Conocimiento Histórico y Representaciones Del Pasado en El Río de La Plata
Conocimiento Histórico y Representaciones Del Pasado en El Río de La Plata
Conocimiento Histórico y Representaciones Del Pasado en El Río de La Plata
Conocimiento histórico y
representaciones del pasado en
el Río de la Plata
[1830- 1860]
Autor:
Wasserman, Fabio
Tutor:
Chiaramonte, José C.
2004
Tesis pre sentada con el fin de c u m p lim e n t a r con los requisitos finales para la
obtención del título Doctor de la Universidad de Bu enos Aires en Historia
S C .T S g
AGRADECIMIENTOS
P ara realizar este trabajo conté con sucesivas becas d e la U niversidad de Buenos A ires y el
C onicet, y con u n su b sid io otorgado por la F u n d ació n A ntorchas para finalizar su redacción.
L etras d e la UBA y los m iem bros d e los P rogram as d e Historia Argentina del siglo X IX y de
Historia de las ideas y de la cultura argentina, am bos con sede en el Instituto R avignani. T am bién
q u iero ag rad ecer al personal d e las siguientes bibliotecas y archivos: Instituto R avignani,
A riesgo d e ser injusto y pecar p o r om isión q u isiera referirm e a algunas personas en particular,
e m p ezan d o p o r José C arlos C hiaram onte, q u ien en m ed io d e sus ocupaciones supo dirigirm e
se en carg aro n d e solucionar todo tipo d e problem as, facilitando la labor de quienes trabajam os
en el In stitu to R avignani al ig u al que M arcelina Jarm a, A bel R oth y M argarita Sam pietro lo
especialm ente decisivas fu ero n las lecturas d e alg u n as p artes d e la tesis. T am bién fue
im p o rtan te la inform ación a p o rta d a y los com entarios q u e m e hicieron en distintos m om entos
C arlos C ansanello, G abriel d i M eglio, N o ra Souto, Julio V ezub e Isabela Cosse. A vances d e la
tesis fu e ro n d iscu tid o s e n diversos ám bitos e n los q u e tam b ién recibí aportes inform ativos,
incluso e n alg u n o s casos, a desecharlos. E n v arias d e esas occisiones intervino Jorge M yers, a
q u ien le q u iero ag rad ecer sus críticas, p ero m ás a ú n la ag u d eza, generosidad y calidad con que
las hizo y q u e ev id en cian la posibilidad d e d isen tir en u n m ed io no siem pre proclive a sopo rtar
las diferencias.
A lo largo d e estos años desarrollé tam b ién otro tip o d e actividades y proyectos q u e m e
p erm itiero n salir d el siglo XIX y volver al p resen te. Q u iero agradecer por eso a Javier T rím boli y
a m is co m p añ ero s d e La Escena Contemporánea G uillerm o K orn, M aría Pía López, M atías M olle,
M aría V ictoria M urillo y M ario Pecheny son dos am igos q u e siem pre m e a y u d a ro n y alentaro n
em p u jó n inicial p a ra que m e ded icara a esta actividad, y a pesar d e la distancia siem pre estuvo
in teresad a e n saber cóm o seguía m i trabajo. M ario intentó infructuosam ente que la redacción d e
su casa p a ra q u e p u d iera escribir con tran q u ilid ad , com o lo estoy haciendo en este preciso
ag rad ecerle tam b ién la m úsica d e P órtishead que m e acom pañó estos últim os dos años.
La investigación q u e dio lu g ar a esta tesis com encé a realizarla poco antes q u e naciera Federico.
T iem po d esp u é s nació M artín, y m is hijos crecieron aco stu m b rad o s a v er a su p a d re sen tad o en
la co m p u tad o ra "h acien d o la tesis", m ientras ellos tam b ién q u ería n sentarse pero a jugar. H ace
u n o s m eses, d esd e que les p ro m etí q u e estaba cerca d e term in ar, com enzaron a ofrecerm e su
ay u d a p a ra "corregir la tesis" q uizás alentados p o r la secreta esp eran za d e que esa pro m esa p or
m e tienen.
ABREVIATURAS
A E: Ju an M. G utiérrez, Archivo: Epistolario, Bs.As., Biblioteca del C ongreso, tom os I a VE, 1979
1990.
BA: W. Parish, Buenos Aires y las Provincias del Río de la Plata, desde su descubrim iento y
conquista por los Españoles, T raducido del inglés al castellano y aum entado con notas y apuntes
p o r Justo Maeso, Bs.As., Hachette, 1958 [Bs.As., t. I, Im prenta d e Benito H ortelano, 1852, t. II,
Im prenta de Mayo, 1853].
C P: Com ercio del Plata, M ontevideo, Im p ren ta del C om ercio del Plata, 1845 a 1855.
DS: E. Echeverría, Dogm a Socialista, ed. crítica y docum entada a cargo d e A. Palcos, La Plata, 1940
[M ontevideo, 1846]
FP: Ju an B. A lberdi, Fragm ento Prelim inar al estudio del Derecho, Bs.As., Biblos, 1984 [Bs. As.,
1837]
LD : Los D ebates. D iario d e intereses generales. P olítica.-C om ercio.-L iteratura., Bs.As., Im p ren ta
A m ericana, 1852; 2da época, Bs.As., Im p re n ta A rgentina, 1857/8.
OCS: D. F. Sarm iento; O bras C om pletas, Tom os I, II, III, IV, VI, VII, VIII, EX, XII, XIII, XVI, XXIV,
XXVI, XXVin, XLIV, LE, Bs.As., Lu z Del Día, 1948-1950.
INTRODUCCIÓN
D urante la prim era m itad del siglo XIX cobraron cuerpo en E uropa y sus áreas d e influencia
historiásta. A unque sus objetos, propósitos y enfoques po d ían ser m uy diversos, éstas coincidían en
sostener q u e los acontecim ientos, fenóm enos, estructuras y procesos sociales sólo p o d ían adquirir
del pasado se convirtió en u n a necesidad d e prim er ord en para todos aquellos que procuraran
entender, legitim ar, criticar o transform ar la sociedad o algunos de sus aspectos. En el Río de la
Plata esta concepción com enzó a difundirse con éxito a principios d e la década de 1830 y se
capacidad explicativa sobre el carácter de esa sociedad, especialm ente en lo que hacía a las
num erosos trabajos que tom aron por objeto la cultura rioplatense d e m ediados del siglo XIX. En
efecto, gran parte d e los autores que se h a n o cupado d e la historia d e la cultura, de las ideas o de la
literatura, coinciden en señalar el papel central que tuvo el historicism o rom ántico entre 1830 y
1860. A dem ás, suele añadirse tam bién que este m ovim iento tuvo com o m ayor propósito d ar form a
a u n a id entidad nacional tanto en A rgentina com o en U ruguay. Estas apreciaciones son fruto d e
m onográficos, inform ativos o descriptivos, junto con obras d e m ayor alcance interpretativo,
algunas d e las cuales p u ed en reputarse com o clásicas2. Pese a todo, hay rasgos d e esa v id a cultural
cuestiones sustanciales en u n a cultura que hizo del historicism o rom ántico uno d e sus núcleos
productivos. Éste es el caso de la vinculación q u e esa sociedad estableció con el p asa d o entre 1830
Este problem a h a sido objeto d e diversos estudios, algunos d e ellos d e gran valor p o r sus aportes.
Sin em bargo, éstos resultan inadecuados o insuficientes p ara d ar cuenta de algunos fenóm enos y,
m ás aún, p ara alcanzar u n a visión d e conjunto. Y esto p o r al m enos dos razones. La prim era se
del historicism o rom ántico que en indagaciones sobre las características precisas q u e éste asum ió.
accionar d e algunas d e las figuras m ás prom inentes del período com o A ndrés Lam as, Bartolom é
2 La lista es por cierto extensa, por lo cual me remito al apartado 2.3 de la bibliografía, particularmente a
los puntos 2.3.2 y 2.3.3. •
M itre, Vicente F. López, D om ingo F. Sarm iento, Juan M. Gutiérrez, P edro d e Angelis, Florencio
problem a p lan tead o así com o tam bién sobre la cu ltu ra del p erío d o en general y sus
vinculaciones con la política. P ara ello se encaró el exam en sistem ático d e dos tem as: los m edios
a través d e los cuales se procuró d a r fo rm a al conocim iento histórico en tre 1830 y 1860 y las
representaciones q u e las elites se hacían del p asa d o local. M ientras q u e el p rim ero requirió el
am plia y heterogénea serie d e textos en los q u e esas representaciones cobraron form a, así com o
A hora bien, el interés d e este trabajo v a m ás allá del tratam iento q u e hace d e tem as q u e no
ocasiones, las representaciones del p asa d o con stitu y en u n m aterial valioso p a ra in d a g a r en las
a la conform ación d e sus id en tid ad es3. En ese sentido este exam en p re te n d e realizar tam b ién un
ap orte que p erm ita alcanzar u n a m ejor co m p ren sió n d e la v id a pública posrevolucionaria,
su m án d o se así a los esfuerzos realizados en los últim os años p o r n u m ero so s in v estig ad o res que
con m ayor n itid e z e n los ap a rtad o s d o n d e se exam ina el discurso del régim en rosista, suele ser
dejado en u n seg u n d o p lan o p o r la fu erte incidencia que tu v iero n los conflictos facciosos y
regionales d esatad o s tras la R evolución. C abe aclarar e n ese sen tid o q u e no p ro p o n g o dejar de
J De hecho, la investigación tuvo como motivación inicial dilucidar las identidades político-comunitarias
de las elites rioplatenses examinando sus representaciones del pasado. Durante su desarrollo se fueron
planteando nuevas inquietudes que motivaron algunos cambios en relación al plan original a fin de poder
indagar las características que asumió el conocimiento histórico. Como testimonio de ese proceso, y por
el interés específico que puede presentar para el lector, la bibliografía mantiene desagregada la referida a
problemas relativos a la identidad. ■
p resentes a la h o ra d e p o d er cum plir con esa exigencia. D ificultades q u e a diferencia d e cóm o se
im p ed im entos o rém oras. Por el contrario, esa tensión tu v o tam bién u n a p ro d u c tiv id a d sin g u lar
q u e pro curé recu p erar em pírica y conceptualm ente en la tesis cuyos principales arg u m e n to s so n
T esis
La im portancia asig n ad a al conocim iento del pasado y a su difusión e n el Río de la P lata a p a rtir
to d o s los géneros. Com o contracara de este fenóm eno se destaca la ausencia de alg u n a form a
discursiva que, aunque m ás no fuera en form a incipiente, pu d iera ser expresión d e u n a disciplina
hicieran intentos en ese sentido, sino m ás bien p orque éstos tuvieron u n carácter precario, trunco o
asum ieron otros propósitos, com o puede apreciarse al exam inarse las características d e las
colecciones docum entales y la deriva de los Institutos H istóricos fundados en esos años. A dem ás,
d eb ían ser aportes sustanciales p ara d ar cuenta del p resen te y del futuro, fueron escasos los
relatos históricos capaces d e filiar id en tid ad es político-com unitarias, lo cual n o sólo era
percib ido sino tam bién lam entado. A nte la ausencia d e co m u n id ad es sociopolíticas q u e se
prin cip al causa d e este fenóm eno es la dificultad p ara p o d e r articu lar u n a p ersp ectiv a política
P ara co m p ren d er el significado q u e ten ían las representaciones del pasad o resulta insuficiente
valo ración d e los relatos históricos com o obras literarias, p ero no sólo p o rq u e bajo el concepto de
m an u scritos y, fun d am en talm en te, en la v olum inosa p re n sa del perío d o en las q u e circulab an
distin g u irse dos g ra n d es bloques. P or u n lado, el del p asa d o que q uería ser n eg a d o o dejado
in d ep en d en tista. Esta d istinción im plicó tam bién u n m u y d iferente tratam iento: m ientras que el
m u n d o indígena y la sociedad colonial ten d ían a ser con sid erad o s com o abstracciones carentes
q u e estuvieron afectadas p o r los conflictos que atrav esab an la v id a pública del período. De
tam b ién se consideraba q u e era en su sin g u lar deriva d o n d e debían rastrearse alg u n as d e las
claves que p erm itirían e n te n d e r las dificultades existentes p ara constituir u n o rd e n social y
E n las líneas anteriores realicé u n a breve caracterización con el fin d e establecer algunos rasgos
co m p artid o s p o r las elites e n lo q u e hacía al conocim iento y representación del p asa d o local.
d efen d idos p o r distintos sectores políticos, ideológicos y regionales. P ero antes d e exponer los
resu ltad os d e la ind ag ació n resu lta necesario realizar alg u n as precisiones d e carácter histórico,
cuestión sino u n intento p o r precisar m ejor el objeto d e estu d io y p o r situ ar esta investigación
transform aciones sociales, políticas, económ icas y cu ltu ra le s q u e suelen ser cifradas en nociones
esta ú ltim a b asta re p asar cu a lq u ie r m an u al, y a sea d e h isto ria d e la historiografía o d e histeria
estu d io s históricos, sino q u e éstos se institu cio n alizaro n y se co n stitu y ero n en u n a disciplina
q u e com enzó a sin g u larizarse den tro del m u n d o de las letras y las ciencias. P ero no fu ero n éstas
las únicas m anifestaciones del nuevo papel asignado al conocim iento del pasado.
P ro bablem ente h ay a sido tan to o m ás im p o rtan te el hecho q u e toda experiencia p asa ra a ser
concebida en térm inos históricos, pues se consideraba que era sólo a p artir d e la reconstrucción
d e su dev en ir q u e los fenóm enos, estru ctu ras y acontecim ientos sociales p o d ía n a d q u irir
fo rm a d e conocim iento, incluso p ara algunos la referida a los fenóm enos naturales, debía ser d e
u n m o d o u otro histórico.
historicismo y así v a a ser considerado a lo largo d e este trabajo. Esta decisión no im plica
m erecido im p o rtan tes críticas p o r los problem as q u e acarrea su uso. Por u n lado, p o rq u e es
d e p en sam iento específica. Ya sea entonces p o r u n a u otra razón, existen diversas definiciones y
descripciones d e sus rasgos distintivos, alg u n as d e ellas antagónicas entre sí. Sin em bargo, y
discusiones sobre su pertinencia o valid ez5. Es p o r eso q u e m e lim ito a hacer u n uso del
concepto que, si b ien algo laxo, resulta o perativo p a ra los p ro p ó sito s d e este trabajo. C on esto
concepción seg ú n la cual la esencia d e los fenóm enos sociales es su h istoricidad y que, en
P o r su p u esto q u e esta definición abre otros interrogantes, y a q u e tam bién p o d ría plan tearse en
q u é consistiría esa histo ricid ad y cuáles d eb e n ser las características del conocim iento histórico.
Sin em bargo, com o y a aclaré, n o resu lta necesario d a r acá resp u estas a estas p re g u n ta s com o sí
4 Como señaló M. Foucault, durante el siglo XIX la Historia se constituyó en ”(...) el modo fundamental de
ser de las empiricidades, aquello a partir de lo cual son afirmadas, puestas, dispuestas y repartidas en el
espacio del saber para conocimientos eventuales y ciencias posibles”. Es por eso que tenía la función de
definir “(...) el lugar de nacimiento de lo empírico, aquello en lo cual, más allá de cualquier cronología
establecida, toma el ser que le es propio", Las palabras v las cosas. Siglo XXI, México, 1968, p. 215.
5 Para un tratamiento de estas cuestiones siguen siendo de imprescindible lectura los trabajos clásicos de
R. Collingwood, Idea de la Historia. México, FCE, 1977; B. Croce, La historia como hazaña de la libertad,
México, FCE, 1960, 2da. parte; F. Meinecke, El historicismo y su génesis. México, FCE, 1943. Un examen
conciso de las definiciones más usuales en A. Waismann, “¿Qué es el historicismo?” en Revista de la
Universidad de Buenos Aires. 4ta. época, año 7, t. XIII, n° 27, julio-sept. 1953. -
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resultan im p o rtan tes p a ra e n ten d e r los arg u m en to s que q u iero plantear. La p rim era es la
consideración d e q u e cada fenóm eno o hecho acontecido p orta u n valor intrínseco, a u n q u e éste
sólo p u ed a apreciarse si se lo sitúa en u n proceso m ás am plio en cuyo seno cobra v erd ad ero
p asad o y el p resen te d e las sociedades sino tam bién p ara ju zg ar sus características e, incluso,
p o d e r transform arlas.
co m p rensión y rep resen tació n de los fenóm enos sociales q u e afectó las p ro p ias concepciones
sobre q u é es la H isto ria así com o tam bién las condiciones y consecuencias que ten ían su
estu d io 6. C abe re co rd a r al respecto q u e d u ra n te siglos la H isto ria había sido co n sid erad a com o
u n rep ertorio d e form as retóricas eru d ita s o d e ejem plos d estin ad o s a o rien tar la tom a d e
veces bajo el tópico d e la Historia com o maestra de la vida u otros sim ilares. De ese m odo, el
a n tig ü e d a d clásica.
Sin que estas concepciones p e rd ie ra n vigencia del todo, d e sd e m ed iad o s a fines del siglo XVIII
acontecim ientos significativos p o r su carácter ejem p lar o form al. Este proceso cristalizó e n el
6 Estas cuestiones, que aquí retomo en forma parcial y esquemática, han sido desarrolladas por R.
Kosselleck en una serie de investigaciones semánticas y conceptuales centradas en el área de habla
alemana. Algunos de sus trabajos más importantes han sido compilados en Futuro Pasado. Para una
semántica de los tiempos históricos. Barcelona, Paidós, 1993 y L’expérience de 1’ histoire, París, Gallimard-
Le Seuil, 1997. Otros trabajos en los que se tratan estas cuestiones puede encontrarse en el apartado 1.2 de la
bibliografía.
7 Una evidencia de esta transformación puede hallarse en el hecho que hasta entonces los relatos
históricos se circunscribían a fenómenos particulares, sin que se considerara la Historia como un
concepto singular referido a una totalidad o un sistema en el que éstos estuvieran necesariamente
interconectados y cobraran sentido como partes del mismo. En todo caso, y más allá de la presunción
sobre la existencia de un plan providencial para la humanidad, se escribían historias plurales e
desp liega to d o lo existente, pero tam bién en el que ad q u iere sentido y p u ed e ser conocido.
atrib u to inherente a la m ism a que, adem ás, no debía d eriv a r necesariam ente d e u n a cronología
sucesos com o si sólo se tra ta ra d e u n m edio q u e sirve d e ocasión p ara q u e éstos acontecieran,
los ilu strad o s e n lo que hacía a la relación en tre pasado, presente y futuro. En ese sen tid o nota
q u e d esd e m ed iad o s del siglo XVIII com enzó a dejarse atrás u n a tradición d e gran arraigo, pues
las expectativas co m en zaro n a situarse cada v ez m ás en u n h o rizonte que no era necesariam ente
p asa d o no tenía d em asiad o que enseñar, y a q u e los acontecim ientos y los procesos, si bien
p o d ía n estar en cad en ad o s causalm ente, eran irrepetibles: las condiciones presentes d eb ían ser
d istin tas d e las p asa d as y, obviam ente, d e las futuras. En consonancia con esta p o stu ra com enzó
a p lan tearse tam b ién que era desde el fu tu ro q u e d ebía exam inarse el pasad o y el presente: la
H isto ria no p o d ía ser v erd ad eram en te conocida si no incluía tam bién un futuro potencial q u e la
d o tara d e sentido.
tam b ién invento o tras nuevas. N o sólo p o rq u e a p a rtir d e ella se produjo la conciencia d e
cual fue p e rd ie n d o peso la idea seg ú n la cual el conocim iento histórico tenía com o prin cip al
irreductibles entre sí: eclesiásticas, civiles, militares, diplomáticas, literarias, o referidas a alguna persona
o hecho preciso. -
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p ercib ida p o r diversos autores, entre los cuales m erece destacarse Alexis d e Tocqueville, uno de
los m ás lúcidos in terp retes del período, q u ien d ab a p o r hecho q u e a pesar d e no haberse
asistido al final d e las transform aciones en curso sus resultados iban a ser incom parables con los
d e cu alquier experiencia pasada. Es p o r eso q u e su texto capital concluye afirm an d o que "El
Esta percepción d e las dim ensiones tem porales com o radicalm ente d istin tas u n as d e otras
co m p artim entos estancos carentes d e u n sen tid o totalizador. Problem a que, bajo su apariencia
q u é tener relación con los preexistentes ni con los subsiguientes. Sin em bargo, es sabido, fueron
co n tad os los p en sa d o res que afirm aro n el carácter in d eterm in ad o , contingente o azaroso d e los
Filosofía d e la H istoria ad q u irie ro n u n rol privilegiado al proveer d e los elem entos em píricos o
conceptuales q u e p erm itían d eterm in a r el sentido ú ltim o d e los hechos, estru ctu ras y procesos
sociales.
ejem plo, en el fu n d a m e n to de relatos identitarios capaces de d o tar d e sen tid o las experiencias
sociales, el discurso histórico decim onónico debió vincularse con otras elaboraciones
conceptuales y discursivas. E ntre ellas q u isiera d estacar dos. En p rim er lu g ar la novela com o
hacerlo o p erativ o com o génesis, totalidad, necesidad, fin , en tre las cuales se destaca la d e progreso
y a q ue es la q u e p erm itió articu lar a to d as las otras. Es q u e el progreso, a veces bajo otras
existente. De ese m o d o las disco n tin u id ad es, el ad v en im ien to d e acontecim ientos imposibles en
las condiciones an terio res com o la R evolución Francesa, fu ero n reinscritos com o p arte d e u n
su sentido. Este recurso p erm itió en su m a reconocer la historicidad d e los fenóm enos sociales y,
Si bien lo antedicho es u n a exposición sintética y parcial, perm ite e n ten d e r la cen tralid ad que
ad q u irió el discurso histórico y la p rogresiva tendencia a h istorizar los fenóm enos, estru c tu ras y
acontecim ientos sociales10. En ese sentido q u isiera in sistir en las consecuencias q u e tu v o esta
n ecesariam ente d el conocim iento histórico, ya sea ex p resad o en form a eru d ita, filosófica o, al
m enos, com o u n relato con cierta consistencia. Y, a la vez, la H istoria y los saberes y d iscurso s
h isto riador, ya sea fo rm ad o o, al m enos, socialm ente reconocido com o tal. C om o no tó V ictor
C ousin, d iv u lg ad o r d e las tesis hegelianas e n Francia y fu en te do ctrin aria d e los rom ánticos
rioplatenses
p u b licarse en A lem ania los M onumenta Germaniae Histórica q u e sirvieron d e m odelo y acicate
vasto alcance. D adas las características q u e estab a n a su m ien d o los E stados, los intentos d e
10 En relación a estas cuestiones la obra de Kosselleck presenta algunos problemas que si bien no estoy en
condiciones de dilucidar, y menos aquí, al menos quisiera plantear ya que están referidos a las
modalidades a través de las cuales se vincularon pasado y presente. Es que siguiendo su argumentación
no se entiende por qué si el pasado ya no podía ser un depósito de formas que permitían orientarse y
tomar decisiones, y si el sentido de los fenómenos y de las experiencias parecían provenir cada vez más
del futuro, el siglo XIX asistió entonces a un florecimiento del discurso histórico.
11 Octava lección del 12 de junio de 1828, cit. en R. Picard, El romanticismo social, México, FCE, 1947,
p. 219. •
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leg itim idad que progresivam ente se fueron basan d o en el principio d e las nacionalidades, dicho
m o vim iento eru d ito tendió a orientarse p o r valores nacionales. Esto perm ite explicar p o r qué,
cu ltural, se p rio rizaro n en estas colecciones y m ás a ú n en los nacientes archivos nacionales, las
nación y, así, en el fu n d am en to del E stado nacional existente o proyectado. A dem ás, este
nacionales que co n stitu y ero n u n aporte decisivo en la conform ación de id en tid ad es nacionales,
largo del tiem po y que éstos p o d ían y d e b ía n ser restitu id o s a través d e esos relatos.
Suele señalarse q u e este m ovim iento e ru d ito y político encontró ráp id o y am plio eco en el Plata.
Sin em bargo, com o p re te n d o argum entar, sólo p u d o hacerlo d e u n m odo sin g u lar d a d o s los
exam en d e la historiografía sobre el historicism o rom ántico en la región, resu lta necesario tener
m enos conflictivas fueron las representaciones e interpretaciones que se hicieron d e ese ciclo
d u ra n te gran p arte del siglo XX. T anto es así que las historiografías argentina y uru g u ay a
dicotóm icos que rem iten m ás a arquetipos q u e a procesos y fenóm enos históricos. D esde luego q ue
no m e estoy refiriendo a la obra d e tal o cual autor, sino al estado general de la disciplina, pero m ás
a ú n a sus ecos e n la vida pública y en el sistem a educativo de am bos países. De hecho fueron
varios los autores cuyas investigaciones perm itieron alcanzar u n a mejor com prensión del período
y, p o r eso m ism o, sus aportes pudieron ser retom ados con provecho en form a reciente p o r algunos
historiográfica que, alentado tanto por el desarrollo d e nuevos tem as, problem as y enfoques com o
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revisión de las interpretaciones canónicas. C abe recordar al respecto que aún quienes procurab an
escenario de disputas sórdidas y por m om entos incom prensibles en el cual se había p roducido la
transición entre dos configuraciones históricas de m ayor nitidez. Éstas podían ser, según la
dim ensión de análisis que se privilegiara, el Estado colonial y el Estado nacional; la sociedad
otro era casi inevitable que el lapso que m ediaba entre am bas configuraciones fuera interpretado
d esd e u n a perspectiva teleológica, cóm o si sólo pu d iera ser considerado com o la prehistoria de la
dificultaban la com prensión - y en algunos casos incluso el conocim iento- de aspectos sustanciales
de las form as de Estado, sociedad, economía, política y cultura características del período.
Por el contrario, si hay algo que distingue a las investigaciones m ás recientes es q u e consideran
esas form as com o objetos relevantes en sí m ism os y no tanto com o resabios d e u n pasado que se
negaba a m orir o anticipos de u n fu tu ro prom isorio. En ese sentido, y aunque este renovad o
corpus historiográfico no responde a planteos únicos en cuanto a tem as, problem as y perspectivas
enriquecieron significativam ente por haber iniciado u n diálogo con la historiografía de otras
regiones d e Iberoam érica pro d u cto tanto del exilio provocado p o r las dictaduras d e la década de
académ ica en la región prom ovida desd e m ediados d e los años 80' y profundizados en los 90'.
Pero m ás allá de sus m otivaciones, este diálogo perm itió q u e fueran repensados algunos
fenóm enos de la sociedad rioplatense d entro d e u n contexto m ás am plio en el cual cobraron m ayor
sentido, ya sea p o rq u e form aron p arte de procesos de alcance general, ya sea p o r tratarse de rasgos
num erosas referencias sobre Chile y e n m en o r m ed id a sobre Brasil, y a que su desarrollo político e
institucional y la incidencia de éste a la hora d e exam inar y d a r form a y difusión a sus respectivos
E n relación a los nuevos enfoques sobre el período en lo q u e hace a la vida política rioplatense,
cabe notar que existe consenso e n asum ir la reinterpretación que se viene haciendo desde hace
12 Para una reflexión colectiva sobre estas cuestiones, aunque centrada en el caso de Buenos Aires, puede
consultarse el número especial del Anuario del IEHS “Prof. Juan C. Grosso” n° 12, 1997.
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tiem po del proceso independentista hispanoam ericano, m ayorm ente atribuido al vacío d e pod er
provocado por la crisis de la C orona española13. De ese m odo, fueron dejadas d e lado las tesis que
cualesquiera fueran los contenidos de ésta-, o com o la expresión política de una burguesía
p o rtadora d e u n proyecto de organización nacional en to m o a su hegem onía. C abe aclarar que este
planteo no soslaya los conflictos entre sectores criollos y d e origen m etropolitano, sino que
argentina14.
existen dos grandes líneas interpretativas que, a pesar d e sus diferencias, se transform aron en
planteos insoslayables p ara gran parte de la producción historiográfica reciente. Por u n lado, T.
H alperín D onghi ha puesto de m anifiesto q u e a pesar d e los diversos intentos d e m oldeam iento de
form as de Estado y sociedad, la vida sociopolítka era altam ente inestable ya q u e los conflictos se
veían potenciados por la debilidad d e ám bitos institucionales q u e perm itieran su p erar las
relaciones personales, familiares o facciosas. Por otro lado, José C. C hiaram onte h a insistido en que
d u ran te la prim era m itad del siglo XIX tam poco se produjo el advenim iento d e u n a clase
dom inante de alcance nacional ni logró darse form a a u n a nacionalidad argentina. Por el contrario,
sostiene que el Río de la Plata se caracterizaba por la existencia de espacios sociales, políticos y
dim ensión provincial15. Pero a diferencia d e lo sostenido tradicionalm ente, este proceso no es
13 La bibliografía al respecto es amplia. A nivel local puede consultarse la obra de de T. Halperín Donghi,
particularmente su clásico Revolución y Guerra: Formación de una élite dirigente en la Argentina criolla,
México, Siglo XXI, 1979 y también Argentina: de la Revolución de la Independencia a la Confederación
Rosista. Bs.As., Paidós, 1972. En forma más reciente Francois X. Guerra planteó la necesidad de examinar
como un único proceso desatado por esa crisis a la revolución liberal en la península y a la de
independencia en América, en Modernidad e independencias. MAPFRE, Madrid, 1992.
14 Estas cuestiones han sido tratadas por José C. Chiaramonte en diversos trabajos, entre los cuales se
destacan “La cuestión regional en el proceso de gestación del Estado nacional Argentino”, en Mercaderes
del Litoral. Economía y sociedad en la provincia de Corrientes, primera mitad del siglo XIX, Bs.As., FCE,
1991, "El Federalismo Argentino en la primera mitad del siglo XIX" en Carmagnani, M. (comp.)
Federalismos latinoamericanos: México. Brasil. Argentina, México, FCE, 1993; Ciudades, provincias,
Estados: Orígenes de la Nación Argentina (1800-1846). Bs.As., Ariel, Biblioteca del Pensamiento Argentino
Tomo I, 1997.
15 Los trabajos más significativos de ambos autores son los citados en las dos notas anteriores. Un
panorama general de su producción puede encontrarse en el apartado 2.3.1 de la bibliografía. Estos y otros
aportes recientes fueron recogidos en N. Goldman (dir.) Revolución. República v Confederación (1806
1852). Nueva Historia Argentina t. 3, Bs.As., Editorial Sudamericana, 1999. -
17
cientelismo, sino que se dio en u n m arco de institucionalización del poder político q u e en m uchos
casos había antecedido el ascenso d e estas figuras a los prim eros planos d e la vida pública16.
Esta institucionalización tuvo com o principal ám bito la provincia, m otivo por el cual se convirtió en
un o de los objetos que m ayor interés ha concitado en las nuevas investigaciones, ya sea en sus
com prender este proceso h ay que rem itirse al período colonial, en especial a la etapa d e los A ustria
cuando se produjo la ocupación y el poblam iento del territorio m ediante la fundación d e ciudades
que eran consideradas no sólo ám bitos físicos y sociales, sino tam bién corporaciones con derechos
políticos expresados a través de sus Cabildos. Tras el d erru m b e del orden colonial, y a pesar d e los
rem ontarse a las reform as borbónicas im plem entadas en el últim o tercio del siglo XVIII, las
centralista de 1819 y la disolución del p o d er central directorial e n 1820, sum ados a la am pliación de
la participación y la representación política d e las cam pañas com o consecuencia d e los procesos
desencadenados por los enfrentam ientos arm ados desatados tras la Revolución, m otivó la creación
p redeterm inado sino objeto de constantes disputas. C laro q u e estos conflictos tenían com o
principales protagonistas a las provincias, razón por la cual los proyectos de organización nacional
debían partir, casi indefectiblem ente, del reconocim iento de su carácter soberano, com o q u ed ó
así q ue cuando al año siguiente se creó el P oder Ejecutivo N acional y se dictó u n a C onstitución q ue
p arte d e num erosas provincias, lo cual, entre otras causas, provocó su caída. Esto tu v o com o
consecuencia el recrudecim iento de las luchas políticas y m ilitares entre los grupos conocidos
d esd e entonces com o unitarios y federales y, a la vez, im plicó u n afianzam iento d e las soberanías
provinciales com o ám bitos d e institucionalización del poder, ya sea por convicción, interés o
D urante las tres décadas siguientes, que son las exam inadas en la tesis, las soberanías provinciales
entraro n en tensión con la necesidad de buscar form as organizativas d e m ayor entidad q u e las
contuvieran, d ad as las dificultades políticas y económ icas de gran parte de ellas p ara p o d er
p o r distintos clivajes políticos. D urante el prim ero, que tuvo com o marco la C onfederación
A rgentina (1831-1852), el carácter soberano de las provincias sancionado por el Pacto Federal d e
1831 entró en tensión con el progresivo increm ento del p o d er político por parte del ejecutivo de
Buenos Aires. De ese m odo, y a la par de los conflictos interregionales, políticos e ideológicos, los
actores políticos, aunque se identificaran con las facciones unitaria, federal y, posteriorm ente, con
del régim en, incluso en el caso d e una nación independiente com o U ruguay.
El segundo sub-período (1852-1861), com enzó con la d errota de Rosas por parte d e u n a alianza
interprovincial e internacional dirigida por, el gobernador d e Entre Ríos, Justo José d e U rquiza.
federal, pero Buenos A ires desconoció lo hecho p o r el resto d e las provincias d ictán d o se ella
tam b ién u n a C onstitución en 1854. De ese m odo, el enfrentam iento entre esos E stados se
interior d e am bos. En efecto, m ientras que en Buenos A ires diversas facciones se d isp u tab an tanto
el acceso al jx>der com o la definición de los vínculos con el resto d e las provincias, éstas procuraro n
seguir m anteniendo el m ayor grado posible d e autonom ía, circunstancia que llevó a m antener en
m uchos casos u n a relación tensa tanto con el p o d er central com o entre ellas. En sum a, d u ra n te esos
años se produjo u n com plejo cruce de intereses y conflictos que tuvo u n a resolución provisoria a
principios de la década d e 1860 cuando Buenos Aires logró im ponerse a u n adversario debilitado
p o r sus diferencias internas y por sus dificultades económicas. D e ese m odo, se abrió u n a nuev a
d écad a d e 1850, existieron im p o rtan tes líneas d e c o n tin u id ad en esas tres d écad as en tre las
cuales quisiera destacar dos. Por u n lado, la ten sió n existente en la m ayoría d e las provincias en
dificultades políticas y económ icas d e gran p arte d e ellas p ara p o d er subsistir en form a aislada, se
del p erío d o sino a p o rta r algunas claves que p erm itan su m ejor com prensión. A tales fines
resulta necesario re cu p erar las dos líneas d e in terpretación señ alad as al iniciar este ap a rtad o .
C on esto q u iero p lan tea r q u e no se deben desdeñar las luchas facciosas, pero tam poco los
procesos d e institucionalización del poder, pues am bos fenóm enos estaban en trelazad o s y
con fo rm aban u n h o rizo n te contra él cual se recortaban las percepciones y las acciones d e las
elites. En efecto, tenerlos presente perm ite precisar mejor u n rasgo decisivo de la vida pública del
atribuido a las luchas facciosas. Sin desconocer la im portancia que éstas tuvieron, ese estado debe
rep utarse tam bién a la coexistencia de diversas alternativas en lo que hacía a la constitución d e
com unidades políticas. Esto afectó decisivam ente a los actores, quienes ante la indefinición en
relación a cuáles era n los m arcos d e acción, llegaron a so sten er m u y diversas opciones, y a sea
"inestable d e la v id a pública del período se debe co n sid erar q u e no sólo estaba en d isp u ta el
acceso al p o d er, sino tam b ién la definición institucional, territo rial y conceptual que éste d eb ía
tener.
natu ralm ente p redestinada al éxito o al fracaso, aunque es obvio que algunas resultaban m ás
factibles q u e otras, así com o tam bién que algunos sectores bregaban con m ás firm eza p o r im po n er
u n desenlace acorde a sus intereses. C abe notar en ese sentido que a principios d e la d éc ad a de
u n acu erd o en tre ellas, era u n p u n to d e p artid a in elu d ib le a la h o ra d e elaborar cu alq u ier
n acio n alidades com o la Nueva Generación. Si se deja d e lad o el E stad o unitario que p a ra entonces
era co nsiderado e n form a casi u nánim e com o inviable, este reconocim iento p o d ía im plicar
ocasiones, era realizar esa un ió n con E stados que n o pertenecían a la C onfederación com o
Estas alternativas político-institucionales no siem pre se co rresp o n d ían con las relaciones d e
d u ra n te esos años las provincias siguieron siendo soberanas, pero m uchas decisiones
fu n d am entales, y no solo las referidas a las Relaciones Exteriores que le hab ían sid o d elegad as,
C om o ya noté, era h ab itu al q u e los políticos y publicistas esgrim ieran diversas posiciones en lo
q u e hacía,a la constitución d e poderes estatales. E ntre o tras razones, este hecho explica por q u é
las calificaciones d e u n itario o federal m uchas veces dificu ltan la com prensión d e los conflictos
y d e los intereses en juego. C óm o e n ten d e r sino los constantes intercam bios en tre B uenos A ires
y alg u nas provincias com o C orrientes, cuyos rep resen tan tes se altern ab an en la defensa d e la
m ejor sus intereses. Esa necesidad hizo p o r ejem plo q u e a principios d e la d éc ad a d e 1830 el
correntino P edro Ferré fuera el p rim ero en en u n ciar en la reg ió n u n p ro g ram a d e organizació n
q u e se tratab a tam bién d e u n o d e los m ayores ad a lid e s d e la defensa d e las soberan ías
com o lo hizo entonces a través del publicista P edro d e A ngelis, q u e las soberanías provinciales
era n tan absolutas q u e su integración a u n proyecto nacional debía ser igual d e libre com o lo
sería p ara Francia u n irse a Inglaterra18, p a ra pocos años d esp u é s negarle no solo a las provin cias
los q u e p articip aro n activam ente d e la v id a pública. En tal sen tid o resultan rev elad o ras algun as
posiciones esgrim idas p o r el u n itario Florencio V arela en su exilio m ontevideano d esd e las
pág in as d e El Comercio del Plata, d o n d e llegó a d efen d er o a tolerar alternativas m u y distin tas en
relación a lo que hacía a la organización q u e deb ían ten er las provincias rioplatenses. Así, y an te
la po sibilidad p lan tea d a e n 1846 d e que se form ara u n nu ev o E stado que ag ru p ara a C orrientes
preex istente19. Pocos m eses m ás ta rd e retom ó este razo n am ien to pactista, a u n q u e m odificó su
co n ten ido al sostener q u e las provincias "(...) form an u n a asociación que ha pactado constituirse en
Estas oscilaciones d eben en ten d e rse no sólo com o la expresión d e u n a m o d alid ad q u e hacía del
tam b ién a la lu z del en fren tam ien to con el régim en rosista, objetivo q u e opacaba to d a o tra
consideración. Las p o stu ras iban m odificándose al com pás d e las alianzas q u e se su cedían en el
d e Buenos Aires. P ero n o es eso lo q u e aquí interesa sino su consideración com o p ro p u estas
v álid as, capaces d e ser en u n ciad as, arg u m e n tad as y d efen d id as públicam ente, y a que fo rm ab an
p arte del h o rizo n te d e posib ilid ad es e n lo q u e hacía al o rdenam iento político, territorial e
in stitucional d e la región.
T en ien do e n cu en ta lo h asta aquí señ alad o se en tien d e p o r q u é resu lta conveniente co n sid erar el
19 “Para eso, nada importa que sean provincias aijentinas, ó un estado independiente: lo mismo pueden
conseguir aquellos objetos en una condicion que en otra: y mas pronto los conseguirán, cuanto menos se
embarazen con cuestiones de agregación ó separación políticas (...) Nosotros ni apoyamos ni combatimos
la idea; si hubiera en ella uniformidad de pareceres, nada tendríamos que oponer.", CP n° 207, 20/6/1846.
20 CP n° 361, 23/12/1846.
21 CP n° 592, 8/10/1847. .
22
co n fu n d ir la N ación A rgentina con los territorios h ered ero s del V irreinato y, a la vez, perm ite
d a r cu enta d e la indeterm inación que existía con respecto a cuáles y cóm o debían org an izarse
políticam ente. A dem ás, esta delim itación p erm ite incluir e n el análisis a U ruguay q u e, pese a su
indep en dencia, form aba p arte ju n to a las o tras soberanías provinciales de u n delicado sistem a
d e equilibrio -o d e desequilibrio, si se q u ie re - regional. E n éste n o resu ltab an claros los lím ites
conflictos internos o externos; así com o tam poco resu ltab a del to d o claro si se había co m p artid o
o no el p asa d o y si el fu tu ro sería com ún. D e ese m o d o se en tien d e p o r qué resu lta necesario
ten er p resente ese estado d e indeterm inación no sólo si se q uiere exam inar la v id a política e
institucional, sino tam bién las representaciones del p asa d o y el sen tid o que éstas p o d ía n tener.
A hora bien, a pesar d e que la tesis tom a al Río de la P lata com o u n id a d de análisis, en m o d o
y p o d er político que había entre las distintas provincias. Esto m otivó tam bién la existencia d e
bienes culturales; otras lo fueron en m enor m edida com o C orrientes, C órdoba o P araná en la
década d e 1850, m ientras que algunas h asta carecieron d e pren sa propia hasta av anzado el
instituciones o asociaciones político-culturales, entre otras razones porque éstas requerían del
apoyo estatal y de cierta estabilidad que no fuera afectada p o r los conflictivos vínculos entre los
E n sum a, la vida pública rioplatense entre 1830 y 1860 estaba a la vez condicionada p o r la
en p lan tear que a lre d ed o r d e 1830 com enzó la recepción del historicism o rom ántico
p ro d u cid as en esos años resu lta necesario p reg u n tarse p o r las características precisas q u e tu v o
este m ovim iento. Si este in terro g an te sigue teniendo validez, esto se debe a que su resolución
im plica ir m ás allá d e la ru tin aria constatación de q u e eran cada vez m ás los letrados y
au torización de sus discursos y legitim ación de sus intervenciones públicas. C abe p re g u n ta rse
entonces no sólo p o r cóm o afectaron la obra de algunos au to res d e renom bre las concepciones
sobre el conocim iento del p asa d o y su relación con el presente, sino q u e tam bién resu lta d e
interés hacerlo p o r las condiciones d e producción de relatos q u e lo tem atizaban y p o r el sen tid o
que éstos p o d ían asum ir. M ás precisam ente, y en relación a esto últim o, parece ev id en te q u e no
alcanza con exam inar los contenidos d e los textos e n los que cobraron form a las
representaciones del p asa d o sino se considera tam b ién qu ién es eran sus au to res y su s
interlocutores, cuáles sus propósitos, así com o tam bién su s características form ales y m ateriales,
sobre to d o p o r las características q u e asum ió la trad ició n d e estu d io s dedicados al análisis del
conocim iento del p asa d o p ro d u c id o en el Río d e la P lata d u ra n te la p rim era m itad del siglo XIX.
E n relación a esto últim o cabe n o tar q u e son n u m ero sa s las reflexiones, observaciones y
referencias relativas a aspectos vinculados con ese saber, m u ch as d e ellas de gran valor. Sin
em bargo, están d ispersas en innum erables trabajos que, e n general, estu v iero n an im ad o s p o r
22 Como ya adelanté son numerosos los estudios que dan por válida esta interpretación. Dado que fue
quien dio forma a una periodización ya clásica en la historia de las ideas, merecen ser citados los artículos
publicados entre la década de 1920 y 1950 por Coriolano Alberini, compilados posteriormente en
Precisiones sobre la evolución del pensamiento argentino. Bs.As., Docencia, 1981.
23 Las omisiones son en general de textos publicados en la prensa, mientras que los errores tienen que ver
con la confusión de diversas ediciones de una misma obra o de diversas obras de un mismo autor bajo un
mismo título. Hay errores que resultan aún más llamativos, como es el caso de una inconclusa Historia de
los partidos políticos argentinos de Vicente F. López que fue publicada como parte de una colección de
textos del correntino Juan Pujol a quien el editor le atribuyó erróneamente su autoría por haber hallado
una copia entre sus papeles. Esto se debe a que Pujol había tomado contacto en Córdoba con López en
1840 cuando éste se escapó de Buenos Aires por su oposición al régimen rosista. La verdadera autoría
puede determinarse no sólo por su estilo y sus contenidos —que fue lo primero que llamó mi atención—,
sino también por la existencia de varias cartas escritas por López al llegar a Chile reclamando a sus
interlocutores que le enviaran el texto manuscrito e indicando que uno de sus poseedores es el propio
Pujol, así como también de algunos borradores de López que se conservan en su Archivo y que contienen
párrafos similares. "Introducción á la Historia de los partidos políticos de la República Argentina , en
Juan Pujol Corrientes en la organización Nacional, vol. 1, Bs.As., G. Kraft, 1911; Vicente F. López a
24
A sim ism o, los estu d io s eru d ito s específicos no sólo son escasos, sino q u e en su m ayoría están
referidos a obras o figuras singulares, m ientras que los q u e tienen m iras m ás am plias tien d en a
-conocim iento p u ed e atribuirse a diversas razones, en tre las cuales quisiera destacar dos pues
en tien d o q u e son las m ás relevantes: p o r u n lado, los enfoques em pleados y, por el otro, los
En cu anto a los enfoques, los estudios q u e po d rían d a r cu en ta d e estas obras se suelen inscribir
p rim er caso, el interés p o r el proceso d e form ación d e u n a disciplina som etida a reglas prop ias
lleva a dejar d e lado u n cuantioso corpus textual a través del cual dicha sociedad se
rep resentaba su pasado. Es p o r eso que en ocasiones se co n sid eran algunas crónicas, m em orias,
los au to res m ás ren o m b rad o s en d etrim en to del conjunto d e la pro d u cció n discursiva con la q u e
pocas veces se la vincula. A dem ás se tiende a en c u ad ra r dichas obras y autores en alg u n a
corriente teórica, ideológica, doctrinaria, estética o política, concentrando así los esfuerzos en
ú ltim a apreciación debe ser m atizada, pues en los últim os años se h an se h an en carad o
D esde luego q u e lo señalado no es u n juicio d e v alo r sobre esos enfoques que h a n m o tiv ad o
algunos trabajos clásicos cuya lectura sigue re su ltan d o necesaria, sino el señalam iento d e su
Juan Campillo, Santiago de Chile, 31/3/1841 en AGN Sala VII, Archivo y Colección los López, legajo
2364, doc. n° 3943; “Discurso sobre la Filosofía de nuestra Historia y sobre los deberes q. ella impone á
la Juventud por V. F. López” (s/f), en id., legajo 2375, doc. n° 5261.
24 Este es el caso de los dos estudios más completos sobre las producciones historiográficas del período:
Rómulo Carbia, Historia crítica de la historiografía Argentina, La Plata, UNLP, 1939 y Juan A. Oddone,
"La historiografía uruguaya en el siglo XIX. Apuntes para su estudio", en Revista histórica de la
Universidad. 2da. época, n° 1, 1959, Montevideo. Para más referencias me remito al punto 2.3.2 de la
bibliografía.
25 A modo de ejemplo merecen citarse el trabajo de P. González Bemaldo Civilidad v política en los
orígenes de la Nación Argentina. Las sociabilidades en Buenos Aires. 1829-1862, Bs.As. FCE, 2001 y los de
J. Myers Orden y virtud. El discurso republicano en el régimen rosista. Bemal, Universidad Nacional de
Quilmes,1995 y ‘'La Revolución en las ideas: La generación romántica de 1837 en la cultura y en la política
argentinas” , en N. Goldman, N., (Dir.'l Revolución. República. Confederación (1806-1852), op.cit.
25
insuficiencia p a ra encarar u n exam en com o el aquí p ro p u e sto 26. Pero la falta d e interés en
lim itaciones d e los enfoques em pleados p a ra d ar cuenta d e la m ism a. H ay otra razón q u e deriva
d e sus contenidos, y es que éstos difícilm ente p o d ría n so p o rtar una interpretación q u e las
co nstituya en relatos históricos nacionales. En ese sen tid o se d eb e tener presente q u e tanto en
preocupaciones históricas del siglo XX, ya sean académ icas o alentadas p o r una visión ético-
política. De ahí q u e las investigaciones sistem áticas sobre las representaciones del pasad o
to m aran casi invariablem ente com o p u n to d e p artid a las elab o rad as en el últim o tercio del siglo
d e esa n acionalidad d esd e el período colonial, en A rgentina dicho m érito es atrib u id o a la obras
m ayores d e V icente F. López y, especialm ente, de B artolom é M itre28. Asim ism o, n o sólo se
co n sidera q u e e n esos años se p rodujeron las prim eras h isto rias nacionales, sino q u e tam b ién se
sen taro n las bases d e la disciplina com o práctica d e conocim iento e ru d ita y m etódica, en
especial tras la polém ica an im ad a por los m ism os M itre y L ópez d u ra n te la décad a de 1880,
v erd ad ero mito de orígenes d e la historiografía argentina. Y si bien en los últim os años se
pro d u jeron im portantes aportes que perm itieron com plejizar tanto la obra de am bos autores, com o
el carácter y el sentido de sus polémicas, dichos trabajos apenas trataron las m odalidades que
asum ió el conocim iento histórico y las representaciones del pasad o en las décadas anteriores29.
26 Éste sería por ejemplo el caso del análisis de las ideas de Alberdi y Sarmiento que ensayó Natalio
Botana en La Tradición Republicana, Bs.As., Sudamericana, 1984
27 Estas mismas razones son las que permiten entender por qué en casos como el chileno existe una mayor
tradición en el análisis de los modos de elaboración y de apropiación del pasado producidos durante esos
mismos años. Es que no sólo tuvo un mayor desarrollo de instituciones estatales como la Universidad que
alentaron el conocimiento histórico, sino que éste estuvo mayormente orientado a dar cuenta de la
singularidad chilena en términos de una nación o una nacionalidad desde el período colonial. Lo mismo
en relación a Brasil, donde se produjo una incipiente institucionalización disciplinar al fundarse en 18j8
el Instituto Histórico y Geográfico Brasileiro. Para el caso chileno y una comparación con lo sucedido en el
Plata pueden consultarse mis trabajos “Las prendas jeniales de nuestra sociedad: representaciones del
pasado e identidad nacional en el discurso de las elites político-letradas chilenas (1840-1860) , en
Iberoamericana. América Latina - España - Portugal, Nueva Época, año III, n° 9, Instituto
Iberoamericano, Berlín, marzo de 2003 y “Representaciones del pasado en la cultura y la política chilena
y rioplatense (1830-1860)”, en CD Rom IX Jomadas Interescuelas v departamentos de historia a veinte
años, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba, setiembre de 2003. Un examen de las condiciones de
producción de relatos históricos nacionales en Brasil y Argentina en Elias Palti, “Imaginación histórica e
identidad nacional en Brasil y Argentina. Un estudio comparativo” en Revista Iberoamericana, vol. LXII,
núms. 174, enero-marzo 1996. Para una ampliación me remito al apartado 2.2 de la bibliografía final.
28 B. Mitre, Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina, Bs.As., 1887 (4o ed. definitiva) e Historia
de San Martín y de la Emancipación Sudamericana, Bs.As., 1887-1890; V. F. López, Historia de la
República Argentina (Su origen, su revolución y su desarrollo político hasta 1852, Bs.As., 188j - 189_>, 10
vols; F. Bauzá, Historia de la Dominación Española en el Uruguay, Montevideo, 1880-2.
29 Por ejemplo, N. Botana, La libertad política y su historia, Bs.As., Sudamericana, 1991; P. Buchbinder,
“Vínculos privados, instituciones públicas y reglas profesionales en los orígenes de la historiografía
26
Ya sea entonces p o r los contenidos d e las obras con las q u e las elites d ab a n cuenta del p asa d o o
sido dejadas d e lado o q u e sólo fu eran utilizadas com o fuente inform ativa p ara otro tipo de
indagaciones sin q u e se las considerara com o u n corpus dig n o d e tratam iento sistem ático. Para
peor, las pocas obras q u e sí se exam inaban, solían ser desgajadas del universo d e prácticas,
Esta falta d e interés en analizar sistem áticam ente y en p ro b lem atizar cóm o las elites d ab a n
cu en ta d e su p asa d o no ten d ría p o r qué llam ar la atención. De hecho siguen siendo varios y
sustanciales los aspectos q u e a ú n se ignoran del siglo XIX rioplatense. P ero en este caso resulta
a ú n m ás llam ativo, ya q u e la m ism a historiografía que p restó poca atención a esas produccion es
políticas, ideológicas, d octrinarias y estéticas com o el rom anticism o, las cuales se co n stitu y ero n
fenóm enos sociales y p a ra realizar intervenciones públicas, o rien ta n d o así en gran m e d id a las
p ro d ucciones d e las elites letra d as y políticas30. En ese sen tid o suele destacarse tam b ién la
historia a vil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán publicado hacia 1816-7 p o r el D eán F unes31.
argentina” en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. E. Ravignani, tercera serie, n°
13, primer semestre 1996; A. Eujanián, “Polémicas por la historia. El surgimiento de la crítica en la
historiografía argentina, 1864-1882”, en Entrepasados. n° 16, 1999; T. Halperín Donghi, "Mitre y la
formulación de un historia nacional para la Argentina" en Anuario del IEHS. Tandil, 1996; E. Palti, “La
Historia de Belgrano de Mitre y la problemática concepción de un pasado nacional” en Boletín del
Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”. Tercera serie, n° 21, 1er. Semestre,
2001 '
30 Por su carácter sintético y preciso merece citarse a F. Weinberg, para quien a partir de 1830 se habría
producido “una revalorización y reformulación de la historia. La historia va a gravitar en casi todos los
campos de la cultura; va a penetrar y dar historicidad a la literatura, al arte, a la lingüística, a la filosofía,
al derecho, a la política. También va a quebrar encasillamientos tradicionales y hacer difusos los límites
convencionales de disciplinas y géneros”, “Los comienzos de la historiografía romántica rioplatense’’,
Boletín de la Academia Nacional de Historia, vol. LXI, 1988, p. 144.
31 Si bien el texto de Funes siguió gozando de prestigio ya que durante mucho tiempo fue casi el único en
el que se podía encontrar un relato del pasado rioplatense, con el correr de los años comenzaron a
extenderse las valoraciones negativas de su forma y sus contenidos. G. Funes, Ensayo de la Historia Civil
de Buenos Aires. Tucumán y Paraguay. , Bs.As., 2da. ed., Imprenta bonaerense, 1856 [Ira. ed., Bs.As., t.
I, Imprenta de J. M. Gandarillas y socios, 1816, t. II y 111, Imprenta de Benavente, 1817]
27
escritos d e carácter pragm ático q u e ya no eran sim ples artificios retóricos d estin ad o s a exhibir la
eru d ició n del autor, ni tam poco se p ro p o n ían ser un m u estrario d e v irtu d es y defectos eternos
h ab rían cobrado m ay o r desarro llo y consistencia las m iradas hacia el p asa d o rioplatense com o
en 1858/9 d e las versiones prim itivas d e la biografía d e B elgrano escritas p o r B artolom é M itre,
u su alm ente co n sid erad a com o la prim era H istoria N acional A rg en tin a au n q u e a m i juicio en
form a errónea. Esta discusión está d esarro llad a en varios pasajes d e la tesis, p o r lo que sólo
quisiera ad e la n tar q u e esa in terp retació n recién se ajusta a la tercera edición d e 1876/7, la cual
d e nuevos sentidos32.
P ero m ás allá d e q u e esta in terp retació n sea m ás o m enos a c ertad a o ajustada, el m arco en el
q u e fue realizada p re sen ta im p o rtan tes reparos. Es que incluso si se deja de lado lo q u e debería
h aber sido su m ay o r logro discursivo -u n a H istoria N acio n al-, la difusión del historicism o
rom ántico e n la c u ltu ra rio p laten se debería haber estad o a c o m p a ñ a d a por prácticas, actores e
instituciones acordes d e alg ú n m odo con sus postulados. Y, sin em bargo, b asta re p asar los
análisis referidos a la c u ltu ra del perío d o p a ra n otar q u e estos fenóm enos fu e ro n m ás bien
u n a in terp retació n canónica pocas veces revisada: el señ alam ien to d e la presencia d e u n a
corriente co n sid erad a v igorosa p ero que sin em bargo, y salvo co n tad as excepciones, n o p ro d u jo
siquiera m ín im am en te aquello q u e d eberían constituir sus prin cip ales logros o m anifestaciones.
años fu eron m ay o rm en te d ejad as d e lado o, en el m ejor d e los casos, sólo se ex am in aro n obras o
auto res pu n tu ales, m ay o rm e n te aquellos q u e m ilitaron e n el m o v im ien to rom ántico. A dem ás, y
aproxim ación anacrónica al co n sid erar a esas representaciones com o anticipos de desarrollo s
~2 Las cuatro ediciones fueron "Biografía del General Belgrano", en Galería de Celebridades Argentinas,
Bs.As. Ledoux y Vignal eds., 1858; Historia de Belgrano, Bs.As., 1858/9; Historia de Belgrano y de la
Independencia Argentina, Tercera y única edición completa, Bs.As., Imprenta y Librería de Mayo, 1876/7,
Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina, cuarta edición y definitiva, Bs.As., 1887.
28
fu tu ro s m ás plenos -lo s prim eros textos d e M itre o López suelen ser leídos com o esbozos d e sus
obras m ayores-; o resabios d e u n pasad o q u e se negaba a m o rir com o sucede con p arte d e las
m em orias, biografías y crónicas. Por el contrario, p ara e n ten d e r la cultura del p erío d o es
sin q u erer reducirla a otras configuraciones sociohistóricas. Esta es al m enos la preten sió n que
guía la presente tesis cuyo principal com etido es exam inar las vinculaciones q u e la socied ad
M ás precisam ente m e d e tu v e en las elites políticas y letradas, así caracterizadas por su cap acid ad
n o sólo a quienes p o r su form ación o activ id ad com o abogados, clérigos, periodistas, políticos o
funcionarios p u e d e n ser co n siderados escritores, letrados o publicistas, sino tam b ién a tod o s
d e alg unos m ilitares. Del m ism o m o d o procuré am p liar el universo textual exam inado,
pu es, p o r ejem plo, suele dejarse d e lad o o considerarse en form a parcial la pro d u cció n
periodística.
n arrativ a o arg u m en tativ a, son las razones q u e m e llevaron a definir el objeto d e estu d io
33 Cabe notar que el análisis se restringe a las expresiones laicas de esa cultura. Esto no implica que no se
hagan menciones y análisis de expresiones puntuales provenientes de miembros de la Iglesia y menos aún
que se desdeñe su importancia; pero sí que un examen sistemático de sus manifestaciones amerita un
estudio que excede el marco de la tesis.
34 Las relaciones entre política y literatura en la Hispanoamérica decimonónica fueron objeto de
numerosas indagaciones. Entre las más recientes resulta de gran interés el trabajo de J. Ramos
Desencuentros de la modernidad en América Latina. Política y literatura en el siglo XIX, México, FCE,
1989.
29
recu rrien d o a u n a categoría algo laxa com o representaciones del pasado y no a otra m ás restrictiv a
com o p o d ría ser discurso histórico. En cu an to al corpus, y d a d o que en el p rim er cap ítu lo se
realiza una caracterización sistem ática del m ism o, sólo quisiera ad elan tar q u e se integró con
obras de div ersa procedencia en cu an to a géneros y soportes -libros, folletos, prensa, cartas,
m an u scrito s-, pero tam bién d e m uy disím il en v erg ad u ra en cuanto a su en tid a d eru d ita,
conceptual, arg u m en tativ a, n arrativ a o estilística. P roducciones que, a pesar d e esta d iv ersid ad ,
y d ad o q u e tem atizan el p asa d o local en u n m arco sociopolítico com ún con el fin de legitim ar
d istin tas posiciones e intereses, con stitu y en u n a serie que am erita ser co n sid erad a com o u n a
formación discursiva35. El exam en d e esta form ación o serie discursiva, así com o tam b ién el d e
conocim iento histórico, se inspiró en alg u n as p ro p u estas d esarro llad as en el m arco d e la historia
sino que com parte la necesid ad d e d o tar d e sentido a los objetos culturales inscribiéndolos en
u n a tram a social, política, ideológica y d iscu rsiv a sin la cual p ierd e n d en sid ad histórica.
exam ina u n a problem ática particular. D ado q u e los tem as trata d o s no p u e d e n ser p re sen tad o s
La p rim era p arte consta d e cinco capítulos y se titu la El conocimiento del pasado. El p ro b lem a q u e
busca d ilu cid ar es el sen tid o q u e ten ían el conocim iento histórico y las representaciones del
aún, su im posibilidad. Si bien e n cada cap ítu lo se exam ina u n tem a u objeto en p articu lar, éstos
p ro b lem ática sino tam b ién p o rq u e re to m a n y p ro fu n d iz a n las diversas cuestiones p lan tead as. El
35 Noción con la cual se pretende dar cuenta de "una regularidad" "entre los objetos, los tipos de
enunciación, los conceptos, las elecciones temáticas" M. Foucault, La Arqueología del saber, México, Siglo
XXI, 1990, p. 62.
36 Entre la vasta bibliografía teórico-metodológica merece citarse la obra de Roger Chartier El mundo
como representación. Historia cultural: entre práctica v representación, Barcelona, Gedisa, 1992. De mayor
interés, dado que se refiere a una temática afín a la tesis, es el libro de Michel de Certeau La escritura de la
Historia. México, Universidad Iberoamericana, 1993. Para una ampliación de las referencias me remito a los
apartados 1.1 y 1.2 de la bibliografía. •
30
p rim e r capítulo describe y analiza los géneros a través de los cuales cobraron cu erp o las
representaciones del pasado. Tiene com o propósito d ar cuenta del corpus trabajado y, a la vez,
b rin d ar u n a p rim era aproxim ación al sen tid o que tenían esas representaciones. El seg u n d o
to m a com o objeto la edición d e colecciones docum entales y biográficas, práctica q u e perm ite
p o n er de relieve las tensiones existentes en tre las pretensiones eru d ita s y las m o d alid ad es q u e
éstas asum ieron. El tercero es u n a indagación sobre los rasgos asignados a los sujetos
pro d u cto res d e conocim iento histórico y d e u n tópico recurrente: el del historiador futuro. El
cu arto está d edicado a exam inar lo su ced id o con los intentos d e institucionalización d e ese
saber, las causas que im p u lsa ro n la creación d e asociaciones d estin ad as a su estudio, sus rasgos,
y los m otivos por los cuales fracasaron. El q uinto arg u m en ta p o r qué no se elab o raro n historias
nacionales d u ra n te esas tres d écadas a diferencia de lo sucedido en otros países cercanos com o
C hile o Brasil.
La seg u n d a p arte consta d e d o s capítulos extensos y lleva p o r título La negación del pasado: el
mundo indígena y la sociedad colonial. En esta sección se an alizan sistem áticam ente las
atrás. En tal sentido p ro cu ré ir m ás allá d e las generalizaciones sobre el escaso interés q u e estos
tem as tenían p a ra las elites, p re sta n d o atención a las interpretaciones, juicios y representacion es
largo del período. El cap ítu lo seis se centra en las representaciones del m u n d o indígena, y hace
tam b ién u n as com paración con las elab o rad as p o r políticos y escritores chilenos. El capítu lo
sép tim o se aboca al p a sa d o colonial p o n ien d o de relieve el tratam ien to abstracto q u e se hacía de
discurso d e la G eneración d e 1837 y del rosism o, p ara luego d a r cuenta de algunas m utaciones
La tercera p arte consta d e cinco capítulos y lleva p o r título La creación de un nuevo pasado: la
Revolución de Mayo como mito de orígenes. Esta sección constituye la contracara d e la anterior,
los conflictos suscitados al q u erer d o tarlo d e sentido. Los capítulos exam inan la serie d e
se p lan tea n alg u n as de sus proyecciones ya sea en lo q u e hace a u n a m ejor co m p ren sió n d e la
PRIMERA PARTE
La historia, pues, de las sociedades humanas es hoy para las ciencias sociales
lo que la geología para las ciencias naturales. (...) El historiador sigue el
mismo rumbo; en los tiempos pasados, en la sucesión de naciones que han
habitado el globo, en las revoluciones que las han agitado, transformado o
hecho desaparecer, busca la explicación de los fenómenos sociales que hoy se
presentan a su vista, y con el auxilio de los antecedentes históricos, se da
cuenta de lo que es, por lo que ve que ha sido en todos los tiempos y lugares.
El estudio de la historia ha asumido, por tanto, el rango de estudio
preparatorio, con más título que la lógica, la retórica y los demás estudios
llamados clásicos.
D om ingo F. Sarm iento, 1843
^ D. F. Sarmiento, "Apertura de un curso de historia en el Colegio de Santiago", en OCS. t. IV, pp. 288/9
rEl Progreso. Santiago de Chile, 10/4/1843]; V. F. López, Curso de Bellas Letras. Santiago de Chile,
Imprenta del Siglo, 1845, p. 213. -
■ 33
al conocim iento, representación y d ifu sió n del pasado. Dicha indagación se centra en los
propósitos, logros y lim itaciones q u e tu v iero n los m edios a través d e los cuales se buscó d a r
form a a ese saber, pero tam b ién e n las percepciones q u e las elites tenían de éstos. En tal sen tid o
conocer el pasad o local y la constatación sobre las dificultades p ara hacerlo o, peor aún, su
La sección consta d e cinco cap ítu lo s en cad a u n o d e los cuales se analiza u n tem a u objeto. Estos
aproxim aciones a u n a m ism a problem ática, pero tam bién p o rq u e en cada u n o d e ellos se
tiene u n doble fin: describir el corpus d e la investigación y exam inar los pro p ó sito s q u e ten ían
los autores y el sentido q u e p o d ía n cobrar en sus escritos las representaciones del pasado. El
seg u n d o tom a com o objeto d e análisis la edición d e colecciones docum entales y biográficas,
práctica q u e perm ite p o n er d e relieve las tensiones existentes en tre las pretensiones e ru d ita s y
las m o d alidades que éstas p o d ía n asum ir. El tercero es u n a indagación sobre los sujetos
p ro d u cto res de conocim iento histórico y sobre u n tópico recurrente: el del historiador futuro. El
cu arto está d edicado a exam inar lo su ced id o con los intentos de institucionalización d e ese
y los m otivos p o r los cuales fracasaron. El quinto y ú ltim o es u n a arg u m en tació n sobre las
causas por las cuales no se elab o raro n historias nacionales d u ra n te esas tres décadas.
34
Capítulo I
Conocimiento histórico, representaciones
del pasado y géneros discursivos
yo soy de los qe. se ríen de los trabajos literarios de la América. Pero ¿qué
quiere Ud., es preciso trabajar; todo lo qe. hagamos lo más será mato, lo
es, de cierto; po. lo qe. importa es pensar qe. es útil y en qe. pr. tanto
estamos obligados a hacerlo.
Vicente F. López a Juan M. G utiérrez, 1845.
El C o rp u s
E n la introducción p u d im o s ap reciar q u e d esd e inicios d e la d écada d e 1830 había ido co b ran d o
cu erp o en la cu ltu ra rioplatense u n a n u ev a concepción sobre la H istoria, cuyo conocim iento era
co n sid erad o adem ás necesario p ara d ilu cid ar el presente y el futuro. Esto, entre o tras razones
prácticas e instituciones orien tad o s a d ar cuenta no sólo del pasado, sino tam b ién d e la
actu a lid a d en tanto presente histórico. Pero la im portancia d e este m ovim iento no rad ica tan to
com o su orientación y percepción. En ese sen tid o resulta válido sostener que se trató d e u n a
D ad o q u e el conjunto de la p ro d u cció n discursiva resultó así afectada, el análisis sobre cóm o las
textos d e m uy diversa índole en lo que hace a su autoría, género, soporte, en v erg ad u ra, calidad
u objetivos. Textos en los que, adem ás, el pasad o no siem pre es recu p erad o e n form a
representaciones del pasado y no a otra m ás restrictiva com o p o d ría ser discurso histórico o
historiográfico.
m em o ria colectiva, que este tipo d e enfoque p u ed e practicarse con provecho en diversas
situaciones. Sin em bargo, e n este caso no se trató tan sólo d e u n a elección q u e perm ite
b ien fue u n a exigencia d e riv a d a d e los interrogantes plan tead o s p o r la investigación. Esto se
discu rsiva autónom a, cualquiera sea el concepto d e autonomía q u e se utilice y que em pleo a
d isg u sto p o r no contar con otro m ejor. En efecto, com o p o d rá apreciarse a lo largo d e la sección,
su conocim iento, representación y difusión era n co nsideradas actividades literarias o rien tad as
Esta falta d e autonom ía o, m ejor aún, la presencia de representaciones del pasado en el conjunto de
au n q u e estim aba que los textos y los autores usualm ente analizados no logran d ar cuenta de lo q ue
acontecía en el conjunto d e las elites, tam poco contaba con criterios claros p ara delim itar algún
construyendo a lo largo d e la investigación sin tener p o r qué ceñirm e a priori a género, soporte,
texto o au to r alguno. Lo cual no im plicó en m odo alguno la ausencia de toda guía que orientara la
En prim er lugar, y com o estaba interesado en analizar lo qüe podría considerarse com o el proceso
de construcción colectiva del pasado, privilegié aquellos escritos cuya circulación hubiera tenido
sensibilidades de las elites. Es por eso que presté especial atención a la actividad periodística, d ad o
que la prensa se constituyó e n el principal soporte de la cultura letrada del período y, a la vez, g ran
parte de los letrados fueron periodistas o dieron a conocer sus escritos a través d e la prensa. En ese
sentido debe tenerse presente q u e su im portancia no fue sólo cuantitativa, sino tam bién cualitativa,
y a que dicho m edio condicionó tanto la producción, com o la circulación y la inteligibilidad d e los
discursos, aspectos a los q u e en general no se les h a prestado dem asiada atención39. En segundo
lugar, y com o estaba interesado en las obras referidas a fenóm enos, hechos o procesos que eran
considerados parte d e u n a historia que se reputaba con capacidad p ara incidir en la actualidad,
pueblos asiáticos y a la sagrada. Esto no im plica en m odo alguno desconocer su valor e interés,
sobre todo en el caso d e esta últim a, pero su exam en excede los alcances de esta investigación40. En
tercer lugar presté atención preferente a aquellos textos cuya tram a o argum entación presentan
cierta densidad y capacidad descriptiva o explicativa del pasado, aunque ahora se nos ocurran
precarias o toscas. Es p o r esta razó n que dejé de lado algunos géneros com o los anales, a los que
sólo consideré para cuestiones específicas com o los cam bios en la percepción d e la tem poralidad.
Del m ism o m odo sólo traté im as pocas obras que alu d en a los fenóm enos o hechos del pasado en
j9 Algo similar puede plantearse en relación a la correspondencia, en general considerada como una fuente de
información sobre algún episodio o figura, cuando amerita ser analizada como un objeto con valor propio,
sobre todo si se considera que numerosas cartas eran concebidas para que circularan públicamente -y muchas
que no lo habían sido, también alcanzaron ese estado-.
40 La productividad que puede tener una indagación de ese corpus puede apreciarse en el trabajo de
Roberto di Stéfano “Lecturas políticas de la Biblia en la revolución rioplatense (1810-1835)" en Anuario
de Historia de la Iglesia XII, Universidad de Navarra, Facultad de Teología, Instituto de Historia de la
Iglesia, 2003. -
37
form a retórica o que los tratan com o m odelos atem porales. Éste es el caso d e la producción poética
y de num erosas piezas oratorias, sobre todo las de carácter fúnebre, m ás allá d e q u e fuesen
carn ad u ra histórica.
Las n u m erosas obras q u e c u m p len con estos requisitos p u e d e n ser tam b ién a g ru p a d a s en
p resen te capítulo tiene com o p ropósito describir y analizar sus principales rasgos a fin d e p o d e r
representaciones del pasado. En tal sentido distinguí cuatro gran d es gru p o s d e textos: los
biográficos y testim oniales; los estu d io s históricos y geográficos; los ensayos; y las obras
género discursivo único e inequívoco. Debe entenderse entonces q u e esta clasificación está
su b o rd in ad a a la problem ática plan tead a, p u d ien d o utilizarse otras con igual leg itim id ad , y q u e
su único propósito es p erm itir u n o rdenam iento sistem ático del Corpus p a ra facilitar su
descripción y análisis.
p asa d o so n las d e carácter biográfico y testim onial com o las autobiografías, biografías,
análisis perm ite considerar u n extenso universo d e obras sin tener p o r q u é ceñirse a las
p ro d u c id a s por unos pocos au to res d e renom bre. Esto no im plica sin em bargo su p o n e rla s
eq u iv alentes entre sí: com o h a sido señalado p o r la crítica literaria y el análisis del discurso,
d ifieren en aspectos sustanciales com o la enunciación que a los fines d e la p resen te ind ag ació n
p lan teados. Me refiero al hecho d e q u e si bien estas obras se refieren al pasad o , sus rasg o s no
su elen ser p ro fu n d izad o s m ás allá del contexto inm ediato q u e p erm ite situ ar las v id a s o los
41 Entre éstos lo que han merecido mayor atención son las memorias y las autobiografías, destacándose
los estudios de Adolfo Prieto La literatura autobiográfica argentina. Bs.As., CEAL, 1982 y de Silvia Molloy
Acto de presencia. La escritura autobiográfica en Hispanoamérica. México, FCE, 1996. Como obras de
referencia pueden consultarse de R. Trostiné “Catálogo de las memorias y autobiografías argentinas
(1810-1852)” en Anuario de Historia Argentina. V, Sociedad de Historia Argentina, 1947; y de M.
