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Parte 3 Leantad

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Día 1: Ejemplos de Lealtad y deslealtad.

La dignidad lleva a la Lealtad

Recordemos… DEFINCION de LEALTAD:
La lealtad es una virtud, un compromiso con lo que creemos, con nuestros
ideales y con las personas que nos rodean. La lealtad está íntimamente
ligada al carácter de una persona, a su valor y honor.
Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor. La
lealtad es la cualidad de aquellas personas que acatan las leyes o cumplen
los acuerdos, tácitos o explícitos.

1. Ruth a Noemí Lealtad

“Pero Rut respondió: —No me pidas que te deje y regrese a mi pueblo. A


donde tú vayas, yo iré; dondequiera que tú vivas, yo viviré. Tu pueblo será mi
pueblo, y tu Dios será mi Dios.  17  Donde tú mueras, allí moriré y allí me
enterrarán. ¡Que el Señor me castigue severamente si permito que algo nos
separe, aparte de la muerte!” Rut 1:16-17

Tal vez la historia más conocida en la Biblia acerca de la lealtad se encuentre


en el libro de Ruth. En realidad, todo el libro es la historia de la suega de
Ruth, Noemí. Ella, su esposo y sus dos hijos habían viajado a la tierra de
Moab para escapar de una hambruna en Israel. Solo Noemí sobrevivió y con
ella fueron las dos viudas moabitas de sus hijos. Cuando ella decidió
regresar a Israel, las mujeres se embarcaron con ella en el viaje. Ella, sin
embargo, los instó a regresar con sus familias biológicas. Una lo hizo. La
otra, Ruth, juró que iría a donde ella se fue, para morir y ser enterrado donde
fue enterrada Noemí, y adoptar a su Dios. Como resultado de haberle sido
fiel a Noemí, Ruth halló un marido nuevo y rico, y se convirtió en la abuela
del Rey David y en un ancestro directo de Jesucristo.
f

Día 2:  La dignidad lleva a la Lealtad

Jonathan Lealtad
La vida de este mismo David dependió de otro amigo famoso leal, el hijo y
presunto heredero al trono del rey Saúl. Los dos hombres se amaban y
juraron protegerse el uno al otro. David ya había sido escogido en privado
como el próximo rey por el profeta poderoso, Samuel y él estaba sirviendo
como un juglar en la corte de aquél. Las victorias de David en distintas
batallas y la popularidad con el pueblo provocaron tal en el rey Saúl, que
decidió matarlo. Cuando Jonathan se enteró de esto, ayudó a David a
escapar. Esto fue una verdadera prueba de lealtad a su amigo, porque con
esas acciones Jonathan se aseguraba de que el trono nunca pasaría a sus
manos. Puedes leer acerca de esto en 1 Samuel 18:1-4 1 y Samuel 20:1-42.

Tarea para la Familia: Compartir el significado de lealtad en familia. Definir


en familia tres características de alguien Leal y como llegar a ser así.
Día 3:  Algunos ejemplo de deslealtad
Judas

Ellos quedaron complacidos y prometieron darle dinero. 6 Judas aceptó y


comenzó a buscar una oportunidad para traicionar a Jesús de modo que
ellos pudieran arrestarlo cuando las multitudes no estuvieran
rodeándolo. Lucas 22:5-6

El otro discípulo cuya deslealtad a Jesús puede ser tan famosa como la de
Pedro es Judas Iscariote. Él era el tesorero de la banda de Jesús cuando
decidió traicionar a los líderes religiosos judíos que estaban desesperados
por encontrar una manera de matarlo. A cambio de 30 monedas de plata,
Judas Iscariote acordó identificar a Jesús ante los soldados del sumo
sacerdote en la noche antes de la Pascua, el día antes de que Jesús
muriera. La señal era un beso. Esta deslealtad fue finalmente tan
contraproducente que Judas, incapaz de encontrar la esperanza del perdón,
se suicidó. Tal vez si su deslealtad hubiera sido, como la de Pedro (un acto
basado simplemente en el miedo y la defensa propia en lugar de en la
codicia y el progreso propio) él también habría sido repuesto a un lugar de
gracia después de la resurrección de Jesús.
Día 4: Algunos ejemplo de deslealtad

Pedro
33 
Pedro declaró:
—Aunque todos te abandonen, yo jamás te abandonaré.
34 
Jesús respondió:
—Te digo la verdad, Pedro: esta misma noche, antes de que cante el gallo,
negarás tres veces que me conoces.
35 
—¡No! —insistió Pedro—. Aunque tenga que morir contigo, ¡jamás te
negaré!
Y los demás discípulos juraron lo mismo. Mateo 26:33-35

Muchas personas proclamaron su lealtad a Jesús, incluyendo Simón Pedro.


En la misma noche en la que Jesús fue traicionado y arrestado por las
autoridades judías, el día antes de su muerte, Pedro se jactó de que incluso
aunque todos los demás lo repudiasen, no lo haría. Jesús contradijo esta
afirmación con la afirmación de que antes de que el gallo cantase por la
mañana, Pedro se lo había negado tres veces. A diferencia de Jonathan, el
miedo de Pedro superó su compromiso de ser fiel a su mejor amigo.
Afortunadamente, Jesús resucitó de entre los muertos y fue capaz de
perdonar personalmente a Pedro y restaurar su posición como principal
apóstol. Ver  Juan 21:1-19.
Día 5:
Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he
aquí todas son hechas nuevas. 2 corintios 5:17

Atracción por las cosas nuevas


Las cosas nuevas tienen un gran poder de atracción. En muchos campos
esperamos constantemente las novedades que alimentarán el comercio bajo
todas sus formas. Sin embargo, la Biblia nos dice: “¿Qué es lo que fue? Lo
mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y
nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de que se puede decir: ¿He aquí
esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido” (Eclesiastés 1:9-
10).
Este texto no hace referencia a los progresos técnicos, a los
descubrimientos que transformaron la vida cotidiana, especialmente durante
los últimos decenios. Habla de lo que hay en lo profundo de nuestros
corazones, de lo que nos atrae o nos repele, lo que hace que estemos
tranquilos o ansiosos, tristes o felices. Hoy, ante tantos conflictos y
sufrimientos, ante tanta angustia frente a la muerte, podemos decir: “¿Qué es
lo que fue? Lo mismo que será... nada hay nuevo debajo del sol”.
Jesús propone algo radicalmente nuevo: “Os es necesario nacer de
nuevo” (Juan 3:7). ¿Cómo puede producirse esto? El apóstol Pablo da la
respuesta: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es”. Aquello que la
educación y los esfuerzos personales jamás pueden hacer, Dios puede
hacerlo en nosotros mediante la acción purificadora de la sangre de Jesús.
Entonces las cosas cambian, el corazón es renovado, los motivos que lo
gobiernan son nuevos, los afectos nuevos, ¡todo es nuevo! ¿Desea
experimentar un cambio así? ¡No se arrepentirá!
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y
quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de
carne” (Ezequiel 36:26).
Día 6
Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los
libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su
precio... era cincuenta mil piezas de plata. Así crecía y prevalecía
poderosamente la palabra del Señor. Hechos 19:19-20

Prácticas ocultas
Los efesios evangelizados por el apóstol Pablo y sus compañeros
pasaron de las tinieblas del paganismo a la luz de la verdad divina.
Rápidamente comprendieron que debían abandonar esas «prácticas
ocultas» que prosperaban en su ciudad... ¡dándoles mucho dinero!
El diablo sabe muy bien que en los hombres que no conocen a Dios o que
rehúsan conocerlo existe una inmensa laguna, un vacío, necesidades
interiores, espirituales, que se esfuerzan en llenar. Así nació la idolatría bajo
diferentes formas (Romanos 1:21-23). Esto lo comprobamos desde hace
mucho tiempo en nuestros países evangelizados: el abandono de la fe
cristiana da paso a todo tipo de creencias y supersticiones.
En nuestra sociedad, que en ciertos puntos quiere ser muy racional y
científica, un número impresionante de personas trata de colmar su
necesidad de seguridad o de explicación del mundo. Basta con abrir un
periódico para darse cuenta qué ofrece Satanás: horóscopos, astrología,
magia africana o asiática, tarot, curanderos, etc. Cada vez son más
numerosos los que buscan en esas «prácticas ocultas», que en el fondo son
satánicas, remedios a su profunda inquietud con respecto al futuro.
Recordemos que Dios condena rotundamente esas prácticas.
Depositemos verdaderamente nuestra confianza en Jesucristo para todo lo
que nos concierne. “Diré yo al Señor: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios,
en quien confiaré” (Salmo 91:2).

