Grae Bryan - Serie El Compañero Del Vampiro - 1 Roman
Grae Bryan - Serie El Compañero Del Vampiro - 1 Roman
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Contenido
Sinopsis Diecinueve
Prólogo Veinte
Uno Veintiuno
Dos Epilogo
Tres Epílogo Extra
Cuatro Notas de la Autora
Cinco Acerca de la Autora
Seis
Siete
Ocho
Nueve
Diez
Once
Doce
Trece
Catorce
Quince
Dieciséis
Diecisiete
Dieciocho
Sinopsis
Danny Kingman está acostumbrado a valerse por sí mismo. Trabajando
sin parar como un enfermero de urgencias y así pagar por los cuidados de
su madre, ha estado dejando su propia vida en pausa desde que tiene uso de
razón. Pero, cuando un hombre increíblemente sexy y extrañamente
intenso, lo salva de un robo, Danny tiene la sensación de que todo lo que
conoce está a punto de cambiar. Especialmente cuando dicho hombre saca
un par de colmillos de repente…
Roman Mourier ha estado deambulando sin rumbo durante décadas,
esperando el inevitable día en que lo último que queda de su humanidad lo
abandone, y el demonio que habita dentro de él tome control permanente.
Él no cree en los compañeros predestinados, o en el mito de que hay un
alma por ahí que podría atar su humanidad a él. Hasta que siente una
extraña atracción por este encantador joven en un hospital, y por primera
vez, la esperanza despierta en él.
Pero Roman tiene otros demonios además del que lleva dentro. ¿Es lo
suficientemente fuerte para mantener a Danny a salvo del pasado que lo
persigue? Solo sabe una cosa con certeza: ahora que ha encontrado a su
compañero, hará cualquier cosa para quedarse con él.
Prologo
18 de junio de 1815
Waterloo, Bélgica.
Danny salió por la puerta del hospital a las 6:00 a. m. en punto, ya que no
tenía informe que darle a la enfermera del siguiente turno. Ya habían
llevado a su nuevo paciente a una habitación. Supuso que podría haberle
dicho algo acerca del extraño hombre alto con penetrantes ojos azules que
posiblemente deambulaba por los pasillos, pero a este punto no estaba
100% seguro de que todo hubiese sido una alucinación.
Inmediatamente se puso las gafas oscuras, casi cegado por la luz del sol de
la mañana. Aunque hubiese sido amigo de él y de su tez aceitunada,
después de que comenzó a trabajar de noche el sol se convirtió en su peor
enemigo. Demasiado duro después de doce horas bajo los focos
fluorescentes del hospital. Y aunque las mañanas de invierno eran frías en
Hyde Park, aún tendían a ser brillantes, con la excepción de cuando había
una tormenta de nieve ocasional.
Danny bebió lo último de su café ahora frío, obligándose a permanecer
despierto un poco más.
Lo que ansiaba desesperadamente era engullir un poco de cereal y
plantarse boca abajo en la cama, pero no podía. Las mañanas eran su mejor
momento del día y él no quería decepcionarla.
De alguna manera se encontró entrando en un estacionamiento familiar
diez minutos más tarde, habiendo conducido hasta allí prácticamente en un
estado disociativo. En ese momento se preguntó por centésima vez si era
seguro conducir después de un turno de noche.
¿Quizás debería empezar a tomar el autobús después del trabajo?
Aparcó rápidamente y bajó la visera para captar su reflejo en el espejo
interior.
Se veía peor de lo que creía.
Su cabello castaño chocolate sobresalía por todas partes, los rizos dejados
más largos de lo que le gustaría por la simple razón de que siempre se
olvidaba de hacer una cita con el estilista. Se lamió los dedos y trató de
aplanar los mechones más rebeldes. Normalmente se pondría una gorra de
béisbol encima, pero en este caso, dependiendo de la cantidad de lucidez
que lo esperara del lado de adentro, era probable que lo regañaran por usar
un sombrero. No podía hacer nada por las sombras debajo de sus ojos,
aparte de retroceder en el tiempo y dormir significativamente más durante
los últimos dos años.
—Está bien, galán. Vayamos a ver a nuestra chica—Y allí estaba de
nuevo, hablando en voz alta para sí mismo. Al menos estaba solo en su auto
y nadie acechaba en las esquinas, escuchándolo.
Al acercarse a la recepción, Danny podía escuchar los sonidos del ajetreo
habitual de la actividad matutina que llenaba los pasillos alfombrados.
—¡Danny! Qué bueno verte, cariño. ¿Acabas de salir del trabajo? —La
recepcionista que llenaba el escritorio de la recepción, era una de sus
favoritas. Una mujer dulce y mayor que siempre se las arreglaba para
tratarlo con una empatía que de alguna manera nunca rayaba a la lástima.
Danny se sintió sonreír ampliamente a pesar de su fatiga. —Hola, Mary. Me
veo terrible, ¿eh?
—Por favor, cariño, no podrías lucir terrible si lo intentaras —Ella le
dio un breve abrazo—. Tienes a la mitad de los viejos bichos en este lugar
preguntando por ti cada vez que te vas. No quieres escuchar las cosas que
intentarían hacerte si fueran solo medio siglo más jóvenes —bromeó—. Se
trata de ese juego completo de bolsas que llevas debajo de tus ojos de
ciervo, eso fue lo que te delató.
—¡Maldita sea! Sabía que me dirías algo al respecto —se rió, sin
ofenderse en lo más mínimo.
—Un buen sueño y una buena comida se encargarán de eso —Su
expresión se volvió seria, y él sintió que se acercaba un sermón—. Estoy
empezando a pensar que necesitas a un cuidador. Me sentiría mejor si
tuvieras a alguien cuidándote. ¿Tu hermano no está de vuelta en la ciudad?
¿Por qué no...?
Danny interrumpió antes de que pudiera llegar más lejos. —Está haciendo
lo mejor que puede, te lo prometo. La residencia médica le quitó mucho a
Gabe. Está volviendo a afirmarse en sus propios pies, y estoy seguro que
comenzarás a verlo más muy pronto —Se aclaró la garganta—. Y no necesito
que nadie me cuide.
No sonaba convincente ni siquiera para sí mismo, pero Mary tuvo la
amabilidad de dejarlo estar. Ella dio un pequeño suspiro y luego volvió a su
yo alegre y sonriente. —Vamos, cariño. Vamos a llevarte a verla.
Sabía el camino de memoria, pero a Mary siempre le gustaba llevarlo de
regreso como un invitado de honor. Cuando se acercaron a la puerta tan
familiar, que estaba abierta de par en par a la habitación interior, ella le dio
un apretón en el brazo. —Solo una advertencia, ha estado tranquila hasta
ahora, pero no es su mejor día en general.
Eso estaba bien. No habían tenido un "buen día" en tanto tiempo que no
podía recordarlo.
La mujer sentada en el sillón en la esquina de la habitación no pareció notar
su llegada, tenías los ojos clavados en un televisor que pasaba una vieja
película vaquera en blanco y negro.
—Buenos días, Gladys —dijo en voz baja, entrando en la habitación.
Hacía mucho tiempo que había aprendido que llamarla por su nombre
podía evitar que un buen día se convirtiera en uno malo. De lo contrario,
acabaría sembrando confusión y finalmente la inevitable zozobra.
No habría más "Buenos días, mamá". No para Danny.
Su madre apartó la cabeza de la televisión, con una sonrisa vacilante en su
rostro. Ella compartía su color de pelo -o solía hacerlo, antes de que su
cabello se volviera canoso- y su nariz, pero las similitudes terminaban ahí:
su barbilla era más afilada, sus labios más delgados y sus ojos marrones
más pequeños, inclinados hacia arriba en las esquinas, mientras que los de
Danny eran redondos y anchos. Pero, aún así, se podía ver la relación entre
ambos con un vistazo: ciertas expresiones y gestos que ambos compartían.
Ella lo había criado para ser quien era, y eso había dejado su marca.
—Buenos días —Ella lo saludó cortésmente, sin una pizca de
reconocimiento—. ¿Puedo ayudarte?
—Solo vine para una pequeña visita —Mantuvo su voz ligera y alegre,
suprimiendo cualquier atisbo de decepción—. ¿Si es que no estás
demasiado ocupada?
Su expresión permaneció vacilante, pero al menos no parecía molesta o
temerosa. Podría haber sido peor. —Oh, no, no estoy demasiado ocupada.
Sin embargo, estoy viendo mi programa —Señaló la televisión con un dedo
tembloroso.
—Está bien. Puedo verlo contigo, si no te importa —Se sentó en la silla
frente a ella.
La habitación era grande, con una gran cama en la esquina, un baño
adjunto y luego una sala de estar improvisada con dos sillones y un
televisor, que era donde estaban actualmente. Un lugar decente para vivir
en sentido general, él se había asegurado de ello, confiando en sí mismo
para que las cosas funcionasen financieramente de alguna forma.
Se las estaba arreglando apenas.
Se sentaron en silencio durante un largo rato. Ocasionalmente, durante los
comerciales, ella preguntaba por él de una manera vaga, el tipo de
preguntas que le harías a un extraño, o hablaban del clima, o de lo que
estaban viendo.
Algunos días eran así: ella se contentaba con mantener las cosas ligeras, tal
vez consciente de que lo conocía de alguna forma, pero sin indagar o
averiguar cómo. Otros días pensaba que era su padre y lo saludaba por ese
nombre.
Había aprendido a aceptarlo, a estar contento con el conocimiento de que
ella sabía que lo amaba, incluso si no podía recordar exactamente quién
era.
Más importante era que sabía que era amada, que había gente que se
preocupaba por ella.
Danny se dio cuenta del punto exacto en el que la conversación comenzó a
afectarla. Sus preguntas comenzaron a repetirse, sus respuestas a las
preguntas de él se volvieron más esporádicas y sus reacciones se volvieron
un poco más incómodas.
Mary tenía razón: no era el mejor día de su mamá. Pero tampoco el peor.
Los días malos podían incluir cambios de humor feroces, crisis
emocionales, peleas a gritos, falta de voluntad para levantarse de la cama o
cepillarse los dientes.
Había menos de esos desde que se mudó al hogar de ancianos. Las rutinas
programadas, algo que él no había podido darle en casa mientras trabajaba
a tiempo completo, ayudaban a calmar parte del caos en su mente.
—Está bien, Gladys, creo que ya me voy —se obligó a decir,
levantándose de la silla—. Pero fue tan agradable hablar contigo. Espero
verte pronto.
Ella le dio un pequeño asentimiento, pero no hizo contacto visual.
Claramente estaba llegando a su límite con la interacción social. —
Encantada de hablar contigo también —murmuró.
Salió de las instalaciones, despidiéndose de Mary al pasar. Ella
simplemente le devolvió el saludo, sin involucrarlo en ninguna
conversación, consciente de que no siempre estaba dispuesto a hablar
después de una visita a su madre.
Sentía que cada paso que daba era más pesado que el anterior. Estaba tan
cansado.
Sabía que debería estar agradecido por días como este. Días en que ella
quería hablar con él, aunque sea por un rato, incluso sin saber quién era.
Días en los que estaba de buen humor, en los que estaba vestida y fuera de
la cama.
Pero a veces solo quería a su mamá. Quería que ella lo abrazara, que lo
reconociera.
Danny estaba empezando a pensar en que ya había pasado el punto en que
ella nunca lo reconocería de nuevo. Solo deseaba haber sabido que la última
vez había sido la última.
Habría saboreado cada segundo de ello.
Si las lágrimas corrían por sus mejillas de camino a casa, no había nadie
alrededor para verlas.
Dos
Roman
1
Mierda en Francés.
2
La compulsión es una clase de poder que le otorga a su usuario la capacidad de provocarle impulsos o deseos
intensos de hacer una cosa a cualquier ser vivo.
Su maldito demonio todavía estaba enojado con él por salir de ese hospital
sin el chico entre sus brazos.
—¿Cómo puedo ayudarlo, señor? —preguntó la recepcionista, con voz
sensual.
—Estoy necesitando una habitación.
—Tenemos algunas vacantes disponibles. ¿Solo una persona? ¿Está
viajando solo? —Ella le dio una mirada poco sutil, y Roman tuvo que luchar
para evitar que su labio se torciera. Aparentemente, no era solo su demonio
el que no tenía paciencia en estos momentos con los humanos que no
fueran Danny.
—Solo yo. Solo una noche —Gruñó. ¿Dónde estaba su habitual
frialdad y su encanto habitual?
Para crédito de la recepcionista, inmediatamente captó la indirecta de su
falta de interés y su tono cambió a uno estrictamente profesional. —Por
supuesto, señor. Puedo hacerle la reserva ahora mismo.
—Perfecto —Roman tomó su billetera.
Excepto que se encontró haciendo una pausa mientras sacaba su tarjeta de
crédito.
Se aclaró la garganta. —Discúlpeme, me expresé mal. No será solo una
noche. Una semana. Me quedaré una semana.
Maldita sea.
Mocoso.
Aburrido.
Roman no estaba seguro de cómo Soren hacía eso. Siempre parecía saber lo
que no se decía. Roman no podía entender si era algo que tenía que ver con
la edad, o una habilidad que siempre había tenido naturalmente.
Pero Soren no estaba equivocado. Roman realmente no podía quedarse.
Sólo unos días, se dijo a sí mismo. Solo para obtener algunas respuestas, y
luego me iré.
Su demonio, afortunadamente tranquilo, dejó pasar la mentira.
Sólo unos pocos días.
Tres
Danny
Eran las cuatro de la mañana cuando Danny finalmente salió del hospital.
Habían limpiado las bahías, ya sea dando de alta a los pacientes o
enviándolos a habitaciones en otros pisos, y Chloe lo había despedido con
un último agradecimiento: —Gracias por venir.
Estaba muerto en pie, apenas manteniendo los ojos abiertos y cruzando los
brazos alrededor de sí mismo para protegerse del frío invernal.
Técnicamente, su casa estaba a solo cinco minutos en automóvil del
hospital, pero Danny estaba legítimamente preocupado por llegar allí de
manera segura.
Normalmente estaba hiperconsciente al caminar hacia su auto. La sala de
emergencias puede ser un lugar sospechoso, con pacientes que no tenían
paciencia, emocionales y saliendo de las drogas de mala manera, en
ocasiones, volviéndose violentos. Estadísticamente, era el lugar más
probable para que un empleado del hospital fuera agredido, y Danny
mantenía ese conocimiento con él hasta que estaba a salvo en casa. Al
menos, normalmente lo hacía.
Pero estaba más exhausto de lo que se había dado cuenta, y esta noche tenía
los ojos en sus pies más que en su entorno. Su auto estaba en un rincón
oscuro en el piso superior del estacionamiento, y Danny estaba casi en la
puerta cuando se dio cuenta de que la luz de arriba estaba rota y que la
oscuridad era intencional.
Antes de que pudiera retroceder para salir de allí, un brazo fibroso se
envolvió alrededor de su pecho y un cuchillo se presionó en su garganta.
Mierda. Dulce de Chocolate. No, tenía razón, joder.3
—Dame tu billetera —gruñó un hombre.
La molestia rompió el miedo de Danny por un breve momento. ¿En serio?
Después de todos los tipos escalofriantes con los que había tenido que
lidiar, todos los pacientes con los que había tenido cuidado de no revelar su
apellido, cuando finalmente lo asaltaban, ¿Era por un simple atraco?
Aun así, no iba a jugar a ser el héroe. —Está en mi bolsillo trasero.
Danny sintió que una mano se metía en su bolsillo y sacaba la billetera
antes de que lo giraran con un agarre brusco en el brazo para mirar a su
atacante, con el cuchillo aún en la garganta.
¿Quién diablos asaltaba todavía con un cuchillo?
Su agresor llevaba una gorra baja, pero aun así, Danny pudo ver que las
pupilas del tipo estaban completamente reventadas. Estaba drogado con
algo, eso era seguro. Pero el hecho de que dejara que Danny lo viera lo
suficientemente cerca como para notarlo era un poco preocupante. Podría
haber dejado que Danny siguiera mirando hacia otro lado.
¿Por qué no le preocupa tener un testigo?
3
Juego de palabras: “Fuck” (Mierda) y “Fudge” (Dulce de Chocolate que se usa para las tortas y postres). Danny usa
primero la palabra “Fuck”, y después “Fudge” que es usado para maldecir en lugar de decir el clásico “joder o
mierda”. Luego dice, técnicamente: “A la verga, si es Joder lo que quería decir” : D
El hombre estaba presionando el cuchillo, no lo suficiente como para sacar
sangre, pero sí lo suficiente como para que el miedo de Danny aumentara
un poco. Quería que toda esta interacción terminara ya. —Um, mi teléfono
está aquí. En mi mano. Si lo quieres —Tal vez eso haría que avanzaran las
cosas.
Pero su atacante no se movió. Parecía estar esperando algo, que era lo
contrario de lo que uno debería estar haciendo cuando asalta a otra
persona. Agarras, asaltas y corres, ¿No? ¿No es esa la fórmula mágica
para que no te atrapen?
Antes de que Danny pudiera ofrecer algo más (¿las llaves de su auto, tal
vez?), un fuerte rugido resonó en el estacionamiento y su atacante fue
arrojado lejos de él con una fuerza violenta.
Danny hizo una mueca cuando el acto de ser arrojado hizo que el cuchillo
de su atacante atravesara su hombro, pero su atención se centró menos en
el dolor y más en el borrón de extremidades que de repente estaban
golpeando a su asaltante. Un borrón a través del cual reconoció un traje
familiar e inmaculado.
—¿Roman?
Los golpes se detuvieron y honestamente sonó un gruñido. Su asaltante
estaba llorando, dejando escapar un gorgoteo: —¡Lo siento, hombre! ¡Ni
siquiera sabía lo que estaba haciendo! —durante el descanso de los golpes.
Roman aún estaba de espaldas a Danny. Se inclinó aún más sobre el
asaltante, y Danny solo pudo escuchar un susurro mientras soltaba al
hombre que ahora lloraba. —Corre.
Roman se puso de pie lentamente, y el otro hombre trepó rápidamente,
cojeando hacia las escaleras del estacionamiento lo más rápido que pudo.
Pareció por un momento que Roman iba a seguirlo para perseguirlo, como
si la orden de correr hubiera sido solo de él jugando con su presa, pero
luego sus hombros se tensaron nuevamente y se giró para mirar a Danny.
Danny apenas tuvo tiempo de registrar la furia fría en el rostro del hombre
antes de que Roman estuviera allí, justo frente a él, más rápido de lo que
tenía derecho a ser. El ataque a su asaltante había llevado tanto a Roman
como al agresor hasta el otro lado del estacionamiento, y el como había
arrojado al tipo hasta el otro lado era toda una pregunta en sí misma, sin
embargo, allí estaba a solo centímetros de distancia de la cara de Danny.
Definitivamente algo no estaba bien.
Su cabello negro y liso ahora estaba desordenado y salvaje, y jadeaba. Pero
mucho más alarmante, esos ojos azules brillantes, los que habían sido tan
espeluznantes bajo las luces fluorescentes, ahora estaban completamente
negros.
No oscurecido por pupilas exageradas. De verdad, verdadera y
completamente negros, sin iris ni blancos circundantes ni nada.
Danny tragó saliva mientras registraba el último detalle extraño de la
apariencia de Roman. Lo más incorrecto de todo: los dientes de Roman
estaban al descubierto… y el hombre definitivamente tenía colmillos.
O Danny estaba alucinando de verdad, o Roman era algo más que humano.
Y Danny estaba solo con él en medio de un estacionamiento oscuro.
Mierda.
Cuatro
Roman
El bar al que entraron estaba justo a un paso por encima de un antro, con
una larga barra en forma de L, algunas mesas altas dispersas y una pequeña
pista de baile donde un grupo sorprendentemente animado bailaba al son
de una canción de alguna princesa del pop. Roman pensaba haber visto a
algunos de los miembros del personal del hospital de Danny. ¿Entonces
esto era una reunión de trabajo?
La mirada de Roman dejó la pista de baile e inmediatamente se posó en
Danny, como si Roman tuviera alguna clase de rastreador interno
especializado en el chico. Él estaba sentado en la barra y charlaba con su
amiga de la noche anterior –la morena bajita-, con cocteles dispuestos
frente a cada uno de ellos. Se estaba riendo de algo que ella estaba diciendo,
pero la sonrisa no llegaba a sus ojos.
Merde.
Su compañero estaba molesto por algo. La idea perturbaba a Roman, y se
devanó los sesos para pensar sobre qué podría tratarse; nada pareció surgir
en el tiempo en que Roman lo había estado observando. ¿Había pasado algo
esta noche, mientras que Roman había estado distraído en la cafetería?
Se acercó a la barra con pasos largos, Soren estaba a dos pasos detrás de él.
Se sentó a la izquierda de Danny, donde había un asiento vacío. La mirada
de Danny dejó a la mujer a su lado y aterrizó en Roman, con los ojos muy
abiertos ante su aparición inesperada en el bar.
La pequeña mujer miró a Roman, interesada en lo que parecía haber
llamado la atención de Danny. Murmuró en voz baja, pero no lo
suficientemente bajo como para que el oído de vampírico de Roman no lo
captara: —No estabas exagerando en el departamento de apariencia.
Roman reprimió una sonrisa satisfecha cuando Danny se sonrojó. Así que
su encantador compañero había estado hablando de él.
—Danny —ronroneó Roman, inclinándose más cerca para captar el
aroma delicioso de su pareja.
Danny se reclinó rígidamente. —¿Cómo supiste que estaba aquí? —
preguntó en un tono plano. Fue solo entonces que Roman notó que la
mirada en los ojos oscuros del chico, era menos acogedora.
Antes de que Roman pudiera responder, Danny miró hacia atrás y sus ojos
se posaron en Soren, con su elegancia y cabello dorado, y que sin duda
estaba sonriendo como un lunático. La expresión de su compañero
inmediatamente decayó. —Oh. Tú… tú no sabías que estaba aquí. No
debería haberlo asumido. - El músculo de la mejilla de Danny saltó cuando
apretó la mandíbula—. Bueno, no dejes que te interrumpa —Terminó,
girándose hacia su amiga.
La amiga que ahora estaba disparando dagas con sus ojos hacia Roman.
¿Danny estaba celoso? Roman estaba casi complacido con la idea, pero el
sentimiento fue mitigado por el disgusto de que Danny lo estuviera
ignorando.
Oh, no. Eso no funcionaría.
Roman tocó el hombro de Danny, y el chico se volvió hacia él, con una
mirada de desdén tan altivo en su rostro, que Roman habría estado
encantado con esa muestra de coraje, si ese desdén no hubiese estado
dirigido a él.
—Danny, este es un viejo amigo mío, Soren Iversen —explicó, en tono
pautado.
La expresión de Danny no cambió.
—Un viejo, viejo amigo — insinuó Roman—. Solíamos... cazar juntos.
En los viejos tiempos.
Los ojos de Danny se abrieron un poco cuando el mensaje pareció
asimilarse. Un ligero rubor se apoderó de sus mejillas y su expresión altiva
decayó. Envió una pequeña sonrisa de disculpa hacia Soren. —Oh. Hola.
Chico dulce.
—Adorable —susurró Soren, lo suficientemente bajo como para que
solo Roman pudiera escucharlo. A Danny le dijo: —. Encantado de
conocerte. Roman me ha hablado mucho de ti —Solo podía imaginarse la
sonrisa maníaca que Soren debía estar dirigiéndole a Danny, pero Roman
mantuvo sus ojos firmemente en su compañero.
Danny agachó la cabeza avergonzado, y su amiga enfermera le dio una
pequeña palmadita en la espalda. La mirada mortal que había estado
dirigiendo a Roman finalmente se desvaneció.
—Y yo soy Chloe —intervino ella—. Encantado de conocerlos a los dos
—Le dio un beso en la mejilla a Danny y se levantó de la barra—. Me uniré
al cumpleañero en la pista de baile.
—Y iré a tomar un trago. Los dejaré conversar —agregó Soren. Ante la
ceja levantada de Roman, le guiñó un ojo y murmuró: —. ¿Qué? No
necesitamos irnos inmediatamente. Ambos estamos aquí. Nada le pasará.
Encárgate de tu asunto, yo mismo he visto algunos especímenes
prometedores —Con eso, se dio la vuelta y se pavoneó hacia el otro extremo
de la barra, donde un cantinero alto de cabello azul y con un arete en la
nariz, comenzó a tomar su orden.
Roman se acercó a Danny, que fruncía el ceño ante su bebida. ¿Seguía
sintiéndose inseguro acerca de la presencia de Soren?
—Es verdad lo que dije —lo tranquilizó Roman—. Es solo un amigo. Él
es... como yo.
Danny puso los ojos en blanco, pero aún no se encontró la mirada de
Roman. —Lo sé. Lo entiendo. Fuiste muy sutil con la referencia a la "caza".
Vale, así que ya no estaba celoso. Sin embargo, claramente algo estaba mal.
Es solo que Roman no estaba seguro de qué era. —Entonces, ¿por qué te ves
tan molesto? —preguntó.
—No dejaste tu número —murmuró Danny, lo suficientemente bajo
como para que, incluso con su oído superdesarrollado, Roman casi no lo
entendiera.
Oh. Oh.
—Me disculpo. Eso fue una tontería de mi parte. No estoy
acostumbrado a… —empezó a decir Roman, pero Danny lo interrumpió.
—Sabías cómo contactarme. Donde trabajo, donde vivo. Y ni siquiera
tenía tu número de teléfono —Su voz se estaba haciendo cada vez más
fuerte, y Roman comenzó a sospechar que tal vez este no era su primer
cóctel—. ¿Me dices lo que me dijiste y luego simplemente desapareces? Eso
es... ¡Es una especie de jodida dinámica de poder! Y no estoy aquí para eso.
