Tomo2 Urquiza Almandoz PDF
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1783 - 1890
Respetable Logia Jorge Washington N° 44
Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
HISTORIA
DE
CONCEPCION DEL URUGUAY
TOMO SEGUNDO
1826 - 1870
2002
COMISION TECNICA MIXTA DE SALTO GRANDE
Delegación Argentina
150° ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE CASEROS
Impreso en Argentina
Printed in Argentina
I
Respetable Logia Jorge Washington N° 44
Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
PARTE TERCERA
1826 - 1860
Respetable Logia Jorge Washington N° 44
Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
DE VILLA A CIUDAD
1826
La elevación de categoría. Por estos años anduvo por la villa de Concepción del
Uruguay el inglés J. A. Beaumont, autor de una obra titulada Viajes por Buenos Aires,
Entre Ríos y la Banda Oriental. Pobre impresión de la humilde villa transmite la imagen
trazada por el viajero: "Era un lugar bastante miserable para ciudad metropolitana; porque
aparte de los edificios bajos, con aspecto de cobertizos que rodeaban la plaza, había muy
pocas casas en las calles que arrancaban de ella. Veíanse algunos pocos e informes jardines
y corrales para encerrar los caballos; más allá se extendían en todas direcciones arbustos
silvestres, cardales y pastos altos..."
Concepción del Uruguay que, según el censo practicado en 1820, tenía 1.223
habitantes, seis años más tarde, en la época en que la conoció Beaumont, había alcanzado
los 2.000. Era, sin duda, en esos momentos, la población más importante del oriente
entrerriano. De ahí que el diputado por el Departamento Uruguay al Congreso provincial,
don Justo José de Urquiza, presentara un proyecto para elevar la villa al rango de ciudad.
Igual elevación de categoría propició para la villa de Paraná, la que en 1820, según el censo
de ese año, poseía algo más de 4.000 habitantes.
"Es el himno que ofrendaban las huestes entrerrianas con su invicto general al
frente, cuando retornaban jubilosas y agobiadas por el peso de sus laureles, de aquellas
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
"Las notas de ese cántico, al elevarse sobre este suelo sagrado, donde se han
doblado tantas rodillas y derramado tantas lágrimas...; entre estas columnas que han visto
pasar con la plegaria y la alabanza en los labios a varias generaciones; esas notas son como
el acorde de muchas voces: de los gritos de triunfo de los campos de batalla, donde los
hijos de Uruguay recibieron mil veces en la frente el beso de la gloria; de las plácidas
canciones de los campos fecundados y santificados por el trabajo; del estruendo de los
yunques y motores de la industria, siempre en marcha; de los rumores de las aulas, donde
se moldearon las grandes inteligencias que se han destacado como cumbres luminosas en el
vasto escenario de la vida nacional; de los murmullos de las brisas del paterno río y de sus
ondas que acariciaron mil veces las férreas armaduras de gigantescas naves y reflejaron
confundidos los colores de todas las naciones del mundo, que acuden a nuestro puerto,
como a granero universal que les depara la Providencia.
"Todas las voces, todas las notas de ese acorde resonante, tienen su vibración en el
himno de la Iglesia, en las estrofas del Tedéum, del Tedéum que es hoy más solemne y
expresivo, porque es hoy el acento también de los que a ellos los precedieron, desde los
primeros pobladores que, con los cimientos de la villa del Arroyo de la China, plantificada
por Rocamora, establecían los fundamentos de la ciudad, próspera y bella, hasta los que
iniciaron, en el día fausto, que en estos momentos rememoramos, la nueva era de grandeza
que soñara y propiciara para su pueblo, como presidente del Congreso Entrerriano del año
1826, el más ilustre y el más grande de sus hijos.
"Ese Tedéum que como el perfume del alma de un pueblo, acaba de trasponer las
nubes para llegar al solio del Altísimo, es el himno sinfónico de la gran familia uruguayense,
el viejo himno del solar nativo que, al repetirse en esta conmemoración centenaria,
congrega en torno del mismo altar donde se bendecían las banderas de nuestros guerreros
y a cuyo pie se depositaban los trofeos de sus victorias, a todos los que, desde las cumbres
destacadas o desde la legión anónima del llano, labraron con su esfuerzo el porvenir
brillante de esta ciudad mil veces querida, cuyo nombre representa el símbolo, la cifra y el
compendio de grandezas que la colocan a la vanguardia de sus hermanas, y de glorias no
emuladas por ciudad alguna de esta tierra, que llamamos con orgullo la tierra de Ramírez y
de Urquiza, los dos, hijos predilectos de Uruguay".
respectivo, "el objeto de dichos jueces será entender en todas las causas puramente
criminales". Con ello se limitaron las atribuciones de que hasta ese momento disponían los
alcaldes mayores ordinarios, quienes de ahí en adelante solo entenderían en los asuntos
civiles. Dichos alcaldes debían pasar al juez, bajo inventario, todas las causas criminales que
se hallasen en trámite o pendientes. "Todos los criminales que estén presos o se
aprehendan en adelante - decía el artículo 8° del decreto - se pondrán a disposición del
Juzgado del Crimen".
Se había iniciado, sin duda, una época anárquica y turbulenta en la vida de Entre
Ríos. Revueltas, disturbios, conspiraciones, fueron hechos comunes y lamentables. En
medio de ese clima enrarecido por las ambiciones políticas y dificultades de diverso orden,
la administración de García de Zúñiga se preocupó por las cuestiones económicas y
militares, aunque, fuerza es reconocerlo, ni él ni López Jordán cooperaron suficientemente
por la causa nacional en el conflicto con el Imperio del Brasil.
El 15 de setiembre de 1827 tuvo lugar la sublevación del capitán Cóceres, que fue
inmediatamente sofocada. Pero no ocurrió lo mismo con la que pocos días después - el 27
de setiembre - dirigieron los mayores Blas Martínez y Juan Ignacio Reyes, la que trajo
como consecuencia la deposición del gobernador García de Zúñiga.
suponerme arredrado por los peligros o desanimado por los obstáculos. Yo hubiera
arrostrado sereno aún mayores inconvenientes si hubiera visto por término de esta
abnegación la seguridad y la ventura de mi patria. Consagradle enteramente vuestros
esfuerzos. Ahogad ante sus aras la voz de los intereses locales, de la diferencia de partidos
sobre todo, la de los afectos y odios personales, tan opuestos al bien de los Estados, como
a la consolidación de la moral pública".
LA PIRAMIDE
1827
¿Cuándo se levantó esta pirámide? ¿De quién fue la iniciativa que permitió la
concreción de tan merecida recordación? ¿Cuál fue el gobierno que aprobó su
construcción? Tres preguntas, cuyas respuestas no siempre fueron bien conocidas y que,
incluso, pueden dar motivo a la polémica.
Por su parte, el artículo 2° estableció las inscripciones que debía llevar el futuro
monumento, mientras que por el 3° se designó al cura vicario, doctor Juan José Castañer,
"por su notoria capacidad", para vigilar la realización de la obra.
personaje como autor del primer homenaje a Francisco Ramírez? No lo creemos factible
porque según la cronología apuntada, todo este proceso se cumplió bajo la administración
de tres gobiernos diferentes: la iniciativa, durante el mandato de García de Zúñiga; la
sanción de la ley durante el de Vicente Zapata; y la aprobación de los trabajos, bajo el
gobierno de León Sola. Además, sin dejar de reconocer la magnitud de la obra realizada, es
evidente que los autores de la Recopilación incurrieron en diversas omisiones.
El tiempo no había transcurrido en vano. Veinte años habían sido más que
suficientes para deteriorar el monumento levantado en honor del Supremo. Por ello, ante la
gestión realizada una década más tarde por el jefe de policía y comandante de Concepción
del Uruguay, el presidente de la Confederación Argentina, Justo José de Urquiza, dispuso la
reconstrucción de la pirámide.
conservado en él, un cuadro en que esté dibujado con prolijidad el expresado monumento.
Art. 4°: Comuníquese a quienes corresponda, publíquese y dése al Registro Nacional.
Urquiza. Santiago Derqui".
Elocuentes, sin duda, son los considerandos del decreto que acabamos de
reproducir. Pero no se trata de una actitud circunstancial del general Urquiza, sino que es la
fiel expresión del sentimiento y la consideración que guardaba a la memoria de Francisco
Ramírez.
Debemos aclarar también, que lo que se efectuó en 1858 no fue una mera
reconstrucción de la pirámide de 1827. No obstante que en el decreto se utilizó el término
reconstruir, lo que en realidad se hizo, a nuestro juicio, fue una nueva pirámide, que es la
que ha llegado hasta nuestros días.
ejecutado por los demás concurrentes. Acto continuo, los antes mencionados documentos
y un ejemplar del acta de esta ceremonia, con algunos objetos presentados por los
concurrentes, fueron puestos en una caja de zinc, envuelta en otra de plomo, las que
cerradas y soldadas por el arquitecto don Pedro Fossati, fueron colocadas en el lugar de la
misma piedra fundamental. Y para constancia de todo lo celebrado el señor Jefe de Policía
ordenó labrar dos actas de igual tenor, debiendo quedar una de ellas depositada en la caja
de zinc, y la otra en los Archivos de las oficinas a su cargo, siendo ambas firmadas por él y
los vecinos concurrentes, ante mí el Escribano Público que firma y da fe".
A partir de ese instante, el gobierno municipal fue objeto de algunas críticas, en las
que se le reprochaba el hecho de que esa inscripción no reflejaba la verdad histórica, puesto
que empequeñecía la recordación del héroe, dándole un carácter meramente local a lo que
originariamente había sido un homenaje provincial. Y hasta se llegó al extremo de solicitar
la eliminación de la leyenda cuestionada.
Pero quien había sido uno de los autores de la iniciativa, el doctor Martínez, se
opuso enérgicamente al retiro de la inscripción, pidiendo que "no se lesione la dignidad del
H. Concejo que sancionó la inscripción que se pretende anular". La decidida actitud de los
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municipales de 1892 permitió mantener la leyenda en cuestión, pero era evidente que con
ello no se había cumplido el espíritu de las leyes de 1827 y 1858.
Fue por ello que en 1923, el Centro Comercial de Concepción del Uruguay,
presidido a la sazón por el doctor Mariano E. López, y actuando como secretario don
Antonio Nogueyra Santos, se dirigió por nota al presidente de la Municipalidad, don Juan
Carlos González, en la que entre otras cosas se expresaba: "Las municipalidades de nuestra
provincia tuvieron origen por la ley del año 1872, durante el primer gobierno del señor
Leonidas Echagüe, y el monumento a Ramírez, esa hermosa pirámide, modelo
arquitectónico que contemplamos en nuestra bellísima plaza, fue mandado construir por
ley sancionada en 30 de octubre de 1827 y reconstruida en virtud del decreto fechado en
Paraná el 28 de julio de 1858, que lleva estas autorizadas firmas: Urquiza. Santiago Derqui".
Urquiza el que llevó a efecto el homenaje. Recuerdo que el general Galarza y el coronel
Warlet referían a mi padre que el escultor Fossati trabajó el medallón de Ramírez
valiéndose de los recuerdos del general Urquiza, de Galarza y de Warlet que le conocieron
y de una hermana del general que vivía en el Uruguay. De eso me he ocupado en La cinta
colorada, en el capítulo "Los retratos de Ramírez".
1a. ) En la parte superior del frente que da a la calle 9 de julio, hacia el oeste, la
pirámide luce el medallón de Ramírez que hiciera Fossati. En la parte inferior se halla una
placa de mármol con la leyenda que la Municipalidad hiciera colocar en 1892: "Al patriota
entrerriano/ general don Francisco Ramírez/ la Municipalidad del Uruguay".
y el ministro del interior Dr. Santiago Derqui, el gobierno nacional mandó reconstruir este
monumento al benemérito general Ramírez, por ser un deber del gobierno contribuir a
perpetuar la memoria de los héroes cuyos servicios, patriotismo y virtudes, comprometen
la gratitud de los pueblos".
4a.) Arriba, en la cara que da hacia el sur, la pirámide ostenta el escudo de Entre
Ríos, mientras que la placa de mármol ubicada en la parte inferior presenta esta inscripción:
"Al general Francisco Ramírez (Ley del 30 de octubre de 1827). Proclamó la independencia
de Entre Ríos, 12 de febrero de 1811. Derrotó a los invasores de nuestra provincia, 1816,
17 y 18. Protegió la Unión Federal de la América del Sur, 1820-1821. Nos salvó de la
monarquía protegida por el extranjero, febrero de 1820. Perseverando en su credo
republicano federal haremos la felicidad de la provincia y de los pueblos de América".
1827 - 1831
A todo ello debe agregarse la crisis económica general, agravada por la guerra
contra el Imperio. Porque fueron precisamente las dificultades de orden económico, las
causantes de un descontento generalizado en la provincia, aprovechado muchas veces por
algunos personajes ambiciosos, que trataron por cualquier medio de adueñarse del poder,
lo que dio origen a un período comúnmente denominado la "anarquía entrerriana".
Uno de los tantos gobernantes del período anárquico, dejó trazado el panorama
provincial hacia 1831: "Por un fatal encadenamiento de males que seguramente han nacido
de la complicación de circunstancias raras, la provincia de Entre Ríos ha bajado de la más
alta opulencia al grado en que se halla, y que todos lo vemos y hemos lamentado
incesantemente sin encontrar el remedio. Seguramente los que en épocas anteriores han
tenido en sus manos el poder administrativo de la provincia debieron tener delante de sus
ojos este cuadro, y es de presumir que sus intenciones fueran las mejores, pero por
desgracia nosotros no hemos visto que el país avance un paso hacia la prosperidad común.
De aquí ha nacido el abandono de todas las clases: la languidez del comercio; el desaliento
de los que mantienen y fomentan los establecimientos rurales y agrícolas y, por último, la
desmoralización general, que es el origen y manantial de todos los males que afligen a los
pueblos".
Por fin, el 1° de noviembre de 1830 estalló el alzamiento contra Sola, el que tuvo
su origen en Concepción del Uruguay y se extendió por otros pueblos del este entrerriano.
Ricardo López Jordán fue proclamado jefe del movimiento, en el que también participaron
Pedro Espino, los hermanos Cipriano y Justo José de Urquiza, Manuel Antonio
Urdinarrain, Crispín Velázquez, Felipe Rodríguez (a) Felipillo, Pedro Alzamendi, Eduardo
Villagra, Miguel Acevedo y otros más.
El último día de este turbulento año 1830, Pedro Espino, designado Inspector y
Comandante General de Armas de la provincia, llegó a concepción del Uruguay, dispuesto
a afianzar en ella al gobierno de Barrenechea, mientras que la mayoría de los implicados en
la revolución habían buscado refugio en la otra margen del Uruguay.
Sin embargo, no todo era armonía entre los insurrectos. La ingerencia de los
emigrados unitarios en la Banda Oriental y la poca confianza en López Jordán, dados sus
reiterados tropiezos tácticos, hicieron que los hermanos Urquiza se desvincularan del
movimiento y retornaran a territorio uruguayo.
Desde el 4 de enero de 1831, las provincias litorales - Entre Ríos, Buenos Aires y
Santa Fe - se habían ligado por el Pacto Federal. Ante la situación planteada en el territorio
entrerriano, el gobernador Barrenechea reclamó la ayuda de sus aliados. Ello motivó que el
24 de marzo se presentara en el Arroyo de la China la escuadrilla porteña al mando del
comodoro John Halstead Coe, pero cuando este jefe llegó frente a Concepción del
Uruguay, ya todo estaba concluido. El mismo Coe dio cuenta de esto a Rosas en los
términos que siguen: "Acabo de llegar a este lugar y recibir la siguiente noticia: que Lavalle
ha capitulado con Espino a intercesión de los jefes argentinos (sic), bajo las condiciones
siguientes: que él y sus oficiales han de entregar las armas y han de salir de la provincia
dentro de 24 horas". Ya diez días antes, habiendo comprobado la inutilidad de sus
esfuerzos, Ricardo López Jordán había buscado refugio en territorio uruguayo.
No sin que se proyectara otro intento de invasión por parte de Lavalle, que
finalmente no se concretó, terminó el año 1831, y con él, el llamado período de la anarquía
entrerriana. Si bien las convulsas y confusas situaciones producidas en su transcurso se
extendieron a todos los rincones de la provincia, no cabe duda de que durante la mayor
parte de aquellos años aciagos, los pobladores de Concepción del Uruguay vivieron en
permanente zozobra, pues, como hemos visto, esta ciudad fue el epicentro de muchos de
los sucesos ocurridos.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
"Don Vicente Chilavert - dice Ruiz Moreno - cuando era vecino de la Concepción
del Uruguay, vivía en casa de don Francisco Barú, del cual era amigo de intimidad. El
general Urquiza tenía relaciones de carácter íntimo y social con una joven de las principales
familias de Concepción del Uruguay y don Francisco Barú era novio de una hermana, y
visitaba con frecuencia la casa. La intimidad personal de Barú con don Vicente Chilavert
había dado lugar a que el general Urquiza sospechara de que Barú .protegiera relaciones del
expresado don Vicente Chilavert con la joven de quien el general Urquiza parecía estar
enamorado. Esa enemistad había tenido su origen en el año 1825, y a pesar de los años
corridos la enemistad no había disminuido, por el contrario, había dado lugar a un
incidente tan grave, que dio lugar a iniciar un sumario de carácter criminal. Cuando el
general Lavalle y el coronel Martiniano Chilavert fueron a Concepción del Uruguay, en
1830, para activar el movimiento revolucionario que debía iniciarse, fueron huéspedes de
don Francisco Barú. El general don Fructuoso Rivera, el famoso caudillo oriental, era
también amigo de Francisco Barú y tenía empeño, también, de que Barú fuera gobernador
de Entre Ríos..."
En 1829 era diputado por Concepción del Uruguay el señor Francisco Fernández.
Enredado en un pleito sustanciado ante el alcalde mayor de aquella ciudad, se valió de sus
privilegios parlamentarios y ni siquiera contestó a los requerimientos que se le hicieron.
Ante la denuncia efectuada al Poder Ejecutivo por el alcalde mayor, el gobernador León
Sola envió al presidente del Congreso provincial la siguiente comunicación: "El gobierno
de esta Provincia se dirige al presidente de H. Corporación incluyendo el oficio original que
le ha dirigido el alcalde mayor de la ciudad del Uruguay, en consulta sobre reconvención
hecha al señor diputado de dicha ciudad don Francisco Fernández, sobre pleito que tiene
pendiente, al que se ha evadido con los privilegios y exenciones de diputado; pero como
dicho señor tiene escrito que no piensa venirse, ni renunciar a su empleo, en cuya
inteligencia será conveniente que el señor Presidente exija su venida oportunamente, no
obstante que el gobierno contesta al alcalde que los asuntos particulares no están separados
del conocimiento de los jueces a quienes corresponda, ni debe dejar de contestar el señor
diputado por sí o por apoderado, en asuntos de intereses y mucho más de menores. Pues si
el expresado señor diputado hubiese de poner demanda a su favor por intereses que se le
debieran, no repararía en que era diputado o lo haría por apoderado; a más de que los
capítulos 10° y 12° del Estatuto, sólo se contraen a asuntos criminales y exceptúa sus
personas y bienes de ejecuciones violentas".
aquella época - se vendían artículos diversos. Desde 1827 hasta 1830 se dedicó, pues, a la
venta de vistosos cocos, percales y zarazas, que atraían a las clientas modestas. Sedas,
muselinas y espumillas eran las preferidas de las más pudientes. Junto a fuertes casimires
había rústicos liencillos. Las damas buscaban afanosamente los pañuelos de rebozo, las
pañoletas de punto, las cintas y las peinetas. Los caballeros, a su vez, preferían los ponchos,
los frenos y los látigos.
De esta época son varias cartas que le enviara su tía, doña Isabel de Alzaga, las que
ratifican la actividad comercial del sobrino. En una de ellas le expresa: "Mi querido sobrino:
he tenido mucho gusto en saber tu llegada y tengo la esperanza me hagas la visita que te ha
encargado Teresa, pues así me lo escribe. Va la carreta por las encomiendas. Te considero
muy ocupado con el baratillo que has abierto y a cuántos tendrás rabiando..." En otra, del 3
de diciembre de 1828, le expresa: "...quedo impuesta por tu apreciable haberle dado al peón
los doce pesos y ahora me harás el favor de mandarme con el portador de ésta, otra pieza
de liencillo y una piecita de cinta de hilera de un dedo de ancho; es cuanto se le ofrece por
ahora a esta tu amante tía". Meses después, doña Isabel volvía a escribir a Urquiza para
expresarle que había recibido las encomiendas. "Todo es bueno - le decía - menos la bayeta
que no alcanza por lo angosto para rebozo y tener el color subido; y los pañuelos también
son chicos...; puedes mandarme más grande como los que yo traje y mandarme seis varas
de alguna sarasita acomodada...; va una muestrita para que me mandes un real de seda del
mismo color".
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Sus atribuciones fueron: recibir el dinero remitido por el recaudador; efectuar los
pagos correspondientes; realizar un balance general de fondos en la caja a su cargo y
elevarlo a la consideración del Congreso; tomar razón del número de guías que hayan
entrado a la Aduana; inspeccionar el estado de la educación pública en todas las escuelas de
primeras letras que hubiera en sus respectivos distritos, debiendo dar cuenta al Congreso
de todo lo que juzgase conveniente para el adelanto de los establecimientos educativos.
mencionadas a don Justo José de Urquiza. El futuro vencedor de Caseros llegaba, así, por
primera vez al cargo de Comandante General del 2° Departamento Principal, el que
volvería a ocupar años más tarde por disposición del gobernador Echagüe.
En materia impositiva - como en toda época - más de una vez fue necesaria la
intervención de la autoridad gubernamental para impedir que los inescrupulosos burlaran el
pago de los derechos fijados. Incluso se trató, dentro de lo posible, de seguir atentamente
el desempeño de algunos funcionarios, como administradores de aduana, receptores de
renta, y recaudadores en general. Citaremos a continuación algunos casos que probarán
nuestro aserto.
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1832 - 1837
La anarquía llega a su fin. Una etapa de tantas agitaciones como la que se vivió
en Entre Ríos durante cinco años, no podía arrojar consecuencias positivas. Además del
deterioro de su economía y de la paralización de otras actividades, se produjo un
debilitamiento del poder militar de la provincia y una pérdida de jerarquía política, que
fueron aprovechados tanto por el gobierno de Santa Fe como por el de Buenos Aires.
Por otra parte, era de la conveniencia de estas provincias evitar que las fricciones
internas de Entre Ríos perturbasen la acción de la liga Federal constituida a través del
Tratado del 4 de enero de 1831. La coyuntura fue aprovechada por Estanislao López,
como ya había ocurrido una década atrás, cuando después de la muerte de Ramírez impuso
en el gobierno de Entre Ríos a Lucio Mansilla.
Después de algunas reticencias, más aparentes que reales, Estanislao López prestó
su conformidad y Pascual Echagüe aceptó la designación, lamentando tener que separarse
"de un héroe que le ha enseñado a servir a la patria y bajo cuyas órdenes ha contraído el
hábito de exponer su vida por ella...", como asimismo "de abandonar sus tierras y antiguas
relaciones", pero consolándose con saber que iba a continuar sus servicios "por el bien y
felicidad futura de una provincia aliada y amiga con la cual se halla ligado el pueblo de
Santa Fe, con vínculos sagrados e indisolubles".
Pascual Echagüe había nacido en Santa Fe en 1797. Hizo sus primeros estudios de
latinidad en su ciudad natal y los continuó luego en el Colegio de Monserrat y en la
Universidad de Córdoba en la que obtuvo el grado de doctor en teología. En 1821
comenzó a colaborar con el gobernador de Santa Fe, tanto en el aspecto político como en
el militar. Tres años después fue secretario de López y diputado provincial, y al año
siguiente, lo reemplazó interinamente en el gobierno. En 1825, cuando ya era teniente
coronel y comandante de armas de la provincia de Santa Fe, fue elegido diputado al
Congreso Nacional reunido en Buenos Aires.
Por fin, en ese mismo año pasó a Entre Ríos para operar contra el movimiento
sedicioso encabezado por Pedro Espino. Y el 22 de febrero de 1832, en circunstancias que
ya hemos señalado, fue elegido gobernador de Entre Ríos.
Se mantuvo en el cargo durante una década, pues fue reelegido varias veces. En
1837 lo fue nuevamente, pero en esta ocasión por un lapso de cuatro años, para lo cual fue
menester la reforma del Estatuto de 1822 en la parte donde disponía la duración de los
mandatos gubernativos.
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Hacia 1833 era diputado al Congreso provincial por el Departamento del Uruguay
don Manuel A. Paz de Sotomayor. Pero como enfermara gravemente, presentó su renuncia
a principios de aquel año. Una vez que le fue aceptada, la Cámara Legislativa ordenó "que
dicho Departamento, a la mayor brevedad, elija el que le ha de reemplazar, y se venga a
incorporar en esta Representación". Producida la correspondiente elección, resultó
favorecido el señor José Comas, quien se incorporó al Congreso el 24 de abril de 1833.
Tres años después, en momentos en que las poblaciones de la costa del Uruguay
vivían en continuo sobresalto por la repercusión de los sucesos políticos que se estaban
desarrollando en la República Oriental del Uruguay, el gobernador Echagüe insistió ante
Cipriano José de Urquiza para que aceptase el cargo de Jefe Político de Concepción del
Uruguay. Después de ciertas vacilaciones, resolvió volver a la función pública, con lo que
Echagüe ganó un valiosos colaborador, y aquella ciudad, un funcionario circunspecto y
respetado, capaz de imponerse en circunstancias difíciles y avezado en dirigir la política
imperante dentro del territorio de su mando.
Una de las primeras medidas adoptadas por el nuevo gobierno entrerriano fue la
de reemplazar al alcalde mayor de Concepción del Uruguay, el sargento mayor Pedro
Alzamendi, quien había participado en el movimiento revolucionario ocurrido en
noviembre de 1831. En su lugar fue designado don Domingo Fructuoso Calvo.
Administración de rentas los señores Santiago Larrachau, Juan José Irigoyen y Domingo
Fructuoso Calvo.
Juan Ramón Balcarce en Concepción del Uruguay. Juan Ramón Balcarce fue,
sin duda, un destacado personaje de la historia nacional. Nacido en Buenos Aires en 1773,
perteneció a la familia de los guerreros de la independencia que llevaron ese apellido.
Desde muy joven se dedicó a la carrera de las armas, participando en casi todos los hechos
importantes que se produjeron en el Río de la Plata desde las invasiones inglesas hasta la
Revolución de Mayo. Con posterioridad sirvió en las filas del ejército patriota
acompañando a Castelli en la Expedición al Norte. Poco después fue designado
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Conocidas son las diferencias que surgieron entre don Juan Manuel de Rosas, por
ese entonces empeñado en la campaña al desierto, y el gobernador Balcarce y su ministro
Enrique Martínez. La llamada "revolución de los restauradores", producida en octubre de
1833, puso fin al gobierno de Balcarce, quien sintiendo peligrar su vida, buscó refugio en
Entre Ríos, más precisamente en Concepción del Uruguay.
Ya algún tiempo antes, había llegado a esta ciudad el general Enrique Martínez,
pero el gobernador Echagüe ordenó su inmediata expulsión, acusándolo de haber
distribuido un folleto del canónigo Pedro Pablo Vidal, titulado: Federación, Constitución
y Nacionalización.
Mejor suerte tuvo Juan Ramón Balcarce, quien arribó a Concepción del Uruguay el
29 de noviembre de 1833. Las dificultades del momento se vieron mitigadas por la
generosa acogida que le brindó el general Urquiza, a la sazón comandante general del 2°
Departamento Principal. De inmediato Urquiza escribió al gobernador Echagüe, con el
objeto de informarle que "a virtud del carácter que este señor inviste y del filantrópico de
S.E. el señor Gobernador de la provincia, le ha presentado en este pueblo la hospitalidad
consiguiente a su dignidad y circunstancia del país".
rueda de amigos, cuando muchos años después, expresó: "Dar la Constitución ha sido mi
sueño dorado y patriótico de siempre, desde joven, y que vino a afirmar en mi ánimo, una
oculta y firme resolución de realizarlo, cuando conocí y traté familiarmente al general Juan
Ramón Balcarce".
La Bandera tricolor. A partir del año 1834, en todos los edificios públicos de
Concepción del Uruguay - así como en los del resto de la provincia - flameó una nueva
bandera. ¿Por qué se dejaba de lado la blanca y celeste, enarbolada por Belgrano a orillas
del Paraná y consagrada como símbolo de la patria por el Congreso de Tucumán?
La iniciativa correspondió al gobernador Echagüe y por cierto que las razones con
que la fundamentó, fueron por demás curiosas. El mandatario entrerriano consideró que la
bandera que debía haber sido de carácter nacional, se había convertido en un mero
distintivo de la provincia de Buenos Aires. Además, como cada provincia había enarbolado
su propio pabellón, Entre Ríos también debía tener el suyo, con características propias.
Pero si era exacto que Entre Ríos constituía una especie de antemural de las demás
provincias, también lo era el hecho de que la frontera del Uruguay debía transformarse en
el dique de contención de cualquier intento invasor de los colorados orientales. Sabedor de
ello, Echagüe encomendó al coronel Justo José de Urquiza esa difícil tarea. Y, por cierto,
que el jefe entrerriano la cumplió con el mejor de los éxitos, como lo revelan las palabras
que el gobernador escribió a Rosas, el 12 de agosto de 1836: "El coronel Urquiza se ha
distinguido en celo y actividad. En todo el tiempo que ha estado la fuerza guarneciendo la
frontera, no ha sido preciso que un solo oficial sacase su espada para reprender algún
soldado".
hermano Juan José, radicado en Buenos Aires, adquirió diversos elementos para vestir y
armar a los soldados. Muy pronto, aquella tropa miliciana quedó equipada y de inmediato
comenzó a disciplinarse y a ejercitarse en forma conveniente.
1838 - 1841
En principio, las gestiones realizadas dieron sus frutos, pues el Poder Ejecutivo
logró la autorización de la Legislatura para invertir los fondos necesarios, provenientes del
ramo de propios. En una carta que consideramos inédita, existente en el Archivo del
Museo Casa Delio Panizza, el gobernador Echagüe transmitió con gran contento la noticia
a don Justo José. "Anoche tuve un gusto particular - le decía - al recibir de la Sala la
autorización que había pedido para continuar los edificios públicos en esa mi querida
ciudad del Uruguay. Le convido a Ud. para que dé los parabienes por haber conseguido mi
objeto a este respecto. Le adjunto una copia autorizada para su conocimiento y que el
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amigo don Cipriano se prepare para encargarse de las obras que no hemos de suspender
hasta que ya no tenga un medio del ramo de propios. El de Gualeguaychú nos auxiliará
mucho, porque bajo la dirección de Irigoyen debe producir bastante".
que hubiesen servido al Estado con las armas en la mano o que hubiesen prestado servicios
distinguidos de cualquier clase que sean no podrán ser vendidos los terrenos que poseen
éstos, antes bien serán amparados en su posesión como que los han comprado con el
precio de su sangre o con el peligro de su propia vida".
De acuerdo con las disposiciones adoptadas por el gobierno entrerriano, todos los
empleados públicos - civiles y militares - de la provincia, llevaron luto por tres días
consecutivos, a partir del 17 de junio. Dicho luto consistió "en una lazada de gasa negra,
sin lustre, colocada en el brazo izquierdo". Además, en la Iglesia Matriz de Paraná se
celebró un funeral y todos los comercios cerraron sus puertas mientras duró la ceremonia
religiosa.
Mucho más imponentes fueron las honras fúnebres dispuestas por el gobernador
Echagüe ante el fallecimiento de la esposa de Rosas, doña Encarnación Ezcurra. En los
considerandos del decreto respectivo, expresó: "Persuadido el gobierno de la sensible
impresión que debe haber ocasionado en los corazones de los verdaderos federales el
fallecimiento de la señora doña Encarnación Ezcurra de Rosas, digna esposa del Exmo. Sr.
Gobernador de Buenos Aires, ilustre Restaurador de las Leyes. Considerando igualmente
que honrando la memoria de esta esclarecida matrona de la Federación no sólo se
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proporciona a los adictos a este sistema sagrado un desahogo a su justo sentimiento, sino
también un medio de manifestar su gratitud al ilustre Jefe que ha sufrido tan grande
pérdida". En vista de estas razones se dispuso la realización de un solemne funeral en la
Iglesia de Paraná, al que obligatoriamente debieron concurrir todos los empleados,
invitándose a los ciudadanos para que asistiesen al acto.
Pero mucho más llamativos que estos homenajes póstumos, que tenían su razón
de ser en la vida política de la época y de los que a veces no estaba exenta la obsecuencia,
fueron las honras fúnebres decretadas por la muerte de ciertas personalidades inglesas.
Pero esto no debe sorprender a nadie. La anglofilia de Rosas fue siempre notoria y
puesta de manifiesto aun en momentos en que aparentaba enfrentarse duramente con las
potencias europeas. Como bien ha señalado Burnet Merlin, en su libro Cuando Rosas
quiso ser inglés, el dictador porteño dispuso homenajes y más homenajes, "los mejores
que estaba en condiciones de hacer su gobierno, francamente desmedidos, que únicamente
una colonia inglesa podía realizar, y eso a disgusto...".
de mayo de 1845, por la princesa Sofía Matilda, hija del duque de Gloucester; el 5 de abril
de 1850, por la de la reina Adelaida, viuda de Guillermo I, y el 17 de noviembre del mismo
año, por la muerte del duque de Cambridge.
Entre Ríos, que como ya hemos señalado, se constituyó por muchos años en un
verdadero antemural donde rebotaron los reiterados intentos correntinos y orientales, se
organizó activamente para esta guerra en que estaba directamente comprometida por dos
frentes: el de la costa del Uruguay, donde Rivera concentraba sus tropas y el de la frontera
con Corrientes, donde Berón de Astrada daba término a sus preparativos bélicos. Otra vez
el estado de guerra demandó el sacrificio de los entrerrianos; todos los hombres aptos
debieron concurrir al llamado de las armas; el arado y las herramientas quedaron
abandonadas... Y no por tratarse de situaciones reiteradas, las familias se resignaban a que
sus hombres iniciaran un camino muchas veces sin retorno.
A los pobladores de Concepción del Uruguay lo que más les preocupaba era la
cuestión con la República Oriental. Los sucesos que allí se producían, repercutían
necesariamente en la ciudad entrerriana. Y para peor, el gobernador Echagüe, apenas tuvo
conocimiento de la alianza uruguayo - correntina y de los trabajos subversivos de los
adversarios de Rosas, declaró fuera de la ley y traidores a la patria a Manuel Hornos,
Mariano Vera, Juan Pico, Nicanor, Isaías y Mariano Elías, vecinos de Concepción del
Uruguay, por haber fugado a la Banda Oriental para tomar parte - según decía - "en las
miras hostiles del anarquista Rivera". Además, ordenó que el vecindario entregase a la
autoridad todas las armas de chispa o blancas, como contribución para la defensa de la
provincia ante cualquier intento de invasión.
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De manera, pues, que el gobernador correntino debió enfrentar con sus solas
fuerzas al ejército entrerriano a las órdenes de Pascual Echagüe, siendo los jefes de las
divisiones del centro y de la derecha, los coroneles Servando Gómez y Justo José de
Urquiza, respectivamente. El encuentro decisivo se produjo en Pago Largo, el 31 de marzo
de 1839. Las fuerzas correntinas fueron completamente derrotadas y en la acción perdió la
vida Genaro Berón de Astrada.
Como consecuencia de estos episodios, veamos qué fue lo ocurrido con dos
hombres de Concepción del Uruguay que hasta no hacía mucho, habían sido amigos y
habían transitado parecidos caminos. Ricardo López Jordán, olvidado del ideario
ramiriano, estuvo al servicio de Lavalle, y al caer prisionero en las proximidades del
Mocoretá, fue conducido a Buenos Aires y puesto a disposición de Rosas.
sucedido, que a la verdad es lo único que me tiene lleno de pesar, porque el creer que el
caudillo Lavalle y demás forajidos que le acompañan sean capaces de destruirnos, es un
gran sueño...".
A renglón seguido, instaba a su hermano Cipriano José para que con su tropa
acantonada en Concepción del Uruguay, colaborara en la lucha. "No dejes de tomar las
medidas necesarias - le decía - para la reunión de los hombres, a fin de apurarlo por todas
direcciones, haciéndole la guerra de recursos si fuera necesario, aunque a la fecha supongo
en ésa al presidente Oribe y otros jefes con fuerzas. Pero si así aún no ha sucedido es
preciso tener presente el nombre de Entrerriano y esto bastará para destruir a los malvados
que profanan la patria de los libres".
Sin embargo, el hombre entrerriano no tuvo respiros. Las reacciones contra Rosas,
sobre todo del lado de Corrientes, se sucedían sin solución de continuidad. El gobernador
de esta provincia, Pedro Ferré, encomendó la jefatura de su ejército a otro prestigioso jefe
unitario: el general José María Paz. Y nuevamente Entre Ríos fue el encargado de frenar el
intento. A pesar de las diferencias que separaban a Echagüe y Urquiza, que ya para ese
momento eran notorias, ambos jefes las dejaron de lado para defender la provincia. El 28
de noviembre de 1841, los ejércitos de Paz y. Echagüe se enfrentaron en Caaguazú. La
derrota del gobernador entrerriano fue total, perdiendo la mitad de sus hombres, entre
prisioneros, muertos y heridos. Pero Caaguazú no fue sólo una derrota militar para
Echagüe; significó asimismo su ocaso político.
A principios de 1840, la vida de Urquiza corrió nuevamente peligro, pero esta vez
a raíz de un hecho fortuito. Como consecuencia de la derrota de Cagancha, varios jefes
federales debieron repasar el Uruguay. Urquiza lo hizo a la altura de Paysandú, buscando
llegar a Concepción del Uruguay. A punto de perecer ahogado, le salvó la vida el alférez
Miguel Gerónimo González. Pero atendamos al relato del episodio que hizo el propio
gobierno de Entre Ríos, cuando diez años después, decidió recompensar al alférez
González por su valerosa acción. "El 1° de enero de 1840, el teniente de caballería D.
Miguel Gerónimo González, en aquella época alférez de la División al mando del ilustre
general Urquiza, en la retirada de la desgraciada batalla de Cagancha en el Estado Oriental,
habiéndose arrojado al Uruguay para pasar a esta provincia, viendo a su esclarecido jefe en
inminente peligro, en medio de las aguas, por haber perdido su caballo, el bizarro alférez
González exclamó entusiasmado: "¡Compañeros salvar a nuestro general o perecer con él!".
Vence en seguida la distancia que los separa y con riesgo de su vida le presenta su caballo,
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ayúdale a luchar contra las olas del caudaloso río hasta pisar la costa entrerriana y salva de
este modo la existencia importante del héroe..."
¿De dónde fue oriunda la Delfina? Este es otro interrogante muy difícil de
satisfacer. La partida de defunción existente en el Archivo Parroquial de Concepción del
Uruguay señala su nacionalidad portuguesa. Esta circunstancia llevó al historiador Leandro
Ruiz Moreno a decir que "sobre la nacionalidad de doña María Delfina, creemos que
viviendo en el reducido pueblo de Concepción del Uruguay, por fuerza debía conocerse el
país de origen de los habitantes de la jurisdicción espiritual de la parroquia".
Si bien es cierto que - como sostiene Miguel Unamuno - hasta ahora se sigue
ignorando qué documentación fue tenida en cuenta a efectos de otorgarle en la partida
parroquial un origen portugués a la Delfina, no lo es menos, que tampoco los autores
citados han ofrecido ninguna prueba documental para presentarla como porteña.
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Digamos de paso, que también en torno del apellido existe una incógnita. La
mayoría de los autores la mencionan como Delfina, a secas. Por su parte, Leandro Ruiz
Moreno ha afirmado que María fue su nombre y Delfina su apellido. A su turno,
Fernández Saldaña le adjudicó el apellido Menchaca, pero, lamentablemente, no consignó
su fuente informativa.
Soriano llegó a esta ciudad a mediados de abril de 1840, trayendo bajo sus órdenes
una tropa de 150 hombres, que habían sido transportados en una chata y dos buques
menores.
inacción de Rivera, reunió 400 hombres y se lanzó al campo enemigo para proteger a los
dispersos de Lavalle. Cuando Urquiza se enteró de que Núñez había abandonado
Concepción del Uruguay, movilizó sus tropas y lo atacó en el Arroyo del Animal, el 20 de
julio, venciéndolo completamente.
Con ello, los departamentos de la costa del Uruguay volvieron a quedar bajo el
mando de sus legítimas autoridades. Llegado nuevamente Urquiza a Concepción del
Uruguay, pudo anunciar gozoso: "Todos los departamentos a mi cargo se hallan sometidos
al gobierno legal y proclaman el sistema de la Federación; de todas partes corren a
presentarse los ciudadanos y a engrosar las filas de nuestro ejército..."
El comandante militar del Uruguay frisaba ya los cuarenta años. Había vivido
intensamente... Estudiante del Colegio San Carlos, comerciante, procurador, ganadero,
diputado, revolucionario, emigrado, le faltaba todavía escalar las más altas posiciones en el
ámbito político y militar. Pero ya poseía una vasta experiencia en el amor y en la guerra...
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1842 - 1846
Diecisiete días separan el momento en que Echagüe fue batido completamente por
Paz, de la finalización de su tercer período de gobierno. El 15 de diciembre de 1841, en un
clima de tensión no exento de temor y con la dura perspectiva de una lucha abierta en
varios frentes, la Legislatura debió tomar una decisión. Si bien no faltó algún diputado que
propusiera el aplazamiento de la elección, privó el criterio de llevar adelante la designación,
dada la urgencia que tenía la provincia de contar con un mandatario que, con autoridad y
energía, pudiera dominar la crisis y, con el talento militar suficiente, fuese capaz de
enfrentar con éxito al enemigo.
Siete de los nueve diputados que componían la Legislatura dieron su voto en favor
de quien, indudablemente, reunía las condiciones que el momento exigía: el general Justo
José de Urquiza. El cuerpo legislativo expresó en la oportunidad que había tomado esa
decisión, "firmemente persuadido que en la benemérita persona del general Urquiza se
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hallan reunidas todas las cualidades que son necesarias para gobernar con acierto
principalmente en las azarosas circunstancias en que se halla la provincia".
Digamos, por otra parte que la opinión de Paz sobre la capacidad de Núñez dejaba
mucho que desear, puesto que en sus Memorias lo responsabilizó de no haber sabido
impedir la retirada del general Urquiza hacia la costa del Paraná.
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A todo esto, el gobernador legal don Justo José de Urquiza preparaba un poderoso
ejército en el campamento del Tonelero, con el que trataría de contrarrestar la acción de los
invasores. Aprovechando la marcha de Paz hacia el interior de la provincia, se produjo una
revuelta en Paraná, lo que permitió que se hiciera cargo del Poder Ejecutivo don Cipriano
José de Urquiza, en carácter de gobernador delegado mientras durase la ausencia de su
hermano Justo José.
