya ausente, por el contrario la ausencia del cuerpo cuando
es evidente es siempre, por una eliminacin inconclusa, pues son los signos de una existencia
previa los que almacenan en s mismos una nostalgia, un recordar, la relacin del cuerpo y
su entorno se vuelve una visin histrica. La ausencia no es incuestionable por s misma, est
ligada ntimamente al todo, en la medida que nuestro mundo est conformado por la diferenciacin y comparacin; diramos entonces bajo este planteamiento que la nada, por ejemplo,
es un concepto asignificante en s mismo si no se tiene una idea del todo, de lo otro de lo que
se diferencia. La ausencia es demostrada por la falta de una conexin y, a su vez por la importancia misma de este puente que lo relaciona todo, es la pieza faltante al final de armar el
rompecabezas, inocua en el proceso de construccin y cuya presencia-ausencia cobra el peso
solo cuando su no-estar es descubierto: En un sistema estructurado, cada elemento vale en
cuanto no es el otro o los otros que al evocarlos, los excluye Pero dado que el sentido surge,
es preciso que uno de los trminos de la oposicin se presente y est. Si no est, no se descubre
242
la desaparicin juega un rol fundamental para su interpretacin y poetiza con la temtica que
la artista elige sobre su propio cuerpo.
Esa lectura dual desde la fotografa nos permite plantearnos aquello que vemos, conocemos e interpretamos de la artista desde lo que no es, y adems su ausencia es inevitablemente
protagonista en la obra. Mediante el uso de recursos de ejercicios de movimiento, el cuerpo
de la artista se reta contra el lente, en frente del cual el cuerpo desaparece, se vuelve efmero
en el ambiente, se fusiona con el aire. Largas exposiciones en lugares cerrados y con poca luz
permiten a la artista esconderse, pronunciarse en contra de la espera, de la continuidad y de la
memoria de la cmara. Woodman, que si bien figura como un personaje principal en la mayora
de sus imgenes, es un protagonista que escapa, que se percibe y se lee en la lejana, que estando en la imagen se camufla y se desvanece como no queriendo estar.
De las series producidas en Rodhisland, alrededor de 1976, tenemos una Francesca cuyo
cuerpo juega a desaparecer, a ausentarse de entre el todo. El cuerpo del artista se esconde y
mimetiza con el ambiente, dejando de ser cuerpo y plantendosenos como un objeto comn del
cuadro, el personaje que nos muestra huye de la mirada.
En una de las imgenes de Franchesca Woodman podemos observar un cuarto olvidado,
donde un cuerpo arrinconado se encuentra bajo una cubierta plstica, forzado a su estada
se muestra con la solemnidad de un mueble que fue olvidado en la mudanza, cubierto por un
plstico que lo separa del espacio habitable. El protagonista de la imagen es lo humano que ha
abandonado el lugar y se llev consigo los muebles, los libros del estante, el abrigo del perchero, la cortina de la ventana, su presencia, pero olvido el cuerpo bajo plsticos como algo que no
necesitaba llevarse.
Una imagen ms de las series de Rodhisland nos muestra un panorama parecido, aqu la
presencia del Ser se ha desvanecido tambin de ms de una forma: marcas en el piso nos dejan
imaginar algo que ya no se encuentra en su lugar, una chimenea apagada en un cuarto en
escombros nos habla nuevamente de la partida de lo otro, el humano que habitaba el espacio se
ha ido, pero al fondo ha quedado una alegora, una imagen humana voltil y fundida a las texturas y colores de la pared, como si la artista nos dijera que quien se fue no ha sido el espritu
que olvid su cuerpo, muy por el contrario el cuerpo es el que ha partido.
Francesca es aceptada para una beca para viajar a Roma y vivir durante un ao en las
instalaciones de la escuela en Palazzo Cenci, donde continua con sus trabajos fotogrficos de
desaparicin, series como ngel, donde ha continuado con su propuesta de separar el cuerpo
del alma, o mejor dicho, de experimentar con estas posibilidades de la imagen. En sus fotos pareciera que ha logrado eliminar el cuerpo fsico del cual persiste una vaga idea de este, que ya
slo es luz, que es intocable. El personaje, efmero ante la imagen fotogrfica, se percibe frgil,
intangible, y adems sin relacin con el espacio. Continuando su trabajo en sitios abandonados
243
ahora ha quedado una suerte de alma ligada, como algo ajeno que quiere mirarse, algo que se
qued estancado en el mundo fsico; los fantasmas de Woodman son algo que parece plantearse desde su ausencia corporal y habitando lo vaco.