PO R   ES TU D IA LA BIBLIA   PU BLICA D O EL03/01/2017

Estudio sobre – La Lealtad


Este estudio se puede descargar en formato PDF: Estudio sobre la
Lealtad PDF

Prólogo
“Diciendo en alta voz: Temed a Dios, y dadle honra; porque la hora de
su juicio es venida; y adorad a aquel que ha hecho el cielo y la tierra y
el mar y las fuentes de las aguas.”

(Apocalipsis 14:7)
“Y el tercer ángel los siguió, diciendo en alta voz: Si alguno adora a la
bestia y a su imagen, y toma la señal en su frente, o en su mano, este
también beberá del vino de la ira de Dios, el cual está echado puro en
el cáliz de su ira…”
(Apocalipsis 14:9-10)
Como ya hemos analizado en el estudio acerca de La Adoración, el
mensaje de los tres ángeles nos indica claramente que el conflicto
final, al cual nos estamos dirigiendo aceleradamente, va a girar en
torno a la palabra ADORAR.

Mientras que una minoría va a adorar a Cristo (Apocalipsis 14:7), la


gran mayoría va a adorar a la bestia de Apocalipsis 13:1-10 y a su
imagen de Apocalipsis 13:15-17 (Apocalipsis 14:9-10).

También es importante recalcar que no se debe confundir a la


segunda bestia de Apocalipsis 13:11 con la imagen de la bestia de
Apocalipsis 13:15-17—no son lo mismo.

La segunda bestia representa un poder político (EEUU), mientras que


la imagen de la bestia se encuentra dentro del territorio geográfico de
la segunda bestia, pero representa un poder religioso (protestantismo
apóstata).

La bestia de Apocalipsis 13:1-10 representa a un gigantesco sistema


de falsa religión (el papado), un poder político y religioso. Esta bestia
es el cuerno pequeño de Daniel capítulos 7 y 8; es el
asolador/desolador de Daniel 9:27; es el anticristo de 1 Juan capítulo
4; es el misterio de iniquidad, el inicuo, el hombre de perdición del cual
nos advertía el apóstol Pablo en 2 Tesalonicenses capítulo 2.

De acuerdo a la profecía, la imagen de la bestia debe formarse dentro


del territorio geográfico de los Estados Unidos de América.

HR pg. 400.3 – “Mediante esa primera bestia se representa a la


Iglesia Romana, una organización eclesiástica investida de poder
civil, con autoridad para castigar a los disidentes. La imagen de
la bestia representa otra organización religiosa investida de
poderes similares.

La formación de esa imagen es obra de la bestia (la segunda) cuyo


pacífico surgimiento y disposición aparentemente bondadosa hacen
de ella un notable símbolo de los Estados Unidos. Aquí se puede
encontrar una imagen del papado.

Cuando las iglesias de nuestro país, al unirse en puntos de fe que les


son comunes, influyan sobre el estado para que imponga sus decretos
y apoye sus instituciones, entonces los Estados Unidos, país
protestante, habrán formado una imagen de la jerarquía romana.
Entonces la verdadera iglesia será objeto de persecución, como lo fue
el antiguo pueblo de Dios.”

Es importante también entender que no se debe confundir al papado


con el papa. El papa Francisco no es la bestia. Él es la actual cabeza
visible de la bestia. De igual manera, Donald Trump no es la segunda
bestia. Él es la cabeza visible actual de la segunda bestia de
Apocalipsis 13. La primera bestia (el papado) tiene poder político y
religioso. La segunda bestia (EEUU) tiene poder político. La imagen
de la bestia (protestantismo apóstata) tiene poder religioso. La imagen
de la bestia se forma el momento en que ese poder religioso se una
para influir sobre el poder político para que este poder civil imponga un
decreto católico romano (la ley dominical).

Tal como escribió la sierva del Señor, la imagen de la bestia se trata


de una “organización religiosa.”

La iglesia apostólica o iglesia primitiva, como se quiera llamar, aquella


que dejó Cristo establecida antes de partir al Santuario Celestial, tenía
la misión de evangelizar al mundo, sin meterse en asuntos de política.
La iglesia apostólica solo debía tratar asuntos de fe, sin meterse con el
estado. Luego de que la iglesia primitiva apostatara de su fe, fue
entonces que se empezó a meter en asuntos políticos, pues al perder
el poder del Espíritu Santo, trató de suplir este poder divino con un
poder terrenal: el poder político. ¿Y para qué empleó el poder civil?
Para castigar a todos aquellos que esta iglesia apóstata considerara
“disidentes.” ¿Y quiénes son los disidentes para esta iglesia apóstata?
Todos aquellos que no se adhieren a sus dogmas, doctrinas, y a su
sistema de culto.

Luego de que la iglesia primitiva apostatara y naciera lo que hoy se


conoce como iglesia católica, los verdaderos cristianos se convirtieron
en disidentes, dignos de persecución.

Después de varios siglos de reinado de esa iglesia apóstata, Dios


suscitó hombres que formaron la iglesia protestante—un grupo de
hombres que debía evangelizar nuevamente, sin la ayuda del poder
civil.

A través de todos los tiempos, los hombres religiosos carentes del


poder del Espíritu de Dios, han tratado de suplir esta necesidad con la
ayuda del poder político. Esta unión entre poder político y religioso es
lo que, a lo largo de toda la Biblia, se describe como el espíritu del
anticristo. Este mismo espíritu es lo que llevará a la formación de la
imagen de la bestia en los Estados Unidos, cuando las iglesias
protestantes unidas en puntos comunes de doctrina influyan sobre el
poder ejecutivo, poder legislativo y poder judicial de esa nación, para
imponer los dogmas católicos y para empezar a perseguir a los
“disidentes” que se opongan a ese sistema.

CS pg. 496/3 (438.1) – “Cuando la iglesia primitiva se corrompió al


apartarse de la sencillez del Evangelio y al aceptar costumbres y ritos
paganos, perdió el Espíritu y el poder de Dios; y para dominar las
conciencias buscó el apoyo del poder civil. El resultado fue el papado,
es decir, una iglesia que dominaba el poder del estado y se servía de
él para promover sus propios fines y especialmente para extirpar la
“herejía.”

Para que los Estados Unidos formen una imagen de la bestia, el poder


religioso debe dominar de tal manera al gobierno civil que la autoridad
del estado sea empleada también por la iglesia para cumplir sus
fines.”

Los Estados Unidos de América fue fundada como nación bajo dos
principios muy importantes:

1. El Republicanismo.- Libertad civil en asuntos civiles y

económicos.

2. Protestantismo.- Libertad de conciencia en asuntos

religiosos.

Se trataba de la primera nación que constitucionalmente se declaraba


una República sin rey y sin papa. Cristo era reconocido como el único
soberano de la nación y como la única cabeza de la iglesia.

Pero la profecía de Apocalipsis advierte que esta nación va a ir en


contra de estos dos principios: en contra de la libertad civil y en contra
de la libertad religiosa. Y este “ir en contra” debe establecerse
específicamente a través de leyes. Para poder establecer leyes que
vayan en contra de estos dos principios, indudablemente la
Constitución de los Estados Unidos debe ser modificada.