Caffese y C. Lafuente Mayo en la bibliografía. Bs.As., Universidad de Buenos Aires, 1961.
38
q u e d en tro d e este corpus se destacan u n as pocas obras en cuya tram a los contenidos históricos
práctica las concepciones en boga sobre el p ap e l de las biografías com o cifra d e la sociedad d e la
cual fo rm an parte las p erso n alid ad es retratadas. S egún Sarm iento, un ferviente defensor y
"La biografía de u n hom bre que h a d esem p eñ ad o u n gran papel en u n a época y país
d ados, es el resu m en de la historia contem poránea, ilu m in ad a con los an im ad o s colores
q u e reflejan las costum bres y hábitos nacionales, las ideas dom inantes, las tendencias d e
la civilización, y la dirección especial q u e el genio d e los grandes hom bres p u e d e im p rim ir
a la sociedad"42
rom anticism o, la m ism a no se restringió a quienes m ilitaron en sus filas. Así, tras el
fallecim iento del político o riental S antiago V ázquez, el ilu strad o y neoclásico Florencio V arela
trazó u n breve retrato d e su persona en El Comercio del Plata, lam entándose p o r no hab er p o d id o
escribir u n a biografía dig n a d e ese nom bre. Pero no sólo p o r falta d e espacio y d e tiem po, sino
tam b ién p o rq u e
El consenso en to rn o a estos principios n o fue sin em bargo estím ulo suficiente p a ra lo g rar u n a
p ro d u c ció n acorde a los m ism os. En efecto, a pesar d e las teorías sobre el p ap el d e los grandes
hombres, a pesar d e la im p o rtan cia atrib u id a a las biografías com o m odelo público o p o r su
c a p acid ad d e rep resen tar u n estad o social, a pesar d e la g ra n circulación d e las m ism as y del
interés con que era n leídas, fueron escasas las obras q u e p u d ie ro n cum plim entar las exigencias
d e testim onio o m em orias d e lo viv id o o presenciado. Las siguientes pág in as tienen com o
42 D. F. Sarmiento, "De las biografías", en OCS. tomo I, pp. 182 1E1 Mercurio. 20/3/1842].
43 CP n° 448, 14/4/1847. .
39
Lo p rim ero que llam a la atención entonces al exam inar estas obras, es que gran p a rte d e las
d eterm in ad o s hechos, sin m ayores pretensiones de d ilu cid ar su sentido o ubicación d en tro de
u n a estru ctu ra o proceso d e m ay o r alcance. Esto era asu m id o explícitam ente p o r alg u n o s d e su s
autores, quienes aseg u rab an q u e su p ropósito era consignar d eterm inados hechos p a ra p o d e r
im portancia de los hechos narrados. Por ejem plo, el C oronel Lugones plantea en sus Recuerdos
que
en g ran p arte d e estas obras p u e d e n en co n trarse dos estrategias argum entativas: p o r u n lado,
en d ilg arle errores y fallas a su b o rd in ad o s q u e no cum plieron con su deber o a su p erio res q u e no
su p iero n escuchar consejos oportunos; p o r el otro, resaltar las iniciativas perso n ales q u e
q u e este últim o atrib u to estaba v inculado tan to a la pertenencia fam iliar, el lu g ar d e o rig en y la
posición social, com o al n o m b re ad q u irid o a través del com portam iento y las acciones públicas
y p riv ad as45. Esta v irtu d trascendía al in d iv id u o en cuestión h asta abarcar a to d a su fam ilia,
44 Lorenzo Lugones, Recuerdos históricos sobre las campañas del Ejército Auxiliador del Perú en la
Guerra de la Independencia en esclarecimiento de las memorias postumas del Brigadier General don José
María Paz. Bs.As., 2da. ed., 1888, pp. 5 y 6 [Ira. ed., Bs.As., 1855],
45 Un ejemplo elocuente sobre el significado que podía tener la defensa del honor entre los militares, se
encuentra en el relato que hace Lugones de su ingreso al primer ejército patrio al que, podría decirse,
- . 40
publicación d e biografías, m em orias o relatos testim oniales, así com o la recurrencia e n d estac ar
q u e los m ayores bienes legados eran los ejem plos y el b u e n nom bre. Es p o r eso tam bién que,
p a ra trazar u n a curva vital, la m ayoría d e estas obras se inician con u n a breve referencia a los
Esta ú ltim a apreciación po n e d e m anifiesto otro aspecto q u e resulta necesario tener p resen te
luchas que d esg arrab an la sociedad rioplatense. De ese m odo, la crisis del o rd e n colonial, la
revolución, las guerras d e in d ep en d en cia y los conflictos político-m ilitares que les sucediero n ,
con stituyen el trasfondo d e esos relatos e n los que los atrib u to s de honorabilidad se c o n fu n d e n
d e las acciones d e sus p ro tag o n istas a las invasiones inglesas, la R evolución d e M ayo o las
p ero tam bién el m om ento d e iniciación d e esa m ism a vida. C om o verem os e n el capítulo octavo,
la R evolución h abía d o ta d o d e sen tid o a los acontecim ientos p ero tam bién a las p ro p ias v id as
Estos condicionam ientos eran tan fuertes q u e incluso las narraciones que buscan circunscribirse
había sido ofrendado por su padre dada su minoría de edad. Todavía medio siglo más tarde recordaba con
orgullo una carta en la que éste le prevenía “que en todo caso el honor es lo primero y habiendo de elegir un
partido entre la muerte ó la deshonra, no se debe trepidar en abrazar lo primero”. Además, le adjuntaba algo
que consideraba esencial: ”(...) la fe de bautismo acompañada de los certificados de tu buen origen, requisito
necesario para ser admitido en tu clase, no obstante que, la genealogía del militar está en la foja de sus
servicios y los ascensos obtenidos con suficiente méritos, son los verdaderos títulos de su linage”. Id., p. 9.
46 Juan Manuel de Rosas a Manuel García, Villa de Luján, 30/3/1830, cit. por E. Barba “Noticias
bibliográficas sobre unitarios y federales”, en AA.VV Unitarios v federales. Bs.As., Granica, 1974, p.
160. W •
I ■
41
razones, esto perm ite explicar por q u é en gran p arte d e estos textos suelen aparecer
fam ilia y los allegados pero tam bién a la opinión pública. O, m ás precisam ente, estaban
d estin ad o s a la fam ilia p ara que ésta p u d ie ra alegar ante esa opinión, com o hizo explícito C.
"q u e les sirva de guía en los casos q u e p u ed an ocurrir después d e mi fallecimiento. Por mi
T estam ento les he legado el honor que heredé de mis abuelos y el que supe adquirir con mis servicios,
y ellos son interesados en conservarlo, sostenerlo y defenderlo de las incursiones de la intriga
y m aledicencia"47.
Y si éste no era el objetivo d e sus autores en v e rd ad n o im p o rta dem asiado, pues en nu m ero sas
resu lta d el to d o claro-, fu e ro n ed itad a s e n v id a o tras la m u erte del au to r d o tán d o las así de
n u ev o s sentidos al constituirse en obras d e dom inio público. En ese m arco deben en ten d erse
tam b ién varias publicaciones debidas a la iniciativa d e parientes a fin d e reivindicar o justificar
P erú, escrita en resp u esta a las Memorias del G eneral M iller q u e lo habían dejado m al p a ra d o 48.
C ab e señalar p o r últim o q u e m uchos d e estos textos ten ían e n tre sus finalidades, y a veces era la
p rim era o la única, acreditar m éritos o servicios que e sp e rab a n ser reconocidos no tanto p o r los
caso d e m ilitares q u e esp erab an ver recom pensados sus servicios. De ahí q u e u n a porción d e
L legados a este p u n to resu lta necesario señalar que m ás allá d e su en v erg ad u ra, calidad, o de
las intenciones d e sus autores, algunas d e estas obras g o zaro n d e u n a am plia difusión p asa n d o
sus co m unidades. En efecto, su publicación, m ayorm ente en la prensa, com o folletos y libros, e
incluso su circulación com o copias m anuscritas -fen ó m en o poco estu d iad o pero d e in d u d ab le
atestig u ar sobre hechos del pasad o reciente y, así tam bién, p a ra in d ag ar el sentido de esa
en textos publicados com o libros, folletos o artículos periodísticos. Es q u e si los sucesos allí
n arrad o s o las acciones d e sus p ro tag o n istas ponían en juego el b u en nom bre y honor de una
De ese m odo, y al igual q u e en los otros planos d e las relaciones d e las elites, la construcción d e
u n a m em oria colectiva fue objetó d e d isp u tas personales, fam iliares, facciosas y regionales. N o
p arece extraño entonces q u e gran p arte d e estos escritos fu e ran p u b licad o s en form a po stu m a,
P ara ilu strar este proceso resulta ú til re co rd a r las in m ed iatas críticas y refutaciones q u e suscitó
respuestas, com o las d e C ornelio Zelaya, circularon e n form a oral o m anuscrita; m ientras q ue
o tras fueron publicadas ese m ism o año, com o las d e los u su alm en te irritables G regorio A ráoz
d e estas resp u estas es q u e la p reten sió n d e n o dejar p asar m enciones u om isiones que afectaran
49 Algunos de estos textos aparecieron en la prensa o como folletos bajo el título de rectificaciones
históricas, que se constituyó así en un género a través del cual se disputaba sobre el pasado o, más
precisamente, sobre hechos y figuras de ese pasado. Con el correr de los años se iría despersonalizando y
oficiaría como canal para discutir problemas de otra índole como las concepciones sobre la Historia y su
legalidad, las forma narrativas o el uso de las fuentes.
50 José María Paz, Memorias postumas. Bs.As., Biblioteca del Oficial, 1924 [Bs.As., 1855].
51 L. Lugones, Recuerdos históricos.... op.cit.; G. Aráoz de Lamadrid, Observaciones sobre las memorias
postumas del brigadier general D. José M. Paz. Bs.As., Imprenta de la Revista, 1855; T. Iriarte, Ataque y
defensa, y juicio sumario de las Memorias del General Paz. Bs.As., Imprenta Americana, 1855; C. Zelaya,
“Memorias de sus servicios desde 1806 hasta 1810, escritas por él mismo antes de morir’', en Biblioteca
de Mayo. Colección de Obras v Documentos para la Historia Argentina, tomo II, Autobiografías, Bs.As.,
1960. [Bs.As., 1855]; aparte de algunos artículos periodísticos, también se pueden agregar unos
comentarios sobre el General Belgrano debidos a José C. Balbín, “Observaciones y rectificaciones
históricas a la obra “Memorias Postumas'’ del General don José María Paz”, en Ibíd.
43
sino tam bién a los editores. Es que a alg u n o s les resu ltab a difícil congeniar la im agen q u e tenían
h asta en aquellos casos q u e se refiere explícitam ente a él, ya q u e solía honrarlo en público, d e lo
cual eran testigos sus propios editores. P or eso su p o n e q u e h ab ían sido éstos quienes h ab rían
tem id o e m p añ a r las Memorias con su nom bre, pues d e haber sido P az se trataría d e un m iserable
C oncluye entonces que d e haber q u e rid o publicar el texto h ab ría corregido sus im perfecciones.
ocasiones había sido pasad o p o r alto su n o m b re m ientras q u e otros oficiales com o M oldes eran
encom iados p o r Paz. C reía q u e esto se d eb ía a q u e éste era salteño, m ientras que él y sus
H ú sares era n porteños "q u e p ara los redactores d e las m em orias, no som os d e su devoción,
p lu ral a la m em oria parece fruto d e la p erplejidad y la indecisión d e Zelaya sobre qu ién era
O tro es el caso d e Iriarte, que no d u d a en atrib u irle to d o a Paz, a q u ien califica de m ordaz, d e
"d estila r hiel" y d e ser "m onom aniaco". Sin em b arg o considera a los editores com o
escribió, q u e esa prevención era justa p u es él n o iba a acep tar q u e d a r reducido a u n rol nu lo
com o el q u e tenía Iriarte. Éste se consideró m enospreciado, lo cual creía u n cargo grave q u e
P ero si se dejan d e lado estas alusiones personales, h ay algo m ás q u e aparece tanto en las
a diferencia de Lavalle y Paz q u e eran unitarios, él era federal, si bien entonces eran todos
opositores a Rosas53.
P or su p u esto que todas las observaciones no eran igual d e críticas. Francisco Pico observó q u e
u n a carta pública al editor en la que rep ro d u cía el p arte oficial d e Belgrano. De todos m od o s
estim aba que no debía corregirse el m anuscrito, ya q u e el m ay o r interés q u e tenía el texto era el
juicio d e Paz sobre los hechos q u e vivió y presenció. En to d o caso era a él com o hijo q u e le
co rresp ondía corregir u n erro r que le parecía disculpable, sin atrib u irle n in g u n a otra m otivación
com o su p u n to d e partid a, ya q u e éste tam bién había ten id o com o m otivación inicial d a r
resp u esta a otros relatos. Paz había com enzado a redactar su texto en Brasil hacia 1848, a fin d e
co m p letar y rectificar la Memoria d e B elgrano relativa a la Batalla d e T ucum án. Al poco tiem p o
tom ó contacto con las Memorias de L am adrid, cuya lectura lo incitó a p ro seg u ir su redacció n
tam b ién u n im portante estím ulo p ara que se d esa rro llara n consideraciones sobre las
características d e estas obras, sus condiciones d e pro d u cció n y d e recepción. En tal sen tid o se
p lan tea ro n algunas reflexiones sobre las m o d alid ad es enunciativas; las condiciones d e
recepción; o las dificultades p a ra rep resen tar el pasad o d a d o el tiem p o tran scu rrid o , la falta d e
exam en d e este conjunto discursivo n o tan d o la com plejidad q u e h ab ía alcanzado al suscitar esas
a descalificar textos ajenos p o r tratarse d e fábulas com o lo hizo P az con L am adrid, q u ien
ag reg ab a ad em ás que éste no sabía v alo rar la im portancia d e los distintos sucesos q u e h ab ía
p ro tag o n izad o y q u e por eso no po d ía construir u n a n arrativ a q u e les diera sen tid o 56.
54 “Publicación solicitada. Carta de Francisco Pico a José M. Paz (h.)”, Montevideo, 12/5/1855, en La
Tribuna. Bs.As., Imprenta de la Tribuna, n° 517, 20/5/1855.
55 Las Memorias de Lamadrid fueron editadas en forma postuma a fines del siglo XIX. Sin embargo,
algunas versiones circulaban en forma manuscrita, ya que las había estado redactando desde principios de
la década de 1840 y se las había vendido a Andrés Lamas, quien se las habría facilitado a Paz, así como
también lo había hecho con otras como las del General Alvarez Thomas.
56 En esto discrepo con Molloy, quien plantea que era escasa la reflexión generada por las autobiografías y
memorias precisamente por el temor a que fueran tachadas como ficciones. J. M. Paz, Memorias.... , op.cit.,
t. II, p. 23 y 374; S. Molloy, Actos de presencia.... op.cit., p. 197. •
45
p u ed e rem ontarse m ucho m ás atrás en el tiem po, está in teg rad o p o r u n a heterogénea serie de
textos en los que la histo ria aparece entrem ezclada con otras saberes com o la geografía. Es q u e
am bas, a las q u e se les solía añ ad ir tam b ién la estadística y la econom ía política, form aban parte
d e u n m ism o área d e conocim iento q u e tom aba p o r objeto la sociedad, la econom ía y los
recursos d e alg ú n territorio. De ese m o d o conform aban u n a su erte d e disciplina o ciencia social
Las relaciones entre estas form as d e conocim iento, así com o su valor e interés, fueron
p lan tea d as en diversas ocasiones. B artolom é M itre p o r ejem plo consideraba q u e la estadística
era d e su m a im portancia p ara el conocim iento histórico, p u d ie n d o cum plir adem ás u n a suerte
"L a estadística q u e cuenta y clasifica los hom bres, y q u e cu en ta y clasifica las cosas, p u ed e
sevir ó de vínculo com ún ó d e p u en te d e com unicación á las abstracciones del m u n d o
m oral y á las descripciones del m u n d o físico".
El conocim iento del p asa d o y del p resen te p o d ía y debía ponerse al servicio del futuro. Esto
p erm ite e n ten d e r por qué, tras p o n d e ra r a la econom ía política com o guía necesaria d e los
estu d io s históricos y sociales, Sarm iento afirm aba ante u n g ru p o d e jóvenes a quienes deb ía
g eografía aparece tra ta d a inevitablem ente e n to d o libro d e h isto ria pues es la que indica los
la div isión q u e traza d e los estu d io s geográficos en descriptivos, estadísticos y pintorescos. Los
p rim eros son los que d a n cuenta del terren o y de la población; los seg u n d o s de las form as
57 B. Mitre, “Bases Orgánicas del Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata” en R. Levene, Mitre y
los estudios históricos en la Argentina. Bs.As., 1944, p. 294 [Bs.As., Imprenta de la Tribuna, 1856]; D. F.
Sarmiento, "Espíritu y condiciones de la Historia en América", OCS. tomo XXI, p. 103 [Memoria leída el 11
de octubre de 1858 en el Ateneo del Plata al ser nombrado director de Historia]. -
46
sen tid o cita a u n autor alem án p ara q u ien la historia es la estadística an d a n d o y la estadística la
historia d escan san d o -; y los terceros co rresp o n d en a los escritos d e viajeros a los q u e considera
relación q u e se po d ía establecer entre estos saberes, resulta necesario in d ag ar los rasgos d e los
textos q u e los trata n en concreto. A tales fines me voy a referir en p rim er lugar a las obras q ue
tienen com o propósito sostener la defensa d e derechos territoriales, p ara luego tra ta r las
m isceláneas histórico-geográficas entre las cuales tam bién p u e d e n incluirse los textos de
viajeros.
gobiernos d e Rosas, circunstancia q u e perm ite explicar p o r q u é sus au to res eran funcionarios o
escribas oficiales u oficiosos. Estos textos publicados en form a d e libros, folletos e, incluso en
alg unos casos en la p re n sa o com o p arte de colecciones docum entales, en trem ezclan
p o r d o cum entación probatoria. Esta pro d u cció n era entonces incipiente y recién cobraría vig o r
d u ra n te las últim as décadas del siglo XIX al plantearse con m ayor p re m u ra la delim itación
definitiva d e los E stados h ered ero s d e los territorios d e las C oronas d e E spaña y P ortugal. Este
d e representaciones del pasado. Es q u e los reclam os territoriales sólo p o d ía n ser legitim ados
colonial que, d e ese m odo, p resen tab a u n interés preciso a u n q u e p o r cierto acotado. C abe
reco rd ar en ese sentido q u e com o principio general los E stados am ericanos d ecían aco rd ar e n la
c o n tin u id ad d e los lím ites jurisdiccionales provenientes del p erío d o colonial. Esto sin em barg o
no obstó p a ra que sub sistieran litigios p o r la dem arcación territorial, algunos d e las cuales eran
u n leg ado d e las d isp u ta s en tre los im perios p o rtu g u és y español, m ientras q u e otros era n
p ro d u c to d e la dinám ica política post-revolucionaria. Pero incluso en este últim o caso d eb ían
los siglos d e dom in io colonial, así com o tam bién los acu erd o s con otras potencias.
58 V. F. López, Curso de Bellas Letras. Santiago de Chile, Imprenta del Siglo, 1845, p. 225.
47
El intento m ás interesante al respecto, si bien trunco, p rovino d e Florencio V arela, q u ien o rien tó
sus escritos y ap u n tes se perd iero n , todavía se conserva u n a p arte referida a los p ro b lem as d e
lím ites en tre las coronas p o rtu g u esa y española en la cuenca del Plata. En cu an to a la
justificación d e sus esfuerzos, V arela decía estar interesado en establecer la " v e rd a d histórica"
sin ánim o d e favorecer a una u otra posición. En cuanto a sus posibles destinatarios, e n ten d ía
q u e esa obra p odía ser de interés p ara los europeos p o rq u e tratab a sobre u n a d isp u ta q u e
escribir sobre este tem a sin su b o rd in arlo a la defensa d e derechos territoriales precisos. Sin
em bargo, y m ás allá d e q u e esta preten sió n se viera favorecida p o r el hecho d e trata rse d e u n a
d ebe relacionarse tam b ién con el contexto político. Es que to d as las acciones d e los em ig rad o s
p ru d e n te avivar d isp u tas con Brasil. De todos m odos, y com o ya noté, el texto no se publicó,
M oreno y P edro d e A ngelis, p ero tam bién con los d e V alentín A lsina y D alm acio V élez
A diferencia de las obras referidas a problem as lim ítrofes, los estu d io s sobre u n a reg ió n o las
59 Introducción y parte del primer capítulo de una obra inédita del Sr. D. Florencio Varela, titulada
“Cuestiones entre España y Portugal sobre los límites de sus respectivas conquistas en la América
Meridional hácia el Rio de la Plata y sobre la Colonia del Sacramento Río de Janeiro. Octubre 1842,
en AGN, Sala VII, Colección Carlos Casavalle, Legajo n° 2311, 1834-1846. •
48
tam bién de ciencias n atu rales y cu a d ro s d e costum bres. P ara en ten d er m ejor su sen tid o se d ebe
ten er presente q u e adem ás de esta preten sió n científica o erudita, existía otra d e carácter
p ragm ático y que tenía igual o m ay or im portancia: favorecer la colonización o la explotación del
m ediados de la d écada d e 1850, cobrando auge en las siguientes c u a n d o se afian zaro n las
asu m e explícitam ente esa doble condición científica y político-económ ica, co n tan d o incluso con
an tecedentes desd e fines del período colonial prom ovidos por la política d e los Borbones. En
general, estos trabajos se cen tran en el exam en de áreas poco conocidas o m arginales q u e eran
co n sideradas d e gran potencial económ ico. Entre ellas se encu en tra u n a am p lia zona q u e abarca
p rim er tram o. El trabajo exam ina las principales características d e O rá n d escrib ien d o su
población, sus costum bres y su p ro d u cció n -real y potencial-, a la vez que n a rra b rev em en te su
historia desd e su fundación. A dem ás se detien e en la enum eración d e sus notables d estac an d o
U n cu arto d e siglo antes se h ab ía p u b licad o otro texto sim ilar pero d e pretensiones m ás
ten ía avanzados. Al año siguiente publicó u n o d e ellos, cuyo sólo título d a cu en ta d e sus
objetivos: Noticias históricas y descriptivas sobre el gran país del Chaco y Río Bermejo, con
60 B. Villafañe, Oran y Bolivia á la m arien del Berm ejo. Imprenta del Comercio, 18S7, pp. 12/3.
49
m aterias, sino tam bién d ar á conocer las ideas dom inantes d e las épocas sucesivas d esd e
la a n tig ü ed a d hasta nuestros dias, y la capacidad relativa d e los actores ó escritores q u e
las h a n dirigido o ilu strad o "61.
resu lta recurrente en las obras de este género. En este caso, el conocim iento histórico es
co n sid erad o u n a fuente de experiencias sobre cóm o llevar a cabo las relaciones con los
indígenas, la colonización y la explotación del territorio. Esto le perm ite detallar m etódicam en te
los pasos a seguir, p ro p oniendo incluso alg u n as disposiciones, p ara concluir con u n a crítica a
enciclopédico to d o lo relativo a la m ism a que, en este caso, se debía en gran p arte a crónicas
coloniales, especialm ente jesuíticas. Sin em bargo, A renales no parece convencido de las v irtu d e s
d e fuentes cuyo fin era exaltar o glorificar a sus protagonistas e n detrim ento d e la v erd ad , p o r lo
q u e dice preferir los docum entos m ás m odernos, ya sean m o tiv ad o s por el esp íritu com ercial o
E n cu anto a cóm o aparece tem atizad o el pasado, en el texto h ay toda u n a sección d estin a d a a
reseñar el descubrim iento y los intentos d e conquista y colonización del área. A tales fines no
sólo debió rem itirse a autores com o A zara o Funes, a los que reprodujo en form a extensiva, sino
q u e tam bién se vio obligado a traz ar u n a su erte d e breve historia política del período colonial
e n la región centro y n orte del Plata a fin d e to rn ar inteligibles los acontecim ientos reseñ ad o s -
m ay o rm en te conflictos entre nativos y españoles o entre los m ism os españoles-. C abe n o tar
co m p endio o u n a su m a del saber sobre la región. Es el caso d el juicio crítico que le m erecen las
total ignorancia d e lo que sucede m ás allá d e sus límites. Pero estas reflexiones tam bién p u e d e n
61 J. Arenales, Noticias históricas y descriptivas sobre el gran país del Chaco v Río Bermejo, con
observaciones relativas a un plan de navegación y colonización que se propone. Bs.As., 1833, p. 1.
50
v alores u orientaciones sobre los m odelos d e desarrollo político y socioeconóm ico62. De esa
relación a esto cabe u n a breve digresión: no sólo se carecía d e textos escolares d estin ad o s a la
en señ an za d e la historia local, los cuales recién com enzarían a ser ed itad o s en la d écad a d e 1860,
descu b rim iento y la conquista se d ictab an en las clases d e geografía y literatura. En algun o s
establecim ientos se dictaban nociones d e histo ria sag rad a, an tig u a y m oderna, m ay o rm en te
inscriptas en la en señ an za cívica, literaria, retórica o m oral. Esto p u e d e ser co n trastad o con lo
su ced id o en Chile, cuya U niversidad en tan to rectora d e la enseñanza en todos los niveles,
Pero A renales no sólo m u estra escaso interés por la dim en sió n didáctica d e su obra lo cual
resu lta razonable si se tienen en cuenta su s propósitos, sino q u e tam poco parece estarlo p o r sus
cu alid ades literarias o p o r su cap acid ad d e en treten er a sus lectores, lo cual ya no re su lta tan
evidente. De hecho, y en u n claro intento p o r desestim ar esa posible expectativa, com ienza su
"Al trasm itir las p resen tes noticias y observaciones acerca del C haco y rio Bermejo, yo no
p re te n d o so rp re n d er a los lectores con m aravillosos rom ances, ni divertirlos con aquellas
raras concepciones poéticas, q u e su elen ser m u i a p ro p ó sito p ara am enizar estos escritos.
M i objeto h a sido re u n ir m etódicam ente todos los hechos q u e la historia ó los p ro c ed eres
científicos p o d ian p roporcionar, p a ra en cam inam os á p u n to fijo al exám en y solucion d e
cuestiones m u i im p o rtan tes a la política y econom ía d e la república." (p. I)
C on esta referencia busca desm arcar su obra d e otras q u e sí ten ían entre sus objetivos b rin d a r
su erte d e guía, co m p arten con sus p ares locales el afán enciclopedista p o r co m p en d ia r los
conocim ientos sobre u n a región, si b ien tien en algunas diferencias com o la d e en fatizar los
62 El carácter enciclopédico de la obra puede apreciarse en su estructura, pues está dividida en secciones
dedicadas a distintos tipos de saber. La primera se refiere a la geografía, historia natural y población indígena;
la segunda a la historia que, en este caso, es la de su intento de conquista y ocupación desde Perú y Paraguay;
la tercera evidencia los objetivos pragmáticos: “Localidades y disposición jeneral del rio Bermejo.-
Tratamiento de los naturales; medios de colonización; sistema militar.- Presupuesto.- Plan de Asociacion.-
Antigua Compañía del Rio Bermejo”. Esta sección es una consecuencia de los informes contenidos en las
previas, en el cual se incluyen perspectivas y posibilidades por la ampliación del comercio y la integración de
los mercados boliviano y rioplatense que se abrirían mutuamente al mundo. •
51
aspectos costum bristas y las descripciones físicas63. E n ese m arco suelen dedicarle alg ú n
ap a rta d o a n arrar aspectos d e la historia local, razón p o r la cual a veces se los consideraba jun to
con los relatos históricos d en tro de un m ism o universo discursivo com o p u ed e apreciarse en
Estos textos escritos p o r com erciantes, científicos, m ilitares o agentes diplom áticos, tu v iero n
u n a gran circulación entre las elites locales, conform ando así u n corpus que resultó decisivo en
la conform ación de representaciones, ideas y narrativ as64. Esta difusión, a pesar de su am big u o
retom arlas, ya sea p ara ad h erirse o p ara criticarlas p o r considerarlas exageradas, el re su ltad o d e
estos textos y sus críticas locales, m ayorm ente publicadas en la prensa o consignadas en la
su incidencia en el presente.
Es p or eso q u e si bien no exam iné sistem áticam ente este corpus, igual considero necesario
ev alu ar algunas d e sus características. En tal sentido resulta d e interés el texto del ex cónsul
inglés W oodline Parish, cuya segunda edición am p liad a se publicó trad u c id a tras la caída d e
R osas65. La p artic u la rid ad d e este au to r es q u e no sólo fue u n im p o rtan te agente diplom ático,
63 De todos modos se debe tener presente que el propio género estaba sufriendo importantes mutaciones
durante esos años, y que algunos publicistas se mostraban críticos de los libros de viajes cuyo único fin era
entretener a los lectores. En el prólogo a sus Viajes Sarmiento señala que “El viaje escrito, a no ser en
prosecución de algún tema científico, o haciendo exploración de paises poco conocidos es materia mui
manoseada ya, para entretener la atención de los lectores”. En ese sentido recuerda que si bien las
impresiones de viaje como lectura amena basada en descripciones de paisajes o sucesos habían encontrado en
Dumas un exponente inigualable, no se sabía si se trataban de hechos reales o eran un capricho de su fantasía
Frente a este modelo que se queda en la fisonomía exterior de los pueblos y la geografía, considera que es una
exigencia de su tiempo escrutar “el espíritu que aqueja a las naciones, las instituciones que retardan o
impulsan sus progresos, i aquellas preocupaciones del momento que dan a la narración toda su oportunidad, i
el tinte peculiar de la época”. Finalmente augura una declinación en la importancia del género al notar que el
avance de la vida civilizada estaba homogeneizando a las distintas socjedades, del mismo modo que las
publicaciones de la prensa diaria hacen que el hombre culto esté al tanto de las mismas cosas que los viajeros
sin que sea necesario salir de su gabinete de estudio. D. F. Sarmiento, Viajes por Europa. África v América
1845-1847 y Diario de Gastos. Bs.As., FCE-Colección Archivos, 1993, pp. 3 a 5 [Santiago de Chile, Julio
Belín, 1849].
64 Cfr. de A. Prieto, Los viajeros ingleses v la emergencia de la literatura argentina ('1820-1850). Bs.As.,
Sudamericana. 1996. Como obra de referencia puede consultarse a Susana Santos Gómez, Bibliografía de
viajeros a la Argentina. Bs.As, Fecic, 2 vols., 1983.
65 Woodline Parish, Buenos Aires v las Provincias del Rio de la Plata, desde su descubrimiento v
conquista por los Españoles. Traducido del inglés al castellano y aumentado con notas y apuntes por Justo
Maeso, Bs.As., Hachette, 1958 [Bs.As., 1.1, Imprenta de Benito Hortelano, 1852, t. II, Imprenta de Mayo,
1853], La obra se divide en cuatro partes. La primera tiene seis capítulos históricos desde el
descubrimiento hasta la declaración de la independencia. La segunda consta de diez capítulos históricos,
. 52
área poco conocida y sus potenciales lectores europeos, p erm ite entender, junto a otras razones,
p re g u n tá n d o se
El texto incluye adem ás u n relato d e su génesis seg ú n el cual, al hacer la p rim era edición, tenía
precisos, p o r lo que había llevado m ateriales p ara q u e John A rro w sm ith hiciera uno n u ev o d e
las provincias del Plata y d e los países adyacentes. A esto le añ a d ió algunos datos q u e luego
com pletó con referencias históricas, detalles de fósiles q u e había recolectado, u n a razó n d el
com ercio y d e u d a pública d e Buenos A ires y algunas estadísticas. P ara ello contó con el ap o y o
d e gobiernos com o el d e Rosas, y tam b ién con algunos corresponsales en las provincias del
interior. F inalm ente com enta que d a d o q u e au m en tó el interés p o r lo que sucedía en el P lata
relación del descubrim iento y colonización q u e estim aba necesaria p a ra com pletar las historias
d em an d a s que, com o dejó en claro en el p árrafo citado al referirse a sus posibles interlocutores,
p ro v e n ía n d e la ciencia, la econom ía y la política, a las q u e asp ira b a a resolver tam b ién e n esas
m ism as claves.
E sto en cuanto a cóm o se elaboró la obra que, p o r otro lado, gozó d e gran aceptación e n B uenos
A ires en la décad a d e 1850 p u es algunos d e sus p lan teo s favorecían su posición frente a la
C onfederación. Es d e n o tar sin em bargo q u e su trad u c to r, Justo M aeso, añ ad ió nu m ero sas no tas
geográficos y estadísticos. La tercera de cuatro capítulos dedicados a las distintas regiones. La cuarta son
dos capítulos sobre el comercio del Río de la Plata y deuda pública de Buenos Aires. También tiene un
Apéndice extenso y un mapa de Arrowsmith. Por otro lado, 'el texto incluye también varias láminas con
imágenes de figuras históricas y políticos -d e Gaboto a Urquiza-, de fósiles y de cuadros costumbristas.
53
aclaratorias conform ando así u n nuevo texto en el q u e no sólo se am plia la inform ación, sino
q u e tam bién se critica y corrige el original en varios pasajes. P or ejem plo, cuando nota que
P arish com ete u n error com ún al señalar com o lím ite su r el Río N egro. Si es que se tratab a d e u n
error, p ues p ara Maeso esto era ex-profeso p ara dejar u n inm enso territorio en m anos d e los
in d ígenas con lo cual otros países p o d rían reclam arlo (pp. 127/8). De ese m odo, y d esd e las
notas al pie, la escritura d e M aeso va creciendo h asta ad u e ñ arse del texto, ya sea al hacer u n a
reseña de los sucesos o curridos entre 1815 y 1820 q u e P arish pasó por alto o al actualizar alg u n a
inform ación com o cu an d o aclara que Jujuy se había in d ep en d iz ad o d e Salta en 1834. De hecho,
las notas descriptivas sobre las provincias son m ás largas q u e el texto original, lo cual p ara
M aeso no sólo no debía extrañar, sino q u e h asta creía q u e eran concisas p ara sus objetivos, pu es
ajusta y trad u ce a las necesidades locales. N ecesidades que, por cierto, alentaron tam b ién la
política, cuadros d e costum bres. Pero este co rp u s recién com enzaba a producirse a m ed iad o s d e
la d écada d e 1850, estim u lad o tam b ién p o r la necesidad d e la C onfederación de ser reconocida
p o r las potencias eu ro p eas ante la ru p tu ra d e Buenos Aires, y sólo florecería en las d écad as
siguientes.
E nsayos
U n tercer conjunto d e textos en el q u e co b raro n form a representaciones del pasado, y q u e p u e d e
textos están anim ados p o r el interés d e resolver problem as acuciantes a los cuales parecía
leg itim ar d eterm in a d as políticas, figuras, hechos, instituciones o valores. Y, si no era esa la
esos textos a p artir del sistem a d e referencias y valores q u e artic u la b an la v ida pública
rioplatense.
C onsiderem os por ejem plo u n a polém ica suscitada en tre B artolom é M itre y José M árm ol a fines
d e 1852 con m otivo d e la política a seguir tras la revolución del once de septiem bre q ue
en frentam iento arm ad o con las fuerzas q u e re sp o n d ía n a U rquiza. En ese sen tid o sostiene q u e
así com o en 1810 Buenos A ires había m a n d a d o tropas p a ra com batir la reacción a la revolución
arg en tina en C órdoba, ah o ra iba a hacerlo enviándolas a E ntre Ríos d o n d e estaba convocado u n
C ongreso C onstituyente66. Estas p ro p u e sta s se c o rresp o n d en con el clim a d e euforia que se vivía
en Buenos Aires y en m edio del cual M árm ol asum ió la redacción d e El Paraná, d esd e cuyas
páginas sostuvo que era m ás conveniente m an ten er a la provincia aislada d ejando q u e el paso
fu n d a m e n tar sus asertos escribió u n b re v e ensayo titu la d o Una ojeada sobre la historia de la
República Argentina arg u m e n tan d o q u e el aislam iento de las provincias no era la m u erte de la
nacionalidad, sino su estad o norm al, rem o n tán d o se p a ra ello incluso al perío d o colonial67. M itre
h ab ía salu d ad o la aparición del m edio d irig id o por M árm ol, p lan te a n d o en form a respetu o sa
las diferencias y p ro c u ran d o rebatirlo con arg u m en to s históricos, jurídicos, políticos y m orales.
Sin em bargo, el debate, no p ro sp eró en esa dirección y M árm ol debió dejar la redacción del
d iario en m edio d e insultos y difam aciones a las q u e M itre ap o rtó lo suyo con su ácida
exhortación p ara dejar al p o eta h ab lan d o solo. Este ep iso d io p erm ite apreciar la recurrencia al
cual esa exploración era realizada y q u e in evitablem ente teñ ía su sentido. A hora bien, p o r q u é
h ab ría de recurrirse al p asa d o p a ra en te n d e r los m ales d e ese presente. Las razones son varias
u n a sociedad las fuerzas q u e la determ in an , las causas d e su estad o p resen te y las condiciones
el conocim iento del p asa d o era u n a condición necesaria p a ra lo g rar d ilu cid ar las leyes q u e
66 B. Mitre, '‘Principios y propósitos”, El Nacional. Periódico comercial, político y literario, Bs.As., Imprenta
Argentina, n° 125, 13/10/1852.
67 El Paraná. n° 6, 7 y 8, Bs.As. Imprenta Americana, 2, 3 y 4/11/1852. •
. 55
sintió cada vez m ás la necesidad d e trazar un balance d e lo q u e h abía significado el m ovim ien to
revolucionario al hacerse patentes sus consecuencias, en especial, las indeseadas o inesperad as.
C o n el correr d e los años am bas m otivaciones se irían co n fu n d ien d o entre sí cad a v ez m ás, lo
cual constituye u n a d e las pru eb as m ás notorias del influjo alcanzado por el historicism o
existen entre la producción d e autores com o G orriti o Funes d e otros com o A lberdi o S arm iento.
Éste es el caso del salteño F acundo Z uviría, veterano dirigente unitario que deb ió exiliarse en
Bolivia al triu n far los federales en su provincia a principios d e la década d e 1830. A su regreso
tras la batalla de Caseros, y antes de ocu p ar altos cargos en el gobierno nacional, se lo nom bró
discurso que, entre otros objetivos, se p ro p o n ía rastrear las raíces históricas d e los m ales q u e
revolucionaria y d e los un itario s, recu rrien d o a im ágenes, tem as y argum entos d e raig am b re
historicista, e incluso populista, q u e b ien p o d rían hab er suscrito los m iem bros d e la N u ev a
"El entusiasm o a fav o r d e la libertad creyó al fin asegurarla, crean d o gobiernos ilustrad o s,
q u e n u e stra inexperiencia p re te n d ía consolidar con m áxim as m etafísicas y exageradas. El
pueblo, las masas, q u e desconocían tales resortes, em p ez aro n p o r desconfiar d e la
au to rid a d q u e los m anejaba: ap e la ro n a su instinto q u e no engaña, que es su p erio r y m ás
seguro q u e to d a política, y m ás fácil d e conocerse q u e to d as las teorías d e la ra zó n y
exageraciones d e la dem agogia. Entonces esas masas, q u e m ás se atienen al p resen te q u e al
porvenir, q u e p refieren m ed id as q u e las alivien a teorías q u e las en g añ en , y a ú n a id eas
q u e las ilustren, q u e an tep o n en la p az y la ab u n d an cia a la m ism a libertad, p o rq u e su
libertad y dicha están en la abundancia, en la co m o d id ad y bienestar que o b ra n sobre ellas
cada día; cada h o ra y cad a m om ento; ese pueblo, esas masas, decía, q u e d iscu rren con m ás
im parcialidad por sus m enos tem ores y esperanzas, n o p o d ía n m irar sino con ojo torvo
esos gobiernos que, o cu p ad o s d el exterior,, d e la p re n sa anárquica, d e la trib u n a y form as
parlam entarias, del lu stre y ornato d e las ciudades, d esc u id a b an todo lo q u e existía fu era
d e ellas y no satisfacían u n a sola d e las exigencias reclam ad as p o r las cam pañas y p o r esas
masas que son las q u e prin cip alm en te constituyen los E sta d o s" .
"(...) q u e cada país, cad a época, cad a pueblo, tiene su s leyes p ro p ias tan n atu ra les y tan
justas com o las leyes d e la naturaleza; y que no sien d o las leyes sino la fórm ula d e las
costum bres, d e la índole, carácter, antecedentes, población, grad o d e cultura, necesidades,
56
hábitos, territorio y dem ás condiciones d e n u estra existencia social, era en estas fuen tes
d o n d e se debía buscar las instituciones y leyes análogas a nuestra p atria, antes q u e en los
códigos de naciones robustas, llenas d e saber, de riqueza y d e experiencia"68.
En cu anto a los rasgos d e la producción ensayística h a sido m ucho lo que se ha escrito. P ara los
pro pósitos del presente trabajo resultan d e especial interés algunas reflexiones de A rtu ro Roig
q u ien considera que el propio carácter en tránsito d e las sociedades hispanoam erican as
ese sentido plantea u n a com pleja vinculación entre los intentos de organización d e nuev as
form as sociopolíticas y las m o d alid ad es discursivas que, a la vez q u e reflexionaban sobre esos
procesos, incidían en los m ism os. Su arg u m en to es que u n a realid ad que no alcanzaba a ser
a p reh en d id a requería tam bién de nuevas form as q u e p o d ría n considerarse ensayos, si se tiene
reform ulación, sino tam bién el 'diarismo con su carga d e cotidianeidad y frag m en tareid ad ,
d ificultad d e p o d e r establecer con clarid ad u n a taxonom ía d e géneros, en este caso, q u e p erm ita
identificar cuándo nos encontram os con ensayos p ro p iam e n te dichos y cu án d o con obras q u e
sin serlo estaban tam bién condicionadas o contam inadas p o r el m ism o. En ese sentido parece
difícil sistem atizar los rasgos discursivos d e los ensayos, al m enos en lo q u e hace a su
A p esar de estas dificultades, y antes d e concluir, q u isiera sin em bargo realizar alg u n as
precisiones que p erm iten caracterizar m ejor a estas obras. La p rim era es q u e se tra ta n de
ed u cativos, económ icos-, el p ropósito de sus autores es traz ar u n diagnóstico y a p o rta r alg ú n
social y política. Es p o r eso q u e gran p arte d e estas obras, y esta es la seg u n d a característica,
suelen hacer u n a caracterización crítica del pasado colonial pero m ás a ú n d e su aciago legad o -
au n q u e com o verem os este juicio crítico com enzó a ser revisado por algunos en la décad a de
aspectos m ateriales d e estos ensayos que, en su m ayoría, aparecieron en la pren sa com o series
d e artículos, sin que todos p u d ie ra n alcanzar el form ato d e folleto o libro. Esto, su m ad o a otros
hechos com o la desaparición del m edio y las m últiples ocupaciones de los autores, perm ite
en la actualidad.
q u e circulaban las representaciones del p asa d o es el con stitu id o p o r las producciones literarias,
especialm ente algunos relatos, novelas, obras teatrales y poesías -s i bien e n estas ú ltim as el
p asa d o ta n sólo pro v eía d e tem as o im ágenes sin que en general se preten d iese d o tarlo de
esp eso r y cap acid ad explicativa-. D e hecho, casi todos los m iem bros del m ovim iento rom án tico
co n sid eraro n necesario recu rrir a este tip o d e obras p a ra d ar a conocer sus p u n to s d e vista, no
sólo sobre el p asa d o sino tam b ién sobre el presente y el fu tu ro , en tre o tras razones, p o rq u e
co nfiaban q u e sus ideas p o d ía n en contrar así u n a m ayor circulación. N o debe ex trañ ar entonces
q u e su calidad artística sea m u y pobre pues, m ás allá del talento d e sus autores, su b o rd in a b a n
su obras a pro p ó sito s extra literarios, ya sean cívicos, políticos o d e críticas d e costum bres.
"Escribimos siem pre para las ideas, n o p ara el arte: anhelam os a tener razón, no a tener
gracia. (...) Si pudiésem os hacer todo lo que escribimos, no escribiríam os nunca. La palabra no
es p ara nosotros m as q u e u n m edio d e acción. N o sabríam os, p o r otro lado, com o servir á un
arte cuya form a es h asta hoy tan incierta y d u d o sa com o la d e nuestra sociedad m ism a, de la
cual no debe ser m as que la espresion. C onsideram os p rem atu ro y p erd id o todo lo q u e entre
nosotros se hace p a ra el arte. El arte A m ericano d u erm e todavía en u n porvenir q u e dista
siglos d e nosotros, y el arte E uropeo no nos hace caso entre tanto. Al instinto, único soberano
d e los tiem pos presentes, corresponde la acum ulación de los m ateriales que deben d e servir
al arte que ha de venir despues. Se deja ver por otra parte, con bastante claridad, q u e el rol
58
Esta p retensión perm ite tam bién explicar p o r qué gran p arte d e estos textos, y al igual q u e
algunos ensayos, fueron publicado s originalm ente com o folletines o artículos seriados en la
p rensa. Si bien m uchos alcanzaron u n a edición posterior en form atos com o el folleto o el libro,
e n general se los reeditaba en otros m edios de prensa, siem pre ávidos d e m ateriales q ue
p u d ie ra n llenar sus páginas, aseg u ran d o así tam bién su circulación en diversos territorios.
Es necesario tener presente tam bién o tras articulaciones entre literatu ra y conocim iento
histórico q u e resu ltan significativas y cuyo tratam iento perm ite ad em ás recap itu lar alg u n as de
las cuestiones h asta aquí planteadas. C om o se habrá p o d id o apreciar, los géneros en los cuales
co braban form a y circulaban las representaciones del pasado eran heterogéneos. Esta
historiográfica. En relación a esto existe consenso en señalar que al m enos h asta las p rim era s
décadas del siglo XX cu an d o se constituyó lo que se dio en llam ar Nueva Escuela Histórica, el
instituciones p ro p ias capaces d e ser som etidos a alg u n a form a d e control d iscip lin ar71. E stas
cuestiones serán trata d as en los siguientes capítulos, p o r lo q u e aquí basta con señ alar u n „
históricos. E ntre esas excepciones se p u e d e contabilizar la crítica hecha por V alentín A lsina al
Facundo d e Sarm iento que, d e todos m odos, tuvo u n carácter p riv a d o 72. Así, m ien tras q u e en
70 J. B. Alberdi, La Revolución de Mavo. Crónica Dramática. Bs.As., 1960, p. 128 [Montevideo, Revista
del Plata. 18391.
71 Diversos aspectos de este proceso fueron examinados en F. Devoto (comp.) La historiografía argentina en
el siglo X X Buenos Aires, CEAL, 2 vols., 1993/4.
72 "Vd. no se propone escribir un romance, ni una epopeya, sino una verdadera historia social, política y hasta
militar á veces de un período interesantísimo de la época contemporánea. Siendo así, forzoso es no separarse
ni un ápice -en cuanto sea posible- de la exactitud y rigidez histórica, y á esto se oponen las exageraciones.
Estas tienen que ser en Vd. una necesidad: ¿sabe por qué? porque creo -aunque pudo estar muy engañado-
que es propenso a los sistemas', y estos en las ciencias sociales como en las naturales no son el mejor medio
para arribar al descubrimiento de la verdad, ni el recto examen, ni á la veraz exposición de ella. Desde que el
espíritu está ocupado de una idea anterior, y se proponga hacerla triunfar en la demostración, se expone á
equivocaciones notables, sin percibirlo. Entonces el escritor, en vez e proceder analíticamente, en vez de
examinar cada hecho en sí mismo, para ver lo que de él se deduzca, y de este conjunto de deducciones y
observaciones sacar, recién á lo último, una deducción general, ó resultado', en vez de este proceder, emplea
el sintético: esto es, sentada una idea jefe, recorre cuantos hechos se le presentan, no para examinarlos
filosóficamente y en sí mismos, sino para alegarlos en prueba de su idea favorita, para formar con ellos el
edificio de su sistema.", "Notas de Valentín Alsina al Facundo" en A. Palcos (ed.) Facundo ed. crítica, La
Plata, UNLP, 1938, pp. 364/5 [Montevideo, 1851], •
59
C hile se p ro d u jero n a m ed iad o s de la d écad a d e 1840 u n a serie de polém icas com o las
so stenidas por A ndrés Bello, José V. L astarria y Jacinto C hacón, y de las cuales p artic ip a ro n en
form a indirecta algunos rioplatenses allí exiliados com o L ópez y Sarm iento; debió esp erarse
h asta la polém ica entre M itre y López a principios d e la décad a d e 1880 para q u e se d iera u n
debate sim ilar del otro lado de los A ndes73. De todos m odos es bueno recordar q u e en am bos
casos no se tratab a sólo de u n a discusión teórica y m etodológica, sino tam bién política e
ideológica.
En cu anto al in terro g an te planteado, debe señalarse q u e las obras q u e p o d ría n co n sid erarse d e
d ep e n d ía d e form as literarias com o las novelas. En efecto, no eran pocos los letrados q u e decían
científicos, llegándose incluso a p lan tear en ocasiones q u e esa era la v erd ad era historia y, p o r
eso m ism o, así debía ser escrita. Es el caso d e Juan M. G u tiérrez q u e cu an d o pasó a dirigir u n a
escuela naval en su exilio chileno, se preocupó p orque la form ación d e los alum nos incluyera
Esta preferencia no im plicaba e n m odo alg u n o q u e se desconociera la existencia d e lím ites e n tre
lo ficcional y lo histórico a u n q u e éstos fu e ran endebles o así nos resu lten a nosotros, sino q u e
m o d o tal q u e p u d ie ra n resu ltar atractivos y gozaran d e aceptación. A dem ás, y com o es sabido,
7j Los debates en Chile han sido examinados por Alien Woll en "The Philosophy o f History in Nineteenth-
Century Chile: The Lastarria-Bello Controversy" History & Theory, vol XIII, n°3, 1974 y A functional Past.
The Uses o f History in Nineteenth Century Chile. Baton Rouge, Lousiana State University Press, 1982.
74 Juan M. Gutiérrez a Juan B. Alberdi, Valparaiso, 6/8/1845, en E. Morales, Epistolario de Juan Maria
Gutiérrez. Bs.Ás., Instituto Joaquín V. González, folio 55.
75 De hecho se ha sostenido que las novelas de Walter Scott: "fueron, hasta mediados del siglo XIX, el ideal
sobre el cual autores y lectores medían, conscientemente o no, las producciones históricas". E. Fueter,
Historia de la Historiografía Moderna. Ed. Nova, Bs.As 1953: t. II, p. 120. •
60
m ediocre novela que dio a luz com o folletín d u ra n te su breve exilio boliviano:
carácter político. P ero com o vim os con M itre, éstas no eran condiciones que actu ab an
ciegam ente sobre los autores, ni tam poco eran percibidas com o restricciones q u e co artab an o
d isto rsio n ab an los objetivos y las form as q u e debía asu m ir el conocim iento histórico. M uy p o r
q u e éste alcanzara su m ás pleno sentido. A hora bien, ¿cuál era ese sentido?, ¿lograba acaso ser
alcanzado? Los siguientes capítulos se p ro p o n e n ap o rtar elem entos que perm itan re sp o n d e r a
76 Y sigue: “Como Cooper en su PURITANO y el ESPIA, pintaría las costumbres originales y desconocidas
de los diversos pueblos de éste continente, que tanto se prestan a ser poetizadas, y haría conocer nuestras
sociedades tan profundamente agitadas por la desgracia, con tantos vicios y tan grandes virtudes,
representándolas en el momento de la transformación, cuando la crisálida se transforma en brillante mariposa.
Todo esto haría a la novela, y es la única forma bajo la cual puedan presentarse estos diversos cuadros tan
llenos de ricos colores y movimiento” “Soledad” en OCM. volumen XVIII, Bs.As., 1972, p. 385 [La Paz,
Imprenta de La Epoca, 1847], •
61
Capítulo II
Prácticas sin discurso
E n el capítulo an terio r realicé un exam en descriptivo d e los géneros a través d e los cuales
cobraron form a las representaciones del pasado. E ntre otras cuestiones esto perm itió precisar
algo q u e y a h a sido señ alad o en varias ocasiones y que es la falta de una producció n
ah ora com o objeto u n a práctica ligada a las nacientes historiografías decim onónicas com o la
edición d e colecciones docum entales. En ese sentido propongo argum entar q u e la edición d e
estas colecciones, así com o tam bién las d e otro tipo d e m ateriales textuales com o las biografías,
p u e d e n ser co n sid erad as com o prácticas sin discurso ya que no dieron lugar ni tam poco fueron
C olecciones d o cu m en ta le s
M ás allá d e lo q u e p lan tea n ciertas visiones estereo tip ad as referidas al escaso valor asig n ad o a
la H istoria y su conocim iento por la ilustración, el interés p o r el pasado y por los docum ento s
históricos tam b ién fue pro m o v id o p o r esa corriente de p ensam iento78. Esto p u ed e apreciarse
p o r ejem plo en los p rim ero s periódicos pu b licad o s en el m arco de la ilustración tardo-colonial
h isp an o am ericana com o el Telégrafo Mercantil, rural, político-económico e historiógrafo del Río de la
con altibajos, esta práctica iría cobrando cad a vez m ayor im pulso y en la década d e 1860 d aría
ab u n d a n te m aterial a las nacientes revistas literarias q u e llenarían sus páginas con papeles
históricos. Sin em bargo h ab ría que esp erar v arias décadas -y no sólo en H isp an o am érica- p a ra
im plicó la necesidad d e recu rrir a alg ú n tip o d e p ru e b a sobre los asertos allí vertidos. Sobre
particu lares y no sólo a los Estados. En ese sentido, la utilidad q u e podía tener el conocim iento
78
Hace ya más de medio siglo que E. Cassirer había llamado la atención sobre este juicio erróneo en el
capítulo “Conquista del mundo histórico” de su Filosofía de la Ilustración. México, FCE, 1943.
63
pretensiones patrim oniales com o evidencia la siguiente reflexión d e Juan Pujol suscitada por la
publicación en la Revista del Paraná d e u n docum ento sobre el re p arto d e tierras a los pobladores
originarios de C orrientes:
"(...) es curioso no sólo com o d o cum ento histórico, sino tam bién m u y im p o rtan te com o
títulos justificativos los m ás legítim os é irrefragables d e la p ro p ied a d q u e asiste á los
descendientes y d eu d o s d e los conquistadores, descu b rid o res y pobladores, cuyos
incuestionables derechos fuero n in v ad id o s y desconocidos p o r u n decreto gubernativo del
año 1828, sin q u e les valiera el título privilegiado de u n a posesión inm em orial, para que
no fu eran despojados, com o lo fueron injusta y arbitrariam ente"79.
Éstas u otras circunstancias perm itirían explicar la publicación d e docum entos, pero no lo que
constituyó una v erd ad era n o v ed ad com o fue q u e éstos co m en z ara n a com pilarse, clasificarse y
ed itarse en colecciones, entre las cuales se destacó la p rim era d e todas d eb id a a la iniciativa de
P edro de A ngelis80. La publicación d e n u m ero so s e im p o rtan tes d ocum entos poco conocidos o
a ú n inéditos com o las Actas Capitulares d e m ayo de 1810, así com o su calidad form al y m aterial,
concitar incluso en tre quienes lo co n d en ab an p o r su condición d e escriba oficial del rosism o8-. Y
79J. Pujol a V. Quesada, Paraná, 10/4/1861, en Corrientes en la organización nacional, Bs.As., G. Kraft,
1911, t. 10, p. 366.
80 P. de Angelis, Colección de documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las Provincias del
Río de la Plata. Bs.As., Imprenta del Estado, VI vols. y un anexo, 1835-9. La Biblioteca del Comercio del
Plata, [Montevideo 1845-51], que era editada como parte del periódico dirigido por Florencio Varela y tras
su asesinato en 1848 por Valentín Alsina, publicó una importante cantidad de documentos. Sólo consideré los
siguientes tres tomos que explícitamente se organizaron como colecciones documentales: Colección de
memorias y documentos para la historia y la ieografía de los pueblos del Río de la Plata, tomo I [y único],
comp. y ed. por Andrés Lamas, Biblioteca del Comercio del Plata, t. 7, Montevideo, 1849, [n° 1152 del
13/11/1849 al n° 1330 del 25/6/1850]; Compilación de documentos relativos á los sucesos del Río de la
Plata desde 1806. ed. por Vicente F. López y V. Alsina, Biblioteca del Comercio del Plata, t. 9,
Montevideo, 1851 [n° 1500 del 18/1/1851 al 1695 del 18/9/1851)]; Tratados de los Estados del Río de la
Plata, y Constituciones de las Repúblicas Sud-Americanas. comp. por Florencio Varela, Biblioteca del
Comercio del Plata, t. 4, Montevideo, 1848 [n° 395 5/2/1847 a n° 674 19/1/1848]. Otra colección fue la
Biblioteca del Federal. Documentos Históricos, t. I, ed. por Federico de la Barra, Bs. As., Imprenta de
Arzac, 1852, que contiene unos pocos textos referidos a las invasiones inglesas y quedó trunca a poco de
iniciarse. Para la Colección de P. de Angelis puede consultarse de J. Torres Revello y T. Becú La colección
de documentos de Pedro de Angelis y el Diario de Diego de Alvear, Bs.Ás., Peuser, Facultad de Filosofía y
Letras, Publicaciones del Instituto de Investigaciones históricas n° LXXV, 1941; y de J. Sabor Pedro dg
Angelis v los orígenes de la bibliografía argentina, Bs.As., Ediciones Solar, 1995. Para la del Comercio del
Plata\ F. Weinberg y colaboradores Florencio Varela v el "Comercio del Plata", Cuadernos del Sur,
Universidad Nacional de Bahía Blanca, 1970; L. Gianello, Florencio Varela, Bs. As., Kraft, 1958; M.
Cemadas de Bulnes, Valentín Alsina Periodista. Jurista v Hombre de Gobierno, Bahía Blanca, Universidad
Nacional del Sur, Utopía Ediciones, 1996.
81 Para entender mejor el conflictivo lugar de Pedro de Angelis en la sociedad rioplatense se debe tener
presente que no sólo era mal visto por sus volteretas políticas que lo habían llevado de Rivadavia a Rosas,
sus posibles robos, su afán de protagonismo y sus poses, sino también por su origen napolitano. En cuanto
a la apreciación de su Colección merece citarse la opinión de W. Parish, quien afirmaba que ‘'es con
mucho la obra más importante que ha salido de las prensas de Sudamérica, y comprende una abundante
64
no sólo incluyó notas y prólogos p ara orientar a los lectores, sino que tam bién m odernizó
algunos textos y aligeró sus contenidos p ara hacerlos m ás legibles, no p u ed e desconocerse que
x
dicha colección recibió la influencia del m ovim iento eru d ito europeo que había tenido com o
d ab a a luz m ateriales inéditos significativos sino que buscaba sentar las condiciones para
d elim itar u n territorio p ro p io p ara el conocim iento histórico d en tro del m u n d o literario. Es por
eso q u e llam aba la atención sobre la necesidad de diferenciar cuáles debían ser los insum os de
los h istoriadores d e lo que constituían m eras fábulas. En ese sentido, y antes d e d ar cuenta de la
"Los pueblos m o d ern o s no tiene q u e buscar su origen en los poetas y m itólogos: los
h istoriadores son sus genealogistas, y del p rim er d ía d e su existencia p u ed e hablarse con
tanto acierto com o d e u n acontecim iento contem poráneo."
Y en referencia a u n h isto riad o r de la C orte d e Felipe V q u e h abía escrito tres tom os p ara prob ar
que
"Ya p asa ro n los tiem pos en q u e p a ra edificar ciu d ad e s tenían q u e bajar los dioses del
O lim po. Estas fábulas, in v en tad as p a ra lisonjear a la v an id a d de los pueblos, au m en ta n el
caudal d e m entiras q u e nos h an tran sm itid o los antiguos, por m as q u e se em p eñ en en
acreditarlos los eruditos."82
p asad o q u e buscaba com enzar a satisfacer a través d e esta em presa. Sin em bargo, uno de los
aspectos m ás llam ativos d e ésta y d e las otras colecciones, es la dificultad p ara in terp re tar cuáles
ub icab an en u n a serie q u e los to rn ara significativos. Basta rep asar los títulos p ara percibir q u e
los docum entos era n ed itad o s sin q u e im p o rtara dem asiad o cóm o se los agrupaba, con lo cual
recopilación de documentos públicos del más alto interés sobre la historia, estadística, geografía, etc., de
esos países, tan nuevos en cuanto tiene relación con esas materias para los americanos mismos, como lo
son para los europeos; siendo realzado su mérito con las notas y apuntes introductorios de su ilustrado
editor, como fruto de un largo y atento estudio de la historia e instituciones de su país adoptivo’ , BA, p.
37.
82 Aunque quizás resulte algo abusivo, podría considerarse al poema de Borges Fundación mítica de
Buenos Aires como una respuesta a de Angelis, pues primero propone una visión mítica de su origen en
una manzana de Palermo para después concluir que la juzga “tan eterna como el agua y el aire . P. de
Angelis, "Discurso preliminar a la Fundación de Buenos Aires...", p. I, en Colección..., 1.111, op.cit..
65
se p u ed e d u d a r d e la existencia de alg ú n criterio o rd en ad o r ya sea cronológico o tem ático salvo
en la Colección d e A lsina y L ópez sobre las invasiones inglesas y la d e V arela sobre T ratad o s y
C onstituciones am ericanas83. Este fenóm eno se vio potenciado p o r la laxitud q u e tenía la noción
d e documento, ya que éste po d ía abarcar cualquier escrito referido al p asa d o sin q u e im p o rtara
dem asiado su procedencia, au n q u e en este aspecto d e A ngelis m ostró m ay o r cu id ad o q u e sus
contem poráneos. A dem ás solía suceder q u e to d o texto referido a u n fenóm eno histórico, ya sea
u n d o cum ento original o u n estu d io referido al m ism o, podía llegar a tener el m ism o v alor sin
noción d e docum ento, sino tam bién p o r el precario sistem a d e citas y notas q u e hace difícil
Pero esto no resulta suficiente p ara p o d er co m p ren d er la hetero g en eid ad d e estas colecciones y
la dificultad que tienen los textos allí reu n id o s p ara q u e cobren sen tid o com o p arte d e u n a serie
p o r el hecho q u e sus p artes no siem pre era n en c u ad ern ad as del m odo e n q u e lo hab ían
Esto era consecuencia en p rim er lugar del soporte en el cual circulaban, ya q u e se p ublicab an
p o r entregas o fo rm ab an p arte d e periódicos d e los cuales se reco rtab an com o la Biblioteca del
Comercio del Plata; pero e n todos los casos su en cuadernación solía q u e d a r en m anos d e los
suscriptores o co m p rad o res ocasionales. E sta autonom ía d el público se vio favorecida p o r las
83 En cuanto a la heterogeneidad, se puede considerar el mismo tomo III de la Colección dirigida por de
Angelis, pues éste comienza con una Descripción geográfica y estadística de la provincia de Santa Cruz
de la Sierra, continúa con documentos referidos a la fundación de Buenos Aires, seguidos por las Actas
capitulares de mayo de 1810 y por una Memoria sobre la navegación del río tercero de Pedro García. La
editada por Lamas no sólo no tiene ningún tipo de unidad u orden temático o cronológico, sino que
agrupa textos de muy diversa índole genérica: autobiografías como las de José Rondeau y Pedro Agrelo;
escritos de este último sobre la historia de América y la sucesión de gobiernos de Buenos Aires; proyectos
de constitución; documentos sobre negociaciones entre Buenos Aires y Artigas y sobre la ocupación
portuguesa de la Banda Oriental; apuntes biográficos de personajes como San Martín, José F. Aldao, G.
Brown y Julián Alvarez, a los que tituló Colección de noticias y memorias para la biografía de los
hombres notables del Río de la Plata.
84 El punto VI de los apuntes históricos de Pedro Agrelo editados en la Colección dirigida por Lamas, es
un relato de la fundación de Buenos Aires basado en cronistas de la época. A continuación, y como si
fuera un texto similar, reproduce el Acta de fundación de la ciudad por Juan de Garay entre otros
documentos, sin ningún tipo de marca que discrimine autorías o niveles de citas -algunos de los cuales,
por otro lado, ya había publicado de Angelis, por lo que también reproduce sus notas- De ese modo, una
serie de documentos se equiparan a un relato basado en documentos, que a su vez integran los papeles
inéditos de un letrado referidos a muy diversos temas, que forman parte de una colección de textos
relativos a temas también muy variados, que es parte a su vez de otra colección, la Biblioteca del
Comercio del Plata. -
66
paginación, carátula e índice propio, perm itiendo así su edición com o folleto o libro ya sea en
form a au tónom a o in teg ran d o un v o lum en distinto al p laneado p o r el editor. A dem ás, m uchos
d e los paratextos debidos a su p lu m a eran publicados tiem po d esp u és q u e los q u e ven ían a
p ro lo g ar o com plem entar. De ahí q u e el n apolitano incitara a sus suscriptores a seguir sus
directivas p ara o rg an izar los m ateriales, d a n d o a conocer incluso q u ién p o d ría encuadernarlo s
sig u ien do sus criterios. M ás aún, al finalizar su obra publicó u n índice general q u e n u m era los
d o cum entos p erm itien d o así su ubicación en cada u n o d e los tom os. De todos m odos su préd ica
no parece haber sido exitosa si se co n sid eran las diferencias existentes en las colecciones que se
la Biblioteca del Comercio del Plata, lo cual resulta difícil d e explicar d a d a su aparición en u n
d iario p o r lo q u e consta claram ente c u á n d o com ienza y finaliza cada tom o. Sin em bargo, p ara
su o rd enam iento co n sp irab a el hecho q u e los textos tam bién se publicaran en tiradas separadas;
q u e se llegara a reed itar en u n tom o n u ev o u n o ya publicado com o los Viajes d e A zara; y que
alg unos tengan pag in ació n y carátula p ro p ia d en tro d e un m ism o volum en, m ientras q u e otros
no.
C abe n o tar por últim o que en pocas ocasiones se p u d o resp etar los planes de edición originales,
ya sea p o r la im previsión del com pilador, com o en el caso d e Lam as q u e había sobrevalorad o el
m aterial del que d isp o n ía p o r lo q u e sólo p u d o e d ita r u n único tom o; p o r razones económ icas,
políticos, com o ocurrió en el Comercio del Plata, cuya Biblioteca debió dejar lugar varias veces a
Así las cosas, cabe p re g u n ta rse q u é objetivos ten ían los editores d e estas colecciones y cuáles
tratarse d e u n posible negocio ed ito rial -la obra d e A ngelis, p o r ejem plo, casi alcanza la n ad a
d esd eñ ab le cifra d e 500 su scrip to res-, y d el interés q u e p o d ía n llegar a d esp e rtar algunos textos,
q u é propósito ten ían estas com pilaciones. Estos interrogantes am erita n diversas respuestas q u e
p erm iten tam bién ilu m in ar algunos rasgos singulares d e la c u ltu ra rioplatense.
85 Me remito al exhaustivo estudio de T. Becú quien consultó más de sesenta colecciones de la obra, La
colección.... op.cit.. -
67
los textos se refiere a exploraciones e inform es sobre zonas poco conocidas, en especial
fronterizas, y a decisiones adm inistrativas o acuerdos sobre las m ism as, p articu larm en te sobre
necesidades: la d e b rin d ar conocim ientos sobre territorios con sid erad o s p otencialm ente ricos y
la d e legitim ar reclam os territoriales. Por otro lado, se p ublicaban escritos q u e hacen referencia
a hechos considerados de sum a im portancia en el dev en ir d e la sociedad rioplatense, com o era
ese m odo, constituían u n aporte p ara la construcción d e u n p asa d o relevante y glorioso. Todo
esto perm itiría explicar el interés por esos textos, pero no su edición com o p arte d e tan
La resp uesta a este interrogante es q u e dichas colecciones era n concebidas com o objetos
intrínsecam ente valiosos m ás allá de su ca p acid ad p ara satisfacer n ecesidades económ icas,
políticas, cívicas o territoriales, o del interés que tu v ie ra n p a ra p erm itir el conocim iento de
jalón en el desarrollo cultural d e la reg ió n que, por eso m ism o, p erm itía colocarla a la a ltu ra d e
U rquiza con Rosas era necesario convocar a u n C ongreso federativo d e las P rovincias del Plata.
P ara ello se d etu v o en u n exam en m inucioso d e los ad elan to s cu ltu rales q u e h ab ían
exp erim entado sus habitantes, m o stran d o especial satisfacción p o r los avances realizados en el
Sarm iento continúa resaltando la trad u cció n hecha p o r R ivadavia del texto d e A zara del q u e se
agotaron dos ediciones, lo cual p ru eb a cu an " d e m a n d a d o s son e n tre nosotros estos libros serios
68
i d e p u ro estudio", p ara luego añadir u n a larga lista d e textos publicados que b uscaban p ro b ar
estos asertos, los cuales no eran m ás q u e la copia d e los índices d e las colecciones d ocum entales
p u b licad as hasta entonces. Una vez concluida esta enum eración, retom a su p ropósito d a n d o a
conocer u n a n u ev a lista: la de los nom bres, lugares d e o rig en y actividades d e las nu m ero sas
p erso n alidades capaces d e dirigir el país, en tre las cuales, p o r supuesto, él tam bién se incluye86.
En sum a, y m ás allá de la exaltación q u e hace d e su p erso n a y d e los que im agina com o los
m aterialid ad d e esos volúm enes y su carácter secuencial con stitu y en una m u estra tan to de la
m ás allá de cóm o éstos p u d ie ra n ser leídos si es q u e efectivam ente lo eran, hecho q u e resu lta
du d o so . A dem ás, estas obras no sólo o cu p a b an anaqueles o estantes locales sino q u e tam b ién
p o d ía n hacerlo en el exterior, facilitando así el establecim iento d e vínculos con p erso n alid a d es y
sociedades científicas europeas y am ericanas. Está cuestión será tratad a luego, p ero cabe
científicos ante la ausencia de instancias locales capaces d e ejercer esa función. Es p o r eso p o r
m en cio nar q u e "y a h a sido recibida con a p lau so en v arias sociedades científicas d e E u ro p a"87.
La consideración d e esos tom os com o objetos cu ltu ral y económ icam ente valiosos en sí, perm ite
d iario com o El Comercio del Plata, se e n tien d e la co nstante apelación a todos aquellos q u e
86 "LIGA LITORAL. Adhesión al pacto federal de 4 de enero de 1831", en Sud América, tomo II,
Santiago de Chile, 9/6/1851, pp. 213-220.
87 "Ojeada filosófica sobre el estado presente y la suerte futura de la Nación Argentina", en SL p. 119, nota n°
-i •
-5- .
69
C laro q u e esto no es todo si se quiere e n ten d e r el sentido que tenían estas colecciones, al m enos
histórica. Esta valoración es lo q u e finalm ente perm ite term inar de en ten d e r la falta d e criterios
tan to p ara seleccionar los docum entos com o p ara organizarlos en series q u e tu v iera n sentid o
contrario: lo que n o existían eran relatos q u e p u d ie ra n integrar esos testim onios en u n a historia
cap az d e d o tar d e sentido a los acontecim ientos y procesos m ás relevantes y, así tam bién, a los
docu m entos q u e los testim oniaban. Sería recién a fines d e la década d e 1850 cu an d o estas
colecciones com enzarían a convertirse d e alg ú n m odo en soporte d e obras capaces d e in teg rar
En sum a: h asta e n tra d a la década de 1860, y salvo contadas excepciones, las colecciones
d o cum entales no diero n sustento a n arrativ as históricas que las considerara com o u n corpus al
colecciones docum entales era u n a práctica eru d ita p ero d esligada d e u n d iscu rso cap az d e d o ta r
d e sen tido al pasado. Es decir que, com o quise argum entar, se tratab a d e u n a práctica sin
discurso. P ero n o p o rq u e se creyera q u e éste era innecesario sino p o rq u e resu ltab a difícil o
d e esta sección.
publicaciones sim ilares com o las d ed icad as a biografías d e perso n alid ad es públicas -q u e d e
to d o s m odos tam b ién p o d ía n form ar p arte d e colecciones docum entales com o vim os en el caso
88 Cuando de Angelis proyecta continuar su colección al finalizar el bloqueo francés, sí tomó en cuenta este
problema. En su Prospecto anuncia que “En esta segunda série hemos procurado dar una colocación mas
adecuada á los documentos”, lo cual se desprende de la organización temática de cada uno de los ocho
volúmenes de 500 páginas allí anunciados que, sin embargo, nunca serían publicados. Estos hubieran sido: t.
1: Misiones de Chiquitos; 2 y 3: demarcación de límites de las antiguas posesiones españolas y portuguesas
en América; 4 y 5: Misiones del Paraguay; 6: Topografía é historia de la región Magallánica: 7 y 8
Documentos oficiales y de gobierno. “Prospecto de una segunda serie de documentos inéditos relativos a la
Historia y Geografía de las Provincias del Rio de la Plata” en GM n° 5280, 20/3/1841..
70
celebridades Argentinas que, al igual que su algo m ás lujoso y m ucho m ás extenso p a r chileno,
tiene la p artic u la rid ad d e estar com puesta p o r u n conjunto d e biografías ilu strad as por
litografías de N arciso D esm adryl89. Es d e n o tar que estas obras e ra n habituales en E uropa y en
A m érica, au n q u e en cada caso po d ían tener rasgos singulares y asu m ir diversos sentidos: la
realizad a en C hile por ejem plo no sólo es d e m ayor calidad y extensión, sino q u e sus contenidos
son tam bién m ás densos y conflictivos pues presenta visiones alternativas del p asa d o reciente90.
