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El Valor Simbolico Del Vino

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Iigo Jauregui Ezquibela.

El valor simblico del vino en las tradiciones religiosas mediterrneas: de Ugarit a


la Ley Seca / The symbolic value of wine in the Mediterranean religious traditions: from Ugarit to
Prohibition. RIVAR Vol. 2, N 5, ISSN 0719-4994, IDEA-USACH, Santiago de Chile, mayo 2015, pp.140-
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El valor simblico del vino en las tradiciones religiosas


mediterrneas: de Ugarit a la Ley Seca * 0F

The symbolic value of wine in the Mediterranean religious


traditions: from Ugarit to Prohibition

**
Iigo Jauregui Ezquibela 1F

Resumen

El vino tiene o lleva adheridas unas connotaciones sagradas que le distinguen del resto de bebidas
alcohlicas y de las que no ha logrado desprenderse todava. Este componente litrgico explica,
entre otras muchas cosas, su presencia en algunas ceremonias de especial relevancia religiosa y los
vnculos que desde la antigedad mantiene con las castas sacerdotales de credos que, en principio,
apenas guardan relacin entre s. El propsito de este artculo es trazar un recorrido histrico que
ponga de relieve el simbolismo litrgico y ceremonial del vino y el valor que ste ha adquirido en
las tradiciones culturales europeas y del Prximo Oriente. Para lograrlo, nos proponemos realizar un
periplo histrico que recoja y esclarezca, aunque sea de modo esquemtico, las prcticas y creencias
religiosas que los antiguos semitas, los griegos del perodo clsico, los cristianos y algunos
creyentes musulmanes elaboraron en torno a esta bebida.

Palabras clave: vino, simbolismo religioso, Mediterrneo.

Abstract

Wine has attached sacred connotations that distinguish it from other alcoholic beverages. This
liturgical component explains, among other things, its presence in some special religious
ceremonies, its relevance or the links connecting this drink with the priestly caste of different creeds
and beliefs. The purpose of this article is to conduct an historical tour that highlights the liturgical
and ceremonial symbolism of wine and the value that it has acquired in European and Middle
Eastern cultural traditions. To achieve this, we intend to make an historic journey to collect and
clarify, albeit schematically, religious practices and traditions that the ancient Semites, the classical
period Greeks, Christians and some Muslims developed around this beverage.

*
Proyecto Fundacin Dinasta Vivanco: ESPRITU DEL VINO: EL VINO COMO VALOR RELIGIOSO
2013.
**
Vizcano, Licenciado en Filosofa y Antropologa Socio-cultural por la Universidad de Deusto. Profesor de
Enseanza Secundaria del IES E. M. Villegas (Njera, La Rioja). Correo electrnico:
inigojauregui@yahoo.es

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Iigo Jauregui Ezquibela. El valor simblico del vino en las tradiciones religiosas mediterrneas: de Ugarit a
la Ley Seca / The symbolic value of wine in the Mediterranean religious traditions: from Ugarit to
Prohibition. RIVAR Vol. 2, N 5, ISSN 0719-4994, IDEA-USACH, Santiago de Chile, mayo 2015, pp.140-
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Key words: wine, religious symbolism, Mediterranean Sea.

Presentacin

Actualmente, al menos en ciertos contextos, el vino contina reteniendo las connotaciones


simblico-religiosas de las que ha hecho gala durante buena parte de su historia. Es, por
decirlo de otro modo, una bebida que establece jerarquas o fronteras simblicas 1 al fijar 2F

los lmites que separan lo sagrado de lo profano, la esperanza en el ms all del sufrimiento
existencial y de la conciencia de nuestra finitud, el conocimiento salvador de la ignorancia
culpable o los placeres del paraso de los castigos infernales. Segn un reputado enlogo
britnico este rasgo puede hacerse extensivo a todas o casi todas las bebidas de contenido
alcohlico y as lo manifiesta cuando declara:

el alcohol ha ido acumulando a lo largo de milenios un dilatado y variadsimo


conjunto de contextos simblicos en los que puede ser ingerido, ya sean de
carcter festivo, consolador, medicinal, acadmico, sacramental o
gastronmico (Walton, 2003: 21).

Partiendo de esta base, nos equivocaramos si pensramos que las implicaciones simblicas
del vino o de las bebidas alcohlicas en general, constituyen una excepcin o una anomala.
Esta capacidad no depende de los objetos ni de sus cualidades intrnsecas, sino del valor,
del significado o de la interpretacin que les conceden los seres que los manipulan,
producen o utilizan habitualmente. En este sentido, los smbolos no son muy diferentes de
las metforas porque son tan arbitrarios, gratuitos o convencionales como ellas. Por
ejemplo, el vino de la eucarista no es qumicamente diferente del vino comn, no posee
caractersticas extraordinarias, ni es, en esencia, ms sagrado que la cerveza, el toddy (vino
de palma) o el agua de Vichy. Sin embargo, la Iglesia catlica, en el transcurso del Concilio
de Trento (1545-1563), decidi servirse de l y convertirlo en una de sus armas ms
eficaces a fin de frenar y contrarrestar la influencia ejercida por los protestantes. El mtodo
elegido consisti en actualizar, difundir e institucionalizar la doctrina de la
transubstanciacin, una creencia que se remontaba a los albores del Cristianismo 2 y que, 3F

entre otras cosas, sirvi para metamorfosear esta bebida tan familiar en un smbolo sagrado

1
Esta funcin cuenta con una tradicin milenaria. Segn el orientalista J. A. Zamora, autor de una monografa
que aborda la produccin y el consumo de vino en la ciudad de Ugarit, los habitantes de esta urbe del
Mediterrneo oriental conocan ms que de sobra la importancia simblica del vino y sus implicaciones
sociales. Algunos testimonios escritos confirman la existencia de grupos o individuos que lo utilizaban para
diferenciarse, autoafirmarse o jerarquizarse (Zamora, 2000: 507).
2
Los expertos sitan el origen de esta creencia en el siglo IV de nuestra era y atribuyen su difusin a las
instrucciones que Cirilo de Jerusaln (315-386), uno de los Padres de la Iglesia, destinaba a los catecmenos.

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al identificar el vino de la consagracin con la sangre, el sacrificio y la muerte de Cristo.


Esta iniciativa, elevada a la categora de dogma de fe, surti efectos inmediatos entre los
creyentes al persuadirles de que los sacerdotes que cada domingo o fiesta de guardar
oficiaban la misa tenan la capacidad de convocar la presencia de Dios ponindolo, dicho
sea de paso, al alcance de todos los asistentes. La consecuencia ms inmediata de esta
medida claramente propagandstica fue la resacralizacin o recuperacin del sentido
original del templo como lugar sagrado o propiciatorio; la difusin de las representaciones
y de la imaginera asociada a la ltima cena, y el nacimiento de un nuevo orden
arquitectnico, el Barroco, destinado a exaltar el poder y la majestad del Dios que
comparece y se revela en el sacramento eucarstico.