Roman estaba dividido entre la angustia de haber lastimado tan claramente
a Danny con sus acciones desconsideradas y el deleite abrumador de que el
chico claramente lo había echado de menos.
Danny lo deseaba.
Arréglalo. Calmar, proteger, nuestro, nuestro, nuestro, le siseó su
demonio.
Claro. Primero lo primero. Tranquilizar y consolar a su compañero. Pero
antes de que pudiera comenzar a explicarse, una figura familiar de cabello
oscuro los interrumpió y se abalanzó sobre Danny en el lugar que Chloe
había dejado vacante. —¿Está todo bien por aquí? —preguntó, mirando a
Roman, en tono acusatorio.
Gabe. El hermano.
Roman mantuvo sus propios ojos firmemente sobre Danny, quien ahora
estaba mirando a su hermano. Aparentemente, su compañero se portaba un
poco revoltoso cuando estaba ebrio.
La cantinera apareció de repente. —King4—dijo ella, con voz ronca—. Me
preguntaba cuándo aparecerías —Hizo un gesto con la barbilla hacia
Danny—. Durante unas horas solo ha estado Little King5 sentado por aquí.
—¿Little King? —Roman articuló hacia Danny, con una ceja levantada
en son de pregunta.
Todavía con el ceño fruncido, Danny murmuró para que solamente Roman
pudiera escucharlo: —Por nuestro apellido. Es Kingman. El chico dorado de
allí recibió el apodo de King en la escuela secundaria, y luego, cuando
aparecí cuatro años después… —Se encogió de hombros—. Solo unas pocas
personas todavía lo usan. Por lo general —Le dirigió una mirada mordaz a
la cantinera, que ahora estaba inclinada sobre la barra frente a Gabe, con
un escote impresionante—. Cuando están intentando meterse en los
pantalones de cierto alguien.
Roman se inclinó para que su hombro rozara el de Danny, listo para
terminar su conversación ahora que el hermano mayor de los Kingman
aparentemente estaba ocupado.
4
Rey.
5
Pequeño Rey.
—Lo siento mucho, mi pequeño rey —murmuró, viendo que, tras usar
el apodo, el más delicioso rubor se extendía desde las mejillas de Danny
hasta su garganta.
Que encantador.
—No estoy... acostumbrado a las citas modernas —continuó—. O a
cualquier cita, en realidad. Estoy acostumbrado a permanecer en las
sombras. No pensé en dejar mi número. Y quería al menos darte la
sensación de que tenías espacio, en caso de que lo necesitaras.
Danny, demasiado rápido y a la mitad, se dio cuenta de sus palabras. —
¿Sensación de espacio? ¿Has estado... acechándome?
Roman hizo una mueca ante ese desliz. —¿Eso te molestaría?
—No exactamente —Danny negó lentamente con la cabeza—. Sé que
debería, pero…
—Definitivamente debería —interrumpió Gabe con dureza.
Aparentemente, el hermano mayor ya no estaba tan ocupado, la cantinera
se había retirado para servirle una bebida a otra persona—. ¿Quién diablos
es este tipo, Danny? ¿Ha estado... cómo... acechándote?
Danny lanzó una mirada sorprendentemente cruel a su hermano. —No te
metas, Gabriel.
—Claro que pienso meterme cuando algún espeluznante…
—Yo tendría cuidado de a quién llamaría espeluznante, Su Alteza —
canturreó Soren, habiéndose materializado unos pasos detrás del hermano
de Danny.
Gabe miró por encima del hombro al vampiro rubio, quien, a pesar del tono
desafiante de sus palabras estaba sonriéndolo como un loco al hermano de
Danny. Jesús. Esto se estaba convirtiendo en puro caos.
—Y ahora, ¿quién diablos es este tipo? —Gabe exigió con un tono
hostil, por supuesto.
La sonrisa de Soren no vaciló. —Soy nuevo en la ciudad. Sé agradable —Dio
un paso más cerca de Gabe, respirando sutilmente mientras que parecía
inhalar el olor del hermano de Danny. Roman realmente esperaba que
fuera solo una táctica de intimidación, porque tener a Soren
obsesionándose con el hermano mayor de Danny sería como adjudicarse
problemas—. De hecho, necesito a un hombre grande y fuerte que me
acompañe afuera por un cigarrillo —continuó Soren—. Rey Gabriel,
¿verdad? Creo que encajas a la perfección.
Sorprendentemente, eso pareció suprimir el viento en el velero de Gabe.
Roman observó mientras miraba, atónito, al hombre rubio frente a él. —Es
solo Gabe. Y soy médico. ¿Yo no fumo? —Eso salió más como una pregunta.
Estaba mirando a los ojos de Soren como si estuviera hipnotizado—. Tú
tampoco deberías. Es, um, malo para ti.
—Lo sé —Los ojos claros de Soren brillaron peligrosamente—. Por eso
me gusta.
Y con eso, agarró la mano del hermano de Danny y lo arrastró hacia la
puerta trasera del bar.
Complacido de que la distracción hubiese sido manejada, Roman se volvió
hacia Danny. El chico parecía un poco atónito al ver que su hermano mayor
se alejaba tan fácilmente. —Um, tu amigo no va a... comérselo, ¿verdad?
—Un bocado delicado a lo sumo —bromeó Roman. Posiblemente
podría estar más preocupado por el hecho de que Soren se había aferrado al
hermano de su pareja, pero Roman sabía que su amigo no lastimaría
gravemente al hombre y, francamente, estaba cansado de que todas las
demás personas se hicieran con tanta cantidad del tiempo y atención de su
encantador compañero.
Danny era suyo.
—Eso no es realmente tranquilizador… —comenzó Danny.
—¿Me perdonas? —Román lo interrumpió—. ¿Por la falta de
consideración y, como diría tu hermano, el “acecho espeluznante”?
—Supongo que sí —Danny inclinó la cabeza para estudiarlo—. La
parte del número de teléfono es lo que es. Y lo siguiente... sé que debería
molestarme, pero... nunca antes había tenido a nadie cuidando de mí. No
desde que era un niño, al menos. Es… como un poco agradable.
—Te cuidaría siempre, si me lo permitieras —Roman dijo con
sinceridad cada palabra.
Danny lo señaló de forma acusadora, su mano un poco inestable. —Mira,
esa es la parte que me parece un poco irreal. Apenas me conoces. Has
vivido más de doscientos años, visto tantos lugares y cosas, y yo solo soy...
yo. Apenas he hecho nada en mi vida, ni he visto nada. Solo soy Danny.
Antes de que Roman pudiera responder y explicarle a Danny lo especial que
encontraba su amabilidad y cariño, su dulzura mezclada con fuerza, fueron
interrumpidos una vez más.
Roman apenas evitó que su demonio rugiera de frustración para que todos
lo escucharan.
Soren, que ya no sonreía, conducía a un Gabe muy pálido de vuelta a la
barra. —Rome, amigo, tenemos un problema.
Oh, merde. —¿Acaso tú…? —Los ojos de Roman se dirigieron hacia Gabe.
¿Quizás su amigo era más descuidado de lo que había pensado?
Soren dirigió la vista hacia el rostro empalidecido del hombre. —Oh, no.
Jesús. Hora y lugar, Rome. Nos encontramos con algo afuera. Su Alteza
Médica está un poco conmocionado.
—¿Que encontraste? —preguntó Danny, saltando de su taburete para
mirar a su hermano.
—Un cuerpo —respondió Soren—. Un cuerpo... muy... destrozado.
Roman sabía lo que eso significaba, aunque solo fuera por la expresión en el
rostro de Soren.
Luc había estado aquí.
Maldita sea.
Siete
Danny
6
Linebacker es una posición en el fútbol americano y fútbol canadiense inventada por el entrenador de fútbol
americano Fielding Yost, de la Universidad de Míchigan. Los linebackers son miembros del equipo defensivo.
—Ni siquiera sabía que tenía té —La voz de Danny sonaba hueca a sus
propios oídos.
—Compré algunos para ti —Roman lo miraba con preocupación,
como si fuera a romperse en cualquier momento.
Bueno, Danny estaba hecho de un material más duro que eso. Sacudió la
cabeza y regaló una sonrisa genuina a Roman.
—Gracias por las compras. No tuve la oportunidad de decirlo, con
todo mi asunto de “el borracho que despotrica sobre números de teléfono”.
Fue muy dulce de tu parte hacer eso por mí.
Roman solo asintió una vez, observando a Danny con la misma intensidad
de siempre. —Me gusta hacer cosas por ti. Me… me calma. Calma a mi
demonio también. El cuidarte.
Danny sintió que se le formaba un nudo en la garganta ante la admisión de
Roman. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que alguien había querido
cuidar de él? De repente se sentía al borde de las lágrimas.
Por el amor de Dios, ¿Desde cuándo se había convertido en un idiota?
Decidió culpar al estrés de esta noche y cambiar el tema de nuevo a asuntos
más urgentes. Se aclaró la garganta. —Dime por qué Soren y tú parecían tan
asustados sobre el muerto. Si no fue ninguno de ustedes quien lo mató…
Roman levantó una ceja hacia él.
—Te creo —insistió Danny—. Realmente lo hago. Pero sé que están
pasando más cosas de las que me has dicho.
Roman dio un profundo suspiro. Y con voz llena de resignación, comenzó a
explicar. —Hay una razón por la que me mudo tanto, incluso para un
vampiro. Es una razón más allá de evitar llamar la atención sobre mi falta
de envejecimiento. Sé que te dije que los vampiros tienden a quedarse
solos, aparte de los rumores sobre los compañeros apareados.
Danny asintió en reconocimiento. Recordaba cada palabra de lo que Roman
le había dicho sobre los vampiros.
—Había otro vampiro con el que solía pasar gran parte de mi tiempo,
además de Soren. Todo mi tiempo, la verdad.
A Danny se le hizo un nudo en la garganta al pensar hacia donde se estaba
dirigiendo esto. —¿Él era tu… pareja?
Los ojos de Roman brillaron con sorpresa. —¿Te refieres a
románticamente? No nada de eso. Él era mi amigo. Mi... hermano, de
verdad. Lucien. Luc.
Danny no pudo evitar el pequeño suspiro de alivio que se le escapó. Ya se
sentía como un bebé torpe en contraste con Roman y su vasta experiencia
de vida. No había manera de que pudiera competir mentalmente con un
romance de vampiros que tuviera sigos de antigüedad.
Roman continuó, ajeno a la batalla mental de Danny contra los celos. —Luc
fue quien me convirtió. Me estaba muriendo, era un soldado herido, y él...
me salvó, a su manera.
A Danny se le hizo un nudo en el estómago al pensar en Roman al borde de
la muerte. No le gustaba pensar en un mundo que no tuviera a Roman en
él.
—El propio padre de Luc lo había dejado poco después de haberlo
convertido. El mismo Luc solo había sido un vampiro durante una década
para ese momento. Prácticamente era un bebé. Pero, él seguía sabiendo
más que yo. Me ayudó a adaptarme a esta nueva... presencia... dentro de
mí. Todo lo que pidió a cambio, fue que me quedara a su lado. Creo que… se
había sentido muy solo.
La presencia dentro de Roman. Su demonio. El otro lado de este hombre, el
cual Danny había conocido hasta ahora solo en breves fragmentos. Ojos
negros, colmillos y un aura de protección feroz: una protección dirigida a
Danny.
Los ojos de Roman se habían desenfocado un poco, por una vez no estaban
perforándolo ya que estaba perdido en los recuerdos que estaba
describiendo. —Fue en la década de 1940 cuando las cosas cambiaron.
Estábamos alojados en la ciudad de Nueva York. En ese momento,
conocíamos a Soren desde hacía algunas décadas, habíamos oído hablar de
compañeros predestinados. Luc conoció a una mujer en ese lugar. Estaba
seguro, tan seguro de que ella era su compañera.
¿Roman estaba seguro de que Danny era su compañero? No había sonado
convencido cuando se lo explicó a Danny.
—Él fue feliz por un tiempo —Continuó Roman—. Ella estaba
notablemente imperturbable ante lo que éramos. Era una… aventurera.
Tempestuosa. De verdad egoísta. Amaba nuestro poder y nuestra riqueza y
lo que Luc podía proporcionarle. Tenían una especie de... juego... en
marcha. Luc intentaba convencerla de que se convirtiera. Ella se negaba. Él
parecía pensar en ello como un coqueteo prolongado, seguro de que
después de que ella se diera cuenta de que era un poco más que una
humana, se rendiría.
Roman recogió el plato vacío de Danny y luego le dio la espalda para
colocarlo en el fregadero. No se dio la vuelta. —Un día, Luc salió a cazar.
Victoria y yo salimos juntos a conducir. Le gustaba conducir rápido. Al
menos, tan rápido como podían ir los autos en esos días. Hubo un
accidente. Yo, siendo lo que soy, estaba bien, pero ella comenzó a perder
sangre muy rápido. Claramente se estaba muriendo. No había tiempo para
conseguir ayuda. Yo sabía lo que tenía que hacer, pero cuando fui a
convertirla, ella... me rogó.
Roman se giró y entonces miró a Danny, sus ojos ya no estaban
desenfocados sino tan llenos de arrepentimiento que todo lo que Danny
quería hacer era arrojar sus brazos alrededor de su vampiro y decirle que
no tenía por qué continuar.
Pero Danny necesitaba saber a qué se estaban enfrentando. Le dio a Roman
un asentimiento alentador en su lugar.
—Me rogó que no la convirtiera —explicó Roman—. Me dijo que
nunca tuvo la intención de convertirse en uno de nosotros, en convertirse
en una asesina. Que nunca quiso esta cosa dentro de ella. Así que la abracé
mientras pasaba. La dejé morir. Cuando Luc se enteró... estuvo a punto de
matarme esa noche, Yo lo habría dejado. Les había fallado a los dos. Le
negué la oportunidad de salvarse del descenso a un estado salvaje. Pero mi
demonio se negó a caer sin luchar.
Pobre Roman. Pobre victoria. Pobre Luc. Toda la situación sonaba tan
horrible que rompió el corazón de Danny.
—Unas semanas después, volvió a atacarme. Luché contra él de
nuevo, pero apenas. Y luego se fue. Desapareció durante algunas décadas. Y
un día, él simplemente... reapareció. Apareció en la ciudad en la que vivía.
Sus ojos ahora eran... completamente negros. Como si se hubiera dado por
vencido y dejado que su demonio se hiciera cargo. Mataba cuando se
alimentaba, algo que nunca antes había hecho. Dejó un rastro de cuerpos
mientras me perseguía fuera de la ciudad. Yo huí y él me persiguió. Ha sido
así desde entonces. Nunca me quedo mucho tiempo en ningún sitio. No
hago conexiones humanas. Temo lo que les haría, la venganza que
intentaría tomar.
—¿Nunca has… tratado de eliminarlo? Dijiste que los de tu clase
hacen eso, cuando uno de ustedes está perdido —Danny dudó en hacer la
pregunta. Se sentía mal sugerir que Roman asesinara a un antiguo amigo,
pero ¿Estaría su amigo todavía ahí dentro si era el demonio quien estaba
dirigiendo el espectáculo?
Román negó con la cabeza. —Por un lado, es… increíblemente difícil matar
a uno de los nuestros. Decapitación completa o muerte por fuego: esas son
las únicas formas reales. Pero más que eso… no me atrevía a hacerlo. Es mi
culpa que se haya convertido en lo que es. Fui yo quien le quitó la
oportunidad de tener estabilidad, de un futuro.
Danny se encontró sacudiendo la cabeza, levantándose de la silla y
alcanzando a Roman, pero él dio un paso atrás, con los ojos doloridos. —
Hay algo más, Danny. Más que eso. No... me importaban... los humanos
que estaba matando. Realmente no. Odiaba correr el riesgo de verme
expuesto, odiaba que no me dejara en paz, pero más allá de eso… Dejé que
una mujer querida por alguien a quien amaba muriera, y luego ignoré las
consecuencias de mis acciones. Feliz de huir de mis problemas. Te lo dije.
Incluso más allá del demonio dentro de mí… yo no soy un buen hombre.
Un sonido de angustia salió de la garganta de Danny y volvió a alcanzar a
Roman. Esta vez, Roman lo dejó. Danny dio un paso adelante y pegó su
cuerpo al frente de él, abrazándolo con fuerza. —No puedo condenarte por
tu reacción a los asesinatos de Luc. No sé qué efecto tendrá sobre la
perspectiva humana el vivir tanto tiempo como tú, pero creo… —Danny
luchó por encontrar las palabras—. Supongo que hace que sea difícil
empatizar con una vida truncada, cuando de por sí, la vida humana ya te
parece algo corta.
Cuando Roman parecía dispuesto a objetar, Danny simplemente lo abrazó
con más fuerza, interrumpiéndolo. —Pero puedo hablar de lo que hiciste
por Victoria. Hiciste honor a su elección. Esa fue su elección. Ni la tuya, ni
la de Luc. El hecho de que él haya estado mortalmente intentando hacerte
sentir culpable durante décadas, no significa que tenga razón.
Danny miró a Roman y lo vio sacudiendo la cabeza con incredulidad. —
¿Por qué no me tienes miedo? —Gruñó el vampiro—. Viste en el callejón lo
que puede hacer alguien de mi especie. Ahora sabes que estar conmigo te
pondrá en peligro. Deberías odiarme por entrar en tu vida.
Danny entrecerró los ojos. —Me niego a tener miedo de ti solo por lo que
eres. Trabajo en urgencias. He visto heridas de arma blanca, disparos,
abuso doméstico, todo lo que ha sido hecho por los mismos humanos. Los
vampiros no tienen una patente sobre los actos violentos. Un compañero
humano no necesariamente significaría un compañero seguro —Besó el
pecho de Roman, un breve beso sobre su camisa—. Me haces sentir seguro,
por raro que sea. Sé, de alguna manera, que tú y tu demonio no me harían
daño. Y sé que me protegerías de Luc si viniera a por mí. Puedo sentirlo.
Roman le sonrió entonces, tan suave y dulcemente que el aliento de Danny
quedó atrapado en su garganta. Entonces el vampiro se inclinó para rozar
sus labios sobre los de Danny, fue un beso suave que pronto se convirtió en
algo hambriento. Gruñó y tiró de Danny aún más fuerte contra él, y pudo
sentir la polla de Roman endureciéndose contra su estómago.
—Dulce chico. Gentil, mi dulce compañero humano —Roman
ronroneó en su oído después de romper el beso, arrastrando sus labios por
el cuello de Danny.
Danny se estremeció, sintiéndose derretir ante el toque de los labios de
Roman sobre su piel. ¿Cómo es que este vampiro tenía tal efecto sobre él?
Pero cuando Roman se dispuso a buscar otro beso de sus labios, Dannny
echó la cabeza hacia atrás.
Los músculos de Roman se tensaron de inmediato. Miró a Danny, mientras
que sus ojos azules buscaban en los de Danny alguna señal. Suspiró. —Hay
algo que todavía te preocupa.
Danny asintió, dudando en expresar sus preocupaciones. —No te tengo
miedo. Pero todavía hay cosas sobre toda esta... situación... que me asustan.
—Luc —siseó Roman.
—No Luc. Tu reacción a Luc. Que tú… que te irás.
Roman abrió la boca, pero Danny continuó antes de que pudiera expresar
su protesta. —Dices que te mudas constantemente. Y ahora entiendo por
qué. Pero no puedo simplemente levantarme e irme. Tengo
responsabilidades aquí. Mi mamá. Aún no la has conocido. No lo sabes,
pero... Gabe no puede manejarlo solo. Él simplemente no puede. Está en un
estado de negación. Y ella no tendrá a nadie si yo me voy.
Roman estaba sacudiendo la cabeza, sus dedos acariciando suavemente la
mejilla de Danny. —No te dejaré, Danny. Eres mi compañero. Lo sé. Lo he
sabido de alguna manera desde el primer momento en que te vi.
—Quieres decir que tu demonio lo sabía —Danny sintió la necesidad
de aclarar.
Roman ladeó la cabeza, mirando a Danny como si fuera un rompecabezas
que quisiera resolver. —¿Y esa distinción… te molesta?
—Dijiste que Luc estaba seguro de que Victoria era su compañera.
Pero sonaba como si tú no estuvieras de acuerdo…
Román gruñó. —Ah. Sí. Nunca fui un verdadero creyente, supongo. Y
había... inconsistencias. Se supone que un compañero es quién calma a tu
demonio, pero Victoria parecía simplemente... intensificar el de Luc. Estaba
más nervioso a su alrededor. Y la falta de voluntad de ella para convertirse
—Suspiró—. Pero no puedo decir si solo era yo tratando de disminuir mi
propia culpabilidad.
—Pero si Luc estaba equivocado, tú también podrías estar
equivocado. Yo podría ser simplemente otra Victoria. El hecho de que le
guste a tu demonio no significa…
Roman detuvo a Danny con otro beso. —¿De verdad crees que solo le gustas
a mi demonio, mi pequeño rey? —Oh Dios. ¿Qué tenía la voz en tono bajo
de Roman diciendo ese apodo que Danny había odiado tanto, que hacía que
su polla se endureciera de inmediato? Danny prácticamente se había
derretido la primera vez que lo dijo en el bar. Eso realmente no era justo.
Roman continuó, sin darse cuenta de que la zorra interna de Danny había
comenzado a apoderarse de su cerebro. —No es solo el demonio. Eres
encantador. Por dentro y por fuera. Amable, cariñoso, fuerte. Has dedicado
tu vida a cuidar de los demás. Sé que hay una razón por la que trabajas tan
duro, y sé que no es solo para ti mismo. Estás tan decidido a ser bueno, que
de hecho te descuidas a ti mismo —Roman le dirigió una mirada severa—.
Algo que iremos rectificando.
Roman deslizó sus manos entre los rizos de Danny, acunando su cabeza, y
dándole una mirada que sería capaz de derretir el acero. —Y para que
conste… a mi demonio no solo le gustas. Te anhela. Está obsesionado
contigo. Quiere poseerte y devorarte y nunca dejarte ir. Saldrías corriendo
como pudieras escuchar las cosas que piensa sobre ti. Lo que yo pienso
sobre ti.
El calor en la mirada de Roman combinado con lo caliente de sus
palabras... fueron suficiente. Danny estaba perdido. No más discusiones.
No más pensar. Solo necesitaba las manos y la boca de Roman sobre él.
Inmediatamente. Se estiró y agarró las manos de Roman, tirando de ellas
fuera de su cabello, y comenzó a llevar a su vampiro hacia las escaleras.
Ya había sido suficiente de hablar.
Tan pronto como entraron en la habitación, Danny estaba sobre Roman,
poniéndose de puntillas para atacar los labios del hombre más alto con los
suyos. Lo deseaba tanto. Apenas lo había probado y ya se sentía como un
adicto.
Roman gimió cuando encontró el beso de Danny con la misma ferocidad, y
Danny podía sentir la dura presión de los dedos de Roman clavándose a sus
costados. Pero a él le gustaba un poco de ese dolor. Solo servía para
intensificar el momento, para aumentar su deseo.
Danny los hizo retroceder, sin dejar que sus labios dejaran los de Roman.
Sus lenguas y dientes chocaban, caóticos y en carne viva. Fue perfecto.
Cuando sintió que la parte posterior de sus rodillas golpeaban la cama,
Roman lo empujó suavemente hasta que estuvo sentado en el borde,
recostado en el colchón sobre sus codos.
A Danny se le cortó el aliento en la garganta mientras observaba cómo
Roman se arrodillaba con gracia y lo tomaba de las caderas para acercarlo
al borde de la cama.
—Estoy a tu merced, mi pequeño rey —Ronroneó Roman, mientras
sus largos dedos comenzaban a desabrochar hábilmente los jeans de
Danny—. Me tienes de rodillas ante ti. ¿Qué quieres que haga?
Danny parecía no poder encontrar las palabras, solo miraba con los ojos
muy abiertos mientras que Roman bajaba sus jeans por encima de sus
caderas, revelando la ropa interior ya humedecida por su pene goteante.
Roman emitió un pequeño gemido de placer ante la vista, inclinando la
cabeza para acariciarle la polla a través de su ropa interior y mordiendo la
dura longitud.
Incluso a través de la tela, la boca caliente de Roman se sentía jodidamente
bien. Danny ya estaba jadeando.
—¿Qué quieres de mí, mon petit roi7? —Román volvió a preguntar—.
Soy tuyo para ordenar.
Lo quiero todo, era todo en lo que Danny podía pensar. Quería la boca de
Roman en su polla, quería que lo llenara y lo follara hasta que no pudiera
caminar.
Pero, lo que Danny dijo fue: —Deseo que me muerdas.
Bueno, mierda. ¿De dónde ha venido eso?
Pero era cierto. Danny quería la mordida de Roman.
Roman dejó de acariciarlo y miró a Danny, con los ojos azules muy abiertos.
Danny se sonrojó mientras explicaba: —Quiero saber cómo se siente. La
otra noche dijiste... dijiste que la sangre y el sexo van de la mano para ti.
Muéstrame,
—A menudo van de la mano, encanto. Pero no tienen que hacerlo.
Estaría perfectamente satisfecho con cualquier acto sexual que pueda tener
contigo, con sangre o sin ella.
Danny sintió que la duda se apoderaba de él. ¿Estaba presionando por algo
en lo que Roman ni siquiera estaba interesado? — ¿No... quieres? —
preguntó, molesto por la inseguridad en su voz.
Roman emitió un gruñido bajo, enviando un escalofrío a través de Danny.
—Oh, sí quiero hacerlo, pequeño rey. Mi demonio ha estado muriendo por
probarte otra vez desde que sanamos tu hombro. Ambos pensamos que
tienes la sangre más deliciosa de toda la creación.
Vaya. Bueno, eso era... ¿agradable? ¿Qué tan rara era su vida ahora, que se
sentía orgulloso porque un vampiro que apenas conocía pensaba que su
sangre era deliciosa?