Después de esta conferencia con Rivera, el jefe unitario permaneció durante algún
tiempo en la ciudad, sin desprenderse del título de gobernador de la provincia. El 9 de julio
de 1842, el general Paz continuaba todavía en Concepción del Uruguay y en su carácter de
"gobernador de Entre Ríos", ordenó la realización de grandes festejos en honor del
glorioso aniversario de la independencia argentina. Como dato interesante cabe consignar
que el periódico El Nacional de Montevideo, en su edición N° 1091, de agosto de 1842,
realizó la crónica de los actos en un artículo titulado "Descripción de la función que tuvo
lugar en el pueblo de la Concepción del Uruguay, el 9 de julio de 1842, en celebridad del
aniversario de la independencia argentina, bajo el gobierno del general Paz".
mando de ciento cuarenta hombres recuperó la ciudad. Tiempo después, toda la provincia
quedó en poder del gobierno legal.
Dos años después, iniciada una nueva campaña contra el gobierno de Buenos
Aires, esta vez dirigida desde Corrientes por los hermanos Joaquín y Juan Madariaga, la
situación de los pueblos del oriente entrerriano se hizo otra vez azarosa. A fines de
diciembre de 1843, un ejército correntino de tres mil hombres invadió Entre Ríos y en
rápidos movimientos se desplazó hasta Arroyo Grande. Ante el repliegue del general
Garzón, jefes subalternos de las fuerzas provenientes de la provincia vecina asaltaron las
poblaciones. A principios de 1844, Concepción del Uruguay sufrió la dispersión de sus
habitantes y el saqueo de sus casas, que fueron violadas e incendiadas. Se sucedieron
entonces momentos de verdadera angustia, cuyo recuerdo perduró por largo tiempo en el
alma de los uruguayenses.
Tal vez ese reiterado sufrimiento fortificó el espíritu solidario de este pueblo,
puesto de manifiesto en numerosas ocasiones. Una de ellas fue, precisamente, en la época a
que nos estamos refiriendo, cuando el 15 de diciembre de 1842, el general Fructuoso
Rivera ordenó la evacuación de las familias pobladoras de Paysandú e incendió gran parte
de sus viviendas. Muchas de aquellas desdichadas personas se embarcaron en catorce
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
buques, mayores y menores, y cruzaron el río para buscar refugio en Concepción del
Uruguay. En esta ciudad fueron recibidas fraternalmente y el entonces comandante de ella,
don Domingo F. Calvo, se preocupó por satisfacer sus necesidades más urgentes.
Durante la década 1830 - 1840 ocupó diversos cargos públicos, entre ellos el de
jefe político de Concepción del Uruguay, desde 1836 hasta 1840, en que por un breve
período fue designado gobernador delegado del titular Pascual Echagüe. Si bien no poseyó
título de abogado, es conocida su versación jurídica, adquirida a través de meditadas
lecturas y puesta de manifiesto en las diversas funciones cumplidas a lo largo de su vida.
Uno de sus descendientes, el doctor Isidoro J. Ruiz Moreno, conserva algunos de los libros
que integraron la biblioteca de don Cipriano y que revelan su inclinación por los temas
jurídicos. Una lista de esas obras - aunque incompleta - fue publicada en 1964 por Eduardo
de Urquiza.
Los años 1842 y 1843 - como ya hemos visto - fueron tiempos de dura lucha para
los entrerrianos. A fines de 1843, don Cipriano José partió desde Paraná en dirección a
Nogoyá, con el objeto de hallarse más próximo al teatro de posibles acontecimientos. En
esta ciudad permaneció por espacio de varias semanas hasta que el 26 de enero de 1844 se
produjeron los luctuosos sucesos que pusieron fin a su vida.
Ese día, a las dos de la tarde, el sargento Pedro Martínez, más conocido por
Perucho Rodas, o simplemente Rodas, se presentó en Nogoyá al frente de cincuenta
hombres. Penetraron por dos diferentes puntos, dispuestos al asalto y al saqueo. Era la
hora de la siesta de un cálido día de verano y todo el pueblo se hallaba descansando. Según
algunos testimonios, muchos de los asaltantes daban gritos vivando al general Echagüe y
ostentaban las divisas que llevara su ejército.
hicieron una descarga, "y que al llegar a otra casa lo alcanzaron y lo mataron entre gente de
Celestino Pereyra y los lanceros, y que lo degolló Tomás Pereyra..."
Desde que Calvo se había alejado del cargo por razones de salud, se venía
desempeñando interinamente don Mariano Calvento, otro distinguido vecino de la ciudad
y miembro de una de las respetables familias fundadoras de Concepción del Uruguay, no
obstante que el general Paz, en sus Memorias, lo tratara con total desconsideración.
Calvento pensó que el desempeño del cargo sería por sólo algunos meses, hasta
que se produjera la recuperación de Domingo Calvo, pero al tomar conocimiento del
fallecimiento de éste, solicitó al gobierno ser reemplazado, invocando para ello su delicada
salud.
En pie de guerra. Las luchas del ejército entrerriano contra los adversarios de
Rosas se sucedían sin solución de continuidad. El pueblo de Concepción del Uruguay se
aprestó una vez más para la guerra. En cuanto el coronel Galán se hizo cargo de la
comandancia general, recibió orden del jefe del Ejército de Reserva, general Garzón, para
que los soldados que había enviado a Concepción del Uruguay con el objeto de trabajar en
las obras de fortificación de esta ciudad, se incorporaran de inmediato a dicho ejército. Se
hacía indispensable en esos momentos que se reunieran todas las fuerzas de que podía
disponer la provincia ante la amenaza de tropas santafecinas al mando de Juan Pablo López
(a) Mascarilla y de las correntinas a las órdenes de José María Paz, a quien el gobernador
Joaquín Madariaga le había confiado la dirección de la guerra.
Debido al inminente peligro, Garzón instó a Galán para que tomara todas las
precauciones posibles en Concepción del Uruguay, pues a pesar de que "Paz debe estar
sólo a la defensiva - le decía - nosotros debemos prepararnos siempre a resistir la invasión.
En esta virtud avísole estas ocurrencias para que en esa plaza (Concepción del Uruguay) y
su guarnición, como la base de operaciones del ejército, esté todo pronto para llenar su
deber".
Todo parecía indicar que el próximo paso de Garibaldi sería intentar apoderarse de
Concepción del Uruguay. Sin embargo, sus buques continuaron navegando aguas arriba,
sin que tratase de atacar a dicha ciudad, seguramente porque se hallaba informado de que la
plaza estaba convenientemente fortificada y su guarnición pronta a rechazar cualquier
intento de invasión.
1847
Sin embargo, como bien afirmaba el gobierno de Entre Ríos, el ejemplo de lo que
estaba ocurriendo en otras regiones del Plata - particularmente en Buenos Aires -
desvirtuaba ese temor. La Legislatura provincial comprendió de inmediato la razón que
asistía al Poder Ejecutivo, y haciéndose eco de la propuesta que éste le había elevado,
sancionó la ley del 30 de julio de 1831, en virtud de la cual se permitió el establecimiento
de saladeros en la provincia de Entre Ríos.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
El tercer galpón era, sin duda, el más importante, no sólo por sus dimensiones,
sino por las tareas que en él se desarrollaban. El inventario reza: "galpón, saladero y playa,
con dos piletas, cuatro asientos de salar", lo que está indicando que se trataba del destinado
a la salazón de carne y lavado y salado del cuero. Los tres galpones restantes servían para
depósito de sal, depósito de grasa y tonelería y carpintería respectivamente. En los terrenos
adyacentes se extendían los corrales, uno para el vacuno, de 65 varas de diámetro y otro
para el yeguarizo, de 30 varas. Más allá se levantaban las dependencias accesorias
consistentes en varios ranchos, para vivienda, cocina, panadería y otras".
arrobas de zumaque y campeche, 24 marcos para pergamino, amén de una variada gama de
cuchillas, tijeras, azadas, cepillos, palas, etc.
A medida que las tareas del saladero fueron en aumento, con una producción
creciente en los distintos renglones de la explotación, se introdujeron sucesivamente
diversas mejoras, varias de las cuales fueron sugeridas por Guillermo Yule, hacia fines de
1856. Sólo haremos referencia aquí a una singular innovación: la construcción de un
ferrocarril. En 1860, Urquiza firmó el correspondiente contrato con los señores Fossati y
Ocampo para la construcción de un elemento inusual en establecimientos similares, pero
de extraordinaria importancia para el desarrollo de las actividades saladeristas. Fossati y
Ocampo se comprometieron a construir "un muelle y puente de madera, así como un
ferrocarril que sirva para la carga de los buques". No sin tener que superar algunos
inconvenientes, hacia fines de 1861, el saladero "Santa Cándida" pudo contar con muelle y
ferrocarril, innovaciones que facilitaron el embarque de su producción, destinada en su
mayor parte a puertos europeos y americanos.
Se vendieron Unidades
que las utilidades alcanzaron la suma de 98.177 pesos. Uno de los factores que más incidía
en el costo de la producción fue la provisión de sal, elemento indispensable para la labor
del establecimiento. Tanto el tratamiento del cuero como el de la carne exigían la
utilización de la sal; particularmente la carne, ya que mediante el proceso de su salazón
podía lograrse la conservación necesaria por un término que permitía la comercialización
con el extranjero.
Oficio Salario
Las tareas de playa eran las que requerían mayor cantidad de trabajadores, ya que
allí se cumplía una faz importante del proceso: desde el enlace, inmovilización y muerte del
animal hasta la preparación de las diversas secciones para su industrialización. Como se ha
podido apreciar, el trabajo era a destajo, remunerándose por cada animal faenado o por
cien de ellos, según los casos.
Los restantes empleos - que muestran una variada gama de oficios - eran
mensuales:
capataz de playa 60
capataz de campo 34
capataz de grasería 40
herrero 38
oficial herrero 17
carpintero 36
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
refinador 28
fogonero 22
peón grasero 20
chanchero 17
sereno 30
peón general 25
cocinero de casa 30
cocinero de peones 21
mucamo 12
balsero 20
campero 17
maestro jabonero 40
bombero 40
Y hay más todavía. Seguros de su capacidad y del valor de su trabajo, los vascos no
trepidaron en llegar a la huelga para reclamar por sus derechos. En 1858 y 1862
suspendieron sus tareas a fin de lograr el pago de sueldos atrasados.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
1847 - 1850
Cuando llega la paz. Hasta fines de 1847, las sucesivas luchas que debieron
afrontar los entrerrianos demandaron ingentes esfuerzos que, en otras circunstancias,
pudieron haberse volcado al trabajo fecundo que impulsa el progreso y el bienestar de los
pueblos.
Fue sólo a partir del triunfo de Vences (27 de noviembre de 1847), que el
gobernador Justo José de Urquiza pudo gobernar efectivamente a la provincia, aunque
permaneció todavía algún tiempo más en el campamento de Calá, mientras don Antonio
Crespo continuaba en Paraná ejerciendo sus funciones de gobernador delegado.
Ríos. En el orden económico fueron tan numerosas como eficaces las medidas tomadas
para acrecentar la actividad ganadera, mejorar la industria saladeril y difundir la agricultura.
Como bien ha señalado Beatriz Bosch, "la historia del país no registra, que
sepamos, hegemonía más larga, benéfica y completa, como la que conoció Entre Ríos bajo
su égida. Durante treinta años ningún aspecto de la vida cotidiana escapó a su estricto
contralor, o a su sagaz previsión. Practica el ideal cristiano primitivo del "gobierno
paternal", un desideratum de la época proclamado en 1820 por los jefes federales
triunfantes en Cepeda...". Por muchos años el pueblo entrerriano confió en su celo y su
talento.
En 1847 llegó a ella el inglés William Mac Cann, quien poco después daría a la
estampa un libro titulado Viaje a caballo por las provincias argentinas, en cuyas páginas
el viajero volcó su impresión: "La ciudad del Arroyo de la China, llamada ahora del
Uruguay, se halla situada sobre el río del mismo nombre. Parece una población antigua y
presenta un aspecto ruinoso y abandonado; se extiende sobre un área bastante grande, pero
las casas se hallan muy apartadas unas de otras y los terrenos baldíos que, podría creerse
destinado a jardines, aparecen cubiertos de yuyales. La mayor parte de las viviendas son de
estaca y barro, techadas de paja, aunque también las hay de ladrillos, con azoteas. La
población es de unos dos mil habitantes. La ciudad tiene una plaza en cuyo centro se
levanta una pirámide medio derruida. A escasa distancia está la iglesia, rodeada en parte por
una tapia ruinosa; en dirección opuesta puede verse un molino de viento, también en
ruinas. En el puerto había cinco pequeñas goletas que podían ser arrastradas hasta la orilla,
para recibir directamente la carga".
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Por cierto que la descripción de Mac Cann es deprimente. Pero no cabe duda que
es el trasunto de una lamentable realidad. Al igual que en otras poblaciones de Entre Ríos,
el atraso y el abandono fueron parte del precio que debió pagarse por la prolongación de
las guerras civiles en nuestro país.
El departamento Uruguay poseía 4.420 habitantes, es decir, algo menos del 10%
de la población total de la provincia, y la ciudad de Concepción del Uruguay 2.578
habitantes.
Cabe consignar que la mayor parte de los pobladores de Entre Ríos vivían
diseminados por la campaña, reuniéndose el menor número en una docena de centros
urbanos, de los cuales sólo la mitad pasaba del millar de almas, a saber:
Censo de 1849
Paraná 5.386
Gualeguaychú 3.032
C. del Uruguay 2.578
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Gualeguay 2.019
Victoria 1.993
Nogoyá 1.278
Concordia 1.255
Si comparamos estas cifras con las arrojadas por el censo de 1820, advertiremos
que en casi tres décadas la provincia de Entre Ríos había duplicado largamente su
población. Lo propio había ocurrido en Concepción del Uruguay, que de 1.223 habitantes
en 1820, había pasado a tener 2.578. En cambio, el crecimiento demográfico de Paraná,
que seguía siendo la ciudad más poblada de Entre Ríos, fue mucho menor, puesto que en
1820 registró 4.282 habitantes y en 1849, tan sólo 5.386.
compañía dentro de una cajita; dos id. de id. sin dorar con sus platos de plata; una bujía de
plata de cinco mecheros chicos; un incensario de plata con su naveta; una crismera de plata
para la unción de los enfermos, dentro de una caja de lata con su cordón de seda; una Cruz
Parroquial de plata de la cual se salvó la mitad; un hostiario de plata; un hisopo de id; una
custodia de cobre y bronce dorada; dos mecheros de platina de tres luces; una docena de
candeleros de platina de una luz; una docena de candeleros de madera nuevos; un sepulcro
nuevo con sus cristales para la procesión del Viernes Santo; andas nuevas de madera
pintada para la Patrona; una docena de faroles nuevos para acompañar el Santísimo y para
las andas de la Dolorosa; una caja con media arroba de cera; dos baúles, uno con seis
ramos de flores de regular uso y otro con ropas; una cómoda o cajonera de cinco varas y
media de largo para poner ornamentos; una silla para las sisas cantadas de caoba con
asiento de terciopelo; cuatro sillas comunes; dos mesas; seis varas del palio madera pintada;
una del guión; un surtido de utensilios de Semana Santa y Difuntos; una caldereta e hisopo
de estaño; ocho floreros; cinco capas de coro, dos negras de las cuales una usada y otra
nueva de terciopelo y otra usada morada id.; once casullas de todos los colores necesarios,
tres nuevas y las demás de buen uso por estar todas compuestas de nuevo y todo lo
concerniente a ellas; tres albas nuevas de estopilla de hilo; seis viejas de algodón con sus
amitos correspondientes y sobrepellices de acólitos, cuatro nuevas y tres viejas; cuatro
esclavinas y bandas de los acólitos; cuatro manteles de altar mayor de hilo, dos nuevos y
dos viejos; seis id. viejos de algodón; una muceta de terciopelo con banda de oro para
llevar el viático; cinco frontales de todos los altares de tisú y lana de plata usados;
veinticuatro corporales nuevos con sus hijuelas nuevas y de buen uso; veinte cornialtares
casi todos de algodón y los más nuevos; sesenta purificadores casi todos nuevos; cinco
misales, dos casi nuevos y tres muy deteriorados; dos rituales, uno en buen uso y otro viejo;
un surtido de novenas y ejercicios de toda clase; tres botellones de lata, uno de ellos viejo,
destinados por orden del señor Delegado Eclesiástico a consumirse en la lámpara del
Santísimo; tres docenas de arandelas, una de plata, y las demás de lata; cuatro ciriales, dos
nuevos de latón y dos viejos..."
dalmáticas, uno de Difuntos, otro de San Sebastián y otro de la Patrona; tres albas, una
nueva de cambray de hilo y dos de estopilla, una nueva y otra usada; ocho candelarios
ordinarios y viejos de madera; doce candeleros, seis de bronce y seis de platina usados; dos
candeleros de platina de dos mecheros; seis floreros; ocho ramos de flores de trapo, cuatro
nuevos y cuatro de regular uso; dos id. id.; casullas nuevas regaladas por el Exmo. Señor
Gobernador; dos estellones nuevos, id. id.".
Finalizada la construcción del Colegio del Uruguay en 1851, parte del ala sur del
nuevo edificio se destinó a la Iglesia provisoria, mientras plasmaba la idea de construir un
nuevo templo. Debido a la trágica muerte del padre Cotelo ocurrida ese mismo año, en el
mes de setiembre fue nombrado párroco interino el presbítero Gregorio María Céspedes,
quien fue confirmado en el cargo el 31 de mayo de 1853. Al recibirse de la Iglesia
provisoria instalada en el flamante edificio del Colegio del Uruguay, el padre Céspedes lo
hizo bajo inventario realizado por el Juez de Paz don Mariano Jurado, en el que se expresa:
"Yo, el Juez de Paz del Departamento pasé a la Iglesia Parroquial de esta ciudad a
consecuencia de la muerte del cura de ella don José Benito Cotelo y en presencia del señor
presbítero don Gregorio Céspedes, don José Solares (representante del síndico don Jorge
Espiro, ausente) y los vecinos que suscriben, procedí al inventario de los ornamentos,
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
alhajas y existencias de dicha Iglesia Parroquial del modo siguiente: la Iglesia y Sacristía
están ocupando uno de los salones del Colegio de Estudios, su extensión es como de
cincuenta y tantas varas de largo y seis varas de ancho. En dicha capilla hay cuatro altares
incluso el altar mayor con su tarima correspondiente y alfombra, el cual se compone de una
mesa de madera con cuatro gradas, Tabernáculo, Sagrario y nicho, todo de madera; en
dicho nicho se halla una imagen de la Purísima Concepción de talla en regular estado con
una corona de plata lisa por adorno..." El extenso documento - consta de seis páginas de
apretada escritura - continúa enumerando los distintos objetos existentes en la Iglesia
provisoria, lo que nos afirma en la idea de que no fue una mera instalación precaria, sino
que alcanzó a ser - como bien lo expresa Nadal Sagastume - una iglesia formalmente
instalada, con todos los elementos del culto, altares, imágenes, púlpito, objetos de valor
como telas, joyas finas, platería, etc.
Hasta 1859, es decir por espacio de casi una década, el Colegio Histórico tuvo el
privilegio de albergar dentro de sus muros, hoy centenarios, a la Iglesia de Concepción del
Uruguay. Durante ese lapso se recibieron nuevas contribuciones, entre las que merecen
destacarse los objetos que por orden del general Urquiza remitió el maestro platero de
Gualeguaychú, don Nicolás Pérsico: "una Custodia de plata como de dos tercias varas de
altura con la base cincelada, con adornos en contorno del viril de hojas y espigas de plata
dorada; un incensario grande con la naveta y cuchara; dos cálices, uno de ellos todo
cincelado y el otro con una guarnición solamente, tienen sus patenas y cucharas, todo de
plata lisa; un ascebre para agua bendita con hisopo, todo de plata cincelada y un Hostiario
también de plata".
Diversos objetos y ornamentos fueron comprados por colecta popular, entre los
cuales importa destacar un órgano Serafín, adquirido en la suma de cuatrocientos cincuenta
patacones.
Con el transcurrir del tiempo, muchas de estas cosas se deterioraron por el uso. En
algunos casos - ha afirmado el historiador de Nuestra Parroquia - el metal fino sirvió para
construir nuevos elementos, sin perjuicio de que alguna pieza - dicho sin malicia - haya ido
a parar a algún museo o colección particular. Pero de los objetos regalados por Urquiza se
conservan, debidamente identificados, la Custodia del Santísimo, dos cálices, la naveta del
incienso, el juego de vinajeras y el Hostiario, verdaderas joyas que merecen ser
conservadas.
En la mitad del siglo. La segunda mitad del siglo XIX se abrió con magníficas
perspectivas para la ciudad de Concepción del Uruguay. Con entusiasmo no exento de
emoción, los uruguayenses veían crecer día a día las obras del edificio para el Colegio.
Mientras tanto, Urquiza buscaba afanosamente un director que reuniera las mejores
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condiciones y profesores suficientemente idóneos. Pero su preocupación fue aún más lejos.
Era necesario dotar al nuevo instituto de libros y material didáctico. Y para ello, realizó
importantes adquisiciones en la ciudad de Buenos Aires, cuyas primeras remesas
comenzaron en el mes de setiembre de 1850.
Por decreto del 27 de julio, fue designado Juez de Paz el señor Mariano Jurado,
desempeñándose como alcaldes de la ciudad las siguientes personas:
El decurión de policía Juan Tallabul fue reemplazado por José María Cabral,
percibiendo una remuneración de 25 pesos sensuales. Se le retiró la venta del papel sellado
a Salvador Barceló, encomendándose esta función a Miguel Irigoyen. La señora Carolina
Perichón y Obes reemplazó a doña Mercedes Delgado como preceptora de la escuela
pública de niñas, con un sueldo de 50 pesos por mes, siendo su ayudante doña Manuela
Obes y Perichón, con una remuneración de 15 pesos mensuales.
A fines de 1849, Justo José de Urquiza fue reelecto por un nuevo período de
gobierno. Y al igual que en las dos ocasiones anteriores, prestó el juramento de práctica en
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su cuartel general. Hasta allí acudieron los diputados Manuel Antonio Urdinarrain, Manuel
Basavilbaso y Eulogio Redruello, comisionados al efecto. El 1° de enero de 1850, una salva
de artillería anunció el comienzo de un tercer período legislativo.
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1849 - 1854
Antecedentes inmediatos. La primera mitad del siglo XIX llegaba a su fin. Fue
éste un momento muy especial en lo que atañe a la cultura de Entre Ríos y, por qué no, a la
de la patria toda. En esos años hunden sus raíces dos creaciones importantes en el campo
de la enseñanza media aunque, lamentablemente, una de ellas tendrá vida muy efímera.
Hasta ese entonces Entre Ríos, como la gran mayoría de las provincias argentinas,
carecía de institutos educativos que permitieran a los jóvenes continuar sus estudios más
allá del nivel primario y aún prepararse para cursar la Universidad.
defraudados, pues Urquiza dispuso el traslado de los jóvenes a Concepción del Uruguay,
ciudad en la que ya funcionaba el Colegio de Estudios Preparatorios, bajo la dirección de
Lorenzo Jordana.
No obstante que algunos autores han puesto en duda su capacidad intelectual y sus
dotes pedagógicas, no creemos que su figura deba ser minimizada a tal punto. Más bien
fueron su timidez y falta de experiencia, las que alguna vez motivaron ciertas mofas del
periodismo local.
Una vez designado el presbítero Erausquin como rector del Colegio, Jordana pasó
a desempeñarse como profesor de latinidad, hasta que en agosto de 1852, a causa de su mal
estado de salud, debió radicarse en Buenos Aires, donde fundó el Colegio de la América
del Sud. Mientras el nuevo establecimiento iba adquiriendo cada vez mayor prestigio, su
director se dio a la tarea de escribir varios textos de enseñanza con el propósito de servir a
sus propios alumnos. Hacia 1862, ya había impreso los siguientes: Gramática Castellana,
Aritmética práctica y Aritmética teórica, Geografía de la República Argentina,
Geografía de la provincia de Buenos Aires, Curso elemental de Historia Argentina,
Curso de latín, y varios más. Claro está que algunas de estas obritas no pasaban de ser
meras cartillas, pero constituyeron sin duda un interesante material didáctico para la
enseñanza de la época.
El coronel Urdinarrain conversó con Jordana y ultimó los detalles para la apertura
del establecimiento. "He hablado y quedado conforme con Lorenzo Jordana - le comunica
a Urquiza el 4 de junio de 1849 - para establecer el plantel de niños para el Colegio de esta
ciudad, haciéndose cargo de ello en la calidad de provisional hasta que se establezca en
forma como Ud. me lo previno y con la asignación de cuarenta pesos mensuales, con lo
que está conforme. Voy pues en vista de esto a pedir a Gualeguaychú y Concordia los
jóvenes que estén aptos para entrar en este establecimiento". Y, por supuesto, se
incorporarían a él los alumnos de la escuela pública de Concepción del Uruguay, que
reunieran los requisitos establecidos, y una vez que aprobaran el examen general que por
esos días habría de tomárseles.
Las expresiones vertidas por Urdinarrain no dejan dudas respecto a que Jordana
sólo se haría cargo provisionalmente del establecimiento. Es que las miras de Urquiza
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estaban puestas por ese entonces en el presbítero Manuel Erausquin, como el más indicado
para ocupar el cargo de director. En la misma comunicación del 4 de junio, Urdinarrain
expresó: "Acompaño a Ud. el reglamento que el expresado Jordana había hecho cuando
creyó hacerse cargo del Colegio según se lo ofrecía Ud.; - él va sin firmarse porque como
he dicho éste no era más que provisional, y que hoy dice no sabe si estará conforme con el
método que establecerá el señor Erausquin, pero sin embargo yo lo elevo a manos de Ud."
A fines de julio de 1849, en la casa de F. Barú, ocupada hasta hacía muy poco por
don Juan Barañao, comenzó a funcionar el Colegio. De inmediato, el gobierno de la
provincia de Entre Ríos ordenó que se comenzase a pagar a Jordana el sueldo estipulado, a
partir del 28 de julio. La comunicación del Administrador de Rentas de Concepción del
Uruguay, fechada en noviembre de 1849, y dirigida al ministro José Miguel Galán, no deja
lugar a dudas. Ella dice así: "Instalado un Colegio de Estudios en esta ciudad bajo la
dirección de don Lorenzo Jordana, el infrascripto hace algunos días que recibió orden del
Exmo. Señor Gobernador y Capitán General de la provincia Brigadier don Justo José de
Urquiza, para que a dicho señor Jordana se le asistiese mensualmente con el sueldo de
cuarenta pesos; por lo que V.S. verá el haber que figura en la planilla de octubre pasado,
arreglado desde el 28 de julio en que dio principio a sus funciones".
Las conmemoraciones anuales se iniciaron a partir de 1884, por decisión del rector
Honorio Leguizamón, después de consultar la opinión del profesor del Colegio y
distinguido estudioso del pasado entrerriano, don Benigno Teijeiro Martínez.
No cabe duda de que Martín Ruiz Moreno fue el primero en cuestionar la fecha
del 28 de julio de 1849, que tradicionalmente se ha señalado como momento inicial del
célebre instituto. Pero la primera oportunidad en que lo hizo fue en 1896, cuando en
ocasión de conmemorarse el 47° aniversario de la fundación, dirigió una nota al entonces
rector don José B. Zubiaur, en la que le manifestó su opinión de que el Colegio del
Uruguay databa, en realidad, del 1° de mayo de 1851. Al mismo tiempo, hizo llegar al
rector algunos documentos que, a su juicio, probaban la veracidad de su afirmación. Todos
estos documentos fueron luego publicados en 1899 en un folleto titulado Colegio
Nacional del Uruguay. Documentos sobre su fundación, que el diario La Razón
obsequió a sus favorecedores.
A renglón seguido, Martínez puntualizó con razón, que la resolución del gobierno
no hablaba de subvención sino de sueldo, conceptos jurídicos y administrativos que no
deben ser confundidos. Además, lo establecido fue un Colegio de Estudios y no una
Escuela Superior, cuyo plan de estudios fue semejante al que se desarrolló en el Colegio de
Estudios Preparatorios de Paraná hasta el momento de su clausura.
Fue, pues, a partir de 1896 que se suscitó la polémica, formándose al respecto dos
corrientes históricas. La primera, que iniciara Benigno T. Martínez y a la que en el
transcurso de los años adhirieron Martiniano Leguizamón, Alfredo Parodié Mantero y
Antonio Sagarna. La segunda, originada en la opinión de Martín Ruiz Moreno, que fijaba la
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Los primeros tiempos (1849 - 1850). La amplia casa de techo pajizo, que había
pertenecido a don Francisco Barú y cuya propiedad pasara luego por sucesivas manos - los
señores Busquets y Bergadá, Antonio López Piñón, Cepeda, etc. - cobijó al Colegio de
Estudios de Concepción del Uruguay en sus días iniciales. Se hallaba ubicada en la calle de
las Ciencias, hoy general Galarza, a dos cuadras hacia el oeste del actual Colegio.
Como se ha podido apreciar, el colegio del Uruguay fue internado desde sus
inicios, aunque en aquellos momentos, dada la insuficiencia del local, sólo se admitieron
como internos a los alumnos de escasos recursos. En esa segunda mitad de 1849
comenzaron sus estudios a más de los alumnos de la propia Concepción del Uruguay,
veintidós niños provenientes de Gualeguaychú y dieciséis llegados de Concordia. Hacia
fines de agosto de 1849 el número de internos sería de veintidós, a los que habría que
sumar diez más, a principios de 1850, según los recibos por lavado y planchado.
Para marzo de ese año, los alumnos del Colegio estuvieron en condiciones de
rendir sus primeros exámenes, dados satisfactoriamente ante la Comisión de Instrucción
Pública presidida por el doctor Juan Francisco Seguí. Como los exámenes fueron públicos,
asistieron a ellos los miembros de las familias de los alumnos y otras personas de la ciudad.
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Una crítica periodística. No obstante que los resultados de los exámenes habían
sido muy satisfactorios, hubo algo que molestó al redactor de El Porvenir de Entre Ríos,
periódico que por ese entonces se editaba en Concepción del Uruguay, en cuyo N° 25, del
4 de marzo de 1850, se dijo lo siguiente: "Algunas cortas alocuciones, alusivas al esmero
con que nuestro ilustrado y generoso gobierno propende a propagar la instrucción en las
masas, han sido pronunciadas por tres o cuatro de los más inteligentes discípulos. El
lenguaje puro y a veces elegante de esos pequeños trozos de elocuencia escolástica, si bien
prueban que el arte de Cicerón no es del todo extraño al señor Director del Colegio,
prueban también que nada entiende en el arte de gesticular, pues cada uno de los asistentes
en esa grave solemnidad, ha podido observar como nosotros, que la ridiculez del gesto con
que los alumnos acompañaban sus palabras, comprometían singularmente lo que ellos
expresaban. El señor profesor Jordana, en sus momentos de solaz, debe estudiar el arte
mímico para que el próximo año, sus tan bien sentidos discursos no sean escuchados por
los concurrentes con la sonrisa en los labios. No basta ser elocuente, es preciso no ser
ridículo; al ridículo no hay elocuencia que resista. A pesar de este insignificante lunar,
brillantes han sido los exámenes. Los alumnos han hecho honor a su profesor, y han
aprobado su laudable contracción".
El gran edificio. Era evidente que el Colegio del Uruguay no podría alcanzar la
importancia que el general Urquiza deseaba darle, mientras no se lo dotara de un edificio
adecuado para albergar contingentes de alumnos cada vez más numerosos, y con las
comodidades indispensables para un instituto de nivel superior.
Ya el 18 de agosto de 1849, con clara visión del proyecto, Cuyás y Sampere decía a
Urquiza: "El Colegio del Uruguay será más bien una Universidad que un Colegio. Este
edificio es el más importante de cuantos V.E. piensa emprender, y es natural que para su
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construcción se tenga en vista llenar no sólo las necesidades de hoy, sino que también las
del porvenir".
El arquitecto elegido fue don Pedro Renom, a quien Cuyás y Sampere recomendó
desde Montevideo. Renom se dio a la tarea con rapidez y entusiasmo y ya el 1° de octubre
de 1849 envió el plano del edificio el que fue inmediatamente aprobado. El 14 de ese
mismo mes fue colocada la piedra fundamental del edificio, según lo testimonia una
relación hecha por Ricardo López Jordán y publicada un año después en El Federal
Entrerriano.
Pero las tratativas llevadas a cabo a mediados de 1850 no prosperaron por dos
razones: la exigencia de que Larroque se dedicara exclusivamente a la tarea docente,
dejando de lado el ejercicio de su profesión de abogado, y algunas diferencias personales
con ciertos profesores ya comprometidos para dictar sus cátedras en el Colegio.
los jóvenes, se dirigen a la capilla para oír Misa. (No debe olvidarse que a raíz del incendio
del templo de Concepción del Uruguay en 1849, se lo instaló provisoriamente en el ala sur
del edificio del Colegio). Después de cumplido ese deber de cristiano, que es la base de la
buena moral que debe reinar en toda casa de educación, pasan los jóvenes a la gran sala de
estudios donde empiezan sus tareas diurnas hasta la hora de almorzar (sic). Ese almuerzo
(sic) compuesto de manjares saludables, es de poca duración, porque sin que les falte lo
necesario se ha tenido en vista, el acostumbrar a los alumnos a la sobriedad. Enseguida se
abren las varias clases de latín, filosofía, francés e inglés, hasta las doce, hora en que se sirve
la comida que dura media hora. A las doce y media se pasa a recreo hasta las dos de la
tarde, y desde esa hora vuelven a empezar las clases, entre ellas las de idioma nacional y
aritmética, hasta las cuatro; en cuya hora se pasa a recreo hasta las cinco y media.
Enseguida pasan todos los alumnos a la sala de estudios, hasta las ocho, menos los que
estudian filosofía, que tienen clase desde la siete hasta esa hora".
Por esta época, la imprenta de Hernández era la única existente en Concepción del
Uruguay, la que al decir del poeta Hilario Ascasubi, que vivió en la ciudad durante 1851, se
hallaba "muy escasa de letras y operarios y muy recargada de trabajos tipográficos".
Es que además de los textos escolares, se imprimieron en ella los dos primeros
periódicos uruguayenses: El Porvenir de Entre Ríos y La Regeneración, y también
obras como Riqueza Entrerriana, del doctor Pedro Serrano y varios poemas gauchescos
de Hilario Ascasubi, encomendados por el general Urquiza con motivo de su
pronunciamiento contra Rosas.
Entre las obras de carácter didáctico salidas de esta imprenta entre los años 1849 y
1851 figuran el Catecismo del padre Astete; Método práctico de enseñar a leer, de
Diego Herrán Quirós; Las obligaciones del hombre, del presbítero Juan de Escoiquiz;
El amigo de los niños; Aritmética elemental; Gramáticas, francesa e inglesa; Libro de
lectura inglesa, de Ackermann; Institutione Gramaticae, de Nebrija; Codicilo de los
estudiantes de Latinidad, de Ciriaco Rodríguez Valdivieso, etc.
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10
1851
Tierra de viejos criollos, de cabeza erguida, aspirando a ver alto, sin contar con
dueños, ni amos, ni señores, ni mandones, experimentando desde siempre en sus espíritus
el anuncio que trajo al nacer aquella vieja divisa de la federación de los pueblos: "¡Naides es
más que naides!" Y el viejo lema recorrió las cuchillas montieleras, donde parece
escucharse todavía el galope de bravías montoneras, llevando en sus tacuaras el ideal de
libertad.
Ideal que naciera una mañana de 1810, cuando los hijos de la tierra americana
decidieron vivir libres, de cara al cielo, a ese cielo que más tarde les dará su blanco y azul
para bandera. Ideal que latiera en el corazón de fieros caudillos, cuando, representantes del
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Ideal adormecido en larga noche, en esa fatal noche de hierro y de sangre que se
llamó tiranía. Hasta que llegó el despertar... Hasta que comenzaron a escucharse cadencias
de voces jóvenes. Venían de más allá, de tierra extraña. Eran las voces del destierro... Había
en ellas temblores de nostalgias y trasunto de esperanzas; esperanzas de ver a la patria
redimida, nuevamente libre como la soñaron sus mayores.
Eran voces de hombres jóvenes, juramentados para ser adversarios del tirano,
nunca sus sometidos, tal vez recordando aquello de que es mil veces preferible morir de pie
que vivir un solo minuto arrodillado.
Uno de esos jóvenes se destacaba entre todos: Esteban Echeverría; y fue él quien
dio rumbo y sentido a esa lucha de la juventud que prefería la muerte o el ostracismo a la
genuflexión o la servidumbre. Su palabra se hizo dogma, dogma de Mayo, es decir, dogma
de Patria.
Decía así - "Apenas hace cinco días que nació y ya todos le conocen y le llaman
por su nombre, ni más ni menos que si habiendo corrido todo su curso, se encontrase viejo
y en el duodécimo mes. Este año 1851 se llamará en esta parte de América, La
Organización. Obra de una admirable combinación de ciencia, patriotismo y firmeza,
habrá paz general y gloria en la República y con la República. El buen derecho y el valor,
son bases incontrastables que Dios protege. El gran principio del sistema federal,
consagrado por la victoria, quedará consolidado en una Asamblea de delegados de los
pueblos. De su seno saldrá un mandato de fraternidad y abrazándose todos los hermanos,
victoriarán reconocidos un nombre glorioso que designa a un hombre grande que se
simboliza:
La constancia en el orden,
la firmeza en el designio,
el coraje en la lucha,
la grandeza en los medios,
el heroísmo en los hechos,
el patriotismo y la civilización en los fines.
Y a renglón seguido, estampó estas palabras que muestran con elocuencia una
decisión tomada irrevocablemente: "Designar el año 51 para la organización del país por
medio de una Asamblea de delegados de los pueblos, me parece que no importa más que el
rasgo de pluma de un escritor que, garantido por la pureza de sus deseos, la seguridad y
respeto que merecen en Entre Ríos las individualidades y opiniones razonables, anticipa en
su mente la llegada de una época sobradamente postergada, por desgracia, y que si bien las
circunstancias han dejado, no han debido extirpar ni la esperanza ni el deseo justo y
patriótico de ver llegar, y es preciso que Ud. entienda que la provincia de Entre Ríos, cuya
prensa no depende absolutamente del gobierno, organizada y uniformada en
opiniones, sin díscolos ni revoltosos, y marchando apoyada en su gloria por la senda que
señala la civilización, participa con su Jefe del deseo de ver a la República
definitivamente arreglada. Yo en particular, fervientemente espero ver esa
organización en mis días, habiendo contribuido a ella".
organización nacional. Si Rosas era un obstáculo, el obstáculo debía ser derribado. La lucha
se avecinaba irremediablemente. Pero dado el objetivo trascendental que habría de
originarla, el sacrificio no sería estéril.
Ya a fines del mes de abril, su joven secretario político, doctor Juan Francisco
Seguí, que como tantos otros hombres que rodeaban al mandatario entrerriano impulsaban
a éste a decidirse sin más dilaciones, según propia declaración, fue quien obtuvo el ansiado
pronunciamiento público. Cuenta en sus Memorias que en aquellos días se vivía en
Concepción del Uruguay un ambiente festivo con motivo de unas carreras de caballos que
habían congregado a varios jefes entrerrianos y correntinos. Y agrega:
"En una de esas noches invité al general Urquiza a seguir la serenata y dándome el
brazo marchamos entre la ciudad a recorrer algunas calles del Uruguay. En cada bocacalle
deteníase la música y una mitad de tiradores hacía una descarga. Aprovechando aquella
oportunidad inicié algunos vivas diferentes de los acostumbrados en reuniones análogas, y
sin mueras, lo que principió a llamar la atención. Poco a poco mis vivas eran más
significativos y la población que nos acompañaba se iba enardeciendo y el entusiasmo
aumentaba por grados.
Las lágrimas corrían de todos los ojos. El general, que también lloraba, fue llevado
en triunfo hasta la Comandancia, luego a su casa".
Don Juan Manuel de Rosas había repetido en 1851 su renuncia como Encargado
de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina. Ante esa circunstancia,
Urquiza dictó el decreto - que fue redactado por su secretario, el doctor Juan Francisco
Seguí - por el que se aceptaba dicha renuncia, con lo cual la provincia de Entre Ríos
reasumía el ejercicio de las Relaciones Exteriores hasta que fuera organizada
definitivamente la República.
"1°) Que es voluntad del pueblo entrerriano reasumir el ejercicio de las facultades
inherentes a su territorial soberanía, delegada en la persona del Exmo. Sr. Gobernador y
Capitán General de Buenos Aires, para el cultivo de las Relaciones Exteriores y dirección
de los negocios generales de paz y guerra de la Confederación Argentina, en virtud del
tratado del Cuadrilátero de las provincias litorales, fecha 4 de enero de 1831.
"2°) Que una vez manifestada así la libre voluntad de la provincia de Entre Ríos,
queda ésta en aptitud de entenderse directamente con los demás gobiernos del mundo,
hasta tanto que congregada la Asamblea Nacional de las demás provincias hermanas, sea
definitivamente constituida la República".
Al resolver sus pronunciamientos contra Rosas - que era una autoridad confederal
instituida por convenio interprovincial - las provincias de Entre Ríos y Corrientes
ejercitaron un derecho innegable, que era derivado de la naturaleza jurídica de la
organización fundada en el Pacto Federal de 1831.
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Esto explica el por qué, a lo largo de los años, la opinión de los autores haya
girado alternativamente en torno de tres nombres de posibles pregoneros: el doctor Juan
Francisco Seguí; el capitán del Ejército Entrerriano, Pascual Calvento; y el señor Juan
Andrés Vázquez.
Por nuestra parte, trataremos de reconstruir lo ocurrido ese día en Concepción del
Uruguay, después de un meditado análisis de las fuentes disponibles.
extraordinario. Había concurrido allí gran parte de los jefes del Ejército de Entre Ríos y
muchos orientales y correntinos. A las cuatro de la mañana del 1° de mayo de 1851 se
tocaban dianas en el campamento de San José y momentos después los cuerpos se ponían
en marcha en dirección a Concepción del Uruguay, marchando detrás, a pocas cuadras de
ellos, el general Urquiza con un numeroso Estado Mayor, compuesto de jefes entrerrianos,
correntinos y orientales. Al coronar una de las altas cuchillas, los rayos de un sol espléndido
brillaban en las lanzas de los cuerpos en marcha, alumbrando el rostro de los que muy
pronto debían ser vencedores de las tiranías que humillaban los pueblos del Río de la Plata.
Era un día espléndido. La naturaleza parecía regocijada del acto solemne que iba a tener
lugar, anunciando a los pueblos argentinos que pronto iban a romperse las cadenas de una
sangrienta y larga tiranía. Poco después de las doce del día, los cuerpos que habían salido
del campamento de San José y un batallón de cívicos, componiendo una división de las tres
armas, formaban en la plaza de Concepción del Uruguay. Algunos momentos después, en
el centro de la extensa plaza, al pie de la pirámide erigida en memoria del general D. José
Francisco Ramírez, tenía lugar la proclamación solemne del pronunciamiento contra Rosas,
leyendo el doctor Juan Francisco Seguí, el elocuente vocero de la libertad en aquella
memorable cruzada, la declaración solemne del primer acto oficial de la gloriosa
revolución. Terminada la lectura de ese importante documento, se hizo una salva de
artillería, a la vez que dos bandas de música tocaban el Himno Nacional. Inmediatamente
después se distribuyó una proclama firmada por el general Urquiza dirigida al pueblo y al
ejército. Esa proclama había sido redactada por el mismo doctor Seguí".
parecida. Era de tardecita y cuando la noche empezó a caer se organizó una serenata que
delirante de entusiasmo recorrió el pueblo, recogiendo las bendiciones de todos, que
lloraban de agradecimiento. ¡Qué día aquél!".
