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Luchas sociales, justicia contextual y dignidad de los pueblos
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Luchas sociales, justicia contextual y dignidad de los pueblos
ISBN: 978-956-8416-92-8
Santiago de Chile, febrero 2020
Primera edición
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Índice
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Desigualdades persistentes y diversidad cultural……………….157
Fidel Tubino
No es guerra, es dignidad………………………………………….237
Yamandú Acosta
Autores……………………………………………………………….327
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Luchas sociales para avanzar hacia
una justicia contextualizada en
América Latina y el Caribe
A guisa de introducción
7
acciones colectivas y; sobre todo, velar, en todo momento, por
asumir las complejas implicancias que tienen estas comprensiones
críticas especialmente para un tipo de política definido desde el
poder fáctico de la elites, y que ha subordinado los intereses y
necesidades de las clases sociales postergadas, de los pueblos
indígenas y afrodescendientes, y también de los migrantes, de los
desplazados y tantas otras formas en que se expresa la pobreza y
la marginación en nuestras sociedades.
Se trata de describir a partir de esta matriz plural un modelo
que tiende a hegemonizarse para el conjunto de nuestras
sociedades americanas de carácter eminentemente asimétrico y
que se hace en contra de los pueblos y de su dignidad. Nuestra
América y/o Abya Yala comparten historias comunes donde las
luchas por la emancipación emergieron en distintos contextos
históricos como en los descubrimientos, colonizaciones y procesos
de independencia que instalaron lógicas de violencia y de despojo
que se mantienen en la actualidad. En este doloroso contexto
histórico lo que han experimentado los pueblos indígenas y
afrodescendientes sólo corresponde a una parte de las luchas de
resistencia y de descolonización que perduran hasta el día hoy.
Nuevos sectores sociales emergentes se agregan a este listado de
sufrimientos sociales que se destacan hoy en los migrantes, en los
desplazados y en los grupos sexuales, por indicar sólo algunos.
Con esto queremos destacar que cada época nos muestra los
principales desafíos y obstáculos de los países por superar, y en
este libro colectivo nos interesa mostrar la relación profunda que
tienen las luchas de resistencia y de descolonización de los
pueblos latinoamericanos con los modelos económicos y políticos
hegemónicos, llevados adelante, en algunos países, desde los años
80 del siglo pasado.
El caso chileno, que será mencionado en muchas ocasiones
en este libro, resulta paradigmático pues mucho antes que se
disolviera la “polaridad” del mundo que se construyó después de
la segunda Gran Guerra de las potencias económicas del siglo XX,
se proyectó un modelo constitucional durante la Dictadura Militar
(1973-1990), como una propuesta sociopolítica, económica y
cultural que se hizo conocida fuera de Chile como el “milagro
chileno” pero donde dicha fórmula exitosa olvidaba destacar las
consecuencias sociales y económicas. Nunca se indicó que al
instaurarse el modelo neoliberal sui generis, de una forma
experimental, no se implementaba en las economías exitosas y
poderosas. En Chile, a diferencia de lo acontecido en otros países,
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este modelo se implementó como un verdadero “laboratorio
neoliberal” al alero de la dictadura militar de 1973.
Posteriormente se propondrá exportar dicho modelo a toda
América Latina y el Caribe, incluso más allá de ella.
Aún no se ha profundizado lo suficiente en las evidencias
que darían cuenta que el agotamiento de este sistema singular se
deberá a profundas falencias y limitaciones de los procesos
democráticos consolidados luego de las postdictaduras. Las
movilizaciones sociales transversales que han acaecido en toda
Nuestra América en estos últimos años nos permiten evidenciar
que nos encontramos en un Continente donde los países tienen
sus nichos problemáticos y que ningún país posee recetas para
ofrecérsela a los demás y donde cada uno necesita avanzar en sus
propios derroteros a pesar de la injerencia e intervención de
organismos multinacionales. Esto resulta particularmente
relevante para comprender las persistentes intervenciones y
colaboraciones de los Gobiernos norteamericanos por
desestabilizar a los gobiernos populares que proponen medidas
que no resultan convenientes para los grandes inversionistas de
Wall Street y para las empresas multinacionales asentadas en
USA. Cabe mencionar que las fórmulas neoliberalistas no nacen
primigeniamente en nuestros países, sino que nacen al alero de
procesos en que la hegemonía del Capital define el destino de
nuestros pueblos. Estas situaciones emergentes llevan a repensar
el destino de las fronteras del Norte y del Sur como nos lo
muestran las oleadas de migrantes latinoamericanos y caribeños
que pujan por ingresar a ciertas tierras donde se encuentra el
trabajo y donde se aspira a consolidar mejores oportunidades
para los proyectos vitales familiares.
Al acoger esta invitación a ser parte de una obra
comunitaria que no solo responde al presente, sino que se
encuentra enraizada en convicciones y compromisos ligados con
una memoria de solidaridad continental, aparecen varios
episodios similares en este encuentro de los pueblos por su plena
Dignidad. En este sentido, compartimos la búsqueda por pensar
reflexiva y críticamente la conflictiva y problemática realidad
económico social latinoamericana ya enunciada primigeniamente
por las teorías de la dependencia, las teologías de la liberación, las
filosofías contextuales y el pensamiento crítico, a fin de proponer
algunas ideas, experiencias e intuiciones que nos entregan las
disímiles crisis de los diferentes países y territorios de vida. En el
ejercicio de compartir y profundizar, reflexiva y críticamente,
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estas heterogéneas experiencias de asimetrías y desigualdades se
trasunta un pensar crítico y reflexivo que permite dar cuenta de la
acumulación de experiencias históricas de injusticias y de
postergación social, vividas por sectores populares, que se
arrastran desde hace varias décadas, y que sigue siendo
preponderante en la política latinoamericana actual.
Esta necesidad de repensar las formas de dominación,
discriminación y subalternación vigentes nos obligan a practicar
procesos pluri y transdisciplinarios que, salvo algunas
excepciones, no se encuentran expresadas en las instituciones
académicas. Por ello cada una de nuestras perspectivas se
enraízan en la matriz del pensamiento crítico latinoamericano
compartido hace décadas por diferentes luchas sociales e
intelectuales. Entrecruzando cada una de estas miradas
contextuales compartimos que más allá de las diferencias
existentes en América Latina y el Caribe tenemos una historia
común, con varios procesos similares que nos ligan desde la
Conquista, la Colonia y el modo como se construyeron las
principales instituciones republicanas en nuestras tierras. Algunas
de las problemáticas tratadas aquí son claramente políticas ya que
conciernen a tópicos acerca del debilitamiento de la democracia, la
frágil representatividad, las renovaciones, los cambios de las
cartas fundamentales, la protección efectiva de los derechos
humanos, la presencia creciente del narcotráfico entre otros
elementos. Otras refieren a la perdida creciente de los niveles de
satisfacción frente a un tipo de macroeconomía que construyen los
mercados globales en la creación de múltiples necesidades para
sectores privilegiados del planeta, el encarecimiento y el deterioro
de la vida doméstica y ambiental producida en la mayoría de los
países, la pérdida de los derechos sociales en áreas tan sensibles
como educación, salud y la previsión social. Asimismo, referimos
a cuestiones de índole filosófica que se relacionan con la dignidad
de las personas y de los pueblos, la vigencia de los derechos
humanos en el amplio sentido del término, el sentido de la vida
en común y de los bienes comunales. En último término refieren a
tipos de economías, formas políticas y culturas globales que
construyen sociedades desde una matriz panracionalista que da la
espaldas a las comunidades de vida a partir de la instalación de
estructuras hegemónicas de un sistema-mundo ligado a una
cultura de la globalidad que responde más bien a los intereses
estratégicos de un modelo de relaciones, que favorece a las elites
de economías poderosas, que a la consolidación de dinámicas que
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releven una política contextualizada apropiada a los pueblos en
pos de la creación de la Utopía de una humanidad solidaria.
Como todas y todos sabemos en los últimos años y meses
hemos sido testigos de cómo, a través de diferentes contextos
sociohistóricos, situaciones económicas estructurales, y
acontecimientos coyunturales imprevistos y vicisitudes específicas
en Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Haití,
México, Perú, Uruguay y Venezuela han surgido movimientos
masivos de protesta social. Esta situación, que también se ha dado
en otros países fuera del continente, se manifiesta en diversos
tipos de manifestaciones y protestas populares que exigen a la
clase política de cada país, a los Gobiernos elegidos y a las
instituciones estatales proponer unas formas políticas que asuman
las necesidades de las mayorías, que el poder delegado se
proyecte en asumir un mayor compromiso con la justicia social,
avanzando substantivamente en la defensa de los derechos
sociales, políticos y económicos.
Muchas de estas protestas sociales son reacciones masivas a
decisiones que no responden a las necesidades de los pueblos y
que tienden, por lo general, a disciplinar lo social y cultural en
relación con matrices económicas que se derivan de una manera
de concebir la economía de forma internacional al alero de lo que
algunos conocen como “ideología neoliberalista”. Cualquiera sea
el prototipo o las formas específicas de esos neoliberalismos y la
fuerza efectiva que predomine en nuestros países, la fuerza de
estas movilizaciones ciudadanas masivas se va expandiendo de la
misma forma que la confianza y la legitimidad de la clase política
disminuye por sus vinculaciones y compromisos con intereses
económicos que se encuentran fuertemente cuestionados. En este
contexto, las relaciones espurias entre la actividad empresarial y
los representantes políticos amenazan seriamente el sentido
fundamental que debiera asumir una política democrática que
pretenda respetar los derechos de todas/os las/os ciudadanas/os,
considerando que es justamente aquí donde se juega la dignidad
de los pueblos. Los fenómenos ligados a la corrupción, al
nepotismo y al enriquecimiento ilícito han contaminado
decididamente la acción de los Gobiernos, de los representantes
políticos y de las fuerzas armadas y policiales.
El ejemplo por antonomasia de estos procesos de revueltas
populares han sido las demandas que se han desencadenado en
Chile durante los últimos meses. El llamado “estallido social” –
como se denomina en los medios chilenos- ha constituido la
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revuelta popular más importante de los últimos tiempos de
democracia postdictadura. Los hechos iniciados en octubre de
2019, en muchos lugares de Chile, no han logrado ser detenidos
por las promesas de cambio propuestas por la clase política y que
coincide con tiempos estivales. Estos hechos que prosiguen
esporádicamente en diferentes lugares de Chile, nos sitúan frente
a un complejo movimiento social popular y espontáneo que dura
hasta el día de hoy, bien iniciado el 2020, en momentos en que se
edita este libro, y que es probable que prosigan en los meses
venideros cuando se inicie el año chileno.
Se sigue insistiendo y buscando hasta hoy expresar
diferentes buenos deseos y voluntades para poner en cuestión las
condiciones estructurales de desigualdad e injusticia social
ligadas a un tipo de Constitución Política que impide
transformaciones estructurales respecto a principios y normas que
definen sistemas decisivos ligados, principalmente, a la
educación, a la salud y a la cobertura de las pensiones. Las
protestas sociales chilenas no sólo constituyen una crítica al
gobierno, sino también a un orden de cosas donde las críticas a los
representantes de las instituciones del país, el cuestionamiento a
los partidos políticos y a las instituciones de la elite, resulta
innegable. Las movilizaciones sociales continuas en Chile no
pueden comprenderse de ningún modo sin reconocer esta falta
reiterada de acceso a estos derechos esenciales que ha sido
avalada por una Constitución, promulgada en tiempos de
dictadura, que resguarda y asegura espacios autoritarios de poder
y que se promulga al alero de un modelo neoliberal que se ha
consolidado como un modelo hegemónico de producción de
riqueza por más de 40 años, siendo defendida aún hoy en día por
sectores empresariales y ultraconservadores. La crítica del
movimiento social es, sin lugar a dudas, una crítica profunda a las
consecuencias de los procesos ligados a esta herencia militar.
Se trata entonces de un libro que se posiciona desde el
pensamiento político y define aspectos centrales de la situación
político-social por lo que refiere a muchas situaciones políticas
contingentes que son críticamente analizadas desde los
parámetros de las ciencias sociales y de la filosofía política,
imbuidas de lo esencial del pensamiento crítico latinoamericano
contribuyendo a desentrañar los complejos procesos que viven las
economías y las estructuras políticas de la región. Más allá de la
constatación sobre la desinformación que generan los medios
masivos de comunicación, que dan cuenta de manera tendenciosa
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de los acontecimientos que no favorecen a los gobiernos o sectores
empresariales para los que trabajan queda en claro que
invisibilizan fenómenos que se consideran irrelevantes para una
visión política latinoamericana.
Refiramos algunas breves palabras acerca de los veinte
artículos que componen este libro. Todos los textos aquí reunidos
fueron redactados por sus autoras y autores entre noviembre del
2019 y enero del 2020. Cabe mencionar que la totalidad de los
artículos parten de una convicción sociopolítica de que lo que vive
cada autor/a de su propia sociedad y de los movimientos sociales
en que militan. La sociedad chilena, mutatis mutandis, es
considerada en algunos trabajos como horizonte, en otros casos es
vista compartiendo de algún modo rasgos comunes con otras
sociedades y otros países donde también existen profundas
asimetrías económicas, políticas y culturales de larga data,
acrecentadas por políticas y/o gobiernos que defienden
normativas de tendencia neoliberalista. En este sentido, muchas
de las reflexiones que la mayoría de los autoras/es proponen ya
son conocidas por el público especializado en asuntos políticos y
valoran sus largas trayectorias disciplinarias, compromisos
sociales y políticos, de manera que las temáticas de estos textos ya
se encuentran desarrolladas con mayor detalle en otras obras y
artículos publicados con antelación, los que no siempre pueden
encontrarse fácilmente. La mayoría de las y los autores de este
libro valoran las luchas sociales que se han vivido históricamente
en Chile, reconocen parte importante de la historia del país por
lograr transformaciones que aseguren una mayor justicia social, y
han escrito los trabajos que aquí presentamos como una forma de
fecundar una reflexión política a partir de todos.
En este sentido, todos los textos aquí reunidos tienen una
relación estrecha con la larguísima tradición de lucha y de
emancipación que ha caracterizado al pensamiento crítico
latinoamericano y que sigue vigente en las movilizaciones, en las
resistencias y en las luchas sociales de hoy en día y de lo que
adviene. Esto confirma que no se trata sólo de un tema
relacionado con el presente, sino de una reflexión que tiene
relación con la memoria social y política de nuestros países, pero
por sobre todo por el futuro de un proyecto político
nuestroamericano.
A pesar de los diferentes estilos y enfoques de cada uno de
los textos y a pesar de los temas y tópicos heterogéneos, se
observa en todos los artículos presentados una aguda crítica
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político-cultural al dar cuenta de las diversas propuestas que han
levantado los gobiernos de la región frente a una mayoría popular
que no es considerada por estas iniciativas. Aquí, se valora la
intuición ético-política de una población indignada que manifiesta
su desaprobación frente a políticas impulsadas por los intereses
de las grandes empresas y multinacionales a partir de la
participación en diversas manifestaciones que han emergido
creativamente en los espacios públicos y, preferencialmente, en
las calles de nuestras ciudades latinoamericanas. Se trata así de
valorizar múltiples experiencias de protagonismo social de
movimientos sociales que se expresarían en los hechos y en la
concreción misma de contextos sociopolíticos diferenciados. A
esta situación el filósofo mendocino Arturo Andrés Roig se refería
al señalar la confrontación entre la “eticidad del poder” y la
“moralidad de la protesta”.
La mayoría de los textos aquí compendiados tratan de
entender, en un doble movimiento, los graves conflictos políticos
que vienen emergiendo en casi todas las sociedades
latinoamericanas donde la razón de Estado busca imponerse a
través de políticas, leyes y medidas que incentivan la
internacionalización económica que favorece, la mayoría de las
veces, a unos pocos sectores privilegiados en detrimento de una
gran mayoría de la sociedad civil que protesta por la proliferación
de una serie de injusticias, asimetrías y desigualdades que van en
contra de derechos sociales cada vez más menguados y diluidos
en discursos y declamaciones retóricas.
En este contexto este libro de carácter ético-político busca
generar un diálogo con los conocimientos, saberes y prácticas de
colectivos, organizaciones sociales y pueblos indígenas que
cuestionan estos conocimientos de proveniente de una economía
panracionalista que predomina en nuestros países y que nos hace
observar de múltiples maneras la inhumanidad de dichas
prácticas económicas formalizadas. Estos movimientos sociales, a
pesar de ir muchas veces en contra de los discursos mediáticos
pro-gubernamentales, han surgido casi siempre a partir de una
reacción espontánea que en algunas ocasiones ha sido
sistematizada por algunas organizaciones civiles.
Por todos los elementos mencionados nos propusimos co-
editar y reunir en un solo libro de carácter filosófico y político, lo
fundamental y lo contingente del debate latinoamericano como
una manera de poder reunir y tensionar varios trabajos y
reflexiones recientes de colegas de varios países en su búsqueda
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por comprender críticamente la complejidad económica y política
desde la exposición de situaciones y hechos concretos que se
despliegan de las principales críticas a las decisiones y formas
neoliberalizadas en acción. Esta heterogeneidad ideológica
permite reivindicar las diversas luchas de los Pueblos de la Tierra
que, hoy en día, constituyen las únicas demandas de una justicia
que brote desde abajo, que permiten asegurar una ética y una
política orientadas a preservar plenamente una cultura humana
de la dignidad para todas y todos.
Tenemos la plena convicción de que este texto contribuirá
en la búsqueda de un camino común por comprender los aspectos
generales y específicos del difícil trance que vivimos hoy en
diferentes países de la región. En este sentido, se proponen
algunos nuevos derroteros que nos permitan repensar la
democracia y avanzar en la conquista de la dignidad de los
pueblos. No se trata, pues, de emprender únicamente tareas
colectivas pequeñas ya que estamos en un momento clave de la
vida planetaria, en que los grandes desafíos que surgen de una
economía global insustentable y con sus diversas consecuencias
planetarias insoslayables requieren de nuevas acciones
mancomunadas desarrolladas conjuntamente entre distintos
países.
Agradecemos a todas las personas e instituciones que
participaron en la génesis, elaboración y edición de este libro
colectivo. Valoramos la enorme generosidad y plena confianza de
todos los colaboradores en un proyecto colectivo de pensar la
política de la Patria Grande. Asimismo, valoramos al trabajo de
traducción que compartimos con Jovino Pizzi y Cristián Valdés,
grandes colegas y amigos, y también al trabajo significativo de
Macarena Salas para corregir y clarificar los textos recibidos y, por
último, a nuestro Editor, Manuel Loyola, quien confió desde el
inicio en este nuevo proyecto editorial latinoamericanista.
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Haití: del colapso del Estado al "narco-caos"
Marc Maesschalck
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Venezuela para entregar petróleo, cuyo precio de venta a las
empresas locales es, en parte, destinado al Estado haitiano en
forma de préstamos a largo plazo. Si en otros países donde se
beneficiaron de estos fondos venezolanos, como Santo Domingo,
una parte del dinero fue desviado, en Haití casi la totalidad
(92.4%) del destino real de fondos asignados a proyectos de
desarrollo plantea interrogantes sobre la forma de adjudicar
contratos públicos (favoritismo), de proceder con desembolsos, de
supervisar la ejecución, pero también de desviar fondos de su
destino final, y hasta de pagar a dos empresas diferentes por el
mismo trabajo! Las empresas privadas, como Agritrans o Betexs,
revelan que la Cour des comptes o Tribunal de Cuentas (según
informes de 2019) sirvió como pantalla para permitir el
enriquecimiento personal de representantes de los poderes
políticos sucesivos y de las clases dominantes. En este caso, los
montos auditados representan más de $ 1.5 mil millones de un
monto de financiamiento de $ 2.2 mil millones. En 2010, después
del terremoto, Venezuela incluso canceló la cantidad de $ 395
millones de la deuda externa de Haití (!). En este contexto
dramático, no menos de 350 millones de dólares se liberaron bajo
la presidencia de Préval, con procedimientos "aligerados",
posibles gracias al estado de emergencia que permite eludir la
regulación habitual de las contrataciones públicas. El aumento
repentino de los precios de la gasolina fue, por lo tanto, el
detonante de los movimientos sociales que denunciaron la
corrupción de las élites a todos los niveles, y en particular la del
presidente en ejercicio Jovenel Moïse, quien se negó a juzgar a los
culpables.
Esta dramática situación nos la recuerdan esporádicamente
los medios internacionales a través de breves secuencias de
violencia que no agregan nada nuevo con respecto a lo
reproducido en las redes sociales. Sin embargo, éstos son sólo
síntomas. La raíz de los males es aún mucho más profunda y
preocupante. Haití se enfrenta primero con el colapso de todas sus
estructuras estatales. Esta realidad se relaciona con la corrupción
descentralizada que prevalece pero que es sólo un efecto. Cada
actor que ocupa un puesto que le permite obtener un beneficio
público o privado extrae el máximo posible de esta situación para
su cuenta personal. Tal práctica sólo es posible en el contexto de
un "Estado fallido" (Verlin) o de un "Estado frágil" (Mouton). En el
caso de Haití, no obstante, este concepto de moda resulta ambiguo
ya que la verdadera cuestión no radica en determinar por qué el
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Estado habría fallado en sus misiones soberanas o más aún por
qué constituiría una amenaza para la seguridad internacional,
sino más bien en esclarecer por qué lo que André Corten (1989)
llamó por primera vez "Estado débil" terminó por colapsar, no
pudiendo más que fracasar ya que, desde ese momento, no era
sino un actor fantasma, una suerte de Estado zombi. La
calificación de esta situación estatal no refiere a los criterios
óptimos de un buen gobierno o de un desempeño económico,
siguiendo un modelo que supone un comportamiento estándar
ideal. Debe basarse en un enfoque más dinámico, aceptando las
peculiaridades de un orden subóptimo, a fin de identificar una
situación específica de fragilidad y buscar vías de solución. Una
noción que sirve para "afirmar y negar en una misma expresión la
validez de la calificación de Estado" (Mouton) no es de mucha
utilidad. Más bien, ésta encierra a los actores involucrados en la
trampa donde cayeron. El verdadero problema no se reduce a la
creación de una categoría difusa provista de indicadores de
fragilidad, sino que concierne la naturaleza contextual de la
fragilidad, es decir, su historia específica: ¿cómo, en este caso, se
llegó hasta aquí y cómo se puede salir? Porque la cuestión central en
Haití, frente a esta situación de zombificación de las instituciones
públicas, radica más bien en la reconstrucción de una relación
positiva con la función estatal. Desde la caída del régimen de
Duvalier, ningún actor ha tenido en cuenta esta cuestión: los
políticos han entregado el Estado a sus guerras de clanes, a la
promoción de sus intereses privados y han cortado
constantemente los vínculos entre la acción estatal y el servicio a
los ciudadanos. La sociedad civil, por su parte, cuando no se
beneficia directamente de este primer comportamiento, se ha
esforzado por reemplazar todas las misiones tradicionales del
Estado, en asuntos económicos, educativos y de salubridad. En
cuanto a las funciones de justicia y seguridad, éstas se han
vaciado de su sustancia. La instrumentalización, la sustitución y la
marginación no son sólo el caso de los actores locales, sino que
estos comportamientos son reproducidos por los actores
internacionales que, por falta de lucidez, han reforzado el proceso
del colapso del Estado. Sin embargo, la cuestión del papel de este
último es inevitable para salir del punto muerto y apuntar a una
gestión colectiva responsable de los habitantes y de los territorios
en grave peligro ecológico, sanitario y alimentario.
El proceso del colapso del Estado haitiano ciertamente tiene
raíces distantes, coloniales y poscoloniales, vinculadas a la
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economía de plantación y a la forma "neopatrimonial" de
organización de la propiedad en el momento de la independencia.
Pero, en el horizonte de medio siglo, se trata sobre todo del legado
de una estructura dictatorial centralizada, establecida por
François Duvalier sobre las estructuras represivas y la
centralización extrema que dejó la ocupación estadounidense
(1915-1934). Duvalier padre quería un régimen duradero, el cual,
de hecho, ha beneficiado a su hijo. Incluso a principios de la
década de los ochentas, el nivel de las instituciones educativas,
tanto privadas como públicas, el Ejército y la Iglesia
aunadamente, todavía garantizaban una forma de estabilidad al
servicio de un modelo jerárquico represivo. La identificación del
Estado con el mal absoluto encarnado por el duvalierismo hará
difícil, tras la caída de la dictadura, la construcción de una
democracia popular. Por un lado, los estadounidenses
permanecían enfocados en la amenaza de una nueva Cuba, por
otro lado, los actores locales luchaban por reconstruir
penosamente un espacio público luego de 30 años marcados por
la represión de toda oposición y la clandestinidad de todas las
organizaciones políticas dignas de este nombre. La transición que
le siguió al final de este régimen debilitó enormemente al país:
golpes de Estado, embargo e intervención militar extranjera. En
este contexto particular, el nuevo fenómeno será la voluntad
constante del liderazgo post-duvalierista de evitar cualquier
forma de estructuración de resistencias, ya sea desde la izquierda
o la derecha. Iglesia, Ejército, Estado, Escuela, es decir, los pilares
del antiguo régimen, se romperán en pedazos y darán paso a la
inestabilidad constante. Los partidos se sucederán al ritmo de las
elecciones, los grupos populares se convertirán en grupúsculos de
vocación criminal. Pero es especialmente desde el regreso al poder
de Jean-Bertrand Aristide en 2000 que los carteles de la droga y las
bandas armadas ocuparán cada vez más el espacio público, hasta
el punto de que figuras notorias del tráfico de narcóticos se
postularán a cargos parlamentarios para defender directamente
sus intereses. Haití se convierte así en un narco-Estado. Ni la
salida forzada de Aristide en 2004 ni el terremoto en 2010
cambiarán esta situación. Un informe del Small Arms Survey
Program apoyado por el Instituto de Estudios Internacionales en
Ginebra informa, ya en 2005, más de 400,000 armas en circulación
(en un país cuya población es de aproximadamente 10 millones).
La intervención internacional después del terremoto sólo
retrasó el esperado colapso del joven narco-Estado haitiano. En
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los años posteriores al desastre, la comunidad internacional
compensó el incumplimiento del Estado y ayudó a ocultar los
problemas reales al enfocar la atención en las áreas del desastre.
Sin embargo, la epidemia de cólera mostrará las problemáticas
que también implican este tipo de intervención, al dar una idea de
la indigencia general de una población aparentemente sobre-
ayudada por la asistencia humanitaria. Durante este período, por
razones pragmáticas, los canales de corrupción operan a tiempo
completo para absorber los recursos vertidos hacia Haití. De
hecho, en muchos casos, terminan corrompiendo a los propios
actores internacionales.
Luego vino la retirada de la comunidad internacional,
movilizada por otras prioridades. A pesar de una primera
transición electoral, impuesta en 2011, mientras las consecuencias
del desastre aún eran palpables, fue necesaria una nueva
transición en 2015 con Jocelerme Privert, el Presidente del Senado,
lo que dio el tiempo para imponer en noviembre de 2016 a un
candidato que supuestamente debía mantener la línea elegida en
2011 por la comunidad internacional. En lugar de responder a las
demandas de la población, la elección favorece un compromiso
frágil entre los intereses de las facciones competidoras en el
reparto de dividendos de las drogas y el tráfico de otras
mercancías. Resultado: una apariencia de legitimidad frente a una
apariencia de oposición, cuya mejor oportunidad es explotar las
frustraciones legítimas de la población, sin nada más que ofrecer
que la alternancia.
¿Cómo medir hoy el colapso del Estado haitiano?
En este contexto, en primer lugar, se ha afianzado una
cultura de violencia. El poder es comprado o tomado por las
armas y las drogas, que proporcionan dinero para la corrupción.
Así, el poder, una vez conquistado, solo puede ejercerse directa e
inmediatamente, sin pasar por las instituciones. La pandilla que
ocupa un distrito establece impuestos de paso. El diputado que
negoció su elección otorga un derecho de preferencia sobre las
actividades relacionadas con su circunscripción, el Presidente
electo gobierna para sí mismo y para el clan que financió su
elección. Finalmente, la prensa siguió al colapso del Estado. Las
frecuencias han sido privatizadas y los diputados aprovechan
dichas radios para hacer su propaganda. Entre los medios más
escuchados, uno encuentra las radios financiadas por líderes de
pandillas que promueven su propia agenda antidemocrática. Es
cierto que los medios de comunicación profesionales están
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tratando de sobrevivir, pero tienen cada vez menos audiencia. En
este "narco-caos", ni los partidos ni las organizaciones sociales
tienen existencia real. Se trata siempre de pequeños grupos
reunidos en torno a líderes que obtienen un beneficio directo de
ellos, se alían entre sí según las circunstancias (o según el golpe a
efectuar) e instrumentalizan a la población en sus negocios gracias
a sus dos armas: dinero y terror.
Las consecuencias directas más perjudiciales de esta
situación en el mediano plazo son la falta de espacio público y la
negación del vacío estatal. El caos circundante restringe cualquier
forma de debate constructivo entre las partes involucradas. Desde
julio de 2018, se ha cruzado el límite de la violencia verbal. Las
radios transmiten llamados al odio o incluso al asesinato,
denuncian a los agentes de la fuerza pública, aconsejan a los
partidarios que ataquen los hogares y las propiedades de aquellos
a quienes se oponen... En el parlamento, la obstrucción es la regla,
y la mejor manera de ser escuchado es usar un arma. Por otro
lado, algunos agentes de la fuerza pública instrumentalizados por
el gobierno en el poder o por la oposición, están visiblemente
involucrados en atrocidades, apoyan a unas pandillas en contra
de otras, de modo que la fuerza policial queda dividida entre dos
actores que constantemente buscan detener su acción a favor de
los ciudadanos con el fin de instrumentalizarla. El espacio público
está saturado por estos excesos y no ha permitido durante años un
mínimo de debate sereno y constructivo. Sin embargo, al mismo
tiempo, este vacío es negado por los actores involucrados. No solo
todos se culpan entre sí, sino que, sobre todo, nadie realmente
considera esta situación como un problema importante. Por un
lado, quienes ocupan el espacio de poder lo instrumentalizan de
acuerdo con sus objetivos privados; por otro, aquellos que están
excluidos de este juego, más bien denuncian los intereses
privados que se benefician de la malversación de dinero público,
pero no destacan el grave debilitamiento de las instituciones
públicas que resulta de él. De hecho, el Estado es solo una fachada
que oculta los conflictos entre los diferentes clanes de la
oligarquía, ya sea en el poder o en la oposición: a veces se lo
instrumentaliza, a veces se lo combate para recuperar un punto de
apoyo, pero de ninguna manera se alinean con la reivindicación
de un Estado socialmente activo, capaz de coordinar recursos y
satisfacer las expectativas de los habitantes con una visión a largo
plazo del futuro del país. Lo que parece ser una condición mínima
en otros lugares, se ha convertido en un sueño imposible en Haití.
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El Estado, desde el final de la dictadura de Duvalier y después del
fracaso del establecimiento de una democracia popular entre 1987
y 1991, se ha convertido en una especie de "factor ausente". Los
actores de la sociedad civil lo niegan constantemente en su
existencia, al eludir sus reglas (negocios, ONG), al reemplazar sus
misiones (ONG, asociaciones) o al desviarlo para fines privados
(redes mafiosas, pseudo partidos). Indirectamente, es la población
que podría beneficiarse de la acción pública, la cual es la primera
víctima de esta negación colectiva.
Desorganizada, marginada del reparto de recursos, excluida
de los dividendos de la corrupción, la población haitiana es, en
primer lugar, rehén de una guerra de los carteles por el control de
un territorio sin Estado. A nivel intelectual, la peor cara de este
desastre es suscribir las tesis fantasmagóricas sobre la
ingobernabilidad inscrita en los genes del pueblo haitiano,
cimarrón de nacimiento. La ironía de las escandalosas tesis sobre
el Estado o el no Estado haitiano es que siguen dirigidas hacia una
figura vacía, mero significante, que se intenta a toda costa de
disfrazar con una función, como un fetiche, en lugar de liberarse
del pasado incesantemente fantaseado, para enunciar un
verdadero horizonte colectivo, el esquema de un orden deseado
en común y determinar el significado de un mundo posible en
común. Este pueblo ha hecho un esfuerzo colosal para deshacerse
de la gangrena duvalierista a través del surgimiento de grandes
organizaciones campesinas (MPP, Tet Kolé) y de una estructura
progresista de la Iglesia apoyada por un movimiento de la
sociedad civil (Onè Rekspè). Es el mismo pueblo que participó en
una importante campaña de alfabetización elogiada por expertos
internacionales. La era posterior a Duvalier abrió el campo a una
lucha por el reconocimiento de los derechos fundamentales,
comenzando por los del campesinado, aún discriminados en ese
momento tanto por el registro nacional como por la marginación
del idioma de la mayoría, el créole. Por lo tanto, los derechos
lingüísticos se convirtieron naturalmente en la punta de lanza de
un movimiento en pos de reconocer los derechos de todos, en
particular mediante la adopción de una nueva constitución en
lengua créole en marzo de 1987. Había mucho por hacer para las
organizaciones de derechos humanos movilizadas en torno a la
justicia para todos: al derecho a la tierra, a la vida doméstica, al
derecho a un salario mínimo, al derecho de las mujeres. Tantos
proyectos para desarrollar para este joven Estado y esta gente
recién liberada. Pero este proceso de estructuración de un nuevo
23
poder con su nueva constitución fue detenido netamente por las
especulaciones estratégicas del gobierno de Bush Padre, por
temor a una nueva Cuba. Sin embargo, incluso después de este
giro imperialista, durante los cuatro años de embargo y represión
militar, los activistas de derechos humanos, apoyados por redes
internacionales, denunciarán y documentarán miles de
violaciones de derechos humanos en el país. En particular
referirán a las numerosas violaciones a mujeres y a múltiples
asesinatos realizados a hombres, niños y ancianos. Esta acción
conducirá al establecimiento de una Comisión de la Verdad y la
Justicia en 1995, pero cuyo informe (1995), a pesar de ser
monumental, terminará siendo letra muerta. Luego, con el retorno
forzado de Aristide, los habitantes fueron entregados a los
dictados del FMI y a la liberalización a ultranza. El siguiente
gobierno, bajo la primera presidencia de Préval y bajo presión de
los Estados Unidos, hará solo un simulacro de aplicación del
trabajo de esta Comisión, para evitar revelar los vínculos entre
ciertos líderes de los escuadrones de la muerte y la financiación
pública estadounidense. Estas prácticas de desestructuración
destruyeron el tejido social, instituyeron la impunidad,
restablecieron una economía de dependencia total y agotaron las
capacidades para organizar la resistencia. Estas personas no son
ingobernables ni resistentes a la gobernanza. ¡Capturamos su
libertad y su autonomía, como en tiempos de la esclavitud!
24
organizaciones con responsabilidad efectiva. Esta tendencia va en
la dirección opuesta de aquello por lo cual es urgente bregar, a
saber, por la reconstrucción de intereses comunes, anclados en las
necesidades primarias y vinculados a las capacidades de
resiliencia de las poblaciones obligadas a sobrevivir. Son
demasiados los gestores intermedios y los llamados líderes que
están desconectados de estas condiciones operativas que
conducen a la construcción conjunta de soluciones comunes. Los
actores que requieren ser apoyados son aquellos que, a través de
sus prácticas actuales de proximidad, tienen la intención de
apoyar procesos económicos sanos que permitan que áreas
geográficas específicas y comunidades locales fortalezcan sus
capacidades de producción y comercio. Hasta el día de hoy, la
implementación de una reforma agraria es una cuenta pendiente
en Haití (!), al igual que la descentralización efectiva del Estado y
la estabilización de sus misiones centrales de justicia y policía, e
incluso de protección ambiental. Desde la partida de Duvalier, las
políticas internacionales, y de las ONG respaldadas
internacionalmente, solo han reemplazado la acción pública,
incluida la gestión de residuos peligrosos. En lugar de buscar
cómo "hacer”, como promover la acción autónoma de la sociedad,
todos acuden allí para encontrar una solución propia en su micro
dominio: algunos en su estructura de cuidado, otros en su
estructura educativa, otros en sus proyectos de microdesarrollo,
eco-social, etc. Al suspender la construcción de una democracia
popular post-Duvalierista, hemos dejado de lado las capacidades
reales de las poblaciones apostando exclusivamente a la
asistencia. La esperanza reside en detener este círculo vicioso de
dependencia y en elegir partir desde las capacidades disponibles
de la población haitiana, trabajar para el desarrollo del liderazgo
local, su coordinación y su seguridad en el espacio común
necesario para su éxito. Al aspirar al establecimiento de un poder
ejecutivo basado en la fantasía de los grandes partidos que
proponen líneas de convergencia en el interés general, solo
estamos fortaleciendo a los principales agentes de la corrupción y
el tráfico de drogas.
Al mismo tiempo, este enfoque no puede eludir la pregunta
crucial sobre el surgimiento de nuevos actores locales. En la actual
situación de punto muerto, los actores tradicionales en proyectos
de desarrollo y derechos humanos han alcanzado sus límites.
Ellos no tienen otra opción que someterse a la dirección de las
redes de la mafia y acordar comprometerse con ellos en una
25
apariencia de oposición al régimen vigente, mientras saben que la
agenda así validada en realidad no concierne más que el
reemplazo de un clan por otro igual de corrupto e igualmente
ligado a los diferentes tráficos (armas, seres humanos, drogas,
etc.). Estos actores tradicionales no perturban en nada esencial los
planes de la oligarquía, ya que nunca han considerado cambiar el
orden económico dominante y se oponen a cualquier forma de
liderazgo estatal. Cada vez más desconectados de las condiciones
de la vida real, se ven encuentran alineados detrás de las redes
mafiosas, tanto por la falta de medios como de ideas. Es necesario
un mínimo de vida política y espacio público para salir de la
crisis, un ambiente de debate donde los interlocutores puedan
acordar un futuro común y responsabilidades compartidas. Esta
contribución humana es esencial para emprender el
fortalecimiento de las relaciones sociales cooperativas. Se trata de
escapar de esta estrategia tramposa que consiste en presentarse
fuera del marco, fuera del partido, sin proyecto, como no político,
sin interés identificado, para vincular a una figura moral
individual el ideal fantaseado de un país mejor.
¿Cambiar de enfoque?
26
apoyar la reforma del Estado, tanto en términos de gestión
económica y financiera, como en el de las autoridades locales, que
son la clave para un 'Gobierno local descentralizado’.
La economía dominante no ayuda mucho a este respecto ya
que funciona a través de un juego de oferta y demanda que
refuerza constantemente la dependencia con los países vecinos.
Para hacerse rico, es mejor invertir en importaciones, incluso para
producir en un país vecino con mejor infraestructura y luego
importar a Haití. Las zonas francas, como podría sospecharse, no
tienen un impacto positivo en el tejido social local y solo son
rentables para las industrias que las producen para la exportación.
La reconstrucción de un Estado haitiano debe ir de la mano del
establecimiento de otro modelo de desarrollo económico más
arraigado en las comunidades locales, centrado en la
autosuficiencia y preocupado por aumentar las habilidades de las
poblaciones interesadas. En esta área, las iniciativas innovadoras
vinculadas a las cadenas de suministro de cercanía y a la
autosuficiencia alimentaria podrían encontrar su lugar en Haití,
como ya sospechaba el geógrafo Georges Anglade, con su idea de
regresar a las comunidades de producción local que ya
anticipaban la necesidad de una economía de transición basada en
un modelo de postdesarrollo. Estas ideas están fuertemente
presentes hoy en el feminismo decolonial latinoamericano,
especialmente en Raquel Gutiérrez o Rita Segato.
En 2015, varios colectivos trataron de dar un impulso
necesario a tal cambio de las ayudas hacia la economía social y
solidaria. La idea era acordar una base común, una definición
común y un plan de acción común. No hay escasez de modelos,
especialmente de Europa o América del Norte. La necesidad de
organizar sectores enteros de la economía de acuerdo con
principios y reglas diferentes al modelo clásico ha surgido en
varias áreas, relacionadas con la salud, el medio ambiente, la
formación y la cultura. La utilidad social de la actividad y los
criterios de participación compiten con el objetivo de rentabilidad
y remuneración del capital. Este mercado alternativo es estable,
proporciona empleos y a menudo alcanza una masa del 10% en la
producción de riqueza para los países que lo organizaron y
supervisaron. Obviamente, este modelo alternativo requiere un
marco legal, agentes capacitados y una recepción favorable de la
sociedad civil. No se establece dicho mercado por decreto en un
país. Es necesario proceder por etapas, vincular las prácticas
existentes, agruparlas y consolidarlas, desarrollar una estrategia
27
de anclaje en la sociedad civil, en resumen, implementar una
ingeniería social completa para enfrentar riesgos, conflictos de
intereses y necesidades organizativas. No transformamos de la
noche a la mañana un colectivo local, un grupo de agricultores o
una asociación de vecinos en una empresa social. El problema no
radica únicamente en la transformación de los conocimientos y la
adquisición de nuevas habilidades. También reside en un cambio
en la cultura del entorno que debe acompañar a este movimiento
de innovación. La solidaridad externa puede desempeñar un
papel en el apoyo a un cambio en la cultura del entorno, pero no
es suficiente. Se deben establecer pasos y proveer las garantías
que hagan que tal proyecto no solo sea viable, sino también
atractivo. El desafío es recrear un papel para los diversos actores
involucrados: el Estado, las organizaciones privadas de
desarrollo, las comunidades locales y la sociedad civil, de modo
que se identifiquen y distribuyan las responsabilidades y los
compromisos. ¡No es más ni menos que la reconstrucción
paciente, in vivo e in situ, del interés común!
Los nuevos parámetros extraeconómicos, como la
participación en las decisiones, la participación en los beneficios
del capital, la integración de una actividad sostenible en una
economía de transición y del postdesarrollo, también deben
integrarse en la ecuación. Con postdesarrollo, queremos decir
aquí una organización económica centrada en redes locales con el
objetivo de reproducir bienes colectivos y los dispositivos que
favorecen su uso compartido. Pero nuevamente, dichos
parámetros no pueden imponerse desde el exterior, como una
norma contable impuesto por una autoridad reguladora. El
objetivo es responder colectivamente a los múltiples desafíos
relacionados con la necesidad de una actividad sustentable:
servicios eléctricos, uso responsable de productos fitosanitarios,
limitación de rendimientos teniendo en cuenta el bienestar animal
y las necesidades del suelo, mantenimiento de la variedad de
especies, uso de energías renovables, etc. ¿Qué significado se debe
dar a estos requisitos en un país en emergencia alimentaria e
invadido por los productos de la economía agroindustrial de sus
vecinos? Ciertamente, se deben aprender lecciones del fracaso del
desarrollo desregulado, del éxodo rural masivo y de la adhesión
ciega al libre mercado. Pero una vez más se trata de la debilidad
estructural del Estado, una debilidad causada primero por el
agotamiento de los recursos en el contexto del fin de una
dictadura de treinta años ; luego por la violencia recurrente
28
causada por treinta años de transición política, un embargo
internacional, dos intervenciones militares, costosas misiones de
la ONU ; y finalmente por un statu quo político posterior al
terremoto forzado por la comunidad internacional para intentar
una reconstrucción que no se implementó en la práctica y que
terminó desacreditando cualquier forma de acción colectiva y
cualquier forma de liderazgo que afirme ser de interés público.
Los últimos meses han sido la evidencia de la bancarrota total de
una estructura pública sin crédito para sus ciudadanos e incapaz
de proponer, y mucho menos de sostener, una política para poner
fin a la crisis.
Este diagnóstico plantea una pregunta fundamental con
respecto a los mecanismos de solidaridad que se movilizarán ante
tal situación. El cambio hacia la economía social y solidaria podría
ser decisivo para volver a movilizar a la población en un proceso
de participación y de toma del control de su destino. Pero este
proceso es lento y requiere un cambio cultural en las prácticas
establecidas. Además, sin la reconstrucción de un Estado, los
problemas estructurales e históricos de Haití resurgirán como
factores de bloqueo, en particular la ausencia de reforma agraria,
la fragmentación de las pequeñas propiedades, el
empobrecimiento del suelo por deforestación y sequía, etc.; el
acceso inexistente al crédito para pequeñas y medianas empresas,
lo que paraliza tanto la economía tradicional como la economía
social. Frente a este proceso, el reloj ecológico deja poco tiempo.
Cada año trae su parte de desastres para una población indefensa.
La ayuda económica clásica, la administración financiera, menos
aún los planes de austeridad o ajuste, no pueden hacer nada. Hoy,
debemos considerar otros mecanismos apoyados por nuevos
enfoques de solidaridad para salir, en el largo plazo, del
desarrollismo económico y humano.
29
últimos veinte años en la demanda recurrente de reparación
dirigida a Francia en relación con la deuda de la independencia.
El joven Estado haitiano tuvo que monetarizar su reconocimiento
internacional y su acceso al mercado a precios del oro, una deuda
de 90 millones de francos que Haití pagó con un último tratado en
1883. Pero este aspecto es solo un elemento de un expediente
mucho más amplio que se refiere a todas las injusticias infligidas a
esta nación negra en las relaciones internacionales y por la
violación de su territorio. El déficit generado, por ejemplo, por la
ocupación estadounidense y por la reorganización del comercio
del azúcar en beneficio de Cuba durante la Primera Guerra
Mundial también debe cuantificarse, al igual que, por tomar un
ejemplo más reciente, el embargo impuesto entre 1992 y 1995, que
constituyó un shock económico considerable para el joven Estado
post-Duvalier. En el marco de una conciencia decolonial, En el
marco de una conciencia decolonial, las potencias mundiales
deberían ser consideradas como los grandes deudores frente
Haití, la primera nación negra del mundo.
El segundo elemento es ecológico y toca el nuevo tema de la
justicia climática (COMEST, 2016). Haití está amenazado por las
consecuencias de un calentamiento global del que no se ha
beneficiado. ¿Cómo planeamos la protección de su población,
librada completamente a su suerte como lo demuestra el
terremoto de 2010 y la epidemia de cólera que le siguió? Estamos
hablando de cientos de miles de muertes. Sin embargo, desde la
COP 21, se han logrado avances significativos gracias a la atención
en el poder de resiliencia de las poblaciones vulnerables. Esta idea
es un complemento esencial para una política de reparación. La
idea de resiliencia nos parece contener un cambio importante en
los conocidos mecanismos de solidaridad. Esta transformación
consiste en partir desde un "otro lugar" sobre el cual no se posee
total control, basado en recursos cualitativos, no cuantificables de
inmediato, para construir la relación de solidaridad. Ese “otro
lugar” es el poder de las poblaciones involucradas, su capacidad
para actuar colectivamente ante el desastre y para producir
soluciones operativas para protegerse. En lugar de ser
consideradas víctimas potenciales, son reconocidas como actores
relevantes con los que se deben encontrar soluciones. Estas
poblaciones deben ser apoyadas desde hoy anticipando el papel
que tendrán que jugar para salir del desastre. Este enfoque
conduce a un nuevo tipo de solidaridad: al admitir la dimensión
limitada de sus acciones, esta "solidaridad tal" depende
30
operacionalmente de las capacidades de los actores involucrados
para producir una parte de la solución que va más allá de su
alcance.
Hasta ahora, las solidaridades sociales se han construido a
partir de un ciclo de donación y promesa de reciprocidad como
una provisión de recursos, un reparto de fuerzas que hace posible
aumentar las capacidades temporalmente en déficit según una
situación de emergencia. Existieron diferentes factores
desencadenantes, pero todos respondieron al mismo patrón de
estímulo / respuesta después de situaciones de desastre o
agresión. Podríamos hablar de "solidaridad compensatoria". Los
desafíos ecológicos han llevado a considerar otra forma de
solidaridad. Podríamos hablar en este nuevo caso de "solidaridad
de resiliencia" en el sentido de que se busca establecer las
condiciones para una relación de resolución de problemas.
Admitir la correlación de estos dos principios de reparación
y resiliencia es, por un lado, dejar de lado la pretensión de
mantener soluciones ideales y operacionales frente al sufrimiento
excesivo causado por el narco-caos. Pero también se está abriendo
a lo desconocido de una sociedad proyectada hacia un desastre al
que la mayoría no ha contribuido, y en la medida en que este
horizonte desastroso requiere dar sentido a otras formas de
solidaridad para salir del mismo. Se trata de reconocer el interés
que la experiencia de la vulnerabilidad representa para todos en el
futuro, ya que permite construir soluciones proporcionales, es
decir, directamente apropiadas por los actores involucrados.
¿Singularidad de Haití?
31
posibilidad que armarse contra un orden que le da
permanentemente la espalda a sus intereses y a sus carencias. La
recurrencia de los ascensos neofascistas o neopopulistas, los
posibles sueños teocráticos de pureza nacional y orden moral,
apoyados en particular por la ola evangelista, tal vez sean solo
síntomas. Es en la relación con el orden donde se encuentra el
problema fundamental y especialmente en la relación con lo que
este dice ser. Si el orden público se afirma como una suma cero o
un equilibrio de todos los intereses particulares de los principales
agentes de un sistema dado, como una forma de alinear las
preferencias de todos a corto plazo de acuerdo con los intereses
mayoritarios, los de los Estados Unidos de América, inversión
extranjera, corporaciones transnacionales, grandes terratenientes,
carteles, etc., tal orden es solo un principio de subyugación de
intereses minoritarios, o incluso su negación total. También
constituye una identidad artificial de intereses en una forma
objetiva independiente y sobreimpuesta. Tal orden público
despierta el refugio de los intereses minoritarios (de hecho, los de
las masas) en el resentimiento por el orden robado y en la
expectativa apocalíptica de un cambio hacia un orden
completamente diferente. O el Estado se convierte así en el lugar
vacío del cual la mayoría silenciosa está desinteresada, o sigue
siendo el receptáculo latente de un mesianismo inconsciente, una
predisposición ante cualquier promesa de destitución de la
perversión. En ambos casos, prevalece la apolítica del orden
deseado. Está fuera del alcance de lo colectivamente realizable.
No posee ser actual. Y esta falta corresponde de hecho a la
frustración más profunda internalizada por toda una historia
colectiva: la frustración de no ser uno mismo y de no tener poder
capaz de corregir esta situación. El Estado como espacio para la
subjetivación de los intereses colectivos no existe, y esta falta
bloquea en su realidad vivida opresiva o fantástica la relación con
la capacidad de hacer Estado, por lo tanto, hacer-ser lo colectivo
en su pluralidad (no identidad). De hecho, estamos presenciando
el colapso de los Estados de la región en un momento en que la
justicia climática se está convirtiendo en un tema decisivo para
proteger a poblaciones apoyándose en los regímenes de
cooperación interestatales ...
32
Los pueblos son como los volcanes ante
la injusticia social
33
pueblos son como los volcanes a los que nadie les prende fuego
porque ellos estallan solos.
Así ha sido siempre en la historia y no tiene por qué ser
diferente en estos momentos de protestas populares ante la
injusticia social generada por el neoliberalismo.
La historia de la humanidad ofrece innumerables
testimonios de insurrecciones populares que, independientemente
de que hayan sido dirigidas por líderes como Espartaco, Thomas
Müntzer, Tupac Amaru, Simón Bolívar o José de San Martín, para
solo nombrar algunos de ellos, estas emergieron de las entrañas
de sus respectivos pueblos.
Engels consideraba que cuando los pueblos tienen
necesidad de líderes los crean; por tanto, si no hubieran sido ellos,
de seguro hubieran surgido otros para dirigir tales
levantamientos.
Tras el desembarco del Granma, de los ochenta y dos
expedicionarios lograron sobrevivir solo doce. Después de aquel
infortunio, cuando Fidel le preguntó a Raúl con cuántos
combatientes y armas contaban, éste le informó esa cifra y que
solo disponían de siete fusiles. Entonces Fidel exclamó: ¡“Ahora sí
ganamos la Revolución”! Años más tarde, Raúl declararía que
pensó que su hermano estaba loco, pero por respeto no lo expresó.
Apenas había transcurrido un mes y aquel minúsculo grupo se
enriqueció con un centenar de campesinos que, armados de
escopeta de cacería, atacaron y tomaron el cuartel del ejército. En
menos de dos años el Ejército Rebelde, conformado por algo más
cuatro mil combatientes, derrotó a un ejército de varias decenas
de miles de soldados abastecido con el más moderno armamento
proporcionado por el gobierno norteamericano.
Independientemente del carisma y la vehemencia de sus
líderes, la Revolución cubana triunfó porque fue decisión de un
pueblo. Al respecto, Martí planteó: “Nada es un hombre en sí, y lo
que es, lo pone en él su pueblo. En vano concede la Naturaleza a
algunos de sus hijos cualidades privilegiadas; porque serán polvo
y azote si no se hacen carne de su pueblo, mientras que, si van con
él, y le sirven de brazo y de voz, por él se verán encumbrados,
como las flores que lleva en su cima una montaña”.4
4Martí, José. Obras completas. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1976, t. 13,
p. 34.
34
Lo curioso de las protestas populares que se han producido
en los últimos meses en algunos países latinoamericanos, ante las
injusticias sociales generadas por las políticas neoliberales, es que
no han sido convocadas o dirigidas por determinadas personas a
quienes se les pueda considerar propiamente líderes. Aun cuando
han sido organizadas por diferentes movimientos sociales, no
resulta en modo alguno sostenible que estas sean un producto
exclusivo de dichas convocatorias.
Si no se hubiese acumulado el magma explosivo en las
entrañas de diferentes sectores populares, difícilmente hubiesen
encontrado recepción las posibles arengas de personas o
instituciones para lanzarse a protestar con tanta vehemencia y
magnitud.
Una prueba de que las causas de estas protestas sociales son
disímiles la constituye la heterogeneidad de sus participantes. En
ellas han confluido obreros, empleados públicos, estudiantes,
campesinos, indígenas, afrodescendientes, jóvenes no vinculados
ni al trabajo ni al estudio, profesionales de clase media, mujeres,
ecologistas, etc. Por tanto, resulta muy difícil arribar a la
conclusión de que es una sola la causa de dichas protestas. Por
supuesto que hay un elemento común a todas ellas, esto es, la
inconformidad con la injusticia social; pero los diferentes sectores
que participan la perciben de distinta forma, aunque se hayan
unido en las protestas.
Ciertamente no se trata solo de revueltas de carácter
político, sino de profunda raíz socioeconómica. No es solo que
algunos sectores aspiren a tener un mayor protagonismo político,
pues ni siquiera desean convertirse en partidos propiamente. Lo
único que desean es que se produzca una más equitativa
distribución de la riqueza social, especialmente en algunos de los
países latinoamericanos que se destacan por encontrarse en los
récords mundiales de mayor desigualdad social.
Ha sido común que gobiernos cuestionados por huelgas,
marchas y otros tipos de manifestaciones hayan pretendido
buscar las causas en factores exógenos. Tal postura, caracterizada
por ver solo la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio,
tampoco es absolutamente nueva.
La xenofobia motivó, ya en la antigüedad, en el medioevo y
en mayor medida desde el nacimiento de la modernidad hasta
nuestros días, que los sectores dominantes tratasen de enturbiar la
mirada de los pueblos e impedir que éstos se percataran de dónde
radican las verdaderas causas de su penosa condición.
35
Los gobernantes griegos acusaban a los romanos de ser la
causa de la decadencia de su esplendor, engullido
fagocitósicamente por el poderoso imperio. A su vez, los
ideólogos de este último culparían a los bárbaros de su respectiva
destrucción. Toda la culpa de la susodicha debacle se trató de
endilgar a Atila o a cualquier otro caudillo.
Hitler culpó a los judíos de la difícil situación del pueblo
alemán después del Tratado de Versalles. Lo peor fue que
manipuló a la opinión pública con mecanismos de cooptación
como los creados por Goebbels, según el principio de que una
mentira repetida muchas veces se convierte en verdad.
Por supuesto que tal postulado es epistemológicamente
erróneo, pero no hay duda de que funciona, y puede provocar
efectos insospechados. De ahí que comúnmente los medios de
comunicación masiva controlados por los poderes económicos y
políticos dominantes utilicen la misma estrategia de inocular en
los sectores populares, en especial en la vacilante clase media, la
creencia de que un supuesto enemigo externo es el causante de
todos los males que los afligen.
Las imágenes mostradas por las empresas televisivas de los
países con gobiernos progresistas son aterradoras, y a veces hasta
algunos de la propia izquierda las toman en serio. No es
sorprendente, aunque sí motivo de risa, que se trate de culpar al
Foro de Sao Paulo, al anarquismo internacional, a subversivos
agentes cubanos o venezolanos de las protestas sociales que se
han producido en los últimos meses en algunos países
latinoamericanos. Por supuesto que cuando el chivo expiatorio se
encuentra muy distante, a los gobernantes les resulta más fácil
excusarse por la supuesta dificultad de castigarlo de manera
debida, por lo que consideran como algo “natural” que las
protestas sean imposibles de calmar, pues sus causas escapan de
sus posibilidades de control.
Pero, por fortuna, todo indica que los diferentes sectores
que intervienen en las protestas actuales no son tan ingenuos,
como tal vez lo pueden haber sido otros en diferentes épocas y
contextos. Los actuales han obligado a los gobernantes de turno a
sentarse a la mesa de negociaciones para encontrar soluciones a
los reclamos populares ante su difícil situación, en lugar de salir al
extranjero a localizar posibles culpables de los disturbios.
Algunos mandatarios y sus asesores comienzan a ceder en
su tozudez, o al menos aparentan alguna “comprensión” ante las
demandas populares por sus excesivos privilegios. Llegan a
36
producirse hipócritas declaraciones de mea culpa con
reconocimiento no solo de circunstanciales errores políticos, sino
de algo más esencial como el efecto de lo que han denominado
sus excesivos privilegios. Esto no significa que se planteen
eliminarlos, sino solamente “reconocerlos”, que es otra cuestión.
