Derecho y Mentir
Derecho y Mentir
Derecho y Mentir
V il, monstruosa, horrenda, roosa, daina, la mentira ha acumulado desde siempre toda clase
de reprobaciones. Todos los registros del pensamiento moral a partir de Platn y Aristteles
muestran esta unanimidad: la mentira hace al hombre odioso ante la divinidad y despreciable
ante sus semejantes. Esta repulsin es natural porque la mentira es susceptible de romper los
fundamentos de la comunicacin humana y de la credibilidad social. Sus estragos se sitan al
nivel de la confianza y la cooperacin social y stas son un bien que ninguna comunidad puede
permitirse desdear.
La mentira es slo un fragmento del mundo del engao. Si la verdad aspira a ser una, la
falsedad en cambio aspira a tener muchos rostros. La mentira participa junto con la simulacin,
la disimulacin, la hipocresa, la finta, el ocultamiento, los movimientos corporales y hasta el
silencio, en la produccin de lo falso. Este reino del engao se encuentra al alcance de un gran
nmero de criaturas no racionales. Muchas de stas han desarrollado formas mimticas y de
simulacin, sea para salvaguardarse de sus enemigos, sea para incrementar sus posibilidades de
sobrevivencia. Por supuesto, los hombres tambin engaan cuando ocultan o disfrazan su
pensamiento y cuando carecen de franqueza: la hipocresa, la argucia y el disimulo son formas
larvadas del mentir. Pero entre todas las formas de la falsedad, la mentira es un patrimonio
exclusivamente humano, por dos razones: primero, porque se produce a travs de un enunciado
del lenguaje; segundo, porque ese enunciado tiene el propsito consciente de engaar. Aunque
es un fenmeno lleno de oscuridades y complejidades como pensaba San Agustn, la mentira
tiene esas dos constantes como partes de su definicin: mentir es hablar contra el pensamiento
con la intencin de engaar1.
Como acto intencional, la mentira tiene una dimensin propiamente moral y no
epistemolgica. La verdad de un enunciado es un problema epistemolgico en cuya solucin
participa la facultad de razonar y sus operaciones analticas y sintticas. La veracidad en cambio
no depende de una relacin de referencia o correspondencia entre el enunciado y un estado de
*
Universidad Autnoma Metropolitana -Unidad Iztapalapa-, Mxico.
1
Vacant. E., et al (1930-1972), p. 555.
cosas, sino de la intencin del emisor, de su impulsor moral: la veracidad debe ser comprendida
como un compromiso subjetivo con la verdad. Equivocarse no es mentir. Mentir es establecer
una diferencia entre lo que se sabe (o se cree saber) y lo que se expresa, diferencia en la que se
desliza la intencin de engaar. La tarea del individuo para evaluar si ha mentido, no consiste
en comprobar la relacin que existe entre el enunciado y el mundo, sino la relacin entre lo
expresado y su conviccin.
Mantenerse en la verdad, decirla y escucharla es un propsito noble, pero que no resulta
fcil a los seres humanos. Por eso han debido erigir barreras para autocontenerse, evitar,
circunscribir y conjurar a la mentira. En muchos momentos, en sus versiones ms rigoristas
personificadas por San Agustn e I. Kant, la prohibicin de mentir se ha presentado como una
ley moral absoluta e incondicional. Nadie negara que nunca mentir es un mandato moral de
gran alcance, que indica un alto grado de perfeccin. Pero como imperativo inflexible no es fcil
de vivir, y no es slo por una especie de laxismo intrnseco (aunque estoy seguro que cada uno
recuerda evasiones ms o menos honorables a ese precepto) sino porque en la vida moral existen
ambigedades que aparecen en los mrgenes de la aplicacin de la ley y conflictos que surgen
de prescripciones que se contradicen. Adems, la prohibicin de mentir puede ser concebida de
otra forma que como una ley que se justificara a s misma y dividira en adelante el destino de
los hombres. En Aristteles, por ejemplo, la reprobacin a mentir descansa en la templanza que
deba tener un carcter moral: el hombre veraz es el que se encuentra entre dos extremos, la
humildad exagerada o irona y la retencin o jactancia. Miente el que es demasiado humilde y
miente tambin el que se atribuye talentos inexistentes. Evitar la mentira es una parte de la virtud
de un hombre que no se somete a una rgida ley sino a una cierta disposicin de sus facultades2.