Al igual que las com pilaciones docum entales lo m ás notable d e la Galería es el g ra n descuido
con el q u e fue realizada: en su carátula fig u ran autores com o Ignacio A lvarez T hom as y Félix
hechas p o r otros au to res q u e los indicados; aparecieron otras q u e no h ab ían sido previstas; y,
tam poco h ab ían sido escritas91. En sum a, no estaba e n claro quiénes iban a ser los biografiados,
q u ién se iba a hacer cargo d e qué, n i cuáles era n los criterios p a ra seleccionar a los au to res y a
los personajes. T anto es así que incluso hoy día resu lta equívoca su au to ría o dirección,
M itre y S arm iento92. D adas las características d e la obra, en ten d ía q u e d ebía considerarse a sus
O tro rasgo d istin tiv o d e la colección es la d isp a rid a d d e los textos publicados e n cu an to a
calidad, contenidos y extensión. P or el contrario, lo único q u e perm anece inalterable son las
89 Galena de celebridades Argentinas. Biografías de los personases mas notables del Rio de la Plata. Bs.As.,
Ledoux y Vignal editores, Imprenta Americana, 1857-8; Galería Nacional o Colección de Biografías y
Retratos de Hombres Célebres de Chile. 2 vols., Santiago de Chile, Imprenta Chilena, 1854 y 1859.
90 Esta cuestión está tratada en parte en mi trabajo “Las prendas jemales de nuestra sociedad:
representaciones del pasado e identidad nacional en el discurso de las elites político-letradas chilenas (1840
1860)”, en Iberoamericana. América Latina - España - Portugal. Nueva Época, año III, n° 9, Instituto
Iberoamericano, Berlín, marzo de 2003.
91 En el Prospecto los editores avisaron que la obra saldría por entregas y que sus autores eran "los primeros
literatos del pais", a la vez que señalaron que la extensión dependería de. "la protección que encuentre en el
público". Allí se anuncia que la del Almirante Brown la iba a hacer Mitre -la hizo el General Tomás
Guido-, así como también la de Mariano Moreno -finalmente extractada de la obra de su hermano
M anuel- y una del General Paz que nunca saldría editada; que la de Lavalle la iba a hacer Félix Frías -la
hizo Pedro Lacasa-, En cambio, apareció sin firma la de Funes que era en verdad una autobiografía trunca
concluida por otra mano, y la de Manuel García escrita por su hijo aunque sin su firma, ambas anunciadas
para más adelante junto a las de Balcarce, Dorrego, Arenales, Gorriti, Alvear, Saavedra, Castelli,
Olabarria (sic), Chiclana, Viamont, Suarez, Brandzen, Rondeau, Puyrredon (sic), Echeverría, Juan C.
Varela, Vicente López, Laprida, Luca, Labarden, Fr. Cayetano Rodríguez, Paso, La Madrid, Peña, entre
"otros personages no menos célebres" que nunca serían editadas.
92 P. González Bemaldo Civilidad y política en los orígenes de la Nación Argentina. Las sociabilidades en
Buenos Aires. 1829-1862. Bs.As. FCE, p. 329; N. Shumway. La invención de la Argentina. Historia de una
idea. Bs.As.. EMECE . 1993. p. 211. •
71
litografías; y, d e hecho, el form ato elegido parece favorecer m ás la p arte visual q u e la textual
com o n otó Juan M. G utiérrez ante u n a requisitoria d e José A renales que se h abía en tu siasm ad o
M ás aún, no sólo resu ltan favorecidas las im ágenes, sino que quizás éstas sean el m ay o r interés
q u e p resen ta de la obra y, en cierto m odo, su v erd ad ero contenido. Incluso M itre, q u ien pocos
a g rad o esta preem inencia al salu d ar la aparición de la prim era entrega d e la colección q u e fue la
b iografía d e San M artín escrita p o r Sarm iento. Pero no sólo p o rq u e destaca en p rim er lugar la
litografía, sino m ás bien p o rq u e estim a q u e el texto del sanjuanino es u n bello retrato escrito
d estin ad o a com plem entar la im agen del procer a la que q u ed a subordinada: "N o es la historia,
litogràfico"94.
Q uizás sea necesario entonces tom ar el títu lo de la obra en form a literal y co n sid erar a la Galería
com o u n a su erte d e museo portátil d o n d e p u e d e n contem plarse los principales rasgos d e alg u n as
fig u ras pro m in en tes de la v id a pública post-revolucionaria. D e todos m odos esto n o resu lta
suficiente pues su s contenidos textuales tam bién m erecen ser exam inados d a d o el interés q u e
presen tan. M ás aú n , la obra am erita u n tratam iento conjunto d e los textos y las im ágenes com o
u n a to talid a d significativa. P ero esto excede las posibilidades d e esta tesis, p o r lo q u e aquí sólo
p lan tea n los criterios de selección utilizados en cada caso, la Galería p u ed e considerarse com o
93 Otro dato que abona mi hipótesis se encuentra en una carta que le dirige un año después el impresor de
la obra al mismo Gutiérrez en la que pone de manifiesto que ésta iba a dejar de publicarse en dos meses a
pesar de que aún faltaban biografías para acompañar los retratos ya hechos. J. M. Gutiérrez a José
Arenales, Bs.As., 3/9/1857 y Juan C. Ure a J.M. Gutiérrez, Bs.As., 22/8/1858, AE t. V, pp. 26 y 103.
94 LDn° 75, 17 y 18/8/1857. '
95 "Esta obra no es una historia, ni una biografía general, sino un monumento erigido a nuestros ilustres
antepasados, que consagraron su vida y sus afanes a la felicidad y a la gloria de la patria. La posteridad
72
co ntradictorios relatos que creía necesario racionalizar y sistem atizar. Este m ism o
desconocim iento, su m ad o a la falta de previsiones tom adas, perm ite explicar en p arte por q ué
los editores se d eb iero n co n ten tar con com pilar algunos textos ya publicados m ientras q ue
varias de las biografías fueron escritas p o r parientes o allegados. C laro que no todos aceptaro n
ese ofrecim iento: p o r ejem plo, n ad ie quiso hacerse cargo d e la biografía del G eneral A lvear y
v o lu n tad o d e interés, se debe tener p resen te lo que ya señalé al trata r las biografías y m em orias,
m enos dificultaban la construcción d e ese P anteón que, d e tan am plio, resu ltab a inverosím il.
C onsiderem os sino el caso de V icente F. López, qu ien exilado e n M ontevideo se negó a realizar
E n relación a esto últim o es d e n o tar q u e m ás allá d e la intención d e sus ed ito res o d e los
au to res d e las biografías, lo q u e la obra finalm ente exhibe es u n a su erte d e m em oria colectiva
ú n icam ente d e lo publicado, sino del contexto en el q u e se lo hizo. Por u n lado, la expurgació n
o m itid a o q u ed a aco tad a97. P or el otro, la creación d e u n p asa d o q u e p erm itiera justificar su
trasladará algún día sus cenizas al Panteón de los grandes hombres de la Nación Argentina'. “Introducción a
Galería de Celebridades Argentinas. Biografías de los personages mas notables del Río de la Plata en B.
Mitre, OCM. vol. XI, Bs.As., 1942, p. 22 [Bs.As., 1858].
96 En una carta les explica a los editores que no quería exponer la memoria de su padre al fanatismo
partidario y a él a las críticas consiguientes o, sino,' a ser acusado de débil por no hablar con franqueza
sobre los últimos actos de su vida pública. Los editores le respondieron pocos días después acordando que
sus motivos eran justos. Este pedido había sido hecho una vez iniciada la publicación de la obra, lo cual
evidencia la falta de un plan de edición previo. Vicente F. López a los señores Ledoux y Vignal,
Montevideo, 28/10/1857; Ledoux y Vignal a V. F. López, Bs.As., 7/11/1857; en AGN, Sala VII, Archivo y
Colección los López, Legajo n° 2375, doc. N° 5278 y Legajo N° 2370, Doc. n° 4601.
97 Fenómenos similares se dieron en otras provincias como Corrientes a la que Urquiza había combatido
cuando era un firme sostén de las políticas rosistas en el litoral. Esto no podía ser olvidado tan fácilmente,
sobre todo si se considera las atrocidades que habían cometido las tropas bajo su mando. Es por eso que, entre
otras razones, el gobierno de Pujol procuró instituir el recuerdo de la participación correntina en la batalla de
Caseros en detrimento de los otros enfrentamientos que había tenido la provincia con las fuerzas rosistas. Un
examen de este proceso en María G. Quiñónez, “Entre el pasado y el presente: historia y política en
Corrientes en tomo de la lucha contra la Tiranía rosista (1839-1941)”, en Revista de Historia de América n
126, enero-junio 2000. '
73
rep atriació n los restos d e R ivadavia e n 1857, cuya figura y accionar en la décad a d e 1820 com o
el q u e gustó verse reflejado el g rupo dirig en te porteño. Frente a tal u n an im id ad fueron exiguas
las voces que se p ro n u n ciaro n en contra, en tre ellas, la del ex rosista B aldom ero G arcía q u e
excepcional: incluso en el interior la fig u ra de R ivadavia parecía concitar resp eto en algunos
círculos, au n q u e recordando solam ente su accionar en pro d e u n gobierno nacional. T anto es así
q u e alg unos publicistas d isp u tab an el sen tid o de su legado, criticando a sus p ares p o rteñ o s la
"(...) si este generoso v aró n volviese á la vida, él se ap resu raría á re p ro b ar esta filiación
bastarda, su corazon entusiasta se revelaría ante la idea de la escisión efectu ad a por hijos
extraviados ó crim inales, y que entre la gran m ayoría d e la nación y u n círculo egoísta que
alaba las m as tristes pasiones locales, no vacilaría u n instante. Dejem os á ese glorioso
m u erto en su tum ba, no vengam os a ostentar su cadáver p ara seducir el p u e b lo " 99
V olviendo a la Galería cabe n o tar q u e tam bién tiene o tras características q u e perm iten
hom o lo garla con las colecciones docum entales o, al m enos, con sus condiciones y pretensiones.
El m ism o M itre en su Introducción nos ofrece varias pistas q u e perm iten precisar m ejor cuáles
p ro p ó sito cívico p o d ría añadírsele tam b ién la posible reivindicación por p a rte d e fam iliares y
d ocum entales, lo que v erd ad eram en te im p o rtab a era la publicación d e la obra en sí, incluso m ás
allá d e sus contenidos. Y esto p o r dos razones que fueron p lan tead as ese m ism o año por Julio
la Galería que
98 El artículo es durísimo ya que culpa a Rivadavia de casi todos los males existentes a la vez que le niega los
méritos que le atribuían sus entusiastas vindicadores. También circuló como un folleto anónimo en Buenos
Aires con el título de Refutación solemne de los rasgos biográficos y discursos escritos y pronunciados en
Buenos Aires por los señores Gutiérrez, Alsina, Mitre y otros, con motivo de los funerales de don Bernardino
Rivadavia. Un porteño, “Rivadavia” firmada en Bs.As. el 28/9/1857, en El Uruguay, s/n, s/f [se encuentra
como un recorte en la Biblioteca de la Academia Nacional de Historia. La atribución de la autoría es del
historiador Ernesto Fitte]
99 “Los dos caminos” en El Nacional Argentino. Paraná, Imprenta del Nacional Argentino, n° 423 15/1/1857.
74
arg u m en ta q u e su dim ensión colectiva tanto en lo que hace a los biografiados com o a los
d e las sociedades m ás av an zad as y cultas. La otra tam bién fue d esarro llad a p o r M itre al
sostener que
"La gloria d e esos hom bres es la m ás rica herencia d el pueblo argentino, y salv ar del
olvido su v id a y sus facciones, es recoger y utilizar esa herencia, en n u estro h o n o r y en
n u estro provecho. En esas v id as encontrará la generación actual m odelos dignos d e
im itarse. En los sucesos m em orables q u e ellas recuerden, encontrará el h isto riad o r fu tu ro
tem as dignos d e sus m editaciones austeras" (pp. 19/20).
C on lo cual arg u m e n ta q u e la o b ra no tenía com o fin d o tar d e u n sentido preciso a la histo ria
rio p latense com o a ú n suele señalarse, sino, p o r u n lado, pro v eer de m odelos cívicos y, p o r el
historiadores. Sin p o d er saberlo, eso es lo que él m ism o haría: en esta colección publicó su
p rim era versión d e la biografía d e B elgrano cuyas sucesivas reescrituras la tran sfo rm arían en su
M itre p lan tea entonces la n ecesidad d e d o ta r d e u n a trad ició n político-cultural a esa sociedad, a
la vez que, com o p o d rá apreciarse con m ayor d etalle en el capítulo cuatro, reconoce la
De ahí q u e resu ltara razonable contentarse con la recolección d e m ateriales capaces d e serv ir al
publicación d e biografías seriad as era u n a práctica sin discurso. O, p a ra ser m ás precisos, sin u n
Ese discurso no parecía estar disponible entonces en la cu ltu ra rioplatense. ¿Pero lo estaba acaso
la figura socioprofesional q u e d ebía darle form a, es decir, el historiador? El cap ítu lo siguien te
100 Julio Núñez, Prólogo a Noticias históricas de la República Argentina. Bs. As.. Imprenta Argentina, 1857,
p. IV. .
75
Capítulo III
Los historiadores: un presente de ausencias,
un futuro de promesas
101 B. Mitre, “Estudios históricos”, LD n°?, 25/11/1857; J. M. Gutiérrez a A. Magariños Cervantes, Rosario,
17/10/1858, en E. Morales (ed.), Epistolario de Juan María Gutiérrez. Bs.As., Instituto Cultural Joaquín V.
González, folio 71. .
76
La insistencia en p lan tear que había q u e contentarse con p o d e r com pilar m ateriales históricos
en esp era de tiem pos m ejores q u e p erm itieran su cabal in terp retació n abre otros in terro g an tes
p o r ejem plo quiénes eran reconocidos com o historiadores, cuáles eran sus atrib u to s distin tiv o s y
q u é se esperaba d e ellos. El presente capítulo está d ed icad o a dilu cid ar estas cuestiones.
U n p re se n te d e au sen cias.
En su Introducción a la Galería M itre asegura q u e entre las num erosas p erso n alid ad es dig n as de
recu erd o h ay "legisladores, poetas, historiadores, publicistas, hom bres d e estado, jurisconsultos,
generales, diplom áticos, sabios y v arones justos". A hora bien, de todas estas figuras arquetípicas
p u e d e n encontrarse varios rep resen tan tes sin dificultad alguna... salvo en el caso d e los
h istoriadores. T anto es así que pocas líneas d espués q u ed a d esm en tid a esa su p u e sta p lu ralid ad :
en tre las m ás d e cincuenta p erso n alid ad es m encionadas sólo registra a "Funes, historiad o r,
histo riadores h u b iera n sid o éstos célebres o no. C on lo cual, y exceptuando a Funes, no h ab ría n
existido h isto riad o res e n el p asa d o rioplatense. P ero eso no es todo: tam poco parecía p o d er
en co n trar h isto riad o res contem poráneos. Poco tiem po antes, al p ro p o n e r la creación del
Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata, h abía realizado u n a generosa invitación
h u m ana, com o instancia en la cual se p ro d u c en , desarrollan y ad q u ieren sen tid o los fenóm enos
d e lo social, ya sea p o r su ca p acid ad in terp retativ a, ya sea com o condición d e posib ilid ad de
102 B. Mitre “Preliminar de las Bases Orgánicas del Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata’
en R. Levene, Mitre y los estudios históricos en la Argentina. Bs.As 1944, pp. 293/4 [Bs.As., Imprenta
Argentina de La Tribuna, 1856]. •
77
to d a form a d e conocim iento. Pero, y esta es la seg u n d a cuestión que aquí interesa destacar,
h erm en eu ta privilegiado: el h isto riad o r103. En su reem plazo p ropone que en tan p ro m eted o r
b an q u ete tom en asiento eruditos, literatos, jurisconsultos, hombres de estado, geómetras, pintores,
pintoresca lista q u e p o d ría incluir cualquier figura que reuniera la condición d e letrad a y
su p iera trad u cir su saber en u n a fórm ula práctica q u e lo hiciera transm isible.
A m bas apreciaciones d e M itre perm iten entonces ilustrar u n fenóm eno llam ativo: las escasas
referencias a historiadores. Sobre to d o si se considera que no sólo era poco utilizado ese rótu lo
sino q u e adem ás se lo solía reservar a qu ien h u b iera historiado tal o cual episodio, p erso n alid ad
o proceso -" e l h isto riad o r d e su p ad re", "el h isto riad o r de n u estra revolución"- que, claro está,
no es u n historiador sino alg u ien que pone su capacidad de escritor p ara d ar form a a relatos q u e
tem atizan el pasado, así com o tam bién p u ed e realizar otro tipo d e trabajos literarios. Es decir,
u n eru dito, literato o publicista q u e circunstancialm ente trata aspectos del pasado, sin que se le
sí, y q u e tam poco causa extrañeza p u es casi n o existía u n a división del trabajo intelectual q u e
alen tara tal especialización. Es cierto y sobre esto resu ltan particularm ente reveladoras las
palab ras p ro n u n ciad as en 1858 p o r S arm iento com o director d e la sección H istoria del Ateneo del
Plata. En su extenso discurso hace m ención a sus variad o s y prolíficos m éritos pero n o sólo p o r
su consabida au to rreferen cialid ad lin d an te con la m egalom anía, sino p orque estim a necesario
explicitar y legitim ar cuáles son las credenciales que lo habilitan p ara cum plir esa tarea. En ese
sen tid o asum e su falta d e conocim ientos específicos p ara p o d er dirigir los estu d io s d e sus
jóvenes interlocutores, p ero cree com pensarlo con su condición d e publicista atento a la realid ad
am ericana cuya legalidad histórica había lo g rad o vislum brar. M ás aún, asegura q u e es su deb er
103 Y no se crea que se trató de un descuido de Mitre. Al comentarle a Andrés Lamas su proyecto de crear
esa institución calificó a sus potenciales miembros como aquellos que se habían “consagrado á los
estudios políticos y sociales”, sin hacer mención alguna a sus posibles conocimientos históricos o
geográficos. Del mismo modo, Sarmiento celebró esa creación asegurando que “(...) reunirá en una sola
familia cuanto nombre se ha ilustrado entre nosotros por las letras, el estudio, los viajes las exploraciones y
los trabajos del espíritu.”. B. Mitre a A. Lamas, Bs.As., 1/7/1854, en B. Mitre, Correspondencia literaria,
histórica y política. Bs.As., Coni, 1912, t. I, pp. 63/4; D. F. Sarmiento “25 de Mayo de 1856", en OCS, t.
XVII, p. 13 ÍE1 Nacional. 23/5/1856]. -
78
A hora bien, la estim ación d e la p erso n alid a d y del saber atrib u id o a cada au to r, si bien
su tarea com o p ro d u c to r d e conocim iento o relatos históricos p u d ie ra ser co n sid erad a legítim a.
hacerlo y quiénes no: el ejercicio d e u n a escritura so m etid a a escrutinio público. La figura del
h isto riad o r no precedía ni era condición p ara el conocim iento y la difusión del pasado, p o r lo
q ue su legitim idad sólo p o d ía o bten erla a través de la escritura, divulgación y aceptación d e sus
trabajos. D adas las características d e la v id a pública, y sin ten er p o r qué alejarse n ecesariam en te
d e la pretensión eru d ita, esto im plicaba exponerse a los vaivenes políticos com o p u e d e
h istoriadores m ás im p o rtan tes del siglo XIX: Sarm iento, M itre y López.
Sarm iento, p u es en tien d e q u e carecen d el conocim iento que sólo p u e d e ad q u irirse con
laboriosidad y estudio. E n su extensa re sp u esta S arm iento desp leg ó su reconocida ca p acid ad d e
polem ista, alen tad a p o r su recu rren te irritación ante to d o s aquellos que le re co rd a b an su falta
d e estudios form ales. Así, critica a L ópez p o r descalificar a sus oponentes com o arg u m e n to
polém ico recurrente y, d e paso, re c u e rd a sus constantes traspiés políticos. P ero eso n o es to do,
ya q ue tam bién p lan tea u n a cuestión d e com petencias intelectuales al objetarle su ca p acid ad
pesar d e no haber hecho estu d io s com o los d e López, ocupó diversos cargos públicos a los q u e
m ien tras que en C hile él m ism o h ab ía escrito co tid ian am en te y publicado libros sobre asu n to s
públicos d e dos Estados, L ópez sólo h abía hecho u n a novela histórica q u e poco p o d ía a p o rta r al
conocim iento del derecho constitucional sobre el cual se polem izaba. F inalm ente, arg u m e n ta
q ue
"E n cuanto a los hechos históricos, el general M itre ha escrito la vida d e Belgrano, el único
libro histórico q u e poseem os, m ientras q u e el señor López no ha escrito un renglón q u e
acredite igual laboriosidad y estudio (...)"105
M ás allá d e la hiriente descalificación d e López lo q u e Sarm iento evidencia es, por u n lado, la
contraste con M itre, cuya reciente escritura de la Historia de Belgrano le valdría en poco tiem p o el
reconocim iento com o h isto riad o r del cual h asta entonces él tam poco había gozado.
Esta legitim ación de M itre tam bién p ro v e n d ría del reconocim iento d e sus pares d e o tras partes
suelo m ás propicio p a ra desarrollarse. E n ese sen tid o fue clave el estudio d ed icad o años
re n o v ad o estilo y al correcto uso d e las fuentes, p ero tam bién a haber lo g rad o explicar la
p ro tag o n izad o 107. Barros A rana tam bién d a cuenta del n u ev o posicionam iento de M itre al
exam inar los m otivos p o r los cuales logró triu n far en u n a polém ica con Vélez Sarsfield
p ro d u c id a en 1864 con m otivo d e unos artículos críticos sobre la biografía d e B elgrano q u e éste
su p erio rid a d del biógrafo d e B elgrano se evidencia p o r la d estreza con la que em p leó los
recursos d e h isto riad o r p a ra v alid ar sus dichos; lo cual, p o r cierto, no es m ás q u e u n eco d e los
n o ta n d o que éste no h ab ía sido testigo o p ro tag o n ista d e los hechos, pero tam poco u n estud io so
105 Domingo F. Sarmiento, "No conviene en estos momentos la reforma de la constitución federal -
V.F.L.", en OCS. t. XVII, p. 336 rEl Nacional. 27/2/1860 y ss.].
106 Esta crítica se entiende mejor si se tiene presente la convicción que tenía López de que su destino era
escribir la historia nacional o, al menos, la de la Revolución: “Hace cerca de 20 años qe. mi estudio
favorito como tú sabes es la Historia de ntra. Revoln. Estoy maduro pa. escribirla y pronto también desde
qe pueda disponer de tiempo material pa. la compaginación de todos mis apuntes & &. (...) de todos
nosotros, yo soy el único qe. me he dedicado especialmte. a este ramo. Puedo morirme sin haberlo
realizado, y esto seria un mal pa. el pais- no te parece?”. V. F. López a F. Frías, Montevideo, 28/1/1856,
en AGN, Sala VII, Archivo y Colección Los López, doc. n° 4304.
107 D. Barros Arana, "Historiadores Aijentinos", en Obras Completas. Tomo IX, Santiago de Chile, Imprenta
Cervantes, 1911 rRevista de Chile. 1876, tomo IV].
108 En la sección siguiente la polémica es examinada con mayor detalle. Puede consultarse también de A.
Eujanian “Polémicas por la historia. El surgimiento de la crítica en la historiografía argentina. 1864-1882 , en
Entrepasados. n° 16, 1999. •
q u e recurriera a docum entos fid ed ig n o s109. Finalm ente, y d a n d o u n cierre circular a este proceso
d e reconocim iento, M itre recogería los com entarios elogiosos d e B arros A rana y d e B. V icuña
concluye rep asan d o u n a serie d e hechos significativos trata d o s en la edición an terio r com o las
crónicas secretas d e la R evolución y los proyectos d e M onarquía, a los q u e co n sid era p ara
entonces fuera d e to d a discusión p o r las pruebas docum entales q u e entonces había a p o rta d o 110.
polém ica que había entablado en 1857 a través de la p re n sa con el m ism o Vélez, precisam en te
con m otivo d e los proyectos m onárquicos prom ovidos en la décad a de 1810. En su artículo
M itre dice extrañarse d e que Vélez lo trate com o u n h isto riad o r pues la d iscusión se h ab ía
p ro d u c id o por algo m ucho m ás p ed e stre com o era u n a reseña q u e había hecho de la biografía
posición h u m ild e al aseg u rar q u e las críticas de Vélez p o n ien d o a p ru eb a su e ru d ic ió n son com o
p o d rá apreciar, n ad a m ás lejano al posicionam iento q u e asu m iría M itre pocos años d esp u é s
En sum a: al m enos h asta principios d e la década d e 1860 ni siq u iera el acto d e escribir sobre el
pasad o perm itía alcanzar reconocim iento com o h isto riad o r, y a que lo q u e resaltab a com o
condición intelectual y com o cap acid ad era el ejercicio d e la escritura q u e p o d ía estar o rien ta d a
p o n er o rd e n y fijar el sen tid o del pasado. P ero p ara ello, y e n p rim e r lugar, tam bién debía estar
109 B. Mitre, “Estudios Históricos sobre la Revolución Argentina. Belgrano y Güemes” en OCM. vol. XI, p.
273 [Bs. As., Imprenta del Comercio del Plata, 1864]
B. Mitre, “Prólogo” a Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina, Tercera y única edición
completa, Bs.As., Imprenta y Librería de Mayo,1876, p. 14.
111 B. Mitre, “Proyectos de Monarquía” en LD n°?, 23/9/1857. •
referentes intelectuales. P or el otro, y a pesar d e lo que hasta aquí vine sosteniendo, tam bién se
cu alid ad llam ativa que m erece ser ex am in ad a en detalle: la de estar ubicados en u n futu ro
indeterm inado.
Recordem os, u n a vez m ás, la Introducción a la Galena en la que M itre se van ag lo ria de la
can tid ad d e perso n alid ad es q u e po b lab an la historia argentina, m uchas de las cuales serían
rescatadas del olvido o de la tradición oral p ara p o d e r servir de m odelo o ejem plo para sus
contem poráneos. Estos pro p ó sito s p u e d e n parecer algo m odestos si se considera q u e provienen
d e alguien con u n sen tid o histórico y político tan ag u d o com o el que poseía M itre. P ero eso no
es todo ya que adem ás dice legar al "h isto riad o r futuro" la tarea d e m editar sobre los actos y los
fenóm enos por ellos en carn ad o s p ara así p o d er dotarlos d e su v erd ad ero sentido. Q ue fuera
M itre y a fines d e la décad a d e 1850 q u ien legitim ara esta suerte d e distribución temporal de tareas
historiográficas p o d ría llam ar la atención; sin em bargo, es absolutam ente representativo de las
presunciones sobre cuáles era n las posibilidades q u e se tenía de pro d u cir alg ú n tipo de
sim ilares com o la d e Julio N ú ñ e z sobre "n u estro fu tu ro T hiers", no sólo eran habituales sino
que tam bién p ro v e n ía n d e autores m u y diversos -a n tig u o s unitarios, publicistas del rosism o,
m iem bros d e la generación rom ántica; porteños, orientales o provincianos-, quienes insistían
u n a y o tra vez en la necesid ad d e co ntentarse con recopilar m ateriales para que m ás adelan te
éstos p u d ie ra n ser ex am inados e in terp re tad o s por esa enigm ática figura.
V eam os dos ejem plos u b icad o s al principio y al final del perío d o analizado y q u e pro v ien en de
nota rem itid a en 1831 a u n periódico p o rteñ o rosista. Su autor, escudado bajo el seu d ó n im o de
aglom erar los m ateriales, p a ra q u e otros m as felices q u e nosotros se encarguen d e lev an tar el
notó que
"No es el m ejor cam ino p a ra llegar al olvido del pasad o la p in tu ra de las luchas
sangrientas q u e antes h a n d iv id id o a los argentinos. Pero será b u en o p re p a ra r los
m ateriales al fu tu ro h isto riad o r y le ru eg o no olvide d e re u n ir cuantos dato s halle p o r esos
lugares"113.
En el prim er caso se p lan tea una im posibilidad y en el seg u n d o una exigencia, p ero las
consecuencias que se extraen son las m ism as: la necesidad d e contentarse con recop ilar
m ateriales para que éstos p u d ie ra n ser exam inados en el futuro. Pero no sólo los referido s al
p asad o reciente sino tam b ién del m ás lejano. A dem ás, este tipo d e argum entos era n em p lead o s
„ anales, pues se en ten d ía q u e a pesar d e su pobreza estos textos serían m ás ad elan te insum os de
"(...) el deseo d e p re sta r u n servicio a m i país en la necesidad que ya em p ieza a sen tir d e
ser conocido y q u e m ás tard e v e n d rá a utilizarse p o r la p lu m a del h isto riad o r -son
positivam ente las consideraciones q u e m e h an im p u lsa d o a e m p re n d er esta com pilación,
d e u n trabajo p u ra m e n te m aterial (...) si en estos trabajos p u e d o ser útil a m i p atria, si los
m ateriales q u e am ontono, alguna v ez d e algo sirv ieran al historiador- se h a b rá n satisfecho
d el todo m is aspiraciones y q u e d a rá n co m pensados con exceso mis desvelos"114.
tram a cobren sentido los hechos del p asa d o local p u e d e atribuirse a diversas razones:
desconocim iento de las fuentes, cercanía d e los acontecim ientos q u e im pedía to m ar distancia de
ellos p ara p o d er objetivarlos, falta d e tiem po por la d iv ersid ad d e ocupaciones q u e ten ían los
u n p o d e r político q u e las d em an d a ra. D e hecho fu ero n v arias las ocasiones en las q u e escritores
los estudios históricos p a ra la ju v en tu d , a rg u m e n tan d o adem ás q u e los publica ante la casi total
"Ellos p o d rán servir m as tarde para form ar la "H istoria d e la República A rgentina", cuando
aparezca el hom bre que quiera tom ar p ara si la bella tarea de contar a las edades venideras,
tantos hechos gloriosos com o tendría que consignar"
h isto riad o r recoger esos hechos, estu d iarlo s y com paginarlos, restan d o sólo las m em orias y los
relatos orales q u e eran fuente d e discordia. En ese sen tid o insiste e n que el h isto ria d o r n o d eb e
ser p arte d e los hechos q u e relata pues eso lo hace parcial a u n q u e sea h onrado. De to d o s m o d o s
en tien d e que ya había llegado el m om ento d e reiv in d icar a los próceres y q u e era u n acto d e
114 “Apuntes cronológicos para servir á la historia de la antigua Provincia de Cuyo” en Revista de la Junta
de Estudios Históricos de Mendoza, tomo X, 1938, pp. 47/8 [Mendoza, 1852], •
83
patrio tism o hacerlo ante la d esu n ió n d e la república, y a q u e así se reavivarían "los únicos lazos
q u e nos u n en con las Provincias que form aban la antigua República: -las glorias y los sufrim ientos
com unes"115. Un año antes, y haciendo eje en otros aspectos del problem a, V icente F. López
"(...) si fuera rico antes d e tres años h ab ria p u b licad o veinte novelas históricas qe. m e
bailan pr. la cabeza, y la H istoria A rg en tin a qe. b ro ta ya en la p u n ta d e m is dedos! Q ue
pais tan jodido el nuestro! ni estas cosas p u e d e u n o hacer contando con el público.
M eterse en ellas, es p e rd e r uno din ero adem as del tiem po y del regalo qe. debe u n o hacer
de su trabajo. La dem ocracia es p eo r m il veces pa. con la inteliga. qe. el despotism o: los
reyes tenian u n g ra n d e em pleado, bien rentado, qe. llam aban C ronista y escribir la
H istoria pr. deber; y a fé qe. era u n g ran d e acto d e sab id u ría!"116
A pesar d e éstas u otras apreciaciones p o r el estilo que era n invocadas en form a insistente, había
otras razones m ás im portantes q u e p erm iten e n ten d e r p o r q u é no se escribía esa historia que,
sin em bargo y esto resulta necesario tenerlo presente, m uchos decían anhelar. La trayectoria del
falta de fuentes, d e tiem po, d e dinero y, m enos aún, d e conocim ientos, incluso a u n q u e así lo
creyera el propio López. Al respecto resu lta d e u tilid a d re co rd ar dos episodios en los q u e
estu v o involucrado.
E n su carácter d e editor d e la colección d e d ocum entos sobre las invasiones inglesas, V alentín
A lsina sostuvo q u e éstas no sólo fu ero n d e g ra n im p o rtan cia sino q u e tam bién h ab ían influid o
escribirse ese relato117. A hora bien, si había alg u ien en condiciones d e escribir dicha historia, ese
era sin d u d a Vicente F. L ópez q u e ad em ás era co-editor d e esa colección. Es q u e L ópez no sólo
época com o los allí publicados y a relatos d e testigos o p ro tag o n istas d e los sucesos com o su
115 Julio Núñez, Prospecto y Prólogo a Noticias históricas de la República Argentina. Bs.As., Imprenta
Argentina, 1857, p. IV.
116 V. F. López a F. Frías, Montevideo, 28/1/1856, en AGN, Archivo y Colección Los López. Sala VII, legajo
n° 2368, doc. n° 4304 (los subrayados en el original).
117 Compilación de documentos relativos á los sucesos del Río de la Plata desde 1806, Biblioteca del
"Comercio del Plata", Montevideo, 1851, p. V. •
84
p ro p io padre. Pero esto es tan sólo u n a apreciación b asa d a e n algo q u e podna hab er sucedid o .
diverso desarrollo que tuvo la pro d u cció n historiográfica e n C hile y que afectó tam b ién a los
escribir hacia 1845, y en m u y pocos m eses, u n Manual de la istoria de Chile [sic] en el q u e logró
p lasm ar p ara u n potencial público escolar la historia d e esa nación d esd e sus orígenes
coloniales. Las razones d e este logro están d ad a s por la d e m a n d a del texto -q u e igual fue u n
fracaso económ ico pues u n cam bio d e au to rid ad es afectó el acu erd o q u e h abía hecho L ópez-,
institucionales que, entre otras cosas, le ap o rta ro n u n a p erspectiva d esd e la cual p o d ía tra z a r el
precisam ente, com o verem os e n el capítulo sexto, deriv ab a d e la falta d e u n a p ersp ectiv a
do tarse de sentido a los hechos históricos. P ero no sólo p o rq u e el p asa d o p reh isp án ico fu era
ignorado, los siglos de dom inio colonial rep u d ia d o s y la R evolución hu b iera dejado u n leg ad o
problem ático, sino m ás bien p o rq u e el p resen te era p ercibido com o u n caos en el q u e co nviv ían
y u x tap uestos fenóm enos incom patibles en tre sí -o incom prensibles p a ra algunos com o el
en co n trar u n rum bo incontrastable hacia él. De ese m o d o parece razonable q u e re su lta ra difícil
en co n trar u n p u n to d e vista q u e p erm itiera articular las diferentes dim ensiones tem p o rales d e
cobrar sentido pleno las acciones d e su s protagonistas. Es esta ausencia finalm ente la q u e
p erm ite en ten d er por q u é había consenso en la necesid ad d e contentarse con recolectar
cu alq u ier tipo d e narraciones, ya sean biografías, docum entos, relatos orales, crónicas, anales, u
objetos com o m apas o m edallas, m ientras q u e se legaba a fu tu ro s histo riad o res su cabal
co m prensión q u e sólo sería alcan zad a cu an d o estos elem entos p u d ie ra n ser pro cesad o s e
118 Las peripecias de la escritura del manual y su fracaso como negocio pueden seguirse en la
correspondencia de López con su padre, en especial una carta en la que le explica sus expectativas y otra
en la que meses más tarde da cuenta de su desazón. Vicente F. López a Vicente López y Planes,
27/1/1845 y 7/9/1845. AGN, Archivo y Colección Los López, Sala VII, legajo n° 2364, docs. n° 3973 y
3975. ' ' -
85
P o d ría suponerse que la creación del Instituto Histórico y Geográfico im p u lsad o p o r M itre tenía
en tre sus propósitos rem ed iar esa falencia al constituirse e n u n ám bito que, p o r u n lado,
perm itiría articular esta perspectiva y, p o r el otro, form aría o legitim aría a sus m iem bros com o
sujetos p roductores d e conocim iento histórico. E ntre otras razones, esto explicaría la
h etero g eneidad de quienes había convocado p ara form ar p arte del m ism o, com o de A ngelis que
reciente pasad o rosista. Pero m ás allá d e las prevenciones que p u d iera n causar su persona,
M itre reconocía en el eru d ito n apolitano a uno d e los pocos letrados con conocim ientos ciertos
en el arte de hacer historiam . Lo que no había percibido M itre -lo que a ú n no había p o d id o
p ercib ir-, era que ni su participación ni la d e nadie p o d ía resolver los problem as q u e aquejarían
lim itaciones no prov en ían tanto d e la ausencia de letrados con determ inados conocim ientos,
119 Mitre fue uno de los que gestionó que de Angelis pudiera volver a Buenos Aires hacia 1855 tras su
destierro decretado en 1853. En cuanto a su valoración del napolitano resulta de interés un borrador de
una carta en la que le recuerda que al despedirse la primera vez que lo vio, había planteado entablar
relaciones literarias bajo la base de la reciprocidad “aun cuando en materia de cambio de conocimientos
históricos, sea como la reciprocidad marítima de la Gran Bretaña y de la República Argentina", para
añadir que “Por supuesto que no pretendo ser la Gran Bretaña”. Pero estos elogios no sólo eran privados
sino también públicos. Así, pocos años después, y tras criticar una carta que había enviado el napolitano a
fin de discutir la actuación de Rivadavia, Mitre le reconoce sin embargo sus “(...) importantes servicios
que ha prestado a la ilustración de la historia argentina, que le debe el único monumento que hasta hoy
posee”. Minuta de B. Mitre a P. de Angelis, Bs.As., 18/6/1856, en T. Becú y J. Torres Revello, La
colección de documentos de Pedro de Angelis y el Diario de Dieso de Alvear, Bs.As., Peuser, Facultad
de Filosofía y Letras, Publicaciones del Instituto de Investigaciones históricas n° LXXV, 1941, pp.
XLVIII-XLI; “Rectificaciones Históricas. Bemardino Rivadavia” en LD. Bs.As., 9/10/1857.
86
Capítulo IV
Los Institutos Históricos y Geográficos
Parece que una gran parte de los petisamientos más nobles o más útiles
para el país estuviesen condenados a permanecer en embrión (...) Parece
que la existencia del Instituto hubiese sido como una de esas exhalaciones
que cruzan velozmente el espacio.
"In stitu to H istórico y G eográfico", La Tribuna, Bs.As., 1855120
120 El Nacional 2da. época, Montevideo, Imprenta del Nacional, 25/5/1843; La Tribuna. Bs.As., Imprenta de
la Tribuna, Bs.As, n° 501, 30/4 y 1/5/1855. •
87
d ificu ltades p ara d o tar d e sentido la historia local an te la falta d e u n a perspectiva clara e
recolectar relatos y m ateriales para que éstos p u d ie ra n ser u tilizad o s con provecho en el futuro.
y d e la difusión de conocim ientos sobre el pasad o am ericano y rioplatense, lo cual d eb ería crear
h isto rio grafía y que, en aquellos casos en q u e se les p restó atención, ten d iero n a ser
Nacional de Historia argentina y el Instituto Histórico y Geográfico Nacional u ruguayo. Este enfoque
dificultó su com prensión ya q u e al interrogarse por aquello q u e debieron haber sido o aquello
q u e an ticiparon, se dejó d e lado lo que realm ente fueron. P or el contrario, entiendo q u e resu lta
m ás fructífero exam inar qué se p ro p o n ían su s creadores, cóm o eran percibidos socialm ente,
P ara com enzar a resp o n d er estas cuestiones se d eb e ten er p resen te en p rim er lu g ar que,
121 El Instituto Histórico y Geográfico Nacional impulsado por Andrés Lamas y Teodoro Vilardebó en
Montevideo en 1843; el Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata promovido por Bartolomé
Mitre en Buenos Aires entre 1854 y 1856; y el Instituto Histórico y Geográfico de la Confederación,
creado en Paraná en 1861 por el Ministro de Interior, Juan Pujol. También se puede incluir en esta lista al
Departamento de Estadística de la Confederación, encomendado por Urquiza a de Angelis tras la caída de
Rosas en 1852, ya que entre sus funciones se encontraba la de sistematizar el conocimiento de la historia
civil, literaria, religiosa y administrativa de las provincias. Sobre estos institutos pueden consultarse
respectivamente los siguientes estudios: J. Pivel Devoto, El Instituto Histórico y Geográfico Nacional
(1843-1845)", en Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, t. XI, 1934/5: Mitre y los estudios
históricos en la Argentina. Bs.As., Academia Nacional de Historia, 1944; B. Bosch, "El Instituto Histórico y
Geográfico de la Confederación" en La Gaceta. San Miguel de Tucumán, 19/9/1993; J. Sabor, Pedro de
Angelis y los orígenes de la bibliografía argentina. Bs.As., Ediciones Solar, 1995, pp. 128/9.
122 Sobre el Instituto de Brasil cfr. de A. Wehling “As origens do Instituto Histórico e Geográfico
Brasileiro” en Revista do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro. Brasilia, n° 338, enero-marzo 1983
e “Historiografía e identidade na construcao do Estado nacional brasileiro. O projeto político do IHGB” en
Actas del V Congreso Iberoamericano de Academias de la Historia: Los estudios históricos como
expresión de la cultura nacional. Academia Chilena de Historia. 1995. .
88
conocim iento del pasado era en tendido com o u n a actividad literaria. T anto es así q u e en sus
p ro p ias bases y reglam entos se los califica d e m odo genérico com o asociaciones literarias o
científicas y literarias, y a sus m iem bros com o hombres de letras. Es decir q u e en principio, y al
igual q u e los otros fenóm enos exam inados en lo q u e hacía a los m ovim ientos ten d ien tes a
docum entales y las producciones culturales en general, dichos Institutos se pro p o n ían satisfacer
n ecesidades m uy diversas, ya sean políticas, cívicas, sociales o económ icas123. Es p o r eso que
estab an d ed icad as al conocim iento y la difusión de la h istoria y de la geografía, p ero tam b ién d e
la estadística, con las q u e conform aban u n a su erte d e ciencias sociales d e las que tam bién p o d ía
form ar p arte la econom ía política. A dem ás se estim aba q u e la estadística no sólo p erm itía d a r
cuenta de los recursos disponibles en u n a región sino q u e tam b ién era d e gran u tilid a d p ara
conocer el pasado, com o notó M itre al referirse elogiosam ente a la labor d e M anuel Trelles en la
"La historia d e u n pueblo p u ed e escribirse por m ed io d e térm inos num éricos. U na cifra es
m uchas veces m ás elocuente que u n largo discurso. Los hechos sociales son del d o m in io
d e la estadística, y ella p u ed e esp resar con el lenguaje severo d e los n ú m ero s las
vicisitudes d e u n pueblo, sus épocas d e progreso, corrupción, sus v irtu d es, sus
tendencias, y h asta los hechos m orales y intentes q u e escapan con frecuencia al
h isto riad o r y q u e se revelan súbitam ente e n u n c u a d ro estadístico"124.
d e A m érica y Europa; el otorgam iento d e prem ios; la recolección d e docum entos, textos, m ap as
123 Esta orientación era puesta de manifiesto por sus impulsores en forma permanente, sobrevalorando
incluso sus verdaderas posibilidades. Lamas, por ejemplo, aspiraba a que en el futuro surgieran de su seno
cátedras “donde la historia y los principios de administración puedan ser explicados sobre bases y datos
nacionales”, para después añadir que entre los temas de investigación también debía incluirse el estudio del
guaraní, así como también las costumbres y la historia política y militar de ese pueblo. Podría atribuirse
este particular interés al romanticismo de Lamas, sin embargo su argumento era que "El conocimiento de
esa lengua puede ser, con el tiempo, un medio de ensanchar el terreno que domina nuestra actual
civilización: ella se habla con pocas alteraciones en las últimas clases de la gente de nuestra campaña y en el
inmenso litoral del Paraná, Uruguay y Paraguay". Andrés Lamas a Santiago Vázquez, Montevideo,
23/5/1843, en Escritos selectos del Doctor Andrés Lamas (1837-1855), Instituto Histórico y Geográfico del
Uruguay, 1922,1.1, p. 70.
124 “Estudios estadísticos”. LD. n° ?. 14/11/1857. •
89
Pero no fueron éstas las únicas razones q u e im p u lsaro n su creación, pues tam bién se les asignó
conocim ientos orien tad o s a satisfacer necesidades públicas. T anto es así que, al igual q u e en el
p ro p ó sito era la existencia d e la asociación en sí. Y esto p o r varios m otivos que m erecen ser
En principio se d eb en co n sid erar las expectativas sobre cóm o éstas instituciones rep ercu tirían
en los vínculos con el resto d el m u n d o , propósito que era insistentem ente señalado en artículos
y, m ás particularm ente, d el rol activo del E stado en la consecución d e ese desarrollo. C u alid ad
so m etían las fuerzas d e R osas y O ribe, p erm itía ofrecer u n co n traste frente a esos enem igos. Del
m ism o m odo, M itre concluiría años m ás ta rd e u n artículo en el q u e daba cuenta de los trabajos
hechos p ara relan zar el In stitu to p o r él fu n d a d o señ alan d o q u e éste sería "(...) u n o de los
d a rá n lustre y h o n o r a la actu alid ad d e Buenos A ires"125. E sta creación p erm itía adem ás
concretar relaciones con instituciones afines de E uropa y A m érica. Es por eso q u e a instancias
incluso antes d e hab er alcan zad o a n o m b rar a todos sus m iem bros fu n d a d o res-, fue establecer
sólo legitim aba la existencia d e estas asociaciones, sino tam b ién la d e sus m iem bros, quienes
in stitución era en sí valorable incluso m ás allá d e sus logros inm ediatos. En p rim er lugar,
Buenos A ires com puesto por 13 secciones y 84 artículos en los q u e se estipula m inuciosam en te
sus objetos y su funcionam iento interno: elecciones; derechos y obligaciones d e los socios; rol d e
d e reu n ió n y d e tom a d e decisiones; etc.128. A dem ás, el hecho m ism o d e asociarse era e n sí
"A plicar al trabajo intelectual el esp íritu de asociación, es m ultipicar las fuerzas
p ro d u ctiv as d e la inteligencia, es, en cierto m odo, perfeccionar el organism o del pueb lo ,
d o tán d o le d e u n n u ev o sen tid o d e la percepción"129.
no ten d ría cabida la política y las rencillas personales o fam iliares que afectaban la v id a pública
conflictos públicos y p riv ad o s fue el principal argum ento q u e esgrim ió A ndrés Lam as ante el
"La reu n ió n d e to d o s los hom bres d e letras que tenga el país, llam ados a despojarse e n las
p u ertas del Instituto, d e sus prevenciones y colores políticos, p ara en tra r a él a ocuparse
tranquilam ente, en objetos d e interés com ún y perm anente, em p ezará por aproxim arlo s y
acabará tal vez p o r nivelar las opiniones todas y reu n irías e n el centro d e la u tilid ad y la
gloria d e esta p atria, en q u e tan to noble, bello y ú til p u e d e ejecutarse. C onfío, señor
M inistro, en que la creación del Instituto, e n m om entos com o los actuales, será p a ra
m uchos u n objeto d e solaz p a ra el esp íritu agitado por las d u ra s escenas de las guerras, y
p a ra todos u n a p ru e b a d e las m iras civilizadoras del G obierno, que se em p eñ a e n echar
fu n d am en to s d e g ra n d es edificios sociales, cu an d o to d o conspira a m in ar los elem entos
d e la sociedad"130
E n form a coincidente, pero u n a décad a m ás tarde, M itre p lan tearía al echar los cim ientos del
128 B. Mitre, “Reglamento Constitutivo del Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata”, en R.
Levene, Mitre y los estudios históricos.... op.cit. [Bs.As., Imprenta Argentina de El Nacional, 1856].
129 B. Mitre, “Base orgánicas...” op. cit., p. 298.
130 A. Lamas a S. Vázquez, op. cit.., pp. 70/1 -
91
"(...) p resentará á todos los hom bres d e inteligencia u n cam po n eu tra l en q u e d escansar d e
las agitaciones de la v ida pública, será u n auxilio p a ra los q u e p ro c u ran satisfacer su
actividad por cam inos m enos peligrosos, y u tilizará á to d o s los hom bres capaces, d e cuya
concurrencia se privaría el país si les faltase un núcleo á q u e adherirse"131
Esta p ro p u esta era consecuencia de u n diagnóstico sobre el estad o sociocultural del Río d e la
Plata, cuyos constantes conflictos hab ían p o strad o el esp íritu público. M itre e n ten d ía q u e no
sólo se hab ían dividido los pueblos sino tam b ién los in d iv id u o s, cuyos trabajos y m editacion es
reservaba cada uno para sí haciendo inútiles los valiosos recursos intelectuales con los q u e se
contaba por hallarse dispersos. En el caso d e Buenos A ires n otaba q u e la caída d e Rosas había
p ro p ósitos com o la m úsica y el baile, p ero no a otros d e m ayor trascendencia com o las letras y
las ciencias. Por eso estim aba im prescindible la fun d ació n d e u n centro en el cual debían
co n v erg er esas capacidades: " u n teatro p a ra la inteligencia, u n a trib u n a p ara la libre em isión del
p en sam iento científico ó literario y u n centro p ara los h om bres d e ciencias, d e artes ó d e letras".
P ero a diferencia d e quienes creían q u e no d ebían delim itarse los objetos d e dicha asociación,
M itre estim aba que éstos d eb ían ser precisados, del m ism o m o d o que las activ id ad es a
dispersadas:
"(...) era conveniente encam inar sistem áticam ente las id eas abriéndoles un cause, en vez
d e dejarlas d erram arse p o r la llanura; q u e era in d isp en sab le disciplinar el pen sam ien to ,
d án d o le p u n to s de partid a, p ro p ó sito s fijos (,..)"132
A hora bien, por qué ese disciplinamiento d ebía orientarse al desarrollo d e la historia, la geografía
y la estadística, a las que M itre co n sid erab a com o las aplicaciones m ás "útiles, vastas y
originales" que p o d rían tener ese tipo d e asociaciones. P or u n lado, com o ya noté, este
civilización alcanzado por esa sociedad. P or otro lado, existía consenso e n p lan tea r q u e éstos
"Por su faz literaria será u n a co m p leta nov ed ad . Estas regiones no h an sido e stu d iad a s en
n in g ú n sentido: todo está p o r ex p lo tar y la E u ro p a poco m ás sabe d e ellas q u e m erezca
131 B. Mitre “Preliminar de las Bases Orgánicas del Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata” en
R. Levene, Mitre y los estudios..., op.cit., p. 296 [Discurso pronunciado en la Biblioteca Pública con el objeto
de promover á la asociación el 3/9/1854, Bs.As., Imprenta Argentina de La Tribuna, 1856].
132 Id., p. 293. -
92
apreciarse, q u e lo que le han dicho A zara y D 'O rbigni. El m isterio que envuelve n u estra
n atu raleza física, es com ún a n u estra historia, generalm ente desconocida, h asta d e gran
p arte d e los hijos de.estas regiones"133
ignorancia de la historia y la geografía local. Desconocim iento que, com o notaba V. F. López, tenía
"¿N o crees tú qe. uno de los m as g ra n d es m otivos d e an arq u ia qe. nosotros tenem os es la
falta de tradición, la horrible ignorancia en que estam os de nuestro pasado, esa anom alía
de no tener recuerdo d e nuestro origen ni idea d e n u estro cam ino hacia el porvenir? Yo lo
creo! El hecho es qe. entre nosotros todos saben algo d e la historia francesa o turca, y
n ad ie sabe n a d a d e la nuestra; y este vicio pa. m i es fatal en su consecuencia"134.
P ero este desconocim iento no sólo era visto com o u n a carencia interna, sino que tam b ién
afectaba las relaciones con los centros culturales m ás avanzados. De hecho, u n o d e los
arg u m en to s esgrim idos p o r M itre p ara justificar p o r q u é el pensam iento debía disciplinarse en
esa dirección era que éstos eran los únicos tem as en los q u e los am ericanos todavía p o d ía n
d estacarse p o r realizar aportes originales " irra d ia n d o n u estro pensam iento al esterior, p ara
recibir en cam bio las luces que necesitam os". Tarea q u e si b ien se atribuía a A m érica en general,
p a ra m uchos era a ú n m ás claro que se trata b a d e u n a a sig n atu ra p endiente p ara los p ueblos del
Plata. De ese m odo, se prom ovía una su erte d e división del trabajo intelectual d estin ad a a tener
conocim ientos em píricos bajo la guía d e teorías elaboradas en E uropa. C laro que a diferencia d e
Ese no era u n p roblem a ni p ara M itre, ni p a ra los escritores y publicistas del período. Lo q u e sí
o riginal y necesario. Por eso n o debe ex trañ ar que, u n a v ez m ás, M itre se contentara con crear
"Tal vez en el vasto p ro g ram a d e nu estro s trabajos, no nos sea posible exam inar esos
m ateriales á la luz de u n sano criterio, y tengam os q u e contentarnos con p o n er alg ú n
o rd e n en el caos d e docum entos q u e constituye n u estra herencia historial."135
E sta falta d e u n sano criterio, sobre la cual ya m e extendí en el cap ítu lo an terio r y cuyo exam en
m anifestaciones p reten d id am en te eru d itas com o las colecciones d o cum entales o los p ro p io s
institutos, no estaban necesariam ente acom pañados p o r la existencia d e u n discurso acorde a las
m ism as. De ahí q u e en sus Bases, y tras p lan tear u n a posible publicación que debía incluir
trabajos, com unicaciones, docum entos inéditos, biografías d e am ericanos ilustres, bibliografías,
C abría entonces volver a la reflexión final del capítulo an terio r y p re g u n ta rse por q u é estas
q u e p erm itiera o rd e n ar los docum entos heredados, ni tam poco fo rm aro n o leg itim aro n sujetos
los h o m bres d e ciencias y letras, las rencillas regionales, políticas, facciosas y personales q u e
d ificu ltaban aco rd ar u n a perspectiva com ún, tam bién im p id iero n su consolidación. En este
sen tid o m e perm ito discrepar con ciertas apreciaciones d e P ilar G onzález sobre lo su ced id o con
q u e sus m iem bros se reunían periódicam ente, lo cual resu lta d u d o so , sino q u e lo hacían p a ra
o rd e n ar los hechos del pasado nacional a fin d e "crear la nació n m ed ian te la socialización del
relato d e los orígenes". Esta apreciación se basa en la cita d e M itre referida a contentarse con
p ro d u c ía n y, m ás aún, lograban dejar d e lado sus rencillas particu lares y diferencias políticas lo
cual, p o r cierto, no sólo no sucedió, sino q u e difícilm ente h u b iera p o d id o su ced er137.
tam b ién lo su ced id o con el Ateneo del Plata, sociedad literaria cread a e n junio de 1858 p o r
iniciativa del joven periodista u ru g u a y o H eraclio Fajardo. El objetivo d e esta asociación era
p ro m o to r insistía en la im portancia del esp íritu de asociación p ero tam bién en la necesidad d e
ofrecer u n m arco que perm itiera o rien tar en u n sentido a p ro p ia d o la producción intelectual,
ám bito d e pro d u cció n y discusión literaria en el que no te n d ría cabida la política. Sin em bargo,
n o m b rara com o m iem bro honorario a N icolás Calvo, d irec to r d e La Reforma Pacífica, periódico
oposición aira d a d e D ardo Rocha, ap o y ad o tácitam ente p o r el D irector del Ateneo, José M.
el Liceo del Plata que, a diferencia de El Ateneo, no contó con el beneplácito oficial139. C laro q ue
138 El Ateneo se dividía en tres secciones, Poesía, Prosa e Historia. Se nombró Director de Poesía a José
Mármol y suplente a Luis Domínguez; de Prosa a Miguel Cañé y suplente a Carlos Tejedor; de Historia a
Sarmiento y suplente a Félix Frías. Además, se creó un Comité de Censura integrado por Bartolomé
Mitre, Juan C. Gómez. Francisco Bilbao, Alejandro Magariños Cervantes y José Barros Pazos. Cfr. de
Sara Jaroslavsky y Elena Maspero “La cultura argentina en el decenio 1852-1862'’, Cursos y
Conferencias. Bs.As.. año XVI, Vol. XXXI, nros. 181.183, abril-junio 1947.
139 i . . .
La precipitación con la que sucedieron los hechos puede apreciarse en una carta de L. Domínguez a J. M.
Gutiérrez donde le anuncia que "Está en embrión la idea de crear un Ateneo Literario. No he asistido a
ninguna de sus sesiones preparatoria, Vd. ha sido nombrado miembro honorario y yo también; me han
nombrado, además, subdirector y después director de la sección Poesía.”, para inmediatamente lamentar que
“(...) ayer se han separado 17 socios activos por haber sido rechazado Calvo como s. honorario, y creo que en
consecuencia el embrión aborta. Si es así, durará esto menos que el Salón Literario, etc., etc., ¡Oh!
¡Atenienses!, me parece que no os quedará de tales sino la cola del perro de Alcibíades", Luis Domínguez a
J.M. Gutiérrez, Bs.As., 26/7/1858, en Juan M. Gutiérrez, AE. Bs.As., t. V, 1986, p. 96.
140 Quizás las dos actividades más significativas hayan sido las conferencias relativas a la historia, sus
leyes y su posible desarrollo en América pronunciadas por Sarmiento y Francisco Bilbao en El Ateneo y
El Liceo, respectivamente. D. F. Sarmiento, "Espíritu y condiciones de la Historia en América", en OCS,
tomo XXI, [Memoria leída el 11 de octubre de 1858 al ser nombrado Director de Historia]; F. Bilbao “ La
Ley de la Historia” en Obras Completas, tomo I, Bs.As., Imprenta de Buenos Aires. 1866 [Discurso de
95
P ero esto no es todo: tam bién los conflictos político-m ilitares y las d ificultades económ icas d e
instituciones que eran estatales o qu erían estar cobijadas p o r el E stado explican su carácter
fue sólo nom inal. El Instituto creado por Lam as, que no alcanzó a d esarro llar actividad alg u n a
disolvió poco tiem po d esp u é s e n m edio d e ausencias y disensiones entre sus m iem b ro s141. El
revolución setem brista en B uenos Aires. El Instituto creado p o r M itre tuvo u n a com isión
p ro m o to ra d esd e 1854, pero recién en 1856 se constituyó con u n Reglamento y Bases Orgánicas y
disolución pero probablem ente h ay a ocurrido hacia 1858/9 sin q u e h u b iera logrado cu m p lir
n in g u n o d e sus objetivos. El Instituto proyectado por Pujol e n P aran á tam poco p u d o sobrellevar
las diferencias internas, las ocupaciones d e sus m iem bros, la m u erte d e su m entor y, m enos aún,
la d eb ilid ad política y económ ica q u e p uso fin a la pro p ia C onfederación pocos m eses d espu és.
Resulta evid en te el contraste con el caso brasilero, cuyo Instituto Histórico e Geográfico a m p a ra d o
Facultad d e H u m an id ad es.
T eodoro V ilardebó q u e publicó anó nim am ente, la idea d e crear el Institu to m o n tev id ean o h ab ía
q u e d a d o "h asta ahora en estad o d e germ en, como q u e d a n siem p re e n tre nosotros las ideas de
esta n a tu ra leza "142. De ese m o d o p o d ría concluirse q u e las causas que d ificu ltab an la
apertura del Liceo Literario, noviembre de 1858]; L.P., “El Ateneo y el Liceo”, Museo Literario, Periódico
semanal de Literatura en General, Teatro y Modas, Bs.As., 1859, p. 138.
141 Al plantear los motivos de su renuncia, Francisco Araucho hizo referencia a su “heterogénea
composición”, aludiendo en parte a diferencias políticas, pero también a la existencia de porteños que
formaban parte de la misma o al menos eso hace suponer que la carta la firmara como “su amigo y paisano”.
F. Araucho a A. Lamas, Montevideo, 21/8/1845, en J. Pivel Devoto, "El Instituto Histórico...” op.cit, p. 216
(la cursiva en el original).
142 “El Dr. D. Teodoro M. Vilardebó” en El Orden. 8/4/1857. •
96
O
97
Capítulo V
El romanticismo rioplatense y la Historia Nacional
I4'’ F. Bilbao a V. F. López, Bs. As., 14/4/1858, en AGN, Sala VII, Archivo y Colección Los López,, doc.
n° 4627; V. F. López a J. M. Gutiérrez, Montevideo, 18/8/1854, en AB t. III, p. 66; D. F. Sarmiento,
"Espíritu y condiciones de la Historia en América", en OCS, t. XXI, p. 98 [Memoria leída el 11 de
octubre de 1858 en el Ateneo del Plata]. .
Los capítulos anteriores tu v iero n com o p ro p ó sito in d ag ar algunos d e los m edios a través d e los
cuales las elites rioplatenses p ro c u raro n establecer u n vínculo activo con el pasado, es decir, q u e
perm itiera conocerlo y que ese saber p u d ie ra ser a su vez difu n d id o . P ara ello fuero n
exam inados los géneros e n los q u e co b raro n form a las representaciones del pasado, la práctica
conocim iento histórico y los sujetos q u e realizaban esa tarea. Por lo q u e se p u d o ap reciar el
rasgo m ás distintivo d e este m ovim iento fue su carácter precario, incoherente y trunco, incluso
si se lo evalúa desd e sus p ro p io s p arám etros. Si estas cualidades resu ltan llam ativas, esto se
sino tam bién al hecho q u e d e ese esfuerzo p o r conocer el pasad o to m aro n parte alg u n o s d e los
escritores y publicistas d e m ay o r ca p acid ad y talento com o A ndrés Lam as, B artolom é M itre,
Vicente F. López, D om ingo F. S arm iento, Juan M. G utiérrez, P edro d e A ngelis, Florencio V arela
y V alentín Alsina.
Este desfase p u e d e apreciarse tam b ién e n el constante lam ento p o r la falta d e relatos históricos
necesaria. C on esto qu iero decir q u e m ás allá de las lim itaciones señaladas igual p o d rían
h aberse elaborado relatos d e cierta e n tid a d q u e dieran cuenta del ru m b o histórico d e la región.
n in g ú n texto capaz d e articu lar e n u n a m ism a tram a el pasad o y el p resen te d e alg u n o d e los
conglom erados h u m anos asen tad o s e n el territorio del an tig u o V irreinato en u n a histo ria
desarro llan d o d u ra n te ese m ism o trayecto o que fu e ran preexistentes a él. Es decir, lo q u e
este m ovim iento en el Plata: a pesar d e su v asta y notable pro d u cció n política, ensayística y
literaria, su p erio r en m uchos aspectos a la d e otras áreas d e A m érica, recién p u d o concretar esta
p reten sión en el últim o cuarto del siglo XIX m ientras q u e países cercanos com o C hile o B rasil ya
contaban con historias nacionales a m ed iad o s d e ese siglo. H istorias que, m ás allá d e la
ideología de sus au to res y d e las objeciones q u e p u e d a n m erecer, lograron articu lar u n a tram a
99
cap az d e representar el trayecto singular d e esas naciones d esd e el período colonial inclu y en d o
d el p asad o p u ed en encontrarse num erosos elem entos pasibles d e alim entar id en tid ad es
plantear, sino u n hecho que era puesto d e relieve una y otra v ez por diversos hom bres públicos:
esas representaciones no p o d ían ser co n sid erad as historias nacionales. Cóm o en ten d er sino que,
co n trad iciendo uno d e los p o stulados m ás caros al historicism o rom ántico, los sujetos
d e los casos, por configuraciones socioculturales com o la civilización o por valores o principio s
com o la libertad. Por su p u esto que todos éstos son elem entos pasibles de d istin g u ir u n a
definirla, calificarla ni delim itarla frente a otras q u e es lo q u e cabría esperar razo n ab lem en te d e
explicar su singularidad.
A dem ás d e enunciada, esta aseveración sobre la ausencia d e historias nacionales requiere ser
desp leg ad a y arg u m e n tad a a fin d e p o d e r alcanzar u n perfil m ás nítido del historicism o
rom ántico rioplatense. Este capítulo, que d a cierre a la p rim era sección de la tesis, tiene com o
p ro p ó sito plan tear algunos argum entos e n ese sentido, seg u id o s d e unas breves consideraciones
sobre algunos textos d e Sarm iento y M itre que p o d ría n ser considerados com o historias
nacionales.
se destaca lo que se ha d a d o en llam ar el principio de las nacionalidhdes según el cual las naciones
idiosincrásicos h ab rían ido cobrando form a a lo largo del tiem po. Tam bién se asegura q u e éstas
tanto, sólo p u e d e n ser co n sid erad o s com o el necesario desenlace d e esa historia previa. De ahí
entonces la im portancia decisiva que se le asigna al conocim iento del pasad o y a la elaboración
100
d e relatos históricos, únicos m edios con capacidad p a ra d a r form a a esa trayectoria y a los
las n acionalidades no logró hacer pie fácilm ente en la región. En tal sentido, y com o no es el
tem a de la tesis, sólo quiero recordar algo q u e ya fue trata d o en la Introducción: d esd e u n p u n to
conform ación d e organizaciones estatales debía ser el re su ltad o d e acuerdos entre las provincias
a las que se las reconocía com o en tid ad es soberanas, es decir, con capacidad p ara d ecid ir si
q u erían unirse entre sí o no, y con cuáles, cóm o y c u á n d o hacerlo. Por su puesto q u e esto no
u n a historia com partida; pero sí que éstos n o era n con sid erad o s com o la causa, el fu n d a m e n to o
la legitim ación d e nin g u n a form a estatal existente o p royectada, ni siquiera las d e carácter
p rovincial que fueron consecuencia d e la dinám ica pro v o cad a p o r el proceso revolucionario.
T anto es así que a u n q u e p u d ie ra n invocarlo en textos d e carácter program ático o dogm ático, los
rom ánticos rioplatenses solían dejar d e lado el p rin cip io d e las nacionalidades c u a n d o se
aún, y al igual q u e sus contem poráneos, ten d ían a p lan tea r argum entos propios d e u n a lógica
d e intereses y d e acuerdos entre las provincias144. P o d ría tratarse d e un reconocim iento d e sus
táctica com o lo era la constante invocación al Pacto Federal en tre los opositores al ré g im e n
rosista. T odo eso es cierto o al m enos re su lta plausible, p ero h ay algo m ás q u e está relacion ad o
con el carácter singular q u e tuvo el m ovim iento rom ántico local y es el hecho q u e sus m iem b ro s
Pese a todo, algunos de ellos insistirían con el correr d e los años en la postu lació n d e la
preexistencia d e u n a nacio n alid ad arg en tin a d e rasgos d efin id o s que, por eso m ism o, d eb ía ser
sabido, el m ayor adalid d e esta p o stu ra fue B artolom é M itre, d e lo cual d a cuenta la siguien te
144 Esta cuestión está tratada en varios pasajes de mi tesis de licenciatura Formas de identidad política y
representaciones de la nación en el discurso de la Generación de 1837, Cuadernos del Instituto Ravignani
n° 1L 1998. •
101
La cita es lo suficientem ente elocuente com o p ara que necesite m ayores com entarios. Sí resulta
im p o rtan te insistir en el hecho que d u ra n te los años exam in ad o s expresiones tan precisas com o
rev o lu ción setem brista al resto d e las provincias p ara lo cual debía convencer sobre su
crecim iento. De todos m odos, y m ás allá d e su carácter co y u n tu ral, lo que aquí interesa es que
esa definición d e la nacionalidad po d ía ser p o stu lad a con total precisión aunque M itre no fuera
" (...) el conocim iento d e n u estra h istoria h a d e hacer m as p o r la nacionalidad arg en tin a
q u e las conferencias, los tratados, las g u erras y las rev o lu cio n es"146.
M ás allá d e lo excesiva q u e resu lta esa afirm ación en alg u ien cu y a trayectoria política estuv o
sig n ad a p o r conferencias, tratados, guerras y revoluciones, es sin em bargo rep resen tativ a d e lo
q u e u n h isto riad o r rom ántico d ebía p en sa r o, al m enos, sostener. ¿Pero por qué se creía q u e la
respecto caben n o tar dos cuestiones q u e tam b ién atañ e n a M itre p u e s sería el prim ero e n lograr
145 “Nacionalidad” en El Nacional. Periódico comercial, político y literario, n° 137, Bs.As., Imprenta
Argentina, 27/10/1852.
146 “Estudios históricos” en LD n°?, 25/11/1857. -
102
orígenes. Por el otro, la aspiración a d a r form a a relatos históricos cuyo sujeto sea esa m ism a
co m u n id ad y en cuya tram a p u ed a n tanto articularse sus rasgos distintivos com o rep resen tarse
sí m ism os u n a explicación, en tanto logran rep resen tar cabalm ente la realidad acontecida y su
desenvolvim iento a lo largo del tiem po. A gustín T hierry, u n o d e los m ás fervientes cultores de
"Se h a dicho que el objetivo del h isto riad o r es contar, n o probar; yo no sé, p ero estoy
seguro d e que, en historia, el m ejor tipo d e p ru e b a, el m ás capaz d e im presionar y d e
convencer a todos los espíritus, el q u e perm ite m enos desconfianza y deja m enos d u d a s es
la narración com pleta..."147
D esde luego que no todos m o strab an hacia la historia narrativa el m ism o fervor q u e T hierry, al
m enos en lo que hacía al gusto p o r los detalles y p o r la necesid ad d e d o tar d e excesivo colorido
al relato. Pero incluso aquellos q u e p referían las obras d e carácter m ás especulativo en ten d ía n
ser los hechos o su explicación, p ero en am bos casos d eb ían estar articulados en u n a m ism a
tram a y no com o cuadros inconexos. A dem ás ese relato d eb ía ser lo m ás com pleto posible, ya
p ro tag o niza o, en todo caso, las explicaciones sobre esos hechos. Y a u n q u e es obvio q u e todos
estos requisitos resu ltan casi im posibles d e cu m p lim e n tar co n éxito, son los que o rien ta ro n gran
Argentina que p u ed e considerarse com o la p rim era historia local d e en v e rg a d u ra p u es com ienza
con el descubrim iento d e A m érica y llega h asta 1820. E n el Prólogo, D om ínguez se justifica p o r
147 La cita fue recogida por R. Barthes, quien nota al respecto que lo que el discurso histórico decimonónico
pretendía era “instituir la narración como significante privilegiado de la realidad”. “El discurso de la historia”
en El susurro del lenguaje. Más allá de la palabra v la escritura. Barcelona, Paidós, 1994, pp. 176/7.
103
haberse contentado con trazar u n cu ad ro general y esquem ático alegando que sólo asp irab a a
atención. Sin em bargo se a p u ra en aclarar q u e esta elección no im plica en m odo alg u n o cercenar
hechos y m enos a ú n los q u e perm iten "conservar la ilación d e los acontecim ientos, ó la trabazó n
articulación d e u n a tram a en la cual p u e d a tanto rep resen tarse sus hechos m ás significativos
aspiraciones p u d ie ra n cum plirse o no ya era otra cuestión. D om ín g u ez por ejem plo, q u e m ostró
m ás allá del extenso arco tem p o ral que recorre su obra, ésta n o p u e d e ser co n sid erad a com o u n a
h isto ria nacional. En el capítulo séptim o se exam ina con m ay o r d etalle su texto, p o r lo que aq u í
alcanza con ad e la n tar que se trata de u n a crónica cuya tram a resulta fallida. Esta es una d e las
razones p o r las cuales su historia q u ed a ría opacada años m ás ta rd e por las obras m ayores d e
M itre y d e López. De todos m odos debe reconocerse q u e ese desenlace había sido previsto p o r
del p rim er relato exhaustivo sobre el p asa d o local seg u ía afirm an d o que serían historiadores
futuros quienes escribirían u n a v erd ad era historia nacional. Esto d a cuenta del carácter radical
del p ro blem a q u e estoy tra ta n d o y q u e p o d ría ser fo rm u lad o d el siguiente m odo: d u ra n te los
u tilizan d o p ara ello relatos cuya estru c tu ra re sp o n d ie ra a las exigencias p lan tea d as p o r
148 Luis Domínguez, Historia Argentina. Bs.As. Imprenta del Orden, 1861, pp. VI-VIL
149 Luis Domínguez a V. F. López, Bs.As., 5/7/1861, en A G N Sala VII, Archivo y Colección los López,
legajo n° 2372, doc 4772. .
104
posibilidad de d ar form a a una historia nacional, sino tam b ién a las d e carácter provincial que,
d a d a la conform ación política d e la región, hub ieran re su ltad o incluso m ás ap ro p iad as. En tal
sen tid o cabe señalar que en el transcurso d e la investigación d ebí desechar u n a d e las hipótesis
C arbia, había estim ado q u e si bien iba a resu ltar difícil en c o n trar relatos históricos nacionales, sí
iba a p o d er hacerlo con los d e carácter regional o provincial. Sin em bargo, esto tam po co
d ig n as d e recu erd o -, sino que éstos no estaban articulados en u n a tram a histórica q u e tu v iera a
P or su p u esto q u e esta ausencia se constituyó tam b ién e n m otivo de lam ento, com o p u e d e
a ese lam ento pero desde una perspectiva nacional m ás q u e local. Esto p u ed e apreciarse en u n a
consideraba m erecedor d e la atención del político, filósofo, histo riad o r, geógrafo y a ú n del
p o eta en busca d e tradiciones. Este elogio, d esm ed id o si se co n sid eran las cu alid ad es del texto,
d io tam bién pie a u n a am arga reflexión sobre la ausencia d e trabajos sim ilares sobre to d as las
en que la historia, la geografía y la estadística tenían com o fin a n u d a r los vínculos nacionales150.