Pero ese mismo día 1° de mayo, el pronunciamiento de Urquiza contra Rosas tuvo
otro pregonero que, una vez cumplida la ceremonia principal, se encargó de difundir el
bando por distintas partes de la ciudad. Fue don Juan Andrés Vázquez, por ese entonces
escribiente de la Jefatura de Policía de Concepción del Uruguay, y que con el correr de los
años llegaría a ocupar altos cargos en la administración de Justicia de la provincia.
A nuestro juicio, el citado autor fue inducido a error, debido a las siguientes
circunstancias:
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1°) Se basó en las anotaciones del nieto del doctor Juan Andrés Vázquez, y no en
el testimonio directo de éste. (Carta a Martín Ruiz Moreno, de 30 de mayo de 1903.
Documento original en poder de nuestro dilecto amigo, el doctor Isidoro J. Ruiz Moreno,
y publicado en la Revista de Historia Entrerriana, N° 7, Buenos Aires, 1971.).
2°) Admitió como cierta la versión de que Urquiza se hallaba alojado desde la
noche anterior al 1° de mayo en Concepción del Uruguay, cuando por el testimonio del
doctor Martín Ruiz Moreno, sabemos que el gobernador entrerriano partió de San José con
su séquito y tropas, rumbo a la ciudad, en las primeras horas del mismo día 1° de mayo.
3°) Afirmó que Urquiza se retiró de Concepción del Uruguay en horas de la tarde,
no obstante que la crónica de los festejos realizada por el periódico La Regeneración, a
tan sólo tres días de los sucesos, registró su presencia en la ciudad durante el jueves 1° y el
viernes 2. La verdad es que recién el día sábado, 3 de mayo, Urquiza retornó a San José
acompañado por una gran comitiva "compuesta de lo más distinguido de ambos sexos de
nuestra sociedad - da cuenta la crónica - la que permanecerá en el espléndido edificio
donde el invicto general obsequia y recibe, con esa profusa y noble hospitalidad que le
caracteriza".
4°) Consideró - siguiendo la versión del nieto de Vázquez - que el acto principal
del pronunciamiento tuvo lugar en la esquina nordeste de la Plaza Ramírez (intersección de
las actuales calles Galarza y la Fraternidad) porque - según dice Scunio - ése era el lugar
"donde se encontraba el Centro Comercial, uno de los edificios más importantes de la
ciudad por ese entonces".
Nada importante existía en ese lugar hacia mediados del siglo pasado. Tanto es así
que cuando la Asociación Promotora del Progreso solicitó al gobierno en 1867 la cesión de
toda la manzana, sólo existía en ella el ruinoso y precario edificio de la primitiva aduana.
Los festejos. El júbilo popular se prolongó hasta entrada la noche del 1° de mayo.
Y al día siguiente - viernes 2 - los festejos continuaron en la ciudad de Concepción del
Uruguay. La Regeneración los consignó en su edición del domingo 4 de mayo. Su
redactor, Carlos Terrada, expresó:
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"El viernes a las siete de la noche, súbitamente se armó una serenata, compuesta
de la población en masa y precedida de las dos elegantes bandas de la guarnición. La
columna formada por el pueblo rompió su marcha en la plaza Ramírez, llevando en su
centro, simbolizando el gran corazón de un cuerpo inmenso, invencible, glorioso,
predestinado a la obra providencial de la restauración de los principios sociales y cristianos
de la República del Plata, al invicto Urquiza. Era de verse la falange tremenda que
formaban a su lado los Virasoro, Velázquez, Palavecino, Urdinarrain, Basavilbaso, Almada,
Arredondo, Paso, Berón, González, López (Jordán) y otros muchos bravos del Ejército
Entrerriano y Correntino reunidos y fraternizando en torno del grande hombre cuya
espada por doquier resplandece y a todos los guerreros como el sol a los astros oscurece.
La serenata recorrió las calles principales de la ciudad, parándose en diversos puntos y
entonando estrofas del Himno Nacional y del Entrerriano, a las que se hacía coro con
tremendos y simultáneos ¡vivas! que surgían del entusiasmo, de la convicción de cada uno.
Fueron momentos solemnes aquéllos...; asomó al labio, resonó en los aires la inmensa
maldición vibrada, acumulada, pronunciada por el odio y rencor de todo un pueblo de
hombres libres, contra la tiranía y el tirano... Todo eso y mucho más fue elocuentemente
expresado en los vivas siguientes que, entre infinitos pronunciados en la serenata,
recordamos y transcribimos: ¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los enemigos de la
alianza de los pueblos! ¡Viva Urquiza y Virasoro! ¡Abajo el enemigo del Pacto Federal! ¡Los
pueblos no pueden existir sin leyes, garantías y libertades! ¡Viva el invicto Urquiza que las
sostiene, defiende y restaura! ¡Muera el tirano! ¡Viva la alianza federal de los pueblos
argentinos! ¡Muera el traidor a la confianza! ¡Viva la restauración de los principios en ambas
Repúblicas del Plata! ¡Abajo el tirano que los conculca, ataca y destruye!".
Las escenas se renovaron durante los días 8 y 9 de mayo. Se escuchó otra vez la
canción patria y el doctor Diógenes de Urquiza pronunció una fogosa arenga: "Amigos,
aquí está la bandera de la República, gloriosa enseña de su independencia y de su libertad;
queremos al pie de esta pirámide por los manes del ilustre general Ramírez, restaurar los
grandes principios de Mayo que ella representa, aunque sea preciso clavarla en el cráneo del
tirano".
El cronista, después de recoger las palabras del hijo del general, acotó: "Y la
efervescencia popular juró cumplirla".
No en vano la Patria había nacido signada por Mayo. En mayo de 1810 inició la
marcha hacia su destino. En mayo de 1851, el reencuentro argentino revivió viejos ideales.
En mayo de 1853, se sancionó la Constitución tan largamente anhelada y tan largamente
postergada.
11
1851 - 1852
"La ciudad del Uruguay, situada entre un pequeño brazo del río Uruguay y el
Arroyo de la China, tenía en 1852 de cinco a seis mil habitantes. No había entonces ni una
sola casa de altos; y las casas de azotea eran muy pocas. El principal edificio que tenía la
ciudad era el Colegio, que ocupaba toda una manzana, teniendo en la parte norte un
mirador de dos cuerpos. La Iglesia actual no existía entonces. El terreno que ocupa hoy la
Iglesia estaba cercado de palo a pique, dentro del cual había un campanario formado de
vigas de madera fuerte. La mayor parte de las casas tenían cerco de palo a pique, con
huertas de árboles frutales. A una cuadra de la plaza General Ramírez aún había cerco de
tunas, como el de la casa de doña Josefa Cacho. Las cuadras del Uruguay son de ochenta
varas con calles rectas, pero angostas, de catorce varas inclusive la vereda".
Hilario Ascasubi en Concepción del Uruguay. Ascasubi fue, sin duda, uno de
nuestros grandes poetas gauchescos. Como si hubiera presentido su destino, nació en el
marco que dio a tantas de sus composiciones; a campo raso, bajo una carreta que hacía la
travesía de Córdoba a Buenos Aires, en el año 1807. Este primer episodio de su vida, que
pareciera haber marcado su destino literario, también fue como una premonición de su
ambular constante por dentro y fuera del país.
Ascasubi no se negó al pedido, pero opuso algunos reparos, "por las dificultades
que yo tendría que tocar y los gastos que habría que hacer allí para imprimir y encuadernar
de cada composición los dos mil folletos que V.E. quería y ofreció comprarme". Es que en
esa época en Concepción del Uruguay sólo existía la Imprenta del Colegio, de Jaime
Hernández, "muy escasa de letras y operarios y muy recargada de trabajos tipográficos".
Cabe consignar que de las cuatro obras publicadas en Concepción del Uruguay,
sólo las dos últimas fueron escritas ese mismo año de 1851, cumpliendo con lo
encomendado por Urquiza. En cambio, Paulino Lucero... y Trovas y lamentos..., ya
habían visto la luz, aunque fragmentariamente, en la ciudad de Montevideo durante la
década anterior.
frente a una revolución, merced a la cual se pasará del período de inconstitución a la época
constitucional. Y, por cierto, que los cambios que se operaron en el país a raíz del proceso
iniciado el 1° de mayo de 1851, fueron variados y profundos.
El 18 de julio comenzó el cruce del Uruguay, el que fue verificado por tres sitios
distintos. Mil quinientos correntinos al mando del coronel José Antonio Virasoro, lo
vadearon en el norte por el paso de los Higos; los dos mil novecientos hombres que
obedecían al general Eugenio Garzón, por el paso del Hervidero, y el grueso de las tropas -
unos tres mil hombres - a las órdenes directas de Urquiza, por Paysandú. Los habitantes de
Concepción del Uruguay contemplaron con asombro y admiración la notable hazaña de
trasponer la enorme masa de agua a nado o de la brida de un caballo.
sendas cartas al comandante interino de la ciudad, don Fidel Sagastume y a don Juan
Barañao, informándoles sobre el feliz suceso y destacando el valor demostrado por los
soldados de Entre Ríos. De inmediato, ambas misivas adquirieron estado público, pues
aparecieron publicadas en el Suplemento del número 115 de La Regeneración, precedida
de una breve nota de redacción.
Por último, firmada por numerosos vecinos, se remitió al vencedor de Caseros una
nota mediante la cual le hicieron llegar sus felicitaciones y su gratitud. Ella dice así:
Alberdi señalaba en sus Bases que "los gobiernos provinciales existentes han de
ser los agentes naturales de la creación del nuevo gobierno general". Si esto no se cumplía
así, vaticinaba que en lugar del orden y la paz se lograría tan solo catorce guerras en vez de
una.
Un diálogo mantenido en San Nicolás, nos dice con harta elocuencia lo que, en
efecto, hubiera ocurrido. Urquiza, dirigiéndose al general Lucero, gobernador de San Luis,
le preguntó:
Y eso era justamente lo que Urquiza trató en toda forma de evitar, para que todos,
de buena gana, contribuyeran al éxito de la causa. Por esto mismo, en lugar de un ejército,
destacó ante las provincias a un hábil comisionado, el doctor Bernardo de Irigoyen, de cuya
misión, coronada por el éxito, nació el Protocolo de Palermo, primero, y el Acuerdo de
Gobernadores de San Nicolás de los Arroyos, después. El camino elegido alejaba el peligro
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de una nueva guerra civil y echaba las bases, fortaleciendo lazos de hermandad, para la
organización del país.
Los diez años que el país vivió después - signados por la separación de Buenos
Aires de la Confederación Argentina - fueron consecuencia de esas jornadas en las que el
Acuerdo de San Nicolás, base fundamental de nuestra organización nacional, fue
rechazado por la Legislatura de Buenos Aires.
pronto en una explicable desazón. Además, sus habitantes estaban lejos de suponer que,
como consecuencia de la situación planteada, la ciudad iba a convertirse a poco andar en
escenario de una lucha armada, exigiendo de sus hombres y sus mujeres una importante
cuota de sacrificio y valentía, para salvar la suerte del proceso de la organización nacional.
Mientras tanto, los diputados por Entre Ríos, Juan María Gutiérrez y José Ruperto
Pérez, llegaban a Santa Fe, con el esperanzado propósito de contribuir a tan importante
logro, y dar al país, por fin, la tan ansiada Constitución.
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12
LA INVASION DE MADARIAGA
1852
Por razones obvias, sólo habremos de referirnos al primer aspecto del plan y,
sobre todo, en lo que tiene que ver con el ataque a la ciudad de Concepción del Uruguay.
Ya dos días antes, el 3 de noviembre, Alsina había escrito una carta "muy
reservada" al general Paz, en la que le daba cuenta de la alianza porteño - correntina para
invadir a Entre Ríos y derribar a Urquiza. En ella le informaba que el día 15 de noviembre,
sin falta alguna, el ejército correntino "invadirá de súbito el Entre Ríos, hoy descuidado y
sin fuerzas reunidas", apoderándose de las caballadas y del parque del campamento de
Calá. Asimismo le expresaba que entre el 14 y 16 de noviembre llegaría al Arroyo de la
China u otro punto, "la fuerte y sólida columna que con el pretexto de volverlas a su
provincia, se compondrá de las fuerzas entrerrianas y correntinas existentes en Buenos
Aires, yendo con las primeras el coronel Hornos y la caballería, infantería y artillería
correntina, con sus jefes, y todo el total de la columna se compondrá de 1.500 a 1.600
hombres, sin contar un batallón de Buenos Aires".
La esperanza fue vana. Nada llegó a sus manos, por lo que siempre se lamentó de
que el gobierno de Buenos Aires no le hubiese dado instrucciones sobre la expedición.
Esta situación se agudizó ante el sigilo que Madariaga mantenía respecto de las operaciones
que habrían de realizarse sobre la costa entrerriana, así como del punto en que debían
desembarcar las fuerzas de su mando.
cumplidamente las instrucciones que había recibido de mi gobierno. Tenla que mentirle
para contenerle, para salvarme, para salvar el crédito del gobierno de Buenos Aires, que en
comisión tan delicada ninguna me había dado".
Con las últimas horas del día, se completó el desembarco, el que fue hecho con
mucha lentitud, porque sólo se disponía para esta operación de algunas pocas
embarcaciones que no podían conducir más de diez hombres. No obstante, los invasores
habían puesto en tierra alrededor de mil hombres, los que a las órdenes de Hornos, debían
operar sobre Gualeguaychú, y luego, desde allí, apoyar el ataque de Madariaga a
Concepción del Uruguay.
El día 21, a hora muy temprana, un grupo de soldados procedió a carnear algunos
de los muchos animales que se encontraban en los corrales del saladero.
Una vez más la discrepancia entre los jefes se hizo notoria. Mientras Terrada
trataba de convencer a Madariaga de que atacase la ciudad sin pérdida de tiempo,
Somellera, en cambio, opinaba que como Hornos debía llegar de un momento a otro, era
innecesario sacrificar un sólo hombre y que la presencia de la división de caballería, los dos
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Muy pronto advertirían que ese éxito inicial había sido efímero. El pueblo de
Concepción del Uruguay, sin distinción de sexos ni de edades, no tardaría en escribir una
de las páginas más gloriosas de su historia...
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
13
1852
la satisfacción de presenciar que antes de una hora estaban reunidos en la Comandancia los
individuos que aquí había licenciado pertenecientes a los batallones Urquiza y Entre -
Riano, y los habitantes de este pueblo sin excepción de clases, nacionalidad ni edad".
El comandante López Jordán dispuso también la escasa artillería con que contaba
la ciudad. Una batería guardaba las entradas del sur y el oeste de la Plaza, al mando del
teniente de marina José María Montandón. La segunda defendía las entradas del sur y del
este, a las órdenes del teniente de marina Bartolomé Cordero. Y la tercera, al centro,
también defendiendo la entrada del sur, a cargo del capitán Lorenzo Farulla. Es decir, que
cada pieza de artillería cubrió las posibles entradas del enemigo por las actuales calles 3 de
febrero y San Martín, Moreno, y Vicente H. Montero y San Martín.
El general Madariaga, al ser rechazados sus intentos de que la plaza se rindiera sin
lucha, avanzó al frente de su caballería hasta la entrada del pueblo, al tiempo que
disparaban sus armas.
Eran las once menos cuarto, cuando el comandante Teófilo de Urquiza ordenó
romper el fuego con la pieza al mando del teniente Cordero, ubicada en la calle
Federación Entrerriana (hoy Vicente H. Montero). A su vez, las tropas invasoras se
lanzaron a un ataque rápido y simultáneo, por el sur y el este de la ciudad, lo que motivó el
repliegue de López Jordán hasta la Plaza Ramírez. La infantería correntina tomó posiciones
entre las huertas cercadas de palo a pique, y así balanceaba la ventaja de los cantones.
Ante tal situación, Teófilo de Urquiza ordenó que un piquete del cantón de la
Comandancia, al mando del sargento mayor Martínez, tratara de apoyar a la batería de
Cordero, la que en un determinado momento corrió un grave peligro, a raíz de la furiosa
carga que los invasores realizaron por las actuales calles San Martín y Vicente H. Montero.
Una compañía del batallón Patricios llegó hasta la bocacalle que ocupaba el cañón a cargo
de Cordero. La última descarga del enemigo le mató tres artilleros. El citado jefe trató de
mantener la posición descargando furiosamente su fusil hasta que debió retirarse en
cumplimiento de la enérgica orden de Teófilo de Urquiza. Pero el enemigo no tuvo tiempo
suficiente para posesionarse del cañón, ante la carga a la bayoneta efectuada por el piquete
del sargento mayor Martínez y el fuego certero proveniente de los diversos cantones,
particularmente de los ubicados alrededor de la plaza, es decir, en la Aduana y el Colegio.
hasta dos cuadras al norte de la Plaza Ramírez, pero los tres cantones a las órdenes del
capitán Busquets (Aduana, y casas de Latorre y Calvento), "sostuvieron con bizarría
imperturbable el violento ataque que por allí trajo el enemigo, rechazándolo con pérdida
considerable".
Mientras tanto, los cañones a las órdenes de Farulla y Montandón, que guarnecían
las bocacalles de Moreno y San Martín y de 3 de Febrero y San Martín respectivamente
(denominaciones actuales), se bastaron para contener los ataques realizados por dichos
lugares. No obstante, en determinado momento, el enemigo logró consolidar dos
posiciones que hacían peligrar el cantón ubicado en la casa de Fleitas (3 de Febrero y
Alberdi). Entonces, Teófilo de Urquiza ordenó que los capitanes Francisco de Urquiza y
Francisco Brian y el teniente Fernando Posadas se lanzaran con sus hombres al asalto de
las posiciones enemigas, objetivo que muy pronto se vio coronado por el éxito.
Las fuerzas invasoras fueron perdiendo, así, hombres y terreno. López Jordán, de
acuerdo con Teófilo de Urquiza, dispuso asumir la ofensiva y cargar al enemigo. Algunos
contingentes lo hicieron a bayoneta, pues se les habían terminado las municiones. Las
tropas de Madariaga iniciaron un rápido retroceso que muy pronto se transformó en
desbande.
De acuerdo con el parte de López Jordán, escrito a dos días de los sucesos, y la
versión de un testigo recogida por Martín Ruiz Moreno, los soldados y oficiales que
intentaron reembarcarse, no tuvieron otra alternativa que arrojarse al agua, porque
Madariaga había ordenado al jefe de la escuadrilla que levase anclas de inmediato. "En la
parte que les corresponde - expresa López Jordán - son también responsables los que
comandaban los buques de guerra pues, por huir cobardemente, no sólo han dejado de
proporcionar reembarque a los infelices que lo imploraban, sino que el traidor ingrato
Clavelli, que comandaba el vapor Merced, cometió la horrible inhumanidad de permitir
que al impulso de las palas de la maquinaria, pereciesen como perecieron muchos de los
que, nadando, buscaban el arbitrio de la salvación. Indignado por una conducta tan infame,
hice llevar a la costa del río las dos piezas mandadas por el capitán Farulla y el teniente
Montandón, para que cañoneasen dichos buques, siguiendo con este trabajo uno de
aquéllos hasta la picada, cuya operación dio por resultado el que por precipitar la
vergonzosa fuga, abandonasen seis lanchas y dejase el vapor sus dos anclas y los cabos de
espía que cortaron, llevando también en mal estado el costado de uno de aquellos buques
de vela".
Cerca de las ocho de la noche, el general Hornos, jefe de la fuerza invasora que
días antes se habían apoderado de Gualeguaychú, llegó con su división hasta los suburbios
de Concepción del Uruguay. En tanto, en esta ciudad, se habían mandado retirar las
guardias colocadas en algunas calles, permaneciendo en los cantones sobre las armas. Al
aclarar el día, López Jordán desprendió sobre Hornos dos fuertes guerrillas, pero éstas no
encontraron ni rastros del enemigo. ¿Qué era lo que había ocurrido? Durante la noche se le
habían desertado dos escuadrones a Hornos, y éste, al saber la completa derrota de
Madariaga, comprendió que se hallaba perdido, por lo que abandonó la lucha y se dirigió
hacia el norte, rumbo a la provincia de Corrientes.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Bajas y trofeos de guerra. El siguiente resumen dará al lector una clara idea de la
intensidad de la lucha llevada a cabo en Concepción del Uruguay.
jefes 1
oficiales 1
tropa 82 28 44
Resumen
Fusiles 200
sables y espadas 20
fornituras de infantería 200
instrumentos de música 13
bastón del tambor mayor 1
cajas de guerra 9
bandera correntina del batallón "Defensores" 1
paquetes de cartuchos balas 300
Lanchas 6
Áncoras 3
Todos pelearon bravamente: los hijos de Concepción del Uruguay y los residentes
extranjeros; los ancianos y los jóvenes alumnos del Colegio; los militares y los civiles... Pero
como la tradición y los documentos nos han dejado testimonios concretos, no podemos
ignorarlos.
desenvainado, enfrentó con bravura al enemigo. Ese sable era el que había usado en su
Grecia inmortal...
Otro de los nombres destacados por López Jordán fue el del coronel Bernardino
Báez. "Desde que se recibió el aviso de que venían buques Uruguay arriba, se encargó de
dirigir la colocación de sus respectivas cureñas, de las piezas de artillería que estaban
desmontadas, y no sólo lo ha desempeñado directivamente, sino hasta en persona en los
días seguidos con infatigable constancia. El día del ataque, después de haber ocupado un
lugar correspondiente en el cantón del Colegio, bajó de allí para acompañarnos en la
persecución sobre el puerto, siguiendo con las piezas que hostilizó los buques hasta la
picada".
También fue destacada la actuación que le cupo al teniente Mateo Sastre, quien
sirvió "infatigable y valerosamente en el importante encargo de distribuir municiones, antes
y mientras duró la pelea". Lo propio ocurrió con el teniente Francisco Arias, que al
ocuparse de las mismas diligencias que el anterior, fue herido de gravedad en una pierna.
Nicolás Jorge y Benigno Cabral también fueron destacados por López Jordán, por
el esmero y valiente desempeño que les cupo en la acción.
Ejemplo altamente positivo, sin duda, de cómo la mujer también estuvo presente
en la heroica lucha en defensa de la ciudad...
Antes de cumplir los veinte años se incorporó al ejército federal, como simple
soldado de la escolta de Urquiza. De ahí en más, estuvo presente en numerosos combates y
campañas militares, entre otros, Arroyo Grande, Cuareim, Laguna Limpia, Vences,
Caseros, Cepeda y Pavón. Para esta época, sus importantes servicios en el campo militar, le
habían hecho acreedor al grado de coronel, obtenido después del triunfo de Cepeda.
Algunos años, antes, en 1852, había sido designado comandante militar de Concepción del
Uruguay y, en tal carácter, dirigió la heroica defensa de la ciudad, en la memorable jornada
que acabamos de estudiar.
produjera el primer levantamiento jordanista en Entre Ríos, que culminó trágicamente con
el asesinato del general Urquiza en su residencia de San José y la posterior intervención
militar del gobierno nacional. A raíz de estos hechos López Jordán se hizo cargo del
gobierno de la provincia, hasta que la derrota de sus fuerzas en Ñaembé, lo obligó a
refugiarse primero en la República Oriental del Uruguay y luego en Brasil. Por dos veces
más intentó la revolución - en 1873 y 1876 - pero con escasas fuerzas y sin lograr el eco
que esperaba. El fracaso fue irremediable y cayó prisionero de sus adversarios.
Vestido de mujer, ocupando su esposa doña Dolores Puig el lugar suyo, consiguió
escapar de la cárcel de Rosario, refugiándose en el Uruguay. En 1888 volvió al país y se
radicó en Buenos Aires, merced al indulto concedido por el presidente Juárez Celman.
Es que por encimas de todas las diferencias estaba ese pasado común y ese nexo
geográfico - lo decimos parafraseando el verso de Mastronardi - envolviéndolas en un
fresco abrazo de agua que la nombra para siempre.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Sin embargo, a fines de 1852 se vivió uno de los momentos de mayor tensión que
registra la historia de las relaciones entre Corrientes y Entre Ríos. El doctor Juan Pujol,
gobernador de Corrientes desde el mes de agosto, había colaborado eficazmente en la tarea
organizativa y, junto al general Urquiza, había participado en jornadas trascendentes.
Importante fue su gestión con Leiva, López y Pico, en la redacción del texto definitivo del
Acuerdo de San Nicolás. Pero ocurrida la revolución del 11 de setiembre, la fidelidad de
Pujol a las miras políticas de Urquiza pareció quebrarse, pese a sus declaraciones
condenatorias efectuadas al ministro de la Peña. Ya hemos estudiado con detenimiento la
invasión a Entre Ríos por Hornos y Madariaga, enviados desde Buenos Aires y que
culminó con una total derrota a manos del pueblo de Concepción del Uruguay, el 21 de
noviembre de 1852. Y entonces cabe la pregunta: ¿Cuál había sido la participación del
gobernador de Corrientes en estos hechos? La duda sobre la actitud de Pujol prendió en el
alma de los entrerrianos a poco de lo ocurrido y en virtud de las noticias y declaraciones
contradictorias que provenían de Buenos Aires y Corrientes, se convirtió con el correr del
tiempo en problema acucioso para los historiadores.
Las publicaciones de la prensa porteña, las declaraciones del enviado Juan José
Méndez, el Mensaje del Poder Ejecutivo a la Honorable Sala de Representantes de Buenos
Aires, las proclamas de Madariaga, muestran al gobernador correntino apoyando la acción
de Buenos Aires contra Entre Ríos.
Por nuestra parte, ya en el trabajo titulado Las relaciones entre las provincias
de Corrientes y Entre Ríos en la primera mitad de 1853, que fuera publicado por la
Academia Nacional de la Historia, afirmamos y probamos la contradictoria conducta del
gobernador correntino. No entramos a discutir la verdadera finalidad que le hizo transitar
caminos tan sinuosos. Es posible - como lo quieren los historiadores correntinos - que sus
vistas hayan sido exclusivamente la salud de su provincia. Al fin y al cabo, él mismo definió
su política de báscula bajo la fórmula "nosotros para nosotros y ellos para ellos". Y en la
contestación a du Graty, explicó: "Mi misión era la de salvar la provincia (Corrientes) de la
guerra civil, que por todas partes amenazaba de nuevo devorarnos, y procuré, en cuanto
cabe, prescindir de las cuestiones entre Buenos Aires y las provincias".
de que tal como se habían desarrollado los hechos, Pujol debería forzosamente canalizar
sus actos por el camino del acatamiento a las autoridades de la Confederación, que
aparecían - al menos por el momento - como las más fuertes. La segunda, la necesidad
imperiosa de mantener la paz en la mesopotamia. Procurar y afianzar la armonía entre
Corrientes y Entre Ríos era cuestión capital por la consecución del fin propuesto. El haber
admitido públicamente la vinculación existente entre los gobiernos de Buenos Aires y
Corrientes hubiera implicado desatar la guerra entre las dos provincias litorales. Entre Ríos
y la Confederación tendrían que haber tomado represalias contra el gobierno desleal y
poner así término a una dilogia inadmisible.
En razón de las dos causas expuestas continuó aparentando creer en Pujol, por
conveniencia y por convicción. Por la conveniencia de mantener la paz con Corrientes y
por la convicción de que su gobernador no intentaría nuevos contactos con Buenos Aires.
En consonancia con ese pensamiento, todos los esfuerzos de su política tendieron a tratar
de mantener la mayor armonía y buenas relaciones entre su provincia y la de Corrientes.
caos en Entre Ríos, contuvo la intentona del gobernador Pujol... y, por otra parte, frenó la
invasión a Santa Fe que preparaba el general Paz en San Nicolás. En la misma Buenos
Aires, el fracaso de la tentativa gubernamental habrá de producir importantes
consecuencias..."
14
EL SUEÑO REALIZADO
1853 - 1854
Una resolución del 9 de marzo de 1853, firmada por el ministro Galán, establecía
que "sin intervenir en las atribuciones que los reglamentos designan a los empleados de la
administración de Rentas, el comandante militar debía celar por el buen desempeño de
estos empleados en sus respectivas funciones, y tenía la facultad de amonestarlos y
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Por su parte, desde octubre de 1852, la ciudad de Concepción del Uruguay tuvo
como comandante militar al teniente coronel Ricardo López Jordán, el que, como hemos
visto, dirigió la defensa de la ciudad ante la invasión de Madariaga.
El capitán Fidel Sagastume fue, sin duda, el jefe de policía de más larga actuación
al frente de la repartición. Designado para ocupar por primera vez el cargo el 28 de junio
de 1845, su labor se prolongó por casi una década, hasta que presentó su renuncia en
agosto de 1854. El presidente de la Confederación Argentina Justo José de Urquiza - no
olvidemos que en 1854 Entre Ríos había federalizado su territorio - aceptó la renuncia del
destacado funcionario, "con reconocimiento por el esmero, probidad y patriotismo con
que se ha desempeñado".
La sesión del 20 de abril señaló un momento crítico para la suerte del Congreso,
pero, por fortuna, privó el buen sentido y la importante tarea constitucional continuó
adelante.
orden y de la ley. Quiera el Cielo seamos tan felices en nuestra obra como él lo fue en la
suya".
"He creído deber indicar a V.E. - decía Urquiza en su circular a los gobernadores -
la fórmula textual del juramento para que ella sea una sola en toda la República, y por la
misma razón he determinado fijar para la promulgación y juramento el día 9 del próximo
mes de julio. En ese día nos presentaremos al mundo como un pueblo independiente y en
el mismo nos presentaremos como una Nación constituida. As! quedarán ligadas dos
épocas de nuestra vida, encerrando un período de amargas pero útiles lecciones".
Pero para dar cumplimiento a este ceremonial dispuesto por las autoridades, nueve
días antes el cura Céspedes se dirigió al Delegado Eclesiástico P. Acevedo por nota fechada
el 30 de junio, pidiendo la correspondiente autorización para celebrar la misa fuera del
templo. La respuesta del Delegado Eclesiástico llegó a manos de Céspedes, cuando ya el
acto de la Jura de la Constitución se había cumplido. Pero no podemos omitir un pasaje de
la respuesta del P. Acevedo, cuyo tono, entre irónico y de reproche, está mostrando el
escozor que produjo en algunos espíritus ciertos preceptos constitucionales vinculados con
la religión: "Esta contestación - decía Acevedo a Céspedes - llegará a sus manos tarde; por
lo que me abstengo de hacerle algunas reflexiones sobre el particular que me habla. Sin
embargo, le digo que esos que han ordenado el dicho ceremonial se han avanzado un poco
más de lo que debían. Pero me ha sido muy extraño iniciar el acto del juramento de la
Constitución con una misa de Espíritu Santo; ¿será para que los ilumine si la han de jurar o
no? Si hubiese sido después de la jura una misa de gracias parecía más racional. Pues así lo
vamos a hacer en este pueblo, celebrando en la Iglesia una misa de gracias y Tedéum".
la jornada del 21 de noviembre de 1852, había brindado una contribución invalorable para
el logro de la tan ansiada constitución.
Apenas cinco meses después pudo advertir, con la satisfacción que es de imaginar,
que el sacrificio no había sido vano. A poco de conocida la promulgación de la Carta
Magna, su comandante militar Ricardo López Jordán se dirigió al gobierno de la provincia
solicitando la correspondiente autorización para hacer levantar un monumento
conmemorativo en una de las plazas de la ciudad, el que sería costeado con el patriótico y
desinteresado concurso de los vecinos.
La junta electoral de Entre Ríos fue presidida por el juez de 1a. Instancia en lo
Civil de Paraná, D. Pedro Pondal, con la presencia del escribano público que labró el acta
respectiva. Los electores presentaron sus credenciales, se eligieron autoridades y el
escribano declaró instalada la junta "con toda la plenitud de facultades para el acto de la
elección". La integraban Benigno P. Cabral, por Concepción del Uruguay y Villaguay;
Vicente del Castillo, por Paraná y Diamante; Estanislao Panelo, por Concordia; Isidro
Aquino, por Nogoyá; Lino Calderón, por Gualeguay; Nicasio Basaldúa, por Victoria;
Mariano Candiotti, por la Paz y Juan Gregorio Gómez, por Gualeguaychú.
Producida la elección, los ocho electores favorecieron con su voto al general Justo
José de Urquiza para presidente de la Confederación, mientras que para vicepresidente, los
votos se repartieron entre Facundo Zuviría, con cinco; Rudecindo Alvarado, con dos; y
Juan Bautista Alberdi, con uno.
Cuatro fueron los momentos esenciales que jalonaron este acto de positiva
contribución al esfuerzo en que casi la totalidad de las provincias estaban empeñadas: la
organización nacional.
El Gobierno Nacional convocaría a una convención constituyente para que estableciera los
poderes provinciales, caducos desde 1854, y diera una Constitución de acuerdo con los
preceptos constitucionales nacionales.
15
1854 - 1863
Fue en esta época que el general Urquiza volvió a requerir su concurso, tratativa
que esta vez se vio coronada por el éxito. Por un lapso de diez años el doctor Alberto
Larroque con capacidad, dedicación y entusiasmo notables, condujo los destinos del
Colegio del Uruguay, al que convirtió en una verdadera "universitas", cumpliendo así los
anhelos del fundador.
e) Edilicio. Si bien el edificio era nuevo y amplio, el rector entendió que debían
introducírsele algunas modificaciones "para ordenar como se debe los distintos
departamentos del Colegio".
Apenas asumido el rectorado, el doctor Alberto Larroque se lanzó a una labor sin
pausas, que abarcó los variados aspectos inherentes a la vida del Colegio. Elaboró un
prolijo reglamento en el que se determinaron con claridad las obligaciones de profesores y
alumnos. Trató de mejorar la enseñanza de algunas materias, como el idioma nacional, las
latinidades y la filosofía. Paulatinamente fue incorporando nuevas asignaturas: geografía
física, política y descriptiva; francés, inglés, historia, dibujo, física, retórica, economía
política, etc. A partir de 1855 estableció también una "carrera de comercio", a la que
accedieron muchos alumnos, sin disminuir las posibilidades de los más capacitados hacia
las otras especulaciones superiores del espíritu. Procuró en todo momento la contratación
de profesores de jerarquía, como Alejo Peyret, Luis Lavergne, Alfredo Pasquier, Jorge
Clark, Doroteo Larrauri, Manuel Mallada, Juan Manuel Blanes y otros. Incorporó a la tarea
docente a jóvenes y adelantados alumnos de Jurisprudencia como Martín Ruiz Moreno,
Lino Churruarín, Julián Medrano, Baldomero García, Buenaventura Ruiz de los Llanos y
Federico Ibarguren. Jerarquizó los estudios de Jurisprudencia y auspició la creación de una
Sección Militar.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
De doce a una y media almorzaban en el comedor del Colegio, para disfrutar luego
de algún recreo. Posteriormente, por espacio de una hora, estudiaban sus lecciones, hasta
que a las dos y media pasaban nuevamente a las aulas. Las clases vespertinas se
prolongaban hasta las cinco de la tarde. Después de media hora de recreo estudiaban hasta
las ocho. De ocho a ocho y media se reunían todos los alumnos "para la lectura moral y el
rezo de la noche". Sólo de media hora disponían para cenar, pues a las nueve ya debían
acostarse.
Estas actividades se cumplían todos los días, menos los jueves, en que por la tarde
realizaban algún paseo, pero al regreso del mismo debían concurrir al estudio de la noche.
Este estudio, realizado entre las cinco y media y ocho, se realizaba también los domingos.
Planes de estudio. Desde los once años de edad se podía ingresar en el Colegio
del Uruguay, siempre que se hubiesen cursado las primeras letras, es decir, que se poseyera
el conocimiento suficiente de la lectura, escritura, las cuatro operaciones fundamentales y la
doctrina cristiana.
Escuela de Derecho, cuyo primer año de estudios se basó en los tres derechos que se
dictaban en el último año de la "Carrera literaria".
Los Cursos de Jurisprudencia. "El Colegio del Uruguay será más bien una
Universidad que un Colegio". Esta afirmación de Antonio Cuyás y Sampere, asentada en
carta del 18 de agosto de 1849, interpretaba cabalmente el íntimo anhelo del general
Urquiza.
Por fin, los años de esfuerzo quedaron atrás, alcanzándose el triunfo intelectual. El
4 de diciembre de 1857 se formaron los tribunales examinadores. Pero no se trató de un
examen más. Fue la última demostración de su competencia, ofrecida por los alumnos de
Jurisprudencia del Colegio del Uruguay, que con ese acto culminaban su carrera de
abogacía.
Una veintena de jóvenes alcanzaron entonces la soñada meta. Pero muy pronto el
júbilo se trocó en pesar y desazón. Porque pese a la promesa encerrada en la Memoria del
ministro del Campillo, en el sentido de conferirle al establecimiento la calidad de Facultad
universitaria, en setiembre de 1858 el Congreso Nacional sancionó la supresión de la
Escuela de Derecho del Colegio del Uruguay.
carrera militar. Importa sobre todo difundir en la juventud que se dedica a esa noble
profesión, principios de orden, de obediencia y moralidad. Para conseguir tan favorables
resultados creo conveniente fundar en el Colegio Nacional del Uruguay una sección militar
compuesta de 25 a 30 jóvenes. El teniente coronel don Nicolás Martínez Fontes, tan celoso
y aventajado en el cumplimiento de sus deberes profesionales, me parece reunir los
conocimientos necesarios para encargarse de la dirección de esa Aula. Cuento con su
aquiescencia. Si esta idea es llamada a merecer la aprobación del Exmo. Gobierno tendré el
honor de remitir a V.E. dentro de pocos días, el programa de las materias que podrán
desarrollarse en el próximo año escolar".
La iniciativa del doctor Larroque fue acogida con beneplácito por el gobierno de la
Confederación. El 30 de abril de 1857, el Poder Ejecutivo dictó el decreto por el cual se
creó la Sección Militar en el Colegio del Uruguay. Dicha Sección fue colocada en la
jurisdicción del ministerio de Guerra y Marina, pero "bajo la vigilancia y dirección del
rector del Colegio", quien, al efecto, debía entenderse con aquel ministerio.
Villanueva, Hereñú, del Valle, Sola, Córdoba, Lamera, Hilario Nicandro Lagos,
Jenaro Racedo y Julio Argentino Roca, fueron algunos de los alumnos de la Sección Militar
del Colegio del Uruguay, los que al término del primer curso lectivo debieron rendir sus
exámenes en esa especialidad ante un tribunal integrado por calificados militares.
con distintas características, se prolongó hasta fines del siglo XIX. Un distinguido ex
alumno, el doctor Antonio Sagarna, recordará a la vuelta de los años: "Todos sentíamos el
placer y el orgullo de aquella disciplina que nos fortalecía, nos hacía más vivo el
sentimiento del amor a la patria y de solidaridad con las fuerzas armadas que le dieron
independencia, libertad, organización constitucional, unidad nacional efectiva y glorias sin
reproches de conciencia".
integraban. Mas los alumnos de canto del año pasado, dentro de los tres meses estarán en
aptitud de llenar este vacío, y la orquesta del Colegio saldrá de nuevo a la luz más brillante
que nunca. Entre tanto, vamos ya preparando a otros alumnos para el año venidero. Esta
combinación de estudios lleva un sistema tan arreglado que la orquesta es destinada a
perpetuarse en este Colegio. Nos faltaban algunos instrumentos para utilizar las buenas
disposiciones de algunos jóvenes. Pronto se traerán de Buenos Aires. Con orgullo se puede
decir que no hay en la América del Sud un solo establecimiento de educación que pueda
rivalizar en este ramo con el Colegio del Uruguay".
Razón asistía al doctor Larroque cuando hacía estas afirmaciones. Por muchísimos
años la orquesta del Colegio del Uruguay, a pesar del inconveniente de la permanente
renovación de sus integrantes, constituyó un afiatado conjunto musical, cuyas
interpretaciones amenizaron las más importantes reuniones - conciertos, fiestas, bailes, etc.
- de la vida cultural de la ciudad.
Entre los primeros, que fueron frecuentes, se destacaron los llevados a cabo todos
los 9 de agosto, día en que se conmemoraba la festividad de San Justo y Pastor. El primero
de ellos se realizó en 1856, aprovechando que "el nombre del querido general Urquiza es
en este Colegio todo un impulso, un poderoso estímulo, una verdadera gloria", según decía
Larroque. El rector reglamentó el concurso, con la finalidad de asegurar la originalidad y el
trabajo personal, sujetándolo a reglas muy estrictas.
Larroque vaticinaba el brillante porvenir que le aguardaba al joven poeta, dada "su rica
imaginación en la que el verso corre con una extrema facilidad".
Las palabras que el visitante dejara escritas, definen con elocuencia la impresión
que causaba el ambiente cultural que se respiraba en el establecimiento y aún en la ciudad.
"Es lo primero que veo en mi patria; quedo asombrado. Cuan grande es el porvenir de la
República, cuando se han conseguido tantos adelantos en el corto período de la era
constitucional".
importancia que ha tomado el Colegio del Uruguay cuya fundación me cabe el honor de
haber promovido; y con placer veo a su frente a una persona tan capaz y tan apta para
desarrollar la inteligencia de esa juventud que, de todos los ángulos de la República, ocurre
a ese establecimiento en busca de una sólida y científica instrucción. No dudo un instante
que el Gobierno Nacional sabrá estimar sus trabajos como ellos lo merecen. En cuanto a
mí, que tanto interés he manifestado siempre por el establecimiento que Ud. dirige, quedo
plenamente satisfecho..."
su comentario sobre el Colegio del Uruguay, resultaron proféticas: "Este instituto - dijo -
perdurará eternamente como un digno monumento a la clara visión del general Urquiza".
El alto mirador del Colegio, levantándose por encima de la chatura del caserío
vecino, fue como un símbolo de la esperanza de su creador. Y el Colegio del Uruguay
siguió creciendo en jerarquía y en años...
El fruto sazonado. La vida del Colegio del Uruguay fundado por Urquiza
continuó estrechamente ligada - no podía ser de otra manera - con la ciudad que lo
cobijara. Nació en momentos cruciales, en aquéllos en que se producía el inicio de la
revolución libertaria. No en vano pudo decir Seguí a un grupo de futuros alumnos:
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
"Representáis el alba de toda una época: la del orden, la del saber, la de la libertad. Sois el
exordio de una historia brillante: la del reinado de las instituciones".
De sus aulas salieron hombres que luego se destacaron con nítidos perfiles en los
más variados órdenes de la vida nacional; escritores, científicos, militares, políticos,
hombres capaces de recorrer todas las magistraturas hasta llegar a la más alta, la de
presidente de la República. Y la historia de la patria y aun la de países vecinos registran a
varios presidentes que fueron alumnos del Colegio Histórico.