En resumen, el motivo de la existencia de este simbolismo, que ha prevalecido hasta la


actualidad entre los cristianos, reside en que el vnculo existente entre el vino, la sangre
humana, la muerte de Jesucristo, la Tierra Prometida o las bondades del paraso en lugar de
ser natural o necesario, es un artificio, una construccin cultural asociada al contexto
geogrfico mediterrneo y a la explotacin de un sistema simblico y religioso cuyos
antecedentes se originaron o comenzaron a perfilarse en el momento en el que una tribu
neoltica descubri que el lquido contenido en unas bayas desconocidas produca una
alteracin repentina, fascinante y sin precedentes de su conciencia.

Los orgenes: Oriente Medio y Transcaucasia

Aunque durante mucho tiempo se sospech o afirm que los orgenes de la domesticacin
de la Vitis vinifera y de la viticultura se hallaban en las costas del Mediterrneo oriental y
en la antigua Mesopotamia, la proliferacin de excavaciones en reas marginales y los
avances producidos en el mbito de la paleobotnica y de la biologa molecular sealan que
el inicio de estas actividades hay que buscarlo bastante ms al norte, en las regiones
montaosas que separan Anatolia y Oriente Medio de Rusia y el resto de Asia.

Uno de los principales defensores de la teora anterior (Mc Govern, 2003, 2009) sita
ambos procesos en las vertientes meridionales del Cucaso y, ms concretamente, en algn
lugar del territorio comprendido entre esta cordillera, los Montes Zagros (Irn) y el Taurus
(Turqua). Esta hiptesis fue corroborada provisionalmente en 2011 gracias a los
descubrimientos realizados por un equipo internacional de arquelogos en el subsuelo de
una caverna enclavada en la provincia armenia de Vayots Dzor. Los vestigios encontrados
en esta excavacin de 6000 aos de antigedad sugieren que el recinto fue destinado,
originalmente, a la elaboracin de vino, que las tcnicas de vinificacin no eran ningn
secreto para los antepasados de los armenios actuales y que el origen geogrfico de las
mismas no deba encontrarse muy lejos.

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Otra de las evidencias que suele alegarse en defensa de la tesis transcaucsica est
relacionada con la etimologa y la procedencia de la palabra vino. La mayor parte de las
palabras que se utilizan en las familias lingsticas semtica e indoeuropea para referirse a
esta bebida tienen un aire de familia o presentan similitudes fonticas que apuntan a la
existencia de una voz arcaica de la que derivan todas las dems. Aunque resulta imposible
situar con exactitud la cuna de esta palabra ancestral, lo ms probable es que apareciera en
el territorio en el que estas dos familias lingsticas estuvieron en contacto, una regin
geogrfica que coincidira con la sealada ms arriba. Segn los expertos, el origen de
todos estos vocablos habra que buscarlo en dos races muy prximas entre s: *woi- o
*wei-. De ah derivaran (McGovern, 2003: 33-34), la mayora de los trminos que
histricamente hemos empleado para referirnos al vino como, por ejemplo: oinos (griego),
oini (armenio), *ywino (georgiano), vinum (latn), wien (bajo alemn), wine (ingls), vere
(albans), *wns (egipcio), yayin (hebreo), *wajnu (protosemtico), yn (ugartico), inu
(akadio), *wijana (hitita) o windu (hatti).

Al margen de estas consideraciones y del inters que suscita la datacin y localizacin de


las primeras prcticas vitivincolas, hay quien seala que la fulgurante expansin del
cultivo de la vid por las zonas irrigadas de Oriente Medio, desde el Valle del Nilo hasta la
desembocadura de los ros Tigris y Eufrates pasando por el Jordn y el Orontes, obedeci a
un impulso religioso o simblico.

El ejemplo que suele alegarse para ilustrar la afirmacin anterior figura en uno de los
episodios de la Epopeya de Gilgamesh, un poema que describe las aventuras de un hroe
babilonio que parte en pos del secreto de la inmortalidad y de una explicacin que le alivie
del dolor que experimenta tras la muerte de Enkidu, su mejor amigo. Pues bien, una de las
traducciones de esta saga relata la llegada de Gilgamesh a un viedo mgico que se
encuentra en los dominios del sol, y su posterior encuentro con una doncella llamada Siduri
identificada por algunos expertos con la diosa madre Ishtar que se dedica a elaborar vino
y cuidar los majuelos. Este encuentro, que parece no tener nada de casual, deja entrever el
vnculo que los habitantes de Mesopotamia (sumerios, akadios, hititas, asirios o babilonios)
y de las regiones adyacentes establecan entre la fertilidad de la tierra, representada por
Siduri-Ishtar, la bsqueda de la trascendencia, encarnada por el hroe-vagabundo, y el
mosto fermentado o la planta de la que procede. La asociacin entre estos tres ingredientes,
metamorfoseados y camuflados bajo diferentes disfraces, volver a reaparecer varias veces
en el transcurso del tiempo convirtindose en uno de los grandes temas recurrentes de las
tradiciones religiosas surgidas a orillas del Mediterrneo.

De todos modos, los testimonios ms completos y que arrojan mayor luz sobre el valor
simblico y ritual del vino en un contexto religioso son los procedentes de la ciudad-estado
de Ugarit, Ras Shamra en la actualidad. Este enclave portuario, clebre por la abundancia y
riqueza de los registros hallados en sus bibliotecas y archivos, disfrut de su mximo
apogeo durante la segunda mitad del II milenio a. C., entre los aos 1450 y 1180 a. C.,

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coincidiendo con el periodo histrico de los grandes imperios. Durante ese lapso, los
escribas ugarticos se dedicaron a traducir, redactar y transcribir en tablillas de barro miles
de textos en los que se abordan cuestiones jurdicas, polticas, comerciales, religiosas,
literarias o administrativas. Este corpus documental ha permitido reconstruir con gran
exactitud la vida cotidiana de los habitantes de Ugarit, sus costumbres y unos hbitos de
consumo en los que el vino ocupaba un lugar privilegiado. La extraordinaria monografa
del historiador J. A. Zamora, contiene abundante informacin al respecto y su ltimo
captulo, titulado Usos del vino: consumo e ideologa, presta especial atencin a los
aspectos rituales y simblicos que rodeaban su produccin y degustacin. Segn se
desprende de l, en Ugarit aparece prefigurado el repertorio de valores simblicos y
ceremoniales que las culturas y religiones posteriores van a atribuir al vino o, en su defecto,
a la vid. Este hecho, perfectamente documentado, indica que los habitantes de esta urbe
conocieron, practicaron y, tal vez, difundieron o popularizaron estas asociaciones pero no
significa que las crearan ex novo. Lo ms probable es que se limitaran a transmitirlas y que
su invencin corriera a cargo de los agricultores que tuvieron la osada de atreverse a
experimentar las bondades de esta bebida.