Estados Unidos, la nación sin religión de estado, debe llegar a


establecer una religión de estado.

CS pg. 498/1 (439.3) – “Cuando las iglesias principales de los Estados


Unidos, uniéndose en puntos comunes de doctrina, influyan sobre el
estado para que imponga los decretos y las instituciones de ellas,
entonces la América protestante habrá formado una imagen de la
jerarquía romana, y la inflicción de penas civiles contra los disidentes
vendrá de por sí sola.

La bestia de dos cuernos ‘hace [ordena] que todos, pequeños y


grandes, así ricos como pobres, así libres como esclavos, tengan una
marca sobre su mano derecha, o sobre su frente; y que nadie pueda
comprar o vender, sino aquel que tenga la marca, es decir, el nombre
de la bestia o el número de su nombre’ (Apocalipsis 13:16, 17). La
amonestación del tercer ángel es: ‘¡Si alguno adora a la bestia y a su
imagen, y recibe su marca en su frente, o en su mano, él también
beberá del vino de la ira de Dios!’

‘La bestia’ mencionada en este mensaje, cuya adoración es impuesta


por la bestia de dos cuernos, es la primera bestia, o sea la bestia
semejante a un leopardo, de Apocalipsis 13, el papado.

La ‘imagen de la bestia’ representa la forma de protestantismo


apóstata que se desarrollará cuando las iglesias protestantes
busquen la ayuda del poder civil para la imposición de sus dogmas.”

Nosotros, por naturaleza, somos adoradores de la bestia o de su


imagen. Aparte de aceptar la vigencia de la ley, debemos aceptar la
amonestación del Testigo Fiel—nuestra total incapacidad para amar—
si es que queremos dejar de ser adoradores del gigantesco sistema de
falsa religión.

HAp pg. 439.2 – “El amor divino dirige sus más conmovedores


llamamientos al corazón cuando nos pide que manifestemos la misma
tierna compasión que Cristo mostró. Solamente el hombre que tiene
un amor desinteresado por su hermano, ama verdaderamente a Dios.
El verdadero cristiano no permitirá voluntariamente que un alma en
peligro y necesidad camine desprevenida y desamparada. No podrá
mantenerse apartado del que yerra, dejando que se hunda en la
tristeza y desánimo, o que caiga en el campo de batalla de Satanás.”

HAp pg. 439.1 – “‘Un mandamiento nuevo os doy—dijo Cristo:—Que


os améis unos a otros: como os he amado, que también os améis los
unos a los otros’ (Juan 13:34). ¡Qué maravillosa declaración! Pero,
¡cuán poco se la práctica! Hoy día en la iglesia de Dios, el amor
fraternal falta, desgraciadamente. Muchos que profesan amar al
Salvador, no se aman unos a otros. Los incrédulos observan para ver
si la fe de los profesos cristianos ejerce una influencia santificadora
sobre sus vidas; y son prestos para discernir los defectos del carácter
y las acciones inconsecuentes. No permitan los cristianos que le sea
posible al enemigo señalarlos diciendo: Mirad cómo esas personas,
que se hallan bajo la bandera de Cristo, se odian unas a otras. Todos
los cristianos son miembros de una familia, hijos del mismo Padre
celestial, con la misma esperanza bienaventurada de la inmortalidad.
Muy estrecho y tierno debe ser el vínculo que los une.”

La parábola del fariseo y el publicano, la parábola de las diez


vírgenes, la maldición de la higuera, etc., etc.…. A través de toda la
Biblia se nos advierte de la demarcación entre el profeso cristiano y
el auténtico cristiano.

Para poder llegar a amar verdaderamente a Dios y nuestro prójimo,


primero debemos aceptar que por naturaleza odiamos a Dios y
odiamos a nuestro prójimo. El que no acepta su condición no puede
llegar a ser un verdadero cristiano, así como el enfermo que niega su
enfermedad no va a necesitar nunca de la cura que le dará sanación.

No se puede ayudar a un alcohólico, a menos que éste acepta que


tiene un problema con el alcohol y acepte que necesita ayuda. De
igual manera no se puede ayudar a un hombre pecador y pecaminoso,
a menos que se reconozca pecador. No se puede brindar justificación
por la fe a un hombre que no reconozca su total incapacidad para
amar y para obedecer una ley que naturalmente aborrece. Un hombre
tal, jamás necesitará de Cristo, de su justicia, de su sangre, ni de su
trabajo en el Santuario Celestial.

Si yo no acepto mi total incapacidad para amar, rechazo la justicia de


Cristo—el vestido de boda preparado—y rechazo su sangre. Rechazo
también la necesidad de que el Espíritu Santo venga a habitar en mí
para subyugar mi inclinación al mal y para sembrar los dones
sobrenaturales de Gálatas 5:22-23; rechazo que el Espíritu Santo
venga a grabar la ley en mi mente y mi corazón (Hebreos 8:10;
Jeremías 31:33). Y finalmente rechazo la misericordia de Dios Padre
que acepta una vida que no he vivido y una muerte que no he
experimentado, y rechazo a mi único Abogado que puede presentar mi
caso y ser escuchado ante Dios Padre y ante la santa Ley que se
encuentra en el Santuario Celestial—los Diez Mandamientos.

Si acepto que no puedo obedecer la ley de Dios para justificación por


mi naturaleza pecaminosa únicamente, pero no incluyendo mi total
incapacidad para amar, entonces estoy reconociendo una verdad a
medias. Al aceptar una sola parte de la naturaleza humana no se hace
distinción entre lo que fue quitado a Adán en ocasión de su caída
(dones sobrenaturales) y lo que hemos recibido de nuestros padres
(dones naturales). Todo ser humano descendiente de Adán es
engendrado sin un solo don sobrenatural—es engendrado con 0%
capacidad para amar—y con los dones naturales depravados.

La posición legal de todo descendiente de Adán, como hemos


analizado en otros estudios, es de:

1. Rechazado.

2. Bajo Condenación.

3. Separado de Dios.

La posición legal de rechazados tiene que ver tanto con nuestros


dones naturales depravados ante la demanda de 1 Pedro 1:15-16, y
nuestra falta de dones sobrenaturales ante la demanda de Romanos
2:13. Ya que, en nosotros mismos, no tenemos nada para satisfacer
las demandas de la ley, nuestra posición legal de bajo condenación es
de muerte eterna (Romanos 6:23; Apocalipsis 21:8). Y el pecado ha
hecho una separación entre el hombre y Dios (Isaías 59:2; Hebreos
5:1).

Ante esta posición legal nuestra única esperanza es Cristo. El Hijo de


Dios vino a este mundo para poder reparar nuestra posición legal.
La humanidad del Hijo de Dios fue engendrada por el Espíritu Santo
(Lucas 1:35), por lo tanto Cristo fue engendrado sin mancha de
pecado, sin inclinación al mal, y por lo tanto es nuestro Sustituto desde
el vientre y satisface 1 Pedro 1:15-16. Nació sin mancha de pecado,
sin inclinación al mal, sin tendencia al mal, y además se mantuvo sin
pecado durante su vida, pues a diferencia de nosotros fue engendrado
con los dones sobrenaturales: Cristo tenía capacidad para amar (Juan
15:10) y tal como estaba predicho por el rey David, Cristo tenía la ley
escrita en su mente y su corazón (Salmos 40:7-8).