Q u esad a com partía esta preocupación, y d e hecho u n a p a rte im p o rtan te de sus esfuerzos
seg u n d o n ú m ero insertó una declaración d e pro p ó sito s en la sección Historia llam an d o la
atención sobre el hecho q u e las historias provinciales n o estab a n a ú n escritas y q u e era n difíciles
p o r eso q u e apeló a sus lectores p ara q u e enviaran to d o tipo d e m ateriales a fin d e ser
lista d e p rio rid ad es en cab ezad a p o r las A ctas d e fundación d e las ciudades, do cu m en to s sobre
re p arto d e tierras e indios y to d o aquello q u e diera cuenta d e sus orígenes a fin d e seg u ir su
desarrollo h asta llegar a la conform ación d e las catorce provincias tras la R evolución, p o r lo q u e
tam b ién solicitó la elaboración d e cronologías de los diversos gobiernos locales. F inalm ente
llam ó la atención sobre la necesidad d e rescatar del olvido crónicas, tradiciones o leyend as
De ese m odo, y si bien esas historias no h ab ían sido to d av ía escritas hacia 1861, al m enos
"(....) poseem os ya im p o rtan tes trabajos publicados sobre nuestro pais, p ero estos no
b astan p ara d arn o s u n a id ea clara y m etódica d e todos los sucesos y p a ra ap reciar el
d esarrollo parcial d e las diversas localidades: este vacio es el q u e nos p ro p o n e m o s llenar,
no com o historiadores, sino com o sim ples n arrad o re s d e hechos, re p ro d u cien d o los
docum entos q u e sirv an m as tard e á los historiadores fu tu ro s" 151
Las causas d e la ausencia d e esas historias provinciales son las m ism as q u e las d e carácter
m o d o está presente en la reflexión d e Q uesada: sólo p o d ría n ser escritas con p o sterio rid a d a la
elaboración d e historias nacionales d e las q u e serían co n sid erad as com o u n a parte. En los
A hora bien, ¿cuáles son las causas d e la ausencia d e relatos históricos nacionales o su s sím iles
arg ü irse la falta d e conocim ientos, fuentes, tiem po, d in ero u o tras circunstancias p o r el estilo,
incluso a u n q u e así lo creyeran los p ro p io s escritores. Las razones son otras, y a u n q u e cuesta
d istin g u ir unas de otras p u es actú an e n conjunto potenciándose, ig u al m erecen ser co n sid erad as
p o r separado.
falta d e rasgos distintivos com o raza, religión, lengua, hábitos o tradiciones q u e p erm itiera n
sin g u larizar la sociedad rioplatense del resto d e H ispanoam érica. Sin em bargo se trata d e u n a
causa secundaria, pues con el correr d e los años se lograría ir d a n d o form a a u n a serie de
elem entos que h abrían caracterizado la experiencia histórica local con capacidad p ara so p o rtar
E n seg u n d o lugar hay otras dos cuestiones tam bién referidas a los contenidos que, com o
con stitu yen el núcleo d e las dos secciones siguientes, m e p erm ito ap en as enunciarlas. M e refiero
p erp lejidades provocadas p o r el legado revolucionario. En relación a la p rim era cuestión resu lta
ev id en te q u e ese desinterés, desprecio o juicio crítico, hacía difícil elaborar relatos históricos q ue
p u d ie ra n rem ontarse a u n p asa d o q u e p re sen tara alguna d en sid a d social o tem p o ra l en el que
se h ab ría n conform ado rasgos idiosincrásicos q u e p refig u raran u n a co m u n id ad sociopolítica.
Esto bien p o d ía ser atrib u id o al proceso revolucionario e in d ep en d e n tista que ocupó el centro
con lo cual no resultaba fácil en contrar en ella rasgos definitorios d e una id en tid ad y, m enos
resolución perm itiría tam bién hacerlo con las otras: la ausencia de u n a perspectiva político
com o sujeto d e u n a n arrativ a histórica p o r m ás q u e éste fu era u n o d e los p o stu lad o s m ás caros
sen tid o d e u n relato histórico nacional sólo p o d ría alcanzarse c u a n d o lograra consolidarse u n
com o h a n señalado en form a reciente A lejandro E ujanián y Elias Palti, cu an d o esa trayecto ria
co n sid erad o inm inente152. S im plificando sus argum entos, lo q u e am bos autores p la n te a n es q u e
inexistencia d e un Estado nacional q u e las requiriera. Y esa m ism a es la razó n q u e p erm itiría
explicar p o r qué Chile y Brasil sí p o d ían tenerlas, así com o tam bién instituciones q u e h u b iera n
incluso, deseables. Si se retom a lo señ alad o en la Introducción en relación a la ind eterm in ació n
preg u n ta: ¿cuál era acaso esa co m u n id ad delim itad a d e m odo incontrastable que re q u ería d e
ser im ag in ad a, sino que las posibilidades al respecto era n varias y n ad ie po d ía señalar con total
V
certeza cuál iba a producirse. P ero sin esa perspectiva precisa, sin la posibilidad d e p o stu la r a
escribir su historia?. ¿C óm o seleccionar los hechos q u e deb ían form ar parte d e u n relato sobre
su devenir? ¿En base a q u é criterios? P ara poner u n ejem plo que retom aré luego: los
lev an tam ientos contra las au to rid a d e s españolas p ro d u cid o s en el A lto P erú en 1809, ¿d eb ían o
n o fo rm ar p arte d e u n a historia nacional argentina? Y d e ser afirm ativa la respuesta, ¿en calidad
p aten te en aquellos q u e m ilitaro n e n las filas del rom anticism o, era doble. Por u n lado la m atriz
historicista im ponía buscar el sen tid o d e la experiencia histórica local y del ru m b o q u e ésta
d o m in an tes los hacía abjurar del m ism o154. P or el otro, se su p o n ía q u e el sujeto p riv ileg iad o d e
152 A. Eujanián, “Polémicas por la historia. El surgimiento de la crítica en la historiografía argentina, 1864
1882”, en Entrepasados, n° 16, 1999; E. Palti, “La Historia de Belgrano de Mitre y la problemática
concepción de un pasado nacional” en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio
Ravignani”. Tercera serie, n° 21, 1er. Semestre 2000.
153 C. Real de Azúa, Los orígenes de la nacionalidad uruguaya. Montevideo, Arca, 1990, cap. 2.
154 Este problema ha sido examinado con gran agudeza por Germán Colmenares en Las convenciones contra
la cultura. Ensayos sobre la historiografía hispanoamericana del siglo XIX. Bogotá, Tercer Mundo, 1997.
108
org an ización territorial y político-institucional, sup erp u estas con los constantes conflictos
facciosos, hacían difícil trazar u n rum bo histórico irrecusable que tuviera por p ro tag o n ista a
a lg u n a co m u n id ad precisa.
C on lo cual no debe extrañar q u e para m uchos no sólo ese sistem a institucional sino tam bién
esa id e n tid a d y esa com unidad, d eb ían ser el resultado de acciones q u e ten d ieran a constituirlos
y no el desenlace necesario d e u n a historia cuyos elem entos d eb ían ser rastreados en el pasad o .
respecto sobre todo tras la caída d e Rosas. D esde u n a perspectiva discursiva se trata entonces
d e u n a d e las paradojas del m ovim iento rom ántico rioplatense q u e com enzaría a ser resuelta de
u n o rd e n estatal nacional. C laro q u e esta ú ltim a afirm ación es posible p orque contam os con la
inapreciable ventaja de conocer el re su ltad o d e ese proceso: incluso M itre se p erm itía afirm ar al
asu m ir la p residencia d e u n a nación form alm ente unificada en 1862 que "m arch am o s d e lo
P or el m om ento p lan teé los condicionam ientos estructurales que inhibieron la elaboración de
h isto rias nacionales en el perío d o exam inado. A hora bien, p ese a todo no p u e d e considerarse en
ab soluto p a ra p o d e r hacerlas. P ero precisam ente por eso m ism o resulta notable la eficacia q u e
tu v iero n esas restricciones, sobre to d o si se considera q u e los escritores locales contaban con
m o delos teóricos y n arrativ o s prestigiosos p a ra p o d e r d arle form a a ese tipo d e relatos y, sobre
Si volvem os a las figuras m encionadas al com enzar este capítulo nos encontram os con que esa
h isto ria n o fue escrita ni p o r publicistas u nitarios com o Florencio V arela o V alentín A lsina, ni
p esar del interés creciente que éste m ostró p o r el desarrollo cu ltu ral en el período colonial; y ni
siq u iera A n d rés Lam as a p esar d e h ab er recibido en 1849 el encargo oficial del gobierno d e
M o n tev ideo p a ra realizar u n a "H isto ria d e la R epública" q u e nunca escribió156. H a)' sin
em bargo dos casos que re su ltan m ás com plejos pues p u blicaron algunas obras significativas
Provincia d e Sarm iento y las dos p rim era s ediciones de la Historia de Belgrano d e M itre
siguientes, aquí sólo quiero p lan tear brev em en te p o r qué e n tien d o que las m ism as no son
género definido de antem ano d en o m in ad o Historia Nacional q u e d e tan p u ro resu lta inexistente,
apreciar cuál era el sentido q u e éstos p o d ía n tener o ad q u irir seg ú n los propios p arám etro s d e
C om o es sabido, en los prim eros capítulos d e Facundo, S arm iento enum era, describe o define
com partidos. C aracterísticas q u e m ás allá d e los condicionam ientos geográficos son tam b ién
criticados. Por u n lado, p o rq u e si bien hace ab u n d a n te s referencias históricas e incluso p lan tea
leyes que explican el desenvolvim iento d e la sociedad, n o logra articular sus div erso s
m o m entos en u n a m ism a tram a y bajo u nos m ism os principios explicativos. Los prim eros
capítulos dejan establecido q u e las condiciones creadas por la naturaleza y la historia local habían
d ad o form a a u n a cam paña caracterizada p o r la barbarie cuya figura m ás acabada y em blem ática
había sido Facundo Q uiroga, la cual se racionalizó y sistem atizó e n la d e Rosas. Sin em bargo, en
los últim os dos capítulos del libro Sarm iento introduce su program a político que contradice en
form a flagrante lo antedicho, pues sostiene q u e los propios rosistas po n d rían fin al régim en. De ese
m odo, el final im aginado, p ro p u e sto o d esead o d e su relato y d e la historia local no sería tan to
riojano se tram a u n relato cuyos p ro tag o n istas son las ciu d ad e s y las cam pañas pastoras,
antagónicos en cam ad o s en dos espacios destin ad o s a ignorarse o enfrentarse sin posib ilid ad
alg u n a d e síntesis por la m ism a rad ic alid ad de esa escisión -o , peor aún, sintetizados d e alg ú n
m o d o en esa extraña e indefinible figura q u e era R osas-, En tal sentido, y si bien está articu lad a
n arrativ am ente, po d ría considerarse q u e m ás q u e una explicación histórica en Facundo hay una
diferenciados: "El siglo XIX y el siglo XII viven juntos: el uno dentro d e las ciudades, el otro en las
cam pañas"157. De ese m odo el conflicto ad q u iere en Facundo u n a dinám ica espacial a la que
historizado y, m enos aún, d e m odo tal q u e perm ita explicar el tránsito de la colonia a la
república: p ara Sarm iento la R evolución sólo p u d o p roducirse p o r el influjo d e las ideas
ilu strad as eu ro p eas en un sector m inoritario d e la elite criolla cuyas d isp u tas internas habían
p erm itid o desp u és que la barbarie hiciera pie y se a d u e ñ ara d e las ciudades. A hora bien, u n a de
las claves q u e posibilitaría la estru ctu ració n d e u n relato histórico nacional, m ás aún, u n a d e las
rep resentara ese tránsito. ¿C óm o co n sid erar sino que se tra ta d e u n a m ism a historia
En relación a esto últim o Recuerdos de Provincia introdujo algunos cam bios significativos. Si bien
fue escrito apenas u n lustro d esp u é s q u e Facundo, el final del rosism o parecía inm inente d e
v erd ad , lo cual le facilitó a S arm iento otra p erspectiva desd e la cual leer la h istoria local. Pero
este hecho no fue tan decisivo com o su viaje m aterial e intelectual a los Estados U nidos. Es q u e
allí encontró u n m odelo altern ativ o d e so ciedad cuyo éxito era consecuencia entre otra razones
com o en H ispanoam érica. Esto perm ite e n ten d e r en parte p o r q u é Recuerdos de Provincia es un
fagocita la H istoria. Sin em bargo, la biografía de esa elite provincial que tenía a la vez u n
civilización. A dem ás, y com o h a n o ta d o H a lp e rín D onghi, S arm iento trata a los fenóm enos
colonial cuando éste com enzaba a tran sm u tarse para d ar paso a la R epública, lo cual constitu y e
alcance. De todos m odos Sarm iento tam bién es explícito en p lan tea r que u n a vez estallad a la
A pesar d e las lim itaciones señaladas, la lo g rad a articulación d e personajes que v en d ría n a
rep resen tar a la elite en su tránsito por varios siglos, perm ite en ten d e r p o r q u é Recuerdos de
Provincia p o d ría ser leído com o u n relato histórico nacional. Sin em bargo hay u n aspecto m ás
q u e no siem pre es suficientem ente señalado y que rem ite a los condicionam ientos estru ctu rales
p o tenciados en este caso p o r los co y u n tu rales com o lo era el intento d e S arm iento p or
re co rd ar q u e éste fue en general recibido con perplejidad, fria ld a d o con sorna, sin q u e sus
lectores percibieran que esa biografía colectiva era tam bién u n a historia nacional.
Si to d o lo anterior no alcanzara, tam bién podríam os recu rrir a alg u n as apreciaciones q u e hizo el
H isto ria del Ateneo del Plata se vio en la necesidad d e aclarar a n te sus interlocutores q u e no
contaba con los conocim ientos necesarios p ara p o d e r guiarlos, p ero q u e igual acep tab a la
sólo h abía "(...) bosquejado algunos cuadros d e hechos y hom bres q u e entran en el dom inio de la
Esto m ism o sostendría con m ayor precisión al año siguiente c u a n d o debió a ñ a d ir u n Corolario a
la Historia de Belgrano d e M itre, ya q u e éste la había dejado tru n ca p ara m arc h ar al frente del
ejército porteño q u e sería d erro tad o p o r U rquiza e n C epeda. En ese Corolario S arm iento buscó
M itre. A dem ás señaló q u e esa biografía debía considerarse com o u n relato histórico nacion al a
158 T. Halperín Donghi, "El antiguo orden y su crisis como tema de Recuerdos de Provincia", en Boletín del
Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani, tercera serie, n° 1, 1989.
159 "Espíritu y condiciones de la Historia en América", en PC S, t. XXI, p. 86 [Memoria leída el 11 de octubre
de 1858 en el Ateneo del Plata], ■
112
diferencia d e sus p ro p ias obras com o Facundo en las que sólo h ab ría alcan zad o a trazar el
Sarm iento parecía entonces h aber en c o n trad o la clave del tránsito en tre el m u n d o colonial y el
rep u blicano en la Historia de Belgrano, así com o tam bién una h istoria cap az d e m o strar la u n id ad
d e la A rgentina tras el ap a ren te caos d e sus hechos ¿Pero realm ente es así? E n el últim o capítulo
1858, ni la d e 1858/9; la p rim era lo hace en 1812 y la seg u n d a en 1816, m ientras q u e Belgrano
m u rió e n 1820. En am bos casos el au to r alegó m otivos razonables -e n la p rim era falta de
n u n ca dejó d e escribir, incluso cu an d o ejerció la presidencia, deb iera esp erar h asta 1876 p ara
co m p letar su biografía. P ero dejando d e lado el hecho d e si M itre había concebido o no ese final,
cóm o p o d ría n cap tar los lectores el sen tid o d e u n a biografía tru n ca cuyo p ro tag o n ista tu v o u n
rol público h asta los últim o s m om entos d e su vida. Por cierto q u e el a p re ta d o Corolario d e
Sarm iento, m ás in teresad o en el en fren tam ien to con U rquiza q u e en la vida del procer, no
parecía el m edio m ás adecuado. En seg u n d o lugar, y si consideram os los pro p ó sito s declarados
racionalizar el culto del héroe que po r d a r cu en ta del desarrollo d e los elem entos germ inales d e
la nacio nalidad argentina. C u an d o en el Prefacio a la seg u n d a edición procuró resaltar cuál era la
explicase el rol d e Belgrano p ara q u e sirviese com o ejem plo y guía p ara sus co n tem p o rán eo s al
m o m en to p lan tea q u e su biografía perm itiría d ar cuenta del desarrollo d e la n acio n alid ad
arg en tin a o de alguno de sus elem entos constitutivos, au n q u e en la polém ica con Vélez d e 1864
arg u m e n taría q u e ese había sido u n o d e sus propósitos. E n tercer lugar se debe ten er p resen te
últim o tercio del setecientos -in sisto en q u e p o r ahora dejo de lado el problem a d e si es del todo
lo g rad a o no su tram a -. De ese m odo, y a diferencia de la edición d e 1876/7 su texto resu lta
incompleto com o historia nacional y no precisam ente por faltarle los últim os años d e la v id a del
C u an d o dos años d espués Luis D om ínguez publica su Historia Argentina, le envía u n ejem p lar a
L ópez perm anecía en silencio, V arela no había p o d id o hacer n ada, y "M itre se h a q u e d a d o á
m itad d e cam ino"162. E ntiendo q u e con esto últim o se refiere no tanto a los años q u e re sta n d e la
rem ed io q u e articular la Historia de Belgrano d e M itre con el Ensayo del D eán Funes. U nión d e la
De esto resulta u n a excelente m u estra la prim era obra didascàlica de carácter elem ental q u e
co m p en dió el pasad o nacional y q u e tom a precisam ente com o fuente a esas dos obras: el
m an u al publicado en Buenos A ires e n 1862 p o r Juana M anso163. P ara no fatigar con el exam en
161 De hecho, esto mismo era lo que también sostenía Sarmiento en su Corolario al calificar al trabajo de
Mitre como “una restauración de un monumento medio sepultado ya bajo las movedizas arenas arrastradas
por el pampero; y el mérito del autor de la Historia está en haber devuelto a la admiración de sus
contemporáneos el más inimitable de los buenos modelos”. B. Mitre, “Prefacio de la segunda edición” en
Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina. Tercera y única edición completa, Bs.As., Imprenta y
Librería de Mayo, 1876, pp. 18/9 [Bs.AS., 1858]; D. F. Sarmiento, “Corolario...” op.cit., p. 10.
162 Luis Domínguez a V. F. López, Bs.As., 19/6/1861, en AG N Sala VII, Archivo y Colección los López,
legajo n° 2372, doc. n° 4770.
163 J. Manso de Noronha, Compendio de la Historia de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, desde su
descubrimiento hasta la declaración de su independencia, el 9 de julio de 1816. destinada para el uso de las
escuelas de la República Argentina, Bs.As., Imp. y Lit. á vapor, de Bemheim y Boneo.1862.
d e esta obra b asta señalar lo endeble q u e es su tram a, basada e n u n a estru ctu ra ac u m u la tiv a
m ás q u e significativa y cuyo estilo se p u e d e resu m ir en frases com o las siguientes: "El otro
acontecim iento notable d e esa época" (p. 30); "La tom a de la C olonia del S acram ento n o p o d ia
dejar d e fig u rar en el catálogo d e los acontecim ientos d e aquella época" (p. 36). En sum a, u n a
tam p o co logra articu lar u n a narrativ a sobre el origen. Si bien es cierto que se refiere a la génesis
d e fenóm enos y estru c tu ras sociohistóricas significativas -la s ciudades, el com ercio, la
los procesos d esen cad en ad o s p o r la revolución, por lo que se contenta con señalar algun o s
sucesos dispersos d e 1815 y 1816. De ese m odo, el cierre q u e v en d ría a d a r sen tid o a lo
acontecido lo lega com o u n a "ingrata tarea al q u e escriba la h istoria general d e la República" (p.
129).
P o r cierto que tan to la capacidad d e Juana M anso, p u esta m aliciosam ente en d u d a en tre otros
p o r Ju an M. G utiérrez, así com o tam b ién el público al q u e estaba d irig id o el Compendio, tu v iero n
m u ch o q u e v er con su pobreza. Sin em bargo, el m anual expresa b astante bien el p ro d u c to q u e
p o d ía resu ltar d e la u n ió n en tre la obra d e M itre y la d e Funes. Y, p o r eso m ism o, la in cap acid ad
M anso n o hace sino am plificar. Esta in cap acid ad se p u e d e ap reciar m ejor cu an d o se la co m p ara
d e u n origen d e los m ism os, m uchos d e los cuales p o d ía n incluso ser rastread o s h asta el
m o m en to m ism o d e la conquista164. El p ro b lem a en ese sen tid o no es q u e e n las dos p rim eras
ediciones se carece de u n relato p o rm en o riz ad o d e los hechos coloniales h asta fines d el siglo
XVIII, sino q u e tam poco se hace u n a caracterización d e los m ism os q u e p erm ita u n irlo s bajo
u n o s m ism os principios explicativos con los sucesos posteriores, que es lo que aparece en la
tercera edición.
164 Entre éstos se destacan particularidades geográficas y raciales, así como también el tipo de
colonización en la que había primado el “trabajo reproductor” por sobre el saqueo y cuya pobreza
originaria e igualadora había promovido una “democracia rudimentaria”. Por otro lado, notaba como la
construcción de un mercado y el vínculo con Europa a través del Atlántico habían sido de fundamental
importancia para el desarrollo local en el siglo XVIII, creando nuevos intereses que vendrían a
fundamentar las futuras aspiraciones de independencia de los criollos argentinos. B. Mitre, “La
sociabilidad Argentina. 1770-1794”, Introducción a Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina,
Bs.As., Anaconda, 1950 [Bs.As., 1876/7]. Un excelente análisis de esta versión y de las problemáticas
huellas dejadas por las anteriores fue realizado por E. Palti en “La Historia de Belgrano de M itre...”, op.cit.
115
P o d ría dejarse de lado to d o lo señalado e igual bastaría con considerar algo que tam bién fue
sólo la nacionalidad, sino tam bién el p ro p io pueblo y el territorio argentino no eran u n dato
p rim o rd ial. En efecto, M itre plantea q u e la R evolución d e M ayo había p erm itid o que los
am ericanos reasu m ieran sus derechos y se iniciaran en el cam ino d e la libertad; pero esto no
q u isiera afirm arlo. Por el contrario, su relato deja en claro q u e ésta sería consecuencia d e la
revolución y de la guerra. Esto aparece con m ayor nitid ez en su polém ica con Vélez Sarsfield,
p u es estuvo obligado a arg u m e n tar el rol decisivo que h abía tenido Belgrano al frente del
Ejército del N orte. E n tal sentido asegura en relación a la posible secesión de las provincias del
n o roeste que, si B elgrano p erd ía la batalla d e T ucum án o se retirab a hasta C órdoba, "la causa d e
re su ltad o h abría sido m u y diverso p ara la nacionalidad argentina". Por otro lado precisa que
D esde luego q u e estas aseveraciones resu ltan fácilm ente rebatibles. Basta reco rd ar el
lev an tam iento alto p eru an o d e 1809, casi ig n o rad o p o r M itre e n su texto y a q u e esta región
fin alm ente no form ó p arte d e la R epública A rgentina; p o r n o m encionar lo cuestionable q u e era
p o stu lar la v italid a d y cohesión m oral d e la nacionalidad arg en tin a hacia 1864. Pero en lo q ue
contingencia d e la g u erra y la política, es decir, a relaciones d e fu erza que no siem pre fueron
favorables a la su p u e sta causa nacional. P or eso resu lta especialm ente destacable el papel d e
B elgrano y su revalorización histórica y a q u e p ara M itre - y tam b ién p ara el G eneral José M.
Paz, u n antig u o su b o rd in a d o su y o -, su acción cívica, que h abía sido tanto o m ás im p o rtan te que
d e la N ación A rgentina.
165 B. Mitre, “Estudios Históricos sobre la Revolución Argentina. Belgrano y Güemes" en OCM vol. XI, pp.
295 y 322 [Bs. As., Imprenta del Comercio del Plata, 1864] •
116
Esta interpretación seg ú n la cual las m inorías d irigentes rep resen ta d as por B elgrano hab ían sid o
d eterm in an tes en la delim itación d e la n acionalidad arg en tin a no p u ed e sin em bargo ser
las P rovincias U nidas ya que, según M itre, había sido B elgrano quien a pesar d e su d erro ta
España. La úruca explicación que se p u ed e en contrar es que era el territorio del V irreynato m ás
cívicas en carnadas en B elgrano tam poco alcanzaban p a ra ase g u rar la delim itación d e la fu tu ra
P o d ría concluirse entonces q u e hacia 1859 el h isto riad o r M itre contradecía al político y
p ublicista M itre q u e en 1852 había descrito y defin id o la n acio n alid ad argentina com o u n hecho
esp iritu al que estaba m ás allá de todo accidente histórico. Pocos años desp u és am bos
d e q uienes abju raro n d e M itre y su in terp retació n d el p asa d o nacional, pero que, al igual q u e lo
altern ativos al esquem a q u e ellos h ab ían trazado. P or cierto q u e esto fue posible p o r la
A rg en tina y en U ru g u a y hacia fines del siglo XIX y principios del XX. Procesos que, adem ás,
tam bién favorecieron la consolidación d e esas prácticas, instituciones, discursos y sujetos que,
SEGUNDA PARTE
en el Río d e la Plata entre 1830 y 1860. U no d e los rasgos distintivos q u e tuvo ese m ovim iento,
fueron las dificultades o lim itaciones m ateriales, ideológicas, políticas e institucionales en lo que
A hora bien, esto no significó en m odo alguno q u e no se elaboraran representaciones del pasad o
p arte d e la producción discursiva del período, por lo que su exam en constituye tam b ién u n
m u tu am ente. Esta sección está dedicada a las representaciones del p asa d o indígena y colonial y
la siguiente a las del proceso revolucionario. R esulta necesario aclarar al respecto q u e esta
representaciones no form aban com partim ientos estancos ni se en cuentran aisladas en los textos.
Este o rdenam iento no es casual, pero n o sólo p o rq u e respeta u n a cronología sino m ás bien
y p o rq u e am bos bloques eran percibidos de m u y diferente m odo. Así, las num erosas, com plejas
Estos d os últim os co n stitu ían u n pasad o q u e en general q u ería ser dejado atrás e n form a
definitiva. Entre otras razones, porque seguía teniendo u n a fuerte incidencia en el p re sen te y
m uchos tem ían adem ás q u e tam bién la sig u iera teniendo e n el futuro. Esta sección se aboca al
exam en d e esta cuestión, y esa es la razón p o r la que se titula La negación del pasado. C o n sta d e
observaciones q u e se h acen sobre el escaso interés q u e estos tem as ten ían p a ra las elites,
Capítulo VI
Los indígenas y su mundo
167 J. B. Alberdi, Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina. Bs. As.,
Plus Ultra, 1981, pp. 82 y 243 [Valparaíso, 1852], •
120
de la Plata hasta avanzado el siglo XIX se deben tener presente algunas cuestiones prelim inares. En
p rim er lugar que ese pasado no podía ser considerado del todo com o tal ya q u e a ú n seguía
form ando parte del presente. Por un lado, porque se suponía que eran sociedades que no habían
sufrido transform aciones significativas. Por el otro, p orque no sólo coexistían con la sociedad
criolla sino que tam bién m antenían contactos y niveles de intercam bio que en algunas áreas eran
m uy significativos. De todos m odos tam bién se tenía la certeza de que ese pasado q u e era a la vez
presente, no iba a ser futuro. La razón era q u e existía consenso en suponer que esas com unidad es
estaban destinadas a desaparecer com o tales. En segundo lugar, que a pesar d e esta presencia
difícil de eludir fueron pocas las ocasiones en las que se procuró dotar a esas com unidades de
d en sid ad histórica; m uy por el contrario, cuando no se las ignoraba era porque se hacían
referencias pragm áticas a hechos puntuales o apreciaciones vagas sobre algún pueblo en particular
o sobre los indios o los indígenas en general, es decir, com o u n a abstracción. En tercer lugar, que
todas estas consideraciones estaban condicionadas p o r las que se hacían del pasado colonial y de la
Estas cuestiones p u ed e n percibirse en la producción discursiva fom entada desde los inicios del
proceso revolucionario. Cabe recordar que en esos años se prom ovió la reivindicación d e las
sociedades indígenas a las que, por u n lado, se aspiraba a devolver sus derechos y su dignid ad
ajada p o r siglos d e dom inio colonial y, p o r el otro, se las consideraba en cierta form a antecesoras
d e los criollos que luchaban por su independencia. De ese m odo, el indigenismo ocupó u n a función
precisa en la econom ía discursiva de la dirigencia revolucionaria: sum ar argum entos a la crítica del
dom inio colonial ejercido por España168. Para ello se recurría a im ágenes y juicios provenientes de
la Leyenda Negra o se hacía referencia a la cruel represión que había tenido el levantam iento
encabezado por Tupac A m aru en los A ndes peruanos pocas décadas antes.
La constante alusión a la opresión de los indígenas q u e dotaba d e m ayor legitim idad al proceso
conocim ientos m ás precisos d e esas com unidades, y m enos a ú n alentó la elaboración d e narrativas
q ue d ieran cuenta d e su historia. Por el contrario, y salvo casos puntuales como el d e funcionarios,
m ilitares o científicos que tom aron contacto directo, quienes hacían referencia a los m ism os
168 Si bien la noción de indigenismo resulta anacrónica, así como también la de indianismo empleada por
algunos autores, recurrí a ella por no contar con otra que permita hacer referencia a discursos, prácticas o
representaciones tendientes a rehabilitar a los pueblos indígenas o a reivindicar sus formas de existencia.
121
carácter simbólico, fenóm eno que estaba reforzado p o r su consideración desde u n a perspectiva
am ericanista que se quería oponer com o u n a totalidad al sistem a colonial español. Este sesgo, del
todo coincidente con la identidad de los revolucionarios, perm itía adem ás recuperar en forma
selectiva a algunos pueblos que residieron o tuvieron su centro en otras partes del continente. Así,
y en desm edro de la m ayoría de las com unidades que habitaban o habían habitado el territorio de
las provincias del Plata, la generación revolucionaria sintió predilección por el recuerdo del
poderoso im perio incaico y por el d e sus descendientes que hacía pocos años se habían rebelado en
revolucionaria que había incorporado tem as, im ágenes o sím bolos que rem itían a esa sociedad,
com o p u ed e apreciarse en la Marcha escrita por Vicente López y Planes: en la seg u n d a estrofa de
esta versión prim itiva del Himno Nacional Argentino p u ed e leerse q u e "Se conm ueven del Inca las
tu m b as,/ Y en sus huecos revive el a rd o r,/ Lo que vé renovando á sus hijos/ De la Patria el
antiguo esplendor"169.
legitim ación del accionar revolucionario, sin que esto im plicara la producción d e obras en las que
se procurara darle m ayor carnadura. Por el contrario, se hacía una valoración general de esas
com unidades y se recurría a algunas im ágenes d e gran fuerza evocativa estructuradas por
convenciones retóricas neoclásicas. A hora bien, m ás allá de que esta reivindicación de lo indígena
tuviera u n carácter retórico o simbólico, debe tenerse presente q u e las relaciones sociales y políticas
Revolución, así com o tam bién por la asunción consecuente p o r parte de algunos d e los nuevos
dirigentes de las ideas revolucionarias. P odem os recordar al respecto tres situaciones disím iles en
d e T u cu m án en 1816 q ue, m enos chocante e n tanto n o pasó d e ser u n a pro p u esta, no fue p o r eso
m ejor recibido170. Los ejem plos po d rían am pliarse, pero lo que quiero hacer notar es q u e si bien las
reforzaran su dim ensión legitim adora u orientadora d e acciones y discursos que ap u n tab an a im a
U na vez finalizadas las guerras d e independencia se convirtió en una necesidad de prim er orden la
construcción d e nuevas form as sociales y estatales, lo cual implicó tam bién que fueran cada vez
m ás conflictivas las relaciones con los grupos indígenas en todo el territorio rioplatense. En esa
n u ev a situación, y a pesar d e que su interrelación con la sociedad criolla era m oneda corriente -
incluso participaban d e sus conflictos-, las com unidades indígenas pasaron a ser tratadas cada vez
m ás com o carentes d e todo valor al considerárselas incapaces de form ar parte de la nueva sociedad
republicana. En consecuencia fue extinguiéndose tam bién cualquier posible reivindicación de las
m ism as, aunque m ás no fuera sim bólica o retórica. Esto llevó a tom ar distancia crítica d e las
discusión entablada en 1857 con m otivo de los proyectos m onárquicos esgrim idos en el C ongreso
de Tucum án. En ese m arco M itre planteó que esa era u n a "(...) época en q ue teníam os la m anía de
creernos descendientes d e los Incas, y en que era de m oda invocar los m anes d e A tahualpa, com o
se ve p o r nuestro H im no N acional"171.
D e ese m odo, las representaciones de los indígenas q uedaron reducidas a una serie d e clichés o
m otivos no m enos abstractos que los presentes en la discursividad del período revolucionario,
pero ah ora tendientes a desvalorizarlos o estigm atizarlos por su ingénita condición de crim inales,
vagos, sucios, traidores e incapaces d e som eterse a reglas sociales. Pero esto no es todo, ya que no
sólo se los desvalorizaba m ediante juicios raciales y morales, sino que tam bién tendía a tratárselos
com o objetos inertes, com o entes m ás cercanos a la naturaleza que a la cultura dándose por cierto
persona, si existía, probablemente tendríamos que sacarla borracha y cubierta de andrajos de alguna
chichería para colocarla en el elevado trono de un monarca, que debíamos tenerle preparado", cit. en J.
Irazusta, Tomás M. de Anchorena. Bs.As., Huemul, 1962, p. 28.
171 “Proyectos de Monarquía” en LD, n° ?, 23/9/1857.
172 Esta caracterización como entes más cercanos a la naturaleza que a la cultura estaba tan extendida que
incluso alcanzaba la enseñanza escolar. Por ejemplo, en un examen los alumnos debían mencionar a los
primeros descubridores, para luego hacer una "descripción de las costas, rios, puertos, tierras y tribus
comprendidas entre el cabo San Agustín, Perú, y Estrecho de Magallanes". Si bien no era del todo clara la
línea de separación entre la historia y la geografía, parece evidente que esas “tribus” formaban parte de una
serie de accidentes naturales aunque los puertos podrían considerarse como hechos sociales. Colegio
Republicano Federal de Buenos Aires, Examen General. Bs.As., Imprenta del Estado, 1-845, p. 56.
El paso de u n a valoración o u n a representación positiva a u n a negativa d e las sociedades
aborígenes no m odificó sin em bargo el hecho que éstas siguieran siendo co n sid erad as a la p ar
am bas la nefasta herencia que h ab ían legado a la sociedad republicana. Esta atrib u ció n p u ed e
educación p rim aria q u e estim aba m ás q u e necesaria "(...) en este país, en v u elto en som bras, en
Desde luego que esto no im plica desconocer que en ciertas ocasiones p u d iera producirse una
españoles e indígenas en la conform ación de u n carácter nacional. A dem ás, esta reivindicación
consecuencias. Es el caso de F acundo Z uviría, qu ien tras la caída d e Rosas p lan teó que los
"(...) si no fu e ran tem p lad o s p o r los d e n u estra s glorias y p o r esa bizarría q u e no hem os
traicionado ni e n el infortunio. En to d a época y en to d a circunstancia, p ró sp e ra o adversa,
no hem os d esm en tid o aquellas; n o h em o s desm en tid o n u estro carácter nacional, resu ltad o
d e n u estro s antecedentes, y d e la nobleza y com ún heroísm o d e n u estro s progenitores
indígenas y europeos" 174
concretas sobre determ inados pueblos, trib u s o parcialidades. Pero esto sólo ocurría en situaciones
m uy precisas. Por u n lado, cuando se procuraba producir u n relato exótico ya sea destinado al
entretenim iento o la curiosidad bajo la form a d e cuadros de costum bres com o los que pu eb lan los
textos producidos por viajeros o, en m enor m edida, cuando podía presentar alg ú n aporte al
conocim iento científico. Por el otro, au n q u e m uchas veces relacionado con lo anterior, cuando
17j N. Avellaneda al Doctor Vallejo, Bs.As., 1859 en N. Avellaneda, Escritos v discursos, t. 1, Bs.As.,
Compañía Sudamericana de Billetes de Banco, 1910, p. 11.
174 “Discurso pronunciado el dia 25 de abril de 1852, en la solemne inauguración de la vigésimo segunda
legislatura de la Provincia de Salta, por su honorable presidente, el Sr. Dr. D. Facundo de Zuviría” en
Escritos y discursos. Bs.As., Jackson, s/f., p. 89 [Salta, mayo de 1852] (el énfasis es del autor).
124
existía interés en el territorio que habitaban p o r ser potencialm ente productivo y colonizable o p o r
tratarse de u n área en disputa. A tales fines se recurría a cronistas, inform es y relatos de viajeros o
funcionarios, pero sin que se procurara articular alguna narrativa m ás o m enos significativa sobre
C abe n o tar finalm ente q u e este desinterés p o r el pasad o indígena se vio reforzado p o r el hecho
d e que, a diferencia d e o tras áreas com o los A ndes centrales o México, el espacio rioplatense,
m ás claram ente d elim itad o u n a vez concluidas las g uerras ind ep en d en tistas, n o había
albergado a u n a sociedad q u e p u d iera ofrecer alguna d en sid ad dem ográfica, social o cultural
cap az de d esp e rtar interés, em patia, o que el m enos la hu b iera hecho difícil d e obviar au n q u e
sentido p o d rían hab er sido las M isiones jesuíticas, a u n q u e esto tam bién co m portaba algunos
gestad o 175. De todos m odos, com o notó Parish, aú n cuando se hubiera querido reivindicar esa
experiencia no podía desconocerse que había sido el resultado de la acción de europeos y no del
Esta exploración podría prolongarse y hacerse a ú n m ás sutil. Sin em bargo no resulta necesario ya
q u e por u n lado es algo que en líneas generales resulta conocido y, p o r el otro, porque m ás allá de
tal o cual representación p u n tu al lo q u e quiero hacer notar son las consecuencias que tuvo el
desconocim iento y la desvalorización del pasado y del presente indígena. En relación a esto
últim o, cabe conjeturar q u e este tratam iento perm ite explicar en parte las dificultades existentes
p ara p o d er realizar u n a historia d e la región que se rem ontara a tiem pos lejanos, que la
singularizara, o que p u d iera incluir a todos los habitantes del territorio. Lim itación q u e afectó
incluso a los escritores rom ánticos, cuyo d esd é n p o r el m u n d o indígena los privó de u n recurso
am ericanas que tuvo su generación. En el discurso que pronunció al inaugurarse el Salón Literario
en 1837, reivindicó la existencia d e u n a tradición indígena rem ontándose para ello al recuerdo de
175 Esta es por ejemplo la explicación que da Vicente Quesada, obviando el rol jugado por los ejércitos
español y portugués en ese desenlace. La provincia de Corrientes. Bs.As., Imprenta del Orden, 1857, p. 9.
176 BA, P- 34. -
125
"El hierro y el fuego de la conquista destruyeron de consuno los m onum entos d e nuestros
padres. M octezum a y Atahualpa; los sacerdotes de sus dioses; las vírgenes consagradas a su
culto, enterraron consigo la ciencia que poseían, y los testim onios d e una civilización q u e se
encam inaba a su zenit. Sin em bargo, algunos hom bres sabios y laboriosos h an reedificado
con sus escombros, el tem plo del saber am ericano, y enseñado que aquellos denom inados
bárbaros habían llegado a un grado de cultura n ad a inferior a la de los caldeos y egipcios. Las
figuras simbólicas, y los quipos d e los mejicanos (cuyo im perio se alzaba en m edio d e la
América, para difu n d ir por toda ella sus luces, com o desde u n centro) pru eb an que el
desarrollo intelectual no contaba en aquella región los largos siglos que en el viejo m un d o ,
desde la época inm em orial en que brilló la luz de la razón en el oriente; y a pesar d e esto
¿qué les faltaba p ara construir u n pueblo civilizado? ¿ N o tenían u n a creencia que Clavijero
no h a trepidado en parangonar con la de los griegos y de los rom anos? ¿No tem an u n a
legislación y unas costum bres, que p u e d e n llam arse sin exageración, sabia a la una, hum an as
a las otras? Así lo dicen escritores ilustres filósofos y desapasionados"177
Com o se p o d rá apreciar, no sólo les recuerda a sus interlocutores que am bos pueblos habían
construido una sociedad cuyas m anifestaciones perm itían calificarlas de civilizadas, sino que
tam bién se refirió a ellos com o "nuestros padres". A continuación, y para realzar a ú n m ás su
argum ento, propone u n a pregunta contrafáctica: qué hubiera ocurrido en caso de haber pod id o
especulativa, pero que le perm itía introducir el problem a que en v erd ad quería plantear, es decir,
qué hacer con el legado español que a ú n oprim ía a los pueblos americanos:
"L a conquista cortó el hilo d el d esenvolvim iento intelectual am ericano. Esta bella p a rte
m eridional del n u ev o m u n d o se trocó en hija a d o p tiv a d e la E spaña, se pobló d e ciudad es,
recibió costum bres análogas a las d e su s conquistadores; y la ciencia y la lite ratu ra
española fu ero n d esd e entonces n u e stra ciencia y n u estra literatu ra" (pp. 140/1).
Es por eso que au n q u e p u d iera referirse en form a adm irativa a los antiguos pobladores del
continente, aunque al igual que la generación revolucionaria quisiera invocarlos com o sus ilustres
incorporar el pasado indígena pu ed en ser exam inadas desde m u y diversos ángulos. En este
capitulo opté p o r dos vías q u e perm iten explorarlas y precisarlas mejor: en p rim er lugar confronto
las representaciones del pasado indígena elaboradas en Chile y en el Río de la Plata; en segundo
lugar examino uno d e los escasos textos e n los q u e se n arran episodios de ese pasado p ro curan d o
asum ir su p u n to de vista.
177 J. M. Gutiérrez, "Fisonomía del Saber Español: Cuál deba ser entre nosotros", ert-SL, pp. 139/40.
126
p o d ría hallarse nada digno d e ser rescatado, p u ed en resultar u n a obviedad p ara quienes conocen
los valores dom inantes en la sociedad rioplatense d e m ediados del siglo XIX. Sin em bargo, esta
obviedad deja de ser tal si se considera la cuestión desde una perspectiva m ás am plia. De ahí el
interés que presenta el exam en de lo ocurrido en Chile, cuya elite había incorporado en su discurso
im ágenes y valoraciones positivas de los pueblos indígenas habitantes de ese territorio, facilitando
E n verdad, y para ser m ás precisos, se d eben tener presentes tres cuestiones. En p rim er lugar que
estas referencias se circunscribían a los pueblos reconocidos por españoles y criollos com o
araucanos, m ás allá de cuáles fueran las percepciones que éstos tenían de si m ismos. Pueblos cuya
p arte de la elite chilena que gustaba identificarse con esas cualidades estilizadas entre otros poetas
y cronistas coloniales por Alonso de Ercilla e n La Araucana. En segundo lugar, que esta valoración
no era exclusiva ya que convivía con otras que expresaban diferentes grados de rechazo hacia
cualquier m anifestación proveniente del m u n d o indígena, con la particularidad que las dos series
d e representaciones no fueron patrim onio de ningún g rupo político o corriente ideológica. Así, en
so stu v o que
"Los araucanos no eran ciertam ente los cu m p lid o s caballeros arm a d o s d e lanzas i
m acanas que h a p in tad o D on A lonso d e Ercilla en octavas b ien rim ad as i p ein ad as, sino
bárbaros, q u e si bien m as ad e la n tad o s e n civilización q u e otros pueblos in d íg en as del
n uevo m u n d o , eran no obstante bárbaros, sin m as religión q u e alg u n as supersticion es
groseras, ni m as organización social q u e la q u e resu ltab a d e la obediencia a los jefes q u e
sobresalían p o r el v alo r o la astucia, obediencia que, sobre to d o e n tiem p o d e paz, era
su m am ente floja"178.
E n tercer lugar, y en relación con la coyuntura en la que A m unátegui hizo estas apreciaciones, que
la valoración positiva de los araucanos iría perdiendo peso a m ediados de la década de 1850 al
propiciarse la expansión del Estado chileno hacia el extenso territorio dom inado a ú n por esos
178 M. Amunátegui, Descubrimiento y conquista de Chile. Santiago de Chile. Imprenta chilena, 1862 p.
296. •
127
fom ento del conocim iento histórico. Al respecto po d em o s reco rd ar el p ed id o realizad o en 1839
encargó al n atu ralista francés C laudio G ay la redacción de u n a H istoria d e Chile. Gay, algo
p a ra la civilización. En su resp u esta E gaña no sólo le resp o n d ió afirm ativam ente, sino q ue
tam b ién enum eró cuál h abía sido ese aporte, indicándole así d e alg ú n m odo q u é fenóm enos
debía resaltar en su obra. En esta enum eración, q u e incluía la lucha contra filibusteros
in d ep en d en cia am ericana, rescataba tam b ién las guerras sostenidas por los araucanos que
"(...) el interesante c u a d ro d o n d e lu zcan los usos, las inclinaciones y costum bres d e los tan
altivos com o in trép id o s Araucanos q u e id ó latras d e su libertad é independencia, y m erced
a su heroico valor, h a n sabido g u a rd a r intactos h asta el d ía sus rústicas instituciones y con
ellas su h ered itaria d ig n id a d " 180.
P ero G ay no sólo n arra m o ro sam en te com o tantos otros au to res los conflictos en tre españoles e
indios, sino q u e tam b ién destaca algunas v irtu d e s d e estos últim os. En varios pasajes describe y
ese m o do no p o d ía sino concluir q u e "Si estos era n bárbaros, es preciso confesar q u e lo eran d e
u n a especie bastante p artic u la r y ra ra " 181. O tro aspecto significativo d e su obra es q u e n arra la
historia d e C hile desd e antes de la lleg ad a d e los españoles ya q u e tam bién co n sid era el avance
d e los incas sobre ese territorio y la resistencia p re sen tad a p o r los pueblos indígenas locales.
Resistencia que h ab ría p re fig u rad o no sólo dos territo rio s nacionales, sino tam bién dos
179 G. Feliu Cruz, "Claudio Gay, Historiador de Chile 1800-1873" en Conversaciones históricas de Claudio
Gay con algunos de los testigos v actores de la Independencia de Chile 1808-1826. Santiago de Chile,
Editorial Andrés Bello 1965, pp. XXII y XXIII.
C. Gay, Historia física y política de Chile. Historia, tomo I, París, Imprenta de Fain y Thunot, 1844, p.
VII.
181 Id., t. III, París, 1847, p. 19. -
128
n acio nalidades reconocibles p o r los gentilicios d e "p eru an o s" y "ch ilen o s"182. N o cuesta
im ag inar que p ara m uchos lectores d eb en haber p asa d o por alto este anacronism o p u es
perm itía cifrar u n a larga genealogía del carácter nacional. En ese sen tid o se d eb e tener p resen te
residentes en Chile en la década d e 1840, quienes no tab an con desagrado el reconocim iento de
atributos dignos de encom io en los pueblos indígenas. Basta recordar en ese sentido que el
periódico oficial del gobierno conservador llevaba por título El Araucano, algo absolutam ente
im pensable del otro lado de los Andes. El rechazo provocado por este tipo de reivindicaciones era
tan fuerte que autores com o Sarm iento, A lberdi y Vicente F. López lo hicieron m anifiesto a
condición d e exiliados. De todos m odos cabe conjeturar que estos pronunciam ientos se debieron
no sólo a ese rechazo visceral, sino al hecho de que no podía traerle ninguna consecuencia gravosa
a quién lo hiciera ya que así tam bién se m anifestaban algunas figuras im portantes com o A ndrés
Bello. Estas divergencias cobraron particular visibilidad en una serie d e obras y discusiones
U na de las obras m ás significativas pro d u cid as en Chile a m ediados del siglo XIX es la Memoria
presentada a la U niversidad en la que el liberal José V. Lastarria describía y explicaba los infinitos
m ales legados por el dom inio colonial a esa nación y a A m érica183. Su im portancia no radica tanto
generacionales, así com o tam bién en los efectos políticos y culturales que tuvo su publicación. En
la Memoria Lastarria hace referencia con inocultable orgullo a la resistencia p resen tad a por los
A dem ás asegura q u e es u n "un pueblo organizado que sabe apreciar su dignidad" (p. 36). En
cuanto al m odo a través del cual se transm itió su influencia, explica que si bien la población
sociedad criolla a través del mestizaje. Esta tesis la argum enta con m ayor detalle al analizar las
costum bres y los hábitos de los araucanos, señalando que éstos todavía se encuentran en la
población criolla, así com o tam bién los legados por la colonización española (p. 40).
E n verdad, y al igual que en el discurso d e Juan M. G utiérrez en el Salón Literario, es esta últim a
función d e éste que aparecen las referencias al m u n d o indígena. Esto se hace evidente en la
in terpretación, estim aba q u e resultaba d e poco provecho d etenerse en el p asa d o indígena. C laro
p o r la colonización española, tam b ién lo es la valoración positiva que hacía del m ism o y, m ás
La Memoria m ereció u n a elogiosa reseña de Sarm iento qu ien sin em bargo no quiso pasar por alto
algunas afirm aciones que le parecían absurdas com o las referidas a los araucanos. Sarm iento
pueblos no po d ían tener cabida alguna. En tal sentido, y al igual que lo haría al año siguiente en su
m ás fam osa obra, sostuvo que "No hay am algam a posible entre u n pueblo salvaje y uno
"(...) a p a rta r d e to d a cuestión social am ericana a los salvajes, p o r quienes sentim os, sin
p o d erlo rem ediar, u n a invencible repugnancia, y p a ra nosotros Colocolo, L autaro y
C aupolicán, no ob stan te los ropajes civilizados y nobles d e q u e los revistiera Ercilla, no
son m ás q u e u n o s indios asquerosos, a quienes habriam os hechos colgar y m an d aríam o s
colgar ahora, si reapareciesen en u n a g u erra d e los arau can o s contra Chile, q u e n a d a tiene
q u e v er con esa can alla"184
El poem a de Ercilla al igual que otras crónicas coloniales, no sólo habían legado una valoración
singular de los araucanos sino tam bién el nom bre d e algunos caciques inm ortalizados por sus
h azañas y sus atributos, m ereciendo incluso u n lugar en el H im no N acional chileno. De ese m odo,
y com o le sucedió a Sarm iento, estos nom bres debían ser invocados cuando se pretendía im pugnar
aquello que representaban. Y si llam o la atención sobre esta cuestión es para d ar cuenta de la
distancia existente con lo que sucedía en el Río de la Plata, d o n d e estas invocaciones resultaban
innecesarias ya que ese pasado no sólo era despreciado sino tam bién ignorado.
Estas diferencias entre los exiliados y parte d e la elite chilena se hicieron de nuevo presente al año
siguiente con la publicación por Vicente F. López de su m an u al de historia de Chile183. El texto fue
aprobado por la U niversidad a pesar de que López no realizó algunas correcciones q u e le habían
sido sugeridas por u n a com isión exam inadora, en especial e n i o q u e hacía a la caracterización de
las razas que habitaban el territorio chileno y la valoración de los grupos indígenas186. Es que
L ópez había re cu rrid o al esquem a que p o p u lariz aría S arm iento ese m ism o año según el cual
existían dos clases d e h o m b res e n C hile radicalm ente exteriores u n o del otro: el h ab itan te d e las
ciu d ad es y el d e los cam pos desiertos, es decir, el civilizado y el bárbaro. D e hecho considerab a
p artic u la rid ad es no sólo e n los aspectos raciales sino tam b ién en los socioculturales e históricos.
Estas razas eran los chilenos descendientes d e los españoles y los indios que
184 Como en tantas otras cuestiones, Sarmiento también realizaría algunas apreciaciones que contradicen o
al menos matizan las recién citadas. En este caso, en el capítulo de Recuerdos de Provincia dedicado a los
indios huarpes, antiguos habitantes de su San Juan natal: aunque los utiliza como ejemplo de quienes
están destinados a desaparecer por no marchar a la par de la civilización -olvidando el papel que tuvo la
conquista española en la producción de ese desenlace-, se permite destacar algunas de sus cualidades,
hábitos, desarrollo cultural e, incluso, la creación de ciudades de las cuales todavía podían encontrarse
ruinas. D. F. Sarmiento, "Investigaciones sobre el sistema colonial de los españoles por J.V. Lastarria", en
OCS. tomo 11, pp. 219/20 fEl Progreso. 27/9/1844]; Recuerdos de Provincia, Bs.As., Sur, 1962, pp. 61 a
65 [1850],
185 Vicente F. López, Manual de la istoria de Chile [sic] Valparaíso, Imprenta del Mercurio, 1845.
186 El episodio es examinado por Alien Woll en “For God or Country: History Textbooks and the
Secularization o f Chilean Society, 1840-1890”, en Journal o f Latin American Studies, vol. 7, núm. 1,
mayo 1975. -
131
"(...) no son m iem bros d e n u estra sociedad, n o son n u estro s com patriotas, p o rq u e no
tienen nuestro idiom a, ni n u estra relijion, ni n u estra s leyes, ni nuestras inclinaciones, ni
n u estra fisonom ía en fin, asi es qe no e n tra n a form ar p arte d e nuestra n ación ni tienen
lu g ar o em pleo en nu estra sociedad" (p. 36).
pues no parecía p o d er incluir e n él a la m ayor parte d e la población que era m estiza. T am bién
m estizos d eb ían ser considerados españoles ya q u e h ab ría n prevalecido sus atrib u to s m ientras
Pero esto no es todo: L ópez tam b ién se perm itió recordarles a sus pequeños lectores q u e ellos,
los chilenos, deb ían asu m ir sin p u d o r que eran descendientes d e los españoles q u e le habían
q u itad o sus tierras a los indios. Y si bien reconocía q u e éstos h ab ían peleado heroicam ente por
su in d ep endencia, eso no le parecía tan significativo com o el hecho que su m ism a b arb arie les
"N o siendo los indios om bres d e nuestra raza ni d e nuestras costum bres, debem os v er qe su
historia no es la nuestra: adem as, siendo bárbaros, debem os creer qe no tienen historia
[historia escrita, FW], Según esto, se v e qe la historia d e Chile es la historia d e los sucesos
relativos a la raza española d e qe form am os parte nosotros" (pp. 37/8).
indios, éstas aparecen su b o rd in a d a s al conflicto con los españoles cuyo p u n to d e v ista rige la
respecto a los chilenos p erm ite inferir que la ausencia d e m ayores referencias sobre esa sociedad
no resu ltaba tan obvia p a ra el m edio en el q u e escribía. De ahí que adem ás se sin tiera en la
obligación de recom endar la lectura del Compendio de la istoria del reino de Chile del ab ate M olina
p ara todos aquellos alum nos q u e tu v ieran interés en el conocim iento de la sociedad indígena,
reconociendo así de algún m o d o q u e sus valores no coincidían con los d e la elite chilena o, al
Pocos m eses después que López escribiera su m anual, A lberdi dio a luz un texto en el que dejó
asentado casi por prim era vez los lincam ientos de lo que sería su program a inm igratorio -d e
132
hecho, pasajes enteros pasarían a form ar parte d e las Bases-, En m edio de una polém ica desatada
americanista que tuvo gran resonancia en el continente, A lberdi se vio en la obligación d e aclarar en
"Los egoístas, esos ladrones del p o d e r público, llam ados tiranos, los v e rd ad ero s
conquistadores, p o rq u e no es preciso venir d e fuera p ara conquistar, finjen q u e H e rn án
C ortés y P izarro están d e vuelta: y to m an d o las v estid u ras prim itivas de M octezum a y los
Incas, invocan, e n lengua española, a C hacabuco y M aipo, com o si estos triunfos hubiesen
sido obtenidos p o r pehuenches o indios salvajes!"187.
En form a previsible sostiene que lo único que tenia algún viso de legitim idad en A m érica era lo
q ue habían hecho los europeos y sus descendientes, ya q u e los pueblos aborígenes no tenían
entidad o relevancia alguna p ara la civilización. En su reflexión se puede apreciar nuevam ente la
necesidad de ponderar a la vez el pasado indígena y el colonial ya que, asegura, se había historiado
m ás el m al que el bien legado por España, acercándose d e ese m odo a las posiciones d e A ndrés
Bello que insistía en atenuar los cargos hechos a la m ad re patria. Por eso A lberdi reconoce q u e si
"(...) q u e nos trajo el cristianism o, el derecho rom ano, la len g u a española, las ciencias y las
artes d e la E uropa; nos dio en fin, el m u n d o q u e habitam os. ¿Todo esto no vale m ás q u e el
oro descubierto y p o r descubrirse? ¡G rande España! N a d a te hem os d a d o e n com paración
con lo q u e m ereces" (p. 123)
P ara los rom ánticos rioplatenses los criollos era n los e u ro p eo s en A m érica y, p ara b ien o p ara
m al, lo hab ían sid o a través d e España. Por eso, líneas antes tam b ién nota que
"Somos, pues, europeos por la raza y por el espíritu, y nos preciam os d e ello. N o conozco
caballero alguno que haga alarde d e ser indio neto. En cuanto a mí, yo am o m ucho el valor
heroico de los am ericanos cuando los contem plo en el poem a d e Ercilla; pero a fe m ía q u e al
d ar por esposa u n a hija o herm ana mía, no daría de calabazas a u n zapatero inglés, por el m ás
ilustre de los príncipes d e las m onarquías habitadoras del otro lado del Bío-Bío" (p. 122).
De ese m odo, y al igual que Sarm iento cu an d o p lan tea lo ab su rd o que es traer a colación
caciques d e nom bres sonoros, o de López cu an d o re cu erd a q u e los chilenos son h ered ero s de
carácter retórico o sim bólico con el q u e algunos chilenos invocaban a los araucanos com o sus
187J. B. Alberdi, Acción de la Europa en América", en Autobiografía. Bs.As., Jackson, 1953, p. 127
[Santiago de Chile, 1845]. -
133
an tep asad o s, cuestionando así tam bién el aporte q u e éstos p o d ían haber ten id o e n la
P ara en ten d er la insistencia d e estos plan teo s se debe tener presente que la valorización po sitiv a
d e la sociedad indígena en el discurso d e p arte de la elite chilena no era sólo u n efecto retórico
d estin ad o a estilizar u n pasad o rem oto. En ocasiones, pocas pero significativas, tam b ién
ap u n ta b a n al presente y al futuro. En 1845, año en que A lberdi publicó su texto, S arm iento el
Facundo y Vicente F. López su m anual, el polaco Ignacio D om eyko, m iem bro destacad o d e la
U n iv ersidad de C hile d e la que sería Rector años m ás tarde, dejó asen tad a las im presiones q u e
n o tab le es que D om eyko daba p o r sen tad o que los in d íg en as form aban parte d e la nació n
d e in corporar los valores católicos y republicanos188. P or su p u esto que recibió fuertes críticas,
en tre ellas las d e A ndrés Bello p a ra q u ien sólo se tratab a d e u n a utopía filantrópica ya q u e
estab a convencido d e la total insignificancia del m u n d o indígena. C laro que este juicio crítico no
E n sum a, la actitu d d e la elite chilena frente a los in d íg en as p u e d e sintetizarse e n tres po stu ras:
rep u b licana m oderna. Estas dos últim as, q u e e n m uchas ocasiones p o d ían confundirse, era n las
q u e h ab ían d ad o pie a las intervenciones d e los escritores rioplatenses que, p o r cierto, tam b ién
ad m itía n m atices.
La crítica d e A lberdi p o r ejem plo iba m ucho m ás lejos q u e las discusiones referidas a la
id en tid ad chilena: tam bién tom aba p o r blanco las representaciones positivas d e sociedad es
com o la azteca e inca q u e h ab ían d esp e rtad o la ad m iració n d e sabios europeos y el org u llo de
188 Ignacio Domeyko, Araucania y sus Habitantes. Recuerdo de un viaie hecho en las Provincias
Meridionales de Chile en los meses de enero v febrero de 1845. Buenos Aires. Ed. Francisco de Aguirre,
1971 [Santiago de Chile, 1845], ■
134
De ese m odo aparecen p lan tead as dos posiciones en el seno del grupo rom ántico q u e se h aría n
m ás ev identes al año siguiente cu an d o G u tiérrez publica su América Poética en cuyo prólogo dejó
m ientras que A lberdi dejaba clausurado cualquier posible acercam iento a esas sociedades com o
p u ed e apreciarse en los epígrafes que encabezan este capítulo tom ados de sus Bases190.
apreciarse en las posiciones asum idas por algunos de sus m iem bros que residieron en el Río de la
Plata. Es el caso del político y publicista radical Francisco Bilbao, colaborador y director de
diversos periódicos en P araná y Buenos A ires com o la Revista del Nuevo Mundo aparecida en esta
ciu d ad du ran te 1857. Uno d e sus ejes program áticos era la necesidad de constituir la nación
confederación continental. Es por eso que se m ostró fuertem ente crítico de las posiciones
sostenidas por Sarm iento y M itre desde El Nacional y Los Debates, pues éstos consideraban com o u n
Esto p u ed e apreciarse en el tratam iento hecho a u n problem a que por entonces había cobrado gran
actualidad tanto en Buenos Aires com o en otras partes d e A m érica y en Europa: los conflictos con
los pueblos autóctonos. En efecto, M itre se valió de u n a breve crítica realizada p o r Bilbao a la
denostarlo por no ver en ello el avance de la civilización y p o r equiparar la suerte d e ese pueblo a
la del desgraciado Tupac A m aru192. Pero eso no es todo, ya que tam bién situó la discusión en el
plano local para descalificar del todo a su oponente al hom ologar la sim patía que podía d esp ertar
el levantam iento d e los indios frente a los ingleses con el apoyo a C alfucurá frente a "los
defensores de la civilización y el cristianism o". Este m ism o argum ento ya lo había utilizado dos
m eses antes para criticar lo que era u n resabio de las valoraciones del m u n d o indígena
provenientes del período revolucionario. Es que en la nueva nom enclatura de las calles d e Buenos
Aires se había incluido el nom bre de Tupac Amaru cuyo terrible final, creía Mitre, podía d esp ertar
sim patías, pero no im plicaba en m odo alguno que debiera ser reivindicado, y m enos a ú n por la
"culta Buenos Aires" cuyos habitantes descendían de los españoles que el inca hubiera
exterm inado de haber triunfado. Y para enfatizar su argum ento asegura que de aceptarse ese
nom bre tam bién debería hacérselo en algún m om ento con los de C aupolican, C hañil y
C alfucura193.
Por supuesto que Bilbao entendía las cosas d e otro m odo: desde m uy joven había reivindicado el
legado indígena, considerando adem ás que debían form ar parte de la nación chilena com o p u ed e
apreciarse en u n texto titulado Los Araucanos que escribió hacia 1847 m ientras se hallaba exilado
e n Francia y q u e sólo fue conocido en form a po stu m a y parcial. En dicho escrito se d etien e con
g ran interés en las características d e ese pueblo reto m an d o las ideas d e D om eyko a fin d e p o d e r
Bilbao no creía q u e esa incorporación debía restringirse a sus ad m irad o s araucanos, y su exilio
en el Plata y P erú le d a ría n la o p o rtu n id a d d e arg u m e n tar en ese sentido. D iez años m ás ta rd e y
poco antes d e la polém ica con M itre, publicó un artículo criticando a quienes p re d ic ab an el
exterm inio d e los indígenas. E n tal sentido recuperó u n a Memoria sobre la frontera escrita en
T eniendo en cu en ta estos antecedentes no resulta extraño q u e Bilbao polem izara con M itre y
p ro p o n e otra lectura sobre qué im plica la civilización así com o u n a interpretación d e las
nacionalidades en clave anticolonialista. Por el otro, porque le recuerda a Mitre que los ciudadan o s
192 La argumentación de Mitre es de todos modos más compleja, ya que si bien se postra ante el arrollador
avance de la civilización reconoce que no puede sojuzgarse por la fuerza a los pueblos bajo la pena de
sucumbir en ese intento. Además admite que los ingleses habían cometido injusticias y actos de crueldad,
aunque el retomo de los antiguos mandatarios hindúes se le ocurre una alternativa aún peor. “Los ingleses
en la India”, LD n° 136, 22/10/1857.
193 “Nomenclatura de calles” en LD n° 84, 29/8/1857.
F. Bilbao, “Los Araucanos”, en Obras Completas. Bs.As., Imprenta de Buenos Aires, 1866.
195 “La Frontera”, en La Revista del Nuevo Mundo n° 10, Bs.As., 1857, pp. 257-262,
136
y los principales dirigentes de Bolivia, P erú y C olom bia descienden de esos indígenas q u e él
desprecia por bárbaros, preguntándole adem ás si las m enciones a los Incas en el H im no argentino
y de Lautaro y Colo Colo en el chileno son sólo figuras retóricas. Por supuesto que Bilbao cree que
no, y que la independencia se había realizado precisam ente para prom over la solidaridad d e razas
q ue fundaría la nacionalidad am ericana. Finalm ente, y p ara term inar de poner en claro sus
diferencias, traza otra línea genealógica al sostener que los am ericanos no eran herederos d e la
M ás allá d e las sim patías que hoy p u e d a n despertar los argum entos de Bilbao, fue M itre quien
logró im poner los térm inos del debate, pues el chileno no p u d o hacerse cargo de las críticas que
éste le había hecho por equiparar la com prensión que m ostraba hacia los levantam ientos en la
India y P erú con la defensa de las acciones d e C alfucurá de quien, adem ás, la prensa porteña no se
seguram ente no hubiera tenido u n a recepción favorable, pues u n a de las consecuencias que tu v o la
caída de Rosas fue el aum ento d e la conflictividad entre criollos e indígenas que tendría com o
trágico desenlace el exterm inio de éstos décadas m ás tard e en la denom inada Campaña del Desierto.
El debate hizo evidente que u n a cosa era proponer la incorporación pacífica de los pueblos
indígenas a la sociedad republicana, y otra reivindicar el accionar de quienes, por los m otivos que
sean, desafiaban a esa sociedad afectando la v ida y los bienes d e sus m iem bros.
Pero esto no concluyó allí, pues M itre publicó dos artículos m ás sobre el tem a, el prim ero d e los
cuales term inó d e volcar la discusión a favor suyo, au n q u e se debe considerar que Bilbao dejó de
ed itar su revista. M itre com ienza criticando a Bilbao p o r haber escrito que estaría dispuesto a
au to n o m ía- por sobre los principios d e la civilización. Es q u e esa independencia no podía ser m ás
q u e la de la barbarie, la esclavitud y la tiranía, p o r lo q u e los principios esgrim idos por Bilbao eran
errados si no se tem a presente la realidad e n las que estaban encam ados. En tal sentido
arg u m entaba que si ahora apoyaba a los hindúes y en el fu tu ro a los árabes, era n atu ral que
tam bién lo hiciera con los indios que asolaban las fronteras peleando por su autonom ía. C on lo
repitiendo las escenas sangrientas d e la India, pues en este caso los criollos eran los conquistadores
q u e debían desaparecer. F inalm ente, y al igual q u e lo h a b ía n hecho Sarm iento, A lberdi y López
u n a d écada antes, le hacía n o tar q u e si se seguía su lógica tam bién debía apoyarse a los
araucanos si éstos se su b lev ab a n p a ra reco n q u istar sus p osesiones en m anos de los chilenos. De
196 “La nacionalidad y la conquista” en La Revista del Nuevo Mundo n° 13, Bs.As.,1857. pp. 340-344.
137
El aguzam iento de los conflictos fronterizos en la década d e 1850 hizo que se d espertara m ayor
interés por el pasado de los pueblos indígenas y, m ás precisam ente, por su conquista. Interés en el
que una vez m ás se cruzaron chilenos y rioplatenses pero ahora desde una perspectiva bien
distinta. En 1863 Vicente Q uesada publicó en la Revista de Buenos Aires una declaración de
propósitos referida a los estudios históricos que buscaba prom over. Entre otras cuestiones se
preguntaba cóm o había sido posible que u n exiguo g rupo d e conquistadores hubiera podid o
dom inar a u n a población tan num erosa. P rocurando hallar u n a solución recurría al historiador
chileno M. A m unátegui, quien lam entaba que ese fenóm eno no hubiera sido estu d iad o en
p ro fu n d id ad ya que de él p o d rían extraerse consecuencias prácticas. Esta opinión era com partid a
p o r Q uesada, quien tam bién coincidía con su par chileno en que ese logro obedecía a que la
conquista había sido llevada a cabo com o u n conjunto d e iniciativas individuales que perm itieron
u n a mejor adaptación a las dificultades que suscitaba tan difícil em presa. Concluía entonces que
"(...) ese estudio servirá p ara resolver m uchos problem as y p ara aprender el m o d o de
estender el dom inio d e la civilización sobres esas incultas soledades abandonadas hasta hoy
á los salvajes, que continuam ente golpean nuestras fronteras en nom bre de la barbarie"193
De ese m odo hacía explícito el carácter pragm ático que le asignaba al conocim iento histórico, a la
vez que daba cierre a cualquier intento p o r reivindicar a los pueblos indígenas, anticipando
m atices provienen del reconocim iento de la existencia d e diferencias entre los pueblos indígenas en
197 En verdad éste no era el fondo de la cuestión sino el debate en tomo a la posible unión nacional. Por
eso se permite ironizar que tras haber dado la vuelta al mundo había venido a parar a la línea de Arroyo
del Medio, retomando la idea según la cual cuando chocan dos principios debe imponerse el más fecundo,
en este caso el representado por Buenos Aires donde gobernaba la opinión pública en oposición al
caudillaje de Urquiza. Ésta es precisamente una de las ocasiones en las que Mitre no trata a la
nacionalidad como un principio sino más bien como “un hecho que no puede considerarse aisladamente,
sin incurrir en las mas lastimosas aberraciones, confundiendo las formas esteriores que revisten los
hechos transitorios con la esencia de las cosas imperecederas”. De ahí concluía que para poder existir
como tal, la nacionalidad debía subordinarse a los principios de buen gobierno. “Buenos Aires, La
Confederación y la India” LD. n° 167,4/12/57
198 Vicente Quesada, “Estudios Históricos. Nuestros propósitos”, La Revista de Buenos Aires. Historia
Americana, Literatura y Derecho, tomo II, dic. 1863, p. 485. ■
138
su historia de contactos con españoles y criollos. El m ism o Q uesada por ejem plo había llam ado la
atención en un trabajo sobre C orrientes acerca de la docilidad d e la población guaraní que, adem ás,
consideraba susceptible d e cultura. En ese sentido lam entaba que esa fuerza d e trabajo
productivos: "Será la espada ó será la cruz? H é aquí la gran cuestión"199. D esde luego que se
trataba de una pregunta retórica cuya respuesta podía deducirse d e la caracterización que había
hecho anteriorm ente: la Iglesia debía realizar esa tarea pero en m odo alguno com o lo habían hecho
los jesuítas. Era entonces en ocasiones com o ésta que se prestaba m ayor atención a las
particularidades de algún pueblo aborigen. De todos m odos esta apreciación más benigna no
im plicaba que esas com unidades fueran reivindicadas p o r Q uesada, así com o tam poco lo era su
pasado ya que éste no presentaba para él interés alguno salvo en lo que hacía a su mejor
sociedad criolla com o fuerza d e trabajo n o fue u n a n o v ed a d in tro d u cid a p o r Q uesada. De hecho
los gu araníes solían ser así considerados sobre to d o c u a n d o se los co m p arab a con los charrúas,
P lata los tuviera com o protagonistas. De este intento, d e su carácter m arg in al y d e su s p ro p ias
teatral titu lad a El Charrúa, seg u id a p o r u n anexo con n o tas en las q u e arg u m e n ta y ofrece
evidencias p ara legitim ar sus dichos201. Si bien es cierto q u e la pieza tiene escasa en tid ad
literaria su exam en igual resu lta d e interés. En p rim er lu g ar p o rq u e p erm ite trata r los valores y
las representaciones de figuras que su elen ser dejadas d e lad o e n este tipo d e indagaciones202.
civiles en el Plata. C laro que la posición d e B erm údez era exactam ente contraria a la d e au to res
com o A lberdi, quien no sólo abjuraba del m u n d o indígena sino que tam bién en ten d ía q u e la
p atria no era el suelo203. En este caso resulta m anifiesta la intención de establecer u n a narrativa
el territorio oriental. De hecho, el texto es precedido por una nota en la que su autor recuerda que
belicosa" que había sido dueña de esa tierra, y d e la cual sólo quedaban restos insignificantes204. En
el Prólogo, escrito en form a de poem a com o todo el dram a, destaca que su canto se dirige al
esfuerzo de la gigantesca raza que d u ra n te trescientos años le hizo frente a España y cuya historia
era poco conocida en su m ism a patria a pesar de haberla m arcado en form a indefectible. Incluso
nota que de haber tenido un poeta com o Ercilla, hubiera com petido sin d u d a con la pro p ia
Araucana (p. VII). Esta afirm ación resulta congruente con las representaciones sobre los charrúas,
en gran m edida equiparables a las realizadas en Chile con los araucanos, al m enos en lo q u e hacía a
su valentía, fiereza y sentido de la independencia205. Claro que había al m enos dos diferencias
significativas: los charrúas gozaban en general de m ala fam a y, com o verem os, habían sido
E n u na nota agregada al com ienzo de la acción se señalan las coordenadas espacio-tem porales
estableciendo que ésta se inicia e n 1573 y q u e transcurre en la "República O riental del U ruguay, en
el territorio que m edia desde la C olonia del Sacram ento hasta San Salvador". Esto no sólo tiene
com o propósito ubicar el m arco histórico y geográfico en el que se desarrolla el dram a, sino
su vida -e n la carátula del drama su nombre es acompañado por el de su cargo como Sargento Mayor de
Caballería-, En esos años también participó de actividades literarias publicando artículos en los que
reivindicaba a Artigas y a los orientales que habían luchado en las guerras de independencia. En cuanto a
su formación intelectual, el drama permite apreciar que si bien no se trataba de un autor de relieve
contaba con un caudal significativo de lecturas.