En primer lugar, la vid y el vino representan la fuerza vital, la prosperidad, el vigor de la


naturaleza y la productividad agraria por un doble motivo: por la recurrencia o contumacia
del ciclo vegetativo de esta planta que no se marchita jams, que rebrota y renace cada
primavera tras el letargo invernal y las podas a las que se ve sometida 3; y porque el vino
4F

tinto se identifica con la sangre humana y sta con la vida. La asimilacin del vino con la
sangre no debi depender tanto de su color como del parentesco o de la conexin esencial
que los viticultores ugarticos o sus antepasados establecieron entre ambos licores. Si lo
pensamos bien, la sangre que recorre las venas y arterias humanas realiza las mismas
funciones y no es muy distinta de la savia de las plantas mientras que el vino, por su parte,
es comparable a la sangre de las vias o de la tierra en la que crecen y prosperan. De ah a
que el vino sea considerado un extracto, una esencia o un nctar reconstituyente, en el que
se condensa la energa vital, slo hay un paso. Pero adems, la relacin entre beber vino y
vivir 4 es algo ms que una figura retrica porque los que lo beben con regularidad saben
5F

que cada vez que lo hacen parece que la vida se apoderara de ellos infundindoles valor,
entusiasmo, consuelo, fortaleza, euforia o enardecimiento.

Paradjicamente, el vino tambin adquiere el significado contrario porque conduce a la


ebriedad, a un estado liminar que suprime la frontera que separa a los vivos de los muertos

3
El texto ugartico (TU 1.23) que Zamora (2000: 598) utiliza para poner de relieve la capacidad regeneradora,
la robustez de esta planta y su simbolismo implcito es el siguiente: el Prncipe Mt est sentado en su trono.
En su mano lleva el cetro de la esterilidad. En su mano lleva el cetro de la viudedad. Los podadores lo podan
como a una vid. Los gavilladores lo atan como a una vid. Lo echan en los descampados, como (los sarmientos
de) la vid
4
Existe un adagio latino que sostiene que beber es vivir. Esta frmula forma parte de una sentencia bastante
ms larga que dice as: beati hispani quibus bibere vivere est (afortunados los hispanos para quienes beber
es vivir).

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y que se asemeja a la muerte. Por esa razn, el vino es elevado a la condicin de smbolo
escatolgico y aparece en los ritos y celebraciones consagradas a los difuntos y a los dioses
que velan por los muertos: Ishara, Attartu, Raspu o Ann (Zamora, 2000: 612).

Por ltimo, el vino es la bebida de hospitalidad por excelencia, porque es empleado para
obsequiar al husped, establecer o fomentar las relaciones interpersonales y los mecanismos
de solidaridad recproca. Las fiestas que se celebran en honor de los recin llegados, y las
personas que consumen vino juntas, se sirven de este elixir prodigioso para sellar la nueva
amistad, promover la sociabilidad o afianzar los lazos que unen a los miembros de un grupo
constituido previamente. El vino ingerido en el transcurso de estas reuniones conviviales es
el vehculo o el canal a travs del cual circulan estos mensajes. La prueba del xito y de la
continuidad histrica de esta prctica la hallamos en la notoriedad alcanzada por las
cofradas o agrupaciones religiosas de bebedores (mrzh) entre los semitas noroccidentales a
partir del I milenio (Zamora, 2000: 621) y en la posibilidad de que esta institucin fuera el
precedente en el que se inspiraron los griegos para crear el symposion.

El culto a Dioniso

Los depsitos de copas y las nforas vinarias descubiertas en los almacenes de los palacios
cretenses de Pilos, Cnossos y Festos y las continuas alusiones de los poemas homricos 5 6F

demuestran que el consumo de vino era una prctica bastante extendida entre los griegos de
la Edad de Bronce (2500-1200 a. C). Sin embargo, el dios que lo representa, Dioniso-Baco,
es un enigma y un perfecto desconocido durante todo este periodo. Homero apenas le presta
alguna atencin y sus primeras representaciones iconogrficas reconocibles datan de
comienzos del siglo VI a. C. 6. Esta falta de imgenes o de testimonios literarios
7F

inequvocos ha hecho sospechar a un buen nmero de eruditos que la incorporacin de


Dioniso al panten olmpico fue bastante ms tarda que la del resto de divinidades 7 o que 8F

su culto se origin lejos de la Hlade, en Tracia, Frigia o, incluso, Lidia.

Dioniso demuestra ser uno de los dioses ms conflictivos, ambiguos y peculiares de la


religin griega porque muchas de las peripecias en las que se ve envuelto constituyen una
amenaza para las instituciones y la organizacin social 8, y porque es un dios que exige de
9F

5
Cantos I, III, IV, VIII, IX, XII, XVI, XIX XXIII de la Ilada y I, III, IV, IX, X de la Odisea.
6
Su figura aparece reproducida en un dinos (un tipo de recipiente) atribuido al pintor Sfilo y en una crtera
de volutas, el Vaso Franoise, obra de Clitias y Ergtimos. Las dos piezas estn fechadas en torno al 570 a. C.
(Dez Platas, 1998: 303).
7
Algunos investigadores como Chadwick, Ventris, Hallager o Hiller manifiestan muchas reservas o dudan de
la validez de esta sospecha aduciendo que su nombre, bajo la forma di-wo-nu-so, figura en las tablillas
micnicas redactadas en Lineal B.
8
Segn relata Tito Livio, las consecuencias de la introduccin del culto de Dioniso-Baco en Roma fueron tan
escandalosas que el Senado decidi proscribirlas por decreto (186 a. C.) y emprender una persecucin que

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sus seguidores una adhesin absoluta. Estos dos extremos aparecen expuestos en una
tragedia de Eurpides titulado Bacantes. Independientemente de las intenciones que
albergaba Eurpides cuando concibi esta ficcin, lo que queda fuera de toda duda es que el
escenario en el que desarrolla el drama es inslito y marcadamente subversivo. La
superioridad masculina y el orden patriarcal representado por el rey de Tebas son
socavados y puestos en entredicho a causa de la devocin que el joven dios, un completo
desconocido, suscita entre las tebanas. Pero la cosa no acaba ah. Los gneros tambin
aparecen enfrentados y sus roles invertidos: los varones se travisten y se cubren con peplos
mientras que sus mujeres olvidan la modestia, la pasividad y compostura a la que estn
habituadas para entregarse al arrebato mstico, la embriaguez y la sexualidad sin tabes ni
restricciones.