Cuando en el pasado siglo se producían protestas en los
Estados Unidos de América durante las pacíficas manifestaciones
por los derechos civiles ante la discriminación racial o contra la
guerra de Vietnam, y también en Europa, la cuestión parecía algo
distante del escenario latinoamericano. Sin embargo, la
preocupación se incrementó cuando algunas de aquellas protestas
tuvieron eco en varias ciudades latinoamericanas, e incluso
terminaron con violentas represiones, como la matanza de
Tlatelolco en México.
Muy diferente fue la amplia divulgación por parte de los
medios de comunicación masiva y la euforia de los sectores
dominantes y gobiernos de turno en los países capitalistas cuando
las protestas tenían lugar en el entonces existente campo
socialista. Fueron exaltadas las revueltas en Hungría en 1956, los
acontecimientos en Praga que motivaron la intervención del
ejército soviético en 1968 o del ejército chino en la Plaza de
Tiananmen. Sin duda, la de mayor acogida entre las élites
gobernantes de Occidente fue el derrumbe del Muro de Berlín y
luego el desmonte de todos los gobiernos en Europa Oriental
hasta el de la Unión Soviética. No se les ocurría entonces plantear
que aquellas protestas eran engendros de la CIA, de Radio Europa
Libre o de agentes extranjeros infiltrados, sino producto de la
espontánea explosión de los pueblos de aquellos países. Como en
verdad sucedió.
No siempre los análisis de la izquierda sobre las causas del
derrumbe del socialismo real fueron atinados. Y lo peor es que
cuando se confunden las causas, se pueden cometer los mismos
errores. El Che decía que el hombre es el único animal que
tropieza dos veces con la misma piedra.
En un debate sobre las causas de la destrucción de la Unión
Soviética, alguien nos planteó que se había descubierto que
Gorbachov había sido captado por la CIA. Argumenté en mi
respuesta que, si habíamos aprendido según la concepción
materialista de la historia que no son los líderes, sino los pueblos,
sus verdaderos protagonistas, era insostenible esa explicación.
Repliqué señalando que en el hipotético caso de descubrir que un
presidente de los Estados Unidos de América fuese captado por
37
una agencia extranjera de inteligencia de un país socialista, de
seguro sería reemplazado por otro sin que eso implicase que ese
país abandonase el capitalismo.
La misma cientificidad que debe caracterizar el estudio de
las causas de las actuales protestas sociales ante las políticas
neoliberales se exigió a raíz del derrumbe de los países del
llamado “socialismo real”. En estos análisis se debe presuponer
que nadie posee el “socialistómetro” perfecto para medir la mayor
o menor cantidad de socialismo en cada uno de los países. Una
adecuada investigación debe ser lo más objetiva y precisa posible
para evitar inadecuadas transposiciones.
En ocasión de que Fidel Castro convocara a representantes
de diversas disciplinas para crear un sindicato de trabajadores de
la ciencia, preguntó si podíamos aportar elementos para valorar
por qué se había producido aquel proceso. Entre los múltiples
argumentos que se plantearon, señalamos que una de las posibles
causas consistía en la diferencia que existe en el plano
epistemológico y axiológico entre las ciencias formales, naturales,
técnicas y las sociales. Mientras en las primeras el componente
ideológico no resulta evidente, en el último caso sí lo es. Por esa
razón, cuando en los otrora países socialistas se producía un error
de un ingeniero o un científico natural, era sencillo atribuirlo a
una falla epistemológica. Pero cuando se equivocaba un científico
social, resultaba común que no se atribuyera a esta última, sino a
razones ideológicas. Por ello era más común que se produjese
cierta autocensura entre los científicos sociales, que no eran
suficientemente valorados por los gobernantes de aquellos países.
En su lugar, estos últimos les prestaban más atención a los
periodistas que casi siempre resultaban ser apologistas del statu
quo, en lugar de ser críticos de la situación real existente en sus
respectivos países. De ahí que se sorprendiesen por las protestas
producidas a partir de la caída del Muro de Berlín.
Algo similar le ha sucedido en la actualidad a los
gobernantes neoliberales en Latinoamérica. Tal vez les prestaron
más atención a los medios de comunicación masiva, que por regla
general están financiados y controlados por los sectores
económicos dominantes, de manera que edulcoran las difíciles
condiciones de vida de los sectores populares. Al no tomar en
cuenta serios y profundos análisis de científicos sociales sobre sus
respectivos países, pensaban que vivían en el mejor mundo
posible, por lo que toda la población debía estar apacible y
satisfecha. Por eso han quedado desconcertados y algunos aún no
38
logran comprender cabalmente por qué se calentó un magma tan
explosivo.
Uno de los objetivos esenciales de los análisis sobre este
tema debe ser contribuir de algún modo a analizar las causas de
las protestas ante las injusticias producidas por el neoliberalismo,
y de ese modo también aportar elementos que puedan ser útiles a
los gobernantes de los países donde existen gobiernos
progresistas, de manera que puedan continuar con éxitos los
nuevos experimentos, algunos de los cuales se orientan hacia el
socialismo.
Algo parece fallar en la lógica de quienes pretenden hallar
las causas de las protestas sociales actuales en varios países
latinoamericanos solo en factores exógenos, pues resulta
inconsecuente considerar que las ocurridas en aquellos países del
llamado “socialismo real” se debían solo a sus contradicciones
internas, y ahora, cuando se producen en los países del
“capitalismo real”, solo pretenden apelar a factores externos.
De manera similar ha predominado la consideración de que
las protestas durante la primavera árabe, las de los indignados
españoles, de los chalecos amarillos franceses, etc., se justifican
como procesos propios de los pueblos de estos países, y no como
producto de alguna maquiavélica mano foránea. ¿Por qué razón
pensar que el caso de las producidas actualmente en algunos
países de Nuestra América es totalmente diferente?
Aquellas protestas eran vistas como algo lejano y no
apropiado para nuestro contexto. Incluso, tampoco preocupaba
demasiado en caso de que se detectaran algunos manifestantes
extranjeros entre los participantes en aquellas marchas. Pero
cuando la erupción comenzó a manifestarse en este continente con
protestas de los más diversos sectores populares ante la creciente
injusticia social producida por las políticas neoliberales, algunos
gobernantes comenzaron a reflexionar con hipócritas
declaraciones autocríticas, en tanto otros, obcecados y
enceguecidos por su ideología elitista —según la cual el mundo
está bien hecho así—, creen que debe continuar de igual modo.
Tales gobernantes seguirían echándole la culpa de la infidelidad
al sofá.
Estos son los mismos conservadores que Bolívar
caracterizaría en su célebre Carta de Jamaica y luego reiteraría a
Santander. Aunque en ocasiones pueden resultar mayoría, no se
caracterizan precisamente por ser los más vehementes e
39
ilustrados, sino pragmáticamente astutos para embaucar al pueblo
con falsas promesas.
La cuestión es que tales embustes para presentar como una
tacita de oro el neoliberalismo tienen límites. Es conocido que se
puede engañar a parte del pueblo todo el tiempo o se puede
engañar a su totalidad parte del tiempo, pero lo que no se puede
es engañar a todo el pueblo todo el tiempo. Así ha ocurrido en
aquellos países donde se promovió la ilusión de que la absoluta
privatización, incluso del agua, sería la mágica solución a todos
los males sociales.
La caída del Muro de Berlín, y del campo socialista en
general, estimuló la falacia según la cual había que desarticular
todo lo que tuviera que ver con el Estado, y estimular solo lo que
proviniese del mercado. Se sustituyó la utopía abstracta del papá
Estado por la del papá Mercado. La historia parece empeñada en
demostrar que la lógica de Cantinflas tiene algo de racionalidad,
al sostener que no es bueno ni lo uno ni lo otro, sino todo lo
contrario.
Del mismo modo que la rectificación del error del
“socialismo real” al absolutizar el papel del Estado,
independientemente del hecho de que en la mayoría de los casos
los condujo al otro extremo al hiperbolizar el mercado. Tal vez las
actuales protestas sociales puedan conducir a que los gobernantes
de los países que hoy se rigen por los principios del
neoliberalismo rectifiquen sus errores y cedan ante la presión
popular, y de ese modo pongan algún límite a la omnipotencia del
mercado. Indudablemente, el punto medio aristotélico es una
posición algo difícil, pero no imposible de equilibrar.
Por paradójico que resulte, se debe tomar en consideración
que la derecha ha sabido aprovechar también algunas de las
consecuencias del neoliberalismo. Al producirse la fuga de
capitales de los países capitalistas desarrollados hacia China y
otros países donde la fuerza de trabajo es barata, se incrementó el
desempleo en éstos; situación que ha sido aprovechada en las
campañas electorales como las de Trump, del mismo modo que la
derecha ha alcanzado algunos triunfos en Europa.
Tal vez aquella idea de Marx y Engels de que los obreros no
tienen patria sea hoy más apropiada para los empresarios
neoliberales que les importe poco el progreso de sus respectivos
países y sitúan sus capitales en aquellos países donde pueden
encontrar mayores dividendos.
40
Las bases filosóficas e ideológicas del neoliberalismo
descansan lógicamente sobre los pilares del liberalismo, según los
cuales el eje central y primordial de la sociedad es el individuo, el
cual debe salvaguardarse por encima de cualquier otra entidad,
aun cuando esta presuma de representarlo como Estado, partido,
clase social, Iglesia, etc. Se parte del presupuesto de que la
libertad individual debe ser protegida esencialmente para
salvaguardar el derecho a la propiedad privada, y esta pueda
someterse a las libres relaciones de la economía de mercado.
Una interpretación forzada de los fundamentos filosóficos,
tanto del liberalismo como de su renovación contemporánea,
podría llevar a pensar que su proclamado individualismo implica
necesariamente desatender cualquier tipo de compromiso y
obligación social o colectiva. Sin embargo, el asunto no es tan
sencillo.
Los más preclaros pensadores de todos los tiempos, desde
Aristóteles, con su consideración del hombre como zoon politikon,
hasta los ilustrados modernos, han insistido siempre en que el
hombre no es un ser aislado o absolutamente independiente de
los demás seres humanos y de las distintas formas de
organización social que existen en la historia.
Ya desde el siglo XVIII, en la “Declaración de los derechos
del hombre y del ciudadano” proclamada por la Asamblea
Nacional de Francia se expresaba claramente la preocupación por
que la realización de tales derechos no implicara una
absolutización de lo individual y, por tanto, algún tipo de
indiferencia por las consecuencias sociales de éstos. Así se plantea
en su epígrafe IV: “La libertad política consiste en poder hacer
todo aquello que no cause perjuicio a los demás. El ejercicio de los
derechos naturales de cada hombre, no tiene otros límites que
aquellos necesarios para garantizar a cualquier otro hombre el
libre ejercicio de los mismos derechos; y estos límites sólo pueden
ser determinados por la ley”.5
El excesivo individualismo preconizado por el
neoliberalismo contemporáneo, si bien tiene vasos comunicantes
con la defensa de la individualidad planteada por el pensamiento
liberal anterior, constituye en verdad una extralimitación
41
peligrosa que atenta ideológicamente contra la necesaria cohesión
social que exige cualquier sociedad civilizada.
Uno de los padres del liberalismo decimonónico, John
Stuart Mill, declaraba: “La única parte de la conducta de todo
hombre de que es responsable ante la sociedad, es aquella que se
relaciona con los demás. En lo que sólo concierne a él mismo, su
independencia debe ser absoluta. Todo individuo es soberano
sobre sí mismo, así como su cuerpo y su mente”.6
Si bien por un lado establece una soberanía sobre la persona,
toma precauciones en cuanto a que su realización no implique en
modo alguno la afectación de otros. La preocupación por lo social
es permanente en éste y otros tempranos ideólogos del
liberalismo.
Tal vez uno de los rasgos que diferencian el neoliberalismo
de su precursor es brindar mucha menor atención a la
interdependencia social de los individuos, al pensar ilusoriamente
que la resultante de la lucha aislada por la supervivencia de los
individuos de manera espontánea siempre redundará en beneficio
social. Es algo que la experiencia histórica, en lugar de confirmar,
ha desmentido y ha sido reconocido por muchos investigadores.
Debe destacarse que incluso ideólogos del liberalismo
decimonónico y cultivadores del social darwinismo, como
Spencer, trataron de encontrar en el meliorismo, a través de su
propuesta de un ego altruismo, una fórmula que contribuyera a
crear confianza en la posibilidad de un mejoramiento de las
condiciones de vida de los más infortunados mediante la
educación, la atención de las empresas a sus obreros y los
gobiernos a los ciudadanos, aun cuando el filósofo inglés fuese un
defensor de las prerrogativas del individuo frente al Estado.
Spencer consideraba que en los primeros estadios de la
evolución humana se justificaba el enfrentamiento por la
supervivencia entre los individuos, tanto animales como
humanos. Este hecho era solo comprensible durante una primera
etapa de la evolución social, pero no de manera permanente en la
evolución social, y mucho menos lógico resultaba que tendiera a
incrementarse en el futuro. En su lugar, pensaba que la
solidaridad y la cooperación caracterizarían el rumbo del
progreso humano. Todo lo contrario, propugnan los ideólogos
actuales del neoliberalismo, quienes vaticinan la futura guerra de
42
todos contra todos, preconizada por Hobbes, en la que el
cavernícola principio de “sálvese quien pueda” deberá encabezar
las nuevas constituciones neoliberales.
Sin embargo, la historia es testaruda y la trayectoria
universal del pensamiento, desde la antigüedad hasta nuestros
días, pone de manifiesto que ha habido una mayor tendencia
hacia el humanismo que hacia las concepciones misantrópicas.
Aquellas concepciones que parten de la existencia de una
presunta naturaleza humana conducen a un fatalismo biológico
que implica concebir al hombre como una bestia o como un ángel,
ignorando la permanente lucha que José Martí reconoció existe
entre ellos. Algo similar ocurre cuando se parte de admitir una
metafísica esencia humana, en lugar de considerar, como en
verdad sucede, una histórica, circunstancial y dialéctica condición
humana.
El pensamiento filosófico y político latinoamericano se ha
caracterizado por una mayor propensión hacia esta última
concepción que hacia las dos primeras. En muchas ocasiones se
aprecia una tendencia hacia lo que Marx denominó un
“humanismo práctico”,7 esto es, aquel que se caracteriza por una
postura de compromiso activo, militante y arriesgado con la
defensa de la dignidad de determinados grupos humanos, a
diferencia del humanismo abstracto, el cual se limita a simples
declaraciones filantrópicas que no trascienden más allá de cierta
misericordia o postura piadosa ante indígenas, esclavos, siervos,
proletarios, mujeres, niños, minusválidos, etc. El humanismo
práctico debe distanciarse del antropocentrismo que ha
caracterizado generalmente a la cultura occidental y tomar en
consideración la imprescindible interdependencia entre el hombre
y la naturaleza.
Este “humanismo práctico” se puso de manifiesto en los
próceres de la independencia latinoamericana, quienes no solo
luchaban por la emancipación política, sino también por la justicia
social. Algo similar se observa en quienes posteriormente
43
continuaron la lucha contra diversas formas de injusticia social,
como Zapata, Sandino, Fidel, el Che, Chávez, y en los
innumerables hombres y mujeres que hoy protestan contra las
nefastas consecuencias del neoliberalismo.
La mayoría de las ideologías políticas, religiosas,
concepciones filosóficas, éticas, jurídicas, han incrementado más
su proyección hacia la consideración de lo humano como lo
supremo, en lugar de negar tal condición. Por supuesto, no dejan
de existir excepciones que confirman la regla, y no simplemente
en el plano de las ideas, pues los campos de concentración nazis
constituyeron una prueba muy práctica y real de hasta dónde
puede llegar la barbarie de algunas ideologías elitistas y racistas,
como las que en la actualidad parecen reanimarse.
El espíritu de la modernidad tendió mucho más hacia la
concepción de que el hombre debe ser considerado como un fin en
sí mismo, y a la vez ha de ser merecedor de todas las libertades y
los derechos posibles, hasta el punto que su enfoque unilateral
condujo a un antropocentrismo cerrado y hostil a la naturaleza,
amenazada hoy por la posibilidad de la hecatombe del ecocidio
brutal, que la puede conducir al suicidio universal.
El pensamiento ilustrado que sirvió de base al liberalismo se
caracterizó por su versatilidad y pluralismo en cuanto a corrientes
de pensamiento y posiciones ideológicas. Por tal motivo, el
liberalismo también propugnó, a tono con ese ideal, el culto a la
individualidad, a la libertad personal, a la creatividad, la
diversidad y la riqueza de ideas políticas, jurídicas, y
especialmente la confianza en el progreso humano, entre otras.
Durante mucho tiempo se esgrimió la acusación de que los
regímenes socialistas habían aniquilado esa creatividad y
pluralismo ideológico e implantaban de forma totalitaria, del
mismo modo que los regímenes fascistas, una ideología única y
oficial.
Ahora lo contraproducente es que los ideólogos del
neoliberalismo se asusten ante el pluralismo ideológico e intenten
establecer de forma universal un pensamiento único que no
admita la posibilidad de la construcción de un pensamiento
alternativo. Resulta algo difícil comprender la presunta verdad de
la posverdad, a menos que esta solo sirve para intentar
fundamentar las noticias falsas.
El pensamiento clásico del liberalismo intentó
fundamentarse en los principios de los derechos humanos,
considerados conquistas de la modernidad. Estos derechos,
44
además de su carácter político, como libertad de reunión, de
palabra, elección, etc., implicaban también otros de carácter
económico y social, como el respeto a la propiedad privada, el
derecho a la educación, a la salud, la seguridad, etc.
En este último aspecto se les presentó a los ideólogos del
neoliberalismo un serio conflicto. Si bien por una parte el Estado
benefactor había intentado después de las experiencias del
socialismo del siglo XX dar algunos pasos significativos en la
realización de los principales derechos sociales, aun cuando no
siempre fuesen debidamente acompañados por múltiples
circunstancias de mayor desarrollo de derechos civiles y políticos,
ya desde mucho antes de que comenzara a resquebrajarse el Muro
de Berlín algunos ideólogos del neoliberalismo comenzaron a
cuestionarse la pertinencia de los derechos sociales.
Donde mayor impacto han tenido las oleadas privatizadoras
de los servicios públicos ha sido en los países de menor
desarrollo, como los de América Latina, con cifras impactantes de
deterioro de la calidad de vida de la mayoría de la población y el
incremento del grado de explotación de sectores marginales y
usualmente discriminados, como mujeres, niños e inmigrantes.
A la hora de analizar el porqué de tales giros tan
significativos —y no solo en cuanto a los derechos y conquistas
sociales de los trabajadores— entre el liberalismo decimonónico y
el neoliberalismo contemporáneo, no se pueden desconocer las
transformaciones operadas en el capitalismo en los dos últimos
siglos.
Era lógico que en tiempos del capitalismo premonopolista la
mayor parte de las concepciones filosóficas e ideológicas surgidas
durante la gestación, nacimiento y desarrollo inicial de la sociedad
burguesa se correspondieran con los criterios de libertad,
igualdad y hasta fraternidad, proclamados, independientemente
de su carácter formal, desde el siglo XVIII. De tal forma, en una
época en que los grandes monopolios industriales, financieros y
comerciales no habían desplegado aún su praxis totalitaria, se
podían seguir cultivando las utopías abstractas (Ernst Bloch)
proclamadas por el liberalismo en aquella etapa premonopolista.
Muy distinta sería la situación luego de aparecer el
imperialismo y todas sus consecuencias monopólicas, que
pusieron en crisis incluso a muchos pensadores forjados en el
espíritu liberal anterior, como Bertrand Russel o Enrique José
Varona, por solo nombrar un relevante filósofo latinoamericano
45
que transitó por una crisis ideológica similar a la del pensador
inglés y de muchos otros.
Las tesis ideológicas que se acoplaban con las
transformaciones operadas en el capitalismo a principios del siglo
XX ya no podían nutrirse fácilmente del racionalismo ni del
positivismo, porque chocaban de forma violenta con la realidad
socioeconómica y político-social que se iba tornando cada vez más
irracional y totalitaria.
El espíritu laico y en ocasiones hasta ateo que se había
desarrollado desde la Ilustración comenzó a entrar en desuso, y
nuevas formas de fideísmo empezaron a tomar fuerza, al punto
que algunas han fortalecido el fundamentalismo religioso.
Pareciera que la historia diera marcha atrás y, a principios del
tercer milenio cristiano, con el presunto triunfo de la
posmodernidad, resulta contraproducente que se escuchen
convocatorias a cruzadas y a guerras santas; que asuman el poder
gobernante de facto con la Biblia en la mano y descalifiquen todas
las creencias, concepciones y hasta símbolos de los pueblos
originarios o manipulen feligreses en algunas iglesias protestantes
durante las recientes campañas electorales.
Es algo así como que la humanidad de pronto cultivara una
amnesia total de algunas de las conquistas básicas de la
modernidad —entre ellas, la secularización de la política, el
respeto a la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, el
derecho a ser juzgado debidamente con todas las garantías
procesales, etc.— y se regresara a la cavernícola época en que las
normas de vida o muerte las imponía el más fuerte.
El carácter demagógico de los postulados de las
constituciones burguesas fue revelado con honestidad increíble
por los propios propulsores del nuevo orden neoliberal que se iría
imponiendo. Así, Friedrich von Hayek —quien acudió de
inmediato a apoyar a Pinochet—, desde un presunto liberalismo
radical que se distingue por ser muy radical en su pretensión de
eliminar algunas de las conquistas de la sociedad burguesa en
cuanto a derechos que benefician a amplios sectores de la
población, se cuestionó la validez de los derechos auténticos que,
a su juicio, debían reducirse a los políticos y jurídicos. En tanto
consideraba como derechos inauténticos los económicos y
sociales, los cuales, según su criterio, erróneamente había
proclamado la Declaración Universal de la ONU sobre los
Derechos Humanos. Esto evidencia los niveles de cinismo
manifiestamente expresados en la ideología neoliberal, que llega a
46
renegar hasta de propuestas elaboradas en épocas anteriores por
la propia sociedad burguesa.
Sin duda, si no se hubieran producido las revoluciones
socialistas del siglo XX ni se hubieran logrado algunas de las
conquistas sociales que obligaron a gobiernos socialdemócratas y
hasta algunos conservadores a tomar algunas medidas de
beneficio social, a ensayar el keynesianismo y el Estado benefactor
ante el inminente peligro de que la llama roja se extendiera más
allá de lo que denominaban la cortina de hierro, seguramente el
cinismo neoliberal se hubiera manifestado mucho antes y la
historia del siglo XX hubiese sido mucho más cruel de lo que fue,
al menos para grandes sectores de la población en los países
desarrollados y peor aún para los más atrasados. En ese caso, las
protestas ante la injusticia social engendrada siempre por el
neoliberalismo hubieran comenzado a producirse mucho antes.
Siempre resulta algo paradójico que muchos de los
propugnadores del neoliberalismo y de la reducción al mínimo de
las conquistas sociales alcanzadas frente al Estado envíen muy
frecuentemente a sus hijos a estudiar a universidades públicas
europeas o en sus propios países y tampoco dudan en recibir los
beneficios de hospitales y otros servicios de salud para sus
familiares cuando estos aseguran la calidad requerida. Pero la
inconsecuencia entre el discurso público y la vida privada de estos
ejecutivos del neoliberalismo no constituye un obstáculo para que
continúen su apología de la omniprivatización.
Bien es sabido que la burguesía es demócrata en tanto
pueda manipular demagógicamente a grandes sectores populares
en su favor, para mantener un statu quo favorable a sus intereses,
pero cuando la democracia se convierte en un peligro para estos,
entonces rápidamente se convierte en pinochetista. La historia ha
demostrado que, aunque el neoliberalismo se nutrió desde el
punto de vista filosófico e ideológico del liberalismo, finalmente
se ha visto precisado a renunciar a muchos de sus fundamentos y
formulaciones por el carácter revolucionario inicial y luego, en
muchos casos, al menos progresista de sus propuestas.
La confusión de términos es tal, que ahora los
neoliberales resultan, en verdad, neoconservadores. Los derechos
humanos han devenido un bumerán que golpea en la actualidad a
la ideología neoliberal emanada de las ideas liberales de la
burguesía.
Las protestas populares ocurridas en varios países
latinoamericanos en meses recientes, por regla general se han
47
iniciado de manera pacífica, porque esa ha sido la intención de la
mayoría de los manifestantes. Sin embargo, se han producido
numerosos actos de vandalismo, de extraño origen, que han dado
algún tipo de justificación para la intervención de policías y
militares, con lamentable cantidad de muertos y heridos, incluso
de las fuerzas represoras, así como daño o destrucción de bienes
públicos y privados.
Con independencia del origen de esos grupos, lo cierto
es que, además de dar lugar a un incremento de la violencia por
ambas partes, generalmente han producido una lógica reacción de
rechazo en la mayoría de los manifestantes y, por supuesto, de la
población que no participa en las protestas. Gran parte de esta
última ve afectado el desarrollo de sus actividades laborales,
estudiantiles, de atención a servicios de salud, etc., por lo que se
convierten en desacreditadores de las protestas.
Un análisis lógico elemental indica que, si tales actos
violentos y de vandalismo provocan oposición de estos sectores a
las marchas, no es difícil presuponer quiénes son los autores
intelectuales de los mismos, con su acostumbrada política de
divide y vencerás. Los gobiernos neoliberales no acusan a agentes
extranjeros de las protestas en general, sino solamente de los actos
de violencia.
Al percatarse de tales contraproducentes resultados, los
dirigentes de los diferentes sectores de los manifestantes han
reiterado la necesidad de que las protestas continúen realizándose
de modo pacífico e incluso se ha enfrentado a quienes practican
actos de vandalismo, pues estos demeritan su significación y, por
tanto, el apoyo de algunos sectores populares.
Según un líder mapuche, la única arma con la cual
pueden contar los pobres es la protesta. Por ello deben
salvaguardarla, para que no se afecte su prestigio y continúe
siendo un mecanismo de participación y presión popular frente a
los poderes dominantes, interesados en perpetuar la injusticia
social.
En estos momentos, aunque resulta difícil vaticinar cual
será el desenlace final de las protestas que se han producido y
continúan desarrollándose contra las políticas neoliberales en
diferentes países, no solo los latinoamericanos, no caben dudas de
que ellas son expresión del incremento del protagonismo,
cuantitativo y cualitativo, de los distintos sectores populares, y
ello ha traído consigo que en los países donde prevalecen estas
48
injustas formas socioeconómicas los gobernantes están siendo
forzados a negociar y ceder en muchas de sus medidas políticas.
Aunque el cielo no ha sido tomado por asalto, al menos se
aprecian turbulencias que obligan a tomar precauciones de todo
tipo, pues las fuerzas represoras siempre están dispuestas a acatar
nefastas órdenes de quienes se aferran a sus privilegios y están
decididos a salvaguardarlos de cualquier modo. Pero a la vez
todo indica que los diversos sectores populares están decididos a
continuar las protestas por sus reivindicaciones, conscientes de
que estas afectan no solo el PIB de sus respectivos países, sino sus
propias precarias condiciones de existencia.
Parece que ha llegado uno de esos momentos de la
historia en que los proletarios, o sea, los precarios, adquieren
mayor conciencia de que no tienen mucho que perder, sino
solamente sus cadenas, y sí un mundo por ganar.
49
50
Un nuevo constituyente y una nueva
constitución para México: entre el
levantamiento zapatista de 1994 y la cuarta
transformación (4T)
Introducción
El análisis lo hacemos como parte de nuestra actividad
académica y docente como profesora tanto de filosofía de las
ciencias sociales en el Doctorado en Estudios Regionales de la
Universidad Autónoma de Chiapas como de la licenciatura en
Gestión y autodesarrollo indígena de la misma universidad, y
también como parte de nuestro ejercicio profesional como gestora,
abogada y antropóloga acompañando a las organizaciones
sociales desde hace más de 20 años. De esta suerte, la exposición
se basa en las resistencias que organizaciones indígenas y no
indígenas muestran frente a la nueva faceta que muestra AMLO y
la llamada 4T frente al proyecto neoliberal heredado de otros
gobiernos en México. De igual forma y en este tenor, los datos
para este análisis se obtuvieron como parte de nuestro trabajo con
organizaciones de base tanto en Chiapas como en Campeche —
uno de los estados de la república mexicana en lo que se conoce
como la Península de Yucatán y donde justamente se está
poniendo en marcha el llamado Tren Maya, (proyecto insignia del
gobierno federal 2018-2024), violentando derechos humanos de
indígenas y no indígenas a un ambiente sano y, sobre todo, a su
pervivencia cultural.
Para cumplir los propósitos señalados, este trabajo se
desarrolla en tres partes: Una nueva constituyente y constitución para
México, en donde respondemos a las preguntas ¿Cómo se gesta la
propuesta? ¿Qué organizaciones la impulsan o abrazan? ¿En qué
consiste? y ¿Cuál es el estado actual de la propuesta y de las
organizaciones impulsoras frente a la llamada 4T? La llamada 4T
frente a la reforma estructural o reforma energética y su relación con el
Tren Maya, donde respondemos a las preguntas, ¿Qué es la
reforma estructural o reforma energética? ¿Cuáles son los
51
primeros signos de la 4T de que no hay marcha atrás al proyecto
neoliberal? y ¿El Tren Maya forma parte de esa reforma
estructural? ¿cómo? ¿Qué significa para el proyecto de gobierno
de AMLO? Y en la última parte, La declaración del fin del
neoliberalismo: las NO Consultas Indígenas y el irrespeto a los derechos
fundamentales de indígenas y sus pueblos, donde respondemos a las
preguntas, ¿Qué ha hecho el gobierno mexicano para impulsar el
proyecto de TM? y ¿Qué acciones han implementado las
organizaciones frente al TM? Para terminar con reflexiones finales
y horizontes de futuro.
52
Capítulo I De la Soberanía Nacional y de la Forma de Gobierno
Artículo 39. La soberanía nacional reside esencial y originariamente
en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye
para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable
derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.
53
planteamientos, fue luchar por la un nuevo Constituyente y una
nueva Constitución. Así también, el actual presidente de la
República, AMLO, durante sus tres campañas electorales,
enarboló la demanda de constituir un nuevo Constituyente y una
nueva Constitución.
La demanda de una Nueva Constituyente y Nueva
Constitución, quedó, si no en el olvido, por lo menos lejos de las
expectativas de grandes sectores sociales del país. Ni para el
Zapatismo y mucho menos para el movimiento político electoral,
luchar por una Nueva Constituyente era prioridad; solo un sector
de la Iglesia progresista, encabezados por el Obispo Raúl Vera, ex
Obispo Coadjutor del Obispo Samuel Ruíz+ en San Cristóbal de
Las Casas Chiapas, (ver Nueva Constituyente Ciudadana Popular
2019) han venido desde el 2014 promoviendo un movimiento
denominado Nueva Constituyente Ciudadana y Popular, por la
constitución de un Nuevo Constituyente y una Nueva
Constitución, que recorre algunos Estado de la República, sin
encontrar gran eco.
El pasado 18 de julio de 2018, aproximadamente 30 millones
de votantes cambiamos la faz pública de la república, por vez
primera desde 1917, un partido de oposición y de izquierda al
régimen, obtuvo el control de dos de los tres Poderes de la Unión,
el Legislativo y el Ejecutivo. De igual forma, una cuarta 1/4 parte
de las Gubernaturas estatales también pasaron a ser controladas
por el partido emergente llamado MORENA (Movimiento de
Regeneración Nacional).
Una vez electo (1º de julio de 2018) y a escasos 2 meses de
haber asumido la Primera Magistratura (1º de diciembre de 2018)
el Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), 5 de
febrero de 2019, fija su postura y da línea a su partido y al Poder
de Legislativo que no se pronunciarán por un Nuevo
Constituyente y una Nueva Constitución, como lo había
planteado durante casi 18 años de campaña. Esto, esgrimiendo
AMLO que la Constitución y el régimen que de él surgió, y por lo
tanto el Constituyente que la aprobó, habría que volverlo a
construir. En cambio, ahora siendo presidente, argumenta que no
es el momento de llamar a conformar un Nuevo Constituyente:
54
De tal suerte, para el presidente Andrés Manuel López
Obrador, la Carta Magna ya “está muy parchada”, por lo que no
descarta convocar a un Congreso Constituyente para redactar una
nueva, aunque dejó en claro las pocas probabilidades de que eso
suceda en su sexenio. (Urrutia y Jiménez 2019 y contrapeso
ciudadano 2018)
Por lo que toca al EZLN, no está en su horizonte cercano
llamar a construir un Nuevo Constituyente, es más en el año 2015
desdeñó y descalificó cualquier intento que por la vía legal llevara
a ese fin, dado que el sistema legal es resultado del sistema priista
y opresor que ha sojuzgado a la población mexicana y a los
pueblos indígenas de México.
55
sexenios (con Vicente Fox 2000-2006 y Felipe Calderón 2006-2012)
y con mayor ímpetu al arribo en 2013 en pleno periodo
presidencial de Enrique Peña Nieto (2012-2018).8 Y con este
último, las reformas energéticas o nueva contra reforma agraria se
daba “por debajo del agua”, legalizándose el allanamiento de las
tierras y territorio de los agricultores indígenas y no indígenas. Se
establecen nuevas reglas para generar, almacenar, transmitir y
comercializar la energía eléctrica, se impulsan al por mayor las
concesiones mineras y en últimas fechas se privilegia la extracción
de petróleo y su conducción por encima de los derechos de
propietarios de la tierra sobre todo de ejidatarios y comuneros
cuyas tierras ejidales o comunales serían objeto directo de uso
para permitir ese paso y explotación.
56
El estado social mexicano desmantelado
57
culturales y ancestrales, porque ya no tienen el control territorial
cosmogónico, sobre sus tierras, territorios y recursos, botín de la
rapiña e invasión de población no indígena y sobre todo
vinculada al narcotráfico (ver resultados del Foro Impactos
socioambientales de las presas en el noroeste de México
organizado por el COLSON en noviembre de 2019).
Indudablemente el Tren Maya forma parte de la
continuación de la reforma neoliberal que representa tanto la
reforma al artículo 27 de la CPEUM, concretamente sobre el
reordenamiento territorial y privatización de la tenencia de la
tierra de carácter social y colectiva, como sobre la generación de la
energía, porque como han documentado varios expertos y
especialistas, y como lo han resentido las comunidades de la zona,
el tren no es como lo pintan. Su intención no es beneficiar y
proteger a la población originaria de la zona al momento de
comerciar sus tierras y productos, mucho menos el hábitat y el
medio ambiente, así como las formas de desarrollo y comercio de
los pueblos indígenas; mucho menos promover las
comunicaciones locales de manera sustentable (ver Flores et al
2019 y Geocomunes 2019). Es un proyecto que tiene sus bases en
lo que se conocía como el Acuerdo de Libre Comercio de América
del Norte (ALCA), el Plan Puebla Panamá, el Tren Peninsular
Transístmico y finalmente en el Tratado de Libre Comercio
México, Estados Unidos y Canadá (TEMEC en su versión Trump).
Como tal, el llamado Tren Maya (TM) responde a la misma lógica
neoliberal que promovió la entrada en el mercado de tierras
colectivas indígenas y no indígenas, y que ahora responde a las
intenciones de control territorial y comercial de América del Norte
sobre Centro América y Latino América.
58
país (sic) y, por tanto, por Decreto se señalaba el fin del
neoliberalismo (17 de marzo de 2019)
Contrario a eso y para lograr su propósito, el gobierno
mexicano encabezado por AMLO ha impulsado Foros de
Consulta ciudadana y simulando consultas indígenas, repitiendo
con ello, los desaciertos e imposturas de los gobiernos anteriores
contra los cuales arremetió señalándolos de corruptos, antes de
asumir la presidencia de la república mexicana.
No conforme con ello, AMLO desde un principio ha dicho
“El tren va porque va” y ha descalificado los estudios sobre el
impacto ambiental y cultural en el territorio donde pasará el TM,
señalando a los científicos sociales que los han realizado, de “fifis”
(una forma coloquial de decir: burgueses, acomodaticios, “faltos
de baño de pueblo”, ajenos a la realidad del pueblo) y a los
pobladores opositores “retrógrados” y “reaccionarios”,
“manipulados por personas y organizaciones también
retrogradas”, tal como a él lo descalificaron los anteriores
gobiernos contra los cuales siempre luchó y se opuso. Y en sus
descalificaciones AMLO no reconoce que muchos de los que
estamos ahora luchando por el respeto a los derechos humanos, al
estado de derecho y a los derechos de los indígenas y sus pueblos,
el 1º de julio de 2018, votamos o dimos nuestro sufragio a favor de
él.
Frente a la imposición del Tren Maya, se han construido
varias iniciativas desde los pueblos originarios de la Península de
Yucatán desde la Articulación, compuesta fundamentalmente por
académicos, como de organizaciones comunitarias o de las
comunidades organizadas en cada uno de los puntos cardinales
(rosa de los vientos) de la península como: El Consejo Maya del
Poniente o la Asamblea de Defensores del Territorio Maya Muuch
Xiinbal.
Lo último que ha hecho el gobierno de AMLO fue lanzar
una Convocatoria para el Proceso de Consulta Indígena y
ciudadana donde se establecía que en menos de un mes se
difundiría junto con materiales, y que después de la primera fase
de información, en menos de una semana, se reunirían
autoridades y representantes de las comunidades indígenas para
recibir información (y que estos la llevarían a sus comunidades),
para que en la siguiente semana deliberar, lo cual a todas luces es
apresurado y no respeta los tiempos, modos y mecanismos de las
comunidades en general y sobre todo de las comunidades
indígenas, en las cuales decisiones de tal magnitud que cambiaran
59
su vida tienen otros plazos y formas de deliberación y acuerdo.
Por ejemplo, la información se lleva a los núcleos familiares,
rancherías, grupos, organizaciones, para que después de un mes o
más, llevar a cabo una Asamblea general y entonces debatir para
tomar una decisión.
En este marco, un grupo de personas, académicos, líderes
sociales y comunicadores (periodistas), nos dimos a la tarea de
documentar las irregularidades previas a ese proceso, durante y
posteriormente, generando una acción tipo Exchange.org: Firma
por nulidad de la consulta por el “Tren Peninsular” que, a
continuación, resumimos:
60
participantes, y muchas veces condicionándola a cambio de
servicios. Esos funcionarios les decían a los asistentes que en la
siguiente fase se les daría más información, además les
“delegaron” la obligación de informar a sus comunidades. Esto,
violenta el principio de BUENA FE, porque el estándar
internacional indica que ES DEBER DE LOS ESTADOS
CONSULTAR, sobre todo INFORMAR y no de los particulares,
individuos, sujetos o indígenas
61
presentado, para “arengar” a favor del gobierno, presionando,
induciendo y confundiendo a los indígenas y a otras personas que
llegan para informarse sobre los efectos del Tren.
62
al neoliberalismo que pretendió atacar y combatir antes de ser
presidente.
Tal derecho de los pueblos sigue siendo uno de los grandes
pendientes de los gobiernos latinoamericanos, Chile está hoy por
hoy en esa encrucijada, el resto de los países estamos expectantes
del advenimiento de su Constituyente, y esperemos sea una luz
para Latino América y sus pueblos originarios en el
establecimiento de un nuevo pacto social que dé pie a un
verdadero cambio en la relación entre los estados nacionales, sus
sociedades y/con los pueblos indígenas.
Fuentes consultadas
63
https://www.nacion321.com/gobierno/amlo-declara-el-
fin-de-la-pesadilla-del-periodo-neoliberal )
Nueva Constituyente Ciudadana Popular (2019). ¡Victoria
donde el pueblo manda! recuperado de
https://nuevaconstituyente.org/ (consulta del 6 de enero
de 2020)
Oficina de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de
Naciones Unidas (2019) ONU-DH: el proceso de consulta
indígena sobre el Tren Maya no ha cumplido con todos los
estándares internacionales de derechos humanos en la materia,
recuperado de
http://www.hchr.org.mx/index.php?option=com_k2&vie
w=item&id=1359:onu-dh-el-proceso-de-consulta-indigena-sobre-
el-tren-maya-no-ha-cumplido-con-todos-los-estandares-
internacionales-de-derechos-humanos-en-la-materia&Itemid=265
(consulta del 5 de enero de 2020)
Pérez Macías et al (2018) La invisibilización de las víctimas
del desplazamiento por presas en México 2006-2016, recuperado
de:
http://geocomunes.org/Colaboraciones/Vidas-borradas-
digital (consulta del 5 de enero de 2020). GeoComunes Pineda,
César Enrique (2019)
https://5oymexico.org/huexca-el-fracaso-de-lopez-
obrador-video/ (consulta del 5 de enero de 2020)
Urrutia, Alonso y Néstor Jiménez (2019). Conmemoran el 102
aniversario de la Carta Magna. AMLO: “la Constitución, muy
parchada, muy remendada, pero no ha muerto”, periódico La
Jornada 6 de febrero de 2019, recuperado de:
https://www.jornada.com.mx/2019/02/06/politica/007n1pol
(consulta del 6 de enero de 2020)
64
¿Democracias revolucionarias en
América Latina?
65
Los dos casos que tendré aquí como referentes de esas
movilizaciones desde abajo frente al poder democrático son Chile
y México.
Chile
66
machista que inunda tanto a los procederes políticos
conservadores como a los progresistas y de izquierda, por esto
mismo ha tenido tales alcances en muchos países
latinoamericanos y en Europa. También las luchas feministas se
han configurado no sólo para destruir el patriarcado sino también
contra el sistema capitalista como la Coordinadora Feminista 8M.
Fue en noviembre cuando el feminismo se unió con otros
movimientos sociales, por ejemplo, la 8M, Constanza Cifuentes de
la Coordinadora Feminista habló sobre esa lucha en común:
67
Chile siguen siendo invisibilizados por el Estado y nulificados por
el gobierno actual, pero su solidaridad con otros movimientos se
hizo latente asumiendo que tienen una lucha en común:
68
México
Las manifestaciones anteriormente mencionadas estallaron
en un país democrático cuyos dirigentes son de derecha. Mientras
todo esto sucede en Chile, en México tras las elecciones de 2018
resulta ganador Andrés Manuel López Obrador (AMLO), cuyo
discurso fue siempre a favor de los pobres y en contra de la élite
del poder que hasta el momento había gobernado en el país y que
arrastró a la miseria a más de 50 millones de mexicanos. Uno de
sus lemas fue: “Por el bien de todos, primero los pobres”. Con su
llegada a la presidencia del país, se inició un proceso de
austeridad en el gasto gubernamental, de reorientación del gasto
público hacia diferentes programas de asistencia social y de
iniciativa de megaproyectos de infraestructura, encauzados a
promover el desarrollo económico del país.
El presidente defensor del discurso de los más pobres
anunció en diciembre de 2019 los resultados de la consulta
ciudadana realizada en el sureste mexicano sobre el
megaproyecto del Tren Maya, el cual se ubicará en territorio
donde mayoritariamente están establecidos diferentes pueblos
indígenas y movimientos sociales como el Ejercito Zapatista de
Liberación Nacional (EZLN). El resultado de la consulta, según
información del gobierno federal, dio el visto bueno para realizar
el megaproyecto, por lo que el EZLN al conocer el resultado, en su
comunicado del 26 aniversario del levantamiento del movimiento
anunció lo siguiente:
“Les guste o no les guste”, así dice el gobierno. Eso quiere decir “así
sea con ustedes vivos o muertos, pero lo vamos a hacer”. Y nosotros
los pueblos zapatistas lo tomamos como que está retando, como que
está diciendo que él tiene la fuerza y el dinero y a ver quién se
opone a su mandato. Está diciendo que se va a hacer lo que él diga,
no lo que digan los pueblos y que no le importan las razones.
Entonces nosotros los pueblos zapatistas lo tomamos la parte que
nos toca de ese reto. Y lo sabemos que el actual capataz de los
poderosos nos está haciendo unas preguntas. O sea que nos está
preguntando esto: “¿Están dispuestos los pueblos zapatistas a
perder todo lo que han avanzado con su autonomía?” “¿Están
dispuestos los pueblos zapatistas a sufrir desapariciones,
encarcelamientos, asesinatos, calumnias y mentiras por defender la
tierra que guardan y cuidan, la tierra donde nacen, cría, crecen,
viven y mueren?” y, con estas preguntas, el capataz y sus guardias
nos ponen frente a la opción de “vivos o muertos, pero se tiene que
69
obedecer”. O sea que nos pregunta si estamos dispuestos a morir
como alternativa de sociedad, como organización, como pueblos
originarios de raíz maya, como guardianes y guardianas de la
madre tierra, como individuos e individuas zapatistas. Entonces
nosotros los pueblos zapatistas seguimos nuestro modo y nuestro
calendario. En nuestras montañas hicimos la ofrenda a la madre
tierra. En lugar de trago, le dimos de beber la sangre de nuestros
caídos en la lucha. En lugar de pollo le ofrecimos nuestra carne. En
lugar de tortillas, le ofrendamos nuestros huesos, porque somos de
maíz. Y la hicimos esa ofrenda no para pedirle permiso a la tierra de
destruirla, o de venderla, o de traicionarla. La hicimos la ofrenda
sólo para avisarle a la madre tierra que la defenderemos. La
defenderemos hasta morir si es preciso (Subcomandante Insurgente
Moisés, 2020)
70
informado y culturalmente adecuado”. (ONU-DH, comunicado 19
de diciembre 2019). Adicionalmente, señala:
71
Docencia-INAH, Pronunciamiento sobre el Tren Maya, 21 de
octubre de 2019)
72
¿Existen puntos de acercamiento entre
Chile y México?
73
La participación del pueblo chileno, el movimiento de las
mujeres feministas y el EZLN son ejemplos en estos países de
cómo, a través de ellos, es posible unir diferentes visiones, aunque
no todas, en un mismo grito: la defensa de los derechos humanos
en sus diferentes vertientes, y que no es necesario acudir a un
partido político o a un dirigente para esperar el cambio. La
democracia en Chile y en México y la exigencia social, económica,
plurinacional y feminista se ha formado por estudiantes, padres,
profesores, indígenas y feministas.
Por ello, para relacionar el pasado y el presente de estas
luchas, la realidad a la que las minorías de este milenio interpelan
reclamando otro poder no patriarcal, anticolonialista y
antisistémico, -que transforme a los Estados democráticos en
feministas e interculturales-, tendrá que contar con la asunción de
que la violencia y la negación de las minorías no son cosa de ellos
sino de todos, que la negación de los pueblos indígenas es la
negación para todos, que la destrucción de la naturaleza no sólo
lastima a una comunidad sino a todos los sitios y los habitantes
del planeta.
De todo ello, lo inesperado de las protestas feministas en
Chile, como en su momento también se calificó al Movimiento
Zapatista en México, sólo lo ha sido para quienes cambian para no
cambiar, para el gatopardismo democrático que deja el machismo
y el neoliberalismo intactos, porque los jóvenes han detectado
perfectamente dónde están los valores que los lastiman y las
comunidades indígenas saben exactamente cuáles son los
intereses que mueven los megaproyectos. Las preocupaciones de
las minorías políticas de este milenio en América Latina son tan
auténticas como las han estado en cualesquiera de los
movimientos sociales que han transformado el mundo; no dejarlas
sin el apoyo ético y político de otras inconformidades, luchas
sociales y culturales son parte de las transformaciones que nuestra
América de hoy tendrá que enfrentar.
A manera de conclusiones
74
dirán que el verdadero camino es a través de cambios radicales en
sentido económico, otros dirán que es a través de reformas
institucionales, otros más que es motivo de cambios existenciales
de carácter ético individual y personal; el asunto es que mientras
aquí no hay enlaces entre las luchas y, por ende, solamente
invertebración de objetivos en lucha, el desgaste menguará los
alcances de cada una de ellas para su posterior disolución, si es
que no antes son arteramente acabadas por el poder del que
hemos hablado y que tantas veces le ha demostrado a sus pueblos
el desprecio por la justicia, por sus vidas y por su dignidad.
La autenticidad de las protestas ciudadanas carece de
respuestas satisfactorias, que generen confianza. Como señalaba
anteriormente, esta ignominia diaria y sin tregua que sufren las
mujeres, los indígenas y los pobres en toda la región, acaso en
todo el orbe, convierten las voces de protesta en una vía de lucha
por el poder. ¿Acaso el reclamo y obtención de los derechos
humanos han sido sin disrupción? Estos gobiernos tanto de
izquierda como de derecha están sometidos a la misma ceguera,
comparten los mismos entendimientos y registros patriarcales,
colonizadores y capitalistas del poder. El poder que ejercen unos y
otras no ha revolucionado; la comprensión y el ejercicio del poder
capitalista, colonizador y patriarcal está cimentado bajo tierra y
arraigado en las estructuras políticas latinoamericanas. Se necesita
y requiere un sentido del poder que no sea el de la fuerza del
poderoso y del violento o con palabras de los Zapatistas, de la
fuerza del dinero, que ha sido llevado por las vías de la acción de
hombres y mujeres políticos, de la economía, de las leyes. ¿Cabría
el entendimiento de otro tipo de poder sin cambiar el poder
patriarcal, capitalista y colonizador presentes, tanto en las
izquierdas como en las derechas políticas?
El activismo feminista latinoamericano y las luchas
indígenas como parte de la ciudadanía pretenden no sólo exigir y
exponer su malestar sino dar respuestas concretas por parte de las
democracias, respuestas que no transgredan de nueva cuenta su
dignidad como mujeres, varones, gays, lesbianas, transexuales,
intersexuales, indígenas y campesinos; en ello, en el respeto
irrestricto a todas las personas, se encuentra una de las claves para
comenzar a responder con nuevos giros éticos para un nuevo
poder. Es decir, escuchando y resolviendo lo que las voces en
protesta necesitan, recogiendo desde ellas cómo les afecta el
arraigado poder capitalista, machista, neoliberal, patriarcal y
colonizador para erradicarlo.
75
Existe en toda la región latinoamericana reclamos por parte
de las minorías, los pobres, los indígenas y las mujeres que no han
podido ser resueltas por parte de las estructuras políticas. Y la
democracia no podrá realizar ningún cambio significativo para
estos estratos en tanto no escuche a los de abajo, a las luchas
revolucionarias no institucionalizadas que exigen un cambio
urgente y verdadero. Los cambios podrían ser democráticos y
revolucionarios siempre y cuando las bases contribuyan a su
transformación, porque una democracia sin el empuje de los
excluidos y lastimados sólo abona a la organización y
administración del mismo estado de cosas, a la continuidad de los
efectos nefastos de los regímenes neoliberales.
Referencias
76
https://www.youtube.com/watch?v=Bcu2ZCJaBYA&t=15
7s
________. (2019), Por el bien de todos, primero los pobres.
Primer informa de Gobierno, visto el día 3 de enero de 2020, en
https://www.youtube.com/watch?v=pvWlSMmHRoE
________. (2020), Conferencia Matutina de AMLO, 02 de enero
de 2020, visto el día 12 de enero del 2020,
https://www.youtube.com/watch?v=YgGYNh4g0gE
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enero de 2020, en https://www.france24.com/es/20191026-
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derechos humanos” durante el estallido social en Chile, visto el día 5 de enero
de 2019, en
https://elpais.com/internacional/2019/12/13/america/1576242860
_199468.html
Monzón, C. (2019), "Nuestro país es un verdadero oasis": la
frase de Piñera que es recordada por la prensa española tras estallido
social, en Publimetro, visto el día 10 de enero de 2020, en
https://www.publimetro.cl/cl/social/2019/10/20/pinera-chile-
crisis-estallido-social-santiago-oasis-latinoamerica-el-pais-redes-
sociales.html
Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Derechos Humanos (2019), Comunicado 19 de
diciembre 2019 en
https://www.hchr.org.mx/index.php?option=com_k2&vie
w=item&id=1359:onu-dh-el-proceso-de-consulta-indigena-sobre-
el-tren-maya-no-ha-cumplido-con-todos-los-estandares-
internacionales-de-derechos-humanos-en-la-materia&Itemid=265
Redacción Revisa Emancipa. (2020), Constanza Cifuentes:
“Este es un llamado a no dejar las calles, a resistir juntas”, visto el día
11 de enero de 2010, en https://www.marcha.org.ar/constanza-
cifuentes-este-es-un-llamado-no-dejar-las-calles-resistir-juntas/
Sindicato Nacional de Profesores de Investigación Científica
y Docencia-INAH, Pronunciamiento sobre el Tren Maya, 21 de
octubre de 2019, en
https://www.snp-inahinvestigadores.org/wp-
content/uploads/2019/10/Pronunciamiento-Tren-Maya-
completo-def-1.pdf
T13. (2019), “Llegó el momento de decir basta”: Presidente Piñera
tras violenta jornada del martes, visto el día 6 de enero de 2020, en
https://www.youtube.com/watch?v=hTTVayRFHKM
77
UATV Noticias. (2019), Organizaciones mapuches llaman a las
comunidades a movilizarse, visto el día 12 de enero de 2020, en
https://www.youtube.com/watch?v=DW_iAtZt2pE
Villegas, Abelardo et al. (1994) Democracia y Derechos
Humanos, México. D.F., CECyDEL.UNAM. Miguel Ángel Porrúa.
78
Hartos de sobrevivir: queremos vivir10
79
presupuesto asignado a la educación y las escasas salidas
laborales que dibujan un escenario desolador de inestabilidad y
precarización del trabajo, el reclamo de las mujeres que gritan
“nos están matando”, es aplicable a lo que ocurre en otras
latitudes de Nuestra América.
En Colombia, por ejemplo, desde el pasado 21 de noviembre
en que arrancó el Paro Nacional, se han visto movilizaciones
multitudinarias, muchas de ellas reprimidas por los Escuadrones
Móviles Antidisturbios de la Policía Nacional (ESMAD); y que
cierran filas para protestar por las reformas pensionales y
laborales del Ejecutivo. Dichas reformas, conocidas como “el
Paquetazo” y similares a las que impuso el FMI a Ecuador,
incluyen la pretensión de reducir los sueldos a los jóvenes y a las
personas entre 52 y 65 años. El paquete de reformas es un golpe
contundente contra amplios sectores de la población tácitamente
señalados enemigos del modo de producción imperante: el
neocapitalismo que ha declarado una guerra contra quienes son
víctimas de su edad.
Como en el caso del estallido social chileno, la rebelión ha
expresado su hartazgo con sonoros cacerolazos y castigada a
golpe de cartuchos de goma y proyectiles lacrimógenos, lanzados
directamente contra las personas en contravención a los manuales
de los propios cuerpos policíacos. El control de la multitud, tan
organizada como furiosa ante las medidas de austeridad y la
corrupción endémica, carece de visión política. Tanto así, que el
desempeño del presidente Iván Duque, es cada vez peor
evaluado.12 Como paladín de quienes se negaron a refrendar el
acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC, impulsado por el
entonces presidente Juan Manuel Santos y que le mereció el Nobel
de la Paz, Duque es acusado de ser un títere de los sectores más
conservadores del uribismo,13 por haber hecho trizas la esperanza
de vivir en paz.
El desplome de la imagen que tienen los colombianos tanto
del presidente como de su gabinete, también se explica por los
resultados escandalosamente desastrosos de grandes proyectos,
como el caso de Hidroituango, que represó y casi acabó con el río
Cauca en Antioquia, así como otros más relacionados con
80
prácticas extractivistas y agroindustriales. Además de la
contaminación medioambiental que han ocasionado, son el origen
de una dolorosamente larga lista de ambientalistas, activistas y
líderes sociales asesinados –muchos de ellos jóvenes indígenas–14
que se suman a la tan escalofriante como indignante cifra de
víctimas de la violencia. Se añade al panorama político la
presencia de bandas criminales o BACRIM, que derivaron de la
desmovilización de los grupos paramilitares y que, vinculadas
con el tráfico de estupefacientes, operan en 27 de los 32
departamentos de Colombia, nutriendo sus filas mediante el
reclutamiento forzado de menores y jóvenes.15
Las circunstancias anteriores obligan a pensarlas
críticamente, pues implican continuidades con sistemas opresivos
y agendas represivas que no sólo siguen vigentes, sino que son
transnacionales, es decir que se han vuelto planetarios: en puntos
tan distantes como Hong Kong o Francia, la rebelión y la
represión contra jóvenes, trabajadores y jubilados, marcan la
pauta de un malestar generalizado que acusa el sufrimiento que
ocasionan las medidas neoliberales contra una multitud que,
simple y llanamente, sale sobrando de los cálculos empresariales
o, en el mejor de los casos, sólo es apta para consumir planes de
telefonía celular, es decir, “tiempo aire”.
II
https://www.defensoria.gov.co/es/nube/enlosmedios/2725/As%C3%AD-
est%C3%A1n-distribu%C3%ADdas-las-Bacrim-en-Colombia.htm
81
enemigo. En este sentido, la multitud es calificada de hostil, lo
cual la hace blanco de la represión.
En la reiterada narrativa de los represores, el contestatario
es etiquetado, entre otros, como vándalo que ocasiona caos e
inestabilidad, y, por tanto, se le puede tratar a las patadas,
reventándole ojos y costillas: la multitud se insonoriza con el
argumento de que detrás de ella, hay un “enemigo” de una
maldad ilimitada. El presidente Duque, en Colombia, asegura que
el enemigo es el presidente de Venezuela, mientras que policías
colombianos vestidos de civil, propagan el pánico haciéndose
pasar por vándalos y amenazando con introducirse a los hogares
para causar destrozos. Ello, paradójicamente, se justifica desde la
derecha y extrema derecha, como medidas para garantizar la
seguridad, en defensa de la democracia y de las instituciones del
país.