16
1855 - 1859
Más allá de la infatuación propia de sus años mozos, el joven Medrano decía la
verdad con respecto al progreso paulatino de Concepción del Uruguay. Cuando el marino
norteamericano Thomas Page la visitó por primera vez, en 1853, dijo de ella que era "una
bonita ciudad de unos 4.000 habitantes".
Además, era también cierto que la mayor actividad social se desarrollaba en el Club
Uruguay, fundado en 1855. Por una disposición especial, los alumnos de los cursos
superiores del Colegio fueron autorizados para asistir en calidad de socios a las reuniones
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Poco después se organizó una sociedad, presidida por el general Manuel Antonio
Urdinarrain, con el objeto de procurar fondos para la adquisición de un edificio propio,
que tuviera suficientes comodidades para sala de baile y gabinete de lectura. El general
Urquiza, siempre dispuesto a favorecer esta clase de iniciativas, tomó doce acciones de 50
pesos fuertes cada una.
Sin embargo, había alguien que no se hallaba del todo conforme con el
mencionado casamiento y sus ulteriores consecuencias. Nos referimos al doctor Diógenes
de Urquiza - hijo del general y de Segunda Calvento - quien al enterarse de los hechos por
la información suministrada por Benjamín Victorica y por la crónica de los actos del 8 de
diciembre publicada en El Uruguay y reproducidas luego por El Nacional Argentino,
escribió a su amigo Victorica, confiándole su desazón: "Yo respeto las decisiones de mi
padre, - le decía en carta del 11 de enero de 1856 - y festejo todas aquellas que pueden
colmar su felicidad; pero esta vez, no sé si porque el acto aleja su cariño de nosotros, o por
cualquier otra razón noble, lo cierto es, mi amigo, que ha volado una de las pocas ilusiones
que abrigaba".
Una epidemia de sarampión. En la segunda mitad del año 1855 se produjo una
epidemia de sarampión que afectó a una parte de la población uruguayense y,
particularmente, a los alumnos alojados en el Colegio del Uruguay. Si bien el
establecimiento contaba con su propio médico, el doctor Vicente H. Montero, en esta
oportunidad contó con la valiosa colaboración de un destacado científico francés, el doctor
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Martín de Moussy, quien por esos días trabajaba ya en la elaboración de la famosa obra
Description phisique et statistique de la Confederation Argentine, que con el
auspicio de Urquiza se publicó en París en 1860.
Varios fueron los pintores, por cierto que de estimables condiciones, que se
acercaron al gobernante entrerriano y recibieron de él no sólo el estímulo moral, sino
también el apoyo material tan necesario en muchos casos, para que las aptitudes artísticas
puedan brindar sazonados frutos. Uno de estos artistas fue el pintor uruguayo Juan Manuel
Blanes, que trabajó para Urquiza durante un período casi ininterrumpido de tres años.
Manuel E. Macchi, fue allí donde Blanes se jerarquizó, al convertirse en el pintor de cámara
del hombre que en ese momento era la primera figura política de la Confederación
Argentina: el general Justo José de Urquiza.
Si bien Juan Manuel Blanes recibía buena paga por los trabajos que producía para
Urquiza, no por eso desdeñaba otros encargos. Y algunos bastantes insólitos, por cierto.
Así, en 1857, según contó a su hermano Mauricio, "había muerto un estudiante en leyes en
el Colegio y más querían retratarlo que llorarlo ni sentirlo; no bien se había visto la zumaca
y ya habían ido a casa en mi busca tres chasques". Sin vacilar, Blanes "arremetió" la obra y
se ganó con ella cinco onzas, mientras esperaba nuevos encargos de Urquiza.
Para ese entonces Blanes se desempeñaba ya como profesor del Colegio del
Uruguay, pues con fecha 26 de mayo de 1856, el rector Larroque lo había propuesto como
catedrático de dibujo natural y pintura, pues - según sus palabras - se trataba de un
"distinguido artista..., de méritos incuestionables".
Al año siguiente partió para Buenos Aires en busca de nuevos horizontes. Pero el
éxito le fue esquivo, por lo que decidió regresar a Concepción del Uruguay. Era el
momento en que el general Urquiza había dado término a la construcción de la capilla del
Palacio San José, a la que sólo faltaba la correspondiente decoración interior. Y, por
supuesto, a Blanes le encomendó la tarea. El pintor instaló nuevamente a su familia en
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Finalizada la pintura de los frescos de la capilla del Palacio San José, Juan Manuel
Blanes regresó a su patria y, poco después, cumplirá un deseo largamente acariciado: viajar
a Europa. Durante cuatro años perfeccionó su arte en escuelas de Roma y Florencia. Al
regreso, de su paleta salió una valiosa y amplia producción pictórica. Y entre ella, un nuevo
retrato de Urquiza, pues en 1869 la Legislatura de Entre Ríos ordenó colocar un cuadro del
vencedor de Caseros en el recinto de sesiones.
"Una galera tirada por cuatro hermosos caballos, cada uno montado por un
gaucho en traje de gala, vino hasta la puerta de la estancia (San José) con sus alacenas
repletas con vinos y otras provisiones. Con manifestaciones de respeto y simpatía nos
despedimos del general Urquiza, y acompañados por los señores Carril y Gorostiaga y
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
escoltado a caballo por un hijo del general, avanzamos rápidamente por una pampa
ondulada, deteniéndonos para cambiar caballos de una tropilla de lobunos que marchaba
adelante de nosotros.
"Al llegar a Concepción, una bonita ciudad de unos 4.000 habitantes, sobre el río
Uruguay, a unas 18 millas de San José, fuimos recibidos por las autoridades municipales y
vecinos principales. Se nos condujo a una casa espaciosa, ya preparada para alojarnos,
donde enarbolamos de inmediato la bandera norteamericana. Al entrar, una banda de
música, en el patio, tocó nuestro himno y continuó con algunos trozos de ópera,
admirablemente ejecutados. Se había preparado todo para brindarnos una distinguida
recepción. Aceptamos estos honores como un tributo de respeto y amistad hacia los
Estados Unidos".
En setiembre de 1856, visitó Concepción del Uruguay el señor Elías Bedoya, quien
se desempeñaba a la sazón como Inspector General de Aduanas de la Confederación. El
16 de dicho mes, fue invitado a un acto literario-musical que los alumnos del Colegio del
Uruguay realizarían en su honor. En la oportunidad y ante numerosa y calificada
concurrencia, se pronunciaron disertaciones y réplicas "casi improvisadas". Intervino
también la orquesta formada por los alumnos del Colegio, la que ejecutó "tres oberturas de
grandes óperas y varias otras piezas escogidas".
Por muchos años, aunque fuera de paso, distinguidas personalidades pasaron por
Concepción del Uruguay. La mayoría de ellos tenían por destino el Palacio San José,
convertido por la gravitación de su propietario en el meridiano político del país. Invitados
por Urquiza llegaron hasta él, dignatarios de la Iglesia, altos jefes militares, políticos de
renombre y agentes diplomáticos de distintas nacionalidades.
En el capítulo ya citado de esta obra, nos hemos referido con mucho detenimiento
a todo lo referente a esta nueva construcción de 1858, sus posteriores refacciones, las
placas colocadas en los costados y hasta cierta polémica planteada con respecto a alguna de
las inscripciones, por lo que creemos innecesario volver sobre el tema.
por disposición del obispo Lue y Riega, adoptada en 1805, debió ser emplazado en ese
lugar, para estar convenientemente separado de la iglesia y alejado del centro.
Hasta mediados del siglo XIX, el "cementerio viejo" cumplió sus objetivos. Pero
entonces, la inevitable expansión y la necesidad de precaver los restos de los seres queridos
de los efectos de posibles inundaciones, llevaron a las autoridades a la habilitación de un
nuevo cementerio - el actual - en terrenos ubicados al oeste de la ciudad, caracterizados por
su altura y alejados, en ese entonces, de la principal concentración urbana.
Los datos aportados por el profesor Miguel Angel Gregori en un trabajo sobre el
tema, permiten establecer que a fines de octubre de 1856 se llevó a cabo la inauguración
del nuevo cementerio de Concepción del Uruguay, la que contó con el padrinazgo del
general Urquiza, por ese entonces presidente de la Confederación Argentina. La bendición
estuvo a cargo del párroco interino Felipe Rocatagliata y a la ceremonia asistieron, además
de las autoridades y numeroso público, los jóvenes alumnos del Colegio del Uruguay,
"organizados en Batallón Escolta de S.E. y precedidos de su banda de música".
Montevideo Salvador Giménez y por el doctor Juan Bautista Alberdi dieron sus frutos, por
lo que en 1858, Urquiza resolvió el envío de una misión diplomática encabezada por el
ministro d e Relaciones Exteriores Juan del Campillo, para tratar el problema con Pío IX.
La noticia corrió como reguero de pólvora, no sólo entre los estudiantes del
Colegio, sino entre la población toda. El contento fue manifiesto. La gran noticia - dice un
testimonio de la época - "fue aceptada con demostraciones de júbilo por los inmensos
bienes que se propone reportar de ese viaje y de íntima gratitud a la distinción con que han
sido favorecidos".
A fines de enero de 1859, Onésimo Leguizamón escribía desde Europa, sobre sus
impresiones de viaje. Le habían emocionado París y Roma. La primera, por ser "la capital
del mundo; la segunda, por los vestigios de su monumental pasado. Y al recordar las
obligaciones que deberían afrontar al regreso, señalaban las que tendrían "hacia el señor
Presidente que tanto se interesa por nuestro bien".
Por el mismo decreto se designó titular del flamante Juzgado al doctor Benjamín
Victorica. La figura de Victorica se halla estrechamente ligada a Urquiza y a Concepción del
Uruguay. A fines de 1854, después de prestar servicios en el ministerio del Interior, decidió
dejar la ciudad de Paraná y radicarse primero en Montevideo y luego en su Buenos Aires
natal. Pero el general Urquiza, que sabía de sus excepcionales condiciones, lo instó a residir
en Concepción del Uruguay, ofreciéndole el Juzgado de 1a. Instancia en lo Civil y Criminal
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que se crearía en dicha ciudad, a la par que oficiaría como secretario del propio presidente
de la Confederación.
Por esa misma época fundó el periódico El Uruguay, para reflejar auténtica y
directamente la política del general Urquiza, y que al decir de Isidoro J. Ruiz Moreno, se
constituyó en uno de los principales periódicos del país, por la importancia de su
contenido.
coincidió con la caída de Juan Manuel de Rosas. Producido Caseros, se adhirió a la política
de Urquiza, por lo que se trasladó a Paraná, convertida poco después en capital provisoria
de la Confederación Argentina, donde ocupó algunos cargos de responsabilidad.
Carriego era paranaense. Había nacido en 1828, y no hacía mucho que se había
doctorado en jurisprudencia en la Universidad de Córdoba, cuando ocupó el Juzgado de
Concepción del Uruguay. Poco a poco se fue distanciando de la política de Urquiza, hasta
que un conflicto planteado con el cura Ereño motivó su separación del cargo, el 16 de
setiembre de 1858. La Exma. Cámara de Justicia de la provincia de Entre Ríos resolvió su
exoneración y la inhabilitación por tres años para el ejercicio de la magistratura judicial.
doctor Carriego que, como acabamos de ver, desempeñaba el cargo de juez de 1a. Instancia
en lo Civil y Criminal.
convencidos de que la solución del pleito abierto en 1852 entre Buenos Aires y la
Confederación, dependía el afianzamiento de la unidad nacional y la consolidación
institucional del país.
Algunos hechos producidos entre 1857 y 1859 hicieron que la situación llegara a
su máxima tensión. El acceso de Valentín Alsina al gobierno de Buenos Aires; los sucesos
de San Juan que culminaron con la muerte de Nazario Benavídez; mutuos reproches: y
acusaciones, fueron algunos de los factores que atizaron el fuego de la discordia, y las
hostilidades no tardaron en reanudarse.
El segundo Pronunciamiento. Una vez más, como ocho años atrás, la ciudad de
Concepción del Uruguay protagonizó lo que ya en aquella época se denominó "el segundo
pronunciamiento". El 31 de marzo de 1859, numerosos ciudadanos encabezados por los
generales Galarza y Almada, los coroneles López Jordán y Pedro M. González, profesores
y alumnos del Colegio del Uruguay, militares y comerciantes, obreros del saladero Santa
Cándida, y muchos otros vecinos, suscribieron un acta al pie de la pirámide ubicada en el
centro de la Plaza Ramírez.
Poco después. se fueron realizando actos similares en otros puntos de Entre Ríos,
al igual que en las restantes provincias confederadas. El 2 de abril, una comitiva integrada
por los generales uruguayenses Galarza y Almada, los coroneles López Jordán y González
y el presbítero Ereño, llegó hasta el Palacio San José, para entregar a Urquiza el manifiesto
popular. Visiblemente conmovido, el presidente de la Confederación Argentina expresó:
"Creo como vosotros que la Nación tiene empeñado su porvenir y su gloria en la cuestión
de integridad nacional. Vosotros sabéis como yo, que es débil el poder de los traidores, que
Dios, la fuerza y la razón son con nosotros. Abrir la campaña es empezar la victoria. Decid
a los vecinos laboriosos y pacíficos que agradezco su decisión, y que me basta con una
pequeña fracción de sus ejércitos".
17
EL TEMPLO DE LA INMACULADA
1859
La capilla del Palacio San José. Pocas veces en la historia de una ciudad y su
zona de influencia, han podido darse en un solo año tantas circunstancias halagüeñas para
la vida religiosa de sus pobladores, como las ocurridas en Concepción del Uruguay durante
esta época.
Desde el año anterior, dos alumnos destacados del Colegio del Uruguay se
hallaban en Roma, colaborando con el ministro Juan del Campillo para lograr un concreto
acercamiento entre la Santa Sede y el Gobierno de la Confederación Argentina. Los
positivos resultados de la gestión se tradujeron de inmediato, justamente en 1859, en la
erección canónica de la Diócesis del Litoral con sede en Paraná.
Pero pocos días antes, en el Palacio San José, en la propia residencia del general
Urquiza, se llevó a cabo otro acto de profunda significación religiosa, que fue algo así
como el preanuncio de lo que después ocurriría en Concepción del Uruguay. El 19 de
marzo de 1859, en una jornada esplendorosa, el delegado apostólico monseñor Marino
Marini bendijo la hermosa capilla que el prócer mandara erigir.
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El golpe habla sido rudo y costó recuperarse. Por algunos años, un sector del
flamante edificio del Colegio del Uruguay albergó a la iglesia, instalada provisoriamente en
ese lugar hasta que vinieran tiempos mejores.
"En la ciudad de Concepción del Uruguay, a los diez y seis días del mes de febrero
de mil ochocientos cincuenta y siete. Los señores de la Comisión abajo firmados,
autorizados por S.E. el Exmo. señor Presidente de la Confederación Argentina y el señor
Pedro Fossati, arquitecto empresario, han convenido en los artículos siguientes:
2°) Todos los cimientos de dicho edificio serán construidos con piedra del país y
mezcla buena de cal con arena colorada hasta el nivel del piso de la Iglesia y serán
construidos con solidez, a satisfacción de la Comisión.
3°) El edificio será construido con todas las reglas del arte.
4°) Todas las paredes serán construidas de ladrillo del país de buena calidad, así
como con cal buena y arena colorada.
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5°) Los revoques del interior y exterior serán hechos con mezcla, una parte de cal
y dos de arena blanca del Uruguay.
6°) Todas las cornisas exteriores e interiores serán revocadas con tierra romana y
mezcla.
7°) Las bóvedas del edificio serán techadas con baldosas de techo con mezcla de
cal, arena blanca del Arroyo de la China y polvo de ladrillo.
8°) Las puertas y ventanas serán de cedro del Paraguay de grueso en proporción y
tamaño.
9°) Todos los ornamentos de las cornisas y columnas serán hechos por hábiles
artistas escogidos por el arquitecto.
11°) El piso del atrio y los escalones de dicho, serán de mármol de Carrara y
también los tres del Presbiterio.
12°) El blanqueo del templo por dentro y por fuera, de cuenta del empresario
Fossati, con cal de Génova u otra clase buena.
14°) Después de treinta días de haber recibido la primera entrega el señor Fossati,
que es de 5.000 pesos, se compromete a dar principio al templo o antes si le es posible.
16°) Concluida la obra será inspeccionada por personas del arte nombradas al
efecto.
18°) Los altares, torre y casa del cura, no están comprendidos en el presente
contrato.
19°) El arquitecto empresario don Pedro Fossati pide por dicho edificio
concluido: ciento cincuenta y seis mil pesos fuertes, distribuidos como sigue:
5.000 pesos fuertes antes de empezar la obra para hacer las provisiones.
24.000 pesos fuertes a una vara antes de llegar a la altura donde arrancan
los arcos.
El inicio de los trabajos. Apenas recibidos los cinco mil pesos establecidos por
el contrato, Fossati - que se hallaba entonces en Buenos Aires - se puso en actividad.
Junto con más de veinte operarios se trasladó a Concepción del Uruguay, adonde
llegó el 25 de abril de 1857. No obstante, se debieron vencer algunas dificultades y por
cierto que bastantes inesperadas. Porque realmente es difícil concebir que el encono
político de los hombres de Buenos Aires se dejara sentir en un asunto tan desvinculado del
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litigio que aquella provincia mantenía con la Confederación, como era la construcción de
un templo.
El presbítero Ereño tenía razón. El 27 de abril de 1857, a hora muy temprana, con
más de una veintena de operarios llegados de Buenos Aires y otros tantos tomados en la
propia Concepción del Uruguay, el arquitecto Fossati ordenó comenzar la apertura de los
cimientos.
La obra siguió avanzando dentro del ritmo previsto. Tanto es así que en octubre
de 1858, ya se encontraba bastante adelantada la construcción del altar mayor, dedicado a
los padres de Urquiza, don Josef y doña Cándida García. Por tal razón, el propio Urquiza
se preocupó personalmente de sus detalles fundamentales y, por supuesto, su construcción,
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como así también la de dos altares laterales dedicados a la memoria de sus hermanos
Cipriano y Juan José, fue costeada de su pecunio particular.
Y a renglón seguido decía: "Varios señores que han venido de paso de Montevideo
y Buenos Aires, han admirado el gusto artístico del altar mayor, sin embargo de que le
faltan todavía los ornamentos principales". Como Ereño no estaba muy seguro de que
Urquiza estuviera de acuerdo con la innovación, le manifestó: "Yo deseo complacer a S.E.
el Señor Presidente, lo destruiré si lo ordena lo hecho ya, pero me será sensible de nuevo
entrar en el altar mayor de madera... Los escultores que vengan de Buenos Aires pueden
hacer los púlpitos y sagrarios y otros trabajos que hay que hacer, para que el templo
aparezca a la altura de su ilustre fundador".
Otro envío estuvo compuesto de un terno de lana de plata, casulla, dos dalmáticas,
capa pluvial con sus estolas y manípulos correspondientes y tela para frontal y paño de
púlpito, bordado todo en oro de realce y galón fino; cinco casullas y galón fino; cinco
casullas de damasco con galón de oro fino; una capa pluvial de color negro y síngulos y
otras casullas. Estos objetos fueron trabajados por la casa de Cayetano Ros, especialista en
la materia.
Los envíos se completaron con juegos de candelabros, ciriales y atriles y una cruz
parroquial, todo encerrado en una artística caja de madera, trabajada por el artífice Juan
Pons. La magnificencia de todos estos objetos llamó la atención de la propia ciudad de
Barcelona, uno de cuyos periódicos, en su edición del 11 de abril de 1858, publicó la
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siguiente noticia, reproducida más tarde por El Nacional Argentino. "Se nos ha puesto
de manifiesto, colocada en una elegante caja de madera de achicaranda, una custodia de
plata con adornos dorados, un copón, un cáliz, vinajeras, palmatorias, campanillas e
incensarios con su naveta, todo del propio metal, juntamente con un misal con cubiertas de
terciopelo carmesí y relieves de plata, construido todo en esta ciudad, en virtud de especial
encargo del primer Presidente Constitucional de la República Argentina, don Justo José de
Urquiza. Todas las referidas alhajas llevan grabadas las iniciales de este último...
El artículo del periódico catalán finalizaba señalando que los mencionados objetos
y numerosos ornamentos "son destinados al magnífico templo que se construye
actualmente en la ciudad de Concepción del Uruguay, merced al celo cristiano y
magnificencia del Exmo. Señor Presidente".
El costo total del edificio fue de 195.950 pesos, el que se cubrió con parte del
producido de las Estancias del Estado. Mientras que, como se ha visto, los altares, los
ornamentos y objetos destinados al culto fueron donados por el general Urquiza.
Todo el vecindario se había dado cita frente al flamante templo. Todos querían
tributar su homenaje de gratitud a quien desde su cargo de presidente de la República había
posibilitado la materialización de la obra y a quien, de su propio pecunio, había contribuido
a su ornamentación y dotado de los elementos necesarios para el culto.
Llegó por fin el 25 de marzo - día de la Anunciación a María - fecha señalada para
la solemne inauguración. Los alumnos del Colegio del Uruguay formaban guardia de
honor. A ellos dirigió estas palabras: "Esta demostración me llena el corazón; son
avanzadas de porvenir. Decidles que guarden la consigna: ¡Dios y la Patria! Que guarden
pura la fe cristiana de nuestros padres; que guarden la fe en el código político que asegura
la prosperidad a nuestra patria. Esta es la forma, aquélla la base eterna de nuestra felicidad
futura... Volvamos todos hacia Dios nuestros corazones, porque nos hace recoger copioso
el bien futuro de nuestras obras. Ver seguir a todos estos brillantes jóvenes el recto camino
del deber es la mayor compensación que puedo recoger en mi carrera".
Vino después la ceremonia religiosa. El presbítero Domingo Ereño, que con tanto
celo y eficacia había contribuido al cumplimiento de la obra, entonó los cánticos sagrados...
18
1860
Debió transcurrir bastante tiempo antes de que se pudiera dar cumplimiento a esas
disposiciones. Pero producida la batalla de Cepeda y concretado el Convenio de Paz del 11
de noviembre de 1859, el Poder Ejecutivo Nacional, por intermedio del vicepresidente en
ejercicio doctor Salvador María del Carril, dictó un decreto de convocatoria a elecciones de
diputados a la Convención Constituyente, en la que estarían representados los diez
departamentos de la provincia.
Según lo establecido en él, los diputados electos - dos por cada departamento -
debían reunirse el 10 de enero de 1860 en Concepción del Uruguay. El comandante militar
de esa ciudad, coronel Ricardo López Jordán, debía encargarse de preparar el local, los
muebles y todo lo que fuese necesario para que la Convención pudiera funcionar de
manera conveniente.
Los diputados electos fueron: Fidel Sagastume y Juan Jorge (h) por el
Departamento Uruguay; José Francisco Antelo y Juan José Ballesteros, por Paraná; Manuel
Antonio Urdinarrain y Manuel Basavilbaso, por Nogoyá; José Romualdo Baltoré y Lino
González Calderón, por Gualeguay; Pedro del Carril y Mariano Candiotti, por La Paz;
Anastasio Cardassy y Teófilo de Urquiza, por Villaguay; Benito Méndez Casariego y Julián
Echazarreta, por Gualeguaychú; Pedro Caminos y Juan A. Espíndola, por Victoria; José de
Urquiza y Martín Ruiz Moreno, por Diamante; y Vicente H. Montero, por Concordia.
Por lo tanto, para ellos, no cabía el mencionado término, pues la única capital que
había tenido Entre Ríos era la ciudad de Paraná, en virtud de lo dispuesto por el Estatuto
de 1822. Los argumentos esgrimidos por los diputados nombrados pueden sintetizarse en
las palabras de Candioti, cuando dijo que "no estaba conforme con la palabra reinstalada
que se había empleado en el artículo proyectado, porque la única capital legalmente
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establecida había sido el Paraná; que si la ciudad del Uruguay fue capital alguna vez, había
sido en virtud de un decreto y no de una ley y que por consiguiente no podía tener los
mismos derechos que la ciudad de Paraná erigida en capital en virtud de una ley".
tiene por que ser necesariamente federal; puede surgir simplemente como una mera
división administrativa. Provincia - dice el diccionario de la Real Academia - es cada una de
las grandes divisiones de un territorio o estado sujeta, por lo común, a una autoridad
administrativa. En el caso que nos ocupa, el hecho de la creación existió y así lo han
entendido la mayoría de los historiadores entrerrianos quienes, al referirse al decreto de
1814, expresan que él creó la provincia de Entre Ríos.
Durante los años 1813 y 1814 se habían creado otras jurisdicciones territoriales y a
ninguna se le dio concesiones políticas, y sus gobernadores fueron siempre designados por
el Director Supremo. Tal los casos de Cuyo, la Banda Oriental, Tucumán y Salta. La
Legislatura de Corrientes, provincia que fue creada por el mismo decreto cuya validez
defendemos, fue consultada en 1832 por el gobernador sobre la legalidad de aquél, a lo que
el cuerpo declaró que esa disposición del Director Supremo era legal. Claro que allí no
existían rivalidades capitalinas...
Ello importa olvidar tres momentos esenciales del régimen asambleísta, a saber:
1°) el receso de la Asamblea; 2°) las facultades extraordinarias; 3°) la aprobación expresa de
todos los actos del gobierno del Director Posadas.
Decía la ley: "...autorizándose desde hoy al Supremo Poder Ejecutivo para que
obre por sí con absoluta independencia durante la suspensión de las sesiones,
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Creemos haber dejado suficientemente claro que por la ley del 8 de setiembre de
1813, la Asamblea inició una modalidad, cual fue la de entrar en frecuentes períodos de
receso, otorgando al Poder Ejecutivo, en tales casos, la facultad extraordinaria de obrar por
sí solo, con absoluta independencia.
Gervasio Antonio de Posadas, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río
de la Plata, pudo así, dentro del marco de la más absoluta legalidad, por sí solo y con total
independencia, dictar el decreto de creación de la provincia de Entre Ríos, pues la
Asamblea General, "único órgano soberano", lo había autorizado.
Podría argumentarse que según el artículo 6° de dicho decreto, éste debía ser
presentado "a la aprobación y sanción de la Asamblea General Constituyente", y que según
el decreto del 8 de setiembre de 1813, de otorgamiento de las facultades extraordinarias al
Poder Ejecutivo, éste debía "dar cuenta a la Asamblea en su primera reunión de aquellas
providencias que la necesidad de proveer a la salud de la patria le hubiera obligado a tomar
y que por su naturaleza necesiten la sanción soberana".
A ello debemos replicar que la Asamblea ahorró ese trabajo al Director Supremo,
pues justamente en la sesión del 5 de enero de 1815, primera sesión que celebró después
del receso iniciado el 31 de agosto del año anterior, dictó un decreto aprobando todos los
actos de gobierno realizados por el Director Supremo. En él, la Asamblea General
declaraba que "la conducta del Supremo Director en el manejo de los intereses sagrados de
la Patria que se le han confiado para la seguridad y libertad del Estado, es de toda su
soberana aprobación...".
Considerados los tres aspectos del proceso asambleísta: el receso, las facultades
extraordinarias y el "bill de indemnidad", queda plenamente demostrado el error que
cometen quienes pretenden negar la legalidad de la creación de la provincia de Entre Ríos y
de la fijación de Concepción del Uruguay como capital de ella, argumentando que dicha
creación fue hecha por un decreto de un Director, sin atribuciones para imponer sistema
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
político alguno y no por una ley del único órgano soberano facultado para ello: la Asamblea
General Constituyente.
Desde ese momento y hasta 1883, Concepción del Uruguay será capital de la
provincia de Entre Ríos, no sin que, en el transcurrir de ese lapso, se hayan dejado de
realizar intentos de modificar tal situación, originada en la Constitución de 1860. Nos
referimos a las convenciones de 1864 y 1871.
Quedó así aplazada en forma definitiva la segunda Convención provincial sin que
se hubiese arribado a ninguna solución. Concepción del Uruguay continuó siendo la capital
de Entre Ríos por algunos años más, hasta 1883, fecha en que epilogó la espinosa cuestión
planteada en torno a la capital de la provincia.
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19
1850 - 1860
Los periódicos, pues, son testimonios de una época, y son testimonios tanto para
el historiador cuanto para el profano. Pero únicamente serán fuentes para el historiador,
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puesto que sólo él posee los elementos necesarios - sus conocimientos y el dominio de la
técnica propia de su oficio - que posibiliten develar el mensaje que ellos encierran. La
técnica del historiador, su "metier" específico consiste en "inquirir las fuentes y exponer el
resultado de su investigación".
No hemos querido iniciar la reseña del naciente periodismo uruguayense, sin hacer
conocer al lector nuestras reflexiones sobre tan trascendente tema, dejando sentada de esta
manera nuestra valoración del periodismo como una de las fuentes de la investigación
histórica.
El Federal Entrerriano, de Paraná, dirigido por José Ruperto Pérez primero y Severo
González después. A partir de entonces, en poco más de un año, aparecieron varios
nuevos periódicos: El Progreso de Entre Ríos (Gualeguaychú), cuyo redactor fue Isidoro
de María; El Porvenir de Entre Ríos (Concepción del Uruguay), dirigido por Jaime
Hernández; La Regeneración (Concepción del Uruguay), redactado por Carlos Terrada, y
El Iris Argentino, editado en la ciudad de Paraná.
Otros periódicos de la década 1850 - 1860. Pocos días después de haber cesado
la publicación de El Porvenir de Entre Ríos, un nuevo periódico comenzó a circular en
Concepción del Uruguay. Se tituló La Regeneración y fue su redactor Carlos Terrada (o
Terrade). Con reminiscencia de los más antiguos periódicos rioplatenses se llamaba
"Periódico Literario, Agrícola, Mercantil e Industrial", y se publicaba dos veces por
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
En sus páginas se fue consignando el desarrollo integral del proceso histórico que
condujo finalmente a la unidad nacional y a la organización de las instituciones. Pero
además dieron cabida a artículos de la más variada índole. Por ejemplo: el poema "La
Camila" y otros de Hilario Ascasubi; la carta crítico - apologética de la "Oración Patriótico
- religiosa" pronunciada por el presbítero Juan Prieto; algunos artículos de Sarmiento; la
crónica del célebre Pronunciamiento del 1° de mayo de 1851, documentos oficiales, etc.
Fue, sin duda, uno de los principales periódicos uruguayenses del siglo pasado. No
sólo por su larga existencia - aunque con ciertas intermitencias - sino porque por lo general
estuvo redactado por periodistas o escritores de relieve. Entre ellos, dentro de la primera
época, se destacó el notable publicista chileno Francisco Bilbao, quien luego pasó a Paraná,
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Hacia 1859, circuló también en Concepción del Uruguay, La Chispa, de vida muy
efímera.
No son muchas las noticias que poseemos sobre Carlos Terrada, el redactor de La
Regeneración. Enrolado en las filas de los adversarios de Rosas, abandonó Buenos Aires
para refugiarse en Chile. De allí pasó luego a Entre Ríos, radicándose en Concepción del
Uruguay. En esta ciudad redactó el citado periódico, que tanto daría que hablar a raíz del
artículo "El año 1851", publicado en su edición del domingo 5 de enero.
Terrada manejó la pluma con cierta facilidad y con alguna versación filosófica. Fue
autor de varios folletos, tradujo del francés algunas novelas y dirigió El Látigo y otros
periódicos en Buenos Aires.
tiempo los abusos que pudieran hacerse de él, lo ha adoptado y acomodado a dichas
circunstancias".
Uruguay, algunos de sus vecinos tenían ante sus ojos el ejemplar correspondiente a ese día
de La Regeneración, el periódico local redactado por Carlos Terrada.
Uno de sus artículos se titulaba simplemente así: "El año 1851". Y su breve
contenido exponía el anhelo del pueblo y del gobierno de Entre Ríos de que por fin habría
de lograrse la organización institucional en esta parte de América, consolidada sobre la base
del principio federal. Pero si el artículo aparecido en el periódico uruguayense fue acogido
con beneplácito y entusiasmo por los lectores entrerrianos, no ocurrió lo mismo en otros
sectores del país. Particularmente en Buenos Aires, donde resonó con acentos de escándalo
en los círculos áulicos de Juan Manuel de Rosas, quien, como es sabido, continuaba en su
sistemática oposición a dar los pasos necesarios para enquiciar constitucionalmente a la
Confederación Argentina. De esos círculos no tardaron en salir imprecaciones violentas
contra Urquiza, repitiendo ataques y censuras ya oídas en otras oportunidades, sobre todo
después de la firma de los tratados de Alcaraz, cuando empezó a sospecharse que el
Entrerriano comenzaba a transitar un camino distinto al fijado por el dictador porteño.
Sin embargo, podemos afirmar - y así lo demostraremos más adelante - que fueron
reiteradas las oportunidades en que algunos periódicos atacaron ciertos aspectos de su
gestión de gobierno y, no obstante, en todo momento mantuvo el respeto por la libertad de
expresión.
20
LA EDUCACION PUBLICA
1826 - 1860
Las primeras letras (1826 - 1841). Casi al mismo tiempo, en agosto de 1826, la
Sala de Representantes de la provincia de Entre Ríos sancionó dos leyes estrechamente
vinculadas con la hasta entonces villa de Concepción del Uruguay. Ambas llevan la firma
del diputado por Uruguay Justo José de Urquiza, como presidente del cuerpo y de Manuel
Leiva como secretario.
Por una de ellas (26 de agosto), se dispuso que "las dos villas capitales de la
provincia, a saber Paraná y Uruguay, quedan elevadas al rango de ciudad".
Y por la otra (22 de agosto), se ordenó al gobierno fundar dos escuelas del sistema
de Lancaster, una en Concepción del Uruguay y la otra en Paraná. Además, se debían
tomar todas las medidas necesarias para proveer a la educación de la juventud, entre ellas la
contratación de maestros que "supieran desempeñarse con provecho, por su moralidad e
ilustración, y la construcción de edificios escolares en cada una de las villas y pueblos de la
provincia.
En 1827, Antonio Orta propuso fundar en Concepción del Uruguay una escuela
lancasteriana, comprometiéndose, por 100 pesos mensuales de sueldo, a servirla por un
año y, al propio tiempo, instruir a uno o dos jóvenes para que pudiesen servir en otros
establecimientos. No sabemos si esta propuesta prosperó, pero de cualquier manera
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Poco después, la ley del 1° de febrero del mismo año, dispuso que la Junta de
Propios de Concepción del Uruguay pagase 300 pesos anuales a los preceptores - como se
denominaban entonces a los maestros -, se abonasen los alquileres de los locales donde
funcionaban las escuelas y les suministrasen gratuitamente a los niños pobres los útiles
necesarios.
Al sumar su voto al de los demás diputados para producir la sanción de esta ley,
Urquiza iniciaba su actividad pública en la provincia de Entre Ríos dando la debida
importancia a la educación popular. Desde ese momento, esa idea fundamental,
profundamente enraizada en su espíritu, signará toda su gestión de gobernante y estará
presente en todos los momentos de su larga y fecunda vida pública.
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Cuando años después asumió por primera vez la gobernación de Entre Ríos, tuvo
oportunidad de concretar en realizaciones efectivas su claro concepto de la escuela pública.
Por cierto que el camino no fue fácil, pues el pueblo entrerriano estuvo convulsionado casi
sin solución de continuidad por las sucesivas guerras entre Rosas y sus adversarios. Pero
cuando los hombres se mueven impulsados por grandes y nobles afanes no hay obstáculos
insalvables. Fue así como a mediados del siglo XIX existieron en la provincia de Entre
Ríos treinta y dos escuelas oficiales y varias de carácter particular, algunas subvencionadas
por el Estado. En lo que hace a las primeras, Concepción del Uruguay contaba con una
escuela de varones y una de niñas.
Algunos años más tarde habrá en la ciudad tres escuelas públicas - dos de varones
y una de mujeres - a las que concurría un total de 317 niños y dos escuelas particulares para
niñas, en las que recibían enseñanza 72 alumnas.
La preocupación de Urquiza en este sentido fue permanente. Para él, era un deber
esencial del gobierno cuidar de que todos los niños recibiesen la instrucción que se impartía
en las escuelas. Sabedor el gobernador delegado don Antonio Crespo de ese interés,
periódicamente le remitía al cuartel general las planas de escritura realizadas por los
alumnos de las distintas escuelas de primeras letras existentes en la provincia, las que eran
devueltas después de haber sido revisadas atentamente por el general Urquiza,
acompañándolas con las observaciones personales que aquéllas le habían sugerido.
El maestro José Brid, con escuela de primeras letras en Concepción del Uruguay,
nos muestra cual era su pensamiento a este respecto. En carta dirigida al general Urquiza,
Brid se quejaba amargamente de que el alcalde mayor, Mariano Jurado, lo había obligado a
suprimir el chicote, permitiéndole únicamente aplicar la palmeta y penitencias. Agregaba
que era necesario tener en cuenta que a la escuela asistían tapes, pardos, morenos y algunos
con muy poca educación, y que las madres le habían suplicado que los corrigiese, porque se
dedicaban a robar en los huertos y a pelear con cuchillo, dándose el caso de uno que había
peleado con un soldado.
Tiempo después, Mariano Guerra llegó a Entre Ríos, donde se desempeñó como
cura de Gualeguaychú, pasando, en setiembre de 1840, a la parroquia de Concepción del
Uruguay. Un año después se hizo cargo de la escuela de varones de esta ciudad - a la que
concurrían alrededor de 80 niños - compartiendo su sueldo con los ayudantes Francisco
Fernández y su propio hermano Joaquín Guerra.
Por la tarde, a partir de las dos, se repartían las pizarras a los que sabían escribir y
cartillas o libros a los que sabían leer, tareas que se cumplían hasta las tres, momento en
que debían dar sus lecciones. Se hacía entonces el cambio con las primeras clases, para que
todos pudiesen leer y escribir, mientras los de tercera y cuarta clase aprendían aritmética
hasta las cuatro, en que se leía la tabla para que todos la aprendiesen. A las cuatro y media
finalizaba el turno de la tarde.
Los jueves por la mañana se tomaba un ligero examen de gramática y por la tarde
de aritmética. Los sábados por la mañana escribían y leían las primeras clases, mientras los
más adelantados estudiaban las lecciones de doctrina y, luego, formados en semicírculo, las
daban brevemente. Dos monitores leían después el catecismo y concluido éste, el preceptor
daba lecciones de moral. Concluida esta última lección, se daba por terminada la tarea y seis
niños quedaban en la escuela para hacer la limpieza. El sábado por la tarde se daba asueto,
pero los que no vivían fuera de la población se reunían a la hora de rezar el rosario. Los
domingos asistían en corporación a la primera misa.
Es de destacar que a esta escuela, así como a otras ubicadas en otros puntos de la
provincia, llegaba periódicamente algún material didáctico enviado por el gobierno. En el
caso de cartillas, catecismos y otros libros, algunos se adquirían en Buenos Aires y otros, a
partir de 1849, se imprimieron en la llamada Imprenta del Colegio, que Jaime Hernández
había instalado en Concepción del Uruguay. Entre los exponentes de la literatura
didascálica salidos de esa imprenta, recordamos el Catecismo de Astete; el Método
Práctico de enseñar a leer, de Vicente Naharro; la Anagnosia o arte de enseñar y
aprender a leer, de Marcos Sastre, etcétera.
En lo que respecta a las escuelas para niñas, en 1847 se estableció una escuela
privada dirigida por la señorita Margarita González, mientras que al mismo tiempo seguía
desarrollando su labor la escuela pública dirigida por la señora Teresa Villanueva de Jurado,
teniendo como ayudante a la señorita Mercedes Delgado. A esta escuela concurrían 69
niñas, divididas en cinco clases. Se las instruía en lectura, escritura, aritmética, labores y
doctrina cristiana. Las clases se dictaban por la mañana y por la tarde, reservándose la tarde
de los sábados para rezar el rosario, recibir lecciones de doctrina y explicación de los
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deberes cristianos y sociales. Y los domingos, las niñas acompañadas por la preceptora
debían concurrir a misa.
Mas no son las palabras las que importan. Desgraciadamente, muchas son las
páginas de la historia que se han elaborado sobre la base de afirmaciones escritas o palabras
pronunciadas por oradores felices y no sobre los hechos que han ratificado o desvirtuado
esos mismos conceptos. Lo realmente significativo son las obras, los elementos concretos y
positivos de una acción de gobierno. Y es justamente en este plano fáctico que surgen las
magníficas realizaciones del gobierno de Urquiza en el orden cultural. Por cierto que
mucho fue lo que se hizo en un esfuerzo gubernativo sin precedentes, escuelas de primeras
letras, colegios secundarios, enseñanza superior, fundación de periódicos, auspicio al teatro,
la música, la pintura y otras actividades artísticas, científicas y literarias; educación de la
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mujer, fundación de bibliotecas, becas para jóvenes entrerrianos que podían continuar así
sus estudios dentro o fuera de la provincia y aún en la vieja Europa, organización
sistemática de la instrucción pública, formación de maestros en escuelas especiales,
constituyeron algunos de los aspectos fundamentales de la amplia labor desarrollada.
21
LA VIDA RELIGIOSA
1826 - 1860
El cura de Uruguay vs. el cura de Paraná. Desde algún tiempo atrás, la curia
bonaerense - de la que dependía la entrerriana - había otorgado al párroco de Paraná,
doctor Francisco Dionisio Alvarez, determinadas facultades y atribuciones que lo
autorizaban a ejercer la vicaría general en la provincia.
Las razones expuestas por el gobernador de Entre Ríos eran por demás atendibles.
Amén de que muchas solicitudes y causas sobre matrimonios sufrían extravíos por los
caminos o por causa de la guerra, "repetidas veces algunas Parroquias de esta provincia se
han visto privadas de sus curas por distintas causas que suelen producir las revoluciones y
otros mil incidentes propios de los hombres. El gobierno ha tenido que ser un triste
espectador de estos males, porque aunque hubiese tenido eclesiásticos de quienes echar
mano para el servicio interino de las iglesias, mientras ocurría a la Curia Eclesiástica y se
despachaba el Título, se vencía considerable tiempo, y entretanto las iglesias estaban
cerradas y los fieles abandonados al mayor descontento".
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A tan solo dos meses de la visita pastoral realizada por Acevedo, por delegación
expresa del obispo de Buenos Aires, la feligresía de Concepción del Uruguay se vio
conmovida ante el voraz incendio que destruyó el primitivo templo de la Inmaculada.
Según lo hemos estudiado en otros capítulos dedicados específicamente a estos temas, la
Iglesia fue instalada provisoriamente en el local de la escuela pública, primero, y luego en
una de las salas del flamante edificio del Colegio. Esta situación se prolongó hasta 1859,
año en el que se inauguró el templo actual.
Los sacerdotes. Ya hemos expresado que a comienzos de este período era cura
párroco de Concepción del Uruguay el doctor Juan José Castañer, quien ejerció el curato
hasta 1828, oportunidad en que algunos rozamientos con el poder civil le hicieron alejarse
de la ciudad.
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A mediados de 1829, se resolvió que fray Mariano José Castillo, quien ejercía su
ministerio en Mandisoví, pasase a Concepción del Uruguay a servir provisionalmente el
curato. Pero ante la excusación de aquél, el gobierno dispuso acceder a lo peticionado por
el pueblo de Concepción del Uruguay, en el sentido de restituir al padre José Bonifacio
Redruello, quien había sido el párroco de esta población en tiempos de la Revolución de
Mayo.