El carcter transgresor y desmesurado de este dios debi ejercer un atractivo irresistible


entre las clases populares de las urbes griegas. Su prestigio queda atestiguado al examinar
el calendario litrgico ateniense y comprobar que casi la mitad del ciclo festivo estaba
consagrado a Dioniso-Baco y a los rituales propiciatorios vinculados a las actividades
agrarias. La primera cita, all por el mes de diciembre, reciba el nombre de Dionisias
rsticas o de los campos. La ceremonia central consista en una procesin multitudinaria
integrada por, al menos, cuatro cortejos diferentes: el primero formado por un grupo de
doncellas (kanephorai) que acarreaban canastillos de oro repletos de frutas; le segua una
comitiva de hombres enmascarados o disfrazados de stiros y entregados a toda clase de
burlas y gesticulaciones; a continuacin iban los phallophoroi, los encargados de cantar las
phallikai y de sostener las prtigas de cuyo extremo colgaban grandes falos y, en ltimo
lugar, cerrando la procesin, se encontraban los ithyphallophoroi, una cofrada de
travestidos especializados en imitar los efectos que la embriaguez produca en las mujeres.
La segunda festividad se celebraba a mediados de invierno, en enero-febrero, y reciba el
nombre de Leneas en honor de las bacantes jonias (lenai) o del lugar que se reservaba al
pisado de la uva (lenos). Durante esta fecha, se organizaban procesiones, espectculos
teatrales, mascaradas y actos en los que se evocaba a las divinidades de ultratumba para
implorar la proteccin de las cosechas. Las Anthesteriai, por su parte, tenan lugar durante
los das 11, 12 y 13 del mes de febrero-marzo (anthesterion). La jornada inaugural
(pithoigia) se destinaba a la apertura de las jarras de la ltima vendimia, catar su contenido
y ofrecer libaciones al dios que lo haba hecho posible. Al da siguiente (khoes), se
convocaba una procesin para conmemorar el desembarco de Dioniso en las costas ticas,
un concurso de bebedores en el que los participantes tenan que despachar un recipiente que
contena tres litros de vino y una ceremonia secreta en el Limnaion para celebrar el
matrimonio (hierogamia) de esta divinidad con la mujer del arconte-rey. El ltimo episodio,
la fiesta de las marmitas (khytrai), era el ms funesto de todos porque estaba dedicado a

acab con la vida de ms de 7000 de sus seguidores. Aparentemente, los motivos que instigaron la adopcin
de estas medidas fueron de ndole moral o sexual.

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evitar que los espritus de los muertos escaparan del lugar en el que se hallaban recluidos.
Para lograrlo, se les preparaba una ofrenda alimenticia, la panspermia, compuesta por
diversas clases de granos comestibles y se les conminaba a no abandonar el Hades. El ciclo
ritual acababa definitivamente a comienzos de la primavera (marzo-abril) con ocasin de
las Dionisias mayores o urbanas y el programa de actos cvicos y obras teatrales que las
acompaaban.

Pero la mejor prueba de la identificacin o del paralelismo existente entre este dios y el
vino la hallamos en los accidentes que rodean el nacimiento de ambos. Segn uno de las
numerossimas versiones que circulan en torno a sus orgenes, Dioniso es engendrado por
Zeus y una princesa tebana de la que se ha encaprichado y que responde al nombre de
Smele. Sin embargo, el idilio entre ambos es efmero porque Hera, al descubrir la
infidelidad de su esposo, decide eliminar a su rival. Para hacerlo, se gana su amistad y la
convence para que compruebe si su amante es realmente quien dice ser. Inicialmente, Zeus
se resiste a revelar su verdadera naturaleza pero la insistencia de su amante es tan grande
que termina accediendo. Tal y como Hera ha previsto, los truenos y relmpagos que forman
el cortejo divino fulminan a Smele causando su muerte. A pesar de lo sucedido, Zeus
consigue rescatar al nio del vientre de su madre y para sustraerlo a la ira de su celosa
mujer decide ocultarlo en el interior de uno de sus muslos. Ah permanecer hasta
completar el periodo de gestacin y nacer por segunda vez 9. Con el vino sucede algo muy
10 F

semejante. Despus de la vendimia, los racimos recin cosechados se trasladan al interior


de las bodegas y son depositados en grandes recipientes. Acto seguido, uno o varios
hombres se introducen en su interior e inician una danza frentica con el fin de estrujar,
exprimir las bayas para vaciarlas del jugo y del vigor que late en su interior y que se ha ido
acumulando durante los meses de esto. El resultado es una pulpa indiferenciada, una pasta
inerte, irreconocible y sanguinolenta. Sin embargo, tras algo ms de una semana de letargo,
la masa que todos haban dado por muerta vuelve a la vida, se agita, bulle, desprende gases
y, lo ms sorprendente de todo, irradia calor. El zumo dulzn, inocente y exento de misterio
experimenta una transformacin alqumica y por efecto de un fuego oculto se transmuta en
un elixir embriagador que hace perder la cabeza. Los accidentes sufridos por Dioniso y el
vino se superponen y reclaman mutuamente hasta confundirse. El genio inofensivo que
dormitaba en los pmpanos, en los racimos o en el vientre de Smele nace por segunda vez
convertido en un numen dispuesto a cobrarse cumplida venganza de sus enemigos o llenar
de dicha a sus seguidores y cmplices.

La personalidad de Dioniso es tan compleja y polimrfica que concentra y rene bajo su


advocacin los motivos simblicos que la civilizacin ugartica atribuy al vino. Esta nueva
personificacin o epifana del vino ampara, bajo su manto, la prodigalidad de la naturaleza,
su poder regenerativo; la sangre que alimenta, arrebata la vida y aplaca a los muertos; la
embriaguez, la locura, el rapto mstico y la intoxicacin que facilita la comunicacin con

9
Esta es la causa de que a Diniso se le otorgue el ttulo de dimetor (el de las dos madres).

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dioses y difuntos 10 y, finalmente, los mecanismos sociales que contribuyen a la distensin,


11F

el apaciguamiento y la resolucin de conflictos. Cada uno de estos elementos se va


incorporando y superponiendo a los anteriores hasta formar una maraa, un conjunto
inextricable de imgenes, metforas y significados solapados y contradictorios que ofrece
consuelo y satisface las demandas de todos los que imploran su auxilio.