2(b Esta cuestión la traté en el cap. 5 de mi tesis de licenciatura Formas de identidad política y
representaciones de la nación en el discurso de la Generación de 1837. Cuadernos del Instituto Ravignani n°
11.
204 También aclara que había empezado a escribir el drama en 1842 como un desafio de sobremesa,
retomando los borradores una década más tarde para darle su forma final. P. Bermúdez, “Una palabra
acerca del charrúa”, en El Charrúa.... op.cit.. p.V.
205 ”
En un manual se asegura por ejemplo que eran “los Espartanos de la América. Celosos de su libertad
jamas desistieron de pelear por ella y la restauración de sus antiguas posesiones” Juan Manuel de la Sota,
Historia del territorio Oriental del Uruguay. Montevideo, Imprenta de la Caridad, 1841, p. 13.
140
tam bién prom over una idea d e continuidad e n el tiem po en tom o a u n territorio identificado con
sus habitantes prim itivos utilizando p ara ello un anacronism o com o considerar q u e entonces
existía la República Oriental del U ruguay. Esta identificación pu ed e apreciarse tam bién en el hecho
q ue los charrúas aparecen consustanciados con esa geografía que dom inaban con facilidad, en
contraposición con lo q u e les sucedía a los españoles que sólo encontraban obstáculos y fracasaban
recuerdo de quiénes habían ocupado el territorio y lo habían defendido con valentía de una
am enaza exterior, o a ensalzar su integración arm ónica con ese entorno. T om ando distancia d e los
estereotipos corrientes, B erm údez p ropone u n a estilización d e los charrúas a quienes dota de u n a
fisonom ía atractiva y les atribuye costum bres y hábitos dignos de encom io com o su propensión a
se regían por leyes que desm entían a aquellos que los im aginaban sum idos en la barbarie. Reglas
que, incluso, habían perm itido la unión de grupos que depusieron antiguas rivalidades para
enfrentarse a los españoles. Por el contrario, estos últim os constituían su reverso negativo ya q ue
su llegada no está presentada en térm inos civilizatorios o religiosos, sino com o u n a ocupación
llevada a cabo por personajes q u e se m ostraban bárbaros, cobardes, traidores, crueles y ambiciosos.
posib ilidad d e ser sep arad o s p o r su captor, el español C arvallo, q u e q u ería q u ed a rse con la
m ujer. Este suceso y a había sid o n a rra d o p o r varios cronistas coloniales e, incluso e n form a m ás
reciente p o r A dolfo Berro en u n poem a. A hora bien, a pesar d e su p re te n sió n d e verdad histórica,
B erm údez m odificó algunas situaciones o personajes consignados en diversas crónicas a fin d e
acen tu ar los rasgos dram áticos y la carga histórica. S egún la tradición, la pareja estab a fo rm ad a
p o r dos guaraníes, Y anduballú y L irom peya, a los q u e B erm údez convirtió en charrú as.
A dem ás, unificó la histo ria d e Y an d u llab ú con la d e A bayubá, él sí charrúa, q u ien era re co rd ad o
p o r sus h azañ as en la lucha co n tra los españoles. P ero la m odificación m ás significativa fue sin
tiene com o p ro tag o n istas a los ch arrú as, sino que tam b ién n a rra los acontecim ientos d e sd e su
p u n to d e vista.
C on respecto a esto últim o d eb e recordarse algo que, si b ien previsible, no deja d e tener su
term inan con acciones o decisiones d e los españoles o d e los criollos. En este caso sin em bargo no
sucede de ese m odo: la obra se inicia con el acuerdo de las tribus p ara atacar a los invasores y
culm ina con la venganza de la m u erte de la pareja a m anos del guaraní Y am andú, en sim ultáneo
141
con el ataque realizado por una alianza de pueblos prom ovida por A bayubá al fuerte español en el
q ue éste estaba preso con Lirom peya. El resultado d e este ataque no es revelado p o r el autor,
quizás buscando expresar el espíritu indom able de los charrúas a través de u n desenlace abierto al
futuro. Pero com o bien sabían sus lectores y espectadores, ese futuro había sido clausurado hacía
m u y pocos años: en 1831 los charrúas habían sido traicionados y exterm inados por las fuerzas
gubernam entales al m ando de Bernabé Rivera, herm ano del P residente de la República.
Este últim o episodio que dota de m ayor sentido a la obra y del que se valdrían algunos de sus
im pugnadores, es introducido p o r B erm údez en una de las notas con las que ap u n ta a sostener o
am pliar su interpretación, y que resultan d e gran interés au n q u e no p u d ieran form ar parte d e una
representación teatral. Entre ellas, com o señala Cosse, se destacan sus apreciaciones sobre dos
tem as recurrentes en los relatos sobre los charrúas que habían alim entado su m ala fama: sus
p rim era cuestión, B erm údez retom a la argum entación de Bartolom é d e las Casas según la cual los
indígenas am ericanos tenían creencias religiosas aunque sus ritos fueran diversos d e los cristianos,
d iluyendo así las supuestas diferencias d e naturaleza. A dem ás, y m ediante una argum entación
algo tortuosa, procura em parentar a todos los pueblos autóctonos a fin de filiarlos con los m ás
prestigiosos incas y aztecas. Esto le perm ite señalar no sólo que todos ellos tenían u n origen en
com ún, sino que tam bién adoraban a u n único creador representado d e diversas m aneras (p. 115
7). En cuanto a la supuesta antropofagia, y al igual que autores com o Azara, la niega de plano
arg u m entando que resulta increíble que los com pañeros d e los m uertos hubieran asistido pasivos
a tan horrorosa práctica, aparte d e que estim a difícil q u e hub ieran po d id o observar lo q u e sucedía
desde u n lugar seguro. Por otro lado le parece inexplicable que los charrúas h u b ieran podido
cam biar d e hábitos tan rápidam ente, ya que expediciones posteriores dejaron testim onio de su
respeto por la vida de sus prisioneros. C oncluye entonces que debía tratarse de u n a argucia para
excusar su derrota y, quizás tam bién, p ara am edrentar a los portugueses q u e se estaban
av en tu ran d o en ese territorio (pp. 113/4). Esta cuestión tam bién es tratada en el d ram a cuando
A bayuba pone de testigo d e su accionar leal a Chacón, u n español que sobrevivió entre los
ch arrúas du ran te varias décadas tras hab er sido capturado al darse m uerte a Solís. A dem ás,
C hacón cum plía la función d e destacar ante otros españoles las virtudes d e los indígenas, dejando
constancia del contraste que existía en el com portam iento, hábitos y valores de am bos grupos.
E n sum a, B erm údez se p ro p u so d esarticu lar las representaciones negativas sobre los charrú as,
com o tam bién su d e n o d a d a lucha p o r la independencia. Sin em bargo, y esta es una lim itación
142
n o tar q u e ese m ism o carácter indom able los hacía inasim ilables a la sociedad republicana. De
ahí que el prólogo concluya notando que canta a u n a tribu cuya m ism a valentía la había
H asta aquí el texto, pero cabe pregu ntarse p o r la recepción q u e tuvo. Su publicación en 1853 no
facciosa. En verdad, y esto es sólo una hipótesis, quizás haya pesado la falta de cualidades del texto
su m ad o al hecho que su publicación se restringió al form ato de libro. Es que si bien tuvo
suscriptores, no podía alcanzar la m ism a repercusión que si lo hubiera hecho a través d e la prensa.
C om o aval d e esta hipótesis cuenta el hecho que la obra no pasaría desapercibida al ser llevada a
En 1858 la C om pañía d e M atilde Duelos interpretó el d ram a en el Teatro Solís fu n d ad o dos años
antes. Más allá d e la ironía no prem editada que im plica representar la obra en u n teatro cuyo
nom bre es el del conquistador que había sido asesinado y quizás fagocitado por aquellos q u e se
quiere reivindicar, la puesta provocó una polém ica sobre el papel de la literatura y del pasado en la
constitución d e la identidad nacional. Inicialm ente u n artículo de La Nación firm ado por "Unos
orientales" realizó com entarios elogiosos d e la obra. Este juicio tuvo com o contraparte u n a d u ra
crítica de Francisco X. de A cha hacia su calidad literaria pero m ás a ú n a la im agen d e los charrúas,
pro cu rando adem ás revalorizar el legado español. A m odo d e respuesta, B erm údez escribió
P ara situar la discusión se debe recordar que la p ropuesta d e incorporar a la m em oria colectiva u n a
im agen positiva d e los charrúas no involucraba solam ente u n a crítica al dom inio colonial. Es que
no sólo habían sobrevivido a los esfuerzos de las au to rid ad es españolas por som eterlos, sino q u e
tam bién habían com batido con -y contra- los ejércitos republicanos, hasta q u e fueron
exterm inados en Salsipuedes al constituirse el Estado uruguayo. Este episodio, que había sido
ap lau d ido o al m enos consentido por la elite oriental, recién m ereció algunas críticas a m ediados
de la década siguiente. Pero éstas fueron u n a derivación d e la lucha entre colorados y blancos,
d ad o que habían sido figuras cercanas a la prim era d e esas facciones quienes habían provocado la
m asacre. De ese m odo, algunos dirigentes y publicistas del p artido blanco com enzaron a plantear
206 Francisco X. de Acha, "La República. A nuestros literatos” y “El Charrúa” en La República, 21/11/58 y
25/11/1858; Pedro P. Bermúdez, “Folletín. Un artículo para todos” en La Nación, el 3, 12 y 13/12/58. Toda la
información referida a la polémica periodística en I. Cosse, Charrúas.... op.cit. •
143
Berm údez. Cabe notar adem ás que este m ovim iento form aba parte a su vez d e u n a reivindicación
de la cam paña frente a la ciudad que por entonces hacían quienes habían adherido al gobierno del
C errito com o Bernardo Berro, si bien no todos com partían las apreciaciones sobre los charrúas.
En cuanto a cóm o era tratado el exterm inio resulta ilustrativo u n artículo publicado en el periódico
oficial del gobierno del Cerrito. Su autor, que firm a con el seudónim o de "Dem ófilo", exalta su
valentía y plantea com o u n interrogante q u e lega a historiadores las razones que perm itirían
explicar cóm o había sobrevivido u n a reducida tribu enclavada en m edio de poblaciones blancas
poderosas. Pero sobre todo le interesa detenerse en el episodio que había puesto fin a su existencia,
haciendo notar que entonces nadie había levantado una voz piadosa para pronunciar u n a oración
fúnebre por lo que se proponía rom per ese pesado silencio. Recuerda que los charrúas habían sido
adictos a Fructuoso Rivera pero que al asum ir la presidencia los traicionó porque estaba haciendo
negocios con la venta d e tierras. Por ese m otivo había organizado u n a expedición com andada p o r
su herm ano Bernabé, quien sería asesinado poco tiem po después por algunos sobrevivientes que
quisieron vengar la m asacre. El autor tam bién recuerda que las m ujeres y los niños fueron
repartidos entre distintas familias, y finaliza haciendo referencia a una hum illante exhibición q ue
T eniendo en cuenta lo antedicho resu lta notable q u e d e todas las objeciones p re sen tad as p o r
A cha, B erm údez no p u d iera hacerse cargo, e incluso om itiera, aquella que a p u n ta b a a justificar
el exterm inio de quienes reivindicó en su obra. En efecto, A cha destaca q u e tan to los españo les
com o los antiguos m ilitares y las figuras m ás célebres d e las facciones blanca y colorada, h ab ían
ten tad o m edios conciliatorios con los ch a rrú a s sin re su ltad o alguno. La ra zó n del fracaso le
parece evidente, ya que éstos "sólo serv ían p a ra el robo, el asesinato y la em briaguez". De ahí
"solem ne desm en tid o a esa p leg aria finjida d e com pasión p o r las desgracias de los indios,
com o q u e se arm ó, d e u n bello pretexto, la p ro p a g a n d a revolucionaria contra el dom in io
de España".
B erm údez podía pensar sinceram ente que la m asacre había sido u n a atrocidad, pero no podía
desconocer que era u n contrasentido reprocharle a E spaña lo que habían term inado haciendo los
m ism os orientales sin q u e entonces se h u b iera escuchado crítica alguna. Lo cual, claro está,
144
dificulta la posibilidad de filiar la propia identidad en aquellos a quienes poco tiem po antes se
había exterm inado. En ese sentido resulta m ás coherente la propuesta d e A cha quien, al igual que
(...) cóm o podem os nosotros anatem atizar la conquista d e los españoles, cu an d o a ella
debem os nuestro orijen, nuestra relijion, nuestras costum bres?"208
Puso así en evidencia el contrasentido de reivindicar a los charrúas en un teatro llam ado Solís,
op tan do por una línea histórica m ás fácil d e asim ilar por la elite criolla que en la década de 1850
había com enzado a plantear la necesidad d e revalorizar el pasado colonial. Pero tam bién se
alzaron algunas voces procurando integrar am bas tradiciones, anticipando así algunos tópicos que
recién cobrarían fuerza a principios del siglo XX. En dos artículos publicados en La Nación, "U n
com patriota" se lam enta por la falta de u n a literatura indígena que diera base a u n a d e carácter
nacional. Plantea entonces la necesidad de asum ir la herencia española en lo que hace a lengua,
creencias, costum bres, aunque sólo p ara tratar tem as autóctonos. De ese m odo, entiende, podría
crearse u n a literatura nacional209.
N o era otra al fin y al cabo la intención que tenía Luis D om ínguez cuando en su calidad de
Director d e la Sección de Poesía del Ateneo del Plata se dirigió a sus m iem bros para indicarles que
en el pasado m ás rem oto po d ían encontrar tem as dignos de ser tratados por la p lu m a del poeta.
se le ocurrió que ese pasado podría ser el d e las com unidades indígenas. Por el contrario, era el de
sus conquistadores encam ados en las figuras d e Solís, M endoza y G aray sobre quienes p rop o n ía
D om ínguez no sólo daba por tierra con cualquier posible reivindicación de los pueblos indígenas,
sino q ue tam bién buscaba prom over u n a innovación en lo que hacía a las representaciones del
p asad o colonial.
Capítulo VII
La sociedad colonial
211 Jorge L. Borges, Obras Completas t. 1, Bs.As., Emecé, p. 271; A. Magariños Cervantes, “Historiadores
primitivos de América”, en Estudios históricos, políticos y sociales sobre el Río de la Plata, tomo II,
Colección de clásicos uruguayos, vol. 36, Montevideo, 1963, p. 151 [Revista española de ambos mundos,
Madrid, 1854-5], .
146
D el m ism o m odo que lo sucedido en E uropa e n relación al A n tig u o R égim en, la revolución d e
existencia de u n período colonial en ten d id o com o u n a to talid a d significativa. P or cierto que las
representaciones d e ese pasado se m o straro n m onolíticam ente críticas, pues la legitim idad d e la
revolución radicaba precisam ente en la ru p tu ra q u e hacía d e esos siglos u n a etap a que sólo
m etro p olitano q u e había o p rim id o o d esc u id a d o a sus colonias m an ten ién d o las en u n estad o d e
m iseria e ignorancia.
madre patria: algunos autores llam aban a no confundir la crítica al sistem a colonial, v erd ad era
considerarse su m ás legítim a heredera. Ésta fue por ejem plo la posición so sten id a p o r el P ad re
form a nuestro carácter; pues p o r C astilla som os gente, y C astilla h a sido n u estra gentilitia
domes"112. Sin em bargo, apreciaciones com o éstas resu ltab an v erd a d e ra s excepciones, y m ás si se
recu erd a que todavía no h ab ían finalizado las gu erras d e in d ep en d e n cia en el continente
C on el correr d e los años serían m enos infrecuentes los intentos d e filiar o d e reivindicar u n a
trad ición hispánica, au n q u e se los h aría d en tro d e otros m arcos conceptuales. Es q u e si bien
d u ra n te gran p arte del siglo XIX co n tin u aro n p revaleciendo las representaciones y juicios q u e
an atem atizab an a E spaña com o creadora d e u n sistem a colonial sobre el cual no parecía
re tró g rad o y oscurantista, poco a poco com enzó a cuestionarse esa interpretación, o al m enos, se
212 En ese mismo sentido nota un poco antes que la Revolución “no contenía en sus elementos el menor
odio contra los españoles, ni la menor aversión contra sus costumbres, que eran las nuestras, ni contra su
literatura que era la nuestra, ni contra sus virtudes que eran las nuestras, ni mucho menos contra su
religión que era la nuestra. Para los demagogos, los aventureros, los psicofantos, los tinterillos, los zoilos
indecentes impregnándose de las máximas revolucionarios de tantos libros jacobinos, cuantos abortó en el
pasado y presente siglo la falsa filosofía, empezaron a revestir un carácter absolutamente antiespañol; ya
vistiéndose de indios para no ser ni indios, ni españoles; ya aprehendiendo el francés para ser parisienses
de la noche a la mañana; o el inglés para ser misteres recién desembarcaditos de Plimouth.” Francisco de
147
esa experiencia. E ntiéndase que m e estoy refiriendo a tendencias no siem pre fáciles d e precisar,
p rerrev olucionaria convivían con aquellas otras q u e abjuraban d e ese pasado. A dem ás, esta
E n las tres décadas que son aquí exam inadas este proceso d e revalorización estaba en sus
inicios, por lo que co n tinuaron p re d o m in a n d o las im ágenes negativas d e ese p asa d o en el que
ad em ás m uchos rastreab an las raíces o las causas d e los m ales presentes. Recién en la década de
1850 com enzaría a p lantearse con m ay o r vigor la necesidad d e revisar los cargos hechos a la
m ad re patria. Esto im plicó al m enos tres estrategias. Por u n lado, p ro c u rar situ ar el accionar de
E spaña en su contexto histórico a fin d e explicarlo o justificarlo, lo cual tenía com o corolario la
afirm ación d e que A m érica no h abía sid o especialm ente p erju d icad a por las políticas d e la
com o A lberdi llam aban a reexam inar el perío d o colonial, a u n q u e esto no se tradu jera
necesariam ente en trabajos que cu m p liera n ese p ro g ram a -y a vim os q u e esta preten sió n tenía
m uchas veces com o p ropósito desm arcarse de cualquier in ten to p o r reivindicar el legado
in d íg en a-. Por últim o, com enzó a m o strarse m ayor interés e n re cu p erar aspectos concretos de
ese p asado. En p rim er lugar, p o r acciones q u e ten d ría n consecuencias años m ás ta rd e com o
aquellas en las q u e se h ab ía aseg u rad o el dom inio territorial frente a otras potencias o frente a
renom bre; todas ellas figuras q u e fu e ro n prolijam ente en u m erad as p o r M itre en su Introducción
a la Galería de Celebridades. E n tercer lugar, p o r algunos fenóm enos precisos com o los C abildos,
p u es com o señala u n artículo aparecido e n 1854 "A ntes d e la proclam ación d e la república, la
soberanía del pueblo existia en s u d A m érica com o hecho y com o principio en el sistem a
Castañeda, “Teatro de Buenos-Ayres”, en Las tres comedias de Doña María Retazos, Bs. As., Coni. 1924,
pp. 170/1 [Bs.As., 1821],
1U Esta posición fue anticipada por Sarmiento en su crítica a la Memoria de Lastarria donde sostiene que
es un error heredado del proceso independentista calificar a España como opresora de sus colonias, ya que
éstas habían sido "verdaderas provincias españolas, sobre las que pesaba en el nuevo continente como en la
península el mismo despotismo y la misma arbitrariedad", notando incluso que el dominio era bastante más
blando en América que en la península. D. F. Sarmiento, "Investigaciones sobre el sistema colonial de los
españoles por J. V. Lastarria", en OCS. tomo II, p. 220 fEl Progreso. 27/9/1844].
214 El artículo es una glosa de un texto en el que Alberdi equipara el Cabildo con el sistema institucional
norteamericano, mientras que atribuye su supresión a la nefasta y antirrepublicana influencia del
despotismo moderno francés que, en nombre de la soberanía del pueblo, le había quitado la capacidad de
148
D e ese m odo se fue p roduciendo u n a p rogresiva au n q u e tím ida revalorización del p asa d o
lim itaciones, su im portancia radica en el hecho que se trató de u n a condición necesaria p ara q u e
sen tid o po d ía ser totalizado y, p o r eso m ism o, pasible d e ser recu p erad a en narraciones que
ab arcaran d esd e la llegada de los españoles h asta el presente. Logro q u e sin em bargo solo sería
En este capítulo exam ino las representaciones del pasad o colonial teniendo p resen te entonces la
existencia d e u n a tendencia dominante;: aquella que seguía co n sid eran d o el perío d o colonial
aqu ejaban a la sociedad H ispanoam ericana; y u n a q u e recién estaba asom ando: aquella q u e sin
necesariam ente tener que dejar d e sostener esa crítica global, p ro cu rab a reivindicar aspectos de
ese p asa d o o, al m enos, historizarlo p ara p o d e r com prenderlo m ejo-. Estas posiciones con ten ían
diversos m atices que tam bién son exam inados, así com o tam bién las tensiones q u e g en erab a o
reflexión.
P ara d a r cuenta d e estas tensiones, y tras ex p lo rar en u n p rim er a p a rta d o las visiones n egativ as
1840, m e detengo p articularm ente en el exam en de las representaciones q u e reco rren los escritos
p ro d u c id o s por dos sectores d u ra n te esos años: la G eneración d e 1837 y los publicistas del
rég im en rosista. En cuanto a los p rim eros, la elección radica e n el hecho q u e fu e ro n ellos
qu ien es hicieron algunas de las críticas m ás d u ras al p asa d o colonial -e n tan to ese p asa d o
seguía siendo p arte de su p re sen te-, p ero tam bién fueron m iem bros d e ese g ru p o o allegado s al
m ism o quienes com enzaron a p lan tea r la necesidad d e rev alo rizar esa experiencia o, al m enos,
administración civil y económica. “Municipalidades ó Cabildos (extractado de una obra argentina, por M.
Sastre)” en La Ilustración Argentina. Museo de Familias. Bs.As., Imprenta Americana, 2da. época, n° 5,
3/1/1854, p. 65 (El texto de Alberdi es “Leyes y tradiciones políticas anteriores a la Revolución de 1810” en
Derecho Público Provincial Argentino. Bs. As., La Cultura Argentina, 1928, p. 75 y ss. [1853]).
149
colonial. Es p o r esa razón q u e resu lta d e especial interés in d ag ar cuáles eran sus
rep resentaciones d e ese período. Por últim o exam ino d e q u é m odo y p o r q u é razones com enzó
tam b ién las lim itaciones que este rep lan teo tuvo.
La m ad re d e to d o s lo s m ales
C om o ya noté la p o stu ra do m in an te en la vida pública rioplatense con respecto al pasad o
colonial d u ra n te gran p arte del siglo XIX era el d e su condena sin m ayores atenuantes, de lo
cual resu lta u n a elocuente m u estra el grueso d e la d iscu rsiv id ad p ro d u c id a en las d écad as de
1830 y 1840. Esto no im plica desconocer la existencia d e diversos m atices, ya sean d eriv a d o s de
las p reocupaciones e intereses d e los au to res o de los sectores d e los cuales fo rm ab an parte, d e
los objetivos específicos de los escritos, d e quiénes se asp irab a a tener com o interlocutores e,
incluso com o verem os a continuación, d e los géneros en los q u e se dio form a a los relatos,
tra ta d o y, e n ese caso, sólo se hacen referencias críticas d e carácter general o, p o r el contrario,
n arració n con las invasiones inglesas o la R evolución d e M ayo, no era sólo consecuencia de u n a
lim itación cronológica d eb id a a q u e sus p ro tag o n istas h ab ían nacido en los últim os años del
núcleo d e esas narraciones, p u es no sólo legitim an las acciones d e sus p ro tag o n istas sino q u e
su s características precisas. Es p o r eso que resu lta difícil en contrar en esas obras
rep resentaciones d e la experiencia colonial que p re sen ten alg ú n espesor, en tanto ésta era
d esd eñ ab le a priori.
Esto no im plicaba la ausencia d e to d a alu sió n concreta a ese pasado. Sin em bargo, y salvo casos
excepcionales com o los ap u n tes biográficos d el D eán F unes q u e m u estran alg u n as d e las
tensiones existentes en esa sociedad215, estas referencias su elen estar circunscriptas a las p artes
215 “Biografía del Doctor Don Gregorio Funes”, en Archivo del Doctor Gregorio Funes. Bs.As., Imprenta
de la Biblioteca Nacional, tomo I, 1944 [Bs.As., Imprenta Bonaerense, 1856; reproducido en la Galería
de Celebridades Argentinas] .
150
in tro d u cto rias en las que se tra ta n antecedentes genealógicos, o a algunas referencias aisladas
hechas en el cuerpo del texto m ayorm ente dirigidas a reco rd ar la form ación o los estu d io s d e los
b iografiados o autores de las m em orias. Estas descripciones actú an adem ás com o u n a su erte d e
carácter opresivo y re tró g rad o que había tenido esa educación, com o p u e d e apreciarse en la
u n m arco o trasfondo n egativo u opaco en el que, por contraposición, resaltan las acciones d e
los p rotagonistas de esos relatos así com o el nuevo estad o social conquistado. Esto p u e d e
apreciarse tam bién en las m utaciones q u e sufren las periodizaciones em p lead as en las crónicas,
anales o efem érides, pues las dataciones referidas al período colonial lo d iv id en en d écad as o
sólo p o rq u e los acontecim ientos p re sen tan m ayor interés, sino tam b ién p o rq u e se les atrib u y e
cuyo conocim iento preciso no sólo no p resen tab a m ayor interés sino q u e su valoración neg ativ a
A u n q u e igual d e críticos, los ensayos in tro d u ce n otros m atices en el exam en d e ese p asad o . Es
q u e sus au to res le p re sta n m ay o r atención d a d o que éste era percibido no sólo com o u n a etap a
prehistórica q u e la R evolución h ab ría v en id o a poner fin, sino tam b ién com o u n a experiencia
V arela aseguraba p o r ejem plo q u e quienes h ab ían in d a g a d o en las causas d el d eso rd e n político
q u e aquejaba a los pueblos del P lata concluían q u e éste era consecuencia d e la ausencia de
"N atu ral era que, llam ados rep en tin am en te á gobernarse á si m ism os, se p e rd ie se n e n
ensayos, inútiles unos, peligrosos otros; y que, estrav iad o s sin guia fija, corriesen
216 El biógrafo de Álvarez nota que éste había recibido una "Educación enteramente vana e inútil para la
vida social, á pesar de los hábitos de disciplina, orden y subordinación, que un régimen enteramente
monástico infundía en los alúmnos. Educación calculada para inutilizar el génio y los talentos que la
naturaleza hubiese deparado á los hijos de América; pero que no se podía dejar de recibir á falta de otra
mejor”. Mucho más precisas son las referencias a la opresiva y degradante educación recibida por Ignacio
Núñez que su hijo Julio mantuvo inéditas al publicar sus cuadernos en 1857 -así como también lo hizo
con la condición de hijo natural del autor- Juan Andrés Gelly y Obes, Apuntes biográficos del Dr. D.
Julián Alvarez. Montevideo, Imprenta del Nacional, 1844, pp. 2/3; Ignacio Núñez, Autobiografía. Bs.As.,
Senado de la Nación-Academia Nacional de Historia, 1995 [escrita desde 1839]. •
151
irreflexivam ente tras d e los caudillos y los dem agogos, cuyos m edios d e contener á la
m u ltitu d se re d u cian á lisonjear sus p asiones y á p redicar la in d ep en d e n cia individual. De
ahí la relajación d e todos los vínculos, sociales, la anarquía; y p ro d u c to d e esta, el
d esp o tism o "217.
Ésta u o tras afirm aciones sim ilares no sólo eran recurrentes, sino q u e tam b ién solían estar
aco m p añ ad as p o r referencias a esa otra experiencia que oficiaba com o su contracara: la d e las
raíces históricas d e los m ales del presente. La razón es q u e a cualquier o b serv ad o r le resu ltab a
socioeconóm ico. Así, e n su defensa del A cu erd o de San N icolás e n junio d e 1852, V. F. López
plan teó que la an a rq u ía q u e aquejaba al P lata provenía del hecho q u e su in d ep en d en cia se había
diferencia d e N orteam érica d o n d e ya existía u n pueblo co nstituido y con intereses en com ún.
Del m ism o m odo, Félix Frías n o taría tiem po después q u e en el N o rte la ru p tu ra con el p asa d o
colonial había sido arm ónica ya q u e era n libres desd e antes y ten ían instituciones y costum bres
m o strar con esa com paración histórica218. C om o se habrá p o d id o apreciar -y com o cabría
com o las del p ro p io L ópez p o d ía n b rin d a r m ayores precisiones sobre las características del
p erío d o colonial, a u n q u e esta pro d u cció n p ro cu rara d a r cuenta d e su pervivencia nefasta, esto
no im plicaba q u e cam biara su valoración com o el reverso negativo d e la sociedad rep u b lican a
posrevolucionaria. Por el contrario, no era n pocas las veces que-su exam en era u tilizad o p a ra
enfatizar ese contraste, com o p u ed e apreciarse e n otro texto d e Florencio V arela q u e si bien se
trata d e u n p u n teo en u n b o rra d o r inédito, po n e de relieve cuáles eran p a ra él los fenóm enos y
los procesos dignos d e ser rescatados del pasad o local. En ese sentido resulta significativo q u e
com ience aseg u ran d o q u e el país carecía d e an tig ü ed a d es capaces d e em bellecer y d a r interés a
su historia d a d o que, por ejem plo, no había habido " ed ad m edia" o "g u erras d e religión" -
lam ento que evidencia la valoración positiva que hacía el ilustrado y neoclásico V arela del
rom anticism o europeo o, al m enos, d e las orientaciones que éste m ovim iento p ro p o n ía -.
A dem ás nota q u e el descubrim iento y la conquista d e estas regiones concitaban m enos atenció n
q u e los d e otras áreas del continente. Se p re g u n ta entonces qué interés p o d ría tener esa historia,
y la resp u esta no parece m uy p rom isoria en lo que hace al p erío d o colonial: q u e la co n q u ista
territoriales entre las C oronas d e E spaña y P ortugal. P ero esa falta d e d en sid ad histórica no sólo
n o se le ocurre com o algo grave sino q u e h asta le resu lta halag ü eñ a pues ese pasad o no era m ás
q u e la contracara negativa de lo su ced id o tras la Revolución. Por eso, estim a que hay
"(...) u n gran contraste entre los p ro g reso s de la adm inistración argentina, co m p arad o con
la an tig u a ignorancia d e estas regiones; contraste entre la riqueza y com ercio, co m p arad o
con la an tig u a población n u estra y con la d e aquellas otras d e A m érica"219.
C o n lo cual, a u n q u e p o r otras vías y asp ira n d o a u n conocim iento m ás preciso, su m irad a sobre
la experiencia colonial no parece alejarse dem asiad o d e la que anim aba las biografías y
V arela señala ad em ás q u e el fenóm eno dig n o d e m ay o r atención eran las d isp u ta s territo riales
en tre las C oronas d e E spaña y P ortugal. P or u n lado, p o rq u e p erm itían e n ten d e r la evolución d e
otro, p o rq u e su esclarecim iento resu ltab a im prescindible p ara p o d er establecer los lím ites en tre
los E stados herederos, lo cual añ a d ía u n interés pragm ático al conocim iento d e ese pasad o . D e
hecho el texto citado es la introducción a u n estu d io q u e tam b ién perm aneció incom pleto e
in éd ito con el q u e p re te n d ía exam inar esos conflictos a la lu z d e docum entos históricos, alg u n o s
d e los cuales llegó a p ublicar en la Biblioteca del Comercio del Plata. C om o es d e su p o n er, los
estu d io s referidos a estas cuestiones d e b ía n ad e n trarse con m ayor precisión en el exam en del
219 Para inmediatamente precisar que su referencia era en verdad a Buenos Aires, ciudad que se destaca
por su comercio, por la civilización y el progreso, aparte de haber sido el primer agente y mantenedor de
la revolución americana dando existencia incluso a otras naciones. “Apuntes de un discurso preliminar”,
en Introducción y parte del primer capítulo de una obra inédita del Sr. D. Florencio Varela, titulada
“Cuestiones entre España y Portugal sobre los límites de sus respectivas conquistas en la América
Meridional hácia el Rio de la Plata y sobre la Colonia del Sacramento, Río de Janerio, Octubre 1842,
AGN, Sala VII, Colección Carlos Casavalle, Legajo n° 2311, 1834-1846. -
153
conflictos d e la C orona con otras potencias. A sim ism o alen tab an la b ú sq u e d a d e textos o
d o cu m entos referidos a exploraciones, fundaciones, conquistas, poblam iento u otro hecho que
esos derechos y, en m enor m edida, en artículos periodísticos. De todos m odos, com o ya noté
tam bién, este corpus sólo cobraría im pulso e n el últim o tercio del siglo XIX al increm entarse las
Este interés pragm ático p o r el p asa d o colonial, anim ó a todos los estu d io s histórico-geográficos
m an tiene casi inalterable con el aten u a n te d e algunos hechos o figuras d ignos d e encom io y, p o r
eso m ism o, excepcionales. En ese sen tid o resulta ilustrativo el trabajo d e A renales sobre el
C haco, y a q u e a la vez q u e ofrece u n relato preciso sobre el proceso d e ocupación d e esa región,
co n d en a explícitam ente el m odelo de exterm inio seguido por los conquistadores que, por
ejem plo, había provocado el despoblam iento de la zona d o m inada por los calchaquíes. Por el
contrario, y pensando en cuáles debían ser las políticas a seguir d e ahí en más, es decir, atendiendo
al v erd adero propósito del libro, estim a q u e se debería haber atraído a los indígenas a la vida
A hora bien, q u e existieran m otivaciones precisas para explorar ese p asado en tanto el m ism o p o día
resultar u n aporte p ara resolver problem as d e actualidad, no parecía ser u n a condición suficiente
p ara concretar esa aspiración. Apearte d e las razones que ya expuse en la sección anterior, existían
condicionado tam bién las evidencias legadas por lo q u e se las consideraba insuficientes o poco
confiables. El propio Arenales, a la vez que relata el proceso d e ocupación d e la región chaqueña y
describe las características de los pueblos indígenas recurriendo p ara ello a relatos de
fuentes, especialm ente las de los jesuítas; p o r el contrario, explícita su preferencia p o r las
pro d u cidas en el últim o m edio siglo p o r viajeros, exploradores y com erciantes q u e estaban
anim ados p o r otro espíritu e intereses. Esta m ism a desconfianza se exhibía tam bién ante otro tipo
fuentes com o las estadísticas, ya q u e se estim aba que e n caso d e existir debían ser erróneas d a d a la
desidia d e la adm inistración colonial p o r conocer la sociedad que gobernaba. P or eso en u n artículo
"E n vano volverem os la vista á los tres siglos que h an pasado desde la fundación d e Buenos
Aires: en vano estudiarem os sus historiadores prim itivos y sus archivos m as im portantes,
n ad a hallarem os absolutam ente. Un velo im penetrable cubre nuestra existencia: no sabem os,
ni podem os ya saber por que senderos corrió la v id a d e nuestros pueblos: com o fueron ellos
creciendo: que lecciones nos han dejado, ó q u e teorías sociales ó económ icas se ven
confirm adas con los datos que la sociedad antigua nos legára. Ignoram os é ignorarem os p or
siem pre los usos y costum bres d e nuestros antepasados de ayer, y ni podem os com prender
los m ism os hechos historíeos que se v en en nuestros anales porque nos faltan todos los
antecedentes p ara form am os siquiera una idea del estado de cada C iudad en u n año, y aun
en u n siglo d ad o "221
p u d ie ro n com enzar a ser utilizados pocos años m ás tarde. Esto ya era a d v e rtid o p o r M itre hacia
1857 al saludar los trabajos em prendidos por M. Trelles en la Oficina de Estadística, cuyas
investigaciones sobre población y reparto d e la tierra se rem ontaban a la llegada de los prim eros
colonizadores222. De todos m odos resulta significativo que incluso en aquellos casos q u e por
n ecesid ades pragm áticas se p ro cu rab a exam inar con m ay o r detenim iento el p asa d o colonial, la
valo ración negativa del m ism o dificultaba o im p ed ía tam b ién su conocim iento al ex ten d erse ese
juicio crítico hacia los propios testim onios legados o prod u cid o s p o r sus p ro tag o n istas. Y lo
m ism o su ced ía al revés: cu an d o se p o n ían en circulación docum entos que p o d ían p erm itir ese
conocim iento, éstos no hacían m ás q u e revelar los m ales intrínsecos del régim en colonial. M ales
cuya ex tensión era ta n p ro fu n d a q u e h ab ían afectado tam bién las acciones o las fig u ras dign as
Estas cuestiones fu ero n p lan tead as p o r P ed ro d e A ngelis en algunos d e los n u m ero so s textos
q u e escribió p a ra su colección d e docum entos. R ecordem os que ésta se inicia con la Historia
Argentina d e R ui D íaz d e G uzm án, an teced id a p o r u n Discurso preliminar del ed ito r q u e destaca
p erm an ecid o inédita. Esta circunstancia la había co n d en ad o al olvido, así com o tam b ién a
220 José Arenales, Noticias históricas y descriptivas sobre el gran país del Chaco v Río Bermejo, con
observaciones relativas a un plan de navegación y colonización que se propone. Bs.As. 1833.
221 “Estadística” en El Nacional. Periódico comercial, político y literario. Bs.As., Imprenta Argentina n°
28, 5/6/1852.
222 “Estudios estadísticos”, en LD, n° ?, 14/11/1857.
223 "Esta indiferencia por los trabajos de un escritor, que puede ser considerado como el primer historiador
de estas provincias, no es fácil comprenderlo, ni seria posible explicarlo (...) El autor de la Argentina,
cuyo objeto, según lo indica en el preámbulo de su historia, era impedir que se consumiese la memoria de
los que, á costa de mil sacrificios, habian acrecentado el poder y la gloria de la corona de Castilla, no solo
no es oido con favor, sino que se le trata con desden!", "Historia Argentina del descubrimiento, poblacion
y conquista de las Provincias del Río de la Plata", por Rui Diaz de Guzman en el-año de 1612, primera
155
u n artilugio ten d ien te a resaltar su m érito al d a r a luz u n inédito de gran valor, re su lta notable
conquista y colonización del Río d e la Plata. Pero si resu lta notable es p o rq u e incluso cu an d o
conocer los hechos p o r ella protagonizados. Basta p en sa r en los escritos juveniles d e A lberdi o
d e López en los q u e se le n iega a E spaña h asta la posibilidad m ism a d e p o d er articu lar u n relato
capaz de d ese n trañ ar su ru m b o histórico. A lberdi aseg u ra en ese sentido q u e incluso e n el caso
entonces con la esc ritu ra d e crónicas coloridas pero carentes de to d a filosofía q u e p erm itiera
arg ü iría q u e los hechos d e la h istoria española sólo p o d ía n ser consignados en crónicas ya q u e
En cuanto a los re su ltad o s q u e p o d ían p ro d u cir los intentos por d o tar de un carácter concreto a
ilu strativ a la edición p o rteñ a del texto d e W. Parish. A u n q u e el ex cónsul inglés no realiza u n a
lectura sociológica o política del fenóm eno colonial, sino q u e m ás bien acu m u la descripciones o
conq u istadores q u e los llevaba a robarse en tre ellos; la incuria de u n a C orona in cap az d e
explotar las riq u ezas del territo rio rioplatense d a d o su interés exclusivo e n la extracción d e
m etales preciosos; la im p lan tació n d e u n sistem a m onopólico opresor del com ercio y la
especia] en Buenos A ires, creán d o se así nuevos intereses q u e abo g ab an p o r el libre com ercio.
P ero esto no im plicaba q u e sus hab itan tes asp ira ran a la in d ep en d en cia pues ésta se p ro d u c iría
interesante del texto son u n a v ez m ás las notas ag reg ad as p o r su traductor, Justo M aeso, qu ien
edición, ilustrada con disertaciones, y un Índice histórico y geográfico para la mas fácil inteligencia del
texto, Discurso Preliminar del Editor, p. 1, en Colección de.... op.cit., tomo I.
156
co n quista y colonización. Por eso le reprocha a P arish hab er olvidado los beneficios q u e en
ocasiones hacían esos co n quistadores a los pueblos d e los q u e se apoderaban, ap a rte d e señalar
q u e los p o rtugueses, holandeses, franceses, pero sobre to d o los ingleses, hab ían sido iguales o
peores, sin q u e tu v iera n la excusa d e ac tu a r en tiem pos rem otos o d e ser poco cultos com o los
ni tam poco lo g raro n trad u cirse en relatos capaces d e d o ta r d e espesor la experiencia colonial?
Estos interrogantes se p u e d e n precisar u o rien tar m ejor si se exam ina la producción discursiv a
d e la G eneración d e 1837 y la de los publicistas del régim en rosista. ¿Acaso los jóvenes
rom ánticos no te n d ría n q u e haber in d a g a d o en los vericuetos d e ese pasado? Y q u é decir del
rosism o q u e p ara sus ad versarios -y p a ra varios d e sus ad m irad o res p o stu m o s- era u n a v u elta
experiencia o que, al m enos, p erm itieran recu p erarla en form a positiva? En los siguientes
ap a rta d o s se an alizan estas cuestiones pues, m ás allá d e su interés intrínseco, p erm iten ap reciar
éste encarnaba en form a acabada las consecuencias m ás nefastas que h abía tenido el o rd e n
apreciaciones solían ser m ucho m ás m o d era d as q u e las d e sus com pañeros d e lucha, aseg u rab a
que
224 J. B. Alberdi, FP, p. 245; V. F. López "Introducción á la Historia de los partidos políticos de la República
Argentina", en Corrientes en la organización Nacional, vol. 1, Bs.As., G. Kraft 1911, p. 12 [atribuido
erróneamente a Juan Pujol, escrito cerca de 1840],
225 M , P- 66.
- 157
p ro d u cció n historiográfica del siglo XX; incluso en la obra d e aquellos que v eían con sim patía
esa restauración del o rd e n jerárquico hispánico.
Este ab ru m a d o r consenso perm ite av e n tu rar q u e el régim en rosista había p ro cu rad o d o tarse d e
leg itim idad y pro sap ia a través d e la elaboración d e relatos q u e exaltaran y recu p eraran ese
p asa d o o, al m enos, q u e d o tara n de espesor e interés a aspectos sustanciales del m ism o. Esta
to m an d o com o m odelo la traza del an tig u o virreinato -c o n la excepción no siem pre clara de
sim bólico, icónico y discursivo dirig ido a diversos públicos locales y extranjeros cuyo p ro p ó sito
era legitim ar el régim en; y, finalm ente, la presencia d e u n escritor com o P edro d e A ngelis, qu ien
con tab a con to d as las condiciones intelectuales y m ateriales p a ra realizar ese tipo d e n arrativ as
P ues bien, a pesar d e lo señalado, entre la copiosa p ro d u c ció n discursiva del régim en rosista no
sobre ese período, al igual que gran parte d e la producción discursiva del régim en, se encuentra
legislatura, pero no en obras que aspiren a sistem atizar o d a r form a a una línea d e desarrollo
histórico, ni tan siquiera a d o tar d e espesor o m ayor interés a la sociedad colonial227. Por otro lado,
y contra lo que cabría esperar, ese pasado tam poco parecía ser especialm ente reivindicado, o al
m enos no lo era del m o d o p lan tead o p o r sus opositores y p o r g ra n p arte d e la historiografía del
siglo XX. ¿C uál era entonces la relación en tre el rég im en rosista y el pasad o colonial? ¿Q ué
representaciones y discursos sobre el m ism o elab o raro n su s publicistas? Las siguientes líneas se
p ro p o n e n trata r estas preg u n tas. P ara ello co n sid eraré e n p rim e r lugar alg u n o s conjuntos
genéricos en los q u e p o d ría haberse d a d o form a a aspectos significativos d e ese pasad o , para
luego explorar cuáles e ra n las representaciones del m ism o y q u é sentido tenían en el discurso
del régim en.
^ CP n° 405, 19/2/1847.
Para las características del discurso rosista (géneros, formatos, públicos, enunciadores, delimitación
espacial y temporal, etc.) me remito al trabajo de J. Myers, Orden y virtud. El discurso republicano en el
régimen rosista. Bs.As., UNQUI, 1995. •
158
p u d ie ra n cu m p lir con esa función, resulta necesario d etenerse e n otro tipo de trabajos. En
p rim er lugar, claro está, la Colección d irig id a por P ed ro d e A ngelis q u e suele ser considerad a
con justicia com o la m áxim a expresión historiográfica del período. La cantidad y calidad de
docu m entos del p erío d o colonial allí com pilados y la expectativa con la q u e fue recibida la obra,
h acen su p o n er la im portancia que se le asignaba a ese pasad o . Esto era destacado por de
A ngelis en algunos d e los textos q u e añ ad ió p ara hacer inteligibles los docum entos, sobre todo
en los referidos al proceso de conquista del Plata cuyo significado y valor m agnificaba para
p o d e r ponerlo a la a ltu ra d e los m ucho m ás ren o m b rad o s d e M éxico y Perú. Sin em bargo hay
lugar, com o se vio en la p rim era sección, p o rq u e este interés no se tradujo en n in g ú n relato
so sten ido por esos docum entos. En seg u n d o lugar, y m ás im p o rtan te aún, p o rq u e la
crítico q u e le m erecía al n ap o litan o la experiencia colonial, cuyos m ales hacían evidentes esos
e n n ad a del d e otros publicistas com o Florencio V arela o V alentín Alsina, con quienes
co m p artía tam bién la predilección p o r algunos tem as com o la conquista, las exploraciones y las
d isp u tas lim ítrofes o territoriales que poco p o d ía n ap o rta r al conocim iento d e la sociedad
colonial.
O tro corpus en el q u e cabría encontrar obras que de alg ú n m odo constituyeran narrativas sobre el
pasado colonial o que, al m enos, lo dotaran d e alg ú n espesor, es el com puesto por m em orias,
testim onios y biografías. Y qué mejor para ello que las biografías del propio Rosas. Cabe notar q ue
en lo que hace a la relación con el antiguo orden, las dos m ás im portantes que le fueron dedicadas
no parecen desentonar dem asiado con textos análogos provenientes d e otras form aciones políticas
o ideológicas, pues al igual que éstas no evidencian n in g ú n interés por ese pasado al que se
de Representantes e n 1842 no h ay referencia alguna a esos años, lo cual puede atribuirse al hecho
p o r Pedro d e Angelis en 1830 p ara afianzar su pertenencia a la facción federal rosista tras su paso
po r las filas rivadavianas, ya q u e allí sí se hacen referencias a ese pasado. Sin em bargo, éstas no
p asan d e u n ráp id o exam en y reivindicación del accionar d e los abuelos y el p ad re d e Rosas, sobre
todo en aquello q u e anticiparía el suyo com o ser el fom ento d e la p az en la frontera indígena228.
228 Rasgos de la vida pública del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas (Homenaje de la Sala de
Representantes), edición facsímil, Editorial Freeland, Bs.As., 1975, [Bs. As., 1842]; Pedro de Angelis.
159
U n tercer conjunto discursivo cuya fin alid ad p erm ite su p o n er que se d esp lieg u e u n m ay o r
d estin ados a sostener reclam os territoriales. En ese sen tid o resulta d e especial interés la
alegarse u n origen co m ú n y, así, sería necesario h acer alg u n a referencia m ás precisa sobre ese
pasado. Por el otro, p o rq u e m ás allá d e los reclam os y las diferencias p o r M alvinas, M agallanes
o Tarija, este conflicto ocupó el centro d e la atención del régim en rosista d u ra n te g ra n p arte d e
la d écada de 1840. C abe reco rd ar q u e tras la m u erte d e G aspar Francia a principios de esa
d écada su sucesor, C arlos A ntonio López, procuró term in ar con el aislam iento d e P arag u ay
in terv iniendo m ás activam ente e n los conflictos q u e afectaban a los pueblos del P lata. P ara ello
estableció vínculos con algunas provincias com o C orrientes así com o tam b ién con E stados
q u e la calificaba com o u n a "p ro v in cia arg en tin a rebelde", m ientras q u e en sus m ensajes a la
L egislatura Rosas se refería a esa d isp u ta en el ru b ro "In terio r" y no "Relaciones E xteriores".
E n cu anto a los arg u m en to s p ara sostener la pertenencia d e P arag u ay a la C onfederación resu lta
in d istin to cu alq u ier texto, ya q u e el estilo p ro p ag an d ístico y diplom ático del rég im en se
e n u n artículo pub licad o p o r la Gaceta Mercantil en 1851 q u e d a cuenta del m alestar d e A u stria
potencia hacer ese tipo de reconocim ientos p u es p o d ría n v olvérsele en contra. P ara reafirm ar la
p reten sión sobre P arag u ay , el diario re p ro d u c e tam b ién el reclam o hecho p o r Felipe A ra n a en
1849 com o M inistro d e Relaciones Exteriores del G obierno d e Buenos A ires y en c arg a d o d e las
Ensayo historico sobre la vida del Exmo. Sr. D. Juan Manuel de Rosas. Gobernador v Capitan General de la
Provincia de Buenos Aires. Bs.As., Imprenta del Estado, 1830, pp. 6/7 [Anónimo]. -
160
Esta descripción es por lo m enos discutible. Pero a ú n en caso d e ser cierta, el arg u m e n to
decisivo d e A rana no era esa procedencia com ún q u e debía ser m an ten id a com o si se tratara d e
u n a nacionalidad cuya n atu raleza hacía im posible su desm em bram iento, sino un acu erd o
el q u e ésta se reconocía parte d e u n m ism o E stado -cu rio sam en te M itre le atribuiría u n a d écad a
m ás tard e hab er sido el acto q u e dio origen al federalism o d isolvente-. En consecuencia, A ran a
sostenía que si bien era cierto q u e P arag u ay se había aislado y no había participado d e la lucha
P o d ría suponerse q u e esta arg u m en tació n era consecuencia, p o r u n lado, d e la lógica pactista en
lo q ue hacía a la conform ación d e poderes políticos y, p o r el otro, d e la m ayor legitim idad que
ten ían las acciones to m ad as p o r los gobiernos revolucionarios en d etrim ento d e las decisiones
q u e C arlos A ntonio López había fu n d a d o la aspiración p arag u ay a sobre los pueblos ub icad o s a
la izq u ierd a del P aran á230. En su alegato, el ex profesor d e D erecho d e la U niversidad d e Buenos
P arag u ay , hace gala d e eru d ició n relatan d o en detalle la histo ria política de la reg ió n d u ra n te el
siglo XVI. Su objetivo es m o strar q u e ni A sunción com o creían los paraguayos, pero tam po co
n in g u n a o tra ciu d ad , h abía sido capital del territorio rioplatense h asta la creación d e la
g obernación en 1620. A dem ás, señala q u e los errores d e su adversario p ro v en ían d e Funes,
qu ien se h abía basado e n las crónicas d e L ozano y G uev ara realizadas desde la persp ectiv a d e
los jesuítas, p o r lo cual las provincias a las que hacía referencia eran catequísticas y no civiles.
Este trabajo, que exhibe profusos y m u y precisos conocim ientos del p rim e r siglo d e h isto ria
colonial así com o tam bién u n a valoración a g u d a d e sus fuentes -lo cual evidencia u n a v ez m ás
h ech o s-, ocupa la to talid a d d e las p ág in as d el n ú m ero en el q u e fue publicado. Sin em bargo,
p a ra que Rosas no efectivizara su ru tin aria renuncia, así com o tam bién con no m enos ru tin aria s
glosas d e prensa extranjera y n o tas oficiales. Sin p o d e r establecer con certeza la causa d e esta
línea arg u m en tal seg u id a p o r la C ancillería porteña. C laro q u e éstas son sólo conjeturas, y a q u e
relatos precisos sobre el p asa d o colonial o, al m enos, sobre algunos d e sus m om entos, p ero
tam b ién la d e obstáculos q u e d ificu ltab an su concreción, si es que no rev elab an su carácter
F inalm ente este desinterés p u ed e apreciarse tam bién en la prensa periódica, incluso e n aquellos
casos en los que los editores se p ro p o n ían darle u n lugar d e privilegio al conocim iento histórico.
cuyo exam en tam bién perm ite interiorizarse d e lo ocurrido en las provincias del interior. C laro que
se trata d e u n caso excepcional, ya que a diferencia de sus pares no pretendía ser u n m ero
rep ro d uctor de notas oficiales, m ensajes y proclam as. En efecto, aunque no se p riva de incluir
textos d e esa índole o d e rebatir puntillosam ente a u n Sarm iento calificado com o "furioso hacedor
d e hypérboles" y "com unista em igrado", tam bién difunde autores com o E dgard Q uinet, se
m uestra crítico d e las costum bres tradicionales y alienta u n a valoración en clave rom ántica d e la
geografía local. Es p o r eso que au n q u e no cum plió con el am bicioso p lan d e renovación y difusión
cultural que prom etía su Prospecto, el periódico constituyó igual u n fenóm eno digno d e atención231.
2jl “Exponer en un cuadro abreviado y completo todas las ciencias de que se enorgullece el espíritu
humano; trazar la marcha de las adquisiciones y de las conquistas con que se ha enriquecido la
inteligencia del hombre con el transcurso de las edades y los grandiosos esfuerzos del genio; en una
palabra, recorrer el vasto campo de la naturaleza física y moral, hasta donde ha llegado á penetrarlo el
saber y los trabajos de todas las generaciones, de todos los siglos, tal es el grande objeto que se proponen
los redactores de la presente publicación, y para cuya realización han resuelto no omitir ningún sacrificio,
T anto es así que su aparición fue saludada por algunos opositores al régim en rosista que
m ostraban especial atención a cualquier m ovim iento en las provincias que evidenciara fisuras en
ese o rd e n 232.
incluso con u n a sección fija en la q u e p o d ría aspirarse a en contrar alguna referencia al pasad o
colonial. Sin em bargo esto no fue así. El prim er núm ero está ocupado por una explicación de los
rudim entos de la cronología en el que se incluyen los diferentes m étodos utilizados para m edir el
tiem po, a la vez que se los aplica para periodizar la historia del hom bre y de la tierra. Esta
periodización, com o toda, no es neutral, sino que tam bién tiene una carga valorativa en la que se
com bina la presunción sobre el carácter divino de la creación con la recurrencia a los avances y
retrocesos d e la libertad, la dem ocracia y el conocim iento com o los tem as o m otivos dom inantes de
la historia de los últim os cinco m ilenios233. El texto parece ser vina glosa o una copia de otro al que
se le introdujeron ligeras variantes, hecho que se evidencia en las escasas referencias a la historia
local insertas entre guiones en m edio de la historia europea. En cuanto a los contenidos de esas
partes añadidas, se destaca el recuerdo de la lucha em ancipadora encabezada por Buenos Aires y
la exaltación d e la "era del gran Rosas en A m érica", m ientras que no hay m ención alguna al
p asad o colonial. Pero este vacío no puede atribuirse sólo a las características de tan particular texto:
los núm eros siguientes de la sección fueron ocupados por la reproducción d e u n com pendio de
H istoria Sagrada que resum e en form a cronológica el A ntiguo Testam ento y por la publicación del
Ahasverus d e Q uinet, m ientras que en ninguna otra sección los editores m ostraron interés por los
acontecim ientos producidos d u ran te los siglos d e dom inio colonial, ni siquiera por los d e M endoza
o Cuyo.
E n sum a, com o se h ab rá p o d id o ap reciar tras este recorrido q u e no p reten d e ser exhaustivo sino
d esp lieg u e discursivo, icònico y ritu al d estin ad o a públicos diversos, no estim ó necesario la
leg itim ar sus políticas, co n tan d o sin em bargo p a ra ello con condiciones ciertas p ara p o d er
hacerlo. Es v e rd a d que estas n arrativ as no eran im prescindibles p ara legitim ar ese ord en - d e
ninguna fatiga”, “Prospecto” en Ilustración Argentina. Ciencias, Industria, Política y Literatura, Mendoza,
n° 1, 1/5/1849.
232 Es el caso de Valentín Alsina, quien igual dudaba que ese periódico pudiera cumplir con su ambicioso
programa. CP, n° 1037, 25/6/1849.
233 •
Resulta significativo que la cronología concluya con un final abierto provocado por las revoluciones
de 1848: “Gran revolución y restablecimiento de la democracia en Francia - revolución en Prusia,
Austria, Alemania é Italia, agitación jeneral en toda la Europa, de 1848 á 18....”. “Historia. Nociones
Preliminares. Cronología” en Ilustración Argentina n° 1, p. 31. -
163
hecho no las necesitó-, pero igual resulta llam ativo q u e no h u b iera n sido siquiera concebidas. Y
De ese m odo q u ed a p lan tead o u n a vez m ás u n problem a q u e recorre esta tesis: cóm o explicar
p o r qué no sucedió algo q u e debería hab er su ced id o o, m ás precisam ente, q u e podría hab er
sucedido. Y, adem ás, q u é interés p resen ta este tipo d e interrogación, o al m enos q u e interés
estrategia q u e utilicé en el capítulo referido a las sociedades indígenas p o d ría h aberm e lim itado
en el discurso del régim en rosista, p ara p asa r in m ed iatam en te a exam inar las representaciones
d e ese pasad o elaboradas p o r su s publicistas. P ero e n este caso en tien d o que esa sola resp u esta
resu lta tan cóm oda com o poco satisfactoria. Es por eso q u e p ro p o n g o considerar d ich a ausencia
com o u n p u n to d e p a rtid a y no sólo com o u n o d e llegada. Lo cual nos lleva al interés específico
q u e p resen ta esta indagación, y a que este p u n to d e p a rtid a in v ita a revisar el su p u esto seg ú n el
cu al el régim en rosista h ab ría sido u n intento p o r re sta u rar el antig u o orden. De todos m odos
esta revisión igual h u b iera sido necesaria p a ra to rn ar inteligibles las representaciones del
pasad o colonial, d ad o q u e éstas sólo re su lta n com prensibles si se consideran los m arcos
institucionales, políticos e ideológicos e n los q u e cobraron form a y los sentidos específicos que
representaciones, así com o tam b ién los objetivos d e quiénes les d iero n form a y las condiciones
justos se d eb e co n sid erar tam bién q u e m ás allá de las querellas d e las q u e fue y sigue sien d o
suele reducírselo a alg u n a d e su s ex presiones o facetas m ás llam ativas m ien tras q u e se dejan d e
lado otras q u e p u e d e n re su ltar tanto o m ás decisivas. En ese sen tid o la pro d u cció n
diferenciar sus diversos m o m en to s y com ponentes, así com o tam b ién la d e considerarlo com o
164
extraña a ésta234.
an alizar las representaciones del pasad o colonial que, com o se p o d rá apreciar, no parecían estar
m u y distantes d e las d e otros sectores. A hora bien, esto no im plica en m odo alguno d esd e ñ ar la
interp retación q u e caracteriza a Rosas y a algunos d e sus allegados com o nostálgicos del
proclives a alen tar esa n ostalgia que, sin em bargo, y esto resulta decisivo, nunca lograron una
atención a la com plejidad del régim en, y a que las referencias hechas en ese sen tid o estab an
carácter republicano, dem ocrático y federal d e los p ueblos rioplatenses. C u alid ad es que p o r
cierto, y m ás allá d e cuál fu era el pensam iento y el sen tir íntim o de Rosas, sus allegados o los
el régim en rosista, cuyos publicistas tam poco se p riv a ro n d e p lan tear d u ra s críticas sobre
p o rció n d e la pro d u cció n discursiva del régim en, y d e Rosas en particular, destila u n a su erte de
prerrevolucionario. P ero esto no alentó u n a indagación q u e se pro p u siera recu p erar aspectos
tran q u ilid ad y el resp eto a las au to rid ad es. E dad d o ra d a a la q u e sin em bargo, y este es el
m eollo d e la cuestión, no parecía aspirarse a re to rn ar sin m ás. Por cierto que estas invocaciones,
234 No es éste el lugar para realizar una revisión historiográfica, por lo que sólo quisiera destacar el valor
de los trabajos de T. Halperín Donghi y, más cercano a los propósitos de este apartado, el estudio en el
que Jorge Mvers caracteriza el discurso del régimen como republicano clásico, a la vez que llama la
165
en la econom ía discursiva del régim en: resaltar los m ales d esencadenados p o r la R evolución, en
actividades económ icas y las transform aciones de los vínculos sociales y políticos
p articu larm ente en el área ru ral235. Esta valoración, q u e ya p u ed e encontrarse en las proclam as,
m em orias y m anifiestos realizados por R osas a principios d e la década d e 1820, cobraría m ayor
gobierno el único rem edio p a ra esos m ales, legitim ando d e ese m odo su p erm anencia en el
C om o ya noté, esta añ o ran za por el o rd e n jerárquico prerrevolucionario coexistía tam bién con
otra línea d e in terp retació n que, si bien divergente, hizo sistem a en el discurso del régim en
com o u n problem a, ya q u e d esd e su p erspectiva prag m ática efectivam ente no lo era-. Esta línea
tam bién fue esb o zad a te m p ra n am en te p o r R osas c u a n d o hacia 1818, y ante la n ecesidad de
en carar el p roblem a del abasto d e la carne, criticó el reglam entarism o y las prohibiciones
o rd en ad as por E spaña "e n tiem pos d e ignorancia y serv id u m b re "236. Ésta u otras apreciaciones
sim ilares no sólo serían m an ten id as sin fisuras años m ás ta rd e com o discurso oficial u oficioso
del régim en, sino q u e tam b ién ad q u iriría n m ay o r leg itim id ad y consistencia al fu n d á rselas en
los principios d e la econom ía política e n boga. En ese sen tid o resu ltan ilustrativas las polém icas
En el m arco d e esa polém ica, P. d e A ngelis criticó al correntino P edro Ferré n o tan d o q u e su
p ro p u esta no sólo lim itaría el com ercio con otras naciones sino tam bién entre las p ro p ias
atención sobre la incidencia que tuvieron en su conformación ideológica y discursiva las trayectorias
previas de sus publicistas. J. Myers, Orden y virtud.... op.cit.
J Resulta notable en ese sentido que en la biografía de Rosas escrita por de Angelis, sólo se destaca del
momento revolucionario que los esclavos de las estancias de su padre León se habían vuelto menos
dóciles, obligándolo a establecerse en ellas. Ensayo historico.... op.cit., pp. 6/7.
2' 6 Cit. en Arturo Sampay, Las ideas políticas de Juan Manuel de Rosas. Bs.As. Juárez-Editor, 1972, p. 63.
166
tran sm itid o el antiguo m onopolio español a uno m ás bárb aro e injusto que, a u n q u e no
identifica con precisión, no p o d ía ser otro q u e el d e Inglaterra aliada con Buenos A ires238.
Resulta notable esta afirm ación enfática, ya q u e evidencia la legitim idad q u e había a d q u irid o el
propiciaba una política q u e le era contraria y con argum entos tam bién contrarios.
Esta legitim idad tam bién es perceptible en los publicistas del rosism o, y no sólo p o rq u e se
adecuaba con m ay o r facilidad a los intereses de la provincia d e Buenos Aires. O tra d e las
el cual los pueblos so m etid o s al libre com ercio vivían en la m iseria. P or eso, su au to r chicaneaba
"(...) v er m u ltitu d d e lab rad o res y artesanos ricos, com o no se v eian antes d el 25 d e M ayo
de 1810 en todo este continente, ni se v en ahora fuera d e B uenos Aires, v en g a á esta
c iu d a d "239.
tam bién consideraba la R evolución com o u n parte aguas e n lo q u e hacía al pro g reso y la
pro d u cción d e riqueza en B uenos Aires. E n cuanto a lo q u e aquí interesa, es decir la valoració n
carestía d e carne: u n a tom a d e d istancia crítica frente a ese p asa d o pues se había trata d o d e u n a
experiencia opresora d e los am ericanos que, entre otros m ales, había aten tad o co n tra su
ex p lo tado con racionalidad y eficacia las riquezas am ericanas p o stran d o a sus habitantes.
Pero esto no es todo ya que tam b ién se achacaba a la C orona el hab er coartado la libertad d e los
am ericanos. En efecto, consideraciones en ese sen tid o a b u n d a n e n los textos elab o rad o s p o r d e
coloniales con el fin de fu n d a r glorias locales no debe prestarse a confusión alguna, ya q u e están
p resididas por u n a m irad a p ro fu n d am en te crítica d e ese pasado. T anto es así que se perm ite
"Quéjense cuanto q u iera n los escritores españoles d e las justas reconvenciones hechas á su
nación y su s gobiernos; afánense en b u sca r razones p a ra justificarlos, nunca conseguirán
b o rrar la nota de iliberales que la m ano de la p o sterid ad h a im preso sobre su m em oria"240.
C abe n o tar q u e esta referencia de "iliberales" no rem itía sólo a aspectos económ icos. A dem ás no
m iem bro heterogéneo)" q u e p re te n d ía hacerse cargo d e la actividad teatral cóm ica porteñ a.
em presas, establecim ientos y asociaciones, form aba p a rte d e cierto sen tid o co m ú n p resen te en
"(...) los q u e la d o m in aro n p o r tres ce n tu rias con el objeto d e explotarla p ara sí solos, y d e
conservarla en coloniage ta n p ro lo n g ad o com o ser p u d iera , no les convenia sino tenerla
siem pre com o recien salida d e las m anos d e la creación; esto es, e n estad o d e natu raleza.
T odo lo q u e condujese á ilu strar y socializar á sus hijos, debia ser p roscripto en el consejo
d e los conquistadores p o rq u e así se re ta rd aría al m enos la época de su necesaria
em ancipación"241.
q u e su control d e la palabra pública era férreo. Su c o n tra p a rtid a no siem pre explicitada pero
evidente, era q u e la R evolución y los valores p o r ella p ro m o v id o s h ab ían pu esto fin a ese aciago
240 “Discurso preliminar del editor” al "Diario de un viaje á la costa de la Patagonia" por D. Antonio de
Viedma, p. II en Colección.... op.cit., Bs.As., 1838, t. VI.
241 “Programa de la nueva empresa sobre los teatros” en GM n° 6132, 23/3/1844. -
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accionar d e los pérfidos unitarios, m alo g raro n m uchos d e los esfuerzos hechos en ese sentido.
P ero esto no es todo, pues algunos au to res tam bién llegaron a sostener, al m enos en
p ublicó varios artículos en El Lucero en los que alegaba en favor d e las libertades o las garan tías
co m p artid as por todos los publicistas del régim en y q u e serían aten u a d as d u ra n te el seg u n d o
gobierno de Rosas hasta casi desaparecer d e la vida pública, sin q u e esto im plicara tam poco su
E n lo que aquí interesa cabe destacar q u e la coexistencia d e esas dos líneas d e reflexión y
valo ración -a q u ella que m ostraba añ o ran za p o r el ce rrad o o rd e n jerárquico del an tig u o rég im en
red u cirse u n fenóm eno tan com plejo a u n esquem a, p o d ría plan tearse q u e dicho rég im en se
im precisa q u e p u e d a resu ltar esta noción. E n tal sentido, com o señala M yers, resulta ilu strativ o
"(...) el G eneral Rosas con la sola sin g u larid ad d e su genio, con la sola fu erza d e su
carácter ha restablecido el o rd e n q u e conservaba e n este país el G obierno E spañol. El
C iu d ad an o Rosas, él sólo h a p o d id o tanto com o u n trono robustecido p o r los siglos,
ro d ead o d e em blem as históricos, altam en te fuerte d e prestigio y d e poder. R epito q u e la
sola capacidad del G eneral Rosas h a v alid o p a ra este p ais tan to com o u n trono, esto es
asom broso, (...) el o rd en q u e él nos h a d ad o está com binado con u n carácter de
civilización y de d ig n id a d nacional que no teníam os (...) im p oniendo con robusto
esfuerzo la observancia d e la ley, igual p ara todos, hizo p o r p rim era vez efectiva en tre
nosotros la palabra República (...) an tes del G eneral R osas ra ra vez u n funcionario público
se atrevía a proceder contra u n h o m b re d e los q u e se llam ab an decentes".
A clarando a continuación que esto no im plicaba en m o d o alguno el desconocim iento d e las
jerarq u ías sociales242. Es de lam entar q u e sean escasos los textos q u e ex p resan con ta n ta clarid ad
escribió. De ahí tam bién las dificultades existentes a la hora d e caracterizar el régim en y la
necesidad de prestar atención a sus interlocutores, así com o tam b ién a sus diversos m o m en to s y
com ponentes, sin que éstos p u ed a n ser tom ados aislad am en te y, m enos aún, considerárselos del
to d o representativos.
E stim o que algo de esto últim o ocurre en el análisis que Jorge M yers hizo sobre el discurso del
exam en lo llevó a relegar a u n lugar excesivam ente m arg in al a las ideas, conceptos y
discurso rosista con pleno derecho com o la liberal. Y eso a pesar d e reconocer q u e el rég im en
asim ilación con alg u n a variante del liberalism o decim onónico resu lta plausible y q u e esa es la
razó n por la que hizo énfasis e n sus rasgos no liberales243. U n ejem plo p erm itirá aclarar m ejor la
D esierto, P. d e A ngelis alega que si b ien se había term in ad o la lucha co n tra los op reso res d e la
P or cierto que expresiones com o éstas difícilm ente p u e d a n ser encuadradas en u n a m atriz
republicano clásica. C on lo cual no quiero desd eñ ar el peso que tuvo este lenguaje com o
articulador del discurso rosista y principal m atriz d e su sentido, sino la necesidad d e tener
presente su capacidad de contener tam bién otras familias ideológicas com o la liberal. C laro que el
cercenam iento p rogresivo de los derechos in d iv id u a le s sobre to d o a p a rtir d e 1835, así com o
242 “Discurso de Baldomero García en la Sala de Representantes”, 2/2/1850, en GM n° 7866 del 6/2/1850,
citado en J Myers, Orden.... op.cit., p. 305/6. (las cursivas en el original).
Apreciación que sin embargo puede llegar a pasar desapercibida porque el autor la expresó en una
nota. J. Myers, Orden y virtud.... op.cit., pp. 6/7 nota n° 5.
170
1830 a m anos d e u n verdugo, perm iten e n ten d e r p o rq u e resulta difícil asim ilar el o rd e n rosista
con u n régim en liberal. Insisto sin em bargo e n el hecho q u e la caracterización q u e hace M yers
del d iscurso rosista resulta incom pleta. En tal sentido p ro p o n g o u n a hipótesis que d esd e u n a
p erspectiva d e los lenguajes políticos p u ed e parecer contradictoria, pero q u e igual resu lta ú til
p a ra caracterizar tan peculiar y pragm ático régim en: reto m an d o los propios térm inos u tilizad o s
Pero esto es tan sólo u n a hipótesis d estin ad a a p ro m o v er u n a discusión sobre la n atu ra leza d el
percepción del antiguo ord en que es lo q u e aquí interesa, am bos lenguajes o cu erp o s d e
carácter opresor ya sea d e los individuos, d e la co m u n id ad o del cuerpo político. En ese sentid o ,
régim en rosista resultó, com o en tantos otros aspectos, u n fiel expositor d e la elite rio p laten se
decim onónica, particularm ente la del litoral, q u e m o strab a m ayor interés p o r el p resen te y el
U n lag o m o n ó to n o y sin p ro fu n d id a d .
O tro sector q u e p o d ría haberse m o strad o proclive a reivindicar el pasad o colonial o al m enos
aspectos del m ism o, es la Generación de 1837. P ero a diferencia d e g ra n p arte d e los rom ántico s
eu ro p eos que auspiciaban u n a recuperación del p asa d o prerrevolucionario, los rio p laten ses
h ab ía v en id o a dejar atrás el antiguo régim en. Es m ás, com o verem os en la sección siguiente, el
revolucionario era el único legado q u e reivindicaban. Sin em bargo, estim aban tam b ién q u e la
rosista: tras u n fallido intento d e acercam iento p ro p iciad o entre otros p o r A lberdi, las políticas
in cid iendo en form a decisiva en el presente y que, p o r eso m ism o, exigía q u e la lucha d e sus
realizada en la década d e 1830 y com ienzos d e la d e 1840, y d e la cual resu lta u n a m u estra
elocuente el conocido lam ento d e Echeverría: "Los brazos d e la E spaña no nos oprim en; pero
sus tradiciones nos a b ru m a n " 245. La razón es q u e a ú n no había p o d id o realizarse el pen sam ien to
h abía logrado a ú n institucionalizar ese bien su p re m o que era la libertad. Del m ism o m o d o
am ericanos q u e som os m enos in d ep en d ien tes de la E spaña d e lo q u e nos figuram os?", p ara
"E ste p o d e r ibérico consiste en cien hab itu d es, cien tradiciones intelectuales, m orales y
m ateriales q u e se m an tien en a ú n entre nosotros. U na g u erra quiere ser abierta contra
ellas, d espués d e la q u e hem os hechos a su s arm as: y únicam ente cu an d o hay am o s
o btenido la doble victoria, nos será perm itido decir q u e hem os sacu d id o su y u g o "246.
in au g u ra rse el Salón Literario en 1837. R ecordem os sin em bargo q u e su interés no era tanto d a r
resp u esta al in terro g an te sobre q u é h ab ría su ced id o d e n o hab erse in te rru m p id o el desarro llo
au tó n o m o d e los incas y aztecas, sino que m ás bien ap u n ta b a a d ilu cid ar la influencia q u e tuvo
esp erarse d e ese legado. Es por ello que, al ig u al que lo h aría pocos años m ás ta rd e S arm iento al
esp íritu localista entre otros atrib u to s negativos, poco p o d ía esp e rarse d e su herencia. C om o
245 Para inmediatamente añadir en relación al rosismo que “De las entrañas de la anarquía nació la
contrarrevolución”. Claro que entonces se mostraba optimista ya que sólo era ”la agonía lenta de un siglo
caduco, de las tradiciones retrógradas del antiguo régimen, de unas ideas que tuvieron ya completa vida
en la historia”, por lo que no tenía posibilidades reales de perdurar. DS, p. 252.