Gracias a que Cristo tenía los dones sobrenaturales de Gálatas 5:22-


23, y gracias a que tenía la ley escrita en su mente y su corazón,
Cristo obedeció la ley perfectamente, como hombre y no como Dios
(pues como Dios está por encima de la ley), y lo hizo no para sí mismo
(pues Él no estaba rechazado, bajo condenación y separado de Dios),
sino que lo hizo por todos nosotros descendientes de Adán. Cristo
satisfizo todas las demandas de la ley para justificación y además de
esto murió la muerte eterna (no la primera que es como un sueño) que
nos corresponde a nosotros (Filipenses 2:8). Posteriormente su
humanidad resucitó para que tengamos un tal Sumo Sacerdote de
entre los hombres (Hebreos 5:1), que pueda interceder por nosotros
que estamos separados de Dios y que no merecemos ser escuchados
(Isaías 1:15). Cristo es quien merece ser escuchado.

1. Cristo es nuestro Sustituto en la vida, para sacarnos de

nuestra posición legal de rechazados.

2. Cristo es nuestro Sustituto y Garante en la muerte para

sacarnos de nuestra posición legal de bajo condenación.

3. Cristo es nuestro divino Abogado, Intercesor, Mediador y

Representante pues nosotros estamos separados de Dios.

Es por esto que las Escrituras hablan de los creyentes como santos
EN CRISTO, hijos de Dios EN CRISTO, justos EN CRISTO, pero NO
EN NOSOTROS MISMOS (1 Corintios 1:2; Efesios 1:1; Filipenses
4:21).
En nosotros mismos somos hijos del Diablo (Juan 8:44) y somos todo
lo que dice Dios en Romanos 1:29-31, más otros versículos que
muchas veces hemos mencionado, los cuales se resumen en la
Amonestación del Testigo Fiel de Apocalipsis 3:17.

Lamentablemente nuestro corazón engañoso y depravado (Jeremías


17:9), y nuestro padre el Diablo, nos quieren hacer creer que nacemos
“santos inmaculados hijos de Dios” y que no es hasta que “cometemos
nuestro primer pecado” que recién estamos bajo condenación. Es tan
grande la depravación y la ceguera espiritual de la mente humana,
que inclusive se complace en pensar que la “inclinación al mal” no es
pecado.

Nuestro Señor Jesús dejó bien claro que la simple intención o


inclinación a cometer un pecado, es pecado (Mateo 5:28, 22). Se auto
engaña gravemente el que piensa que puede ir al cielo a habitar entre
seres santos, entre un Dios santo y ante una ley santa con una pizca
de inclinación al mal. La ley condena esa inclinación al mal, esa
naturaleza depravada y pecaminosa de la cual estamos
contaminados, y es por eso que el apóstol Pablo claramente enseña
que nuestra corrupción de la carne que es de continuo al mal debe ser
erradicada para que podamos ser transportados al tercer cielo (1
Corintios 15:51-53).

Desde el vientre necesitamos a Cristo, porque desde el vientre


estamos rechazados, bajo condenación y separados de Dios. Un
padre que no entiende esto, no podrá educar a su hijo para que éste
llegue a ser un verdadero hijo de Dios. Ese es el gran peligro de
dejarse llevar por el sentimentalismo en lugar de la razón. Ese es el
gran peligro de dejar que nuestro oído depravado e incircunciso
(Hechos 7:51), al que le gusta oír únicamente cosas halagüeñas
(Isaías 30:10), se rehúse a escuchar las amonestaciones y los
consejos de la Palabra de Dios.

La Palabra de Dios es una espada de gran filo que atraviesa y parte a


nuestro grandioso EGO en dos (Hebreos 4:12), pero al mismo tiempo
nos muestra la solución a nuestro gran problema. El Espíritu Santo
nos convence de pecado, pero luego inmediatamente nos lleva a
Cristo.

A nuestro EGO no le gusta escuchar que es hijo del Diablo, que no


tiene capacidad para amar, que es un rebelde desde el vientre de su
madre (Salmos 58:3), que odia a Dios, que no es un verdadero
cristiano sino un simple profeso cristiano. Pero a menos que ese EGO
sea subyugado por el Espíritu de Dios, JAMÁS va a necesitar de
Cristo. Puede hablar y predicar de Cristo, pero nunca lo necesitará
como su Salvador personal. Y si Cristo no se presenta por nosotros
ante Dios Padre y ante la ley, estamos perdidos y seremos declarados
faltos en el día del juicio final.

El hombre que se quiere presentar ante Dios Padre y ante la ley con
su propia “justicia”, con su propia “excelencia”, con su propio “amor” y
con su propio vestido de boda, ya tiene la sentencia escrita:

“Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda?… Atado


de pies y de manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera: allí
será el lloro y el crujir de dientes.” (Mateo 22:12-13)
1MS pg. 367.1 – “Es natural que tengamos un concepto más elevado
de nosotros mismos que el que debemos tener. Pero aunque nos es
penoso conocernos a nosotros mismos como somos realmente, sin
embargo debiéramos orar para que Dios nos revele a nosotros la
forma en que él nos ve.

Pero no debiéramos cesar de orar una vez que hayamos pedido


sencillamente una revelación de nosotros mismos. Debiéramos orar
para que Jesús nos sea revelado como un Salvador que perdona
los pecados. Cuando vemos a Jesús tal como es, debieran
despertarse en nuestro corazón deseos fervientes de ser librados del
yo para poder ser llenos con toda la plenitud de Cristo. Cuando
experimentemos esto, nos haremos el bien mutuamente, y usaremos
todos los medios a nuestro alcance para llegar a la piedad. Debemos
limpiar nuestra alma de toda inmundicia de la carne y del espíritu, y
perfeccionar la santidad en el temor de Dios.”

“Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros


resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, así también
vosotros.” (Hechos 7:51)
Haríamos bien en recordar esas últimas palabras del apóstol Esteban,
justo antes de morir apedreado, justo cuando estaba a punto de
predicar acerca del Santuario Celestial y del Ministerio Sacerdotal
Celestial de Cristo (Hechos 7:49). Pero como el ser humano religioso
es adorador de sus sinagogas y templos humanos donde busca
salvación por medio de ritos y costumbres, la idea de que nuestra
verdadera congregación es en un lugar en el cielo le parece
aborrecible.

Nosotros también habríamos apedreado a Esteban si hubiera venido a


nuestros “templos” a predicar sobre el Santuario Celestial y de esta
manera insultar a nuestro ídolo de cuatro paredes. Eso tengámoslo
por seguro.

La Lealtad
El apóstol Santiago habla de la ley de Dios como una ley de libertad
(Santiago 2:12; 1:25). Pero para el ser humano, la ley de Dios es una
esclavitud, es una carga pesada, es una serie de restricciones
malvadas por un Juez Severo; pues el ser humano no quiere libertad,
sino que quiere libertinaje, que es algo completamente distinto. El
hombre sueña con salvarse en la práctica del pecado. El hombre
sueña con la corona del mundo y la corona del cielo al mismo tiempo;
no quiere despertarse a la realidad que es totalmente imposible
obtener las dos coronas. Sólo se puede obtener una.

En la crisis final se verá probada la lealtad a la ley de Dios. Y esa


lealtad se manifestará en obediencia a la ley, en particular al cuarto
mandamiento.

CS pg. 663/1 (591.2) – “El sábado será la gran piedra de toque de


la lealtad; pues es el punto especialmente controvertido. Cuando
esta piedra de toque les sea aplicada finalmente a los hombres,
entonces se trazará la línea de demarcación entre los que sirven a
Dios y los que no le sirven.

Mientras la observancia del falso día de reposo (domingo), en


obedecimiento a la ley del estado y en oposición al cuarto
mandamiento, será una declaración de obediencia a un poder que
está en oposición a Dios, la observancia del verdadero día de reposo
(sábado), en obediencia a la ley de Dios, será señal evidente de
la lealtad al Creador. Mientras que una clase de personas, al aceptar
el signo de la sumisión a los poderes del mundo, recibe la marca de la
bestia, la otra, por haber escogido el signo de obediencia a la
autoridad divina, recibirá el sello de Dios.”
Ahora todos profesamos ser obedientes y leales a Dios. Pero cuando
sea una cuestión de vida o de muerte guardar el sábado del cuarto
mandamiento, entonces será probada la lealtad de los profesos
guardadores de la ley.