Conviene pues aproximarse a la prohibicin absoluta de mentir y a las dificultades para su
cumplimiento.
I. LA PROHIBICIN ABSOLUTA
2
Cfr. tica Nicomaquea, Libro IV, cap. 7, pp. 1221-1222, Editorial Aguilar, Madrid, 1974
NUNCA MENTIR 45
3
Agustn, S. (1952), p. 254.
4
Agustn, citado en Zagorn, P. (1990), p. 23.
5
Agustn, S. (1952), p. 252.
46 SERGIO PREZ CORTS
6
Agustn, S. (1952), p. 255.
7
Agustn, citado por Zagorn, P. (1990), p. 24.
NUNCA MENTIR 47
dibujan como una buena persona, pero no ocultan que ha fallado porque no alteran el hecho de
que ha faltado al soberano bien que es la verdad. La mentira puede ser comprendida y perdonada
pero nunca ser valorizada: no puede negarse que aquel que no miente nunca, excepto para
salvar a un hombre de un perjuicio, ha alcanzado un alto nivel en el camino del bien, pero en este
caso, no es el engao sino la buena intencin la que es alabada y algunas veces recompensada.
Es suficiente con que el engao sea perdonado, sin que sea objeto de admiracin8.
Si abandonamos el mundo de Agustn y nos desplazamos al universo moral de Kant,
encontraremos que la prohibicin de mentir tambin tiene un carcter absoluto e incondicional.
Este mundo secular no es menos riguroso que el anterior ni en la reprobacin de la falsedad
(ella provoca el autodesprecio personal... y la deshonra que acompaa al mentiroso), ni en la
alta valoracin de la veracidad (slo el hombre que evita mentir y fingir... siente con viveza la
dignidad de la naturaleza humana). Ms an, Kant otorga a la obligacin de veracidad el rol de
premisa y de fundamento de todos los otros deberes morales. Lo convierte de hecho el primer
deber del hombre consigo mismo, el rasgo mnimo exigible para creer que se posee un carcter
moral. Aunque no est a su alcance garantizar la verdad, el hombre s puede garantizar su
veracidad, es decir, el compromiso subjetivo con sus convicciones. Nunca mentir se convierte
as en la condicin de existencia de toda moralidad y la sntesis de los rasgos significativos del
carcter moral. El mentiroso se degrada a un nivel inferior a una cosa porque renunciando a su
personalidad, deja de ser l mismo para convertirse en una simple apariencia de s. Por eso la
prohibicin de mentor es colocada como un precepto de la razn, como una ley moral, bajo la
forma de un imperativo categrico. Este carcter de la ley es relevante porque de este modo el
individuo se obliga a s mismo no bajo la forma del ser, sino bajo la forma del deber. El
imperativo se expresa bajo el enunciado obra de tal suerte que... y no bajo la forma cumple
con tu deber si esto, o a menos que esto.... Su prescripcin es absoluta, no conoce circunstancias
ni atenuantes y en su obediencia no participa ni el impulso ni la inclinacin del agente, sino la
nica motivacin legtima de este modo moral: el cumplimiento del deber por el deber mismo.
En un artculo que con frecuencia incomoda a sus intrpretes en teora moral, Kant
examina la respuesta que deba dar un hombre interrogado acerca de la presencia en su casa
de un amigo amenazado de muerte injustamente por el cuestionador. La respuesta
del filsofo es sugerir en un primer momento la evasiva, pero si sta no satisface al que
interroga, el interrogado debe respetar el mandato de no mentir. Kant es consciente del
malestar que provoca su solucin, pero estima que cualquier excepcin a la ley moral es
8
Agustn, citado en Bok, S. (1978), p. 33.
48 SERGIO PREZ CORTS
un agente moral slo puede lograrse desde el fondo de esa pertenencia y bajo la gua de esa ley.