La obra de Francesca estiliza tambin hacia lo fantasmagrico, ngel habla de lo
inmaterial, el cuerpo que est y no est, que es efmero y frgil respecto de su entorno como
habitando en una dimensin diferente. Los cuerpos de Francesca se vuelven luz y aire,
llenando el ambiente con su ausencia casi nostlgica. Los fantasmas que crea Woodman es la
misma imagen que se escapa del cuerpo, una vaga idea de la esencia, que al final significa al
fantasma, es entonces que ya no es posible tocarlo, es ya solo una imagen, pura idealizacin y
recuerdo, su cuerpo en la foto se vuelve luz inalcanzable.
La artista Francesca Woodman finalmente desaparece del mundo al terminar con su vida,
hecho que si bien es independiente de la propuesta artstica; la muerte del artista tambin ha
tenido un efecto de relectura en las imgenes, han sido significadas como parte de un proceso
de desaparicin: el autor y modelo ya no se encuentra ms, se ha vuelto inconcebible en nuestra
realidad fsica, ya no se relaciona ms con el mundo y finalmente se ha quedado referenciado
como un espectro de luz en la imagen fotogrfica.
Por su lado, producciones ms recientes que utilizan como base la desaparicin del cuerpo
nos lleva a observar los trabajos corporales-fotogrficos de Liu Bolin. El trabajo del artista
244
de los ojos del depredador. El proceso en si es toda una suerte performtica, pues durante este
proceso el artista se comienza a volver parte de lo otro transforma su cuerpo en un objeto,
no tiene la posibilidad de actuar sobre s mismo; son los otros los que realizan la accin de
modificar, de ocultar e incluso de ver. El artista ha quedado desprovisto de toda posibilidad de
accin, para poder desaparecer en el todo ha tenido que entregarse tambin a la voluntad de
lo otro que permanece, lo que guarda silencio de palabra y de accin, lo que est sin actuar, lo
que permanece inmvil; Bolin ya no es aquello que mira, se vuelve parte del reflejo.
El protagonista de las imgenes de Bolin es el ambiente, lo que nos rodea, que ejerce una
fuerza sobre nosotros en funcin de la relacin que generamos con l. Por ese motivo l se
ausenta en la imagen, le deja el papel protagnico a lo otro que est ah, lo que nos conforma
desde el exterior. Lo interior, el yo, lo personal, es reducido a su mnima expresin: el cuerpo.
Working on your own body is not like working on a template. I didnt choose my body
because I was penniless, or because it was the only instrument I had. I chose it to
express my curiosity in the most direct and personal manner, and my preoccupation
for and love of life, which, as I see it, all art has been expressing for thousands of
years, from Australia to Africa. Then I added my military uniform as a symbol of the
apprehension brought about by war in the world. (Fondazione, Forma perla fotografia
2010: 42)1
En este sentido podemos apreciar una dualidad que nos plantea el artista desde su mismo
cuerpo, por un lado la carne que se vuelve el limite personal, que lo separa de lo otro, del todo;
y sin embargo, su cuerpo es tambin memoria histrica, un objeto de uso social que simboliza
y significa, desde ese uniforme militar que es memoria sobre el cuerpo, que no le permite estar
desnudo en su totalidad. El cuerpo que Bolin desaparece frente a nosotros no es un cuerpo
cualquiera, es el cuerpo que constituye a su ser ms personal, el que guarda sus ideas y memorias, no solo es carne, es la idea de alguien quien desaparece.
Es por eso que podemos ver como la pertenencia y la identificacin con el entorno por
parte del artista tambin significan su desaparicin en l. Bolin refiere a la relacin que existe
entre los animales y su medio ambiente, donde existe una aceptacin a este y por tanto un
acogimiento, una proteccin que viene del exterior. El ejemplo que el artista refiere es el de los
camaleones que mimetizan para protegerse; sin embargo el humano que desconoce cmo de-
1 trabajar en tu propio cuerpo no es como traba jar en una plantilla. No eleg mi cuerpo porque no tuviera un quinto,
o porque era el nico instrumento que tena. Lo eleg para expresar mi curiosidad de la manera ms directa y personal, y mi preocupacin por y amor por- la vida, que como yo la veo, todo el arte ha estado expresando por miles
de aos, desde Australia hasta frica. Entonces agregu mi uniforme militar como un smbolo de la aprehensin
generada por la guerra en el mundo.