Cristianismo: vino nuevo en odres viejos

Las primeras frases de los evangelios de San Mateo 11 y de San Juan 12 reflejan sin ningn
1 2F 13F

gnero de duda las fuentes y los antecedentes culturales en los que se inspira la nueva
religin y que no son otros que el judasmo y la tradicin griega. Mientras Mateo acenta
las promesas y compromisos que ya figuraban en el Antiguo Testamento, Juan reflexiona
sobre la naturaleza del logos (o verbo) tal y como corresponde a un intelectual formado
bajo la influencia de la tradicin helenstica. Otro tanto sucede con la descripcin del
nacimiento del Salvador. Aunque ni Mateo ni Lucas demuestran mucho celo a la hora de
establecer la exactitud de los hechos, el primero no pierde la ocasin para subrayar la
significacin y trascendencia que este acontecimiento tiene para el futuro y los intereses del
pueblo judo 13, en tanto que Lucas lo interpreta en clave ecumnica. Segn este ltimo, el
14F

mensaje de Jesucristo tiene validez universal, trasciende cualquier particularismo tnico y


su destinatario es la humanidad en su conjunto 14. En cualquier caso, el corazn de la
15 F

doctrina cristiana, el doble mandamiento de amar a Dios y al prjimo, sintetiza la


originalidad de la nueva fe y su voluntad de distanciarse de las decenas de prescripciones y
tabes que condicionaban la vida y la prctica religiosa de los seguidores del judasmo.

Una de las mejores expresiones del sincretismo judeo-helnico al que acabamos de hacer
alusin la hallamos en el sacramento de la eucarista. Aunque la etiqueta y el grado de
elaboracin del ritual eucarstico varan de una secta o de una iglesia a otra, los elementos
esenciales son compartidos por las diferentes variantes de esta confesin e incluyen la
divisin y reparto del pan consagrado y el consumo de una pequea cantidad de vino en
memoria de la muerte y resurreccin de Jess. En esta ceremonia aparentemente simple
concurren y se dan cita el simposio 15 griego y el Seder, el banquete ritual que las familias
16F

10
Frazer (1981: 165-166) afirma que beber vino en los ritos de un dios de la vid, como Dionisos, no es un
acto de francachela, sino un sacramento solemne.
11
El primer captulo del evangelio de San Mateo (1, 1-22) busca establecer y demostrar la naturaleza
mesinica de Jesucristo. Para hacerlo, recurre a la genealoga enumerando uno por uno todos sus antepasados
desde Abraham hasta Jos.
12
En el principio exista el Verbo, y el verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios (San Juan 1, 1-5).
13
Mateo 2, 2-6.
14
Lucas 2, 10-14.
15
Los simposios eran reuniones en las que los participantes, despus de comer y beber a discrecin,
disfrutaban de una amplia variedad de entretenimientos: canto, msica, danza, juegos de habilidad Este

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Iigo Jauregui Ezquibela. El valor simblico del vino en las tradiciones religiosas mediterrneas: de Ugarit a
la Ley Seca / The symbolic value of wine in the Mediterranean religious traditions: from Ugarit to
Prohibition. RIVAR Vol. 2, N 5, ISSN 0719-4994, IDEA-USACH, Santiago de Chile, mayo 2015, pp.140-
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hebreas organizaban todos los aos al inicio de la Pascua (Pesaj) para conmemorar la
liberacin y posterior huda de Egipto. La tradicin prescriba la ingesta de diversos
productos alimenticios, entre los que destacaba el pan zimo, sin levadura, y el consumo de
cuatro vasos de vino. Segn algunas interpretaciones, estas cuatro libaciones simbolizaban
los favores o los dones que Dios otorga al pueblo elegido y que son puntualmente recogidos
en el libro del xodo (6, 6-8).

No obstante, el gape eucarstico es algo ms que el resultado de una encrucijada o de un


encuentro cultural entre los pueblos indoeuropeos del norte del Mediterrneo y los semitas
del sur. La relevancia y la aceptacin alcanzada por este acto litrgico y los elementos que
lo integran descansan, fundamentalmente, en su extraordinaria riqueza simblica y su
inagotable versatilidad. Los primeros conversos y los miembros de la comunidad cristiana
primitiva convierten este acto en un motivo de alegra y de exaltacin porque les rene bajo
un mismo techo, les permite estrechar lazos, disipar la soledad y alejar las dudas que les
corroen. El pan y el vino compartidos sirven para expresar esta solidaridad fraternal y la
fortaleza del vnculo que los une frente a una sociedad hostil o indiferente. Esta dimensin,
que hunde sus races en el pasado, se prolonga en el presente y se extiende hasta el futuro, y
que podramos calificar de convivial, coexiste con la vertiente sacrificial, mucho ms
importante a efectos dogmticos o religiosos. La eucarista y, por extensin, las dos
sustancias que la integran, puede entenderse como la reactualizacin de la presencia de
Cristo y la vigencia de su mensaje (presente), la anticipacin del banquete mesinico del
final de los tiempos (futuro) y, finalmente, como una reedicin actualizada del contrato que
Dios suscribe con Abraham y sus descendientes (pasado).

Una de las formas ms eficaces y refinadas de ilustrar y corroborar la relacin existente


entre el Mesas, la liturgia eucarstica y el vino la hallamos en la metfora y las
representaciones grficas del lagar mstico. El significado y la importancia concedida a la
versin mstica de este artefacto de uso comn entre los vinicultores de ambas riberas del
Mediterrneo tienen su origen en la lectura que los telogos tardo-antiguos y medievales
hicieron de dos textos que consideraron especialmente relevantes y que pertenecen al
Antiguo Testamento. El primero procede del libro de los Nmeros y describe el regreso de
los exploradores que Moiss decidi enviar a la Tierra Prometida con el fin de reconocer el
pas y hacer averiguaciones sobre sus habitantes y las condiciones de vida que reinaban en
el mismo. En el curso de esta expedicin: llegaron hasta el valle de Escol, donde cortaron
un sarmiento y un racimo de uvas, que cargados en un palo trajeron entre dos 16. Segn un 17 F

grupo de Padres de la Iglesia entre los que figuran Tertuliano, San Cipriano, Orgenes o San
Jernimo, este pasaje prefigura, en cierto modo, el sacrificio y la crucifixin de Jesucristo y
el paralelismo existente entre su muerte y las labores que soporta la uva antes de
transformarse en mosto y vino.

dispositivo social formaba parte de la lista de estrategias que los varones griegos empleaban para fomentar las
relaciones interpersonales o los mecanismos de solidaridad recproca.
16
Nmeros 13, 23.