La mentira es entonces doblemente daina: para el individuo porque lo hace un desertor de esa
comunidad, un marginal que renuncia a la participacin; para la comunidad por que roe su
fundamento libre y racional. Por eso Kant afirma que la mentira, cuando afecta a un individuo,
vulnera el deber de benevolencia, pero incluso cuando no daa a nadie, vulnera el derecho de la
humanidad en su conjunto: porque la mentira siempre daa a otro, si no es a un hombre en
particular, daa an a la humanidad en general, porque vicia la misma fuente de la ley9.
Aunque todo ello explica el fundamento de la ley moral, y la repulsin a mentir, no aclara
del todo la inflexibilidad de Kant. Esta slo resulta inteligible cuando es referida a la concepcin
de la ley y el vnculo de obligacin que este universo moral trae consigo. Para ello, debemos
considerar la contrapartida que se exige a cambio de la autonoma otorgada. Colocado como
legislador de su mundo moral, el individuo recibe en esta instancia una libertad completa: en el
uso pblico de su razn el sujeto de la modernidad es libre, se ha independizado de las tutelas
tradicionales y tiene el coraje de pensar. Pero una vez que por el ejercicio pblico de la razn
define la ley, ya no tiene opcin de decidir si la sigue o no, porque no obedecer sera una
contradiccin consigo mismo. En el uso privado de su razn, cuando es pieza de una mquina,
cuando est en una posicin determinada y debe aplicar reglas y perseguir fines particulares, al
individuo no le corresponde ms que cumplir la ley. En tanto que miembro de una comunidad
razonable, el uso de su razn debe ser libre y pblico en tanto que individuo aislado su razn es
la obediencia. A la ley moral se llega por la reflexin pero se vincula por el deber. El ejemplo
contenido en Qu es la Ilustracin lo deja bien claro: usted pague impuestos, aunque tiene todo
el derecho a razonar cuando quiera acerca de la fiscalidad. La ley autnoma est pues
directamente vinculada a la obediencia; ms an, el uso libre de la razn pblica es la mejor
garanta de la obediencia privada. La modernidad depende de este vnculo entre ley y obligacin:
los seres humanos alcanzaron la ansiada libertad pero el precio fue un apego irrestricto a la ley.
Quiz no hay mejor expresin de este proceso que las palabras de Kant: razonad todo lo que
queris y sobre lo que queris, pero obedeced10.
Como toda ley moral, la prohibicin de mentir es absoluta. El rigorismo no se explica por
el talante moral del filsofo, ni por su pietismo extremo, sino porque el mandato de no
mentir slo funciona como ley si no conoce excepciones ni evasores. Por eso ante una
cuestin aparentemente injusta, Kant impone un respeto absoluto al deber y rechaza que se
pueda hablar de un derecho a la verdad, porque el derecho se aplica a todos y no puede ser
9
Kant, I. (1949), p. 269.
10
Kant, I. (1988), p. 11.
50 SERGIO PREZ CORTS
cuestionado por nadie o respecto de nadie. La mentira es siempre una violacin civil y no
importa qu tan bien intencionado sea el que miente, ste es responsable de las consecuencias
de su acto y susceptible de responder ante un tribunal. No debe sorprender que en este mundo
moral la vacilacin ya sea una falta: ... pedir permiso para considerar posibles excepciones
prueba que esa persona es ya potencialmente un mentiroso que no reconoce la veracidad como
un deber intrnseco, sino que tiene reservas respecto a una regla que no permite excepcin,
puesto que cualquier excepcin la contradice directamente11. Kant incluso llama a esta
propensin a evadirse el mal radical. El mal radical no es la mentira ms aborrecible que
pueda imaginarse, sino simplemente la propensin a elegir en ciertos casos una norma de
conducta contraria a la ley. La mentira se sita justamente ah, en la fuente misma de la ley, en
su verdadero quebranto. Es simplemente otra forma de decir que la modernidad no acepta la duda
ante la obligacin. Al individuo ya no se le permite repudiar la ley a la manera de un rebelde,
negndose a obedecerla; la modernidad no le ofrece ningn observatorio desde el cual
reconsiderar su apego y su obediencia ante la regla. Si la ley es autootorgada no hay ninguna
distancia de s mismo que le permita reconsiderar su obligacin, y como no hay libertad ante la
ley, cualquier vacilacin es ya la punta visible, as sea minscula, del mal.