De cara a la acusación lanzada y el castigo a la protesta
social, se requiere de una defensa. A quienes protestan se les
imputa la falta de serenidad, lo cual hace recordar la crítica de
Marx al capitalismo, que para innovar debe destruir (“todo lo
sólido se desvanece en el aire”) y en ese contexto de caos, los seres
humanos son “forzados a considerar serenamente sus condiciones
de existencia y sus relaciones recíprocas”.
La actual insistencia en la serenidad, como característica de
quien vive el mantra de “el aquí y el ahora” proclamado desde el
coaching represor, contrasta con la agitación, un estado que los
médicos catalogan como resultado de la tensión o estrés. Ahora
bien, ¿a qué se debe el desasosiego?, ¿qué factores provocan la
agitación que se acusa a la protesta social? En primer lugar, hay
que señalar que la fase contemporánea del capitalismo exige
legitimar su carácter rentista y extractivista. Eso se consigue
expropiando para sí las cualidades adjudicadas a la juventud, lo
que lleva a deshacerse materialmente de ella: innovación,
creatividad, empuje, arrojo y ambición.
Con este ideario, los ricos del mundo se han embolsado el
82% de la riqueza mundial, dejando en la precariedad absoluta a
la mitad de la población mundial: 3,7 billones de personas. La
amenaza ciertamente se cierne sobre esos magnates, a quienes el
alzamiento de los pobres debe parecerles lo que la Primera Dama
chilena catalogó de “invasión alienígena”. Por cierto,
destaquemos el llamativo dato de que, de cada 10
82
multimillonarios, hay 9 varones y 1 dama.16 Esto significa que la
desigualdad de género sube hasta las más altas esferas del poder
económico, como pesimista señal de que, en la base de la
pirámide, la situación de las mujeres es francamente devastadora.
Otro dato que no puede pasar desapercibido, es que esos
superricos ocultan en paraísos fiscales por lo menos 7,6 billones
de dólares a las autoridades, evadiendo cerca de 200,000 millones
de dólares en impuestos.17
La situación ha llegado a un punto tan crítico, que al interior
del FMI se cocina la propuesta de hacer que los ricos paguen más
impuestos para reducir la desigualdad, así como se insiste en
focalizar el gasto social con perspectiva de género (gender
budgeting).18 La alerta, no obstante, llega con mucho atraso y
todavía falta poner acento en aquello que sostiene al
neocapitalismo, tanto en su faceta económica que encarna en
ajustes estructurales de corte neoliberal, como en su carácter
conservador que torna más profunda la desigualdad social, al
tiempo que se sostiene en pautas discriminatorias que barbarizan
la cultura y el pensamiento vigentes. Una economía neoliberal
sostenida por una cultura de la discriminación que, de manera
esquizofrénica, enarbola al mismo tiempo los ideales de
democracia y libertad individual que, en sí mismos son loables,
pero que también han sido manipulados para justificar un mundo
en el que el emprendedurismo se presenta como democratización
de la vida empresarial, cuando se sabe que quien emprende tiene
más éxitos si lo hace acompañado de cierto capital cultural y
simbólico.
El hecho de que varios sillones presidenciales sean
ocupados por empresarios, nos da la nota en cuanto a los rasgos
que adquiere la globalización del capital, ya desterritorializado y
desnacionalizado, y que les ha permitido poner a la venta
nuestros países, sin asumir riesgo alguno y atracando sin
empacho los bolsillos de los contribuyentes a través de pesadas
cargas fiscales, muchas veces para el rescate financiero de
electrónica:
https://blogs.imf.org/2020/01/07/reduce-inequality-to-create-opportunity/
83
proyectos malogrados, cuya licitación, además, ha sido irregular.
Mientras se persigue al pequeño empresario y contribuyente, la
élite evade impuestos, se le permite la fuga de capitales y se
justifica su desconfianza en el porvenir económico de los países,
sin admitir nunca que son la causa, como diría una poetisa, de lo
mismo que acusan.
Por lo anterior es comprensible sumarse a lo que James
Petras opina sobre la globalización, en el sentido de que es el
nuevo rostro del imperialismo, pues los flujos de capital se sitúan
“en un escenario de poder desigual entre Estados, clases y
mercados en conflicto”. De hecho, explica que hay tal desigualdad
entre los Estados dominantes, de trabajadores y agroexportadores
–Norteamérica, Europa occidental y Japón– y los otros, de
desempleados y campesinos, que no se puede más que exclamar
que la globalización es a la vez un fenómeno imperial y de clase.19
Y, sin embargo, la multitud sale a la calle a protestar contra
quienes devastan territorios en Chile como en Colombia, y lo hace
ya sin miedo, condenando el despojo y dando por cierto lo que
reza un refrán del oriente venezolano: “Quien en lo ajeno siembra,
hasta la semilla pierde”. Después de todo, es a eso a lo que tienen
miedo los privilegiados; un temor expresado en el “Vamos a tener
que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”,
sin que quede claro de qué otros se hablan,20 pero poniendo
contra las cuerdas a quienes detentan el poder.
III
https://www.cels.org.ar/web/wp-content/uploads/2016/12/Letalidad-
encubierta.pdf
84
cuerpos de los policías antidisturbios, muestra que las fuerzas de
seguridad del Estado deben ser percibidas como imperativamente
crueles: se trata de justificar una protección necesaria ante quienes
se manifiestan en el espacio público y que no deja lugar a dudas
respecto de su peligrosidad. La imagen del enemigo es captada no
únicamente a través del sujeto catalogado como hostil, sino en
razón de la respuesta ostensiva: el uniforme se percibe como
obligatoria consecuencia ante la protesta social y el disturbio que
ocasiona, aunque la amenaza de las cucharas que golpean
cacerolas, sea a todas luces nula.
La tecnología de guerra evidencia la tanatopolítica22 que
ponen en práctica los Estados latinoamericanos: por un lado, se
afirma la crecida de la producción y los éxitos en el mercado, y
por el otro se niega la existencia a los sectores insignificantes para
el cálculo del PIB. A esos que no son “útiles” y que salen
sobrando, hay que exterminarlos porque no son dignos, es decir
que no merecen vivir. Así las cosas, se desafilia a quien protesta.
Rotos los vínculos, es posible la extirpación de la amenaza,
legitimada por mostrarse como un tumor o infección que pone en
riesgo al cuerpo social. Hay, por tanto, una visión doble: una
suerte de diplopía, para seguir con las metáforas médicas, que
llevó a la afirmación de que el enfrentamiento entre cacerolas de
aluminio y policarbonato de alta resistencia, se debe a la presencia
de un “enemigo poderoso e implacable”, como afirmó el
presidente chileno Sebastián Piñera.23
Para ir más lejos, hay que escuchar a Sánchez Vázquez: “La
violencia persigue doblegar la conciencia, obtener su
reconocimiento, y la acción que se ejerce sobre el cuerpo apunta
enemigo-poderoso-e-implacable-pinera/
85
por esta razón a ella. No interesa la alteración o destrucción del
cuerpo como tal, sino como cuerpo de un ser consciente, afectado
en su conciencia por la acción violenta de la que es objeto. Así,
pues, la violencia que se ejerce sobre su cuerpo no se detiene en él,
sino en su conciencia; su verdadero objeto no es el hombre como
ser natural, físico, como mero ser corpóreo, sino como ser humano
y consciente”.24
La crueldad de la que hacen gala los cuerpos represivos
queda fuera de los requisitos básicos de la razón y de lo virtuoso;
al mismo tiempo contrasta con la dignidad. Entre otros elementos,
puede señalarse como origen de tal contraste el innegable hecho
de que la cultura hegemónica que domina en América Latina,
lleva como marca de nacimiento su pasado colonial. Así pues, hay
una cultura “aristocratizante” promovida y entendida como
imperativo para alcanzar el éxito en los mercados internacionales.
En gran medida, como aseguraba Marcos Kaplan, los
fenómenos y procesos de la dependencia cultural tienen sus
propios mecanismos y agentes de producción y funcionamiento.
Entre éstos destaca: 1) la transferencia tecnológica; 2) los patrones
de vida y consumo; 3) las iglesias y sectas religiosas; 4) los medios
de información y de comunicación de masas; y, 5) la asistencia
técnica de organismos nacionales de grandes potencias o de
organismos internacionales, especialmente en materia de
educación, de investigación científica y de innovación tecnológica.
Frente a ello, Kaplan propuso un modelo democrático en el cual la
sociedad se reconstruye y se funda en el consenso, sin coacciones
externas: “desde abajo hacia arriba y a la inversa, entre todos los
habitantes, en todos sus aspectos, papeles y funciones
(productores, consumidores, ciudadanos, gozadores del mundo y
de la vida), en todas las esferas de la existencia. Ello se da a partir
y a través de una gama de formas de participación, de democracia
representativa y de democracia directa, que pueden contribuir a
reducir o superar la contradicción entre la tendencia a la
concentración del poder en grandes aparatos y el impulso
participativo y democratizante”.25
En nuestros países, territorios y regiones, es preciso darle
solidez a la participación de los diversos perfiles etnoculturales
para acabar con el carácter colonial de esa criticada cultura
“aristocratizante” o criolla. En Latinoamérica, los Estados no se
24 Adolfo Sánchez Vázquez, Filosofía de la praxis, México, Siglo XXI, 2003, p. 452.
25 Marcos Kaplan, El Estado latinoamericano, México, UNAM, 1996, p. 156.
86
construyeron de manera que fueran el resultado del libre diálogo
y del libre acuerdo porque, según Villoro, “el Estado-Nación nace
de la imposición de los intereses de un grupo sobre los múltiples
pueblos y asociaciones que coexisten en un territorio. El tránsito al
Estado-Nación consolida también un dominio político”.26
En ese mismo sentido apunta Castellanos que la nación se
concibe incluyendo, pero a condición de renunciar los grupos a
sus particularidades, “o excluyendo y separando a los Otros, en
cuyo caso se preservan las diferencias pero en situación de
desigualdad o de una permanente negociación y conflicto con los
estados nacionales”.27 Para una aproximación a la situación
cultural de América Latina, opina Krotz, es necesario detectar el
papel que juega la tradición, que generalmente es vista con
simpatía y a la que se concede una atractividad pintoresca o
romántica. Sin embargo, pocas veces es comprendida en sus
propios términos: la capacidad de poder satisfacer necesidades
materiales o espirituales reales. Parecería entonces que no es apta
la tradición para competir con éxito en el mundo moderno por lo
que debe de eliminarse cuanto antes para el bien de todos.28
Varias políticas multiculturalistas tienen ese talante: se aloja en el
cuerpo social aquello que, si bien es “extranjero”, aparece como
inocuo, productivo e, incluso, divertido. La convivencia es, en
estos casos, una simulación y hasta una farsa.
Lo anterior también contribuye a normalizar tanto la
afiliación como la exclusión; especialmente cuando los excluidos
son tachados de insensatos por no acoplarse al modelo dominante
y a los que no se debería tolerar. Más temprano que tarde, la
intolerancia política se transforma en fanatismo:
26 Luis Villoro. Estado plural. Pluralidad de culturas, México, Paidós/ UNAM, 1998,
p. 29.
27 Alicia Castellanos. “Nación y racismos”. En: Alicia Castellanos y J. M.
87
prácticas políticas encuentran su sustento en la intolerancia, se
convierten en una prolongación de los métodos de guerra […]”.29
88
formar parte, o no, de esa historia, pero siempre se halla cierto
grado de identificaci6n por contraste. Una de las identidades de
esos pares o conjuntos a menudo se vuelve predatoria al
movilizarse y concebirse a sí misma como una mayoría amenazada.
Este tipo de movilización es el paso clave para la transformación de
una identidad social benigna en predatoria”.33
89
90
Llenar las calles, llenar los cabildos,
llenar de cabildos34
91
esperanza común, vivida y compartida en las calles y lugares de
la diaria actividad.
Hacía quince años que Chile había vuelto a la “democracia”
de ciudadanos-individuos, y se regía por una Constitución
política establecida por la dictadura militar para bloquear todo
proceso de real transformación política, social, económica y
cultural del país. Para asegurar entre otras cosas que las calles
sigan estando indefinidamente vacías de multitudes de personas,
y que sean simplemente un lugar de circulación de individuos
apresurados e indiferentes unos hacia otros; para que circule
eficazmente el recurso humano necesario para la producción y
circulación del capital, y que a nadie se le ocurra imaginar que las
calles y lugares de la diaria actividad pueden ser espacios de
expresión y de creación política. Nada de eso: la Constitución, y
no solo la pinochetista sino también las de todas las “democracias
liberales” y de otros regímenes estatales de poder, establece que
solo puede existir una y solamente una forma de expresión y de
“creación” política, a saber, aquella que se ajusta a la regulación y
reglamentación fijada por el Estado a través de la Constitución. La
expresión y la producción ―que no creación― de políticas
autorizadas reproducen una concepción de lo político como
actividad especializada, desarrollada por políticos profesionales y
partidos políticos en espacios institucionales separados de la
actividad social, y de acceso reservado. La vida política queda
entonces monopolizada por los profesionales de la política, en el
marco de un sistema político concebido precisamente para
perpetuar la monopolización de lo político por el Estado y la
despolitización de la sociedad. En ese marco no hay espacio para
la creación política, la cual, como cualquier otra forma de creación
implica por definición la posibilidad de cuestionar, alterar,
modificar, transformar y a veces romper el marco o la “forma”
establecida. En ese marco solo cabe la producción política, y por
cierto la producción industrial de la política, con planificación y
grandes inversiones de capital. Sin capital no hay política.
En ese primer viaje efectuado cuando Chile tenía su tercer
presidente de la post-dictadura, alguien me propuso visitar los
cementerios de Santiago. Me explicó que en su ciudad esos
lugares tenían un interés no solo estético o histórico, sino también,
y, ante todo, sociológico. En la comuna de Recoleta había un
cementerio general, que era el público y el más antiguo, y un
cementerio católico, que fue creado a finales del siglo XIX en el
contexto del tradicional conflicto entre el liberalismo y la Iglesia, y
92
como reacción a las políticas de separación de la Iglesia y del
Estado. Para justificar esta creación, la Iglesia de la época llegó a
invocar motivos evangélicos de igualdad y simplicidad cristiana:
en oposición a la vanidad de los ricos que hacían construir lujosos
mausoleos en el cementerio general, el cementerio católico debía
construir tumbas sencillas donde pudiesen descansar en paz y en
condiciones de igualdad los miembros de la comunidad creyente.
Mientras me explicaba todo esto mi acompañante, quien
proyectaba realizar un documental sobre el tema, me hizo visitar
en el cementerio católico las tumbas de arriba y las tumbas de
abajo. Así, literalmente: de arriba y de abajo.
Las de arriba se encontraban en la superficie, al aire libre, y
las de abajo en un oscuro y húmedo subterráneo. Las de arriba
presentaban una cierta uniformidad, que efectivamente no vería
después en el cementerio general. Estaban dispuestas
directamente en el suelo y eran todas del mismo modelo,
recubiertas con el mismo tipo de losa funeraria. Las de abajo
tenían otro tipo de uniformidad: todas eran nichos alojados en
columbarios, cubiertos con cemento o con una lápida. En la
oscuridad de la galería subterránea solo se podía tratar de leer los
nombres de los difuntos a la luz incierta de un fósforo encendido,
caminando entre los charcos y el lodo. Las de abajo eran las de los
de abajo, y las de arriba las de los de arriba. Las de abajo se
encontraban debajo de las de arriba, de tal manera que el de abajo
difunto debía soportar “hasta el fin de los tiempos” el peso del
difunto de arriba. No recordaba haber visto anteriormente una
correspondencia tan nítida entre el significado espacial y el
significado social de lo “alto” y de lo “bajo”. La gente que
concibió aquel cementerio tenía ciertamente una fuerte conciencia
de clase y un agudo sentido de las analogías, de modo que aquel
cementerio “cristiano” se presentaba como una clave para
entender el presente de la sociedad chilena. Para entender, entre
otras cosas, por qué algunos pretendían bloquear todo cambio
político, social, económico y cultural en el país.
El cementerio general ofrecía otra clave, tal vez más
directamente política. Aquí no había (o no vi) tumbas de arriba y
tumbas de abajo, sino zonas bien demarcadas de sepulturas. En
otros cementerios de varios países puede verse también
demarcaciones espaciales, pero rara vez son tan nítidas y
contundentes como en el gran cementerio público de Santiago.
Pasando la puerta de entrada se ingresa en la primera zona de
sepulturas, que son en su mayoría mausoleos de una arquitectura
93
espectacular. Cada uno de esos mausoleos ha sido concebido
como espectáculo, como algo para ser visto y admirado. Los hay
de todos los tipos. Algunos son verdaderos palacios de varios
pisos, otros son como pirámides. Algunos son familiares, y otros
son de colonias europeas que todavía guardan los restos de
aquellos y aquellas que los gobiernos chilenos (como los de otras
partes de la América llamada “latina”) consiguieron atraer en la
segunda mitad del siglo XIX con el fin de “civilizar” el país,
entregándoles en muchos casos las tierras de los “indios”. Se
puede adivinar en la variedad de monumentos una intención de
rivalizar, como si cada familia o cada colonia hubiera querido y
quisiera superar a las otras con el palacio fúnebre más grandioso.
Los faraónicos monumentos están reagrupados en “manzanas”
separadas entre sí por anchas calzadas bordeadas de aceras con
árboles y plantaciones de césped. El nombre de cada calzada está
claramente indicado, y todo luce limpio y bien conservado. Todo
le da a uno la impresión de estar caminando por un barrio
residencial.
Después de detenernos ante la tumba de Allende y ante el
conmovedor memorial del detenido desaparecido ―donde había
gente sentada en actitud de recogimiento, o depositando flores y
mensajes― llegamos a una zona sin palacios, con pocos
mausoleos, más modestos, y con columbarios en mármol y
muchas tumbas con variadas losas. Lo que se veía en esta zona
corresponde a lo que se suele ver en cualquier cementerio en
América y Europa. Seguimos caminando y, poco a poco, los
caminos se estrechaban, las divisiones entre “manzanas” se
desdibujaban, los árboles escaseaban, dominaba un color grisáceo
uniforme de las piedras funerarias. De pronto apareció un muro.
Por una puerta pasamos al otro lado, y era como llegar a un
terreno baldío cubierto de hierba alta, malezas y espesuras de
donde surgían aquí y allá pequeñas cruces de madera, o pedazos
de ellas. No había caminos ni aceras. Se caminaba sobre la hierba
y entre el lodo. Algunas de las cruces tenían un nombre, otras no.
Después supe que se trataba del patio 29, el patio de los “rotos”,
de los miserables, de las víctimas anónimas del sistema capitalista,
en el cual la dictadura pinochetista, una de las formas posibles de
la política del capitalismo, sepultaba como “NN” los cadáveres de
sus víctimas. Era el patio-testimonio de la inhumanidad del
sistema, y el muro-frontera tenía la función de ocultarla. Un muro
que tenía algo de un “muro de Berlín” erigido no por el
capitalismo de Estado sino por el Estado capitalista. Creo que
94
desde entonces (el año 2003) el patio ha cambiado en algo. Ahora
se denomina patio 162, ya no hay hierbas altas ni malezas sobre
las tumbas, y las cruces han sido alineadas y reparadas. En el año
2006 fue declarado monumento histórico y lugar de memoria de
las víctimas de la dictadura militar, pero parece que hasta ahora
ningún gobierno lo ha declarado lugar de memoria de las víctimas
que han sido “rotas” por la irracionalidad de la economía
capitalista y por la abismal desigualdad social que genera
perpetuamente.
Desde entonces la desigualdad ha crecido, y hoy Chile es
uno de los países con mayor desigualdad económica en América
Latina. Sin embargo, el problema de la gran desigualdad
económica no es solo económico, y sin duda su solución tampoco.
En Chile como en otras partes del continente, la injusticia
económica y social se halla diversamente relacionada con otra
forma de injusticia, de tipo cultural o étnico-cultural. Hay formas
de discriminación social y económica que son al mismo tiempo
discriminación cultural, y cuyos orígenes remontan a la invasión
colonial del siglo XVI. En la época de mi primera visita a Chile
sabía por algunas lecturas y conversaciones algo de la realidad de
las prácticas discriminatorias que afectan a la población indígena
del país; sabía, por ejemplo, que Chile era de los pocos países
latinoamericanos que no reconocía constitucionalmente su
diversidad cultural y por consiguiente los derechos culturales que
tal reconocimiento implica. En mi segunda visita, catorce años
después, estuvimos en el Wallmapu y, compartiendo con su gente,
conocimos más de cerca la profundidad del conflicto relacionado
con el no reconocimiento de la diversidad cultural. Profundidad
temporal, marcada por la permanencia de prácticas, actitudes,
instituciones y discursos coloniales en la época “poscolonial”.
Profundidad de la brecha social y política entre mapuches y una
parte de la sociedad que sigue atrapada en esquemas ideológicos
coloniales, considerando a la modernidad capitalista como un
modelo de vida y de sociedad absoluto que excluye como
“atrasado” todo modo de vida que no esté orientado hacia la
acumulación privada y acumulativa de capital. Profundidad de la
apropiación de lo público por lo privado, que ya habíamos visto
años atrás simbolizada por el cementerio público de Santiago, y
que ahora era patente en la violación por parte del Estado de sus
propias normas de derecho y en primer lugar del principio de la
igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. El principio de la
igualdad ciudadana y de la igual dignidad de todos, que en la
95
teoría política liberal constituye el fundamento de lo público, era
violado diversamente en ambos casos. En el segundo se hacía
desatendiendo las reivindicaciones de los mapuches y sus
exigencias de derechos, criminalizando su protesta, respaldando
la violencia policial y de particulares armados contra mapuches.
El Estado chileno había sido condenado tres años antes (2014) por
la Corte Interamericana de Derechos Humanos, pero en 2017, bajo
el sexto presidente de la post-dictadura, en lo esencial no había
cambiado nada. Pudimos conocer a gente que había sido víctima
de múltiples formas de violencia y de injusticia, y que en vano
seguía reclamando justicia por las vías legales. Lo público, como
en otras partes del mundo, era en gran parte un simulacro de lo
público.
Hoy, más de dos años después y de nuevo desde lejos, veo
imágenes de las calles de Santiago otra vez llenas de inmensas
multitudes. La movilización se inició hace siete semanas, por un
motivo que no parecía augurar su desarrollo posterior: como en
París, Beirut y otras ciudades del mundo, se protestaba por un
alza particular de los precios; en Santiago se trataba del alza de los
pasajes de metro. Poco a poco fueron apareciendo en la protesta
nuevas reivindicaciones económicas y sociales (pensiones, salud,
educación, etc.) y, al mismo tiempo, se fue perfilando de manera
implícita su dimensión política de rechazo de las formas
instituidas de lo político. De nuevo como en París, Beirut y otras
ciudades del mundo, en Santiago y otras ciudades de Chile la
protesta social de octubre y noviembre no ha sido canalizada ni
dirigida por partidos políticos, porque la gente no se siente
representada por ellos. Desde el inicio las multitudes han
reafirmado su autonomía frente a todos los partidos políticos,
incluidos aquellos de oposición que aparentemente propondrían
alternativas al régimen ultra-neoliberal que gobierna al país. La
reafirmación de esta autonomía se relaciona con una profunda
desconfianza de la “política” considerada como una práctica del
engaño, de las falsas promesas, de la demagogia y de los arreglos
más o menos discretos con los tradicionales grupos de poder, en
nombre del “realismo político”.
Hay sin duda algo sano en esta toma conciencia del abismo
que separa el mundo “político” instituido de las aspiraciones
reales de la gente de a pie. La gente que llena las calles no acepta
que algunos pretendan auto-designarse como representantes del
movimiento, y dice querer expresarse sin “intermediarios”
profesionales. Se han creado así cabildos abiertos en varias comunas
96
del país, con gran participación de la población local, y se han
dado iniciativas de municipalismo autónomo. Hay algo, en esto, de
“poder popular”, pero en un sentido muy distinto del “poder
popular” que reclamaban las multitudes en la época de la Unidad
Popular, y que algunos partidos dentro y fuera de la coalición
llamaban a crear. Contrariamente a lo que se podría pensar a
primera vista, la reivindicación de autonomía de las multitudes de
hoy es en cierto sentido más radical que la consigna de “crear
poder popular” tal como se entendía en América Latina en la
década del setenta. Más radical en el sentido de que lo “popular”
(lo social) se afirma realmente como potencia autónoma, no
controlada por los partidos políticos. En la izquierda
latinoamericana y mundial de los años setenta se entendía
generalmente lo popular como popular dirigido por los partidos
políticos o más precisamente por el partido que pretendía ser la
verdadera “vanguardia” de las “masas”. Pero lo que en esa época
solíamos llamar “masas populares” no eran en realidad masas
sino multitudes protagónicas. No se trata de una mera cuestión de
términos, sino de una manera de entender lo político que orienta
la manera de hacer política y que probablemente tiene algo que
ver con la derrota y la tragedia de 1973 y con otras derrotas y
tragedias en diversas épocas y lugares de América latina y del
mundo. En Chile, antes del 11 de septiembre, había
“vanguardias” que se disputaban el control de los Cordones
industriales. En la naciente Unión Soviética, en 1921, la
“vanguardia” política que había logrado conquistar el poder
estatal culmina en Kronstadt su empresa de destrucción del poder
popular (social) constituido por los Consejos de obreros,
campesinos y soldados. Las multitudes que hoy llenan las calles
en Santiago y varias otras ciudades del mundo expresan a través
de sus prácticas de autonomía el anhelo político de otra política y
de otra manera de concebir lo político. El anhelo de un poder
popular con libertad, sin caudillos ni jefazos ni grandes
comandantes, sin sometimiento a ninguna autoproclamada
“vanguardia”. El anhelo de horizontalidad, que es anhelo de
verdadera igualdad política.
Algo de este anhelo de horizontalidad política trasparece en
lo que es tal vez la principal reivindicación política explícita de la
multitud: la abolición de la Constitución pinochetista y la
instauración de una nueva Constitución política. El 21 de octubre
diversos gremios de trabajadores movilizados reclamaron una
asamblea constituyente con el fin de dar paso “a un gran diálogo
97
horizontal entre todos/as los ciudadanos y las ciudadanas, que
culmine en una nueva Constitución política para Chile”
(biobiochile.cl, 21/10/2019). En los días siguientes el diálogo entre
ciudadanos comenzó a ser impulsado en varias comunas a través
de cabildos abiertos. Pero en la perspectiva de la política
instituida, basada en la separación vertical entre quienes
gobiernan y quienes son gobernados, el diálogo entre ciudadanos
no es relevante. Lo relevante en esa perspectiva puede ser (según
los contextos) el diálogo entre el gobierno y la oposición política,
el diálogo entre políticos profesionales. El 10 de noviembre el
régimen de poder instituido pretendió inicialmente llevar a cabo
la refundación constitucional a través de un “congreso
constituyente”, esto es, imponiendo un mecanismo vertical, sin
participación ciudadana. Ante el rechazo de las organizaciones
sociales (como las representadas en Unidad Social) y de las
multitudes que seguían llenando las calles, y ante la presión de
grupos políticos de la oposición, el 15 de noviembre el gobierno
decidió modificar su proyecto inicial. Optó por una negociación a
puerta cerrada con los partidos políticos, incluyendo algunos de
oposición que aceptaron hacerlo, y estableció con ellos un acuerdo
para organizar un plebiscito constitucional en abril de 2020.
Unidad Social y algunos grupos políticos de izquierda han
rechazado este “Acuerdo por la Paz social y la nueva
Constitución”. La alternativa que ha venido promoviendo Unidad
Social es el desarrollo de cabildos ciudadanos independientes, no
institucionalizados, y ahora parece estar elaborando una
propuesta de “Asamblea Constituyente Plurinacional y un
programa de transformaciones elaborado por los movimientos
sociales” (El desconcierto.cl, 16/11/2019). Otros sectores políticos
y gremiales señalan, por su parte, que el plebiscito de abril como
tal es una verdadera conquista política, que podría ser
consolidada si prevalece en la votación de abril el mecanismo de
“convención constitucional" (elección popular de todos los
diputados constituyentes) sobre el de “convención mixta
constitucional" (elección popular de solo la mitad de los
diputados constituyentes, la otra mitad se compone de miembros
del actual congreso), y si se logra establecer un tipo inédito de
Constitución basada en formas de horizontalidad política y de
protagonismo social.
Es probable que el acuerdo político del 15 de noviembre
tenga efectos en la dinámica de la protesta social, que por otra
parte ha alcanzado o está en vías alcanzar algunas de sus
98
reivindicaciones económicas (aumento de las pensiones de los
más pobres, aumento del salario mínimo, disminución del precio
de ciertos medicamentos, rebaja del precio del trasporte para los
ancianos pobres, rebaja de la deuda de estudios de miles de
estudiantes universitarios). A las multitudes de Chile, como a las
de Francia y del Líbano y de otros países, se les plantea el difícil
paso de las calles llenas a las asambleas populares llenas (o a los
cabildos abiertos llenos). El difícil paso de la construcción de la
protesta callejera a la construcción de formas de autogobierno
horizontales. De nuevo parece quedar planteada la cuestión
práctica e inmediata de la posibilidad de “otra” política, basada en
un nuevo pensamiento de lo político. El rechazo de la “política”
instituida no implica necesariamente la negación de lo político
como tal, esto es, de los espacios públicos de concertación local,
regional y nacional para la toma de decisiones comunes relativas a
la definición de lo común y a la redistribución social de los bienes
comunes.
99
100
La fractura: una lectura de las recientes
movilizaciones sociales en Colombia
101
No habían marcado todavía las ocho de la noche del 21 de
noviembre de 2019, cuando las calles de Bogotá y otras ciudades
colombianas fueron conmovidas por un frenético, estridente,
ensordecedor golpeteo de ollas, tapas, sartenes, cucharas,
molinillos y otros utensilios de cocina. Con el cacerolazo,
culminaba así de manera imprevista la primera jornada de
protestas del paro nacional convocado por estudiantes y
sindicatos, antecedida por movilizaciones universitarias
realizadas a lo largo del año y continuada después de aquel jueves
por varias semanas más, con la participación también de
indígenas, feministas, ambientalistas, pensionados, artistas y, en
general, ciudadanos de diversa condición. Dylan Cruz, joven
bachiller proveniente de un barrio marginado que bregaba para
ingresar en la educación superior, se convirtió en símbolo de las
protestas, al fallecer a causa de un arma de “letalidad reducida”
operada por un agente del Esmad, batallón antidisturbios de la
policía colombiana.
2020 promete seguir con el contrapunteo entre los sectores
contrarios al régimen y el gobierno de Iván Duque, este
procurando diluir en una disgregadora “conversación nacional”
(anagramáticamente léase “conservación nacional”) los trece
puntos del pliego de peticiones impulsado por los manifestantes,
estos presionando desde la calle la negociación de las 104
peticiones en que se desplegaron los temas originales. En la
siguiente tabla relacionamos algunas de las solicitudes más
relevantes de la “Agenda del Comité Nacional del Paro”,
presentada al gobierno el 13 de diciembre (ver en detalle en
página siguiente)
Ante la desmesura y el alcance de algunas de estas
iniciativas, que según voceros del ejecutivo implican reformas
profundas en la estructura y la orientación del Estado, algunos
observadores señalan que las organizaciones que lideran el paro
representan sectores minoritarios de la sociedad, y por tanto no
pueden pretender co-gobernar ni que se sustituya el programa de
centro-derecha con el cual fue elegido el actual presidente en 2018,
y menos forzar el cambio del modelo económico y del régimen
político del país. En la otra orilla, se celebra gramscianamente que
se abre paso una nueva hegemonía política en el país, en la que
viejos y nuevos movimientos sociales se han coaligado en contra
del inequitativo y discriminador sistema neoliberal impuesto por
las élites dirigentes del país alinderadas con la globalización
capitalista. En realidad, han terciado otros analistas, se trata del
102
enfrentamiento entre dos élites con intereses parciales, la original
de carácter empresarial y corporativo representada en el gobierno
nacional, y la solapada de la vieja dirigencia sindical y los
emergentes líderes universitarios, en defensa ambas de sus
respectivos privilegios ya adquiridos, pero sin que ni una ni otra
luchen genuinamente por las necesidades socio-económicas, las
reivindicaciones de reconocimiento o las aspiraciones de
representación política de los grupos más vulnerables de la
sociedad.
103
Colombina de Petróleos) debe ser una
empresa 100% estatal.
Aumento del presupuesto de
Cultura a mínimo el 2% del Presupuesto
Nacional.
IV. Anticorrupción Trámite inmediato en el Congreso
de la República de los proyectos de ley
anticorrupción y garantía de aprobación
de estos.
V. Paz Garantizar el cumplimiento e
implementación integral de los acuerdos
de paz firmados en La Habana.
Cesar definitivamente cualquier
intento de reformar mediante ley o acto
legislativo, el Acuerdo de Paz.
Retomar la agenda firmada por el
Gobierno colombiano y el ELN. El Estado
promoverá diálogos con todos los grupos
armados para la consecución de la Paz.
VI. Derechos humanos Replantear y modificar la doctrina
militar y la política de seguridad y
defensa. Depurar de la Fuerza Pública a
los agentes vinculados a presuntas
violaciones de Derechos Humanos.
El desmonte total de las estructuras
paramilitares y la judicialización penal de
sus actores…
VII. Derechos de la Reconocimiento al carácter
madre tierra vinculante y decisorio de las consultas
populares y los acuerdos municipales en
defensa del agua, la vida y el territorio.
Prohibición total del Fracturamiento
Hidráulico (fracking). Protección de las
selvas y la Amazonía como sujeto de
derechos. Prohibición del uso del glifosato
para la fumigación de cultivos de uso
ilícito.
VIII. Derechos políticos Desarrollo de un marco normativo,
y garantías financiero e institucional para garantizar
la autonomía jurisdiccional y
administrativa, de los territorios
colectivos titulados a comunidades
étnicas. Cese de todos los tipos de
violencias contra las mujeres, desde la
concreción de políticas públicas con
enfoque de derechos de mujer y género.
104
IX. Política agraria, Reconocimiento del campesinado
agropecuaria y pesquera como sujeto de derechos políticos.
Adoptar una política de reforma agraria
integral.
X. Cumplimiento de El Gobierno reactivará e iniciará de
acuerdos entre el gobierno, inmediato con los sectores, procesos y
y procesos y organizaciones respectivas la
organizaciones implementación y cumplimiento de los
acuerdos firmados por los anteriores y el
actual Gobierno con: Estudiantes
universitarios - Organizaciones indígenas
- Comunidades negra, afrocolombiana,
raizal y palenquera - Organizaciones
sindicales estatales - Sectores campesinos
y agrarios-etc.
XI. Retiro de proyectos Retiro del proyecto de ley de
normativos Crecimiento Económico, reforma
tributaria en tránsito en el Congreso de la
República.
El Gobierno se abstendrá de
tramitar la reforma al sistema pensional.
El Gobierno se abstendrá de
realizar reformas laborales que
desmejoren los derechos y garantías
contemplados en el ordenamiento
jurídico, actualmente.
XII. Derogatoria de Se relacionan diferentes normas
normas lesivas para la sociedad colombiana,
relacionadas con el Plan Nacional de
Desarrollo y otras políticas económicas.
XIII. Construcción Concertar el contenido de un
normativa Estatuto del trabajo conforme al Artículo
53 de la Constitución Política de
Colombia, que beneficie a la clase
trabajadora, en especial a la juventud…
Garantizar que la prestación de
servicios públicos no se privatice; se
revierta a favor del Estado las que ya
fueron privatizadas y se reformen las
normas necesarias para ello*
105
episodios semejantes en Latinoamérica y el planeta, con el fin de
intentar una interpretación más general sobre el significado
histórico de las protestas en curso. En mi criterio, las actuales
manifestaciones deben comprenderse a la luz de la ardua
construcción de la democracia en Colombia, en tanto lo que en el
fondo está en juego es el esfuerzo por superar la escisión que ha
fracturado el proyecto democrático entre el orden postulado de
derechos y participación, y el orden establecido de desigualdades
y exclusión.
Como expusimos en nuestra contribución al libro colectivo
“Claves de la justicia desde América Latina” (Valencia: Tirant lo
Blanch, 2019)*, los códigos normativos de carácter deontológico
instaurados a lo largo de la historia republicana en el Continente,
han adolecido de lo que en lenguaje habermasiano podemos
diagnosticar como “validez sin facticidad”, en tanto las
pretensiones de justicia han carecido de efectivo cumplimiento en
las dinámicas históricas. Por defecto, naciones como Colombia
han sufrido la dolencia corolaria de una “facticidad sin validez”,
dado que las desiguales relaciones de poder vigentes han
generado una normatividad imperante de hecho, que ha
desplazado cuando no subordinado los supuestos igualitaristas
de los códigos normativos. A continuación, sostendré que el
reciente movimiento de protestas en Colombia puede leerse como
un esfuerzo por superar dicha fractura entre las pretensiones de
validez y las condiciones de facticidad de la vigente Constitución
de 1991, a través de la apropiación efectiva por parte de la
sociedad civil de los derechos de libertad, igualdad y
participación inscritos allí, y la exigencia a las autoridades de su
cabal cumplimiento, vía el ejercicio del derecho a la protesta
social.
La actual C.P. colombiana en su concepción y en su
implementación a lo largo de estas tres décadas a la vista, ha
estado escindida entre la Carta de Derechos que constituye su
telos jurídico-moral y el orden neoliberal que le sirve de contenido
socio-político. Pero no se trata de una dicotomía conceptual entre
ideologías en pugna, pues el quiebre reposa sobre el
fraccionamiento real de las condiciones de vida en la sociedad
colombiana, atravesada por índices de desigualdad entre los más
agudos del planeta. Como ha mostrado Rawls, la dignidad está
articulada con la capacidad para disfrutar en condiciones de
*
Disponible en https://bit.ly/2vth4rB
106
equidad de los bienes sociales, de donde la desigualdad extrema
no es asunto de envidia, sino de injusticia.
Por eso, el uso del derecho a la protesta y el reconocimiento
de la protesta como derecho se hallan plenamente justificados,
previos a la consideración de la materia de las aspiraciones
multiformes planteadas en el paro. En nuestro criterio, las
recientes manifestaciones pueden contribuir a alcanzar por fin en
Colombia el anhelado “estado social de derecho” proclamado por
la misma Constitución, o en clave filosófica, para que los
kantianos derechos de libertad se conviertan paulatinamente en
“Derecho de libertad”, para expresarlo en el lenguaje hegeliano de
Axel Honneth (cfr. “El derecho de la libertad. Esbozo de una
eticidad democrática” Madrid: Katz, 2014, 446 p.).
Un sobrevuelo histórico nos ayudará a develar la génesis de
la segmentación planteada. Sin remontarnos a los orígenes
republicanos de la vida nacional en la disputa entre el
autoritarismo libertario de Bolívar y el legalismo autoritario de
Santander, podemos ubicar la ruptura en la oposición entre la
“libertad sin orden” instaurada por la Constitución liberal de
Rionegro en 1863, y el “orden sin libertad” instalado por la
Constitución conservadora de 1886, que rigió al país hasta 1991.
Rafael Núñez, artífice del movimiento de la Regeneración que dio
como fruto la Carta del 86, acusaba al radicalismo liberal de haber
creado una “anarquía organizada”, en la que en nombre de las
sacrosantas libertades absolutas de los individuos y de la plena
soberanía de los Estados confederados, el gobierno central careció
de herramientas para asegurar el orden social y la unidad
nacional. Por ello, su aliado Miguel Antonio Caro sustituyó la
carta radical del 63, por una Constitución según el espíritu del
Syllabus de Pío IX. Para asegurar el orden, se adoptó un sistema
rígidamente centralista y se puso la ley bajo la protección de la
Iglesia Católica, con el fin de propiciar que las personas fuesen
educadas en la obediencia a los deberes que les correspondían al
tiempo como cristianos y como ciudadanos.
Durante la centenaria vigencia de la Constitución del 86, se
gestaron diversos procesos destinados a resistir o por lo menos a
moderar el orden de privilegios y exclusión al que en realidad
sirvió el orden creado por la Regeneración. Entre ellos, el más
notable fue la llamada “Revolución en marcha”, impulsada en los
años treinta del siglo XX por el liberal Alfonso López Pumarejo.
No obstante, el establecimiento, estructuralmente conservador,
siempre logró imponerse tanto de facto como de iure, sea
107
sometiendo militarmente a los contrincantes o eliminando a los
opositores, sea con la captura de los cambios como sucedió con las
reformas liberales, sea adoptando diseños institucionales
previstos en el fondo para la preservación del statu quo, como fue
el pacto bipartidista del Frente Nacional entre 1958 y 1978.
Siguiendo el análisis integral de la democracia planteado
por Antonio García en 1971 (cfr. “Dialéctica de la democracia”
Bogotá: Desde Abajo, 2013, 355 p.), tres han sido las vías históricas
del quiebre detectado, con persistencias hasta el presente. En
términos económicos, el poder real estuvo vinculado a la
concentración de la propiedad de la tierra como eje alrededor del
cual se han estructurado los demás sectores económicos, en
subordinación funcional a los intereses trasnacionales del
imperialismo. En términos políticos, el enfrentamiento partidista
entre conservadores y liberales y sus distintas facciones, en
realidad estuvo supeditado al proyecto oligárquico de las élites
dominantes, reacias a poner el Estado a favor de las necesidades
de las mayorías populares. Y en términos culturales, dicha
pseudo-democracia oligárquica y elitista se sostuvo sobre el
esquema colonial de una “república señorial” (ver GARCÍA,
Antonio “Colombia: esquema de una República señorial” Bogotá:
Cruz del Sur, 1977, 121 p), en que la división social estaba
enquistada en las conciencias de las gentes debido a la injerencia
de una educación católica de corte feudal.
La “Asamblea Constituyente” de 1991 en cierta forma
recoge los fines modernizadores seculares del 63 frustrados en
1886, pero actualizándolos para un país totalmente distinto. Pero
en este propósito, dos agendas distintas se entrecruzan, a veces
imbricándose una con otra, a veces en franca tensión interna. Por
un lado, la Carta entiende la modernización según el modelo
económico demoliberal que había triunfado sobre la planificación
estatal socialista apenas un año atrás, dando pie así al marco legal
en que se han implantado políticas neoliberales como la
liberalización del mercado, la privatización de empresas públicas
y el favorecimiento de la inversión privada nacional y
trasnacional. En contrapunteo, la Constitución también se guía
por una comprensión social y republicana de la democracia
liberal, gracias a la cual se instaura un Estado Social de Derecho,
en el que las garantías a los derechos individuales y colectivos de
carácter civil, político, económico, social, cultural y ambiental, se
erigen en fundamento mismo de la vida social y política.
108
La escisión a la vez práctica y conceptual radica en que para
los sectores afines al sistema político -en una amplia gama que va
desde la ortodoxia neoliberal hasta opciones redistributivas de
acento socialdemócrata-, la economía de mercado con menores o
mayores controles ha ofrecido las bases para el desarrollo nacional
y la mejora de las condiciones de vida de la mayoría de la
población, mientras los contradictores remiten a los altos índice de
desigualdad y a las necesidades insatisfechas estructuralmente,
con el fin de sustentar que el ordenamiento capitalista es
refractario a las garantías sociales. Para el establecimiento, los
cambios posibles y factibles deben enmarcarse en el ordenamiento
político demoliberal y el sistema económico de libre empresa
estatuido en la Constitución, pues otra cosa sería someterse al
programa anti-democrático de carácter populista y filiación
comunista fracasado en Cuba y Venezuela. Los impulsores del
paro, en cambio, estiman que se lucha por el cumplimiento
efectivo de la carta de derechos civiles, políticos, económicos,
sociales y culturales recogida en el código constitucional,
rescatándola del secuestro conservador y neoliberal en que ha
estado confinada.
Sirva como ejemplo de la discusión la Ley 100 de 1993, que
ante las insuficiencias e ineficiencias del sistema de salud pública
vigente hasta entonces, optó por convertir la salud en un negocio
sometido a la competencia entre las empresas privadas del sector.
Mientras críticas como las que se aluden en el segundo punto del
paro cuestionan dicha mercantilización como causa de las
restricciones de las prestaciones sanitarias y por tanto exigen
deponer la privatización, los partidarios del modelo destacan las
ventajas de esta en el aumento de la cobertura y la sostenibilidad
financiera del sistema.
Pero la tensión entre facticidad y validez no sólo se da en el
campo socio-económico, sino también en el cultural y político.
Corrigiendo el monismo católico-blanco en que estaba fincada la
Constitución de Núñez y Caro, la nueva Carta rompió todo
vínculo identitario con la religión católica y declaró a Colombia
como una nación multicultural, derivando de allí el
reconocimiento de derechos judiciales y culturales de los pueblos
ancestrales y otras comunidades tradicionales. No obstante, el
desarrollo legal de estos derechos ha sido difícilmente conciliable
con los intereses del desarrollo capitalista, como queda patente en
las consultas a los indígenas y otros habitantes de los territorios
previas a la explotación de recursos mineros e hidrocarburos,
109
percibidas por los inversionistas como obstáculos para el
desarrollo económico del país y la satisfacción de las mismas
necesidades de tales poblaciones, mientras estas se quejan de que
los mecanismos de participación se ignoran para favorecer el
lucro de las empresas privadas.
Sin embargo, el meollo de la fractura que como una falla
telúrica atraviesa la democracia colombiana, radica en el plano
político. La retórica que acompañó el cambio constitucional del 91
radicó en que se sustituiría la vetusta democracia representativa
por una incluyente democracia participativa, gracias a
mecanismos de participación que posibilitarían a ciudadanos y
comunidades intervenir en las decisiones locales y nacionales más
relevantes, más allá del voto periódico en las elecciones. Hablo de
retórica en el sentido peyorativo de la palabra, porque si bien tales
mecanismos participativos se fijaron en la Constitución, su
implementación y aplicación han sido limitadas.
En efecto, el recurso al constituyente primario no ha sido
más que una herramienta para refrendar los acuerdos ya
alcanzados entre las élites, tanto las tradicionales como las
emergentes. Escenario sobresaliente de ello ha sido la política de
paz, pues la misma “Asamblea Nacional Constituyente” se
originó en el acuerdo entre el gobierno y la extinta guerrilla del M
19, y durante su vigencia se ha alternado entre la imposición de la
fuerza militar del Estado frente a la amenaza narcoterrorista,
como en la “seguridad democrática” adelantada por Álvaro Uribe
Rueda durante sus mandatos (2002- 2010), y la celebración
periódica de negociaciones con las organizaciones insurgentes, en
aplicación del principio constitucional de que “la paz es un deber
y un derecho de obligatorio cumplimiento”
Las alianzas y contra-alianzas derivadas de los vaivenes de
los proyectos militares y políticos de pacificación, se patentizan en
el plebiscito del 2 de octubre de 2016, en el que se le consultó a la
ciudadanía si respaldaba el pacto de paz suscrito en la Habana
entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Farc,
el grupo insurgente más antiguo y fuerte del país. Como se sabe,
la oposición del sector de la élite encabezado por el expresidente
Uribe por estimar que se habían hecho concesiones inadmisibles
al grupo terrorista (literalmente, que se le había entregado el país
a las Farc), instigó a la mayoría de los votantes a reprobar el
acuerdo, en un porcentaje escaso, pero electoralmente suficiente.
Se concertó entonces un nuevo acuerdo entre el gobierno y la
dirigencia guerrillera, firmado por las partes en el Teatro Colón de
110
Bogotá, y que ante el rechazo del original por parte de la
ciudadanía, debió ser refrendado por el Congreso,
paradójicamente con instrumentos de la democracia
representativa y no del fracasado de la democracia participativa.
De pasada, anotemos que, en el punto quinto del pliego del paro,
se remite directamente al cumplimiento del Acuerdo de la
Habana.
Por el contrario, los contradictores de las negociaciones
estimaron que con el acuerdo finalmente logrado, se había
traicionado la voluntad popular, y con el prurito de enmendar el
rumbo, compitieron en las elecciones presidenciales de 2018.
Amigo de slogans más de publicista que de estadista (para
incurrir nosotros en la misma falta), el presidente Duque cifró su
campaña en el lema “ni trizas ni risas”, para significar que su
gobierno no destruiría los acuerdos logrados, como lo aupaban las
vertientes más reaccionarias de su partido, pero tampoco iba a
plegarse a las ventajas espurias alcanzadas por las Farc en
materias como la entrega de sus fuentes financieras y las penas a
sus comandantes. Durante su mandato, la expresión “paz con
legalidad” ha sido la divisa reiterada para corregir las fallas, que
en una actualización inmediata de la escisión conceptual que ha
recorrido nuestra historia, en realidad se ha bifurcado en “ni paz
ni legalidad”. No legalidad, pues como dictaminaron el Congreso
y la Corte Constitucional, las objeciones del gobierno de Duque
contra la J.E.P., jurisdicción transicional encargada de juzgar los
delitos cometidos en el contexto del conflicto, atentaba no sólo
contra el marco legal del acuerdo, sino contra el mismo orden
constitucional en que este había sido inscrito. Y paz tampoco,
porque la gestión menuda en la implementación de los acuerdos
con los ex-combatientes de la base adelantada diligentemente por
el comisionado Emilio Archila, quizás el único alto funcionario
del gobierno comprometido genuinamente con esta causa, no
alcanza a compensar ni los reparos ideológicos ni los factores de
poder en contra.
En una suerte de profecía autocumplida, el gobierno puso al
frente del “Centro de Memoria Histórica”, instituto oficial creado
para documentar la memoria histórica del conflicto, a un
negacionista del conflicto, vocero de la visión uribista según la
cual en Colombia no hubo conflicto armado interno en los
términos políticos acotados por el D.I.H., sino la acción de grupos
delincuentes narco-terroristas que debían ser reprimidos con la
fuerza militar del Estado y sometidos al derecho penal ordinario.
111
La consecuencia no tan paradójica consiste en que se ha
reactivado in crescendo la cruda violencia, en una diversificación
de actores armados que en toda suerte de alianzas y rencillas
entre ellos y con y contra el establecimiento, incluye al no
desmovilizado E.L.N., disidencias y desertores de las
inmovilizadas Farc, escisiones y nuevas versiones del nunca
inmovilizado paramilitarismo de derecha, bandas criminales
vinculadas al narcotráfico, a la explotación minera ilegal y a otras
actividades ilícitas. En un juego de espejos, la profecía
autocumplida se replica en el bando contrario, como la
comprueba el manifiesto de retorno a las armas pronunciado el 29
de agosto de 2019 por un grupo de jefes de las antiguas Farc que
había suscrito los acuerdos de 2016, alegando una persecución del
Estado que al parecer ellos mismos instigaron al reincidir en
prácticas delictivas.
Pero lo que está verdaderamente en disputa son los
intereses de acumulación, en que el capitalismo globalizado
alberga esa tensión entre una facticidad auto-validada y una
validez sometida a los hechos cumplidos. Porque la primera
damnificada es la naturaleza que sirve de suelo común a la vida
de todos, dañada por las prácticas depredadoras de las economías
agrícola, ganadera y minera legales e ilegales, sumadas a la
erradicación de narco-cultivos con agentes químicos letales como
el glifosato y el debatido uso del fracking en la explotación de
hidrocarburos. Este no es el espacio para adelantar esta discusión
a fondo, pero es evidente que la sensibilidad de las nuevas
generaciones con la preservación de la “casa común” y su
convicción del carácter ecocida de la economía capitalista en todas
sus variantes, ha sido uno de los factores detonantes de las
protestas callejeras.
Pero el mayor costo del saboteo desde dentro al acuerdo, lo
han sufrido las comunidades, en especial con el genocidio de
líderes sociales, dirigentes indígenas y defensores de derechos
humanos. Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Derechos Humanos, en 2019 fueron asesinados
106 líderes y lideresas, y hasta mediados de enero se cuenta un
muerto por día, en una tendencia al alza que el Estado no puede o
no quiere detener35. Sería ligero sugerir que integrantes del
gobierno y de las Fuerzas Armadas están comprometidos
35
Al respecto, ver el informe de la revista Semana, correspondiente a la
edición del 19 de enero de 2019, https://bit.ly/38q1yLQ
112
masivamente como autores materiales e intelectuales de todos y
cada uno de los asesinatos, en una especie de conspiración global
contra el pueblo, pero más sospechoso es pretender que no existe
ninguna conexión sistemática entre las muertes, como si se tratase
de casos aislados consecuencia de “líos de faldas” o mera
delincuencia común, como ya han sostenido algunos funcionarios.
Sin ignorar la acción de grupos narcotraficantes y otras formas de
delincuencia en la perpetración de los crímenes, ni negar que los
han propiciado fallas en los esquemas de seguridad, los
investigadores y los mismos amenazados han denunciado
patrones que cuando menos dejan dudas sobre las verdaderas
causas de muchos de los homicidios y otras formas de violencia
sobre las víctimas. En ocasiones, basta superponer los mapas de
los delitos con los de proyectos agrícolas y mineros de carácter
ilegal pero también legal, para detectar coincidencias en realidad
nada sorprendentes.
De este modo, la defensa de la paz, la preservación de la
naturaleza y la protección de los líderes sociales e indígenas,
pueden considerarse como el núcleo duro de las razones aducidas
en las protestas, bajo el convencimiento de que el Estado por
acción y omisión es cómplice cuando no artífice directo en las
crisis provocadas. Los defensores del régimen insisten en la
vigencia del Estado de derecho y la legitimidad de la democracia
existente, pero como hemos enfatizado, el examen histórico,
estructural y coyuntural revela que existe una escisión objetiva
entre los principios y valores invocados formalmente en las
normas y las políticas estatales, y los contenidos y la aplicación
efectiva de estas.
Y esta contradicción de fondo se reproduce en las que
llamaremos las causas detonantes de las manifestaciones urbanas
de finales de 2019, atinentes a ajustes en el régimen de pensiones y
otros cambios laborales, y a la financiación de la universidad
pública. Al respecto, los voceros del gobierno en un inicio
objetaron que no estaba definida ninguna reforma laboral y que
los pactos asumidos con los estudiantes en 2018 se estaban
atendiendo del modo más fiel posible. Pero la reforma tributaria
aprobada por el Congreso y sancionada por el Ejecutivo a fin de
año y otras medidas, en flagrante oposición a las peticiones del
paro, les comprueban a los manifestantes que sí se han fraguado
ajustes económicos y laborales lesivos para las mayorías. Entre las
pruebas, basta mencionar las exenciones tributarias concedidas a
los empresarios, que el gobierno justifica como una medida para
113
incentivar la inversión y el empleo, pero que los opositores
califican como un medio para favorecer al capital privado
nacional y trasnacional en detrimento de los recursos públicos
para la educación y la salud.
Al respecto, algunos observadores han remitido a los
avances logrados en Colombia en la superación de la pobreza y la
satisfacción de las necesidades básicas para la población, de
donde coligen que las protestas en realidad son una revuelta de
clases medias en su afán de obtener nuevas ventajas en el acceso a
los recursos públicos. Cuando nada tenían, nada pedían, pero
ahora que les hemos dado algo, quieren todavía más, parece ser el
supuesto cínico subyacente a algunos de estos razonamientos. Sin
entrar a negar los progresos sociales logrados, producto más de
las luchas que de las concesiones, lo cierto es que en Colombia
siempre fue muy escasa la cobertura del Estado de bienestar, si es
que cabe emplear esta expresión aquí. Comparadas con otros
países de la región, la extensión y calidad de los cupos educativos,
del acceso a los servicios de salud, de la seguridad social, ha sido
históricamente insuficiente y sigue siendo insatisfactoria. Ante el
colapso económico de regímenes como el venezolano y crisis
fiscales como la padecida por otros países que han aplicado
políticas acusadas de populistas, se alega a favor del
establecimiento colombiano la estabilidad macro-económica que
ha perdurado a lo largo de los años. Sin profundizar nosotros en
un debate en que en últimas se juegan perspectivas
inconmensurables sobre la sociedad, cabe señalar que este orden
económico tan encomiado por los tecnócratas neoliberales, ha sido
funcional a un desorden estructural basado en la injusticia en las
relaciones sociales, que le confiere a Colombia el dudoso título de
ser uno de los países más desiguales del planeta.
Por eso, que algunas reivindicaciones de carácter burgués,
por así calificarlas, se esgriman en las protestas, no les resta su
alcance popular, y antes bien deja avizorar la conformación de un
frente amplio que puede generar una nueva hegemonía
verdaderamente democrática en Colombia, en que por fin la
facticidad no someta la normatividad al orden excluyente de los
hechos cumplidos, sino en que la validez de la justicia y los
derechos humanos sea apropiada por la comunidad. De una
sociedad civil responsable y de líderes sensatos en el régimen,
pero también entre sus opositores, dependerá que Colombia
trascienda la disyuntiva entre generar riqueza para las minorías,
como hasta el momento ha sucedido, o asegurar pobreza para
114
todos, como parece haber sido el resultado de algunos
experimentos socialistas. A pesar de las dificultades que atraviesa
provocadas en gran medida por la misma desconfianza del actual
gobierno, quizás el mayor fruto del proceso de paz reside en que
las transformaciones sociales ya no se perciben como
imposiciones de los alzados en armas, sino como aspiraciones
legítimas de la ciudadanía.