Si queremos llegar a pasar esta gran prueba a la lealtad, lo primero


que debemos reconocer es que somos desleales desde el vientre.

Lamentaciones 3:42 – “Nosotros nos hemos rebelado, y


fuimos desleales; tú nos perdonaste.”

Romanos 1:13 – “Necios, desleales, sin afecto natural (sin capacidad


para amar), implacables, sin misericordia.”

2 Timoteo 3:3 – “Sin afecto, desleales, calumniadores, destemplados,


crueles, aborrecedores de lo bueno.”

Isaías 48:8 – “Sí, nunca lo habías oído, ni nunca lo habías conocido;


ciertamente no se abrió antes tu oreja; porque sabía
que desleal habías de desobedecer, por tanto te llamé rebelde desde
el vientre.”
¿Cómo manifestamos nuestra deslealtad a Dios?

De muchas maneras, pues todos pecamos diariamente.

Un camuflado acto de deslealtad a Dios es sin duda alguna el hecho


de que trabajamos para que los seres humanos sean leales a una
organización religiosa, en lugar de que sean leales a Dios.

No es lo mismo ser leal a una organización religiosa que ser leal a


Dios. No es lo mismo enseñar a un hombre a que dependa de una
organización religiosa, a enseñarle a que dependa del trabajo de
Cristo en el Santuario Celestial. Simplemente, no es lo mismo.

Es un principio católico el que fuera de la iglesia no hay salvación.


Lamentablemente somos católicos hasta el tuétano y, a pesar de
llamarnos protestantes o adventistas, enseñamos el mismo vino de
Babilonia: que la salvación se encuentra en una organización religiosa,
que la salvación se encuentra dentro de cuatro paredes, y que con tal
que no faltemos a misa en sábado (pues aunque no lo llamemos
“misa”, si la mentalidad es la misma que la católica, ¿qué diferencia
puede haber?), entonces enseñamos la deslealtad a Dios; y así como
los religiosos judíos crucificaron al Salvador del mundo bajo la excusa
de que: es preferible que muera un hombre a que muera nuestra
organización religiosa (Juan 11:50), en la crisis final los hombres que
son desleales a Dios y leales a sus organizaciones religiosas,
condenarán a sus “hermanos” que llegaron a ser leales a Dios, y por
esta lealtad a Dios llegaron a ser considerados desleales al gobierno y
a la iglesia.

Si un hombre no acepta que desde el vientre es desleal a Dios


(Romanos 1:31; Isaías 48:8), entonces este hombre no va a necesitar
de Alguien que sí fue leal a Dios desde el vientre (Cristo). Y tampoco
necesitará de la misericordia de Dios que acepta a un desleal en sí
mismo, como leal en Cristo.

El problema más grave es que, además de ser desleales a Dios,


somos extremadamente incrédulos. Nuestra incredulidad acerca de la
ley dominical nos lleva a confiarnos en nuestra aparente “excelencia
cristiana.”

Nuestra incredulidad nos ciega de tal manera que no vemos que todos


los acontecimientos políticos que se están dando en el mundo entero
—tales como la guerra al dinero en efectivo a favor de una moneda
digital, la trampa de la renta básica universal, la excusa del cambio
climático, la identificación biométrica, los paraísos fiscales, la
globalización, los controles en las redes sociales, la cacería de brujas
a los “fake news” o “noticias falsas”, etc., todo está encaminado a la
inminente imposición de la marca de la bestia a nivel global.

Pero nuestros ojos, en lugar de estar atentos a esos acontecimientos,


está distraídos con las tentaciones de Satanás: las casas, los
negocios, las diversiones, los títulos, la moda, y toda la gama de
productos que Satanás tiene preparado en la feria de la vanidad para
entrampar a cada ser humano según la debilidad de ese ser humano.
Pues todos tenemos debilidades distintas, entonces Satanás tiene una
trampa específica para cada uno de nosotros.

¿Cuál es el peligro que corremos al vivir mostrando incredulidad


respecto a la inminente ley dominical?

Deuteronomio 32:20-22 – “Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, veré


cuál será su postrimería: Que son generación de perversidades,
Hijos sin fe. Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios;
Hiciéronme ensañar con sus vanidades: Yo también los moveré a
celos con un pueblo que no es pueblo, con gente insensata los haré
ensañar. Porque fuego se encenderá en mi furor, y arderá hasta el
profundo; Y devorará la tierra y sus frutos, y abrasará los fundamentos
de los montes.”
Nuestra incredulidad y nuestras vanidades nos hacen jugar con fuego,
literalmente. En otras versiones Dt. 32:20 dice “hijos infieles” en lugar
de “hijos sin fe”, pues la incredulidad nos lleva a la infidelidad o
deslealtad a Dios. No creemos las profecías escritas en la Palabra de
Dios, porque no creemos en la Palabra de Dios. Creemos de boca,
pero nuestros hechos demuestran nuestra incredulidad y nuestra
infidelidad.

Es por esto que el Señor reiteradamente nos amonesta:

Mateo 17:17 – “Y respondiendo Jesús, dijo: Oh generación infiel y


torcida! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros? ¿hasta cuándo
os tengo de sufrir?”
En otras traducciones Mt. 17:17 dice
“generación incrédula y perversa.” Todo se aplica a nosotros y a
nuestra condición.

Estamos contentos con la vida que tenemos en este mundo en el que


reina Satanás y que está destinado a ser destruido eternamente. No
tenemos la más mínima necesidad de un reino mejor en el que reine
Cristo eternamente con los seres leales a la ley y a la palabra de Dios.

En el pasado Cristo sacó de la esclavitud de Egipto a todos los


israelitas, incluyendo a los que vivían cómodos como esclavos
comiendo de las ollas de carne de Egipto (Éxodo 16:3). Pero cuando
Cristo venga por segunda vez, no vendrá a rescatar a aquellos que
hoy viven cómodos en su esclavitud del pecado y comiendo carne
sabrosa de Egipto y tomando vino jugoso de Babilonia. Es por esto
que la lealtad será probada en la crisis final. Los amadores del mundo
se quedarán en el mundo y serán destruidos con el mundo que tanto
amaron.

Los eventos finales se darán rápidamente


2JT pg. 373.2 – “El Señor Dios del cielo no enviará al mundo sus
juicios por la desobediencia y la transgresión antes de haber enviado
sus atalayas para que den la amonestación. No cerrará el tiempo de
gracia hasta que el mensaje haya sido proclamado con más claridad.
La ley de Dios ha de ser magnificada. Sus requerimientos han de ser
presentados en su verdadero carácter sagrado, para que la gente se
vea obligada a decidir en pro o en contra de la verdad. Sin
embargo, la obra será abreviada en justicia. El mensaje de la
justicia de Cristo ha de resonar de un extremo de la tierra hasta el otro
para preparar el camino del Señor. Esta es la gloria de Dios que
termina la obra del tercer ángel.”

3JT pg. 280.1 – “Estamos viviendo en el tiempo del fin. El presto


cumplimiento de las señales de los tiempos proclama la inminencia de
la venida de nuestro Señor. La época en que vivimos es importante
y solemne. El Espíritu de Dios se está retirando gradual pero
ciertamente de la tierra. Ya están cayendo juicios y plagas sobre los
que menosprecian la gracia de Dios. Las calamidades en tierra y mar,
la inestabilidad social, las amenazas de guerra, como portentosos
presagios, anuncian la proximidad de acontecimientos de la mayor
gravedad.

Las agencias del mal se coligan y acrecen sus fuerzas para la gran
crisis final. Grandes cambios están a punto de producirse en el
mundo, y los movimientos finales serán rápidos.”