245
fenderse a s mismo niega y reconstruye su ambiente, Bolin por su parte se protege camuflndose, aceptando lo otro dentro de s. Este particular punto de vista hacia su trabajo nos habla
de una reconstruccin de la relacin del hombre con su entorno, la desaparicin del artista
en diversos ambientes tambin construyen una relacin de proteccin del Ser por el ambiente, por aquello que lo rodea, volvindose no solo un mecanismo de defensa, sino que a su vez
genera un dilogo y reconocimiento del Ser con lo otro, con aquello que rechaza el Ser como
propio. Es en esta utilizacin del ambiente para camuflarse que se configura una aceptacin del
entorno, hay una comunin con l.
Each person chooses his/her own way in the process of contacting outside world. I
choose to merge myself into the environment. Rather than saying that I disappear in
the environment, it would be better to say that the environment has eaten me up and I
cannot choose to be active or passive. (Serpotta, 2008: 34)2
Al estar presente el cuerpo y el ambiente interactan como parte de lo mismo, ante la falta
discutimos sobre la ausencia, el hueco, el ausentismo. La ausencia corporal delimita el cuerpo
y tambin incorpora su idea, le brinda un lugar al cuerpo desde su falta, le permite actuar y
completar el todo. Si los cuerpos de Bolin o Woodman no desaparecieran no podran ser ledas
246
sus imgenes, sus ausencias son la conquista del cuerpo desde la negacin, un discutir sobre
su enajenacin, el Ser que es alcanzado desde lo que no nos muestra, es lo otro lo que nos lo
vuelve evidente.
La desaparicin corporal evidencia la presencia humana re- significando la ausencia como
una presencia ms poderosa, purificada, idealizada. Esta desaparicin nos permite echar a
andar la imaginera para crear, pensar e interpretar. El cuerpo que se ausenta es ledo en
comunin con lo lejano; lo otro, que es aquello a lo que tememos y de lo que nos enajenamos, lo
que rechazamos. El vaco demostrado como una presencia, llena y sustituye nuestra realidad,
el menor acercamiento a la falta nos alerta de esta posibilidad y, sin embargo, la dualidad nos
deja una sensacin para considerar, si estos mismos mecanismos funcionan de manera contraria cabe la posibilidad de que en nuestra realidad nos rodeamos de la presencia de vaco y lo
nico que tenemos, nuestro nica verdad vuelve a ser nuestro cuerpo.
2 Cada persona elige su propio camino en el proceso de contactar el mundo externo. Yo elijo fundirme a m mismo
en el ambiente. En lugar de decir que desaparezco en el ambiente, sera mejor decir que ste me ha devorado y no
puedo elegir ser activo o pasivo.
Fuentes de consulta
Eco, U. (1986) La estructura ausente, Espaa:
Lumen.
Foucault, M. (2010) El cuerpo utpico: las
heterotopas. Disponible en http://
www.pagina12.com.ar/diario/
psicologia/9-155867-2010-10-29.html.
Fecha de consulta 11 Julio 2014.
Serpotta, Elena (2008) Skip intro.06 Liu Bolin,
Italia Shin Production.
Fondazione Forma per la fotografa (2010)
Liu Boling_Hiding on Italy, Italia.
Recuperado de http://www.
formafoto.it/2010/10/liu-bolinhiding-in-italy-dal-21-ottobre-al-14novembre-2010/
247
La opacidad en la transparencia.
La construccin del otro
y sus auto-representaciones
Ana Ins Garaza Pagliasso
Introduccin
A lo largo de su historia la humanidad ha buscado imprimir sus creencias, sueos, deseos y
ambiciones a travs de la creacin de imgenes de diverso valor. El hombre primitivo dibuj
en las cavernas sus experiencias cotidianas, quizs como forma de aprehenderlas, recordarlas,
transmitirlas a otras generaciones, o con el deseo de comunicarse con fuerzas divinas.