—Entonces quiero que lo hagas.
Los ojos de Roman se oscurecieron, y luego estaba bajando la ropa interior
de Danny, revelando su dolorida polla. Soltó un gemido cuando Roman
lamió la rajita en la parte inferior antes de sumergir la lengua en la
7
Mi pequeño Rey en francés.
hendidura y juntar el líquido preseminal que se acumulaba allí. Si Danny
hubiera estado de pie, se le habrían doblado las rodillas.
—¿Qué—um—qué estás haciendo? ¿No lo harás... um... maldición...
en mi cuello? —Danny estaba teniendo problemas para encontrar las
palabras.
Volvió a mirar hacia abajo para ver a Roman dándole una sonrisa diabólica
con ojos azules brillantes. —Oh, hay muchos más lugares a los que morder
que tu cuello, niño dulce.
Danny tuvo un pensamiento repentino y horrible y no pudo evitar mirar su
pene. Roman estalló en carcajadas, en un sonido profundo y ondulante. —
No, no ahí —Dio un suave beso en la cabeza, enviando otro escalofrío a
través de Danny. Luego le abrió más las piernas y acarició la suave piel
donde su ingle se unía a su muslo.
—Aquí —Dio otro beso suave sobre el lugar.
Cuando Roman volvió a mirar hacia arriba, Danny vio que sus ojos volvían
a estar completamente negros y que sus colmillos se asomaban entre sus
labios. Pero Danny no sintió un temor mayor al de la última vez. Entonces
se dio cuenta de que Roman, -¿o era el demonio de Roman?-, estaba
esperando el permiso de Danny, dándole una oportunidad más para
retroceder. Él abrió más las piernas y asintió.
Roman gruñó, sus labios se curvaron con satisfacción, antes de agachar la
cabeza hacia el punto sensible en la piel de Danny. Danny contuvo la
respiración cuando sintió el agudo escozor de los colmillos de Roman
penetrando en él.
Antes de que pudiera concentrarse en el dolor, el ardor ya había dado paso
a una sensación de hormigueo, una que se extendía desde la mordedura
hacia el resto de su cuerpo. Mierda. Era un completo placer eléctrico que
recorría a lo largo de sus terminaciones nerviosas. Danny sintió que, si
Roman siquiera rozaba su polla palpitante, se correría de inmediato.
—Oh, Dios. Oh, santa mierda. Oh, joder —No podía dejar de
balbucear. Nunca nada se había sentido tan bien. Podía sentir su polla
goteando presemen sobre su estómago mientras registraba débilmente los
sonidos de Roman gruñendo y... ¿tragando?
Casi tan pronto como había comenzado, se terminó.
Danny sintió el toque suave y húmedo de la lengua de Roman lamiendo la
mordida y cerrando la herida. La sensación de hormigueo disminuyó,
dejando atrás una especie de satisfacción que tenía sus miembros
deshuesados.
Pero la polla de Danny todavía estaba dolorosamente dura, enrojecida y
latía contra su estómago.
—Dulce. Tan dulce —Roman prácticamente estaba ronroneando, pero
su voz sonaba diferente, más áspera y de alguna manera incluso más
profunda. Cuando Danny volvió a mirar hacia abajo para encontrarse con
esos ojos negros, se dio cuenta de que era la voz del demonio de Roman el
que le hablaba. ¿Realmente era la primera vez que escuchaba a Roman
hablando en su estado de vampiro?
Ambos se quedaron dónde estaban, mirándose el uno al otro, y luego
Danny observó cómo el demonio lamía lentamente el último hilo de sangre
de sus labios.
Danny se sintió abrumado por la necesidad de mostrar algo de aprecio. Por
darle algo a este demonio que aparentemente lo deseaba tanto, y quién
había traído a Roman al lado de Danny.
Se agachó y agarró la mano de Roman, reclinándose sobre la cama, tiró del
vampiro encima de él. Levantó la cabeza y rozó los labios de Roman con los
suyos. Era suave, vacilante.
No estaba seguro de si al demonio le gustaba besar. ¿Quizás el cariño no era
lo suyo?
Sintió el cuerpo tenso de Roman derretirse sobre el de él. Abrió los labios y
tomó el control del beso, capturando la lengua de Danny con la suya. Danny
podía sentir el sabor a cobre de su propia sangre, pero no encontraba
dentro de sí mismo que le importara de alguna forma.
Este vampiro era suyo.
Después de unos minutos, rompió el beso y apoyó su frente contra la de
Roman. —Mierda. ¿Por qué eso se sintió tan bien?
Roman soltó un gruñido y Danny observó cómo sus colmillos se retraían y
el negro de sus ojos retrocedía dejando solamente el azul brillante. —
Imagino que es algo evolutivo. Si se hace bien, un humano puede recibir un
inmenso placer de la mordedura de un vampiro. Es más fácil para nosotros
si los humanos disfrutan de nuestra alimentación de ellos. Menos
traumatismos. Es más fácil nublar sus mentes después, ajustar sus
recuerdos para que recuerden solo el placer y no la mordida.
Um. ¿Qué carajo?
—¿Pueden hacer eso? —Danny jadeó. — ¿Afectar recuerdos?
Roman dio un pequeño suspiro y acarició el cuello de Danny. —Nuestros
demonios pueden ofrecer… sugerencias, mantener compulsiones. No es
infalible. No es un control mental perfecto. Pero ayuda a que la gente deje
de temernos. De exponernos, por así decirlo.
Danny necesitaba preguntar. —¿Alguna vez has hecho eso conmigo?
Roman levantó la cabeza y miró a Danny con ojos dulces. —No, encantador
Danny. Nunca he interferido con tus pensamientos o tus emociones. Nunca
lo haría, excepto quizás para ahorrarte el dolor si alguna vez estuvieras
sufriendo.
—Anestesia de vampiro, ¿eh? —Danny soltó lo que probablemente fue
una risita inapropiada ante la idea, y Roman se rio de él. El acto hizo que la
parte inferior de sus cuerpos se rozaran, y Danny se dio cuenta de que
estaba semidesnudo y seguía estando duro como una roca. Al igual que su
vampiro.
Roman debió haber notado el cambio en su expresión, porque sus ojos se
llenaron nuevamente de calor, y comenzó a tirar de la camisa de Danny por
encima de su cabeza.
Danny se derritió contra la cama cuando Roman comenzó a derramar
suaves besos por su cuerpo, deteniéndose para lamer juguetonamente sus
pezones y ombligo. No pudo evitar reírse, pero fue rápidamente
interrumpido por un gemido cuando la siguiente parada de Roman fue
engullir la polla de Danny dentro de su boca de una sola vez.
—Mierda. Sí —La respiración de Danny se volvió irregular cuando
Roman le dio largos y fuertes succiones a su polla—. Ay, dios mío. Joder.
Rome. No voy a durar.
Roman tarareó su aprobación, enviando una ola de placer a través de su
cuerpo, luego liberó la polla de Danny de su boca con un suave sonido. —
Bien. Déjate ir, pequeño rey —Canturreó.
Danny apretó las sábanas debajo de él mientras que Roman reanudaba su
tarea con entusiasmo, envolviendo su lengua alrededor de la longitud
mientras lo chupaba sin piedad.
—Joder, joder, joder. Sí. Sí. Voy a… —Levantó una mano para tirar de
los mechones negros de Roman a modo de advertencia, pero Roman lo
ignoró, centrándose únicamente en el placer de Danny.
Danny explotó con un gemido, derramándose en la boca de Roman.
El vampiro lo miró, una vez más lamiéndose lentamente los labios, esta vez
para recoger los restos del semen de Danny. —Cada parte de ti es deliciosa
—ronroneó.
Se levantó de su posición arrodillado y comenzó a desabrocharse la camisa,
mirando a Danny con un foco desconcertante. Él solo podía observarlo
fijamente, su cuerpo deshuesado por el orgasmo. Todavía le quedaba
mucho que ver de la piel desnuda de Roman, su último encuentro había
terminado con Roman casi completamente vestido. Claro, le había sentido
cada músculo, pero cuando Roman terminó con su camisa y la sacó de su
torso, todo en lo que Danny pudo pensar fue: Oh, maldita sea.
Su vampiro era delgado pero bien musculoso, su cuerpo le recordaba a los
remadores olímpicos de la televisión por los que Danny solía babear,
cuando se dio cuenta por primera vez de que quería besar a otros chicos.
Danny se preguntó si el vampirismo contribuyó a ese físico impecable o si
Roman había sido así incluso como humano. De cualquier manera, regaló
una pequeña oración de agradecimiento a cualquier poder superior que
claramente, lo estaba recompensando cósmicamente por ser un buen chico.
—Tienes una boca bastante sucia cuando estás excitado, encantador
Danny —bromeó Roman, siguiendo con la hebilla de su cinturón. Le sonrió
a Danny mientras se bajaba los pantalones, revelando esa polla perfecta que
iba a juego con ese cuerpo perfecto.
A Danny se le hizo agua la boca al verla.
—¿Le damos a esa boca tan sucia otra cosa que hacer?
Danny gimió como el descarado que era. —Sí. Sí, por favor.
Ocho
Roman
Roman había vivido muchas vidas, más de las que merecía, pero nunca en
todo ese tiempo había visto una vista tan hermosa como su encantador
Danny recostado en la cama, sonrojado y jadeando, ansioso por probar la
polla de Roman.
Se palmeó ociosamente mientras miraba cada centímetro de su compañero.
Este dulce hombre que había besado al demonio de Roman con tanta
delicadeza, dándole la bienvenida a su cama a todo él.
Había tenido amantes excitados por su demonio antes, pero eso había sido
por la simple emoción que causaba el peligro, no por el propio Roman. Y
siempre había estado el olor subyacente del miedo en cada encuentro. Si
Roman era honesto consigo, el miedo se había sumado al placer para él,
como agregar alguna especia exótica a su plato, haciendo que la experiencia
fuera aún más deliciosa. Pero con Danny no había miedo, solo una dulce
sumisión y confianza.
El chico había cedido al placer de su mordida, había besado la cara
demoníaca de Roman sin dudarlo y luego se derritió positivamente bajo los
cuidados de Roman sobre su polla.
Dulce, compañero encantador.
Y ahora estaba allí, luciendo positivamente depravado, con las
extremidades flojas y mirando a Roman con esos grandes ojos marrones
llenos de aturdida satisfacción y deseo. Roman quería tomarlo por
completo, entrar en él y reclamarlo para sí mismo. Sabía que Danny lo
dejaría follarlo sin sentido y que le daría a Roman más de esa dulce
consentimiento y sumisión.
Pero ahora no era el momento, con Danny al borde del agotamiento por el
alcohol y el trauma general de lo acontecido esa noche.
Además, Roman quería tomarse su tiempo, otorgarle solo place. Y no
estaba seguro de tener la moderación para hacerlo en este momento.
Pero podían hacer otras cosas.
Se inclinó completamente sobre Danny y comenzó a merodear lentamente
por el cuerpo del chico, dejando caer besos y mordisqueando la carne
desnuda en su camino, sintiendo en su interior cada centímetro del
depredador, pero, por una vez no le importaba.
Le dio a Danny un último beso brutal cuando llegó a la boca del chico, y se
irguió para arrodillarse sobre su pecho. —Voy a darte mi polla ahora, mi
encantador compañero.
Danny gimió pero abrió mucho los labios, y momentos después Roman
siseó al sentir esa boca caliente sobre su pene.
Con los ojos fijos en los suyos, Danny movió la cabeza hacia arriba para
tómalo todo de él, empujándose a pesar de las leves arcadas, hasta que su
nariz quedó prácticamente presionada contra la cadera de Roman. Los ojos
de Roman rodaron hacia la parte posterior de su cabeza cuando sintió que
la garganta de Danny se tensaba alrededor de la cabeza de su polla,
mientras que el chico tragaba tentativamente.
—Merde. Mierda. Tan bueno, encantador Danny.
Danny se apartó de la polla de Roman, soltándola con un suave chasquido y
sonriéndole con los ojos llorosos. —Parece que no soy el único con una boca
sucia.
Pequeño rey descarado.
Roman enrolló su mano entre los suaves rizos de Danny, disfrutando del
pequeño jadeo que provocó de la boca de su compañero. Hacia esos
pequeños sonidos tan adorables. Roman gimió cuando Danny se relajó y
aflojó la mandíbula, dándole permiso tácito para follar su boca.
Nunca pensó que pudiera entrar al cielo, pero aquí estaba: la dulce boca de
su compañero alrededor de su polla mientras que recibía cada embestida de
castigo con pequeños gemidos de placer.
Roman no iba a durar. Había estado duro como una roca desde la primera
vez que probó la sangre de Danny, él y su demonio estaban bañados en
deseo, en pura necesidad por este chico.
—Voy a correrme, mi dulce chico.
Esperó a que Danny tirara de su agarre, pero el chico solo asintió y chupó
aún más fuerte, enviando electricidad a través de cada centímetro del
cuerpo de Roman, mientras que llegaba al orgasmo con fuera dentro de la
boca de su compañero.
Danny tragó ansiosamente cada gota, sin apartar los ojos de los de Roman,
hasta que él finalmente retiró con suavidad su ahora demasiado sensible
pene.
Perfecto, dulce, nuestro.
Roman deslizó su rodilla hacia arriba y sobre el torso de Danny,
moviéndose para acostarse de lado, frente a su pareja, y asegurándose de
que la mayor cantidad de la piel de ambos se estuviera tocando. Volvió a
meter la mano en los rizos oscuros de Danny y pasó los dedos suavemente
entre ellos.
Su demonio ronroneaba de alegría sin necesidad de palabras.
—Realmente me tienes a tu merced, pequeño rey —susurró Roman—.
Todo de mí.
Observó cómo Danny sonreía suavemente y tarareaba en reconocimiento.
Parecía disfrutar de las suaves caricias tanto como había disfrutado de que
le follaran la boca.
Que criatura tan perfecta.
Roman pensó que Danny tal vez se había quedado dormido, pero varios
minutos después, los ojos de chico se abrieron y volvió la cabeza hacia él.
— ¿Puedo pedirte un favor? —preguntó con voz soñolienta.
—Cualquier cosa por ti, encanto.
— ¿Podrías… Podrías no hacer eso con nadie más?
Roman no pudo evitar el destello de ira que lo atravesó. ¿Su compañero
realmente pensaba que follaría con alguien más? ¿Que alguna vez querría
follar con alguien más? ¿Había sido un error tan gran su desaparición del
otro día?
Necesitaba aclarar esto.
—No tocaré a ninguna otra persona de esa manera, Danny. Humano o
vampiro —gruñó—. Y espero que tú tampoco lo hagas.
Bueno, eso era mejor que decir: toca a alguien más y lo destrozaré, ¿no?
El intrépido compañero de Roman puso los ojos en blanco, de verdad. —No
estoy hablando de la parte del sexo, Sr. Gruñón. ¿Podrías no… morder a
nadie más? Dijiste que no tenías que alimentarte muy a menudo. ¿Podría
ser solo de mí? Se sentía tan... íntimo. No creo querer que hagas eso con
ningún otro ser humano.
La voz de Danny se volvió más suave a medida que avanzaba, alertando a
Roman de lo difícil que tuvo que haber sido para el chico expresar su
solicitud, aunque pusiera sus ojos descarados en blanco.
Su pecho se calentó ante esta inesperada muestra de posesividad por parte
de su compañero, y la respuesta de Roman fue fácil. —Te morderé solo a ti,
mi pequeño rey.
—¿De verdad está bien?
—Estaba bebiendo de bolsas de sangre antes de esto. No quería
arriesgarme a morder a los humanos, me sentía demasiado temeroso de
que mi demonio se fuera por la borda. Sin embargo, no temo que pase eso
contigo. Tú lo calmas, incluso en el acto de alimentarlo. Con mucho gusto te
morderé solo a ti. Y si necesitas un descanso, las bolsas de sangre me
sacarán del apuro. No me arriesgaré a lastimarte con… el uso excesivo.
No iba a complicar las cosas mencionando lo que harían cuando Danny se
convirtiera. Todavía no sabía cómo traer el tema a colación, en absoluto.
¿Cómo le pedías a un hombre tan lleno de humanidad que renunciara a esa
humanidad por ti?
Danny había dedicado su vida a los humanos: cuidando a su madre,
protegiendo a su hermano, trabajando para la comunidad como un
enfermero. Claramente no estaba listo para dejar todo eso, y podría ser muy
difícil para un nuevo vampiro estar cerca de su antigua vida.
Roman lo había intentado, y no había… salido bien. Antes de que pudieran
asentarse, alejó los recuerdos de las voces familiares que le gritaban
“¡Demonio!”. Ahora no era el momento de volverse sensiblero, no cuando
tenía a su pareja perfecta entre sus brazos.
Roman podía esperar a que su compañero estuviera listo. Esperaría a que
su compañero estuviera listo.
Danny se volvió hacia un lado y se acurrucó contra el pecho de Roman,
metiendo la cabeza debajo de su barbilla. —Gracias —susurró.
—Cualquier cosa por ti. Siempre —respondió Roman.
—¿Una cosa más? ¿Te quedarás? ¿Estarás aquí por la mañana?
—Me quedaré.
Esperó hasta que la respiración de Danny se hizo más profunda –el chico
dormía profundamente-, antes de susurrar el resto de la respuesta.
—Siempre.
8
Juego de palabras que en inglés tiene más sentido: “Don’t yuck my yum”, Donde Yuck es como un sonido de asco,
y Yum, de cuando algo te gusta. AKA: Yummy.
Ni siquiera quería pensar en competir por el afecto de Roman con una
supermodelo feroz y demoníaco.
No quería pensar en competir por el afecto de Roman en lo absoluto.
No estaba seguro todavía de que había sido lo que Roman vio en él, además
de que Danny apelaba a su demonio posesivo. Danny era simplemente...
Danny. Y Roman era... tantas cosas. Había vivido tantas vidas. Y él apenas y
había estado sobreviviendo por su cuenta.
Hasta ahora.
Se había despertado envuelto en los brazos de Roman tal como el vampiro
le había prometido, y la mañana solo había mejorado a partir de ese
momento. Danny luchó contra su rubor al recordar a Roman haciéndolos
llegar al orgasmo hacía una hora, con sus manos grandes y hábiles.
Y ahora estaba cocinando para él, otra vez.
—Dime nuevamente, ¿Cómo es que sabes cocinar? —Danny
preguntó—. No creo que ser francés sea una razón de peso, cuando has
tenido doscientos años de no necesitar comer comida humana en lo
absoluto.
Roman lo miró por encima del hombro con una pequeña sonrisa que no
ayudó en nada a su sonrojo. —Tal vez me estuve preparando para el día en
que tuviera una dulce pareja humana a la cual alimentar, pequeño rey.
Soren hizo un sonido falso de arcadas, en medio de una mueca dramática.
—Ew, Roman. Hay cosas dulces y luego está la sacarina. Ahórranoslo, por
favor.
Luego, Soren miró a Danny a los ojos. —Lo que pasa con la vida más o
menos eterna, lindura, es que puede ser increíblemente aburrida.
Especialmente cuando no necesitas dormir mucho. Son increíbles las cosas
que terminas enseñándote a ti mismo. Roman, el que está aquí —Hizo un
gesto con el pulgar—. Habla ocho idiomas diferentes, cocina una variedad
incalculable de platos y, como el burro de carga que es, es un maestro del
ajedrez —Hizo rodar sus ojos azules pálidos—. Que cliché.
Danny estaba un poco perdido. — ¿Ocho idiomas? —Él mismo, tal vez,
podía hablar un poco de español. Muy mal.
Roman permaneció frente a la estufa, concentrado en los panqueques, y sin
embargo se encogió de hombros. —Soren habla seis.
Soren bufó. —No me subestimes. También toco cinco instrumentos a la
perfección, dibujo hermosos retratos y podría coserle a Danny un traje de
tres piezas si él quisiera.
— ¿Tú… coses? —Danny luchó por contener una sonrisa, pero no
pudo evitar que se colara por el sonido de su voz.
Soren lo miró arqueando una ceja dorada. — ¿Qué? ¿Acaso la costura no es
suficiente “Criatura-de-la-noche” para ti?
—No es eso. Es que eres tan… —Danny se calló.
— ¿Tan qué? —Había un destello en los ojos de Soren que le recordó a
Danny que estaba hablando con un depredador mortal, incluso si venía en
un paquete hermoso y delicado.
—Elegante —terminó Danny sin convicción. Soren, después de todo,
en este mismo momento, vestía un abrigo de piel sobre lo que parecía ser
un conjunto de pijama de seda.
El brillo mortal en los ojos de Soren se desvaneció y sonrió ampliamente.
Esa sonrisa podría resultar un poco inquietante: era una enorme y maníaca
que combinada con sus ojos añejos parecían saber más de lo que debería. —
Bueno, ¿no eres el más dulce de todos? Es cierto que no voy a rockear a los
clubes con mis creaciones caseras, pero me gusta una buena prenda cosida
tanto como a cualquier otra persona cuando me encuentro en la comodidad
de mi casa. Además, es... meditativo. Mantiene a raya a la bestia, por así
decirlo.
Eso era interesante — ¿Tu demonio? —preguntó Danny.
Soren lanzó una mirada divertida a Roman. — ¿Ahora haces que el chico le
diga así también? Que dramático eres, Rome —Volvió a mirar a Danny—.
Quiero decir metafóricamente. No veo la distinción entre los dos tan
claramente como lo hace Roman. Supongo que, en mi cabeza, a esa vocecita
sedienta de sangre que me habla, lo llamo mi vampiro interior.
— ¿Tú… hablas con la tuya? ¿Cómo lo hace Roman? —Roman le había
dicho a Danny que a veces tenía breves conversaciones con su demonio.
Soren tarareó mientras pensaba. —¿Algo así? ¿Pero que no todos hablamos
con nosotros mismos en algunas ocasiones? Es como cualquier otra voz en
tu cabeza, cualquier otro conjunto de impulsos. Como, un poco más fuerte,
un poco más claro, tal vez. Un poco más vicioso, definitivamente. Pero no
estoy tan seguro de que esté tan separado del resto de mí.
Bueno, eso sonaba un poco menos terrible que las palabras elegidas por
Roman. Pero eso trajo otra colación otra pregunta para Danny. —¿Por qué
suenas mucho más, no sé, moderno que Roman?
Danny observó cómo Roman se sonrojaba levemente mientras servía sus
panqueques. Los panqueques de Soren en sí mismos, parecían tener un
color más pálido que los que Roman estaba sirviendo para sí mismo y para
Danny. —Soren siempre ha sido mejor mezclándose con la sociedad
humana que yo, avanza con los tiempos, por así decirlo —explicó Roman—.
Si me concentro, puedo hacerlo mejor, pero, sobre todo, me siento cómodo
dejando que la gente piense que soy… excéntrico —Se encogió de
hombros—. O europeo.
—¿Qué hay del trabajo? —Preguntó Danny—. ¿Cómo es que andas
todo el tiempo con tus elegantes trajes sin que te llegue ningún ingreso? —
Tal vez era una grosería sacar el tema del dinero, pero dado el papel
molesto que tenía el dinero dentro de la vida de Danny, estaba más que un
poco curioso.
Soren habló antes de que Roman pudiera hacerlo, aparentemente feliz de
responder a todas y cada una de las preguntas entrometidas de Danny. —
Trabajamos a veces. Cuando nos da la gana.
El vampiro rubio se rio un poco mientras vertía una cantidad impía de
jarabe sobre sus panqueques. —Una vez fui un acróbata. Eso fue por
diversión. Roman una vez fue un funerario, el morboso de mierda. Pero,
sobre todo, hemos tenido tiempo para adquirir y expandir algunas
inversiones bastante cruciales —Le dio un mordisco y continuó alrededor
de un bocado de panqueque—. Además, tenemos toda esa compulsión que
ayuda a suavizar muchas situaciones. Te sorprendería lo poco tenemos que
usar el dinero si no queremos. Pero, de todos modos, no tendrás que
preocuparte por trabajar si no quieres. Básicamente tienes un vampiro
sugar daddy9, dulcecito.
Danny se encontró farfullando un poco. —Yo no… eso no… ¿qué?
Roman aún no había probado un bocado de su comida, solo había estado
mirando de un lado a otro entre Danny y Soren, como si no pudiera creer la
situación que se estaba desarrollando. —Soren —dijo ahora, con algo de
severidad—. Te estás pasando de la raya.
Soren resopló y puso los ojos en blanco. —Solo digo la verdad. No siempre
tienes que andar bailando alrededor de los todos los temas, Sr. Misterioso.
Danny sintió la necesidad de defender a su vampiro. —En realidad, Roman
ha sido bastante abierto al responder mis preguntas.
—Bueno, esa sería la primera vez —Soren miró a Danny con una
mirada extraña en sus ojos—. Abrirse nunca ha sido el punto fuerte de
Rome.
Danny sintió que su pecho se calentaba ante la idea. Roman realmente era
diferente con Danny, al parecer. ¿Por qué ese pensamiento lo hacía sentir
tan bien?
Roman se aclaró la garganta y luego murmuró: —Sin embargo, él tiene
razón. No tienes que trabajar si no lo deseas. Como tu compañero, puedo
proveer por ti.
Danny ni siquiera sabía cómo sentirse acerca de esa declaración. —Pero...
me gusta mi trabajo.
— ¿Por qué? —preguntó Soren. No sonaba burlón, solo genuinamente
curioso.
9
Papi de azúcar. Es un hombre que gasta dinero en beneficio de una relación romántica o sexual, usualmente siendo
su pareja más joven que él.
Danny se encogió de hombros, un poco incómodo por el escrutinio. Una
cosa era que contestaran todas sus preguntas, y otra cosa que lo
cuestionaran a él. Y no podía decirles toda la verdad. Aquella que lo tenía
pensando: “Porque podrías irte en cualquier momento, y entonces, ¿en
dónde quedaría yo?”. —No lo sé. Solo lo hace. Me gusta ayudar a la gente.