La venida del Esposo (una venida a juicio) se retrasa por misericordia,


pues no estamos preparados para los eventos finales. Sin embargo,
vivimos como si estuviéramos preparados y listos para enfrentar la
crisis final. Pero Dios no esperará hasta que nos de la gana de hacer
la preparación necesaria. Como ladrón por la noche, la crisis final y el
juicio de vivos nos sorprenderán en el momento más oscuro de
nuestras vidas.

Nuestra ceguera espiritual nos impide apreciar el hecho de que: lo que


HOY acepto o no quiero aceptar, se va a manifestar cuando llegue el
decreto dominical. No habrá un cambio de la noche a la mañana,
como por arte de magia, que hará que cuando llegue la crisis final
pasemos milagrosamente de desleales a leales, de incrédulos a
creyentes, y de profesos cristianos a auténticos cristianos.

Hoy es el tiempo de las pruebas pequeñas que Dios nos otorga para
poder estar preparados a la prueba final. El mañana no existe.
Lucas 16:10-11 – “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es
fiel: y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.
Pues sin en las malas riquezas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo
verdadero?”
Hoy tenemos la oportunidad de ser fiel en lo poco—en las pruebas
pequeñas, que son pequeñas a nuestros ojos, pero en los ojos de
Dios son de suma importancia, pues son las que nos preparan para
ser fieles en lo mucho—en la ley dominical.

Hoy tenemos la oportunidad de reconocer que somos desleales y de


tener la necesidad diaria de que Cristo:

 Se presente por nosotros (Hebreos 9:24), que se presente su

lealtad perfecta que desarrolló como humano en su primera

venida a esta tierra, para que en Cristo y gracias a la

misericordia del Padre podamos ser declarados leales.

 Luego Cristo debe cumplir su promesa de Juan 16:26, que es

de rogar por nosotros, para que como resultado de la

justificación y como resultado de haber sido declarados leales

en Cristo, podamos recibir la lluvia temprana—al Espíritu

Santo que es el único que puede sembrar el don sobrenatural

de la lealtad en nosotros. Pero esta semilla necesita ser

desarrollada con nuestro esfuerzo humano a través de las

pruebas pequeñas. Desarrollamos la lealtad como un principio

de origen celestial al ser leales el momento de ser probados

“en lo poco.”

Lamentablemente los seres humanos se ciegan a ser leales en lo


poco. Llega el viernes, día de preparación para el día de reposo, y no
hacen su preparación necesaria, pues piensan que son
cosas pequeñas y sin importancia. Es así que, habiendo tenido toda la
semana para prepararse, se pone el sol y llega el sábado y estamos
comprando gasolina para los carros, agua, comida, y todas las cosas
“insignificantes” para nuestros ojos depravados.

No por nada Dios declara de nosotros: “NECIOS y DESLEALES”


(Romanos 1:31). Esas dos características satánicas van de la mano.

 Cristo debe presentar su justicia/obediencia (la ofrenda) para

nuestra aceptación/justificación, y su sangre (el sacrificio) para

el perdón de nuestros pecados, diariamente (Hebreos 8:3).

 La promesa de que Cristo va a rogar por nosotros y para que

nos sea dado el Consolador (Juan 14:16) nos da la garantía

de que como resultado de esa justificación por la fe, podremos

recibir al Consolador que sembrará Gálatas 5:22-23 en

nosotros, para que en nosotros se empiece a desarrollar la

verdadera lealtad como un principio de origen divino, y no

como un impulso o un simple sentimiento momentáneo que,

cuando es severamente probado, fracasa inmediatamente.

Dios quiere que esa declaración hecha en el Santuario Celestial de


“leales en Cristo” (justificación), llegue a ser una realidad aquí en la
tierra (santificación).

La lealtad, así como: el amor, la fe, la paciencia, la bondad, la


generosidad, y todos los dones sobrenaturales del Espíritu, son
semejantes a semillas que siembra el Espíritu Santo en el hombre,
para que el hombre pueda llegar a desarrollarlos—no con la meta de
ser aceptado o de pasar el juicio, sino como resultado de haber sido
aceptados EN CRISTO.
MJ pg. 456/2 (324.2) – “El amor es una planta de origen celestial.
No es irrazonable, no es ciego. Es puro y santo. Pero la pasión del
corazón carnal es enteramente otra cosa. Mientras el amor puro hará
intervenir a Dios en todos sus planes y estará en perfecta armonía con
el Espíritu de Dios, la pasión será terca, irreflexiva, irrazonable,
desafiante de toda sujeción, y hará un ídolo del objeto de su elección.”

PVGM pg. 45.2 – “La germinación de la semilla representa el


comienzo de la vida espiritual, y el desarrollo de la planta es una bella
figura del crecimiento cristiano. Como en la naturaleza, así también en
la gracia no puede haber vida sin crecimiento. La planta debe crecer
o morir. Así como su crecimiento es silencioso e imperceptible, pero
continuo, así es el desarrollo de la vida cristiana. En cada grado de
desarrollo, nuestra vida puede ser perfecta; pero, si se cumple el
propósito de Dios para con nosotros, habrá un avance continuo.
La santificación es la obra de toda la vida. Con la multiplicación de
nuestras oportunidades, aumentará nuestra experiencia y se
acrecentará nuestro conocimiento. Llegaremos a ser fuertes para
llevar responsabilidades, y nuestra madurez estará en relación con
nuestros privilegios.”

La planta debe crecer o morir. Es posible que Dios nos haya otorgado
la lealtad. Pero esa lealtad es dada sin desarrollar, es tan sólo una
semilla. Dios nos brinda entonces las pruebas necesarias para que
esa lealtad sea probada, y la semilla dará fruto y crecerá, o
simplemente morirá. Depende de nosotros si la planta crece o muerte.
Pero nunca hay un estancamiento, no hay un estado neutro en
nuestras vidas. O diariamente estamos avanzando en el camino de la
santificación, o estamos retrocediendo.

Es así que nuestras obras testifican acerca de nuestra justificación. Es


así que nuestra vida es un claro reflejo de si estamos creciendo como
cristianos o nos estamos achicando y convirtiendo en “pigmeos
cristianos”.

RJ pg. 288.6 – “La grandeza de la verdad que contemplan expandirá


la mente y elevará el carácter. No serán novicios en la comprensión de
la Palabra de Dios, ni pigmeos en la experiencia religiosa.”

MC pg. 110.1 – “Están en vías de perder su vida espiritual y de


volverse inútiles pigmeos por no hacer obra abnegada en pro de los
demás.”
Es posible que fallemos en algunas pruebas pequeñas, pero Dios nos
dará una nueva oportunidad para triunfar ante la prueba.

Pero si continuamente fallamos tercamente prueba tras prueba, la


lealtad nunca se llegará a desarrollar y llegaremos con 0% lealtad a la
crisis final. Después de la crisis final ya no hay otra prueba más, y
nuestra suerte quedará entonces sellada para siempre.

Muchos profesos cristianos quieren que el Espíritu Santo haga la obra


que les toca hacer a ellos mismos. El Espíritu Santo debe sembrar la
semilla de la lealtad en nosotros—ese es su trabajo. Pero no es su
trabajo ejercer esa lealtad. Cuando llega el viernes, el Espíritu Santo
no va a obligarnos a hacer la preparación para el santo día de reposo.
Ese trabajo nos toca hacer a nosotros, no a Dios.

El otro trabajo del Espíritu Santo, como ya hemos mencionado


anteriormente, es el de convencernos de pecado por medio de la ley y
la Palabra (Efesios 6:17). El instrumento de Dios no son los
sentimientos ni las emociones.