246 FP, p. 243.
247 Según Sarmiento, Córdoba era como “un lago artificial de agua sin movimiento, sin vida, en cuyo
centro está un cenador de formas majestuosas, pero inmóvil, estacionario”. .1. M. Gutiérrez, "Fisonomía
del Saber Español: Cuál deba ser entre nosotros", en SL, pp. 144/5; D. F. Sarmiento.-FO. p. 103.
172
sobre estas cuestiones se ha insistido ya suficiente, sólo m e voy a d eten e r en alg u n o s m atices
En principio resulta notable q u e la caracterización neg ativ a del legado español alcan zara
tam bién aspectos en los que los cargos q u e se lev an tab an contra la m a d re p atria p o d ría n no
h ab er sido graves com o la lengua. De hecho, algunos d e los jóvenes rom ánticos p ro p u sie ro n
hacerlo co n la legislación y las costum bres d e ese origen, careciendo así d e to d a p e rso n a lid a d
nacional p o r lo q u e llam aba a em an cip ar la lengua. E n tal sentido llegó a afirm ar que "El pueblo
(...) que en p u n to a la legitim idad del estilo invocan a la sanción española, despojan a su
patria de una faz de su soberanía: com eten una especie de alta traición. N o reconocer la
au toridad de los estam entos, y soportar la autoridad d e la academ ia, es continuar siendo
m edio colonos españoles"249
P ero esta posición no era com p artid a p o r todos los rom ánticos, y d e hecho algunos la recibieron
con som a. T odavía veinte años m ás tard e, al exam inar los discursos p ro n u n c ia d o s al re p atriarse
los restos d e R ivadavia, Juan T hom pson p o d ía com entarle a Ju an M. G utiérrez que
gramática! La sim iente no ha caído en terreno ingrato. R ecuerdo que hubo u n tiem po en q u e
J. B. A. se em peñaba en probar que así com o nos habíam os em ancipado d e España
políticam ente debíam os d ar al traste con su idiom a y levantar u n tem plo a los sabios a natura,
o sea a los aguadores o a los lecheros. De donde se deduce que no hay m ás que abrir la boca
p ara hablar com o un Cicerón o un Santo Tomás. Por desgracia no falta quien haya
aprovechado el consejo"250
C laro que p ara entonces tam poco seguiría sien d o m an ten id a por A lberdi, q u ien
p ro g resivam ente se fue d esp reo cu p an d o de los tem as ligados a la cultura, p ara cen trar su
atención en los problem as políticos y económ icos. En form a paralela com enzaría a d esarro llar
u n a n u ev a m irad a sobre el p asa d o colonial q u e lo llevaría a p lan tea r la necesidad d e rev isar esa
crítica del Informe q u e fu n d am en tab a el dictam en sobre los gan ad o res del Certamen Poético
realizad o en M ontevideo en 1841. Según los m iem bros del ju rad o , todos ellos pertenecientes a la
local251. Por el contrario, A lberdi sostenía q u e to d a sociedad tiene alg u n a form a d e expresión
p ro v erbial" la hiciera d a ta r d e 1810, con lo cual, concluía, h abía existido u n a literatu ra colonial.
e m p re n d e r estu d io s serios sobre ese p asa d o a fin d e p o d e r en te n d e r cóm o había sido cread a esa
"El estu d io d e n u estra literatu ra colonial, sería u n d ig n o tem a d e las investigaciones d e los
talentos serios q u e se levantan: es tiem p o ya d e ab a n d o n a r preocupaciones p a sa d a s de
m oda, y e m p re n d e r seriam ente el exam en d e los an teced en tes literarios, legislativos y
adm inistrativos d e nuestros tres siglos coloniales, q u e h a n d a d o a lu z la sociedad
presente: sólo en el p ro fu n d o estu d io d e n u estro p asad o , ap ren d erem o s a ap reciar el
presente, y d escu b rir la llave d el p o rv e n ir"252.
P o d ría su p o n erse que esta exhortación a p u n ta b a a filiar u n a id en tid ad capaz d e rem o n tarse en
el tiem po h asta p o d er abarcar esos siglos cuya o scu rid a d hacía que su s contem porán eo s
q u isieran dejarlos definitivam ente atrás. Sin em bargo esto tam poco era así o, al m enos, no era
u n a consecuencia necesaria. Lo que A lberdi e n realidad sostenía era otro tipo de exigencia: la d e
desprejuiciada que la de aquellos q u e sólo p o d ían abjurar d e ese p asa d o com o u n a to talid ad
m ás q u e pro cu rar encontrar allí raíces sobre las cuales erigir la sociedad republicana, se
m ales. En to d o caso, com o vim os en el capítulo anterior, ese legado p o d ía ser d efen d id o
ard o ro sam ente, pero sólo cu an d o servía com o arg u m en to polém ico contra aquellos q u e
a lo europeo.
E ntre las v arias pruebas del desinterés d e A lberdi p o r filiar en el m u n d o colonial u n p asa d o
p ro p io y dig n o d e ser re cu p erad o activam ente, p u e d e recu rrirse a su polém ico texto La
ex trav agante panegírico d e su tierra natal. Así, tras alab ar a Rosas com o re p resen ta n te d e la
g ra n d eza argentina, lo cual le valió nu m ero sas críticas, aseg u ra con orgullo q u e ésta precedía al
dictador. P ero esta precedencia no se pro lo n g ab a m ucho m ás allá e n el tiem po, p u es arrancab a
con las invasiones inglesas y se expresaba e n la fig u ra d e Liniers253. P o d ría arg ü irse q u e éste
q u e resu lta llam ativo q u e no invocara o tras figuras com o Solís, G aray, H e rn an d arias, Zabala, el
in dagación del pasad o colonial hecha p o r A lberdi no se trad u c ía en hechos concretos incluso
com o u n lago m onótono, o la m an ten d ría p ero p ro c u ra n d o sep a rar d e ella lo p ro p iam e n te
am ericano que, com o tal, estim aba dig n o d e ser reiv in d icad o incluso c u a n d o se tra ta ra n d e
obras d e escaso valor. Este posicionam iento m ás afín a su sensibilidad ro m án tica le perm itió
253 "La República Argentina 37 años después de su Revolución de Mayo", en id. [Valparaíso, 1847].
175
gran p arte de sus esfuerzos intelectuales h asta el final d e su vida, y cuyo cam ino ya había
com enzado a recorrer d u ra n te su exilio en Chile. Lo q u e A lberdi sí realizó com o u n aporte en esa
dirección fue historizar la posición antiespañola enarbolada por la generación revolucionaria a fin
de poder dejarla atrás definitivam ente. Así, a la vez que la justificaba por haber cum plido una
por resultar u n obstáculo anacrónico a la hora d e hacer frente a los nuevos desafíos. M ás aún, si
bien decía venerar a los guerreros d e 1810 que habían sustraído Am érica al p o d er español,
estim aba que eran incapaces de entender las nuevas necesidades del continente. La razón es que
seguían presos d e "las ficciones de patriotism o", del "artificio de la causa puram ente am ericana",
legítim os instrum entos en tiem pos d e guerra pero inconvenientes en m om entos en que debían
tratarse problem as relativos a industria, comercio, inm igración y que, p o r eso m ism o, dem andab an
u n a ap ertura irrestricta al m u n d o 254. Estas producciones que eran historizadas críticam ente p or
grueso de las representaciones del pasado producidas en esos años y que seguían a ú n presas de
Esto perm ite apreciar la otra posición q u e A lberdi com partía con los m iem bros d e su g rupo en
relación al orden colonial. P orque si p o r m om entos hacían u n a crítica descalificadora d e ese pasado
entender que carecía de todo valor. Es posible que m ás allá d e los prejuicios ideológicos, y al igual
q ue lo sucedido en relación con el pasado indígena, esto tam bién haya sido consecuencia d e la
insignificancia q u e habían tenido los pueblos del Plata en com paración con los d e otras partes d e
Am érica donde se habían desarrollado sociedades m ás com plejas y ricas incluso desd e un pu n to
Entre las m últiples evidencias que p u ed e n encontrarse del desinterés por ese pasado, m uchas
veces argum entado explícitam ente, resulta reveladora la narración que hizo Echeverría en su
m elancólico balance del derrotero d e su grupo, Echeverría recuerda que sus m iem bros se habían
p ropuesto dilucidar una serie de cuestiones de alto interés, dividiéndose los problem as para
encontrar u n a form ulación práctica que perm itiera resolverlos. A tales fines debían fu n d a r sus
propuestas realizando una "reseña crítica d e los antecedentes históricos q u e tuviese en el país el
asunto que trataba", lo cual habría perm itido reivindicar el legado d e sus m ayores al eslabonar
cada trabajo a la tradición. N o parece descabellado suponer que esta indagación podría haber
llevado a explorar d e algún m odo el pasado colonial. Sin em bargo esto no fue así ya q u e el único
legado adoptado era el de "las tradiciones progresivas de la revolución d e M ayo con la m ira de
perfeccionarlas o com pletarlas". Lo que el poeta quería argum entar era que, a diferencia d e las
facciones dom inantes que desconocían todo lo hecho p o r sus oponentes, ellos iban a ad o p tar lo
mejor de cada una de éstas. De ese m odo dejaba explícitam ente d e lado cualquier posibilidad de
extender su indagación m ás allá de principios del siglo XIX, incluso cuando se tratara d e buscar los
P or cierto que esta lim itación autoim puesta no era algo excepcional ni destinada a desaparecer en
form a inm ediata. Veinte años m ás tarde, y en su condición d e D irector de la Sección H istoria del
Ateneo del Plata, Sarm iento fue invitado a orientar a los jóvenes d e esa asociación. Su pro p u esta
era q u e éstos elaboraran m onografías sobre episodios históricos a m odo de ejercicio q u e les
perm itiría em prender luego tareas m ayores. A tales fines consideró conveniente señalar la
existencia de num erosos sucesos q u e po d ían tratarse con éxito. Pues bien, salvo en el caso d e las
cam pañas de San M artín, el alzam iento d e las m asas d e jinetes, la iniciación d e R ivadavia, la
llegada de Rosas al poder257. Sin em bargo, este desinterés estaba em pezando a dejar d e ser tal:
p roponiendo a esos m ism os jóvenes que dram atizaran los sucesos d e la conquista en cam ad o s en
¿M,DSp. 161.
257 "Espíritu y condiciones de la Historia en América", en OCS. tomo XXI, p. 100 [Memoria leída el 11
de octubre de 1858 en el Ateneo del Plata al ser nombrado director de Historia]. .
177
p ro g resiva revalorización d e la tradición hispánica y del p asa d o colonial. Entre o tras razones,
esto fue consecuencia d e la reacción d e la elite criolla a las transform aciones pro v o cad as por el
proceso inm igratorio. Sin em bargo, com o se p u d o apreciar en el a p a rta d o anterior, la necesidad
d e ex am inar con m ay o r atención el perío d o colonial había com enzado a plantearse por lo
m enos d esd e la d écada d e 1840, a u n q u e los prim eros intentos en ese sentido recién se
E n relación a estas últim as, es d e n o tar q u e d u ra n te s esos años se hab ían p ro d u c id o avances
obv iad os e n u n a cu ltu ra tan aten ta a las n o v ed ad es de los centros intelectuales com o era la
com o las del norteam ericano W. P rescott e n las q u e aparecen situ ad o s históricam ente los hechos
v sus p ro tag o n istas a fin d e p o d e r en ten d erlo s sin tener p o r q u é hacer valoraciones anacrónicas,
dom inios. E n el caso d e Prescott, esto ú ltim o se veía refo rzad o ya q u e no sólo se había
co n stitu id o en u n a au to rid a d in d iscu tid a e n los tem as específicos p o r él tratad o s, sino que su
ob ra tam b ién era co n sid erad a u n m odelo historiográfico tan to en lo q u e hacía a la investigación
colonial con el fin d e dejar atrás apreciaciones que co n sid erab an absurdas, parciales o injustas.
local en esos m ism os años. Basta re co rd a r los n u m ero so s e im p o rtan tes d o cu m en to s oficiales,
del Plata. Sin em bargo, la revisión del p asa d o colonial d u ra n te la décad a de 1850 no fue sólo
consecuencia d e u n a p re te n sió n eru d ita , sino q u e tam bién, y q u izás en p rim er lu g ar, obedeció a
razo n es m ás estrictam ente políticas y a q u e se había afian zad o la necesidad d e exam inar las
raíces d e la sociedad rioplatense y, en especial, de los q u e era n percibidos com o su s m ales. Este
interés no p u e d e atribuirse solam ente a la recepción del historicism o, sino tam bién al hecho
178
que, contra lo esp erad o p o r sus opositores pero tam bién por algunos d e sus antigu o s
ad h erentes, esos m ales no se habían acabado con la caída d e Rosas: u n nu ev o ciclo de conflictos
se había abierto sin q u e p u d iera establecerse con certeza el destino que le a g u a rd ab a a la región.
Ese conflictivo contexto no fue obstáculo sin em bargo p ara que se p ro d u jera u n a p au latin a
instituciones. E n ese m arco com enzaron a cobrar relevancia y a ocupar espacios algunos jóvenes
perm ite u tilizar u n arg u m en to p lan tead o por quienes investigan los fenóm enos m igratorios,
p o d ría afirm arse entonces q u e e n este caso tam b ién se dio el fenóm eno p o r el cual aquello q u e
qu iso ser o lv id ad o p o r los hijos, trató d e ser recu p erad o p o r los nietos.
reiv in d icar aspectos del m ism o en tanto ese p asa d o era asu m id o com o algo propio, ya sea
artículos ap arecid o s en Buenos A ires y P aran á con cinco años d e diferencia. El prim ero llam a la
atención sobre la p arálisis del Instituto H istórico y G eográfico n o tan d o la im p o rtan cia q u e éste
ten ía pues
"La A m érica ofrece u n cam po inm enso á investigaciones profundas. Sus g randes perio d o s
históricos, el descubrim iento, la conquista, la dom inación española y la in d ep en d en cia,
ab raza n vina d u ra ció n de m as d e tres siglos, q u izá los m ás m em orables en la m isteriosas
cadena d e los tiem pos. Bien: estas transform aciones h an dejado sobre el N u ev o M u n d o
una hu ella m as ó m enos lum inosa, en q u e es necesario buscar la certid u m b re, com o se
rem onta u n rio h asta su origen escondido"
El seg u n d o celebra la inm inente creación del Instituto Histórico y Geográfico de la Confederación.
"El pasad o del Pueblo A rgentino, com o N ación Independiente, no tiene sino m edio siglo;
pero su v erd ad era historia á los ojos d e la filosofía, rem onta á la época del descubrim iento y
conquista del N uevo M undo. Este período que no es corto, es m uy rico e n acontecim ientos,
179
que tiene su p u n to de contacto con los hechos contem poráneos, y allí está la incógnita para
resolver m uchos problem as sociales y políticos d e n u estra época"258.
C abe señalar ad em ás q u e este progresivo interés se potenció por el que estos jóvenes m ostraban
en conocer el p asa d o d e las provincias. D e todos m odos se debe tener presente q u e estas
id eas con algunos d e sus m ayores, quienes tam bién se volcarían a u n exam en m ás franco d e ese
E n relación a este últim o resulta de interés recordar u n intercam bio epistolar que tuvo en 1858 con
el oriental A lejandro M agariños Cervantes, editor de la Biblioteca Americana. En sus cartas G utiérrez
se perm itía reflexionar sobre las necesidades intelectuales que tenían los pueblos del Plata a fin de
orientar los contenidos de esa colección. Entre sus reflexiones se destaca aquella que puede
"Creo, q u e si se exam inan los sucesos de la A m érica española (por ejemplo) con
conocim iento de la m anera de ser d e la Península y d e los fines q u e en la política de la
m etrópoli debían desem peñar sus Colonias, resultarían sus hechos presentados con m ás
n o vedad q u e la q u e tienen m irados al través del entusiasm o revolucionario y d e la reacción
de la Independencia. T endrían m ás novedad y m ás v erd ad tam bién. Tengo m is sospechas d e
. que m uchas d e nuestras declam aciones contra nuestros antiguos am os son exageradas, y que
m ás dispuestos hem os estado a aceptar los cargos d e los enem igos d e la España, q u e los
descargos q u e los escritores españoles h an d ados sobre esas acusaciones"259
hecho, M agariños C ervantes suele ser considerado com o el p rim er escritor rioplatense en
p lan tear con firm eza u n a reivindicación del p asa d o colonial a través d e u n a serie d e artículos
Estudios Históricos, políticos y sociales sobre el Río de la Plata260. Si bien es cierto q u e estos artículos
' fu ero n escritos en España, lo cual im plicaba otras condiciones d e enunciación d e las q u e su
258 “Instituto Histórico y Geográfico”, La Tribuna. Bs.As., Imprenta de la Tribuna, n° 501, 30/4 y
1/5/1855; Corrientes en la organización nacional, tomo 10. Bs.As., G. Kraft, 1911, p. 112 [El Nacional
Argentino. 31/5/1860],
259 J.M. Gutiérrez a A. Magariños Cervantes, Rosario, 28/10/1858, en E. Morales, Epistolario de Juan Mana
Gutiérrez. Bs.As., Instituto Cultural Joaquín V. González, folio 72.
260 Estudios históricos, políticos v sociales sobre el Río de la Plata, 2 tomos, Colección de clásicos
uruguayos, vols. 35/6, Montevideo, 1963 [París, Tipografía de Adolfo Blondeau, 1854, Revista Española
de Ambos Mundos. Madrid, tomos II, III, IV, 1854/5]. •
180
M agariños no era sin em bargo él el único en prom over esa revalorización, de lo cual existen varios
indicios com o la elección de los nom bres d e Solís y Colón para los teatros de M ontevideo y de
Buenos Aires creados en esa década. En ese sentido resulta d e interés u n breve artículo d e M itre
publicado a fines d e 1852, ya q u e expresa en form a clara y contundente ese nuevo h u m o r ante el
p asado hispánico. El C ónsul español había hecho saber a las autoridades locales que sus
com patriotas se habían ofendido ya que el farol de retreta con el que la G uardia N acional d e
Buenos Aires encabezaba sus desfiles tenía entre sus im ágenes la de unos leones vencidos. M itre le
respondió que no debía confundirse pues éstos sim bolizaban el poder absoluto de los reyes contra
el q ue tam bién habían com batido los españoles que reivindicaban sus derechos. De ese m odo
invertía lo afirm ado en 1810 por quienes se apoyaban en la figura de F em ando VII para
em anciparse de España, sosteniendo que junto a la sociedad española la am ericana había luchado
p ara term inar con la tutela de ese y de todo m onarca absolutista. A dem ás aseguraba que no podía
haber odio nacional alguno ya que com partían u n origen en com ún:
"El pueblo arg en tin o para reco rd ar sus glorias no necesita in su ltar ni ofen d er a n in g u n a
nación, y a la E spaña m ucho m enos, p o rq u e la m ism a sangre corre p o r sus v en as (...) El
25 d e M ayo n o significa u n a revolución contra la E spaña, sino a favor d e la in d ep en d en cia
y la libertad"
fechas p atrias lo hacían en el m ism o lugar que el ilu stre G aray había clavado "el e sta n d a rte d e
co m p artien d o am bas ad em ás la gloria de hab er triu n fad o sobre los ingleses a qu ien es h ab ían
Claro que no todos com partían estas apreciaciones d e M itre u otras sim ilares q u e pro p o n ían
distinguir a E spaña d e su gobierno despótico contra el cual tam bién había luchado p arte d e la
población peninsular. Para algunos esta distinción p odía resultar una sutileza, sobre todo si se
considera que E spaña no había reconocido aú n la independencia d e las provincias del Plata. Sin
em bargo esto no obstó a q u e fueran am pliándose cada v ez m ás las voces que llam aban a in d ag ar el
propia y no ajena. Es el caso del G obernador d e C orrientes Juan Pujol, quien al recordar en 1857 u n
261 “Farol de retreta”, El Nacional. Periódico comercial, político y literario. Bs.As., Imprenta Argentina,
N° 134, 23/10/1852. ' -
181
nuevo aniversario de la Revolución notaba que ya se había disipado el encono con sus
progenitores. Es por eso que si bien creía que los m ales desatados tras la Revolución resultaban
explicables por el atraso colonial, no d u d ab a en afirm ar q u e tam bién debía hacerse m ayor justicia
con la m adre patria que, por ejemplo, había sido la nación que puso m enos trabas al desarrollo
intelectual de sus colonias ya que fue la única en dotarlas d e universidades cuya enseñanza si bien
aspectos del pasado colonial o que se asum iera en form a positiva la pertenencia al m ism o tronco
que España, sino el hecho que cuando se pasaba de la apreciación general sobre el origen com ún a
u n a exploración m ás detenida sobre ese pasado, no parecía encontrarse allí nada dem asiado digno
d e ser rem em orado. Dicho d e otro modo: cuando d e v erd ad se recurría a la historia, esa valoración
positiva encontraba sus límites. Dos años después de pronunciado el discurso de Pujol, u n artículo
publicado en u n periódico salteño con el fin de rem em orar el 25 de M ayo tam bién planteó que ya
era hora d e dejar atrás las prevenciones hacia España, p u es estaba lejos de ellos esa "m e zq u in a
id ea" de los revolucionarios q u e h abían ren eg ad o d e "n u estro s nobles progenitores", así com o
tam poco quería "co n d en a r el p o d e r español instalado p o r la conquista en este hem isferio". El
au to r traza una breve historia de la España del siglo XV, a la que exalta com o potencia, pero
tam bién recuerda que d a d a su posterior decadencia, sus principios errados de adm inistración y la
lejanía con sus dom inios, estaba escrito que los iba a perder. En ese sentido afirm a que los propios
m ales causados p o r E spaña desde C arlos V constituían el proceso hecho a sus gobiernos
el proceso de conquista y colonización, no podía dejar de notarse que los fines y los m edios
Estas tensiones y lim itaciones se p u e d e n ap reciar m ejor, y resu ltan a ú n m ás significativas, en los
trabajos históricos d e aquellos q u e m ás francam ente decían reivindicar ese tronco co m ú n com o
era el caso de M agariños C ervantes. En efecto, incluso u n a p rim era lectura d e sus Estudios...
evidencia que no sólo re su ltan exiguas las pág in as q u e le dedica al perío d o colonial, sino q u e su
m oroso relato del siglo XVI y d e gran p arte d el XVII no hace m ás que exhibir u n a sucesión
m o nótona de crím enes en tre españoles, y entre éstos y los indígenas. C rím enes q u e no p erm iten
262 “Discurso de S. E.” en La Opinión. Periódico Político, Literario y Comercial, Corrientes, Imprenta de la
Opinión, n° 401, 29/5/57.
26’ “El 25 de Mayo de 1810” en La Libertad en el Orden Periódico Político, Económico y Literario n° 27,
Salta, Imprenta del Comercio, 25/5/1859. .
182
d esm en tir en n ad a la leyenda negra, razó n por la cual no resulta m u y enaltecedora la rem isión
q u e hace a la raíz ibérica. A dem ás, en varios pasajes asu m e explícitam ente q u e no había sucesos
d ignos d e ser recordados, entre los cuales hay dos q u e resu ltan llam ativos. Por u n lado, cu an d o
afirm a que lo único im p o rtan te q u e había ocurrido d u ra n te dos siglos en la B anda O riental
h abía sido la d isp u ta territorial con Brasil a la q u e le dedica num erosas páginas, lo cual resulta
n o table si se tiene p resen te que M agariños era o riu n d o d e ese país y, com o tal, proclive a realzar
su p asado. Por el otro, cu an d o asegura q u e u n a vez concluido el conflicto con P ortugal en 1778
y h asta las invasiones inglesas, el Río d e la Plata no había sido teatro de nin g ú n suceso
im p o rtan te264.
q u e no están ligados en tre sí, hace que la R evolución d e M ayo aparezca com o u n a
d isco n tin u id ad en la h istoria del Río d e la Plata sin vinculación alg u n a con el perío d o colonial.
Lo cual no resulta irrelevante, ya q u e la reivindicación p len a d e ese pasad o sólo p o d ría lograrse
c u a n d o fuera cap az de ser articu lad o con el presente. Es decir, cu an d o se lograra describir,
n arrar, d em o strar o arg u m e n tar la existencia de sujetos, fenóm enos y procesos q u e h ab rían
an ticip ado la R evolución d e M ayo, la v id a republicana y el progreso socioeconóm ico y cu ltu ral
d e la región. Esta necesid ad h abía sido n o tad a por V icente F. L ópez al publicar en la Biblioteca
del Comercio del Plata las Noticias secretas de América d e Jorge Juan y A ntonio d e U lloa escritas a
d e esa obra q u e los liberales tran sfo rm aro n e n u n em b lem a d e la crítica hacia E spaña, L ópez
lam en taba q u e no hiciera referencia al estad o del Río d e la Plata, ya q u e así h ab ría p o d id o
"¿C óm o h abia su ced id o esto e n u n país d esp ro v isto d e m inerales y segregado del
com ercio directo co n su m ism a m etrópoli? ¿C óm o habia su ced id o q u e u n a orilla desierta é
in apercibida se h ab ia p re sen tad o d e repente fo rzan d o la m ano del m onarca á q u e la
reconociese com o u n o d e sus m as im p o rtan tes vireinatos? ¿C óm o habia su ced id o q u e
d esd e entonces se fijase e n esa orilla la codicia d e los pueblos m as ricos y com erciantes del
m u n d o com o en u n a valiosa posesion?. P roblem as so n todos aquestos q u e m erecen fijar
d e u n m o d o capital la vista d el h isto riad o r q u e asp ire á co m p re n d er n u estro oríjen, y las
condiciones peculiares d e n u estro ser ta n div ersas d e las d e los otros pueblos Sud-
A m ericanos"265
264 “Descubrimiento, población y conquista del Río de la Plata. Bosquejo histórico de 1515 a 1810'’, en
Estudios históricos......op.cit.. t. 1. pp. 47 y 81.
265 V. F. López, Prefacio a Noticias secretas de América, sobre el estado naval, militar y político de los
reinos del Perú y Provincias de quito, Costas de Nueva Granada y Chile, Gobierno y Rejimen particular
183
A u n q u e en form a algo im precisa y esquem ática, estas resp u estas q u e p erm itirían articu lar el
p erío d o colonial y el revolucionario recién com enzarían a cobrar form a en la Biografía del General
Belgrano publicada p o r M itre u n lustro después, pues allí sostiene a diferencia d e lo afirm ad o
publicación de esa biografía, M itre analizó el exiguo desarrollo que h abía ten id o la
historiografía local n o tan d o q u e los m ateriales para escribir u n a historia d e la colonia estaban
m ás o m enos clasificados a diferencia de los referidos a los sucesos m ás recientes. A dem ás notó
sustanciales d e ese p asa d o 266. C on lo cual, cabría conjeturar q u e su obra fue consecuencia de
en cu en tra tanto e n su biografía de Belgrano, com o tam poco lo estaba en las colecciones d e citas
d irig id a p o r M agariños C ervantes, sino en u n a obra q u e sería p u b licad a poco tiem po desp u és y
d e Luis D om ínguez267. o
exam inar con deten im ien to y sin prejuicios el m u n d o colonial. T anto es así q u e el relato incluía
p erío d o colonial ce n trad a en la región litoral y, m ás precisam ente, en Buenos Aires. De ese
m odo, y au n q u e en form a rud im en taria, D om ínguez busca articu lar u n a tram a en la q u e los
diversos fenóm enos y procesos ad q u ieren u n sentido m ay o r y a q u e se p re sen tan com o la causa,
de los pueblos de indios: cruel opresion y estorsiones de sus correjidores y curas: abusos escandalosos
introducidos entre estos habitantes por los mismos misioneros: causas de su orijen y motivos de su
continuación por el espacio de tres siglos, escritas fielmente según las instrucciones del Exmo. Señor
Marques de la Ensenada, Primer Secretario de Estado, y presentadas en infome secreto a S.M.C. el Señor
Don Femando VI por D. Jorje Juan. D. Antonio de Ulloa, sacadas a la luz para el verdadero conocimiento
del gobierno de los españoles en la América Meridional por Don David Barrí, Montevideo, segunda
edición, e n C P n 0 1697, 20/9/1851.
266 “Bibliografía. Noticias históricas por D. Ignacio Núñez” en LD n° 135, 21/10/1857.
267 J. M. Gutiérrez, Pensamientos, máximas y sentencias de escritores, oradores v hombres de estado de la
República Argentina. Bs.As., Biblioteca del Río de la Plata, 1945 [Bs.As., Biblioteca Americana, Tomo VI,
Imprenta de Mayo, 1859] y Apuntes biográficos de escritores, oradores y hombres de Estado de la República
Argentina Bs.As., Biblioteca Americana, Tomo VII, Imprenta de Mayo, 1860; Luis L. Domínguez, Historia
Argentina. Bs.As., Imprenta del Orden, 1861 [al año siguiente se publicó una edición corregida y
aumentada]. •
184
introducción del ganado y la práctica de contrabando q u e había anticipado el libre com ercio y
p red isp ondría a la lucha p o r la independencia, aparecen com o gérm enes cuyo desenvolvim iento
en co n tran d o en él figuras dignas d e encom io, y elem entos cuyo desarrollo habilitaría el paso a
a la elite local, e incluso algunas d e ellas constituían u n a suerte d e sentido com ún. Pero debió
esperarse la publicación d e este texto para que p u dieran encontrar u n a articulación m ás o m enos
sistem ática cuya estructura respondiera a alguna form a d e relato histórico. C laro que D om íngu ez
tam b ién com partía con m uchos otros autores ciertas v aloraciones negativas q u e constituían u n a
lim itación a la h o ra d e p o d e r reivindicar en form a p len a ese pasado. De tqdas ellas quisiera
d eten erm e en d o s a las q u e y a hice referencia en el p rim e r a p a rta d o del capítulo: p o r u n lado, la
docu m entación disp o n ib le y su posible uso; por el otro, los sucesos q u e p o d ían considerarse
E n lo q ue hace a las fuentes y su utilización, el autor exam ina en la introducción aquellas en las
q u e abrevó p a ra co n stru ir su crónica, p lan tean d o explícitam ente q u e no consideraba fiables las
seg u ir a Félix d e A zara e n la m ed id a d e lo posible (p. IX). Esta elección resulta significativa no
sólo p or la descalificación q u e hacía d e las fuentes originales -s in considerar que A zara se había
b asa d o e n esos m ism os textos q u e D om ínguez y sus co n tem p o rán eo s estim aban poco fiables-,
sino tam b ién p o r trata rse d e u n au to r em blem ático en lo q u e hacía a la d esidia d e la M onarq u ía
frente a sus dom inios am ericanos. R ecordem os q u e su o b ra h abía sido pu b licad a en francés an te
funcionario q u e había en v iad o al Plata. La edición e n castellano debería esperar varias d écad as
h asta publicarse p o r p rim e ra v ez e n la Biblioteca del Comercio del Plata que se valió d e u n a
En cu anto a los co n ten id o s d e la Historia Argentina, y com o e n tantas otras cosas, D om ínguez se
m u estra trib u tario d e su m entor, Florencio Varela: tan to e n la introducción com o al co m en zar el
relato del perío d o virrein al hace n o tar q u e lo m ás im p o rtan te q u e había ocurrido en la época
185
colonial era la d isp u ta p o r los lím ites entre las C oronas esp añ o la y p o rtu g u esa (pp. X y 110).
C on lo cual se entien d e p o r q u é las fuentes que m ás aprecia son las referidas a esa tem ática y
p or q u é gran p arte d e su n arración se detiene en esas cuestiones com o solía suceder tam bién en
los estu dios histórico-geográficos. A hora bien, esta predilección no parece d ar aliento a la
m ejor de los casos, alen tar la suposición d e que esa historia había d elim itado u n territorio que
prefig u raba el d e la fu tu ra república, au n q u e esto ú ltim o tam poco es afirm ado d e m odo
ro tundo.
considera que, m ás allá d e su p ro clam ad a necesidad d e volver a exam inar esos siglos, su
caracterización d e E spaña, d e la n atu ra leza del vínculo colonial y d e sus consecuencias p ara
A m érica, no parecía a p a rtarse dem asiad o del canon d o m in an te. Al exam inar p o r ejem plo los
p rim eros gobiernos en tre 1620 y 1680 señala que la colonia n o p o d ía p ro sp e rar d a d a la
y progreso. Esta falta d e p ro sp e rid a d le perm itía explicar la ra z ó n p o r la cual era m uy poco lo
d ig n o de ser reco rd ad o d e esos prim eros años de p resencia española. En cuanto a la acción
riq u ezas locales, p o r lo q u e enviaba funcionarios cuyo único p ro p ó sito era enriquecerse
ráp id am en te. R azón p o r la cual difícilm ente h u b ieran p o d id o dejar hu ella u obra valiosa capaz
La lista podría prolongarse, pero lo q u e m e interesa rem arcar es que m ás allá d e sus intenciones,
los juicios y las representaciones del pasado colonial presentes e n el texto de D om ínguez seguían
constreñidas p o r las convenciones narrativas e ideológicas dom inantes. Es por eso que si bien
constituye u n aporte al conocim iento del pasado hispánico y colonial que adem ás aparece
reconocido com o algo propio, no logra u n a verdadera y sentida reivindicación del m ism o, e
incluso por m om entos resulta dudoso q u e la intente. Entre otras razones, esta lim itación está d a d a
p or el hecho que ese pasado sigue siendo valorado desde el proceso revolucionario que se
pretendía su negación radical. Para lograr su plena reivindicación sin desconocer la tradición
liberal y republicana q u e inform aba la cultura política post-revolucionaria, es decir, aceptando sus
esperar q u e p u d iera ser integrado en u n a m ism a línea d e desarrollo histórico capaz de unirlo con
lo sucedido en la Revolución. Esto recién sería logrado plenam ente por M itre al publicar la tercera
pronunciaban por reivindicar el origen hispano, resultaron infructuosos los intentos por construir
representaciones positivas del pasado colonial y, m ás aún, por elaborar relatos históricos capaces
españoles hasta el presente. C laro que, com o p o d rá apreciarse en la sección siguiente, esto tam bién
TERCERA PARTE
\
268 E. Echeverría, “El 25 de Mayo” en Cantos a Mayo, leídos en la sesión del Instituto Histérico-
Geográfico Nacional el 25 de Mayo de 1844, Montevideo, Luis A. Retta Libros editor. 1990-, p. 10.
[Montevideo, Imprenta del Nacional. 1845 (poesía escrita en Colonia, mayo de 1841)]; Tomás de Iriarte a
J. M. Gutiérrez, Bs.As., 20/5/1860 en AE, t. VI, p. 93 (la frase está destacada en el original).
E n la sección anterior p u d im o s n o tar que las representaciones y las valoraciones que hacían del
p asa d o y del presente las elites rioplatenses no p u e d e n ser en ten d id a s desgajadas d e las
cual se exam inaba la experiencia histórica local. Esta entronización era consecuencia del
p a ra los pueblos rioplatenses. Sin em bargo, ese mito p resen tab a algunos problem as p a ra q u e
p u d ie ra ser fácilm ente estilizado bajo la form a de u n relato histórico y, m ás aún, p ara que esta
del cual costaba tom ar distancia. P ero sobre todo p o rq u e lo q u e p o d rían considerarse sus
económ icos que desató, no sólo se hicieron sentir con fu erza m u y ráp id am en te sino q u e con el
correr d e los años se fu e ro n p ro fu n d izan d o . Y si bien solía culpabilizarse de esos m ales al atraso
leg ad o p o r siglos d e dom inio colonial, no e ra n pocos qu ien es creían q u e la R evolución tam b ién
h ab ía hecho u n ap o rte decisivo en ese sen tid o al p o n er en crisis el antiguo o rd e n sin hab er
lo g rad o acertar en la erección d e u n o nuevo capaz d e reem plazarlo. En sum a, no sólo era
accederse plen am en te a los bienes m ateriales y m orales q u e h ab ía p ro m etid o y cuáles eran los
p arte del siglo XIX, quienes p o r eso m ism o v olvían u n a y o tra v ez sobre la R evolución p ara
interrogarse p o r su natu raleza, sus causas, su sen tid o y, sobre todo, su incidencia en el ru m b o
q u e h ab ían to m ad o los acontecim ientos q u e le sucedieron. P ero hay algo m ás q u e suele ser
afirm arse que la R evolución h ab ía concluido. Es p o r eso q u e to d av ía a m ed iad o s del siglo XIX, y
a pesar d e que eran cada v ez m ás quienes p ro clam ab an com o A lberdi la necesidad d e dejar la
d el to d o com o tal en tan to seguía fo rm an d o p a rte d el p resen te269. D icho d e otro m odo: no era
269 Esta cuestión la traté en mi trabajo “¿Pasado o presente? La Revolución de Mayo en el debate político
rioplatense’' en F. Herrero (comp.) Revolución. Política, sociedad e ideas en la década de 1810 Unía,
2004 (en prensa). -
189
tan to u n pasad o glorioso q u e se quería rem em orar, sino m ás bien el inicio d e u n proceso
inacabado cuyo curso debía ser desen trañ ad o y en d erezad o si se quería arribar a b u en puerto .
co n dicionadas p o r los conflictos que an im aro n la vida pública rioplatense que las referid as al
p asa d o colonial y al m u n d o indígena. C on lo cual su exam en perm ite apreciar m ejor alg u n as
id eas y valoraciones co m p artid as por los diversos sectores, p ero tam bién sus diferencias
T eniendo en cuenta las consideraciones antedichas, en la p resen te sección se exam inan en form a
m o m en to m ism o d e la R evolución y tiene u n p rim er cierre con las intervenciones d e M itre entre
resp etar en la m ed id a d e lo posible u n o rdenam iento cronológico que perm ita ap ro x im arse a
E n el capítulo octavo se exam inan las p rim eras im ágenes p re sta n d o especial atención a aquellas
cuestiones que m an ten d ría n vigencia d u ra n te v arias décadas, p articularm ente al m arco
in terp retativ o y a la incidencia d e los conflictos que a tra v esab a n la v id a pública del período. El
no veno retom a el exam en del discurso rosista realizado en la sección anterior y lo confronta con
el d e sus opositores. El décim o está d edicado a las innovaciones in tro d u cid as p o r la G eneración
d e 1837, pero tam b ién a las dificultades y lim itaciones q u e ten ían p ara p o d er d arle form a a u n
d écad a d e 1850 el conflicto entre Buenos A ires y las pro v in cias a g ru p a d a s en u n E stado federal.
El d u o d écim o y últim o, exam ina la intervención d e M itre q u e elaboró u n a n arra tiv a cuyo
Capítulo VIII
"Todavía arden estas pasiones": los primeros relatos
y representaciones sobre la Revolución
Nada liay que enorgullezca tanto a los pueblos, como las páginas militares
de su historia; porque desde la más alta hasta la más humilde clase de la
sociedad, sabe bien cada una que tiene derecho de decir: a m í también se
deben esas páginas. Esa historia de combates y glorias, la saben todos, los
unos por el libro, los otros por el romance, los otros por la tradición; pasa
de niño a niño, de hombre a hombre, de clase a clase, y viene a ser una
especie de monumento en la memoria de todos
M anuel H errera y Obes, 1847
m ed id a d ad o el éxito que obtuvo, atacarla-. Esto se p u ed e com probar fácilm ente al exam inar lo
acontecido con géneros tan diversos com o artículos periodísticos, cartas, diarios personales,
libelos, inform es, docum entos oficiales, folletos, proclam as, poesías, canciones, catecism os. M ás
afectó todas las m o d alid ad es expresivas d e la sociedad rioplatense, incluso las sim bólicas y
C uriosam ente, este vasto m ovim iento no incluyó la publicación d e relatos capaces de inscribir
los sucesos revolucionarios en u n proceso histórico que los explique y fun d am en te. El inten to
1812 B ernardino R ivadavia, entonces secretario del T riunvirato, le encargó al dom inico Julián
P erd riel u n a "H istoria Filosófica d e nu estra feliz R evolución" d e stin ad a a fustigar el o rd e n
colonial y a rem em orar y legitim ar el m ovim iento revolucionario. P erdriel no logró cu m p lir con
su com etido que le fue traslad a d o dos años m ás tard e al D eán G regorio Funes, q u ien desd e
hacía rato venía co m pilando m ateriales sobre el período colonial q u e u tilizaría e n su h isto ria d e
la reg ió n rioplatense. Ésta com enzó a publicarse en 1816, finalizando al año siguiente con u n
Bosquejo d e la R evolución q u e se constituyó así en el p rim er relato público sobre la m ism a271.
E n relación a esta prim acía debe tenerse p resen te que m e estoy refirien d o a relatos q u e ten g an
p rensa. P odría arg u m en tarse q u e el prim er relato que cu m p le con esas condiciones se en c u en tra
A hora bien, la p arte referida a los sucesos revolucionarios e n el P lata no sólo es h arto escueta,
sino que tam bién está excesivam ente condicionada p o r la necesidad d e neg ar q u e lo acontecido
271 Gregorio Funes Ensayo de la Historia Civil de Buenos Aires. Tucumán y Paraguay,, Bs.As., 2da. ed.,
Imprenta bonaerense, 1856 [Ira. ed., Bs.As., t. I, Imprenta de J. M. Gandarillas y socios, 1816, t. II y III,
Imprenta de Benavente, 1817]. Las citas utilizadas corresponden a Bosquejo de nuestra revolución desde
el 25 de Mavo de 1810 hasta la apertura del Congreso Nacional, el 25 de Marzo de 1816. Córdoba,
Universidad Nacional de Córdoba, 1961. •
192
reconocer q u e al escribirse la biografía en 1812 los hechos eran tan recientes "y tán poco
d eterm in ad o s en sus inm ensos resultados, que era en cierto m odo im posible el h ablar d e ellos
con confianza, y abrazar todos los detalles, anécdotas, y observaciones q u e las debiero n
explicar"273. El relato de Funes en cam bio fue escrito d esd e u n a n u ev a posición p ro d u cto d e la
P o r cierto que esto le facilitó las cosas, a u n q u e no era u n a condición suficiente p a ra p o d er tom ar
distancia d e los hechos. Esto fue no tad o p o r el propio Funes qu ien abre su Bosquejo con u n a
p asiones a ú n vivas. D esde luego q u e éstas no p u e d e n atrib u irse sólo a caprichos o posiciones
veces se po ten ciaro n p o r enconos personales. Pero hay algo m ás q u e F unes n o señala, a u n q u e se
hace ev idente en su p ro p io relato y era tam b ién sabido p o r sus lectores: su activa participació n
en esos acontecim ientos d e los cuales no p o d ía ser co n sid erad o sim p le testigo. De ese m odo , y
m ás allá d e la cercanía con los hechos u otros condicionam ientos p ro p io s d e las convenciones
n arrativ as e historiográficas a las q u e adscribía el D eán Funes, esa afección personal perm ite
atención sobre estos condicionam ientos algo obvios, es p o rq u e no sólo afectaron su relato sino
d el siglo XIX, y a q u e éstas cobrarían form a en escritos d e p ro tag o n istas d e la m ism a o d e sus
272 Manuel Moreno, Vida y memorias de Mariano Moreno. Bs.As., Eudeba, 1968, p. 99 y ss. [Londres,
Im prenta! M. Creey, 1812].
273 “Prefacio” a Colección de Arengas en el Foro, y escritos del Dr. Mariano Moreno. Abogado de Buenos
Ayres v Secretario del Primer Gobierno en la Revolución de aquel estado, tomo I (único). Londres, Jaime
Pickbum impresor, 1836, p. X. •
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históricas. C abe n otar en es sen tid o q u e el Bosquejo d e Funes p u e d e ser co n sid erad o com o el
cronológica, sino m ás bien p o rq u e logró sistem atizar y hacer públicas alg u n as representacio n es
e ideas sobre la m ism a que, al ser co m p artid as por otros testigos y p ro tag o n istas o al en co n trar
ellos allí u n a explicación o u n a descripción d e lo que hab ían vivido, p e rd u ra ría n d u ra n te m ucho
tiem po. Lo notable es q u e esto sucedió incluso con algunos d e los n u m ero so s au to res q u e se
si se los enm arca en la crisis q u e a ú n sacudía la M onarquía española. S egún Funes, esa crisis
in flam ados por la idea d e libertad, arriesg aro n v ida y fo rtu n a p a ra crear u n gobierno propio.
las valoraciones y los encom ios personales d e los revolucionarios, el relato deja en claro q u e
éstos n o p u e d e n considerarse p rom otores d e los acontecim ientos. D e hecho Funes afirm a q u e
in d ep en d en cia q u e h u b iera pro v o cad o u n a reacción negativa e n la sociedad. A dem ás, esta
sensatez se h abría visto ex p resad a e n el carácter incruento d e la R evolución (p. 9/10). P or cierto
q u e esto últim o resu lta difícil d e sostener a m enos q u e se sep are la creación d e la Ju n ta el 25 de
M ayo d e los acontecim ientos posteriores; operación que, com o verem os a lo largo d e esta
sección, sería utilizada en form a recurrente d e ahí en m ás.
" Francisco Saguí por ejemplo, escribió una memoria en la década de 1840 alegando la ausencia de
textos imparciales y completos sobre los acontecimientos producidos tras las invasiones inglesas.
Recuerda que la lectura que hizo de la obra de Funes en 1817 lo había disgustado a pesar de su celebridad
como literato ya que resultaban obvias las omisiones y la parcialidad del autor, y que lo mismo le había
sucedido con la biografía de Moreno escrita por su hermano. Sin embargo, las representaciones de la
Revolución presentes en el relato de Seguí no difieren demasiado de las que recorren el de Funes. Más
aún, y a pesar de haberlo escrito un cuarto de siglo más tarde, asume sufrir los mismos
condicionamientos. “Los últimos cuatro años de la dominación española en el antiguo Virreinato del Río
de la Plata. Desde el 26 de junio de 1806 hasta el 25 de mayo de 1810/’ en BM, t. I, pp. 27 a 29 [Bs.As.,
Imprenta Americana, 1874], . .
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Si bien algo escueta, la descripción que hace Funes d e la crisis im perial le perm ite a cualquier
d u d a alguna, lo reafirm a explícitam ente al asegurar que la R evolución había sido "p ro d u c id a
p o r el m ism o curso de los sucesos" (p. 10). Logró así sintetizar u n a in terp retació n d e la
R evolución en clave providencial q u e ten d ría u n a larga perduración, a u n q u e con el co rrer del
tiem p o iría asu m ien d o cad a v ez m ás su carácter profano en tanto m anifestación d e leyes
históricas o naturales. Esto perm ite en te n d e r u n recurso em p lead o p o r F unes y q u e tam b ién
ten d ría larga vida: cifrar el proceso revolucionario en im ágenes o m etáforas q u e re m iten a
d e 1810 cu an d o "revienta p o r fin el volcán cuyo ru id o habia resonado so rd am en te" (p. 9/1 0 ); o
lu ch ar "contra u n a tem p estad in a u d ita y en m ares desconocidos" (p. 14). En efecto, éstas u otras
im ágenes sim ilares q u e rem iten a fenóm enos natu rales q u e no p u e d e n ser p revistos ni afectados
recu rren tem en te invocadas p ara explicar o p a ra describir los sucesos revolucionarios. Es posible
sen tid o preciso q u e era caracterizar la R evolución com o p arte d e u n proceso cuya leg alid ad
excedía las decisiones y hasta la p ro p ia conciencia d e sus actores. U n proceso q u e en este caso
A u n q u e no siem pre se lo p lan tea ra d e m o d o tan preciso esto llevaba a co n sid erar la R evolución
leyes divinas, d e la libertad, d e la justicia o del p ro g reso -, m ientras q u e los revolucionarios sólo
m ad u ra ció n d e agentes, intereses o id eas q u e h u b iera n en tra d o e n contradicción con ese orden.
Y si bien en am bos casos el curso revolucionario busca ser descrito re cu rrie n d o a analogías con
finalizar esta sección, sería M itre qu ien lograría d a r form a en un relato histórico a la postulación
"H abía llegado en efecto el m om ento d e deponer a las autoridades españolas, cuya caída
estaba hacía largo tiem po decretada en las juntas secretas d e los patriotas. Varias causas
habían retardado hasta entonces este m ovim iento m aduram ente preparado, que m uchos h an
considerado com o una aventura sin p lan y sin vistas ulteriores, im provisada en vista del
estado de la España. Los sucesos que hem os narrado y los trabajos perseverantes de los
patriotas en el sentido de la independencia y de la libertad, prueban que era u n hecho q u e se
venía preparando fatalm ente, com o la m area que sube im pulsada por u n a fuerza invisible y
misteriosa, obedeciendo a las eternas leyes d e la atracción"275.
A firm ación que, com o explícitam ente asu m e M itre, buscar ro m p er con la in terp retació n
C abe n o tar p o r últim o q u e entre las ideas, representaciones y valoraciones presentes en el texto
v alo rar la R evolución y, m ás precisam ente, sus consecuencias. Es q u e si bien existía consenso en
señ alar q u e ésta había in au g u ra d o u n a era n u ev a era, pronto se hizo evidente q u e tam bién
rem ed iar. E n g eneral se argüía q u e la lib ertad co n q u istad a d esp u és d e tres siglos d e o p resió n no
políticos. P ero esto no era sólo u n p roblem a q u e afectaba las relaciones en tre d istin to s sectores
sociales sino tam bién, y p ara m uchos en p rim er lugar, a la d e la propia dirigencia. Es ese
sen tid o Funes n ota que
P ara Funes los m ales d esen cad en ad o s p o r la R evolución, m ales q u e ap en as se atrevía a n o m b rar
las disensiones civiles en la a n tig ü ed a d clásica, eran las luchas facciosas in stalad as en el
social y político no sólo se p ro fu n d iz aro n sino que tam bién se su m aro n nuevos focos de
rep lan tearse cuáles era n sus causas, p u es era evidente q u e no p o d ían ser sólo expresión d e
teorías sociales y m odelos n arrativ o s fue m odificando la percepción d e esos conflictos q u e h asta
entonces solían ser con sid erad o s e n form a atem poral com o la actualización d e u n p asa d o q u e
serv ía com o m odelo p ara e n te n d e r su presente. Por el contrario, com enzaron a ser trata d o s cada
p o r publicistas y políticos d e to d as las provincias, fue el d eb ate q u e se dio en tre m ayo y junio d e
La discusión fue m o tiv a d a p o r u n proyecto q u e envió el Ejecutivo p ara crear u n a fuente que, a
m o d o d e m o n um ento, tu v iera inscriptos los nom bres d e los autores d e la R evolución a quienes
G obierno Julián A güero, p ro p o n ía crear dos com isiones in teg rad as por rep resen tan tes d e to d as
las provincias: la p rim era debía establecer los criterios de selección y la otra los utilizaría p ara
d eterm in a r la autoría. P ero la com isión d e legislación, a través d e Ju an José Paso, planteó q u e el
p royecto no debía tratarse p o r in o p o rtu n o . De ese m odo, y contra lo esp e rad o p o r sus
fo n d o s y, por cierto, sobre las dificultades q u e en trañ ab a establecer la autoría. Finalm ente, el
197
proyecto se aceptó pero se resolvió que la fuente no incluyera nom bres propios, con lo cual,
La discusión estuvo condicionada por las tensiones q u e recorrían la política rioplatense. Entre
ellas, el conflicto con Brasil por la B anda O riental q u e provocaría una g u erra cuyo desenlace
sería la creación de la R epública O riental del U ruguay; la n atu raleza d e la C onstitución que se
p ro cu rab a sancionar; las rivalidades entre Buenos A ires y las provincias; la existencia de
diversos lenguajes y tradiciones políticas; y, claro está, los enfrentam ientos facciosos y
En relación con esto últim o fueron varios los D ip u tad o s q u e señalaron la im posibilidad d e
establecerlos con justicia d a d a la n atu raleza del acontecim iento, a lo que añ ad ían tam bién la
cercanía con los hechos q u e dificultaba hacer u n a correcta valoración d e lo sucedido. De todos
m odos, y al igual q u e en el Bosquejo de Funes, la discusión hizo evid en te que el m ayor problem a
ideológicas así com o tam bién d e rencores difíciles d e obviar, sobre to d o si se considera que
v arios d e los D ip u tad o s hab ían tenido u n a actuación destacad a en el proceso revolucionario. Es
p o r eso q u e el D ip u tad o P ortillo insistió e n reco rd ar q u e esas h ab ían sido las razones del fracaso
C onstitución, era necesario u n clim a d e concordia q u e sólo p o d ía ser p ertu rb ad o por esa
su b sistían intereses parciales y sus au to res corrían el riesgo d e ser olvidados. A dem ás, y a
276 El proyecto fue tratado en las sesiones n° 139, 24/5/1826, n° 140, 31/5/1826, n° 144, 5/6/1826, nc 145,
6/6/1826, n° 147, 9/6/1826 y n° 148, 10/6/1826. Las referencias de las primeras dos en Diario de Sesiones
del Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata; las siguientes en E.
Ravignani (ed.) Asambleas Constituyentes Argentinas 1813-1898, tomo 11, 1825-1826, Bs.As., Peuser,
1937. Para el marco político puede consultarse de M. Temavasio, “Las reformas rivadavianas en Buenos
Aires y el Congreso General Constituyente (1820-1827) en N. Goldman (dir.) Revolución. República y
Confederación (1806-1852"). tomo 3 de la Colección Nueva Historia Argentina, Editorial Sudamericana,
1999; y de T. Halperín Donghi, Argentina: de la Revolución de la Independencia a la Confederación
Rosista. Bs.As., Paidós, 1972.
277 Sesión n° 148, 10/6/1826, p. 1409.
278 Sesión n° 139, 24/5/1826, pp. 7 a 19. •
198
posiciones hom ogéneas. P ero no sólo p o r la existencia d e voces disonantes en el C ongreso, sino
tam bién p o r lo o cu rrid o con el periódico oficialista q u e al inform ar sobre su presentación tildó
d e in o p o rtu n o el proyecto, p ara dos días desp u és p ublicar u n a nota ap oyándolo y ase g u ran d o
q u e ten d ría aceptación u n iversal279. D esde luego que estos artículos no fueron los únicos
inform ó sobre la presentación del proyecto p o n ien d o sus páginas al servicio de q u ién p u d iera
realizar alg ú n aporte, haciendo n otar ad em ás que "(...) em piezan ya a sonar los C astellis,
Vieytes, Peñas, D onados, C hiclanas, Belgranos, etc., etc". Dos días después los edito res
sólo los nom bres, sino tam bién los criterios que p erm itirían determ inarlos. En tal sentid o
o p in aro n que sólo deb ían considerarse los sucesos previos al 25 de m ayo y a quiénes h ab ían
concebido el proyecto, p ro p o n ien d o algunos nom bres que cum plían esos requisitos.
Finalm ente, y al conm em orarse u n n u ev o aniversario, el diario publicó u n breve "R asgo
Estos artículos, p ero m ás a ú n las resp u estas q u e provocaron, perm iten ap reciar cuán acertados
estab an quienes creían q u e el proyecto cald earía los ánim os. En efecto, unas pocas sem anas m ás
ta rd e u n rem itid o firm ad o p o r "El co m p atrio ta ad o p tiv o " dejaba en claro sus sim patías p o r
reg irían p o r el texto d e Funes al q u e tild a d e faccioso. El rem itido provocó la ind ig n ació n d e
ah orcado p o r S aavedra tras su ap o y o a la fru stra d a aso n ad a d e Á lzaga en 1809. A sim ism o
resalta sus pro p io s m éritos d e sd e las invasiones inglesas a través d e u n a n arración en tercera
P o d ría invocar otros ejem plos, pero seg u ram en te éstos no alcanzarían para d a r cuenta d e las
a p reh en d e r p o r tratarse d e rum ores y dichos en cafés, tertulias, cuarteles u otros espacios de
d ebe olvidarse q u e lo hizo teniendo com o trasfondo ese clim a de rencillas y m urm uraciones.
En el recinto el proyecto recibió el apoyo d e u n a m ayoría m ás bien silenciosa, pues fu ero n los
D ip u tad o s que se op o n ían a su sanción quienes p lan tea ro n los argum entos m ás sólidos y
extensos. De todos m odos, com o ya noté, se llegó a u n a suerte d e transacción al aprobárselo sin
incluir los n om bres que tantos problem as provocaban. En form a esquem ática p o d ría p lantearse
q u e había dos posiciones entre los q u e ap o y a b an el proyecto: quienes co n sid erab an com o
M ansilla, Som ellera o L ozano que los au to res e ra n p o r todos conocidos y quienes estim ab an
q u e se com etiera alg ú n error. Entre los q u e lo rech azab an tam bién había dos posiciones: quienes
so sten ían com o C avia q u e un proceso tan com plejo no p o d ía tener autores reconocidos p o r lo
q u e el proyecto le parecía absurdo, y quienes p lan tea b an com o M edina que era in o p o rtu n o , p or
h aberse ex p resad o p rim ero los escritores y la prensa. Este esquem a no p erm ite apreciar los
m atices y los arg u m en to s q u e p re sen tab an las diversas posiciones, algunos d e ellos d e g ran
interés y a que sus au to res fueron m ás allá d e la discusión sobre la factibilidad y la o p o rtu n id a d
del proyecto, p ara exhibir cuáles eran las rep resen tacio n es y las valoraciones q u e hacían d e la
E n cu anto a las causas n o parecía caber m ayores d u d a s y a que había u n extendido consenso en
co n sid erar q u e los sucesos revolucionarios h ab ían sido provocados p o r u n a com binación de
azar, p ro v id en cia y, en m en o r m edida, genio y sen tid o d e la o p o rtu n id ad . Y esto era así p o rq u e
d e p o d er esp añ o l acelerado a fines del setecientos y principios del ochocientos por la presió n
q u e tu v o la elite local an te esa crisis. De ese m odo, la R evolución era atrib u id a a u n a serie d e
-81 GM n° 781. 14/6/1826; Documentos del Archivo de Pueyrredón. Museo Mitre, Bs. As., Coni 1912,
tomo 1, p. 280. .
200
sólo ap rovechados u n a v ez producidos. Esto no im plicaba en m odo alguno que se co n sid erara a
la R evolución com o u n proceso som etido a u n a deriva ciega carente d e dirección o propósitos.
P or el contrario, su sen tid o era tan claro y preciso q u e resu ltab a autoevidente: p ro m o v er el
presu n ción perm itía aten u a r el carácter fortuito q u e en apariencia tenían los sucesos
cuales se estaba d esarro llan d o u n proceso p rovidencial d e vasto alcance. Al fin y al cabo, para
tam bién p u ed e n hacerlo las leyes n aturales o históricas p ara quienes le atrib u y en otros
fu n d am en to s a su devenir.
Las intervenciones que m ay o r riqueza p re sen tan p a ra exam inar estas cuestiones son las del
D ip u tad o G orriti, p u es fue q u ien m ejor expuso cuáles h a b ía n sido las causas y el sen tid o d e la
acordaba con dejar en m anos d e u n a com isión tan im p o rta n te decisión. Es que, a su juicio, si se
estricto h ab ría q u e atribuírsela a sus enem igos. La ra zó n era que m ovim ientos d e esas
características no p o d ían ser el re su ltad o d e las acciones d e particulares, sino q u e debían ser
a c u m u lan d o d e ese m odo m aterial inflam able p asible d e estallar ante cualquier chispa282.
p o rq u e h abía m o strad o escaso interés en ellas. P ero si esto era así, la R evolución difícilm ente
p arte d e sus contem poráneos, quienes hacían h in cap ié e n la crisis d e la M onarquía q u e hab ía
A u n q u e con diversos m atices y énfasis, estas ideas co n stitu ían las bases d e u n exten d id o
im potencia". Sin em bargo, en ten d ía q u e igual debía destacarse el m érito d e quiénes d iero n el
grito de lib ertad 284. En esto se diferenciaba d e G orriti q u e hacía hincapié en la crisis de la
C orona y su adm inistración, p o r lo cual estim aba im posible hom enajear a los au to res d e la
Revolución. En ese sen tid o afirm ó que e n v e rd a d ésta h abía sido p re p a ra d a por
h ab ría héroes q u e celebrar ni n a d a d em asiado digno q u e recordar. Pero G orriti no creía que esto
d eb iera ser así, ya q u e p o stu lab a la existencia en ésta y en to d a R evolución d e dos m om entos
en tre dos m om entos, im plícita en el Bosquejo d e Funes, ten d ría u n a larga v id a en las
Su sentido sería m enos equívoco en tanto ten d ía a diferenciar la crisis m onárquica d e la lucha
d e m ayo era u n día p ara alegría y festejo, p ero no el m ás ad e cu ad o para analizar los cam bios
q u e introdujo en la política de los Estados del m u n d o an tig u o y los que p ro d u c iría com o
pro m o to ra del surgim iento d e naciones nuevas, q u e era el objetivo trascen d en te del
d e 1816, ya q u e estim aba que este acto había sido su p rim era consecuencia im p o rtan te en esa
dirección286. T reinta años m ás tarde, M itre haría u n plan teo análogo al criticar la biografía de
líneas generales se m u estra elogioso del trabajo, considera u n erro r calificar al biografiado com o
au to r d e la R evolución, así com o tam bién lo era hacerlo con M oreno. En tal sen tid o recuerd a
q u e éste no había tenido ideas claras sobre cóm o p ro ced er al llegar las noticias d e la caída de la
p atrio tas com o M artín R odríguez y Saavedra, había d iferid o d el d e Castelli. P ero p ara M itre
en u n ciar estas v erd ad es no hace m ella en sus figuras, ya que si bien resulta erró n eo
considerarlos au to res d e la R evolución, tanto M oreno com o R ivadavia h ab ían sido quien es
Sería M itre q u ien d u ra n te esos años elaboraría u n a n a rra tiv a tendiente a m o strar que la
R evolución d e M ayo había sido p ro tag o n izad a por la n ac io n a lid a d arg en tin a o p o r agentes q u e
la rep resentaban. Esto evidencia algunas d e las n o v ed a d es que su rg irían con el paso d e los
revolución d e stin a d a a d a r libertad e in d ep en d en cia a los pueblos del P lata o d e A m érica, sin
d estin ataria d e esos preciados bienes: e n to d o el debate n o hay u n a sola v o z q u e so stu v iera la
arg en tino es decir, d elim itado en térm inos políticos, geográficos y culturales d el conjunto
sólo ella- solía d estacar que la R evolución se había iniciado en Buenos A ires p a ra luego
286 El Mensagero
}g7 ,, ,
Argentino
.
n° 41, Bs.As.." 25/5/1826.
‘ “Celebridades argentinas. Biografía de Rivadavia por D. Juan María Gutiérrez”, LD n° 86, Bs.As.,
19/9/1857. ■
203
acontecim ientos locales q u e la h abrían p re p ara d o o p rom ovido, en especial el rechazo a las
invasiones inglesas y el fru strad o alzam iento d e Á lzaga en 1809 q u e había ten id o com o
consecuencia la prim acía m ilitar criolla. De ese m o d o se fom entaba la percepción d e q u e había
sid o u n m ovim iento p ro d u c id o en y por Buenos Aires que, adem ás, era co n sid erad a la principal
sosten edora d e las guerras d e independencia. D esde luego q u e tam b ién existía su c o n tra p artid a
crítica: eran m uchos los q u e estim ab an q u e la R evolución h abía sido u n m ovim iento p ro d u c id o
para Buenos A ires o, en todo caso, que ésta se había ap ro p ia d o d e sus frutos.
R evolución con Buenos Aires no p odía sino a g u d iza r las diferencias con las provincias. Es p o r
eso que varios rep resen tan tes p lan tearo n que la ap ro b ació n provocaría m alestar en el interior,
ya que era evidente q u e los nom bres a recordar co rresp o n d erían a porteños o a qu ien es hab ían
actu ado en la ciudad. Pero m ás allá d e estos resq u em o res tam bién estaba e n juego la
N u ev am ente resu lta d e interés la intervención G orriti, q u ien p uso el d ed o e n la llaga al sostener
q u e en caso de ap ro b arse el proyecto debía prem iarse a los paceños q u e se lev an ta ro n en 1809,
ya que no sólo h ab ían an teced id o al m ovim iento p o rteñ o sino q u e lo h ab ían hecho e n peores
condiciones al no ten er las espaldas re sg u ard ad a s com o las ten d ría B uenos A ires p o r la
presencia de m ilicias criollas - d e hecho h ab ían sido re p rim id o s p o r algunos cu erp o s d e esas
m ism as m ilicias en v iad a s al A lto P erú p o r el V irrey C isn ero s-. P or eso, al igual q u e el D eán
F unes que a p esa r d e ser m iem bro del C ongreso n o se p ro n u n c ió d u ra n te to d o el debate, G orriti
sostuvo que el m érito d e quiénes actu aro n en B uenos A ires se reducía a hab er conocido y
q u e todo había estado p re d isp u e sto e n su favor ya q u e "L a n atu ra leza habia fijado este o rd e n á
los sucesos", se p re g u n ta b a si p u d o hab er heroísm o en esos actos, pro v o can d o la resp u esta
M ás allá d e q u e se tra ta ra n d e legítim os resquem ores o d e chicanas ten d ien tes a d ese stim ar el
proyecto, ésta y otras intervenciones sim ilares p erm ite n visu alizar la relación entre las
com unitarias en curso289. En tal sentido se destaca u n a discu sió n p ro d u c id a entre P ed ro C avia y
V alentín G óm ez. El prim ero arg u m en tab a q u e com o el proyecto dejaba afuera a las provincias
au m en ta rían las tensiones. A dem ás, sostenía q u e quienes d iero n el p rim er grito en Buenos
A ires d ebían considerarse m ás com o pregones que com o au to res dad o que, insistía, sólo
clam orearon por " u n a revolución que estaba ya hecha y o rg a n iz ad a por la n atu ra leza m ism a de
las cosas". G óm ez estim aba q u e estos resquem ores eran in fundados: h asta entonces n in g u n a
q u e p u e d a contradecir el h o n o r y la gloria d e Buenos A ires". Esto fue rebatido por C avia que
rep resentaba a C orrientes p ero se proclam aba orgulloso de ser porteño, a u n q u e "p ro p iam en te
P recisam ente, entre los objetivos del C ongreso estaba el de d ilu cid ar q u é eran las P rovincias del
fru stró p o r la oposición p rovocada p o r la C onstitución u n itaria d e 1826 y las políticas del
Ejecutivo q u e m o tiv aro n la disolución d e las au to rid a d es nacionales y la reafirm ación d e las
soberanías provinciales. De ese m odo, tanto esta ley com o otras q u e habían sido ap ro b ad as p or
en objeto de b u rla o d e desprecio p ara los jóvenes rom ánticos y p ara los publicistas del
veces se lo hiciera explícito. A dem ás, la discusión hizo q u e co b rara n form a y circu laran alg u n as
Estas cuestiones y a h a n sid o trata d as y seg u irán siéndolo a lo largo d e la p re sen te sección; p o r
apreciarse con n itid e z en la distinción q u e hace G orriti en tre dos m om entos: la presunción , d e
con m ayor precisión. El tratam ien to del proyecto p u so entonces en u n p rim er plan o u n
consenso n eg ativ o q u e h asta entonces no h ab ía ten id o p o sib ilid ad d e ser p lan tea d o co n tan ta
clarid ad y con ese nivel d e exposición pública. Por cierto q u e esto fue consecuencia del afán del
gobierno p o r prem iar a los au to res de la Revolución, abriendo así u n debate sobre el significado
d e esa autoría en el que no po d ían obviarse los sucesos com o había ocurrido h asta entonces.
C o n tradiciendo los deseos d e sus im pulsores, esto hizo que afloraran diferencias insalvables
q u e hacían im posible alcanzar u n acuerdo sobre cuáles hab ían sido estos hechos, qu ién es sus
p ro tag o nistas y, en p rim er lugar, los criterios p ara p o d er d eterm inarlos. Es por eso q u e lo q u e el
gobierno d e R ivadavia h abía im aginado com o u n hom enaje a los héroes revolucionarios deriv ó
los térm inos p lanteados originalm ente que exigían u n consenso difícil de alcanzar incluso en
circunstancias m ás apacibles.
Este d ebate perm ite in d ag ar tam bién en un fenóm eno singular: la escasez d e relatos sobre el
proceso revolucionario capaces d e d otar de sentido a los hechos a través d e u n a n arració n d e los
Ju an B. A lberdi en 1839, u n relato de estas características d ebía tener u n carácter épico difícil d e
R evolución sino tam bién sobre su finalización, m om ento en el q u e ésta p o d ría alcanzar su m ás
Independencia, pero tam bién en q u e estos logros sólo p o d ría n verificarse c u a n d o se co n stitu y era
log rar articular u n relato del proceso revolucionario deriv ab a entonces de la ausencia d e u n
cierre inequívoco q u e le p erm itiera d o tar d e sentido a los sucesos y figuras q u e h ab ían to m ad o
p arte del m ism o. En sum a, las m ism as lim itaciones q u e afectaban la concreción d e u n a h isto ria
sobre el proceso revolucionario com o las q u e ya se exam inó, así com o tam bién se hacían
u n lado, interpretaciones y arg u m en to s por el o tro - solían correr por sep a rad o sin q u e p u d ie ra n
estru ctu rarse del todo en u n a m ism a tram a. En el siguiente a p a rta d o se trata rá con m ayor
d etalle esta cuestión, ya q u e está d ed icad o a exam inar los relatos biográficos y testim oniales es
decir, los textos cuya p ro p ia n atu ra leza exige hacer hincapié en los sucesos y sus protagonistas.
U n a m em o ria co n flictiv a
Si bien es cierto q u e tanto el Bosquejo d e Funes com o el d eb ate en el C ongreso C o n stitu y en te son
p revios al período recortado en esta investigación, su exam en p erm itió apreciar alg u n as
las décadas siguientes. Esto p u e d e verificarse en el corpus com puesto p o r m em orias, biografías,
co n sid erara com o interpretaciones, com o descripciones, com o testim onios o, com o solía
suceder, sin que se estim ara necesario realizar estas distinciones. En efecto, estas obras tie n d e n a
coincidir con las interpretaciones d e la R evolución p lan tea d as en el debate d e 1826 y en el texto
vacío d e p o d e r q u e debió ser llen ad o p o r la elite criolla. E sta in terp retació n p re sid e p o r ejem plo
C laro q u e esta in terp retació n q u e hacía d e la crisis m o n árq u ic a y d e la presión d e las potencias
eu ro p eas las causas d e la R evolución, tenía u n fin polém ico y a q u e a p u n tab a a d esv alo rizar lo
207
q u e en ten d ía planteaban sus enem igos q u e se atribuían hab er sido sus autores. P or eso afirm ab a
q u e a esos sucesos
Esta ú ltim a apreciación no debe sin em bargo engañar, ya q u e cuesta en co n trar textos e n los q u e
se asu m a con tan ta claridad y desen fad o que la R evolución había sido consecuencia del
accionar esclarecido de algún sector de la elite. Entre esas excepciones se en cu en tra el Prefacio
"P ara despreciar y aborrecer el yugo español en A m érica, n o se necesitaba sino nacer, ver,
y sentir, Así se en g añ an d em asiad o aquellos q u e h án q u erid o atrib u ir el deseo d e
in d ep en d en cia á sola la o p o rtu n id a d d e la invasión d e E spaña p o r las arm as d e
N ap o leó n "293
P ero fu ero n contados los textos q u e incluyeron apreciaciones p o r el estilo y, m enos aún, los q u e
ap arte d e po stu larlo p u d ie ra n d em o strarlo a través d e u n relato d e los hechos. Es por eso q u e en
m o vim iento revolucionario: lo q u e estaba en juego era saber si h ab ía ten id o o no particip ació n
en los p rep arativ o s tendientes al cam bio d e gobierno cu an d o com enzó a hacerse ev id en te el
estad o term inal del p o d er central m etropolitano y su ad m in istració n colonial. Del m ism o m o d o ,
favor d e las au to rid a d es españolas y q u e recién se sum ó c u a n d o la caída del V irrey era u n
P or cierto que éstas eran precisiones q u e afectaban el h o n o r d e las personas, p ero no im plicab an
la existencia d e apreciaciones div erg en tes sobre las causas d e la R evolución, la existencia d e u n
sujeto revolucionario y el papel q u e éste h abría tenido. T anto es así q u e testigos o actores d e
292 Comelio Saavedra, “Memoria Autógrafa”, en Memorias v autobiografías, Bs. As., tomo 1, Museo
Histórico Nacional, 1910, nota 1, pp. 54/6 [Bs. As, GM, 20/3 a 28/4/1830],
29j “Prefacio” a Colección de Arengas... . op.cit., p. XL. •
208
esos acontecim ientos, algunos d e ellos opositores a S aav ed ra y p o r lo tan to d estinatarios d e sus
caso d e Ignacio N úñez, quien se hace eco d e la tradición del g ru p o m orenista achacándole a
S aavedra hab er tenido escaso interés en participar del m ovim iento, ya que sólo lo h abría hecho
factor d esen cad en an te de la R evolución h abía sido la crisis atra v esad a p o r España, co ncluyen d o
entonces q u e sin q u erer desm erecer el papel de quienes h ab ían encabezado el m ovim iento,
"p u e d e asegurarse q u e esta g ran d e obra fue poco m enos que im p ro v isad a", circunstancia q u e le
perm ite explicar la ausencia d e com binaciones internas y d e relaciones con poderes extranjeros
q u e la h u b iera n a m p a ra d o 294.