Y para concluir, me permito deslizar una reflexión personal
sobre el porvenir de las protestas, no en desmedro sino en pro de
su legitimidad. Así como los grupos guerrilleros han fracasado
cuando han intentado alcanzar la revolución por decreto en las
negociaciones, los movimientos vinculados al paro no pueden
pretender imponer las reformas desde las calles, forzándolas por
medio de la obstaculización reiterada de la movilización urbana,
el vandalismo sobre los bienes públicos, la suspensión indefinida
de los calendarios académicos. Las ciudadanas y ciudadanos que
con el cacerolazo patentaron su sintonía con los motivos de las
protestas, no pueden soportar indefinidamente caminatas
interminables para volver a sus residencias por las noches, asumir
los costos y las dificultades derivadas de las conductas
destructivas, ver que la formación profesional de sus hijos se
dilata semestre a semestre. Argüir que los verdaderos vándalos
son los corruptos de cuello blanco, los dueños del capital que
esquilman a clientes y empleados, los políticos obsecuentes con
los intereses de los poderosos, es una pobre explicación y una
deplorable aprobación velada de comportamientos que horadan
cualquier civilidad. Para que se logre la necesaria conciliación
entre la realidad efectiva y la efectiva validación de la democracia,
la resistencia no debe hacerle juego al autoritarismo del
establecimiento con una oposición no menos despótica. Y ya en
términos afirmativos, la protesta social sólo alcanzará sus
cometidos cuando se inserte en proyectos políticos electorales y
participativos que recojan la voluntad popular, pero no como
instrumentalización demagógica sino como realización del Estado
social de derecho.
Coda
115
https://lasillavacia.com/silla-llena/blogoeconomia/la-
batalla-de-las-elites-71802),
Mauricio Vargas “El partido que marcha” (El Tiempo,
domingo 1° de diciembre de 2019, p. 1.17), Armando Montenegro
“Paro y desigualdad” (El Espectador, domingo 15 de diciembre de
2019, p. 77), Luis Carlos Vélez “En Colombia estamos mejor que
nunca” (El Espectador, lunes 6 de enero de 2020, p. 25), Héctor
Abad Faciolince “La rebelión de la pequeña burguesía” (El
Espectador, domingo 12 de enero de 2020, p. 34), Germán Vargas
Lleras “La agenda del Caguán recargada” (El Tiempo, domingo
26 de enero de 2020, . 1-14). Y con acento afirmativo: Catalina Ruíz
Navarro “¿Quién le teme al paro nacional?” (El Espectador, jueves
21 de noviembre de 2019, p. 22), Rodrigo Uprimmy “El 21N” (El
Espectador, domingo 24 de noviembre de 2019, p. 65), Lisandro
Duque “La cacerola” (El Espectador, lunes 25 de noviembre de
2019, p. 23), Cristina de la Torre: “El paro, triunfo y negociación”
(El Espectador, martes 28 de noviembre de 2019, p. 14), María
Teresa Ronderos “Es la desigualdad, viejo” (”El Espectador,
martes 26 de noviembre de 2019, p. 15), Patricia Lara Salive
“Dialogar con todos para no dialogar con nadie” (El Espectador,
viernes 29 de noviembre de 2019), Sandra Borda “Es la
desigualdad, estúpido” (El Tiempo, martes 10 de diciembre de
2019, p. 1.11), Álvaro Forero Tascón “¿Crisis política o protesta
pasajera? (El Espectador, lunes 16 de diciembre de 2019, p. 23),
Salomón Kalmanovitz “Los fines dispersos de la protesta” (El
Espectador, lunes 6 de enero de 2020; p. 24), José Fernando Isaza
en entrevista con Cecilia Orozco “Las razones de las protestas
masivas son muy claras” (El Espectador, domingo 12 de enero de
2020, pp. 6 y 7), Iván Garzón Vallejo “Marchas, cacerolas y
mayorías silenciosas” (El Espectador, viernes 17 de enero de 2020.
pp. 10 y 11), Juan Carlos Botero “¿Por qué no ha habido más
protestas?” (El Espectador, viernes 24 de enero de 2020, p. 17).
116
Contextos y descontextos en Venezuela
frente a los cambios y regresiones
en América Latina36
Introito
América Latina asiste a nuevos escenarios de confrontación
social. El continente se reinventa entre gobiernos llamados
progresistas y otros más conservadores. El fantasma del estallido
social permea a uno y otro, haciendo estragos en su recorrido37.
En lo que concierne a Venezuela, el país padece de un
relativo apaciguamiento si lo comparamos a lo que acontece en las
fronteras vecinas. Sin embargo, ello tiene una explicación (o
varias) las cuales ninguna es de confiar. Primero, el carácter (y por
ende fracaso) de las protestas anteriores que ha fortalecido
temporalmente al gobierno; segundo, el de una oposición que ha
estafado en sus estrategias, más que al país a sus propios
seguidores, estaría en el fundamento de tal argumento. No
obstante, hay un elemento a tomar en cuenta característico de los
estallidos en el resto de países aún ausente en Venezuela, y que
podría ser el detonante de lo todavía no ocurrido. Se trata del
hecho que los reclamos sociales en los llamados gobiernos
progresistas han sido de una base popular que en algún rato
estuvo con el partido o el gobernante de turno. En efecto, tanto en
Ecuador como en Bolivia, una de las características de lo ocurrido
ha sido que quienes han salido a manifestar formaron parte de la
base social que se movilizaba bajo las banderas de la redención
humana enarbolada por sus dirigentes.
117
Frente al fracaso de lo que se quiso imponer en Argentina y
Ecuador como receta neoliberal, y que constituyera un
experimento bien montado en Chile, en el primero ya hubo una
traducción en lo electoral. En el segundo y tercero, habrá que
esperar un poco el avance de la correlación de fuerzas que
pudiera marcar el viraje.
Lo que ha sido una constante en otros países en Venezuela
aún no aparece. Las bases que sustentaron al proyecto bolivariano
hoy esperan aún el momento de la efervescencia definitiva. La
torpeza y mala estrategia de la oposición dificulta y pospone la
emergencia como tsunami de esta fuerza social. No obstante, es
cuestión de tiempo.
Sobre Venicuela
118
Podría ser al momento del primer contacto de los españoles en
1519 con tierras vírgenes peninsulares de mi país, 21 años después
de la llegada de Colon en 1498 al Golfo de Paria, por las costas
orientales del Mar Caribe venezolano cuando se intentó una
“conquista pacífica” que los indios Caribes no pudieron aceptar,
tal vez anticipando lo que sería la suerte que corrieron otros
pueblos indígenas en otros lugares del continente, de aquello que
vendría a ser el nuevo mundo para Europa.
Por ahora, preferimos remontarnos a los momentos de la
Capitanía General de Venezuela en 1777 pues es la que todavía,
de acuerdo a la constitución vigente, define lo que constituye el
actual territorio nacional desde entonces tan saqueado. Primero,
por buscadores de perlas por los lados de la Nueva Cádiz hoy
territorio de Nueva Esparta (o si prefieren la otrora imperdible
Isla de Margarita, la llamada perla del Caribe), y luego por
comerciantes alemanes como los Welser39, quienes además de ser
banqueros traficaban con esclavos e indígenas, pero, sobre todo,
intercambiaban recursos minerales de los cuales la prodigiosa
naciente Provincia de Venezuela luego capitanía, tenía en
abundancia.
Pasaron los tiempos de ocupación del territorio de
Venicuela, hubo repliegues tácticos de los indígenas Caribe, de
aquellos que no cayeron en combate o pudieron ser sometidos,
hacia el sur del Soberbio Orinoco como lo describiría el francés
Jules Verne en su obra Viajes Extraordinarios, o como lo
confirmara el propio Humboldt en su viaje a la Capitanía General
de Venezuela el primer año del siglo XIX.
Aquí es bueno hacer otra precisión que pudiera coadyuvar a
encontrar una primera explicación de lo que nos acontece como
nación. Las costas venezolanas fueron enclave de la piratería que
caracterizó la dinámica comercial de la época en el Mar Caribe,
nuestro Mediterráneo. Los corsarios hicieron de las suyas una vez
que los españoles se radicarían en el Nuevo Mundo y el
contrabando vendría a dinamizar la economía del momento de las
tierras que habían sido descubiertas dos siglos atrás.
119
Este antecedente nada casual nos puede servir para
entender el corsarismo40 que caracteriza la economía venezolana en
estos momentos, donde el llamado bachaqueo41 a pequeña y gran
escala da cuenta del estrangulamiento del aparato productivo
venezolano. La dolarización actual de la economía de pronto tiene
su antesala en esta realidad histórica.
La República inconclusa
2015
120
Una de las grandes fallas en los últimos tiempos en
Venezuela es que se ha caracterizado muy mal el momento
político que atravesamos, lo que nos ha hecho errar en las salidas
y soluciones a la crisis que, insistimos, para que sea definida como
humanitaria y compleja es porque se trata de una crisis
civilizatoria, histórica, estructural y cultural (en ese estricto
orden).
La comunidad internacional tampoco ha sido ajena a una
adecuada caracterización de lo que acontece en el país. En
consecuencia, no puede seguir errando en considerar la diáspora
como si se fuera (aunque lo parezca) resultado de una guerra.
Solo una correcta precisión de lo que acontece en Venezuela
podría hacer que la cooperación fuera más dirigida al
empoderamiento del sin fin de experiencias de carácter local y
organizativo que existen y que lleven a empoderar a las personas,
organizaciones y, sobre todo a las comunidades, para superar el
complejo momento que vivimos desde formas sostenibles de
autoorganización social y local.
Lograda la independencia de Venezuela, el país comenzaría
a transitar por otras calamidades que persistirán en el imaginario
colectivo, algunas como tragedia otras como comedias. El
atavismo político que caracterizó todo el siglo XIX aparecería en el
siglo XX en forma de democracia en suspenso43, en tiempos muy
cortos (la mitad del siglo fue de dictaduras la otra de formas
democráticas sui generis), condimentada por una nueva realidad:
el hecho de habernos acostado siendo un país agrícola
despertándonos en medio de barriles de petróleo.
121
Alberto Adriani o, sumidos en la llamada enfermedad holandesa,
terminar ahogándonos en medio del excremento del diablo.
Y ahí estamos en este atolladero de crisis civilizatoria creada
por la sobreutilización de la energía fósil que ha producido el
sobrecalentamiento del Planeta. Pensemos en la enorme
responsabilidad que tenemos como nación con las mayores
reservas de petróleo y gas del mundo en la producción de gases
de efecto invernadero. Julio Cesar Centeno44 nos da las siguientes
cifras:
Solo por el consumo de combustibles fósiles, la nación
registra las más altas emisiones de CO2 por habitante de América
Latina: 6.5 toneladas por habitante, muy superiores a las de
Argentina (4.5), Méjico (3.8), Brasil (2.2), Perú (2.0), Colombia
(1.6). Según la FAO, la CEPAL, el Banco Mundial y la
Organización Internacional de la Madera Tropical (OIMT), entre
el 2000 y el 2010 se deforestaron en Venezuela 280.000 hectáreas
por año lo que contribuye más de 100 millones de toneladas
adicionales de CO2 por año, elevando el promedio a más de 10
toneladas por habitante. Venezuela se coloca así entre los 20
países más contaminantes del planeta en emisiones de CO2 por
habitante.
acuñado por Vladimir Ilich Ulianov, para caracterizar a los nuevos ricos que
emergieron de las políticas económicas impulsadas por el naciente Estado
soviético, luego de la Revolución de Octubre en 1917.
122
partido o casta burocracia” que la controla, estará por encima de
cualquier derecho.
De continuar el sistema político venezolano sujeto a una
base material energética fósil difícilmente permitirá un
experimento democrático lo más aproximado a la idea de justicia
social. Como hasta ahora, será más proclive a ismos propios de
modelos económicos cerrados. Nos referimos aquí a dictaduras,
democracias presidencialistas, hiperliderazgos, mesianismos,
autoritarismos, etc., que han estado presente a lo largo de los
últimos cien años de historia política.
Como en otras crisis que nos han antecedido seguramente
de esta también saldremos fortalecidos. El asunto es avizorar y
atinar la manera. No es sencillo cuando el fardo de la historia se
trae a cuestas y pesa en demasía. Tampoco cuando el asunto es la
síntesis de una crisis civilizatoria expresada de manera micro en
un país que expresa el colapso de un modelo energético sin salida.
Por otra parte, resulta aún más difícil si vemos que en la
sustancia de la crisis hay aspectos que son históricos, estructurales
y, sobre todo, culturales. Sobre todo, al carecer de un contrato
social que nos convoque, pues el que nos dimos en el año 2000 ha
sido usado al antojo de uno y otro de los bandos en pugna.
En la actualidad, parte del problema es que la constitución
nacional ha sido interpretada como mejor ha convenido. Los que
la defendieron hasta el intento de Reforma Constitucional del año
2007 y quienes hasta ese entonces fueron sus enemigos, dieron un
viraje en el año 2013 luego de la muerte de Chávez. De igual
manera, quienes finalmente se plegaron a ella lograron ganar las
elecciones parlamentarias del año 2015. A partir del 2018 y hasta
el día de hoy, la constitución ha sido sometida al canibalismo de
los polarizados.
A pesar de lo anterior, nos atrevemos a dibujar algunas
líneas de propuestas para el debate público nacional que más
temprano que tarde tendrá que darse en el país, trascendiendo a
quienes han secuestrado las formas de hacer política en los
últimos años empantanándonos en una perversa polarización,
prácticamente dejando sin opciones al país para llevarnos a una
suerte de callejón sin salida.
123
capacidad de hacer efectivos derechos fundamentales reconocidos
en sus respectivos contratos sociales. Como ya lo advertimos,
nuestra perspectiva es que ello es difícil pues el modelo en sí
mismo es negador de derechos.
El desarrollo de mecanismos que permitan viabilizar en el
país un sistema de justicia que no solo reconozca derechos
humanos en general, sino que los instrumentalice, plantea otro
debate que deberá ser abordado en un futuro cercano. Nos
referimos al tipo de Estado por construir en Venezuela. ¿Podrá
darse cuenta en el corto o mediano plazo de un Estado
postnacional, tal como lo defiende Celestino del Arenal, que vaya
más allá de un Estado democrático, social, de justicia y de
derecho? ¿Acaso la concreción de los derechos pendientes en este
último nos permitirá trascender hacia una democracia que
quiebre la razón de Estado y, de paso, a la razón del demos?
Éstas y otras interrogantes deberán ser dilucidadas en los
tiempos por venir ya que forman parte de una razón histórica: el
fin del extractivismo. En efecto, muchos de los derechos
fundamentales definitivamente riñen con el extractivismo y este
cada vez más con la democracia, si partimos del hecho cierto
arriba esbozado que la democracia en Venezuela es posterior al
petróleo y a la dictadura como forma de gobierno. La condición
extractivista nacional es por naturaleza autocrática constituyendo
a su vez una disfunción de la propia democracia.
En Venezuela urge construir instituciones. Instituciones que
estén a la par de derechos reconocidos y pendientes por
materializar. Urge también repensar la condición extractiva. La
energía en cualquier parte del mundo cuesta mucho menos en
nuestro país. Los referéndums consultivos deben ser activados
para que el ciudadano opine en cuanto al destino de los fondos
provenientes del pago de la energía, no solo la fósil sino la
eléctrica, térmica, eólica e hídrica y, de ser posible, la geotérmica.
El fin del extractivismo debe también significar el fin del
facilismo.
Como corolario de lo antes expuesto, el derecho reconocido
se concreta en la política pública por instrumentar formando parte
de las instituciones. La construcción de instituciones en las cuales
se diseñen políticas públicas apuntará hacia el rediseño del Estado
venezolano, el cual, aun siendo único e indivisible no es uniforme
ni homogéneo. En la riqueza de la diversidad cultural y en la
creación de condiciones para su concreción se encuentra el
fundamento para el enriquecimiento del experimento democrático
124
en construcción, pero, sobre todo, para la realización de la
democracia como medio y no como un fin en sí mismo (Jean Luc
Nancy). Para que esto último pueda tener efectos concretos, la
gestión de lo público se convierte en el mecanismo de acción
pública para materializar derechos a través de políticas públicas.
125
126
Ecuador: el levantamiento indígena y
popular de octubre 201946
127
política. De igual modo, el Estado pasó a identificarse con los
objetivos imperialistas del americanismo, volcado contra todo
izquierdismo o progresismo, con lo cual quedó alterada la
correlación de fuerzas sociales en el país, provocando la
modificación del poder político interno.
El giro gubernamental hacia la derecha tuvo un momento
decisivo en la consulta y referéndum realizados el 4 de febrero de
2018, que permitió constituir un Consejo de Participación
Ciudadana y Control Social de Transición (CPCCS-T) que
intervino arbitraria e inconstitucionalmente sobre las otras
funciones nacionales. Dicho Consejo reformó los organismos de
control (superintendencias, contraloría, fiscalía, defensorías
públicas, consejo de la judicatura), así como la función electoral y
también la Corte Constitucional. Además, en la Asamblea
Nacional se redefinieron las fuerzas políticas y surgió una
mayoría favorable al gobierno. De modo que el Ejecutivo tiene, en
forma directa, indirecta o por el ambiente que ha creado en torno
a la descorreización de la sociedad, el control fundamental del
Estado.
De todos modos, el eje central de los giros y las nuevas
definiciones se halla en el campo económico. El primer gabinete
ministerial despertó algunos desconciertos, pues se mantenían
figuras correístas junto a nuevos personajes identificados con el
empresariado. Parecía un cambio de estilo conciliador y
admisible. Al poco tiempo de su posesión, el presidente Moreno
dijo que no recibía una “mesa servida”, anunció que era necesario
dar un giro a la economía potenciando a la empresa privada como
fuente del nuevo desarrollo y reduciendo al Estado, porque
incluso existían gastos excesivos, obras inconclusas, inversiones
cuestionables y una deuda gigantesca. Al mismo tiempo,
proclamó un nuevo ambiente de libertades y democracia, y
convocó a un diálogo nacional.
Ese diálogo despertó algún interés ciudadano. Sin embargo,
con el transcurso de los meses, las reuniones con los diversos
sectores convocados fueron opacadas por el protagonismo que
adquirieron las cámaras de la producción (gremios empresariales)
que, apoyadas por los medios de comunicación hegemónicos del
país, tuvieron la ventaja de posicionar sus planteamientos e
intereses frente al conjunto de las fuerzas sociales y políticas
dialogantes. Esas cámaras levantaron varias consignas:
reinstitucionalizar al Estado, revisar y disminuir el gasto público,
alentar las inversiones privadas y el ingreso del capital extranjero,
128
reformar las leyes laborales, reducir y hasta suprimir impuestos,
vincularse al mercado internacional, suscribir tratados de libre
comercio, etc.; es decir, un recetario de vieja inspiración
neoliberal, presentado bajo una persistente campaña por exigir el
cambio del “modelo económico” heredado del “correísmo”.
Pero el anuncio del programa económico del gobierno se
postergó de mes a mes. A inicios de su gestión, el gobierno de
Moreno creó el Consejo Consultivo Productivo y Tributario, que
tuvo efímera vigencia. Para julio (2017) el primer panorama
quedaba en claro: dinamizar al sector de la construcción mediante
la revisión de la “Ley de Plusvalía” del gobierno anterior, que se
propuso atacar la especulación del suelo; el incentivo a la
inversión con ingreso de divisas; el impulso al “dinero
electrónico”; el establecimiento de varias medidas de austeridad
en el gasto público y la reducción de inversiones a lo
estrictamente necesario. Un mes más tarde se anunciaron otras
medidas de austeridad: venta de aviones y automóviles del
Estado, reducción de sueldos (10%) para altos funcionarios, venta
de inmuebles de la empresa pública Inmobiliar y finalmente la
entrega del manejo del dinero electrónico a la banca privada,
terminando así -para felicidad de los banqueros que movilizaron
todo su poder hasta conseguirlo- con ese “monopolio” que hasta
entonces estuvo en manos del Banco Central (BCE).
En octubre se sumaron las nuevas medidas: derogatoria de
la ley de plusvalía, exoneración del Impuesto a la Renta (IR) para
ciertos segmentos de emprendedores, proyecto para suprimir el
anticipo de ese mismo impuesto a favor de las empresas,
eliminación del impuesto a las tierras rurales, revisión de
consultorías y pagos de horas extras y viáticos en el sector público
y una declarativa “guerra” al contrabando y a la evasión
tributaria.
Por fin, al iniciar abril de 2018, el Presidente Moreno
anunció, en cadena nacional, el esperado “plan económico”, que
se ejecutaría durante su mandato. Se basaría en 4 ejes: estabilidad
y equilibrio fiscal, reestructuración del Estado incluyendo la
supresión de algunas empresas públicas, sostenibilidad de la
dolarización y equilibrio del comercio externo, y reactivación
productiva centrada en la revisión tributaria. Pero con ello no
quedaron aclaradas todas las medidas a ejecutarse, aunque el
camino empresarial ya definido quedó reforzado con el ingreso de
Richard Martínez (hasta entonces presidente del Comité
Empresarial Ecuatoriano) al Ministerio de Economía.
129
Mediante una “Ley de Fomento Productivo”, la elite
económica del país fue atendida con una “remisión tributaria”
(amnistía) que, de acuerdo con la Unidad de Análisis y Estudios
de Coyuntura de la Universidad Central,47 beneficia a 215 “grupos
económicos”, que dejaron de pagar un monto equivalente a US$
987 millones de deuda. Según datos del Servicio de Rentas
Internas (SRI), esos grupos adeudaban $ 2.260 millones, eran $ 655
millones de perjuicio por empresas fantasmas, $ 4.700 millones
salieron a paraísos fiscales, y por facturas aduaneras falsas había
unos $ 2.000 millones. Esta escandalosa corrupción privada quedó
fuera del discurso oficial y del mediático.
El camino del achicamiento del Estado igualmente se
constituyó en la nueva guía gubernamental: reducciones
presupuestarias; eliminación de ministerios, secretarías,
viceministerios, subsecretarías y coordinaciones generales, así
como de asesores, viáticos y gasto en arriendos; supresión de 7 de
22 empresas públicas del Ejecutivo y el anuncio de la
“participación de inversiones privadas”; la optimización de
contratos petroleros y los de preventa, el futuro Plan de
Fortalecimiento y Sostenibilidad Fiscal, la eliminación de trámites
injustificados y la venta de “bienes inmuebles y vehículos,
principalmente los de lujo”.
Por fin, en marzo de 2019, el gobierno de Lenin Moreno
anunció como exitoso y síntoma de la confianza internacional, un
futuro acuerdo con el FMI y, además, con otras instituciones
crediticias. En concreto, Ecuador obtendría un crédito de “Servicio
Ampliado” (SAF) del FMI por 4.209 millones de dólares, y de su
cumplimiento depende el acceso a un cupo de financiamiento que
llega hasta 6.070 millones de dólares de “libre disponibilidad” a
través de CAF, BM, BID, BEI, FLAR y AFD. El Ministro de
Economía ha sostenido que el crédito SAF con el FMI es “distinto”
a los créditos Stand-By del pasado; y afirmó que se trata de
superar definitivamente el “socialismo del siglo XXI” y evitar el
camino de “Venezuela” en nuestra economía.48
Sin embargo, vale recordar que entre 1961 y 1972 Ecuador
suscribió 9 acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI),
aunque no alcanzaron la dimensión que tendrían las 16 cartas de
intención suscritas entre 1983 y 2003, porque para esta segunda
https://bit.ly/2vzgwAn
47
Moposita.
130
época -como ocurrió con los otros países latinoamericanos-, los
condicionamientos del FMI habían cambiado, ya que a la entidad
le interesó asegurar tanto el pago de las deudas externas de la
región, como la sujeción de América Latina al capital
transnacional y, además, a la visión exclusivamente neoliberal en
auge por aquella época.
Ninguno de los acuerdos con el FMI mejoró la economía
ecuatoriana y peor las condiciones sociales. Lo mismo ocurrió en
135 países, donde actuó la entidad, según un estudio académico
titulado “How structural adjustment programs affect inequality:
A disaggregated analysis of IMF conditionality, 1980–2014”49, que
demuestra cómo se agravó la inequidad. Otro, de A. Kentikelenis,
T. Stubbs y L. King, “The IMF has not lived upto its own hype on
social protection”,50 desmontó la palabrería del FMI y su supuesto
apoyo a los programas de salud, educación y bienestar. Un
reciente artículo de I. Ortiz y M. Cummis, “La locura de la
austeridad”,51 pormenoriza sobre las graves consecuencias que
han tenido la reducción del gasto y de las inversiones estatales
particularmente en las áreas sociales, en un amplio conjunto de
países que creyeron en esa receta fondomonetarista y neoliberal. Y
otro más, de Isabel Ortiz, “More Austerity for Developing
Countries: It´s Bad News, and It´s Avoidable”,52 insiste sobre las
consecuencias perjudiciales de la “austeridad”, citando incluso las
protestas ocasionadas a inicios de octubre en Ecuador.
De modo que el último Acuerdo suscrito con el FMI en 2019
vuelve a servir de aval y apuntalamiento del segundo modelo
empresarial en marcha. Coincide con los mismos objetivos. Y las
declaraciones oficiales, revestidas de palabras “misteriosas” que
guardan el secreto del acuerdo logrado con el FMI, dejan entender
que no habrá un solo rastro de la economía social, del Sumak
Kawsay o Buen Vivir de la Constitución de 2008.
El Acuerdo prevé simplificar el sistema tributario, cambiar
tributos, incrementar la recaudación de impuestos, mejorar la
eficiencia en la recaudación tributaria, “formalizar” el trabajo,
reducir la masa salarial, fomentar el empleo de los jóvenes y de las
madres de familia, hacer “reformas” laborales, reducir el gasto
corriente, “optimizar” el gasto público, reducir el déficit,
“optimizar” las empresas públicas, “fortalecer” las reservas
49 https://bit.ly/2TPH7nf
50 https://bit.ly/37N2hXr
51 https://bit.ly/2OAKHyt -11/10/2019
52 https://bit.ly/2OwK6xt -25/11/2019
131
internacionales, reformar la legislación para dar “independencia”
al Banco Central (BCE), y “hay un componente de gasto social”,
además del combate a la corrupción y la “defensa” de la
dolarización.53
En el camino para concretar y cumplir el acuerdo con el
FMI, el gobierno comenzó por despedir a unos 11.800 trabajadores
del Estado, sin que importe el inicio de ese drama humano, pues
en el futuro se despedirá a más trabajadores, según los propios
anuncios oficiales. Y, entre otros avances, el 2 de octubre fue
publicado el decreto 883 que eliminó los subsidios a los
combustibles, lo cual implicó la subida inmediata de los precios
de las gasolinas y del diésel.54
La protesta contra esa alza, iniciada por los transportistas
(casi de inmediato se retiraron por el ofrecimiento del alza de
pasajes)55, finalmente derivó en un levantamiento indígena con
enorme apoyo popular, que convirtió a Quito en el eje del
conflicto56. Moreno decretó el estado de excepción57 y trasladó su
sede de gobierno a Guayaquil, ciudad en la que se sintió
protegido y desde la que acusó a Rafael Correa de intento de
golpe de Estado.58
Según la visión gubernamental59, al interior del movimiento
de protesta se infiltraron sectores violentos, delincuentes y los
https://bit.ly/2Zfw6Mj, 9/oct/2019
57 El Comercio. Presidente Lenín Moreno decreta estado de escepcióny ratifica
132
“correístas”, desestabilizadores de la democracia60. Hubo cierre de
vías, afectaciones a servicios públicos, pero también
destrucciones, saqueos y vandalismo, interpretados como inéditos
en la historia nacional. Además, existía una participación directa
de elementos extraños y hasta de extranjeros, y también recursos
foráneos, dentro de una estrategia izquierdista bien planificada
desde Venezuela y Cuba. A consecuencia de esas ideas y
conceptos, había que distinguir entre el movimiento indígena
pacífico y los actores externos; pero el resultado posterior no
podía ser menos que el de la búsqueda de culpables, la
persecución a los “correístas”, la judicialización sobre los
dirigentes sociales y la criminalización de la protesta, como ha
venido ocurriendo61.
De otra parte, con motivo del levantamiento indígena y
popular, entre las capas altas y medias más acomodadas y
conservadoras, se destapó el racismo y el clasismo. Incapaces de
comprender las dinámicas sociales, para estos sectores
simplemente había “indios” dispuestos a lanzarse contra sus
propiedades, además de bandidos y ladrones aprovechadores de
las movilizaciones, aunque, desde luego, también estaban ante sus
ojos los “correístas”, los “venezolanos” y los “izquierdistas”, tan
despreciables por sus ideas “comunistas” y de “resentimiento
social” contra los ricos. Obviamente, como consecuencia de
semejantes ideas, se prepararon para impedir el ingreso de los
“indios” a Guayaquil62, organizaron la protección de sus barrios,
ciudadelas o fincas (hubo amenazas de incursión, que alarmaron),
estaban dispuestos a enfrentar a cualquier atacante, y clamaban
133
para que el Ejecutivo terminara de una vez por todas con la
“violencia” y la sinrazón63.
Como en ninguna otra época histórica en el Ecuador, el
gobierno de Lenin Moreno estuvo defendido y blindado por las
elites empresariales64, los medios de comunicación privados, las
derechas políticas y económicas del país, la internacional de
gobiernos de derecha de América Latina, sin duda por el FMI, la
OEA y los EEUU.65 Un fenómeno inédito, pues ni siquiera el
gobierno de León Febres Cordero (1984-1988), padre fundador del
modelo empresarial en Ecuador, tuvo un respaldo tan unánime de
aquellas fuerzas, como el ocurrido en el presente.
Como había que detener una movilización “violenta”,
repleta de “infiltrados”, y capaz de producir el derrocamiento de
un gobierno “legítimo”, la policía y las fuerzas armadas, llamadas
a frenar los brotes violentos, reprimir las protestas y asegurar los
bienes estratégicos de la nación, obraron contra los manifestantes
con una violencia represiva que parecía no tener límites, como
quedó registrada en los numerosos videos que circularon por las
redes sociales y que incluso mereció la preocupación de entidades
internacionales de derechos humanos66.
El gobierno ha persistido en culpar al “correísmo”, en
destacar la “violencia” de las movilizaciones y en sostener que se
trató de un intento de golpe de Estado. Su Ministra del Interior
(María Paula Romo) ha destacado insistentemente el marco legal
en el que se desempeñaron tanto la policía como las fuerzas
armadas bajo el Estado de excepción que se decretó durante el
levantamiento. Pero la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos (CIDH) presentó un informe en el que cuestiona la
actuación de policías y fuerzas armadas, el uso excesivo de la
fuerza y la violación de derechos humanos entre la población civil
63 El Universo. Lenín Moreno advierte que en Quito y en la Sierra hay gente que
se está armando: https://bit.ly/2JrZDM9
64 TW. Federación Nacional de Cámaras de Industrias: https://bit.ly/2BO9RCg
65 OEA. Comunicado de la Secretaría General: https://bit.ly/2WoGpMU //
134
reprimida.67 Hay un informe similar de varias entidades.68 Y,
además, una Comisión de la Asamblea Nacional, que investigó
sobre las movilizaciones de octubre, concluyó que no hubo
intento de golpe de Estado, que el motivo de las protestas fue el
decreto 883 que liberó los precios de los combustibles, y, sobre
todo, que no tiene pruebas suficientes ni decisivas para atribuir
responsabilidades específicas.69
Desde la perspectiva del levantamiento indígena y popular,
así como de los sectores que lo apoyaron y al cual se unieron, se
trató de enfilar contra el decreto 883, que era un objetivo concreto.
En el transcurso de las movilizaciones quedó en evidencia que, en
lo de fondo, se cuestionaba el acuerdo del Ecuador con el FMI, se
reaccionaba contra las políticas económicas de privilegio tomadas
por el gobierno a favor de las elites empresariales del país y se
reaccionaba contra un modelo de economía excluyente para las
grandes mayorías nacionales.70 Sin duda, hubo allí sectores que
consideraron que la conmoción en el país creaba condiciones
parecidas a las que antecedieron los derrocamientos de Abdalá
Bucaram (1997), Jamil Mahuad (2000) y Lucio Gutiérrez (2005).71
La impactante fuerza que adquirió el levantamiento
indígena y popular, su propia desvinculación con los actos de
violencia y hasta con el “correísmo”72, así como el extendido
apoyo que logró su manifestación en todo el país, fueron
determinantes para que el gobierno accediera al diálogo político
https://bit.ly/2qN8bXD
72 TW. EcuadorInmediato. Dirigente Leonidas Iza niega convocatoria de
correístas: https://bit.ly/2MPitir
135
directo y, finalmente, derogara el decreto desencadenante de la
crisis que vivía el Ecuador73.
Alcanzado el primer objetivo, aunque las organizaciones
indígenas y populares decidieron retirarse y terminar con la
movilización nacional, son las acciones posteriores y las que
quedaron pendientes, las que han continuado alimentando en el
país una sensación de “tensa calma”.
Al interior del gobierno parece existir un sector interesado
en tomar cuentas no solo al movimiento indígena, sino a todos
aquellos que lo apoyaron. Se pretende encausar a algunos
dirigentes. Sin duda, la judicialización de figuras claves del
“correísmo” (varios fueron apresados, otros se refugiaron en una
embajada) como que se convierte en una amenaza triunfalista y al
mismo tiempo selectiva, contra cualquier opositor74.
Los medios de comunicación hegemónicos y mercantiles,
plenamente volcados a deslegitimar la protesta social, enfilan al
posicionamiento de una visión unilateral e ideológica, que se
resume en imágenes: la violencia dominó las protestas, la
destrucción estuvo a la orden del día especialmente en Quito, la
sociedad fue víctima de las movilizaciones, los dirigentes
indígenas viven cómodamente en contraste a quienes se
mantienen en sus comunidades y atrás de todo hubo fuerzas que
pretendieron acabar con la democracia.75
Finalmente, el Ministro de Defensa antepuso la visión
militar (absolutamente alejada de los análisis que se realizan
desde las ciencias sociales y jurídicas), para renovar antiguos
conceptos sobre la guerra interna y la doctrina de la seguridad
nacional, ciñéndose a los cuales habló de “amenazas” e
“insurgencia organizada”, términos que, evidentemente,
convierten en enemigo a las clases populares que protestan y en
sospechosos o colaboradores hasta a las universidades que
alojaron a los indígenas por razones humanitarias, pero que el
136
ministro interpretó como “centros de abastecimiento”,76 lo que
mereció el rechazo de los rectores de las universidades aludidas.77
Internacionalmente han circulado artículos, informativos,
documentales y posicionamientos, como puede leerse en las
grandes cadenas europeas e incluso en las norteamericanas, que
demuestran tener más perspicacia y sentido de objetividad que
muchos ecuatorianos. Estuvo claro para ellos que existió una
explosión social ya no solo contra un decreto presidencial, sino
contra un modelo económico que ha tratado de profundizarse en
el país de la mano de los empresarios y del FMI.78 Las mismas
reacciones contra un modelo similar, se evidenciaron, pocos días
después, en Chile, donde estalló una movilización ciudadana
impresionante, que cuestionó el supuestamente exitoso “oasis”
del país. Y Haití vive el mismo clima de conmoción durante
semanas. Pero también contra esas reacciones se ha lanzado la
idea de estar movidas por maquiavélicas fuerzas de las izquierdas
latinoamericanas, a las que se acusa de intentar destruir
“democracias” supuestamente bien consolidadas.
Desde luego, no han faltado quienes creen cualquier
fantasmagórica versión encaminada por opiniones salidas de las
simples pasiones políticas o de aquellos opinadores de ocasión, en
las que aparecen, bajo una sui géneris mescolanza, el Foro de Sao
Paulo, el bolivarianismo, los “progresismos”, los “populistas”, el
Grupo de Puebla, MORENA, PODEMOS, las FARC, el ELN, un
G-2, Rusia79 y hasta Odebrecht… Una cantidad de
argumentaciones simplemente ideológicas, que recuerdan la
década de 1960, cuando la CIA actuaba para crear un clima
similar sobre el “peligro” cubano-castrista para América Latina.
137
Una perspectiva histórica no puede menos que tratar de
comprender los acontecimientos desde sus componentes, lógicas y
fundamentos. Y bajo esa orientación, es indudable que Ecuador
vivió un momento dramático en octubre de 2019, en el cual la
confrontación política derivó claramente en una aguda “lucha de
clases”, para utilizar el antiguo y perfectamente válido concepto
marxista para semejante conmoción nacional. Un momento que
parecía irreconciliable en las posiciones de dos bandos: los
movilizados y los que querían preservar la “paz” a toda costa, sin
despreciar la posibilidad de una acometida armada para liquidar
semejante “insurrección”. Unos solo pudieron ver la punta del
iceberg y la violencia atribuida a los protestantes, mientras en la
realidad la raíz de la conflictividad ha provenido del modelo
económico empresarial, inspirado en el neoliberalismo, que otra
vez ha pretendido consolidarse en Ecuador, a pesar de las nefastas
experiencias que tuvo durante las décadas finales del siglo XX y
de las mismas consecuencias obtenidas en América Latina, de la
mano de la imposición de los conceptos aperturistas, el FMI y la
geoestrategia imperialista sobre el continente.80
Los acontecimientos del Ecuador tienen el mismo trasfondo
económico que provocó el estallido ciudadano en Chile y que
mucho antes estalló en Haití; y la misma raíz que ha conducido al
apoyo a Alberto Fernández en Argentina o a Evo Morales en
Bolivia, tanto como a las gigantescas movilizaciones ciudadanas
en Uruguay y las que empiezan a aparecer en otros países como
Colombia. América Latina se cansó de tanto privilegio elitista81 y
del modelo económico que le ha servido de base, sobre el
supuesto de que mercado libre, empresa privada, capitales
extranjeros y organismos multilaterales, forjarán el paraíso social,
un mito que persiste, aunque sus “benéficos” resultados no se ven
por ninguna parte.
A pesar de estas experiencias y de lo ocurrido en octubre, el
acuerdo de Ecuador con el FMI tendrá que cumplirse pase lo que
pase y a cualquier costo político o social. De manera que, a los
pocos días de haber concluido el levantamiento indígena y
popular, y con el objeto de cumplir el acuerdo con el FMI, el
gobierno envió a la Asamblea, con carácter de “urgente”, un
138
proyecto de ley para el “crecimiento económico”82, que fue
archivado, porque incluía diversas áreas y no solo una, como se
exige en este caso, y también reformaba numerosas leyes. Pero el
gobierno persistió con un nuevo “Proyecto de Ley de Simplicidad
y Progresividad Tributaria”83, que finalmente fue aprobado.
Al mismo tiempo, y previendo reacciones futuras, se
invertirá un monto cercano a US$ 1.5 millones para equipamiento
de las fuerzas armadas (incluyendo trajes “robocop”)84, en tanto
que el mismo presidente Moreno anuncia que entre febrero y abril
de 2020 empezará a regir la “focalización” de los subsidios a los
combustibles, recordando que es un tema pendiente por 40 años y
que el Decreto 883 trató de eliminar.85 Hay que añadir, por cierto,
que el acuerdo con el FMI ha previsto la “monetización de
activos” del Estado, o sea su privatización, así como una profunda
“reforma laboral”, es decir, la obligatoria flexibilidad del trabajo.
En consecuencia, Ecuador vive la tensa calma como una especie
de bomba de tiempo, solo enfrentada con la persecución, el
lawfare, la represión selectiva y la criminalización de la protesta
social.
De acuerdo con la Defensoría del Pueblo, a consecuencia de
los sucesos de octubre, quedaron ocho fallecidos y 1.340 heridos.86
La ministra de Gobierno entregó a la Asamblea un informe sobre
las protestas de octubre, advirtiendo la “violencia sin
precedentes” de los manifestantes y recalcó que "En términos
generales la actuación de la Policía fue la correcta, cumplió con su
deber"87
En medio del panorama descrito, los gobiernos
conservadores de América Latina no garantizan el futuro de
bienestar y felicidad que los pueblos de la región anhelan. Al
igual que las capas dominantes, no pueden comprender las raíces
139
de las desigualdades, la polarización entre ricos y pobres, la
naturaleza de las protestas colectivas, ni las demandas por otro
tipo de sociedad. Y no se piense que la conquista del “socialismo”
es lo que está en la fuente última de los movimientos de protesta y
en las luchas sociales. Se trata, simplemente, de que se abandone
el neoliberalismo como paradigma, y que se construya un tipo de
economía social, que garantice a los seres humanos de América
Latina, al menos con los servicios públicos, universales y gratuitos
en educación, salud, medicina y seguridad social; que imponga
una seria y acelerada redistribución de la riqueza aplicando
fuertes impuestos directos a las elites; que respete los derechos
sociales, laborales, indígenas, ambientales; y que forje otras
relaciones de poder, para garantizar la soberanía nacional, la
independencia como países, la autodeterminación y la vecindad
latinoamericanista, como ejes que no son nuevos, sino que siguen
presentándose como desafíos por construir, con esperanza y fe en
el futuro.
140
Resistencia y lucha social indígena en los
Andes ecuatorianos: Paro Nacional 2019
141
de sus huasipungos88, se llega a un arreglo desfavorable para los
trabajadores […] (Peralta, 2019).
142
Campesinas (FENOC), aglutinadora de la base social
principalmente, en la zona costa con trabajadores arroceros y
asalariados de haciendas, en donde las luchas fueron enfocadas
sobre intereses laborales y sindicales. Luego, las organizaciones
resolvieron denominarse Federación Nacional de Organizaciones
Campesinas, Indígenas y Negras (FENOCIN), en 1989 hasta 1994.
Por otro lado, con la intención de aglutinar a las
comunidades indígenas de la Sierra fundaron la ECUARUNARI
(Ecuador Runacunapac Riccharimui, El Despertar de los
Indígenas Ecuatorianos), en el año 1972, organización enfocada
hacia la exigibilidad de los derechos en: educación, salud,
economía comunitaria, educación intercultural bilingüe,
territorios y tierras, y evidentemente desempeñando un papel
fundamental en el ascenso y la consolidación del movimiento
indígena ecuatoriano a nivel nacional.
Así mismo, la CONFENIAE (Confederación de
Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana), y la
CONAICE (Confederación de Nacionalidades Indígenas de la
Costa Ecuatoriana) y el Consejo Ecuatoriano de Pueblos y
Organizaciones Indígenas Evangélicos (FEINE) fueron fundadas
en 1980.
El movimiento indígena ecuatoriano tuvo incidencia en el
estado ecuatoriano y logra una representatividad a nivel nacional
en todas las regiones en el año de 1986 y para ello, se consolidó
una organización nacional representativa, denominada la
Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador
(CONAIE), siendo ésta el pilar fundamental de resistencia y lucha
social.
Los resultados concretos de la lucha social fueron el
levantamiento indígena del Inti Raymi en 1990 y otras acciones
concretas como: El reconocimiento de territorios ancestrales en
1992; la consolidación de los principios y estructuras políticas e
ideológicas del movimiento indígena ecuatoriano en 1994; la
fundación del Movimiento Plurinacional Pachakutik para la
participación electoral y democrática en 1995; los aportes de la
CONAIE en la reforma para las garantías de los derechos
colectivos de la Constitución ecuatoriana en 1998
Este proceso de lucha social y resistencia tiene una data de
más de 100 años para la consolidación del estado ecuatoriano
intercultural y plurinacional incluidos en la reforma
constitucional del 2008, constitución vigente con muchísimos
desafíos para el Estado ecuatoriano.
143
Movilización social en tiempos de Kuya Raymi89
en los Andes ecuatorianos
Las acciones de movilización social en el Ecuador están
modificando las perspectivas de lucha social en los últimos 30
años, que recaen sobre la defensa de los derechos sociales,
culturales y ambientales de los pueblos y nacionalidades.
Además, el diseño de una nueva arquitectura y tejido social de
participación ciudadana desde la representación directa en las
comunidades y pueblos indígenas con acciones etnopolíticas y
electorales que han producido sistemas de gobernanza propias
con resultados aceptables con impactos a nivel nacional y
regional.
La idea de la representación directa es muy importante, “el
ejercicio de la autodeterminación en base a formas autónomas de
organización, social y cultural” (Ibarra, 1992). Es decir que, ya no
hay razón para que individuos provenientes de otro mundo
cultural continúen considerándose y siendo considerados
"representantes de los intereses de los indígenas".
Las comunidades indígenas están mirando el verdadero
rostro de la crisis de este sistema, modelo social y económico del
neoliberalismo. Nuevamente el proceso organizativo tiene
diferentes dimensiones territoriales y actores, y replanteando
experiencias múltiples sobre la economía social y solidaria.
Mientras tanto, el estado centralizado ratifica que no hay
alternativas y no se puede hacer nada frente a la crisis económica
que se avecina.
Las experiencias de los pueblos y nacionalidades indígenas
en lo político muestran que es posible otro modo de consumo y
producción, otro sistema bancario banca comunal y otros sistemas
asociativos entre el campo y la ciudad.
El movimiento indígena junto con organizaciones sociales,
colectivos, organizaciones políticas tienen verdaderos planes y
acciones de transformación social y cambio, teniendo en cuenta,
que hay que romper prácticas de los partidos políticos y
movimientos coyunturales quienes han plasmado la
burocratización del estado y la política. Eso precisamente se debe
transformar y cambiar para el bien común.
144
Puesto que, los sistemas capitalistas promueven el
paradigma del Machakutik que parte de las necesidades o
insuficiencias de los seres humanos concretos y acumuladores,
para desembocar en el embellecimiento y la estética de una
sociedad carente de prácticas comunitarias y con anonimato
(Simbaña, 2019). Es así, en donde la competencia y el
individualismo, la mercancía y el capital son asumidas desde
concesiones coloniales y hegemónicas. Justamente, son los retos
significativos del movimiento indígena la presentación de otros
modelos alternativos y funcionales tanto económicos y políticos,
que apuesten hacia estados con políticas públicas con enfoques
colectivos y comunitarios en lo moderno y contemporáneo.
La política define a la esfera de instituciones separadas de
otras, como la economía y lo jurídico. En democracia, ésta se
identifica con el Estado y con la competencia entre partidos, con el
locus donde se da forma y se renueva la instancia general del
poder.
Lo político es, entonces, la puesta en marcha de un
mecanismo simbólico por el cual la sociedad se unifica a pesar de
las diferencias (Portier, 2005). Así, la democracia no solamente
hace referencia a un régimen institucional sino a un tipo particular
de sociedad: donde se hace visible el lugar vacío del poder y
carencias de proyectos que beneficien a las mayorías.
Lo anterior, clarifica la debatida crisis de “la política” puede
suponer el debilitamiento de la efectividad de ciertos mecanismos
institucionales para procesar los conflictos sociales o la pérdida de
credibilidad de los partidos políticos como actores monopólicos
en la competencia por los cargos de toma de decisiones
vinculantes. Pero nunca la nombrada crisis puede suponer la
desaparición de la política y de lo político.
En este punto, el antagonismo se define por una relación de
pura negatividad, esto es, la presencia de un “otro” que identifico
como la negación de mi propia identidad, como el elemento que
materializa o externaliza mi “falta” (Laclau, 1997). De esta
manera, la dislocación es dominada a través de su forma
simbólica, la existencia de un terreno común unido sólo a través
del conflicto.
Esta relación por excelencia política representa dos
objetividades o estructuras significativas que se enfrentan y que
no comparten ningún sistema común de reglas entre la identidad
de una y de otra (Laclau, 2000). Resumiendo, el antagonismo es la
forma simbólica de la apertura a la que están sometidas las
145
sociedades, es la existencia de dos proyectos radicalmente
diferentes que constituyen un campo político solamente a través
del conflicto. En este punto, se hace imprescindible distinguir otro
nivel de análisis de la confrontación entre contrarios y diferentes
desde el pensamiento indígena, en el siguiente apartado.
146
origen del descarrilamiento. Genera una «conciencia humana
fraccionada», congénitamente sufriente y por tanto con una
«pulsión de dominio» y de desequilibrio permanente, que es el
origen de toda guerra, de toda explotación del hombre por el
hombre y de toda la injusticia y desgracia humana (Lajo, 1992).
El pensamiento unitario promueve la acumulación en todos
los ámbitos como: en la economía, produciendo la acumulación de
capital, la imposición, el dominio, la competencia, el
individualismo, la desigualdad económica, cultural y social.
La interpretación de Machakutik en lengua kichwa se
relaciona con una fase o ciclo de mareo, alucinación, soñolencia o
borrachera. La concepción de Mackakutik podría denominarse
como una etapa o tiempo de desequilibrio, inestabilidad o
tambaleo en constante activación y vigencia en la sociedad andina
amazónica.
Resulta que los paradigmas de Pachakutik y Machakutik
son inversamente complementarios, aunque cada uno parte de
concepciones y actitudes diferentes, pero con vigencia y presencia
en el mundo de vida andino amazónico. El paradigma del
Packakutik construye su ideal-praxis en sociedad del Buen Vivir
Comunitario, basada en relacionalidad, complementaridad,
paridad y la palabra.
Es así, como se entiende la lucha social como: el
“pensamiento y encuentro de diferentes”; el encuentro de diferentes
modelos; un proceso de lucha y resistencia la lucha entre el
proceso civilizatorio o dominación del Estado frente un proceso
de vida de los pueblos y nacionalidades indígenas.
Para los pueblos y nacionalidades ecuatorianas, en la
cosmovisión del mundo andino amazónico, la celebración de lo
político se considera la veneración hacia los ancestros, al mundo
del agua y las acciones de lucha social por los recursos naturales.
Las formas y maneras del sostenimiento de la vida en los andes en
el ciclo de octubre, en la celebración del Kuya Raymi (ciclo
femenino/ época de descanso /ambiente frío/ abundante lluvia y
agua), este ciclo inicia con la época y temporalidad para la
preparación de la tierra para la siembra y para la planificación de
la vida en las comunidades y pueblos con peregrinaciones y
movilizaciones a los sitios sagrados. En este contexto, las
movilizaciones y protesta del movimiento indígena ecuatoriano
en el Paro Nacional en Ecuador, que movilizó a miles de personas
durante 11 días en octubre del 2019, y fue el primer paso de un
multitudinario camino de protesta en otros países de América
147
Latina, contra las políticas del fondo monetario Internacional
(FMI) y la desigualdad que ha generado el neoliberalismo en la
región.
El Paro Nacional duró once días. Desde el primer día el
presidente Lenín Moreno frente al Decreto 883 del 01 de octubre
2019, ordenó el estado de excepción en el país y el toque de queda
en los sitios estratégicos de las principales ciudades. Entre las
medidas económicas se resaltan la liberación del precio del diésel
y la gasolina extra y ecopaís; la baja de sueldo en contratos
ocasionales se renueva con 20% menos de remuneración que
afectan todos los habitantes.
A esto se suma, las políticas financieras del gobierno sobre
la nueva emisión de bonos soberanos, por un valor total de 2.000
millones de dólares. Con esto, desde mayo de 2017, se han
colocado 11.675,74 millones en nueva deuda pública. El
endeudamiento público total pasa de 55.000 millones a más de
57.000 millones. Según, Burbano, economista y experta en
financiamiento estatal, explicó que un nivel de deudas que, en el
caso de Ecuador supera el 50% del Producto Interno Bruto (PIB),
repercute directamente en el bolsillo de las personas. (Burbano,
2019).
El Ecuador llegó al límite máximo para conseguir deuda a
través de mecanismos caros como la emisión de bonos, debido a
que el peso de los pagos está a punto de llegar al umbral donde,
para cumplir con los acreedores, se deberá comenzar a reducir de
manera significativa los presupuestos en áreas sensibles como
Salud, Educación y Protección Social. Para, Olmedo, es un círculo
vicioso de mayor endeudamiento y menores recursos para
inversión y gasto social. “Podríamos volver a las décadas de los
80’ y 90’, cuando el país producía para pagar deudas”, acotó.
Olmedo alertó, según las últimas cifras oficiales, que ya se ha
reducido, por ejemplo, el gasto en Salud en alrededor del 24%.
(Olmedo, 2019)
La presión del FMI se extralimitó en sus potestades al
condicionar nuevos desembolsos y la aprobación del informe de
la segunda revisión a la economía ecuatoriana, esto pone en un
pésimo predicamento a todo el país y al Gobierno. Es un
condicionamiento muy drástico y constituye un mal mensaje y
acciones para poder conseguir deuda barata.
Todo lo anterior, constituye un desequilibrio y desnivel en
la vida de las familias ecuatorianas, por ello, las acciones del Paro
Nacional 2019, la movilización y la marcha indígena liderada por
148
las organizaciones indígenas CONAIE, FENOCIN,
ECUARUNARI, FEINE, CONAICE y COFENIAE protagonizaron
jornadas de resistencia y lucha social para la derogación del
decreto 883
En la ciudad de Quito, se originó la instauración de otros
sentidos sobre la memoria social entre los pueblos indígenas y el
espacio urbano puesto que se produjo una forma de
“sacralización del espacio público”, por parte de la población civil
y los movimientos sociales en alrededores de la “Casa de la
Cultura y el Parque “El Arbolito”, lugares que se constituyeron
elementos articuladores de prácticas y usos para contraponer a la
ciudad colonial frente a la ciudad de la resistencia. Además, para
la conmemoración de 11 personas asesinadas y fallecidas, más de
la mitad son indígenas, tres son jóvenes y uno es
afrodescendiente. Además, La Defensoría del Pueblo señaló que
de los 1.340 atendidos en los hospitales y centros médicos, 913
corresponden a Pichincha, 122 a Azuay y 46 a Guayas. (El
Universo, 2019)
En este ciclo y temporalidad del Kuya Raymi la protesta,
movilización y lucha social, algunas universidades tanto públicas
y privadas jugaron papeles de suma importancia, entre ellos, la
Universidad Politécnica Salesiana (Quito), que se convirtió en una
zona de paz y acogida humanitaria para la Confederación de
Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), quienes
adecuaron las aulas universitarias como zonas de descanso, aéreas
de alimentación, zona de primeros auxilios, y una guardería para
las comunidades indígenas de la sierra centro, norte y sur durante
su estancia en Quito. Cabe indicar, que la Universidad Politécnica
Salesiana, sede Quito, ha acompañado en lucha y resistencia de
las organizaciones sociales desde los años noventa, puesto la
universidad posee programas académicos para pueblos y
nacionalidades indígenas.
Otro hecho importante, fue la conformación de la Guardia
Indígena y popular integrada por jóvenes hombres y mujeres
quienes custodiaron y protegieron a niñez y a las mujeres durante
el día y la noche en los corredores de paz. La guardia popular e
indígena protegió a los líderes hombres y mujeres de las
comunidades cuando las fuerzas policías arremetían con sus
violencias. Esa guardia también, custodió los recintos de las
universidades luego de haberse decretado el estado de excepción
y el toque de queda. Eso demuestra, una manera de control desde
las propias organizaciones amparadas en la constitución
149
ecuatoriano en el asunto sobre territorios indígenas y sus sistemas
de pluralismo jurídico interno.
La guardia indígena y popular vestía con un casco de
albañilería, zapatos gruesos, un guante y un escudo de madera o
de algún metal liviano. Todos otorgaron seguridad a de la
dirigencia indígena, y la búsqueda de “sospechosos” o
inteligencia policial infiltrada. Esta guardia, con su contingente
lograba neutralizar las bombas lacrimógenas al colocarlas dentro
de una botella de agua en la primera línea de las protestas.
150
ellos no representan a la ciudadanía, ellos se representan hacia
ellos mismo y solo buscan dinero para su bolsillo” (Relato de
dirigente indígena, UPS, 2019)
Por otro lado, un sujeto político, se instituye cuando una
sumatoria de personas que se unen a partir de una identidad que
está “entremedio” (Rancière, 2000). No se ciñe a los grupos
tradicionales, como los partidos políticos y los sindicatos. La
importancia no es la forma institucional que asumen los colectivos
emancipadores sino el mecanismo que insertan en el espacio
público. Un ejemplo lo podría constituir el movimiento indígena
de la CONAIE como un sujeto histórico y político que sume las
iniciativas y necesidades en conjunto de las poblaciones
indígenas, mestizas y afro ecuatorianas, donde prevalezca la
definición de lo común de la comunidad que permite un
encadenamiento epistémico que favorezca a toda la sociedad
ecuatoriana.
151
Foto: La CONAIE y sus acciones de protesta en las calles. 2019. Quito.
152
debilitamiento de la protesta social y movilizaciones hacia la
ciudad señorial. Esto se originó entre un complot en los medios de
comunicación y los grupos de poder representados en el gobierno
de la ciudad de Quito, el pasado octubre.
La falta de credibilidad de los medios masivos de
comunicación y la manipulación sobre los hechos de la protesta
social lograron consolidar un cerco mediato desde una la política
informativa y comunicativa en esos días protesta por parte del
gobierno ecuatoriano. Eso conllevó, a los medios de comunicación
comunitaria y alternativa jueguen un papel relevante en la
difusión e información de los acontecimientos y el uso de redes
sociales que protagonizaron unos otros accesos a la información
sincrónica en el lugar de los hechos.
La iniciativa de la noche del “Cacelorazo” originó una forma
de “Catarsis” y purificación emocional, corporal, mental y
espiritual que motivó a que la mayoría de los barrios quiteños
protesten y salgan a las calles para desafiar el toque de queda
impuesto por la policía nacional y el gobierno. Los quiteños
salieron a la media noche a las calles para manifestar su
descontento frente a las políticas estatales. Eso generó la
experiencia de liberación de los recuerdos e ira que alteraron el
escenario en la noche del 12 de octubre, previo a la derogatoria
del decreto 883 por el gobierno ecuatoriano.
Conclusiones
153
una vocación universal entre el campo y la ciudad, para quitar el
poder a los partidos políticos y otorgar más poder de decisión a
las personas, desde otros espacios tanto virtuales y analógicos
Hoy lo indígena en la ciudad quiteña tiene otro rostro y
dignidad, es señalado con ciertos aciertos y virtudes por una parte
de la sociedad urbana con representaciones afirmativas y nobles,
como lo fue, una frase escrita en una pancarta llevada por una
niña en las protestas que decía: “Mami, cuando sea grande, quiero
ser indígena”.