Como también ya hemos mencionado, el siguiente trabajo del Espíritu


Santo es el de llevarnos a Cristo (Juan 16:8, 14). Después de que nos
convenció de pecado y de toda nuestra maldad, nos convenció de que
estamos enfermos de muerte, nos muestra el diagnóstico y nos da el
remedio.

CC pg. 91.3 – “El Espíritu Santo exalta y glorifica al Salvador.


Está encargado de presentar a Cristo, la pureza de su justicia y la gran
salvación que obtenemos por El. El Señor Jesús dijo: El Espíritu
‘tomará de lo mío, y os lo anunciará’ (Juan 16:14).

El Espíritu de verdad es el único maestro eficaz de la verdad divina.


¡Cuánto no estimará Dios a la raza humana, siendo que dio a su Hijo
para que muriese por ella, y manda su Espíritu para que sea de
continuo el maestro y guía del hombre!”

La Crisis Final
2JT pg. 373.1 – “Hermanos y hermanas, ¡ojalá pudiese decir algo que
os despertase y os hiciese ver la importancia de este tiempo, el
significado de los acontecimientos que se están realizando ahora! Os
señalo los movimientos agresivos que se están haciendo ahora para
restringir la libertad religiosa. La institución recordativa santificada por
Dios ha sido derribada, y en su lugar se destaca ante el mundo un día
de reposo falso que no tiene santidad.

Cuando los Estados Unidos, el país de la libertad religiosa, se una con


el papado para forzar la conciencia y obligar a los hombres a honrar el
falso día de reposo, los habitantes de todo país del globo serán
inducidos a seguir su ejemplo. Nuestros hermanos no están
despiertos ni a medias para hacer todo lo que pueden, con las
comodidades que tienen a su alcance, para extender el mensaje de
amonestación.”

Debemos meditar y tomar conciencia en el hecho de que estamos a


las puertas de que nuestra lealtad sea puesta a una terrible prueba
final.

CS pg. 663/1 (591.2) – “El sábado será la gran piedra de toque de la


lealtad; pues es el punto especialmente controvertido. Cuando esta
piedra de toque les sea aplicada finalmente a los hombres, entonces
se trazará la línea de demarcación entre los que sirven a Dios y los
que no le sirven.

Mientras la observancia del falso día de reposo (domingo), en


obedecimiento a la ley del estado y en oposición al cuarto
mandamiento, será una declaración de obediencia a un poder que
está en oposición a Dios, la observancia del verdadero día de reposo
(sábado), en obediencia a la ley de Dios, será señal evidente de la
lealtad al Creador.

Mientras que una clase de personas, al aceptar el signo de la sumisión


a los poderes del mundo, recibe la marca de la bestia, la otra, por
haber escogido el signo de obediencia a la autoridad divina, recibirá el
sello de Dios.”

En la crisis final solo habrá dos clases de personas: los leales y los
desleales a Dios.

Los leales serán aquellos que llegaron a aceptar su deslealtad y por lo


tanto tuvieron necesidad de congregarse al Santuario Celestial para
ser declarados leales en Cristo y para recibir la lluvia temprana. Los
leales serán aquellos que desarrollaron la lealtad como un principio de
origen celestial a través de las pruebas pequeñas. Estos fueron
declarados obedientes 100% en Cristo, y por lo tanto la lealtad y la
obediencia les fue concedida como resultado (Hebreos 8:10; Gálatas
5:22-23) y gracias también al trabajo del Consolador. Los leales
desarrollaron algún porcentaje 15% de lealtad y obediencia hasta
llegar a la crisis final.

La otra clase nunca reconoció su deslealtad y su desobediencia a


Dios. Simplemente rechazó la amonestación del Testigo Fiel. Como
nunca reconoció su deslealtad y su desobediencia, nunca llegó a ser
declarada leal y obediente 100% en Cristo en el Santuario Celestial. O
tal vez esta clase de personas sí llegaron en algún momento a
congregarse al Santuario y a pedir a Dios que les sea otorgadas la
lealtad y la obediencia, y Dios les dio los dones del Espíritu. Pero esta
clase de personas se rehusaron a ejercitar la lealtad y la obediencia
en las pruebas diarias y pequeñas. Esta clase de personas se quiere
presentar con su propia justicia ante el Gran Juez del Universo y
llegan a la crisis final con 0% lealtad y 0% obediencia ante los ojos de
Dios.

La incredulidad lleva a la desobediencia


Como no creemos que estamos a las vísperas de la crisis final,
desobedecemos a Dios y nos enraizamos en el mundo aun más de lo
que ya estamos. En lugar de aprovechar el breve tiempo de gracia que
tenemos para desprendernos del mundo, usamos nuestro tiempo en
alimentar nuestra vanidad y nuestro egoísmo.

Cuando llegue la crisis final, será muy difícil renunciar a todos esos
tesoros terrenales por los cuales gastamos tanto tiempo y dinero.
Tomamos la mayordomía cristiana como un fábula, cuando en
realidad, todos nuestros bienes son castillos de arena que
desaparecerán en un abrir y cerrar de ojos.

Hebreos 3:16-19 – “Porque algunos de los que habían salido de


Egipto con Moisés, habiendo oído, provocaron, aunque no todos. Mas
¿con cuáles estuvo enojado cuarenta años? ¿No fue con los que
pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quienes juró que
no entrarían en su reposo, sino a aquellos que no obedecieron? Y
vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.”
No basta con pedir a Dios fe. Debemos ejercitar esa fe que nos es
dada. No basta con pedir lealtad. Debemos ejercitar esa lealtad que
nos es dada.

La fe que nos es dada debe ser probada. En ocasión del diluvio


universal la gran mayoría del mundo falló en esta prueba.

PP pg. 82/2 (72.3) – “Al principio, pareció que muchos recibirían


la advertencia; sin embargo, no se volvieron a Dios con verdadero
arrepentimiento. No quisieron renunciar a sus pecados. Durante el
tiempo que precedió al diluvio, su fe fue probada, pero ellos no
resistieron esa prueba.

Vencidos por la incredulidad reinante, se unieron a sus antiguos


camaradas para rechazar el solemne mensaje. Algunos estaban
profundamente convencidos, y hubieran atendido la amonestación;
pero eran tantos los que se mofaban y los ridiculizaban,
que terminaron por participar del mismo espíritu, resistieron a las
invitaciones de la misericordia, y pronto se hallaron entre los más
atrevidos e insolentes burladores; pues nadie es tan desenfrenado
ni se hunde tanto en el pecado como los que una vez conocieron la
luz, pero resistieron al Espíritu que convence de pecado.”

Aquellos que hoy conocen la verdad, pero que rehúsan renunciar a


sus ídolos y a sus pecados favoritos y acariciados; aquellos que se
conforman con el conocimiento de la verdad, pero que rehúsan
ponerla en práctica; cuando llegue la crisis final se volverán en los
más atrevidos e insolentes burladores de sus hermanos que quieran
mantenerse firmes en la verdad.

Nos interesa más lo que la gente dice… “son muy fanáticos… son
extremistas… cómo no van a comer carne, que exagerados!… cómo
no van a querer progresar en la vida!… cómo no van a disfrutar de la
vida… si diosito quiere que disfrutemos del mundo!”… eso nos
interesa más que lo que Dios dice en su Palabra.

Tenemos miedo de ser oprobiados y preferimos poner el nombre de


Dios en oprobio ante los incrédulos y paganos.

Comentario Bíblico 7ª, pg. 417/2 – “El Señor me ha mostrado


claramente que la imagen de la bestia será formada antes que termine
el tiempo de gracia, porque constituirá la gran prueba para el pueblo
de Dios por medio de la cual se decidirá el destino de cada uno…

Esta es la gran prueba que deberán enfrentar los hijos de Dios antes
de ser sellados. Todos los que demuestren su lealtad a Dios
observando su ley y negándose a aceptar un día de reposo falso, se
alistarán bajo la bandera del Señor Dios Jehová y recibirán el sello del
Dios viviente. Los que renuncien a la verdad de origen celestial y
acepten el domingo como día de reposo, recibirán la marca de la
bestia.”