A preciaciones sim ilares se en cu en tran tam bién en otro tipo d e obras, pero no sólo p o rq u e los
C ónsul inglés estim aba q u e la R evolución h abía sido consecuencia d e la crisis m onárquica. Pero
gozaba d e tran q u ilid ad , estad o q u e no hacía sino co m p ro b ar la aciaga influencia del sistem a
p o d e r se en contraba débil. En tal sentido se perm ite p lan tea r q u e los su d am erican o s fuero n
en la crisis m o n árq u ica q u e dejó a las colonias libradas a su suerte. Lo notable es q u e Justo
M aeso, su pun tillo so tra d u c to r y corrector, sólo se lim itó a e n m e n d a r algunos erro res en el
relato d e los hechos d ejan d o intactas esas aseveraciones. Incluso cu an d o P arish señala q u e si
providencial, algunos relatos d ejan en trev er que las cosas p o d ría n hab er su ced id o d e o tra
m anera. Y p ara ello n o hacía falta rem itirse al desconocim iento q u e hicieron las a u to rid a d e s
esp añ o las d e las ju n tas su rg id as en tre 1810 y 1811 p ro v o c an d o la guerra, sino tam b ién a hechos
294 1. Núñez, Noticias Históricas de la República Argentina, tomo 1, Bs. As. Jackson, 1944. p. 248.
295 BA cap. VI. -
209
en u n ciad a en form a explícita esta afirm ación introduce una p re g u n ta significativa: ¿qué h abría
ocu rrid o con la R evolución en caso d e no hab er sido u n cobarde el V irrey? Sin em bargo, éste u
otros in terrogantes sim ilares q u e p u e d e n d esp ren d erse d e lo q u e los p ro p io s textos p lan tean ,
com o es el caso de aquellos que llam aban la atención sobre el hecho q u e la R evolución h abría
fracasado d e no haberse triu n fad o en batallas com o las de Salta o T ucum án, n o solían ser
form ulados. La razón q uizás resida en el carácter inquietante q u e p o d ría n tener sus respuestas.
D e todos m odos, com o la R evolución era in terp retad a en clave providencial no h u b iera
re su ltad o difícil d a r con u n a solución satisfactoria, y así se lo h izo en varias ocasiones. Este es el
cap acid ad a la altura d e tan difíciles sucesos, p ero aunque la h u b iera tenido
"n o habría podido hacer m ás que prolongar la crisis, pues no estaba ya en la m ano del
hom bre detener el curso d e los acontecim ientos, que se precipitaban con el invencible p o d er
d e u n torrente que baja d e la m ontaña"297.
C on esto hacía referencia a la m aduración de u n poder local con capacidad para poner fin al
dom inio colonial, apartándose d e ese m odo de lo sostenido por g ra n p arte d e los testigos y
D esde luego que p a ra quienes h a b ía n viv id o el proceso esto resu ltab a a ú n m ás evidente, con lo
cual se en tien d e la insistencia en d estacar el rol activo q u e h ab ían ten id o los p ro tag o n istas d e los
relatos biográficos y testim oniales. Este énfasis e n las acciones y decisiones q u e llevaba a colocar
en u n p rim er p lano el p ap e l d e las personas, p lan tea algunas tensiones con las representacion es
296 Tomás Guido, “Reseña histórica de los sucesos de Mayo”, en El Plata Científico y Literario, Buenos
Aires, Imprenta de Mayo, 1855, tomo VI, p. 155.
297 BB, p. 91. -
210
ten ían influjo d ecidido en ellos, confiados en n u estras pocas fuerzas y su bien acred itad o
v alor y e n q u e la m ism a justicia de la causa d e la libertad am ericana, le acarrearía en to d as
p artes prosélitos y d efensores"298
Este encendido alegato q u e destaca el valor, la decisión y el riesgo que corrieron quién es
encab ezaron el m ovim iento revolucionario, es seguido poco después por la apreciación ya
referid a seg ú n la cual la R evolución sólo p u d o p roducirse p o r la crisis de la C orona. Es por eso
q u e en éste y en otros textos biográficos y testim oniales la p u esta en un p rim er plano d e las
acciones d e los sujetos n o alcanza a afectar del todo a la interpretación sobre las causas d e la
R evolución, y a q u e en general son p re sen tad as com o resp u estas que se fueron d a n d o ante la
crisis m onárquica.
d e la p erso n alid ad en cuestión, p ero tam b ién d e sus dato s biográficos que no siem pre p u e d e n
so p o rtar ese nivel d e participación. E n form a esquem ática p o d ría plantearse que estaban
el proceso. Y relacionado con esto estab a n quienes se en co n trab an en Buenos A ires y quienes
estab an e n el interior; quienes iniciaron su carrera con las invasiones inglesas y qu ien es lo
q uienes sólo p u d iero n ser testigos o actores secundarios. Estas opciones cobraron fo rm a
tam b ién e n diversas estrategias n arrativ as y argum entativas: m ientras que S aavedra, Balcarce o
M artín R odríguez hicieron u n relato p o rm en o riz ad o d e sus acciones, otros se conform aban con
breves m enciones com o el C oronel M elián qu ien reco rd ab a sus ascensos tras las invasiones
Ejem plos com o éste p o d rían m ultiplicarse con facilidad, lo cual no debe ocultar la existencia de
estas excepciones es sin d u d a la d e G ervasio P osadas, qu ien tras su paso com o D irector
v erd ad ero paria. Esto perm itiría explicar por q u é su m em oria se caracteriza por p ro m o v er una
prédica inversa a la d e sus contem poráneos q u e hace evidente d e e n tra d a ya que el texto
com ienza haciendo referencia a la R evolución de este m odo: "N o tu v e d e ella la m en o r idea ni
noticia p re v ia "301. De ahí en m ás busca m ostrarse ajeno a los hechos: había sido in v ita d o a
p articip ar del C abildo abierto del 22 d e m ayo, pero no concurrió p u es estaba ocu p ad o e n lab rar
las actas del concurso p a ra ocupar u n a silla m agistral en la C atedral com o N otario M ayor del
y d e la cual se m ostró retrospectivam ente profètico. Esta m em oria ilustra todos los m ales
p ero tam b ién se m u estra perplejo p o r su nom b ram ien to com o D irector Suprem o. Lo notable es
m o m en to p ro n u n ciarse a favor d e u n reto rn o al A ntiguo R égim en. En ese sen tid o perm ite
ap reciar algunos lím ites q u e resu ltab a n infranqueables: la R evolución era u n acontecim iento
arrastra d o s a posiciones m arginales com o S aavedra. Más allá de las m enciones explícitas en ese
300 Ignacio Alvarez Thomas “Memorandum para mi familia”, en Selección de documentos del Museo
Histórico Nacional, tomo I, Guerras de la Independencia, Bs.As., 1952. p. 223 [Escrito en Colonia, 1839
1841],
301 “Autobiografía” Gervasio Antonio Posadas en BM. t. II, p. 1409 [Bs.As., 19/6/1829].
212
com p ro m etieron con ella. Esto resulta a ú n m ás notorio en los textos d e quienes por su e d a d o
v ital con la de la naciente patria, sobre to d o en el caso d e aquellos que hab ían to m ad o la carrera
d e las arm as com o el general José M. Paz. Inicio que en algunos casos adem ás, había im plicado
tam bién u n a ru p tu ra que po d ía abarcar aspectos personales, com o le sucedió a A lvarez T hom as
P or cierto que esta últim a no es la única fuente de conflictos q u e aparece destacad a en estas
reivindicación d e la R evolución era uno d e los escasos p u n to s de acuerdo entre las elites
cada vez m ayor la desazó n frente a las dificultades existentes a la h o ra d e lograr co n stru ir u n
precisam ente, a sus efectos indeseados. Lo cual nos rem ite a los conflictos q u e sí aparecen en
p rim er plano en las obras que integran este corpus, es decir, los enconos personales, las luch as
R ivalidades que no sólo afectaban la escritura d e estas obras sino tam b ién su recepción, ya que
p o r la preten sió n d e posicionar a sus p ro tag o n istas com o activos partícipes d e la m ism a, p ero
tam bién p o r las ab u n d a n te s referencias a los conflictos in tern o s desatad o s y a e n m ayo d e 1810.
A m bos fenóm enos fueron no tad o s por A lb erd i con su h ab itu al lucidez:
"(...) la R evolución d e M ayo, com o todos los hechos d el dom in io d e la historia, h a sid o y
será u n p u n to d e co n tin u a controversia. D ividida, al nacer, e n dos p artid o s rivales, com o
la revolución francesa, to d o s los juicios, to d as las tradiciones, todos los escritos
concernientes á su origen y causas, á su caracter y m iras, á los trabajos d ese m p e ñ ad o s p o r
cada u n o d e sus autores, se h a n re sen tid o d espues d e la p rim era división, y h an ca m in a d o
anarquizados. N o se h a d e olv idar tam poco la m o n o m an ía d e la iniciativa que, en 1810, lo
m ism o q u e hoy, hacia q u e cad a recluta se considerase prin cip al actor y agen te
indispensable"302
M J.B. Alberdi. La Revolución de Mayo. Crónica Dramática. Bs.As., 1960, p. 127 [Montevideo, Revista
del Plata, 1839], -
213
E sta "m onom anía d e la iniciativa" se m an ten d ría casi incólum e d u ra n te to d o el perío d o
exam inado. N o ocurriría lo m ism o con lo que A lberdi entendía com o esos cam inos
"an arq u iz ad o s", ya q u e éstos irían am p lian d o sus contenidos y sentidos con el su rg im ien to de
p u e d e ser así e n ten d id o y a que tenía com o fin su m ar arg u m en to s contra el régim en rosista,
cuya d erro ta sin em bargo no traería cam bios sustanciales en ese sentido: hacia 1858 u n ferviente
polem ista com o lo era el G eneral Iriarte, publicó una m iscelánea d e recuerdos sobre las guerras
sim ilares a las señaladas p o r Funes cuarenta años antes en lo que hacía a la posibilidad de escribir
u n a historia del proceso revolucionario, por lo que aspiraba a que sus nietos pudieran hacerla con
im parcialidad. De todos m odos, entendía q u e ese distanciam iento sería una condición necesaria
m ás no suficiente, pues los m ateriales con los que contaría ese historiador futuro estarían
"p o r la p asió n y el esp íritu d e p artid o y d e localidad que, m as o m enos, h a d e d esfig u rar
en los escritos contem poráneos el c u a d ro d e los acontecim ientos, y el retrato de nu estro s
pro hom bres d e la era revolucionaria, ju zg án d o lo s p o r los efectos sin conocim iento d e las
causas"303.
■0j Tomás de Iriarte, Glorias argentinas v recuerdos históricos. 1818-1825. Bs.As., Librería de La Victoria,
1858, p. 1. .
214
Capítulo IX
El Régimen rosista, las luchas facciosas
y la Revolución de Mayo
LEYES Y LIBERTAD, fue el grito poderoso que resonó desde las hermosas
orillas del Plata hasta las elevadas regiones de los Andes, y bastaron estas
palabras para desplomar en un dia un trono cimentado en mas de tres siglos
con la sangre de millares de victimas: pero no fueron suficientes para
infundir en los ánimos toda aquella moderación que se necesita para llevar
adelante tan magnanima empresa. Una falsa interpretación de las voces
libertad y derechos, confundidas con las de insubordinación y licencia,
sembraron de obstáculos una senda en la que esperimentamos todos los
males de la anarquía, mienb'as que solo debia proporcioiwmos los goces de
esa misma libertad que invocábamos. A los inmensos sacrificios que nos
impuso la guerra de la independencia, sucedió la discordia intestina, que se
complicó despues con la última lucha en que se halló empeñada la República,
y cuyos triunfos espiai?ios caramente por la deslealdad del egército que los
Iwbía arrancado.
El Lucero, 1832
Para Rosas y sus hombres no hay recuerdos, no hay dias inmortales, no hay
glorias americanas, ni hechos que determinen un porvenir; sangre,
destrucción, muerte, terror, tiranía en los medios, tiranía en las tendencias,
atraso y barbarismo, esas son las deidades y el culto de esos vándalos que
llaman á los hombres de corazon y libertad, como se llaman por las ilaciones
cidtas á los habitantes del desierto, salvages!
El 25 de Mayo es para él una acusación mortal de su sistema y de sus
medios, por que es el dia en que el Pueblo alzando irritado sus brazos
omnipotentes dijo soy y quiero ser libre. Acusación que en los delirios de su
rabia a querido amortecer arrastrando á la cola de su caballo la bandera azul
y blanca, símbolo de las mas bellas glorias de estas regiones, y mandando á
la muerte millares de hombres, hijos y satélites fieles de esa revolución
inmortal
M. Cañé (p.), M ontevideo, 1844304
304 EL n° 779, 24/5/1832; M. Cañé (p.), “Las fiestas mayas de la Defensa de Montevideo”, en Cantos a
Mavo. leídos en la sesión del Instituto Histérico-Geográfico Nacional el 25 de Mayo de 1844,
Montevideo, Luis A. Retta Libros editor, 1990, pp. XXII-XXIII ["Revista del Río de la Plata, t. II, Bs.As.,
1871 escrito en las trincheras de Montevideo, 29 de Mayo de 1844)]. -
215
P ara exam inar cóm o era rep resen tad o y n a rra d o el proceso revolucionario e n el m arco d e los
conflictos facciosos m e centré en la d isp u ta entre el régim en rosista y sus num erosos y
heterogéneos opositores. H ay al m enos dos razones que av alan esta elección. En p rim er lugar la
su bsistirían tras su caída. En segundo lugar p o rq u e en ese m arco se articularon algunos relatos
La A renga d e R osas
estereotipos p ara p o d e r exam inar las representaciones del p asa d o colonial presentes en el
discurso del rég im en rosista d ad o que, en tre otras razones, éste había asu m id o en form a
positiva el legado revolucionario. Sin em bargo, tam bién m encioné q u e la atribución al rosism o
corporaciones d e B uenos A ires el 25 d e m ayo de 1836 q u e sería publicada año a año por la
pren sa del régim en. Por su im portancia, m e perm ito rep ro d u cirla en form a extensa:
"¡Qué gran d e, Señores, y qué plausible deber ser p a ra to d o A rgentino este d ía consagrad o
p o r la nación p a ra festejar el p rim er acto d e S oberanía p o p u lar q u e ejerció este gran
pueblo en M ayo el célebre año d e 1810! -¡Y cu án glorioso es para los hijos d e Buenos
Aires, h ab er sido los prim eros en lev an tar la v o z con u n o rd e n y con u n a d ig n id ad sin
ejemplo! -N o p a ra sublevarnos co n tra las au to rid a d e s legítim am ente constituidas, sino
p ara su p lir la falta d e las que, acéfala la N ación, h ab ían cad u cad o de hecho y d e derecho. -
N o p a ra su b lev arn o s contra n u estro Soberano, sino p a ra conservarle la posesión d e su
au to rid a d d e la q u e había sido despojado p o r u n acto d e perfidia. -N o p ara ro m p er los
vínculos q u e nos ligaba a los E spañoles sino p a ra fortalecerlos m ás p o r el am o r y la
g ratitu d , p o n ién d o n o s a disposición d e auxiliarlos con m ejor éxito en su desgracia. -No
p ara in tro d u cir la an a rq u ía sino p a ra preserv arn o s d e ella, y n o ser arrastra d o s al abism o
en q u e se h allab a su m id a la E spaña.- Estos, Señores, fu ero n los g ra n d es y plausibles
objetos del m em o rab le C abildo abierto celebrado e n esta c iu d a d el 22 d e M ayo d e 1810,
cuyo acto d eb ería grabarse en lám inas de oro p ara h o n ra y gloria eterna del Pueblo
Porteño...pero ah!...¡Q uién lo h u b iera creído! -U n acto ta n heroico d e gen ero sid ad y
patriotism o, no m enos que d e lealtad y d e fid elid ad a la N ación E spañola y a su
desgraciado M onarca; u n acto q u e ejercido e n otros pueblos de E spaña con m enos
d ig n id a d y nobleza, m ereció los m ayores elogios, fue in terp re tad o en nosotros
m alignam ente com o u n a rebelión d isfra zad a p o r los m ism os q u e debieron hab er agotad o
su ad m iració n y g ra titu d p ara re sp o n d erlo d ig n am en te-."305.
Rosas resalta el rol q u e h ab ían tenido Buenos A ires y los porteños, situ án d o se d e ese m o d o en la
m ism a línea que m uchas d e las representaciones precedentes. Sin em bargo, se aleja d e las
En tal sentido sostiene q u e no se había trata d o de u n levantam iento contra las au to rid a d es sino
sid o u n intento d e ro m p er con E spaña sino d e ponerse en m ejor disposición p ara auxiliarla; y,
fu n d am entalm ente, que había ten ido com o propósito re sg u ard ar el o rd e n para no ser
reivindica lo sucedido el día 22 d e M ayo d ep lo ra n d o q u e la Junta creada ese día h u b iera sido
m alin terp retad a com o u n a rebelión encubierta por las au to rid ad es, ya q u e esa resolución se
basaba en una tradición co m p artid a con los otros pueblos d e E spaña que hab ían to m ad o la
m ism a decisión m an ten ien d o su fid elid ad a la C orona. En sum a, lo que h asta entonces era
C on lo cual p o d ría explicarse, al m enos e n parte, p o r q u é era co n sid erad o u n nostálgico del
percibirlo, la exposición no sólo p ro seg u ía sino que lo hacía d e m o d o tal que le p erm itía cob rar
otros sentidos:
"Y hé aquí, Señores, otra circunstancia que realza sobrem anera la gloria del pueb lo
A rgentino, p u es q u e ofendidos con tam añ a ingratitud, hostigados y perseg u id o s de
m uerte p o r el G obierno E spañol, perseveram os siete años e n aquella noble resolución
hasta q u e cansados d e sufrir m ales sobre m ales, sin esp eran za de ver el fin; y
p ro fu n d am en te conm ovidos del triste espectáculo q u e p resen tab a esta tierra d e ben d ició n
an egada en n u estra san g re inocente con ferocidad indecible p o r quienes d eb ían
econom izarla a u n m as q u e la su y a propia, nos pusim os en m anos d e la D ivina
Providencia, y confiando en su infinita b o n d a d y justicia, tom am os el único p a rtid o q u e
nos q u ed a b a p a ra salvarnos: nos declaram os libres in d ep en d ien tes d e los Reyes de
E spaña y d e to d a otra d o m inación extrangera-. El Cielo, Señores, oyó n u estras súplicas- El
Cielo p rem ió aquel constante am o r al o rd e n establecido, qe había excitado h asta entonces
nuestro valor, av iv ad o n u estra lealtad, y fortalecido n u estra fid elid ad p ara no sep a ram o s
de la d ep e n d en cia d e los Reyes d e España, a p esa r d e la n eg ra in g ratitu d con q u e estaba
em p eñ a d a la C orte d e M ad rid e n asolar n u estro pais-"
Al igual q u e lo h abían hecho y lo seguirían haciendo otros políticos y publicistas, Rosas
d istin g u e entre dos m om entos de la Revolución: por u n lado el del cam bio d e au to rid a d es, sus
causas y sus propósitos inm ediatos; por el otro, el de sus secuelas, en este caso haciendo énfasis
en la acción desag rad ecid a d e los españoles que había provocado la guerra y, finalm ente, la
exquisitez d e alg u ien q u e siem pre se m ostró afecto al resguardo de las form as legales e
institucionales. T am bién perm ite recu p erar el legado revolucionario de m odo tal q u e no se
v ieran afectadas la defensa del ord en y la obediencia a las autoridades, tran sm itien d o a su vez
esos valores a la causa d e la Federación com o h ered era d e ese m ovim iento, com o p u ed e
"Sea, pues, n u estro regocijo tal cual lo m anifestáis en las felicitaciones que acabais d e
d irigir al G obierno e n tan fausto dia; pero sea re n o v an d o aquellos nobles sentim ientos de
o rden, d e lealtad y fidelidad q u e hacen n u estra gloria, p ara egercerlos con v alor heroico
en sosten y defensa d e la C ausa N acional de la Federación que ha pro clam ad o to d a la
R epública, d e esa causa p o p u lar bajo cuyos auspicios en m edio d e las d u lzu ra s d e la p az y
d e la tran q u ilid ad p o dem os dirigir nuestras alabanzas al Todo-P oderoso, y exclam ar,
llenos d e en tu siasm o y alegría, ¡Viva el V einte y C inco d e Mayo!, ¡Viva la C onfederación
A rgentina!, ¡M ueran los im píos unitarios!"
Rosas logró elaborar así u n a explicación sobre los sucesos d e M ayo que terna varias ventajas. En
au to rid a d es constituidas. A dem ás, y en caso de ser necesario, tam bién p erm itía re cu p erar
tradiciones, valores o instituciones del antiguo régim en. Finalm ente le p erm itía afirm ar q u e la
cen tralidad que pasó a ten er en el discurso del régim en. C om o en tantas otras cuestiones, esto
no im plicó que todos sus ad h eren te ac o rd aran con su p rim era figura, pero sí q u e tu v iero n q u e
C onsiderem os lo su ce d id o con dos figuras del elenco diplom ático q u e adem ás h abían sid o
preced id os por u n a biografía d e su autoría q u e no llevaba firm a. Dicho trabajo, ed itad o en 1836
esos años no hizo referencias públicas sobre lo sucedido en m ayo d e 1810, salvo en las
argum en taciones q u e debió realizar com o diplom ático. Este silencio lo m an tu v o h asta la caída
de Rosas, cu an d o dio a lu z varios escritos en los que recu p erab a la idea según la cual los
separación absoluta pero n o por hab er sido ese el objetivo, sino p o r tem or a las resistencias que
Colección, y por p rim era vez, las Actas del Cabildo del m es d e M ayo. El carácter escueto d e esos
docu m entos y el trata rse d e textos institucionales q u e d ebían g u a rd a r las form alidades,
A ngelis añ ad ió u n p rólogo q u e orienta la lectu ra en esa m ism a dirección. M ás aún, se rem ite
explícitam ente a la Arenga hecha p o r Rosas m ed io año antes, n o tan d o q u e ésta h ab ía llam ad o la
consistencia y leg itim id ad a la in terp retació n que hacía el rosism o d e la R evolución. Esto
p erm ite en ten d e r p o r q u é los publicistas del régim en in sistirían en rem itir to d o relato o
representación d e la R evolución a esa fuente, au n q u e tam bién se debe tener presente otro dato
en el o rd e n público, lo cual había sid o consecuencia tan to d el carácter pacífico d e los p o rteñ o s
com o del juicioso com p o rtam ien to d e su representación capitular: im b u id o d e u n esp íritu
auto rid ades. Q uizás por tratarse d e unos com entarios circunscriptos a u nos d o cu m en to s m u y
sid o consecuencia del accionar desag rad ecid o de los españoles. En cam bio agregó algo q u e la
Arenga casi no había tratad o , pero que form aba p arte d e la caracterización q u e hacía el régim en
de conservación, sucedió el desorden, y Buenos Aires tuvo tam bién que lam entar sus víctim as" (p.
III). Esta in terp retació n p re te n d ía hom ologar lo sucedido al desatarse la R evolución co n las
en contraba el R estau rad o r d e las Leyes y, del otro una m inoría de exaltados q u e había
A hora bien, que el enfoque p ro p u esto p o r R osas se transform ara en u n a su erte d e v ersió n
oficial del régim en tam b ién fue posible p o rq u e resu ltab a lo suficientem ente flexible p a ra p o d e r
so p o rtar variaciones q u e d e p e n d ía n del carácter d e los textos, sus autores y los p ro p ó sito s
específicos q u e éstos tenían. V ariaciones q u e p o d ía n ser incluso contradictorias en tre sí, sin q u e
las au to rid ad es españolas. V eam os algunos ejem plos q u e perm iten ilustrar esta cuestión.
A fines d e 1846 y principios d e 1847, La Gaceta Mercantil y el Comercio del Plata en tab laro n u n a
unos d o cum entos sobre el aciago año 1820. R esulta notable el consenso q u e generó dicha
-¡cóm o no hacerlo adem ás, si en uno d e ellos aparece la firm a de L am ad rid q u e él m ism o
señalaba com o falsa!-. La o tra cara d e este consenso era que cada u n a d e las facciones im p u ta b a
consideraciones, en tre las cuales se hallaba la necesidad d e hacerse cargo d e las tendencias
m onárquicas en la d écad a d e 1810 que fue u n o d e los tem as sobre los q u e m ás se discutió
afian zad o al declararse la in dependencia. P ero tam bién notaba que hasta 1816 los am ericanos
habérselos p riv ad o de sus derechos y libertades, ase g u ran d o adem ás que las p ro p ias leyes
españolas legitim aban la ru p tu ra del lazo que el au to r concibe en térm inos pactistas
tradicionales309.
1810 había sido " u n o d e los benem éritos ciu d ad a n o s q u e ac o rd aro n y firm aron la m em orab le
A cta del 25 de m ayo d e 1810: expresión energica d e la libertad A rgentina" y ^"primer acto d e
soberanía p o p u la r q u e ejerció la República". Pero esta "ex p resió n enérgica", este "acto d e
so b eranía p o p u la r", era co n sid erad o consecuencia d e la acefalía en cuya resolución se había
esclavos. Las leyes divinas y hu m an as, la ra zó n y las luces del siglo, concurrían á re p ro b ar
sem ejante exceso"310. De ese m odo, la invocación a "leyes divinas y h u m an as", a la razón e
A m ericanos h u b iera n p o d id o co n tin u ar sien d o sú b d ito s d e la C orona en tanto ésta re sp etara sus
derechos, o al m enos su p o n ía q u e así lo h ab ían co n sid erad o los revolucionarios. Sin em bargo,
ese m ism o p eriódico h ab ía sostenido pocos m eses antes q u e el pueblo había hecho suy o el
rég im en republicano re p resen tativ o y abju rad o del m onárquico ya desde 1810, y q u e así lo
y 25 d e m ayo d e 1810 perm ite explicar, al m enos en parte, p o r q u é los opositores al régim en, ya
sean antiguos unitarios y federales o los jóvenes rom ánticos, consideraban que éste no hacía m ás
q ue traicionar el carácter rupturista que había tenido la Revolución de Mayo. Pero antes d e
exam inar esas im putaciones, resulta necesario detenerse en u n a cuestión significativa a la que sin
Rosas no era sólo d e él o de algunos d e sus allegados. Ya vim os p o r ejem plo que, p ara Parish,
las g u erras de in d ep en d en cia fueron en gran m ed id a consecuencia del desconocim iento d e las
ju n tas locales p o r las au to rid a d es peninsulares. Pero esto no resulta tan revelador com o las
posiciones de dos d e los m ás connotados opositores al régim en rosista com o Juan B. A lberd i y
p o r Varela.
h isto ria argentina. Esto lo llevó a realizar num erosas indagaciones a entrevistarse con algun o s
testigos y p rotagonistas del proceso revolucionario, y a intercam biar inform ación e im presio n es
con otros escritores y políticos. En u n a carta escrita e n Río d e Janeiro d o n d e p ro cu rab a m ejorar
"A m ed id a, am igo querido, que avanzo en el estu d io d e los m onum entos d e n u estra
R evolución se hace m ás espeso el círculo d e d u d a s q u e m e ciñe; d u d as, Jan Ma., q u e no es
posible satisfacer e stu d ian d o los docum entos públicos y que sería preciso aclarar
e sc u d riñ an d o correspondencias íntim as u o yendo relaciones sinceras de los h o m b res d e
aquella época, p o rq u e realm ente son d e inm ensa trascendencia, si h a d e escribirse con
p ro b id ad y co n deseo d e ser útil. ¿C reerá V. q u e la m ás grave y m ás oscura d e esas d u d a s
es acerca d e las v erd ad eras intenciones de la P rim era Ju n ta revolucionaria? H ablo del
cuerpo, no d e un hombre. ¿La Ju n ta del 25 d e M ayo em pezó a m archar d eterm in a d a a
em an cip ar el p aís d e la tu tela p en in su lar o siguió solam ente al principio u n im p u lso igual
al q u e había m ovido a las Provincias españolas y a M ontevideo m ism o año y m edio
antes? A m arguísim a d u d a es ésta; pero he d e llegar a aclararla. Y resuelta por el p rim er
estrem o en el sentido m ás honroso ¡cuántas im prudencias no se cometieron!"311
A unque planteada com o u n a anwrga duda y con la n ad a secreta esperanza de estar equivocado, la
im presión que tenía Varela sobre la R evolución y sus objetivos no parecía diferir dem asiado de lo
311 F. Varela a J. M. Gutiérrez, 24/8/1841, Río de Janeiro, en AE. t. I, p. 226 (la cursiva en el original).
Esta referencia no es examinada en el único estudio dedicado a la interpretación que hacía Varela de la
Revolución, G. Facchinetti de Alvarez “El sentido de la Revolución de Mayo según la interpretación de
Florencio Varela", Cuadernos del Sur n° 8-9, Bahía Blanca, 1967/8. -
. . 222
que sostenía Rosas. Claro que Varela no lo hizo en form a pública, quizás porque podría haber
afectado las im putaciones que hacían los opositores al régim en rosista. Varela m urió asesinado sin
haber podido escribir su historia, por lo que no sabem os si finalm ente logró aclarar tan
inquietantes dudas. Sin em bargo es probable que, com o señalara M itre años m ás tarde, hubiera
m uerto d u d an d o de los propósitos d e los revolucionarios. De hecho, sus im presiones tom aro n
autor, Luis D om ínguez, había form ado parte del círculo íntim o d e Varela, no realizó nin g u n a
corrección o rectificación sobre esta cuestión. Fue en base a esta biografía que M itre plantearía sus
com entarios críticos que, a su vez, serían replicados p o r Alberdi. Sobre estas cuestiones volveré
luego, por lo que aquí sólo adelantaré que el biógrafo d e Belgrano arrem etió contra las sospechas
de Varela ya que d e ser éstas ciertas quedaría afectada la postulación de un sujeto y u n proyecto
em ancipatorio que h u bieran presidido los sucesos de m ayo. Pero la discusión de estas diferencias
sólo p u d o ser posible, y a ú n con limitaciones, una vez caído el régim en rosista. En ese sentido
basta repasar las im putaciones hechas por sus opositores p ara entender por qué antes hubiera sido
difícil que tom aran estado público las d u d as que aquejaban a Varela.
La R evolución e n el d eb a te faccioso
El rosism o no abjuraba entonces de la Revolución, hecho q u e le hubiera facilitado las cosas a sus
enem igos, sino que proponía otra valoración de esos sucesos, sus causas y sus consecuencias. La
respuesta d e todos los sectores ante esta reivindicación unánim e fue enfatizar las diferencias en
clave facciosa al alinearse la lucha revolucionaria e independentista, sus hechos y sus figuras, con
los conflictos del presente: las diferencias se tram itaban acusando al contrario d e traicionar los m ás
form a esquem ática p o d ría plantearse que m ientras que los publicistas del rosism o le atrib u ían a
sus adversarios haber traicionado el principio de independencia p o r su alianza con los poderes
prolongaba el dom inio colonial e im pedía recoger los frutos d e la em ancipación. Por cierto que
am bas interpretaciones tom aban datos d e la realidad au n q u e los estilizaban en función d e sus
propósitos, así com o tam bién debían om itir otros q u e p o d ían m ostrar contradicciones internas, en
dos bandos, com o podía ser el vínculo entre Buenos A ires y el resto d e las provincias.
1810 recorre de ese m odo toda la prensa del período, particularm ente la opositora al régim en que
223
transform ó esta cuestión en uno d e sus caballitos de batalla. Por ejemplo, un periódico editado en
De ahí que al au to r le parezca n atu ra l que Rosas y sus im itadores q u isieran seguir m an ten ien d o
seg u ir siendo "el triste ju g u ete d e palabras huecas" y la revolución daría al fin sus frutos: se
A u n q u e bajo otros nom bres, quiénes en fren tab an a R osas creían estar actualizando el m ism o
com bate que había sido en tab lad o trein ta años antes en tre los principios revolucionarios y los
Este artículo perm ite apreciar cóm o se cifraba en Rosas y su régim en los males atávicos que
afectaban a la sociedad rioplatense: bajo otros nom bres, y a veces ni siquiera, el com bate entre los
principios revolucionarios y los coloniales seguía siendo el m ismo. Claro que contra lo q u e creían
sus entonces esperanzados opositores, el régim en logró salir indem ne de esa d u ra prueba que
debió soportar a fines de la década d e 1830 y principios d e la d e 1840. Cabe notar en ese sentido
q u e las críticas dirigidas contra el gobierno d e Rosas v ariaban en lo que hacía a su carácter
esperanzado o escéptico según las diversas coyunturas: cada 25 d e M ayo aparecía así com o u n a
nuev a ocasión p ara reivindicar los valores atribuidos a la R evolución y criticar el rosism o, pero
En cuanto al recuerdo que hacía el rosism o del aniversario d e la Revolución, para sus opositores no
podía ser m ás q u e una burla, u n a brom a siniestra o u n intento por tergiversar su verdadero
sentido con el propósito d e confundir a u n público crédulo. Es p o r eso que en el artículo ya citado
Por cierto que no todos los opositores hacían énfasis e n los m ism os aspectos ni del m ism o
"Es curioso v er á Rosas, cad a 12 m eses, cara á cara con el SOL d e MAYO; (...) Intenta
agasajarlo, incensarlo; pero en vano; le cuesta u n m u n d o , no sabe ejecutarlo, lo hace con
repugnancia; y p o r lo m ism o, lo hace m al, frió, in síp id o , tonto; dejando traslucir su
indiferencia, m as b ien lo insulta, q u e lo festeja. N o conoce la historia d e su pais, ó bien la
q uiere m al; la oscurece, la depraba, la adultera; o lv id a d e intento su s g ran d es dias, sus
g randes hechos, y el v e rd ad ero esp íritu suyo: o lv id a los g randes nom bres, los g ra n d es
servicios pasados, to d o lo q u e es pasad o , todo lo q u e n o pertenece á su m om ento d e él:
egoísm o y estrecho, p ara él no es n a d a la historia to d a d e la R evolución: la Restauración, es
todo. D epraba la historia e n su provecho, p ro stitu y e el v e rd a d e ro carácter d e su s hechos,
d e sus dogm as, d e sus designios: lo corrom pe todo, to d o lo infesta, pasado, p re sen te y
p orvenir."
P ara ejem plificar sus dichos, llam a la atención sobre la in terp retació n hecha p o r R osas d e la
Ij Alberdi también deploraba que se equipararan esas batallas y asi también a Bolívar, con “un tal
Urquiza , además de que se inscribiera en la Pirámide los nombres que integraban el panteón de ilustres
federales fallecidos: Quiroga, López, Dorrego y Heredia. “Mayo y Rosas” Revista del Plata. Diario
político, literario, noticioso y mercantil, Montevideo, N° 16, 4/6/1839. •
225
La contundencia d e los com entarios d e A lberdi inhibe realizar m ayores com entarios. Sin em bargo,
com o se p o d rá apreciar en el capítulo siguiente, él tam bién proponía una interpretación que hacía
El rosism o, al igual que sus opositores, tam bién actualizaba ese recuerdo en clave facciosa. A tales
fines, y entre otros m edios, recurrió con éxito a las tradicionales fiestas cívicas o patrióticas q u e
perm itían interpelar a públicos am plios en la ciudad y en la cam paña. La posibilidad de exam inar
estos festejos requiere prestar atención a prácticas y producciones sim bólicas y rituales q ue
exceden los alcances de este trabajo. De todos m odos algunos de sus rasgos p u e d e n ser
recuperados ya que era habitual que la prensa recogiera relatos d e lo sucedido, com o p u ed e
apreciarse en una extensa carta firm ada por Un Argentino que n arra la celebración cívica-religiosa
hecha durante tres días del C orpus y del 9 de julio en San M iguel del Monte. Esa celebración estaba
encabezada por el com andante Vicente G onzález quien, tras la cerem onia religiosa en la q u e se
exaltó la figura de Rosas, realizó u n a proclam a ante la tro p a en la q u e tam bién encum bró las
figuras d e López y Quiroga. La carta destaca tam bién u n banquete posterior presidido p o r los
retratos d e los jefes federales en el que se hicieron convites en su nom bre, si bien gran parte de ellos
sólo aludía a Rosas e incluso algunos, a su esposa E ncam ación Ezcurra314. C ada aniversario de la
Revolución era convertido así en antecedente de las acciones de gobierno o del partido federal, si
bien a principios d e la década d e 1830, e invocando el estado d e guerra civil o la ausencia del
com enzó a cobrar m ayor im portancia. C abe conjeturar q u e esto p u d o haber obedecido al hecho
q u e este recuerdo perm itía afianzar la idea d e independencia nacional, tan cara al rosism o, en
desm edro del de la R evolución que era m ucho m ás conflictivo. Sobre todo si se considera q u e a
p artir d e 1836, q u e fue cuando Rosas pronunció su A renga, esto no volvería a suceder. O tra
hipótesis es que esto hubiera sido hecho p ara provocar u n acercam iento con las provincias del
interior, donde el 9 d e Julio parecía ser m ás valorado que el 25 d e M ayo315. Sin em bargo hub iera
D u ran te este seg u n d o gobierno, y m ás p articu larm en te en la d éc ad a d e 1840, los publicistas del
régim en enarb o laro n u n discurso americanista uno d e cuyos principales com ponentes era la
im p u tació n a los enem igos d e la causa federal d e trab ar relación con fuerzas extranjeras. En ese
polém ico ejercido no sólo p o r el régim en rosista sino tam bién p o r sus aliados com o el G obierno
del C errito presidido por Oribe. En efecto, su periódico oficial festejaba en m ayo d e 1846 u n
h ab ía traicionado al aliarse con intereses extranjeros en alusión a F rancia e Inglaterra. Pocos días
d esp u és reafirm aba esta prédica llam an d o la atención sobre lo su ced id o en la ciu d ad al
am ericana316.
C iertas o no, im putaciones com o éstas u o tras sim ilares eran m o n ed a corriente.
L am en tablem ente no sucede lo m ism o en lo que hace a las discusiones explícitas en torno a las
interp retaciones d e la R evolución, hecho q u e perm itiría apreciar m ejor las representaciones q u e
d e la m ism a ten ían los contendientes y su utilización com o arg u m en to s polém icos. Entre esas
se d esató p o r la publicación d e unas "C artas sobre la A m érica del Sur" en la Presse d e París q ue
republicanism o. M ientras q u e para la La Gaceta debió ser im p ro v isad o sobre la m archa ante la
ausencia d e hábitos d e gobierno propio com o consecuencia del despotism o español; p a ra R ivera
In d arte el Río de la P lata gozaba de condiciones q u e hacían casi n a tu ra l la ado p ció n del régim en
rep u b licano y dem ocrático. En tal sen tid o aducía la ausencia d e ham bre en u n a población
m ed ian am en te ilu strad a y cap az de gozar la dem ocracia, n o tan d o incluso q u e la posibilidad d e
"P orque en el Rio d e la Plata no es p ro p ietario sino el q u e no quiere serlo. Asi h asta la
clase ínfim a del pueblo del Rio de la P lata con solo q u e se la deje en p az y q u e u n
gobierno bien intencionado no estravie sus sentim ientos y ponga obstáculos a su dicha,
concurrirá al gobierno republicano representativo, p ara el q u e tiene adm irab les
disposiciones (,..)"317.
316 El Defensor de la Independencia Americana. Miguelete, Imprenta Oriental, n° 113, 26/5/1846; n° 115,
1/6/1846. ~
J'7 “Cartas sobre la América del Sur”, El Nacional segunda época, n° 1535, Montevideo. Imprenta de El
Nacional, 27/1/1844. -
227
Estas ideas, q u e no eran originales d e R ivera Indarte, ten d rían u n im p o rtan te recorrido hasta
q u e M itre lograra años m ás tard e d arles carn ad u ra y u n a explicación histórica. Ya habían sido
"ningún pueblo se halló en m ejor ap titu d que el argentino p ara organizarse y constituirse al
nacer a la vida política. N uestra sociedad entonces era hom ogénea; ni había clases, ni
jerarquías, ni vicios, ni preocupaciones profundam ente arraigadas".
Del m ism o m odo, pero años m ás tarde, el periódico oficial d e la C onfederación presidida p o r
"L a dem ocracia es indígena d e este continente en d o n d e parece hab er sido p lan tad a po r la
m ism a m ano del creador, p o r la su av id ad del clim a, la riqueza de la tierra, la
m an sed u m b re del carácter y la facilidad del trabajo"318.
Esta caracterización h alagüeña era tam b ién co m p artid a p o r el rosism o, a u n q u e sus publicistas
ese sentido, con lo cual difícilm ente h u b iera p o d id o estar ex ten d id o tam bién el deseo de
em ancipación. P or el contrario, R ivera In d a rte aseg u rab a en otro artículo que en 1810 este
m ás el y u g o colonial. Incluso se hacía cargo d e las in terp retacio n es d o m in an tes al aseg u rar q u e
se verificara, sin q u e debiera otorgársele m ayor im p o rtan cia319. De ese m odo ponía en
en tred icho las interpretaciones q u e co n sid erab an el proceso revolucionario com o consecuencia
d e la crisis m o n árq u ica p ro v o c ad a p o r las abdicaciones d e B ayona, pero tam bién se enfrentab a
co rrespondencia, los docum entos oficiales y a los actores q u e a ú n vivían, pero sin hacer citas ni
d e R ivera In d arte hacia las Actas del C abildo, m ofándose incluso d e su pertenencia al Instituto
Jl8 E. Echeverría, "Lecturas pronunciadas en el Salón Literario", en SL, p. 159; “Fiestas Mayas - Apertura
de las Cámaras” en El Nacional Argentino. Paraná, Imprenta del Nacional Argentino, n° 477, 26/5/1857.
' 1 El Nacional segunda época, n° 1537, Montevideo, Imprenta de El Nacional, 30/4/1844.
228
d e la R evolución, cu an d o invoca al D eán Funes para sostener q u e las Actas no serv ían com o
d o cum ento p o rq u e h ab ían disfrazado las v erd ad eras intenciones d e los revolucionarios320.
En cuanto a los argum entos, La Gaceta retom a la tesis d e Rosas al afirm ar q u e "(...) el
proclam ación y ofensiva d e los derechos de. estos países a regirse p o r Ju n tas G u b ern ativ as en la
cap itu lar del 25 de m ayo, ya q u e la considera com o la única fuente v álid a m ientras q u e critica a
quiénes basan sus juicios en los dichos q u e circulaban en los "clubes". El artículo finaliza
señ alan do u n a vez m ás q u e era erróneo p lan tea r que los pueblos q u isieran em anciparse en
1810, hecho que fue consecuencia de la injusta agresión española q u e desconoció sus d erecho s y
aniversario d e la Revolución:
"E n la acefalía d e la M onarquía E spañola se consideró este país con títulos á ejercer sus
derechos políticos p a ra regirse p o r u n a ju n ta pro p ia d u ra n te la c a u tiv id ad del M onarca
E spañol y en nom bre d e este. T an justa determ inación solo encontro opositores e n los
envejecidos órganos d e las an tig u as preocupaciones q u e d e sd e ñ a b a n asociar á los
A m ericanos al goce d e los derechos com unes d e las d em as P rovincias in teg ran tes d e la
M onarquía E spañola en los que m irab a n en ellos h om bres inertes y estú p id o s. Voto
injusto, voto cruel que costó a la E spaña la p érd id a de sus colonias (.,.)"322
estrecham ente relacionadas con los análisis q u e se hacían de los conflictos q u e le sucedieron. La
explicación ofrecida p o r La Gaceta en ese sen tid o resulta b astante convencional: el despotism o
colonial había im p ed id o a los am ericanos d esarro llar hábitos d e lib ertad responsable, p o r lo q u e
vínculos sociales y el principio d e au to rid ad . Esto era criticado p o r R ivera In d a rte -reco rd e m o s
rep resen tativ a-, a u n q u e concedía que quizás debió ad o p tarse u n a m arch a m ás len ta323. Por el
p lan ta n u ev a q u e debia aclim atarse bajo u n cielo borrascoso, y e n u n terren o sin p rep aració n ".
acep tar la falta d e hábitos de libertad, hecho que para la elite del perío d o co n stitu ía u n a
"E n el antiguo régim en los A m ericanos sobrellevaban el peso del coloniage m as extricto.
T oda idea, to d o h ábito d e rep resentación nacional, to d a practica rep resen tativ a estab an
cu id ad o sam en te proscriptos, y celado con sum a suspicacia cualquier destello q u e las
presagiase. N egar esto es exponerse a u n ridículo v u lg a r"324.
Este párrafo, que form a p arte d e la explicación hecha por La Gaceta Mercantil a fin d e explicar
los extravíos posteriores a la R evolución, bien podría haber sido suscripto p o r casi cu alq u ier
fig u ra opositora al régim en rosista. Lo m ism o en cuanto a cuáles h abían sido sus consecuencias:
so sten d ría que el p roblem a q u e aquejaba a los pueblos am ericanos era que h ab ían p a sa d o "del
C on esto quiero insistir en el hecho que no alcanza con p lan tear u n a división en la q u e q u e d e n
alin ead os e n form a precisa arg u m en to s y representaciones d e la R evolución seg ú n cual fu e ra el
b an d o e n el que se m ilitara. C laro q u e esto no siem pre p o d ía ser percibido p o r aquellos q u e
estab an involucrados en esa lucha y a u n q u e p u d iera serlo se lo p asab a p o r alto p a ra no
en tu rb iar los objetivos m ás inm ediatos. Sin em bargo, esto no afecta algo q u e a ú n hoy sigue
re su ltan d o necesario subrayar: todos co m p artía n que la R evolución era el único p u n to d e
p a rtid a legítim o a la h o ra d e exam inar el estad o presente del P lata y d e p ro c u rar in cid ir e n su
incierto rum bo. Este p u n to d e p a rtid a p erm ite en ten d e r m ejor entonces el afán p o r caracterizar
el proceso revolucionario p ro m o v ien d o a la v ez u n a diferenciación con el enem igo, a u n q u e ésta
no siem pre resu lte tan clara m ás allá d e la discusión circunstancial q u e la prom ovió. En ese
sen tid o se debe tener p resen te q u e el trasfo n d o d e las discusiones sobre la R evolución era la
leg itim idad del rosism o: p a ra su s defensores se tratab a d e u n régim en excepcional q u e d ebía
p o n er fin a los extravíos q u e h abía p rovocado y los unitarios p ro fu n d iz ad o , m ien tras q u e p ara
su s opositores se tratab a d e u n a m o n stru o sid ad , d e u n im p ed im en to p ara c o n tin u ar la sen d a
abierta e n 1810. Estos condicionam ientos eran ta n fuertes que incluso quienes p ro p o n ía n
exam inar el proceso histórico rioplatense desde u n a perspectiva m enos estrecha tam p o co
p o d ía n zafar d e ese m arco in terp retativ o . C om o verem os a continuación, ese es el caso d e la
G eneración d e 1837. .
j24 “Sofismas, embustes, calumnias ridiculas, romances lúgubres y patrañas del Nacional de Montevideo
en marzo último” GM n° 6137, 30/3/1844.
J25 "Cartas a Don Pedro de Angelis, editor del Archivo Americano", en OCE. p. 402 [Montevideo, Imprenta
18 de julio, 1847], •
230
Capítulo X
La Generación de 1837:
La Revolución como mandato inconcluso
R evolución elab o rad as por los m iem bros d e la G eneración d e 1837. Para ello m e centré en su
y m ed iad o s d e la d e 1840. Es que con el co rrer d e los años, y en especial tras la caída del
com o p o d rá apreciarse en los capítulos siguientes. T am bién realicé un recorte tem ático
sentido cabe n o tar q u e si bien el discurso del g ru p o estuvo fu ertem ente condicionado p o r los
conflictos facciosos, tam bién logró incorporar alg u n as n o v ed ad es que afectaron las
proceso histórico m ás vasto. En los p rim ero s ap a rtad o s d e este capítulo se ex am in an dos de
explicativa d e los fenóm enos sociales. Sin em bargo, com o verem os al exam inar u n a obra d e
teatro d e A lberdi, esas innovaciones n o lo g raro n p lasm arse con éxito en relatos q u e d ieran
político local. Si las p rim eras los proveyó d e n u evos insum os y m atrices p a ra exam inar y d a r
form a el p asa d o y el p resen te así com o tam b ién p a ra d iag ra m ar el futuro, las o tras favorecieron
o cu p ad o h asta entonces el centro d e la escena pública. Esto ú ltim o fue posible p o r al m enos dos
facciones p a ra colocarse p o r encim a de ellas. Sobre la p rim era d e estas circunstancias llam aro n
'2? Entre los trabajos más recientes m erecen destacarse de J. Dotti “La emancipación sudamericana en el
pensamiento de Juan Bautista Alberdi” en Las vetas del texto. Puntosur, Bs.As, 1990 y de J. M yers
"Revoluciones inacabadas: hacia una noción de Revolución en el imaginario histórico de la Nueva
Generación argentina: Alberdi y Echevería, 1837-1850" en Imagen y recepción de la Revolución Francesa en
la Argentina. Bs.As., GEL, 1990. •
232
sociedad q u e presidía: .
"N uestra v id a y la d e la Patria, em pieza en Mayo. Ligar nu estro s trabajos al pensam ien to
d e M ayo, será co ntinuar la obra d e la revolución, es decir, com pletarla y perfeccionarla
seg ú n sus pasos, y progresar, que es lo que constituye la vida"328
convicción d e q u e d eb ía renovarse la elite d irigente y q u e esa tarea les había sido d estin ad a p o r
p ro p ó sito de dejar atrás las rencillas personales, facciosas y regionales p ara reto m ar el
El " P e n sa m ie n to d e M ayo"
A h o ra bien, si este p ro g ram a debía ser recuperado, com pletado o perfeccionado, era
precisam ente p o rq u e a ú n no h abía logrado ser llevado a cabo. De ahí la necesidad d e realizar
u n balance crítico del proceso revolucionario que p re sta ra atención a su sen tid o y a sus
cu an d o en tra a tallar la filosofía d e la historia q u e prescribía buscar el sentido d e los fenóm enos
q u e e n ese p asa d o difícilm ente hubiera algo que p u d ie ra ser reivindicado. P or cierto que
difícilm ente p o d ría haberlo si tom aban com o p u n to d e p a rtid a el hecho revolucionario cuyo
sen tid o había sido precisam ente re p u d ia r el pasado. R ecordem os que los jóvenes rom ánticos
oscilaban entre ig n o rar la experiencia colonial por carecer d e todo v alor p ara la historia d e la
civilización y re p u d ia rla p o r los m ales q u e había ca u sad o y legado. N o era allí d o n d e p o d ían
en co n trar elem entos d ignos de ser recu p erad o s y m enos a ú n en los pueblos indígenas. C om o si
sólo p erm itía re iv in d icar el p asa d o m ás reciente, es decir, el q u e había sido iniciado d u ra n te ese
m ism o proceso.
P ero el p ro b lem a n o era tanto ese círculo vicioso, sino el hecho q u e la reivindicación del proceso
b ien atesorable e n la historia local, resultaba exiguo p a ra p o n er coto a los m ales que afectaban
328 E. Echeverría, "Exposiciones hechas en el seno de la Joven G eneración Argentina", en OCE, p. 223.
233
p ro p o rcio n an d o valores, ideas y principios, pero sin que éstos h u b iera n lo g rad o en carn ad u ra
cerraba con u n a tautología: el "pensam iento d e m ayo" h abía q u e d a d o red u cid o precisam ente a
eso, a u n pensam iento. Y a veces ni siquiera. A pelando a ese tono quejum broso y patético que le
era tan caro y q u e e n esta ocasión resu ltab a p articu larm en te apro p iad o , Echeverría decía
" N o hay principio, no hay idea, no hay doctrina q u e se h ay a en carnado com o creencia en
la conciencia p o p u la r después d e u n a predicación d e 35 años. No h ay cuestión v en tilad a y
resuelta cien veces q u e no h ay an vuelto a p o n er en p roblem a y discutir pésim am ente los
ignorantes y charlatanes sofistas. N o hay tradición alg u n a p rogresiva q u e no b o rre u n año
d e tiem po; y lo p eo r de to d o es q u e no nos q u e d a n al cabo ideas, sino p alabrotas que
repetim os a grito h erid o p ara hacer creer que las entendem os"
A g regando a con tin u ació n q u e se h abía logrado salir del régim en colonial p a ra caer en la
co n trarrevolución rosista329. Ese pasad o no po d ía ser co n sid erad o entonces del todo com o tal en
tradiciones e instituciones del A ntiguo R égim en. Sin em bargo reconocían q u e alg u n o s aspectos
hispánico, colonial y católico, e n ciertas circunstancias so stu v iero n ideas en ese sentido,
arrasar con esa herencia sin considerar q u e pro v o cab an u n vacío del q u e sólo p o d ía su rg ir la
En sum a, los jóvenes rom ánticos so sten ían q u e la R evolución había pro m o v id o u n a ru p tu ra en
la historia d e la reg ió n cuyo p ro p ó sito era p o n er fin n o sólo al dom inio colonial sino al
alguna. A hora bien, a pesar d e los esfuerzos hechos e n ese sentido, esa ru p tu ra no había lograd o
alcanzar sus propósitos. Si bien h abía d a d o a lu z u n a sociedad que había hecho suyos el
seguía recortándose sobre la del an tig u o régim en. P ero ese no era el m ayor problem a con el q u e
creían en fren tarse p u es el p ro p io desarro llo progresivo d e la sociedad perm itiría ir su p eran d o
ese estado. El problem a era que las provincias del P lata sólo parecían p o d e r oscilar entre la
sociopolítico legítim o y estable com o el q u e ellos anhelaban. ¿D ónde apoyarse entonces? ¿Sobre
en parte, el carácter singular del rom anticism o rioplatense: com o la nación, la nacionalidad o
tan siquiera sus elem entos constitutivos no prov en ían del fondo d e los tiem pos, com o tam poco
h ab ían p o d id o form arse en el proceso revolucionario ya q u e los intentos en ese sen tid o se
la nación p ro p o n ían inventarla d esd e su s m ism os cim ientos. E n tal sentido, y ap elan d o a u n
expresiones sociales, q u e
"(...) nos falta todo: som os hijos d esh e red a d o s d e u n a m ad re cuyo seno ha sido
d esa g arra d o p o r n u estras p ro p ias m anos. El p atrim o n io d e la p atria es ilusorio; a sus hijos
les toca realizarlo. Tal es n u estra m isión."330
p erso n alid ad propia; sin em bargo, a ú n no había cuajado la libertad ni el o rd en institucional que
despotism o. Si b ien presenta algunos m atices nuevos, esta in terp retació n no parecía d iferir
el hecho p u ro d e la libertad co n sag rad o p o r la R evolución n o había logrado ser revestido por
su v erd ad ero sentido. Pero no sólo p o r las rém o ras d el p asa d o colonial, sino tam b ién p o r las
entonces con tin u ad a, pero las batallas debían darse e n otros cam pos. P or eso in sistían en q u e la
esp a d a debía ser reem p lazad a p o r la inteligencia com o n o taría ese m ism o p eriódico poco
tiem po después:
"Algo m as que separarnos de la corona de Castilla tuvo en vista el heroico pensam iento que
concibió en M ayo de 1810 la Independencia Am ericana. Su concepción era m as grande, m as
generosa. Se trataba nada m enos que de operar la m etam orfosis social d e todo u n pueblo, de
fundir los gastados elem entos de u n a sociedad gótica, desvirtuada, esclava, p ara construir
u na sociedad joven, republicana, ilustrada. H acerla d e española y exótica pu ram en te
nacional, A rgentina. (...) D ar batallas, triunfar y libertar la m itad de la A m érica á lanzazos,
fué la m isión augusta del pueblo argentino. (...) Así ganam os la Libertad m aterial, faltabanos
lo m as im portante: la libertad inteligente"331
inteligente que v en d ría a com pletarla y darle su v erd ad ero sentido, se convirtió así en u n a d e
él p a ra alcanzar u n n u ev o horizonte.
tam b ién la p u erta p ara los m ales que aquejaban a esa sociedad, no hacía m ella en el hecho q u e
cru zan el recurso a la filosofía d e la historia com o clave explicativa d e los procesos sociales y la
apelación a la nación com o sujeto histórico, ya que p erm itía co n sid erar a ésta y a la R evolución
d en tro d e u n m ovim iento m ás am plio q u e a la v ez las trascen d ía y las explicaba. Esta m atriz
m atices, contenidos y protagonistas q u e p o d ían a d m itir los relatos escritos en esa clave, su
discurso q u e A lberdi pronunció al in au g u ra rse el Salón LiterariOj ya q u e allí retom ó críticam ente
lo sostenido por las interpretaciones do m in an tes h asta entonces com o las d e Funes, G orriti y
"Cada vez que se ha dicho que nuestra revolución es hija d e las arbitrariedades d e u n virrey,
de la invasión peninsular de N apoleón, y otros hechos sem ejantes, se ha tom ado en m i
opinión un m otivo, u n pretexto por una causa. (...) N o creáis, señores, que de u nos hechos
tan efím eros hayan podido nacer resultados inm ortales. Todo lo que queda, y continúa
desenvolviéndose, ha tenido y debido tener u n desenvolvim iento fatal y necesario"332
Ésta u o tras intervenciones sim ilares a p u n ta b a n n o tanto a refu tar sino a re in te rp reta r los relatos
hechos circunstanciales y, en m uchos casos, contingentes. A lberdi no acordaba con esto últim o,
ya que adem ás inscribía esa fatalidad en un proceso d e m ás vasto alcance y en cuyo seno cobraba
"La causa, pues, que h a dad o a luz todas las repúblicas de las dos Am éricas; la causa que ha
producido la Revolución Francesa, y la próxim a que hoy am aga a la Europa, no es otra que
esta eterna im pulsión progresiva de la hum anidad. (...) , nuestra revolución es hija del
desarrollo del espíritu hum ano, y tiene por fin este m ism o desarrollo: es u n hecho nacido de
otros hechos, y que debe producir otros nuevos: hijo d e las ideas, y nacido para engend rar
otras ideas: engendrado p ara engendrar a su vez, y concurrir por su lado al sostén d e la
cadena progresiva d e los días d e la v ida hum anitaria. T engam os, pues, el 25 d e M ayo de
1810 p o r el d ía en que nosotros fuim os envueltos e im pelidos p o r el desenvolvim ien to
p rogresivo d e la v id a de la h u m an id ad , cuya conservación y desarrollo es el fin de n u estra
revolución, com o d e todas las g ran d es revoluciones d e la tierra" (p. 128)
D esde este p u n to d e vista los sucesos d e m ayo eran u n o d e los tantos fenóm enos pro v o cad o s
filosofía de la historia la clave explicativa de la R evolución - y d e todos los fenóm enos sociales-
recorren la obra d e los jóvenes rom ánticos. Es el caso d e u n escrito d e V icente F. L ópez cuyo
p ro p ó sito era in d ag ar en las raíces d e los conflictos q u e aquejaban el Río d e la Plata. Al igual
"Doble arm onía entre el objeto de esta institución, con una exigencia de nuestro desarrollo social; y de
esta exigencia con otra general del espíritu humano”, en SL, pp. 127/8. •
237
cual en 1810 h ab ían sido "en v u elto s e im pelidos por el desenvolvim iento progresivo d e la vid a
en carn aran ese m ovim iento p o r m ás que el im pulso p ro v in iera del exterior. López, al igual que
algunos d e sus allegados com o lo sería poco después S arm iento, en ten d ía que ese agente había
sid o u n sector d e la elite criolla im buida por las ideas ilu strad as divulgadas por la Francia
revolucionaria. Ideas q u e h ab ían p erm itid o a los m ás lúcidos d e sus m iem bros asu m ir el
carácter indigno q u e tenía el dom in io colonial, a la v ez q u e les abría u n nuevo h o rizonte para
u n a A m érica in d e p e n d ie n te (p. 13). Por supuesto q u e esto no h u b iera sido p erm itid o p or
crisis m etro p o litan a y sus efectos locales. De ese m odo, lo q u e solía ser percibido com o u n a
su m a d e hechos fo rtu ito s o coyunturales d e carácter pro v id en cial q u e p erm itían explicar el
estallido d e la R evolución, los tra ta com o circunstancias favorables, entre las cuales destaca u n
Esto últim o revela tam b ién algo q u e au n q u e resulta obvio igual m erece ser señalado: d en tro d e
u n a m ism a p erspectiva general q u e era com partida p o r el g ru p o rom ántico, cabían tam b ién
m iem bros. L ópez p o r ejem plo, se destaca p o r la reivindicación q u e hace d e esa elite ilustrada:
h asta el final d e sus d ías seg u iría rin d ien d o culto a ese g rupo dirigente form ado en el m arco del
reform ism o ilustrado. P or eso afirm a en relación a las g u erras d e independencia q u e "Los
triunfos los hem os debido al brazo de los soldados; pero esos soldados lo debian todo, hasta su
alm a, á los letrados y políticos que gobernaban el país" (p. 20). A firm ación cuyo carácter ro tu n d o
no necesariam ente era co m p artid o por otros m iem bros del g ru p o au n q u e acordaran con la idea
q u e la presidía.
la altu ra de las circunstancias p ara en te n d e r del todo lo q u e estaba sucediendo y cuáles deb ían
ser los fines del m ovim iento q u e encabezaba (p. 13/4). A lberdi a p u n ta en esa m ism a dirección
cu an d o n ota que la R evolución, si bien había form ado p arte d e u n proceso m ás v asto -e l ciclo
R eform a-, se había a p a rta d o de lo que debería haber sido su ru m b o pues había in v ertid o el
o rd e n lógico que p re su p o n ía u n cam bio en las ideas, la m oral y la conciencia pública p ara
"Es cierto que en M ayo d e 1810 com enzam os nuestro desarrollo; pero es cierto tam bién q u e
lo com enzam os mal. Lo com enzam os sin deliberación; lo hem os seguido sin conciencia;
nosotros no nos hem os m ovido; hem os sido m ovidos p o r la im pulsión fatal d e otras cosas
m ás grandes que las nuestras. Así es que nosotros sabíam os que nos m ovíam os, pero no
sabíam os ni por qué ni p ara q u é'' (p. 131)
A lberdi en ten d ía q u e tan to el atraso colonial com o las in g en tes necesidades p lan tea d as p o r la
p o d ría hab er sucedido d e otro m odo, p u es E spaña h ab ría seg u id o o p rim ien d o a la sociedad
colonial m an ten ién d o la a p a rta d a d el contacto con los centros m ás av a n zad o s d e la civilización.
Este desfase entre el proceso d e em ancipación y las q u e d e b e rían h ab e r sido sus condiciones, es
u n tópico habitual en los escritos d el g ru p o . En tal sen tid o se d estaca u n a afirm ación hecha en
la norteam ericana, había v iolado "las leyes divinas del tiem po y del espacio" (p. 130).
Esta caracterización podía socavar la in terp retació n d e los jóvenes rom ánticos p u es resu ltab a
ev id en te q u e las leyes d e la histo ria se h ab ría n m anifestado d e u n m o d o h arto sin g u lar en este
ap a rta d o rincón del planeta. Sin em bargo esto no era p ercibido com o u n p roblem a conceptual o,
efecto, uno d e los rasgos m ás significativos de su pensam iento fue el de m an ten er u n a tensión
u o tra dirección334. Por eso A lberdi p o d ía plantear en ese discurso que ya era tiem p o de
"interrogar a la filosofía la senda que la nación argentina tiene designada para cam inar al fin
co m ú n de la hum anidad" (p. 132). Este interrogante resum e en buena m edida el program a
propiciado por los jóvenes rom ánticos, pues su respuesta perm itiría alum brar esa sen d a que su
condiciones com o las que A lberdi y sus com pañeros creían poder contar ahora: u n sistem a
superior de ideas y creencias. A hora bien, q u e se tratara de u n interrogante cuya respuesta debía
ser aú n develada era tam bién consecuencia del hecho que la nación argentina era m ás el nom bre
de u n proyecto que el resultado d e u n a historia pasada: esa senda no sólo debía ser ilum inada sino
La ausencia de elem entos específicam ente nacionales -d istin g u ib les del resto d e A m érica y
capaces d e au n ar el conjunto d e las provincias del P la ta - fue señ alad o por Echeverría en u n a de
A ngelis. El origen d e esta discusión fue u n a crítica irónica q u e había hecho el n ap o litan o del
indignación, pero tam bién p rocuró d a r u n a explicación histórica del estado sociopolítico
colonial sin que éstos tam poco h u b iera n p o d id o ser creados en el revolucionario. P or eso se
La resp uesta era entonces negativa. H a b ría q u e esp erar vario s años y la existencia d e nuev as
resp u esta positiva y e n la que, adem ás, se considerase a la R evolución d e M ayo com o u n
334 Esta tensión fue enunciada por Echeverría cuando propuso solicitar en su auxilio el pensam iento
europeo bajo ciertas condiciones: “El m undo de nuestra vida intelectual será a la vez nacional y
hum anitario: tendrem os siem pre un ojo clavado en el progreso de las naciones y el otro en las entrañas de
nuestra sociedad", en DS p. 265.
335 Esta cuestión la traté en mi tesis de licenciatura Formas de identidad política v representaciones de la
nación en el discurso de la Generación de 1837, Departamento de Historia, Facultad de Filosofía y Letras-
UBA, Cuadernos del Instituto Ravignani, n° 11, 1998.
j36 "Cartas a Don Pedro de Angelis...", o p .cit., p. 311/2. ■
240
continuación, ese no era el caso d e los escasos relatos referidos a la R evolución escritos
El dram a d e A lb erd i
C om o ya noté anteriorm ente, y salvo en el caso d e los textos biográficos y testim oniales, fuero n
escasos los relatos sobre los sucesos d e 1810 elaborados d u ra n te esos años. Esto resu lta
llam ativo si se tiene presente el interés q u e d esp e rtab an y la posibilidad d e que su re cu erd o
p u d iera ser utilizado p ara legitim ar ideas, decisiones, intereses o p u n to s d e vista. E ntre esas
excepciones se encu en tra una obrita de teatro escrita p o r A lberdi cuya acción tran sc u rre en la
ciu d ad de Buenos A ires d u ran te los días 24 y 25 d e m ayo y q u e tiene com o p ro tag o n istas a
algunos m iem bros del grupo revolucionario337. A pesar d e tratarse de u n a obra d e escasa
en tid ad literaria y excesivam ente co ndicionada por esa co y u n tu ra en la q u e A lberdi alen tab a el
tensiones y los problem as que se p lan tea b an cu an d o se q u ería p asa r d e u n a in terp retació n
general del proceso revolucionario a relatos referidos al m ism o. Es decir, ¿cóm o d a r form a d e
relato a u n proceso cuyos hechos se sabe inscriptos en u n a leg alid ad que los trasciende y en
cuyo ru m b o no p u e d e n tener d em asiad a incidencia sus protagonistas? Y, adem ás, ¿qué interés
E n relación a esto últim o A lberdi hizo explícitos cuáles e ra n su s objetivos en u n aviso inserto en
la rev ista com o anticipo d e la publicación y q u e luego sería e d ita d o com o n o ta in tro d u cto ria d e
pueblo, pues consideraba que u n a obra d e esas características h aría factible q u e incluso los
T anto su p ropósito d e llegar a u n público am plio com o la ausencia d e n arracio n es sobre los
in tro d u cto ria plan tea que se trata de u n a crónica "p o rq u e es la narración exacta, puesta en boca
de los personajes históricos, de todas las ocurrencias q u e tuvieron lugar en aquellos dos dias
fam osos" (p. 9). Pero poco después, en u n a extensa dedicatoria q u e hace a los revolucionarios
brasileros d e Río G rande, introduce u n nuevo m atiz ya que se refiere a "este repertorio indigesto
'j7 Juan B. Alberdi, La Revolución de Mayo. Crónica Dramática. Bs.As., 1960 rRevista del Plata,
Montevideo, n°4, 18/5/1839 y ss.] •
241
de nom bres, de principios, de sucesos, de recuerdos y votos, m itad históricos, m itad fantásticos,
pero elevados todos, (...)" (p. 17). Esta últim a apreciación que destaca la hibridez de la obra en tanto
verem os luego, fueron tam bién razones relacionadas con la interpretación que hacía A lberdi d e la
C abe n o tar ad em ás que estos paratextos -la nota introductoria, la dedicatoria y la nota fin al- no
sólo fueron utilizados p ara reflexionar sobre los contenidos, los objetivos y la form a de la obra,
sino q u e tam bién le perm itieron p lasm ar sus ideas sobre la R evolución con m ayor claridad q u e
en la p ro p ia obra. La dedicatoria por ejem plo, si bien hace nu m ero sas observaciones
co y u n tu rales tam b ién llam a la atención sobre el hecho que el m ovim iento q u e sacudía el su r d e
Brasil estaba inserto en u n o m ás vasto de alcance planetario y del q u e tam b ién había fo rm ad o
la lib ertad y el despotism o, que era tam bién el que se estaba d esa rro llan d o en las orillas del
q u e A lberdi en ten d ía había sucedido en 1810 o, m ás bien, lo q u e co n sid erab a q u e debía p asa r a
fo rm ar p arte d e la conciencia pública. E ntre sus p rincipales rasgos h ay tres sobre los q u e
quisiera llam ar la atención: el estar ceñida a unas pocas acciones p ro tag o n iz ad as p o r alg u n as
tam bién, y quizás en p rim er lugar, u n arm a d e lucha contra el rég im en rosista, y q u e A lberd i
reacciones que los d istin g u en entre sí, lo cual le p erm ite a los lectores d e la obra o a sus
242
espectadores tom ar nota d e los diversos estados de ánim o por los q u e h ab ría n tran sitad o los
estaba perdido a u n a confianza ciega en el triunfo. Estas diferencias en v erd ad eran expresiones d e
u n a m ayor: la que había entre m oderados y exaltados. División que sin em bargo no hace mella en
el hecho que todos fueran revolucionarios. Esta disposición perm ite que cada u n o de los actores
p u e d a aportar algo que los dem ás carecen y que resulta necesario en d eterm inado m om ento,
p u d ien d o incluso variar según cuál sea la circunstancia -C hiclana q u e se m uestra irreflexivo y
poco hábil en las discusiones en la casa d e Peña, utilizaría su astucia para lograr la decisiva
adhesión de S aavedra-, De ese m odo no se trataría tanto de figuras históricas, sino de principios,
aprovechó, eso sí, algunas d e las características que las tradiciones les atribuía a cada uno de ellos.
Las diferencias y los vaivenes sufridos por los revolucionarios aparecen sobre todo el día 24
cuando tienen que decidir qué hacer frente a la m aniobra del C abildo que había creado u n a junta
p resid ida por el ex virrey tras el C abildo abierto del 22 de m ayo. Decisión que, entre otras
consecuencias, le habría perm itido obtener la obediencia de figuras decisivas com o Saavedra,
C om andante del m ayor cuerpo militar. La acción, que a veces recurre a pasos d e com edia,
com ienza en la casa d e Peña que era el centro de la conspiración. La prim era discusión que se
Vieites y Chiclana son los m ás exaltados, notando este últim o que confiaba en q u e el pueblo los
aclam aría si decían la v erd ad d e frente. Por el contrario, Larrea y Paso se m u estran m oderados y
con m ayor claridad sobre cóm o actuar. Paso sostiene que d ad a la fidelidad del pueblo al m onarca
debían encubrir sus verdaderos objetivos d u ran te u n tiem po a fin d e no frustrar el m ovim iento
em ancipador colocando el nom bre d e F em ando VII al frente d e todos sus actos y reform as (p.
22/3). A Vieites esto le parece indigno, trenzándose en u n a discusión con Larrea que tiene u n a
visión m ás conspirativa d e lo que debe hacerse, d u d an d o que esté g anada la oficialidad y que se
p u ed a contar con dinero "este m otor suprem o de las revoluciones, este agente im ponderable q u e
d á v id a y m uerte a los tiranos" (25). Por el contrario, Vieites asegura que m il patriotas habían
ofrecido su v ida y fortuna. Introduciendo u n m atiz interlocutivo q u e explica e n p arte las diferentes
posiciones y los rasgos psicológicos d e los personajes, Larrea lo trata com o "m i joven am igo" p ara
hacerle ver que esos brindis son efusiones m om entáneas y que quienes los p ronuncian se suelen
echar atrás. La discusión se encuentra estancada cuando com ienzan a escucharse festejos
realizados en h o n o r al Virrey, creyendo adem ás que vienen p o r ellos. T odo les parece perd id o
hasta que Chiclana, apoyado por Vieites, vuelca la discusión apelando a la fe y al valor. Sin
em bargo, pronto caen en u n nuevo desánim o. Prim ero llega Severo, uno d e los particulares que
243
h ab ían ofrecido su ayuda pero que ahora se m uestra tem eroso y esquiva sus com prom isos. Esto le
sirve a Larrea para reprender a Vieites p o r su ligereza haciéndole ver que era ingenuam ente
optim ista. El clímax se alcanza cuando reciben una nota de otro supuesto patriota excusando su
ay u d a p or estar en cama. Sin em bargo, Belgrano descubre que se trata de una m entira al interrogar
al criado q u e trajo el recado pues éste señala que su am o estaba festejando por el nuevo gobierno.
