Caso Enron
Caso Enron
Caso Enron
Enron comenzó como una compañía distribuidora de gas por tubería (pipeline) en
Houston en el año 1984, se transformó en un gigante de tipo medio. Con el tiempo, Enron
desarrolló, de manera notable, una compleja variedad de contratos, al cabo de cierto
tiempo, el volumen de este tipo de contratos financieros sobrepasó, con mucho, al
volumen de contratos sobre mercancías.
En breve, es posible afirmar que Enron utilizó recursos contables para esconder su
elevado nivel de deuda. Esto lo hizo mediante la utilización de Entidades de Propósito
Especial (Special Purpose Entities). Estas son herramientas no consolidadas y que no se
incluyen en el balance, que pueden tener un uso legítimo en varias circunstancias. En el
2001 desde Wall Street se le comienza a exigir a la empresa información financiera más
detallada. En Noviembre Enron reconoce la existencia de estas cuentas, las que, al ser
consolidadas en el balance de la empresa, implicaron un aumento de US$628.000.000 en
la deuda de la empresa y una reducción de US$591.000.000 en sus utilidades.
Lo que hace aún más escandaloso el caso de Enron, fue la participación de Andersen, la
empresa encargada de la auditoría de todos los reportes contables y financieros del gigante
eléctrico norteamericano. Andersen no sólo fue negligente al ignorar la presencia de estas
cuentas fuera del balance, sino que encubrió esta práctica, llegando hasta el punto de
eliminar ciertos documentos que evidenciaban la verdadera situación contable y
financiera de Enron y el conocimiento que Andersen tenía de ésta.
A la raíz de los problemas éticos presentes en Enron está una causa común: los conflictos
de intereses. A continuación, se presentarán dos áreas donde estos conflictos de intereses
se revelaron en forma más flagrante: una en la relación accionistas – ejecutivos
(propietario – agente) y otra, correspondiente a los roles jugados por la auditora Arthur
Andersen (auditoría – consultoría).
Un primer punto evidente es que los ejecutivos de Enron no cumplieron con la obligación
fiduciaria que les competía como agentes de los accionistas, esto es, actuar en beneficio
de quienes los contrataron. “La teoría de la agencia sugiere que los ejecutivos tienen
poderosos incentivos económicos para revelar sólo la información que les da a ellos o a
la organización una ventaja estratégica”. En Enron se dio esto y más. Un número
mayoritario de los directores de Enron eran a su vez ejecutivos de la empresa, lo que hizo
que la natural asimetría de información existente entre ellos y los accionistas, creciera
desmedidamente al ocultar deudas y pérdidas importantes en las que la empresa había
incurrido. Las irregulares cuentas fuera de balance (SPEs) no fueron cuestionadas, ya sea
por la negligencia de algunos, o por los intereses en juego de esa mayoría que también
cumplía roles ejecutivos.