La historia ha demostrado que las luchas por el poder poltico se han jugado tambin en el
campo de las representaciones simblicas de lo social, lugar donde la imagen cumple un rol fundamental. Pero, qu es lo que hace que las imgenes tengan tal importancia?, porqu motivos
las creamos, en lugar de qu se colocan y porqu se hace necesario tener control sobre ellas?
La creacin de imgenes religiosas como objetos de devocin y culto hacia Dios excedieron
el control que la Iglesia pudo tener en ellas. Desde los primeros siglos de la era cristiana las imgenes parecieron adquirir una autonoma propia, reproducindose e incidiendo sobre el desarrollo de las creencias de los fieles, por lo que el poder eclesistico debi frenar y moderar estos
impulsos. Como lo explica Casadidio (2012), en el Imperio Bizantino y ms adelante a travs de la
reforma protestante se llev adelante la llamada revolucin iconoclasta encargada de destruir
imgenes religiosas y detener su proliferacin. De alguna manera, estos esfuerzos de control respecto de las imgenes tuvieron que ver con la necesidad de preservar una representacin como
verdadera y descartar otras, de forma de establecer consenso y aceptacin social.
En la actualidad el desarrollo tecnolgico ha permitido la generacin de herramientas que
249
memoria visual: engramas mnemnicos, que persistenen la sensibilidad de los individuos, [...]
que orientaran no slo la respuesta frente a determinadas imgenes sino tambin la creacin
de otras nuevas [...] (Malosetti, 2012: s/p).
Parece ser, y siguiendo las ideas de Warburg, a fuerza de la reproduccin masiva de ciertas
imgenes, stas se han quedado impresas en nuestras retinas e instalado en la memoria visual
colectiva. Esto parece haber condicionado nuestra percepcin y posibilidad de creacin de
imgenes, y por tanto de representaciones; es decir, como se deca ms arriba, de dar sentido a
nuestras creencias, sueos, deseos y ambiciones.
Podramos decir que uno de los pilares posmodernos la estetizacin de la existencia
supone un desbordamiento de lo esttico a todas las dimensiones de lo social (Sztajnszrajber,
2012: s/p). Si algunas miradas tienen el poder de prevalecer sobre otras, quizs se deba a la
admiracin que pueden despertar en nosotros, pues en la poca de la estetizacin de la existencia lo que prevalece es aquello que nos seduce, y que ms atractivo se nos presenta (segn los
parmetros que hemos definido acerca de lo bello y lo que es seductor).
Lo que valdra pensar a travs de qu mecanismos se logra tal seduccin y cmo ciertas
imgenes llegan a nosotros imponindose. Vale pensar en las herramientas de creacin de imgenes (cmaras, pantallas, diversidad de pticas), en sus soportes digitales, pantallas y medios
virtuales; y en las decisiones que determinan aquello que es exhibido y aquello que es excluido.
Es necesario, tambin, pensar esos espacios en las representaciones donde puedan producirse quiebres y fisuras que logren instalar nuevas miradas para activar y reactivar nuevos
poderes y sentidos. Quizs nuevas prevalencias que se instalen no por su poder de seducirnos
sino por su posibilidad de enfrentarnos y despertar nuestro inters por discutir su contenido.
1 El ttulo hace referencia a una de las frases que aparece en una de las fotografas del libro
Lo bueno, lo malo, la foto.
251
fuerzos cientficos por acercar aquello que le era lejano y desconocido; y cmo la identificacin
de esto se convirti en una visin acerca de lo otro, de lo diferente.
Pertenecer a un colectivo o grupo social, con una identidad determinada, implica construir un sentido de pertenencia en contraposicin a una diferencia; a otra identidad distinta y
externa. La identificacin de lo propio trae consigo la exclusin de lo ajeno. Implica reconocer
que existe un otro susceptible de ser diferenciado. En este sentido, las tcnicas y estrategias
para hacer visible lo otro son formas de ubicarlo, de modo que su diferencia no interfiera en la
constitucin de esa identidad que se quiere preservar.
Desde el fin de la Guerra Fra el mundo se no ha presentado como uno solo. Se han concentrado los esfuerzos en la transmisin de una mirada unificada de lo que las cosas son y los medios
de comunicacin han aportado en este sentido. Los intentos son por configurar al hombre occidental normal, con la intencin ltima de tranquilizarnos en el mantenimiento de un orden.