Me gusta estar ahí para las personas en sus peores momentos, ofreciendo
consuelo en donde puedo.
Soren frunció el ceño. —Pero no siempre puedes arreglarlos. Ustedes, los
humanos, son tan... frágiles —Entonces le lanzó una mirada a Roman, una
que Danny no pudo descifrar del todo.
—No —estuvo de acuerdo Danny—. No siempre podemos arreglarlo.
Pero siempre podemos intentarlo. Y eso es suficiente a veces.
Soren suspiró levemente ante sus panqueques. —Todo ese trabajo por vidas
que terminan tan rápido, de cualquier forma. Son pequeños destellos de
existencia.
Danny hizo todo lo posible por no sentirse ofendido. No creía que Soren
estuviera tratando de provocarlo a propósito. El vampiro rubio incluso
sonaba un poco triste ante esa idea.
Danny trató de poner en palabras algo que apenas sabía cómo expresarse a
sí mismo. —Pero esa es la cosa, sin embargo. Eso es parte de lo que lo hace
hermoso. Sabes que no dura. Así que haces lo mejor que puedes con el
tiempo que tienes. Ayuda a quien puedas, encuentras consuelo donde
puedas, amas tanto como puedas. Definitivamente puede doler. Y a veces
puede apestar lo rápido que las cosas desaparecen —Danny se avergonzó al
darse cuenta de que estaba conteniendo las lágrimas en este punto, la
discusión estaba despertando emociones que había tratado de mantener
enterradas frente a otras personas.
—Pero hay belleza en intentarlo de todos modos —insistió, con la voz
aspera.
Los ojos claros de Soren se suavizaron ante las palabras de Danny. —
Entiendo lo que Roman ve en ti, pequeño humano.
Danny no sabía cómo se sentía al ser llamado "pequeño" por alguien que
era incluso más bajo que él, pero de todos modos apreciaba el sentimiento.
Miró al otro lado de la mesa, hacia Roman. Él miraba a Danny con calor en
los ojos, luciendo orgulloso, posesivo y… algo más. Algo aún más profundo,
del que Danny no se atrevía a nombrar todavía.
Antes de que el silencio pudiera asentarse por completo sobre la mesa,
llamaron a la puerta principal. Danny frunció el ceño. No conocía a nadie
que vendría sin previo aviso. La opción más probable era Chloe, pero ella
definitivamente habría llamado primero. No era tan irreligiosa.
Roman captó su ceño fruncido, con los músculos tensándose. —¿No
esperabas a nadie?
Danny negó con la cabeza y Roman empujó su silla hacia atrás. —Quédate
aquí con Soren. Iré a abrir. Corre si te lo digo —Ordenó.
Danny abrió la boca para protestar, pero Roman le dirigió una mirada
feroz. —Correrás si te lo digo —Había acero en su tono de voz. Danny
asintió. ¿De cualquier forma, qué utilidad podría tener él en el caso de que
algún vampiro salvaje asaltara la casa?
Era… ¿cómo lo había dicho Soren? Frágil.
Danny escuchó con atención los sonidos de Roman acercándose a la puerta
principal, pero mantuvo su mirada en Soren, quien mantenía su cuerpo con
una quietud que resultaba poco natural. Inhumana.
Escucharon la puerta abrirse.
Y ambos se relajaron de inmediato cuando sonó la profunda voz de Gabe. —
¿Qué haces tú abriendo la puerta de Danny?
Oh, Jesús. Gabe nunca venía. Obviamente, no podía soportar estar en la
casa de su familia a solas con Danny. Pero, por supuesto que había decidido
irrumpir justo ahora, cuando Danny tenía a dos invitados sobrenaturales.
Danny forzó una expresión neutra en su rostro cuando los dos hombres
entraron en la cocina, Gabe seguía quejándose de Roman en voz baja.
—Gabe, ¿qué haces aquí? —exigió Danny.
Gabe pareció sobresaltarse momentáneamente al ver a Soren sentado en el
mesón de la cocina, pero rápidamente recuperó la compostura. —Quiero
saber qué diablos está pasando, Danny. ¿Por qué ustedes tres estaban
actuando tan sombríamente sobre el tipo muerto en el callejón? Quiero
saber en qué… —se volvió entonces hacia Roman—. tienes involucrado a mi
hermanito.
Danny luchó contra el impulso de poner los ojos en blanco; realmente se le
iban a quedar atrapados allí arriba dada la frecuencia con la que Gabe lo
tenía haciendo rodar los ojos últimamente.
—No es alguna clase de conspiración nefasta —Aseguró a su
hermano—. Reconocí el cuerpo. Fue alguien que trató de asaltarme la otra
noche. Roman luchó contra él. Simplemente nos asustó saber que lo
conocíamos.
Los ojos de Gabe se abrieron de par en par. —¿Por qué no le dijiste a la
policía?
Danny se encogió de hombros, forzando indiferencia. —Los policías son
unos idiotas. No tenía ganas de que me interrogaran durante horas sobre
alguien a quien apenas conocía, alguien que claramente no era un buen
tipo.
—¿Y eso es todo? —Gabe miró a cada uno de ellos, tratando de
encontrar respuestas entre los rostros.
—Eso es todo —concluyó Danny.
Gabe se volvió rápidamente hacia Soren, en tono acusador. —¿Por qué tú
reconocerías al asaltante muerto cuando ni siquiera estuviste en el atraco?
Soren volvió a mirar a Gabe, con un brillo de inocencia en sus ojos abiertos
como platos, su rostro se veía sorprendentemente convincente. —No lo
reconocí. Estaba asustado del cuerpo. Pensé que Roman sabría qué hacer.
Mientras tanto, Roman había caminado alrededor del mostrador hacia
Danny y estaba acariciando su costado suavemente para tranquilizarlo.
Respiró hondo, dejándose rodear del reconfortante aroma de su vampiro.
Era tan extraño, tan agradable, tener algo apoyo externo cuando se trataba
de su familia.
Gabe apartó la vista de Soren y los miró a los dos, claramente perturbado
por su cercanía.
—¿No se supone que irías a ver a mamá esta mañana? —le preguntó a
Danny, en tono agudo.
Joder, cálmate, Gabe. Danny podía sentir a Roman tensarse detrás de él,
preparándose para ponerse en modo “novio protector”.
Espera… ¿novio?
¿Eso era lo que Roman era ahora para Danny? Danny no estaba seguro de
cómo habían pasado en un abrir y cerrar de ojos de un par de extraños a
esta especie de situación de parejas predestinadas, pero probablemente
“novios” era estar en un algún punto intermedio, ¿verdad?
—¿Por qué? —Replicó, con un tono tan agudo como el de su
hermano—. ¿Planeabas venir conmigo esta vez?
Gabe no mordió el anzuelo. —Siempre vas a verla los domingos en la
mañana —Insistió.
No sabía que Gabe le estaba haciendo un seguimiento a las visitas a su
madre. Interesante.
—Aún iré a verla. Solo estamos un poco atrasados. Voy a llevar a
Roman a conocerla.
— ¿Conocerla? —Gabe resopló—. Danny, ella ni siquiera sabrá…
Eso era todo. Suficiente. Danny estaba tan cansado de esta pelea, cansado
de que Gabe actuara como un hermano preocupado solo durante los breves
instantes en que le apetecía.
—No importa —Le espetó a su hermano—. Ese no es el punto. Elijo
creer que una parte de ella todavía me conoce. Puede que no sepa quién soy
exactamente, pero sabe que la amo. Ella siempre lo sabrá —Señaló a Gabe—
. Y probablemente ella sepa, en algún lugar en el fondo, que alguien más
que le importa no está en su vida. Entonces, si solo estás tratando de
hacerte sentir mejor diciendo que ella no sabe que no estás, que no te echa
de menos, solo quiero que sepas que creo que estás equivocado.
La mano de Roman se había movido del costado de Danny y ahora apretaba
su hombro sosteniéndolo. Así que esto era lo que se sentía ser respaldado
por alguien. Tener a alguien de su lado de una manera real. Y de repente,
Danny sintió como si no pudiera parar, que años de resentimiento estaban
a punto de estallar en una avalancha verbal. —¿Y por qué estás haciendo
este acto protector de hermano mayor, Gabe? ¡Te fuiste! Me dejaste con
mamá. Ella… Ella no estaba bien. Y ni siquiera te culpo por eso. Estabas en
la universidad, luego en la residencia, trabajando hacia tu futuro. Pero ni
siquiera te diste cuenta. Casi nunca volvías a casa, y cuando lo hacías,
simplemente te ponías una venda en los ojos. Sé que papá era tu persona
favorita, sé que algo en ti se rompió cuando murió, pero Jesús, Gabe, toma
una decisión. ¿Sigues siendo parte de esta familia o no? No puedes tener las
dos cosas. Ser mi hermano en el trabajo y un extraño el resto del tiempo,
¿para qué siquiera te mudaste aquí?
Gabe parecía afligido, y Danny perdió algo de fuerza en ese momento,
sintiéndose un poco avergonzado por haber reprendido a su hermano
frente a dos testigos. Soren los miraba a ambos absorto, con una expresión
contemplativa en su rostro.
Danny debería haber guardado todo para un momento en el que estuvieran
solos, cuando realmente pudieran conversar. Pero, ¿cuándo diablos sería
ese momento? pensó con amargura. Gabe nunca los dejaba en ese tipo de
situación de todos modos, siempre usando el trabajo o las multitudes
dentro de los bares locales como unos amortiguadores.
Danny suavizó su voz, mirando a su hermano. —Deberías... deberías venir
conmigo esta semana. A visitarla. Solo piensa en ello. Por favor.
Gabe asintió lentamente, evitando mirar los ojos de Danny. —Sí, está bien.
Lo… pensaré. Debería irme. Los i-interrumpí —Salió de la cocina sin mirar
a Danny ni una sola vez, y Danny resistió el impulso de volver a llamarlo.
Gabe necesitaba tiempo para procesarlo todo y, francamente, Danny
necesitaba tiempo para calmar el resentimiento.
El sonido de la puerta principal cerrándose resonó momentos después.
—Bueno —dijo Soren alegremente, volviendo a sonreír una vez más—.
Los humanos sí que son divertidos, ¿No, Rome?
Diez
Roman
¿Por qué los humanos insistían tanto en hacer algunos edificios tan
desagradables a la vista?
El edificio en el que estaban entrando Roman y Danny, era monótono en
esa forma particular en que lo eran los hospitales, oficinas gubernamentales
y centros penitenciarios: paredes grisáceas en el exterior, paredes beige en
el interior y alfombras color vómito por todas partes. Pero, por todo lo
demás parecía bastante agradable en lo que respectaba a lugares como
estos.
Estaba limpio, los muebles y obras de artes tenían cierta calidad, y el
personal parecía atento y amable. Roman no podía imaginar cuánto dinero
gastaba su compañero manteniendo a su madre en este sitio. Hizo una nota
mental de que tenía que convencer a Danny lo más pronto posible para que
le permitiera pagar las facturas.
Danny le había hablado después del desayuno acerca de su madre. Tenía un
tipo de demencia de aparición temprana llamada Alzheimer. La habían
diagnosticado cuando Danny estaba en la escuela de enfermería.
Roman se puso las gafas de sol en la parte superior de la cabeza —eso
evitaba que su demonio se irritara demasiado en días de sol—, y miró al
chico que caminaba a su lado. Durante todo el viaje en auto, había estado
tenso. Roman se acercó y tomó su mano, y Danny levantó la vista y le
dedicó una pequeña sonrisa de agradecimiento.
Roman estaba orgulloso de que su compañero se enfrentara a su grosero
hermano. Claramente había estado soportando demasiadas cosas por sí
solo durante demasiado tiempo.
Ya no más, prometió Roman. Su demonio ronroneó su acuerdo.
Una mujer baja y robusta con una cofia de cabello castaño, los saludó en
cuanto se acercaron al escritorio principal. Roman la vio dar una segunda
mirada al ver sus manos unidas, y luego la mujer dirigió sus ojos muy
abiertos a Danny con una gran sonrisa.
— ¿Y quién es este? —Preguntó ella.
—Este es Roman —respondió Danny tímidamente—. Él es, eh…
—Soy el novio de Danny —interrumpió Roman. “Novio” se sentía
juvenil en comparación con su verdadero título: compañero. Pero
necesitaban algún tipo de vínculo que fuera reconocible para los humanos.
Roman quería que todos supieran que este hombre le pertenecía.
La sonrisa de la mujer se hizo más grande, si es que eso era posible. —No
me dijiste que estabas saliendo con alguien, Danny —lo reprendió
suavemente.
—Es algo bastante nuevo —Explicó Danny. Roman no tuvo que mirar
para saber que su compañero se estaba sonrojando, pero lo hizo de todos
modos solo para disfrutar la forma en que el rosa se deslizaba sobre las
mejillas pecosas de Danny.
Danny se aclaró la garganta. —Roman, esta es María. Ella es la columna
vertebral de este lugar.
—Oh, pss —Ahora era Mary quien se estaba ruborizando. Dirigió una
mirada severa y fingida a Roman—. Será mejor que seas bueno con este
chico. Tiene mucha gente apoyándolo.
—Creame, yo soy uno de ellos —Roman la tranquilizó.
—Oh, me agradas.
—Ustedes dos podrán coquetear más tarde —Danny resopló, aunque
claramente estaba complacido por la aprobación de Mary—. ¿Cómo está
hoy?
El rostro de Mary se oscureció. —Me temo que no es su mejor día. No se ha
sentido muy bien estos últimos días. Tenía que ducharse esta mañana, pero
hasta ahora, cualquier intento la ha hecho... infeliz. La hemos sacado de la
cama, pero eso es todo.
Roman sintió que Danny, quién se había relajado un poco tras el inicio de la
conversación, se tensaba de nuevo. Queriendo prepararse mejor para la
visita, Roman había leído un poco sobre la condición, estaba al tanto de los
cambios de humor que podían ocurrir, y tenía la sensación de que decir
"infeliz", era una palabra muy ligera.
Danny lo miró con preocupados ojos marrones, y Roman podía decir por su
expresión que estaba pensando en posponer esta visita para otro día, pero
eso no funcionaría.
Danny tenía que saber que Roman estaría allí para él en todos los aspectos
y en cualquier situación, sin importar lo difícil que fuera.
Además, Roman y su demonio tenían una idea mucho mejor.
—Todo estará bien —Le aseguró a su compañero—. Déjame conocerla.
Podemos irnos si es demasiado para ella.
Danny asintió, agarró la mano de Roman con más fuerza y se volvió hacia
Mary. —Aun así, quisiéramos verla, por favor.
La mirada que Mary le dirigió a su compañero fue tan cálida y empática,
que Roman inmediatamente decidió que ella estaba en su lista de amigos
aprobados para Danny. Su nombre estaba justo al lado del de Chloe.
Gabe todavía tenía que demostrar que podía formar parte de la corte.
Tras un breve paseo por los pasillos, entraron en una habitación donde una
mujer que Roman pensaba tendría unos cincuenta y tanto de años estaba
encorvada en un sillón reclinable, mirando, no directamente sino más bien
más allá, un televisor dispuesto frente a ella. Otra mujer, más joven y con
bata —claramente una especie de enfermera o asistente—, estaba sentada a
su lado.
—Hola, Gladys —saludó Danny en voz baja.
La mujer se volvió bruscamente hacia ellos, y Roman pudo ver fragmentos
de Danny tanto en sus rasgos como en la expresión feroz que les dirigió.
— ¡Jack! —exclamó, con voz áspera—. ¿Qué estoy haciendo aquí? Esta
chica de aquí —señaló a la mujer más joven que estaba sentada con ella—.
Continúa vigilándome. Siempre vigilándome. No entiendo. ¿Quién la dejó
entrar aquí?
Jack. Danny le había dicho a Roman que ese era el nombre de su padre, que
a veces su madre lo confundía con una versión más joven de su propio
padre a pesar de las diferencias en las apariencias de ambos.
Danny se acercó a su madre, sonriendo suavemente. —Lo sé, Gladys. Ella
solo está aquí para ayudar a prepararte para tu día. ¿Quieres hacer eso?
Podríamos salir a dar un paseo —Dirigió su mirada a la mujer más joven—.
Puedo encargarme desde ahora, si deseas tomar un descanso.
La madre de Danny observó atentamente a la chica en uniforme mientras
se iba, luego miró hacia donde estaba Roman, claramente insatisfecha. —
¿Y este quién es? ¿Es otro que viene a vigilarme? ¡Como si fuera una
criminal!
—Este es Roman —Danny estaba manteniendo su voz suave y
tranquila. Roman estaba orgulloso de su paciencia—. Es un amigo mío.
Quería que te conociera.
— ¿Por qué harías algo así? —La voz de Gladys adquirió un tono
petulante—. ¡Ni siquiera estoy vestida! Me veo horrible. Sácalo de aquí.
Danny se giró hacia Roman, y el dolor en los ojos de su compañero fue
como un cuchillo en atravesándole el corazón. —Tal vez hoy no sea el mejor
d…
Roman apretó suavemente la mano de Danny. —Me gustaría probar algo
primero. ¿Podrías cerrar las persianas?
Danny pareció desconcertado por la solicitud. —Um. ¿De acuerdo? Pero
esto podría empeorar mucho más rápido de lo que crees —Su madre los
miraba de uno al otro, con los ojos llenos de sospecha. Pero Danny, su dulce
y confiado compañero, se acercó a las persianas y las cerró, dejando la
habitación mucho más oscura.
Justo como le gustaba al demonio de Roman.
Lo dejó libre mientras que Danny volvía con él, confiado en que su demonio
siempre se comportaría con Danny, velando por su seguridad tal como
Roman lo hacía.
Los ojos de Danny se abrieron de par en par en cuanto vio sus ojos. —
¿Tienes... tienes hambre? ¿Ahora? —Susurró con incredulidad.
Roman simplemente negó con la cabeza, dando un paso alrededor de
Danny y acercándose a Gladys. Se inclinó sobre la mujer hasta que sus
rostros quedaron a centímetros de distancia. Realmente, realmente
esperaba que esto funcionase.
Y que Danny confiaría en que no iba a morder a su madre.
—Hola, Gladys —Su demonio ronroneó. Escuchó como Danny daba
un pequeño grito ahogado. Sabía que su voz era diferente cuando su
demonio salía a poner en práctica la compulsión; era un poco más suave,
un poco más áspera. Sutil, pero por supuesto que su ingenioso compañero
podía notarlo—. Sé que estás teniendo una mañana un poco difícil —
continuó, sin romper el contacto visual con la madre de su pareja.
—Sí —Todavía sonaba petulante, pero ya no estaba tan asustada.
Bien.
—Quiero recordarte que estás segura y cuidada. Creo que eso ya lo
sabes. Soy un buen amigo de Danny. Y sé que te quiere mucho. Quiero que
lo mires y pienses mucho y muy profundamente en Danny. Tu hijo. Lo
recuerdas, sé que lo haces.
—Roman, no puedes simplemente… —La voz de Danny sonaba
ansiosa, y Roman se arrepintió momentáneamente de no haberle advertido
de lo que iba a intentar. Pero no había estado seguro de que la compulsión
funcionaría en este caso, y no había querido aumentar las esperanzas de su
compañero.
Roman había usado anteriormente sus habilidades en humanos delirantes
o aterrorizados, y sabía que su demonio podía ayudar a las personas a
acceder a ciertas partes de sus cerebros, incluidos sus recuerdos. Pero
nunca antes lo había probado en una persona con demencia, y Danny
parecía a punto de intervenir.
Pero luego, ambos vieron como la tensión abandonaba el cuerpo de Gladys.
Estaba mirando a Danny y, por primera vez, Roman pudo ver a la mujer, a
la madre, que estaba por debajo de la confusión.
—Danny, cariño —Ahora, su voz era suave y brillante—. Lo lamento.
Me… me confundí. No me di cuenta de que estabas aquí. He estado
olvidándome de las cosas otra vez, ¿no? —Ella soltó una carcajada pequeña
y triste.
Roman soltó un suspiro de alivio y miró a Danny, cuya expresión era
esperanzada y al mismo tiempo aterrorizada.
Él conocía ese sentimiento. La esperanza era aterradora.
Volvió sus ojos negros a la madre de Danny. —Ahora, creo que estabas a
punto de tomar una ducha y prepararte para dar un paseo con nosotros
dos. ¿Dejarías que alguien te ayude? Has estado enferma, no queremos que
te caigas.
Gladys asintió dulcemente y Danny rápidamente llamó a la asistente
mientras que el demonio de Roman retrocedía.
Unos momentos más tarde, cuando Roman cerró la puerta y dejó a las dos
mujeres a la tarea, Danny se giró hacia él. Lo agarró por los hombros y lo
empujó contra la pared, sin nada de delicadeza. — ¿Qué le hiciste? ¿Estás…
la estás hipnotizando? ¿Controlándola de alguna manera?
Su dulce y feroz pareja…
Roman no luchó contra el agarre de Danny, solo levantó una mano para
acariciar la cara del chico. —Lo siento, pequeño rey. No te lo dije antes
porque no estaba seguro de si resultaría. Te dije que los vampiros podemos
usar la compulsión. La he usado antes, para atravesar la confusión o el
pánico de una persona. Pensé… pensé que valdría la pena intentarlo. Tal
vez no serviría si estuviera más avanzada. Pero en esta etapa, sí, pensé que
valdría la pena intentarlo.
—Valdría la pena intentarlo —Danny repitió las palabras, todavía
luciendo aturdido y un poco enojado.
Roman tuvo otro momento de duda. ¿Realmente había hecho algo tan
malo? Estaba tan fuera de contacto con ese aspecto de la humanidad: la
familia, las emociones, el amor y la pérdida.
Volvió a intentar explicarse. —No es…permanente. Por lo que sé de su
enfermedad, el daño en su cerebro no es reversible. No es algo que yo o mi
demonio podamos detener. Pero sean cuales sean las partes de sus
recuerdos siguen allí, las que están enterradas, mi demonio puede ayudarla
a acceder a ellas un poco mejor. Claramente hay una parte de ella que
todavía te recuerda, incluso si no puede acceder a esa parte la mayoría de
las veces.
Roman esperó, conteniendo la respiración mientras que Danny lo estudiaba
durante mucho tiempo sin hablar. Entonces las manos de su compañero
suavizaron el agarre sobre los hombros de Roman. Danny seguía
pareciendo aturdido, pero la ira se había esfumado.
—Me dije a mí mismo que estaba bien si nunca me reconocía de
nuevo. Pero si… si lo hacía, saborearía cada momento, sabiendo que esta
vez podría ser la última. Y ahora puedo hacerlo. Gracias —La respiración de
su compañero se entrecortó y apoyó la cabeza contra el pecho de Roman,
dejando que su peso cayera sobre él mientras que esperaban a que su
madre se preparara para pasar el día.
—Gracias —Danny susurró nuevamente.
Roman presionó un beso en la parte superior de la cabeza de su pareja. —
Haría cualquier cosa por ti.
Una vez que Gladys salió de su habitación, recién duchada y vestida para el
día, la cuidadora los condujo a la parte trasera de las instalaciones hacia un
jardín, grande y cubierto de hierba, con un sendero para caminar que
serpenteaba alrededor de los bordes.
Los dejó para que dieran un paseo juntos. Estaba claro mientras caminaban
que, si bien Gladys ahora podía recordar quién era su hijo, no sabía la fecha
y hora. Parecía pensar que Danny todavía estaba en la escuela secundaria,
haciendo preguntas frecuentes sobre sus clases y las personas que Roman
supuso que eran amigos de Danny en ese momento.
A Roman le preocupó por un momento que ella cuestionara su propia
presencia en ese lugar, dado que a cualquiera le costaría creer que era un
adolescente, pero por los comentarios casuales que ella soltaba, parecía
suponer que él era un compañero de trabajo en el cine en que Danny
trabajo durante su adolescencia.
Sin embargo, a su compañero no parecía importarle que su madre tuviera
las líneas de tiempo alteradas.
Roman caminaba unos pasos al lado de Danny y su madre, quienes tenían
los brazos entrelazados. Los observaba de cerca, absorbiendo la alegría en
su rostro por tener a esta mujer portándose como su madre otra vez.
Y Roman podía ver el amor que había estado allí antes de que la demencia
nublara las cosas. Claramente. Gladys amaba a su hijo con tanto orgullo
como él la amaba a ella.
Tal como debería ser. Su hijo era perfecto.
Compañero perfecto, estuvo de acuerdo su demonio. Se sentía muy
orgulloso de su papel en traer tanta felicidad a Danny.
¿Había existido un amor así en la familia de Roman? Sabía que debía haber
existido, basado en el dolor que todavía sentía por perder a su familia, pero
ahora mismo apenas podía imaginar algún recuerdo en específico. Todo
estaba empañado por el tiempo y ensombrecido por lo que había sido de él.
De ellos. Solo había pocas pistas. La sonrisa de su madre. La risa de su
hermana.
Era injusto como los recuerdos felices se desvanecían tan fácilmente,
cuando todavía sentía a la perfección su pérdida.
Roman había regresado solo una vez, después de haber sido convertido.
Luc le había advertido que no lo hiciera, pero él había querido al menos
despedirse de sus seres queridos. Habían pensado que se estaba muriendo
en ese campo de batalla, y todo lo que quería era una última oportunidad
para despedirse de su madre y de sus hermanas.
Pero Roman había sido un vampiro recién convertido, incapaz de controlar
fácilmente sus nuevos instintos. Incapaz de evitar que sus ojos se
oscurecieran o la salida de sus colmillos.
—Demonio —su madre lo había llamado así, con los ojos llenos de
miedo y odio—. Tú no eres mi hijo. Un demonio ha tomado su lugar.