Al quedar Entre Ríos envuelta en la vorágine de las luchas civiles, el padre de los
Santos se retiró de la provincia, dejando facultado al presbítero Terroba para todos los
actos de jurisdicción que se ofreciesen. De acuerdo con lo investigado por el historiador
Segura, Terroba le escribió por dos veces que volviera, "pues nada tenía que temer", pero
no recibió contestación, y según informó al Delegado Eclesiástico, creía que demoraría
bastante en regresar, puesto que "no se dejaba venir a nadie del otro lado del Uruguay". A
partir de aquí perdemos su rastro por algunos años, hasta que se produjo su regreso a
Concepción del Uruguay. Agustín de los Santos falleció en esta ciudad, el 22 de junio de
1854, a los 86 años de edad.
Ante el abandono del curato por parte de de los Santos, fue designado en su
reemplazo el doctor Mariano Guerra, quien se recibió de la parroquia el 24 de setiembre de
1840. Pero frente a sus frecuentes ausencias lo reemplazó en carácter de interino el
presbítero Ramón Navarro y luego el presbítero José Sanateguy (o Saralegui?). A partir de
1846 se desempeñó como teniente cura el padre Damián Gómez.
En enero de 1848 fue designado párroco interino el presbítero José Benito Cotelo.
La constancia obrante en el Archivo Parroquial expresa: "En dieciséis de enero de 1848, yo
el infrascripto me recibí de este Curato de Nuestra Señora de la Concepción del Uruguay,
por título expedido en mi favor por el Sr. Delegado Eclesiástico de esta provincia,
monseñor Dr. don Francisco D. Alvarez... en clase de cura vicario sustituto por
imposibilidad y denuncia hecha... por el Sr. Dr. Mariano Guerra, cura vicario cesante, a
causa de sus graves enfermedades y para los fines correspondientes y evitar toda
responsabilidad, anejo ésta que firmo en Concepción del Uruguay, fecha ut supra. José
Benito Cotelo".
Por lo que se verá, el padre Cotelo no fue un hombre de mucha suerte. Un año
después de haber asumido el curato, debió asistir con impotencia a la destrucción del
antiguo templo de la ciudad. Y dos años más tarde, en 1851, al regresar de un viaje que
había hecho hasta Villaguay, un individuo de apellido Villanueva - posiblemente ebrio - le
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dio muerte a puñaladas y de un disparo de pistola en el cráneo, a poca distancia del arroyo
Santa Rosa.
Entre 1852 y 1856, anduvieron de paso por la ciudad los sacerdotes Francisco
Bibolini, Solano Rubio, Fernando Sabé y José Argüello.
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La muerte del cura Cotelo. Desde 1835, en que Villaguay fue elevada a vice -
parroquia, quedó agregada a Concepción del Uruguay. Hasta allí concurrían
periódicamente los curas de ésta, para atender la vida espiritual. Y así lo hizo el padre
Cotelo en 1851. En setiembre de ese año, cuando la primavera se anunciaba ya sobre la
campiña entrerriana, el sacerdote emprendió el regreso hacia Concepción del Uruguay,
acompañado de un peón y de un individuo de apellido Villanueva. Pero al llegar a poca
distancia del arroyo Santa Rosa, el citado Villanueva - posiblemente en estado de ebriedad -
le dio muerte por la espalda.
Don José A. Nadal Sagastume ha recogido una versión oral de aquel desgraciado
suceso. Al parecer, el homicida se presentó al jefe de policía de Concepción del Uruguay,
don Fidel Sagastume, y le expresó: "Vengo a avisarle que maté al cura". Indignado don
Fidel, que era gran amigo del sacerdote, con palabras violentas le exigió que hablara, que
dijera por qué lo había muerto.
por una guardia de soldados y acompañados "por la inmensa multitud de pueblo que toda
ella concurrió, impulsada por el cariño y veneración que lo animaba hacia su finado
Pastor", según propias palabras del padre Céspedes.
Al día siguiente, a las doce de la mañana, después de las exequias dispuestas por la
Iglesia, autoridades y pueblo acompañaron los restos mortales del infortunado sacerdote,
los que fueron sepultados en el antiguo cementerio de la ciudad, "al pie de la cruz principal
por ser este lugar el más decente y señalado que se ofrecía".
Demás está decir que dada la gravedad del hecho, Villanueva fue condenado a
muerte.
Lo mismo dígale Ud. a don Esteban Dellepiani respecto de la propuesta que me comunica
Ud. que ha hecho a la Comisión, relativa a encargarse él de la dirección de la obra, en los
términos que expresa".
Como se ha podido apreciar, los restos del padre Céspedes fueron sepultados en el
viejo cementerio de la ciudad, pues el nuevo se inauguró en octubre del mismo año 1856.
Pero tiempo después - en fecha que no ha sido posible precisar - fueron trasladados al
templo de la Inmaculada. Al pie de una columna del lado de la Epístola, se halla una lápida
en forma de una funeraria que recuerda que allí yacen sus restos. Una tía suya, doña Rafaela
Calvento, le dedicó un altar bajo la advocación de la Virgen del Rosario.
del Litoral, fueron algunas de las significativas concreciones que compensaron los dolores y
las desazones del pasado.
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22
ASPECTOS SOCIALES
1826 - 1860
No obstante, para esta última fecha, existían en la provincia tres núcleos urbanos
con mayor número de habitantes. Ellos eran Paraná con una población de 10.000 almas,
Gualeguaychú con 9.800 y Gualeguay con 7.200 (en cifras redondas).
Con respecto a Entre Ríos, las cifras siguientes, aportadas por Ernesto A. J.
Maeder, revelarán su singular explosión demográfica, en relación con las demás provincias
del litoral argentino.
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En cuanto a los negros, no eran muchos los que subsistían hacia mediados del
siglo XIX en condición de esclavos: tan sólo aquéllos nacidos con anterioridad a la ley de
"Libertad de vientres", de 1813. Además, a muchos de ellos, los propios dueños le fueron
dando su libertad.
Los registros parroquiales. En el período que va desde 1826 hasta 1854, en los
libros de la Parroquia de Concepción del Uruguay quedaron registrados los siguientes
bautismos, matrimonios y defunciones:
1826 29 177 66
1827 21 192 61
1828 23 106 17
1829 8 189 68
1830 24 203 95
1831 32 196 164
1832 62 183 71
1833 38 196 50
1834 45 168 65
1835 43 251 66
1836 38 256 85
1837 30 208 77
1838 22 192 101
1839 6 186 121
1840 12 158 78
1841 14 158 86
1842 2 132 70
1843 3 78 43
1844 1 122 35
1845 1 102 sin datos
1846 13 179 sin datos
1847 23 184 sin datos
1848 17 191 79
1849 43 263 113
1850 39 246 108
1851 29 221 109
1852 15 224 169
1853 66 242 177
1854 64 297 112
Debemos advertir que si bien las fuentes demográficas eclesiásticas - como la que
hemos utilizado en este caso - son sin duda valiosas, ellas no reflejan totalmente la realidad.
Porque no todas las uniones se legitimaban a través del vínculo religioso y porque tampoco
la totalidad de los nacidos eran bautizados.
Pero tal vez es con relación a las defunciones que las cifras se alejan más de la
realidad. Las personas que morían en la campaña, por razones de distancia, muchas veces
no eran llevadas al cementerio de la ciudad. E igual cosa ocurría con los vecinos que caían
en los combates, librados la mayoría de las veces en puntos sumamente alejados.
Como observara Martín de Moussy hace ya más de un siglo, las epidemias que
asolaron a Concepción del Uruguay en el período estudiado, aumentaron
considerablemente el número de fallecimientos. La escarlatina en 1836, la viruela en 1846 y
en 1853, el sarampión en 1852, asumieron indiscutible gravedad.
Por ese entonces, sólo había algunas que otras casas de azotea. En general, dentro
del radio antes mencionado se hallaban edificaciones de material - por lo común ladrillo y
barro - pero más allá predominaban las de adobe con techo de paja.
Sus calles terrosas tenían a maltraer a las amas de casa y a la servidumbre, puesto
que muebles y enseres se hallaban casi permanentemente cubiertos por una leve capa de
polvo. ¡Y qué decir de los días lluviosos! Bien pronto se transformaban en lodazales y
zanjones que dificultaban enormemente el tránsito de peatones, de carruajes y hasta de
cabalgaduras.
Como no existía alumbrado público, en las noches sin luna quienes transitaban las
calles de la ciudad, solían llevar un pequeño farol, más que por el temor de ser asaltados,
para evitar el tropezón o una caída.
Las casas contaban con pozos o aljibes, pero también el agua para el consumo era
acarreada en pipas desde el arroyo cercano, y se vendía a domicilio, a razón de medio real
por cada cuatro baldes.
Las carreras importantes por el valor de las apuestas y la jerarquía de los caballos,
se pactaban a veces con varios meses de anticipación, durante los cuales se aprontaban los
competidores por manos profesionales, y se hacía activa propaganda para excitar el interés
del público.
corrían apareados, "costilla a costilla", como se decía, porque se estrechaban hasta tocarse.
Esta manera de correr favorecía la práctica de maniobras destinadas a entorpecer los
movimientos del adversario. Pero estas actitudes solían traer lamentables consecuencias,
pues eran el origen de violentos incidentes. De ahí que las autoridades debieron tomar
cartas en el asunto y disponer que solamente se permitirían las carreras por andariveles.
Como es sabido, en este tipo de competencia, cada caballo tenía trazado su propio sendero,
de suerte que el animal que estando en carrera abandonara su "camino", infringía la regla, y,
por lo tanto, era descalificado. A tal efecto, se utilizaban vigías o veedores que controlaban
el cumplimiento de las disposiciones vigentes.
Otra de las diversiones preferidas y en las que también se apostaba fuerte, fue la
riña de gallos. Entre el público asistente se organizaban apuestas mutuas que se hacían de
viva voz y se respetaban. Antes de cada riña los gallos eran pesados y se cantaba su peso,
que los aficionados anotaban. Cada dueño de gallo nombraba su corredor, que lo
representaba en la pelea, por estarles prohibido a ellos tocar a sus animales una vez que
estuvieran en el reñidero. Los corredores solamente podían tomarles de la cola y siempre
que el juez de la lucha lo permitiese. Ese juez era el que fallaba, declarando perdedor al
gallo que dejara de picar. Fue sólo mucho tiempo después que las riñas de gallos se
prohibieron por la ley.
El juego de naipes se hallaba también muy difundido entre todos los estratos de la
sociedad. Cuyás y Sampere refiere que el gobernador Pascual Echagüe en los viajes que
realizaba anualmente a los distintos departamentos de la provincia, llevaba en su compañía
hombres que ni por su conducta ni por sus antecedentes eran dignos de amistad. Con ellos
apenas llegaban a un punto, se instalaba una mesa de juego, que no cesaba de funcionar día
y noche hasta la hora de marcharse. Pero lo más notable era que a nombre del citado
gobernador, se invitaba a las personas más conocidas por su situación económica
desahogada, dejándose así de lado el saludable objeto que se propuso el legislador, al
disponer los viajes del gobernador, esto es conocer las necesidades de los distintos
departamentos y atender las peticiones y reclamaciones de sus habitantes.
riego, que dejaban mullida la tierra, para que el hueso cayera naturalmente, obedeciendo a
la inflexión, fuerza y dirección que le imponía la hábil mano del jugador.
La taba fue siempre uno de los juegos de azar preferidos por nuestro criollo. Tal
vez porque a la par que permitía la participación simultánea de numerosos aficionados,
ofrecía ciertas seguridades mediante el control recíproco de los jugadores, que se
cambiaban rápidamente siguiendo las variantes de la suerte, pues el que perdía, dejaba su
lugar para otro y así sucesivamente.
Uno de los entretenimientos sociales más comunes en la época eran las tertulias
familiares. Ellas daban oportunidad a largas y entretenidas conversaciones, en tanto el mate
iba circulando de mano en mano. Cerca de medianoche, ya casi al finalizar la reunión, la
dueña de casa servía una taza de chocolate con pancitos de bizcochuelo. A veces, los
hombres preferían una bebida fuerte. También, en ocasiones, algunos de los contertulios
realizaba alguna ejecución musical, o bien las damas y los caballeros se entregaban a la
danza.
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De manera, pues, que el baile, la música, el canto, el jaleo y las cédulas, fueron los
entretenimientos más comunes en este tipo de reuniones.
"La novia llevaba un vestido un poco mejor que de costumbre - recuerda Carriego
- pero no llevaba una corona de azahares sobre su frente, ni se cubría de blanco para
ostentar una pureza a veces mentida". Concluida la ceremonia, los flamantes esposos, los
miembros de sus respectivas familias y las personas invitadas se dirigían a la casa de los
padres de la novia, donde, por lo general, se daba fin a la fiesta con una comida y un baile.
Fue en la década de los años sesenta que surgieron diversas iniciativas para dotar a
Concepción del Uruguay de un teatro acorde con el progreso de la ciudad y con su
condición de capital de la provincia de Entre Ríos. Por fin, el 21 de noviembre de 1868, los
uruguayenses pudieron asistir alborozados a la inauguración del bello teatro "1° de Mayo",
ubicado frente a la Plaza Ramírez, el que a partir de ese momento se convirtió en el
escenario obligado no sólo de las representaciones teatrales, sino también de actos
culturales y reuniones danzantes.
De acuerdo con los términos del decreto del 1° de agosto de 1848, no se consentía
en Entre Ríos la permanencia de "ninguna clase de individuo vago o que no tenga
ocupación honesta y conocida". Para lograr este objeto se adoptaron una serie de recaudos
con el fin de contraer a trabajo a la clase jornalera. Por otras cláusulas se prohibió toda
diversión pública en las horas de trabajo, durante las cuales ni en la ciudad ni en la campaña
podían estar abiertas las canchas de bolos, pelota y otros juegos análogos. Tampoco se
permitió la "antigua perniciosa costumbre" de los bailes y otras diversiones durante el
tiempo de las yerras y las cosechas. Asimismo quedaron terminantemente prohibidos "los
juegos de envite y azar".
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La severidad observada alcanzó también a los propios hijos del gobernador. Tanto
es así que en 1845, al cometer un delito Waldino de Urquiza, fue remitido al campamento
de Calá para cumplir una severa pena. Fueron precisos vehementes y reiterados petitorios y
hasta la solicitud de una comisión de legisladores para que al cabo de dos años, aliviaran al
hijo del general del peso de dos barras de grillos.
El bigote y los colores verde y celeste. Una orden general para el ejército
dictada por el gobernador Echagüe el 17 de febrero de 1826, dispuso lo siguiente: "Desde
el día primero del próximo mes de marzo, usarán bigote todos los señores jefes y oficiales
de línea que estén en servicio activo de las armas, así como todas las demás clases desde
soldados hasta sargento inclusive".
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¿Cuál fue la razón de esta medida? ¿Acaso un elemento distintivo como la coleta
que distinguió al regimiento de Patricios, a la que Belgrano ordenó cortar a fines de 1811?
¿O tal vez la afirmación a través de un rasgo físico de la ideología federal, tal como ocurría
en Buenos Aires, bajo el régimen de Rosas? Dadas las reiteradas actitudes del gobierno
entrerriano de esa época, ceñido casi siempre al modelo porteño, nos inclinamos a pensar
que la obligatoriedad del uso del bigote por los jefes y soldados entrerrianos entrañaba una
actitud política.
"Sinforiano Huertas: Se ha quitado el bigote. Fue preso por el coronel Parra por
salvaje unitario".
Por todo ello el gobierno de Entre Ríos dispuso que a partir de aquella fecha,
podían introducirse y usarse en todo el territorio de la provincia los colores verde y azul, "y
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en consecuencia queda sin valor y efecto la disposición que prohibía el uso de dichos
colores; pero quedando siempre vigente la de la cinta punzó como distintivo federal que
nunca emanó del tirano de Buenos Aires".
Poco después las tiendas de Concepción del Uruguay volvieron a poblar sus
estantes con géneros verdes y azules, que por dos años no habían podido usarse...
El luto. Hasta mediados del siglo XIX, constituía una costumbre imposible de
eludir, el llevar durante bastante tiempo un riguroso luto por la pérdida de un familiar.
El gobierno entrerriano, considerando que era un deber del Estado regular las
costumbres públicas, decidió hacer todo lo posible para "debilitar de un modo eficaz,
aunque lento, el imperio de aquéllas que toleradas por legislaciones añejas y consagradas
por el tiempo, son sin embargo en la generalidad de su observancia incómodas, de difícil
ejecución y a la vez incompatibles con el espíritu de la época; con la situación económica
de las familias y hasta con el dogma de la religión del Estado".
La antigua práctica de vestir riguroso luto como una necesidad ineludible ante la
muerte de algún pariente, era considerada por el gobierno como "una costumbre onerosa a
la mayoría de las familias y opuesta a los fundamentales principios del Evangelio, donde se
prohibe el dolor excesivo por los difuntos, desde que la muerte no es para un cristiano,
sino el cambio de una vida azarosa por otra de felicidad sempiterna".
Art. 2°: El traje de luto será sustituido en el bello sexo por una pulsera negra en el
brazo izquierdo y en los hombres por una lazada de cinta del mismo color y en el mismo
brazo.
Por supuesto que las costumbres arraigadas no se modifican de un día para otro, a
través de decretos o reglamentaciones. Eso el gobierno lo sabía. Pero había que señalar un
punto de partida. Sólo el tiempo podría hacer el resto...
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1826 - 1860
Pero como suele ocurrir, las reglamentaciones, por mejor inspiradas que sean, no
pueden corregir las situaciones provocadas por una dura realidad. De ahí que poco tiempo
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En general, casi todos los curanderos apelaban en sus tratamientos a las más
variadas hierbas medicinales, sangrías, cataplasmas, bebidas, jarabes, ungüentos, tisanas,
pomadas, vomitivos, mixturas, gárgaras, evacuantes, cuando no recurrían a simples
palabras o a conjuros para los que se creían víctimas de algún sortilegio diabólico.
china Tabacué, que tenía en el cuerpo noventa y nueve centésimos exactos de sangre
charrúa... y que curaba todas las enfermedades, con la piedra bezar (bezoar), el aceite
calmante y el agua del espíritu".
Por supuesto que la opinión de Mac Cann era la de un profano. Por lo tanto, no
todas sus observaciones pueden ser aceptadas al pie de la letra.
Hacia fines de aquel decenio llegó a Concepción del Uruguay el español Pedro
Serrano, quien fue nombrado médico y cirujano de policía en setiembre de 1849, aunque
no aceptó tal designación. Serrano dio a la estampa años más tarde, su conocido folleto
Riqueza Entrerriana, impreso en los tórculos de la "Imprenta del Colegio", de Jaime
Hernández.
Tal vez el primer médico oriundo de Concepción del Uruguay que ejerció su
profesión en su ciudad natal, fue el doctor Vicente H. Montero. Hijo del comerciante
español Vicente Montero y de doña Matilde Micaela Urquiza, una vez obtenido su título
universitario, desarrolló una intensa labor profesional y, paralelamente, una lucida
actuación pública. Médico del Hospital Militar y del Colegio del Uruguay, mereció siempre
el elogio del rector Larroque. En el informe elevado en 1856 al ministro Juan María
Gutiérrez, decía: "El señor médico don Vicente Montero, cada día más, se hace digno de
toda recomendación. Llena sus deberes profesionales con empeño y puntualidad".
Más tarde llegó a ser Jefe Político de Concepción del Uruguay, diputado a la
Legislatura desde 1862 a 1866 y diputado nacional durante el período 1868-1872. Falleció
en Paraná el 14 de octubre de 1872.
octubre de 1855, expresó: "Son dignos de recomendación los prolijos cuidados del señor
médico del establecimiento, doctor Vicente Montero, así como los que el señor doctor
Martín de Moussy han prodigado generosamente a los jóvenes alumnos desde los primeros
síntomas de la enfermedad".
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LA ACTIVIDAD ECONOMICA
1826 - 1860
Pero no hay duda de que el mayor impulso a la ganadería entrerriana fue dado
durante los sucesivos gobiernos de Urquiza. Mejora de los planteles con la introducción de
animales de raza, construcción de tajamares, reglamentación del trabajo de la campaña,
sujeción de los ganados en rodeos, registros de marcas y señales, fomento de la industria
saladeril, constituyeron algunas de las medidas adoptadas en tal sentido.
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Periódicamente, las sequías afectaban al suelo entrerriano. Así ocurrió entre los
años 1848 y 1850. Fue entonces que el gobernador Justo José de Urquiza ordenó la
construcción de tajamares en los campos desprovistos de aguadas naturales permanentes.
El 27 de setiembre de 1848, dirigió una circular a los distintos comandantes
departamentales, estableciendo las responsabilidades que competían a los funcionarios de
cada departamento, en la dirección y fiscalización de los trabajos, que tendrían carácter
obligatorio. Es que lo que estaba en juego era la salvaguarda de la industria ganadera que -
como ya lo hemos expresado - constituía la principal riqueza de la provincia.
Durante su gobierno comenzó a adquirir importancia el cultivo del trigo, del maíz
y de las legumbres. Para ello debió, estimular a los agricultores, tal como lo había
aconsejado su hermano Cipriano José años atrás. Dispuso el suministro de semillas, el
préstamo de dinero para levantar las cosechas, la concesión de licencias a los soldados para
que se dedicasen a los trabajos de las sementeras, el encierre del ganado para evitar el daño
de aquéllas, etc.
Para lograr los resultados que se esperaban fue necesaria también la adopción de
medidas fiscales adecuadas, como por ejemplo el gravar con un cincuenta por ciento del
valor aforado a la introducción de harinas, trigo, maíz, cebada, legumbres, etc. Al mismo
tiempo se prohibió absolutamente la importación de dichos productos que proviniesen de
países extranjeros.
El comercio. Desde muy antiguo, Concepción del Uruguay - una de las tres
ciudades fundadas en 1783 por Tomás de Rocamora - había mantenido un considerable
tráfico comercial. Pero, por supuesto, éste no fue uniforme y dependió muchas veces de las
vicisitudes políticas del momento. Además, la política arancelaria entrerriana no siempre
resultó suficientemente coherente, lo que quedó demostrado en ciertas marchas y
contramarchas, afirmaciones y contradicciones, originadas fundamentalmente, por una
parte, en el anhelo de romper con la hegemonía del puerto de Buenos Aires, y, por la otra,
en la irremediable sujeción y subordinación a ese importante centro consumidor y único
contacto con el mercado exterior.
En 1845, a raíz del conflicto con Francia e Inglaterra, Rosas prohibió el tráfico
directo entre los puertos del litoral - entre los cuales se hallaba el de Concepción del
Uruguay - y el de Montevideo. La afligente situación en que se colocó a la provincia de
Entre Ríos requirió medidas de excepción, que fueron adoptadas por el gobernador
delegado Antonio Crespo, sin duda con la anuencia de Urquiza. Por lo pronto, autorizó el
comercio por los puertos habilitados de la provincia - entre ellos Concepción del Uruguay -
con los de la Banda Oriental sobre el litoral del río Uruguay, lo que posibilitó un constante
tráfico comercial no sólo con aquel país, sino con la región brasileña de Río Grande. Poco
después, a fines de 1845, Crespo alentó el comercio con el puerto de Montevideo. Primero
permitió el arribo de buques sin averiguar la procedencia. Después aprovechó
inteligentemente la medida adoptada por Rosas para favorecer los intereses comerciales de
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De poco valieron las protestas y reclamaciones del ministro Arana y del propio
Rosas, tratando de que Entre Ríos interrumpiera su tráfico comercial con Montevideo. Hay
mucha documentación que así lo prueba. El doctor Isidoro J. Ruiz Moreno posee una
interesante correspondencia original de justo José de Urquiza en 1846, con su apoderado
en Concepción del Uruguay, don Juan Barañao. Referida principalmente a cuestiones
mercantiles, ella evidencia claramente el activo comercio realizado con el puerto de
Montevideo, no obstante las restricciones impuestas por Rosas.
Durante algún tiempo fue bastante frecuente ver, sobre todo en la campaña,
especies de pulperías ambulantes que, instaladas en carretas, se trasladaban de un lugar a
otro ofreciendo sus mercancías. Muchas veces también en casas particulares se vendían
bebidas, comestibles y artículos varios. Esto acarreaba un doble perjuicio: para los
pobladores, porque "fomentaban los vicios, afectando la moral pública", y para el Estado,
porque aquellos comercios eludían el pago de las patentes y derechos fijados por la ley. Se
decidió entonces cortar por lo sano. Fue así que en 1844 el gobierno prohibió "el que en la
campaña, sea en casas particulares o en carretas, se mantengan pulperías ambulantes bajo
ningún pretexto".
Las casas de comercio existentes en la ciudad, que debían estar inscriptas en los
registros y pagar la patente correspondiente, abrían sus puertas al público al salir el sol.
Interrumpían su actividad al mediodía, "precisamente a las doce" y la reiniciaban "a las dos
de la tarde hasta el toque de retreta". Durante los domingos y días festivos permanecían
cerradas.
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Este régimen subsistió hasta 1850, en que se autorizó cierta ampliación en los
horarios de atención al público. Se dispuso, entonces, que "todas las casas de venta pública
en la ciudad pueden abrirse desde que aclare el día y deberán cerrarse precisamente una
hora después del toque de retreta". Además se permitió que funcionaran los domingos y
demás feriados, con ciertas restricciones: "debían cerrar sus puertas al segundo repique
para la Misa Mayor y las de abasto podrán volverse a abrir después de esta Misa hasta las
doce del día, desde cuya hora permanecerán cerradas hasta el toque de oración".
La importancia del comercio uruguayense por esa misma época queda puesta de
manifiesto a través de las siguientes cifras: mientras los comerciantes establecidos en
Concepción del Uruguay giraban con un capital de 70.000 pesos, los instalados en Paraná y
Gualeguaychú lo hacían con 56.759 y 38.300 pesos respectivamente. Estas cifras, que
corresponden a 1848, han llegado hasta nosotros, "porque se hizo un severo control de
capitales para regular, en consecuencia, las patentes, dado que con la crisis que soportaban
los hombres de campo, los de las ciudades aprovechaban enormemente. Un gobierno que
quería velar por todas las clases sociales no podía permitir ese lucro".
Otro caso de especulación que se hizo bastante frecuente fue con respecto a las
monedas bolivianas que, como es sabido, eran acuñadas en oro y en plata. Estas últimas
tuvieron mucha circulación en Entre Ríos, ya que la escasez del numerario hizo que el
gobierno autorizara su admisión. Pero algunos aprovechados recibían los pagos en moneda
boliviana aunque sólo por la mitad de su valor, por lo que las autoridades entrerrianas
consideraron este hecho como un "agiotage que infiere agravio al crédito y respetabilidad
de un gobierno americano ligado a nuestros intereses por vínculos fraternales". En razón
de ello, en 1844, el Poder Ejecutivo dictó un decreto por el que se estableció que en "todos
los contratos que se celebren dentro de la provincia se admitirá la moneda de plata de cuño
boliviano, con su justo e intrínseco valor".
El gobierno de Entre Ríos debió intervenir también en la fijación del valor de los
pesos fuertes patrios y españoles, con relación a la onza de oro sellada. "En la mayor parte
de la provincia - se decía en los considerandos de la ley sancionada el 20 de febrero de
1849 - en las transacciones particulares son recibidos por ocho y medio reales los
patacones y pesos fuertes patrios y españoles". Pero "la falta que se siente de esta clase de
monedas, en las partes que no la reciben más que por ocho reales, es efecto de que la
extraen para fuera de ella, por el provecho del seis por ciento que consiguen utilizar sobre
los mercados inmediatos, donde son recibidos aún con mayor estimación".
Sólo algunos años después, en 1864, se concretará el primer intento orgánico para
poner en funcionamiento una entidad financiera dentro del ámbito provincial, con la
creación del Banco Entrerriano, cuya casa matriz se estableció en Concepción del Uruguay,
para ese entonces capital de la provincia de Entre Ríos.
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TRANSPORTE Y COMUNICACIONES
1826 - 1860
La acción llevada a cabo contra los elementos de mal vivir, que en épocas
anteriores habían perturbado considerablemente el tránsito por la campaña, daba
tranquilidad al viajero liberándolo del temor al acecho de bandidos y desertores.
1. Paraná a Diamante
2. Paraná a Nogoyá y Victoria
3. Paraná a Guayquiraró
4. Alcaraz a Concordia y Federación
5. Paraná a Concepción del Uruguay
6. Paraná a Tala
7. Nogoyá a Gualeguay
8. Nogoyá a Villaguay
9. Nogoyá a Tala
10. Tala a Villaguay
11. Tala a Gualeguay
12. Gualeguay a Gualeguaychú
13. Gualeguaychú a Concepción del Uruguay
14. Gualeguaychú a Calá
15. Calá al cuartel general de Urquiza
16. Vergara a Calá
17. Concepción del Uruguay a Concordia
18. Villaguay a Concordia
19. Arroyo Grande a la costa del Mocoretá
por carruajes que generalmente se denominaron galeras o diligencias y que, por ser
portadoras de correspondencia, fueron llamadas de ese modo. Transportaban pasajeros,
cargas y piezas postales y todo ello quedaba bajo la responsabilidad del conductor
generalmente llamado mayoral, que debía reunir singulares condiciones de pericia en el
manejo del vehículo y en el conocimiento de los caminos, así como poseer dotes de
honestidad, de valor y de decisión, para hacer frente algunas veces a la posibilidad de
ataques de indígenas o de bandoleros.
Las mensajerías no anularon las carreras de postas, ni los chasquis a caballo, pero
establecieron una mayor comodidad para los usuarios. En la década 1850 - 1860 varias
fueron las empresas de mensajerías que se establecieron en el país, pudiendo citarse entre
otras, las de Timoteo Gordillo, la de Rusiñol y Fillol y la de Luis Sauze.
Un año antes se había proyectado una línea de telégrafo entre San José y
Concepción del Uruguay que no llegó a concretarse.
A pesar del tiempo transcurrido - más de cincuenta años - es posible advertir que
los viajeros que llegaban a Concepción del Uruguay o que partían de esta ciudad a
mediados del siglo XIX, tropezaron con similares inconvenientes que aquellos que habían
hecho el mismo recorrido a principios del siglo, fundamentalmente derivados de la falta
absoluta de puentes que facilitaran el paso de numerosos cursos de agua, de los lentos y
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pesados medios de transporte - que seguían siendo las carretas y galeras -, de la precariedad
de las postas ubicadas a lo largo de los caminos, etc.
El inglés William Mac Cann, que estuvo en Concepción del Uruguay a mediados
del siglo XIX, expresó respecto de su recorrido a caballo por los caminos entrerrianos: "El
segundo día de viaje, por la mañana, y a poco de ponernos en marcha, tuvimos que vadear
un río. Para evitar que se mojaran las pistolas, las aseguré sobre la cabeza de mi caballo e
hice un atado con las ropas, echándolas a la espalda. Ya en medio de la corriente, las
pistolas se aflojaron y el animal se asustó tanto con ello que apenas si pude salvar mi apero
y llegar salvo a la orilla, pero completamente mojado".
El cruce del río Gualeguay fue más afortunado para el viajero: "Nos acercamos al
río - expresa - y lo cruzamos en una balsa, haciendo nadar a los caballos. Lo primero que
llamó mi atención al llegar a la orilla opuesta, fue la presencia de un hombre desnudo,
luego apareció otro, y un tercero y un cuarto. Recobrado de mi sorpresa, pude advertir que
se aproximaba una tropa muy grande de caballos, lo que me aclaró el misterio. Eran
caballos devueltos como inútiles para el servicio, desde el ejército que luchaba a la sazón en
Corrientes. Los hombres se ocupaban de hacerlos atravesar el río, para lo cual los dividían
en tropas pequeñas, obligándolos a entrar en el agua. La escena era de un carácter
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La pelota seguía usándose como en el siglo anterior. Mac Cann recuerda que al
llegar al río los Hornillos, de unas ciento cincuenta yardas de ancho, los baqueanos lo
atravesaron en pocos minutos nadando con sus caballos y después volvieron a cruzar el río,
solos. "Formaron luego con un cuero seco, unido por sus esquinas, una especie de batea
cuadrada, algo como una canoa... tendría unos tres pies de largo por dos y medio de ancho,
con seis pulgadas de profundidad. Allí pusieron mi equipaje y lo cruzaron en tres viajes
consecutivos. Una vez cargada la pequeña embarcación, la conducían al agua y un hombre,
nadando, la empujaba hasta la orilla opuesta. Una vez que se hubo trasladado todo mi
equipaje, y ya puesto en seguridad, cruzamos nosotros el río, también a nado, llevando las
ropas en la balsa".
Thomas Page también ha dejado una vívida descripción de las diferentes maneras
como se cruzaban los ríos y los arroyos en la provincia de Entre Ríos. "El gaucho - dice -
desnudo hasta la cintura, se lanza con su caballo al agua, como si fuera el elemento natural
de los dos; teniendo al animal por la crin, nada a su costado guiándolo con pequeños
golpes en la cabeza y animándolo con exclamaciones y gritos. En los pocos lugares donde
hay balsas estacionadas se provee al viajero de canoas a las que sube llevando el caballo de
la brida. La canoa es guiada por el balsero, pero el transporte se efectúa en verdad por el
impulso del poder natatorio del caballo que va al costado".
practicado nada en los mismos, sufren las alternativas que deben producirle las lluvias,
avenidas de los ríos y tránsito de las carretas". Además, los citados informes se refirieron a
la falta absoluta de puentes, cuya necesidad se hacía sentir cada vez más, "pues a medida
que el comercio y la agricultura se desarrollen progresivamente en toda la Confederación,
mayores son los transportes que cruzan por toda la República".
Por fortuna, al promediar la década 1850 - 1860, los habitantes de Entre Ríos van
a comenzar a salir de su secular aislamiento. A fines de 1855, el ingeniero Allan Campbell
reconoció por orden del gobierno los ríos y arroyos en busca de puntos apropiados para
levantar puentes. En algunos lugares los vecinos cooperaron con la iniciativa oficial. Así,
Guillermo Yule construyó un puente de madera y hierro sobre el río Gualeguaychú en
1856 y Bernabé Alvarez levantó otro sobre el Nogoyá al año siguiente. Fruto de los
estudios realizados por Campbell se erigieron puentes sobre el arroyo Cle y el
Gualeguaychú en 1858.
Las postas. Los viajeros, sumamente fatigados después del largo trajinar,
buscaban afanosamente el refugio de las postas. Pero, por lo general, como cincuenta o
setenta años atrás, muy pocas eran las comodidades que se ofrecían para mitigar el
cansancio de los viandantes. Mac Cann describió también una de ellas: "Por fortuna, la casa
de posta no se hallaba lejos... Esta casa o más bien cabaña o choza, estaba habitada por un
hombre ya anciano y tres hijos suyos, quienes llevaban el género de vida más primitivo que
yo había visto hasta entonces. La choza estaba compuesta por una armazón de madera,
cortada de los árboles vecinos y recubierta de mazos de pasto, atados por lonjas de cuero
crudo. El moblaje consistía en un cuero seco, colocado sobre una especie de plataforma
elevada, en un ángulo del rancho; esto servía de asiento durante el día y de lecho durante la
noche. Los pocos utensilios domésticos eran también del orden más primitivo; una olla de
hierro de tres patas, unas grandes calabazas donde guardaban el agua y conchas recogidas
en el río cercano, que hacían de cucharas. Asegurado en el techo, colgaba un cuero
dispuesto de tal manera que servía para guardarlo todo, y en otro lugar estaba suspendido
el esqueleto torácico de una oveja, haciendo las veces de canasta. A poco de llegar
nosotros, encendieron fuego y asaron un cordero. Para hacer fuego se valen de un
procedimiento muy curioso; un muchacho se procuró un trozo de palo bien seco y poroso,
de unas seis pulgadas de largo, introdujo uno de sus extremos entre las pezuñas de una
pata de cordero, la que tomó apretándola con su mano izquierda; asentó el otro extremo
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del palito sobre un trozo de madera muy dura y luego con la cuerda de un arco restregó
con rapidez el palito sobre la madera y obtuvo fuego enseguida".
El comisionado paraguayo José Berges, que anduvo por Entre Ríos en 1851,
también relató su estadía en una de las postas. El 25 de noviembre - expresó - "a mediodía
paramos en la costa de Nogoyá y de noche en la posta de Chiqueros, en el centro de los
montes de Montiel, si pueden llamarse montes un espinillar ralo, cortado de lindas cañadas
y algunos árboles de algarrobo y ñandubay, que en este paraje tiene seis leguas de travesía y
está lleno de ganado, yeguada y manadas de ovejas. El maestro de posta Simón Enríquez
era tal vez algún capitán de bandoleros, de los muchos que en otro tiempo infestaban estas
comarcas. Verdadero tipo de los gauchos entrerrianos, hoy sujetos y morigerados bajo la
acción del brazo firme que los gobierna, nos habló mucho de la función que hubo en
Nogoyá con motivo de quemar a Rosas en estatua...".
La navegación. Los viajeros que llegaban a Concepción del Uruguay o los que
partían de ella, también podían hacerlo por vía fluvial. El notorio incremento del comercio
entrerriano hacia mediados del siglo XIX, sumado al aumento de la población y a la
formación de nuevos núcleos urbanos, originaron una mayor utilización del río Uruguay.
El río Uruguay se vio frecuentado - sobre todo en la década 1850 - 1860 - por
goletas, pailebotes, bergantines, patachos, zumacas, polacras, queches, vapores, etc., de
diversas banderas: argentina, uruguaya, brasileña, inglesa, española, portuguesa, sarda,
noruega, sueca, italiana, francesa, alemana, belga, norteamericana, holandesa.
Si bien para esta época los buques de vela seguían siendo los más utilizados, ello
no significa que no se hayan empleado también los vapores aunque, por supuesto, en
mucho menor cantidad. Uno de los principales promotores dedicados a esta actividad
durante aquella década fue Esteban Rams y Rubert, que era entonces uno de los
comerciantes más importantes de la zona del Paraná.
PARTE CUARTA
1860 - 1890
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1860
nómina, que fue leída en alta voz por el secretario del ministerio Onésimo Leguizamón, fue
la siguiente:
Pro. Domingo Ereño, Dr. Ventura Pondal, Dr. Vicente Peralta, Dr. Vicente H.
Montero, D. Romualdo Baltoré, Dr. Martín Ruiz Moreno, coronel Teófilo de Urquiza,
coronel Nicolás Martínez Fontes, D. Jorge Clark y D. Luis Grimaux.
Los restos de Cipriano José de Urquiza. Uno de los primeros actos del
gobernador Urquiza, fue el decreto del 1° de mayo, por el cual se dispuso el traslado de los
restos de su querido hermano Cipriano José a la Iglesia Parroquial de Concepción del
Uruguay. Los considerandos de la resolución no pueden ser más elocuentes: "El tributo de
reconocimiento y de honor a los distinguidos servicios que son prestados a la patria, es un
deber que no puede limitarse a la duración en los servicios mismos, ni a la vida que se
consagra con abnegación a ellos. Conservar la memoria de los ciudadanos ilustres, con el
respeto de que es digna, siendo el cumplimiento de un deber de patriotismo, a la vez que
una manifestación de la civilización y de la moral de un pueblo, es también un estímulo
para que los ejemplos sean imitados".
cuanto de mí dependa para impedir la lucha civil y para que la obra de la fraternidad y de la
unión nacional sea consumada para la paz y la dicha de nuestros compatriotas".
Pero para que no se crea que estos sentidos homenajes estuvieron motivados
únicamente por vínculos de afecto o lazos de parentesco, diremos que fueron frecuentes
las honras fúnebres oficiales para quienes en vida habían sido destacadas personalidades en
el ámbito provincial. Mencionaremos, así, las ceremonias militares y religiosas, estas últimas
realizadas en la Iglesia de Concepción del Uruguay, en homenaje a los generales José
Miguel Galán, Crispín Velázquez y los coroneles Doroteo Salazar y Santiago Artigas.
Victorica obtuvo su designación de profesor y a sus clases, que dictaba tres veces
por semana, concurrían más de veinte alumnos, lo que revela el interés que despertaban. Su
pericia era reconocida y hacía que fuera solicitado su dictamen cuando era necesaria la
tasación de alguna obra de arte.
impaciente el término de la sesión para volver a saltar sobre el caballo y ponerse al frente
de los soldados que lo esperan al fondo del cuadro"
Dos pequeños óleos, algo deteriorados y con el color empañado por los años, se
conservan en el Museo Entrerriano Andrés García, quien fuera en vida un apasionado
custodio de nuestro pasado lugareño. Son ellos el retrato del teniente coronel Mariano
Troncoso, correcto y bien delineado, y el de su hija María Dolores. Este último - afirma el
autor antes citado - fue comenzado después de la muerte de la niña y debió - ejecutarse en
pocas horas, bajo el apremio de la próxima descomposición del cadáver. La pequeña
modelo, reclinada sobre una almohada, mira hacia lo alto con expresión grave y serena,
mientras ofrece en una mano la flor de la inocencia. Una suave melancolía emana de esta
obra pintada con la frescura y el candor de un primitivo.
Otra obra interesante nacida del pincel de Victorica fue la titulada La patria en
peligro, cuyo paradero actual se desconoce. Mariluz Urquijo la reprodujo en su trabajo
sobre el pintor, pero tomada de una antigua fotografía que le obsequiara don Andrés
García. Obra romántica, sin duda, en la que más allá de toda mesura, el artista recurre al
contraste estridente que llega directamente al alma popular, a la metáfora inflamada que
golpea a la sensibilidad antes que a la razón.
Méjico, bajo la forma de un globo terráqueo en el que se destaca el mapa de ese país,
marcando un ejemplo que es preciso aprovechar".
Por sugerencia del cura vicario de Concepción del Uruguay, el cementerio público
fue puesto, a partir del mes de mayo de 1860, a cargo y bajo la vigilancia del Departamento
de Policía y más tarde, cuando éste fue suprimido, de la Jefatura Política que ejercía a la vez
las atribuciones de la intendencia general. Se levantó el plano del recinto con la disposición
de los sepulcros y se realizaron refacciones y mejoras.
Uno de ellos fue el muy detallado "plan regulador", cuyo original se conserva en el
Palacio San José, y que lleva por título "Ciudad de Concepción del Uruguay, capital de
Entre Ríos", el que debió ser elaborado en la década de los años sesenta.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Los detalles del proyecto que ofreceremos a continuación, cuyo original también
se halla en el Archivo del Palacio San José, son suficientemente ilustrativos para apreciar la
magnitud de la obra proyectada.
1. Puerta principal
2. Gran atrio
3. Cuarto de guarda puerta
4. Pasadizo junto al cuerpo de guardia, donde sólo los soldados pasarán a
cambiar la guardia
5. Cuarto de los Decanos
6. Pasadizo para la introducción en la antesala de S.E. el Gobernador, de las
visitas
7. Antesala a la gran sala de recibimiento
8. Sala de recibimiento de S.E.
9. Gabinete de S.E.
10. Oficina de S.E.
11. Antesala de la oficina del señor Ministro de Gobierno
12. Sala del señor Ministro
13. Galería del Señor Patrono
14. Patio grande
15. Oficina de otros ministros
16. Antesala de la oficina
17. Otra oficina
18. Ante cuarto de la oficina
19. Cocina de los soldados
20. Galería
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Por cierto que es muy de lamentar que factores de diversa índole impidieran llevar
adelante un proyecto de semejante envergadura, que de haberse concretado, hubiese dado a
Concepción del Uruguay un edificio de excepcional jerarquía.