Kant no ignora la dificultad que supone el seguir incondicionalmente la obligacin de
veracidad. En sus tempranas Lecciones de tica acepta que es imposible vivir sin un cierto grado
de simulacin, de discreto ocultamiento de nuestras carencias y nuestras faltas. Si Jpiter hubiese
hecho caso a Momo y hubiese colocado una ventana en el pecho de los hombres, no habra
necesidad de esa parte de discrecin con la cual ocultamos nuestras miserias, lo mismo que
ocultamos discretamente nuestro orinal a las visitas12. Lstima que no fue as. Como los
hombres no son buenos no siempre pueden ser sinceros y recurren a simulaciones que a veces
estn al borde de la insinceridad, por ejemplo cuando afirman que se sienten muy honrados
de... o que tienen muchsimo gusto en.... Pero Kant sostiene que ese discreto ocultamiento
no es equivalente de una mentira y no se compara con una violacin al derecho de la humanidad
o a la dignidad de s mismo. Slo ante faltas ms graves de mendacidad ese ser finito e
insuficiente debe autoerigir una barrera absoluta.
11
Kant, I. (1949), p. 272.
12
Kant, I. (1988), p. 271.
NUNCA MENTIR 51
13
Jernimo, citado en Zagorn, P. (1990), p. 21.
52 SERGIO PREZ CORTS
caso de peligro personal, de riesgo del honor o la virtud de su mujer o de otro miembro femenino
de la familia o de riesgo de prdida de sus propiedades, por parte de los no-creyentes. La
doctrina se considera basada en el Corn, y permite defender al creyente contra los infieles a
quienes de cualquier manera espera la ira de Al. Este sabr descubrir, detrs de la disimulacin,
la defensa de la fe. Puede decirse pues que un alto nmero de tradiciones parecen dejar sitio a
una evasin excepcional a la prohibicin absoluta de mentir14.
En la tradicin cristiana la obediencia a Agustn fue completa en el plano doctrinal, pero
siendo el cristianismo un mensaje de salvacin ofrecido al individuo en el que se hace a ste
responsable de alcanzar o perder el bien divino de la gracia, se busc incesantemente en el plano
pastoral mitigar la inflexibilidad a travs de un examen ms libre y casustico. No es que la
prohibicin de mentir se debilitara, pero cuando la salvacin individual y la remisin de la falta
entran en juego, es necesaria una evaluacin ms precisa del pecado, de sus atenuantes y de sus
agravantes. Slo el rigorismo ms absoluto hace equivalentes a todos los pecados como formas
de desobediencia a los preceptos de Dios. Pero ste es difcilmente aplicable a la mentira porque
el universo de la falsedad es amplio y diverso, y una prohibicin general no cubre sus matices
y sus vericuetos. El vicio de mentir sigui entonces la clasificacin de los pecados que desde el
perodo paleocristiano los haba separado en dos grandes clases: los pecados mortales los cuales,
si no son redimidos por la penitencia, conducen a la muerte y el castigo eternos, y los pecados
menores, insertos en la vida cotidiana cuyas denominaciones revelan que son de segundo grado;
ligeros, veniales. Con todo, an esta separacin era insuficiente porque las circunstancias eran
susceptibles de cambiar la naturaleza de la falta. Se requera una estrategia ms precisa.
Las vas para dulcificar la prohibicin de mentir fueron diversas: o bien perdonando
algunas mentiras, o bien afirmando que algunas expresiones engaosas no eran falsedades, o bien
explorando el campo de equvocos que se localiza entre el mentir y el ocultar la verdad.
Los intentos fueron imaginativos y variados; uno de los ms representativos es el de Santo
Toms de Aquino. Santo Toms coincide con Agustn en la condena invariable a la
mentira y estima que aquello que es malo de manera inherente no puede llegar a ser lcito.