Bibliografía
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Walker, C. (2015). La rebelión de Tupac Amaru. Lima: Instituto
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155
156
Desigualdades persistentes
y diversidad cultural
Fidel Tubino
93 Sen Amartya (2010). Idea de la justicia. México DF, Editorial Taurus, P. 50.
157
que en situaciones de carencia, las personas pueden llegar a ser,
sus “experiencias”, aspiraciones, frustraciones, y “realizaciones
humanas”.
La toma de conciencia de las múltiples implicancias de las
desigualdades de origen, están a la base del desencanto social.
Dichas desigualdades son multidimensionales. Generan élites que
monopolizan las oportunidades para acceder a servicios de
calidad y ejercer derechos básicos. Y al mismo tiempo excluyen a
las grandes mayorías de ejercer aquellos derechos que les están
jurídicamente reconocidos.
En sociedades postcoloniales como las nuestras, las
desigualdades de origen generan la exclusión sistemática de las
personas que pertenecen a los grupos vulnerables de la
oportunidad de poder realizarse humanamente y ejercer en
libertad sus derechos fundamentales. La tensión social que esta
situación produce cuando se evidencia, puede llegar a niveles
insostenibles.
Para plantear respuestas al malestar y la convulsión que la
tensión social genera es muy importante tener en cuenta que
estamos frente a una problemática que es histórica y estructurante
en el presente de una convivencia tóxica. Al mismo tiempo,
resulta imprescindible no olvidar que la estigmatización étnico-
cultural y el racismo instalados en el imaginario social
contribuyen a su reproducción.
En el caso peruano, por ejemplo, como bien sostiene Mark
Turner94, durante la colonia española se establecieron dos tipos de
legislación: una para la República de indios y otra para la
República de españoles. Los afrodescendientes fueron
esclavizados y excluidos y lo siguieron siendo después. Con la
Independencia de España surgió la “República dividida “. Y a
pesar de los procesos de mestizaje generados desde la Colonia
persiste entre nosotros una inequidad y una escisión identitaria de
origen. La existencia de grupos socialmente estigmatizados
intermedios que hacen más complejas las tensiones
interculturales.
Así, “pese a todos los siglos de historia colonial y
republicana seguimos siendo un país fragmentado que requiere
de una educación que reconozca esta diversidad, que prepare a
las nuevas generaciones para un auténtico acercamiento a
158
nuestras raíces andinas, amazónicas y costeñas, que nos reconcilie
en aquellos aspectos que hasta hoy nos distancian –como son las
expresiones de racismo y discriminación– y que, finalmente, nos
posicione en el mundo globalizado con una marca única, propia y
original” 95.
La estigmatización funcional
159
simbólicas. Yo no me relaciona con el tú que está frente a mí, sino
con lo que el estereotipo anticipatorio activa en mí frente a su
apariencia.
Lo más grave es que los estigmas generan creencias
irreflexivas que actúan como disparadores de actitudes
despreciativas. Así “… creemos, por definición, que la persona
que tiene un estigma no es totalmente humana”99. Y en el peor de
los casos, que es una amenaza a la especie humana. Y actuamos en
conformidad con dicha creencia falsa. Los prejuicios que los
estigmas generan son juicios valorativos negativos previos al
contacto con las personas que pertenecen a los grupos socialmente
menospreciados.
Humanizar la convivencia implica crear espacios de
socialización diseñados para deconstruir este patrón de relación
perverso enquistado en el imaginario social. Espacios que
permitan problematizar y desnaturalizar la estigmatización
cultural mediante la visibilización y el cuestionamiento de sus
causas presentes y sus orígenes históricos.
Así, para desmontar este patrón de comportamiento que
naturaliza lo injustificable, es absolutamente necesario, entre otras
tareas históricas pendientes, repensar y rehacer la educación
intercultural ampliando su campo de influencia a las élites
hegemónicas de la sociedad. La educación intercultural en
contextos de inequidad social no puede limitarse a revalorizar las
identidades menospreciadas. No podemos ignorar que estamos
inmersos en tipos de interacción social que “marcan” a las
personas, reduciendo sus posibilidades vitales de vivir y florecer
humanamente.
Para afrontar esta problemática desde la educación no basta
con transponer el modelo de la educación intercultural bilingüe
que hoy se imparte a los estudiantes indígenas que habitan en las
zonas rurales a los estudiantes no indígenas que habitan en las
zonas urbanas. Generalizar la educación intercultural implica
reinventarla articulándola a la educación ética y ciudadana que
nuestras sociedades requieren. Significa revisarla críticamente
tanto a nivel conceptual como a nivel pedagógico teniendo en
cuenta que “la interculturalidad señala y significa procesos de
160
construcción de un conocimiento otro, de una práctica política
otra, de un poder social (y estatal) otro y de otra sociedad “100
Inequidades multidimensionales
2000. P. 21.
161
Los pares categoriales asimilados de manera no deliberada
actúan en la sobrevalorización o desvalorización social de las
personas. Y ésta a su vez condiciona y/o determina la exclusión
de aquellos que son injustamente menospreciados. Exclusión que
impide el acceso a oportunidades objetivas para ejercer los
derechos que paradójicamente la ley ampara.
Este es por ejemplo el caso del derecho al trabajo. Como
parte de un estudio sobre la discriminación en el mercado laboral
peruano, se realizó por la Universidad del Pacífico un
experimento muy significativo. “…El experimento fue conducido
entre los meses de junio y noviembre del 2011. Durante estas
veintidós semanas, se enviaron currículos ficticios en respuesta a
vacantes de empleos reales…En total se enviaron 4820 currículos
102. Los currículos poseían las mismas calificaciones, en lo que se
162
institucionalizada que contribuye a darle cimiento a la
desigualdad persistente. Estamos hablando de tendencias
históricas regresivas que pueden ser transformadas con políticas
institucionales transformativas a largo plazo.
Dichas políticas tendrían que ser sostenidas activamente por
una ciudadanía crítica, activa y vigilante. Es innegable que una
tarea de tal magnitud involucra un cambio de modelo de Estado.
Pues en los Estados nacionales monoculturales y monolingües,
tanto las políticas de reconocimiento como las políticas sociales
redistributivas suelen tener dos características: primero, suelen ser
tangenciales, y segundo, no van a las causas del problema de
fondo. Por ejemplo, en el caso de la educación, se limitan a una
educación intercultural bilingüe para indígenas en zonas rurales,
centrada en el aprendizaje de la lecto- escritura en lengua materna
y en la revalorización de las identidades culturales
menospreciadas. Dicha educación se ha tornado funcional en la
medida que no parte de una lectura crítica de la desigualdad.
Mientras tanto, la educación básica regular en el Perú sigue
reproduciendo aquella vieja ideología hegemónica que
desconoce la diversidad cultural e invisibiliza las causas de la
desigualdad.
163
Para la construcción de una comunidad nacional ese
reconocimiento implica pasar de la tolerancia al respeto y la
estima, que son los antónimos de la mezcla de miedo y desprecio
que ha predominado en nuestra historia104”. Para ello tenemos
que empezar por identificar los obstáculos subjetivos y objetivos
que impiden dicho tránsito. Del lado subjetivo se trata de
empezar por identificar hábitos, actitudes, aspiraciones,
valoraciones, estigmas. Y del lado objetivo se trata de identificar
normas, requisitos y protocolos que institucionalizan y así
normalizan la exclusión. En segundo lugar, se trata de
visibilizarlos para proceder a una crítica social que los
desestabilice y permita abrirnos a formas alternativas de albergar
la pluralidad.
Sabemos que “… el reconocimiento es una tarea de larga
duración, pues incluye profundas reformas institucionales y
legales, pero también cambios en los hábitos y sentidos comunes.
Atañe, por tanto, al Estado y los partidos políticos, pero también a
los medios de comunicación y el conjunto de la sociedad: gremios,
comunidades, asociaciones, escuelas, iglesias, familias.”105
La sociedad civil juega en este sentido una función
fundamental. Pues es en los espacios anti hegemónicos
presenciales y virtuales abiertos en ellas que pueden ir
emancipándose las conciencias. Estamos ante una tarea histórica
que nos involucra a todos ética y políticamente. Desistir y no es
opción.
Bibliografía
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164
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Walsh, Catherine “Interculturalidad y colonialidad del
poder”. En: Giro decolonial, teoría crítica y pensamiento heterárquico.
Bogotá, Siglo del Hombre Editores,2007
165
166
El ciclo estatal de las luchas en Bolivia (2006-
2019), la crónica de una muerte anunciada y
la coyuntura política actual
Jorge Viaña
167
demasiado tiempo es presa fácil de un golpe, esta es una triste
lección.
Incluso una verdadera y auténtica revolución como la de
1952 empezó a convertirse –como también decía Zavaleta- en
conservadora casi al día siguiente, como muchas revoluciones o
diríamos casi todas, por ejemplo, la Revolución Rusa que duro tan
solo 7 años, de 1917 a 1924 y luego una largo y contradictorio
proceso de descomposición de décadas al mando de la genocida
burocracia estalinista. Volviendo a Bolivia, en 1956 la
estabilización monetaria y la injerencia norteamericana minan
rápidamente la revolución y en 1958 ya se da la ruptura con el
movimiento obrero (tesis de Colquiri). De ahí las clásicas
maniobras y triquiñuelas sobre la base estructural ya dañada del
régimen y el deterioro acelerado de un ciclo estatal que caía sin
parar en el extravío conservador hasta que llega el golpe de 1964.
En Bolivia desde el 2010 empieza gradualmente el extravío
conservador del MAS, en el 2016 se agudiza, los siguientes 4 años
fueron hasta el 20 de octubre del 2019 de profundización del
extravío ya insalvable e histórico, es cuando la extrema derecha
aprovecha este extravío y hace el golpe, largamente planeado,
basándose en los errores del MAS. Esto no tiene que ver solo con
el capricho o desvaríos de tales o cuales dirigentes que, por cierto,
fueron groseros e irreparables igual. Sino con una cualidad
estructural de Bolivia que pocos entienden.
Primero la tendencia a la conducción de la pequeña
burguesía de los procesos revolucionarios, que vienen desde la
abdicación del proletariado al poder en la revolución de 1952 y
que se hace teoría explicita con Guevara Arce cuando el poder
dual se resuelve a favor de su lado pequeño burgués. Por eso la
defensa del estado les parecía más importante que la defensa de
los sindicatos y las bases movilizadas (Zavaleta, 2011:673). El
MAS lamentablemente repitió esta trágica historia que la mayoría
ni lo vio, los menos lo vieron y subestimaron esta tendencia de la
historia Boliviana reciente. Esta tesis de Zavaleta de la tendencia
de la pequeña burguesía de conducir los procesos revolucionarios
desde el desenlace del poder dual en favor de la pequeña
burguesía después de la revolución de 1952 se complementa con
otro aspecto simétrico que es la tendencia del campesinado
desde1952 de hacer alianza con el estado en vez de con la clase
obrera porque creía que el aparato del estado burgués era el que
lo había liberado del pongueaje y entregado las tierras:
168
Los dirigentes campesinos se acostumbraron a tratar de continuo
con el aparato del estado, a no existir independientemente de él
y, por eso, cuando el imperialismo toma directamente dicho
aparato –con Barrientos- el trato se continuará casi con las
mismas características. El campesino había hecho un hábito de
su dependencia del estado (Zavaleta 2011: 675)
169
El golpe no hubiera sido tan efectivo y tal vez lo hubiéramos
revertido si el 9 y 10 de noviembre hubiera habido masas
movilizadas en La Paz para defender al gobierno. Pero la
pregunta es la inversa ¿Por qué no hubo masas movilizadas?
La historia no se explica por lo que no hubo sino por lo que
hubo efectivamente. Y en La Paz el 9 y 10 de noviembre se
desnuda la cruda realidad que a esas alturas no había nadie que
saliera a defender al gobierno del MAS. Era un gobierno huérfano
de masas de las que se jactaba tanto lo iban a defender. ¿Como
pudo ser posible esto? Lo que justamente los despistados
conservadores de un lado y del otro consideraban casi imposible
se dio, Vemos como ocurrió eso.
Lo único que quedo fue un golpe que mostro que lo único
que había era un gobierno huérfano de masas que se reclamaba
“amo y señor” de esas masas. La realidad parecía que
sobrepasaba a la fantasía. Veamos esta paradoja como llego a ser
una triste realidad. Con lo cual se cayó no solo el gobierno del
MAS sino un proyecto popular y de las masas que es lo peor de
todo esto. Como fue el golpe de 1973 en Chile o el golpe contra la
Asamblea Popular en Bolivia en 1971. Se cancela un proyecto y el
avance de lo popular y no solo los individuos o los partidos
encaramados en la punta de la ola.
106Para un análisis más detallado de las fases de las luchas de estos 20 años ver:
1) para la etapa en la que no existe ciclo estatal de las luchas en el que se ven
algunos aspectos ya de pragmatismo estatalista: 2000 al 2006 (Viaña 2006), 2)
para el periodo del primer ciclo estatal 2006 al 2010 (Viaña 2014) y 3) para el
periodo estatal del 2010 al 2018 ver (Viaña 2012, 2018).
170
por la sociedad, desde la sociedad y para la sociedad en décadas
de lucha, conocido en parte como la agenda de octubre. Que en
parte el MAS intento expresar con cierto éxito. Del 2010 al 2019
sería la segunda gran fase de gradual decadencia.
Al finalizar el proceso constituyente (fines del 2009 inicio
del 2010) se da la lucha en las calles e instituciones contra los
sectores conservadores por sacar adelante la nueva constitución,
que en sí mismo es un proyecto político, refundar el país,
descolonizar y la nacionalización de los recursos. Todo un
proyecto desde abajo construido abajo y para la gente de abajo
que costo décadas construir. Fue el momento más revolucionario
en el que un gobierno de reformas tendía –al menos en algunos
aspectos- a ciertos aspectos revolucionarios, se dio una parcial
revolución política. Vivimos una parcial revolución política,
porque sustituyo parcialmente a la oligarquía y a ciertos sectores
burgueses en el poder del estado, por sectores pequeñoburgueses,
campesinos, indígenas, sectores populares urbanos, bajo el rotulo
de lo “indígena originario campesino”, que luego del 2010
empezó un proceso de involución gradual conservadora. Pero
nunca se planteó la construcción de un poder popular y de una
transformación más profunda y estructural que nos acerque
realmente al socialismo107. Esta fue su virtud, pero también su
límite desde el principio.
Como siempre ocurre, también fue el momento de inflexión
conservadora ya que la construcción institucional de cualquier
estado108 siempre es conservador, después del proceso
171
constituyente que fue muy largo 4 años, desde el 2006 al 2009109, el
MAS se concentró cada vez en construir estado y esto hace
reflotar las tendencias más conservadoras (machistas, coloniales,
capitalistas), ahí surge claramente el ala derechas del MAS, por lo
general abogados mediocres y funcionarios burocratizados, varios
de ellos ministros que empiezan a ser dominantes en el escenario.
Alentados o no por los máximos dirigentes del MAS. Empiezan a
darse los síntomas de esta primacía de los sectores conservadores
pragmáticos estatalistas. Llega en el 2010 el gasolinazo que fue un
error político, fue un intento de quitar la subvención a los
hidrocarburos que afectaba terriblemente a los sectores populares
y en el 2011 el manejo conservador del conflicto del TIPNIS que
fue el momento más claro de esta nueva etapa de gradual viraje a
una posición conservadora.
Esta nueva etapa conservadora estuvo marcada de forma
cada vez más clara por permitir o no hacer lo suficiente frente a la
corrupción, ir gradualmente apoyándose en los sectores de la
agroindustria del oriente, en la banca y en que casi lo único
importante era el crecimiento del PIB y la economía. Entre el 2011
al 2015 ya había cuajado este nuevo esquema de poder del MAS,
con ciertos aspectos que permitían mantener cierta fachada
popular. Paralelamente se fue tutelando y luego desarticulando a
las organizaciones fundamentales del proceso como la
CONAMAQ, CIDOB, la COB, CSUTCB y otras. Se las veía como
retaguardia del proceso a tono con este estatalismo y
economicismo pragmático y conservador.
Es por eso que en el 2016 ya se da el impase que se
convertiría en histórico, el 21 F aparentemente fue resultado de la
172
impaciencia de Morales y de sus más cercanos colaboradores, una
impaciencia de tener poder hasta el 2025 que llevo a perder este
referéndum. Fue un gravísimo error político del MAS como el
propio vicepresidente reconoció un año después en una
entrevista, del que después no se pudo salir más, ¿qué necesidad
había de convocar a un referéndum por una nueva reelección
después de 6 meses de haber ganado la elección nacional para
tener poder por 10 años más? Ahí se notaba ya un extravió grave
pero que podía resolverse si se hacía autocritica y se reconducía el
proceso. No se quiso hacer eso. Se conformaron con el justificativo
del “día de la mentira”, en su balance se aludía a que “todo se
había hecho bien y lo único que hacía falta era redoblar la
propaganda y hacer propaganda en las redes sociales”. Un
extravío clase mediero clásico que cree que el mundo empieza y
acaba en el internet las NTIC´s y estos exotismos posmodernos.
Esto ya sello la gradual caída inevitable.
Y por lo tanto, la solución fue peor que la enfermedad, en
vez de hacer otro referéndum y ganarle en la cancha a los
conservadores, como había hecho Chávez, quien después de
haber ganado 14 elecciones seguidas perdió el referéndum para la
reelección en el 2007 y en vez de inventarse artilugios legales fue a
profundizar la estrategia de movilización y de radicalización del
proceso que venía conduciendo desde el 2002, año del golpe
fallido contra él, profundizo la movilización de masas y de
construcción de comunas, círculos bolivarianos y poder popular y
gano el referéndum el 2009. Esta es la única vía revolucionaria110
por que combina construcción de poder popular, movilización de
masas y coyuntura y necesidad de reelección. Zavaleta criticaba a
los gobiernos de Torres y Ovando en los 70s por no movilizar a las
173
masas que consideraba el único método para resistir el embate del
imperialismo (Zavaleta, 2011: 656). Bolivia renunció a eso
completamente. Pero para peor, simulando que eso se hacía. Uno
no puede auto engañarse tanto.
En Bolivia se inventaron el derecho humano de los políticos
a ir a la reelección y metieron por la ventana la reelección a Evo
Morales. Grave error, la metodología era artilugios abogadiles,
típicos de la impaciencia clase mediera otra vez. Un tipo de
manejo del poder que no tenía ya casi nada de popular, de soporte
y potenciamiento clasista de los sectores populares en la sociedad
y desde la sociedad, La salud se la descuido hasta el 2018, cuando
el seguro único y universal de salud estaba en la constitución
desde el 2009, casi una década, la educación también en gran
medida fue secundaria y casi todo la política del gobierno estaba
dirigida a la adulación de las clases medias urbanas, grave error
en un país tan politizado y de amplias masas populares que
empiezan a tener una actitud de votar por el MAS pero sospechar
de él. No irían a poner el pecho como habían hecho entre 2006 al
2010. Y no se los pude culpar en absoluto. Esto es lo que el
gobierno no vio.
El grave error fue que ni siquiera se intentó -e incluso se le
tenía miedo- a la construcción de poder popular desde abajo y
movilización de masas. El modelo venezolano fue el más
estigmatizado de puertas para adentro, aunque en el discurso se
lo mantenía como bandera. Ni se intentó como en Venezuela
hacer comunas, círculos Bolivarianos, poder popular,
empoderamiento creciente desde y para la sociedad movilizada,
la movilización de masas como el eje fundamental del proceso.
La gran victoria del proceso Venezolano es que dieron la
vuelta en décadas en la propia sociedad la correlación de fuerzas
de los sectores populares que tienen siempre la iniciativa hasta
hoy frente a las elites, los sectores explotados, movilizados frente
a las burguesías y oligarquías en las calles es siempre el factor
central sobre el cual se mueve el manejo político estatal y del
PSUV, sobre esta base central clasista y de referencia siempre
societal es que se mueve el estado en Venezuela hoy, por eso a
pesar de estar en una gran crisis que ya dura años no se cae el
gobierno y no está colapsado el proceso Venezolano.
En Bolivia que hubiera sido más fácil hacer lo que hizo el
proceso venezolano se cometió el grave error de desmovilizar a la
sociedad, despolitizarla, hacer que el objeto de los cambios que
era el estado se convierta en el sujeto del cambio que ya lo
174
advertimos cientos de veces desde el 2006 (Viaña. 2006). Entramos
desde el 2010 a un esquema pragmático estatalista, economicista
conservador que llego a su punto de no retorno el 2016 por que no
se quiso hacer una autocrítica y hacer una reconducción del
proceso, un manejo de poder popular y clasista, priorizar la
movilización popular, el empoderamiento de los explotados en la
sociedad y para la sociedad movilizada y tratar de armonizar esto
con el manejo económico y el estatalismo gris que
lamentablemente se convirtieron en lo único importante.
Para ser justos también hay que decir que esto no se veía tan
claramente por los enormes éxitos en el campo económico, el PIB
de aproximadamente 9.000 millones de U$S creció a 35.000
millones de dólares en estos 14 años, el PIB creció
porcentualmente a más de 4,5% por ciento como promedio en
estos años del MAS, en los últimos años Bolivia era uno de los
países que más crecía en la región, cuando otros crecían a 1% o
están ya en recesión y una inflación grande. Un verdadero récord,
la pobreza extrema se redujo sustancialmente como no había
ocurrido en la historia de Bolivia, la pobreza moderada también
se redujo, más de 2 millones de personas pasaron de la pobreza a
la clase media en un país de 10 millones de personas es todo un
cambio estructural, para bien y para mal, por eso justamente ahí
se ve una de las aristas del mayor error político que se cometió, no
se hizo una adecuada conducción política de estos éxitos
económicos, en gran medida el mensaje era tarifas baratas,
consumismo y listo y acabo siendo casi un gobierno de clase
media para las clases medias, con cierta fachada popular e
indígena.
En la campaña en miras a las elecciones del 2019 un altísimo
funcionario en campaña dijo que, si no hay crisis económica o
problemas con la economía, nunca habría una gran crisis política,
ahí ya se veía un reduccionismo economicista ciego a lo que
estaba pasando, dos semanas después vino la gran crisis política
que creían imposible que remato en el golpe y caída del MAS.
175
nosotros no nos sorprende en absoluto111, fue tan efectivo por el
trabajo en los medio de comunicación en algunos sectores de clase
media y sectores populares que incluso sectores “progresistas”
empezaron desde el 2011 y con mayor fuerza desde el 2016, a
consolidar un clima alimentado por los graves errores del MAS
sobre corrupción, caso Zapata, arbitrariedad del poder, quererse
eternizar en el poder, en el que se generó una representación
social del gobierno como un gobierno dictatorial y corrupto que
efectivamente interiorizo una buena parte de la población –
incluso gente que apoyaba al MAS- y esto tampoco lo vio el MAS.
Se estigmatizaba de dictador al gobierno, incluso gente que
fue parte del gobierno o muy cercana a él, llegó a decir que era
“una dictadura militar encubierta” que era “el gobierno más anti-
indígena de la historia contemporánea de Bolivia” esto ya paso de
ser un apoyo crítico a un gobierno que cometía graves errores,
pero popular al fin, a pasarse a apoyar a los sectores
conservadores de derecha. Esta progresía acabo apoyando al
neofascismo en Bolivia.
Como se dijo es que la conspiración empezó a contar con el
apoyo de muchos intelectuales progresistas y dirigentes sociales,
etc. que generaron ese escenario de odio sin límites al MAS y a
Evo Morales. Era “un dictador” y “había que recuperar la
democracia”. Una mitad del país ya no apoyaba al MAS y se
radicalizaba cada vez más con este discurso. Y la mitad que lo
apoyaba se desmoralizaba cada vez más por la forma del manejo
del poder del núcleo dirigente. Esto es muy grave y el MAS no lo
vio.
Para las elecciones de octubre del 2019, cierta progresía
intelectual justificaba como sacar a Evo Morales a toda costa,
votaron por la derecha (Meza), con el “argumento” de voto útil
para sacar al MAS, propugnaban un gobierno de transición de
cualquier tipo, Por eso acabaron apoyando a la extrema derecha
Boliviana. La gran mayoría hasta hoy no hicieron autocritica. Esto
es claramente peor que todos los errores juntos que cometieron los
del MAS y se debe analizar a fondo, la bancarrota de algunos
176
sectores, dirigentes, intelectuales que se pasaron a la derecha
objetivamente.
Es por eso que después de la elección nacional del 20 de
octubre del 2019 y que el MAS se declarara ganador en la misma
noche de la elección y se detiene el conteo del TREP (conteo
rápido) sin que existan resultados oficiales ni siquiera parciales
fue un grave error, el MAS no vio que ya no estábamos en la
relación estado sociedad del 2006 al 2010, una buena mitad de las
masas votaban por el MAS pero desconfiaban mucho de él y no
saldría a movilizarse por él, y otra buena mitad lo quería fuera a
cualquier precio. La sensación en la población que incluso quería
apoyar al MAS era de que hubo fraude, esto solo la historia lo
demostrara. Pero todo esto el núcleo dirigente del MAS no lo vio.
El MAS se mantuvo en esta incapacidad de leer lo que
estaba pasando, con sus bases totalmente desmoralizadas y
algunos dirigentes extraviados amenazando en los medios. Los
sectores conservadores convulsionan el país, queman algunos
comités electorales departamentales y entran al paro cívico
nacional que va creciendo y se van midiendo las fuerzas de
movilización entre el MAS y los sectores conservadores. A cuatro
días de la elección, el 24 de octubre el Tribunal Supremo Electoral
saca los resultados del TREP (Conteo Rápido) con 100% de
escrutinio Morales ganaba y sacaba 10% al segundo (C. Meza) y
daba por concluido el asunto, otro grave error.
Crecía la movilización en el Oriente y lo único que faltaba
era trasladar este tipo de radicalidad y masividad de la
movilización a La Paz, pues si bien existía movilización, no era
suficiente para amenazar en términos reales al gobierno. Y el otro
factor, neutralizar a la policía y al ejército se fue operando. 12 días
después de la elección, el 1 de noviembre en un país
convulsionado el Tribunal Supremo Electoral declara ganador
oficial a Evo Morales en primera vuelta y al día siguiente los
sectores conservadores en el cabildo de Santa Cruz le dan el
ultimátum de que Evo Morales debía irse en 48 horas que parecía
una broma imposible de cumplir para los que no veían la extrema
fragilidad en la que estaba el gobierno.
En la semana del 4 al 7 de noviembre se prepara la última
fase del golpe que el MAS ya no pudo revertir, el día viernes 8
empieza el motín policial en Cochabamba y se extiende por todo
el país gradualmente, además parecería que el ejército ya estaba
neutralizado, ya que salen a hacer declaraciones cantinflescas, que
en síntesis quería decir que se mantendrían al margen, el sábado
177
9 es desorientación absoluta y empiezan las primeras renuncias
importantes del gobierno, el MAS si intento movilizar al ejército
para neutralizar el motín no lo pudo hacer y más grave aún por
ser un gobierno de las masas populares, tampoco pudo movilizar
a las masas que votaron por él masivamente, el viernes y el
sábado se hicieron enormes esfuerzos para movilizar a la gente en
La Paz, nadie en La Paz saldría a las calles a defender al gobierno.
El sábado 9 de noviembre cuando ya prácticamente se había
caído el gobierno, el presidente Evo Morales al medio día llama a
un dialogo inmediato a los 4 partidos que obtuvieron
representación parlamentaria en la última elección al que por
supuesto nadie iba a asistir y convoca desesperadamente a la
población y a los movimientos sociales a defender al gobierno a
movilizarse pacíficamente. Tres días antes la convocatoria a un
dialogo tal vez hubiera impedido el descalabro catastrófico al que
llegamos, pero no lo hizo. ¿Habrá que saber algún día por qué?
El domingo 10 de noviembre en la mañana luego del
fracaso ante el intento de dialogo partidario convocado el sábado,
el presidente Morales vuelve a salir en vivo en los medios de
comunicación y plantea renovar el Tribunal Supremo Electoral y
hacer nuevas elecciones, todo eso ya fue inútil, el gobierno ya
había caído. El mismo domingo a las 3 de la tarde sale el alto
mando de las fuerzas armadas en vivo en los medios a “sugerir”
que renuncie el presidente. Esa fue la estocada final y definitiva.
Al finalizar la Tarde el presidente Evo Morales renunciaba a la
presidencia desde el aeropuerto de Chimore en el Chapare.
Entre el sábado y el domingo ya había caído el gobierno
como un castillo de naipes al que solo había que soplar. Por eso
un ignorante fascista (Camacho) con biblia en mano fue el héroe
de esta patética epopeya y una mediocre senadora del oriente
(Añez) conocida por sus posiciones racistas y su profunda
ignorancia fueron los que empezaron a copar la escena.
El gran momento histórico en el que se confirma el
vaciamiento de lo que había de revolucionario en el MAS es
justamente la actitud de las masas entre el viernes 8 de
noviembre que inicia el motín policial y el domingo 10 en el
que cae el gobierno. Las masas populares de los 16 distritos
alteños no estaban dispuestos a salir a defender a Morales, los
sectores populares de las laderas de La Paz no estaban
dispuestos a salir a defender a Morales, los aymarás de las 20
provincias de La Paz no estaban dispuestos a salir a defender a
Morales y mineros y otros sectores del interior del país tampoco
178
estaban dispuestos a salir a poner el pecho e impedir la caída
del gobierno del MAS a excepción tal vez de los cocaleros que
estaban muy lejos y desorientados. Aunque tal vez nadie
pensaría que se caería tan fácil y con un motín policial se cayó.
Todo el que no hace un análisis desde la sociedad, la historia
y la lucha de clases se sorprendió de que esto ocurriera,
lamentablemente los que veíamos espantados desde el 2016 como
el MAS hacia una política cada vez menos popular y de bases no
nos sorprendió en absoluto, aunque fue igual de terrible vivirlo.
Desde el 2016 al 2018 planteamos ya este pronóstico, de que nadie
saldría a defender al gobierno por sus graves errores y porque
sabíamos que tarde o temprano habría un golpe de algún tipo más
efectivo que el del 2009-2010 y que el núcleo central del MAS se
negó a ver por años, hasta que se cayó:
179
las puertas de par en par a la legitimación del golpe, el lunes 11 le
otorgan el asilo a Evo Morales en México y el martes 12 llega a
México. Incluso eso requiere un análisis porque muchos sectores
populares acusaron de inaceptable el que se fuera Evo Morales a
México. Claramente fue un golpe de estado, pero muy particular,
el golpe no produjo lo orfandad de masas del gobierno, solo la
aprovecho y el gobierno nunca pensó que eso le ocurriría.
Lo peor de todo no es que no vieran que se podían caer
como castillo de naipes, sino las consecuencias de eso. Esta
catástrofe la pagaron otros, Masistas secundarios y subalternos
que se quedaron a resolver el desastre, mal o bien lo asumieron,
esto ha creado la primera gran fractura del MAS que se está
intentando subsanar con la misma receta, retoma del control por
los mismos y decisiones de 5 o 6 individuos, en una perspectiva
puramente pragmática de volver a recuperar el poder del estado
sin absolutamente ninguna autocritica sincera y profunda de
semejante descalabro al que nos llevaron.
Luego vinieron las masacres de Sacaba el 15 de noviembre y
la masacre de Senkata el 19 de noviembre donde fueron
asesinados al menos una docena de personas y encima el gobierno
de Añez dio impunidad legal al ejército para hacerlo. Una última
cuestión es que en El Alto la gente no se movilizo para que vuelva
Evo Morales, se movilizo por que quemaron la wiphala y se
daban cuenta que volverían a ser marginalizados y discriminados
por este grupo seudo-fasista que se acababa de hacer con todo el
poder por la irresponsabilidad y ceguera de los altos funcionarios
del MAS. Exigían la renuncia de Añez y el respeto a la wiphala.
En Sacaba si había una cierta reivindicación de retorno de Evo
Morales, pero habría que ver cuán generalizada era. En cualquier
caso, nunca fue el eje de las movilizaciones el retorno de Evo
Morales desde su renuncia hasta la promulgación de la Ley de
convocatoria de nuevas elecciones el 24 de noviembre del 2019.
Esto es de capital importancia porque al caerse como un
castillo de naipes al que solo había que soplarlo, subió la ultra
derecha al poder resultado de un golpe que después trataron de
maquillarlo de sucesión constitucional y esto lamentablemente
también con ayuda del MAS y el vacío de poder que generaron.
Ahí está su gobierno de transición que tanto querían los que
lo único que les importaba era tumbar a Morales a nombre de
que era un “dictador”. Vino un gobierno de ultra derecha
religiosa que hizo masacres en Sacaba y en Sencata a nombre de
“pacificación” y que sostenemos no está dispuesto a dejar el poder
180
y este es elemento central de la actual coyuntura que en Bolivia es
decisoria y muchos no lo están viendo, por eso sostenemos –en
parte- que las próximas elecciones serán intrascendentes como se
explicara más adelante.
181
esa actitud tan soberbia y absolutamente carente de un mínimo de
lectura de lo que estaba pasando para declararte ganador en
primera vuelta sin que hubieran ni resultados oficiales y encima
amenazar con movilizaciones si no se respetaba lo que habían
decretado, movilizaciones que por lo que paso objetivamente –
además- no podías ni siquiera sostener ni impulsar exitosamente.
Esto ya era un extravío histórico imperdonable. Esto era un
suicidio político, el suicidio político al que nos llevó la ficción
liberal electoralista de la que vivió el MAS que se agudizo aún
más desde el famoso 21 F. del 2016 y llego a su pico más irracional
el 20 de octubre del 2019.
Esta es la consecuencia concreta y terrible del tipo de
manejo del poder que ya se explicó y una orientación sistemática
para construir solamente una maquinaria electoralista liberal lo
más alejado posible de una organización de lucha de masas, pero
simulando hacer lo segundo que es todavía más conservador,
impidiendo la construcción de poder desde la sociedad y de
movilización popular, el MAS esto lo repudiaba sin decirlo
explícitamente y se vanagloriaba de ser algo que no era. Esto lo
descubrió demasiado tarde. Terrible paradoja de la historia. Su
supuesta ventaja, la movilización popular de masas lo había
abandonado y ni lo vio venir. ¿Podemos perdonar esto?
Esta es la consecuencia de un enfoque liberal electoralista de
manejo del poder y del estado, este diríamos es el complemento
simétrico más perverso, burgués y fundamental de un manejo del
poder clase mediero. Masas electoralizadas y tuteladas que
incluso empiezan a ser manejadas de forma prebendal. Esto nunca
dará resultados revolucionarios ni te defenderán, para no hablar
de profundizar los procesos, son relaciones instrumentales
basadas en que te doy y que te exijo, es un toma y daca muy
burgués y liberal para ser fuente de lucha revolucionaria, donde
se extravió el MAS.
El MAS controlado y embriagado por los liberales
pragmáticos electoralistas, estatalistas y economicistas pensó que
estas masas los defenderían. No lo hicieron lo que
lamentablemente era de esperar, esto si se tenía un mínimo de
lectura de realidad y de honestidad revolucionaria que parece que
el MAS ya no tenía a estas alturas. La borrachera de poder liberal
tal vez sea una de las más conservadoras, peligrosas y poderosas
de las adicciones en un proceso histórico como este. El enemigo
número uno de los proyectos revolucionarios.
182
Estado aparente maximalismo de masas ausencia
de proyecto político en el MAS y la intrascendencia
de las elecciones de mayo del 2020.
183
de la historia de la superioridad permanente de la sociedad
movilizada sobre el estado que viene desde los Kataris y los
Amarus de 1781, el papel de las masas en las republiquetas que
funda a Bolivia entre 1809 y 1825, las muchedumbres movilizadas
de la época de Belzu en 1848 a 1855, la guerra civil y el proyecto
de los Wilkas en 1899, las luchas indias de los años 20s 30s y las
masacres de los mineros de 1942 y 1946, la revolución de 1952, en
fin Bolivia es la historia de la supremacía permanente de las
masas sobre el estado y en los intermedios un empate entre estado
y masas que lo definen los golpes de estado conservadores.
Como ya se ha dicho hasta el cansancio Bolivia debe ser uno
de los países con más golpes de estado e inestabilidad política en
el mundo. Esta es una de las consecuencias de los momentos
constitutivos y las formas en las que estos momentos constitutivos
modelan de la las ecuación social y los ejes estatales que se
configuran duraderamente y se reconfiguran bajo un patrón de
estado débil y masas que irrumpen y cancelan al estado, sea este
colonial, oligárquico, nacionalista, neoliberal y ahora
“plurinacional”. Esto debe ser estudiado y analizado a fondo hoy
por las fuerzas progresistas.
En Bolivia no resuelven nada las elecciones por lo general,
peor en coyunturas como esta, por esta característica que es una
cualidad estructural e histórica del país, de la relación de un
estado aparente y unas masas maximalistas y que siempre tienden
a movilizarse contra el estado y a cancelarlo, invadirlo y anularlo.
Esto ocurre nos guste o no.
De manera más puntual y especifica respecto a la
intrascendencia de las elecciones cuando se están confrontando
proyectos antagónicos en las coyunturas históricas, veamos
algunos ejemplos paradigmáticos, por ejemplo en la agitación de
los años 40s además de matar a un presidente, Villarroel en junio
de 1946, mataron al presidente progresista más importante de los
primeros 50 años del siglo XX en Bolivia que además era militar,
esto es ir más allá de solo desconocer las elecciones y la
“democracia procedimental” de lejos, esto era ya la lucha abierta
por el poder entre los sectores conservadores y los sectores
explotados que siempre cancelan elecciones y tienen un enorme
efecto estatal por la tendencia objetiva del conflicto a escalar más
allá de la democracia procedimental y los mecanismos del estado,
incluso en casos extremos matan presidentes aunque nos parezca
“bárbaro” o cosas de “salvajes”. Y esto no se resuelve dándoles
masajes a la conciencia a los bandos confrontados. Las propias
184
estructuras del poder y la historia profunda nos llevan a estos
momentos de agudización extrema de la lucha de clases y de
castas. Hoy hemos entrado intermitentemente a este tipo de
coyuntura desde noviembre del 2019.
Luego, en las elecciones de 1947 gano Hertzog para
restablecer el orden conservador de la pre guerra del Chaco, de un
estado oligárquico todopoderoso, cosa imposible de hacer
obviamente y término siendo irrelevante ya que condujo a un
interinato de su vicepresidente Mamerto Urriolagoitia en 1949 por
el empuje de las masas y la participación del MNR en este
proceso, que a su vez condujo a la guerra civil de septiembre y
octubre de 1949 una vez más por el empuje de las masas
movilizadas que en Bolivia siempre son el factor de definición de
los conflictos sumado a la actitud del ejército y la policía. A esto se
resume todo. Como ven más bien en momentos de confrontación
aguda por el poder las elecciones gatillan la escalada del conflicto
objetivo de clases y castas confrontadas. Aunque no nos guste o
nos parezca “salvaje”.
Luego vuelve Urriolagoitia para completar su periodo
constitucional en octubre de 1949 hasta 1951. En las elecciones de
1951 gana el MNR las elecciones y el gobierno conservador no
estaba dispuesto a entregar el poder al MNR, detienen el cómputo
y se da el golpe de estado el 16 de mayo de 1951 para impedir que
el MNR que ganó las elecciones retorne al poder otra vez después
del derrocamiento y asesinato de Villarroel. Y de ahí la historia es
conocida, el MNR planifica un golpe de estado para recuperar el
poder ganado en las elecciones completamente desconocidas por
los conservadores de 1951 y resulta produciéndose una revolución
que no deseaba y por la cual no había peleado. La revolución de
abril de 1952. Esta es una dinámica estructural que vimos
repetirse en condiciones históricas diferentes en octubre y
noviembre del 2019 y se podría prolongar a mayo y junio del 2020
más allá de toda “pedagogía” que ejercen el estado y los
opinólogos. Ojo con esta tendencia de cuando se crispa la lucha de
clases, de grupos y de castas en un país como Bolivia.
Es otra ficción liberal ingenua creer que en Bolivia las
elecciones van a transitar por los caminos formales del traspaso
del poder y del cumplimiento de “las normas” y la democracia
procedimental. Es una cuestión del poder y eso es guerra y
correlación de fuerzas en dos campos, en las masas y en los
órganos de represión (policía ejercito). Como muestra crudamente
la caída de Evo Morales en noviembre del 2019 y la de Goni el
185
2003 y la de Meza del 2005. Las elecciones podrían abrir más bien
un interregno de disputa abierta por el poder más aguda que la
vivida a fines del 2019.
De esto también se quejan todos sin entender la historia de
Bolivia, los politólogos mediocres formados en “marketing
político” que anhelan que Bolivia sea “moderna” y “civilizada”
les haría bien estudiar historia y leer a Zavaleta seriamente. En los
años anteriores a la recuperación de la democracia se suceden
movilizaciones de masas, elecciones intrascendentes como las de
1978 y 1979 y golpes y nuevas movilizaciones de masas hasta que
recién en 1982 se recupera la democracia formal, para demostrar
la intrascendencia de las elecciones en otro ciclo estatal que no sea
el del estado oligárquico de los años 40s. Así es Bolivia, las
elecciones son un factor, muchas veces intrascendente cuando se
agudiza la lucha de clases y la lucha descarnada por el poder. Eso
se vivió en noviembre del 2019 y se podría reeditar en los
próximos meses.
De estos episodios hay cientos y estos episodios son la
norma en Bolivia, las elecciones y las atribuciones y prerrogativas
del estado casi siempre son intrascendentes o al menos mucho
menos importantes o decisivos de lo que se piensa por el prejuicio
liberal, estado céntrico y de fetichismo estatal que prima y existe
realmente en otros países que en Bolivia no existió ni existe hasta
hoy.
Sería ilusorio y sin remedio sostener que existe una tradición
democrática (en el sentido representativo) en las masas
bolivianas. Todo lo contrario, esto aquí produce solo sospechas
(Zavaleta.1983:36)
186
de coyuntura. En síntesis, estas elecciones serán intrascendentes,
no definirán nada. Sea que gane el MAS en la lucha por el poder
sin un proyecto desde abajo y con un ciclo agotándose o ya
agotado, si bien el MAS claramente expresa a la mayoría de los
sectores populares en este escenario liberal electoral y tiene
ciertamente al menos un tercio del voto popular asegurado
aproximadamente, ahí no se agota el debate. Y para una posición
emancipativa no es lo más importante.
Además, debemos insistir que no es el MAS del 2005, es un
MAS derechizado objetivamente y con fracturas fundamentales
por los errores mencionados y no ha cambiado nada, nadie ha
encarado la necesidad de hacer una profunda autocritica, pero lo
peor de todo, encima es un MAS sin proyecto político, si gana y le
dejan ocupar el estado otra vez que es muy dudoso, podría ser la
reedición del bonapartismo de los gobiernos de los años 60s y 70s
(Torres, Ovando) que tanto denuncio Zavaleta en otras
condiciones históricas. El no tener proyecto político quiere decir
que es una pura lucha por el poder, es una vez más la reacción
liberal electoral del núcleo dirigente del MAS descalabrado que
desea recomponerse sin reflexionar nada a fondo. El no tener
proyecto quiere decir que los que pugnan en esta elección no son
representantes de un proyecto construido por y para la sociedad
por décadas y que los sectores populares lo defenderán incluso
con su vida, como fue el ciclo 2000 al 2010.
Sea que gane la derecha que tendrá que lidiar con el MAS y
masas movilizadas que podrían sacarlo rápidamente y hasta el
MAS volver a ocupar el estado de alguna forma, en los próximos
años más pronto que tarde. Ambos son escenarios en los que
podría irse reconstruyendo un nuevo proyecto de las masas que
supere el molde liberal electoralista, desde las masas y para las
masas como fue el proyecto que cuajo entre el 2000 y el 2005 y
entro en su fase de ciclo estatal entre el 2006 al 2019 y se cayó,
este es el aspecto fundamental de la coyuntura actual, y la tarea
emancipativa más importante, sin el MAS pero con los del MAS
que acepten los graves errores políticos cometidos ir
construyendo un proyecto de masas más profundo y
revolucionario que el anterior, subsanando los graves errores
que se describen en el presente texto.
187
En la perspectiva de construir poder popular, organización
hecha desde la lucha y para la lucha y no bolsas electoralistas y
liberales, eso requiere de una reorganización organizativa a gran
escala, con el eje de la democracia como autodeterminación de
las masas, poder popular y movilización de masas permanente y
no conformarse con solo ocupar el estado y volver al
electoralismo liberal, por eso es tan crucial ver que se hace para
asimilar la lección de la caída del MAS de noviembre del 2019.
No más solo electoralismos liberales –que hoy serían más
conservadores todavía que en el ciclo 2006-2019- a nombre de
“revolución democrática y cultural” y proceso de cambio.
Si nos fijamos está claro que las movilizaciones desde la
renuncia de Evo Morales hasta la promulgación de la ley de
convocatoria a elecciones fueron solo el punto de partida de un
nuevo proyecto político de las masas y un inicio de su
reorganización después de semejante descalabro histórico, a la vez
y por lo mismo, las movilizaciones del 2018 y del 2019 son todo lo
contrario de las del 2009 y 2010. Estas eran movilizaciones de
masas con un proyecto construido por la gente y en las luchas de
décadas, la gente había construido con sus luchas, no era una
lucha solo de las cúpulas diligénciales y menos solo por ocupar el
estado y por el poder. Como lo es hoy.
Hay dos procesos en paralelos hoy en marcha, los elementos
germinales –que pueden desparecer o atenuarse- de un nuevo
proyecto y lo que está haciendo el MAS de forma pragmática en el
escenario liberal electoral, es simplemente la lucha por el poder.
La candidatura de Luis Arce ni siquiera es la expresión de la
voluntad de las organizaciones sociales, el candidato por el MAS
para el 3 de mayo es una candidatura sin proyecto desde la
sociedad, es una simple lucha por el poder. Por supuesto que es
mejor que gane el MAS a que gane la derecha o la ultraderecha,
pero insistimos que esto es una pequeña parte de esta encrucijada
histórica y parecería no ser lo más importante por todo lo
analizado.
Insistimos que parecería que las masas en toda su
desorientación y cierta orfandad están en los primeros pasos de
una reorganización de un proyecto político que no es solo volver a
ocupar la silla presidencial y ocupar el estado. Debemos potenciar
el desarrollo de ese proyecto.
Esto es lo que hay que apuntalar, la reorganización y
reagrupamiento desde la base para relanzar un proyecto de la
gente que no sea liberal electoral de solo luchas por el poder o
188
por lo menos no sea solo eso, en un dialogo tenso y complejo
con el MAS que además ahora tiene muchas astillas y
tendencias que se irán decantando poco a poco. Como siempre
intentar expresar a las tendencias más auténticamente
autoemancipativas de la sociedad y potenciarlas, expandirlas,
aglutinarlas, la labor revolucionaria siempre es la misma.
Esto hace que en ese sentido sean también exactamente al
revés las elecciones del 2005 respecto de las elecciones del 2020
para el grueso de los sectores populares, donde, en el 2005 gano
un proyecto de cambio estructural construido en la sociedad y
desde la sociedad que tardo décadas en arraigar , insistimos no
era una lucha solo de las cúpulas partidarias ni solo una lucha por
el poder y que se empezó a implementar de forma estatal desde el
2006 y acabo a la deriva extraviado por los motivos ya
mencionados entre el 2010 y el 2019. Incluso hoy solo es una lucha
por el poder puramente defensiva, defender los bonos y lo
conquistado que hay que apuntalar, pero no debe ser ni lo único
ni lo más importante.
Estos son los motivos que hacen que esta elección sea
relativamente intrascendente. Debemos defender todo lo
conquistado, aunque sea poco. Lo que pasa es que es más
complejo que solo ganar elecciones y hacer propaganda, todos
tenemos un poco el sentido común mediocre de los marqueteros
de la política o los que hacen “real politik”. Debemos producir un
cambio de enfoque hacia una posición revolucionaria de la actual
coyuntura y dejar de embelesarnos por lo liberal electoralista que
fue el grave error del MAS en la última década.
Hoy debemos estar a la altura de potenciar y lograr
producir un reagrupamiento político y organizativo que haya
asimilado estas lecciones y si la mayoría del MAS se resiste pues
es asunto de ellos, pero a la vez vea la importancia del escenario
liberal electoral sin sectarismos o hiperantiestatalismos e
hiperautonomismos ingenuos, el estado como otros es un campo
de lucha, uno muy particular e importante, pero a veces, como en
los errores cometidos por el MAS que se explicaron ampliamente
se convierten en el único escenario y encima se lo maneja de la
peor forma. Nadie hoy tiene la receta para salir de este atolladero
conservador, más bien!!!, gran dilema de que la ultraderecha este
en el poder y no parece fácil que lo vaya a dejar, el que te ofrezca
una receta te está mintiendo, explotando tu debilidad, tu
necesidad de creer que será fácil, solo hay una metodología, que
es construir proyecto con las mayorías abajo y a la izquierda sin
189
ingenuidades antiestatalistas sectarias, pero con reservas de los
límites de lo liberal electoral fruto de una comprensión histórica
de lo que es Bolivia y sus masas. Esto no trae figuración y
escenarios para hacer histrionismo electoral. Requiere
consecuencia, lucidez, osadía de decir la verdad y militancia de
bajo perfil, cosas que los liberales y populistas superficiales no
gustan. Sigamos los pocos en este camino difícil pero
satisfactoriamente emancipativo.
Bibliografía
190
La tierra y sus dos dimensiones:
la vida y la muerte112
191
Para iniciar el asunto vinculado a la tierra y, en especial, a los
pueblos indígenas me inspiro en una conferencia del economista
Eduardo Moreira.114 Sus consideraciones apuntan a comprender
una economía brasileña y a un modelo pensado para destruir la
tierra de los pequeños agricultores. Él discute las propuestas
relacionadas al incentivo financiero a las pequeñas economías, así
como de los peligros que eso representa para la supervivencia de
los grupos ligados a la tierra como medio de subsistencia. Moreira
ha sido un banquero de inversiones, ingeniero de producción y
economista, autor de diversas obras. En una de sus innumerables
conferencias documentadas en YouTube, él presenta una discusión
interesante acerca de la relación económica y de los incentivos
financiados ofrecidos por los gobiernos de Michel Temer (2016-
2018) y el actual de Jair Bolsonaro.
En estas conferencias, Eduardo Moreira profundiza el debate
acerca de diversas temáticas. Cuando se trata de la utilización de
la tierra, él afirma que hay un plan diseñado y puesto en
funcionamiento para destruir la tierra que alimenta la población
brasileña pobre, afirmando que la mayor concentración de
riquezas del país está en el campo. Es decir, los grandes
terratenientes detentan el 50% de las tierras cultivables del país.
Los incentivos financieros son pensados para los grandes
hacendados y, además, para los pequeños agricultores que se
sostienen de la agricultura familiar.
Este plan en curso coloca la población brasileña en la miseria.
Un ejemplo de esa situación está relacionado con la carne. El país
tiene la mayor cantidad de rebaños de ganado del mundo, pero la
población no puede consumir esta carne, pues hoy día los precios
son exagerados.115 El incentivo mayor está en enviar los cerdos de
China y a los animales bovinos a los Estados Unidos de América,
de modo que las riquezas se destinan a alimentar las necesidades
192
de los de afuera. Para Eduardo Moreira, esas políticas se justifican
a través de este plan diseñado y puesto en práctica con base en
cuatro pilares fundamentales: 1. dólar alto; 2. debilitamiento de
los recortes productivos de alimentos. 3. acceso a las líneas de
créditos y, por fin, 4. la liberación de los pesticidas.
El primer pilar –dólar alto– facilita a las exportaciones y eso ya
garantiza a los grandes latifundistas un grado de superioridad y
como principales beneficiarios de tales políticas, en cuanto ellos
no pagan impuestos sobre las exportaciones. La actual ley Kandir,
de número 87, publicada en 13 septiembre del 1996, delibera sobre
los impuestos de los Estados y del Distrito Federal acerca del
cobro sobre la circulación mercancías y servicios. Eso garantiza la
exención de la tributación del ICMS116 a los productos de
exportación. Hoy día, esa Ley pasa por una discusión, pero en
vistas a mejorar aún más las ventajas de los grandes latifundistas.
Nuestra intención no se vuelve a discutir la Ley Kandir o su
justificación, sino solamente en introducir la cuestión de la tierra y
del territorio.
En relación al segundo pilar –debilitamiento de los recortes
productivos de alimentos– el incentivo a los pequeños agricultores
los fragiliza sensiblemente. Esa destrucción se ha incrementado a
partir del gobierno de Temer. El financiamiento para la
producción de los pequeños agricultores ya no los estimula y ni
los beneficia, que son aspectos relacionados al tercer y cuarto
pilares. En efecto, ellos no tienen facilidades al acceso a las líneas
de crédito.
El tercer pilar –acceso a las líneas de créditos– representa un
golpe específico al financiamiento. Las líneas de créditos para los
grandes agricultores tienen intereses muy bajos. Los pequeños
agricultores tienen el Programa Nacional de Fortalecimiento de la
Agricultura Familiar (PRONAF), pero esta forma de financiación
está limitada al número de personas.117
193
El último pilar - liberación de los pesticidas – garantiza ventajas a
los latifundistas. Mientras los pequeños agricultores utilizan un
máximo 30% de pesticidas en sus cultivos, los latifundistas
utilizan 90% de pesticida en sus producciones (perjudiciales a la
salud), sin ningún control legal).
Para Eduardo Moreira, toda la estrategia está diseñada y
maquinada para perjudicar a los pequeños productores. En
verdad, se trata de dos medidas:
1. La primera permite que hasta el 25% de los territorios de
los municipios sean compradas por inversionistas extranjeros.
2. La segunda medida es mucho compleja, y necesita un
debate más profundo. El autor cuestiona los títulos dados a las
tierras de los asentados (colonos) calificada como una medida
engañosa. Aunque inicialmente deseada por los pequeños
campesinos, ahora perciben que están siendo engañados. El MST
(Movimiento de los Sin Tierra) y otros grupos ligados a la
naturaleza se oponen al título de propiedad de la tierra. Cuando
eso ocurre, esa pequeñita porción de tierra está obligada a
producir riqueza. O sea, necesita sacar la subsistencia, además de
recuperar el suelo y preservar el medio ambiente. El
financiamiento, a través de PRONAF, para trabajar esa tierra es
muy limitado. Entonces, como el territorio es muy pequeño, no
pueden cultivar la totalidad del área, pues tienen que preservar el
medio ambiente.
El pequeño campesino, cuando se percibe endeudado, lo
primero que piensa es vender la propiedad para cumplir sus
compromisos. Entonces, él vende a los grandes latifundistas o a
los inversionistas extranjeros, que son los que comandan ese plan
en contra de los que vivimos en el país. ¿De dónde viene el 54%
de los costes de producción del agro-negocio? Los dueños de
empresas de pesticidas, el abono y los insumos y los implementos
agrícolas, y maquinarias son casi todos extranjeros. O sea, se trata
de una arquitectura que atrae a los inversionistas extranjeros y las
transnacionales. El personaje clave que articula ese plan es el
actual ministro del medio ambiente Ricardo Sales. Este ministro es
el representante del agro-negocio, en conjunto con el secretario
especial para los fondos de inversión, Nabhan García. Ellos han
declarado una guerra frontal a la reforma agraria y, además, se
han confabulado en contra las tierras indígenas.
194
En este sentido, se ha incrementado abusivamente la
deforestación en áreas indígenas. En 2019, ha sido el mayor nivel
en once años.118 En verdad, el país avanza hacia un neoliberalismo
sin entrañas, violento y amenazador para la tierra sostenible y
para el medio ambiente, generando un gran empobrecimiento
entre los brasileños. Los trabajadores pagan la cuenta para que los
grandes empresarios y el agro-negocio sigan nutriendo sus
capitales. Eso genera un clima de injusticia social tal como se
encuentra hoy en muchos lugares del país. Los asesinatos de
líderes aumentan, tanto de gente perteneciente al Movimiento sin
Tierra como en los pueblos indígenas. Existe, por tanto, una
disputa por la tierra, pero como se verá a lo largo de este texto, se
puede percibir que ella es vista y sentida a través de dos
sentimientos: la avaricia y el lucro o, entonces, por la crisis de la
subsistencia y la sostenibilidad de la vida.
amplio en 11 años.
195
En Brasil, en estos últimos tres años, los gobiernos de
Temer y ahora el de Bolsonaro han montado esquemas sórdidos
para fragilizar y silenciar las voces de los movimientos sociales,
sin tener una preocupación por los crímenes en contra líderes del
MST, indígenas o de otros colectivos, como los líderes
quilombolas o líderes de luchas sociales. Varios asesinatos han
sido registrados, que han sido tratados de forma sutil por cadenas
de televisión tradicionales (Globo, Band, SBT), pero de modo más
explícito por los medios desechadas por el capital (medios ligados
a las luchas de la izquierda).
Mientras tanto, mismo sin recursos, los movimientos
sociales han insistido en ir a las calles, en frente a los Ministerios,
en Brasilia. Últimamente, hemos podido registrar la Marcha de las
Margaridas, Marcha del MST/Sem Terrinha, Marcha de las
Mujeres Indígenas y Movimiento de los Pueblos Indígenas.
Mientras tanto, se hace necesario reconocer un especial
silenciamiento casi general de los sindicatos. O sea, se silencia las
voces de la calle y en frente a la Explanada del Planalto. En otras
palabras, hay cada vez más un sentimiento de miedo, de
descrédito que tales movimientos sociales irán a conseguir
cambios en la situación política y socio-económica del pueblo
brasileño.