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La segunda cita, extrada del libro atribuido al profeta Isaas (63, 2-3), es mucho ms
explcita y reza as:

Por qu es rojo tu vestido/ y tus ropas como las que pisa el lagar?
En el lagar he pisado yo solo/ y nadie del pueblo estaba conmigo./ S, en mi
clera los he pisado,/ los he pisoteado en mi furor;/ y su jugo ha salpicado
mis ropas/ y he manchado todos mis vestidos.

A partir de estos dos fragmentos, San Agustn 17 propone identificar a Jess con la uva de la
18F

Tierra Prometida que es depositada en el lagar en espera del prensado y del sacrificio
cruento al que va a someterse. El mosto que escurre de las bayas simboliza la sangre
derramada de Cristo; el lagar, el Glgota, el lugar de su crucifixin y, al mismo tiempo, la
fuente de la que mana la vida eterna; y el vino joven, el xito o el poder transformador de
su mensaje. San Agustn va incluso ms lejos y, sirvindose de esta imagen, recomienda a
todos los cristianos que sigan el ejemplo del Mesas y se preparen para el pisado, es decir,
para verter su sangre, literal o figuradamente, por Dios. Aunque la ortodoxia de este autor
est fuera de toda sospecha, estas y otras metforas vitcolas resultan particularmente
inquietantes porque evocan o permiten establecer alguna conexin entre Jesucristo y
Dioniso. Segn P. Rech (1998: 36-37), este dios pagano anticipa y es, hasta cierto punto, el
heraldo del Mesas cristiano porque, adems de utilizar la vid y sus derivados como
blasones o cartas de presentacin, sufre experiencias comparables o muy parecidas:
nacimiento clandestino, dudas sobre su naturaleza divina, persecucin, repudio por parte de
sus semejantes, ocultamiento, y una misin comn consistente en consolar, liberar y
redimir a la humanidad de las cadenas que la atenazan y de su doloroso y mortal destino.

Tras varios siglos de aparente olvido, la alegora de la prensa vuelve a ser puesta de
actualidad por un franciscano italiano del siglo XIII llamado San Buenaventura (1218-
1274). Esta nueva versin, que no difiere sustancialmente de las anteriores y que por las
fechas coincide con el culto a la sangre de Jess, aparece formulada del siguiente modo:

Cristo comprimido en la cruz como un racimo en el lagar, ha hecho fluir por


las heridas de su cuerpo un licor que es remedio de todas las enfermedades
() el vino es la imagen de la sangre que se extrae del racimo, es decir, del
cuerpo de Cristo, prensado por los judos en el lagar de la cruz 18.
1 9F

17
Enarrationes Ps 55, 4.
18
De preparatione missae.

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La imagen truculenta y poco convencional del suplicio de Jess, sumada a la de la sangre


que brota de su cuerpo y se mezcla con vino, es tan poderosa y sugerente que logra una
popularidad y una difusin inmediatas. Los artistas plsticos de finales de la Edad Media y
de los primeros siglos de la Edad Moderna, conscientes del inters que despierta entre los
creyentes, no tardan en hacer suyo este motivo iconogrfico incorporndolo a sus
creaciones. Las mejores muestras son elaboradas en los talleres de los miniaturistas,
grabadores y pintores del norte de Francia, Pases Bajos y regiones de habla alemana. Las
estampas ms imitadas y que suscitan mayor admiracin son diseadas por el grabador
belga Hieronymus Wierix (1553-1619) (Pinilla, 2010). Sus obras sitan a Jesucristo en el
interior de un lagar o de una prensa que es accionada por Dios Padre o el Espritu Santo en
forma de paloma. Mientras, la sangre que brota de sus heridas y cae en el recipiente que se
halla a sus pies es recogida por un grupo de ngeles o de sacerdotes en un cliz y
distribuida entre los espectadores que contemplan la escena.

El vino mstico del Islam

En general, la religin islmica siempre ha manifestado una actitud positiva en relacin con
la alimentacin y los placeres que proporciona. El Corn no solamente corrobora esta
posicin a travs de varias aleyas, tambin establece que los musulmanes pueden y deben
disfrutar de los dones que Allah ha puesto a su disposicin, incluyendo alimentos y bebidas.
De hecho, una de las metforas ms recurrentes del paraso musulmn est relacionada con
el vino y las delicias que Dios pone a disposicin de los hombres y mujeres que tienen la
fortuna de ingresar en l:

Imagen del Jardn prometido a quienes temen a Dios: habr en l arroyos de


agua incorruptible, arroyos de leche de gusto inalterable, arroyos de vino,
delicia de bebedores, arroyos de pura miel 19.
20F

Sin embargo, el consumo de vino y bebidas alcohlicas ha sido objeto de controversia y de


diversas prohibiciones a lo largo del tiempo. Es ms, de todas las religiones nacidas a
orillas del Mediterrneo, el Islam es la nica que actualmente alberga escrpulos o
demuestra una postura claramente hostil contra los musulmanes que beben vino o cualquier
otro producto que contenga alcohol.

No siempre fue as. Las sociedades musulmanas han mantenido, hasta fechas relativamente
recientes, una relacin cuando menos ambivalente con el vino que ha oscilado entre la

19
Sura XLVII, 15.

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plena aceptacin (halal) y la condena sin paliativos (haram) 20. El Corn, sin ir ms lejos,
21F

refleja y contiene ambas sensibilidades. Las suras ms antiguas brindan una imagen muy
favorable del vino al incluirlo en la lista de dones o beneficios que Dios otorga a los
hombres. Esta actitud positiva inicial evoluciona hacia una postura ms escptica, ambigua
o conservadora para acabar, finalmente, en una condena sin paliativos de la embriaguez y
de las bebidas que la provocan.

Al margen de los debates tericos, las opiniones de los expertos y el respaldo cosechado
por las posturas ms intransigentes, existen abundantes pruebas histricas que demuestran
que algunas comunidades musulmanes ampararon o favorecieron el consumo de vino 21. 2 2F

Esta indulgencia puede rastrearse en la obra de los poetas iranes, en algunas sectas
islmicas minoritarias y en el pensamiento de pensadores y msticos sufes que no dudaron
en hacerse eco de sus virtudes y connotaciones espirituales. Ellos son los autores de los
mayores elogios y de los mejores poemas que jams se han dedicado al vino.