La mentira es en esencia daina por su propsito desordenador; por su naturaleza,
las palabras son signos del pensamiento y es contrario a la naturaleza e ilegal para
cualquiera el significar mediante palabras otra cosa de la que se piensa15. Pero su inters en
las dificultades morales cotidianas lleva a Aquino a plantear dos estrategias que
manteniendo la prohibicin, ofrecen una salida aceptable al creyente: primero aunque
14
Cfr. Bok, S. (1978), p. 45 y Zagorn, P. (1990), pp. 3-4.
15
Aquino, Toms, citado en Jonses, A. R. (1993), p. 179.
NUNCA MENTIR 53
16
Aquino, Toms citado en Jonsen, A. R. (1993), p. 180.
54 SERGIO PREZ CORTS
explcitas. Era un desarrollo natural de esta doctrina el que, en la evaluacin del acto moral,
otorgara un lugar destacado a la idea de circunstancia. En realidad las circunstancias haban
tenido siempre un papel decisivo en la discriminacin entre pecados: ellas podan alterar la
categora del delito hacindolo pasar de mortal a venial y viceversa, podan atenuar o agravar
el pecado, de manera leve o intensa. La casustica dio culminacin lgica a este proceso e hizo
de la circunstancia una parte integrante de la evaluacin moral y de la vida tica del individuo.
En este contexto la casustica pronto tropez con el problema de la mentira. Como toda
la tradicin, ella no busc evadir la prohibicin absoluta, pero intent situarla en el contexto de
la circunstancia y la justificacin, de manera que las cuestiones que se formulaban eran hasta
dnde llega la legalidad?, cundo se atena la falta al mentir? Un peligro se advierte de
inmediato: la idea de circunstancia como atenuante es susceptible de abrir una suspensin de la
ley moral, un da domingo del deber en beneficio de una necesidad o de un impulso moral
justificado. Quiz estas cuestiones tienen poca significacin en las circunstancias de la vida
cotidiana, pero son relevantes cuando la mentira se convierte en un dilema moral, en
circunstancias excepcionales. Una circunstancia excepcional surge cuando el decir la verdad
acarrea consecuencias graves mientras que por el contrario, el silencio o el equvoco pueden
evitar o mitigar el posible dao. Ella indica que existe un conflicto entre deberes morales, sea
entre deberes absolutos, sea entre principios que protegen el bienestar temporal de la humanidad
y principios que precisan los propsitos de Dios hacia el hombre. Las circunstancias
excepcionales son indicativas de perodos crticos. Y es en efecto en pocas de persecucin,
represin y opresin social cuando la casustica brilla con su mayor esplendor. Las persecuciones
de la primera cristiandad, la normalizacin de la fe en el siglo XII, los cambios de lealtades y
valores de los siglos XVI XVII, pero tambin las grandes hambrunas y ciudades pestferas,
ofrecen innumerables casos en los que la lealtad o la fe o la palabra supone una difcil decisin
moral. En esos momentos destaca la pretensin de la casustica que no consiste en posibilitar,
sugerir o excusar a la mentira, sino en reconciliar la prohibicin de mentir con otros deberes
como conservar secretos o proteger vidas humana. Aunque siempre ha sido difcil admitir que
mentir es un acto absolutamente equivocado, en poca de persecuciones y acosos son an menos
los que los aceptan como una verdad indiscutible.
La casustica desarroll dos formas de escapatoria a dar una informacin verdica que se
consideraba injustificablemente daina: la equivocacin lgica y la doctrina de la reserva
mental. La primera, la equivocacin lgica descansa en la ambigedad del lenguaje.
Segn esta doctrina no es mentir hacer afirmaciones que sean susceptibles de interpretaciones
tanto correctas como incorrectas, con la nica condicin de que aquel que las
pronuncia conozca la interpretacin verdica del enunciado. As, ante una pregunta
NUNCA MENTIR 55
comprometedora era legtimo para una hablante de latn responder non est nic no con el sentido
de l no est aqu sino con el sentido l no comi aqu, para evadir la denuncia. La doctrina
de la equivocacin lgica explora la distancia probable entre lo que se enuncia y lo que se
interpreta, bajo la suposicin de que las circunstancias pueden convertir en verdadero algo falso.
Como forma de simulacin y evasin la equivocacin lgica ha provocado una baja reprobacin
moral sin duda porque sita los lmites de la responsabilidad del individuo en conexin con
ambigedades lingsticas reales.