Sin embargo, sobre las luchas más retrasadas y defensivas,
el sociólogo define como:
196
explotaciones mineras. Sin embargo, los pueblos indígenas no
aceptan, y siguen luchando contra esa criminalización en curso.
En esa lucha por la defensa de la tierra, ellos pierden líderes y
afirman que no tienen miedo de seguir enfrentando la muerte.
Todavía, reina un miedo de que los niños y los jóvenes se queden
sin sus territorios, que es parte fundamental para su educación y
una vida digna.
La segunda dimensión –Acumulación ampliada y
acumulación primitiva– trata de la acumulación del capital, así
como comprendía de Marx. Por un lado, la acumulación que
resulta de la reproducción ampliada del capital y que, sin
demasiado rigor, podemos considerar que opera por mecanismos
económicos; por otro lado, la acumulación primitiva que, según
Marx, precede a la acumulación ampliada y que consiste en la
apropiación, casi siempre ilegal y violenta, y siempre con recurso
la mecanismos extraeconómicos (políticos coercitivos), de la tierra,
de los recursos naturales y de la fuerza de trabajo necesarios para
sostener la reproducción ampliada (SOUSA SANTOS, 2010, p. 57-
58).
De hecho, son dos formas de acumulación que determina
la relación actual entre la nación y el imperialismo. Concuerdo
con de Sousa Santos, ya que se trata de un imperialismo
dominador, en el caso brasileño una tarea incumplida de
acumulación primitiva. Es decir, se trata de un motor que impele
el control de la tierra, del agua dulce, de la biodiversidad, de los
recursos naturales y de los territorios como modos de vida. Eso se
realiza por medio de intimidaciones, de fake news, del aumento de
militares en las calles, con sus truculencias amenazadoras. Es
decir, de todo un sistema represivo y formas coercitivas para
fragilizar las luchas de los movimientos sociales.
De este modo, los grupos de tendencia fascistas sostienen
una democracia fragilizada, representativa del capital y sin
capacidad para promocionar vida digna a las personas de baja
renta, que es la mayoría en el país; por lo tanto, el país está siendo
gobernado para pocos.
La tercera dimensión –Lo hegemónico y lo contrahegemónico-
que en parte ya ha sido discutida aquí. Existe una política en
curso, en donde la hegemonía del capital es sostenida a través de
la reproducción y sustentación de las sociedades capitalistas que
siguen excluyendo, aún hoy día, las mujeres, los negros, los
indígenas, los sin-tierra, los sin techos y todos los demás grupos
humanos que viven en el margen de la sociedad.
197
En la última dimensión –El debate civilizatorio– Sousa
Santos subraya el debate civilizatorio que se manifiesta a través de
algunas dualidades como:
198
nuevos conocimientos. En otras palabras, eso va más allá, pues ese
proceso de concientización y su práctica está estrechamente ligado
con la relación que el sujeto tiene con el mundo. Entonces, la
transformación de la realidad solamente se dará a partir de la
transformación de su conciencia. Para Freire (1982), “la conciencia
de sí de los seres humanos implica en la conciencia das cosas, de
la realidad concreta en que se encuentran como seres históricos y
que ellos aprenden a través de su habilidad cognoscitiva”
(FREIRE, 1982, p. 144).
Ese cambio solamente podrá ocurrir cuando los sujetos
conseguirán alcanzar el nivel de su relación con el mundo y sentir
que ese mundo no refleja lo que uno comprende del mundo.
Evidentemente, cada uno tiene su propia realidad, pero que la
niega por sus condiciones de vida. Por eso, cada uno tiene en la
mente el tipo de sociedad que desea, la vida que aspira vivir y,
entonces, lucha a través de su organización colectiva hacia la
transformación de esa realidad.
Los movimientos sociales han pasado, a lo largo de los
años, estudiando Paulo Freire y otros autores, con el fin de
asesorar a los líderes volcados a luchar por la tierra: indígenas,
MST y, más tarde, los quilombolas. Poco a poco, la situación fue
cambiando y las luchas se han intensificado en la búsqueda de la
conquista de tierras para sobrevivir y, así, conseguir evitar de ser
explotados por los sistemas opresores del capital.
Sin embargo, esas luchas deparan aún barreras represoras,
o sea, muy violentas. Los pueblos indígenas han tenido diversas
conquistas en la recuperación de algunos de sus territorios, que en
el pasado habían sido invadidos. En la actualidad, el MST ha
ocupado algunas tierras y los quilombolas han obtenido éxito al
reivindicar para sí algunos de sus antiguos territorios. Todavía,
esas luchas han estimulado a la organización de sectores
económicos predominantes en la sociedad capitalista – los
grandes empresarios y el agro-negocio. Ante el peligro de
amenaza, ellos empezaran un golpe para destruir derechos
conquistados en la Constitución Nacional.
Para el movimiento de los terratenientes (agro-negocio), la
tierra tiene sostiene el sentido del capital, de crecimiento
financiero, de producción de riqueza del país (en vistas a algunas
personas apenas), inversión y producción en gran escala. Eso
genera el retorno de la esclavitud de las personas y su
empobrecimiento.
199
En el momento, está en curso en el país, desde 2014, un
golpe rumbo a una dictadura velada, quizá peor de lo ha sido
golpe militar de 1964. Ella está llena de artimañas y engaños. La
población más pobre todavía no se ha dado cuenta y no ha creído
que se trataba de una trama contra ella misma, pues había una
elite por detrás de todo ese proceso de transformación de la
economía brasileña. Actualmente, ese golpe intenta aún la
simpatía de esa misma población con mentiras –a través de fake
news– con el fin de fortalecerse y seguir contando con la
ignorancia de lo pueblo.
Tal perspicacia del golpe es cruel, porque ha diseminado el
odio de la población en contra de la clase obrera, en especial del
funcionamiento de los organismos públicos, en contra de las
universidades públicas y en especial en contra de los pueblos
indígenas, quilombolas, MST y otros grupos que siguen la lucha
por reconocimiento de sus identidades. La democracia brasileña
está gravemente enferma y con sus días contados para morirse de
una vez. Hay una enorme dificultad de que otras voces puedan se
manifestaren sin poner sus vidas en riesgo. Aun así, los pueblos
indígenas siguen con otra lógica, o sea, la de reconocer la tierra y
de relacionarse con ella.
Así hemos conseguido tratar asuntos ligados a la tierra
desde el punto de vista del capital. Por una parte, la tierra
representa el elemento agregador para la acumulación de riqueza
de unos pocos, lo que representa la muerte de la mayoría de los
sobrevivientes, sean ellos los humanos, la flora o la fauna. Por otra
parte, la otra versión de la tierra, que agrega la vida, algo mucho
más de que simple tierra, pues el territorio es donde la vida se
pone nítida y se hace presente en el vivir.
200
hecho de ser diferente de los demás seres vivos. Todos deben
respetar a todos los vivientes que dependen de ella para vivir.
El intelectual mapuche Ramón Curivil Paillavil (2009) subraya
que es la tierra, para el pueblo Mapuche, lo que muestra el mismo
sentimiento de los A’uwẽ uptabi, de los Apiãwa – conocidos como
Tapirapé –, de los Iny – conocidos como Karaja –, de los Boe –
conocidos como Bororo –, de los Guarani y Kaiowá y de otros
diferentes pueblos que he tenido ya la gratitud de convivir. Para
los Mapuche, la tierra:
201
son visibles. La totalidad de los seres que hacen parte de la vida y
también a los dueños de las cosas, o sea, dueños de los animales,
de las florestas, del Cerrado.119 Al final, a los dueños que no se los
visualiza, pero que están presentes y merecen el respeto. Por
ejemplo, la solicitud de licencia al pedir a un árbol para hacer un
abrigo o casa; o, entonces, para matar un animal para alimentar a
quién tiene hambre, y así por delante. Todo eso con la anuencia de
los dueños das cosas, sin desperdicios, sino solamente para tener
lo suficiente para vivir. El territorio es el lugar sagrado de la
resistencia de todos los pueblos y, además, de todos los modos de
vida. En ella se busca la fuerza de la lucha para alzar la vida a un
modo digno de vivirla.
América Latina como un todo acoge una pluriculturalidad de
pueblos que exigen un diálogo intercultural entre ellos.
Conocida y admirada es América Latina por su diversidad
cultural. Un legado de humanidad que, junto con la riqueza
natural propia de sus vastos territorios, ha inspirado la obra de
notables artistas y científicos (SEGURA, 2017, p. 234).
Ese respeto es reconocido, un sentimiento que asola a los
intelectuales artistas y de otras áreas. A partir de eso, son muchos
anuncios y denuncias en torno a los abusos y violencias en contra
las personas que viven con baja renta y de los pueblos que viven
de la subsistencia de la tierra y dependen del territorio para vivir.
Se hace necesario reconocer que la educación es el enlace para esa
vida, porque es parte integrante de ella. Entiendo que educar no
está limitado al espacio geográfico de la escolarización y tampoco
sea papel solamente de ella. Pero ella aparece en los contextos de
las prácticas sociales en donde viven las personas con sus grupos
de pertenencia y, además, va alargando para otros conocimientos
en el sentido de la búsqueda de una interculturalidad. La
interculturalidad no se define o se conceptualiza, pues– y
concordando con la comprensión de Michelle Becka – la
119 Se trata del segundo mayor bioma de América del Sur. Cerrado es un área
fito- y biogeográfica de Brasil – e incluso de otros países como Bolivia y
Paraguay –, caracterizado principalmente por el bioma savana. En este espacio,
nacen tres de las mayores bacías hidrográficas de América de Sur:
Amazónica/Tocantins, San Francisco y Plata). Nota do traductor.
202
las cosas y el actuar. Por eso me parece importante la formación de
esa actitud de sensibilidad y atención (BECKA, 2017, p. 64).
203
ciudadanas que tengan sus derechos realmente reconocidos;
personas que no solamente aparecen en los registros de la
legislación brasileña, pero que hoy día no son respetadas. Los
actuales senadores, diputados e, incluso, el Presidente, no
reconocen la Constitución Federal de 1988 como una conquista de
los derechos de las personas. Ellos se esfuerzan por arrendarla con
la finalidad de legalizar las atrocidades propuestas para los
pueblos indígenas y para los usos de los sus territorios.
204
las tierras, la vegetación y todas las formas de vida brasileña están
en peligro, clamando por socorro. Todavía, el apetito por
ganancias de concentración de la riqueza hace con que las voces
de quienes grita sean, de una forma o de otra, silenciadas.
Lo que queda es una permanente lucha por la agricultura
familiar, por la ampliación de las tierras indígenas y quilombolas,
con su adecuada comprensión de la dimensión que el territorio
representa; una lucha por reforma agraria que respete la
naturaleza, que produzca lo suficiente para alimentar las gentes
de Brasil. Además, que sea reconocida en las políticas públicas
para que puedan conseguir financiación de modo justo y que los
productos se tornen accesibles y lleguen a todas las mesas. Para
tanto, deseamos que la Filosofía indígena pueda estar en los
currículos de las escuelas y universidades para un estudio y una
esperanza verdadera. ¡Que ella pueda cambiar el pensamiento
individual para una vida colectiva del bien vivir! En razón de eso,
termino ese texto tomando prestado la nota que Paulo Freire hace
de un educador alfabetizador del MST. Por ser un relato no daré
destaque en el texto y simplemente decirlo así:
Un día por la fuerza de nuestro trabajo y de nuestra lucha,
cortaremos los alambres de espinos de las grandes propiedades y
entramos en ellas; mientras tanto, al llegar ahí, pronto se descubre
que existen otros alambres de espinos, como los alambres de
nuestra ignorancia. Entonces, en este momento yo percibo, en
aquel momento, que, cuanto más ignorantes, más inocentes
hemos sido ante el mundo. Esa situación es todavía la mejor para
los dueños del mundo, y cuanto más sabios, en los sentidos de
conocer, tanto más temerosos se quedarán los dueños del mundo
(FREIRE, 2013, p. 249).
En efecto, cuanto más temerosos se quedan los “dueños
del mundo”, más voluntad de matar ellos tendrán. El odio a las
universidades se justifica porque, a través de las lecturas,
investigaciones y enseñanza, las personas van percibiendo que
están envueltas por cercas de alambres con espinas y van a buscar
estrategias para cortarlas. Los estudios son herramienta para
cortarlas. O sea, los conocimientos científicos, las pesquisas que
promocionan la descubierta de nuevos conocimientos y
procedimientos metodológicos conducen a caminos alternativos
para la búsqueda del bien vivir del país. De las relaciones más
humanas y del deseo de celebrar la colectividad imparte la
búsqueda por medios que se articulan y garantice más vida digna
a las personas que no tienen donde residir ni cómo alimentarse,
205
pues luchan día tras día por un plato de comida. Mientras tanto,
algunas pocas personas viven del despilfarro y de la ignorancia de
construir más vallas y alambres que imposibilitan la continuidad
de la vida del planeta tierra.
Referencias
206
Un café filosófico post-dictaduras:
Con el fin de pensar otra vez
lo que ya hemos pensado
Jovino Pizzi
207
denominado post-dictaduras; 2. En segundo lugar se trata de
hablar sobre el hambre voraz de oro y la desproporcionalidad
material de los bienes; 3. Un tercer aspecto refiere al intento de
señalar el nuevo status de las religiones, una formula inspirada en
el personaje bíblico de Jebez; 4. En cuarto lugar, la cuestión refiere
al Overlaping Malicious, una especie de virus que contamina
malignamente la sociedad; 5. El quinto punto trata de rediscutir el
papel del intelectual frente a las idiosincrasias de una sociedad
que podríamos denominar como una sociedad enferma.
208
optimismo frente a la redemocratización se tradujo, entonces, en
apatía y descreencia general. Las incertidumbres vienen del mal
estar ante las expectativas más saludables, disminuyendo la
esperanza de una convivencia equitativa y de una hospitalidad
garantizadora de convivialidad saludable.
Al admitir la continuidad, es posible entender que las
dictaduras siguen persistiendo hasta hoy día. A lo mejor, en el
mejor de los casos, podríamos señalar que han cambiado de
ropaje. Con un aire ufano, los militares han sido reemplazados del
poder, pero sin, todavía, retirarse del poder. De hecho, ellos han
permanecido en sectores importantes de la política, de la
economía y en determinadas instituciones o instancias del poder,
interviniendo en muchas decisiones que atañen al país en su
conjunto. Además de mantener privilegios, siguen manteniendo
bajo control sectores estratégicos, ya sea en el campo de la
información, de la propaganda, de la estrategia territorial, en la
economía, en algunos ministerios, entre otros sectores. En buena
medida, se podría señalar que la democracia ha sido una de las
características esenciales de las post-dictaduras que ha mantenido
una democracia bajo control, con lo cual los militares constituirán
un grupo con significativa influencia.
La Constitución brasileña de 1988 constituye un caso
emblemático. Ha sido alabada por su “carácter social”,
principalmente relacionado con los derechos sociales de las
personas, en la búsqueda de equidad y de la garantía del bien
estar de todos los ciudadanos. De hecho, si uno analiza y estudia
el texto constitucional, puede observar e identificar una serie de
derechos sociales, en distintas áreas. En este sentido, no existen
precedentes de una Constitución del país con tantas indicaciones
de este carácter social. Además, las interpretaciones y la exaltación
de sus calidades sociales han sido motivo de debates,
divulgaciones, marketing y otras formas de enunciaciones
públicas.
Los resultados de sus 30 años de vigencia indican una
situación plegada de controversias. Si, por un lado, la
Constitución del 1988 fue ovacionada por su carácter “social”, por
otro, eso se transformó en una gran mentira pues la concentración
de la riqueza y de la renta no dejó de aumentar. En otras palabras,
los niveles de desigualdad se han incrementado con lo que
determinados grupos han conseguido ganancias abrumadoras
entre los que cabe mencionar a terratenientes, grupos
inmobiliarios, ejecutivos, sindicalistas, agentes públicos de
209
distintos niveles, profesores universitarios, militares y jueces. Sus
sueldos son superiores a ocho o diez mil dólares. Entonces, si la
renta media de las familias brasileñas ha sido de 1.268 reales
mensuales (o sea, en torno a $310 dólares)121, ese pequeño grupo
privilegiado cobra y vive con una renta 30 veces superior a la gran
mayoría de las personas.
Otro caso llamativo se relaciona a la bancada BBB. Aunque
resulte peyorativo, estos grupos se encuentran ligados a la biblia,
al buey (ruralistas) y a la bala (industria armamentista) y poseen
una influencia importante en el Congreso nacional brasileño. De
los actuales 513 diputados, 223 se declaran pertenecientes al BBB,
defendiendo un programa neoconservador – lo que significa
también neoliberal – e insistiendo en la utilización de la violencia
y de las amenazas para sembrar el miedo. Con un discurso de
carácter religioso y/o secular califican a los grupos como amigos o
enemigos, considerando como enemigos a quienes se oponen a
sus propios intereses. Es decir, para ellos cualquier disidencia
debería ser tratada como oposición radical; en este sentido, las
contiendas debieran ser resueltas a través de la amenaza, la
intimidación, la fuerza y, en casos extremos, la destrucción o
muerte.
Ahora, por fuerza de los lobbies de esos grupos –y de otros
también– se están cambiando los derechos laborales, las
jubilaciones, entre otros aspectos relevantes para la nación. Referir
al cambio significa otra forma de referir a la eliminación de esos
derechos. Así, es posible comprender que estos sectores o grupos
sociales siguen una tradición dictatorial, o sea, de “mano dura”.
Aunque el carácter de la Constitución brasileña post-
dictadura esté presente en el texto, en la práctica, eso no pasa de
una ilusión o, por lo menos, de un cuento que ha alimentado las
perspectivas y esperanzas de mucha gente. Los datos indican que
la concentración de la renta y de la riqueza en manos de pocos
sigue incrementándose. En este sentido, han sido períodos en que
se ha consolidado el necropoder, es decir, un poder que considera
la dominación de pequeños grupos que comandan y se proyectan
como los dueños de la vida de todos los demás.
De este modo, sectores importantes de la sociedad y de
entidades gubernamentales siguen bajo el mando de grupos
influyentes, entre los cuales se encuentran los militares. En estos
210
días una parte importante de los diputados y agentes de otras
actividades administrativas – incluso el actual presidente y
vicepresidente – provienen de una carrera militar, ex-militar o
bien son representantes de la industria bélica. Sin duda, ellos han
aprendido a manejarse en áreas claves de la economía,
principalmente relacionadas con las riquezas naturales, sin
olvidarse de garantizar sus propios privilegios. El control belicoso
sigue siendo, pues, un instrumento importante para la
manutención de una sociedad estratificada y para la
determinación de las políticas del país.
211
tecnocracia ha desarrollado y ampliado, de forma extraordinaria
el “poder de las elites”. De este modo, la injerencia sobre la
política ha reducido y, en el fondo, ha mermado las posibilidades
de un Estado democrático de derecho. Las tomas de decisiones,
entonces, obedecen las orientaciones de grupos relativamente
restrictos que dominan “las rentas más elevadas” y, por eso, esos
ricos no trabajan (Piketty, 2014).
A través de esos medios, las clases dirigentes se basan en
todas las maniobras para domar a la población y, a través de
diferentes medios, pretenden justificar el statu quo. La perspectiva
de una “auto-desintegración del núcleo social” revela un
fenómeno vinculado al “crecimiento de sistemas mega-técnicos” y
se manifiesta en la “autonomización del gobierno frente al mundo
de la vida” y en la “disipación de la personalidad humana”
(Honneth, 2011, p. 131). Aunque tal percepción esté ligada a un
análisis infructuoso, el contexto vivencial se mueve desde
antinomias contrapuestas. Por un lado, el sistema se articula y
alimenta en un ideal optimista y esperanzador frente a los avances
de las ciencias y en relación a las perspectivas de vida y del bien
vivir, pero; por otro, el aumento de la autonomización de los
poderes sistémicos, aísla aún a más la gente, individualizando los
deseos y los estilos de vida.
En este sentido, los hechos son emblemáticos. El proceso de
impeachment de Dilma Rousseff (2016), tenía un lema: ¡Adiós
querida! A lo que yo añadiría: democracia. En aquel momento, me
di cuenta de los equívocos en los análisis, pues el proceso de
redemocratización había generado un espíritu promisor para la
sociedad. Este espíritu significó el abandono de los análisis más
profundos del período post-dictadura. Si, por un lado, la
tendencia apuntaba hacia una sociedad más justa, por otro, los
ideales de la dictadura permanecían vivos a través del
fortalecimiento de grupos ligados a esta mano dura. En este caso,
el rol de los militares fue – y es– decisivo. Interesados en destituir
a Dilma, ellos se valieron del argumento de que ella, durante el
régimen militar, era perteneciente a un grupo radical de
izquierda.
Considerando los elementos mencionados suena plausible
la afirmación de una posible continuidad de las dictaduras. En
otras palabras, no son dos períodos distintos, porque muchos
sectores e instituciones no han abandonado los procedimientos
típicos del período militar-dictatorial de los años 60, 70 y 80. Sin
duda, los mecanismos de control y de gobernabilidad mantienen
212
muchas estrategias típicas de la dictadura y sus principios siguen
las orientaciones del control ideológico de la sociedad, tal como
eran en tiempos más sangrientos.
Ese modelo sobrevive cuando existe una liberalización en
todas las esferas de la vida social: salud, educación, servicios,
recursos naturales, mercado externo, etc., es decir, cuando existe
una minimización del Estado. En el caso brasileño, eso significa
un desmoronamiento de los programas y derechos sociales, de las
leyes laborales, etc. Al final, lo que importa es preservar el sistema
privado, no solo de las propiedades, sino también de los recursos
y de sus ventajas. En este sentido, la teología de la prosperidad
cumplirá un rol importante.
122Se trata del libro The Prayer of Jabez: Breaking Through to the Blessed Life,
(Multnomah Books, 2000). La traducción brasileña es del 2004, con el título A
Oração de Jabez. Alcançando a Benção de Deus (Série Novos Horizontes).
213
utilizan espacios académicos o escolares para una catequesis sin
partido. Se trata de diseminar el rechazo a cualquier intento o
preocupación con el ámbito social porque la salvación, la felicidad
y el bien estar, son una cuestión meramente individual. En este
sentido, para ellos “lo nuevo” significa un peligro. Por eso, no
existen los derechos sociales y por eso mismo lo mejor que uno
puede hacer es asumir ese dogmatismo unilateral frente a las
innovaciones.
Lo expuesto sostiene un cambio en “el horizonte de la
modernidad” (Habermas, 1990, p. 11). La nueva disposición de las
justificativas mítico-narrativas ha dado, al sujeto coautor, una
responsabilidad importante por sus acciones. Con tal
responsabilidad, los recursos del pensamiento post-metafísico han
dado un nuevo carácter a los contenidos semánticos de las
tradiciones. De hecho, la perspectiva pluralista se basa en un tipo
de fundamentación pragmático-discursiva. Por eso, no existe más
lugar para “una ética confesional-religiosa o, entonces, confesional-
laico” (Cortina, 1998, p. 115).
Ese sería el ideal de la una modernidad pluralista y secular.
Sin embargo, los tiempos actuales revelan otra cara de la moneda
que no resulta tan optimista. Las reacciones indican que las
perspectivas éticas favorables a los derechos de las gentes se
enfrentan a grupos volcados apenas a intereses inmediatistas. O
sea, parece que los grupos ligados a las maldades consiguen
resultados más contundentes. Si la banalidad del mal ha sido una
de las contribuciones de Hannah Arend, tendríamos ahora que
estudiar también la banalidad del bien. Intentaremos diseñar eso a
través de la noción de overlaping malicius, un retrovirus que
contamina la convivialidad.
214
penumbra para articularse a través de diferentes actividades y
organizaciones.
La diseminación de esa cultura representa una
radicalización, a punto de banalizar el bien. Esa tendencia realza
el peligro en torno a los derechos sociales, o sea, que las luchas
por los derechos no pasan de una banalidad. De este modo, existe
no solo un rechazo a las conquistas sociales, pues se trata de un
movimiento que modifica la legislación con el fin de eliminar lo
que representa el orden social justo y la dignidad a todas las
personas. De ahí, entonces, el intento de formar pactos entre los
grupos y organizaciones con características despóticas, con
inclinación a la tiranía.
El eje central está en transformar las organizaciones e
instituciones en abrigo para grupos bajo la idea de un overlapping
malicious. Su carácter defiende reglas o principios de una
parroquialidad monolingüista, suponiendo un consensus en contra
de los derechos sociales. En los últimos años, esos grupos o
asociaciones se presentan públicamente, insistiendo en la
criminalización de los derechos sociales, movimientos
reivindicativos – sea por justicia social o por la lucha por una
ecología sostenible –, excluyendo a grupos étnicos y sociales,
ideológicos o políticos. Ellos defienden la proliferación de las
armas a través de un Estado militarista, siempre volcados a
realzar a dictadores y su modus operandi. Su creencia se basa en la
idea de limpieza, o sea, de quitar la suciedad o inmundicia
relacionada con los principios y valores sociales.
Erich Fromm habla de necrofilia, manifiesta a través del
síndrome de deterioración (1983, p. 39). Es decir, se trata de un
proceso degenerativo asociado a una tendencia despreciativa de la
vida. Al generar inseguridad y miedo, el síndrome altera la
noción de normalidad, provocando cada vez más desorden; en
consecuencia, se embarga la idea de convivencia social.
Más allá de Fromm, deseamos insistir en un retrovirus que
afecta la convivialidad social. En principio, se trataría de una
parodia frente al Overlapping Consensus de John Rawls. Sin
embargo, el pacto entre grupos mafiosos sabe formar una especie
de consenso y utilizarse del Estado de Derecho y de algunas
instituciones para diseminar una ética del mal. En portugués, se
podría hacer mención a una confraria dos capetas (traducida al
español como la hermandad de los diablos encarnados). Ese
movimiento congrega, entonces, a los partidarios de una ética del
mal, formando hermandades de príncipes, enemigos de los derechos
215
sociales. Al final, ellos rechazan la felicidad y el bien estar social,
diseminando el odio y la agresividad entre las personas. Sus
valores nacen de una mala voluntad frente a los que luchan por
justicia, hospitalidad y el bien estar social.
Por eso, lo que parecía sostener el motor y garantizar la
esperanza de un nuevo mundo necesario parece desmantelarse
ante el asedio de grupos u organizaciones del mal. Aunque una
ética de bien suene como necesaria, la tendencia al mal desplaza el
telos de una convivencia hospitalaria y saludable. Por cierto, “el
mal siempre estará con nosotros” (Ortiz-Osés, p. 124). La
simbología del mal supone el factum de pensarlo ante el bien, para
entonces reconocer las dos caras de una misma moneda. Mientras
tanto, resulta imprescindible también discutir cuál de las dos
caras asume una preeminencia que conlleve a desplazar a la otra.
Por eso, hoy en día la forma se presenta como el retrovirus
malicious. Esa inclinación maligna aparece cargada de trueques,
tanto en el campo económico como en el ámbito político,
académico, social, cultural, entre otros. Sus manifestaciones
aparentan ventajas generando un estado mórbido hacia “honores,
recompensas y favores a todos los niveles” (Cortina, p. 14). Sin
embargo, se trata de una enfermedad que va degenerando los
vínculos sociales y las posibilidades de una convivencia
saludable.
Las manifestaciones del retrovirus se desarrollan en
distintas áreas de la vida social. Por ejemplo, en el campo de la
genética, se trataría de células malignas; en el área de la
computación se referirán a virus que contaminan los programas
informáticos. Cuando se relacionan a la convivencia social, se
vinculan a grupos y organizaciones que corrompen la convivencia
y la hospitalidad entre las personas. Así, las relaciones sociales
pasan a ser comandadas por “las mafias económicas y políticas,
de periodistas y de jueces, de sindicatos y de académicos, de
narcotraficantes y de terroristas sin entrañas, de paramilitares y
gobiernos” (Cortina, 1998, p. 15). A partir de sus distintos
intereses, esos grupos pasan a formar la entidad del consenso
malicious en un intento despótico de contaminar negativamente la
convivencia social. Al final, prolifera “un pueblo de demonios”
(Cortina, 1998) o, a lo mejor, un diseminarse del retrovirus
malicious con base en un hipotético consenso entre los distintos
grupos y organizaciones que debilitan la convivialidad.
Evidentemente, la recepción en los distintos países o grupos
presenta diferencias significativas. En general, las confrontaciones
216
trataban de señalar los límites y alcances de las cuestiones
normativas o de la normatividad como tal. Sin embargo, nuestro
tiempo exige la comprensión de nuevas versiones. O sea, el
ambiente social y la cultura de la violencia han promocionado la
emergencia de grupos ligados a las maldades.
De ahí que el hecho de que contaminar la convivialidad
profundice la sensación de miedo, inseguridad e incertidumbre,
aislando las personas. Su poder es tan fuerte al punto de retraer
las personas, rechazando todos los intentos de solución. Ante
estas debilidades, el virus encuentra un campo fértil para
contaminar la convivencia social, multiplicándose a través de
brotes en distintas instancias de la vida social. Sus diversas
ramificaciones se transforman, entonces en células malignas como
si fueran una encarnación del mal. La índole está ligada siempre a
la expresión patológica de maldad, una forma pasional e
impetuosa de atacar todo lo que sea saludable.
217
En este sentido, la crítica social no puede vincularse a
oportunistas de turno. Más detalladamente, hoy día parece que
proliferan gurús de todos tipos. La idea de gurúseimas viene de la
composición de palabras, del castellano gurú + golosinas; pero
cambiando el substantivo ‘golo’ por gurú se consigue la palabra
gurúseimas (en portugués), lo equivalente a gúrusinas en
castellano. Se trata, pues, de alimentar un apetito voraz, sin
criterios y relacionado a todo lo que esté ligado a la
mercadotécnica, es decir, productos que seducen, pero
simplemente disimulan el hambre. En el fondo, son tipos de
“alimentos” sin consistencia y que seducen con halagos y
mentiras. O sea, se trataría en “productos” y mercancías basadas
en el engaño. Al disfrutar de la gulosidad, los individuos pierden
su autonomía y se entregan a una cultura superficial. Es decir, se
vuelven “estúpidos”, como dice Nicholas Carr (2011), en su
análisis sobre la interferencia de internet en la vida de las
personas, principalmente en relación a la optimización de la
superficialidad.
Estos gurúseimas no respetan las necesidades ni los
problemas sociales. Se creen los perfectos, tratando los demás
como seres manipulables. Por algunos, son considerados como
héroes que luchan para obtener un protagonismo sin precedentes.
Son personajes de todos tipos y áreas, seduciendo a través de
recetas extravagantes pero que, al final, tratan de controlar las
acciones de las gentes. El adoctrinamiento se transforma en
principio en una tarea volcada a “vender” lo que sea para
conseguir éxitos quiméricos.
De ahí se entiende la cantidad de opiniones que invaden los
medios y redes. A través de ellas, mentores (del tipo especialistas)
dan informaciones y orientan sobre lo que podría ser mejor o peor
para cada uno y para la sociedad en su conjunto. Ellos aparecen
travestidos de maestros o guías con recetas para todo lo que uno
puede pensar o soñar. Su argumentación se acerca a un tipo de
persuasión que “impone un modelo de praxis, un esquema de
necesidades o un síndrome de posturas” (Honneth, 2011, p. 202).
Al final, pareciera que sus recetas no permiten otra alternativa,
sino la sumisión a sus pronósticos.
La sumisión supone neutralidad, entonces, el resultado será
un saber transformado en búsqueda de ventajas individuales, de
modo que los que no están de acuerdo sean tratados como
nefastos. En este sentido, el intelectual no investiga, pues reduce
su labor a combatir a los que se van en contra a las
218
presuposiciones o intereses de los grupos dominantes. Al final, se
trata de calificar y eliminar a los contrincantes, o sea, de
transformarlos en inútiles y, así, hacerlos desaparecer.
En el sentido auténtico, el intelectual es parte de la sociedad;
y nunca una mónada solipsista. Su labor se hace parte de la
sociedad y su trabajo está presente en el proceso histórico de su
tiempo. En este sentido, más que crisis, el intelectual revela el
diagnóstico de su tiempo, al tiempo que se preocupa con los
cambios de la vida social. Al tener presente su horizonte
específico – su talante de expert – él se acerca también a las
exigencias de una vida social ligada a la convivialidad. Las
variaciones indican también retrocesos, una idea opuesta al
progreso que refiere más bien a un linear e ir hacia adelante. Por
cierto, el cuadro general de las mudanzas supone el paso de un
estadio al otro, pero no necesariamente a partir de una linealidad.
Las oscilaciones son, por tanto, una de las características
fundamentales de las transformaciones sociales.
El diagnóstico de crisis pone en evidencia las deformaciones
de la vida individual y/o social, con lo cual las neurosis y las
patologías exigen también tratamientos adecuados. Entre otras
cuestiones, la indagación sobre ¿cómo los intelectuales pueden
confiar en encontrar alternativas saludables a las supuestas
experiencias patológicamente deformadas? En otras palabras, las
experiencias de sufrimiento y de mal estar son síntomas de una
patología social, pero “ningún individuo puede evitar verse
menoscabado o ser descrito como menoscabado por las
consecuencias de la deformación de la razón” (Honneth, 2011, p.
47).
Para Honneth, el sufrimiento social está relacionado a la
patología de la razón. A partir de la noción de patología del
filósofo alemán, hemos creado y estamos tratando de consolidar el
Observatorio Global de Patologías Sociales. Se trata de un proyecto de
la Universidad Federal de Pelotas, que se ubica al sur de Brasil,
que nace con la finalidad de “calificar investigadores” de filosofía
y de salud para estudiar las evidencias clínicas, epidemiológicas y
manifestaciones de las patologías sociales.123 El intento exige una
prospección volcada a identificar situaciones de sufrimiento, al
tiempo que supone también alternativas saludables. En este caso,
se suponen niveles distintos pues las patologías sociales están
relacionadas no solamente al individuo como tal, sino también a
219
un estilo de vida que no reacciona al sufrimiento o que reacciona
violentamente.
Entonces, para poder repensar nuestros días y seguir con el
café filosófico, el Observatorio Global de Patologías Sociales
constituye un desafío. No se trata de una novedad como tal, sino
de la idea de poder sumarse a otros grupos e instituciones de
investigación para, entonces, poder pesquisar no solamente las
patologías sociales, sino también de poder identificar soluciones
que puedan contribuir a la convivialidad social. Ese sería el mayor
desafío, de modo que pueda comprenderse el futuro como una
posibilidad de un convivir más saludable entre humanos, no
humanos y la naturaleza.
Referencias
220
Sugerencias de la democracia ecomunitarista
para las revueltas populares actuales en
América del Sur
221
tampoco la preservación-regeneración de un medio ambiente
sano; por eso el pueblo quiere ahora decidir directamente sobre
esos y otros temas vitales.
Capítulo aparte merece el levante derechista en Bolivia, que
derribó a Evo Morales. En ese caso la intensa movilización fue
orquestada desde los EEUU y articulada con la derecha racista (en
especial la de Santa Cruz), empecinados en retornar a la receta
neoliberal y blanca-supremacista que el estado Plurinacional
estaba dejando atrás, por lo menos en parte. Y acotamos esto
último pues Morales no fue coherente con una propuesta que
reivindicara el “buen vivir” de las comunidades indígenas
respetuosas de la Pacha Mama, lo que lo llevó a enemistarse con
vastos sectores de los movimientos sociales (indígenas,
campesinos, y obreros), facilitándole la vida a los golpistas, que
lograron la victoria cuando pusieron a la Policía y a las Fuerzas
Armadas de su parte (ver López Velasco 2016). En relación a esto
último resulta de una ingenuidad poco creíble el hecho de que,
tras trece años de Gobierno, Morales no hubiera asegurado la
fidelidad de los cuerpos armados al proyecto del Estado
Plurinacional, renovando completamente a los mandos y a la
doctrina de formación de dichos aparatos. En los momentos en los
que escribimos estas líneas los movimientos sociales en Bolivia
luchan para retomar y mejorar ese proyecto, al que pretenden
orientar hacia el poscapitalismo (en óptica que deseamos sea la
del socialismo ecomunitarista). Esperando aportar nuestro grano
de arena a las propuestas innovadoras que todos los pueblos aquí
mencionados están buscando, avanzamos algunas ideas que
podrían ayudarnos y ayudarlos a definir el rumbo.
222
argumentativamente a lo largo de la Historia (ver López Velasco
2003, 2009).
Entendemos inicialmente a la democracia como Abraham
Lincoln, a saber, como el gobierno del pueblo, por el pueblo y
para el pueblo. Ahora bien, ese “pueblo” (cuya conformación
precisa habremos de analizar) está constituido, según todos los
autores, por ciudadanos; y si algunos presuponen una progresiva
formación de los mismos en el espíritu democrático, nosotros, por
nuestra parte, proclamamos directamente que la democracia
necesita para hacerse realidad de ciudadanos que co-elaboren y
encarnen en su día a día la ética que fundamenta ese régimen
político (así como el Che entendió que el socialismo, siendo
asunto esencialmente de conciencia, necesitaba para su desarrollo
la emergencia del “Hombre Nuevo” forjado y practicante en/de
actitudes poscapitalistas).
223
ellas dimensiones humanas que irán siendo progresiva y
pacíficamente abolidas en el proceso histórico de desalienación
religiosa y profana). Esa dinámica cotidiana obedece a la
aplicación diaria de las dos primeras normas fundamentales de la
ética, y sólo no pueden ser violadas en esos acuerdos las tres
normas fundamentales de la ética, y otras que la comunidad eleve
voluntariamente a ese nivel. En ese contexto, como es lógico, reina
como forma política predominante la democracia directa, en la
que cada miembro de la comunidad participa junto a los otros en
la toma de decisiones de todos los asuntos en debate.
Los medios informáticos y la internet permiten que esa
dinámica abarque desde lo local hasta lo planetario, pues es fácil
imaginar, cómo usando esos medios, cada ciudadano se informa,
pregunta, interactúa en libres debates haciendo oír su opinión, y,
finalmente, cuando se juzgue prudente el tiempo invertido, se
proceda a decidir (idealmente mediante un consenso unánime,
siguiendo la costumbre de las comunidades indígenas bolivianas,
y en último caso, si no hubiera más remedio, mediante el voto de
mayorías); pero, nótese que, en este último caso, así como en los
de consenso unánime, toda decisión será siempre provisoria, y
podrá ser, en cualquier momento, cuestionada
argumentativamente y rediscutida convenientemente, para llegar
a una nueva decisión; y así sucesivamente. Esa dinámica de
democracia directa (que amplía las experiencias ya habidas, por
ejemplo, en Suiza y en algunos países de A. Latina) abarca desde
temas locales hasta asuntos planetarios. En el nivel local es fácil
imaginar a cada vecindario, barrio, distrito y/o municipio
resolver de esa manera cuestiones relativas, por ejemplo, a la
pavimentación de las calles, recogida (para reutilización y
reciclaje, como lo exige la tercera norma de la ética) de los
residuos, el tipo de arborización que se adoptará, el
funcionamiento cotidiano de los centros de salud, educativos,
deportivos, culturales o de esparcimiento situados en la localidad,
y el funcionamiento del transporte en sus dominios, así como
velar por y realizar las actividades de tribunales y de
seguridad/defensa que por ventura se juzguen necesarias
(recordando que el ecomunitarismo postula el fin de los órganos
profesionales de policía y de los ejércitos, así como el fin de las
cárceles y reformatorios). Como se ve, en esa dinámica queda
superada la división liberal-burguesa entre las instancias
ejecutivas, legislativas y judiciales, pues al tiempo en que los CRC
prevalecen ante cualquier norma exógena, la ciudadanía unida
224
resuelve por igual cuestiones que tienen que ver con las
potestades legislativas y ejecutivas, y, por lo menos, algunas
judiciales. Ahora la convivencia comunitaria local se articula
sucesivamente con la ciudadanía regional, nacional (mientras
existan países) y planetaria. De ahí que postulemos que a través
de los medios ofrecidos por internet esa mecánica de
información-discusión-decisión directa se extienda también hacia
esos otros contextos, en los que es fácil imaginar como temas,
entre otros, la elaboración y gestión de planes productivos para
atender a todas las necesidades (consideradas legítimas a la luz de
las tres normas éticas fundamentales), la duración de la jornada
productiva y la aplicación concreta del principio que reza “de
cada uno según su capacidad y a cada uno según su necesidad,
respetando los equilibrios ecológicos y la interculturalidad”, las
modalidades y retribuciones de las pensiones, la forma de mejor
usar las energías limpias y renovables (ya que las sucias y no
renovables habrán sido abandonadas), el funcionamiento de los
transportes público-colectivos de largo alcance, la planificación
combinada y complementaria de las políticas de educación, salud
y de promoción científico-tecnológica, y la planificación y
realización solidaria de actividades culturales, deportivas (del
deporte formativo-sano ecomunitarista, y no del individualista-
crematístico promovido por el capitalismo) y de esparcimiento y
turismo ecológico.
Todas esas deliberaciones y decisiones que van de lo local a
lo planetario se apoyan en mecanismos que van de las instancias
asambleísticas a los procesos plebiscitarios (que pueden ser,
cuando el asunto rebasa lo local, complementos posteriores a las
asambleas locales y los intercambios vía internet). Ahora bien,
dado que esa rica vida cotidiana implica la creación,
administración y contralor de innúmeras instancias (y a veces
también organismos e instituciones), es evidente que no todo
podrá ser discutido en cualquier momento por todos y sometido a
cada instante a decisiones que cuenten con su voz y voto directos.
De ahí que la democracia directa, que es la base y el alma de la
convivencia ecomunitarista, deba complementarse con dinámicas
de democracia participativa, y aun, representativa (pero con
representantes rotativos y que siempre pueden ser revocados por
quienes los eligieron).
225
La vivencia intercultural
226
Ahora bien, la permanencia de los actuales Partidos
políticos no aparece como una necesidad inherente al
ecomunitarismo; ello porque una vez superada la división entre
clases, la rica diversidad humana puede vehicularse a través de
las organizaciones sociales y de los medios de comunicación que
acabamos de mencionar, sin necesidad de los Partidos en su
forma actual. En el período histórico de transición hacia el
ecomunitarismo consideramos que cada país (mientras existan los
países) decidirá si esa extinción partidaria se dará en una
evolución que puede ir del pluripartidismo hacia el
monopartidismo provisorio, o si se dará directamente a partir y en
sustitución, sea del pluripartidismo o del monopartidismo
actualmente existente.
Consideramos que más allá de los Partidos y las ONG’s
(entre las que habrá que separar la paja del trigo, pues hay
muchas que juegan dentro de las reglas capitalistas y son
instrumentos de sobrevivencia, y a veces de buena vida, de
algunos grupos de individuos avivados) la realidad ya pone sobre
la mesa la forma organizativa ciudadana “red”. En una red (que a
veces se crea para enfrentar un tema socioambiental preciso): a)
hay reunión libre de personas a partir de una convergencia de
valores y objetivos, b) cada integrante mantiene su autonomía de
pensamiento-acción y es libre de entrar/salir a/de la red, c) cada
integrante sólo hace parte de la red en la medida en que participa
efectivamente de ella, d) cada integrante es co-responsable por la
acción de la red, e) las decisiones no obedecen a un poder central
sino que se toman de abajo hacia arriba y de forma
descentralizada, f) la comunicación es horizontal y libre entre los
integrantes de la red, y en los temas que ella así lo decida por
consenso, también hacia afuera de la misma, g) la red admite sin
restricciones la creación en su interior de subredes por tipo o
modalidad de acción, h) la red no admite jefes fijos sino líderes
provisorios-rotativos, i) la red se autorreproduce, ampliándose o
transformándose sin trabas; cada nudo, al establecer una conexión
nueva, ayuda a esa conducta autopoiética, j) la red se orienta por
el principio de solidaridad entre sus miembros y hacia afuera. Las
redes demuestran hoy que la actividad “política” es mayor que la
política partidaria, recobrando su sentido griego de ‘organización
de la ciudad-estado a manos del conjunto de los ciudadanos’. En
la democracia ecomunitarista todas las personas (a partir,
pongamos, de los 11 años, que es la edad en la que según Piaget
alcanzan madurez las operaciones lingüísticas formales y la fase
227
superior de la moral) se involucran activamente en las
deliberaciones y decisiones (de preferencia de manera directa, o al
menos participativa).
228
toda organización humana. Así, en perspectiva ecomunitarista
apostamos a que la democracia esté basada de más en más en
decisiones que los propios ciudadanos toman en función de cada
situación (usando CRC), por lo que toda la actual estructura de
normas preexistentes, trámites, papeleo, y funcionarios
permanentes, autoritarios y que desprecian y maltratan al
ciudadano común, habrá de desaparecer (casi) por completo. Para
ello ayudará mucho la rotación permanente en las funciones y
liderazgos, a partir de la capacitación universal de las personas.
Hay que esperar que la disminución de la burocracia hasta su
(casi) extinción permitirá resolver también el actual cáncer de la
corrupción, pues al haber una casi permanente deliberación
comunitaria acerca de prioridades y acciones, y un control
comunitario permanente sobre el respeto de las decisiones
democráticamente tomadas, al tiempo en el que se verifica una
permanente rotación de funciones y liderazgos, prácticamente no
hay necesidad de que se pretenda corromper a alguien, y,
simultáneamente, ese eventual alguien casi no tendrá tiempo de
intentar sacar partido de su efímera función o liderazgo para
obtener a costa de la corrupción alguna ventaja indebida.
229
que hace parte no decide directamente acerca de los temas en
debate, sí tiene garantizadas las vías para recibir toda la
información que exista sobre ellos, así como para ser escuchado en
sus pedidos de explicaciones y opiniones y sugerencias sobre ellos
(todo ello dirigido a los ciudadanos que temporariamente fueron
designados por la comunidad para ocupar las funciones que les
permiten y los obligan a tomar la decisión final). Así el
ecomunitarismo amplía mecanismos que actualmente existen,
como los portales de la transparencia (abiertos a todos a través de
internet), los consejos tribales, vecinales o municipales,
encargados de planificar, ejecutar y controlar políticas públicas
democráticamente establecidas (por ejemplo en el área del
cuidado de menores, la educación básica y/o la salud preventiva
y curativa), las sesiones públicas en los más diversos órganos
(abiertos a la participación y pronunciamientos de todos), y las
oidorías (que oyen quejas y sugerencias, con la obligación de dar
respuestas concretas y rápidas a las mismas). Ahora bien, como
hablamos de encargados provisorios, aludimos a formas de
democracia representativa, que, como dijimos, deberán acontecer
a través de representantes rotativos y siempre revocables por
quienes los eligieron.
230
La vivencia socioambiental, la democracia ecológica y la
educación ambiental ecomunitarista
socialmente generalizada
231
preservada y regenerada. Atendiendo a las limitaciones de la
edad tal educación se extenderá en toda la educación formal, y se
desbordará en todas las esferas de la educación informal
(incorporando a la familia, el vecindario, los centros deportivos,
culturales, artísticos, de esparcimiento, etc.). En una palabra tal
educación promoverá el amor y el respeto por cada ser humano y
cada ser o ente no humano existente en el planeta (y donde llegue
la Humanidad más allá de la Tierra), haciendo una profunda
reflexión (a la luz de la tercera norma fundamental de la ética) que
permita minimizar los efectos nocivos que derivan de cada acción
u omisión de nuestra parte hacia ellos (como ocurre cuando
debemos alimentarnos a expensas de otros seres o entes no
humanos, o cuando modificamos durablemente un determinado
ecosistema al construir una casa o un centro educativo o de
recreo). En relación a los humanos la actitud de amor y de respeto
incluye la conducta que permite ejercer correctamente la
democracia intercultural directa y las formas de la democracia
participativa y representativa y, oyendo siempre más de lo que se
habla, y discutiendo no para ganar, sino para que gane el mejor
argumento (del que derivará la mejor acción, para todos).
En la educación formal consideramos útiles las directrices
que consisten en vincular cada tema a cuestiones socioambientales
e interculturales relevantes, promover el redescubrimiento de los
conocimientos a través de la investigación dialogada,
privilegiando la cooperación colectiva y nunca el individualismo
egoísta, incorporando el aporte de terceros conocedores al
intercambio entre educador y educandos, y siempre cerrando el
ciclo gnoseológico con la implementación de medidas concretas
(con participación del educador y educandos) en la solución de
los problemas socioambientales y/o interculturales abordados.
Tanto la educación formal como la no formal deberán
promover la alfabetización filosófica y la “alfabetización
científica” (ver UNESCO, “Declaración sobre la ciencia y el uso
del conocimiento científico”, 1999), enriquecida por los saberes
indígenas, para que cada persona tenga bases sólidas de reflexión
y conocimientos a la hora de participar activamente de la vida
democrática. Para ello tal educación deberá promover también las
capacidades de oír a los demás (no monopolizando la palabra), de
construir consensos, de trabajar colectivamente-
cooperativamente-solidariamente, de admitir que otros pueden
estar más capacitados que uno para desempeñar ciertas funciones
(no queriendo imponer su nominación para ellas), y también la de
232
saber pasar los cargos que se desempeñan a otros conciudadanos
(formados para tanto con el concurso del encargado saliente)
incluso para poder gozar más de la vida (lo que se vuelve
accesible a todos con la rotación de las funciones y cargos).
233
ese contexto los centros de educación formal y los espacios de
educación no formal promueven la enseñanza plurilingüe
(empezando por las lenguas más próximas territorialmente) e
impulsan la igualdad plurilingüe en la discusión y gestión pública
(aunque la Humanidad pueda preferir crear también una lengua
de comunicación universal que hará compañía a todas las otras
existentes). En ese contexto serán valorados todos los aportes de
los pueblos originarios en su código de convivencia (los aimaras
nos hablan de tan sólo tres principios que exigen no mentir, no
robar y no ser flojo para las labores) y en su sapiencia ambiental
(que se traduce, más allá de que cada uno de ellos pueda haber
cometido y cometa errores, en el respeto, exigido por la tercer
norma fundamental de la ética, de la salud de la naturaleza
considerada Pacha Mama, de la que la Humanidad es hija y en
cuyo seno el ser humano se siente parte y no dueño
plenipotenciario).
A modo de resumen
234
preparan cada voto, cada ciudadano debe contar (incluso en su
teléfono portátil) con las informaciones y análisis que diversos
especialistas en la materia en cuestión pongan a su disposición en
lenguaje simplificado.
La contribución que aquí hemos querido hacer a las actuales
y futuras luchas populares en América del Sur queda abierta y a
la espera de las correcciones, profundizaciones, ampliaciones e
innovaciones que las y los protagonistas de esas batallas crean
necesario hacerle. En especial en las esferas de la economía
ecológica intercultural y sin patrones (basada en el principio que
reza “de cada uno según su capacidad y a cada uno según su
necesidad, respetando los equilibrios ecológicos y la
interculturalidad”, para que florezcan individuos universales
reconciliados solidariamente con los otros y con la naturaleza no
humana), la educación ambiental generalizada (que incluye una
educación sexual, deportiva y estética intercultural y liberadora),
la comunicación democrático-comunitario-simétrica, y la política
de todas y todos (que incorpora la vivencia comunitaria indígena
y también la ciudadanía griega, pero ahora librada de todas sus
discriminaciones e insuficiencias excluyentes de los no griegos, los
esclavos, los extranjeros en cada ciudad y las mujeres).
Bibliografía
235
. . . . . (2012). Ecomunitarismo, socialismo del siglo XXI e
interculturalidad, Ed. El Perro y la Rana, Caracas, Venezuela.
. . . . . (2013). La TV para el socialismo del siglo XXI: ideas
ecomunitaristas, Ed. 13, Quito, Ecuador.
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la A. Latina del siglo XXI: Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia, in
América Latina en Movimiento, www.alainet.org Quito, Ecuador,
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perspectiva ecomunitarista), Ed. Fi, Porto Alegre, Brasil,
disponible gratuitamente en internet en
https://www.editorafi.org/196sirio
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ed., Madrid, 1970.
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Pensamiento Latinoamericano), Ed. UCSH, Santiago de Chile.
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conocimiento científico, en
http://unesdoc.unesco.org/images/0013/001315/131550po
r.pdf p. 25-42.
236
No es guerra, es dignidad
Yamandú Acosta
124 Siguiendo a Helio Gallardo hago mío y aplico “el criterio analítico de que las
«identificaciones» son provistas por el sistema social de dominación. Las
«identidades», en cambio, forman procesos de autoconstitución de sujetos
sociales y humanos en luchas que los enfrentan con el sistema y con las
identificaciones que él provee” (Gallardo, 2006: 72). La pertinencia de este
criterio para el caso que nos ocupa, resulta a todas luces evidente.
125 Arturo Andrés Roig aporta una caracterización de las “morales emergentes”
237
La movilización que irrumpe bajo la forma de estallido
social, en cuanto ejercicio de moralidad emergente en términos de
“moralidad de la protesta” que viene a interpelar a la “ética del
poder” (Roig, 2002), tiene pues en las dimensiones moral y ética
que son fundantes de sentido, las condiciones de posibilidad de
su manifestación en las dimensiones social y política que son las
más inmediatamente visibles.
Visualizada como una crisis social y política, que también
lo es, se trata de una crisis moral y ética que fundamenta al
tiempo que da cuenta de la profundidad de la crisis que se
expresa en los campos social y político en cuanto campos de
luchas.
La crisis que se hace presente en Chile a través de esta
sublevación de la dignidad que expresa una “moralidad de la
protesta” que confronta a la “ética del poder”, es una expresión
paradigmática de las “respuestas a la crisis moral de nuestro
tiempo” (Roig, 2002) que la “ética del poder” ha instalado y
profundizado globalmente y con particular énfasis en el caso
chileno.
El que las dimensiones moral y ética estén en la base de
esta sublevación en curso que se hace visible en las dimensiones
social y política, dice acerca de su radicalidad. La sublevación
emerge desde las raíces más profundas de la subjetividad de
quienes se sienten indignados, esto es, negados en su dignidad. Y
por ello puede estimarse que la sublevación no se acallará por
medidas que como respuesta con la finalidad de acallarla se
instrumenten desde el gobierno, en tanto estas medidas no
impliquen atender a esa demanda de reconocimiento y afirmación
de dignidad por parte de la población emergente indignada.
La negación de la dignidad, sea circunstancial o sea
estructural a través de una institucionalidad legitimadora de esa
negación de la dignidad humana en las grandes mayorías, como
238
es el caso de la institucionalidad chilena vigente, motiva la
indignación y desde la radicalidad de ese fundamento, la fuerza
para irrumpir y derribar el orden injusto vigente que pretende ser
un orden de justicia.
Desde y para otro contexto en 1891, José Martí
reivindicaba la capacidad de la indignación para derribar un
orden injusto, aun cuando se pretenda un orden de justicia:
“Viene el hombre natural indignado y fuerte y derriba la justicia
acumulada en los libros” (Martí, 1992: 483).
También hoy en Chile, “el hombre natural” que es la
trascendentalidad inmanente a las identificaciones estructurales e
institucionales de lo humano en cuya afirmación se niega la
dignidad de aquél, con la fuerza que viene de su indignación,
“derriba la justicia acumulada en los libros” al mostrar desde la
dignidad humana negada y emergente, que el orden de la justicia
acumulada en el mercado y en los libros que lo promueven o
legitiman, es en realidad un orden de radical injusticia.
La enunciación de su identidad por parte del movimiento
social emergente, contesta a la identificación que el sistema de
dominación formula a través de su representante de mayor
protagonismo institucional.
Este representante, en esa operación de identificación
devela la verdad de su relación y de la del sistema de dominación
que representa con quien ha identificado y, por lo tanto, su propia
identidad profunda oculta detrás de su identidad institucional,
que por ese develamiento queda puesta en cuestión en los planos
moral y ético, y por lo tanto también su legitimidad en los planos
jurídico y político.
El legítimo gobernante del pueblo democráticamente
electo se devela como el enemigo del pueblo al que declara la
guerra, transformando aquella legitimidad democrática
procedimental de origen de su investidura en ilegitimidad
antidemocrática sustantiva en el ejercicio de esa misma
investidura que por ello queda deslegitimada.
El “enemigo poderoso” frente al cual Piñera y los intereses
que de hecho representa están en guerra, entre los cuales los
“privilegios” que su esposa declara con preocupación que tendrán
que compartir, involucrando de un modo inconsulto al pueblo
chileno al decir “estamos en guerra”, resulta ser
–paradójicamente- el mismo pueblo.
Este pueblo que emerge afirmando su “dignidad”, de
ninguna manera es parte de ese implícito “nosotros” que Piñera
239
pretende integrar. De hecho, sin previa declaración de guerra,
Piñera ha emprendido acciones de guerra contra el pueblo al que,
sublevado en defensa de su “dignidad”, ha transformado en
“enemigo poderoso” a los efectos de legitimar la guerra en su
contra, que es una guerra contra la dignidad.
Por cierto, que el pueblo que es fuente del poder como
potentia es probablemente el enemigo más poderoso para quien
cuando al ejercer desde el gobierno el poder como potestas126 lo
hace contra la dignidad del soberano. Al hacerlo, ingresa en una
profunda crisis de legitimidad cuya contraparte es el legítimo
derecho de resistencia del soberano agraviado en su dignidad.
En la vigente matriz del sistema imperial de dominación
en su inflexión neoliberal globalizante, la clave de lectura para
discernir esta situación sigue siendo “pueblo”–“anti-pueblo”
(Gallardo, 1986).