Jonathan Crary (2008) habla de un mundo 24/7, es decir un mundo de siete das y veinticuatro horas dispuestos a que todo sea comunicable. Tomando las concepciones de Gilles Deleuze, acerca de las sociedades de control, Crary explica cmo los dispositivos de control que
la sociedad puso a funcionar han excedido la vigilancia en lugares especficos, en instituciones
claramente identificables. Se podra afirmar que toda nuestra actividad es susceptible de ser
controlada, pues se han iluminado hasta las esferas ms ntimas de nuestras vidas.
252
En un mundo donde todo se ve, todo es aprehensible. No hay fuera de escena, todo est
dicho y expresado. El loco, el delincuente, el diferente toman forma, pueden nombrarse porque
son vistos, se conoce su comportamiento, aparece en pantalla y puede clasificarse. Estas personas pueden ser ubicadas porque se ha construido y alimentado un estereotipo de ellas a partir
de la visin que los medios han transmitido. En palabras de Rossana Reguillo Los medios
distribuyen una mirada dominante, son adems productores -impunes- de esas representaciones, despliegan todo su poder clasificatorio y estigmatizador bajo la coartada de su exclusiva
mediacin tecnolgica (2012: s/p).
Aunque todo parezca presentarse como transparente debemos reconocer que toda puesta
en escena tiene una ausencia intrnseca y que toda visibilidad implica una decisin por ocultar
o dejar por fuera de la mirada cierta perspectiva, cierto punto de vista en detrimento de otro.
Es preciso reconocer que no existen miradas neutras, sino que cada mirada est situada. Debemos comprender que construimos una visin de las cosas a partir de una opacidad.
En un mundo hiperconusmista la imagen tambin se crea como objeto para ser consumido.
El contexto que da sentido a la imagen es borrado, las condiciones que llevaron a su creacin,
as como los motivos que hacen que esa imagen sea, son olvidados, dejados de lado, pues lo que
va a primar es la satisfaccin por poseer algo. Va a ser ms trascendente el tener imgenes en
trminos de publicidad y no tanto de informacin, la existencia misma es un hecho esttico,
253
Figura 1
Lo bueno, lo malo, la
foto (2011) Antonella De
Ambroggi.
e interactan con lo que ocurre en ellas. Algunos fuman y toman mate en Nueva York, otros meditan a los pies de las pirmides de Egipto y otros logran mover un edificio con su propia fuerza.
Las imgenes creadas por los reclusos pueden verse como manifestacin de la necesidad
254
de los presos de verse siendo parte de otra escena, diferente y opuesta al encierro actual. La
fotgrafa propone la consigna y ellos crean. En este ejercicio la imagen parece desplegar su
poder imaginativo. Aqu las imgenes no se toman, sino que se arman poniendo el propio cuerpo. La creacin supone accin y no recepcin pasiva.
Segn Luis Puelles Romero Queremos siempre que la imaginacin sea la facultad de
formar imgenes. Y es ms bien la facultad de deformar las imgenes suministradas por la
percepcin y, sobre todo, la facultad de liberarnos de las imgenes primeras, de cambiar las
imgenes (2006: 147).
Ah donde los cuerpos traslcidos crean una puesta en escena, lo visual conocido, esos
paisajes que vemos como habituales, se opacan. Una nueva imagen se presenta y ese mundo
homogneo y brillante parece despertar un misterio. Aparece una pregunta, algo que no se ha
dado a comprender totalmente, una parcialidad sobre la que an no se ha echado luz.
Algo por fuera de las imgenes proyectadas se presenta con esas personas que actan en
el cuadro, generando una accin y dando vida a la figura inerte. Algo se hace visible. Algo que
transfigura el tamao y perspectiva de esa imagen primera nos hace pensar que la representacin oculta ms de lo que muestra.
Estas imgenes incompletas son la potencialidad de despertar la duda, algo que me lleva
a intentar completar el misterio. La pregunta es sobre el contexto en el cual se desarrolla esta
creacin, el deseo es por saber qu ser ms all de la imagen. Tratar de conocer eso que no se
dice, que tengo que descubrirlo ah donde se establece un vnculo entre las expectativas de los
reclusos y lo que la imagen que se proyecta representa.