Dentro del mes siguiente a la firma del contrato, Casas colocó 25 faroles de aceite,
atendiendo al mismo tiempo los que ya existían alimentados con sebo. Para el 12 de
setiembre, ya la ciudad de Concepción del Uruguay estaba iluminada por 200 faroles,
llegándose a contar con los 300 estipulados, hacia mediados de octubre.
Por su parte, las puertas de las casas de familia con zaguán, abonaron cuatro reales
y la mitad, "las de rastrillo y cuartos a la calle". Las puertas que daban sobre una esquina, se
consideraban como si fueran dos - una principal y una secundaria - a los efectos del cobro
del impuesto.
La sola enunciación de las medidas a las que nos acabamos de referir, es suficiente
para valorar el interés puesto de manifiesto por el gobierno para realizar "todas las mejoras
que demanda con urgencia el número de población, la importancia de su gobierno y el
rango mismo que le corresponde como primera ciudad de la Provincia".
Respetable Logia Jorge Washington N° 44
Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
1860
demás empleados de policía. Los nuevos funcionarios eran nombrados por el gobernador,
quien podía removerlos libremente si las circunstancias así lo requerían.
Si bien la residencia habitual del jefe político era la ciudad o villa cabeza del
departamento, al menos cada seis meses debía recorrerlo personalmente, como así también
toda vez que se lo considerase conveniente al mejor servicio público, a fin de informar al
gobierno sobre el estado del mismo y sobre las medidas reclamadas para su progreso.
La labor desarrollada por el primer jefe político de esta ciudad, fue sumamente
intensa y positiva. Durante muchos meses sumó a su actividad específica las tareas
inherentes al cargo de contador general y tesorero de la provincia de Entre Ríos, lo que
motivó el reconocimiento del Poder Ejecutivo, el que con fecha 30 de enero de 1861,
dispuse recompensarlo con la suma de 800 pesos.
Alcaldes de cuartel
El alcalde del 7° distrito presentó su renuncia, por lo que poco después fue
designado en su reemplazo don Jacinto Latorre.
Retribuciones mensuales
Poder Ejecutivo
Poder legislativo
Poder Judicial
Educación
maestro: 80 pesos
ayudante: 40 pesos
De los datos transcriptos podemos observar que en aquel año 1860, un maestro de
Concepción del Uruguay ganaba la sexta parte de lo que percibía el gobernador de la
provincia, equivalente a algo menos de la mitad de un sueldo de diputado o de camarista y
bastante más que el de capataz del saladero Santa Cándida. Esta sola comparación es más
que ilustrativa y nos exime de todo comentario.
Pero para una correcta y más eficaz evaluación del poder adquisitivo de aquel
entonces, diremos que en Concepción del Uruguay un terreno baldío podía adquirirse a
razón de un peso o dos la vara de frente, con el fondo que le correspondiese. Recordemos
que la vara equivalía a 0,886 metros. Mientras que en los suburbios un terreno de quinta
tenía un valor de 40 a 50 pesos la manzana.
Por esa misma época, un vacuno costaba cinco pesos, un caballo entre uno y dos
pesos, y una oveja, un peso. Como se puede apreciar, tanto la tierra como el ganado eran
sumamente accesibles.
de recibir y juzgar las declaraciones de los contribuyentes. Estuvo integrada por el juez de
paz, Wenceslao López y por los vecinos Fidel Sagastume y Juan Jorge (hijo).
1860 - 1861
No obstante ciertas suspicacias, Derqui y Urquiza fueron invitados por Mitre para
visitar la ciudad de Buenos Aires. El gobernador de Entre Ríos solicitó a la Legislatura la
correspondiente autorización para ausentarse, la que le fue concedida de inmediato. El
general Manuel Antonio Urdinarrain, en su carácter de presidente de la Legislatura, ocupó
el gobierno mientras duró la ausencia del titular.
coronel Murature, el doctor Vicente Peralta, y los señores Juan Cruz Ocampo y Pedro
Beláustegui.
Poco después se reanudó la marcha rumbo al Palacio San José. Allí, tanto Jorge
como otros integrantes de la comitiva pasaron varios días, siendo objeto de numerosos
agasajos.
El lamento de Jorge finalizaba con estas palabras: "Ni que se hubiese hecho
intencional, no se podía haber hecho mejor".
el don de las futuras glorias, en el campo fecundo de la paz; los que tendrán a su cargo la
honrosa tarea de dirigir los destinos de la Nación, los que redactarán y comentarán las leyes
y los códigos; los que fijarán las fronteras aún inciertas de nuestro vasto territorio y
trazarán sobre el terreno las líneas definitivas de la demarcación; los que navegarán
nuestros grandes ríos inexplorados y fijarán sobre sus fértiles riberas los nuevos centros de
población; los que trazarán en las ricas llanuras desiertas todavía, los contornos de las
futuras colonias que labran la fortuna pública y privada".
Por la noche de ese mismo día, los ilustres visitantes asistieron a un baile de gala
que tuvo lugar en el Club Uruguay. Poco después, el presidente de la Confederación
Argentina y el gobernador de Buenos Aires abandonaron la ciudad de Concepción del
Uruguay, la que durante algunas horas había cobijado a los tres grandes protagonistas de la
escena política nacional.
Los sucesos de San Juan - con la muerte de José Virasoro primero y de Antonino
Aberastain después - y el rechazo de los diputados porteños al Congreso, por no haber
sido elegidos de acuerdo con la ley nacional en la materia, fueron dos episodios de
indudable trascendencia política que, lamentablemente, condujeron a un nuevo
enfrentamiento. Ante el curso de los sucesos, tanto Buenos Aires como la Confederación
reiniciaron sus aprestos bélicos para emprender una nueva guerra civil.
La Guardia Nacional fue convocada, y una vez más, como tantas otras veces a lo
largo de la historia, los entrerrianos se aprestaron para la guerra. ¿Qué era la Guardia
Nacional? En nuestro país puede ser considerada como un antecedente del actual servicio
militar obligatorio bajo el sistema de conscripción. Tuvo por finalidad contar con un
numeroso contingente de hombres militarmente adiestrados para el caso de ser necesaria la
defensa de la nación o de sus instituciones. La Guardia Nacional fue creada en 1852 y
Respetable Logia Jorge Washington N° 44
Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
cinco años después, una ley de la Confederación dispuso la obligación para los argentinos
de enrolarse en ella y realizar ejercicios doctrinales.
Pero en la ciudad de Concepción del Uruguay el plazo fue menor. Todos los
ciudadanos residentes en ella, entre los diecisiete y cuarenta y cinco años - cincuenta si
fuesen solteros - debieron enrolarse indefectiblemente el domingo 7 de julio. La ciudad
cobró entonces una fisonomía inusual. Muy distinta, por cierto, a la de otras jornadas
domingueras. Ese día, hombres y adolescentes con caras preocupadas, más bien
silenciosos, se fueron acercando al edificio de la Jefatura Política. Allí se les entregó a cada
uno, una papeleta firmada por el coronel Pedro Melitón González, en la que constaba que
había cumplido con el mandato de la ley y los decretos reglamentarios.
'permite' armarse en defensa de las instituciones, sino que 'manda' que todos sin excepción
se armen al efecto".
Pero como bien dice Beatriz Bosch, sus palabras conciliadoras carecieron de eco
en los círculos oficiales de Paraná. Insidias, intrigas oscuras y hasta traiciones, descubrió a
último momento, sin hallar un respaldo político firme en el gobierno de la Confederación.
Desde los días de Pavón, arrancaron, pues, los recelos e incomprensiones que en
Concepción del Uruguay y en otros pueblos de Entre Ríos fueron creciendo año tras año,
lo que sumado a otros hechos a los que más adelante nos referiremos signaron toda la
década y habrían de culminar con el levantamiento jordanista de 1870 y los luctuosos
sucesos de San José.
El presupuesto provincial para 1861 quedó fijado en la suma de 378.243 pesos con
24 reales. Las discriminaciones sólo hacen referencia a los gastos de las jefaturas políticas,
correspondiéndole a la del Uruguay la cantidad de 5.700 pesos para atender los sueldos del
jefe político, su secretario, dos oficiales y un escribiente, el médico de policía y gastos
generales de oficina. Las otras erogaciones correspondientes a la instrucción pública,
administración de justicia, culto, etc., quedaron englobadas en las partidas pertinentes. A
título de ejemplo, digamos que en materia de educación en Concepción del Uruguay, el
presupuesto para 1861 arrojó la cifra de 3.060 pesos, destinados al pago de dos maestros y
dos ayudantes, más la cantidad de 15 pesos para útiles. Es de hacer notar que los gastos del
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
de campaña, las barracas, los hoteles improvisados, las banderas que los señalaban a la
concurrencia. La doble fila del pueblo que designaba el camino de las carretas se agitaba,
agrupándose en un punto u otro donde se presentaba un postor o el dueño de un parejero,
que arrojaba el guante. El mayor orden, a la vez que la más franca alegría reinaba por todas
partes, gracias a la influencia del hombre querido y respetado que presidía la fiesta. A las
espléndidas comidas del día sucedían a la noche en la casa de S.E. las músicas, los bailes,
los fuegos artificiales. El pueblo y la tropa buscaban bajo la bóveda del cielo con la luz de
las estrellas y el césped por alfombra los mismos placeres".
Al haber cumplido con todos los requisitos que la ley determinaba para ser
habilitados como escribano público, fueron autorizados para ejercer esa profesión Pedro C.
Reyna y Victorino de la Plaza.
Resulta interesante destacar este último nombre, puesto que con el correr de los
años llegaría a ser electo vicepresidente de la República, pero ante el fallecimiento del
entonces presidente Roque Sáenz Peña, ocupó la primera magistratura entre los años 1913
y 1916.
Muchas leguas había recorrido este joven salteño para llegar a Concepción del
Uruguay a fin de estudiar en el histórico Colegio fundado por Urquiza. A causa de los
generosos oficios interpuestos por otros jóvenes que ya habían ingresado en ese
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
establecimiento, obtuvo que Urquiza favoreciese su ingreso en 1859. Tenía veintiún años,
cuando se lo habilitó, según hemos dicho, como escribano público. Seguramente, en
aquellos días uruguayenses, el joven Victorino de la Plaza no soñaba con el lugar de
privilegio que el destino le tenía reservado.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
UN PERIODO DE TRANQUILIDAD
1862 - 1863
Alcaldes
Las cifras de algunos de los departamentos más poblados, con más de 10.000
habitantes , eran las siguientes:
Estos cómputos son los arrojados por el censo provincial ordenado levantar por el
general Urquiza en 1861. Mucho empeño puso el gobierno para lograr este objetivo,
puesto que además de la necesidad de todo estado - sea nacional o provincial - de poseer
una idea lo más exacta posible del elemento humano que lo puebla, la Constitución
entrerriana de 1860 determinaba que la elección de los diputados a la Legislatura se hiciera
en relación a la cantidad de habitantes de cada departamento, a saber uno por cada cinco
mil habitantes o fracción no menor de tres mil.
practicados, el gobierno había advertido notorias fallas, lo que le llevó a afirmar que "no
podía confiar en el resultado que ofrecían". Por ello conminó a los jefes políticos de los
distintos departamentos a que dispusieran todo lo necesario para que las tareas censales se
realizasen de nuevo, "por personas bien competentes y que puedan inspirar confianza
sobre sus trabajos". Y fijó un plazo perentorio para su conclusión: el 15 de setiembre de
1861.
Realizado esta vez con mayor esmero, el censo arrojó las cifras ya apuntadas. En
base a ellas se procedió a elegir los miembros de la Legislatura, de acuerdo con lo
establecido por la Constitución.
El Colegio del Uruguay, sede de la Legislatura. Por tercera vez, desde 1860, la
ciudad de Concepción del Uruguay, capital de Entre Ríos, albergaba en el sector nordeste
del Colegio Histórico, al poder legislativo entrerriano. Varias veces por semana llegaban
allí, para decidir sobre los destinos de la provincia, Manuel Antonio Urdinarrain Angel
Elías, Martín Ruiz Moreno, Teófilo de Urquiza, Fidel Sagastume, Dámaso Moyano, Fermín
del Río, José R. Baltoré, Eulogio Redruello, Juan Andrés Vázquez, Vicente H. Montero,
José J. Sagastume y Benjamín Victorica.
Diez años después, en 1845, Sourigues se trasladó a Entre Ríos, más precisamente
a Gualeguay, donde se desempeñó como maestro, médico e ingeniero. Su fama llegó hasta
Urquiza quien, buen apreciador de talentos, lo convirtió en eficaz colaborador de su
gobierno. Estuvo en la batalla de Caseros y posteriormente en las de Cepeda y Pavón,
alcanzando el grado de coronel. Aplicó sus conocimientos profesionales en el trazado y
amojonamiento de la Colonia San José, así como en el trazado de la actual ciudad de
Colón.
Pero en la vida de los pueblos siempre hay luces y sombras, alegrías y tristezas.
Concepción del Uruguay, que desde hacía más de una década cobijaba orgullosamente al
Colegio histórico, vio con zozobra, y pena, como se cerraban las puertas de la institución,
con la punzante incertidumbre de no saber si la clausura sería provisoria o definitiva.
¿Qué era lo que había ocurrido para que se llegase a tan drástica decisión? Los
coletazos de Pavón se vivían todavía. Dificultades insuperables se presentaron al punto que
en nota de 15 de octubre de 1861, el doctor Larroque aconsejó suspender las clases
después de tomados los exámenes hasta tanto aclarara el panorama político del país.
Por fortuna privó el buen sentido y aunado el criterio de los gobiernos nacional y
provincial, el Colegio reabrió sus puertas por resolución del 25 de mayo de 1862. En sus
considerandos se decía que la permanencia en Concepción del Uruguay de muchos
alumnos pertenecientes a otras provincias que no habían podido regresar al seno de sus
familias, hacía indispensable proveer a su subsistencia y educación. "La apertura de las
aulas de un Colegio tan acreditado - continuaba expresando la resolución - y de cuyos
excelentes resultados puede envanecerse la juventud argentina, pues numerosos alumnos
han concluido en él su carrera literaria siendo muchos hoy, ciudadanos útiles que sirven ya
al país con ventaja y aún con brillo, es un hecho que no puede menos de ser aplaudido por
todos los que se interesan en difundir la ilustración en el país".
casi desierta; de quinientos que éramos al despedirnos, sólo volvimos a encontrarnos unos
sesenta entre internos y externos. ¡Qué triste fue aquella vuelta al Colegio!".
Para contrarrestar esta situación, el gobierno tomó en 1863 drásticas medidas. Así
dispuso que toda persona, sin excepción de sexo y desde la edad de un año, que tenga
viruela natural ni sea vacunada, está en la obligación de vacunarse; y los padres, tutores o
jefes de familia en la de presentarlos a recibir el específico en la casa de vacuna más
inmediata, bajo la multa de cuatro pesos, que entregará en la Receptoría respectiva, para ser
invertida en objetos de mejora e higiene pública".
Por esos años existían en la ciudad dos escuelas públicas, una de varones y otra de
mujeres, a más de varias escuelas privadas. Los cargos de preceptores o maestros se
cubrían por concurso de oposición, estando formados los jurados por distinguidas
personalidades locales.
Jueces de Paz
Alcaldes de cuartel
Obsérvese que como juez de paz de la 2a. sección aparece el nombre de Alejo
Peyret, aquel francés tan ligado a Concepción del Uruguay, donde vivió largos años
desempeñándose en dos épocas distintas como profesor de historia del Colegio del
Uruguay. Incansable colaborador del gobierno progresista de Urquiza, fueron
innumerables sus trabajos e iniciativas al servicio del adelanto material y cultural de Entre
Ríos.
Hacia fines del año, la renovación parcial de la Cámara determinó algunos cambios
en su composición. El diputado saliente por Uruguay fue don Eulogio Redruello, siendo
elegido para reemplazarlo el general Manuel Antonio Urdinarrain, quien hasta entonces
había integrado la Cámara como representante de Concordia, habiéndola presidido durante
varios períodos. El nuevo presidente de la Legislatura fue otro vecino de Concepción del
Uruguay, don Ricardo López Jordán.
1861 378.243
1862 419.638 11%
1863 434.034 3%
Por supuesto que hubo otros gastos relacionados con la vida de la ciudad en sus
distintas manifestaciones. Pero ellos se hallaban incluidos en otras partidas, por ejemplo,
culto, instrucción pública, justicia, guardia de seguridad, obras públicas, etc.
Escribientes: Jorge Díaz Gómez, Jesús María del Campo, Jesús Bustamante,
Ventura González del Solar, Pedro López.
EL BANCO ENTRERRIANO
1863 - 1864
Pero por cierto, no era la primera vez que en esta ciudad se llevaban a cabo
operaciones bancarias, ya que casi cuarenta años antes, se habían realizado actividades de
este tipo, aunque en situación diferente y con características distintas. En efecto, dos
circunstancias se sumaron para que, en 1825, se creara una Caja Subalterna del Banco de
Descuentos de Buenos Aires en la provincia de Entre Ríos, con sede en Concepción del
Uruguay. Una, la idea de extender los servicios de la institución al resto del país. Otra, las
necesidades emergentes de la complicada situación externa, que poco después
desembocaría en la guerra contra el imperio del Brasil.
crédito por medio de otras casas subalternas que establezca en los principales pueblos de
las provincias".
La inminencia del conflicto armado con el Brasil reactualizó la idea apuntada, por
lo que en octubre de 1825, el directorio del Banco de Descuentos designó una comisión a
fin de que proyectase la manera de "poner el Banco fondos propios en el Entre Ríos
manejados por un agente quien pudiese hacer los cambios de vales por metálico, girar
letras sobre el Banco tomando allí fondos" y demás operaciones.
Una vez requerida la opinión del ministro de Hacienda, la comisión informó "que
el gobierno se ofrecía a tomar letras del Banco por las sumas mensuales que necesite en
Entre Ríos sobre el agente del Banco, pagando el gobierno el valor de ellas al contado, con
el premio del uno por ciento". El directorio aceptó la proposición ministerial asegurando al
gobierno que en el menor tiempo posible se nombraría el personal de la Caja, al que se le
entregaría "el papel y metálico necesarios para proveer las necesidades del Ejército y
facilitar la circulación del papel en aquel destino", como así también que el Banco aceptaba
del gobierno el "ejercicio de su protección y garantía a fin de que las remesas de metálico y
papel moneda puedan ser conducidas con la mayor seguridad, tanto en la provincia de
Entre Ríos como en el tránsito de la costa hasta el puerto de su embarco".
ciudad, existen pruebas de su actividad por el informe que Manuel Escalada envió al
presidente del directorio Manuel H. Aguirre, el 11 de enero de 1826. De acuerdo con dicho
informe, el capital de la Caja alcanzaba a esa fecha, la suma de 108.624 pesos, 4 reales,
llegando sus existencias a 37.054 pesos en vales de 1 peso y billetes de 5, 10, 50, 100, 150 y
500 pesos; y además 1.037 pesos oro.
El capital del Banco sería de dos millones de pesos en onzas de oro, el que podía
ser aumentado por una nueva ley en caso de que fuere necesario. El gobierno de Entre
Ríos integraría el capital del Banco - que sería fraccionado en acciones de mil pesos en oro
- hasta el 50% del total, lo que representaba la suma de 1.000.000 de pesos que se pensaba
obtener de la venta de algunas tierras fiscales. En cuanto a la administración del Banco, ella
sería exclusivamente de los accionistas, sin que el gobierno tuviera otra intervención que la
que las leyes y estatutos le dieran como accionista y la que le correspondiera en la
inspección y en el cumplimiento de cualquier ley que fuese dictada sobre la materia.
referencia a aquel propósito del gobierno de Entre Ríos, de establecer un Banco provincial
que atendiera el desarrollo del comercio y de la industria. "El Banco está votado - decía
Victorica en un informe que elevara al gobernador - y los comerciantes deberán apresurarse
a ayudar a V.E. a llevar a cabo proyecto de tan inmensa utilidad".
Otro testimonio del mes de marzo hace referencia "al establecimiento que en
breves días va a funcionar", por lo que es lícito inferir que su inauguración debió efectuarse
a fines de marzo o principios de abril.
Tres meses después, el Poder Ejecutivo suspendió los efectos del decreto de
inspección ante el informe presentado por la comisión, del que surgía claramente que el
Banco Entrerriano se encontraba "en estado de continuar sus operaciones sin dificultad
alguna, continuando, en consecuencia, en el goce de los privilegios que la ley le ha
concedido".
En ese mismo año, la situación del Banco Entrerriano volvió a hallarse sumamente
comprometida, puesto que había adelantado considerables fondos al gobierno de la
provincia. Para colmo de males, cuando Entre Ríos logró la efectivización de la deuda de
Caseros por parte del gobierno nacional, se decidió entregar dichos dineros al contratista
Antonio Fragueiro, de acuerdo con el convenio firmado en Concepción del Uruguay el 11
de setiembre de 1869.
Muchos fueron los disconformes con esta decisión. Así, por ejemplo, el
uruguayense Vicente H. Montero, en esos momentos diputado nacional, criticó
severamente el "contrato Fragueiro" y aconsejó que al dinero que se obtuviera por el pago
de la deuda de Caseros no lo pusieran a disposición de Fragueiro, pues ello defraudaría las
esperanzas de todo el comercio de Concepción del Uruguay, interesado vivamente en que
se salvara el Banco Entrerriano.
Una vez más, Vicente H. Montero insistió en advertir que de darse a Fragueiro el
dinero de la deuda de Caseros, se asestaría al Banco Entrerriano un golpe de muerte. La
situación hizo crisis cuando los acreedores del Banco supieron que no se entregaría el
dinero a la institución sino al contratista, y en momentos en que el Directorio se reunía en
la casa matriz de Concepción del Uruguay, se agolparon los comerciantes queriendo hacer
efectivo sus billetes. La situación fue, sin duda, apremiante y se logró hacerle frente
mediante la entrega de letras y dándoles la seguridad de que Urquiza respaldaba los fondos.
Con estas medidas y sobre todo con el respaldo del propio gobernador, se logró
superar la situación y según opinión del ministro Sagastume, el general Urquiza debía estar
orgulloso por "haber salvado al Banco una vez más de las intrigas de unos cuantos
explotadores que quieren medrar con la buena fe de muchos".
Claro está que la superación de las dificultades produjo enconos y exaltó los
ánimos. Tanto fue así que el diferendo entre Vicente H. Montero y José J. Sagastume casi
llega hasta el duelo, el que por fortuna fue evitado diplomáticamente por Benjamín
Victorica.
ha sido feliz con lo suyo por no manejarlo bien, no debe ser consultor para intereses
ajenos". Clara alusión, por cierto, a los altibajos de sus propios negocios.
UN INTENTO FRUSTRADO
1864
La solicitud paranaense. Hacía cuatro años que Concepción del Uruguay, por
imperio de la Constitución provincial de 1860, había sido reinstalada en su rango de ciudad
capital de Entre Ríos, cuando se produjo un intento de revertir la situación.
Departamento Diputados
El inicio de las sesiones. Dos días más tarde, el 1° de agosto, se iniciaron las
sesiones ordinarias, con la presencia del coronel Domingo Hereñú, en representación del
gobierno de la provincia. Fue precisamente este militar oriundo de Nogoyá, que contaba a
la sazón cincuenta y tres años, el encargado de dejar inaugurada la labor de la Convención,
pronunciando un discurso en el que, entre otros conceptos, expresó:
"...Permitidme que llame vuestra atención sobre la actualidad. Para mí, señores
convencionales, no hay en la provincia de Entre Ríos un solo palmo de tierra que no tenga
derechos adquiridos, para ser digno de la residencia del gobierno, sea por el infortunio, o
por haber sido teatro de algún acontecimiento... A vosotros, soberanos diputados, que
tenéis en vuestras manos los destinos de la provincia, permitidme que yo, encanecido en
medio de esos mismos sacrificios, participe de esas mismas glorias adquiridas, aunque en
mínima escala, y os suplique, que con vuestras soberanas resoluciones tratéis de robustecer
la unión del pueblo entrerriano, puesto que en ésta consiste nuestra actualidad y de ella
depende el porvenir feliz de la Patria. No permitáis que de vuestro seno salte la primera
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
chispa que nos conduzca a la anarquía, monstruo que nos ha llenado de sangre y que,
indudablemente, quebrada la unión, nos cubrirá de oprobio".
La actitud del gobierno. A todo esto, ¿cuál era la actitud del general Urquiza
frente a los hechos que habrían de sobrevenir? Aparentemente tanto él como el
gobernador Domínguez mantenían una actitud de prescindencia, no obstante lo cual, según
el relato de uno de los convencionales de 1864, el vencedor de Caseros le habría expresado
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
que "esa maldita cuestión (la traslación de la capital a Paraná) iba a dividir al pueblo", y
después de otras reflexiones habría concluido con estas palabras: "Es necesario evitar ahora
la discusión y buscar una salida para que ninguno de los pueblos (Paraná y Concepción del
Uruguay) aparezca derrotado".
A todo esto debemos agregar que mucho se equivocaban quienes suponían que el
general Urquiza nunca había pensado en hacer construir una casa de gobierno en
Concepción del Uruguay. El detallado proyecto de que hemos dado cuenta en el capítulo 1,
constituye la prueba más concluyente sobre sus verdaderas intenciones a este respecto.
Por cierto que la mayoría de los convencionales se colocó a la altura que las
circunstancias exigían. la opinión pública entrerriana había quedado demasiado
sensibilizada después de Pavón, por lo que se hacía indispensable evitar cualquier motivo
de disentimiento y extirpar de raíz toda tentativa en contrario. Era, pues,
fundamentalmente necesario impedir que las pasiones se exacerbaran, para alejar, así, el
peligro de la ruptura de la unidad existente.
¿Qué significaba esto? Sin duda las opiniones de los convencionales se habían
aunado en torno de un procedimiento dilatorio. Habían entendido que un
pronunciamiento definitivo en esas circunstancias, hubiera conspirado contra la unidad de
los entrerrianos, que se quería mantener a toda costa. Por eso la resolución del espinoso
problema fue transferida a una Convención Constituyente que debía iniciar sus sesiones el
25 de mayo de 1865. En el mensaje que precedió al dictamen, la comisión expresó que se
había inspirado "en las grandes ideas que aseguran siempre un venturoso porvenir de los
pueblos, porque no cree ser posible procurar de otra manera la solución pacífica y fraternal
de una cuestión que afecta vivamente los intereses de esta provincia, tratando al mismo
tiempo de satisfacer plenamente, las inflexibles exigencias de la justicia. Repite la comisión,
que asuntos que interesan tan vivamente al presente y porvenir del país, deben resolverse
en cordial armonía de hermanos y cree también que debe felicitarse de poder hacer así, con
calma, tranquilidad y madurez, que asegura la buena solución de las grandes cuestiones".
el ambiente político tanto nacional como provincial, y fuera entonces posible adoptar una
resolución definitiva.
Pero, en verdad, lo único que habían hecho era soslayar el asunto, sin advertir que
ni siquiera el paso de los años podía impedir el enfrentamiento de los pueblos del Paraná y
del Uruguay, y por consiguiente la división de la opinión pública entrerriana, cuando lo que
se ponía en juego era nada menos que la condición de ciudad capital de la provincia.
UN AÑO DE CAMBIOS
1864
Poco a poco se fue resquebrajando aquella adhesión unánime que durante dos
décadas rodeó al general Urquiza. Ya en la segunda mitad de 1863 y aún más en el
transcurso de 1864, la prensa periódica de Entre Ríos dio testimonio de esa fractura.
promotor de un movimiento subversivo. Frente a ellos, muchos ponían sus miras en una
reforma constitucional que permitiera a Urquiza continuar en el poder por un período
más".
Como es sabido, Urquiza residía en el Palacio San José y para la época, sólo salía
de él en raras ocasiones. Una de ellas ocurrió en los primeros meses de 1864, cuando para
carnaval, se trasladó a Concepción del Uruguay. Fue huésped de su yerno, el doctor
Benjamín Victorica - esposo de su hija Ana - a la sazón presidente de la Cámara de Justicia
y que tenía su residencia en la esquina de las actuales calles Urquiza y 8 de junio. Allí asistió
a una tertulia de disfraz organizada en obsequio de su esposa, doña Dolores Costa.
El nuevo gobernador. Por esos días el interés político tanto en Concepción del
Uruguay como en el resto de Entre Ríos se hallaba concentrado en la elección del nuevo
gobernador. Imposible pensar en la reelección, puesto que el artículo 35° de la
Constitución provincial exigía un intervalo de un período completo. Por lo tanto
comenzaron a barajarse ciertos nombres como posibles candidatos. Uno de ellos fue el de
Ricardo López Jordán, hasta entonces adicto a Urquiza, aunque ya corrían rumores de un
paulatino distanciamiento. Poco antes, sus aspiraciones a ocupar una banca en el Senado de
la Nación se habían visto frustradas, según algunos, por influencia de Urquiza. En esta
nueva oportunidad, el vencedor de Caseros tampoco apoyó su candidatura para
gobernador.
También estuvo sobre el tapete el nombre del doctor Diógenes de Urquiza, mas su
padre no admitió la sucesión familiar. Pensó, en cambio, en sus viejos compañeros de
armas, los generales Galarza y Basavilbaso, pero éstos no aceptaron. Finalmente Urquiza se
inclinó por un antiguo colaborador suyo, don José M. Domínguez, de quien dijera
Benjamín Victorica: "No es sino un representante del general, cuya lealtad, honradez,
patriotismo y moderación quizás disimulen condiciones que le faltan".
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Acallados los ecos de los festejos por el acceso al poder del nuevo mandatario, se
reanudó la actividad en todos los ámbitos del gobierno. La continuidad del proceso fue
evidente, pues Domínguez era un hombre leal y consecuente con los principios
sustentados por el general Urquiza. A poco de asumir el cargo, escribió al gobernador
saliente, expresándole que "todos tienen la conciencia que el actual gobierno no será otra
cosa que la continuación del de V.E. y a fe que recién ahora voy consintiéndome en
felicitarme de ello".
Una desgraciada iniciativa. Por esos días, tanto el poder legislativo como el
flamante ejecutivo, incurrieron en un hecho lamentable que no debemos pasar por alto. El
28 de abril la cámara votó una ley, promulgada por el gobernador Domínguez cuatro días
después, por la que se dispuso la erección de una estatua del general Urquiza, en la
denominada "Plaza Nueva" de Concepción del Uruguay, al norte de la principal. Al pie de
dicha estatua se grabaría la siguiente leyenda: "Discite a me virtutem bellique laborem".
Por fortuna, la ley no se cumplió. Puesto que más allá de los extraordinarios
méritos del general Urquiza, forzoso es reconocer que en toda época y en todo lugar, estos
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
homenajes en vida más que originados en el sincero reconocimiento, son frutos del
servilismo y la obsecuencia.
Uno de los tenaces opositores a la sanción de esta ley fue el diputado Evaristo
Carriego, desafecto a Urquiza. Al conocer esta circunstancia, éste habría dicho:
"Combatiendo Carriego ese proyecto, me ha honrado; hay enemigos míos que hacen más
en obsequio de mi dignidad personal, que los que se llaman mis servidores y amigos".
Jueces de Paz
Alcaldes
Colegio del Uruguay, donde se destacó por su inteligencia y dedicación. En mérito a ello
Urquiza lo envió a Europa en carácter de adjunto a la misión diplomática presidida por el
doctor Juan del Campillo ante la Santa Sede y otros países. Después de regresar al país
obtuvo, en 1862, el título de doctor en Jurisprudencia en la Universidad de Buenos Aires,
una vez concluidos sus estudios jurídicos en la Escuela de Derecho del Colegio del
Uruguay, no hacía mucho tiempo suprimida. Nuevamente en Concepción del Uruguay se
lo destinó para ejercer el cargo de defensor de pobres y menores, por resolución del 8 de
agosto de 1864.
2) los que embarazasen la vía pública arrojando y dejando en ella sin necesidad,
materiales de construcción o cualesquiera otros objetos que impidieran o disminuyeran la
libertad o seguridad del tránsito;
3) los que colocasen al frente de sus casas objetos pesados que pudiesen dañar con
su caída y los que arrojaran a las calles basuras, aguas servidas y otras inmundicias que
produzcan exhalaciones insalubres;
4) los que sin ser provocados, hubieran proferido en lugares públicos injurias
contra alguno;
6) los que galoparan por las calles, no siendo un desempeño de orden urgente de
autoridad o en servicio público;
7) los que arrastraren cueros, razas, u otros objetos de gran volumen por las calles;
10) los que violasen la prohibición de encender fuegos artificiales o disparar armas
de fuego dentro de la población sin permiso;
11) los que sin autorización quemaran yuyos o huesos dentro de los límites de la
ciudad;
12) los que cazaren con armas de fuego dentro del ejido de la ciudad, sin permiso
de la autoridad policial;
14) los panaderos que hiciesen el pan de mala calidad o dañoso a la salud;
15) los dueños de casa que tolerasen reuniones de bailes sin permiso competente;
16) las casas de negocios que abrieran sus puertas en los días de fiesta, durante las
horas en que ello está prohibido por disposiciones vigentes;
17) los aguadores que no concurriesen con el vital elemento para extinguir los
incendios;
18) los propietarios de carretas que entrasen en la ciudad con más de dos yuntas de
bueyes;
19) los que sin permiso de autoridad competente usaren disfraz en los días de
carnaval;
20) los que en esos días jugasen o arrojasen otra cosa que lo que está permitido
por las disposiciones vigentes;
21) los padres o tutores que después de notificados, no prohibiesen a sus hijos o
pupilos a su cargo, la reunión en la calle u otros lugares para jugar a la bolita, cañita, etc.;
22) los que en la época veraniega se bañasen en otros lugares que los destinados
para cada sexo;
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Pero lo que llevamos dicho hasta ahora no es todo. También existían otros hechos
o situaciones que debieron ser reprimidas. Y lo fueron con una multa que oscilaba entre los
nueve y veinte pesos. Ello ocurría en los siguientes casos: si alguien dejaba algún caballo sin
manea, pues en caso de disparada, podía ocasionar ciertos daños; sí se practicaban juegos
de azar en días de guardar o de fiestas públicas; si se vendían bebidas adulteradas o
comestibles en mal estado que resultasen dañosos para la salud; si no se controlaba a los
animales para que no pasasen sobre un terreno sembrado, etc.
Una multa mayor, que llegaba hasta los cuarenta pesos, se imponía a los que
admitieran juegos prohibidos en sus casas; a los que, en estado de embriaguez, provocasen
peleas o escándalos; a los autores de ruidos o camorras nocturnas que turbaran la
tranquilidad pública; a los que poseyeran moneda falsa; a los comerciantes que aumentaran
indebidamente el precio de los productos que vendían o falseasen los pesos y las medidas,
etc.
Creemos que a esta altura del relato, el lector se estará preguntando que ocurriría
en el caso de aquellos contraventores insolventes, que no podían pagar las multas
establecidas. En esos casos la autoridad policial imponía la "pena de trabajos públicos". Al
respecto, se fijaba al penado una remuneración por jornada de un peso y la duración del
trabajo forzado era hasta tanto quedara integrado el monto de la multa o de la parte de ella
que no hubiese sido satisfecha.
Febrero". Algún tiempo después, se hizo necesaria la adopción de medidas que amparasen
la actividad del establecimiento, evitando competencias estériles. Para ello, el gobierno
prohibió que en un radio de quince cuadras, tomando como centro el mercado, se
establecieran comercios que se dedicasen a la venta de carnes, verduras, frutas, u otros
artículos cuyo expendio se hiciese también en el mercado "Tres de Febrero".
El señor Vico rigió los destinos del Colegio del Uruguay por espacio de tres años,
pero, en verdad, no demostró poseer las condiciones indispensables ni para sostener, ni
menos para mejorar la obra criticada.
No conforme con esto, Vico se dirigió al gobierno provincial para darle cuenta del
asunto y pedir el apoyo de la fuerza pública. El ministro Sagastume ordenó entonces al jefe
político de Concepción del Uruguay que, en virtud de la requisición del rector del Colegio.
"llame a esos individuos y les haga entender que hasta nueva, disposición deben abstenerse
de volver al establecimiento bajo seria responsabilidad".
La permanencia de Vico en el rectorado durará hasta 1867. Por cierto que días
mejores vendrían para el Colegio del Uruguay...
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
1864 - 1865
El gobierno argentino del presidente Mitre fue acusado de simpatizar también con
la tendencia colorada aunque se cuidó - al menos formalmente - en observar la neutralidad.
Lo cierto es que argumentando el apoyo prestado a los revolucionarios, la República
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Oriental del Uruguay rompió sus relaciones con la Argentina y el Brasil, aunque éstos
rechazaron los cargos que se les imputaban.
Poco a poco la solidaridad fue dando paso a la indignación, y no fueron pocos los
hombres de Concepción del Uruguay que cruzaron el río para servir voluntariamente en las
filas de los blancos, a las órdenes de Leandro Gómez. Desde uno y otro bando, Urquiza
fue solicitado para mediar en el conflicto. El general, lejos de permanecer indiferente, apeló
al patriotismo de uno y otro jefe, encareciéndoles ahorrar sangre de hermanos.
Pero por supuesto, para muchos entrerrianos esto no era suficiente. Los vínculos
afectivos constituían un lazo demasiado estrecho que unía a los hombres y mujeres de
ambas márgenes del Uruguay. Es de imaginar el estado de espíritu de López Jordán -
nacido en Paysandú - y de otros veteranos durante esos días de tensa expectativa. Ellos
deseaban que el general Urquiza, al frente de sus tropas, acudiese de inmediato en ayuda de
los sitiados.
Otro testigo de aquellos dolorosos acontecimientos, que residía en esta ciudad, fue
Julio Victorica, quien dejó escrito: "La contemplación paciente de semejante cuadro era
insoportable. Entre Ríos ardía indignado ante el sacrificio de un pueblo hermano,
consumado por nación extraña. El general Urquiza no sabía ya cómo contener a los que no
esperaban sino una señal para ir en auxilio de tanto infortunio".
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
"El jefe brasileño dobla una calle y se encuentra con un oficial de Flores, el
comandante Francisco Belén, acompañado de treinta hombres; éste se dirige al jefe
brasileño e invocando el nombre del general Flores, le exige la entrega del general Gómez;
éste se resiste, el otro insiste. El jefe brasileño le dice que el Barón es garantía de la
capitulación, y por último le pide orden por escrito de Flores. En ese interín llega Goyo
Suárez y a nombre del general Flores pide nuevamente la entrega del general Gómez y sus
compañeros; el jefe brasileño los entrega.
- Aquí no más...
Cómo, entonces, no llorar ante las ruinas humeantes de la ciudad hermana. Cómo
no experimentar ese sentimiento desgarrante ante tanta desolación y tanta muerte. Largo
tiempo quedó grabado en el alma de los uruguayenses el recuerdo de aquellas horas
signadas por la tragedia.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Pero los sucesos acaecidos en la Banda Oriental tuvieron otras derivaciones más
graves aún. La guerra civil estallada entre blancos y colorados y su repercusión en las
naciones limítrofes, dividió nuevamente las opiniones en nuestro país e hizo resurgir los
viejos antagonismos partidarios. Los antiguos federales culparon a Mitre de aliarse con los
brasileños en contra de los blancos uruguayos. A su vez, los hombres del partido
gobernante en nuestro país - cuya simpatía por Flores era indudable - contaban con la
adhesión de los núcleos de tendencia porteñista. En el transcurso del conflicto, el
presidente Mitre había mantenido una cautelosa neutralidad diplomática, sosteniendo que
el problema era una cuestión interna de los uruguayos.
Cierto es que muchos entrerrianos no querían pelear contra los paraguayos y que
por lo tanto la guerra fue notoriamente impopular. Pero también es necesario admitir que
muchos entrerrianos, alentados por el rezago de un caudillismo trasnochado, no
comprendieron que más allá de simpatías o antipatías, de la justicia o injusticia de la guerra,
estaba el sentido de la nacionalidad, el reclamo de la patria grande y única que convocaba a
sus hijos a la lucha.
Frutos de esa aversión, manejada a veces con intenciones subalternas, fueron las
reticencias y las deserciones. Los episodios de Basualdo y Toledo constituyeron sus más
claros ejemplos. Como era lógico, también en Concepción del Uruguay las opiniones
estuvieron divididas. Allí la figura de Urquiza concitó adhesiones y sufrió repulsas. Y más
de una vez, los pobladores de la ciudad pudieron contemplar en el antiguo puerto, un
espectáculo totalmente inédito. Porque no de otra manera puede llamarse a lo ocurrido.
Esos mismos hombres que durante tantos años habían tomado sus armas y montado sus
caballos al primer llamado de su jefe, ahora se mostraban reacios a la convocatoria y más
de uno tuvo que ser obligado a embarcarse a punta de sable y de pistola.
Fueron días de tremendas desazones para unos y para otros. Voces prestigiosas se
alzaron en protesta: Olegario Víctor Andrade, Carlos Guido Spano, José Hernández,
Francisquillo Fernández... Pero el general Justo José de Urquiza, no obstante las muchas
diferencias que lo separaban del gobierno de Buenos Aires, se decidió desde el primer
momento por brindar toda la colaboración entrerriana a la empresa nacional, porque "los
poderosos elementos de guerra con que cuenta esta provincia no faltarán a la defensa del
territorio agredido y a la vindicación del honor argentino".
Un alto precio. Y por cierto que el costo político que Urquiza debió pagar por su
patriótica actitud fue demasiado alto. Porque Pavón, Paysandú y ahora la guerra con el
Paraguay, fueron situaciones que, en apenas un lustro, lo habrían de conducir por un
camino sin retorno.
Como bien ha dicho Leoncio Gianello, Entre Ríos no estuvo ausente en la hora de
la prueba y del deber nacional. Porque Urquiza comprendió el mandato de la Patria y pese
a innúmeras dificultades, "lo hizo vibrar en los corazones para borrar el dolor humillante
de los desbandes de Basualdo y Toledo. Por eso, en los esteros paraguayos, asaltando
'abatíes', o cargando intrépidamente con el acero anheloso de gloria, los entrerrianos
demostraron a sus hermanos argentinos que el valor y el patriotismo eran la eterna
consigna de la provincia heroica".
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LA GUERRA Y LA PAZ
1865 - 1866
Ante diversas consultas que se formularon al gobierno sobre la actitud que debía
asumirse con respecto a los extranjeros, el Poder Ejecutivo provincial resolvió la
movilización de todos los hijos de extranjeros nacidos en el país, "siempre que no estén
munidos de carta de ciudadanía extranjera, obtenida según lo establece el tratado con
España". De cualquier manera, el gobierno se dirigió al ministerio de Relaciones Exteriores
"a fin de obtener mayores esclarecimientos".