Ella le da otra precisión a la más tradicional “pueblo” –
“oligarquía” al enfatizar que los intereses de esta última
eventualmente articulados con otros intereses que la trascienden
son explícitamente opuestos a los intereses del “pueblo” y,
fundamentalmente; por poner “pueblo” como el concepto de
referencia o variable libre, en relación al cual “anti-pueblo” en
cuanto variable ligada puede y debe ser determinado.
240
"Pueblo" es la última instancia desde las sociedades
territorializadas para discernir el sistema imperial-neoliberal de
dominación cuyos protagonistas representan el "anti-pueblo".
“Pueblo”, se define al interior de este “sistema específico
de dominación” que es el vigente sistema de dominación imperial
neoliberal globalizante.
El padecimiento de asimetrías sistémicamente producidas
define al “pueblo” como “pueblo social”. Cuando éste –como
aparentemente sería actualmente el caso en Chile - comienza a
activarse, movilizarse y organizarse en la perspectiva de cancelar
esas asimetrías que padece, sin dejar de ser “social” se constituye
también como “pueblo político” (Gallardo, 1991:2).
El “anti-pueblo” es encarnado en el actual contexto chileno
por el presidente Piñera.
En su gobierno convergen los intereses antipopulares
–nacionales y transnacionales- de un orden de dominación, a cuyo
servicio funciona de hecho en el marco del estado de derecho. Un
estado de derecho que se ha puesto al servicio de intereses y
poderes fácticos centralmente económicos nacionales y
trasnacionales, cuyo poder de hecho resulta entonces legitimado,
amparado y promovido como poder de derecho.
Desde el gobierno Piñera ha mantenido, extendido y
profundizado orientaciones políticas, económicas, sociales,
educativas y culturales hegemónicas que han atravesado todos los
gobiernos desde la restauración democrática, resultante de un
largo proceso de transición, finalmente consagrada
institucionalmente por la reforma constitucional ratificada por un
plebiscito simbólicamente realizado el 11 de septiembre de
1980127, que consolidó jurídicamente en el contrato fundante una
democracia fuertemente tutelada; una “democracia neoliberal”
(Vergara Estévez, 2005: 36-43).
127 Jorge Vergara Estévez señala con contundencia la falta de validez por su
origen de la Constitución de 1980 y del plebiscito que la ratificó, destacando la
singularidad chilena de la presencia de la institucionalidad dictatorial de hecho
en el estado de derecho de la democracia posdictadura: “El sistema político
chileno se basa en la Constitución de 1980. Esta fue resultado de una larga
elaboración que realizaron comisiones designadas por la Junta Militar.
Finalmente, durante el período dictatorial, el proyecto fue aprobado en 1980, en
un plebiscito que careció de las garantías mínimas, jurídicas, electorales y
políticas. Es el único caso contemporáneo, en América Latina y Europa, en que
una dictadura haya logrado que su constitución y su legislación continuaran
vigentes, durante el período democrático posautoritario” (Vergara Estévez, 2005:
36).
241
Ese orden de dominación consagrado en la Constitución
de 1980, tuvo en el asalto a La Moneda llevado a cabo por
Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973 su asesinato
fundante; un asesinato del hermano que fundó un orden de
dominación en el que entre cientos de víctimas asesinadas,
desaparecidas, encarceladas y torturadas, la muerte violenta de
Salvador Allende, presidente democráticamente electo y apegado
en sus procedimientos a la Constitución entonces vigente en Chile
y propulsor en el marco de esa Constitución de políticas para
favorecer a las grandes mayorías tradicionalmente excluidas,
simbolizaba ejemplarmente –por su investidura y por sus
prácticas en ejercicio de esta investidura- la muerte de la
democracia.
No obstante, en la visión de la dictadura chilena que se
instalaba, se desplazaba a la democracia para defenderla; la
democracia sería restaurada cuando el enemigo que la amenazaba
fuera derrotado. La dictadura se auto asumía como democracia en
estado de excepción. La derrota del enemigo se expresaba en la
muerte de Salvador Allende: un enemigo de la democracia porque
no obstante gobernaba en apego a las instituciones democráticas,
al propiciar una transición democrática al socialismo, incurría en
traición al espíritu de las instituciones democráticas ancladas en
las estructuras del capitalismo, las que debían ser afirmadas y
profundizadas, de ninguna manera abandonadas, adversadas o
superadas.
Al liderar la perspectiva de transición pacífica y
democrática al socialismo, apegada al estado de derecho y a la
letra de la Constitución de 1925, Salvador Allende habría
traicionado el espíritu de aquella que implicaba –tácitamente- un
compromiso en la defensa y promoción del capitalismo. Así lo
hace visible Franz Hinkelammert: “Cuando la junta militar
chilena derrocó a Allende, no le reprochó haber violado la letra de
la constitución. Le reprochó haber violado su espíritu. Es aquel
espíritu que pasa por todas las instituciones de la sociedad y que
las vincula con su fetichismo central: la acumulación del capital”
(Hinkelammert, 1981: 65). Es la situación de una inversión de la
realidad por la que “Los que defienden ese «espíritu» pueden
violar la constitución sin violarla. Los que se oponen a este
«espíritu» violan la Constitución, aunque no la violen”
(Hinkelammert, 1981: 65).
De esta manera se ponía fin a la pretensión de transición
democrática al socialismo y con ello a la instalación de una
242
democracia socialista articulada sobre el eje ideológico de un
socialismo democrático.
Se marcaba a fuego que no hay democracia más allá del
capitalismo, ni del liberalismo, ni del fascismo que como verdad
del liberalismo lo sustituye en la coyuntura para imponerlo como
neoliberalismo, que es una profundización del capitalismo en
términos de retorno al capitalismo salvaje que viene a
desmantelar y sustituir al capitalismo de bienestar en donde éste
pueda haber existido, desembocando en la “democracia
neoliberal” hegemonizada por un neoliberalismo democrático que
tuvo su mentor en el autoritarismo dictatorial.
Si antes del golpe de 1973 podía entenderse que una
dictadura consistía en la negación de la democracia, de modo tal
que «democracia» era reconocido como el concepto de referencia
para caracterizar «dictadura», en la larga transición chilena de la
dictadura a la democracia, ésta última pasa a significar no-
dictadura, por lo que «dictadura» ha pasado a ser en el nuevo
contexto de hegemonía neoliberal-neoconservadora el concepto
de referencia para caracterizar la «democracia». Una democracia
que paradójicamente como “no dictadura” ha incorporado a la
dictadura en su institucionalidad fundante, institucionalidad
funcional a la dictadura del capital.
En un mundo hobbesiano como el que se quiere
consolidar, así como para Hobbes la paz se definía como la
ausencia de guerra (Hobbes, 1994: 307), reconociendo a ésta
última como referencia para la primera, la democracia pasa a
definirse como ausencia de dictadura. No obstante, la democracia
incluye a la dictadura como fundamento profundo de su sentido
y, por lo tanto, de sus alcances y límites, por lo que democracias
hoy, entre ellas paradigmáticamente la chilena a escala regional –y
la democracia en dimensión global- en tanto “democracias de
seguridad mercantil” (Acosta, 2005: 267) son el caso de
institucionalidad y procedimentalidad funcional a esa dictadura
del capital a la que promueve, ampara y legitima.
En política, construir al enemigo es la estrategia que
permite construir unidad y legitimidad en procura de la derrota
de ese enemigo que amenaza. Así el “comunismo” o la
“subversión” en Chile y en el Cono Sur fue el enemigo en la
década de los ’70 frente al cual, en defensa de la democracia por
ellos amenazada, las Dictaduras de Seguridad Nacional –Uruguay
y Chile en 1973 y Argentina en 1976, con el antecedente de Brasil
en 1964-, se postularon como democracias en estado de excepción
243
que recurrían a la suspensión de la democracia como forma de
gobierno y de las garantías que a ella corresponden, a los efectos
de protegerla de esas amenazas con la promesa de restaurarla
luego de que ellas hubieran sido definitivamente neutralizadas.
La Constitución de 1980 en Chile, con fuerte impronta
neoliberal vendría a profundizar el espíritu que en Constitución
liberal de 1925. El régimen construido sobre la referencia de los
principios de la propiedad privada y el cumplimiento de los
contratos en condición de piedras angulares del estado de derecho
democrático, hacen a un estado de derecho que pone en el centro
al mercado: voz del mercado, voz de Dios, en lugar de voz del
pueblo, voz de Dios.
Las lógicas supraterritoriales del mercado despliegan
poderes fácticos que por las mediaciones jurídico-políticas que
adquieren rango constitucional en 1980, se imponen como
poderes legales con pretensión de legítimos sobre las poblaciones
territorializadas que de esta manera se ven progresivamente
negadas en sus posibilidades de vivir humanamente, por lo que la
“dignidad” se configura como una ausencia que se hace presente
–como ausencia- en el reclamo popular que consciente de su
validez procura construir su vigencia.
Pero la estrategia de la construcción del enemigo,
eventualmente exitosa cuando refiere a pretendidos enemigos
internos aislados de la sociedad civil o del pueblo como conjunto,
está inevitablemente condenada al fracaso cuando se identifica en
la posición de enemigo al pueblo –quien es el soberano en el mito
fundacional de toda democracia-, que en esta emergencia social
inocultablemente salió masivamente a las calles reivindicando su
“dignidad” y sin declaración previa se le hace la guerra. Es la
guerra del gobernante al soberano, por la cual aquél pierde toda
legitimidad.
Cuando Piñera, presidente democráticamente electo que
en su condición de tal debería tener al pueblo chileno en el centro
de sus preocupaciones y desvelos, cobra conciencia de la
magnitud e inadecuación de sus hechos y sus dichos en relación a
su pueblo, pide –cínicamente- perdón. Las vidas segadas, los más
de un millar de civiles heridos, la violencia ejercida sobre quienes
se manifiestan y por la mediación de éstos sobre la sociedad en su
conjunto, las torturas y la violencia ejercida sobre aquellas y
aquellos sublevados que la represión militar logra capturar con la
finalidad de derrotar al “enemigo poderoso”, no permiten el
perdón cínicamente requerido por parte de quien por la vía de los
244
hechos y también de las palabras desató y procuró legitimar una
ilegítima e ilegitimable guerra contra su pueblo.
En su emergencia de resistencia en defensa de su dignidad
y afirmación de la misma, el pueblo social que viene padeciendo
las asimetrías de un sistema injusto que se ha venido
profundizando en los últimos cuarenta y seis años, da señales de
su constitución como pueblo político.
Se constituye como pueblo político, tanto en el sentido
clásico de la política como construcción de comunidad –polis-
como en el sentido moderno de construcción de poder. Por su
sentido de comunidad, se orienta a superar la fragmentación a
que las lógicas del poder dominante lo han sometido. Por su
sentido de construcción de poder, pone en entredicho la
legitimidad del poder como potestas en las instituciones del
gobierno y recupera poniéndolo en acción al poder como potentia
que le pertenece en cuanto fuente originaria del poder y referente
de la legitimidad en el ejercicio delegado de ese poder por parte
de las instituciones del gobierno.
Denuncia las asimetrías que se propone cancelar con la
cancelación del sistema injusto que las produce en un proceso de
activación-articulación al margen del sistema de partidos que, en
treinta años, no obstante, la alternancia de partidos en el ejercicio
del gobierno, no ha hecho sino administrar el sistema de injusticia
que establece, profundiza y consolida las asimetrías.
No alcanza todavía una fase significativa de organización,
aunque ya se proyecta a una constituyente que sobre la referencia
de la dignidad afectada de las mayorías hoy emergente en la
protesta social, elabore y logre promulgar una Constitución que
refunde el orden: un orden alternativo al hoy vigente, fundado en
la afirmación, reconocimiento y amparo de la dignidad de todas y
todos los chilenos sin excepciones, que desplace al orden fundado
en las prácticas del Leviatán autoritario que promovieron formas
de subjetividad así como formas institucionales –en que la
reforma de la Constitución de 1980 detenta un papel central-,
funcionales a la imposición del mercado totalitario, totalitarismo
del mercado que ha procurado legitimarse como democracia en su
registro poliárquico que ha exhibido alternancia de partidos en el
gobierno.
Con su sublevación en defensa de su dignidad, el pueblo
chileno especialmente a través de sus juventudes, devela en la
práctica la injusticia estructural del sistema imperante en Chile
que se ha profundizado en los últimos cuarenta y seis años.
245
El golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 instaló
una Dictadura de Seguridad Nacional, que lejos de ser una
dictadura tradicional, fue una dictadura modernizante que
procuró refundar la sociedad a través de un disciplinamiento
desde el Estado, cuyos procedimientos autoritarios –persecución
política, encarcelamiento, fusilamientos, torturas, desapariciones-
se internalizaron en la subjetividad social, tornándola proclive a
la aceptación ya en democracia de un disciplinamiento desde el
mercado: mejor morir de hambre por falta de trabajo o por
trabajos precarios y salarios insuficientes, que morir fusilado,
torturado o desaparecido por los aparatos represivos del Estado.
Estos sucesos de octubre en Chile parecen mostrar que
tanto ambos disciplinamientos como la asociación sinérgica de los
mismos, ya no son capaces de contener a la sociedad en su
emergencia desde su dignidad negada.
La perspectiva refundacional es posible y necesaria frente
a un orden institucional que al poner en el centro al mercado ha
construido una democracia que no pasa de ser una
institucionalidad legitimadora de un imperante totalitarismo del
mercado (Hinkelammert, 2018).
La perspectiva refundacional es posible a través de una
constituyente altamente representativa e inclusiva que logre
formular una nueva Constitución cuya referencia de sentido no
sea el mercado y sus leyes, sino los seres humanos en su
diversidad y sus necesidades en términos del reconocimiento y
afirmación de su dignidad humana.
La perspectiva refundacional es necesaria, no porque ella
sea inevitable. Es necesaria en caso de que no se quiera insistir en
la reproducción de un orden en el que, a partir de un
disciplinamiento desde el poder arbitrario del Estado, el Leviatán
autoritario, con la mediación de una Constitución que lleva su
marca, ha logrado imponer un disciplinamiento por el
sometimiento de la población a las leyes del mercado.
El orden del mercado totalizado es antidemocrático
porque en él solamente algunos pueden vivir.
Un orden democrático es aquél en el que todos pueden
vivir, en el sentido de que, aunque el asesinato sea siempre
posible, no estará nunca legitimado.
En el orden vigente en Chile cuya referencia institucional
es la Constitución de 1980, el asesinato estructural que la injusticia
de la justicia del mercado implica está legitimado. Es pues un
orden antidemocrático.
246
La refundación del orden a través de una Constitución
refundacional cuyo espíritu no sea el del capitalismo o de las leyes
del mercado, sino la afirmación y reconocimiento de la igual
dignidad de la vida humana en la diversidad de sus expresiones
no excluyentes, aunque seguramente no suficiente, parece ser –en
el sentido indicado- una perspectiva necesaria.
Una perspectiva necesaria que, desde las necesidades de
afirmación y reconocimiento de su dignidad humana, las
mayorías hoy emergentes en Chile en el proceso de su articulación
como pueblo político, procuran implementar.
Bibliografía
247
248
¿Un nuevo Chile está naciendo?
249
consecuencia “el estado de excepción se presenta (…) como un
umbral de indeterminación entre democracia y absolutismo”
(Agamben, 2005: 26), cancelando la vigencia de todo derecho. Al
decir de Benjamin, “el estado de excepción (…) ha devenido la
regla” (cit. por Agamben, 2005: 32), y en nuestros días es difícil
pensarlo como salvaguarda ocasional de la democracia que, en
casos como los mencionados, va camino a desnudar su naturaleza
y a asemejarse cada vez más a una dictadura que esgrime la
seguridad nacional como prioridad a proteger. Pero para ello que
se requiere la existencia de un poderoso enemigo interno, con
intenciones desestabilizadoras. El presidente Piñera afirmó la
presencia de ese enemigo, aunque sin identificarlo. Ese estado de
excepción se constituye entonces en “una zona de anomia en la
cual todas las determinaciones jurídicas (…) son desactivadas”
(Agamben, 2005: 99) y la violencia del Estado se ejerce de manera
desenfrenada, sin ataduras legales ni hipocresía.
250
por los mismos. Probablemente la carencia de instancias de
representación dificulta que los conflictos sean procesados y
mediados institucionalmente, como consecuencia de un estado
fuertemente centralizado.
Generan enfrentamientos al interior de los sectores protestatarios,
tratando de producir divisiones internas que los debiliten y
anulen. Para ello suelen recurrir a la infiltración de los
movimientos con agentes de servicios de inteligencia o de fuerzas
de seguridad que promueven y ejercen actitudes violentas (por
ejemplo, de destrucción de propiedades públicas y privadas). La
aplicación de este procedimiento ha sido corriente y ha quedado
ampliamente probado por las filmaciones que evidencian la
autogestión de fuerzas de seguridad de saqueos, barricadas,
quema de materiales e implantación de obstáculos que
imposibilitaran –según las versiones oficiales- la actuación de sus
fuerzas, legitimando su intervención violatoria de todo derecho
humano. Por otra parte, la complejidad del movimiento chileno
de protesta, la diversidad de los sectores que lo integran con sus
correspondientes demandas diferenciadas, y la prolongación
temporal de las acciones, al tiempo que provocan la
profundización de los reclamos, suman el cansancio ante la falta
de respuestas satisfactorias y potencian las expresiones violentas y
los desmanes que, una vez que surgen son muy difíciles de
apaciguar, aunque quienes los ejerzan sean grupos minoritarios.
La falta de respuestas pertinentes no es un problema
exclusivo del actual gobierno. La sociedad reclama por las
condiciones existentes de pobreza que tienen larga data. No se
trata de una cuestión coyuntural sino estructural, que partidos
políticos de distinto signo que han ejercido el gobierno no han
atendido lo suficiente como para transformarla. Ello ha
favorecido la acumulación de frustraciones que ha ido sumando
sectores: estudiantes que enfrentan los significativos costos de su
formación, pero no tienen posibilidades de trabajo acorde,
obreros, profesionales.
Ante un gobierno de derecha insensible a ese panorama, el
conflicto estalla, gana la calle y atraviesa a la sociedad, no siendo
ya expresión solo de quienes fueron sus protagonistas de los
primeros días.
251
expresó Hanna Arendt (…) ver la política en sí como pluralidad
conflictiva, desaparecer (…) del mundo, para dar lugar a una
gestión prosaica de cosas y seres (Bensaid ,2010: 27)
252
intenciones contrarias a una supuesta armonía social que sería
puesta en peligro sin causa atendible.
En este contexto, se recurre a la teoría de la “meritocracia”,
entendida como una supuesta capacidad (descontextualizada) de
llevar a cabo “emprendimientos“ personales exitosos que
posibilitarían la autonomía de quienes se arriesgaran al desarrollo
de iniciativas propias, y así - como sostiene Balibar coincidiendo
con Lemke- “en cuanto ‘emprendedores’ individuales en todos
los aspectos de la vida los sujetos se vuelven completamente
responsables por su bienestar, y la ciudadanía se reduce a tener
éxito en este tipo de emprendimiento” (Balibar, 2013:171) Éxito y
fracaso de individuos en competencia continua, serán índice de la
propia autorrealización en un mundo en que cada uno logra su
propia realización según sus capacidades y propósitos, de modo
que quienes no puedan obtener resultados exitosos no solo serán
considerados deficientes, sino responsables de su propio fracaso.
Los “ineptos” son colocados en los márgenes, caracterizados como
capaces solo de someterse a las órdenes de quienes se han
mostrado “aptos”, y que se atribuirán la tarea de dirigirlos. “El
racismo moderno (…) poseerá un rol clave en la administración
de la vida y la naturalización de la muerte mediante la apelación a
una supuesta superioridad natural de ciertos hombres y naciones,
fundada en aparentes razones científicas (Murillo, 2001, cit. por
Díaz, 2013: 7). El surgimiento en el siglo XIX del par
normal/patológico debe entenderse, (…) como el resultado de las
intervenciones producidas sobre la población en aras de
convertirla en un todo sano y productivo. Para (…) [ello] será
menester delimitar las conductas prefijadas dentro de los
parámetros deseables para el buen funcionamiento de la sociedad
(…) Será función entonces de las instituciones disciplinarias
modernas (…) producir una resocialización de esas conductas con
el objeto de volverlas más gobernables y adaptables a los
requerimientos de una biopolítica liberal, y anular con ello la
generación de conflictos sociales que afecten su óptimo
funcionamiento” (Murillo, 2012, cit. por Díaz, 2013: 9), en tanto
tolerar la conflictividad sería contrario a una evolución pensada
en términos de la inevitable vigencia de las leyes del mercado, a lo
que sería irracional ofrecer resistencia, ya que –de todos modos y
en función de su supuesta necesaria vigencia- terminarían
imponiéndose por sí mismas, más allá de toda otra alternativa.
Así se presenta al Estado como incapacitado de actuar contra
tendencias que aparecen como validadas universalmente.
253
Pero “en una organización política democrática [son] los
conflictos y confrontaciones [los que] indican que la democracia
está viva… y habitada por el pluralismo” (Mouffe, 2012: 50)
La aceptación –generalmente implícita- del control
biopolítico naturaliza el sometimiento y la exclusión, ejercidos
durante muchos años en la sociedad chilena, en la que –
aparentemente- la posibilidad del conflicto había sido suprimida,
en aras de un consenso nacional. “La exclusión de la esfera
política, donde se decide la legitimidad de las acciones colectivas,
es una manera muy eficaz de neutralizar el conflicto, o de
reprimir aquellas de sus formas que vuelven a cuestionar la
distribución del poder y su utilización” (Balibar, 2013: 140). Pero
“el conflicto [supuestamente] suprimido siempre resurge”
(Balibar, 2013: 32) instalándose en el espacio público, como
dimensión constitutiva de una democracia en que el derecho al
ejercicio de la ciudadanía debe ser conquistado en proceso
dinámico continuo.
Intentan aterrorizar por medio de distintas formas de
represión, que aumentan su nivel de violencia a medida que se
amplían y/o profundizan las formas de resistencia popular. Entre
las denuncias de distintos tipos de violaciones de derechos
humanos (apresamientos, secuestros, torturas, delitos sexuales)
que han cobrado numerosas víctimas, sobresalen los casos de
personas privadas de visión parcial o total por el uso de armas
intencionalmente disparadas a los rostros de los manifestantes. El
reciente informe sobre violaciones de derechos humanos en Chile
producido por Amnistía Internacional ha forzado una declaración
del presidente reconociendo la posible existencia de delitos, y
comprometiendo el desarrollo de investigaciones acerca del
accionar de fuerzas de seguridad que reciben órdenes de su
propio gobierno, por lo que esas promesas aparecen como una
nueva manifestación de la hipocresía de quienes ejercen
hegemonía e intentaron, mediante la instrumentalización del
terror, acallar las protestas.
El hartazgo del sufrimiento ocasionado por privaciones
continuas vinculadas al difícil acceso a la educación, la salud, la
jubilación digna, que se constituyen en instancias institucionales
mercantilizadas y directamente relacionadas con la vida, a las que
solo es posible acceder mediante acreditación de solvencia
económica, sumadas a la precariedad laboral, dibujan un
contexto de desconocimiento de la dignidad humana que ha
254
producido la emergencia de un nuevo Chile o, en términos de
Arendt, el nacimiento de un Chile distinto.
En un Chile con cifras macroeconómicas exitosas: PBI per
cápita de 30 mil dólares, disminución de la pobreza casi a la mitad
respecto de 1989, desempleo de menos de 8 % (entre otros índices
favorables), también existe una concentración del 33% de la
riqueza en el 1% de la población128.
Paradójica forma de democracia, sustentada sobre la
desigualdad social que excluye a las mayorías, que han dejado de
ser ciudadanía pasiva, silenciosa, para tornarse activas y dueñas
de voz propia. Además, han afirmado públicamente no temer a
los represores, como lo expresan numerosos manifestantes, en
especial mujeres.
La eficacia del poder represivo, a través del que un Estado
totalitario planifica e implanta el terror, reside en su capacidad de
lograr recluir y aislar en ámbitos privados a los ciudadanos, para
que opten por “delegar” en los gobernantes el tratamiento de lo
público, como afirma H. Arendt, quien también sostiene que “la
rebelión popular contra gobernantes materialmente fuertes puede
engendrar un poder irresistible” (Arendt, 1998: 223). En el caso de
las movilizaciones populares chilenas, el poder del Estado
–rémora viviente de la época pinochetista-, ha sido desafiado por
la continuidad de las convocatorias a ocupar las calles, que logran
participación masiva, a pesar de los riesgos que implican. Así, “lo
que (…) el pueblo mantiene vivo al permanecer unido es el
poder” (Arendt, 1998: 224).
Ejemplo de un modelo neoliberal exitoso, el crecimiento de
la economía chilena, no basada en la idea de reciprocidad entre
ciudadanos sino en el renunciamiento a derechos a favor de la
nación, para su consolidación, experimenta una profunda crisis.
La estrecha relación establecida entre ciudadanía e identidad
nacional se revela precaria (Balibar), mientras la idea de
democracia como consenso disminuye su capacidad de
transformación implícita en esa forma de organización socio-
política. Balibar sostiene la imposibilidad de prescindir de las
continuas tensiones que dan vida a toda democracia, en tanto es el
conflicto el que permite la ampliación de derechos y la
consiguiente profundización de la vida democrática.
255
Mouffe, en coincidencia, analiza como la democracia
moderna se asienta sobre dos tradiciones que no suelen coincidir:
a) la liberal, que reconoce como fundamentos el respeto a la ley, la
afirmación de los derechos humanos y la libertad individual, b) la
tradición democrática, que reconoce como sus bases la igualdad,
la identidad entre gobernantes y gobernados, y la soberanía
popular (Mouffe, 2012:20). Pero en la democracia moderna,
sostiene, se ha dejado de lado la vigencia del principio de la
soberanía popular, coincidiendo en este aspecto con Foucault,
aunque éste avanza en Genealogía del racismo (de sus cursos
“Defender la sociedad”, 1975-1976) afirmando que, lejos de lo
sostenido por la perspectiva contractualista, el estado moderno se
funda y sostiene en la práctica de la guerra, lucha de razas,
devenida por momentos en lucha de clases, y siempre en el
sometimiento de parte de la población por el sector que ejerce el
poder. La burguesía necesita contar con enemigos internos
capaces de afectar el orden social. Entonces el colonizado, el
indígena, el loco, el criminal, el degenerado, el perverso, el judío,
son identificados como esos enemigos de la sociedad. Así, -
sostiene Foucault- desde una concepción biologicista la guerra se
concibe como necesidad de asegurar la supervivencia de los más
fuertes, sanos, cuerdos, “puros”. Basada en la convicción de la
existencia de razas inferiores, degeneradas, que infectan la
sociedad y amenazan su supervivencia, se justifica la matanza de
poblaciones, en una sociedad en que el respeto a la norma, la
regularidad, la homogeneidad, el nucleamiento en torno a
pretendidos consensos, son sus principales funciones y sustento.
En Bolivia, por ejemplo, a partir del golpe de Estado, la
exclusión de la población indígena se ha manifestado
explícitamente como racismo que no repara en la práctica de
exacerbadas formas de desprecio de subjetividades personales y
sociales y en la explícita declaración de la pretendida supremacía
o superioridad blanca.
Mouffe afirma que la tensión entre las dos concepciones
señaladas de democracia es insuperable e imposible establecer
consenso entre ellas, por lo que “solo pueden existir formas
hegemónicas contingentes de estabilización del conflicto (…)
[Pero] cuando desaparece la propia idea de alternativa a la
configuración existente de poder, (…) desaparece con ella (…) la
(…) posibilidad de una forma legítima de expresión de las
resistencias que se alzan contra las relaciones de poder
dominantes. [Así] el statu quo queda naturalizado” (Mouffe,2012
256
:23) Ese statu quo, naturalizado durante muchos años en la
sociedad chilena, parece haber hecho crisis, produciendo la
emergencia de enérgicas demandas de atención de moralidades
(en términos de Arturo A. Roig) que cuestionan el orden
legitimado por la ética del poder.
Roig, coincidiendo con una demanda largamente sostenida
por las organizaciones indígenas de Nuestra América en sus
luchas, que cobra cada vez mayor fuerza y presencia, visibiliza y
denuncia formas de opresión desde los discursos político-
económico dominantes, y reconoce esas luchas como expresión de
moralidades emergentes que, desde posiciones y prácticas éticas
alternativas, cuestionan un orden injusto que pretende instaurarse
como natural. Los principios de esas moralidades emergentes,
afirma, “son fruto de una praxis que (…) se ha expresado
fundamentalmente como proyecto de liberación (…) [buscando
nuestros pueblos] afianzar y consolidar su autonomía social,
política y cultural (…) [Pero también tienen] relación directa con
la concentración mundial del poder tecnológico e industrial, en
medio de un proceso de irracionalidad creciente” (Roig, 2002: 78).
Manifestación de ello es la explotación irracional y
compulsiva de recursos naturales a favor de capitales
transnacionales que cada vez concentran más riquezas a costa de
la expansión de la pobreza a que condenan a sectores cada vez
más amplios de la humanidad, a los que privan de elementos
absolutamente necesarios para la vida, como el agua y la tierra.
Simultáneamente un sector cada vez más concentrado de las elites
nacionales dominantes, que en la práctica actúan como aliadas de
los consorcios internacionales, se benefician con el aumento de su
poder económico que, unido al político, los posiciona como
comodines que se alternan en la función de gobernar. No
causalmente los conflictos han sido promovidos en regiones que
concentran riquezas mundiales minerales estratégicas (como el
litio), por las que compiten potencias como EEUU y China.
Especialmente “(…) a lo largo del último medio siglo, el
monopolio de (…) diversos atributos del Estado-nación ha sido
gravemente comprometido por el crecimiento de los flujos
trasnacionales de capitales, poblaciones, ideas, recursos,
mercadería, violencia, y lealtades político- religiosas. Estos flujos
destruyen las fronteras que atraviesan y, una vez adentro, se
cristalizan para crear fuerzas: de esa manera, la soberanía del
Estado-nación se ve comprometida tanto en sus límites como en
su interior” (Brown, 2010: 58)
257
Pero, si aceptamos un extremo debilitamiento del Estado-
nación en el panorama globalizado internacional, sumado a la
dispersión de ciudadanos concentrados en el cuidado sus
intereses, méritos y logros individuales, el sujeto renuncia a la
dimensión política de su vida con los demás.
258
al interior de las relaciones burguesas de producción como
propietarios y en sus correspondientes relaciones de reproducción
del orden burgués, como ciudadanos. Los llamados derechos de
segunda generación, cuya reivindicación se hace manifiesta toda
vez que son negados, sea por la violación o (…) por la totalización
de los primeros, serían derechos humanos propiamente tales pues
lo son de las personas en cuanto sujetos corporales de necesidades
(…)” (Acosta, 2012: 66)
A la contradicción señalada habría que sumar que cuando
los pueblos indígenas reclaman su derecho a un territorio que
encierra amplias implicancias simbólicas para la continuidad de
su vida e historia como pueblo, y que –además- es codiciado por
la riqueza de sus recursos, la coherencia del derecho se quiebra.
Como sus reclamos quedan por fuera de aquél, esos pueblos son
asimilados a terroristas, que violentan la constitucionalidad
democrática. Esa caracterización - en estos días- se hace extensiva
a todo sector popular que manifieste su disconformidad a
someterse al desconocimiento de sus derechos, por lo que la
asimilación del reclamo de derechos constitucionales a terrorismo
subvierte el sentido de los documentos constitucionales y de los
tratados internacionales al respecto, autoconstituyéndose en
guardianes de la salvaguarda del orden constitucional
precisamente quienes lo transgreden, que culpabilizan de su
quebrantamiento a quienes exigen su respeto.
Sostiene Acosta que el “universalismo abstracto (…) niega la
perspectiva del universalismo concreto que hace a la construcción
de una democracia sustantiva, conjuntamente con el
reconocimiento y afirmación de los derechos de segunda
generación” (Acosta, 2012:69). En síntesis, está en juego la efectiva
existencia de una democracia pluralista e inclusiva.
Una “democracia radical y plural” (…) reconoce que la
especificidad de la democracia pluralista moderna (…) no reside
en la ausencia de predominio y de violencia, sino en el
establecimiento de un conjunto de instituciones mediante las
cuales se hace posible limitar e impugnar ambas cosas (…) El
pensamiento liberal (…) enmascara las necesarias fronteras y
formas de exclusión tras premisas de ‘neutralidad’ “(Mouffe,
2012:39).
Pero la peligrosidad del discurso neoliberal es que “(…)
junto al relato técnico de los expertos, hay una permanente
referencia a los valores democráticos, (…) como cáscara vacía que
259
funciona como coartada de la estrategia (…)” aplicada (Auat,
2018: 46).
260
narrados); argumentativos (que aportan razones y justificaciones) y
reconstructivos (que se hacen cargo de la historicidad de nuestro
lenguaje).
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261
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https://www.youtube.com/watch?v=rIHKnFWGFns.
Última consulta: 9/12/2019.
262
La “hora” de las ciudadanías
interculturales emergentes
Alcira B. Bonilla
129La autora comenzó a elaborar esta categoría en 2008, a partir de sus estudios
anteriores sobre Filosofía de la migración y el exilio, en conjunto con el grupo de
investigación INTERCULTURALIA que dirige en la Sección de Ética,
Antropología Filosófica y Filosofía Intercultural “Prof. Carlos Astrada” del
Instituto de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de
Buenos Aires (Bonilla, 2008, 2010, 2013, 2017b).
263
autora de este trabajo ha realizado sus investigaciones filosóficas
en el marco de una Filosofía Intercultural Nuestro Americana
Liberadora que orienta su mirada a los contextos culturales
regionales y locales, y a sus historias y memorias, y le permite
discernir los problemas y categorías relevantes para la elaboración
de un pensamiento crítico situado (Bonilla 2017a).
Se aclara, además, que las referencias históricas y
bibliográficas que aparecen en el texto son escasas y, por lo tanto,
la autora asume como voluntario y constructivo el riesgo de que
la juzguen por la parcialidad e, incluso, por falta de información.
Todas las observaciones, ampliaciones y críticas al mismo serán
bienvenidas, porque se las considerará disparadores de polílogos
filosóficos interculturales latinoamericanos liberadores. De
antemano, muchas gracias.
A más de quinientos años del pretendido “Descubrimiento”
Nuestra América se encuentra fragmentada y en su casi totalidad
exhausta, dominada y devastada por gobiernos de extrema
derecha, títeres de corporaciones, empresas y banqueros que
responden a los intereses de las grandes potencias
(mancomunadas o en conflicto entre ellas), o simplemente a las
lógicas del capitalismo extractivista y financiero. En Haití,
Ecuador, Colombia, Chile y Bolivia el pueblo (campesinos,
indígenas, trabajadores, estudiantes, migrantes pobres y personas
sin trabajo ni horizonte vital) ha irrumpido en las plazas, calles y
carreteras con su clamor de protesta, con la contracara
subsecuente y necesaria de muertes, torturas, violaciones,
desapariciones y represión brutal por parte de “las fuerzas del
orden”. Brasil empobrece a sus habitantes y agosta rápidamente
sus recursos naturales, con un gobierno “ungido” por pastores
sedicente cristianos que insisten día a día en impedir los reclamos
populares y las denuncias de criminalidad y corrupción. Estos
hechos de público conocimiento nos retrotraen a los tiempos del
Plan Cóndor y a la coordinación de las dictaduras y de
terrorismos de Estado en el Cono Sur, y son una manifestación de
la contracara siniestra del discurso neoliberal que ha entrado en
crisis en nuestros países. Otros ejemplos: los intentos liberadores
emprendidos en México bajo la presidencia de Andrés Manuel
López Obrador resultan débiles, dada la magnitud de la tarea
pendiente. Argentina, por su parte, está intentando salidas para
detener el tornado destructor de cuatro años de gobierno de la
coalición Cambiemos, en tanto Cuba vuelve a sentir los rigores del
bloqueo, Venezuela es un escenario de conflicto confuso y en
264
Uruguay, una vez más, se está instalando un gobierno de centro
derecha.
La responsabilidad por la memoria de las múltiples luchas
por la liberación de nuestros pueblos y por la palabra con la que
tantas y tantos pensadores de Nuestra América han alentado y
testimoniado estas luchas, se yerguen hoy como un imperativo
para quienes hemos abrazado la filosofía, si bien, por una parte,
como profesión académica, que nos ha llevado a transitar aulas,
formar profesores e investigadores, a escribir manuales y
artículos, también, por otra, como vocación de un pensar situado
y en peligro constante de acallamiento cuando el clamor por los
derechos y la democracia avasallada atraviesa las paredes de
nuestras instituciones y los discursos académicos se hacen uno
con la voz del pueblo.
Aunque el imperativo de palabra responsable ante el
panorama sintetizado más arriba puede desplegarse en un
abanico de innumerables temas, imposible siquiera de enumerar
aquí dada la brevedad de la colaboración, se ha preferido
desplegar teóricamente la urgencia del reconocimiento de las
ciudadanías interculturales emergentes en nuestros países, dado
que es este tipo de emergencia (surgimiento y necesidad
imperiosa) la que pugna por voz, derechos y participación en las
manifestaciones y reclamos populares de este tiempo.
De aquí, los dos epígrafes y la dedicatoria del texto. La
paradigmática frase de Martí, que sirve de epígrafe al mensaje de
Ernesto “Che” Guevara a la Tricontinental de 1967 (“Crear dos,
tres… muchos Vietnam, es la consigna”), hay que sumar “La hora
de los pueblos”, título emblemático del libro de Juan Domingo
Perón de 1968130, ambas resignificadas en varios momentos
cruciales de Nuestra América e inmortalizadas ese mismo año en
la trilogía documental clandestina La hora de los hornos realizada
por Fernando “Pino” Solanas y Octavio Getino, ambos
pertenecientes al Grupo Cine Liberación”.
Cabe recordar, y a modo de homenaje, que la categoría de
emergencia aparece con carácter ético-político en el desarrollo de
la teoría de la moralidad de la emergencia que hizo el filósofo
265
mendocino Arturo A. Roig (2002). Si bien la emplea de modo
original, y rastrea numerosos antecedentes filosóficos, se inspira
explícitamente en el capítulo 8 (“Dominante, residual y
emergente”), de la segunda parte de Marxismo y Literatura de
Raymond Williams (1977). Al vincular la categoría de
“emergencia” con la dinámica de procesos y productos culturales
que se relacionan con la aparición o emergencia de una nueva
clase (la obrera, para el caso), pero también con la existencia de
grupos sociales excluidos, Williams insiste fuertemente en la idea
de que “(…) ningún modo de producción y por lo tanto ningún orden
social dominante y por lo tanto ninguna cultura dominante
verdaderamente incluye o agota toda la práctica humana, toda la energía
humana y toda la intención humana” (2000: 147)131. La definición de
emergencia elaborada por Williams (“Por ‘emergente’ quiero
significar, en primer término, los nuevos significados y valores,
nuevas prácticas, nuevas relaciones y tipos de relaciones que se
crean continuamente”, 2000: 145) es citada por Roig cuando
expone la aparición de una tradición moral específica de América
Latina. Parafraseando a Williams sobre si el término
“emergencia”, que significa el advenimiento de algo nuevo, debe
ser tomado en el sentido de lo “reciente” o de lo “distinto”, Roig
hace referencia a la historia larga y compleja de los movimientos
liberadores de Nuestra América, para concluir:
266
religiosas, sociales, etc. Por esto, según su entender, a la “cultura
de la ciudadanía”, propia de las sociedades democráticas,
corresponde necesariamente una ciudadanía cultural que le da
encarnadura. Quedan así implicadas las ideas de que la cultura ha
de ser entendida como derecho ciudadano, indivisible de los
demás derechos, y de que el Estado debe garantizar y promover
para todos los habitantes de su territorio el derecho de acceso a las
obras artísticas y artesanales, museos, bibliotecas, salas de
espectáculos y de música, etc. ya existentes, el derecho a la
creación (que incluye la producción de la memoria social) y el
derecho a participar en las decisiones sobre políticas culturales
(Chauí 2006, 2008).
La idea de “ciudadanía intercultural” ha sido especialmente
desarrollada en varios textos de pensadores latinoamericanos,
entre los que cabe mencionar la compilación de trabajos realizada
por Jorge E. González en 2007 y la de Santiago Alfaro, Juan
Ansión y Fidel Tubino de 2008, así como los aportes de Jorge
Seibold (2006, 2008). Según González, la noción de “ciudadanía
intercultural” implica la formación y transformación permanente
de las subjetividades políticas en contextos interculturales
urbanos que puede conducir a la reactivación necesaria de la
participación ciudadana para que sean viables las sociedades
latinoamericanas (2007: 39-85). A lo anterior, se suma de modo
esclarecedor la posición de Álvaro Bello Maldonado sobre
“ciudadanía intercultural”, expresada en su capítulo “Ciudadanía
intercultural en América Latina. La búsqueda de un marco
conceptual”, que integra la publicación editada por Alfaro,
Ansión y Tubino:
267
A estas contribuciones iniciales, cabría añadir la más
reciente de Daniel Berisso quien en “Construcción de la
ciudadanía y transformación de la filosofía” se propone, desde
una perspectiva filosófica intercultural, deconstruir los sentidos
habituales de ciudadanía. Entre éstos considera tanto los usuales
entre los defensores de un concepto liberal de ciudadanía, así sea
multicultural, como las formas de entender la ciudadanía de
quienes denigran la categoría por considerarla poco apta para la
elaboración de un marco de pensamiento político liberador y
crítico. Así, inspirándose en el procedimiento del
“desprendimiento” diseñado por Walter Mignolo a partir de su
estudio de la Nueva Corónica y buen gobierno de Guamán Poma de
Ayala, se encamina hacia una noción creativa (poiética) de
construcción intercultural de ciudadanía, que expresa del modo
siguiente:
268
puede decirse que tales grupos oprimidos sufrieron la eliminación
impuesta de su “universo discursivo” -expresión feliz de Roig. En
nuestras repúblicas, construidas en gran parte sobre la base de un
igualitarismo humanista abstracto y declamatorio, se produjo en
realidad una verdadera “inclusión en la exclusión”, exclusión, en
principio, de los grupos originarios y de los afrodescendientes,
pero también de todos aquellos que no convinieran ni al modelo
de estado nacional que se impuso en el siglo XIX, ni al llamado
“globalista” actual132. Dejando de lado la consideración de
genocidios y matanzas, que fueron práctica habitual en nuestros
doloridos países, el recurso a la eliminación del universo
discursivo de los indeseables para el sistema les vedó a éstos casi
siempre la práctica dialógica de una traducción posible entre su
universo discursivo y el del dominador, única práctica que puede
conducir al entendimiento y al ejercicio democrático efectivo en
un medio plural que se integra con criollos y descendientes de
europeos, indígenas, afrodescendientes e inmigrantes.
Completando estas ideas, hay que aclarar que la categoría
de “ciudadanías interculturales emergentes” fue resultado de
varios años de estudio sobre el fenómeno migratorio
contemporáneo, en particular, sobre los flujos de migrantes que
llegaron a la Argentina provenientes de países limítrofes o
cercanos, como es el caso del Perú. En razón de la época del
comienzo y de la motivación de los trabajos, no se tomaron en
cuenta, en principio, ni los grandes movimientos de población
desde África y el Asia occidental provocados por las guerras y el
hambre, ni la masiva migración mesoamericana y caribeña a los
Estados Unidos, así como tampoco las migraciones internas.
En efecto, estas investigaciones tuvieron inicio en la
necesidad de repensar la noción de ciudadanía a partir de las
discusiones que la sociedad argentina se dio entre 1993 y 2003,
ante la necesidad de una legislación migratoria para reemplazar la
conocida como “Ley Videla” de 1981 que estaba basada en el
principio de la seguridad nacional. Esos veinte años de reflexión y
debates, que culminaron en la sanción y promulgación de la Ley
Nº 25.871 (2004), así como el propio texto de la Ley y las
investigaciones y reuniones académicas posteriores a las que dio
lugar, constituyen actualmente un notable acervo de ideas y
argumentos no sólo jurídico sobre la base de la doctrina
internacional de los Derechos Humanos, sino también filosófico,
132 Para un mejor desarrollo de estas ideas, cfr. Susana Villavicencio 2019.
269
histórico, cultural y político que puso el acento en la defensa del
“derecho humano a migrar” y, en consecuencia, en el de
ciudadanía como derecho humano inalienable.
De manera central se tomó en cuenta que, en la concepción
y establecimiento de políticas migratorias, así como en el
tratamiento que la población nativa otorga a las y los migrantes y
en la formación de subjetividad y empoderamiento de éstos,
juegan un papel decisivo, no solamente los lineamientos
normativos vigentes, sino, y sobre todo, el imaginario social o la
ideología existentes en cada contexto (Mármora 2004:25). Es
preciso recordar que en la Argentina, cuando la población de
origen migrante proveniente de países cercanos se radicó en las
ciudades, la aparición urbana de estos grupos con características
fenotípicas propias de los pueblos originarios, así como la
implementación de las políticas neoliberales de ajuste, destrucción
de industrias y falta de empleo, derivó entonces en episodios de
xenofobia y racismo en la década de los ’90 (Grimson y Jelin
2006:70), cuando todavía estaba vigente la legislación de la
dictadura cívico-militar. Y, aún ahora, la revisión
nuestroamericana de la categoría de “reconocimiento” (Sauerwald
y Salas 2017) ha permitido poner en evidencia las patologías del
mismo bajo la condición colonial y (neo)colonial en las que se vive
en Nuestra América, y su incidencia en el tratamiento cotidiano y
político de los grupos migrantes, así como en el de los
descendientes de pueblos originarios y africanos (Bonilla 2017c).
Si bien en el momento de los debates resultaba innegable
admitir que los movimientos migratorios están condicionados por
las políticas de población, salud, educación y trabajo de los
estados nacionales contemporáneos, los cuales total o
parcialmente se encuentran sometidos a las dinámicas y
estrategias de la globalización económica (financiera, sobre todo)
y comunicacional, igualmente se consideró que los estados no sólo
son responsables de la aplicación de estas políticas y de las
normativas que las regulan, sino de la revisión y discusión de
normativas y políticas en el marco de una hermenéutica crítica e
intercultural de los derechos humanos. Así, a partir de un
desarrollo lógico del derecho humano a la libre circulación, como
según varios autores se arriba al derecho humano a migrar
(Pécoud y de Guchtenaire; 2008:23), en la Ley mencionada (Art.
4°) se estableció el derecho humano a migrar por primera vez en
una legislación nacional: “El derecho a la migración es esencial e
270
inalienable de la persona y la República Argentina lo garantiza
sobre principios de igualdad y universalidad” (2004).
La formulación explícita del derecho mencionado implica,
obviamente y como otro corolario lógico, la superación de la
antinomia “legal–ilegal”, estigmatizante y generadora de
vulnerabilidad. Sin embargo, lo excepcional del reconocimiento
del derecho a migrar como derecho inalienable de las personas, no
como concesión estatal, resulta en una verdadera revolución para
las ideas de ciudadanía y de soberanía y las políticas
consiguientes.
El Dr. Gabriel Chausovsky, eminente jurista que trabajó
activamente para la sanción de la Ley, formuló estas
consecuencias de modo sintético y contundente:
271
afrodescendientes133 son dos índices importantes para apreciar el
grado de democratización real de un país.
Para una iniciación en el tratamiento de este segundo
aspecto vinculado con las ciudadanías interculturales emergentes
baste una referencia a los aportes proporcionados por la
Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia134. Fernando
Mayorga destaca que en este texto constitucional se amplía la
noción de ciudadanía con el reconocimiento de un nuevo sujeto
político, las “naciones y pueblos indígena originario campesinos”
(Mayorga 2013). Tanto en el Preámbulo como en los cinco
primeros artículos manifiestan de manera explícita esta nueva
concepción de ciudadanía y Estado. Para Mayorga este modelo
estatal se sustenta en tres pilares: 1) la recuperación del papel del
Estado en la generación, control y redistribución del excedente
económico; 2) el reconocimiento de los derechos colectivos de los
pueblos originarios y la promoción del pluralismo político,
económico, jurídico, lingüístico y cultural; 3) la descentralización
política, con reconocimiento de autonomías departamentales,
municipales e indígenas. El reconocimiento de derechos al nuevo
sujeto político denominado “naciones y pueblos indígena
originario campesinos”, que supera propuestas de una
“ciudadanía diferenciada” (Kymlicka 1996, 2006) o de “iteraciones
democráticas” (Benhabib 2004, 2006), introdujo, así, la democracia
comunitaria en el sistema político constitucional, que pasa a
definirse por normas y procedimientos para la participación
política propios de los pueblos indígenas.
La emergencia reciente de ciudadanías interculturales en las
sociedades actuales, aluvionales y fragmentarias, sobre todo en las
metrópolis y sus áreas de influencia que están densamente
habitadas por gran variedad y cantidad de personas y de grupos
de origen migratorio, y la emergencia fuerte del reclamo por
derechos y soberanía de varios grupos descendientes de los
pueblos originarios de Nuestra América y de africanos, resultan,
indudablemente, fenómenos políticos y culturales cuyas
133 Esta inclusión fuerte del reclamo de reconocimiento pleno de derechos (vale
decir, de ciudadanía) reconoce como antecedente trabajos del colega uruguayo
Yamandú Acosta, en particular su tratamiento de la constitución del sujeto
afrodiaspórico (2012: 150-157).
134 En esta colaboración, tómense estas líneas como manifestación de solidaridad
272
consecuencias teóricas están lejos de haber sido agotadas.
Asumiendo los desarrollos de la ingente investigación actual
sobre el tema, los antecedentes referidos más arriba, y tomando en
cuenta tanto la importancia que la población migrante tiene en
nuestras sociedades como los logros del reclamo por derechos, las
luchas y la politización de grupos indígenas y de
afrodescendientes, se ha considerado oportuno emplear la
categoría de “ciudadanías interculturales emergentes” para
rotular esta temática de un modo a la vez distintivo y técnico.
La consulta a diccionarios135 remite a dos acepciones
principales de “emergencia”: la más habitual indica la aparición
de algo nuevo, más o menos novedoso o diferente, aunque pueda
surgir como cambio de algo anterior; una segunda señala la
necesidad de la acción inmediata para aportar soluciones en una
situación peligrosa. El calificativo de “emergentes” permite
comprender la aparición de nuevas maneras de manifestación
ciudadana, sobre todo el pasaje de acciones sociales a otras
propiamente políticas (constitutivo para el surgimiento de nuevas
ciudadanías) e investigar las actitudes y políticas de dominación
que impiden la plena expansión de la misma.
La renovación teórica, el cambio constitucional, el
establecimiento de legislaciones y normativas que atiendan estos
aspectos y el ejercicio efectivo de este tipo de ciudadanía
intercultural emergente sólo podrán darse si previamente se ha
producido una transformación profunda del imaginario social en
su conjunto y el abandono de prácticas racistas, xenófobas y
discriminatorias que proliferan en las sociedades contemporáneas
y son especialmente visibles en el subcontinente. Una sociedad
que no intente hacerse cargo de esta emergencia está destinada a
vivir en la injusticia que significa la conculcación de los derechos
humanos de gran parte de su población, con riesgo de que se
formen núcleos de población dominada que redundarán en
nuevas fuentes de conflicto para un futuro no demasiado remoto
y que pueden convertirse en pasto de prácticas genocidas a las
que la Argentina no ha sido inmune ni en el pasado reciente ni
antes, y de las que actualmente son víctimas hermanos y
hermanas de Bolivia, Colombia, Ecuador, Brasil... Tal sociedad
tampoco podría hacerse cargo de la complejidad y riqueza de los
diversos planos en los que hoy se plantean las relaciones
273
regionales e internacionales en esta “hora” de las ciudadanías
interculturales emergentes.
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276
Sujetos populares en el cambio de época
Eduardo J. Vior
277
que tienen la misma talla y la misma entrega de aquella generación
diezmada de la que hablaba Néstor Kirchner.
Y su juramento viene a cuento para alumbrar lo que viene:
no es el presente el que se mueve, sino el pasado irresuelto que lo
sostiene y reclama continuar y profundizar las asignaturas
pendientes en la defensa de una vida digna.
Vamos a volver mejores, se prometió.
Dicen que la segunda “Operación cóndor” está
sobrevolando la región. Se vale de traiciones, de embajadas
poderosas, de conflictos prefabricados, de represión y muerte, de
golpes de estado y de autogolpes en ciernes allende la cordillera.
Pero también se vale del desamparo ingenuo de algunas
democracias del siglo 21 que fueron capaces de redistribuir el
ingreso, hacer crecer el empleo, la producción y el consumo
interno y no quisieron o no pudieron hacer crecer y fortificar los
anillos de seguridad de las propias democracias o se creyeron un
cantón suizo cuando apenas eran un espejo de la América desigual
e injusta.
Se dice muy suelto de cuerpo: “lo que pasa en la región no
pasará en la Argentina” ¿No leen la historia acaso? ¿No estudian
los procesos sociales y su devenir político en tiempos donde las
clases dominantes y el imperio del norte cada vez que ven
amenazada su hegemonía, reemplazan la política por la violencia
contra el pueblo?
Ya nos pasó. En 1930. En 1955. En 1976. Y no lo decimos para
alimentar el miedo, sino para advertir humildemente que en estos
tiempos líquidos y vertiginosos es preciso que cada acción
soberana, cada plan contra el hambre y cada restitución de
derechos vayan acompañados por una tarea titánica de educación,
conciencia y cultura que empodere al pueblo y sus organizaciones.
Desde el presidente hasta el último funcionario deberían
vestir guardapolvos de maestros enseñando a defender lo que se
conquista.
Aprovechemos ahora que se está produciendo el tan soñado
trasvasamiento generacional que anunciaba Perón en el siglo
pasado. Allí habrá que seguir apostando. A diferencia de otras
épocas, esta vez el trasvasamiento sucede con un movimiento
popular unido, con el liderazgo vital de Cristina y Alberto, con
jóvenes que ocuparán las más altas responsabilidades del Estado y
con un proyecto de país inclusivo y organizaciones libres del
pueblo que resistieron triunfales el embate de la derecha
saqueadora en estos cuatro años de neoliberalismo.
Esta vez no habrá “primavera democrática”. Atacarán desde
el primer minuto de la nueva gestión. Que nadie se haga los rulos.
La oligarquía terrateniente, los grandes medios hegemónicos, el
plan del imperio para la región, los buitres y el FMI, el asedio
278
alrededor de nuestras fronteras, buscarán impedir el paso triunfal
de un pueblo que sólo quiere ser feliz. Ni más ni menos.
Si el pueblo sigue unido y movilizado y el nuevo gobierno se
muestra decidido a entrar por la puerta grande de la historia, la
primavera brotará nuevamente y esta vez será para siempre.
Sólo la memoria nos salvará.
Que así sea.
279
Interamericana de Derechos Humanos y de la Corte
Interamericana sentaron las bases de una convivencia continental
fundada en los derechos humanos. En un segundo ciclo, a partir
de 2002, la vigencia del Acuerdo sobre Residencia para los
Nacionales de los Estados parte del Mercosur (Mercosur, 2002),
firmado por los países miembros y al que se adhirieron
sucesivamente los asociados (todos los países suramericanos,
excepto Surinam), que reconoce explícitamente la vigencia
integral de los derechos humanos, es decir, de los civiles y
políticos, pero también de los económicos, sociales y culturales,
pavimentó el camino para que, al fundarse Unasur (Unasur, 2008),
se propusiera la construcción de la ciudadanía suramericana.
Condicionados por este desarrollo, los acuerdos y pactos firmados
en años sucesivos entre los países suramericanos sentaron
explícita o implícitamente la vigencia integral de los derechos
humanos. La reversión autoritaria desde 2015 no ha podido
sustituir esta base normativa. Por consiguiente, en América del
Sur la vigencia de la democracia sólo puede concebirse sobre el
fundamento de los derechos humanos y éstos, únicamente en su
integralidad.
280
suficientemente abundantes (Rodríguez Gelfenstein, 2019a, 2019b;
Vior, 2019). Desde la década de 1970 han usado este comercio, por
un lado, para “pacificar” su propio territorio enfermando a reales
o potenciales rebeldes con la droga, por el otro, para financiar
operaciones encubiertas que no habrían sido financiadas por el
Congreso de EE.UU. Sin embargo, la necesidad de invertir en la
economía legal las ganancias habidas en este negocio complicó a
sus operadores con un entramado de bancos, casas de cambio y
fondos de inversión ligados a diferentes organizaciones criminales
transnacionales. En los últimos veinte años se destacaron entre
ellas los grupos financieros ligados a la elite sionista reunida en
torno a Benyamin Netanyahu, primer ministro de Israel entre
1996 y 1999 así como continuadamente desde 2009. Este fenómeno
tiene dos explicaciones: por una parte, la estrecha alianza entre
Estados Unidos e Israel sugirió, como solución lógica para la
introducción de las ganancias por el tráfico de drogas en el
mercado legal, hacerlo a través de fondos de inversión israelíes;
por la otra, estos ingentes flujos de capital financiaron el
desarrollo de la industria armamentista israelí, cuyos productos, a
su vez, encontraron un mercado floreciente en América Latina,
tanto entre los narcotraficantes como entre sus supuestos
perseguidores. Finalmente, cabría acotar que desde los años 1970
el Estado de Israel ha empeñado ingentes esfuerzos en la
cooptación y control de las instituciones de la diáspora judía en
Argentina (donde viven estimativamente 180.000 judíos), Brasil
(100.000), Chile (80.000) y Uruguay (16.000). Esta manipulación de
instituciones ricas y poderosas ayudó a la expansión de esos
negocios.