A modo de cierre
Este proyecto es una expresin de un colectivo con la potencialidad de hacer ver de otro modo,
de presentar la ausencia que se nos ha ocultado a travs de distintas estrategias, de las cuales
los medios de comunicacin, el Estado y las lgicas del mercado son parte.
De cualquier manera, debemos reconocer que el producto de este trabajo tambin se
presenta como un objeto ms de consumo. Este material se ha pensado tambin a travs de una
esttica determinada que responde a una pretensin institucional. En este sentido, deberamos
reflexionar hasta qu punto las representaciones que este libro incluye son tambin expectativas de un producto ms de consumo.
Por esto, sera necesario continuar pensando cmo lo institucional incide en el resultado
de este trabajo y cmo la tcnica de la fotografa, con sus reglas particulares, condicional el
resultado de este trabajo; para entender qu potencialidades tiene este lenguaje y qu caractersticas propias determinan la representacin y cmo compiten con otras representaciones
visuales y otros discursos.
Si vivimos en un mundo donde todo se ha tornado objeto esttico, como ya se explic
antes, y la estetizacin ha alcanzado la poltica, consumida como un objeto ms, quiz esta
creacin no escape a tal lgica. Valdra preguntarnos hasta qu punto las representaciones que
se exponen en este proyecto no se construyen tambin como un elemento banal.
Si pensamos que pensar el mundo en trminos de esttica es situarnos no como sujetos de
accin sino como sujetos de afeccin (Puelles, 2006), valdra pensar si este tipo de trabajo
fotogrfico, y otros que puedan hacerse con la intencin de oponer la representacin asignada,
son capaces de generar resistencias, en el sentido de generar la posibilidad de desmarcarnos
de discursos habituales y sesgados que nos modela y suscita experiencias sensibles.
Quiz lo que sea necesario es lograr apropiarnos de las representaciones, discutir esas
imgenes que se nos han impreso en la memoria y determinan las respuestas que damos frente
a ellas y que condicionan no slo nuestras reflexiones, sino tambin nuestras sensaciones, en
un lgica que ha encontrado normalizar hasta nuestros sentimientos. Para lograrlo deberamos poder reapropiarnos del sentido simblico, organizarnos para reasumir la propiedad de
esos discursos que a diario imprimen en nosotros tales sentidos y no otros.
Reconocer el valor en poder imaginar esos otros mundo posibles es tambin situarnos
255
en el poder hacer, no slo pensar sino que exteriorizar, en la accin, el poder emancipador. El
esfuerzo est en des-cubrirnos, no en la transparencias propias que ya alimentamos, mostrando nuestra intimidad y compartindola con los dems a travs de los medios electrnicos
y las redes sociales, sino ah donde no vemos. Lo que nos queda es la desarticulacin de esas
lgicas que determinan lo que es visible y lo que se decide invisibilizar.
Fuentes de consulta
Abramowski, A. (2012) Cmo mirar, mostrar,
sentir y ensear en un mundo que
sombras en el resplandor de un
en de http://www.estudiosvisuales.
Latinoamericana de Ciencias
net/revista/index.htm.Consultado el
Socialesflacso.
Benjamin, W. (2010) La obra de arte en la
256
20 de marzo de 2014.
Dussel, I. (2012) Escuela y cultura de la
Latinoamericana de Ciencias
Socialesflacso, Argentina.
Ponencia presentada en la
Argentina.
en http://www.estudiosvisuales.net/
revista/index.htm. Consultado el 20
de marzo de 2014.
Xochimilco.
Latinoamericana de Ciencias
Facultad Latinoamericana de
Socialesflacso.
Ciencias Socialesflacso.
Malosetti Costa, L. (2012) La imagen en la
cultura occidental. Clase nmero 5
del Diploma en Educacin, imgenes
Figuras
Ciencias Socialesflacso.
257
AUTORES
Parte 1
Humberto Chvez Mayol
Es Licenciado en Artes Visuales y cuenta con
estudios de especializacin en fotografa en
el departamento de Fotografa del colegio de
Artes de la Universidad de Nihon, Tokio y en
el Departamento de Ingeniera y Ciencias de
la Imagen en la Universidad de Chiba, Japn.
Maestro en Estudios Visuales por la Facultad
de Artes de la Universidad Autnoma del
Estado de Mxico. Su propuesta de investigacin se dirige a los modelos complejos y la semitica en el campo de la educacin artstica.