Ese día, muy temprano, y con la urgencia que el caso requería, se reunió la
Comisión Permanente de la Legislatura en una de las salas del Colegio del Uruguay, su sede
habitual, presidida por Teófilo de Urquiza. Luego de un nervioso cambio de opiniones, se
resolvió enviar al gobernador Domínguez una minuta en la que, sin entrar a discutir la
justicia o injusticia de la sentencia dictada, negaba la competencia del gobierno provincial
en la referida cuestión, atribución que sólo correspondía a las autoridades nacionales.
La Comisión Permanente creyó, pues, que era su deber indicar al Poder Ejecutivo:
"1°) Que V.E. como gobernador de la provincia no es gobernador militar ni comandante
de Plaza. 2°) Que siendo el fuero de guerra exclusiva y privilegiadamente nacional, V.E.
sólo puede ejercerlo en virtud de delegación o autorización solemne y expresa, no
pudiendo por consiguiente hacerlo como autoridad provincial, en cuyo carácter no le dan
facultad las leyes de la Provincia, cuya observancia incumbe vigilar a la Comisión. 3°) Que
V.E. no tiene otro carácter militar que el de jefe de las Milicias de la Provincia con sujeción
a la Constitución Nacional que le otorga el inciso 12, artículo 41 de la Constitución de la
Provincia, y por consiguiente no más atribuciones militares que las anexas a este carácter".
Jueces de Paz
Alcaldes
Una interesante iniciativa fue lanzada a mediados de 1866 por los señores Roque
Chaffino y Cayetano Valdés, con el objeto de que el gobierno comenzara a dar los
primeros pasos para determinar la nomenclatura y numeración de las calles de la ciudad.
Pero la Legislatura consideró que el proyecto - tan necesario por cierto - debía ser
postergado hasta el establecimiento de la municipalidad.
remitida por el gobernador de Santa Fe, doctor Martín Ruiz Moreno: "En 1866 se
conservaba en el Cabildo de Santa Fe (Casa de Gobierno) la moharra del asta bandera
que usaba Ramírez en su ejército. Era de plata y de gran tamaño. El señor Oroño,
gobernador entonces de Santa Fe, se la entregó, siendo yo diputado por Entre Ríos en la
Convención Nacional que se reunió ese año y yo la presenté al gobernador de esta
provincia".
No se trataba, pues, de la lanza de Ramírez como muchos han creído, la que fue
traída hasta Concepción del Uruguay para ser depositada en manos del gobierno
entrerriano. Era un asta de bandera, muy posiblemente para caballería; vale decir más corta
en la parte de madera que una lanza común, y con moharra adornada y pieza de regatón de
plata para estribo.
Un eclipse momentáneo. Durante los años 1865 y 1866 la acción del Colegio del
Uruguay continuó acusando un déficit notorio, originado en varias causas, no siendo la
más desdeñable las escasas aptitudes de su rector, don Juan Domingo Vico.
Pero como si esto no hubiese sido suficiente, una nueva circunstancia vino a
sumarse a la adversidad que parecía signar la vida del Colegio. El gobierno nacional,
necesitando un edificio de cierta magnitud que pudiese cobijar a las tropas que se
concentraban en Concepción del Uruguay para marchar al Paraguay, por conducto del
ministro Eduardo Costa, ordené al rector Vico desalojar el establecimiento y pasar
provisionalmente a alguna casa que cediera el gobierno provincial, donde apenas podrían
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alojarse algunos internos de las provincias más lejanas. Pero aunque la orden no llegó a
cumplirse, fue necesario hospedar durante varios meses - según lo informado por Vico -
"bajo nuestro propio techo algunos centenares de soldados, de los que Entre Ríos debía
mandar a la campaña general". Por supuesto, que en tales circunstancias, el funcionamiento
del Colegio se resintió totalmente. La recuperación debió ser lenta y difícil, y cuando estaba
a punto de ser lograda, las guerras jordanistas volvieron a desquiciar la vida del histórico
instituto. Muchos años debieron transcurrir para que, al menos en parte, recuperara algo de
su antiguo esplendor.
10
LA CIUDAD AVANZA
1867 - 1868
El 11 de marzo de 1867, la Legislatura sancionó una ley por la que se crearon las
Juntas de Fomento, que habrían de reemplazar a las jefaturas políticas en el gobierno de los
distintos departamentos. El artículo 1° de dicha ley estableció que "mientras no se dicte la
ley orgánica de Municipalidad habrá en todas las ciudades y pueblos una Junta de Fomento
compuesta de siete miembros...", elegidos por voluntad popular. En virtud de los restantes
artículos quedaba establecido que los elegidos para esa función no tendrían compensación
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Ante una consulta realizada al gobierno, sobre si debía admitirse el voto de los
extranjeros residentes, aquél recordó la vigencia de la ley electoral del 16 de febrero de
1861, cuyo artículo 30 establecía que los cargos municipales fuesen cubiertos por elección
directa, de la que podían participar los extranjeros domiciliados.
El Jefe Político formuló en alta voz la pregunta de práctica: "¿Juráis por Dios
desempeñar fielmente el cargo de miembro de Junta de Fomento que os ha sido conferido
por el pueblo?".
- Sí, lo juro.
Por siete veces se repitió la fórmula, pues ése era el número de integrantes de la
Junta. De inmediato el Jefe Político declaró instalada la Junta de Fomento de Concepción
del Uruguay.
7. Dictar las medidas higiénicas que sean requeridas para la salubridad y limpieza y
ejercer la vigilancia sobre los artículos de consumo de primera necesidad.
11. Ordenar las fiestas y juegos públicos en los días de celebración patria.
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Según lo dispuesto por la ley de creación de las Juntas de Fomento, los recursos de
la institución provendrían de las rentas del cementerio, del alumbrado público, del
impuesto de rodados en la ciudad, del derecho de peaje y de marchamo, del producido de
multas por infracciones de reglamentos policiales, de los derechos de rifas que no excedan
de mil pesos, de canteras y cortes de madera, etc.
Esto era absolutamente cierto, y un solo ejemplo basta para demostrarlo. ¿Qué
renta podía ofrecer el alumbrado público, cuando hasta ese momento había sido deficitario
en todas las ciudades de Entre Ríos? Por eso era razonable la conclusión a que arribara la
legislatura: "Las Juntas cobrarán esta renta, pagarán el alumbrado hasta donde ella alcance y
si hubiera déficit", el Poder Ejecutivo debía cubrirlo con la partida de eventuales.
El riesgo del cólera. Mas si una de las funciones de la Junta era velar por la salud
de la población, es innegable que desde el inicio de su gestión debió afrontar un serio
problema: la expansión de la epidemia de cólera que afectaba ya a varios puntos del país,
particularmente a la ciudad de Buenos Aires y Rosario. Las versiones sobre su origen
indicaban que había provenido de los campos de batalla paraguayos, traído en los barcos
que venían del frente transportando efectos y heridos. La epidemia se desató en marzo de
1867 y se mantuvo por más de un año, causando un tremendo pánico en las poblaciones y
ocasionando numerosas víctimas. Aquellas ciudades que soportaron el terrible flagelo
ofrecían un aspecto desolador. Tal el caso de Rosario, con calles desiertas, con cuadras y
cuadras de casas totalmente cerradas; en algunas de ellas, sus moradores yacían sin vida.
Todo el que podía, huía con su familia al campo, en un desesperado intento de escapar al
morbo.
Conocida la magnitud del hecho, el gobierno tomó urgentes medidas. Así, a partir
del 8 de abril, tanto en el puerto de Concepción del Uruguay como en aquellos otros cuyos
jefes políticos lo determinaran, los buques procedentes de Buenos Aires, Rosario y puertos
del Brasil, debían realizar una cuarentena de ocho días.
efecto se habían levantado dos modestos galpones, con poquísimas comodidades por
cierto.
En razón de que el contagio podía venir también por el lado de Paraná, dada su
proximidad con Rosario que había sido uno de los centros más afectados, las autoridades
decidieron que toda la correspondencia proveniente de la ciudad de Paraná con destino a
Concepción del Uruguay, fuese convenientemente fumigada en Nogoyá, para lo cual se
facultó al Jefe Político de ese lugar para abrir las sacas y valijas, en presencia del encargado
de correos.
Pero su rectorado fue por demás efímero, ya que al poco tiempo se constituyó en
una de las víctimas cobradas por la epidemia de cólera. Por la misma causa murieron el
profesor Lavergne y varios estudiantes. Ello determinó una notoria deserción entre los
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alumnos del Colegio, los que, a comienzos de 1868 se habían reducido a setenta, de los
cuales un tercio no se presentó a examen.
Consideramos de interés para nuestros lectores consignar algunos datos más sobre
el nuevo rector del Colegio del Uruguay. Había nacido en Concord, Massachusetts, donde
realizó sus primeros estudios. De religión protestante, actuó luego como capellán en el 9°
Regimiento de Color de Infantería de los Estados Unidos, durante la guerra de Secesión,
para más tarde obtener el título de maestro en artes en la Universidad de Harvard. En 1867
viajó a la Argentina y después de permanecer unos meses en Buenos Aires, fue designado
rector del Colegio del Uruguay. Desempeñó este cargo hasta mediados de 1870, pues los
sucesos de ese año y, sobre todo, el ataque jordanista a Concepción del Uruguay,
determinaron su alejamiento del cargo y de la ciudad.
El arquitecto D. S. Saint Guily fue el autor del proyecto del edificio para el
hospital. El 29 de enero el gobierno aceptó la propuesta para su construcción en la suma de
dieciséis mil pesos moneda boliviana y encargó al Departamento Topográfico la tarea de
vigilar el cumplimiento del contrato. Poco después se iniciaron los trabajos
correspondientes.
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Tanto es así que al producirse el asesinato del general Urquiza en abril de 1870, el
edificio no estaba totalmente terminado, faltando todavía algunos detalles de maderas y
marcos, que se encontraban depositados en la calle del puerto - hoy Vicente H. Montero -
donde aquél poseía una barraca en las que se guardaban coches viejos y otros enseres, lugar
donde más tarde habría de instalarse una fábrica de paños.
Descuidos del gobierno nacional. Si bien fue notorio el esfuerzo del gobierno
provincial para la realización de obras públicas y por mejorar el aspecto edilicio de la
ciudad, a lo que se sumó el aporte de algunos particulares en tal sentido, no podemos decir
lo mismo con respecto a la acción del gobierno nacional, el que acuciado por otras
urgencias, descuidó notablemente a los edificios de su jurisdicción existentes en
Concepción del Uruguay.
Citaremos dos claros ejemplos que ilustrarán nuestra afirmación. El Colegio del
Uruguay, que hacia 1865 se hallaba en deplorable estado y necesitaba urgentes reparaciones
y el edificio de la aduana. La construcción de este último había sido encarada en la década
del 50 por el gobierno de Entre Ríos, pero al nacionalizarse la aduana de Concepción del
Uruguay, las obras quedaron paralizadas. Si bien en la parte terminada funcionó aquella
repartición desde 1856, fueron pasando los años sin que el gobierno nacional decidiese su
conclusión. Sólo después de muchas décadas se logró completar la obra. Más tarde,
construido ya el local de la Aduana en el "puerto nuevo", el antiguo edificio del "puerto
viejo" se transformó en una repartición del Ministerio de Obras Públicas de la Nación y,
desde 1972, en sede de la Facultad Regional de la Universidad Tecnológica Nacional.
Un intento de colonización. Era propósito del gobierno por estos años no sólo
fomentar el adelanto de la ciudad de Concepción del Uruguay, sino también el de sus zonas
aledañas. Con ese fin, el 6 de abril de 1868, el Poder Ejecutivo fue autorizado a firmar un
contrato con el doctor Juan José Soneyra y don Martín Castro, al que no podemos menos
que calificar de "curioso". En virtud de él, el gobierno vendería a los citados todos los
terrenos de propiedad pública comprendidos en el ejido de la ciudad, los que serían tasados
de acuerdo a lo establecido por las leyes sobre la materia. A su vez, Soneyra y Castro se
obligaban a poblar con inmigración agrícola e industrial todos los terrenos vendidos por el
gobierno, en un plazo de cinco años. Se consideraría cumplida esta cláusula del contrato
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cuando se hubiera establecido una familia de cuatro personas por cada suerte de chacra, las
que debían medir cuatro cuadras de frente por cuatro de fondo. El plazo fijado de cinco
años se contaría desde el momento en que los compradores entraran en posesión de la
tierra, pero podría prorrogarse en caso de fuerza mayor, como guerra interna, bloqueo,
naufragio de los inmigrantes, etc.
"¿No lo recuerda Ud.? ¿No recuerda que su cumpleaños era una fiesta del Colegio,
superior aún a las fiestas patrias, porque era como una fiesta de familia del Colegio, que
traía a todos los espíritus el recuerdo de las fiestas íntimas del hogar, las del natalicio de la
madre o del padre queridos? ¿Y que su cuarto a la entrada casi del Colegio, se llenaba de
flores, dulces, frutas, libros y tal cual otro modesto recuerdo que el buen viejo recibía
conmovido hasta el punto de serle difícil resistir sin dulce emoción?".
partir de 1862, el Colegio comenzó a atravesar por una dificilísima situación económica, el
administrador Jorge Clark, con la legítima esperanza de que algún día le fueran devueltas
las sumas que invertía, hizo frente a los gastos más apremiantes recurriendo a la
benevolencia de sus amigos y, más tarde, agotados todos los recursos, comprometió su
crédito personal, contrayendo deudas y tomando a préstamo, sobre su firma, el dinero
necesario.
Debajo de cada uno de los bustos, sendas placas donadas por el ministro de
Instrucción Pública, doctor Osvaldo Magnasco, muestran al visitante desprevenido la
significación de aquéllos. La correspondiente al infortunado administrador reza así: "Jorge
E. Clark / 1798-1867 / Profesor y administrador / 1855-1867 / "Hacer el bien siempre / y
el bien por el bien mismo".
Homenaje más que merecido para quien hizo del Colegio del Uruguay la meta de
su propia vida, e inculcó a sus alumnos, aparte del desinterés que le era innato, la modestia
y la laboriosidad como atributos de la conducta y sabiduría que fueron características de su
vida.
11
1867
Ya en 1864 se había fundado con esa finalidad la Asociación del Fomento, la que
contó entre sus miembros a Carlos Sourigues, Bernardo C. Victorica, J. Villanueva, etc.
Lamentablemente, debido tal vez a las difíciles circunstancias por las que atravesó
el país en los años inmediatos, la vida de la sociedad fue efímera. Pero la idea quedó en pie,
y sólo bastaría el advenimiento de tiempos mejores para que la semilla plantada en 1864
diera sus frutos.
3°. Las acciones serán de cien pesos fuertes pagaderos por mensualidades de cinco
pesos.
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4°. El objeto de la Asociación es llevar a cabo todas las obras y trabajos de utilidad
pública más exigidas en la localidad, proporcionándose a la vez la ventaja pública y una
ganancia moderada al capital empleado.
5°. Uno de los Bancos establecidos será el depositario de los fondos en cuenta
corriente con la Asociación.
7°. Cada acción dará un voto. Los que tengan más de cinco acciones, tendrán un
voto por cada cinco acciones.
8°. Si un accionista dejase de pagar su cuota mensual durante dos meses, y quince
días después de notificado no lo hiciese, perderá lo que haya entregado a favor de la
Asociación.
10°. Las primeras obras que se emprenderán serán el teatro y el muelle con calzada
hasta tierra firme.
12°. Dichas obras quedarán concluidas en el término de dos años o antes si fuese
posible.
13°. Constituida que sea la Asociación con capitales suficientes, se formularán sus
estatutos sobre estas bases.
14°. Será también objeto ulterior de la empresa según sus resultados y la decisión
de los socios, la adquisición de dragas a vapor para la limpieza del canal del puerto de la
ciudad, removiendo los obstáculos del paso del Tala y Boca falsa.
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15°. Terminados los veinte meses en que debe ingresar el capital a contar desde la
época del pago de la primera mensualidad, se determinará por la Asociación la necesidad y
condiciones para abrir una nueva suscripción según la obra que se intente emprender.
16°. Las acciones serán negociables para lo cual se extenderán las pólizas
correspondientes, anotándose al reverso el recibo de las mensualidades abonadas".
Progreso de la Capital de Entre Ríos, habiendo adquirido los derechos que como accionista
le corresponden. Este documento es transferible, siempre que sea registrado previamente
en Secretaría. Uruguay, agosto de 1869".
Los ejemplares que conocemos llevan la firma de Vicente Peralta, presidente; Julio
Victorica, secretario y los vocales José Romualdo Baltoré y Braulio Vidal.
La Asociación Promotora del Progreso hizo que por muchas décadas el teatro "1°
de Mayo" cumpliera con las actividades culturales y de esparcimiento que le eran propias,
pero también lo cedió generosamente para fines benéficos o literarios. En el Archivo del
Museo Provincial Casa Delio Panizza se conservan algunas solicitudes en tal sentido. Para
ilustrar al lector, ofreceremos a continuación dos de ellas.
Una dice así: "Uruguay, 1 de junio de 1894. Señor don Juan Piñón. Siendo la
función de esta noche a beneficio del Hospital de esta ciudad, en nombre de la Sociedad
que presido me dirijo a Ud. rogándole se sirva conceder gratuitamente el Teatro, a fin de
que resulte más valiosa la cooperación de todos en bien de los que recurren buscando
alivio a sus dolencias a ese centro. Con tal motivo me es grato saludarlo con mi mayor
consideración y respeto. Rosalía C. de Fraga, secretaria".
Musical "Dr. Alberto Ugarteche", que me honro en presidir, una velada literario - musical -
dramática, el día 20 del corriente, solicitamos de Ud. se digne concedernos gratuitamente el
local del teatro "1° de Mayo". Agradeciendo de antemano este servicio, me es grato saludar
al Sr. Presidente con mi consideración más distinguida. Esteban Ruiz Moreno, secretario".
Hacia 1874, la sociedad contaba con ciento diez accionistas y un capital accionario
de 38.300 pesos fuertes. La vida de la institución se prolongó por varias décadas, hasta que
ya avanzado el siglo XX, cesó su existencia.
Y lo más curioso fue que en esa misma fecha, la Asociación vendió el solar
ubicado en el ángulo N.E. de la manzana en cuestión, al gobierno de la provincia, que tan
sólo dos años antes se la había donado en propiedad. En el mencionado terreno, ubicado
en la intersección de las actuales calles Galarza y Supremo Entrerriano, se construyó el
edificio para la Escuela Normal, el que a partir de 1925 pasó a ser sede de la Municipalidad.
12
1867 - 1868
En la provincia de Entre Ríos, cuando las ciudades eran todavía incipientes, hubo
algunas manifestaciones teatrales, generalmente realizadas por aficionados residentes en el
lugar y llevadas a cabo en locales sumamente precarios o en escenarios improvisados.
Fue solamente a mediados del siglo XIX cuando, durante el gobierno del general
Urquiza, se construyeron sendos edificios para teatro en las ciudades de Paraná y
Gualeguaychú. En una noticia periodística, aparecida en el Eco del Litoral, del 12 de
noviembre de 1853, se expresaba: "Hace tres años se inauguraron en esta provincia, bajo
los auspicios del general Urquiza, dos edificios destinados para teatro, uno de primer orden
en la capital (Paraná) , con la denominación de "San Justo" (más tarde "3 de Febrero"),
calculado su local para dos mil personas, teniendo un costo de 35.000 pesos y otro de
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
segunda clase en esta ciudad (Gualeguaychú), con la denominación de "San José" (luego
"1° de Mayo"), con capacidad para contener más de 700 personas, y teniendo un costo de
10.000 pesos".
Corría el año 1848, cuando Cuyás, al regresar de uno de sus frecuentes viajes a
Montevideo, pasó por el cuartel general de Urquiza ubicado sobre el río Gualeguaychú. Al
llegar, encontró a aquél en compañía del comandante de Concepción del Uruguay, Ricardo
López Jordán. Después de los saludos de práctica - cuenta Cuyás - se dirigió a Urquiza
pidiéndole una gracia.
Así sucedió meses después. Sin embargo, López Jordán no se dio por bastante
satisfecho con estas explicaciones y desde aquel día sufrió alguna declinación nuestra
amistad, pero yo he conservado siempre el grato recuerdo de haber promovido en la
provincia la introducción de aquella institución humanitaria y civilizadora".
Hasta aquí el relato de Cuyás. Y por cierto que a partir de mediados del siglo XIX
y durante algún tiempo, Gualeguaychú se constituyó en el puerto comercial más
importante de la provincia, tal como lo hemos señalado en nuestra Historia Económica y
Social de Entre Ríos, situación ésta que pone su nota de veracidad en las afirmaciones de
Cuyás.
Algunos historiadores entrerrianos, entre ellos don Leandro Ruiz Moreno, han
sostenido la existencia de un teatro provisional surgido en 1864 a raíz de plausibles intentos
realizados por caracterizados vecinos. Sin embargo, estamos en condiciones de afirmar que
ya a principios de 1861 funcionaba frente a la plaza Ramírez un teatro provisional. Nada
mejor para probar nuestro aserto que recordar la noticia dada por el periódico El
Uruguay, en su número 541. Por ella nos enteramos que el 13 de febrero de 1861 subió a
escena Flor de un día, la comedia de Camprodón.
El entusiasmo por el teatro era grande en Concepción del Uruguay por aquellos
días. De ahí que tres años después, en 1864, un grupo de vecinos decidió reunir fondos
para la construcción de un edificio adecuado que, aunque pequeño y provisorio, llenase
con mayor eficacia y comodidad las necesidades del momento. Surgió así la Asociación de
Fomento, cuyo objetivo principal fue la construcción del mencionado teatro.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
En el archivo de Manuel Leiva, existe un borrador de carta, sin fecha, dirigida por
aquél a Onésimo Leguizamón, en el cual lo felicitaba por llevar adelante la idea del teatro,
manifestándole, además, que hablaría otra vez con Urquiza, quien seguramente habría de
apoyar tales aspiraciones.
Ante el dictamen del fiscal general que hemos transcripto, el gobierno de Entre
Ríos dictó un decreto dos días después, por el que concedió lo peticionado por la Sociedad.
La Escribanía de Gobierno extendió la correspondiente escritura. El titular de esta
repartición, don Prágedes E. Míguez otorgó el siguiente testimonio: "Uruguay, 25 de junio
de 1867. Dando cumplimiento al Superior Decreto preinserto, fecha de hoy, otorgo y
declaro que la Asociación Promotora del Progreso del Municipio de la capital de Entre
Ríos es dueña propietaria, en pleno dominio y señorío, de la manzana de la referencia, en el
lugar designado en su solicitud preinserta, concedida a perpetuidad para dicha Asociación,
con facultad de poder disponer de la manzana de terreno mencionada como habida con
justo y legítimo título como el presente lo es, dando por suplido cualquier defecto de
cláusulas, requisitos y circunstancias que para su mayor firmeza y validación fueren
necesarios. En su testimonio, para que le sirva de suficiente título y forma, con los testigos
suscriptos, vecinos de que certifico. Tgo. Simón W. Romero. Tg. José C. Baltoré. Hay un
signo. Prágedes C. Míguez, escribano de Gobierno".
Una vez en posesión del terreno solicitado, la Asociación Promotora del Progreso
firmó el contrato correspondiente con el arquitecto Juan Fossati, a quien no debe
confundirse con Pedro Fossati, también arquitecto, que construyera el Palacio San José y el
templo de la Inmaculada Concepción.
Juan Fossati había nacido en Italia hacia 1822. Algún tiempo después de haber
llegado al país, se radicó en Concepción del Uruguay, dedicándose al ejercicio de su
profesión. Elegido su proyecto y firmado el contrato para la construcción de la obra, el
arquitecto Fossati se dio de inmediato a su tarea. El 11 de noviembre de 1867, un aviso
publicado en El Uruguay hizo saber a los interesados en adquirir terrenos en el perímetro
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
de influencia del edificio que se estaba levantando, podían efectuar las respectivas
propuestas.
El acto fundacional del teatro "1° de Mayo" estuvo revestido de gran solemnidad.
Estuvieron presentes el gobernador de la provincia don José M. Domínguez, el general
Urquiza y su esposa, padrinos de la obra, ministros y otras autoridades, como asimismo los
miembros de la Asociación Promotora del Progreso.
Por la noche, en los salones del Club Uruguay, se llevó a cabo un lucido baile. En
su transcurso, la señora Dolores Costa de Urquiza repartió entre sus amistades, medallitas
conmemorativas grabadas por Cataldi.
Concepción del Uruguay tenía ya su teatro y podía sentirse orgulloso de él. Había
costado alrededor de 20.000 patacones. Poseía una capacidad para 450 personas, con la
siguiente distribución: 200 plateas, 16 palcos altos, 16 palcos bajos y paraíso con 120
asientos. Como ya lo hemos expresado, constituía una hermosa concepción arquitectónica
para su medio y en su tiempo. Pero el buen gusto y la expresión estética no estuvieron
referidos únicamente al edificio en sí, sino también a su ornamentación.
- Todo este trabajo de pintura es desde la cruz a la fecha obra de un pintor de acá
mismo. ¿Vos no querés creerlo?
- Bernardo Victorica. ¡Qué francés ni qué porra! Nosotros no le damos por todo el
mérito que tiene. Si fuese aunque fuera el suizo más infeliz de la colonia o algún brocha
gorda de estrangis, entonces qué alboroto; pero lo ha hecho Bernardo.
- Vos tenés cuatro arrobas de razón. Bernardo es una notabilidad; como todos lo
tratamos de tú y vos, ninguno lo admira, ni siquiera le hacen justicia.
Como bien ha expresado Mariluz Urquijo, esta observación era más que atinada,
pues indudablemente el criollo Victorica superaba a muchos de los pintores europeos que
estuvieron de paso por estas playas, cosechando fortuna y nombradía.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Los decorados del teatro "1° de Mayo" alcanzaron justa fama. Tanto es así que la
exposición de los mismos fue la principal atracción del baile que se realizó el 13 de mayo
de 1869 a beneficio de los vecinos de Santa Fe, damnificados por una creciente del Paraná.
Pero para que se comprenda cabalmente el valor de la decoración del teatro "1° de
Mayo", debemos consignar que a poco de abandonar Concepción del Uruguay, en 1869, a
Bernardo Victorica se le encomendó la obra que acabaría de consagrarlo: la ejecución del
telón de boca del antiguo teatro Colón de Buenos Aires.
Por más de medio siglo, el teatro "1° de Mayo" fue cita obligada para los vecinos
de Concepción del Uruguay y quienes visitaban la ciudad. Conjuntos de aficionados locales
o compañías dramáticas profesionales llegadas periódicamente, dejaron sobre aquel
escenario la huella de sus interpretaciones. También se realizaron en él veladas literarias y
musicales, conferencias y hasta bailes de gran gala, como el que se diera en 1883 en
homenaje al general Racedo, recién elegido gobernador de la provincia.
Justamente en abril de ese año, el último en que Concepción del Uruguay disfrutó
de su condición de capital de la provincia, llegó la Compañía Española Dramática y de
Zarzuela, dirigida por el actor Sebastián Vecchi. La gran función tuvo lugar el domingo 22
de abril a las 8 y 30 de la noche. El programa constó de tres partes: la primera, de carácter
exclusivamente musical, a cargo de una orquesta; la segunda, la representación de la obra
de Alejandro Dumas, "Margarita de Borgoña o la Torre de Nesle", en ocho cuadros; y la
tercera, según rezaba el programa, "una difícil pieza lírica, cantada por la señorita García,
que se presentará en traje de majo andaluz y cuyo título es "Las ventas de Cárdenas".
"Art. 1°. La expresada comisión alquila a don Telémaco González del Río, el
teatro "1° de Mayo" y su boletería, con excepción de las piezas bajas y altas, por el término
de cinco meses a contar desde el 1° de noviembre próximo venidero hasta el 31 de marzo
de 1873.
Art. 2°. D. Telémaco González del Río recibirá el teatro por inventario,
comprometiéndose a devolverlo en el mismo estado que lo recibe.
Art. 3°. D. Telémaco González del Río pagará el alquiler del modo siguiente. Por
los meses de noviembre y diciembre, cincuenta pesos bolivianos por cada mes. Por los
meses de enero, febrero y marzo, ciento cincuenta pesos bolivianos mensuales. Asimismo
queda el referido González obligado a dar un beneficio en favor del Teatro por los dos
primeros meses, siendo de cuenta de la comisión los gastos ordinarios de la función, los
cuales son la impresión de carteles, reparto de localidades, alumbrado, servidumbre,
boletería y entrada, y música.
Art. 4°. El importe del alquiler de los cinco meses, que son quinientos cincuenta
pesos bolivianos se depositarán al firmar este contrato en el Banco Entrerriano, quien hará
las entregas a la Comisión en conformidad al art. 3°.
Art. 5°. El empresario sólo se entenderá con la Comisión Directiva, desde que
tome de su cuenta el aseo y conservación del edificio.
Art. 6°. Queda convenido que el presente contrato podrá prorrogarse de común
acuerdo, debiendo el señor González quince días antes de su vencimiento hacer nuevas
propuestas al efecto por escrito, que la comisión contestará igualmente.
Art. 7°. Si llegado el día 31 de marzo venidero, día del vencimiento de este
contrato no se hubieran recibido las propuestas referidas en el artículo que antecede, queda
definitivamente caducado este contrato.
En 1889 llegó la Compañía Lírica y Dramática Faleni, que representó "La ingenua"
y "Cour de madre é cour de figlia", de A. Castiglioni, y la opereta "Entichio y Sinforosa".
"Puede asegurarse - señaló entonces la crónica periodística - que de varios años a esta parte
no se veía en nuestro coliseo una concurrencia tan numerosa y selecta como la que asistió
esa noche a aplaudir a la estrella de la compañía Faleni: la pequeña Italia".
En esta última ocasión sobresalieron como actores los jóvenes Leguizamón, Pons
y Molins, actuando además la banda del Colegio bajo la dirección del maestro Spreáfico y
una orquesta compuesta por los vecinos Piñón, Franckenberg, Longhi y el mencionado
Spreáfico.
La actividad del teatro "1° de Mayo" se prolongó todavía por algunos lustros más.
Una de las últimas representaciones importantes fue la de "Juan Moreira", interpretada por
Pepe Podestá.
Dificultades y ocaso. Al cumplirse el primer cuarto del siglo XX, las dificultades
por las que atravesaba el teatro eran muy grandes. Los sucesivos empresarios que lo habían
arrendado en los últimos años habían sufrido quebrantos económicos, a lo que se agregaba
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
el creciente deterioro del edificio. El señor Cabrera, que lo había arrendado por el año
1924, sólo había podido pagar una parte del alquiler por lo que ofreció devolver el teatro, y
en pago de lo adeudado entregar "una máquina de biógrafo, un piano, una caja de hierro,
un lote de piolas y listones y dos focos exteriores", lo cual fue aceptado por la Comisión.
Pero a los nuevos arrendatarios no les fue mejor que a los anteriores. Llegado el
mes de setiembre de 1925, sólo habían abonado un trimestre del alquiler correspondiente.
Por ello ofrecieron entregar el teatro, dando al mismo tiempo como pago del
arrendamiento adeudado once documentos "con vencimiento a todos los treinta días de
cada mes sucesivos garantidos", llegándose a un acuerdo sobre esas bases.
Las causas de tal decisión quedaron resumidas en las palabras del presidente de la
Comisión Directiva, don Ambrosio Artusi, cuando expresó que "había vencido con exceso
el término por el cual se había constituido la Sociedad y que ésa es una razón bastante para
su disolución y liquidación; que además esa solución correspondía, sabiéndose que el teatro
"1° de Mayo" ha sido clausurado por la Municipalidad por razón de seguridad y que
colocarlo en las condiciones requeridas importaría una inversión pecunaria de tal
consideración que la Sociedad no podría hacerlo".
La suerte del teatro "1° de Mayo" estaba echada. Sin embargo, en algunas personas
subsistía la esperanza de que, adecuado a los nuevos tiempos, pudiese mantenerse en pie y
seguir ofreciendo sus servicios a la comunidad de Concepción del Uruguay. Un artículo
publicado en uno de los periódicos locales, titulado "Como el ave Fénix, ¿renacerá de sus
cenizas nuestro venerable Coliseo?", anunciaba la posibilidad de que "el importante
emporio cinematográfico sudamericano Max Glucksmann, se halle interesado en la
adquisición de nuestro viejo Coliseo para instalar en él una moderna sala de espectáculos,
digna de Uruguay".
Poco después de realizado el remate del edificio del teatro, el comprador don
Inocencio Suilar se dirigió a la Comisión de la Asociación Promotora del Progreso, en
liquidación, a fin de solicitar una prórroga para el pago del importe y la escrituración
correspondiente. Se le acordaron, entonces, sesenta días, teniéndose en cuenta la escasez de
interesados y el que Suilar había sido uno de los pocos que había hecho ofertas en el
remate público.
Hemos examinados planos, presupuestos, notas, etc., que nos hablan de esa
plausible inquietud. El proyecto y presupuesto de la expresa constructora Jerónimo
Sanguinetti, de la ciudad de Paraná, fechados el 9 de agosto de 1928, es decir a muy pocos
meses de la adquisición del inmueble por la señora de Barral, expresa textualmente, en lo
referente al teatro:
a) Un hall de 40 m2, piso de mosaico de granito. Cielo raso de yeso con cornisa y
demás decoración adecuada. Tendrá una puerta de salida a la calle central con puerta a
tijera y dos laterales; puerta cancel a vaivén. Tendrá local para boletería, servicio para
caballeros y toilette para señoras.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
c) Tertulia. El acceso a ella se efectúa por dos escaleras de mármol que arranca del
hall, por lo tanto la independiza de la platea. La capacidad es de 140 butacas. La tertulia se
construirá en cemento armado. El piso será de madera formando gradas y en estas gradas
van las butacas. A los términos de la tertulia llevarán 5 palcos con entrada independiente de
cada lado (en total 10 palcos) . Cada palco tiene una superficie de 2,50 m2 y capacidad para
cuatro personas y seis como máximo. La tertulia y palcos tienen W.C. separados, (cuatro en
total). La tertulia alta tendrá la misma capacidad y se construirá en la misma forma y
condiciones que la baja. Llevará en su parte central una cabina para el operador
cinematográfico y se construirá de material incombustible reglamentario.
Por ello, pese al interés y buena voluntad de la señora de Barral, en el año 1930, el
golpe inexorable de la piqueta derrumbó para siempre hasta el último vestigio del viejo
edificio, que durante más de sesenta años había cobijado importantes manifestaciones de la
vida cultural de Concepción del Uruguay.
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13
1868 - 1869
Pero mientras esto ocurría, como una transacción entre las tendencias opositoras,
se propició desde Buenos Aires la candidatura de Domingo F. Sarmiento, a la sazón
ministro plenipotenciario en Washington, quien sería acompañado en la vicepresidencia
por el doctor Alsina.
Ante esa situación y tal vez por apreciar en el jordanismo una política de peligrosa
intransigencia para la obra por él cumplida en aras de la pacificación nacional, Urquiza
decidió presentar su candidatura a la gobernación de Entre Ríos, lo que en la práctica
implicaba un veto para la de López Jordán, quien de inmediato la retiró.
El autor de estas proclamas fue un escritor que, aunque oriundo de Paraná, estuvo
muy ligado a Concepción del Uruguay. Nos referimos al poeta y dramaturgo Francisco F.
Fernández (Francisquillo), alumno y luego profesor del Colegio del Uruguay, que por esos
días seguía viviendo en Concepción del Uruguay, ya que se desempeñaba como
prosecretario de la Legislatura. Seguramente en razón de su oposición a Urquiza, fue
dejado cesante en el mencionado cargo, por resolución del 29 de abril de 1868.
Concepción del Uruguay - por ese entonces capital de la provincia - vistió sus
mejores galas y un crecido número de vecinos se agolpé frente al Colegio del Uruguay,
donde funcionaba la Legislatura. Los diputados Galarza y Alvarez fueron a buscar al
gobernador electo a su alojamiento en la ciudad. Otros dos diputados, Echagüe y Barañao,
lo esperaron a la puerta del recinto. Ubicados ya en el salón de la Cámara, abrió el acto su
presidente, Fidel Sagastume. Terminado el discurso de éste, se escuchó la palabra del
nuevo gobernador. Con visible emoción, Urquiza agradeció al pueblo la confianza que en
él había depositado. Y seguidamente esbozó un positivo programa de gobierno: fomento
de la inmigración, de la cultura pública, de la industria, el comercio y las vías de
comunicación.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
El gran entrerriano iniciaba, así, el que sería su último período de gobierno. Y, por
cierto, que lo hacía en medio de signos adversos. Sin embargo, trabajó con el ahinco de
siempre en su tarea de constructor. Mientras tanto, el engranaje de la conspiración
jordanista se ponía en movimiento.
Por lo general, Urquiza había gobernado desde su residencia de San José, a pocos
kilómetros de Concepción del Uruguay, máxime que en esta ciudad no se había levantado
un edificio adecuado y suficientemente cómodo para sede del gobierno.
En este año las autoridades de la ciudad, a más de la Junta de Fomento, fueron las
siguientes:
Alcaldes
hasta su confluencia, que son los límites señalados por esta parte con el Departamento
Colón".
Hasta ese momento, el gobierno nacional, que había estimado la población de las
provincias argentinas recurriendo a diversas fuentes, daba a Entre Ríos 137.000 habitantes,
de los cuales 12.000 correspondían al Departamento Uruguay (Trabajos Preliminares y
Antecedentes del Primer Censo de Población de la República Argentina, Buenos
Aires, 1869).
Para que el lector pueda tener una idea más clara de este interesante aspecto
demográfico, brindaremos a continuación un cuadro comparativo de la población
entrerriana por departamentos y por ciudades y villas.
Paraná 10.000
Gualeguaychú 9.800
Gualeguay 7.200
Concepción del Uruguay 6.500
Concordia 5.500
Victoria 4.700
La Paz 3.400
Nogoyá 2.100
Federación 1.600
Tala 1.200
Villaguay 1.100
Diamante 900
Colón 700
Feliciano 600
De manera, pues, que al comenzar la década de los años 70, en Concepción del
Uruguay existían concreciones y proyectos, algunos en vías de realización, que explican y
justifican la larga y fecunda tradición cultural de la ciudad.
Otro artículo del contrato establecía que la sociedad giraría bajo la razón Urquiza
y Ubach. Y mientras se reacondicionaba el edificio donde habría de funcionar la fábrica,
Ubach partiría a Europa en busca del resto de la maquinaria, materiales y personal
especializado, obligándose a regresar en un lapso de cuatro meses.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
económica y social de la ciudad. Fue una verdadera lástima para esta población y para la
patria toda. Pero de cualquier manera queda el consuelo de que ejemplos como éste
"enseñaron a los ignorantes que dudaban de la fabricación de paños en estos países, que se
pueden hacer tan buenos como en Europa". La importante industria textil de la argentina
moderna, registra en aquel intento de 1869, uno de sus más valiosos antecedentes.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
14
1869
Por cierto que éste fue un problema general, que se dio aun en las ciudades más
importantes del país. Se hacía indispensable, pues, formar profesional mente al maestro y
mejorar su situación económica y social. Al introducirse el sistema de Lancaster que, como
es sabido, consistía esencialmente en emplear niños mayores y más instruidos para enseñar
a los menos aventajados, se pretendió subsanar la escasez de personal capacitado para
dedicarse a la enseñanza. A partir de ese momento, varias fueron las iniciativas que se
sucedieron, particularmente en Buenos Aires, a efectos de lograr la formación profesional
de los preceptores, pero en dichos institutos la solución quedó reducida a un simple
adiestramiento en el sistema lancasteriano.
En 1869, el gobierno nacional envió a Concepción del Uruguay, por ese entonces
capital de la provincia, al inspector general de Colegios Nacionales, don José María Torres.
Fecundo fue el diálogo sostenido entre éste y Urquiza, puesto que de estas conversaciones
surgieron varios acuerdos que darán nacimiento, poco después, a dos escuelas normales,
una de mujeres y otra de varones, en la provincia de Entre Ríos, más precisamente en la
ciudad de Concepción del Uruguay.
La primera de ellas fue creada por decreto del 19 de julio de 1869 y al poco tiempo
inició su cometido. Es indudable que los prestigios del Colegio histórico sirvieron para
echar las bases de la primera escuela normal de Entre Ríos, ya que se aprovechaba su
personal y su orientación educativa como cimiento de la creación.
arreglos hechos con el gobierno nacional de construir un edificio para la creación de una
Escuela Normal de Preceptoras, idéntica a la de niños que se ha establecido en el Colegio
del Uruguay", dispuso la erección de un local con arreglos a los planos presentados por el
arquitecto Juan Fossati. El edificio, levantado según el modelo de los locales para escuelas
normales existentes en los Estados Unidos, cobijó por muchos años a la institución
uruguayense, hasta que en el año 1925 se convirtió en sede de la Municipalidad.
Durante los períodos lectivos de 1873 y 1874, el personal docente del Colegio del
Uruguay estuvo integrado por los siguientes profesores:
Geografía: Cosson
Atlas: Cortambert
Historia: Duruy - Drioux
Física: Ganot
Castellano: Real Academia Española - Andrés Bello
Literatura: Gil de Zárate
Instrucción Cívica: Stori - Laboulaye
Matemáticas: Marguier - Bourdón
Cosmografía: Pichot
Latín: Balbuena - Araujo - Cacopardo
Pedagogía: Schuartz - Suárez
Inglés: Wakefield - Ollendorff
Francés: Ollendorff
Dibujo natural: Julien
Iniciación de los cursos. Es frecuente entre los estudiosos que se han referido al
tema, fijar como fecha de iniciación de los cursos de la Escuela Modelo de Aplicación, la
del lunes 7 de agosto de 1871. Pero se trata, sin duda, de una afirmación equivocada,
originada en una errónea interpretación de los documentos disponibles.
No ocurrió lo mismo con la Escuela Normal de Preceptores que, al igual que los
demás cursos del Colegio del Uruguay, debieron interrumpir sus actividades hasta el
reacondicionamiento del edificio, que como consecuencia de la lucha había quedado en un
estado deplorable.
En 1873 se agregaron:
Año tras año, al finalizar cada período lectivo, se realizaban en el Colegio del
Uruguay los exámenes públicos de sus alumnos. Nos interesa destacar aquí los llevados a
cabo por los jóvenes estudiantes de la Escuela Normal de Preceptores y de la Escuela
Modelo de Aplicación, ambas anexas al Colegio del Uruguay.
Mérito crecido el del preceptor don Antonio Rodríguez Cortés, que había logrado
tan excelentes resultados en su labor educativa. Ella posibilitó colocar a esta Escuela
Modelo de Aplicación en un primerísimo plano dentro de las que funcionaban en la
provincia. Por ello pudo decir la comisión examinadora que las demás "no se encontraban
a la misma altura".
Juan Pons - 1er. año - Inglés: aprobado; Francés: aprobado: Castellano: aprobado;
Matemáticas: aprobado; Geografía: aprobado; Historia: distinguido.
que una vez logrado fue elevado a la consideración de las autoridades nacionales y
provinciales.
Además, los jóvenes de otros lugares del país que llegaban hasta Concepción del
Uruguay preferían seguir sus estudios en los cursos preparatorios del Colegio, ya que ello
les abría mayores perspectivas al posibilitarles el acceso a las carreras universitarias o a
empleos de diversa índole.