Lo habían echado. Y él los había dejado. Al final, había sido él quién se fue.
No había podido soportar ver a su familia tan asustada de él. De su
demonio.
No creía que la madre de Danny (al menos, como había sido antes de su
enfermedad) hubiera echado a Danny en la misma situación. Después de
todo, había algo que decir sobre la modernidad… Existía menos
superstición y miedo, al menos en algunos aspectos.
O tal vez la familia de Roman simplemente no lo había amado lo suficiente
como para combatir su propio miedo.
Salió de sus amargos recuerdos y se concentró de nuevo en el par que
estaba a su lado.
— ¿Y dónde está Gabe? —escuchó preguntar a Gladys.
Por primera vez desde que habían salido, observó una sombra pasar por los
ojos de Danny. —Salió con unos amigos, mamá.
—Ese chico. Es tan popular —Ella dio un suspiro completo ante la
idea—. ¿De verdad crees que quiere ser médico? Tal vez debería postularse
para un cargo en política en su lugar.
Danny tosió con algo de risa. —Creo que lo de ser médico podría seguir.
—¿Y tú todavía quieres ser enfermero, Danny?
—Sí, mamá.
—Bueno. Creo que serás bueno en eso. Mi niño de corazón tierno —
Ella le sonrió a su hijo.
Roman observó cómo Danny de repente detuvo a su madre en seco y la
abrazó con fuerza. Podía ver las lágrimas brotar de los ojos de su
compañero, pero Danny parpadeó para alejarlas con rapidez.
—Oh, que agradable —dijo la madre de Danny, inclinándose hacia el
abrazo—. Espero que nunca crezcas demasiado para darme abrazos como
este.
—Nunca, mamá —respondió Danny con voz espesa.
Terminaron la caminata tranquilamente y luego llevaron a Gladys a su
habitación, donde Danny acercó una silla adicional para que los tres
pudieran ver la televisión juntos.
Eventualmente, Gladys estaba lo suficientemente cansada como para que
incluso la compulsión de Roman no pudiera mantenerse entre ellos. Él y
Danny decidieron irse en silencio mientras las cosas aún estaban bien, para
evitar terminar el día con algún mal recuerdo.
Cuando salieron y la joven cuidadora regresó al lado de Gladys, Mary les
gritó: —Escuché que tuvo un gran cambio —Ella sonrió brillantemente a
Roman—. Debes ser un amuleto de buena suerte.
Lograron llegar al auto antes de que Danny se echara a llorar.
Roman empujó su propio asiento hacia atrás y jaló al chico del asiento del
pasajero, por encima de la consola, hasta sus brazos. Una vez que tuvo a
Danny firmemente sentado en su regazo, simplemente dejó que llorara,
frotándole la espalda.
Su demonio se inquietó por la angustia de su compañero, pero Roman lo
tranquilizó, los humanos necesitan llorar a veces.
Cuando las lágrimas finalmente se calmaron, Roman tuvo que preguntar: —
¿Me equivoqué al hacer eso? Pensé que sería una especie de regalo. Pero me
temo que terminé lastimándote.
— ¡No! —Danny gritó, echándose hacia atrás para mirar a Roman. Los
ojos de su compañero estaban rojos e hinchados, su rostro inflamado por el
llanto, pero seguía siendo la criatura más preciosa que Roman había visto
jamás—. No me lastimaste. Es solo que toda... la situación duele. Siempre.
Ha pasado tanto tiempo desde que tuve a mi mamá realmente... conmigo.
No pensé que volvería a suceder —Dio un resoplido—. No puedo creer que
hayas hecho eso por mí. Por nosotros.
Empezó a presionar fervientes besos en el rostro de Roman. —Gracias.
Gracias. Gracias.
Por primera vez, Roman había usado sus habilidades para algo... puro. Para
hacer feliz a otra persona. Estaba alarmado por lo bien que lo hacía sentir.
Se sentía menos como el monstruo que se estaba robando al apuesto
príncipe, y más como un hombre que tenía algo que ofrecer.
Después de presionar un beso final en la nariz de Roman, Danny metió la
cabeza en el hueco de su hombro, frotando su rostro ligeramente contra su
camisa.
—Hubo un tiempo, después de la muerte de mi papá, cuando Gabe y
yo éramos muy cercanos —La voz de Danny sonó un poco apagada, pero
Roman aún podía distinguir las palabras—. Tengo recuerdos de seguirlo a
todas partes y él me dejaba. Pero cuando estaba en la escuela secundaria,
me apartó y solo éramos mamá y yo. Nos hacíamos reír todo el tiempo. Era
tonta, cariñosa y muy inteligente. Ella era mi mejor amiga, de verdad.
Roman podía verlo claramente después de la visita de hoy. El amor y la
cercanía entre los dos. Abrazó a Danny aún más cerca mientras su
compañero continuaba.
—Fui a la escuela de enfermería aquí en la ciudad para poder estar
cerca de ella. Me preocupaba dejarla sola, y Gabe rara vez iba a casa a
visitarla. Pensaba que después de graduarme podría extender mis alas, tal
vez intentaría viajar como enfermero. Ella podría visitarme en mis
asignaciones. Y luego, cuando yo estaba en la escuela de enfermería,
empezó a olvidar. Pequeñas cosas al principio, pero luego lo suficiente
como para que empezara a preocuparme. Y, por primera vez, peleábamos:
se frustraba y avergonzaba tanto cuando le señalaba sus problemas de
memoria, y no sabía cómo hacer que se lo tomara todo en serio. Me tomó
mucho tiempo convencerla de que fuera a un médico, e incluso después de
recibir el diagnóstico, ella lo negaba. Me hizo esperar para decírselo a Gabe.
E incluso cuando finalmente lo hicimos… —Danny suspiró, su aliento
caliente soplando sobre el pecho de Roman—. Supongo que, con la
residencia y todo eso ya tenía suficiente. ¿Era como si él nunca lo hubiese
registrado realmente? Me dijo que debería avisarle si empeoraba. Pero la
cosa es que siempre estaba empeorando. Lento pero seguro. No podía
pensar en qué decirlo, así que simplemente… me enfrenté a ello solo.
El pobre compañero de Roman había sufrido solo durante tanto tiempo. El
hermano tenía mucho por lo que responder en lo que a Roman se refería.
—Y finalmente se puso lo suficientemente mal —continuó Danny—.
Comenzó a salirse de casa y a perderse, se negaba a hacer cosas básicas
como ducharse. Yo ya estaba trabajando, y el médico me dijo que
necesitaba tener una rutina y ser supervisaba. Era más de lo que yo podía
proporcionarle. Así que nos decidimos por Brookstone. Me sentí tan
culpable, y también es tan costoso que tuve que trabajar más para cubrir las
facturas, y sentía que de repente ya ni siquiera me recordaba cuando la
visitaba.
Danny se apartó para mirar a Roman, y su corazón se rompió ante la
desesperación en los ojos de su pareja. —Si ella se hubiera quedado
conmigo. Si hubiera dejado de trabajar y me hubiera ocupado de ella, ¿se
habría acordado de mí por más tiempo?
Roman extendió la mano y tomó la cara de Danny. —Dulce y encantador
chico. Sabes que no funciona de esa manera. Hiciste lo que había que hacer
para que ella recibiera la atención adecuada. Y le encontraste un buen
lugar. Un lugar de cuidado. Puedo ver eso. Sus recuerdos acerca de ti,
estaban destinados a perderse sin importar lo cerca que estuvieras de ella.
Es la triste verdad de su condición. No podrías cambiar eso.
Los ojos de Danny brillaron, pero no cayeron más lágrimas. Tal vez no le
quedaba ninguna.
—Cuando Gabe me dijo que regresaría para hacer su especialidad
aquí, pensé que volveríamos a ser hermanos, pero ni siquiera quiere ver a
mamá. Y no creo que él realmente quiera verme a mí. Me siento tan
cansado, y he estado tan, tan solo.
—Ya no estás solo, mi pequeño rey —Roman acarició la espalda de su
pareja—. Estoy aquí. Y siempre estaré aquí. Ya no tienes que hacerlo todo
solo. Lo prometo.
Danny colapsó nuevamente con su cabeza contra el hombro de Roman, y tal
vez aún le quedaban algunas lágrimas después de todo, porque podía sentir
que su camisa se humedecía en el punto en que la cabeza de su compañero
estaba presionada contra ella.
—Eres real, ¿verdad? —Preguntó Danny—. Dime que esto es real.
Dime que no vas a desaparecer en la oscuridad dentro de una semana.
Dime que eres realmente mío —Sus manos estaban agarrando la camisa de
Roman con tanta fuerza que su piel se había tornado blanca.
—Soy tuyo —prometió Roman—. Siempre tuyo.
Y era cierto.
Nada en este mundo iba a quitarle a su compañero.
Once
Danny
Con la toalla envuelta alrededor de sus caderas, Danny abrió la puerta del
baño que conducía a su habitación, para encontrar a Roman sentado al
borde de la cama en ropa interior. Danny no pudo evitar dejar que sus ojos
recorrieran cada centímetro del cuerpo del vampiro.
Dios mío, ese hombre sí que tenía músculos.
Elegante y esbelto, pero definido de una manera que hizo que Danny
quisiera lamerlo por todas partes. Y podía hacerlo. Tenía el derecho.
Afortunado, que afortunado soy.
Danny levantó la vista de su recorrido para encontrarse a Roman
mirándolo de forma tan caliente, que Danny se sorprendió de no estallar en
llamas allí mismo.
—Suelta la toalla, pequeño rey —Ordenó Roman.
Su voz era baja y profunda, pero sus ojos seguían siendo claramente azules,
por lo que Danny sabía que Roman no estaba usando la compulsión en él;
pero, honestamente, bien podría haberlo hecho. Las manos de Danny se
deshicieron y dejaron caer su toalla antes de que su cerebro hubiera
registrado completamente la orden.
—Ven aquí.
Los pies de Danny se movieron sin su permiso, y caminó hacia adelante
hasta quedar de pie entre las piernas de Roman. Jadeó cuando brazos lo
rodearon y lo acercaron aún más. La altura de la cama los tenía al nivel de
los ojos por una vez, en lugar de que Roman se alzara sobre él.
Roman se inclinó hacia delante y Danny separó los labios, permitiendo que
el vampiro tomara la delantera y devorara su boca. Comparado con los
dulces besos gentiles que había estado recibiendo todo el día, este beso era
sucio. Crudo. Hambriento. Y Danny no podía tener suficiente, gimiendo
mientras que Roman le chupaba la lengua.
—Mi chico dulce, chico encantador —Roman susurró mientras rompía
el beso y se movía para mordisquear la oreja de Danny.
—Lo que… dijiste antes –Danny gimió—. En el auto. Dilo de nuevo.
—Soy tuyo —Ronroneó.
Ahora, Danny estaba jadeando, su pene desnudo goteaba y presionaba
contra el estómago de Roman; no pudo evitar mover sus caderas,
desesperado por algo de fricción. Una de las manos de Roman viajó desde
la cintura de Danny hasta su trasero, y luego un dedo presionó ligeramente
contra su agujero.
Gimió. No pudo evitarlo.
—Por favor —Suplicó.
— ¿Por favor qué, pequeño rey?
—Muérdeme.
Roman gruñó, literalmente gruñó, y la mano que no estaba en el trasero de
Danny se alzó y le agarró la parte delantera del cuello, con firmeza, pero sin
ser duro, Roman era claramente consciente de su propia fuerza.
Inclinó la cabeza de Danny hacia un lado. Él se estremeció. Aparentemente
esta vez iban con el clásico lugar de mordida, y no podía esperar por ello.
Observó cómo los ojos de Roman se volvían negros.
Y luego todo el cuerpo de Danny estaba cantando cuando Roman lo mordió.
El hormigueo se extendió desde su cuello hasta cada parte de su ser. Sintió
como sus pelotas se tensaban y su polla goteaba todavía más.
¿Por qué se sentía tan jodidamente bien?
Danny supuso que Roman no necesitaba mucho, ya que esa semana ya se
había alimentado de él, y no pasó mucho tiempo antes de que el vampiro
alzara la cabeza, con sus ojos negros y los labios ensangrentados.
—Mío —gruñó, con sus ojos negros feroces.
—Sí. Soy tuyo —Respondió Danny sin aliento. Era cierto, le gustara o
no. Pero sí le gustaba. Saber que le pertenecía a este ser tan letal.
Luego, Danny estaba siendo empujado sobre la cama, Roman yaciendo
sobre él. Sus ojos volvieron a ser azules, pero sus pupilas estaban
hinchadas, y Danny apenas podía decir que no eran de completamente de
color negro.
—Mío —repitió Roman, como para verificar que Danny sabía que les
pertenecía a ambos: al demonio y al hombre.
—Tuyo —Coincidió—. Muéstrame. Hazme sentirlo.
Y entonces Roman le estaba sonriendo, y la vista le quitó el aliento a Danny.
El vampiro comenzó a besar su cuerpo, deteniéndose para saborear sus
pezones con la lengua, dejándolo tembloroso. ¿Quién imaginaría que su
cuerpo era tan sensible?
Nunca se había sentido así antes, nunca con nadie más.
Roman ignoró deliberadamente la polla endurecida y sonrojada de Danny
mientras continuaba su viaje hacia abajo, besando y lamiéndole el interior
de los muslos en su lugar.
Torturó a Danny de esa manera por lo que pareció una eternidad antes de
que manos fuertes le agarraran la parte posterior de los muslos y los
levantaran, doblándolo prácticamente por la mitad, presionándolo contra el
colchón.
Y luego la lengua de Roman estaba invadiendo su agujero, lo estaba
lamiendo, besando y chupando en ese lugar.
Danny lanzó un grito desgarrador, todo su cuerpo temblaba por las
atenciones de Roman. —Ohhh, Dios mío. Mierda. Joder, joder. Roman. Por
favor.
— ¿Por qué cada parte de ti sabe tan dulce? —Roman gruñó contra él,
alejando su lengua y presionando la punta de un dedo sobre la entrada de
Danny.
—Por favor, Roman. Por favor. Jódeme Por favor —Danny no se
sentía avergonzado de sus propias súplicas.
—Tengo la intención de hacerlo —Le prometió Roman—. ¿En dónde
está tu lubricante, pequeño rey?
El cerebro de Danny se había apagado por completo. —Yo no… ¿qué? No
me importa. Sólo fóllame.
Danny gritó cuando Roman propinó un azote ligero sobre su trasero. —No
voy a romperte por ser descuidado. Lubricante.
Claro. Nada de romper a Danny. Ese era un buen pensamiento. —En el
cajón junto a la cama.
Roman soltó los muslos de Danny, se estiró y le pasó por encima hasta
llegar a su mesita de noche. El vampiro se detuvo y miró en el interior. —
Siendo un vampiro no puedo transmitirte enfermedades, pero si deseas yo
puedo…
—No —Danny lo interrumpió, sabiendo para donde iba esto—. Sin
condones. Solo tú. Necesito que me llenes. Ahora. Por favor.
Román se río. —Compañero impaciente. Eres tan demandante.
—Sí. Demandante. Te exijo que me folles.
—Cómo ordenes, mi pequeño rey.
Roman se deslizó hacia abajo, retomando con gracia su posición anterior, y
usó una mano para empujar el muslo de Danny hacia atrás, y presionar un
dedo resbaladizo dentro de él. —Tan apretado —murmuró.
Danny gimió. —Más. Dame más.
Roman empujó otro dedo dentro de él y comenzó a abrirlo, sus acciones
eran sorprendentemente gentiles considerando cuán ferozmente había
estado lamiendo el agujero de Danny.
Danny dejó que continuara durante lo que pareció una eternidad, hasta que
no pudo esperar más. —Es suficiente —jadeó—. Lo juro. Por favor. Fóllame
ya.
Usó sus propias manos para tirar de sus muslos hacia atrás, manteniéndose
abierto para su amante vampiro.
Esa acción fue suficiente para romper el control de Roman. —Merde —
Gruñó.
Y luego estaba deslizando su mano lubricada sobre su polla, y presionando
la gorda cabeza contra la entrada de Danny.
Roman se empujó hacia adelante, lenta pero persistentemente, hasta que
estuvo hundido hasta la empuñadura.
—Sí —Danny gimió. Se sentía tan lleno. Tan jodidamente lleno.
—Tan. Malditamente. Apretado —Roman se detuvo, con el cuerpo
temblando mientras trataba de contenerse. Le dio a Danny el tiempo para
adaptarse a su tamaño, a la plenitud que estaba muy cerca de ser
demasiado.
Casi demasiado.
—Puedes moverte —susurró Danny, dando un movimiento
experimental—. Estoy listo.
Roman tiró hacia atrás hasta que salió casi por completo y luego volvió a
empujarse con fuerza. Gimió bajo y profundo. —Perfecto.
Luego estaba follando furiosamente a Danny, era salvaje y más que un poco
doloroso, pero Roman tenía razón: era jodidamente perfecto. Danny nunca
se había sentido tan completamente poseído antes.
Su experiencia limitada con la penetración se había sentido bien, había
tenido un orgasmo y todo eso, pero eso era todo. Era una de las razones por
las que no se había esforzado por encontrar conexiones después de la
escuela de enfermería. El sexo era agradable, pero no algo esencial.
Pero esto. Mierda.
Roman se lo estaba follando como algo primitivo, abrumador, animal.
Danny gemía cada vez que la polla de Roman rozaba su próstata. Pensaba
que quizás podría correrse sin ser tocado.
Sin embargo, no tuvo la oportunidad de averiguarlo, porque Roman de
repente estaba agarrando la polla de Danny, masturbándolo al mismo ritmo
que sus embestidas.
—¡Mierda! —exclamó Danny.
—No voy a durar mucho más —Jadeó Roman—. Córrete para mí, mi
chico dulce. Mi chico encantador. Córrete.
Y Danny hizo lo que le dijeron, corriéndose con tanta fuerza e intensidad
que apenas registró el ritmo vacilante de las caderas de Roman y el
profundo gemido del vampiro mientras que lo presionaba contra la cama y
lo llenaba con su semen.
Cuando Danny volvió en sí, Roman todavía estaba encima de él, seguía
dentro de él y lamía el sudor del cuello de Danny mientras murmuraba para
sí mismo. —Mi dulce compañero. Compañero perfecto. Compañero
encantador.
—Mmm —fue todo lo que Danny pudo decir en respuesta.
Roman salió suavemente de él y se apoyó en los codos, mirándolo con la
preocupación grabada en su rostro. —¿Te lastimé? Sé que fui... fui
demasiado brusco. Lo siento. Yo solo…
Danny encontró la energía para levantar la mano y acariciar un lado de la
cara de Roman. —Shh. No, no fuiste demasiado rudo. Me… me gustó. Me
gusta cuando duele un poco. Realmente no sabía eso sobre mí antes de
conocerte, pero es la verdad. El dolor lo hace sentir más real, supongo.
Roman acarició su mano. —Eso es porque fuiste hecho para mí. Y yo para
ti.
Bueno, joder.
¿Qué se suponía que debía hacer Danny con eso? Estaba tan perdido por
cada parte de este hombre, de este demonio.
La posesividad violenta, el deseo animal, la dulce preocupación.
Tal vez todo esto terminaría implosionando. Tal vez Danny descubriría que,
después de todo, solo era una distracción. Pero iba a meterse de lleno de
todos modos; esto no acabaría por falta de intentos de su parte.
Realmente sentía lo que había dicho.
Le pertenecía a este vampiro, y solo podía esperar que este vampiro le
perteneciera a él.
Mientras Roman lo quisiera, Danny sería suyo.
Doce
Danny
10
Doppelgänger es el vocablo alemán para definir el doble fantasmagórico o doble malvado de una persona viva. La
palabra proviene de doppel, que significa 'doble' y gänger: 'andante'. Su forma más antigua, acuñada por el novelista
Jean Paul en 1796, es Doppeltgänger, 'el que camina al lado'.
11
La reanimación cardiopulmonar, o reanimación cardiorrespiratoria, abreviada como RCP, es un conjunto de
maniobras temporales y normalizadas, destinadas a asegurar la oxigenación de los órganos vitales.
Danny saludó, le dio un rápido beso en la mejilla y se subió al auto. Roman
no encendió el motor inmediatamente después de dar la vuelta al auto y
sentarse en el asiento del conductor. En cambio, se inclinó y besó a Danny a
fondo, dejándolo sin aliento. Luego procedió a presionar besos adicionales
a lo largo de su mandíbula y cuello. —Te eché de menos, mi pequeño rey.
Danny soltó una pequeña carcajada, incluso cuando su polla se retorcía
bajo su bata. Inclinó la cabeza hacia atrás para darle a Roman un mejor
acceso. —Solo han pasado doce horas.
—Mm. Doce largas horas —murmuró Roman, tirando del cuello de la
bata de Danny hacia abajo para lamer y mordisquear a lo largo de la
clavícula—. ¿No me extrañaste también?
La verdad era que Danny lo había hecho, pero esa era una verdad que tenía
miedo de admitir para sí mismo, y mucho más para Roman.
¿Qué tan ridículo era extrañar a un hombre al que acababa de conocer
después de no verlo por doce míseras horas, compañeros predestinados o
no?
Se sentía crudo, ansioso y abrumado. Esto no podía durar, ¿verdad? ¿Cómo
se las arreglaría Danny cuando Roman se alejara y lo dejara con su aburrida
y solitaria vida?
¿Te convertirías por él? Las palabras de Luc resonaron en la mente de
Danny. ¿Lo haría?
Pero Roman no le había pedido que lo hiciera, había tenido mucho cuidado
de no mencionarlo, incluso después de discutir su pasado con Lucien y la
mujer que Lucien había pensado que era su pareja. La mujer a la que
Lucien había querido convertir tan desesperadamente.
Y ahora Danny se sentía celoso de una mujer muerta.
Roman notó su repentina tensión. — ¿Qué pasa, mon petit roi?
Danny ni siquiera podía comenzar a contarle a su vampiro todo el revoltijo
de ansiedades que llenaban su cerebro en ese momento, así que optó por
ser directo. —Lucien vino a mi trabajo esta noche.
Roman inmediatamente se puso rígido, mirando a Danny con unos ojos que
se oscurecían rápidamente. — ¿Qué? —Gruñó.
—Está bien. Estoy bien —Danny se apresuró a tranquilizarlo—. Solo
vino a hablar. Para jugar un poco conmigo, creo.
—Para jugar contigo —Los dedos de Roman se clavaron en la parte
superior de los brazos de Danny.
De acuerdo, tal vez no fue la mejor elección de palabras. Eso sonó un poco
mal, en realidad.
Esta no era la mejor noche para Danny y sus excelentes habilidades
comunicativas, eso era seguro.
— ¿Sí? Él no me lastimó. Él ya… ya se había alimentado esta noche, a
juzgar por el hombre que murió en nuestra sala de traumatología —Danny,
deliberadamente, no mencionó a qué (o más bien a quién) se parecía dicho
hombre. No había necesidad de hacer estallar a Roman en forma nuclear.
Los ojos de Roman se suavizaron ligeramente y sus dedos se aplacaron. —
Oh, mon pauvre petit, lo siento. Siento que tuvieras que dar testimonio de
otra de sus víctimas.
Danny se encogió de hombros. —No quiero sonar insensible, pero he visto
cosas peores. Y por lo que escuché, este tipo no era nada bueno. No digo
que mereciera morir, pero podría haber sido peor, eso es todo.
—Sí. Pudo haber sido mucho peor —La voz de Roman era baja y
áspera—. Debí haber sabido que intentaría acercarse a ti en mi ausencia.
Pensé que el hospital lo disuadiría. Luc puede ser relativamente descuidado
con su violencia, pero no creía que se arriesgaría con las cámaras de
seguridad. Ser captado en video puede hacer que la vida sea muy
complicada para alguien que no envejece ni cambia de apariencia. Lo
subestimé. No debería haberte dejado solo.
Danny resistió el impulso de poner los ojos en blanco. Entendía el
sentimiento, pero no podía tener un escolta cada hora de cada día. No era
realista. –No puedo simplemente no trabajar, Roman.
—Claro que puedes, la verdad —Insistió Roman con los ojos fijos en
los de Danny—. Tal como dijo Soren, podría proveer para ti. Seré tu…
vampiro sugar daddy, ¿era así? —Inclinó la cabeza en son de pregunta.
No te rías, no te rías, no te rías.
—No, no puedes —dijo Danny con firmeza—. No dejaré de hacer lo
que hago solo por un idiota trastornado y desatado. Ni siquiera sabemos si
quiere hacerme daño —Aunque, el doppelgänger muerto podría ser un poco
revelador, pero Danny no estaba dispuesto a decirle tal cosa a Roman.
Con una sola visita de su viejo amigo ya era todo “Grr”.
Roman solo suspiró, soltando los brazos de Danny para agarrar suavemente
su mano y besarle los nudillos.
Oh. Bueno, eso era muy dulce.
—Déjame llevarte a casa, entonces, encanto.
De vuelta en casa, Roman llevó a Danny al sofá y lo envolvió en una manta,
ordenándole que no se moviera. Como si fuera una especie de inválido.
Pero la verdad es que Danny no se quejaba. Era agradable el ser mimado
con constancia.
Más que agradable, si era honesto.
Levantó la vista cuando una taza humeante fue colocada en la mesa de café
frente a él. — ¿Qué es lo que pasa contigo y el té? —Le preguntó a Roman
con una sonrisa.
Roman lo miró indignado. —Es reconfortante beber algo caliente, ¿no? Y no
puedo darte café, los humanos no pueden tomar cafeína demasiado tarde, o
no podrán dormir —Sonaba extrañamente como si estuviera citando algo.
— ¿Cómo y por qué sabes eso? ¿No son un poco modernos los
estudios del sueño relacionados con la cafeína? —preguntó Danny,
tomando un sorbo de su té. Mm. Manzanilla con miel.