258
Quilmes en Argentina.
de Pars I (Francia).
259
http://soldadero.tumblr.com/
acadmicas nacionales.
Parte 2
260
Ivn Ruiz
Bolivariana de Venezuela.
261
262
UNAM)
Espaa) 2014.
Parte 3
Negrete- INAH
resultados de investigacin.
en indexfoto (indexfoto.montevideo.gub.uy) y
ciclo 2014-2016.
Muestra individual Santomercado, Sala Miguel ngel Pareja, Instituto Escuela Nacional
Teresa Mrquez
Uruguay. 2011.
263
de Msica.
264
Parte 4
http://fabiangimenezgatto.blogspot.mx/
el arte y el psicoanlisis.
noma de Quertaro
de lo pospornogrfico, la feminidad y el
265
memorias de congresos.
cientfica (CSIC)
266
Editores y compiladores
Maestro en Estudios Visuales por la Universidad Autnoma del Estado de Mxico (UAE-
Universidad Javeriana (Colombia). Actualmente se desempea como docente catedrtico de la Facultad de Artes de la UAEM en el
rea de investigacin.
Jos Luis Vera
Licenciado en Artes Visuales por la Universidad de Guadalajara y Maestro en Educacin
Superior por la Universidad Autnoma del
Estado de Mxico (UAEM). Realiz la especialidad de Tcnicas Modernas del Grabado
en el Atelier 17-Contrepoint en Pars, Francia.
Es Doctor en Artes por la Universidad de
Guanajuato.
Ha sido Becario del Fondo Estatal para la
Cultura y las Artes del Estado de Hidalgo y
participado como jurado en el FOCAEM, Estado de Mxico. Por su produccin artstica
ha obtenido el primer lugar en la Primera Bienal de Grfica del Estado de Mxico en 1996,
as como el primer lugar en la Primera Bienal
Nacional De Dibujo Silvia Pawa en 2003.
En 2012 obtiene Mencin Honorfica en la V
Bienal Internacional de Dibujo Polish Art
Foundation, en Australia.
Ha presentado 20 exposiciones individuales,
principalmente de dibujo, y participado en
60 colectivas, tanto en Mxico como en el
extranjero. Ha colaborado con ilustraciones
y textos sobre arte en diversas publicaciones,
entre ellas La jornada Semanal, peridico
Milenio, y revista Tierra adentro, as como
267
Agradecimientos
Dictaminadores
Colaboradores
Doctor en Artes
y Comunicacin, Coordinacin de
Doctor en Sociologa
Maestra en Artes
Apoyo logstico
269
ndice DE ARTCULOS
parte 1
Re-conocer; apuntes, estrategias y
tcticas
Humberto Chvez Mayol
(p.41)
Estudios Visuales y Humanidades
Digitales: aproximaciones necesarias
para el estudio de la imagen digital y los
nuevos sistemas de informacin
Adriana Marcela Moreno Acosta
(p.51)
270
Parte 2
Imaginarios-narco: gustos alterados,
desafos estticos
Ivn Ruiz
(p.77)
El fragmento como creador de sentido
en la era de la transparencia
Cynthia Ortega Salgado
(p.89)
Produccin espacial en las Carceri
Dinvenzione de Piranesi y los calabozos
digitales de Diablo
Daniel Chvez Heras
(p.101)
Un acercamiento a los memes, como
lugar de re-apropiacin de sentido(s) en
las redes sociales virtuales
Alexis Castellanos Escobar
(p.111)
271
Parte 3
parte 4
El arte de la analoga
Julio Estrada
(p.159)
272
Cuerpos ausentes
Mara del Mar Marcos Carretero
(p.241)
La opacidad en la transparencia. La
construccin del otro y sus autorepresentaciones
Ana Ins Garaza Pagliasso
(p.249)
ndice onomstico
y de conceptos
A
Academia: 53, 77,
170
Agamben, Giorgio:
137, 142, 143
Alternativo: 124,
115, 128
Ausencia: 72, 92, 93,
124, 177, 241244,
246, 252, 253, 255
Autor: 63, 71, 184,
195, 199, 213, 219,
244
213218
Antropologa
visual: 196, 203,
205-207
Aparato: 53, 60, 62,
70, 82, 116, 121-123,
125, 126, 132, 133,
274
Bach, Johann
Sebastian: 165, 176
Bal, Mieke: 78, 86,
150
Baudrillard, Jean:
89, 92, 97
Becker, Howard:
193-196
Artaud, Antonin:
Benjamin,
235237
Arte: 21, 25, 27,
31, 35, 4145, 47,
48, 52, 59, 6066,
6972, 81, 84, 93,
94, 101103, 121,
122, 125, 127, 132,
152, 159162, 165,
166, 170173, 175,
181, 186, 193, 195,
Bourriaud, Nicols:
6366, 72
188
Burroughs,
William: 9496
Calabrese, Omar:
92, 93, 102
Camuflaje: 141, 243,
244, 246
Cibercultura: 232,
233, 235
Cine explorativo:
204
Dawkins, Richard:
111, 118
De Certeau, Michel:
41, 49, 189
Boaventura: 124,
125, 126, 129
DeleuzeGuattari:
92, 98, 152
Deleuze, Gilles: 67,
149, 234, 252
Dotte, Jean-Louis:
213217, 224226,
228, 231237,
154
233
Dubois, Philippe:
121, 122, 129
De Sousa Santos,
Domesticacin: 71,
Conocimiento: 21,
243246
257
253, 255
Didi-Huberman,
223, 228
231, 252
Damisch, Hubert:
132, 134
Documental: 194,
195, 204, 205, 237
275
102-104, 106-108,
Estudios visuales:
51, 52, 56, 69, 70,
48, 49
Google Street View
documental: 194,
150, 181
205
Greenaway, Peter:
93
Gnzel, Stephan:
103, 104, 109
226228
Hermenutica: 188,
228, 244
203
Hernndez, Carlos
Ivn: 81, 83
Homecasting: 51,
53, 55, 56
Humanidades
digitales: 5153
241, 247
Geertz, Clifford:
203
Geimer, Peter: 132,
134
204207, 214,
216218, 223, 224,
226228, 232, 236,
242246, 249255
Imagen digital: 35,
43, 51, 53, 56, 69,
132, 199
Foucault, Michel:
89, 112, 143, 149,
Farocki, Harun:
4549, 94
Fotorreportaje: 203,
133, 134
Gramtica: 42, 44,
Fotoperiodismo:
125, 193-195
Imagen
movimiento: 217
Imagen tcnica: 89,
121-123, 126
Imaginacin: 79, 82,
83, 107, 108, 160,
170, 171, 176, 193,
196, 197, 198, 199,
218, 225-227, 254
Imaginarios: 77, 84,
85, 113, 116, 124127, 147, 151, 160,
121123, 125,
Investigacin: 41,
Gervais, Bertrand:
MacDougall, David:
206
Kaayk, Floris:
235237
Kircher,
234
193-195
Literatura: 52, 93,
94, 101, 161, 165,
196, 224, 226
Luz: 60-62, 89, 95,
106, 121, 122, 172,
174, 203, 208, 218,
243, 244
186, 190
Masturbacin:
223227
Materia: 25, 27, 37,
45, 89, 160-162, 166,
168, 169, 170-172,
Linfield, Susie:
231, 232
226, 228
249, 252)
Le Breton, David:
61, 71
Lacan, Jacques:
Mirzoeff, Nicholas:
147152, 233235,
Athanasius: 60,
250, 251-253
115-117
Memoria: 44, 53, 90,
254
Panofsky, Erwin:
102, 103, 109
Peirce, Charles
Sanders: 46, 49
Percepcin: 43, 60,
62, 66, 77, 81, 121,
166, 172
Nancy, Jean-Luc:
189, 235, 236
Narcotrfico: 77, 78,
81, 84, 138, 142
Narrativa: 59, 60, 61,
277
256
Representacin:
234237
223, 227
Luis: 254, 255
242
Sociologa: 124, 193,
196, 197, 199
Sontag, Susan: 131,
249
Stelarc: 231, 233,
234, 237
Subjetividad: 48,
Restauracin: 181,
186
Retrica: 148, 213,
214, 215
Tctica: 41, 42
Tecno-cultura: 233
246, 253
Silva, Ludovico:
249, 256
46, 52, 81
Saber artstico: 42
Christopher: 101,
231237
Temporalidad: 45,
149, 150, 153, 184,
228
Teora: 159, 170, 171,
195, 225
Thi Nguyen,
279