15
1870
Entonces Sarmiento dejó de lado las viejas disensiones y su enorme amor propio y
volvió su mirada hacia Entre Ríos. Allí estaba Urquiza, a quien nadie había atacado con
más furia que él. Pero el hombre que tenía en sus manos una gran fuerza y un considerable
prestigio político, podía ser la pieza que necesitaba para su sostenimiento. Sarmiento no
vaciló. Las líneas se tendieron y el entendimiento se produjo.
Una de las facetas singulares de ese acercamiento fue la invitación que Urquiza le
hiciera llegar para visitarlo en Entre Ríos. No solamente el presidente de la República
conocería la ciudad de Concepción del Uruguay, sino que sería huésped del Palacio San
José y hasta podría observar la villa de Colón, "no sólo porque viese ese pueblo formado
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con mi bolsillo - explicaba Urquiza a Benjamín Victorica en carta del 30 de mayo de 1869 -
sino para tener el gusto de obsequiarlo en ésta su casa y hablarle con la franqueza de un
soldado que no tiene más aspiraciones que la felicidad de su patria, a la que veo amenazada
por amigos traidores".
¿De modo que va a Entre Ríos, presidente? - inquirió uno de los contertulios.
No obstante, por sobre las diferencias personales estaba el país. De ese se trataba.
Y el presidente de la República emprendió su viaje lleno de optimismo y de fe.
En relación con Colón y San José, podemos decir que se formó una "comisión de
fiesta", integrada por Angel Plaza Montero, Alejo Peyret, Juan A. Fernández y Domingo
Antonini. Por supuesto que esta comisión debió manejarse con recursos bastante limitados,
lo que le llevó a expresar al gobierno que "el presupuesto se ha hecho con toda la
economía posible, sin embargo éste sube a la suma de 2.500 pesos fuertes, dejando a la
voluntad del superior gobierno, designar la suma con que él contribuirá, debiendo el déficit
ser llenado por este vecindario, que ya tiene cuatro hermosos arcos de triunfo construidos
por su cuenta y que suben a la suma de 600 pesos con sus ornatos". De manera, pues, que
los gastos calculados para la recepción que ofrecería Villa Colón podía discriminarse así:
"Cuatro arcos de triunfo distribuidos en las calles según lo ordenado por la Junta de
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Fomento, 600 pesos. Arreglo de calles y ornato de la plaza y embanderamiento, 400 pesos.
Banquete para el pueblo, carne con cuero, refresco, música, 500 pesos. Total: 1.500 pesos".
Todos los preparativos se realizaron bajo la supervisión del senador nacional por
Entre Ríos, doctor Benjamín Victorica. Indudablemente lo que más le preocupaba era el
alojamiento del presidente y su comitiva en Villa Colón. Una interesante carta de Victorica
al ministro Sagastume - dada a conocer por Beatriz Bosch - trasunta las dificultades: "El
único local - dice -, la única cosa suficientemente cómoda y aparente es el hotel del
Porvenir del señor Alzugaray. Es preciso, pues, que V.E. lo llame y convenga con él. Lo
que necesita es llevar muebles para una salita y el dormitorio de Sarmiento. Lo demás está
bien: pueden hospedarse allí ocho personas más o menos y la escolta. Salita debe ser lo que
hoy es comedor y la contigua dormitorio, comedor la que es billar". Y agrega: "Será preciso
que ponga cielorraso a las dos piezas destinadas a Sarmiento y se pinten de nuevo. Lo
demás está perfectamente".
Al final de la carta, Victorica reitera: "la cuestión de la casa es lo principal para que
se prepare y se lleven del Uruguay los muebles y demás necesario. Por mucho que cueste el
hotel, más caro será en cualquier otra parte, más caro y peor".
En el Palacio San José. Mientras tanto, el Palacio San José había sido engalanado
magníficamente para hospedar al distinguido visitante. Banderas de todas las naciones -
dice Beatriz Bosch - ondeaban en los miradores. Una gran alfombra roja cubría el patio
principal. En el centro se hallaban ubicados cañones y armas empleados en Caseros. La
dueña de casa y las hijas aguardaban a los huéspedes en la sala de los espejos. A mediodía
se sirvió un almuerzo para doscientos comensales, después del cual, las señoritas ejecutaron
diversas melodías en el piano y el violín.
Por la noche tuvo lugar el gran banquete de etiqueta, al término del cual el
presidente Sarmiento, puesto de pie, levantó su copa de champaña, para pronunciar un
emotivo brindis. "Me felicito - dijo - por encontrarme al lado del vencedor de Caseros,
dieciocho años después del gran día en que me cupo la gloria de formar con él en las
mismas filas de los que anonadaron el poder de la tiranía para restablecer el reinado de las
instituciones. Si disidencias locales o desacuerdos deplorables nos habían separado al día
siguiente de la victoria, tomando cada uno distintos caminos para llegar al venturoso
porvenir que todos aspiraban, el patriotismo nos ha reunido de nuevo para trabajar juntos
por la felicidad de la patria, sin recordar para nada las antiguas disensiones de partido y los
antiguos errores".
A las cuatro de la tarde, los visitantes, siempre acompañados por las autoridades
locales, se trasladaron a la Colonia San José. Cuenta la crónica que "el presidente, el
gobernador de la provincia, el doctor Gorostiaga, el doctor Victorica y los ministros del
gobernador de Entre Ríos, ocuparon los carruajes, subiendo los demás en republicana
confusión, a los carros de los colonos que, arreglados con toldos y banderas hacían las
veces del más elegante "cabriolé". Inmenso era el acompañamiento tanto en carruajes
como a caballo. Cohetes, hurras, vítores, atronaban los aires. Durante el viaje, el presidente
contemplaba lleno de contento los adelantos de la colonia y oía de boca del general
Urquiza la narración de las dificultades vencidas mediante sus desvelos y sacrificios. Pero
su sorpresa - continúa el cronista - debía ser más grande en la plaza de la Colonia. Allí le
esperaba la población entera, poseída del más vivo entusiasmo, manifestado por todos los
medios de que podía disponer. Un batallón de infantería y dos escuadrones de caballería
hicieron los honores a los ilustres huéspedes".
Al caer las primeras sombras de la noche, todo quedó dispuesto para el banquete,
que se sirvió debajo de una enramada, en el centro de la plaza. A los postres habló el
colono M. Crepy y enseguida se escuchó un enjundioso discurso de Alejo Peyret,
administrador de la Colonia.
Sin duda, Concepción del Uruguay, como también Colón y San José, habían vivido
jornadas memorables. Porque no sólo se trató de la visita de un presidente de la Nación,
hecho de por sí destacado y más aún en aquella época, sino el reencuentro de dos grandes
hombres. La amistad entre ambos había quedado sellada. Pero el destino tenía dispuesto
otra cosa. Poco después Urquiza será asesinado y Sarmiento continuará su obra. "Y en el
final de su vida, en la reminiscencia de sus recuerdos, el viejo sanjuanino debió de
representarse aquella visita a Entre Ríos. Y mentalmente, en su apóstrofe a los caudillos,
debió borrar de él a Urquiza, en el último hálito de su vida, porque el vencedor de Caseros
fue algo más que un caudillo...".
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16
LA INSURRECCION JORDANISTA
1870
Urquiza, y por eso, aunque escocida el alma, tomó la decisión de dejar vencedor en los
campos de Pavón, al ejército de Buenos Aires.
esa Nación que tanto habla costado organizar y unir. ¿Podía él, que había dado sus mejores
esfuerzos en procura de ese anhelo tan largamente acariciado, quebrar con una
desobediencia la unidad lograda?
Año aciago fue el de 1865 para el sentir entrerriano. Al despuntar enero, Paysandú,
blancos y colorados, la "indiferencia" del jefe al que se siguió suponiendo rendido a la
política porteña. Al finalizar marzo, la guerra con el Paraguay, no querida, rechazada
angustiosamente por el litoral argentino. Nuestros poetas lloraron la suerte del país
hermano, pero la suerte de la Nación exigió nuevamente al general Urquiza una decisión
irrevocable. Otra vez la tremenda disyuntiva; otra vez golpeándole el pecho su corazón de
hombre y su deber de patriota. Y consecuente con su conducta anterior, acalló el reclamo
del primero y eligió el doloroso camino que le señalaba el segundo.
Conocida es la magnífica labor desplegada por Urquiza como titular del Poder
Ejecutivo de la Provincia. El adelanto de Entre Ríos en todos los órdenes, principalmente
durante el decenio 1841 - 1851, es prueba incuestionable del acierto con que rigió los
destinos de la provincia. Pero también es cierto que los pueblos se cansan de los gobiernos
fuertes y prolongados, y treinta años constituyen un período demasiado extenso, para que
un gobernante no se desgaste en la ardua tarea y ante el consenso público. Por eso
conceptuamos un craso error político el cometido por Urquiza al bajar nuevamente a la lid
electoral, en procura de una nueva consagración como gobernador de la provincia.
Para colmo, ante los ojos azorados de los pobladores uruguayenses, el buque que
se arrimaba al muelle del "puerto viejo", transportando al distinguido visitante, llevaba el
nombre de "Pavón", palabra todavía capaz de remover viejas heridas nunca cicatrizadas. ¡Si
hasta parecía un sarcasmo...!
Los jordanistas. Un núcleo de jóvenes, muchos de los cuales habían pasado por
las aulas del Colegio histórico, donde habían aprendido a amar la libertad y a amar la ley,
consideraron que Urquiza, que tanto había luchado por esa libertad y por esa ley para
imponerla en el país, se resistía a brindarlas a su provincia, a la que quería seguir
dominando en su ya extenso patriarcado.
más importantes dentro de él, fueron personas espectables, con muchísimos méritos.
Rodearon a López Jordán en su momento, profesionales, magistrados, clérigos, militares y
destacadas personalidades del litoral, tales como Dámaso Salvatierra, Juan A. Mantero,
Anastasio Cardassy, Benito G. Cook, José Hernández, Francisco F. Fernández, Evaristo
Carriego, Ezequiel Crespo, Mariano Martínez y otros. Equivocados o no en sus
apreciaciones e ideales, dieron pruebas harto elocuentes de honestidad, de desinterés, de
espíritu de sacrificio. Lamentablemente esos esfuerzos no pudieron ser aplicados al
progreso y bienestar de la provincia porque tuvieron forzosamente que canalizarse en la
defensa de la entrerrianidad.
17
1870
Las vísperas. Hasta Urquiza habían llegado reiterados avisos de que se atentaría
contra su vida. Pero él no lo creyó. Supo de tramas y conjuras, pero siempre recibió sin
inquietarse la denuncia escrita o el aviso verbal. Nadie se atrevería a franquear los portones
de San José. Más que su guardia fiel, lo impedirían sus prestigios y la lealtad de su pueblo.
El 9 de abril de 1870 los reunió por última vez. La orden fue breve: llevar a
Urquiza a su presencia. En las primeras horas de la noche, el mayor Vera y Mosqueira con
treinta hombres se dirigieron a San Pedro. Allí los esperaba otro de los conjurados, el
coronel Simón Luengo.
El día 11, una vez trazado el plan, se pusieron en marcha. El tiempo los apremiaba
pues debían llegar a "San José", antes de que se cerrasen los portones. A unas diez cuadras
del Palacio hicieron alto y Luengo dio las instrucciones definitivas: el mayor Vera tomará la
guardia que estaba a cierta distancia; Mosqueira ocupará la puerta de entrada. El abrirá el
camino...
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Levantado sobre una pintoresca cuchilla, sus dos torres se divisaban desde varias
leguas de distancia. A su alrededor, espesos montes de ñandubay, algarrobo y espinillo,
cercaban la patriarcal residencia del vencedor de Caseros.
A la entrada del Palacio, hacia el oriente, el batallón "La Estrella" hacía guardia
permanente. En este magnífico lugar, donde la naturaleza y el refinamiento se conjugaban
armoniosamente, vivió Urquiza - salvo breves intervalos - sus últimos veinte años y, por
cierto, que durante gran parte de ese lapso, el meridiano político del país pasó por allí.
Ese fue el escenario de gran parte de su vida familiar y política, pero también, en
aquel aciago mes de abril de 1870, se convirtió en el escenario de su muerte.
Asalto y crimen. En "San José" todo era tranquilidad y sosiego en aquel lunes 11
de abril de 1870. Nadie sospechaba el peligro que se acercaba cautelosamente. El atardecer
otoñal había dado paso ya a una noche silenciosa y serena, que poco a poco iba
extendiendo su manto de soledad y de sombras. Con las primeras estrellas y la pálida luz de
la luna que apareció de pronto por detrás de los árboles, el palacio pareció iluminarse. Las
lámparas de querosén llenaron de luz sus grandes patios. Sólo se escuchaban el rumor de
alguna conversación y las suaves melodías ejecutadas por las niñas de la casa.
los que se entremezclaban la amenaza y la angustia. Hubo una breve lucha. El general fue
alcanzado por las balas asesinas. Tal vez el pardo Luna disparó el tiro de gracia. La joven
Dolores acudió prestamente a sostener a su padre, cuando ya caía exánime. Pero ni siquiera
el escudo del amor filial impidió el bárbaro remate. Porque Nicomedes Coronel, el antiguo
protegido de Urquiza, bordeando la protección del abrazo de la joven, hundió con saña su
puñal cinco veces en el cuerpo de la víctima. Asegurados de que Urquiza estaba muerto, se
colocó el cadáver en el catre de campaña. Mientras tanto, los asesinos estuvieron en el
Palacio hasta la una de la madrugada, comiendo y bebiendo copiosamente.
diez pasos" o porque los criminales tomaran la precaución de desviarse del camino, en la
sospecha de un posible enfrentamiento, lo cierto es que la comitiva salida de Concepción
del Uruguay llegó al Palacio San José sin tropiezo alguno.
Al promediar el día, la caravana llegó por fin a Concepción del Uruguay. Entró en
la ciudad y se dirigió hacia la casa de Ana Urquiza, hija de la víctima y esposa del doctor
Benjamín Victorica. Allí, en ese edificio en el que desde hace años funciona la ENET N° 1,
en la intersección de las actuales calles Urquiza y 8 de junio, fueron velados los restos del
organizador de la Nación.
El cortejo fúnebre sólo estuvo constituido por los familiares y un reducido grupo
de amigos. El temor se había enseñoreado en la mayoría de los espíritus, mientras en la
ciudad reinaba una enorme confusión, esperándose de un momento a otro el ataque de las
fuerzas jordanistas.
Quince meses después, los restos del general Urquiza fueron trasladados a la
Iglesia Parroquial, previa autorización de la jerarquía eclesiástica.
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El reconocimiento médico. Esta tarea fue realizada por los doctores Esteban del
Castillo y Alejandro Forbes, aunque en el juicio iniciado en 1871, sus declaraciones se
caracterizaron por la parquedad y la reticencia. El primero de los citados, que se
desempeñaba como médico de policía de Concepción del Uruguay, afirmó haber
concurrido a la casa del velatorio por simple curiosidad y no por haber recibido orden
judicial alguna. Una vez en el lugar, alguien le insinuó la conveniencia de practicar el
reconocimiento médico, por lo que se decidió a hacerlo, colaborando en la tarea el doctor
Forbes.
De acuerdo con lo manifestado por el doctor Esteban del Castillo, las heridas
"eran cuatro o cinco y la de la cara parecía ser mortal". En cuanto a las inferidas con arma
blanca en el cuerpo de la víctima, ellas eran de dudoso diagnóstico porque no había tenido
en el momento elementos de auscultación, pero opinaba que habían sido producidas por
un instrumento agudo y cortante. Aun "sondeándolas con el dedo no tocaba su
profundidad en algunas".
18
1870
López Jordán, gobernador. Tres días después del asesinato de Justo José de
Urquiza, en una de las salas del Colegio del Uruguay - su sede habitual - se reunió la
Legislatura de Entre Ríos para deliberar sobre las medidas que deberían adoptarse. Según la
crónica aparecida en el diario La Nación, de Buenos Aires, una vez reunida la Cámara, su
presidente, don Fidel Sagastume, proclamó abierta la sesión. Se produjo, entonces, un largo
silencio, que duró por lo menos cinco minutos. De pronto, el diputado Julio Victorica
expresó que puesto que nadie hacía uso de la palabra y parecía dejarse este derecho al
diputado más joven; él la tomaba para proponer que se solicitase la intervención del
gobierno nacional, para vengar el horrible asesinato cometido en la persona del gobernador
de Entre Ríos.
Otro silencio siguió a esta proposición, que no fue apoyada por ningún otro
diputado. El presidente de la Legislatura dijo entonces que por su parte, si le tocaba asumir
el gobierno, no solicitaría la intervención nacional y que así lo declaraba, juzgando que la
provincia de Entre Ríos tenía bastantes elementos propios para asegurar su orden interno.
Desechado el pedido de intervención del gobierno nacional, el 14 de abril de 1870, la
Legislatura entrerriana eligió gobernador a Ricardo López Jordán. El temor, la presión y la
incertidumbre - aunque no faltan autores que lo nieguen - fueron características de ese
momento, como lo revela la circunstancia de que ese día sólo se hicieron presentes doce
diputados de los veintitrés que componían la Legislatura. Los doctores Antonio Zarco y
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Ramón Febre - algunos autores incluyen también a Fermín Basualdo - fueron los únicos
legisladores presentes en la sesión que se opusieron a la elección del jefe insurrecto.
Al tomar posesión del gobierno, López Jordán designó ministros a los doctores
Pedro Lucas Funes y Juan A. Mantero. Un gran retrato al óleo con la efigie ecuestre de
Urquiza, pintado por Blanes, que hasta ese momento se hallaba en el recinto de la
Legislatura, fue sacado de él y destrozado, salvándose sólo la parte de la cabeza del prócer y
la cabeza del caballo.
la República "para hacerle presente los errores en que han incurrido los órganos de la
prensa de Buenos Aires", negando la existencia de desórdenes en aquella ciudad. "Los que
suscriben - dicen - pueden afirmar por el contrario a V.E. que la tranquilidad pública no ha
sido alterada ni un solo momento; que no se han visto en la provincia a dos o más partidos
que pudiesen trabar una lucha fratricida; que los grandes poderes no se han dejado un solo
momento de obrar en la órbita de la Constitución y de las leyes; y que, por fin, el nuevo
gobierno ha sido aceptado con verdadera satisfacción por la mayoría del pueblo. Los
extranjeros no queremos ni debemos mezclarnos en los asuntos políticos del país; pero
como su tranquilidad es la mayor garantía de nuestros intereses, nadie, sin duda, puede
hallar mal que tratemos de restablecer en su verdadero punto de vista hechos que,
desfigurados, podrían atraer consecuencias muy funestas para nosotros, como para los
hijos de la República".
Entre los jefes entrerrianos que acataron la autoridad nacional se contó el general
Miguel Gerónimo Galarza, quien el 29 de abril fue designado comandante general de las
milicias de la provincia. Junto a él, imitando su actitud, estuvieron los coroneles Wenceslao
Taborda, Eduardo Racedo, Domingo Hereñú, Pedro Caminos, Polonio Velázquez y
Manuel Navarro.
Por su parte, López Jordán recibió el apoyo de otros jefes, entre los que es posible
citar al general Apolinario Almada, los coroneles Juan José Paso, Pedro A. Seguí, Alejandro
Leiva y los teniente coroneles Mariano V. Querencio, Bartolomé Castañeda, Eloy
Fernández, etc.
enviado un contingente bajo el mando del coronel Francisco de Elía, con el objeto de
contribuir al sostenimiento de la plaza, que seguramente López Jordán intentaría recuperar.
El primer movimiento de los rebeldes fue dirigido por Vera, al frente de algo más
de 1000 hombres. A su vez, los defensores contaban con 170 soldados del ejército
nacional, que junto con los milicianos reclutados en la ciudad, formaban un total de
trescientos hombres. Poco a poco los rebeldes fueron sacando ventajas, obligando a sus
adversarios a refugiarse en el edificio del Colegio del Uruguay, el que se convirtió, así, en el
último bastión de las fuerzas nacionales. El capitán Gache, con veintidós soldados de los
batallones 6 y 9 de línea, ocupó la azotea del Colegio y sostuvo un recio combate por más
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de dos horas, hasta que sus hombres quedaron sin municiones, después de quemar más de
6.000 tiros.
Los dos sitios elegidos para emplazar la artillería jordanista fueron el teatro "1° de
Mayo" y la iglesia, ambos ubicados frente a la Plaza Ramírez. Una crónica de la época
cuenta que "uno de los cañones operó desde el teatro sobre el cantón del Colegio,
destruyendo algo de este edificio; y otro desde el atrio del templo sobre la casa de los Jorge,
también muy destruida".
A los tres días, todos los diarios de Buenos Aires dieron cuenta del hecho: "Se
cuentan entre los muertos conocidos, el comandante de la plaza Sourigues, Jefe del
Departamento Topográfico de la Provincia, herido de bala en el corazón".
Durante muchísimos años se tuvo por cierto, e incluso así lo han consignado
algunos historiadores, que los restos de Sourigues junto con los de otros compañeros de
lucha, habían sido sepultados en el mismo patio del Colegio del Uruguay. Pero esta versión
tan difundida, sólo pertenece al terreno de la leyenda.
manos de las fuerzas jordanistas. En realidad la ocupación duró unos pocos días, pues la
aproximación de fuerzas terrestres y navales que respondían al gobierno de la Nación, hizo
que el ejército de López Jordán abandonara la plaza.
Evidentemente, la toma de Concepción del Uruguay por las fuerzas rebeldes causó
un gran impacto en el gobierno nacional. Tanto es así, que el propio ministro de Guerra
decidió hacerse presente en el teatro de operaciones a fin de adoptar drásticas medidas. Y
la principal de ellas fue, sin duda, el relevo del general Emilio Mitre. Pero dejemos que este
mismo nos cuente lo ocurrido. Apenas llegado el ministro Gainza al puerto de Concepción
del Uruguay, el 18 de julio, "fui a un buque donde estaba y allí me anunció que el
presidente, en consideración a mi salud tan quebrantada, me relevaba del mando del
Ejército y me invitaba a pasar a Buenos Aires. Debo confesar que pasé un rato amargo;
hubiera deseado dejar este mando algunos días antes, pero en aquel momento en que
estaba lleno de deseo de tener mi revancha, no era lo mismo. Pero la cosa no tenía más
remedio y me vine a Buenos Aires".
El general Ignacio Rivas fue designado comandante en jefe del Ejército del
Uruguay, quien el mismo 18 de julio elevó un informe al gobierno nacional, en el que hizo
referencia a la lucha en Concepción del Uruguay, ocurrida días atrás. En un pasaje de su
nota, Rivas destacó la solidaridad de las familias uruguayenses, que no trepidaron en prestar
su ayuda generosa tanto a los vencidos como a los vencedores. "Hasta el arribo del
infrascripto a esta ciudad - expresa - no han faltado almas caritativas que, condolidas del
abandono en que quedaban nuestros heridos y muchos del enemigo, los han atendido
personalmente y les han prestado toda clase de auxilios. Se han distinguido en este sentido
el vicerrector del Colegio Nacional, señor Scappatura, que además durante toda la fecha
permaneció en su puesto, la señora preceptora Cantenberg y M. León que asistían a los
enfermos que quedaron en el Colegio bajo el cuidado del vicerrector. La señora de Pita
llevó a su casa al ayudante Posolo, donde le prodigó toda clase de atenciones. Otro tanto
hizo con el teniente Bengolea, la señora de Cabral...".
La lucha entre los jordanistas y las fuerzas nacionales se expandió por todo el
territorio de la provincia. Estas últimas fueron provistas con moderno armamento - fusiles
"Remington", cañones "Krupp" y ametralladoras - lo que le dio una indiscutible
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superioridad que se tradujo en sucesivos éxitos después de los triunfos iniciales del
jordanismo. Así, Santa Rosa y Don Cristóbal fueron combates precursores de la victoria
final de las tropas nacionales comandadas por el teniente coronel Julio Argentino Roca en
Ñaembé, el 24 de enero de 1871. El primer levantamiento de Ricardo López Jordán había
fracasado...
pueblo entrerriano, que ya desde tiempo antes había manifestado su disconformidad hacia
Urquiza y su apoyo a López Jordán, se adhirió al jefe rebelde.
Es cierto sí, como dicen los autores citados, que no existe documentación alguna
que pruebe de manera fehaciente la responsabilidad de López Jordán. Pero, agregamos
nosotros, tampoco la documentación conocida libera de manera indubitable a López
Jordán de la responsabilidad que la tradición le ha adjudicado y ello, a pesar de los
esfuerzos dialécticos realizados por los autores jordanistas. No podemos, en conciencia,
señalar con ademán acusatorio la figura del caudillo insurgente, pero tampoco, mientras no
aparezcan otros elementos de juicio, podemos librarlo con un fallo absolutorio, porque el
estudio y análisis de todo el proceso jordanista hace subsistir la duda en nuestro espíritu.
Consideramos ecuánime el juicio de Gianello, cuando expresa: "la serena lectura del
documento no hace encontrar en él tal declaración". El "documento" a que hace alusión el
historiador citado, es el discurso de López Jordán pronunciado al asumir la gobernación, y
la "declaración", un párrafo que, según algunos, mostraría al jefe rebelde asumiendo la
responsabilidad de los asesinatos. Más adelante expresa Gianello: "Pero en cambio el
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asesinato simultáneo de Urquiza en San José y de sus dos hijos en Concordia, evidencia
que fue una resolución premeditada y audazmente realizada la eliminación del general y de
sus hijos. Resolución, por otra parte, que es muy difícil que desconociera el jefe de la
revolución, llevado por ella a la primera magistratura provincial".
INDICES
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INDICE DE NOMBRES
Tomo II
214, 215, 216, 232, 343, 532. Calvento, Pascual, 24, 133, 134,
Blanes, Nicanor, 215. 135, 136, 352, 365, 409, 428,
Bond, Franklin, 228. 463, 526.
Bonpland, Aimé, 143. Calvento, Rafaela, 289.
Borrajo, Pedro, 116. Calvento, Segunda, 70, 188, 213.
Bosch, Beatriz, 12, 31, 38, 47, Calvo, Domingo Fructuoso, 49, 50,
98, 111, 115, 116, 145, 184, 76, 80.
366, 406, 510, 512, 514. Calvo, Eugenio, 383.
Brau, Francisco, 395. Camacho, L. B., 468.
Brian, Francisco, 166. Camaño, Melitón, 357.
Brid, José, 272, 273. Cámara, Roque, 163.
Brites, Juan José, 414. Cambridge, duque de, 62.
Brown, Isaías, 383. Caminos, Pedro, 244, 398, 534.
Brown, José M., 383. Campbell, Alan, 333.
Buffard, E., 476. Campillo, Juan del, 181, 197, 222,
Burmeister, Germán, 330, 334. 223, 231, 409.
Burnet Merlin, Alfredo, 61. Campo, Jesús del, 383, 414.
Busquets, Pedro, 115, 163, 166. Campos, Luis María, 511.
Bustamante, Jesús, 383, 414, 454. Campos Urquiza, Luis María, 529.
Canavessi, Pedro, 474.
Candiotti, Mariano, 187, 244, 245.
Cabal, Mariano, 511. Cané, Miguel, 492.
Cabezón, Mariano, 272. Cantenberg, N., 538.
Cabral, Benigno P., 171, 186. Caraballo, coronel, 526.
Cabral, José María, 108, 371. Carbia, Rómulo D., 111.
Cabral, Justo Pastos, 118. Cárcano, Ramón J., 175, 422.
Cabral, Leopoldo, 457. Cardassy, Anastasio, 24, 244, 353,
Cabrera, Pedro, 398. 485, 521.
Cáceres, Nicanor, 159. Cardassy, Jorge, 83.
Cacho, Josefa, 141. Cardoso, Cándida, 70.
Calderón, Lino, 187. Cardoso, Josefa, 172.
Calderón y Bustamante, Fernando, Carosini, Alberto H., 473.
389. Carrera y Durán, Francisco de Asís,
Calvento, Florenciana Dolores, 240.
288. Carriego, Evaristo, coronel 47.
Calvento, Gregorio, 354. Carriego, Evaristo, doctor, 211,
Calvento, Mariano, 80. 225, 226, 298, 299, 406, 408,
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Jurado, Anselmo, 42, 453. Leiva, Manuel, 142, 174, 181, 265,
Jurado, Mariano, 104, 107, 180, 420, 462, 463.
268, 272. Leo, Juan, 453.
León, M., 538.
Lescano, Alejo, 372.
Lagos, Hilario Nicandro, 199. Levaggio, Juan, 500.
Lamera, Baldomero, 199. Levalle, Nicolás, 534.
Lantelme, Ambrosio, 378, 413. Líbaros, Aurelio, 414.
Lapalma, Pedro, 116. Lima, José María Rosa de, 369.
Larra, Santiago, 107. López, Eloy, 502.
Larrachau, Carlos, 409. López Estanislao, 30, 31, 45, 46,
Larrachau, Santiago, 24, 50. 47, 51, 60.
Larrauri, Doroteo, 122, 195, 202, López, Francisco Solano, 421.
275, 378. López, Juan Pablo, 64, 81.
Larroque, Alberto, 119, 120, 123, López, Leopoldo, 354.
191, 192, 193, 194, 195, 196, López, Lorenzo José Francisco, 39.
197, 198, 199, 200, 201, 202, López, Mariano E., 25, 26.
203, 204, 205, 206, 207, 208, López, Pedro, 383.
213, 215, 219, 222, 223, 224, López, Salvador, 502.
228, 257, 276, 286, 311, 343, López, Vicente Fidel, 151, 174.
353, 376, 413, 414, 448, 450. López, Wenceslao, 24, 107, 181,
Lasserre, Juan, 122. 233, 234, 237, 353, 356, 390,
Latorre, Avelino, 485. 391.
Latorre, Francisco, 24, 106, 163, López Jordán, Cruz, 70, 106.
360. López Jordán, José Ricardo, 15,
Latorre, Jacinto, 354. 16, 31, 33, 34, 35, 39, 41, 64,
Lavalle, Juan, 29, 31, 32, 33, 35, 172.
36, 47, 54, 63, 64, 65, 66, 68, López Jordán, María Teresa de
69, 215. Jesús, 39.
Lavergne, Luis, 195, 374, 444, López Jordán, Ricardo Ramón, 106,
453. 107, 118, 137, 154, 161, 162,
Leguizamón, Honorio, 113. 163, 164, 165, 166, 167, 168,
Leguizamón, Martiniano, 26, 68, 170, 171, 172, 173, 180, 185,
115. 228, 233, 243, 244, 340, 371,
Leguizamón, Onésimo, 116, 207, 380, 384, 406, 407, 416, 422,
222, 341, 409, 453, 463, 500. 460, 461, 483, 515, 519, 521,
Leiva, Alejandro, 534. 523, 525, 526, 527, 531, 532,
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533, 534, 535, 537, 538, 539. Mansilla, Lucio, 33, 45, 83.
540, 541, 542, 543. Mantegazza, Pablo, 302.
López Piñón, Antonio, 115, 225, Mantero, Juan Antonio, 380, 547,
391, 392, 471. 474, 521, 532.
López y Planes, Vicente, 17, 119, Mantilla, Manuel F., 175.
187, 191. Maquiavelo, Nicolás, 31, 47.
Loza, Félix, 502. Marichal, Benito, 116.
Lucero, Manuel, 197, 382, 486, Mariluz Urquijo, José M., 343,
528. 344, 345, 379, 468.
Lucero, Pablo, 150. Marín, Nicasio, 383, 453, 456.
Luengo, Simón, 523, 524. Marini, Marino, 232, 242, 290,
Lue y Riega, Benito de, 221, 281. 378.
Luna, Antonino, 500. Mármol, José, 258.
Luna, pardo, 523, 525. Martín, Juan, 500.
Martínez, Benigno Teijeiro, 30,
75, 113, 114, 115, 154, 175.
Mabragaña, Heráclito, 354, 534. Martínez, Blas, 16.
Mabragaña, Nicolás, 170, 233. Martínez, Daniel, 398.
Mac Cann, William, 22, 99, 309, Martínez, doctor, 25.
310, 319, 320, 331, 332. Martínez, Enrique, 51.
Macchi, Manuel E., 87, 89, 91, 94, Martínez, Evaristo, 398.
144, 214, 222, 240, 320, 393. Martínez, Fernando, 107, 275.
Mac Kay, Germán, 467. Martínez, Juan B., 374.
Madariaga, Joaquín, 75, 79, 81. Martínez, Mariano, 398, 521.
Madariaga, Juan, 27, 75, 83, 122, Martínez, Pedro, 77.
154, 155, 156, 157, 158, 159, Martínez, Pedro Julio, 162, 165.
160, 164, 165, 166, 167, 168, Martínez, Vicente, 201, 203, 285,
169, 174, 175, 176, 178, 180, 286.
207, 208, 260. Martínez Fontes, Nicolás, 198,
Maeder, Ernesto A. J., 291. 199, 228, 341.
Magnasco, Osvaldo, 200, 450. Masden Manuel J., 398.
Maillefer, Martín, 219. Mastronardi, Carlos, 174.
Majesté, Francisco, 192. Mauá, barón de, 394.
Mallada, Manuel, 195, 202, 275, Mauguin, Eugenio, 444.
500. Mayorga, mayor, 423.
Mallea, Lorenza, 172. Medina, Anacleto, 31, 67.
Mann, Horacio, 207. Medrano, Julián, 195, 211, 212,
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
224, 258, 259, 262, 267, 272, Saint Guily, D. S., 445.
302, 318, 319. Salazar, Doroteo, 342.
Rosovins, Germán, 500. Salinas de Lima, Manuel, 284.
Rubio, Solano, 286. Salvadores, Antonino, 115, 275.
Rueda, Miguel, 271. Salvatierra, Dámaso, 521.
Ruiz, Clementino, 486. Salvatti, maestro, 472.
Ruiz, Telésforo, 413. Sanateguy (o Saraleguy?), José,
Ruiz de los Llanos, Buenaventura, 286.
24, 195. Sanguinetti, Jerónimo, 477.
Ruiz Moreno, Esteban, 455. Santa Cruz, Simón, A., 430.
Ruiz Moreno, Isidoro Jorge, 77, Santos, Agustín de los, 68, 284,
115, 132, 136, 151, 178, 224, 285.
319. Sarmiento, Domingo Faustino, 207,
Ruiz Moreno, Leandro, 67, 68, 463 256, 481, 482, 496, 507, 508,
Ruiz Moreno, Martín, 20, 35, 36, 510, 511, 512, 513, 514, 515,
68, 113, 114, 115, 133, 134, 519, 520.
135, 136, 141, 154, 167, 175, Sasso, Luis, 369.
195, 225, 244, 245, 341, 353, Sastre, Marcos, 149, 274.
373, 407, 432, 433, 455, 500. Sastre, Mateo, 171, 485.
Rusiñol, Juan, 240, 329, 332. Sauze, Luis, 329.
Scappatura, Luis, 500, 538.
Scott, Walter, 220.
Sabé, Fernando, 286. Scunio, Alberto H., 136.
Sáenz Peña, Roque, 370. Seekamp, William, 500.
Sáenz Valiente, Juan Pablo, 76. Seguí, Dalmiro, 372.
Sagarna, Antonio, 113, 115, 199. Seguí, Juan Francisco, 116, 121,
Sagastume, Fidel, 24, 80, 81, 107 130, 131, 133, 134, 182, 207.
122, 148, 162, 180, 233, 237, Seguí, Pedro Pablo, 72, 73, 534.
244, 268, 287, 356, 373, 484, Segura, Juan José Antonio, 281,
485, 531, 532, 534, 535. 284.
Sagastume, José, 273, 274. Senisterra, N., 472.
Sagastume, José Joaquín, 42, 373, Seró Mantero, Rodolfo, 21.
383, 394, 395, 414, 429, 484, Serrano, Pedro, 107, 123, 258,
510, 511, 526, 532. 311, 317.
Sagastume de Guido, Indalecia, Sevilla, Felipe, 284.
456. Smith, Jorge, 453.
Sagües, Joaquín, 122, Sofía Matilde, princesa, 62.
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
Sola, Juan León, 15, 16, 20, 21, Torre, Francisco de la, 24.
32, 33, 37, 279, 280, 388. Torres, José María, 496.
Solano, Juan P., 525. Torres, Pedro, 163, 166.
Solares, José, 104. Troncoso, José Mariano, 82, 344.
Somellera, Antonio, 154, 155, 156 Troncoso, María Dolores.
157, 159, 167.
Soneyra, Juan José, 222, 383, 391,
398, 409, 428, 439, 447, 448, Ubach y Roca, José, 490, 491, 492.
453, 500. Ugarteche, Carlos, 241, 380, 430.
Soriano, Domingo Santiago, 63, 69 Umarán, José, 24.
Sota, Clemente R., 537. Unamuno, Miguel, 68.
Soto, Bernardino, 354. Uncal, José, 225.
Sotomayor, Manuel Paz de, 49. Urdinarrain, Manuel Antonio, 23,
Sourigues, Carlos Tomás, 371, 374 24, 33, 107, 108, 111, 112, 137,
375, 451, 453, 463, 531, 535, 163, 166, 179 ,188, 212, 233,
536, 537. 237, 244, 340, 343, 359, 367,
Spreáfico, Enrique, 472. 368, 373, 380, 381, 384, 391,
Suárez, Goyo, 419. 398, 428.
Suilar, Inocencio, 475, 476. Urivez (o Uribe), Carmen, 172,
Sussex, duque de, 62. 276, 378.
Urquijo, Francisco, 372.
Urquiza, Ana, 224, 342, 406, 527.
Taborda, Inocencio, 32, 38, 41. Urquiza, Anselmo, 372.
Taborda, Wenceslao, 534. Urquiza, Catalina, 160.
Tallabul, Juan, 108. Urquiza, Cipriano José de, 31, 33,
Tamandaré, barón de, 418. 34, 39, 49, 55, 57, 58, 59, 64,
Tapia, Fructuosa, 537. 65, 71, 72, 73, 76, 77, 78, 239,
Tenreyro, Porfirio G., 353, 383. 315, 316, 341, 342.
Terrade (o Terrada), Carlos, 106, Urquiza, Diógenes, 119, 128, 138,
127, 128, 137, 156, 159, 253, 142, 179, 188, 191, 213, 262,
256, 259, 260, 262. 407, 532, 533.
Terrero, Juan Nepomuceno, 76. Urquiza, Dolores Costa de, 212,
Terroba y Vejar, Francisco, 284. 406, 446, 467, 491, 492, 526.
Thiers, Adolfo, 255. Urquiza, Eduardo de, 39, 77, 212.
Thompson, Diego, 266. Urquiza, Francisco de, 162, 164,
Toledo, José, 179. 166.
Torino, Ricardo, 500. Urquiza, José Antonio de, 340,
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Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
365, 372, 409, 428, 430, 437, 341, 342, 345, 348, 352, 359,
438. 360, 361, 362, 363, 366, 368,
Urquiza, José de, 39, 142, 239. 370, 371, 372, 374, 375,376,
Urquiza, Juan José de, 55, 239, 380, 381, 384, 387, 391, 393,
244, 277, 342. 394, 395, 396, 397, 398, 400,
Urquiza, Justa de, 525. 401, 405, 406, 407, 408, 409,
Urquiza, Justo Carmelo de, 228, 413, 416, 418, 421, 423, 424,
525. 425, 427, 431, 445, 446, 447,
Urquiza, Justo José de, 11, 12, 450, 453, 460, 463, 464, 467,
20, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 29, 481, 482, 483, 484, 485, 486,
31, 32, 33, 34, 35, 37, 38, 39, 490, 491, 492, 496, 497,505,
41, 47, 48, 49, 52, 54, 55, 57, 507, 508, 510, 511, 512, 513,
58, 59, 62, 63, 64, 65, 66, 69, 514, 515, 516, 517, 518, 519,
70, 71, 72, 73, 74, 77, 79, 80, 520, 521, 522, 523, 524, 525,
82, 83, 87, 88, 89, 97, 99,100, 526, 529, 531, 532, 533, 540,
101, 103, 105, 106, 108, 109, 541, 542, 543.
110, 111, 112, 113, 114, 117, Urquiza, Manuel, 453.
118, 119, 120, 123, 126, 127, Urquiza, Matilde Micaela, 311.
130, 131, 132, 133, 134, 135, Urquiza, Teresa de, 142.
136, 137, 138, 139, 142, 143, Urquiza, Teófilo de, 24, 142, 162,
144, 145, 146, 147, 148, 149, 164, 165, 166, 171, 244, 341,
150, 153, 157, 158, 161, 162, 368, 373, 398, 429, 453, 526,
169, 170, 171, 172, 173, 174, 527.
176, 177, 179, 180, 181, 182, Urquiza, Waldino de, 163, 166,
183, 184, 187, 188, 189, 191, 302, 525.
192, 198, 203, 204, 205, 206, Urtubey, Antonio J. de, 490.
207, 212, 213, 214, 215,216,
217, 218, 219, 220, 221, 222,
223, 224, 225, 226, 227, 228, Valdés, Cayetano, 431.
229, 232, 234, 235, 238, 239, Van Deure, Juan, 395.
240, 241, 242, 250, 251, 253, Varela, Héctor, 512.
254, 255, 256, 258, 259, 260, Varela, Luis, V., 248.
262, 263, 265, 266, 267, 269, Vásquez, Aníbal S., 260, 539, 540.
270, 271, 271, 276, 277, 281, Vázquez, Juan Andrés, 23, 24, 133,
286, 290, 293, 296, 301, 302, 135, 136, 340, 373, 398, 542.
303, 307, 310, 314, 316, 317, Vázquez, Juan Argentino, 135.
318, 319, 324, 327, 339, 340, Vecchi, Sebastián, 469.
Respetable Logia Jorge Washington N° 44
Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
INDICE GENERAL
Tomo II
Respetable Logia Jorge Washington N° 44
Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ARGENTINA
INDICE GENERAL
Tomo II
PARTE TERCERA
1826 - 1860
La elevación de categoría 11
Cien años después 12
El primer Juzgado del Crimen 14
Los sucesos provinciales 15
El marco nacional 16
Urquiza gobernador 71
Las aspiraciones de un comandante del Uruguay 72
Los generales José M. Paz y Fructuoso Rivera en C. del Uruguay 73
Momentos de angustia 74
El asesinato de Cipriano de Urquiza 76
La reelección del gobernador 79
Los comandantes militares del Uruguay 79
El Juez de Policía y sus atribuciones 80
En pie de guerra 81
Antecedentes 153
Los preparativos 154
El comienzo de las desavenencias 155
La expedición en marcha 156
Hornos se apodera de Gualeguaychú 157
La actitud de Urquiza 158
Los invasores en Santa Cándida 158
El ataque a Concepción del Uruguay 159
La ganadería 313
La agricultura 315
Las industrias 317
El comercio 318
Los establecimientos comerciales 320
La moneda 322
PARTE CUARTA
1860 - 1890
Antecedentes 387
El primer Banco Provincial en Concepción del Uruguay 390
El apoyo de Urquiza 391
El edificio propio 391
Momentos difíciles 392
El fin de la actividad 395
Antecedentes 495
Escuela Normal de Preceptores anexa al Colegio del Uruguay 496
Características y funcionamiento 498
El personal docente 499
Textos utilizados 500
Iniciación de los cursos 501
Alumnos y exámenes 502
Los últimos momentos 503