—El cómo es porque leo —Replicó Roman, ajustando la manta de
Danny—. Y el por qué, eso es obvio.
¿Se refería a que lo hacia por Danny? ¿Para cuidar de él? ¿Debería sentirse
halagado u ofendido al pensar en Roman buscando consejos sobre hábitos
humanos?
“Cómo cuidar mejor de tu humano” por Algún Tipo Vampiro.
—Sabes, técnicamente no es de noche; es de mañana —Danny sintió
la necesidad de aclarar.
—Que divertido, pequeño rey. Para ti es hora de dormir. Bebe tu té.
Danny no obedeció de inmediato, tocó el asa de la taza mientras Roman se
sentaba a su lado en el sofá. —¿Sabes? siempre he sido el cuidador. Quiero
decir, supongo que no siempre. Recuerdo a Gabe cuidándome cuando era
niño, después de la muerte de mi padre. Cuando mi mamá todavía estaba
de duelo. Pero una vez entré en la secundaria, comencé a sentirme como si
estuviera solo. Mi mamá estaba allí, pero dejamos de ser madre e hijo, y
actuábamos más como un equipo, supongo. Y luego ella… ya sabes.
Roman envolvió un brazo alrededor de sus hombros, atrayendo a Danny
hacia él. —Lo sé, encanto.
Hubo un momento de silencio, ambos sumidos en sus pensamientos.
— ¿No te gusta, entonces? ¿Qué cuide de ti? —Roman claramente
estaba tratando de mantener su tono ligero, pero Danny podía sentir la
tensión debajo de él.
¿Su vampiro tenía miedo al rechazo?
—No —Le aseguró Danny—. Me gusta mucho. Muchísimo. ¿Quizás
demasiado? Ni siquiera sabía en realidad que existía este lado de mí, la
parte que quiere ser mimada de esta forma. Y ahora siento que me estoy
volviendo adicto…
Danny sintió que se le formaba un nudo en la garganta por lo mucho que se
le dificultaba pronunciar estas palabras, pero tenía que decirlas. Estaba
metiéndose demasiado profundo, parado en un precipicio, y tenía que
asegurarse que no estaba solo en esto.
Se obligó a decirlo: —¿Qué pasará cuando te vayas? ¿Cuándo me haya
vuelto dependiente de esto y te vayas?
—¿Irme? —Roman sonaba genuinamente perplejo, pero Danny no se
atrevía a mirar a los ojos de su vampiro y ver que expresión tenía en su
rostro—. ¿Por qué me iría alguna vez?
—Bueno, eso es lo que hace la gente, ¿no? Se van. De una manera u
otra. Mi papá, mi mamá, Gabe. Así es como funciona la vida. La gente que
amas... —Danny se mordió el labio—. Te deja.
Los dedos de Roman se trasladaron a su barbillando, tirando suavemente
de la cabeza de Danny para mirarlo a los ojos.
—¿Y eso es lo que crees que haré algún día? ¿Dejarte?
¿Inevitablemente?
Danny asintió con mucha suavidad.
Inesperadamente, Roman sonrió. De forma tierna y un poco triste, pero
genuinamente, al fin y al cabo. —Oh, mon dieu12. Mi adorable compañero.
La vida no ha sido justa contigo —Agarró la barbilla de Danny un poco más
fuerte. No lo suficientemente fuerte como para lastimarlo, pero sí como si
quisiera asegurarse de que Danny estaba prestándole atención—.
Escúchame, Danny. No me iré. Jamás. No a menos que tú quieras que lo
haga, e incluso entonces, no puedo prometerte nada. Eres mío. Y yo soy
tuyo.
Danny tragó saliva. —Pero…
—Sin peros, pequeño rey. Me doy cuenta de que he cometido un error.
He subestimado el trauma que tienes. Pero si necesitas que te diga todos los
días que me quedaré, te lo diré. Con alegría. Con frecuencia. Siempre. Que
soy tuyo. Para siempre, si me aceptas.
Y luego Danny estaba llorando, y ni siquiera estaba seguro de por qué. Pero
era como si el peso de la última década de su vida estuviera cayendo sobre
él, toda la soledad, el estrés y la preocupación. Como si ahora que había
12
Dios mío.
alguien a su lado para ayudarlo a llevar la carga, finalmente pudiera
procesarlo todo.
Lloró hasta que no quedó nada, hasta que hubo purgado parte de la duda de
su sistema.
No llegaron a la habitación de Danny para dormir. Roman los cubrió a
ambos con una manta, acomodando a Danny a su lado en el sofá.
—Me haces sentir amado —Susurró Danny justo antes de que el sueño
lo alcanzara.
—Lo eres —Las palabras fueron susurradas, pero Danny pudo oírlas
claramente.
Trece
Roman
13
Mi monstruo.
había negado, insistiendo en que no iba a permitir que "un encuentro
insignificante y amenazante" interfiriera con sus deberes.
—A menudo tenemos muy poco personal. No le voy a hacer eso a mis
compañeros de trabajo —Argumentó.
Y aparentemente, tener a Roman deambulando por los pasillos del hospital
por doce horas llamaría la atención de la seguridad en un instante, según su
compañero. Y a Danny le preocupaba que una confrontación directa con
Luc en los terrenos del hospital pudiera causar que los pacientes resultaran
heridos en el fuego cruzado. Así que Roman tenía que conformarse con
rodear el área alrededor del lugar, acechando en las sombras.
Sin embargo, así era el encantador compañero de Roman. El cuidar de los
demás a expensas de sí mismo, parecía estar profundamente arraigado en
su naturaleza.
Al igual que todas las inseguridades que le había confesado a Roman la
noche anterior.
Roman agitó la cabeza ante su propio olvido. Debería haberse dado cuenta
de todas las cicatrices que el pasado había dejado en su compañero.
Abandonado por su padre ante la muerte, su madre ante la enfermedad, su
hermano ante la negación. Necesitaba más garantías de las que Roman le
había estado dando, eso estaba claro. Sí, era posible que Roman le hubiese
mencionado al chico el tema de la eternidad. Pero, tal vez eso sonaba como
algo común, cuando no había sido específico en cuanto al significado de
“Para siempre”.
Roman tenía miedo.
Tenía miedo de mencionar la posibilidad de convertir a su pareja. Le
asustaba que la sola idea horrorizara a Danny, un hombre que parecía
valorar tanto la vida humana.
Y debajo de ese miedo estaba la duda paralizante. La idea de que Danny
podría cambiar y ambos descubrirían que el mito de los compañeros
predestinados estaba equivocado. Roman ni siquiera había creído en los
compañeros hasta que conoció a Danny, y él mismo nunca había conocido a
una pareja predestinada. ¿Y si había tenido razón todo este tiempo y su
compañero se despertaba con un demonio que no se calmaría en absoluto
ante la presencia de Roman?
Quizás Roman arruinaría la vida de Danny para siempre.
Su dulce compañero se volvería salvaje como Luc y estaría condenado a una
eternidad de violencia y miseria. O, tal vez, el vampiro Danny se daría
cuenta de que el mundo era suyo y que no necesitaba ni quería a Roman
después de todo.
Al pensarlo, sintió un dolor en el pecho.
Pero ¿cuál era la alternativa? ¿Permitir que su compañero envejeciera y
muriera, sentarse y observar cómo Danny decaía lentamente con cada día
que pasaba?
Sí, pensó Roman. Si se trataba de eso, se quedaría con Danny sin importar
qué, ya fuera vampiro o humano.
Danny era su pareja. Su persona. Y lo sería durante todo el tiempo que
tuvieran, ya fueran unos años o para la eternidad.
¿No lo había dejado lo suficientemente claro?
Era irónico que la única persona que quizás podría ayudar a Roman a
pensar en este dilema, la única persona que tenía experiencia en este
campo, era la misma persona que intentaba hacer que la vida de Roman
fuera miserable.
14
Amigo mío.
que dure tanto como la de ellos sin tensarse el uno con el otro, una vez
cada pocas décadas.
La tensión creció hasta que, finalmente, Luc se echó a reír. —Simplemente
no te agrada, Rome.
Roman se encogió de hombros. —Ella me agrada lo suficiente. Es porque
me agrada que creo que debería meterse en esto con los ojos bien abiertos,
Luc. Ella no es como yo. No está muriendo en algún campo de batalla. Si
la conviertes le estarás quitando su vida. Su vida humana.
—Estás mostrando tu autodesprecio otra vez, mon ami.
—No es autodesprecio, estoy siendo realista.
— ¿Y cuál es mi otra opción, Roman? —preguntó Luc, con los ojos
endurecidos. - ¿Una eternidad solo?
Una eternidad solo. Era el mayor miedo de Luc.
Roman se inclinó hacia adelante sobre la mesa, tomando la mano de su
amigo. —No estás solo, Lucien. Me tienes a mí. Siempre.
Roman sabía que eso no era suficiente. Luc quería una garantía, una
promesa predestinada de que no terminaría siendo una bestia sin mente,
enloquecido por culpa de la criatura dentro de él. La amistad ya no era
suficiente para él. Veía a Victoria como su salvación.
Luc dio un pequeño suspiro, mirando la mano de Roman encima de la
suya. —Por nosotros, entonces —Levantó su copa hacia Roman.
—Por nosotros —Roman tomó un sorbo, tratando de ignorar la
sensación de temor que se acumulaba en su estómago.
Luc no había dicho nada más sobre el tema esa noche, pero más adelante,
Roman supo que esa discusión había tenido un impacto. Había sido la
razón por la que Luc esperó tanto para tratar de convertir a Victoria.
Roman había pensado que Luc se estaba aferrando a un clavo ardiente. Su
amigo había sido un hombre más piadoso que Roman cuando era humano.
Luc le había dicho que había luchado en un principio con lo que eran, con
las cosas que anhelaban.
Durante la mayor parte del tiempo que Roman lo había conocido, lo había
escondido bien bajo una apariencia de libertinaje exuberante, pero Roman
sabía que debajo de todo eso, la conciencia de Luc todavía lo atormentaba.
Y luego habían conocido a Soren, quien les confesó la dura verdad: que
después de todo, no tenían una eternidad. Solo tenían el tiempo que
pudieran aferrarse a su humanidad, y quién sabía cuánto tiempo sería eso.
A menos, había dicho, que encontraran un alma que los anclara...
Victoria había parecido un salvavidas a un hombre que se estaba ahogando.
¿Roman era lo mismo que había sido Luc? Sujetándose con hilos delgados a
Danny.
No, gruñó su demonio.
Algo en lo profundo de Roman reconocía algo en lo profundo de Danny. Era
diferente a todo lo que había sentido antes, Roman sabía que era diferente.
Con cada fibra de su ser. Puede que no estuviera seguro de lo que vendría
después, pero sabía que Danny y él se pertenecían el uno al otro, y ese no
era un pensamiento que Roman hubiera esperado sentir por otra alma. No
cuando Roman ni siquiera estaba seguro de que le quedara un alma.
La cuestión era, que aún no estaba seguro de haberse equivocado acerca de
Luc y Victoria. Podría ser arrogante de su parte el asumir que su situación
era diferente, tal vez era un medio para aliviar su culpa interna, pero
Roman había estado allí cuando ella murió.
Sus pensamientos no habían girado hacia Luc. Habían sido de puro miedo.
Su miedo a la muerte, sí, pero más aún, miedo a volverse como ellos.
Roman había visto entonces por primera vez lo que ella realmente pensaba
acerca de ellos, debajo de la fascinación y atracción superficiales, y no había
sido nada bueno.
¿Y cómo alguien podría sentirse así por su compañero predestinado?
Porque por mucho que Roman pudiera temer la idea de que Danny no
quisiera convertirse, no temía lo que el chico sintiera acerca de lo que él
era. No había nada desprecio, ni disgusto escondidos debajo de la
superficie. Roman había visto la forma en que Danny había reaccionado
ante la compulsión de Roman hacia su madre, todo asombro y gratitud.
Danny lo veía, tanto en su lado humano como demoníaco, y le gustaba lo
que veía. Roman estaba seguro de ello.
Necesitaban tiempo para que su vínculo se fortaleciera, para poder
entenderse mejor el uno al otro, claro; pero ahí estaba, esa semilla que
representaba algo real y verdadero. Lo que necesitaban era un descanso del
drama y la distracción.
Necesitaban que Luc se fuera.
Habla del diablo, y él aparecerá.
Una voz familiar irrumpió en los pensamientos de Roman. — ¿Sigues aquí,
mon ami? Pensé que ya habrías huido de la ciudad. Debe ser que algo muy
especial te mantiene aquí.
Lucien.
Roman debería haber estado prestando más atención a su entorno, y no
perdiéndose en reminiscencias sin sentido. Ahora Luc estaba parado en la
entrada del callejón, bloqueando la salida de Roman. Se veía tan elegante
como siempre, si uno ignoraba los colmillos y los ojos negros.
Bueno, Roman había querido una confrontación. Y aquí estaba. —Ya sabes
por qué estoy aquí, Luc. ¿Qué hay de ti?
Luc dio otro paso dentro del callejón. —Oh, creo que ya lo sabes. Bonito
traje, por cierto. ¿Sigues tratando de convencerte a ti mismo y a todos los
demás de que eres una criatura civilizada?
Supuso que él no quería ir directo al grano. A Lucien siempre le había
gustado jugar con la comida. Roman se enderezó. —Tú fuiste quién me
enseñó que lucir respetable es la mitad de la lucha para evadir sospechas.
Luc se rio de eso. —¿Pero eludir las sospechas de quién? ¿De tu chico
humano? ¿Cree que eres un tipo de sombrero blanco con el desafortunado
hábito de beber sangre?
Al demonio de Roman no le gustaba que Luc mencionara a su pareja. —Él
sabe lo que soy.
—¿De verdad?
—De verdad.
Luc pareció captar el significado más profundo. Siempre había entendido a
Roman con facilidad, excepto en lo que respectaba al único incidente que
había destrozado sus vidas. Sus ojos negros se entrecerraron sobre él. —
¿Me estás diciendo que le has mostrado a tu pequeño novio tu lado
demoníaco? Debes ir muy enserio con él. ¿Es posible que Roman, el no
creyente, piense que en realidad ha encontrado a un compañero?
Román no dijo nada. Le estaba costando todo un esfuerzo el mantener a su
demonio dentro.
Luc continuó a pesar de todo. —¿No eres tú el que me dijo que esto era
todo? Nuestros demonios impulsados por la sangre, el sexo y la violencia,
¿Qué no había ni solución mágica, ni bálsamo calmante proporcionado por
humanos?
Para ser un monstruo semisalvaje, tenía buena memoria. —Solo estaba
diciendo lo que pensaba —defendió Roman—. Yo no sabía más que tú.
Estabas esperanzado; Fui cauteloso.
—Y ahora eres un verdadero creyente, ¿verdad? –Luc se burló.
—No podría decirte lo que creo, Luc –No quería decirle a Luc lo que
creía. No quería que su relación con Danny se viese envenenada por errores
del pasado.
Lucien se río entonces. No era la risa exuberante que Roman había
escuchado tantas veces en el pasado. Era un sonido áspero. Como de lija. —
Dudas de ti mismo, ¿no? Dudaste de mí, y ahora dudas de ti mismo.
Siempre tan consistente, Roman —Se acercó más—. ¿Tienes miedo de que
lo conviertas y sea solo otro monstruo? ¿Una decepción sádica al igual que
yo?
Roman se mantuvo firme. —Esto no es algo que sienta la necesidad de
discutir contigo, Luc. ¿Por qué estás aquí?
—¿Qué por qué estoy aquí? —Luc sonrió—. Pensé que ese era el trato
que hicimos. Tú y yo. Adonde tú vas, yo también. ¿Verdad, mon ami?
—Creo que ese trato se rompió cuando intentaste matarme, Lucien.
—Pss —Luc se burló—. ¿Qué es un pequeño desacuerdo entre amigos?
Me habías roto el corazón. Quería romper el tuyo a cambio. Simplemente lo
tomé un poco más... literal. Además, no he intentado matarte en décadas.
Más de medio siglo.
Eso era cierto. Aunque, Roman no lo había dejado acercarse lo suficiente
como para intentarlo.
Roman ya no estaba exactamente seguro de lo que Luc quería de él. El
objetivo de su viejo amigo en las últimas décadas parecía ser más que nada
el trata de molestar a Roman. Expulsarlo de un pueblo tras otro, ya sea solo
con su presencia o amontonando cuerpo y amenazando con romper la
tapadera de Roman.
¿Todo su objetivo era simplemente el recordarle los pecados pasados, la
locura futura?
Roman no podía correr ese riesgo. Porque si algo provocaba a Luc o rompía
el armisticio en el que se habían encontrado, eso sería el descubrir que
Roman había encontrado compañero. Lo mismo que Luc estaba tan seguro
de que Roman le había quitado.
La esperanza de Roman ahora mismo era que valía la pena tratar de
hablarlo. Que tal vez su antiguo amigo todavía podría salir a la superficie.
—Lucien —exhaló Roman—. Sobre Victoria… lo siento, ¿de acuerdo?
Traté de honrar lo que ella quería.
Aparentemente, Luc no se conmovió ante la mención del nombre de su
antiguo amor. —Veo que Soren se ha estado quedando por aquí —Anunció
en un brusco cambio de tema.
Román se encogió de hombros. —Sí. Viene de vez en cuando.
—Ah, pero no solo es eso —Dijo Luc—. Están viviendo juntos ahora,
¿No?
Eso respondía a la pregunta de si Luc había estado vigilando la casa de
Danny. Roman sintió que su sangre se aceleraba y que su demonio se
enfurecía ante la idea.
Necesitaban que Luc se fuera. Necesitaban a su compañero a salvo.
Roman se obligó a concentrarse. —Estamos juntos por ahora. No por
mucho tiempo. Él seguirá adelante muy pronto. Y tú deberías hacer lo
mismo.
Luc miró por encima del hombro. — ¿Es así, Soren? ¿Te mudarás pronto?
Roman se sobresaltó cuando su amigo rubio salió de las sombras al borde
del callejón. Primero había estado demasiado absorto en los recuerdos para
notar el acercamiento de Luc. Ahora estaba tan distraído por su
confrontación que ni siquiera se había dado cuenta de que Soren estaba
cerca.
Maldita sea.
Estaba siendo descuidado. Inexcusable.
Soren no dijo nada en respuesta al saludo de Luc. Simplemente se apoyó
contra la pared al final del callejón, introduciendo las manos en sus
bolsillos.
—Entonces, ¿Esto qué es? —Preguntó Lucien, brillantemente—.
¿Finalmente ustedes dos van a matarme? ¿Acabar conmigo por mi propio
bien? El justo de Roman y su pequeño compinche.
Roman decidió intentar hacerlo entrar en razón una vez más antes de que
estallara la violencia. —Victoria…
—¡A la mierda Victoria! —Luc rugió, con sus ojos negros destellando
y sus colmillos brillando—. Esto no se trata de Victoria. ¡Se suponía que
éramos nosotros dos! Después de todas tus promesas, todas tus
seguridades, me dejaste. Me abandonaste.
— ¡Intentaste matarme! —Protestó Román.
Luc le gruñó. — ¡Estaba enojado!
— ¿Y qué se suponía que debía de hacer? ¿Simplemente dejar que
acabaras con mi existencia?
Luc estaba tirando de su cabello con ambas manos, perdido en su propia
ira. –Se suponía que ibas a ayudarme.
La culpa familiar se apoderó de Roman. –¡No sabía cómo, Lucien! No sabía
qué hacer contigo. Por ti. Cómo llegar a ti. Sin… Sin perder mi propia vida
en el proceso. La primera vez pensé que era por culpa de tu dolor, luego lo
intentaste otra vez. Así que dime. Dime cómo puedo ayudarte.
Tan repentina como apareció, la ira de Lucien pareció evaporarse. Era
desconcertante la rapidez que hubo en el cambio. —Oh, es demasiado tarde
para eso —susurró.
Entonces sucedieron dos cosas a la vez.
Roman escuchó las sirenas de la policía, cada vez más fuertes.
Y comenzaron a sonar pasos en el callejón. Un transeúnte.
Más rápido de lo que incluso Roman, con sus sentidos agudizados, podía
procesar, Luc había cerrado la distancia entre él y el hombre que caminaba
por el callejón. Con los ojos negros fijos en Roman, Luc lo mordió,
vaciándolo con grandes tragos antes de arrojar el cuerpo hacia Soren y salir
disparado del callejón.
Luc se había ido en segundos, y Soren se quedó con el cuerpo drenado
mientras dos coches de policía bloqueaban la entrada, atrapando a Roman
y Soren en el interior.
Merde.
Catorce
Roman
Maldito Luc.
El auto estaba en silencio. Danny, quién normalmente era tan hablador, no
había dicho ni una sola palabra tras el saludo inicial de Roman cuando lo
recogió en el trabajo. Siempre intuitivo, parecía sentir que Roman
necesitaba pensar, y en cambio, le sostenía la mano libre con firmeza. El
contacto con su compañero calmaba la furia inquieta que el demonio de
Roman estaba agitando dentro de él, pero apenas…
Maldito Luc.
Aparentemente, la policía había recibido un aviso sobre algunos hombres
sospechosos que merodeaban por el hospital. Con los ataques recientes en
la ciudad, se habían tomado la pista en serio y aparecieron con toda su
fuerza.
Soren y Roman habían ejercido con éxito la compulsión sobre los oficiales
de policía, convenciéndolos de que el dúo era solamente un par de
transeúntes inocentes. Habían evitado ser interrogados e incluso evitaron
dar información de contacto para el seguimiento. Roman era consciente de
que, sin Soren, podría haber tenido más dificultades para hacerlo. No era
tan hábil en la compulsión como su amigo.
Luc no había matado al hombre después de todo. Un pequeño milagro.
Roman pensó que tal vez no había tenido tiempo de drenar completamente
al humano y a la vez hacer una salida limpia. Seguramente estaba siendo
cuidadoso de no enfrentarse a Roman y a Soren a la vez.
Una ambulancia había llegado poco después de los coches de policía para
llevarse al hombre inconsciente. Roman acababa de darse cuenta de que su
compañero podría haberlo visto cuando lo llevaban al hospital, incluso
podría haber tomado parte en los cuidados del individuo.
Miró al chico que estaba a su lado, cabello castaño despeinado y ojos
marrones cansados, aun así, se veía tan encantador como siempre y
consideró preguntarle al respecto, pero al final se quedó en silencio. Ese
hombre no era nada.
Pero Danny… Danny lo era todo.
Luc tenía que haber sabido que su pequeña trampa improvisada no los
retendría por mucho tiempo, probablemente solo había estado buscando
detenerlos para poder escapar. Lo que aún dejaba la pregunta de cuáles
serían sus grandes planes para ellos.
Roman estacionó el auto en el camino de entrada de Danny, soltando de
mala gana la mano de su compañero para salir del vehículo. Solo ese simple
acto de renunciar al contacto, hizo que su demonio volviera a enfurecerse.
Tan pronto como Danny estuvo fuera del auto, Roman se apresuró a tomar
su mano nuevamente y lo arrastró hacia la casa, todavía sin decir una
palabra. Sabía que estaba siendo un bruto, pero no le importaba realmente.
Su demonio estaba latiendo dentro de él. Con necesidad de tocar.
Necesidad de proteger. Necesidad de reclamar.
Nuestro. Nuestro. Nuestro.
Mientras tiraba de Danny hacia las escaleras, pasaron junto a Soren en la
cocina.
—Rome, tenemos que hablar.
—Ahora. No —Ladró Roman. Siguió adelante, empujando a su pareja
escaleras arriba e ignorando las protestas de Soren. Danny no discutió,
pareciendo por su parte contento de dejar que Roman fuera tan bestia
como necesitaba serlo.
En el dormitorio, empujó a Danny para que se sentara en el borde de la
cama. Se encontró caminando frente al chico, incapaz de quedarse quieto.
—Luc me hizo una visita —Se las arregló para soltar.
—Ya veo —La voz de Danny era tranquila, gentil.
—No sé cuál es su objetivo.
—No estoy seguro de que él tampoco lo sepa.
Eso hizo que Roman se detuviera. Hizo una pausa en su paseo. —¿Qué?
Danny se encogió de hombros. —Es solo la vibra que recibí de él cuando lo
vi. Parecía... curioso acerca de mí. Amenazante, claro. Pero no parecía que
tuviera un plan nefasto cociéndose. Parecía un poco... perdido, ¿Quizás?
—Eso no lo hace menos peligroso —espetó Roman, odiándose a sí
mismo mientras lo hacía. Mon Dieu. Había tratado de ser tan cuidadoso,
tan controlado con su humano, pero podía sentir como se estaba
desmoronando.
—No, claro que no —Danny estuvo de acuerdo. No comentó sobre el
tono de Roman, tampoco lo censuró por su comportamiento grosero.
Roman se movió con una velocidad inhumana hasta que estuvo a solo unos
centímetros de la cara de Danny. Su dulce compañero parpadeó, pero no se
inmutó.
¿El chico de verdad no le tenía miedo?
—Necesito… —Comenzó, pero no pudo terminar la oración. Sus
propias insuficiencias ocupaban un lugar destacado en su mente. No era un
amante humano amable, ni un novio dócil. Era un monstruo con apetitos
monstruosos.
No solo quería tocar a Danny. Quería consumirlo.
Danny se humedeció los labios con la lengua y Roman se encontró mirando
fijamente la boca del chico de una manera que sabía que era depredadora
pero la cual no podía evitar.
—Necesitas… —Danny lo presionó con la voz ronca.
—Yo… yo no sé si soy capaz de ser gentil en este momento, pequeño
rey. Te necesito. Necesito reclamarte —Observó con satisfacción cómo las
pupilas de Danny se dilataban y su respiración se aceleraba.
—Entonces reclámame —susurró Danny—. Te lo dije antes: no
necesito que seas gentil.