Una de las primeras manifestaciones del simbolismo religioso que los seguidores de este
credo conceden al vino la hallamos en el escritor cairota Umar Ibn al-Farid (1181-1235) al
que sus contemporneos otorgaron el sobrenombre de prncipe enamorado de Dios. Su
obra ms conocida, la titulada Elogio del vino, convierte este brebaje en una poderossima
alegora del ms all, de la sabidura y de la unin mstica con Dios. El vino abandona su
vulgaridad o su naturaleza mundana y adquiere las mismas connotaciones sagradas y
trascendentes que hemos analizado en apartados anteriores. Contraviniendo la ortodoxia y
las ordenanzas cornicas, el zumo de la uva deviene en el vehculo del que se sirven
algunos privilegiados para acceder a la gracia, el poder y la voluntad de Allah. Las estrofas
iniciales del poema no hacen sino confirmar este extremo:

En recuerdo del Bienamado


hemos bebido un vino;
que nos ha embriagado
antes de la creacin de la via.

Nuestro vaso era la luna llena,


el vino, un sol rodeado por un cuarto creciente.
Cuando est mezclado,
cuntas estrellas resplandecen! 22 23F

20
La primera palabra se usa para identificar los alimentos y bebidas conformes a la ley, permitidos o libres
de pecado; la segunda, para referirse a los que la contravienen y estn prohibidos (Jauregui, 2009: 18).
21
El esfuerzo y el inters que demuestran las escuelas jurdicas y los expertos en derecho islmico a la hora de
reglamentar o prohibir la utilizacin de bebidas intoxicantes revelan, indirectamente, la extensin de estas
prcticas.
22
Homerin, T. E. (tr.), 2001: 46.

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Entre los poetas persas, es imposible pasar por alto la obra de dos de los ms famosos:
Omar Khayyam o Khaiame (1048-1131) y Hafiz Shirazi (1325-1389). El primero es
clebre por la autora de una coleccin de ms de un centenar de poemas conocida con el
ttulo genrico de Rubaiyat. A pesar de que buena parte de estas composiciones son de
dudosa autora, todas comparten la misma forma mtrica integrada por estrofas de dos
versos divididas, a su vez, en otros tantos hemistiquios. Es la estructura de la que se sirve
Khayyam para expresar sus inquietudes acerca de la naturaleza de la realidad, la
transitoriedad de la vida y las relaciones que los hombres establecemos con Dios. La falta
de certidumbres y sus dudas acerca de la existencia de la providencia o del futuro que nos
aguarda tras la muerte son las que le llevan a refugiarse en los placeres mundanos, en el
hedonismo y en la felicidad instantnea que proporciona el vino:

Siendo la vida un solo instante


que en breve se extinguir,
mantengo el corazn impasible
entre sus encantos y amarguras.

Si la copa tendr,
fatalmente,
que desbordar,
no importa que eso ocurra
en Bagdad o Balakhe.

Compaero,
quirote, enloquecido,
vaciando las copas! 23
24 F

Al igual que en el caso de al-Farid, Khayyam decide integrar el vino en su universo potico
pero con fines supuestamente profanos 24. De este modo, el vino retorna a la casilla de
25F

salida para cerrar el crculo y recuperar el valor y la reputacin que cosech entre los
habitantes de Ugarit o los ciudadanos griegos. La poesa de este autor nos permite, por
tanto, asistir a una reedicin de su simbolismo original, un simbolismo trufado de imgenes
alegres, gozosas, vehementes y exaltadas en las que el mosto fermentado acta como
sacramento o vehculo de las emociones que experimentamos cuando tomamos conciencia
de lo mucho que significa la vida.

Hafiz Shirazi, por su parte, fue un mstico suf nacido en Ispahn que, adems de trabajar
ocasionalmente como poeta de corte, debe la mayor parte de su reputacin al cultivo de una

23
Khaiame, 1977: 59.
24
Esta lectura sigue desatando una gran controversia entre los estudiosos de su obra. En realidad, el carcter
licencioso, materialista, procaz e irreverente de sus poesas sera un artificio destinado a ocultar su naturaleza
religiosa.

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forma lrica tradicional llamada ghazal. Los juicios de los expertos aparecen divididos a la
hora de evaluar su obra. Mientras algunos lo tachan de libertino, hedonista, escptico o
impo, otros lo elogian resaltando sus profundas creencias religiosas, teidas de misticismo,
y su presunta santidad. Esta disparidad de opiniones no debera sorprender a nadie porque
el propio interesado foment esta ambigedad mediante el uso calculado del vocabulario
tradicional y toda suerte de recursos formales. Sus poemas aparecen cuajados de metforas,
trminos polismicos, anfibologas o dobles sentidos que hacen que cualquier
interpretacin resulte verosmil. El hermoso y cruel amante de quien espera un mensaje o
una seal amorosa que le devuelva la esperanza puede ser una persona real o el Ser
supremo a quien implora un gesto, una muestra de aprecio o una palabra de consuelo. Con
el vino ocurre algo semejante. El tratamiento que recibe, las circunstancias en las que es
mencionado impiden establecer con exactitud su verdadero significado. En algunas
ocasiones, se limita a ser el lquido profano que llena la copa y sacia la sed del bebedor,
pero en otras, adquiere un valor alegrico lindante con la divinidad:

La piedra de los sabios trae, copero!


La copa que en s encierra el universo.
Venga vino! Que quiero yo mi alma
de soberbia y rencor, dejar lavada.
Venga vino! Que quiero hacer pedazos
esa red del absurdo clerical,
que trata de envolvernos en sus lazos ()
Venga vino! Que el cielo subir quiero;
y ver de la otra vida los misterios 25
26 F

Los poemas en los que Hafiz se refiere al vino resultan sorprendentes porque comparan esta
bebida con el amor carnal que los hombres brindan a sus semejantes o con el mstico que
profesan a Dios. La primera produce los mismos efectos que el segundo: una embriaguez,
un deleite que nubla los sentidos y del que no es fcil librarse. Borrachos y enamorados se
comportan de manera muy parecida. Ambos viven consagrados a su pasin, desdeando los
convencionalismos morales y la opinin de sus semejantes. El amor que el amante y el
dipsomanaco profesan a sus respectivos objetos amorosos es incondicional, perentorio y
tan vehemente que es capaz de rebasar los lmites impuestos por la razn o el decoro. La
principal diferencia reside en los efectos que provocan: el vino conduce a la
autocomplacencia, el embotamiento de la mente, la inaccin y el estupor mientras que el
sentimiento amoroso favorece el crecimiento personal, la autoconciencia y la entrega
desinteresada. El bebedor que persevera y no abandona su hbito pasa sus das recluido en
el interior de las tabernas, olvidado del mundo y de sus semejantes, absorbido por un
apetito que acaba por destruirle. Sin embargo, el enamorado que prueba el vino de la pasin
nunca se cansa de l, cuanto ms bebe ms se aproxima al amado convencido de su

25
Hafiz,1983: 15.

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fidelidad. El elixir que rebosa su copa se transforma en un fuego abrasador que arde sin
agotarse jams, en una llama mstica que alumbra el misterio que rodea y en el que se
oculta el Ser supremo.