Comentario Bíblico 7ª, pg. 415/7 – “Hay solamente dos bandos en


esta tierra: los que se agrupan debajo de la bandera ensangrentada
de Jesucristo y los que se reúnen alrededor de la negra bandera de la
rebelión. En el capítulo 12 del Apocalipsis se presenta el gran conflicto
entre los obedientes y los desobedientes.”

2JT pg. 164.2 – “La obra que la iglesia no ha hecho en tiempo de


paz y prosperidad, tendrá que hacerla durante una terrible crisis,
en las circunstancias más desalentadoras y prohibitivas.

Las amonestaciones que la conformidad al mundo ha hecho callar o


retener, deberán darse bajo la más fiera oposición de los enemigos de
la fe. Y en ese tiempo la clase superficial y conservadora, cuya
influencia impidió constantemente los progresos de
la obra, renunciará a la fe y se colocará con sus enemigos
declarados, hacia los cuales sus simpatías han estado tendiendo
durante mucho tiempo. Esos apóstatas manifestarán entonces la más
acerba enemistad y harán cuanto puedan para oprimir y vilipendiar a
sus antiguos hermanos, y para excitar la indignación contra ellos. Ese
día está por sobrecogernos.”

En la crisis final únicamente habrá dos grupos: los leales y obedientes,


y los desleales y desobedientes. Por naturaleza nos encontramos
entre los desleales y desobedientes, pero Dios ha proveído una vía de
escape para que podamos llegar a estar entre los leales y obedientes
verdaderos.

La conformidad al mundo ha hecho que, en lugar de salir del grupo de


desleales y desobedientes, nos quedemos allí con una superficial
apariencia de piedad y de fe. Pero si nos quedamos como cristianos
superficiales, con pura obediencia espuria, entonces en la crisis final
ante Dios seremos declarados apóstatas, y aquí en la tierra
manifestaremos nuestra verdadera condición que yacía dentro de
nuestro cristianismo superficial: un odio demoníaco hacia Dios y hacia
todos los leales y obedientes a su Gobierno.

Hebreos 3:14 – “Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal


que conservemos firme hasta el fin el principio de nuestra
confianza.”
2MS pg. 422.1 – “Es difícil mantener firmes hasta el fin
los rudimentos de nuestra confianza; y la dificultad aumenta cuando
existen influencias ocultas que trabajan constantemente para
introducir otro espíritu, un elemento contrarrestante, que obra en favor
del bando de Satanás.

En ausencia de la persecución se han introducido en nuestras filas


algunos que tienen una firmeza aparente y cuyo cristianismo
parece incuestionable, pero que se apartarían de nosotros si
surgiera la persecución.

En la crisis, prestarán atención a razonamientos aparentemente


plausibles que han influido en sus mentes. Satanás ha preparado
diversas trampas para hacer frente a las distintas clases de mentes.
Cuando se invalide la ley de Dios la iglesia será zarandeada por
pruebas terribles, y una proporción más elevada de la que ahora
anticipamos, prestará atención a espíritus seductores y a doctrinas de
demonios. En lugar de ser fortalecidos cuando son puestos en
dificultades, muchos demostrarán que no son sarmientos vivientes de
la Vid verdadera; no llevaron frutos y el viñador los separó.”

La lección de Pedro
El apóstol Pedro había recibido la lluvia temprana en ocasión del
Pentecostés (Hechos 2:1, 14) y había llegado a entender que la ley
ceremonial, con todos sus ritos y ceremonias (incluida la
circuncisión), habían llegado a su fin (Colosenses 2:14), pues había
entrado en vigencia el verdadero templo: el Santuario Celestial
(Hebreos 9:24).

Pedro había llegado a comprender también que el Evangelio había


sido abierto al mundo gentil, pues la viña había sido quitada de los
judíos que no querían compartir el plan de salvación con el resto del
mundo (Marcos 12:9).

Pedro comprendía que ya no estaba en vigencia ni la ley ceremonial,


ni el santuario terrenal, ni la circuncisión. Sin embargo, qué aconteció?
Vinieron los maestros judaizantes y por miedo a los líderes religiosos
Pedro empezó a decir SI a la ley ceremonial y SI a la circuncisión.

Gálatas 2:11-14 – “Empero viniendo Pedro a Antoquía, le resistí en la


cara, porque era de condenar. Porque antes que viniesen unos de
parte de Jacobo, comía con los Gentiles, se retraía y apartaba,
teniendo miedo de los que eran de la circuncisión. Y a si disimulación
consentían también los otros Judíos.”
Hoy en día todavía abundan los doctores de la ley, los maestros
judaizantes que siguen enseñando que hay que guardar la ley
ceremonial (las fiestas y sábados ceremoniales), sin siquiera
comprender de qué manera hay que celebrarlas y sin comprender su
simbólico significado.

“Queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan,


ni lo que afirman.”

(1 Timoteo 1:7)
Estos doctores de la ley ceremonial no entienden que esta ley era
temporal, tuvo principio y tuvo un final. También tuvo un propósito que
era ilustrar el trabajo de Cristo en sus tres facetas: obra en la tierra,
obra en el cielo, y obra después de salir del Santuario. Mientras que
los Diez Mandamientos son eternos, sin principio y sin final, y cuyo
propósito no es ser símbolo, ni sombra, ni figura, sino de enseñarnos
qué es pecado (1 Juan 3:4) estableciendo una ley moral eterna y única
que se encuentra en la Corte Suprema de Justicia del Universo: el
Santuario Celestial (Apocalipsis 11:19).

Romanos 7:7 – “¿Qué diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna


manera. Empero yo no conocí el pecado sino por la ley: porque
tampoco conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No
codiciarás.”
El apóstol Pablo declara contundentemente que la ley que nos enseña
qué es pecado son los Diez Mandamientos. Pues no es la ley
ceremonial ni la ley de Moisés la que declara “No codiciarás”—sino el
décimo mandamiento (Éxodo 20:17).
¿Por qué el apóstol Pedro, que había recibido el gran poder del
Espíritu Santo, por medio del cual había hablado en lenguas,
predicado el Evangelio y hasta obrado milagros, luego estaba
apostatando de la fe, volviendo a la ley ceremonial por miedo a los
maestros judaizantes?

La gran lección que debemos comprender es que: el Espíritu Santo


viene a grabar la ley en nuestras mentes y corazones, viene a sembrar
los dones sobrenaturales y viene a subyugar nuestra naturaleza
pecaminosa que quiere de continuo hacer el mal; pero bajo ninguna
circunstancia va a erradicar nuestra maldad y pecaminosidad.

Ese miedo y ese farisaísmo que todos tenemos, y que Pedro tenía, fue
subyugado en Pedro, pero bajo una prueba ante los doctores de la ley,
Pedro falló la prueba y se dejó llevar por el error.

Es por esto que bajo ninguna circunstancia debemos creer que al


haber recibido el Espíritu Santo una vez, ya estamos libres de
condenación, de tentación y hasta de pecado. Mil veces no.

Esa no es enseñanza bíblica, sino fábula satánica.

Es por eso que Dios nos manda a “perseverar hasta el fin”, nos manda
a “velar y a orar” y nos manda a recibir el bautismo diario del Espíritu
Santo, pues diariamente debemos luchar contra nuestra maldad
inherente, contra nuestra deslealtad y contra nuestra desobediencia.

Es una lucha intensa y diaria contra el peor de nuestros enemigos: el


YO.

Pero si dejamos que el Espíritu Santo obre en nuestros corazones y


finalmente nos rendimos a los pies de nuestro Salvador, entonces
podremos declarar triunfantemente junto con Pablo:

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