La reserva mental es una forma de evasin diferente y mucho ms peligrosa. Ella
descansa en la idea de que hacer una afirmacin explcita que se sabe falsa y que se cree que va
a engaar al destinatario no es mentir, siempre y cuando aquel que la pronuncia agregue en su
pensamiento algunas palabras que hagan verdadera la proposicin completa. El emisor pronuncia
pues algunas palabras y agrega el resto en silencio; as, ante una pregunta comprometedora
injustamente formulada, el interrogado puede responder no agregando mentalmente no, para
quien no tiene derecho a saberlo. Para los casuistas esta afirmacin explcita no era mentir,
porque de acuerdo con Agustn, mentir era enunciar algo falso con el propsito de engaar y la
proposicin enunciada era, con el agregado del silencio, verdadera por lo menos a los odos de
Dios. Se mantena el precepto de no mentir -que era inescapable- pero se combinaba con un
precepto que en ciertas circunstancias permita e incluso obligaba a decir falsedades destinadas
a engaar. La reserva mental abra una brecha entre la palabra y la conviccin, pero no careca
de apoyos doctrinales: Gregorio El Grande haba escrito, comentando a Job, los odos de los
hombres juzgan nuestras palabras por como suenan exteriormente, pero el juicio divino las
escucha tal como se expresan en el interior. Entre los hombres el corazn es juzgado por las
palabras, con Dios las palabras son juzgadas por el corazn17.
El propsito de la reserva mental no era sugerir la mentira como gua de la conducta
moral sino ofrecer una salida sin conflicto entre el mentir y el no-decir en situaciones dainas.
Pero era por supuesto altamente peligrosa y susceptible de destruir cualquier base de confianza
entre sus practicantes. Por eso se busc de inmediato restringir un arma tan letal: se le asoci a
casos muy especficos, por ejemplo, de un hombre injustamente interrogado (sea porque el
cuestionador no tiene derecho, o porque interroga en circunstancias desleales, o porque puede
obtener beneficios directos en detrimento de otros) el cual no est obligado a pronunciar todo
aquello que expresara en circunstancias normales. Como no existe la flexibilidad sin
contrapartida surgi un pecado adicional: el de la reserva mental injustificada.
17
Gregorio Magno, citado en Zagorn, P. (1990), p. 30.
56 SERGIO PREZ CORTS
La equivocacin lgica, la reserva mental y una gran parte del dispositivo doctrinal que
sostena a la casustica fueron condenados en 1679 por el Papa Inocencio XI y desaparecieron
metericamente de la historia moral de occidente. Su condena es sin duda una reaccin contra
un cierto laxismo moral, pero es difcil explicarla por un sobresalto de moralidad o un respeto
ms escrupuloso a la prohibicin de mentir. La razn profunda parece encontrarse ms bien en
las transformaciones que haba sufrido la idea de ley moral. En efecto, al sustituir a la
prohibicin incondicionada con la pregunta qu es lo permisible?, la casustica haca explcita
una caracterstica de las ticas de salvacin: el abrir un cierto regateo ante la ley. La cuestin de
cul es el grado exacto que se requiere para no faltar a la norma? abre una suspensin ante el
deber, colocando la libertad del individuo justo en torno a su compromiso con la obligacin. Pero
como se ha visto esta cuestin es inaceptable para la modernidad, la cual no deja ningn
resquicio de evasin ante seguir la norma. A los ojos de la modernidad, el razonamiento
casustico es siempre sospechosos de laxismo porque permite al individuo reconsiderar en cul
de sus diversos deberes se funda la obligacin ante la ley.