Ese fue todo el estímulo que Roman necesitó, todo lo que su demonio le
permitió esperar. Atacó la boca del chico con la suya, rasgando su ropa y
disfrutando el sonido de la tela del uniforme de Danny rompiéndose bajo
sus manos.
Su dulce compañero estaba haciendo pequeños gemidos en la boca de
Roman, sonidos que iban directamente hasta su polla. Las manos de Danny
tiraban de su ropa a su vez, sus movimientos coincidían con los de Roman
en ferocidad, si no en fuerza.
Su compañero olía tan malditamente delicioso. Con él desnudo, su olor a
leche y miel se intensificaba. Roman apartó la boca de los labios del chico,
sintiéndose incapaz de evitar lamer y chupar el suave cuello que tenía
delante, mientras que Danny terminaba de desabrocharle el cinturón.
Este cuello. Podía escuchar la sangre latiendo debajo de la piel de Danny,
una corriente de ambrosía esperando ser saboreada.
Pero no aún…
—Sobre tu estómago —gruñó Roman.
Danny obedeció inmediatamente, luchando por acostarse boca abajo en la
cama, y el demonio de Roman gruñó dentro de él con satisfacción por la
fácil sumisión de su compañero. Se quitó los pantalones el resto del camino
y comenzó a merodear sobre la cama, cubriendo el cuerpo del chico con el
suyo propio.
—Adorable, tan dulce —Besó la columna vertebral de Danny mientras
buscaba lubricante en el cajón de la mesita de noche. Su demonio le estaba
rugiendo ahora: toma, reclama, posee, pero Roman se aferró a una pizca de
su cordura, recordándose que no quería lastimar a su chico.
O al menos, no quería lastimarlo demasiado.
Unos pocos moretones solo servirían para realzar la belleza de toda esa piel
pálida y cremosa. Él y su demonio podrían estar de acuerdo en eso.
Roman abrió a Danny con dedos ásperos e impacientes, regalando
mordidas a lo largo de la parte superior de su cuerpo, sintiéndose
profundamente satisfecho con las marcas que estaba dejando a su paso.
Danny se retorcía y gemía debajo de él. —Mierda. Oh, mierda Por favor,
Roman. Fóllame.
Su compañero tenía una boca tan sucia cuando estaba excitado.
Cuando Roman presionó la punta roma de su polla contra el agujero de
Danny, su pareja se arqueó debajo de él. "Sí. Sí. Por favor, Román”.
Oh, cómo amaba cuando su pequeño rey rogaba por él.
Roman se empujó dentro con un suave deslizamiento. No se detuvo, no le
dio tiempo al chico para adaptarse. Sabía que estaba yendo más rápido de
lo que debería, pero su compañero solo gemía de satisfacción, levantando
su trasero para encontrarse con él con cada embate.
Su chico perfecto. Su compañero perfecto.
—Eres mío —gruñó, tan salvaje como se sentía.
Danny asintió frenéticamente debajo de él, jadeando. —Tuyo.
—Nadie más puede tenerte. Nadie más puede tomarte. Eres mío.
Danny gimió contra la almohada.
—Dilo —instó Roman, haciendo una pausa a media embestida. Danny
gimió en protesta, pero él se mantuvo quieto. Necesitaba escuchar las
palabras.
—Joder, Roman. Sí. Sólo tú. Nadie más —Danny golpeó el colchón
con la mano—. Ahora fóllame. Por favor.
Roman obedeció, moviendo sus caderas con abandono, asegurándose de
dar en el único lugar garantizado que podría volver loco a su chico.
De alguna manera seguía sin ser suficiente.
— ¡Muerde! —Danny gritó, su voz sin aliento, pero urgente—.
Muérdeme.
Sí.
Roman descendió sus colmillos y le mordió el cuello, inmediatamente su
boca se llenó con el cálido y dulce néctar de los dioses.
Mierda. Nada en esta tierra sabía tan dulce como la sangre de su pareja.
Danny gritó ante la mordedura, pulsando alrededor de su polla mientras se
vaciaba sobre la cama. —Córrete, Roman —Rogó—. Córrete dentro de mí.
Por favor.
Jesús. Roman se sentía impotente contra la orden de su compañero, su
visión se desvaneció mientras sus caderas temblaban, bombeando su
semilla dentro del chico.
Ahora cada uno tenía la esencia del otro dentro de ellos. Su demonio estaba
ronroneando ante esa idea.
Bajando desde lo alto de su liberación, Roman lamió perezosamente la
marca de la mordedura en el cuello de Danny y se encontró deseando no
tener que curarla. Deseando poder dejar una marca permanente en la piel
lechosa de su pareja. Una señal de su vínculo. Un signo de propiedad.
Joder, era un total salvaje.
Algo en Roman se estaba rompiendo con las turbias amenazas de Luc en el
horizonte. Su barniz de humanidad se estaba resquebrajando, y Danny iba
a estar en la línea de fuego cuando su monstruo surgiera.
En lugar de disculparse, se encontró gruñendo otra promesa. —Nada te va a
separar de mí.
—Mmm —Los hermosos ojos marrones de Danny apenas estaban
abiertos, su pareja ya se estaba quedando dormida. Él siempre estaba así
después de trabajar toda la noche, apenas consciente para meterse en la
cama. Eso solo hacía que la pasión con la que se apareaba con Roman fura
mucho más notable.
¿Cómo es que Roman había encontrado una pareja tan perfecta? ¿Cómo se
las arreglaría si le quitaban a Danny?
No podía soportar ese miedo, esa vulnerabilidad. Cuidar de Danny era
como tener su corazón dando vueltas fuera de su cuerpo, desprotegido,
mortal, frágil.
Roman necesitaba convertirlo. Y pronto. El cuerpo humano era
simplemente un recipiente inadecuado para albergar el alma más
importante del mundo de Roman.
Aun así, su inquietud se calmó momentáneamente. El acto de reclamar al
chico había aliviado algo dentro de él, aunque solo fuera por un momento.
Se encontró con que la opresión en su pecho se estaba aflojando por
primera vez desde su encuentro con Luc.
Roman se acomodó para ver dormir a su preciosa pareja.
Si iba a ser un salvaje, de una vez podría ser uno loco.
Solo habían sido unas pocas horas de paz cuando sonó el teléfono de
Roman, rompiendo el silencio. Se apresuró a cogerlo donde había
terminado en el suelo del dormitorio antes de que pudiera sonar por
segunda vez y despertar a su pareja.
Soren.
—¿Sí? —Roman susurró su saludo, sabiendo que su amigo lo
escucharía a pesar de todo.
—Necesito que vengas al hospital —La voz de Soren era aguda, sin
ninguno de sus habituales tonos burlones.
—¿Para qué? ¿Qué estás haciendo en un hospital humano?
—Atacaron a Gabe.
Merde. Los ojos de Roman se lanzaron reflexivamente a la figura dormida
de Danny. —¿Qué tan malo es?
—Está bien. Relativamente hablando. Tenía un mordisco y algunas
heridas superficiales que pude curar. Pero tuve que llevarlo a la sala de
emergencias por un brazo roto.
Eso no es bueno. No es bueno en lo absoluto. —¿Estás con él ahora mismo?
Soren resopló al teléfono. —Él no me dejó quedarme en la habitación.
Siguió llamándome monstruo, me echó. Estoy afuera de la entrada de
emergencia del hospital.
—¿Qué fue lo que hiciste? —Lo acusó Roman, vistiéndose tan rápido
como sus habilidades se lo permitían. Danny seguía sin moverse.
— ¡Yo no le hice nada! —Soren parecía ofendido—. Fui yo quién curé
al idiota. Pero Luc no fue precisamente sutil cuando lo atacó, y el hecho de
que lamiera sus heridas para cerrarlas podría haber planteado algunas
preguntas adicionales sobre mi propia condición menos que humana. Lo
mantuve lo suficientemente calmado en la escena con un poco de
compulsión, pero cualquier medicamento para el dolor que le dieron en la
sala de emergencias lo arruinó todo, y fue entonces cuando comenzó a
entrar en pánico y a gritarme que me fuera.
Roman sacudió suavemente a Danny para despertarlo mientras escuchaba
el vómito de frases de Soren. Era inusual que su amigo se pusiera tan
nervioso. Danny parpadeó hacia él con confusión soñolienta. —Hirieron a
Gabriel —susurró gentilmente—. Está bien, pero está en el hospital.
Necesito que te vistas.
Observó cómo la sangre se drenaba de la cara de su pareja, pero Danny solo
asintió, moviéndose para agarrar su propia ropa del suelo. Lo miró por el
tiempo suficiente como para asegurarse de que Danny se mantenía firme
sobre sus pies antes de salir de la habitación al pasillo y cerrar la puerta
detrás de él.
Volvió su atención al teléfono. —¿Cómo es que estabas ahí? ¿Pensé que le
habías perdido el rastro a Luc?
Hubo una larga pausa en el otro extremo. Y luego: —Lo encontré de nuevo.
Mentía. Su amigo le estaba mintiendo, aunque Roman no estaba seguro de
por qué razón.
—Estaremos allí en cinco minutos —espetó.
—Sabes que esto podría ser una trampa para atraer a Danny.
—Podría ser —Definitivamente era una posibilidad—. Pero ya me
imagino la respuesta si le digo a Danny que no puede ir a ver a su hermano
herido, y creo que no sería una agradable.
—Estás jodido.
—No sé qué significa eso.
Hubo una pequeña risa renuente al otro lado de la línea.
—Además —continuó Roman—. Danny trabaja regularmente en el
hospital a pesar de mis protestas. Luc no necesita herir a su hermano para
atraerlo a ese lugar.
Soren no parecía convencido. —Me quedaré de todos modos. Puedo
advertirte si Luc está cerca.
—Estoy en deuda contigo, mon ami.
—Ugh, deja de ser tan dramático. No me debes nada. Sólo ven.
Roman colgó, aliviado de escuchar que la voz de su amigo sonaba un poco
más normal.
El viaje al hospital fue un espejo de su viaje anterior a casa: tenso y
silencioso, excepto por algunas preguntas que Danny hizo sobre la
condición de Gabe. Apretó la mandíbula al escuchar sobre el brazo roto,
pero no dijo nada más al respecto.
Roman no estaba seguro si debería sentirse agradecido por el silencio o
preocupado.
Vieron a Soren afuera de las puertas del hospital caminando de un lado a
otro de una manera que a Roman le recordó a él mismo en horas de la
mañana.
—Un momento, mi dulce —Roman tiró de la mano de Danny para
intentar detener la entrada del chico al hospital.
—Necesito verlo, Roman —Los ojos de Danny estaban secos, pero su
voz se quebró ante las palabras. Estaba claramente angustiado al pensar en
que su hermano había sido herido.
Román vaciló. Se resistía a perder de vista a su compañero, pero confiaba
en que Soren habría estado pendiente de la presencia de Luc en el hospital,
y que no estarían por mucho tiempo fuera. Tenía preguntas para Soren. Y...
tal vez era mejor que Danny no escuchara ningún detalle espantoso del
ataque de Gabe.
—Está bien. Estaré justo detrás de ti —Asintió Roman, soltándole la
mano.
Danny asintió hacia él y luego hacia Soren a modo de saludo antes de darles
la espalda a ambos y entrar corriendo al hospital.
Roman se volvió hacia su amigo. —¿Ninguna señal de él?
—No —Soren tenía un aspecto terrible. Su cabello dorado, por lo
general perfectamente peinado, estaba erizado en todas las direcciones
como si hubiera estado pasándose las manos por él. Su ridículo abrigo de
piel tenía salpicaduras de sangre en el cuello. Obligándose a quedarse
quieto para su conversación con Roman, ahora se mordía las uñas, un tic
nervioso que Roman solo le había visto permitirse en unas pocas ocasiones
durante décadas.
—Salió a desayunar con una mujer. Una clase de brunch después de
su última aventura desvergonzada en un bar, supongo —Soren desvió la
mirada mientras lo decía, con una naturalidad tan estudiada que casi le
quitó dureza a sus palabras. Casi—. Estaba dejando a la dama en su auto
cuando Luc lo atacó. En pleno día. Jodidamente audaz.
Roman ignoró los comentarios sobre la vida amorosa de Gabe, sin tener
idea de qué decir a esos comentarios tan fuera de lugar. —¿Y siguiendo el
rastro de Luc, llegaste allí?
Nuevamente había vacilación en su voz. —Sí.
—Soren, mírame.
Soren miró a Roman a los ojos, con una sonrisa forzada en el rostro. —¿Sí,
Roman?
—¿Estabas siguiendo a Gabe esta noche? ¿Has estado siguiendo a
Gabe?
Soren no dijo nada. Esa fue respuesta suficiente.
—Joder —Roman juró. Merde—. Te dije que lo dejaras en paz.
Soren resopló. —Mi presencia allí probablemente fue lo que le salvó la vida.
—Tu presencia allí podría ser la razón por la que Luc lo atacó en
primer lugar. Llamaste la atención sobre él.
Los ojos de Soren se entrecerraron. —Creo que Gabe, siendo el hermano de
tu presunto compañero, es lo que llamó la atención de Luc, cretino —siseó—
. ¡No puedes jugar a las casitas con tu pequeño humano, ignorando el hecho
de que un psicópata inmortal está obsesionado contigo y tu vida amorosa, y
no esperas que él y todos los que lo rodean estén en peligro!
—No lo estoy ignorando. No pensé que Gabe sería un objetivo. No sé
por qué no pensé eso —Había sido descuidado, demasiado centrado en
Danny y no en las personas que le importaban a su pareja, a esas a quienes
Luc vería como puntos débiles.
—Porque no estás pensando —Lo acusó Soren—. Estar enamorado te
ha vuelto estúpido. Hace que todos sean tan jodidamente estúpidos —
Sonaba tan verdaderamente miserable, tan derrotado, que la ira incipiente
que sentía hacia su amigo, se desinfló en un instante.
Suspiró, mirando a Soren más de cerca. —¿Te lastimaste? Luchando contra
Luc.
—¿Qué luchando? —Soren resopló amargamente—. No tuve tiempo.
Yo estaba... vigilando, supongo que se podría decirse, tratando de mantener
mi distancia del humano, y luego, de repente, Luc estaba allí. Mordiéndolo.
Destrozando. Rompiendo —La voz de Soren se quebró un poco con la
última palabra. Se aclaró la garganta—. Y luego se fue tan repentinamente.
Como un maldito huracán de destrucción. Podría haberlo matado si
hubiera querido. Le podría haber roto el cuello en un instante. Solo está
jugando con nosotros. Esto tiene que parar, Rome.
—Y crees que matarlo es la única manera —No era una pregunta.
Soren había dejado en claro sus sentimientos sobre el asunto.
—¿Los lazos de amistad entre ustedes eran realmente tan fuertes que
sigues resistiéndote, incluso después de todo lo que ha hecho? —Soren
parecía más curioso que enojado.
No sabía cómo responder a eso. ¿Lo eran? No sentía que le quedara amor
por Luc. Habían pasado demasiadas cosas entre ellos desde sus días como
hermanos. Pero Luc había estado allí, de una forma u otra, desde el
momento de la transformación de Roman. Era una parte de Roman, le
gustara o no, y tallar esa parte sería una cosa dolorosa.
—No me gusta matar —Fue lo que aterrizó en Roman. Sonaba débil,
incluso para él.
Soren bufó. —Eres un vampiro. Todos somos fanáticos de matar.
Román negó con la cabeza. —Sabes que eso no es cierto. Estás siendo
deliberadamente obtuso. Me gusta la violencia, admitiré eso. La sangre, el
miedo, la rabia, como cualquier otro demonio de nuestra especie. Pero
nunca me ha gustado mucho matar. Es un desperdicio. La vida es preciosa.
—Si me lo preguntas, depende de la vida de quién estés hablando.
Roman se encogió de hombros, pero no discutió. Tal vez Soren tenía razón.
Él protegería la vida de Danny a costa de la suya sin dudarlo, pero en
realidad no había otra persona de la que pudiera decir lo mismo, excepto
quizás el mismo Soren.
Él no poseía el mismo amor que tenía su pareja por toda la humanidad, esa
necesidad de sanar y proteger a todos los que lo rodeaban.
Los pensamientos de Soren estaban en otro punto. — Ahora tendrás
problemas con ese.
Roman alzó una ceja. —¿Con Gabriel?
—Si fuera un siglo diferente ya tendría una antorcha en una mano y
una horca en la otra. Cree que somos monstruos. Parece que no todo el
mundo es tan comprensivo como tu pequeño amante humano.
—Fue atacado, Soren. Él está en estado de shock. Danny hablará con
él.
—¿Eso crees? —Soren tenía la cabeza gacha y estaba rozando su
zapato contra la acera. Se veía tan... joven. No lo era, era mucho mayor
incluso que Roman, pero había una vulnerabilidad allí que aún no había
perdido después de siglos de vida. Roman se preguntó, no por primera vez,
qué era lo que hacía que Soren corriera de un lugar a otro. Se cuestionaba si
su amigo alguna vez se lo diría.
Estaba tan lleno de secretos, el pequeño amigo de Roman.
—Gabe no te odiará para siempre, Soren.
Soren dejó de moverse y fulminó a Roman con la mirada. —Lo hará si
dejamos que maten a su hermano pequeño.
Nunca. —Ni siquiera bromees con eso.
—No estoy bromeando. Piensa en un plan, Roman. Ya para de dejar
que Luc tome todas las decisiones o una de esas decisiones terminará por
golpear a Danny.
No había forma de que Roman permitiera que eso sucediera.
Pero sus opciones se estaban reduciendo, y parecía que cualquier camino
que tomara terminaría por arrancar un pedazo de su corazón.
Quince
Danny
Roman toqueteó las sábanas de la cama del hotel e hizo una mueca: la
cantidad de hilos definitivamente no estaba a la altura de sus estándares
habituales. Pero había sido lo mejor que pudo encontrar en este pequeño
pueblo, y de todos modos no planeaba quedarse mucho tiempo.
Roman había estado esperando en esta especie de choza, a solo unas pocas
horas en automóvil de Hyde Park, no lo suficientemente lejos para su
propio gusto, y necesitaba la confirmación de Soren de que Luc lo estaba
siguiendo de verdad antes de que pudiera poner kilómetros reales entre él y
su compañero. Su compañero que se había visto tan increíblemente
hermoso durmiendo, que Roman apenas había encontrado la fuerza dentro
de sí mismo para dejar la cama, y mucho menos la ciudad.
Su compañero que debería haber estado en esta cama con Roman ahora
mismo, gimiendo mientras montaba la polla de Roman. No a horas de
distancia y fuera de su alcance.
Acababa de recibir el mensaje de texto de Soren, y estaba luchando con su
demonio, tratando de resistir el impulso de regresar por donde habían
venido. El demonio de Roman nunca fue un fanático de la planificación a
largo plazo por encima de la gratificación a corto plazo, especialmente
ahora mismo, tratándose de su compañero.
El teléfono de Roman sonó y lo contestó en un instante después de
confirmar rápidamente que era la llamada que tanto temía y anhelaba. —
¿Pequeño rey?
Roman había esperado en parte a que Soren pudiera entretener a Danny un
poco más, encubrir la ausencia de Roman, pero tal vez Danny había estado
sintiendo el tirón de la separación de la misma forma que Roman. Era
como un dolor en el pecho del que no parecía poder deshacerse.
—¡¿Te fuiste?! ¿Sin siquiera decírmelo? —La voz de Danny al otro
lado del teléfono sonaba tan enfadada y herida como se lo había imaginado.
La culpa se apoderó de él.
—Lo siento, encanto. Pensé que sería mejor así. De lo contrario, no
estaba seguro de poder seguir adelante —Su demonio ya estaba haciendo
que fuera un infierno el irse, gruñendo sus protestas y arrojándose contra
los barrotes de su jaula interna, tratando de tomar el control. Mal, mal,
mal. Se volvía más inquieto cuanto más se alejaba del lado de Danny.
—¿De verdad pensaste que irte sin previo aviso era lo mejor?
—Sabes que esto no significa que te he dejado. No realmente. No para
siempre —Oh, Dios, ¿Danny lo sabría?—. Dime que lo sabes.
—No, no lo sé —La voz de Danny había bajado de gritar a apenas
audible, pero el dolor permanecía. Esto no funcionaría. Roman necesitaba
que su compañero lo entendiera.
—Tenías razón, Danny. Sobre Luc. Sobre mi necesidad de tratar con
él. Y nunca me perdonaría si te lastimaras en el proceso. Necesitaba estar
lejos de ti para hacer cualquier tipo de movimiento.
—¿Cómo sabes que él te seguirá?
—Ya lo ha hecho. Hice que Soren se asegurara de ello mientras tú
trabajabas. Luc ha dejado Hyde Park.
—Pero… pero, ¿qué harás con él?
—Habla con él, para empezar. Solo él y yo. He estado huyendo de él
durante demasiado tiempo. Tal como habías dicho, pequeño rey.
Danny gimió exasperado. —Estaba borracho y escupiendo ideas. No pensé
que te irías al día siguiente. ¿Qué pasa si hablar no funciona?
Era la misma preocupación que tenía Roman, pero no quería centrarse en
un posible fracaso. —Entonces haré que Soren se una a mí e intentaremos
matarlo.
—Podrías lastimarte.
A Roman le dolía el pecho ante la preocupación en la voz de su pareja. —
Puede que sí. Pero mi cuerpo es capaz de manejar bastante, el tuyo no.
—Qué manera de restregármelo en la cara —Se quejó Danny.
Román se rio. —Hay muchas cosas que amo de tu cuerpo, dulce
compañero. Su fragilidad no es una de ellas.
—Si hubiera sabido que te ibas, habría… —La voz de Danny se apagó.
— ¿Qué hubieras hecho, mon amour?
Danny hizo un ruido estrangulado. —Quiero decir, podrías lastimarte
mucho, ¿sabes? ¿Qué pasa si Luc te lastima o... o algo peor? Y nunca tuve la
oportunidad de decirte— Ugh, realmente voy a tener que decirlo por
teléfono, ¿no?
— ¿Decir qué cosa, pequeño rey?
—¡Te amo! ¿De acuerdo? —Danny estaba gritando—. ¡Te amo a ti y a
tu tonta cara de vampiro! y realmente pensé que podría decírtelo en
persona.
Roman quería reírse. Quería llorar. Quería hacer un millón de cosas,
ninguna de las cuales podía hacer con su pareja a kilómetros de distancia y
fuera de su alcance. —Me lo dirás en persona. Muy pronto. Esto no es un
adiós.
—No me gusta esto.
—A mí tampoco. Ni yo ni mi demonio tenemos ningún interés en
estar lejos del lado de la persona que amamos.
—¿Tú me amas también? —La vacilación en la voz de Danny fue como
un cuchillo en el pecho de Roman.
—Por supuesto que sí. Mi dulce, encantador y desinteresado pequeño
rey. No podría pedirle al destino una mejor pareja. Me haces sentir
verdaderamente afortunado, por primera vez en no sé cuánto tiempo.
Hubo algunos sollozos al otro lado de la línea. —De acuerdo. Eso es… eso
es… realmente agradable de escuchar. Desearía poder besarte por decirme
cosas tan lindas.
—Ojalá pudiera hacer algo más que besarte, encantador compañero —
El pequeño tirón en el aliento de Danny ante las palabras de Roman hizo
que su polla se endureciera.
—¿Qué me harías? —La voz de Danny sonó ronca.
—Ew —Roman suspiró cuando la voz de Soren interrumpió de
fondo—. Está prohibida la charla sucia a menos de treinta metros de mi
persona, por favor.
Danny soltó una risita, y fue uno de los sonidos más dulces que Roman
había escuchado jamás. —Oops. Lo siento, me dejé llevar. Soren me está
llevando a casa ahora mismo. No quería esperar hasta que estuviéramos en
casa para hablar contigo.
—Me alegro de que hayas llamado. Es bueno escuchar tu voz.
Lamento haberme ido de esta manera, pero necesito manejar mi pasado
para poder concentrarme adecuadamente en mi futuro. En ti. Quiero ser el
tipo de hombre que merece tu vida para siempre.
—Tú ya eres ese hombre.
Roman no lo era, pero le reconfortó el corazón que Danny pensara eso.
—¿En dónde estás? —preguntó Danny.
—No lo suficientemente lejos. He estado tratando de asegurarme de
que Luc pueda seguirme, así que me muevo más lento de lo habitual. No
estoy acostumbrado a quererlo pegado a mí.
—Por favor, ten cuidado —Dijo Danny—. Sé muy, muy cuidadoso. Te
acabo de recibir en mi vida. No estoy dispuesto a perderte.
Roman sonrió. Su dulce y encantadora pareja... —Si hubiera sabido que
todo lo que necesitaba era irme de la ciudad para obtener estas
declaraciones de ti, podría haberlo hecho antes, encanto.
—Vuelve a mí de una pieza y te daré todas las declaraciones que
quieras. En realidad, espera —La voz de Danny volvió a tomar un tono
indignado—. Todavía estoy enojado contigo por irte sin decírmelo. ¿Lo
estoy? Creo que lo estoy. Tengo problemas de abandono, ¿sabías?
Roman no pudo evitar reírse. —¿Qué tal si cuando regrese, te dejo gritarme
todo lo que quieras? Entonces te doy tantos orgasmos como tu cuerpo
pueda soportar. Y luego vendrán las declaraciones.
Silencio, luego el sonido de Danny aclarándose la garganta. —Eso podría
funcionar.
¿Su pequeño compañero estaba excitado? Roman quería explorar esto más
a fondo, nunca había probado el sexo telefónico, pero ahora no era el
momento. —¿Puedes poner a Soren en el teléfono? —Solicitó.
—Está bien. Seguirás respondiendo mis llamadas, ¿verdad? ¿Para
asegurarme que no te soñé?
—Siempre —prometió Roman.