Este desarrollo extendió y afianzó la economía de la droga
en toda América del Sur, desarticuló social y políticamente la
región (sobre todo por la corrupción de las instituciones y por la
adicción de grandes sectores populares) y la hizo dependiente del
gran capital transnacional especulativo concentrado. Sin embargo,
al mismo tiempo desarticuló a los servicios de inteligencia
norteamericanos, que adoptaron la agenda de los intereses de
negocios del narcotráfico antes que la de su Estado. Desde que
hace un año asumió el nuevo jefe del Comando Sur de EE.UU., el
almirante Craig Faller, está empeñado en recuperar el control
sobre las relaciones entre las fuerzas a su mando y las redes de
narcotráfico. Por esta razón, en las últimas semanas puede
observarse en distintos países de la región (particularmente en
Argentina, Brasil y Paraguay) que personeros y grupos ligados a
281
la economía de la droga van perdiendo poder aceleradamente
(Barrios Rodríguez, 2014; López Girondo, 2019).
En resumidas cuentas, se constata que la lucha por el poder
que desde hace cuatro años fractura a la elite dirigente
norteamericana se ha extendido a América Latina. Por un lado, el
presidente Donald Trump, buscando reducir la exposición de sus
fuerzas armadas en demasiados escenarios y concentrando las
fuerzas sobre la “fortaleza americana”, evita abrir nuevos frentes
bélicos (por ej. Venezuela), pero apoya a sus militares en la
recuperación del control sobre las redes narcos, el tráfico de armas
y sus correlatos financieros (Merry, 2018; Needham, 2016; Stone,
2019). Esta política devuelve poder a los militares, el
Departamento de Estado y las agencias de inteligencia a ellos
vinculadas. En tercer lugar, siguen actuando la DEA, algunas
iglesias pentecostales y los lobbies cubano-venezolanos de Miami
empeñados en mantener el control del narcotráfico y en derrocar a
todos los gobiernos reformistas y/o revolucionarios que pueda
haber en el continente. Las iniciativas de estas tres corrientes
pueden coincidir coyunturalmente, como en el golpe de estado en
Bolivia, pero tienen objetivos diferentes y contrapuestos. Esta
permanente tensión en el interior del Imperio hace su política
incoherente e inconsecuente, pero muy peligrosa por lo
imprevisible de sus reacciones.
282
buscaron implantar el mero individuo. Esta política sistemática de
destrucción de los lazos elementales de la vida en común tuvo
suerte diversa: mientras que en Chile logró imponerse durante 46
años en base a una combinación entre represión y cooptación, en
Bolivia nunca pudo conquistar el mundo indígena y campesino y
en Argentina se mantuvo en un empate competitivo con la
tradición nacionalista popular. Esto quiere decir que la cultura
popular vive de la reactivación periódica de sus tradiciones a
través de organizaciones libres con distintos grados de
institucionalidad. En los momentos de crisis, dependiendo del
grado y alcance de la organización y de la existencia o no de
liderazgos contrahegemónicos, esa cultura vuelve a politizarse.
Entonces recupera contenidos y símbolos de viejos discursos
populares, resignifica otros y desarticula los discursos dominantes
apelando, precisamente, a la memoria de los crímenes de la
dominación. Los discursos de la memoria reconstruyen
experiencias y sensaciones pasadas, para convertirlas en materia
del presente.
Por ello es que en Argentina entre 2015 y 2019 podía
registrarse una fragmentación de la memoria: mientras que el
gobierno conservador intentaba construir un polo hegemónico en
oposición a los “70 años” en los que supuestamente el peronismo
habría sido hegemónico y trabado el desarrollo argentino, cuando,
en realidad, entre 1949 y 2019 el peronismo sólo gobernó 19 años
y con políticas contrapuestas (el gobierno de Carlos Menem, entre
1989 y 1999, subió como peronista, pero realizó una política
neoliberal), la memoria popular aparecía escindida. Una parte se
refería inmediatamente al gobierno de Cristina Fernández (2007-
15), en tanto la mayoría recuperaba el gobierno de Néstor
Kirchner (2003-07) y, quizás, el primer mandato de Cristina (2007-
11), pero no el segundo.
Esta situación cambió radicalmente, cuando en mayo de
2019 Cristina Fernández anunció que no se presentaría como
candidata a la Presidencia y propuso a Alberto Fernández. La
extraordinaria maniobra táctica dejó al bloque oficialista sin
imagen de enemigo para consolidar su alianza y permitió la
acelerada reunificación del peronismo y sus aliados en un
amplísimo frente nacional. Correlativamente, se produjo la
reunificación y profundización del discurso de la memoria
popular. Durante la campaña electoral, en el período de transición
entre ambos gobiernos y después de la asunción de Alberto
Fernández, pudo observarse un renacimiento y difusión de la
283
simbología y los motivos peronistas no vistos desde la década de
1970. Nuevos votantes139 cantan la “marcha peronista” y agitan
banderas justicialistas a la par de las más viejas generaciones que
conocieron a Juan D. Perón.
Por alguna razón que habrá que investigar, el discurso de la
memoria popular argentina se ha condensado en esta etapa en el
primer peronismo (1946-55), claro que, mezclando sus motivos
con el feminismo, el ecologismo y la estética del fútbol y del rock
nacional asociadas desde siempre a las manifestaciones populares.
No obstante que el discurso de Alberto Fernández combina
ideologemas peronistas con otros del radicalismo alfonsinista (por
el presidente Raúl Alfonsín, 1983-89), el de la multitud que asistió
a su asunción del mando el pasado 10 de diciembre rescata sin
ambages la centralidad del Estado empresario, la soberanía
nacional, la justicia social y la solidaridad con los más humildes
en consonancia con el imaginario de Perón y Eva Perón (1946-55).
La rebelión del pueblo chileno comenzó en noviembre con
la consigna de “no son 30 pesos, sino 30 años”, con la que
cuestionó las limitaciones y las promesas incumplidas de la
democracia chilena desde 1989, pero, luego de semanas de
movilizaciones masivas, desconocidas desde 1973, y de duras
luchas callejeras contra la brutal represión gubernamental, el
concierto de Inti Illimani en la Plaza de la Dignidad recuperó los
motivos y la estética de la Unidad Popular (1970-73), mientras que
la novedosa performance de Las Tesis puso las banderas
feministas en el tope de las reivindicaciones populares. A la vez,
la plataforma ciudadana se concentraba en reclamar una reforma
de la Constitución de 1980, para reinstaurar la responsabilidad
pública sobre el agua, la educación, la salud y las pensiones.
Como en Argentina, esta gran movilización popular combinó la
recuperación de motivos históricos con reivindicaciones
feministas, indígenas y ecologistas, aunque en Chile es muy
notoria la militancia de los más jóvenes, primeros en la lucha
contra los carabineros. Esta reactivación de la memoria de la
Unidad Popular junto al reclamo por la vigencia de los derechos
de los pueblos originarios sienta una base democrática y social
amplia, pluralista y renovada para la discusión constitucional.
Dadas las brutales condiciones de represión en Bolivia es
muy difícil saber cómo se va reconstituyendo la memoria popular
139En Argentina el voto es obligatorio, pero desde 2012 las y los jóvenes entre 16
y 18 años también tienen el derecho opcional al sufragio.
284
después del choque del golpe de estado del 27 de noviembre. La
utilización por los golpistas de motivos católicos ultramontanos y
la intención explícita de someter a la población indígena y
campesina han roto la solidaridad nacional que el gobierno de
Evo Morales había sostenido sobre la base del Pacto de Unidad de
los movimientos sociales cuya expresión electoral era el MAS
hasta 2016. En un efecto especular, seguramente esta focalización
discursiva va a despertar motivos de identificación indigenista,
pero aún es muy temprano para saber en torno a qué motivos
históricos va a cristalizarse, para servir de base a la elaboración de
una nueva plataforma política de liberación.
Los discursos de la memoria popular se articulan
contingentemente y no es previsible qué motivos del pasado
tomarán, para organizar nuevas configuraciones identitarias y
sentidos comunitarios. Sin embargo, de los ejemplos reseñados
pueden inferirse cuatro reglas para la reconstrucción de la
memoria popular:
El “trasvasamiento generacional”
285
vida, para indicar el progresivo y organizado traspaso de
responsabilidades hacia los más jóvenes que debía producirse
dentro del Movimiento Peronista. El concepto es parte de su
modo de entender la “Revolución Justicialista”141, como un
proceso evolutivo de adaptación del Estado y la sociedad
argentina, primero, sucesivamente también de la latinoamericana,
a procesos cada vez más complejos y más abarcadores de
integración de la humanidad. En el pensamiento de Perón este
proceso se orienta éticamente hacia la cada vez mayor vigencia de
los derechos sociales combinada con una educación de la
consciencia colectiva que permita que ese disfrute de los derechos
dignifique la condición vital de los individuos como parte
responsable de comunidades organizadas (Perón, 1949; 1971;
1974). A partir de 1972 esta visión se integró en una perspectiva
ecológica global (Perón, 2013). Desde entonces el término ha
conservado su vigencia, para referir el rejuvenecimiento periódico
de los liderazgos populares que es necesario, para que el proceso
democrático y popular tenga permanencia.
Tanto en la rebelión chilena comenzada el 18 de octubre de
2019 como en la movilización argentina que condujo al triunfo de
Alberto Fernández y Cristina Fernández en la elección
presidencial del 27 de octubre siguiente es notable el
protagonismo juvenil. En ambos países hay antecedentes: los
sucesivos movimientos estudiantiles chilenos desde la década
pasada, el actual movimiento feminista chileno y el movimiento
“Ni una menos” en Argentina junto con la intensa movilización
por el derecho al aborto legal, gratuito y seguro. La diferencia que
aparece en una primera comparación es que, mientras que en
Chile las y los jóvenes están en la primera línea de lucha contra la
represión, en Argentina la participación juvenil (sobre todo la
femenina) se ha canalizado preponderantemente a través de las
organizaciones políticas y sociales del Frente de Todos. No
obstante, probablemente esta diferencia se nivele con la
organización del movimiento popular chileno en la campaña
electoral previa a la celebración del referendo constitucional.
Es muy temprano aún para identificar si en la resistencia
boliviana a la dictadura se encuentra un rol específico para la
286
juventud142. Por lo menos en las luchas posteriores al golpe del 27
de noviembre de 2019 no aparecía así.
287
pero al hacerlo ha caído en una aporía: no puede justificar su
ejercicio del poder soberano solamente por el procedimiento
electoral. En tanto casi todos los estados del mundo mantienen la
forma nacional, los gobiernos necesitan, aunque sea ficticiamente,
construir pueblos que puedan legitimarlos. Si esas construcciones
ficticias, empero, no encuentran ninguna equivalencia en la
realidad sensible de quienes se supone las corporizan, los pueblos
se constituyen contra el poder hegemónico. Por esta razón, la
realidad popular inherente a los Estados nacionales siempre
termina por imponerse a las ficciones de representación.
Claro que, en situaciones de extrema violencia opresiva,
como por ejemplo vive Bolivia actualmente, la unidad de las
organizaciones populares puede verse amenazada, se pueden
producir divisiones y su capacidad de movilización puede
reducirse. Por eso la unidad en torno a un imaginario común de la
nación (también de una nación de naciones) y la disposición
permanente a la movilización para defender sus derechos al
ejercicio de la soberanía son condiciones de la perdurabilidad del
pueblo.
Conclusión provisoria
288
originarios que reclaman a la vez el derecho a disponer sobre el
territorio y a participar en la organización política y constitucional
de los estados. Este escenario complejo amenaza fragmentar los
imaginarios nacionales. De la articulación específica de los
discursos de la memoria con la reconstitución de los sujetos
populares dependerá la capacidad de los imaginarios nacionales
para integrar y reconocer a múltiples sujetos populares.
La construcción de sujetos populares se fundamenta en la
elaboración de discursos de la memoria orientados
estratégicamente a la potenciación de los reclamos por derechos
humanos integrales. Finalmente, la posibilidad de trasvasar el
liderazgo a nuevas generaciones y, de ese modo, asegurar la
trasmisión intergeneracional de saberes y prácticas que hacen a la
reconfiguración de la cultura popular asegura la continuidad del
sujeto popular y la disposición a disputar el imaginario nacional.
En este sentido, tomando el ejemplo boliviano, el ensayista Rafael
Bautista decía recientemente que “el pueblo boliviano no está
derrotado, sino en un repliegue estratégico”145. La diferencia está
dada por la continuidad de las organizaciones formales e
informales que permiten la producción y circulación de los
discursos, especialmente los de la memoria y el de los derechos.
La comparación entre los procesos de movilización popular
en Argentina, Bolivia y Chile en los últimos meses de 2019
permite registrar similares recuperaciones de los discursos de los
derechos humanos y de procesos de reconocimiento de sujetos
populares diversos, combinadas con diferentes formas de
constitución del pueblo y de articulación de los imaginarios
nacionales. En los tres casos los discursos de la memoria (con
diferentes anclajes) cumplen un rol determinante en la
recuperación de nociones de comunidad como escenario
estructurante de la vida y, por consiguiente, de ejercicio de la
soberanía. Del modo en que se definan estos procesos y de su
capacidad para reconocerse mutuamente dependerá el destino de
la región en la competencia hegemónica en curso.
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Chile era la niña mimada del neoliberalismo. En ninguna
parte del mundo, las recetas económicas ortodoxas fueron
implementadas con tanta sistematicidad y drasticidad como en el
Chile de Pinochet, ni siquiera en la Gran Bretaña de Thatcher, ni
295
en los EE.UU. de Reagan ni en la Argentina de Videla. Si en algún
lugar del orbe hubo un experimento de reingeniería social a gran
escala tendiente a hacer realidad la ortodoxia de los Chicago boys,
para desmantelar por completo el Estado de bienestar de
Posguerra, ese lugar fue el Chile de la dictadura: mercantilización
a ultranza de la educación, de la salud, del empleo, de la previsión
social, de los servicios públicos, de los recursos naturales, de la
vivienda, etc.
No sorprende, entonces, que la transición democrática de
los 90 haya sido tan tibia, tan timorata, tan gatopardista. La
democracia fue restaurada en su dimensión formal, más como una
ficción jurídica que como una realidad palpable: división de
poderes, elecciones periódicas, sistema de partidos,
parlamentarismo, recuperación de derechos de primera
generación (civiles y políticos), y otros aspectos que hacen a la
mentada institucionalidad republicana. Aunque no del todo, sin
embargo, pues la Constitución de 1980 ha seguido vigente –con
módicos retoques– hasta el día de hoy, y ella contiene gravosas
hipotecas (enclaves autoritarios se les dice) que comprometen la
plena vigencia de las libertades públicas. En efecto, Chile
mantiene una deuda gigantesca en materia de derechos de
segunda, tercera y cuarta generación: derechos económicos,
sociales, culturales, ambientales, de las mujeres, de las disidencias
sexuales, de los pueblos originarios, etc. No en vano, uno de los
principales reclamos que hoy aglutinan a quienes protestan contra
Piñera es la convocatoria de una Asamblea constituyente que
permita la refundación del país como república plurinacional y
genuinamente democrática.
296
movimiento sedicioso contra Evo Morales y el MAS un carácter de
masas que no permite catalogarlo como puramente elitista u
oligárquico (aunque está claro que no se lo puede considerar
mayoritario, ya que el campesinado indígena del Altiplano sigue
siendo el elemento social y étnico más numeroso del país).
En Chile, por el contrario, la base social de la derecha es
mucho más exigua. Se reduce, de hecho, al establishment: el
gobierno, la burguesía concentrada, las fuerzas de seguridad, etc.
Los sectores populares y medios están, en su inmensa mayoría,
contra Piñera y el modelo neoliberal: trabajadores fabriles y
marítimos, mineros, oficinistas, estudiantes, mujeres, mapuches,
desempleadxs, jubiladxs, comerciantes, docentes, profesionales,
artistas, etc. La revuelta chilena es extremadamente diversa en su
composición social: abarca casi todas las clases sociales. Este
policlasismo torna poco probable –a mi entender– un desenlace
golpista en el país trasandino, a no ser que los sectores medios,
asustados por una espiral de radicalización de las luchas sociales,
se diesen vuelta, algo que ya ha ocurrido en otros procesos
históricos, como en la Francia de la Segunda República (1848-
1852).
Hay también en Chile, por otro lado, una intensificación de
la lucha indigenista, que no puede ser disociada de las luchas
sociales. El pueblo mapuche inició activamente esta revuelta
general desde hace años. Apoya las protestas katripache contra el
modelo neoliberal, y sus reclamos de derogación de la
Constitución de 1980. Pero suma reclamos específicos:
desmilitarización del Wallmapu, restitución de tierras ancestrales,
freno a los desmontes de los terratenientes y las empresas
forestales, derogación de la Ley Antiterrorista, autonomía,
autodeterminación, plurinacionalidad, liberación de activistas en
prisión, juicio y castigo a los responsables de líderes indígenas,
etc.
297
empleo o sin él que no han podido acceder a la educación
superior. Hablamos de millennials y centennials, es decir, de la
generación Y (cohorte demográfica nacida entre principios de los
80 y mediados de los 90) y la generación Z (cohorte nacida a partir
de mediados de los 90). Son generaciones totalmente adaptadas a
las nuevas tecnologías. Crecieron con la informática, Internet, la
telefonía celular, las redes sociales, WhatsApp, etc., como una
dimensión intrínseca y central de sus vidas cotidianas. O al menos
se habituaron al universo virtual tempranamente, precozmente,
durante los años de adolescencia.
La juventud chilena pospinochetista tiene un largo historial
de luchas contra el modelo educacional privatista y elitista del
neoliberalismo. Sus reivindicaciones son conocidas: gratuidad,
pase escolar (boleto estudiantil) gratuito y unificado, defensa o
aumento del presupuesto para la enseñanza pública, solidaridad
con los reclamos salariales de lxs docentes, marcha atrás con la
municipalización de las escuelas, continuidad de las
universidades y los institutos en riesgo de clausura, reformulación
de la jornada escolar completa, reformas curriculares y otras
mejoras en calidad educativa, mecanismos de cogobierno,
extensión de becas, mayor libertad de expresión, eliminación de la
Prueba de Selección Universitaria (PSU), etc. La militancia juvenil
por la educación pública alcanzó nuevos picos de intensidad en
2008, 2011-2012 y 2015-2016. En 2018, tuvo un giro político-
ideológico importante, al masificarse las denuncias contra los
abusos sexuales, la inequidad de género, la misoginia y la
discriminación machista al interior del sistema educativo: la
llamada nueva ola feminista chilena.
Los métodos de lucha han sido variados, y a menudo
creativos: desde petitorios, paros, manifestaciones y asambleas,
hasta huelgas de hambre, tomas de colegios y universidades, e
incluso enfrentamientos con las fuerzas represivas; sin olvidarnos
de mencionar el arte callejero (grafitis, murales, performances,
canto de protesta, etc.) y la iconoclastia (vandalización de
monumentos que denotan o connotan autoritarismo u opresión),
tradiciones contestatarias que hunden sus raíces en la
contracultura de fines de los 60 y principios de los 70. Y por
supuesto, también el ciberactivismo, ámbito en el cual la juventud
millennial y –más aún– centennial se mueve como pez en el agua,
con notable destreza e intensidad, y no poca inventiva:
propagación de comunicados por redes sociales, creación y
viralización de memes satíricos, hacking, armado de grupos
298
virtuales, difusión de fotos y videos, uso de hashtags, arte digital,
referencias subversivas al cómic y la cultura otaku, etc.
La juventud chilena es excepcionalmente rebelde y
combativa. Probablemente, ningún otro movimiento estudiantil
de América Latina tenga tanta pujanza como el chileno. Se ha
dicho muchas veces, con ligereza, con simplismo, que las nuevas
generaciones se hallan cretinizadas y desmovilizadas por su
sobreexposición a las nuevas tecnologías. Se repite ad nauseam,
desde una opinología con ínfulas sociológicas, que la juventud
millennial-centennial vive enfrascada en la virtualidad, y que esa
virtualidad es funcional a la reproducción del sistema, porque
opera como un opio anestésico, evasivo y despolitizador. Como
tendremos oportunidad de constatar mejor, la Primavera de Chile
refuta este razonamiento tan lineal, rayano con el prejuicio.
No está de más recordar, en este punto, que la Revuelta de
Octubre comenzó con las evasiones masivas del estudiantado
santiaguino en las estaciones del Metro, en repudio al aumento de
tarifas del transporte público, uno de los más onerosos de toda
América Latina. Dicha acción de desobediencia civil, pronto
complementada con otras tácticas (derribo de puertas cerradas,
rotura de validadores y letreros, enfrentamiento con los
carabineros, etc.), fue luego imitada por el resto de la población
usuaria: trabajadores, pasajerxs en general. Pero el puntapié
inicial lo dieron lxs liceístas o pingüinos, pibas y pibes del
secundario, principalmente de los liceos emblemáticos del centro de
Santiago.
299
reemplazo el buen sentido de la utopía. En esta doble tarea
insurgente de negación y afirmación, la experiencia estética ocupa
un lugar preponderante, crucial. No es posible subvertir la
sociedad si no se subvierte el arte. La literatura, la música, el cine,
la pintura, la escultura, el teatro, etc., son instrumentos
poderosísimos para la resignificación crítica y la significación
utópica del mundo.
Nos equivocaríamos mucho si concibiésemos de modo
unidireccional el vínculo entre rebelión y arte. Las prácticas
estéticas no son meros reflejos o réplicas de los movimientos
sociales. Desde luego que acusan su impacto, y bastante. El arte se
encuentra condicionado por la sociedad y la historia, por las
relaciones de producción y las luchas sociales, pero no se halla
mecánicamente determinado por ellas. Goza de una autonomía
nada desdeñable. Y esta autonomía implica, entre otras cosas, la
capacidad de incidir o influir en la propia realidad social,
modificándola, transformándola. Esto vale también para las
rebeliones subalternas. El arte puede estimularlas, acicatearlas,
radicalizarlas incluso.
Sobran los ejemplos históricos que testimonian esta
alquimia entre arte y rebelión: La Marsellesa y La libertad guiando al
pueblo en la Francia revolucionaria, el muralismo en el México
liberado del yugo porfirista, el Proletkul’t en la Revolución Rusa, la
poesía del Romancero en la Guerra Civil Española, la Nueva Trova
en la Revolución Cubana, los grafitis en el Mayo Francés, el Cine
Político en la Italia de la Contestazione, los relatos del
Subcomandante Marcos en los Caracoles zapatistas de Chiapas,
las performances feministas en la Argentina de la marea verde y la
campaña Ni Una Menos… Es imposible no evocar, asimismo, el
movimiento folclórico de la Nueva Canción que se desarrolló en
el Chile sesentista y allendista, y que supo alumbrar innumerables
letras de protesta en la vena de esa gran precursora que fue
Violeta Parra: las de Víctor Jara, las de Quilapayún…
Digamos algo más: el arte de la rebelión, el arte insurgente,
es un arte urgente. Urgente no porque su producción sea
necesariamente apresurada o improvisada (puede ser lenta y
meticulosa). Tampoco porque sus productos resulten siempre
efímeros (pueden ser duraderos, y aun convertirse en clásicos).
Arte urgente en otro sentido: una creación estética de extramuros,
a la intemperie, sin evasiones, sin nihilismos ni solipsismos, muy
fuertemente interpelada, movilizada, atravesada por el aquí y
ahora, vale decir, apremiada por los problemas sociales y las
300
encrucijadas políticas del tiempo-espacio en que se vive, se sufre y
se lucha.
301
usamos para decir, si la de los militares o la de los cantores y
poetas chilenos”.
Calíope desarrapada
302
testimonio: poetas feministas, poetas mapuches, poetas
anarquistas…
Claro que no todo es presente en esta eclosión de la poesía
social. Abundan los saltos de tigre –parafraseando a Walter
Benjamin– al pasado sesentista y allendista. Las estrofas más
populares de Violeta Parra y Víctor Jara circulan por doquier,
como semillas al viento: conciertos al aire libre, covers en
YouTube, eventos poéticos, murales, redes sociales, performances
callejeras… Hay un espíritu retro muy consciente y tenaz,
orgulloso de su hambre insaciable de historia y genealogía,
sobrevolando este despertar a la revuelta y la poesía.
303
Mon Laferte, por su parte, ha reversionado La carta, aquella
canción de protesta que Violeta Parra compuso en el 62 a su
hermano Roberto, militante comunista, quien había caído preso
en una sangrienta redada de la policía en una barriada del sur de
Santiago, cuando gobernaba Jorge Alessandri. “Habrase visto
insolencia/barbarie y alevosía/de presentar el trabuco/y matar a
sangre fría/a quien defensa no tiene/con las dos manos vacías”,
reza una de las estrofas. Mon Laferte le cambió el final, para
actualizar su sentido e interpelar a Piñera: “Necesitamos justicia y
la paz en la nación/la guerra no es de la gente/presidente por
favor”.
Tampoco la música clásica ha estado ausente. El domingo 3
de noviembre, en horas del mediodía, una orquesta sinfónica,
acompañada de solistas y coro, interpretó el Réquiem de Mozart en
tributo a las víctimas de la represión, que a la sazón ya trepaban a
veinte. El concierto, que congregó a un centenar de artistas, se
llevó a cabo en la explanada del Museo de la Memoria y los
Derechos Humanos, en Santiago, e incluyó performances alusivas a
la violencia fratricida del gobierno. Desde luego que no se trató de
una elección casual: en dicho museo se preserva del olvido a todas
las personas –miles y miles– desaparecidas, torturadas, asesinadas
durante la dictadura militar. Es un lieu de mémoire –recuperando la
noción de Pierre Nora– contra el olvido amañado del terrorismo
de estado en Chile. Allí, precisamente allí, una multitud sin
miedo, un gentío indómito, se reunió para participar del
homenaje martirial, en una atmósfera de honda emoción, con
clara voluntad de desafiar al poder. Así, con una ceremonia civil y
rebelde en clave estética, las víctimas de Piñera quedaron
hermanadas a las víctimas de Pinochet.
304
denuncias por acoso sexual contra profesores universitarios, y que
alcanzó su cenit con el largo ciclo de protestas masivas de mujeres
de 2018, cuya agenda de reivindicaciones también incluyó la
paridad de género y la despenalización del aborto.
Nutriéndose de estos precedentes, la Primavera de Chile ha
hecho un amplio uso de las performances callejeras. Sirva esta
experiencia, una entre tantísimas, a modo de botón de muestra: el
lunes 28 de octubre, en la vereda de una comisaría situada en la
comuna santiaguina de San Miguel, un grupo de mujeres con sus
cabezas encapuchadas de negro, con sus cuerpos totalmente
desnudos maquillados de blanco, y con heridas sangrantes de
bala simuladas sobre sus torsos con tintura escarlata, reclamaron
juicio y castigo a los represores responsables de los veinte
crímenes hasta ese entonces acumulados: el de Renzo Barboza, el
de César Mallea, el de José Uribe, etc. Las activistas sostenían con
sus manos carteles de cartón, donde podían leerse, pintados en
negro, todos los nombres del martirologio. De los letreros pendían
cintas de color rojo, en cuyos extremos había atadas cacerolas, los
símbolos de la protesta. En un momento, se dejaron caer al piso, y
allí se quedaron inertes, como si hubiesen sido fusiladas.
Mientras se realizaba esta performance, dentro de la sede
policial un fiscal tomaba declaración a Josué Maureira, un
estudiante universitario gay de 23 años que denunció haber sido
brutalmente golpeado, torturado, abusado y amenazado de
muerte por los carabineros, sin más argumentos que su
participación en la protesta y su disidencia sexual. El público
presente comenzó a proferir improperios y cánticos contra los
uniformados. Estos, molestos, le lanzaron bombas lacrimógenas
desde la puerta. Pero la reacción, lejos de aquietar los ánimos, los
enardeció. Los improperios y cánticos arreciaron, aun cuando la
performance ya había terminado.
Yeguada Latinoamericana, un grupo artístico donde
convergen mujeres feministas y militantes LGBT, ha estado
realizando diversas performances durante estas semanas. El jueves
31 de octubre, también en Santiago, integrantes de dicho espacio
posaron provocativamente con coronas de flores junto al
monumento a los mártires de Carabineros, frente a la Iglesia de
San Francisco de Borja, templo católico reservado a los servicios
religiosos de dicha fuerza de seguridad.
El 29 de octubre, cerca de 50 estudiantes y docentes de la
Escuela de Teatro de la Universidad Mayor, recorrieron durante
dos horas la zona céntrica de la capital. Caminaban vestidos de
305
blanco impoluto, salvo algunxs con pancartas, que usaban
prendas negras. En la explanada de Ahumada y Alameda, se
dispusieron en círculo. Al interior, el grupo de blanco se apiñó
sobre el suelo, como un cúmulo de cadáveres. El resto del
contingente le arrojó pintura roja. La intervención artística se
denominó Chile, estado asesino.
Cuatro días antes, Catalina Duarte, una talentosa bailarina
del Teatro Municipal de Santiago, ejecutó, vestida toda de rojo,
con una bandera de Chile en la diestra, un paso de ballet en medio
de la avenida Santa Rosa, una de las arterias más importantes del
centro de la capital, ante una amenazante fila de vehículos de las
Fuerzas Especiales de Carabineros, cuyos conductores miraban
atónitos lo que ocurría, sin saber qué hacer. Su coreografía fue
fotografiada por María Paz Morales y Oscar Serguel, en el marco
del proyecto Danza en la Urbe. Las fotos se viralizaron en Chile y
el resto del mundo.
“¡A la calle!, que ya es hora/de pasearnos a cuerpo/y
mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo”, reza la sexta
estrofa de España en Marcha, aquel recordado poema que Gabriel
Celaya escribió promediando la década del 50, en plena dictadura
franquista. También Chile hoy está en marcha, y por ello la
exhortación del poeta vasco –salir a la calle, pasearse a cuerpo,
mostrar que se vive, que se anuncia algo nuevo– adquiere allí una
resonancia más profunda que en otras partes del mundo donde
prevalece el quietismo.
306
En este agitado contexto político-social, Valparaíso está
viviendo un nuevo impulso de arte urbano. En el Tornamesa
Barón, muralistas de renombre han estado trabajando
intensamente: Anís, Giova, Maida K, Goblin… Ya hay resultados
a la vista. En uno de los murales, se ve a un colegial saltando el
molinete de una estación del Metro de Santiago. En otro, se
aprecia un busto de estilo cubista que encierra una bomba en su
cabeza, sobre un fondo que reza “Octubre”. Un tercer mural
representa a una anciana que cubre su rostro con un pañuelo rojo,
blandiendo dos armas: un cascote y una cacerola. Un grafiti
reclama «ASAMBLEA CONSTITUYENTE” … Puede verse y
leerse una crónica fotográfica en la página Apuntes y Viajes de
Valparaíso al Mundo. La crónica se titula Chile Despertó: murales del
estallido social en Valparaíso, y salió publicada el 7 de noviembre.
En la capital, sobre una de las fachadas de la Universidad de
Santiago de Chile (USACH), Inti ha pintado Primavera Insurrecta,
un gigantesco mural surrealista. Vestida de blusa y pollera, una
joven campesina con trenzas y ojos de rosas sostiene con su mano
izquierda una pala, y porta en su espalda una guitarra. Lleva
asimismo un cinturón, del que cuelgan un martillo, un par de
guantes de boxeo, una sartén con la luna llena, varios cartuchos
de bala y una muñequita. “Buscaba recordarnos lo indispensable
de la mirada femenina en los procesos sociales que vivimos”,
comentó el autor al medio digital El Mostrador, luego de la
inauguración.
Además de murales, Chile se ha llenado de grafitis. Se trata
de una explosión de arte urbano juvenil que, por su parresía –su
crítica franca e incisiva al sistema– y también, no pocas veces, por
su inventiva o belleza, su chispa o poesía, hace recordar al Mayo
Francés.
307
La Primavera chilena constituye un buen ejemplo.
Centenares de fotoperiodistas y foto documentalistas, tanto
nacionales como internacionales, se han lanzado a recorrer las
calles de Santiago, Valparaíso y otras urbes del país, capturando
en imágenes el despertar del pueblo, con sus furias y algarabías; y
también el horror de la represión policial-militar, con sus
atropellos y crímenes… Marchas con pancartas y banderas,
cacerolazos, manifestantes con capuchas y represores con cascos,
barricadas y camiones hidrantes, intercambios asimétricos de
proyectiles (piedras contra balas), llamaradas y humaredas,
estallidos de bombas (molotov y lacrimógenas), performances en la
vía pública, monumentos intervenidos, etc.
El colectivo documentalista chileno Migrar Photo sacó
instantáneas magníficas de la pueblada, que ha compartido en su
portal digital, www.migrarphoto.com, acompañadas de crónicas
breves muy interesantes. Son ocho series en total, ordenadas
cronológicamente del 20 al 30 de octubre: La revuelta del torniquete,
Balas y cacerolas, Entre las barricadas y el carnaval, Rechazo y
movilización (I y II), La marcha del millón, De las quebradas al
Congreso, Lunes otra vez y Cabildo abierto. Migrar Photo ha
realizado un invaluable relevamiento en imágenes de la
Primavera de Chile, que aúna el rigor documental, la sensibilidad
social y el esmero estético.
Debe añadirse que la tecnología digital, los celulares con
cámara y las redes sociales han masificado más que nunca la
fotografía, tanto en su producción como en su circulación. Sacar
fotos es cada vez más barato y sencillo, y difundirlas también.
Para bien o para mal, o acaso para bien y para mal, lo cierto es que
Facebook, Twitter y –sobre todo– Instagram han revolucionado
los usos sociales (culturales, políticos, etc.) de la fotografía, y
también las formas de hacer periodismo gráfico. Lo dicho se
aplica también, desde luego, al Chile Despertó. La cantidad de
fotos sacadas y viralizadas ha sido prodigiosa, y esta profusión no
ha resultado estéril: ha servido, entre otras cosas, para contagiar
entusiasmo y osadía al interior del pueblo rebelde, y para aportar
pruebas inapelables de la barbarie represiva del gobierno.
Una fotografía merece especial atención: Re-evolución. No
tanto por su valor artístico, sino, esencialmente, por su valor
testimonial, y por su enorme impacto social. La actriz chilena
Susana Hidalgo, presente en la masiva movilización de Plaza
Italia del viernes 25 de octubre, captó con su celular una imagen
llamada a hacer historia: la vanguardia de la multitud,
308
encaramada sobre el monumento al Gral. Baquedano, agita
banderas de Chile y del Wallmapu, sobre un cielo rojizo y humoso
similar al que cubre un campo de batalla. En la cúspide de la
escultura ecuestre de bronce, erguido sobre el lomo del caballo,
un manifestante de torso desnudo y brazos extendidos en alto con
forma de V hace tremolar la Wenufoye, la insignia del pueblo
mapuche. La foto se viralizó con asombrosa rapidez, y dio la
vuelta al mundo entero. Se ha convertido en la imagen más
emblemática de la Primavera de Chile.
309
Una de las más notables fue el derribo con sogas de la estatua del
conquistador español Pedro de Valdivia, el jueves 14 de
noviembre, en la Plaza Independencia del centro de Concepción,
con motivo de la conmemoración del primer aniversario de la
muerte de Camilo Catrillanca, el joven comunero asesinado por
Carabineros. El monumento fue también intervenido con grafitis,
y manchado con pintura roja. No menos significativa fue la
remoción de una escultura similar (busto de Valdivia) en Temuco,
capital de La Araucanía, con igual metodología (multitudes
jalando de cuerdas), el pasado 29 de octubre. Allí también, en esa
misma jornada, se decapitó la estatua del militar Dagoberto
Godoy, cuya cabeza, pintarrajeada de colorado, terminó colgando
del Monumento a Caupolicán, amarrada a la mano izquierda del
célebre lonko o caudillo mapuche. En el extremo sur de la
Patagonia chilena, en la ciudad de Punta Arenas, la escultura de
José Menéndez Menéndez (aquel empresario de origen español
que tanto contribuyó al genocidio y etnocidio del pueblo selknam
en Tierra del Fuego) fue destruida con saña, y sus restos acabaron
al pie del Monumento al Indio Patagón, en un acto de hondo
simbolismo cultural y político.
En Arica, en el extremo norte del país, fue demolido un
busto de mármol de Cristóbal Colón, en la plaza que lleva su
nombre. En La Serena, se derribó el monumento de bronce al
conquistador español Francisco de Aguirre, emplazado en la
avenida homónima, siendo reemplazado por una escultura de una
mujer diaguita. En Collipulli, una urbe de La Araucanía, se
destruyó el busto del coronel Cornelio Saavedra Rodríguez, el
Roca chileno (nieto del presidente de la Primera Junta de Buenos
Aires), quien, entre 1861 y 1868, comandó al Ejército en su guerra
de conquista y exterminio contra la nación mapuche. En Temuco,
igual suerte le cupo al busto de bronce del estadista Diego
Portales, figura emblemática del Chile conservador de la primera
mitad del siglo XIX. En Santiago, la furia iconoclasta se abatió
sobre diversos monumentos a carabineros y militares.
El sábado 2 de noviembre, en la región del Biobío, sur de
Chile, una multitud de medio millar de comunerxs mapuches
destruyó el monumento al conquistador castellano García
Hurtado de Mendoza (1535-1609), emplazado en la Plaza de
Armas de la ciudad patagónica de Cañete, provincia de Arauco.
El busto de bronce fue derribado con sogas, y pintarrajeado de
rojo, en obvia alusión a la sangre indígena que este aristócrata y
militar winka hizo derramar en la guerra invasora del Imperio
310
Español contra el Wallmapu. La placa conmemorativa también
acabó removida, y tanto la escultura como el pedestal fueron
intervenidos con grafitis indigenistas.
Las acciones de iconoclastia indigenista en Chile están
asociadas a una conciencia histórica revisionista. Conllevan una
crítica muy profunda a las narrativas hegemónicas del pasado
chileno, un rupturismo radical respecto a la política de la memoria
sobre la cual se ha edificado la identidad nacional chilena. La
desmonumentalización de la Conquista de América y de la
«Pacificación de la Araucanía» son prácticas culturales
indiscutiblemente contestatarias, revolucionarias. “El pasado es
aquello por lo que lo tomamos, y actúa en consecuencia”, escribió
el filósofo anarquista alemán Gustav Landauer. El pueblo
mapuche parece tener muy claro este concepto…
“El derribamiento de estatuas merece una atención especial,
pues se trata de una de las acciones más potentes e impensadas en
este oasis de neoliberalismo”, reflexiona la historiadora Claudia
Zapata, en una interesante columna de opinión intitulada Poéticas
de la insurgencia. “Esa potencia radica en su capacidad para
perturbar el guion autoritario de la construcción nacional,
embistiendo su despliegue urbano donde calles, plazas y
monumentos reivindican de manera ostentosa una genealogía
invasora y patriarcal”. Y agrega: “la historia de nuestros
monumentos es la historia de un Estado nacional que se ha
construido de espaldas a sus habitantes, respaldado por un
autoritarismo que ha sido eficiente en ahogar las tentativas de
apertura.
311
312
Por un futuro digno para Chile y
para todo el mundo
Recordando…
313
que a nosotros mismos nos pasaban, en la vida, en la cultura, en la
política, y era ágil y ligera, como una paloma. Aquí estaban
advirtiendo: la paz que dicen es miedo»146. Unas cuantas
canciones inolvidables, que pasaron las fronteras de Chile y se
expandieron por todo el mundo, algunas de las cuales las
seguimos cantando los «jóvenes» de mi generación después de
comer o cenar, porque los vascos y las vascas cantamos mucho en
grupo, en cuadrilla y además dicen que bien.
Pero el 11 de septiembre de 1973 truncaron
despiadadamente aquella experiencia política ilusionante. Los
EEUU, la derecha golpista y los militares acabaron con nuestro
sueño y sobre todo con el sueño de muchos chilenos y chilenas.
Llegó Pinochet Ugarte (de madre vasca, del País Vasco francés,
¡una desgracia para nosotros!) con toda su violencia y con todo su
horror. Y llegaron los muertos, los desaparecidos, los exiliados, la
tortura. En definitiva, la opresión política, económica y social. La
negrura del horror, de la injusticia y de la muerte.
Más tarde, en mi época de Doctorado en Filosofía en
Lovaina (Bélgica) traté con muchos chilenos y chilenas que
estudiaban allí o estaban exiliados desde hacía tiempo. Con
algunos de ellos tracé una amistad imborrable. Y descubrí muchas
cosas del país que me contaban. Y seguí amando al país, aunque
nunca he ido a verlo y apreciarlo. Ahora mi entrañable amigo
Ricardo Salas me pide un texto ante la explosión social y política
en que se encuentra Chile y accedo gustoso a su petición.
Mundialización e injusticia
314
otro tipo de pensiones, pensiones públicas para todos. Podría
seguir más…
Lo que sí puedo hacer es ofrecer unas reflexiones ético-
políticas que permitan estructurar una situación social y política
más justa en Chile, con la esperanza de que os sirvan. De
comienzo quisiera partir de la reflexión de un político suizo muy
conocido en Europa, Jean Ziegler, que me permite señalar el
marco de mis perspectivas: «No hay otra alternativa. O se opta
por el desarrollo y la organización normativa o se elige la mano
invisible del mercado, la violencia del más fuerte y de la
arbitrariedad. El poder feudal y la justicia social son radicalmente
antinómicos. “Adelante hacia nuestras raíces”, exige el marxista
alemán Ernst Bloch. Si no restauramos urgentemente los valores
de la Ilustración, la República, el derecho internacional, la
civilización tal como la hemos construido durante doscientos
cincuenta años en Europa, van a ser cubiertos, tragados, por la
selva»147. Eso que Jean Ziegler quiere para Europa, yo lo quisiera
también para Chile y para toda Latinoamérica. Con fuerza y con
esperanza.
Vivimos en una época y en un contexto histórico y cultural
que hace tiempo Mac Luhan denominó la «aldea global» y la
Escuela de Fráncfort caracterizó con el concepto de «dominio de la
razón instrumental». Por una parte, los límites informativos de
nuestro mundo han disminuido considerablemente. Las
informaciones provenientes de todos los países (las que son
permitidas o las que «interesan», ¡atención!, no seamos ingenuos)
llegan hasta nuestra propia casa. Ya casi no hay lugares
«desconocidos» en el mundo. Lo que en los siglos precedentes
podían ser las informaciones procedentes de otra provincia en el
propio país, son hoy en día informaciones que vienen de otros
países. Los medios de comunicación atraviesan las fronteras del
mundo. La red de rutas terrestres y marítimas y el avión acercan
las distancias entre los países.
Por otra parte la extensión del comercio internacional y el
impacto del flujo financiero han aumentado de modo exponencial.
El mercado industrial encuentra recursos a escala mundial y a
147 Gian Paulo Accardo, Entrevista con Jean Ziegler, en Rebelión 24-12-2005.
Traducción de un artículo publicado en el periódico La Libre Belgique. Tengo un
artículo sobre Ernst Bloch publicado en Chile en el que defiendo la fuerza social
y política de la esperanza. AGUIRRE J. M., «Razón y esperanza. Pensar con Ernst
Bloch», en Revista Hermenéutica Intercultural. Revista de Filosofía, 2007, Vol. 16, p
19- 40.
315
toda velocidad. La mundialización económica es un hecho cada
vez más determinante. Pero, esta mundialización constituye, en
mi opinión, la punta del iceberg de una realidad más profunda, el
nuevo imperialismo. El reverso de la medalla está constituido por
el dominio de los grandes centros mundiales de poder económico.
En el momento presente el 20% de la población mundial dispone
del 85% de los ingresos, mientras que el 80% de los habitantes del
planeta dispone del 15% de los ingresos. Quinientas compañías
transnacionales controlan, según datos bastante fidedignos, el
52% del producto mundial bruto. De manera progresiva las
distancias entre los países ricos y los países pobres aumentan. La
situación está habitada por grandes posibilidades tecnológicas y
científicas, pero dominada por enormes desequilibrios
económicos y sociales. Escuchemos de nuevo a Jean Ziegler: «En
el imperio de la vergüenza, gobernado por la penuria organizada,
la guerra ya no es episódica, es permanente. Ya no constituye una
crisis, una patología, sino la normalidad. Ya no equivale a un
eclipse de la razón -como decía Horkheimer-, es la razón de ser
misma del imperio. Los señores de la guerra económica no
olvidan nada en su control del planeta. Atacan el poder normativo
de los Estados, disputan la soberanía popular, subvierten la
democracia, asolan la naturaleza, destruyen a los hombres y sus
libertades. La liberalización de la economía, la “mano invisible”
del mercado forman su cosmogonía; la potenciación al máximo de
los beneficios, es su práctica. Llamo violencia estructural a esta
práctica y a esta cosmogonía»148.
Por ello una reflexión filosófica debe esforzarse por
desarrollar una perspectiva planetaria, si no quiere que reine
como única alternativa real el silencio teórico o la insignificancia
reflexiva y en definitiva la implantación de la ley del más fuerte,
del más astuto o del más vivo. Desde que nace la filosofía en el
mundo griego, se abre paso una reflexión que no se contenta con
la realidad aparente e inmediata y con las concepciones
establecidas, sino que intenta ir más allá y desvelar las claves
profundas de la existencia del mundo y del hombre. La libertad
frente a lo «evidente», frente a lo que existe sin más, frente a lo
naturalmente aceptado, es el dinamismo constitutivo de un
pensamiento que se interroga y que busca respuestas más sólidas
y fundadas. «Si la filosofía puede ser “útil” en nuestro presente,
no lo será quizás más que en la medida en que es capaz de
148 Ibid.
316
proponer una perspectiva a partir de la cual el presente puede ser
juzgado y se puedan abrir otros caminos. [...] La presencia de la
filosofía en la ciudad es sin duda el esfuerzo de clarificación que
intenta discernir, dentro mismo de la actualidad de las prácticas,
el camino secreto del sentido. Pero, al mismo tiempo es el
esfuerzo por pensar las condiciones que deben permitir a la
existencia habitar el mundo en verdad»149.
El dinamismo de la libertad es el núcleo de la reflexión, del
pensamiento. Porque pensar es buscar el sentido de la existencia,
individual y social, pero también pensar los caminos de la libertad
que hay que transitar y establecer. Pensar no es solo contemplar.
Ni Kant, ni Fichte ni Marx han escrito en balde al enfatizar el
sentido práctico y transformador del pensamiento filosófico.
149 LADRIÈRE J., Le temps du possible, Paris-Leuven, Ed. Peeters, 2004, p. 15-
16.
317
practicar la política del avestruz, esperando que una mano
invisible, humana o divina, solucione los conflictos por arte de
magia o inhibirse conscientemente de toda realidad. Esta actitud
no soluciona los problemas. La segunda actitud, con un gran peso
histórico, consiste en imponer de manera subrepticia o palmaria
los intereses y los criterios de una parte (persona, grupo, clase,
nación) sobre el conjunto de los afectados. Este planteamiento
tampoco soluciona a la larga los problemas, los agrava incluso
más. La tercera actitud implica recurrir a la palabra, a la reflexión
y a la ética para encontrar soluciones humanas y justas a los
conflictos que están planteados. Ésta me parece la mejor solución
posible.
La ética no es el campo de lo que es, de lo que se impone sin
más, sino de lo que debe ser, de lo que puede ser mejor para la vida de
los hombres y de las sociedades. La ética es el campo de lo que debe
ser más conforme a las exigencias de la razón humana. Así lo
expresaba el filósofo Herbert Marcuse poco antes de morir, con toda
su carga de experiencia, buscando el anclaje universal de la ética:
«En la exigencia de la razón no resuena otra cosa que una vieja
verdad, a saber, la exigencia de crear una organización social en la que
los individuos regulen en común su vida de acuerdo con sus
necesidades. [...] Cuando apelamos al derecho de la humanidad a la
paz, al derecho de la humanidad a acabar con la explotación y la
opresión, no se trata aquí de intereses especiales de grupo, que el
mismo grupo haya definido, sino que se trata de intereses de los que
se puede demostrar que constituyen un derecho universal»3. Por eso la
propuesta ética postula que la ley de la fuerza no es la ley que tiene
que regir la lógica de nuestras actuaciones con las otras personas, ni
la de nuestras sociedades ni la de las relaciones internacionales,
aunque lo sea de hecho en muchas ocasiones. Esto supone una
crítica y una alternativa. Por una parte, significa un no rotundo a
una estructuración autoritaria de nuestras sociedades y de las
relaciones entre las naciones; por otra representa un sí al desarrollo
autónomo y en libertad de los individuos y de las naciones.
Esta perspectiva supone reactivar el sentido utópico frente a las
irracionalidades de la realidad. El filósofo alemán Jürgen Habermas
nos recuerda con perspicacia que, cuando se secan los manantiales
utópicos, se extiende un desierto de trivialidad y de degradación.
Sin sentido utópico las personas y las sociedades se aletargan y se
3Citado por HABERMAS J., Perfiles filosófico-políticos, Madrid, Taurus, 1985, p. 290 y
292. El subrayado es mío.
318
esclerotizan. Perder nuestra dimensión utópica significaría matar
nuestras raíces éticas, nuestros anhelos de emancipación, nuestras
propuestas de mayor humanidad y de derechos para todos, que son
características fundamentales del ser humano.
319
proteger a los individuos de un poder superconcentrado, hace del
poder mismo el producto/productor de una dialógica de los
poderes. La dialógica es el carácter fundamental de todo aquello que
sea democrático. […] La democracia vive de diversidades y
complejidades. No se funda en la ausencia de conflictos y
antagonismos, sino en su existencia y actividad. Constituye la
regla de juego que permite y regula su expresión: los regula
canalizándolos en el discurso y el intercambio de argumentos en
el marco de asambleas, campañas electorales o referéndums»150.
Esto significa desarrollar una cultura política de la discusión
y del debate como componente constitutivo de una democracia
viva. Sólo un espacio público abierto y plural puede introducir
antídotos sociales y perspectivas emancipadoras frente al dominio
abierto o solapado de los poderes económicos, políticos o
mediáticos. La cultura viva de la discusión se autoorganiza y se
expande a partir de su propio ejercicio; no se impone por decreto
institucional. Se ejerce a partir de tradiciones de libertad que
aseguran el ejercicio de las libertades. Jürgen Habermas señala
con perspicacia y acierto: «La formación democrática de la
opinión y de la voluntad exige que se aseguren los derechos
fundamentales. Pero tal formación depende sobre todo de una
comunicación pública descentralizada, no coercitiva, no forzada y
verdaderamente viva y, por tanto, de una inserción en una cultura
política que en una población convierta en costumbre la discusión
pública y el trato civil de unos con otros. [...] una cultura
democrática de la discusión sólo puede regenerarse a partir de
tradiciones más o menos logradas de la libertad. No es algo que
pueda organizarse». 151
La respuesta a la amenaza actual de los fundamentalismos y
de las políticas autoritarias implica reactivar la instauración de los
valores de una cultura democrática. La tríada de valores
aportados por la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad,
Fraternidad quedan como valores de nuestro imaginario moral y
político que luego son remodelados por los movimientos
socialistas posteriores. En este sentido los derechos humanos
representan la plasmación histórica reconocida de todo un proceso de
reflexión teórica y de empeño práctico de personas y de grupos
humanos que buscan configurar una organización social
caracterizada por el desarrollo de la libertad, de la no represión y
320
de la tolerancia en todos los campos. Frente a la imposición
religiosa, libertad de creencias. Frente al absolutismo del Estado,
libertad de opinión, de asociación y de acción. Frente al
monopolio ético, libertad ética y pluralismo moral. Frente al
monopolio cultural, libertad cultural. Frente al eurocentrismo,
pluralismo cultural.
152 BLOCH E., Derecho natural y dignidad humana, Madrid, Aguilar, 1980, p. XI-XII.
321
que concebir la democracia como una tarea moral, como una
aspiración, como un ideal. Al igual que el ethos tiene que crearse y
construirse en cada hombre, la democracia es una especie de ethos
social que necesita de constante revisión, crítica y estímulo.
La democracia, antes y más profundamente que un sistema
de gobierno, es un sistema de valores. «Junto a la concepción
cínica, trágica y dramática, cabe una concepción utópica de la
política: concepción plenamente moral, por verdaderamente
democrática, de la política: concepción de la democracia como el
final de un camino que nunca acabaremos de recorrer y que
hemos de recorrer, siempre adelante; democracia como modo de
ser de todos los ciudadanos. Esta concepción, no por ser utópica
nos consiente “arrellanarnos confortablemente en el sillón de la
utopía”, sino que, al contrario, nos demanda seguir luchando
incesantemente por ella. La utopía es el espíritu de la “letra”
política y, como tal, tiene que penetrar de sentido a ésta. Ninguna
democracia establecida es plenamente democrática»153. La
democracia es un ideal alcanzable y nunca alcanzado, marcha de
la democracia y democracia en marcha, esfuerzo conjunto por la
plena democratización. La democracia nunca puede dejar de ser
lucha por la democracia, pues en caso contrario se destruiría a sí
misma. Por eso no es suficiente la democracia parlamentaria.
«Probablemente el Parlamento es una condición necesaria de una
democracia, pero de ningún modo es una condición suficiente.
Hay que “organizar”, junto a la representación, otros canales de
más directa participación. Los partidos son sólo uno de ellos, si
bien el más importante. Los sindicatos, las asociaciones
profesionales y vecinales, el poder periodístico, el poder
universitario, el poder editorial deben ser otros tantos cauces de
participación»154. La democracia sólo se aprende practicándola.
En palabras de Jacques Derrida la democracia pertenece al
campo de la promesa, del porvenir, de la esperanza y no al campo
de la posesión, del control, del adueñamiento: «Porque la
democracia sigue estando por venir, ésa es su esencia en cuanto
sigue estando: no sólo seguirá siendo indefinidamente perfectible,
322
y en consecuencia siempre insuficiente y futura, sino que, al
pertenecer al tiempo de la promesa, seguirá estando siempre, en
cada uno de sus tiempos futuros, por venir; incluso cuando hay
democracia, ésta no existe, no está jamás presente, sigue siendo el
tema de un concepto no presentable. ¿Es posible abrirse al «ven»
de una cierta democracia que no sea ya un insulto a la amistad
que hemos intentado pensar más allá del esquema homofraternal
y falogocéntrico? ¿Cuándo estaremos preparados para una
experiencia de la libertad y de la igualdad que haga la prueba
respetuosa de esa amistad y que se ajusta por fin, justa más allá
del derecho, es decir, que esté a la medida de su desmesura? ¡Oh,
mis amigos demócratas ...!»155.
El intelectual y la política
323
despertar con su voz la conciencia de los otros, de los enajenados,
de los manipulados [...] Su misión no es política, es moral.
Denuncia una sociedad de la que se siente solidariamente
responsable. […] El intelectual es incómodo, es un aguafiestas,
con su manía de estar diciendo siempre no a la injusticia».156
Todos deberíamos tener presente estas palabras para no
apartarnos de nuestras responsabilidades sociales y políticas. El
combate por la justicia debe ser nuestro norte indeclinable: prestar
la voz a los sin voz.
Sociedad y economía.
324
que ciertamente degeneró en un socialismo burocrático en la
URSS y en los países del este de Europa, pero que se mantiene en
otras latitudes del mundo y que busca llegar a reconfigurar la
economía-mundo. Hay un modelo chino mixto, de planificación
económica y lógica de mercado. En tercer lugar, es preciso indicar
que numerosos análisis económicos muestran que no es cierto que
exista libertad pura de mercado. En la realidad de la economía-
mundo existe proteccionismo por parte de las grandes potencias
económicas de los accesos a sus mercados, existe proteccionismo y
subvención para sus producciones agrícolas internas, o existe el
enorme poder de las grandes corporaciones industriales y
financieras sobre la dinámica del mercado. Hay, además, países
dominantes y países dependientes o dominados. Por consiguiente,
cuando nos encontramos con la realidad de un mundo cada vez
más desigual e injustamente estructurado, con un Norte
dominante y un Sur dependiente, nos planteamos que se
estructure un nuevo orden económico mundial, que organice las
actividades económicas de otra manera más justa y solidaria para
todos los habitantes del planeta.
En consecuencia, no queda más remedio que aunar la razón y
la voluntad y movilizar ambas para actuar responsable y
eficazmente. Pero también debiéramos movilizar la esperanza. Hay
que reivindicar una razón-esperanza o una «razón esperanzada»,
que pueda descubrir nuevos sentidos, brechas de luz, horizontes
de emancipación. Por ello es importante la denuncia de la
injusticia estructural, pero también es vital elaborar proyectos
concretos de instauración de alternativas sociales y políticas,
modelos alternativos posibles. Desearía que esta esperanza que
trabaje por construir un país más justo y más solidario fuera
también una característica destacada y contagiosa de los
ciudadanos y ciudadanas chilenos. «¡A desalambrar, a
desalambrar, que la tierra es nuestra, tuya, y de aquel, de Pedro y
María, de Juan y Joséeee!». Daniel Viglietti y Víctor Jara nos
cantarían que nunca hay que desesperar.
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Autores
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GUADARRAMA Pablo, filósofo cubano, Profesor de Mérito de la
Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas. Cuba. Autor de
varios libros sobre el pensamiento filosófico latinoamericano.
pabloguadarramag@gmail.com
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REDING BLASE Sofía, antropóloga y latinoamericanista
mexicana, profesora e investigadora de la Universidad Nacional
Autónoma de México. Sus líneas de investigación son
multiculturalismo y antropofagia y la construcción simbólica del
enemigo. reding@unam.mx
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TUBINO Fidel, filósofo peruano, académico de la Pontificia
Universidad Católica del Perú, su línea de trabajo es la ética y
política de la interculturalidad; ha sido Coordinador de la Red
Internacional de Estudios Interculturales (RIDEI)
ftubino@pucp.edu.pe
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