En realidad, la prohibicin de mentir serva a la casustica para probar que el acto moral
no depende slo de la obediencia del individuo al mandato. El razonamiento casustico hace
patente que los deberes hacia los dems forman parte del acto moral y que la salvaguarda de la
salvacin o la virtud personal no es el nico valor que el individuo debe preservar. La casustica
introduce la sospecha de que ser un agente moral es algo ms que evitar la fechora individual
porque actuar moralmente es prestar atencin a otros miembros de la comunidad y a la
comunidad misma. Por eso hace de las circunstancias, las consecuencias y los deberes hacia los
dems, una parte significativa del razonamiento tico. Pero incluir estos elementos en el
razonamiento moral es incitar a la insubordinacin contra la concepcin deontolgica del vnculo
entre ley y deber que subyace a Agustn y a Kant. La desaparicin de la casustica no hizo cesar
la revuelta. La prohibicin de mentir es un caso llamativo pero slo un ejemplo de ese debate en
torno a la norma moral que an prosigue en la tica contempornea. Conviene pues seguir los
problemas que an plantea la prohibicin de mentir ante la concepcin deontolgica de la ley
moral.
En el plano tico una deontologa es una doctrina estricta del deber. Las ticas de corte
deontolgico, antiguas y modernas, comparten la idea de que en la definicin de sus principios
bsicos no debe participar ninguna consideracin emprica, por eso no buscan examinar
las consecuencias que acarrea un acto moral, ni maximizar ningn valor hedonista o de
felicidad, y tampoco comparan la accin que prescriben respecto a alguna otra norma de
NUNCA MENTIR 57
son funestas, con ello no se cambia el sentido moral y puesto que en la evaluacin slo cuenta
la intencin de seguir la ley, si no hay intento de evadirla entonces no hay falta y no debe haber
culpa.
No puede evitarse entonces dar a la idea de obligacin una prioridad individual, porque
se ha colocado como parmetro de la vida moral simplemente el evitar violar las restricciones
deontolgicas. El concepto de ley moral de la deontologa es bastante sencillo: es un mandato
incondicional, pero la obediencia es simplemente cumplimiento y este cumplimiento basta para
definir al individuo como persona recta y tica. El individuo moral es el coloso guardin de un
nico valor; el seguir la ley, sea para preservar la salvacin personal, sea por cumplir con el
deber. La tarea del individuo se reduce a evitar las desviaciones de la ley y a evadir el mal radical
de reconsiderar su obediencia; para ello no requiere de grandes dilemas morales sino slo un
propsito firme y constante. Naturalmente, un individuo as no es malo, pero es legtimo
interrogarse si no se comporta como un fariseo.
Las limitaciones de esta concepcin se hacen visibles cuando la mentira benevolente se
convierte en un dilema moral. Entonces se percibe que la idea de deber no es simplemente
obediencia y que la vida tica no es un ejercicio legalista. Es cierto que la prohibicin de mentir
es inseparable de la accin intencional de cada individuo, pero simultneamente el acto moral
no puede reducirse a la correspondencia forma con la ley. Reconocer ese hecho no equivale a
optar por un rgimen laxo de conducta sino comprender dnde radica la eficacia del
razonamiento y la sujecin a la ley moral. En occidente, los hombres han considerado siempre
necesario prohibir la mendacidad, no porque sea una suerte de invariante moral innata sino
porque la mentira es susceptible de destruir la base de credibilidad de cualquier comunidad. La
eficacia de la prohibicin depende de que se establezca un cerco de reprobaciones, sanciones y
recompensas asociado a los valores civilizatorios legtimos para cada comunidad. Como norma
moral su productividad consiste justamente en que establece su funcin normativa a medida que
se ejerce en esos dominios y se constituye como gua de conducta en este mismo ejercicio. Los
argumentos de Agustn y Kant se diferencian no slo por el dominio discursivo en el que se
expresan sino tambin por su concepcin de los que hace legtima a una comunidad tica: como
un pueblo de pecadores ante la bondad de Dios, o como una comunidad de seres autnomos y
libres. Los argumentos que esos dos mundos ofrecen para contenerse y reprimir el vicio residen
entonces en distintas facultades intelectuales, exigen diferentes prcticas morales, provocan
distintas formas de vigilancia de s mismo y del otro. La ley moral no es slo el mandato
explcito de no mentir sino ese conjunto diferenciado de argumentos, prcticas, restricciones y
recompensas.
En la modernidad esa configuracin de mandatos y deberes tienen
varias particularidades. Ante todo, ella se ha dispersado en mltiples instancias de
NUNCA MENTIR 59
18
Sartre, J. P. (1966), p. 93.
60 SERGIO PREZ CORTS
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