—Te amo, ¿sabes?
—Yo también te amo, Daniel Kingman.
Hubo un ruido de algo arrastrándose, y luego la brillante voz de Soren
apareció en la línea. —¿Vas a confesar tu amor eterno por mí también?
—Tal vez en otro momento. ¿Todo está bien por allá?
—Todo está genial. Seguí a Luc unas horas fuera de la ciudad
mientras Danny estaba trabajando. Definitivamente te está siguiendo.
—Me refiero a Danny. Parece que... ¿está bien?
—Jesús, ¿qué soy, su niñera?
—Soren… —Lo reprendió Roman.
—Parece que está bien. Definitivamente estaba enojado porque te
fuiste. Tenías razón, pero hablar contigo parece haberlo calmado.
—Estoy justo aquí —interrumpió Danny. Roman prácticamente podía
escuchar su puchero por teléfono. Adorable.
—Recogerá a su hermano en unas horas —continuó Soren como si no
hubiera escuchado a Danny en lo absoluto—. Ahora que Luc está fuera de la
ciudad, lo traerá para que se quede en Chez Danny15 por un tiempo.
—Danny debe estar complacido —Roman estaba contento de que su
compañero tuviera a su hermano allí para hacerle compañía mientras él
estaba ausente, incluso si Roman seguía sin perdonar al hombre por no
cuidar adecuadamente de Danny a lo largo de los años.
—Claro —dijo Soren ligeramente—. Aunque no estoy seguro de por
qué alguien estaría contento de tener a esa roca aburrida. Podría haber
descubierto como funcionar con un solo brazo por su cuenta.
Roman pudo escuchar a Danny protestar nuevamente en el fondo,
defendiendo a su hermano. —La familia es importante para Danny. Y ahora
no tendrás que desviarte de tu camino para asechar a Gabe.
—Ya no lo asecho —La respuesta de Soren fue indignada—. Solo
pensé, por un minuto, que podría ser medio interesante. Pero estaba
equivocado. Es heterosexual y aburrido como la suciedad.
Roman tenía la sensación de que era la parte "heterosexual" lo que
realmente molestaba a Soren, sin embargo, lo dejó pasar. Ya tenía
suficiente drama por su cuenta sin meterse en el de su amigo.
—¿Podrías cuidarlos por mí? —preguntó Roman, odiando tener que
pedirle a alguien más que cuidara a su pareja por él.
—Lo haré. Aunque preferiría estar pateándole el trasero de Luc en
lugar de andar de niñera. ¿Me llamarás si necesitas refuerzos?
—Lo haré.
— ¿Quieres que le dé un beso de despedida a tu compañero? —
bromeó Soren.
15
La casa de Danny.
Con la voz más uniforme y agradable que pudo reunir, Roman respondió: —
Tócalo y te arrancaré el corazón del pecho, mon ami.
—Anotado, bestia —Soren resopló.
—Pon a mi compañero de nuevo en el teléfono.
Roman y Danny se despidieron entonces, en términos que Soren dijo era
“demasiado blando”. Dos veces. Roman estaba reacio a dejar ir al chico,
pero necesitaba seguir moviéndose.
Miró el último mensaje de texto que le había enviado a Luc.
Me querías, ven a buscarme. Vamos a discutirlo, viejo amigo.
Roman solo podía esperar que no lo mataran en el proceso.
— ¿Estás bien?
Roman parpadeó lentamente y la silueta de la cabeza de un hombre contra
un cielo brillante se enfocó. Roman sacudió su brazo, el que no se sentía
como si estuviera en llamas, y el grito resultante del hombre se vio cortado
cuando le apretó el cuello con firmeza.
Mantuvo al hombre allí en su línea de visión, pero Roman tardó un minuto
en distinguir los detalles. Era un rostro joven cabello rojizo Ojos
aterrorizados.
No era Luc.
Merde. ¿Cuánto tiempo había estado inconsciente?
—Necesito tu teléfono —La voz de Roman salió ronca. No es de
extrañar después de un cuello roto.
El hombre gimió, con los ojos muy abiertos.
—Dame tu teléfono —repitió Roman. Puso el peso de la compulsión
detrás de sus palabras esta vez y observó desapasionadamente mientras el
hombre sacaba un teléfono de su bolsillo trasero y se lo entregaba. Mantuvo
la mano firmemente rodeándole el cuello durante todo el tiempo.
—Quédate ahí —Le ordenó, liberando al hombre de su agarre para
poder marcar. Primero probó con el número de Danny. Sin respuesta.
Merde.
Roman mantuvo su mensaje breve. —Danny. Quédate con Soren. Los dos
huyan si pueden. Luc va para allá.
A continuación, marcó el número de Soren, maldijo de nuevo frustrado y
dejó otro mensaje, breve y directo. No tenía tiempo para nada más.
Necesitaba ponerse en movimiento.
Roman estiró su cuello con cuidado, tierno pero bien por todo lo demás.
Podía decir que su brazo todavía se estaba volviendo a unir, pero eso
tomaría más tiempo, había sido una rotura más complicada. Se sintió
aliviado de ver que su coche, al menos, todavía estaba detrás de él.
Maldito Luc. Era un vampiro muerto y errante.
—Me llevo esto conmigo —Roman levantó el teléfono hacia el hombre
estupefacto.
En cuestión de minutos, estaba de vuelta en la carretera, dirigiéndose hacia
Danny tan rápido como podía llevar con inútil trozo de metal.
Había sido tan estúpido. Pensar que a Luc le importaba más su amistad
rota que su obsesión por los compañeros destinados. Luc había sido un
hombre poseído desde el principio, desde el mismo momento en que
escuchó acerca de su existencia, incluso mucho antes de conocer a Victoria.
Roman y Luc no supieron hasta que conocieron a Soren (más de un siglo
después de que Roman fuera convertido) lo malo que había sido el creador
de Luc al dejarlo de esa forma. Habían estado aislados, con Luc siendo solo
un bebé vampiro. No sabían casi nada sobre otros vampiros, sobre ellos
mismos. Habían pensado que realmente tenían un para siempre.
Fue Soren quien les había dicho sobre la eventual erosión de su humanidad,
y había sido una revelación horrible para ambos. Que no serían capaces,
después de todo, de sobrevivir a la muerte y cualquier repercusión. Estarían
condenados, tal como Luc había temido.
Pero entonces Soren les había hablado de los compañeros predestinados,
de atar su humanidad y conectar a la tierra a sus demonios con una
conexión hacia otra alma.
Vida eterna. Amor eterno.
Roman se había mostrado escéptico, pero Lucien se había mostrado
esperanzado.
Tan esperanzado.
Alguien que lo mantuviera cuerdo, alguien que evitaría su condenación.
Alguien que no se iría.
Y luego esas esperanzas se habían hecho añicos cuando Victoria había
muerto, dejándolo sin compañera y con su vínculo como hermanos roto.
Fue desgarrador, pero Roman no podía sentir lástima por su amigo cuando
ahora mismo, el psicópata quería usar a Danny como un maldito sujeto de
prueba.
Roman tenía que llegar a tiempo. Perder a Danny no era una opción que
aceptaría.
Por primera vez desde que su familia lo rechazó como a un monstruo,
Roman rezó.
Diecinueve
Danny
Roman miró el termómetro para dulces que sobresalía de la olla frente a él.
Unos minutos más y estaría listo.
Podía oír el estómago de Danny gruñendo desde el otro lado de la cocina.
Roman ni siquiera sabía que los estómagos de los vampiros podían gruñir,
pero supuso que nunca había visto a un vampiro pasar hambre durante el
tiempo suficiente como para averiguarlo. El autocontrol no era
normalmente su punto más fuerte.
Tal como estaban las cosas, fue necesario sacar a Danny a la fuerza de la
cama una vez que Roman se dio cuenta de que las sombras debajo de los
ojos de su compañero (aquellas de las que afortunadamente se había
deshecho) estaban reapareciendo.
Resultaba que, mientras que un vampiro recién convertido con una pareja
podía tener mucho más control sobre su sed de sangre, eran pequeñas
criaturas insaciables cuando se trataba de lujuria de verdad. Ya habían
tenido sexo dos veces más después de que Danny lo reclamara por primera
vez, y Danny estaba listo para otra ronda. Pero el chico necesitaba sustento.
Era increíble que Danny hubiera pasado tantas horas sin beber sangre.
Cualquier tipo de sangre humana, en general. Roman reprimió una sonrisa
al recordar a su pequeño y feroz compañero bebiendo de su cuello mientras
lo montaba. Después había afirmado que Roman sabía como “el mejor
dulce del mundo, espolvoreado con crack por encima, o una cosa así”.
Roman pensaba que la descripción pretendía ser halagadora, aunque un
poco inquietante. ¿Los dulces espolvoreados con crack podían considerarse
como algo bueno?
—¿Por qué pones esa cara? —preguntó Danny, mirándolo desde el
mostrador de la cocina mientras que calentaban la sangre sobre la estufa.
Roman le había pedido a Soren que tomara algunas bolsas de sangre del
hospital, para consternación de Danny.
—Esos son para pacientes, Roman —Había jadeado indignado.
En verdad, su pequeño rey era demasiado dulce para este mundo.
Pero el compañero de Roman estaba por encima de todos los demás.
Necesitaba sangre, y Roman se la daría. Había convencido a Danny con el
argumento de que era mejor eso a que se excediera en su primera comida y
accidentalmente matara a alguien.
Normalmente, un nuevo vampiro ni siquiera estaba lo suficientemente
controlado para beber de bolsas de sangre (necesitaban la agresividad de
una cacería), pero Danny estaba sentado más o menos pacientemente,
esperando su “comida para llevar”-como él la había llamado-, una vez que
accedió a la idea de un pequeño robo al hospital.
Roman tarareó para sí mismo mientras se movía, sin molestarse en
responder la pregunta de su compañero. No quería sacar el tema de la
mordida por temor a que cualquier mención de actividad sexual, llevara a
Danny a saltar nuevamente sobre Roman antes de que pudiera hacer que
bebiera su sangre.
Aunque, supuso que había cosas peores.
Ya habían echado a Soren y a Gabe de la cocina. A Gabe porque parecía
visiblemente enfermo ante la idea de que su hermanito bebiera sangre, y
Danny no necesitaba ese tipo de juicio en estos momentos; y a Soren
porque parecía demasiado encantado con la perspectiva, y Danny tampoco
necesitaba esa otra clase de juicio que hiciera que se sintiera como un
animal de zoológico.
—Dime otra vez por qué no podemos simplemente calentarlo en el
micro —preguntó Danny. Roman se volvió hacia él con cara de horror, y
Danny se rio a carcajadas ante cualquier expresión que tenía en el rostro—.
Oh, Dios mío, Rome. ¿La aversión a los microondas es algo francés o una
cosa por ser viejo?
—Es una cuestión de gusto, pequeño salvaje.
Danny resopló, pero mantuvo la boca cerrada.
El termómetro —Danny se había sorprendido al descubrir que incluso tenía
uno en su cocina— alcanzó los noventa y ocho grados, y Roman retiró la
cacerola de la estufa antes de verter la sangre caliente en una taza con una
caricatura de gato gordo y anaranjado. Colocó la horrible taza frente a
Danny, quien la miró con un poco de aprehensión, sin embargo, la acercó y
sus ojos se volvieron negros mientras que se le salían los colmillos en un
solo movimiento.
—Bebe —Le instó Roman.
Trató de no dar la impresión de que este era un momento decisivo, aunque
definitivamente lo era. Una cosa sería que Danny encontrara cierto placer
en su fuerza adquirida y sentidos mejorados, y otra muy distinta el que
tuviera que enfrentarse a la realidad de beber sangre humana por toda la
eternidad. Un nuevo vampiro sediento de sangre por lo general estaba
demasiado nervioso para pensar realmente en las implicaciones, pero
Danny estaba demasiado consciente para ser atribuido con esa bendita
ignorancia.
Roman vio como su pareja se estremeció levemente, luego levantó la taza y
echó la cabeza hacia atrás, drenando la sangre de una sola vez. Roman
parpadeó. Bueno, esa era una forma de hacerlo.
Esperó con grandes expectativas a que Danny se atragantara o declarara
que la sangre era repugnante, pero el compañero de Roman permaneció
pensativo mientras se humedecía los labios y volvía a colocar la taza con
delicadeza sobre la encimera.
—¿Y bien? —Roman no pudo evitar presionar por un veredicto.
—Me gusta más la tuya.
—¿Qué tú qué? —Esa no era la respuesta que Roman esperaba.
Danny asintió. —Sí. Quiero decir, puedo sentir esta me llena de forma
adecuada, lo cual supongo que la tuya no lo hace, pero tu sangre sigue
siendo más sabrosa. Como si esto fuera huevos y tostadas, pero lo tuyo
fuera una margarita. ¿Esa es una cosa de parejas?
—Um. No lo sé —Roman podía sentir su boca aflojándose ante el
asombro. Sin embargo, su demonio se regodeaba, sintiéndose
inmensamente satisfecho de que Danny los prefiriera a ellos antes que el
sabor de la sangre humana—. No estás… ¿asqueado? —presionó.
—Quiero decir, no me encanta la idea de seguir una dieta líquida por
el resto de mi vida, pero aún así me harás tostadas francesas, ¿verdad? —
Danny lo miró con ojos esperanzados.
Bebe sangre humana por primera vez y su preocupación es la posibilidad
de una futura tostada francesa.
Roman no pudo evitarlo. Estalló en carcajadas, tan largas y tan profundas
que al final tenía lágrimas en los ojos. Danny ladeó la cabeza, con una
sonrisa perpleja jugando en sus labios. —¿Eso es un no a lo de las tostadas
francesas?
Caminó alrededor de la encimera para situarse entre las piernas de su
pareja. Tomó el hermoso rostro de Danny con las manos, sus pulgares
acariciaron suavemente los pómulos del chico. —Puedes tener todas las
tostadas francesas que desees, pequeño rey. Es solo que... te amo tanto. No
sé qué hice para merecer esto, pero te prometo que lo atesoraré, te
atesoraré a ti, para siempre.
—Bueno —Danny lo estaba estudiando con sus ojos que habían vuelto
al hermoso color marrón oscuro—. Porque, tal como dijiste, yo no me iré a
ninguna parte. Estás atrapado conmigo. Estoy bastante seguro de que este
bebé demonio que habita dentro de mí, te perseguirá si intentas escapar.
Danny lo dijo como si fuera una amenaza en lugar de la promesa más dulce
que Roman jamás había escuchado.
—¿Solo tu demonio? —se encontró preguntando, haciendo eco de la
pregunta que Danny le había hecho alguna vez.
—Por supuesto que no, tonto —Danny se rio levemente, pero no había
nada más que confianza y adoración en su mirada—. Yo también te amo,
Roman. Más de lo que nunca pensé que sería posible. Has hecho de mi vida
algo mágico. Y no me refiero solamente a todo el asunto de los vampiros.
Me refiero a ti. Todo lo que eres. Mágico.
Roman presionó un beso en los labios de Danny, sin palabras para describir
la alegría que sintió ante su declaración. —¿Deberíamos ir a decirles a esos
dos que tu primera alimentación fue todo un éxito?
Danny arrugó la nariz. —¿Primera alimentación? Me haces sonar como si
fuera un bebé.
—Tú eres quien lo llama tu “bebé demonio”, no yo. ¿Deberíamos?
—Uh-uh —Danny negó con la cabeza con una sonrisa astuta en su
rostro—. No hay tiempo para eso. Creo que tenemos que volver arriba. Mi
demonio y yo tenemos hambre de... otras cosas... De nuevo —Metió una
mano en la cinturilla del pantalón de Roman, dando indicios del punto al
que su mente se estaba dirigiendo—. Además, quiero ver si mi sangre
todavía sabe tan bien para ti, ahora que soy vamptástico16 y todo eso.
Jesús.
La polla de Roman se llenó ante la idea de hundir los dientes en su pareja
otra vez. Había pasado demasiado tiempo desde que se había llenado de ese
néctar en particular.
—¿Crees que puedes manejarlo? —Danny bromeó, y soltó un chillido
en cuanto Roman lo alzó de la silla de la cocina. Agarró la parte posterior de
los muslos de Danny e instó a su pequeño compañero a envolver esas
piernas alrededor de su cintura.
—Puedo manejarlo, pequeño rey.
Roman sintió que podía manejar cualquier cosa con su pareja a su lado.
16
Vampiro + Fantastico xD
La vida era buena y el futuro estaba lleno de posibilidades.
Epilogo
Danny
17
Buenas noches, mi amor, en Francés.
acariciar la parte posterior de su cuello. El olor de su compañero seguía
siendo el aroma favorito de Danny en todo el mundo.
—Bonsoir, mon petit roi —respondió Roman, inclinando la cabeza
hacia atrás para un beso—. ¿Ya he decidido nuestro destino después de la
cena?
—Al Hideaway18, estoy pensando.
Iban a salir esta noche. Danny había decidido robar más bolsas de sangre
una vez que se dieron cuenta de que tenía el control para alimentarse
normalmente, pero no le gustaba la idea de beber de la gente de su ciudad a
la que tenía que ver día tras día. Así que habían decidido que los turistas
eran un juego justo. Él y Roman iban a los bares del centro los fines de
semana. Se alimentaban juntos estos días. Al principio lo habían hecho
para asegurarse de que Danny no resbalara y perdiera el control, pero
continuaron porque beber sangre hacía que el demonio de Danny se
volviera bastante juguetón y a Roman le encantaba satisfacer esas
necesidades lo antes posible.
Más de un callejón en la ciudad había sido testigo de las pequeñas
indiscreciones posteriores a la comida.
Roman asintió, quitó los brazos de Danny de su cintura y se alejó de la
encimera de la cocina. Se acercó a la computadora portátil de Danny, la cual
estaba notando ahora que se encontraba abierta sobre la mesa. —Hay algo
que debemos abordar antes de la cena.
Uh-oh.
Hasta ahora, Luc había sido fiel a su palabra, y no habían sabido nada de él
durante el último año. ¿Habría cambiado eso?
Roman le hizo una seña a Danny para que se acercara a la computadora
portátil, donde un navegador web estaba abierto con múltiples pestañas
sobre las que comenzó a hacer clics. Todas eran fotos diferentes de
hermosos lugares: montañas, desiertos, playas tropicales.
18
Escondite en inglés, es el nombre de un bar.
—Elige uno —ordenó Roman.
—¿Huh?
—Nuestra luna de miel, pequeño rey. La hemos estado retrasando.
Elige uno.
Ahora entendía. Había estado evitando elegir un destino de luna de miel.
Nunca había estado en ninguna parte, nunca había salido del país. ¿Cómo
podía elegir un solo lugar? Se sentía... monumental.
Roman debe haber intuido el origen de la vacilación de Danny a través de
su vínculo, porque le pasó suavemente los dedos por la nuca. —Habrá más
viajes, pequeño rey. Lo que queda de eternidad. Este es solo el primero de
muchos.
Danny respiró hondo y señaló una de las fotos.
Roman le dio un apretón en la cintura en señal de aprobación. —Bali.
Buena elección, mon amour. Reservaré los pasajes. Iremos por tres
semanas.
—¿Tres semanas enteras? —Danny nunca había tenido unas
vacaciones por tanto tiempo.
—Mm. Sí. Te he estado compartiendo amablemente este último año,
pero es mi turno de tenerte solo para mí. ¿Cómo te sientes acerca de nadar
desnudos a la luz de la luna?
Y Danny que pensaba que ya había pasado el punto de los sonrojos, pero
aparentemente estaba equivocado. —Me malcrías.
—Te malcriaría aún más, si me lo permitieras.
Era verdad. Roman estaba encantado de darle a Danny todo lo que pedía.
Danny se giró y envolvió sus brazos alrededor del cuello de Roman. —
¿Cuánto tiempo tenemos antes de que llegue Gabe?
Ya no se sentía tan insaciable como hace un año, cuando apenas habían
salido de la habitación por una semana, pero seguía sintiendo que no podía
tener suficiente de su compañero. De tocarlo. Saborearlo. No había nada
mejor.
—Lo suficiente —Román le sonrió—. Ven, pequeño rey. Muéstrame a
quién perteneces.
Danny bufó. —Quieres decir a quién perteneces tú
Su intención era bromear, pero Roman asintió con la cabeza, su expresión
completamente seria. —Sí, lo hago. Para siempre.
Para siempre.
Nunca nada había sonado mejor.
FIN.
Bonus Epilogo
Roman
Sólo podía esperar que los vecinos de Danny no lo estuvieran viendo hablar
con su propio abrigo voluminoso. Ahora que se había instalado en una
ciudad, se esforzaba más por pasar desapercibido como humano. Según
Danny, eso significaba usar ropa de frío adecuada cuando se pronosticaba
nieve, pero el efecto de “mira qué normal y humano soy” podría haberse
arruinado al verlo hablar consigo mismo.
Eso era exactamente lo que lo había traído hasta aquí en primer lugar.
19
Mierda en francés.
O más bien, el asegurarse de que Danny recibiera lo que sea que su corazón
quisiera había traído a Roman aquí en primer lugar.
Danny resopló, con los ojos todavía en su celular. —Solamente está siendo
un perro. Los pastores australianos están llenos de energía. Necesitan
bastante del estímulo. Pero son tan inteligentes. ¡Y jodidamente tiernos!
¡Míralo!
Roman lo hizo. El perro estaba… bien. Pero Roman estaba mucho más
interesado en la adorable criatura justo en frente de él. Las mejillas de su
compañero estaban sonrojadas, sus ojos brillando de felicidad.
Antes de que Roman pudiera contener sus propias emociones, y evitar que
se derramara a través de su vínculo, Danny se había desviado de su celular
y lo estaba mirando con las cejas alzadas. —Oh dios mío, Rome. ¿Está
celoso?
Danny tomó la barbilla de Roman con una mano y le dio un beso en los
labios, regresando a su celular antes de que Roman pudiera convertirlo en
un beso propio.
¿Sería infantil si Roman tirara ese celular al otro lado del cuarto?
Ese había sido el final de la conversación, pero ahora aquí estaba Roman
una semana después, llevando un maldito cachorro en su abrigo. Él
también había querido encontrar el mejor posible, una gloria de raza pura
digna de su compañero, pero había oído lo suficiente de Danny sobre la
importancia de los refugios de animales que había sabido que tenía que
tomar lo que podía conseguir.
Pero Roman quería más de esa risa. Más de esa luz en los ojos de su pareja.
Danny estaba viviendo una vida mucho más plena de lo que había vivido
antes, pero claramente aún había bastantes cosas que sentía que se había
perdido. Y aparentemente este jodido perro era parte de ello.
Roman entró en la casa con tanta gracia como pudo con el paquete
particular que llevaba en brazos. Podía oír a Danny ocupado en la cocina, y
el olor del azúcar y caramelo rondaba por la casa.
Danny jadeó, abriendo los ojos. —Oh. Mi. Jodido. Dios. ¿Es eso un
cachorro?
Su voz se elevó al menos dos octavas de emoción en la última palabra y
Roman se sintió insoportablemente satisfecho de sí mismo cuando
finalmente dejó salir a la pequeña bestia de su chaqueta, colocándola en el
calor dispuesto de Danny.
Dos horas después, los tres estaban acurrucados en el sofá, con el cachorro
acurrucado en el regazo de Danny, durmiendo. Danny lo había cansado
jugando en el suelo después de que Roman hubiera traído los diversos
accesorios que, al parecer, requerían las mascotas (nunca había sabido que
hubiera tal variedad de juguetes para los niños, y mucho menos para los
cachorros).
Sí, lo lógico habría sido esperar hasta después de sus tres semanas de luna
de miel para adoptar un nuevo animal, pero todo lo que Roman había oído
era que había algo que Danny quería y que aún no tenía, y eso había sido
todo lo que había necesitado para precipitarse por completo.
Danny lo miró con los ojos muy abiertos. —Lo sé, lo sé. Soy un monstruo
manipulador.
Roman contuvo su risa con gran dificultad. —Yo no iría tan lejos, precioso.
Danny inclinó la cara hacia él, con los ojos brillando con picardía,
completamente por encima de su espiral de culpabilidad. Roman capturó
los labios de su dulce compañero, incapaz de resistirse a profundizar el beso
de inmediato, con la esperanza de arrancarle algunos gemidos.
Una voz familiar lo interrumpió. —Ew. ¿Tienen que estar siempre besando
a cada segundo de cada día?
Roman rompió el beso sin mirar al intruso. —Siempre puedes buscar otro
lugar para vivir —sugirió.
Pero Roman tenía otras cosas en mente ahora. —Tal vez deberías llevarlo
afuera por nosotros. ¿A menos que quieras otro vistazo?
Se deslizó hacia abajo en el sofá, tirando de Danny con él hasta que ambos
estaban horizontales, el insignificante peso de Danny descansando sobre él.
—¿Quieres montarme, pequeño rey? —preguntó, con su voz como un suave
ronroneo.
Los ojos de Danny se oscurecieron y su lengua salió para lamerse los labios.
—¿Me dejarás?
Ladeó una ceja en señal de desafío. —Si crees que puedes satisfacernos a los
dos.
Pero Roman no estaba listo para terminar todavía. Usó su agarre en el pelo
de Danny para tirar la cabeza de su compañero hacia atrás, y Danny gimió,
el compañero de Roman amaba esa mordida extra de dolor con su placer.
Danny soltó una risita. —Pensé que esta vez te iba a montar yo a ti.
Danny le lanzó una mirada descarada por encima del hombro. —¿Y si
quiero?
Una vez que Danny tuvo tres dedos entrando fácilmente, Roman murmuró:
—Suficiente.
Roman miró la nuca de su compañero; esa piel dorada y cremosa y dejó que
su demonio se adelantara. Gruñó por lo bajo, bajando los colmillos, y
mordió el cuello de Danny, bebiendo profundamente.
Ambrosía.