Conclusiones

Los datos que hemos ido acumulando a lo largo de un lapso que, con algunas
discontinuidades, se extiende a lo largo de cerca de seis milenios ponen de relieve que el
vino ha sido y sigue siendo una bebida ecumnica, un producto que ha logrado rebasar las
fronteras del espacio y perpetuarse en el tiempo. Todas las culturas y religiones que han
surgido y prosperado en el contexto geogrfico mediterrneo, incluido el Islam, lo han
incorporado a su repertorio de smbolos litrgicos otorgndole diversos papeles y grados de
protagonismo.

Aunque desconocemos las causas que originaron el establecimiento de esta conexin, es


probable que su implantacin se produjera poco despus de la naturalizacin y
domesticacin de las variedades silvestres de la Vitis vinifera. Fue entonces cuando la
nueva planta comenz a revelar sus secretos a los hombres que, llevados por la curiosidad,
decidieron trasplantarla a sus propios huertos. La observacin o el contacto ntimo con las
primeras vides les revel tres hechos que, desde entonces, no hemos dejado de constatar: el
efecto ligeramente embriagador o intoxicante de sus bayas, el paralelismo existente entre su
ciclo vegetativo y nuestras creencias escatolgicas y el parentesco o la semejanza que
puede apreciarse entre la sangre y el vino.

La prueba de la continuidad, del aire de familia que impregna todos los dioses y todas las
creencias que se han fraguado alrededor del vino la tenemos no solamente en las cuatro
religiones que hemos analizado sino tambin en el Egipto faranico y en el Judasmo. El
vino aparece en todas ellas y lo hace revestido de valores muy similares. El primero, como
acabamos de ver, tiene que ver con su poder entegeno. Esta bebida es capaz de alterar leve
o gravemente la conciencia humana, puede embotar los sentidos o causar euforia, puede
alegrar el corazn de los hombres u ocasionar su locura. Para unos hombres poco
familiarizados con los cambios de percepcin, el vino fue y sigue siendo una bebida muy
tentadora porque altera nuestra personalidad habitual y nos libera temporalmente de ella.
Pero la planta en la que crecen las uvas tambin puede servir para representar o arrojar luz
sobre el destino que nos aguarda. El letargo invernal que sufren, su muerte aparente, es
seguida por la resurreccin de las vides que, de la noche a la maana, recuperan su
esplendoroso vigor como si nada hubiera sucedido. Este fenmeno, que se repite ao tras
ao, convierte a la vid en un emblema de la eternidad, del poder regenerador de la
naturaleza y de la circularidad del tiempo. Ninguna muerte, ni siquiera la de los hombres, es
definitiva. La resurreccin no es una quimera, ni una excepcin, es el principio que rige

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todos los acontecimientos y a todas las criaturas. Finalmente, el vino tambin puede ser
considerado un sucedneo o un sustituto de la sangre. El brebaje astringente, espeso y
granate que duerme en las barricas sepultadas bajo tierra representa la sangre de la uva, de
la tierra, de la humanidad, de los dioses o de sus enviados. Esta identificacin acarrea, en
cierto modo, la nocin de sacrificio. Para que la vida se transforme, adquiera nuevo sentido
o se renueve es necesario que alguien muera o abandone su antigua condicin. El camino
atormentado que recorre la uva para convertirse en vino es muy parecido al trance que
sufren Dioniso antes de ser reconocido por el resto de los dioses o Jesucristo antes de ser
aceptado por los destinatarios de su mensaje. Las uvas tambin son maltratadas, reducidas a
pedazos, estrujadas en la prensa y convertidas en mosto-sangre. Pero cuando el fuego de la
fermentacin se apodera de l, sufre una transmutacin y nace a una segunda vida, una vida
ms fructfera que la que posea anteriormente porque adquiere la capacidad de conducir al
hombre a un estado de xtasis. De ah que una voz autorizada como la de la teloga P. Rech
(1998: 35) sostenga que esta bebida pueda ser considerada la parbola ms hermosa de la
pasin vital que emana de la vida y muerte de un dios.

Antes de finalizar, debemos subrayar que este artculo no estara completo si olvidramos
mencionar que el vnculo existente entre vino y religin no ha sido unidireccional. Aunque
el vino ha prestado grandes servicios a la religin, la religin tampoco se ha quedado atrs
y, en algunas ocasiones, ella es la que ha tomado la iniciativa para apoyarlo, reivindicarlo o
protegerlo de las amenazas que se cernan sobre l. El ejemplo ms cercano de esta relacin
de reciprocidad lo hallamos en la estrategia adoptada por los vitivinicultores
norteamericanos tras el establecimiento, por parte del Congreso de los Estados Unidos, de
varias disposiciones legales encaminadas a prohibir y sancionar la produccin, distribucin,
venta y consumo de bebidas alcohlicas. Estas medidas, adoptadas a partir de la ratificacin
de la Decimoctava Enmienda a la Constitucin (16-I-1919) y el Acta Volstead (28-X-
1919), se mantuvieron en vigor hasta 1933 y provocaron una crisis sin precedentes en el
negocio del vino y en el de las destileras. Algunos vitivinicultores afectados por lo que se
ha venido en llamar Ley Seca o Prohibicin, se vieron forzados a cerrar sus bodegas o
dirigir sus actividades hacia otros sectores como el de la produccin de uva de mesa o
derivados (mosto, zumo de uva y vinagre). Otros, fundamentalmente los establecidos en el
estado de California, decidieron acogerse a una de las excepciones que marcaba la ley y,
tras obtener la pertinente aprobacin eclesistica, comenzaron a elaborar sacramental o
altar wines, es decir, vinos destinados a cubrir las necesidades litrgicas de las distintas
confesiones cristianas. La estrategia surti efectos inmediatos y fue muy bien acogida por el
sector porque ofreca una alternativa viable y nuevas oportunidades de negocio. Se calcula
que en 1922 se produjeron y declararon algo ms de 8 millones de litros de altar wines,
cifra que ascendi hasta los 9 millones y medio en 1923 y hasta los 11 en 1924. Por tanto,
no tiene nada de extrao que algunos investigadores estadounidenses defiendan la tesis de
que esta clase de vinos contribuyeron decisivamente a la salvacin de la industria vincola
californiana y a su posterior expansin.

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Bibliografa

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RECIBIDO: 15-12-2014 ACEPTADO: 10-01-2015

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