C u an d o creen que todo está perdido, incluso sus vidas, interviene Larrea contradiciendo su
anterior posición pero m ostrando a la vez m ayor conocim iento de la naturaleza humana: asegura
que no debían tem er ya que u n a vez obtenido el triunfo todos los apoyarían.
Com o se habrá podido apreciar los m ovim ientos son erráticos y reina la im provisación. De hecho
se m uestran m ás preocupados por derrocar el gobierno que por resolver cóm o seguir después.
U na vez m ás es Larrea el que m uestra lucidez al plantear que debe crearse u n nuevo gobierno
"en política esta doble operacion de destrucción y reparación quiere ser casi sim ultanea. El
p o der no p u ed e estar vacante u n m inuto. El poder es la colum na que sostiene la bóveda
social. Si falta u n instante la sociedad sucum be" (p. 42).
Interviene entonces por prim era vez un inspirado Berutti proponiendo los nom bres de quienes
deberían integrar la nueva junta encabezada por Saavedra. Tras u n a breve discusión su propuesta
es aceptada.
T odos acuerdan en la necesidad de contar con el apoyo del Regim iento d e Patricios com andado
por Saavedra, quien aparece en todo m om ento com o u n instrum ento sobre el que es necesario
influir para alcanzar los objetivos propuestos. Para ello se dirigen al cuartel y se encuentran con
q u e todos los oficiales b rin d an por Cisneros y por F em ando VII. Son bienvenidos hasta que
rechazo por parte d e sus anfitriones. Para peor Saavedra, si bien es u n patriota, se m u estra reacio a
derribar la Junta y a q u e había ju rad o fidelidad a las nuevas autoridades y, adem ás, no quiere
tom ar decisiones apresuradas. Chiclana entonces lo halaga y le hace notar que p u ed e presidir la
p ro p o n en salir con las arm as cuando llega M oreno en form a casual y le d a dirección al m ovim iento
al pro p o ner que se h ag a u n a petición al C abildo argum entando que la violencia resulta innecesaria
La acción continua al día siguiente cu an d o tras nuevas vacilaciones que tienen com o propósito
au m en tar la tensión dram ática, el C abildo hace dim itir a la junta y proclam a u n a nueva. El interés
de esta parte no reside tanto en las acciones sino en las referencias políticas tanto en lo que hace al
presente del autor com o a las concepciones que le atribuye a los revolucionarios. Para am bos
propósitos, m uchas veces confundidos entre sí, A lberdi recurre con preferencia a la figura de
Vieites. Por ejemplo, cuando responde a "Una voz" que proclam a "M ueran los gallegos abortados
p o r la España!", señalando que la revolución no será parricida ni fratricida ni u n "m otín estrecho
"(...) u n grandioso episodio de u n a ley que trae su desarrollo desde las repúblicas de Grecia
y de Roma, y propende á dom inar la superficie entera d e la tierra: producto necesario de
todos los progresos hum anos, ella es u n a propiedad de la civilización universal (...)" (p. 110).
Inm ediatam ente Vieites se refiere a la h erm an d ad entre todos los hom bres, algo q u e si bien podían
que A lberdi daba a conocer la obra, pues asegura que desde ese día
"(...) nosotros no conocem os estrangeros. N o que el Francés deje de ser Francés, que el Ingles
deje d e ser Ingles, que el A m ericano deje de ser Am ericano en este suelo; sino que el Francés,
el Ingles, el A m ericano sean hom bres y herm anos en Am érica, com o lo son en la n aturaleza y
la verdad. - V ivan p u es todos los hom bres y las naciones d e la tierra!" (p. 111)
A q u í surge u n p ro b lem a p resen te en el texto, o al m enos su lectura perm ite plantearlo, ya que
o b ra no resu lta del to d o claro cuál era esa p atria ni cóm o se identificaban los p ro tag o n istas del
nosotros?. En esto A lberdi no parecía d iferir d em asiado d e quienes h ab ían p articip ad o del
d ebate en 1826, y a q u e proliferan los gentilicios y los calificativos q u e d an cuenta del carácter
americano o porteño d e los actores y d el proceso revolucionario. Más aún, si hay en tid ad e s
referencias a patria y pueblo y las m enos ab u n d a n te s a nación, casi n in g u n a tiene com o referente
algo argentino. R esulta notable ad em ás q u e la p rim era m ención a algo argentino recién aparezca
cu an d o la obra está av an zad a, p ero sobre to d o que se trata d e u n a expresión anacrónica referida
d esd e hoy dos p ro p ietario s esclusivos: D ios en el Cielo, y el P ueblo A rgentino en la tierra" (p.
111/2). Las acciones parecen así situ ad as en el contexto d e 1810. Pero a continuación se refiere
245
Estos anacronism os -¿ q u é son sino las referencias a extranjeros libertadores en m ayo d e 1810?-
se refu erzan a lo largo d e la alocución d e Vieytes qu ien , pro/éticamente, alu d e a las g u erras
civiles y a la solución p ro p u g n a d a p o r la Joven G eneración que llam aba a su p erar las divisiones
"Solo p o d réis decir q u e está cu m p lid a v u estra m isión, cu an d o po d áis anunciarnos q u e (...)
ya no hay guerras de localidades, an tip atías d e provincias, luchas d e feudalism o y d e
insociabilidad; la p a z y la am algam a se h a n establecido en tre el principio provincial y el
principio nacional" (pp. 113/4).
d e la G eneración d e 1837, estaba condicionada p o r las luchas facciosas. A dem ás este relato
sobre la Revolución, el único escrito com o tal p o r m iem bros d el g ru p o d u ra n te esos años, no
en ese sentido, las m ism as son forzadas y tienen u n carácter anacrónico difícil d e ocultar. Es q ue
éstas sólo aparecen enunciadas, al igual q u e lo su ced id o en los textos biográficos y testim oniales
y en g ran parte d e aquellos q u e n a rra n los hechos revolucionarios. E n este caso, A lberdi
recu rrió a los paratextos o a los dichos d e algunos p ro tag o n istas in terfirien d o la flu id ez d e las
tam b ién lo creía así? O, m ás precisam ente, ¿creía q u e ese h ab ía sido el objetivo d e los
al m enos p u ed e ser así in terp retad a. Sin em bargo A lb erd i parecía en ten d e r las cosas d e otra
246
m anera. En la nota ag reg ad a al final, es decir, d estin ad a a sus p ares y no a los potenciales
esp ectad ores d e la obra, arg u y e q u e la R evolución no po d ía considerarse com o una gesta o una
había sido u n a evolución política parlam entaria, un m ero cam bio institucional:
P or eso estim a q u e d e haberla p in tad o tal cual fue, habría lucido d escolorida y m archita. Su
Esta in terp retació n es lo q u e perm ite e n ten d e r su opción narrativa, p u es estaba obligado a
to m ar en cuenta hechos sin m ayor color p ero q u e deb ían ser revestidos d e u n carácter épico. Ya
vim os q ue en los textos introductorios plantea dos versiones distintas sobre la obra. Prim ero
asegura que es todo verídico, pero luego afirm a que m ezcló hechos históricos y ficcionales en una
m ism a tram a. Esta últim a apreciación la retom ó y explicó con m ayor claridad en la nota final: antes
d e p lantear el carácter parlam entario que había tenido el m ovim iento de m ayo afirm a que
"La parte histórica, se h a tom ado casi literalm ente de las actas y de las m em orias: la parte
fantástica d e la tradición popular. N o se puede decir que esta C rónica sea toda verdadera, ni
toda falsa. A ser p u ra realidad no se habría apellidado dramática: y si hubiese sido
enteram ente fantástica, no se habría titulado crónica. Tiene, pues, d e realidad y d e fantasía,
com o esa m u ltitu d d e rom ances y dram as que nos ofrece la literatura de nuestros días. Se ha
convenido en q u e era la mejor form a para iniciar en las cosas serias, á las inteligencias lijeras
y poco capaces d e atención intensa. Faltaba u n escrito d e esta especie para d ifu n d ir en las
nuevas generaciones y en el com ún d e las gentes el conocim iento d e nuestra Revolución. En
los m om entos que se trataba d e renovar, p ara continuar, sus tradiciones, nos pareció que no
carecería d e utilid ad u n trabajo com o este. N ada mas, pues, que con esta m ira d e utilidad
política ha sido concebido y desem peñado" (p. 126).
u n h íb rid o genérico sino tam b ién a d a r form a a u n a versión épica d e la R evolución, a pesar d e
q u e no era ésa precisam ente su in terp retació n d e lo sucedido en m ayo d e 1810. R ecordem os que
en u n artículo p u b licad o d u ra n te esos d ías en la m ism a Revista del Plata, A lberdi le criticaba a
■> Rosas q u e éste sólo p o d ía percibir la R evolución desd e u n p u n to d e vista p arlam en tario e
247
institucional aten u a n d o así el carácter ru p tu rista que había tenido. Sin em bargo, la concepción
d e A lberdi -a s í com o las d u d as que p lan tearía poco tiem po d espués F. V arela o la idea de
P arish según la cual la guerra había sid o pro v o cad a por las a u to rid a d e s españolas que
desconocieron las juntas locales- no parecía alejarse dem asiad o d e la interpretación p ro p u e sta
teatro.
A hora bien, ¿se p o d ía n com patibilizar am bas interpretaciones e n u n relato que hacía d e la
negativa, ya q u e A lberdi p o d ría hab er re cu rrid o a la distinción en tre dos m om entos p ara d ar
form a a ese relato. Sin em bargo se m ostraba m ás interesado en su m ar elem entos de lucha con tra
Rosas que en elaborar u n a narración cap az de integrar los hechos revolucionarios en aquello
q u e p erm itiera ap reciar su carácter fatal. De ahí q u e la n o ta final concluya haciendo explícitos
guía d e esa lucha. En tal sentido aseg u ra q u e el p ro g ram a d e M ayo h ab ían sido m ás bien u n a
profecía q u e u n a conquista" p u es "la libertad es hasta hoy u n a prom esa, la igualdad una
esperanza, la nacionalidad u n deseo" y q u e eran ellos, los jóvenes, quienes estaban llam ados a
renovar la cruzada del progreso p ara recom enzar la revolución y realizar sus designios (p. 129).
El eslab ó n y la cadena
Por el m om ento traté la obra d e A lberdi considerando sus contenidos y el contexto en el que fue
publicada. Pero la m ism a presenta u n interés adicional, pues tam bién perm ite apreciar cóm o se
fueron enlazando a lo largo del siglo XIX los diversos relatos y representaciones sobre la
textos referidos a ese proceso ten ían p resen te y en tra b an en diálogo con produccio n es
anteriores. En ese sentido, el texto d e A lberdi p u e d e ser co n sid erad o com o u n eslab ó n
Veam os por ejem plo com o trata u n tem a recu rren te y polém ico q u e había cobrado form a en el
recurrente no sólo por la consideración d e tal o cual nom bre, sino tam bién p o rq u e p onía sobre
el tapete diversas in terp retacio n es sobre el carácter que h ab ía ten id o y sus objetivos. Esto po d ía
248
im plicar diversos niveles d e discusión: la im portancia asig n ad a a los hechos internos y externos;
la atrib ución d e los sucesos a tal o cual sector d e la elite. La intervención d e A lberdi se sitúa en
este ú ltim o nivel al poner en form a dram ática una in terp retació n que atribuye la au to ría del
tien d e a expresarse m ed ian te anacronism os. Así, poco antes d e finalizar le hace proclam ar a
French
"G loria eterna á los padres d e nuestra libertad, á los ilustres prom otores d e la revolución de
Mayo, á los espíritus penetrantes y audaces q u e a través de una noche de tres siglos h an
sabido discernir con claridad nuestros destinos inm ortales (...) A su m em oria, señores, y para
su culto, un m onum ento será levantado en esta m ism a plaza, en cuyas lám inas se describirán
con letras d e oro, los nom bres arm oniosos d e Paso, Castelli, Belgrano, Larrea, M oreno,
Vieites, Chiclana, Peña, Saavedra, Irigoyen, y diez nom bres que m i boca, enervada d e
entusiasm o, calla, pero que los lábios d e la fam a h arán resonar en los espacios del porvenir"
(pp. 121/2).
Esta referencia parece rem itir al debate en el C ongreso en 1826 del que probablem ente A lberdi
dependiente. De todos m odos no parece decisivo saber si conocía la discusión o no y, m enos aún,
si form aba parte d e sus recuerdos d e la adolescencia. Es q u e en v erd ad lo que esta m ención
sobre la R evolución que sólo en form a circunstancial lograban plasm arse en textos escritos o
alcanzaban la resonancia del debate de 1826. Es el caso d e la alusión que hace a continuación sobre
las diferencias q u e se trazaban entre quiénes habían concebido la Revolución y quiénes la habían
ejecutado: las palabras d e French son seguidas por la acción d e u n personaje anónim o que trae
laureles "Prim ero p ara las cabezas que h an concebido nu estra libertad, despues p ara todos los q ue
C abe recordar en relación a esto últim o q u e aunque la obra se centra en la acción d e u n grupo
m inoritario, A lberdi pretendía revestir los sucesos d e m ayor esplendor como si se hubiera tratado
h ab ían aparecido com o personajes todos los q u e habían p rep arad o y llevado a cabo la Revolución
sino los que las m em orias y tradiciones consideraban m ás im portantes, cifrando en sus nom bres
las acciones de 1810. Sin em bargo llam a la atención sobre el hecho que ninguna revolución p u ed e
ser hecha p o r una docena d e hom bres, y que en este caso no d u d ab a que habían sido m ás de
249
cincuenta sus autores aunque esta afirm ación no conviniera a algunas reputaciones. De todos
m odos concluye que no nom bró a todos porque no le daba la gana, d an d o a entender q u e no
quería ab u n d ar en explicaciones que pud ieran distraer la acción dram ática (p. 127). C on lo cual
vem os nuevam ente q u e A lberdi no pudo, no quiso o no le pareció im portante plasm ar en la obra
A hora bien, así com o la obra p u ed e ser leída a la luz de textos y debates q u e le antecedieron,
tam bién p u ed e hacérselo en relación a otros que le sucedieron. Por u n lado, p o rq u e A lberdi
plan teó o retom ó tem as y problem as que seguirían tratá n d o se d u ra n te m u ch o tiem po. P or el
otro, p orque la ausencia d e relatos sobre el proceso revolucionario la constituyó al igual que el
historiográficos. Y, finalm ente, porque el haber planteado dos interpretaciones sobre lo sucedido
en 1810 perm itía que fuera retom ado en uno u otro sentido, ya sea que se considerara la acción
dram ática en la q u e los personajes decían estar asistiendo a u n a transform ación histórica o la nota
final según la cual el 25 d e m ayo sólo se había producido u n cam bio institucional.
En el p rim er sen tid o sería recuperado p o r M itre en el Prólogo a la seg u n d a edición d e su Historia
de Belgrano, d o n d e llam ó la atención sobre el contenido y la form a d e la pieza teatral al aseg u rar
q u e ésta tenía "en el fondo m as v erd ad histórica de la que su form a caprichosa haria su p o n er"338.
Esta calificación no era d e M itre sino del propio Alberdi: en su dedicatoria a los revolucionarios de
Río G rande se había referido a "estos recuerdos im perfectos d e nuestra revolución de M ayo,
consignados en u n a form a caprichosa, que m e ha gustado denom inar crónica dramática" (p. 17). En
cuanto a sus contenidos M itre no explica en qué consistiría ese fondo d e verdad, pero es probable
lectura que afianza el carácter rupturista que había tenido la Revolución. Sin em bargo, pocos años
m ás tarde M itre se m ostraría m enos benévolo, pues e n su polém ica con Vélez Sarsfield acusaría a
A lberdi de haber tratad o la Revolución com o "u n a gran com edia" cuyos dirigentes carecían de
Pero el texto de A lberdi tam bién podía ser recuperado en otro sentido. En la sección anterior se
p u d o apreciar cóm o d u ran te la década d e 1850 había com enzado a desarrollarse u n proceso d e
de Mayo, donde propone u n a im agen conciliadora o al m enos positiva de los patriotas y de los
realistas tom ando p ara ello com o fuente las Actas de Mayo. Pero no sólo recurre a la fuente hasta
entonces predilecta del rosism o, sino que lo hace caracterizando lo sucedido el 25 de M ayo com o
m enciona explícitam ente. C on esto q u iero llam ar la atención sobre u n a d e las posibles
am o rtig u ar el carácter ru p tu rista q u e h ab ían tenido los sucesos d e m ayo. De todos m odos esta
p erspectiva no logró fructificar en esos años: apreciaciones com o las d e M agariños resultaro n
ocasionales sin que lo g raran hacer escuela. Com o verem os a continuación, y a pesar d e que
cad a vez cobraba m ay o r fu erza la necesidad de llevar a cabo u n nuevo exam en del pasad o
colonial, serían otros los tem as d o m in an tes en la década d e 1850 en lo q u e hacía a las
J 0 A. M agariños Cervantes, “La revolución de 1810 en Buenos Aires según las actas capitulares”,
Estudios históricos, políticos y sociales sobre el Río de la Plata, tomo I, Colección de clásicos uruguayos,
vol. 35, Montevideo, 1963, p. 117 [París, Tipografía de Adolfo Blondeau, 1854], •
251
Capítulo XI
La década de 1850: viejos problemas, nuevas polémicas.
Las [provincias] que tuvieron que quedar argentinas por sus situación
topográfica, han soportado el P R O T E C T O R A D O intermitente de Buenos
Aires durante cincuenta años, y hoy mismo lo soportan. Es el mismo
PRO T EC T O R A D O A FAVOR DE LA LIBERTAD DE LAS PROVIN CIAS,
decretado por el pueblo de Buenos Aires el 25 de mayo de 1810 y repetido
hasta 1862.
Con razón quiere tanto Buenos Aires ese día, y con razón las provincias
prefieren el 9 de julio, en que se emanciparon de España sin someterse a
Buenos Aires
Juan B. A lberdi, 1864/5
ese grandioso dia que debe ser para los Porteños de tan grata memoria, como
ha sido, y será siempre, el 9 de Julio de 1816, por que si este importa el
juramento de nuestra emancipación política, el 11 de Setiembre es la
continuación de aquel gran pensamiento, interrumpido por las bárbaras
pretericiones de los Quiroga, Rosas, Urquiza, Lagos, gauchos rudos del
desierto que rompieron y airastraron á los pies de sus caballos las bellas
tradiciones de nuestros pueblos
A. J. Blanco, "11 de setiem bre", 1853341.
'41 J. B. Alberdi, “Belgrano y sus historiadores” en Grandes v pequeños hombres del Plata. El
Pensamiento Político Hispanoamericano, tomo VI, Bs. As., De Palma, 1964, p. 232 [escrito entre 1864/5
y publicado en forma postuma]; A. J. Blanco, “ 11 de setiembre” en La Ilustración A rgentina. Semanario
Critico y Literario, Bs.As., Imprenta de Hortelano y Serra, n° 1, 11/9/1853. -
252
Se h a señalado en nu m ero sas ocasiones q u e tras la caída del régim en rosista la v id a pública
Buenos Aires. U no d e los rasgos m ás característicos d e este proceso habría sido el nacim iento de
u n a incipiente labor historiográfica cuyos alcances y lim itaciones ya fueron exam inados en la
p rim era sección. T eniendo en cuenta ese m arco no parece descabellado co n sid erar q u e tam bién
se tiene presente q u e tam bién se d iero n otras condiciones que, al m enos a priori, facilitaban esa
nu ev o ciclo desd e el cual se p o d ría rein terp retar la historia previa. A esto se deben añ ad ir
tam b ién algunas condiciones m ás específicam ente historiográficas com o la publicación d e obras
m an u scritos-; los llam ados en p ro d e u n a revalorización del p asa d o hispánico y colonial; y las
dio a conocer su biografía d e Belgrano. Sin em bargo, y al igual q u e lo sucedido con el conjunto
d e la p ro d u cció n discursiva pública, la referida a esta cu estió n ad q u irió u n cariz sin g u lar com o
consecuencia d el conflicto en tab lad o en tre B uenos A ires y el resto d e las provincias. Por cierto
que se trataba de u n fenóm eno d e larga data cuyas prim eras m anifestaciones anteceden incluso a
la propia Revolución, siendo adem ás uno de los n u dos conflictivos que recorren la historia d e la
región. En lo que aquí interesa es de notar que aunque el conflicto entre Buenos Aires y el resto de
las provincias había afectado los textos referidos a la Revolución desde sus inicios, sólo en algunas
ocasiones había logrado ocupar u n prim er plano a la hora d e d ar form a a sus representaciones.
A dem ás estas diferencias no siem pre se expresaron del m ism o m odo, pues dependían del
posicionam iento asum ido p o r las dirigencias en cada coyuntura. En ese sentido tam bién se debe
tener presente que no siem pre se enunciaban en form a explícita, pues a veces se lo hacía en form a
tangencial o sutil.
M ayo cuyo recuerdo tendía a ser m onopolizado por Buenos Aires. Si bien no contam os con u n
exam en d e este fenóm eno, existen algunos indicios com o la afirm ación d e A lberdi que encabeza
. 253
com o epígrafe este capítulo -y que d e todos m odos debe ser considerada con cuidado por su
carácter tendencioso-. T am bién p u ed e percibirse en el tratam iento que hacían de esas fechas
algunos gobiernos y m edios d e prensa provinciales, pues en num erosas ocasiones el 25 d e M ayo
era ignorado o se m ostraba escaso interés ante él. Sin em bargo no resulta del todo claro por q ué
sucedía esto, ya que otros años el recuerdo se activaba con gran fuerza. Probablem ente estos
altibajos obedecieran a diversas tradiciones locales y al interés que podía tener u n g rupo dirigente
d isp u tarle a Buenos A ires el h ab e r sido la iniciadora del proceso, p articu larm en te en Salta cuya
cercanía con Bolivia en m ás de un sen tid o p erm itía reco rd ar que ese "in m o rta l
pro n u n ciam iento" se h ab ía hecho exactam ente u n año d esp u é s d e "la insurrección iniciadora d e
Más allá d e las diversas form as q u e hasta entonces había asum ido la representación del conflicto,
la unificación d e las provincias e n u n E stado que pareció capaz d e disputarle al prim acía a Buenos
Aires. De ese m odo, los otros focos de discordia tendieron a q u ed a r desplazados a u n seg u n d o
plano. Esta novedad se com prende m ejor cu an d o se com para lo sucedido en esos años con los
enfrentam ientos suscitados p o r el avance d e la hegem onía rosista en las décadas de 1830 y 1840. Es
q u e éstos tam bién podrían haber sido interpretados com o u n conflicto entre Buenos Aires y el resto
de las provincias, y d e hecho algunos así lo hicieron. Sin em bargo, predom inó u n a representación
en clave facciosa: se estaba a favor o en contra d e Rosas y su régim en, qued an d o así ag rupados los
diversos actores, ideas e intereses. Por ese m otivo, la cuestión d e Buenos Aires procuraba dejarse
Un ejem plo perm itirá apreciar mejor esta cuestión. El au to r d e u n artículo aparecido en la prensa
“9 de Julio” en El Porvenir de Entre R íos. Periódico Universal, n° 75, Concepción del Uruguay,
Imprenta del Uruguay, 9/7/1850.
J J ‘'El 20 de febrero de 1813” en La Libertad en el Orden Periódico Político, Económico y Literario,
Salta, Imprenta del Comercio,N° 3, 23/2/1859. -
254
p ara salvar la Revolución y la nación, realiza im putaciones a Buenos Aires que con ligeras
variaciones bien podrían haber sido dirigidas años antes hacia Rosas y su régim en. Critica por
ejem plo a esa provincia porque su legislatura le había regalado u n a lujosa espada al General
H ornos tras haber obtenido un triunfo m iserable sobre otros argentinos y porque había votado
dinero p ara repatriar los restos d e Lavalle, digno de recuerdo com o guerrero d e la independencia
pero transform ado luego en ídolo porteño, m ientras q u e llam a la atención sobre el hecho que se
habían olvidado de las cenizas de San M artín y se descuidaban las de Belgrano. En ese m ism o
"(...) en sus fiestas decora colum nas y exhibe alegorías que antes que recordar las grandes
efem érides de la guerra d e la independencia, hacen m em oria al pueblo de la habida entre
h erm anos - Fatal lección que se le d a p ara fom entar su desunión"344.
p ara defender sus intereses traicionaba la u n id ad nacional y desconocía sus glorias com unes
Pero m ás allá d e éstas u otras inculpaciones sim ilares cabe interrogarse por el papel preciso que
podía tener la R evolución d e M ayo com o argum ento polémico. En tal sentido se debe tener
presente que si bien es cierto que todos los tem as po d ían ser percibidos a la luz del conflicto entre
rum bo que habían tom ado los pueblos del Plata. De ese m odo dilucidar qué sucedió y cuál fue su
sentido se convirtió en u n a cuestión ineludible cada vez que estallaba algún conflicto o se
planteaba alguna discusión, particularm ente las referidas a la necesidad de fijar reglas p ara
que en cierto m odo daría inicio a la escisión provincial así com o tam bién dejaría planteados los
argum entos utilizados posteriorm ente en u n o u otro sentido. M e refiero al agrio debate q u e se dio
en la Sala d e R epresentantes de Buenos A ires en junio d e 1852 con m otivo del A cuerdo de San
Nicolás firm ado p o r Vicente López y Planes, el G obernador im puesto por U rquiza a esa provincia.
La razón era q u e dicho acuerdo convocaba a u n C ongreso C onstituyente integrado con dos
q u ed an d o así afectados los intereses d e Buenos Aires. En m edio d e la discusión, y a pesar de haber
-'44 “Veinte de Febrero de 1813” en El C om ercio. Periódico M ercantil, Político y Literario, Salta Imprenta
del Comercio N° 85, 20/2/1856. ’ •
255
trascurrido ya casi m edio siglo, surgió la necesidad de caracterizar lo acontecido en 1810 d ad o que
históricam ente a las de la Nación. Vicente F. López, hijo del G obernador y defensor del A cuerdo en
la Sala, le preguntó a los D iputados qué significaba P rovincia en térm inos constitucionales y cuál
era la ley que había convertido en tal a Buenos Aires, pues él co n sid erab a q u e la N ación existía
d esd e 1810 y q u e en 1820 se había p ro d u cid o u n a sep aració n tran sito ria q u e no p o d ía d ar lu g ar
a u n derecho provincial com o el que se estaba alegando. Ireneo Pórtela lo interrum pió y no d u d ó
en responderle que esa ley había sido la d e 1810, aunque no dio nin g ú n argum ento en ese sentido
y a sea porque no los tenía o porque le resultó im posible hacerlo p o r la dinám ica de la discusión.
López retom ó la palabra para replicarlo y recurrió a u n suceso sobre el q u e volvería en diversas
aseg u ran d o que la capital podía asum ir la representación d e to d o el V irreinato. S egún López el
discurso d e Paso h abía logrado el ap lau so d e los con cu rren tes p o r lo q u e en 1810 no podía
la R evolución había sido d e carácter nacional pues había en v iad o expediciones p ara liberar a las
p ro vincias345.
C laro q ue el envío d e tropas al interior por la Junta po d ía ser considerado d e m u y diverso m odo: si
bien para algunos era u n a clara afirm ación del principio nacional, para otros no cabía d u d a que se
había tratado de la prim era acción tom ada por Buenos A ires p ara asegurar su prim acía. Lo m ism o
p o d ría plantearse e n relación a la intervención d e Paso en el C abildo abierto, pues si bien es cierto
q u e su propósito era encontrar una salida a la chicana jurídica d e Villota q u e quería posponer
cualquier decisión, tam bién lo era que se lo hacía po n ien d o a la ciu d ad d e Buenos A ires por
encim a d e todas las otras del Virreynato. Cabe notar adem ás que en distintas ocasiones, según
cuáles fueran las circunstancias y la posición asum ida frente a ellas, p u e d e n encontrarse a las
m ism as personas o grupos argum entando d e diverso m odo. Pero lo que aquí interesa no es tanto
la justeza de esos argum entos en relación a lo acontecido en 1810 ni la coherencia con su trayectoria
de quiénes los enunciaban, sino la recurrente necesidad de rem itirse a ese m om ento fundacional
que había sido la Revolución, aunque se lo hiciera con escasos fundam entos o, en no pocas
ocasiones com o parecía ser el caso d e Pórtela, con ninguno.
A hora bien, incluso a los m ás acérrim os partidarios d e la separación de Buenos Aires les costaba
’45 "Debates en la Sala de RR. De Buenos Aires sobre el Acuerdo hecho en San Nicolás de los Arroyos en
31 de mayo de 1852", en E. Ravignani (ed.) Asambleas Constituyentes Argentinas. Bs.As., Peuser, tomo
IV, 1937, pp. 386/8 [Bs.As., Imprenta Argentina, 1853], -
256
im posible -e n tre otras, el apartam iento de U rquiza y d e los gobernadores que ocupaban ese cargo
desde la época de R osas-. Es por eso que m ás allá d e los argum entos jurídicos e institucionales en
torno a lo sucedido en 1810, lo que cobró m ayor vigor fue la exaltación de la gloria de la ciudad y
de la provincia q u e debía tener un lugar preem inente en ese proceso de unificación, recurriendo
para ello a ideas o im ágenes d e larga data com o el considerarla cuna de la Revolución am ericana.
Este recurso tam bién debe relacionarse con la necesidad d e interpelar a sectores de la provincia
que se m ostraban m ás sensibles a este tipo de representaciones y argum entos que a los
provenientes d e discursos jurídicos o institucionales. En ese m arco deben entenderse num erosos
folletos, artículos periodísticos y libros publicados en esos años que posteriorm ente cayeron en el
olvido con total justicia. Es el caso de u n trabajo publicado en 1861 por Edelm iro De Casas
Redruello cuyo propósito era recordar las glorias d e esa ciudad desde su fundación hasta la
Revolución, asegurando e n relación a ésta q u e Buenos A ires había encabezado el m ovim iento
em ancipatorio sin q u e hubiera podido ser entonces co m p ren d id a por u n interior aletargado p or
expediciones p ara p o d er liberarlo, d an d o así inicio a u n a m isión que le había sido encom endada a
su pueblo cuyos hijos n o iban a p o d er descansar h asta q u e todos sus herm anos gozaran d e la
libertad. De ahí q u e tam bién incitara a las provincias herm anas a dejarse guiar por su antigua
capital para deshacerse d e los tiranos que las gobernaban y, así, volver a estrechar lazos346.
Esta superioridad, au n q u e evidente para los porteños, igual procuraba ser explicada, recurriendo
p ara ello a unos pocos argum entos repetidos m achaconam ente. Éstos p u ed e n encontrarse p o r
ejem plo en el program a esbozado p o r M itre tras la revolución del 11 d e septiem bre d e 1852 que
H asta allí enunciaba u n diagnóstico com partido p o r gran parte d e las elites rioplatenses. Las
diferencias aparecían cuando se trataba d e explicar cuáles eran las razones de esa situación, el
papel q u e cada uno d e los actores tenía en ese d ram a y, desde luego, las soluciones. M itre atribuye
lograr esa unión. Por eso se com place en anunciar a su público que
j46 E. de Casas Redruello, Glorias de Buenos Aires desde su fundación hasta 1810. Bs.As., Imprenta de la
Revista, 1861, pp. 36 y 45.
' ‘‘Principios y propósitos”, El N acional. Periódico comercial, político y literario, Bs.As., Imprenta
Argentina n° 125, 13/10/1852. .
257
porteños, quienes para ello debían pasar por alto o tergiversar d e m odo b u rd o la experiencia
rosista. Pero este juicio crítico era en verdad tan sólo u n aspecto d e una presunción que le era
previa: la que le atribuía a la provincia d e Buenos Aires una superioridad innata sobre las otras, y
adherían a su proyecto com o Sarm iento quien no se cansó d e identificar la ciudad con la propia
nación y con sus m ás altos valores, afirm ando por eso q u e consideraba
"(...) p orteños a todos los am igos del progreso y la civilización argentina, que hay an
nacido en San Ju an o en Jujuy. Buenos Aires sufre y p ad ece p o r los principios; por
sostenerlos incólum es está sep a rad a de sus h erm an o s (...) N o hay reconstrucción de
n acionalidad posible q u e no tenga p o r base a Buenos A ires, p o rq u e B uenos A ires no es un
hom bre, ni es u n partido, ni es u n a provincia p re p o n d e ra n te sobre las otras. Buenos A ires
es a la R epública A rgentina lo q u e P arís a la F rancia -e l co razó n y la cabeza a la vez, del
cuerpo social. (...) p a ra hacerse porteño, es decir arg en tin o p a rtid a rio d e las instituciones,
lo único que se requiere es sacu d ir las preocupaciones d e barrio y las influencias d e
gauchos"348
Por cierto que d o n d e el autor de Facundo alude a los m ás altos valores, principios e instituciones,
m uchos encontraban u n a m ás prosaica defensa de intereses. Pero no sólo lo hacían sus opositores:
vastos sectores d e la Provincia consideraban que tras la R evolución d e M ayo el resto del país sólo
había querido aprovecharse de sus recursos y bienes. Esto p u ed e apreciarse p o r ejem plo en lo
sucedido con u n periódico po p u lar -se g ú n el editor Benito H ortelano había alcanzado la
im presionante sum a de 3600 suscriptores- que se había m ostrado prourquicista tras la caída de
Rosas pero cam bió d e posición cuando com enzó a plantearse la posibilidad d e dividir la provincia
p ara hacer capital nacional a la ciudad. En ese contexto publicó u n a carta firm ada por " u n imbécil"
^4S “La Cuestión de la Nacionalidad”, en OCS. t. XVII, pp. 42/3 ÍE1 Nacional. Bs.As., 1/12/1856].
' La Avispa. Publicación a vapor. Palo de ciego al que no ande derecho n° 50, p. 4, Bs. As., 12/5/1852.
258
Del m ism o m odo, pero apelando a un tono que se correspondía con su posición, Luis D om ínguez
"Los provincianos, amigo, no nos quieren, está visto, sino para robarnos y degollam os
cuando pueden. D udo m ucho que h ay an d ad o u n paso desde el año 16 hasta hoi"3D°.
Por supuesto que difícilm ente hubiera podido encontrar en esas circunstancias otra predisposición.
Sin em bargo expresa bastante bien una idea presente no sólo e n los círculos dirigentes porteños,
quienes insensiblem ente deslizaban su crítica al caudillism o hacia u n a crítica a las provincias y sus
habitantes. De ahí la oscilación entre suponer que los caudillos oprim ían los pueblos por ellos
gobernados y considerar que en verdad eran sus m ás fíeles representantes. Por cierto que las
prem isas po d ían ser diversas, pero sus consecuencia y a no lo eran: en u n caso las provincias serían
únicas soluciones posibles. Lo que no parecía dejar lugar a d u d as es que esos conflictos eran
tam bién legado de u n a R evolución que había logrado derribar el antiguo orden pero no crear uno
in v ertían los roles. Así, frente a quienes d esd e Buenos A ires alegaban q u e sus au to rid a d es y los
v e rd a d lo co ntinuaba era la dirigencia p o rteñ a que d efen d ía las p rerro g ativ as e intereses d e su
q u e "L a cuestión no es, pues, entre caudillo é instituciones, es entre los intereses locales y los
nacionales". Intereses que, según el articulista, h ab ría n sido d efendidos p o r la d irigen cia
p o rteñ a d esd e los orígenes m ism os de la R evolución y que sólo había acarread o
d esg arram ientos y divisiones, siendo culpable p o r eso d e la separación d e P araguay, las
tan to u n legado colonial com o el re su ltad o del accionar p o rteñ o en pos d e ap ro p iarse de los
"B uenos A ires q u erie n d o co nstituirse en m etrópoli, a u n antes de esp u lsad o s los
Españoles, sublevó y debió su b lev ar en to d as p artes las resistencias d e las provincias, las
q u e bajo el m ism o coloniaje h ab ían co nservado su au to n o m ía puesto que sus
gobernadores eran n o m b rad o s d irectam en te p o r el Rey d e E spaña"
j5° L. Dom ínguez a V. F. López, Bs.As., 23/10/1861, en A G N Sala VII, Archivo y Colección los López,
legajo n° 2372, doc. n° 4788. •
259
A certada o no, esta apreciación d a cuenta del vínculo que se establecía entre el proceso
revolucionario y los conflictos que le h ab ían sucedido. De todos m odos se d eb e tener p resen te
q u e artículos com o éste m ás que tener la m ira en el p asa d o la tenían en el futuro, y no sólo en lo
q u e hacía a la conform ación d e pod eres políticos sino tam bién a las posibilidades de progreso
socioeconóm ico. Es que la discusión estaba d estin ad a tam bién, y quizás en p rim er lugar, a u n
público externo ante las necesidades de legitim ar los respectivos E stados y d e p ro c u rar crear un
Q uien con m ayor claridad y persistencia planteó estas cuestiones fue A lberdi, m ostrándose
m onopolizar los recursos de la N ación q u e ésta debió haber puesto a disposición de toda su
población a partir de 1810. De hecho sus escritos, glosas d e ellos o las ideas por él expuestas, fueron
u n insum o utilizado por toda la prensa d e las provincias y la nacional. Al m enos lo era en lo q u e
hacía a la relación d e Buenos Aires con el resto d e la nación y al origen d e la m ism a q u e rem itían a
la propia Revolución pues resultaban convincentes a los ojos de u n a parte considerable de las elites
provinciales. Esto no im plicaba en m odo alguno que todas sus ideas fueran com partidas,
particularm ente en lo que hacía a la adhesión sin fisuras al liberalism o económico. Es por eso q u e
al celebrar el 25 d e M ayo de 1860 el G obernador de Salta no p odía sino lam entar que
"(...) si hoy som os libres é in d ep en d ien tes políticam ente d e la España, som os m ucho m as
d ep en d ien tes in d u strialm en te d e to d a E u ro p a y d e la h erm a n a m ay o r del N o rte " 352
De todos m odos apreciaciones com o éstas eran enu n ciad as en form a esporádica pues au n q u e el
problem a no podía dejar de ser percibido, se lo asociaba a las políticas dictadas p o r Buenos A ires
q ue se suponía serían m odificadas cuando ésta se integrara a la nación. Es por eso que el
C abe notar adem ás que estas diferencias o m atices no eran sólo consecuencia d e las posiciones
asum idas por diversas dirigencias provinciales, sino tam bién de la existencia d e determ inad as
coyunturas que perm itían enfatizar aú n m ás el vínculo entre ese conflictivo presente y lo suced id o
los m om entos en los que se p rodujeron conflictos arm ados. En octubre d e 1859, m ientras se
351 Es por esa razón que el autor considera necesario discutir que Buenos Aires hubiera progresado tanto
como afirmaban sus publicistas, notando en cambio que el interior sí lo había hecho. “ Los dos cam inos”
en El Nacional Argentino. Paraná, Imprenta del Nacional Argentino n° 423 15/1/1857.
' La Libertad en el Orden Periódico Político, Económico v Literario, Salta, Imprenta del Comercio. n°
126,2/6/1860. ' .
reu n ían las fuerzas que pocos días m ás tarde se enfrentarían en Cepeda, u n periódico correntino
notaba que Buenos Aires había traicionado la R evolución pues en 1810 se había tenido presente los
intereses generales del país basados en la justicia y en la igualdad dem ocrática d e los pueblos,
que, mas tarde, debían organizar bajo -una m ism a bandera la República Arjentina". La
co n trapartida era que todas las provincias habían au n ad o sus intereses y habían tenido la m ism a
participación, incluso en u n episodio sobre al que a pocos le cabía du d a que pertenecía a las glorias
d e Buenos Aires com o era las invasiones inglesas353. Más aún, a partir del núm ero siguiente
publicaron u n a serie de artículos destinados a alabar las glorias locales desde la Revolución en
cuya prim era fila se destacan los generales correntinos A lvear y San Martín, nacidos en las M isiones
y Y apeyú respectivam ente. C abría entonces im aginar que al recordarse un nuevo aniversario de la
Revolución m edio año m ás tarde, el periódico insistiría en estas cuestiones. Sin em bargo, y al igual
que en otras ocasiones, esa fecha pasó casi inadvertida p u es los redactores parecían estar
preocupados obsesivam ente por la reciente asunción de M itre com o G obernador d e Buenos Aires
m ás que por el recuerdo de ese pasado glorioso354.
En sum a, a u n q u e tendía a acordarse en las críticas hacia el papel que había tenido y aú n tenía
Buenos Aires, tam bién po d ían plantearse diversas caracterizaciones o representaciones del proceso
revolucionario. En esto confluían tres fenóm enos que se retroalim entaban entre sí: la existencia de
diversas tradiciones locales, la presencia de facciones e intereses que dividían a los grupos
dirigentes, y la necesidad de posicionarse en función d e éstos ante cada coyuntura, lo cual podía
im plicar en ocasiones u n acercam iento con Buenos Aires. Es p o r eso que estas diferencias m uchas
veces resultan difíciles d e sistem atizar.
N o es el caso d e las divergencias al interior d e la dirigencia porteña, pues en ella se distinguió con
p a ra u n futuro indeterm inado la unificación, y otro q u e pro p o n ía utilizar los recursos d e ésta para
acelerar ese proceso poniéndose a su cabeza y cuyo principal exponente fue Mitre. Entre otras
Provm cia en 1860, y contra lo esperado p o r m uchos, se produjo una distensión en la relación con
Provm cia d e Buenos Aires, circunstancia q u e le perm itió sostener q u e ahora sí se estaba asistiendo
al cierre de ese ciclo que h abía abierto la Revolución
Sin em bargo, lo q u e todos tem ían y m uchos anhelaban no tan secretam ente, finalm ente sucedió:
pocos m eses d esp u é s se produjo la batalla d e P avón q u e term inaría con la C onfederación y
en frentam ientos, que se prolongarían hasta 1880, hizo que d u ra n te varios años siguiera
d án d o se v u elta u n a p ág in a en la historia d e los pueblos del Plata que finalm ente p o d ría n
' 55 Cit. en R. Levene (ed.) Lecturas históricas argentinas, tomo 2, Bs.As, Editorial de Belgrano. 1978, p.
322. ■ •
262
Capítulo XII
La intervención de Mitre
j56 D. F. Sarmiento, Corolario de la Ira. ed. de la Historia de Belgrano, en B.M itre, Historia de Belgrano
y de la Independencia Argentina. Bs.As., Anaconda, 1950, p. 7 [Bs.As., 1859]; G. Beeche a J. M.
Gutiérrez, Valparaíso, 14/1/1860, en AE, t. VI, p. 27. ■
263
A lo largo de la tesis señalé en varias ocasiones que la Biografía del general Belgrano d e 1858 y su
seg u n da edición de 1858/9 titulada Historia de Belgrano, produjeron una transform ación cualitativa
en los relatos y representaciones de la Revolución. Las razones son varias, pero hay tres que
m erecen ser destacadas. En prim er lugar porque se trató d e u n relato de m ayor aliento que los
realizados hasta entonces y en el que las representaciones e ideas de su autor dejaron d e ser
planteos abstractos o generalizaciones para cobrar m ayor carnadura. En segundo lugar porque esa
m ism a originalidad lo convirtió en u n trabajo im posible de obviar, incluso p ara aquellos que
disentían con M itre pero que igual se vieron en la necesidad de rebatirlo. En tercer lugar, y
relacionado con lo anterior, porque logró cam biar los ejes sobre los cuales se discutía a la hora de
entre el período colonial y el republicano. Este a p a rtad o está dedicado a trata r esta ú ltim a
Revolución así com o tam bién lo sería m ás tarde para p o d er afirm ar que ésta había sido expresión
d e la nacionalidad argentina. En verdad esta innovación no es del todo tal, pues retom a un
problem a ya fatigado com o lo era el de la autoría. Sin em bargo, su tratam iento resultó novedoso,
p u es M itre postuló en form a insistente que el m ovim iento había sido dirigido por u n sujeto
revolucionario conciente d e sus actos, procurando dejar atrás las interpretaciones q u e hacían
Este sujeto tenía tam bién dos cualidades q u e perm itían dotarlo de m ayor densidad e interés. Por
u n lado el haber sido apoyado por el pueblo que acicateaba a su dirigencia cuando ésta desfallecía
o p erdía el rum bo. Esta singular relación le perm itía entonces postular la existencia d e una
com unidad vigorosa, m ad u ra y conciente de sus derechos cuyos m iem bros luchaban p o r u n a
m ism a causa. Por otro lado, el haber m ad u rad o sus ideas y sus planes en el cénit d e la sociedad
com unidad que la había protagonizado de m ayor aliento que las hasta entonces vigentes pues,
recordem os, éstas solían arrancar con las invasiones inglesas y eso en el m ejor de los casos.
A dem ás, esto tam bién ay u d ab a a resolver uno de los problem as que aquejaban a los liberales
hispanoam ericanos, pues su crítica de la sociedad colonial com o una totalidad opresiva enturbiaba
cualquier explicación q u e postulara que de su seno habían surgido m ovim ientos revolucionarios.
Si bien las percepciones que tienen los autores de sus obras no siem pre resultan u n a b u en a guía
p ara examinarlas, es im portante n o tar que M itre considera explícitam ente q u e uno d e sus m ayores
m éritos fue hacer públicos los trabajos que habían precedido los sucesos revolucionarios, h asta
264
entonces desconocidos o form ando parte de una difusa tradición oral. En ese sentido sostiene q ue
los prejuicios contra la m adre patria no sólo habían im pedido conocer la labor de los futuros
revolucionarios sino tam bién de todo aquello que hubiera constituido u n aporte para la grandeza y
el progreso de la sociedad colonial, com o puede apreciarse en la crítica que hizo al Elogio Fúnebre
u n a sociedad cuya naturaleza opresiva im pedía todo progreso p o r falta de estím ulo. Esto lo habría
Para M itre esto no hacía m ás que evidenciar la incom prensión del personaje pero tam bién de la
época en la que había actuado, pues aú n en caso de no haberse producido la Revolución, Belgrano
igual hubiera sido u n a personalidad notable y, p o r lo tanto, m erecedora de recuerdo. Claro que las
razones que aduce resultan u n tanto pueriles: la creación d e la A cadem ia de Dibujo y d e la Escuela
d e Náutica.
Pero M itre no sólo debió ro m p er con las apreciaciones realizadas p o r la generación revolucionaria
cuya aprensión hacia el período colonial resulta com prensible. T am bién debió hacerlo con algunas
ideas caras a la G eneración d e 1837. Recordem os que veinte años antes sus hermanos mayores
h ab ían trazado u n balance del proceso independentista dep lo ran d o q u e éste hubiera invertido el
o rd e n natural d e las revoluciones, pues se había p ro d u cid o la em ancipación m aterial sin que
hu b iera estado precedida p o r la moral. De ese m odo, según sugestivas palabras de Alberdi,
h ab rían sido violadas las leyes del tiem po y del espacio a diferencia de lo ocurrido en Francia y en
Norteam érica. M itre sin em bargo no coincidía con esta idea, p u es entendía que la Revolución había
sido resultado del "desarrollo arm ónico de las fuerzas m orales y d e las fuerzas m ateriales, de los
hechos y d e las ideas, del individuo y de la sociedad"357. C on lo cual no sólo no habría sido violada
ley alguna, sino q u e se habían cum plido cabalm ente aquellas que guiaban a la h u m an id ad y a cada
A hora bien, el m ayor logro d e M itre no fue haber realizado esas u otras aseveraciones sem ejantes,
sino su capacidad p ara dotarlas d e espesor bajo la form a d e u n relato histórico que con el correr de
los años lograría am pliar h asta llegar al proceso m ism o d e conquista. De ese m odo lograría
dem o strar históricam ente que los pueblos el Plata estaban destinados desde la conquista a
constituirse en u n a nación republicana y dem ocrática. Pero e n sus prim eras dos ediciones, que son
las q u e aquí estoy exam inando, su relato sólo logra tom ar com o p u n to de p artid a a las últim as
décadas del siglo XVIII. Y si p u ed e parecer exiguo para d otar d e sustancia histórica a sus juicios, en
ese entonces resultaba u n a proeza casi excepcional, hecho q u e p u ed e apreciarse fácilm ente con
sólo contrastar esta biografía con las que integran la Galería de Celebridades. Es que lo q u e M itre
p retendía hacer era algo que iba m ucho m ás allá de u n a sim ple biografía laudatoria: tam bién era
u n exam en d e las fuerzas que anim aban el pasado tardo-colonial y revolucionario a fin d e q u e
Es p o r eso que al iniciar la segunda parte del libro que se centra en el período revolucionario,
p u ed e repasar sintéticam ente las transform aciones sufridas p o r el Virreinato haciendo n otar que la
R evolución en v erd ad ya se había consum ado y sólo necesitaba ser proclam ada com o tal. Le
"(...) visto progresar las ideas económicas, al m ism o tiem po que el pueblo se enriquecía p o r
el trabajo; fortalecerse el poder m ilitar d e la localidad, al m ism o tiem po que se desenvolvía el
espíritu público en los nativos; generalizarse las ideas d e bu en gobierno, a m edida que se
conquistaban m ayores franquicias políticas y m unicipales; surgir teorías revolucionarias d e
gran trascendencia del hecho de la desaparición del m onarca; afirm arse el im perio de la
opinión a m edida que el pueblo se ilustraba p o r la irradiación lum inosa de las ideas; y
sobreponerse definitivam ente los am ericanos a los europeos, el día en que, con la conciencia
de su poder, adquirieron la plena conciencia de su derecho. Esto explica cómo, al em p ezar el
año d e 1810, la revolución argentina estaba consum ada en la esencia de las cosas, en la
conciencia d e los hom bres, y en las tendencias invariables de la opinión, q u e hacían
converger las fuerzas sociales hacia u n objeto determ inado. Ese objeto era el establecim iento
de u n gobierno propio, em anación de la v o luntad general y representante legítim o d e los
intereses d e todos. Para conseguir ese objeto era indispensable pasar por u n a revolución, y
esa revolución todos la com prendían, todos la sentían venir." (p. 102)
De ese m odo, podía afirm ar q u e el proceso revolucionario n o sólo y a había sido consum ado antes
q u e fuera proclam ado, sino que tam bién había resultado transparente a los ojos d e sus
protagonistas. Y si había sido así, esto se debía a q u e ese progreso socioeconómico, político y
cultural no podía considerarse com o u n m ero usufructo d e la crisis m onárquica: tam bién había
sido consecuencia del accionar d e una m inoría dirigente y d e u n pueblo que había cobrado
conciencia de sus derechos en form a progresiva. Lo cual nos conduce de lleno al problem a del
"C om o todas las grandes revoluciones que, a pesar d e ser hijas de u n propósito deliberado,
no reconocen autores, la revolución argentina, lejos d e ser el resultado de u n a inspiración
personal, de la influencia de u n círculo o de u n m om ento d e sorpresa, fué el p rodu cto
espontáneo d e gérm enes fecundos por largo tiem po elaborados, y la consecuencia inevitable
d e la fuerza de las cosas. U na m inoría activa, inteligente y previsora dirigía con m ano
invisible esta m archa decidida d e todo u n pueblo hacia destinos desconocidos" (p. 102).
En sus prim eras dos ediciones apenas lograba ubicar esos "gérm enes fecundos" a fines del
setecientos, por lo que habría que esperar hasta su tercera edición d e 1876/7 para que p u d ieran
266
cobrar m ayor antigüedad. N o es el caso de esa m inoría a la que retrata exhaustivam ente,
retom ando para ello apreciaciones que ya habían sido desarrolladas en los años anteriores com o la
necesidad d e dilucidar quiénes habían sido los m iem bros del g rupo revolucionario. En tal sentido
señala que se había form ado u n a sociedad secreta integrada por siete individuos cuyos nom bres
rescata, destacando adem ás sus rasgos psicológicos y tendencias al igual que lo había hecho
A lberdi veinte años antes. Sin em bargo algunos son caracterizados d e diverso m odo com o Vieytes,
a q u ien tilda de prudente. C laro que no son estas cuestiones puntuales las que lo diferencian de
A lberdi, sino su intención d e m ostrar la cabal conciencia de ese g rupo a pesar de algunas actitudes
m inoría solitaria sino com o la cabeza visible o im pulsora de u n m ovim iento m ás vasto que incluía
E n cuanto a los prim eros, M itre le d a m ayor entidad a quiénes fueron decisivos en la resolución
au n q u e no form aran parte d e ese grupo anim ado por ideas liberales e ilustradas. Es el caso d e
Saavedra, a quien A lberdi había retratado com o u n tim orato incapaz d e tom ar decisiones que sólo
se había resuelto a favor d e la R evolución cuando lo convencieron que la m ayoría así lo quería y
q u e él saldría favorecido. M itre no desconoce su carácter m oderado, pero tam bién m uestra su
activa participación desde tiem po antes: ya en 1809 se había decidido por u n cam bio d e gobierno,
había acom pañado a Belgrano p ara solicitar la convocatoria a u n C abildo abierto con el fin de
contrarrestar u n llam ado e n ese sentido hecho por Cisneros (p. 107). De ese m odo no p u ed e
considerarse su actuación com o tard ía ni com o efecto d e u n a sim ple m anipulación com o lo hacía
Alberdi.
M ás significativo parece a ú n el interés d e M itre por recuperar el papel del pueblo. En efecto,
orientan el uno al otro. Por eso señala e n form a insistente q u e la m inoría fue la p rim era que su p o
q u é hacer y la que orientó y le dio form as regulares a la R evolución "sin dejar por esto de
representar u n solo instante las necesidades y las aspiraciones colectivas d e la m ayoría, que a su
vez le com unicaba su im pulso y le inoculaba su espíritu varonil" (p. 103). De algún m odo esto ya
había sido enunciado e n otras ocasiones, pero lo que M itre hace ahora es convertir ese enunciado
en u n relato en el q u e los lectores p u e d e n apreciar cóm o se desplegó ese "espíritu varonil". Así, ese
pueblo q u e ya había participado en las invasiones inglesas, reem plazado a Sobrem onte por Liniers
y aseg u rado la preponderancia d e los nativos sobre los peninsulares, m ostró su im portancia en la
267
sem ana de m ayo pues su presencia en la plaza fue decisiva p ara que el C abildo diera m archa atrás
Para en tender mejor el sentido d e esta últim a aseveración resulta útil contrastarla con un texto
publicado pocos años antes p o r el General G uido, quien recordaba que en esa ocasión "La
com prendía, servia grandem ente á los ajentes revolucionarios, para im poner con su presencia, al
propio tiem po que seguidos d e corta clientela trataban de escitarla con sus instigaciones"358. En
apariencia nada m ás lejano a lo que proponía Mitre, quien incluso afirm a en referencia a ese
pueblo que había nacido " u n nuevo actor del dram a revolucionario" constituyéndose en "la gran
reserva de la revolución" (p. 115). Sin em bargo no se aleja tanto si se considera que para M itre el
pequeño grupo revolucionario había decidido hacerse de esa fuerza con el fin de transform arla en
u n a "palanca irresistible d e las nuevas ideas". Para ello debió m u tar de m inoría activista en partido
revolucionario confundiéndose con ese torrente popular para poder darle dirección ( p .l l 7). C on lo
cual el pueblo, si bien había actuado por un im pulso autónom o, term inó siendo guiado p o r los que
G uido trataba com o "ajentes revolucionarios", aunque en su relato M itre pretendía q u e am bos
C on esto quiero llam ar la atención con u n problem a que surge recurrentem ente de la lectura de la
convergiendo en u n a m ism a dirección: la necesidad d e realizar constantes reajustes por lo que sus
añadirse algo que resiente su relato: en varias ocasiones sus afirm aciones no coinciden del todo con
lo que narra. C om o sobre esta cuestión m e extenderé con m ayor detalle luego, aquí sólo quisiera
m ostrar u n ejem plo q u e perm ite ilustrarla. El relato plantea el progresivo desarrollo d e la
conciencia de u n pueblo cada vez m ás com penetrado d e sus derechos que, por eso m ism o, sentía
1810 las noticias d e E spaña referidas a la caída de las autoridades peninsulares, convocándose a
tales efectos a u n C abildo abierto para el día 22 que, sin em bargo, logra una concurrencia apenas
su p erio r a la m itad d e quiénes habían sido invitados. Esto que hubiera m erecido al m enos algún
com entario o explicación, sim plem ente es señalado. Lo cual hace honor a M itre com o alguien
respetuoso de la verdad, pero p o r eso m ism o tam bién fácil d e ser afectado por ella.
.-58 j q u¡(j0_ “Resefía histórica de los sucesos de Mayo'5 en El Plata Científico v Literario. Bs. As.,
Imprenta de Mayo, 1855, tomo VI, p. 155. ■
268
Pero M itre no siem pre pasa por alto aquello que p u ed e em pañar sus juicios. A veces, po r el
contrario, insiste en sus afirm aciones una y otra vez a fin de su tu rar todo aquello que no logra ser
difícilm ente se p u ed a d ar cabida a algunas cuestiones. En ese sentido, y antes d e avanzar, resulta
necesario exam inar las causas por las cuales eligió u n a biografía para d ar form a a su concepción
del pasado nacional, y particularm ente, de la Revolución. Este interrogante podría resolverse
rápidam ente recurriendo a las concepciones sobre ese género q u e ya fueron exam inadas en el
p rim er capítulo. Sin em bargo esto no resuelve del todo la cuestión: tam bién debe explicarse p o r
q ué eligió a Belgrano.
R esponder este interrogante requiere tener presente varias cuestiones, algunas de ellas incluso d e
carácter circunstancial. En el Prólogo a la segunda edición M itre afirm a que se trataba de u n trabajo
em p rendido contra su voluntad, pues si bien es cierto q u e desd e hacía años que estaba com pilando
docum entos sobre Belgrano su destinatario era A ndrés Lam as qu ien a m ediados de la década d e
1840 se había p ropuesto escribir su biografía. ¿Por qué fue entonces que M itre la escribió? Lo
señalado e n el capítulo seg u n d o sobre la Galería de Celebridades perm itirá aclarar la cuestión.
O riginalm ente, y así aparece anunciado en su carátula, sus editores habían pensado publicar unos
rasgos biográficos d e Belgrano escritos p o r el G eneral Á lvarez Thom as. Pero ante u n a consulta q ue
le hicieron a Juan M. G utiérrez debieron cam biar de opinión, p u es éste descalificó el texto p o r su
escaso valor. Cabe conjeturar q u e Ledoux y Vignal ya contaban con las litografías d e Belgrano o
enten d ieron q u e su figura no podía dejarse d e lado en esa em presa, p o r lo que se vieron urgid o s a
encontrar a alguien capaz d e escribir su biografía. M itre parecía la persona indicada: p o r u n lado
p o rque estaba com prom etido con la obra desde q u e había aceptado darle u n a orientación al
redactar su Introducción; p o r el otro, porque contaba con los docum entos necesarios y se m ostraba
interesado en el personaje. A hora bien, esto perm itiría en ten d er p o r qué escribió la Biografía de
General Belgrano, pero no las causas p o r las cuales ésta fue creciendo y m u tan d o e n sucesivas
ediciones. A quí deben entrar en consideración otros factores: la aceptación q u e tuvo la obra pero
tam bién las objeciones que recibió, las m odificaciones d e su pensam iento e, incluso, los cam bios en
el ord en político tras su paso p o r la presidencia -recordem os que la decisiva tercera edición la
escribió en la cárcel d e Luján tras el fracaso de la revolución d e 1874-. De ese m odo po d ría
concluirse que la biografía le sirvió com o u n m olde en el q u e fue estilizando su p ropu esta
Todo esto es cierto o, al m enos resulta plausible a la hora d e explicar el proceso d e producción d e
la biografía. H ay sin em bargo una razón adicional q u e p u d o no haber estado en el origen del
i
269
encargo pero que resultó del todo adecuada a la interpretación que hacía M itre de la historia local:
si bien casi siem pre en un segundo plano, Belgrano había tenido actuación pública tanto a fines del
p eríodo colonial como en el revolucionario, por lo que u n seguim iento de su trayectoria facilita la
construcción de u n relato que p u d iera explicar y describir el pasaje entre am bos m om entos sin q ue
éste resultara traum ático. Esta suave transición obedecía a dos fenóm enos que d e algún m odo
po d ían ser ejemplificados con la v ida d e Belgrano: el esbozo de prácticas e ideas liberales que
República A rgentina; y la progresiva adquisición que hicieron los nativos desde fines del siglo
XVIII de una m ayor conciencia d e sus derechos, así com o tam bién de poder político y m ilitar tras
las invasiones inglesas en las que Belgrano, com o tantos otros, había recibido su bautism o militar.
En cuanto a la prim era cuestión, M itre sostiene que la revolución m ercantil había precedido a la
política, sobre todo porque no sólo fue resultado del desarrollo de intereses, sino tam bién d e la
divulgación de nuevas ideas p o r parte d e Belgrano, Castelli, M oreno y Vieytes (p. 32). Éstas habían
sido adquiridas por Belgrano en España d u ra n te el reinado de C arlos III, lo cual perm itía abonar su
sociedad que la había im pulsado. El problem a es q u e M itre sólo cuenta con indicios sobre la
form ación intelectual de Belgrano, por lo que debe apelar a u n condicional "debieron serle
familiares los escritos de M ontesquieu y d e Rousseau, así com o los d e Filangieri" (p. 33). Por no
decir que incluso en ese caso tam bién debe reconocer que se habrían tratado d e estudios
incom pletos que se profundizaron y cobraron m ayor sentido tras la Revolución Francesa. Y que,
accionar de Belgrano com o Secretario del C onsulado u n a vez instalado en ese cargo por iniciativa
de u n a C orona q u e se m ostraba interesada en m odernizar sus dom inios. M itre cuenta con algunos
docum entos que le perm iten afirm ar q u e su biografiado procuraba prom over el librecambio,
chocando así con las acciones d e com erciantes m onopolistas com o los A nchorena (p. 36). Esto lo
había llevado a adecuarse a esas circunstancias, sin dejar por eso de desarrollar algunas iniciativas
m odem izadoras y d e difundir esas nuevas ideas que cada v ez tenían m ás prosélitos. Es el caso de
Francisco de Escalada, de quien dice rescatar del polvo del olvido u n docum ento d e 1797 cuya
"elocuencia sencilla" y "nervio" harían h onor a sus pares norteam ericanos q u e habían preparad o
"una nación fu tu ra en esos arranques vehem entes del patriotism o que la calienta, y esos
estallidos súbitos d e la indignación contra los abusos, que harían creer que es un docum ento
forjado, sino fuese tan fácil probar su autenticidad" (p. 45)
270
E n cuanto a la segunda cuestión, M itre considera que si bien debe prestarse atención a la
progresiva adquisición de poder político y m ilitar a la par que se debilitaba el de las autoridades
peninsulares, esto era consecuencia de una tom a de conciencia de los am ericanos, por lo que no
p o día considerarse que se trataran d e hechos azarosos. Por eso destaca la influencia que tuvo la
Estrella del Sur, el periódico publicado por los ingleses en M ontevideo d u ran te los m eses que
estuvo bajo su posesión, pues ésta había sido m ayor incluso que la d e sus com erciantes. Y por eso
creía tam bién q ue en 1807 había term inado p ara Belgrano su vida d e colono: ya había com enzado a
aspirar a la independencia y los hechos posteriores sólo vendrían a verificar esas ideas:
"La historia d e la revolución em pieza desde este día, en que ella se opera en las conciencias
de los hom bres que debían acaudillarla, m ucho antes d e que se m anifieste por hechos
m ateriales." (p. 74)
Podría continuar glosando la biografía, pero con lo visto se p u ed e apreciar que M itre procuró d ar
form a a u n relato en el que se p u ed e seguir el surgim iento de u n a com unidad im buida d e nuevas
ideas e intereses en el seno de la sociedad colonial. Y de hecho así fue reconocido y saludado no
sólo p o r un público local, sino tam bién por historiadores com o los chilenos Barros A rana o Vicuña
M ackenna quiénes m anifestaron públicam ente la im portancia d e la obra en ese sentido. P ero eso
no es todo, pues tam bién logró hacer confluir en u n m ism o m ovim iento factores que hasta
históricam ente al proceso de constitución d e u n sujeto revolucionario que, adem ás, representa los
culturales. Si bien con distintos ritm os y en diversos m om entos, todos estos fenóm enos tienden a
confluir en el relato o, al m enos, es lo que M itre pretende. En esto resultó decisivo otro tipo de
convergencia pues, recordem os, los textos preexistentes no lograban integrar del todo la narración
d e los sucesos y la interpretación q u e hacían del proceso revolucionario, m ientras que M itre se
m u estra especialm ente p reocupado porque el relato m ism o sea tam bién una explicación y no tan
sólo u n a descripción.
Pese a todo el texto no siem pre resulta del todo coherente, hecho q u e p u ed e apreciarse incluso en
algo q u e le era tan caro a M itre com o el uso d e los docum entos. En efecto, en varias ocasiones las
citas lo desm ienten, lo cual resulta difícil de obviar p o r al m enos dos razones: p o r un lado, p orq u e
los docum entos están citados e n el cuerpo del texto y no com o notas; p o r el otro, porque m uchos
de éstos provienen del propio Belgrano. A dem ás, estos desajustes n o se p roducen sólo al tratarse
cuestiones m arginales, sino que afectan el corazón m ism o d e la biografía y de las tesis d e Mitre. Es
p or eso que la m ayor debilidad d e la obra se encuentra precisam ente en lo que tam bién constituye
271
A pesar de los esfuerzos y los indudables logros d e Mitre, no son pocas ni irrelevantes las
ocasiones en las que le.resultaba difícil retratar así a Belgrano y sus allegados. En ese sentido
resulta d e especial interés el tratam iento q u e hace de la trayectoria de Belgrano tras las invasiones
los criollos increm entaban su poderío político y militar. P ara retratar el estado de la conciencia de
G eneral C raw ford quien lo había incitado a prom over la em ancipación bajo la tutela británica,
obteniendo por respuesta que los am ericanos querían al am o viejo o a ninguno. Esto había llevado
al oficial inglés a plantear que la independencia de las colonias españolas debería esperar un siglo
aún, y así lo creía Belgrano tam bién. Este episodio resulta decisivo para Mitre, pues m uestra cóm o
a la vez q u e se había ido creando conciencia sobre los derechos del pueblo y sobre el poder que
que esto no afecta gravem ente su interpretación. En todo caso lo que hace es m ostrar q u e esa
conciencia no era plena ya que estaba condicionada por las circunstancias y sólo podía adquirirse
d e m odo progresivo. Pero poco después inserta una reflexión escrita por Belgrano años m ás tard e
en la que recordaba asom brado cóm o tras las invasiones inglesas y sin que los patriotas hubieran
hecho n ad a p ara lograr la independencia, ésta se produjo com o consecuencia de los sucesos de
Bayona y la invasión francesa que pusieron en crisis el dom inio colonial. De ese m odo, com o notó
m aliciosam ente Alberdi, el propio Belgrano desm entía a su biógrafo en lo que hacía a la
Por supuesto q u e M itre tenía en claro este problem a, p o r eso exactam ente antes de citar a Belgrano
explica q u e desde las invasiones inglesas se había ido revelando a la m inoría dirigente la
posibilidad d e ser árbitro de sus destinos, por lo q u e el día en que lo com prendieron del todo
estalló la Revolución. C laro que eso recién sucedió tras la invasión francesa, cuando m ás que
"Belgrano, que com o los dem ás precursores de la revolución, envueltos en el torrente de los
acontecim ientos, no se d ab a cuenta racional de todo esto, lo atribuía a las m iras inescrutables
d e la Providencia" (p. 74)
M itre resuelve entonces la contradicción entre su interpretación sobre las causas de la Revolución y
el testim onio de Belgrano, asignándole a éste una suerte d e falsa conciencia en relación al proceso
272
q ue estaba protagonizando. Pero esto afecta no sólo el hecho p u n tu al que atribuye determ inado
nivel de conciencia a la dirigencia criolla representada por su biografiado, sino tam bién la prem isa
según la cual debía existir u n a relación transparente entre sujeto, proyecto y Revolución. En efecto,
y au n q ue esto atentaba contra su pro p ia tesis sobre cóm o se había desarrollado el proceso
revolucionario, Mitre parecía decir él tam bién que son los hom bres los que hacen la historia,
Esto puede apreciarse en el hecho que tras las invasiones inglesas Belgrano se había sum ado a
diversas y sinuosas opciones sin lograr acertar un rum bo preciso. El ejem plo m ás claro en ese
el Virreynato. P ropuesta que m antuvo su adhesión incluso después que las tropas com andadas
p o r Saavedra se hubieran im puesto en enero d e 1809, haciendo fracasar el intento d e Álzaga que
conciencia, qué claridad podía tener Belgrano de la dirección q u e debía im prim irse al m ovim iento,
cuando el propio M itre nota que ante el inm inente arribo de Cisneros su biografiado siguió
insistiendo en esa coronación com o única salida? Frente a eso, sólo p u ed e alegar q ue
"Este fue el últim o paso que dio Belgrano en este cam ino errado. Los sucesos le hicieron
variar de dirección, corrigiendo sus ideas políticas y precipitándole en el ancho cam ino que
debía conducirle a la inm ortalidad" (p. 90)
De ese m odo, term ina reconociendo que son los hechos los q u e m otorizan el proceso guiando a los
revolucionarios y no su conciencia sobre qué debía hacerse. En ese sentido sólo le q u ed a insistir en
entendiendo que quizás habían recurrido a m edios inadecuados. Pero su biografiado parecía
porfiado en desconocer qué estaba pasan d o y cuáles eran las posibilidades reales q u e tenían: pocas
líneas m ás adelante m uestra que la llegada de Cisneros hizo desfallecer a los patriotas y cobrar
nuevo valor a los españoles, por lo q u e Belgrano se m archó a la B anda O riental (p. 92).
M itre apela entonces a un nuevo recurso q u e le perm ite salvar el proceso en curso d e las acciones
erradas de sus protagonistas. En efecto, n o sólo le atribuye u n a falsa conáenría a los sujetos, sino
que tam bién apela a la astucia de la historia. En tal sentido m uestra que cuando el proceso
desfallecim iento de sus prosélitos, la historia despliega su astucia para d ar cum plim iento a su
m andato. Así com o el levantam iento d e Á lzaga para asegurar el predom inio d e los españoles no
había hecho m ás que afirm ar el poderío criollo, sería C isneros el q u e daría cohesión a los patriotas
273
que carecían d e u n centro com ún, pues le encargó a u n desanim ado Belgrano la redacción d e un
periódico -el Correo de Comercio- que perm itió difundir nuevas ideas y reunirse sin despertar
sospechas. De ese m odo, situaciones desfavorables p ara la Revolución, term inan siendo factores
que finalm ente la prom ueven pues "Las causas destinadas a sucum bir encuentran siem pre
hom bres, que pretendiendo salvarlas, no hacen sino acelerar su caída" (p. 93).
Parecían entonces estar dadas todas las condiciones para poner fin a la sujeción colonial. Faltaba el
pronunciam iento de los jefes militares, pero éstos se retrajeron ante el pedido de Saavedra de
esp erar q u e las autoridades peninsulares fueran finalm ente derrotadas por los franceses. ¿Q ué hizo
Belgrano entonces? Se retiró a gozar de unos días de cam po. M itre alega puerilm ente que lo hizo
sabiendo que de ahí en m ás no conocería sino fatigas, pero razonablem ente puede considerarse
q u e una vez m ás Belgrano carecía d e claridad sobre lo que estaba sucediendo. De hecho debieron
ir a buscarlo de apuro y sacarlo d e su retiro cuando com enzaron a Llegar esas ansiadas noticias de
España. Y es aquí cuando M itre no p u ed e sino reconocer que m ás allá del accionar de ese grupo
revolucionario, del apoyo recibido por el pueblo o del progreso socioeconómico y m oral de esa
co m unidad que ya no podía seguir viviendo com o una colonia, la R evolución había sido
consecuencia d e la crisis im perial pues "ya no había autoridad, ya no había m etrópoli, y las
Esto perm ite entender m ejor por q u é p ara M itre la R evolución ya estaba consum ada y sólo debía
ser proclam ada, q u e es lo que sucedió cu an d o se destituyeron las autoridades coloniales el día 22,
y se creó u n nuevo gobierno el d ía 25 tras u n vano intento d e los españoles por m antenerse en el
poder. Esta caracterización le perm ite adem ás retom ar una idea presente en las representaciones
de la Revolución d u ran te todo el siglo XIX, según la cual ésta se h abría distinguido por su carácter
pacífico y m oderado. C laro que a diferencia de P edro de Angelis q u e citaba u n bando del Cabildo,
M itre optaba por hacerlo con M ariano M oreno para concluir que
Esta actitud digna y m oderada d e los patriotas en 1810, es la que ha im preso a la revolución
d e M ayo ese sello d e grandeza q u e la distingue de todas las dem ás revoluciones. Ejecutada
sin bayonetas y sin violencias, p o r la sola fuerza de la opinión; triunfante por su razón en el
terreno de la ley y de la conveniencia pública, la transición se operó sin convulsiones, sin
ap arato de tropas, sin persecuciones, sacudiendo el pueblo con dignidad sus cadenas, y
tom ando su actitud d e soberano con u n aplom o y una m oderación de que la historia del
m u n d o presenta m u y pocos ejem plos" (p. 105)
com o consecuencia de la crisis que había sacudido a la sociedad. En ese sentido, y recurriendo a un
274
precioso oxím oron, plantea que el C abildo del 22 de m ayo había sido u n a "revolución pacífica y
legal" (p. 119). N o parece irrelevante preguntarse qué clase de Revolución es esa que se define p o r
dos cualidades que niegan d e plano su carácter revolucionario; sobre todo si se tiene presente que
figuras com o Alberdi, Varela, d e Angelis o Rosas tam bién habían atenuado su carácter rupturista.
Sin em bargo M itre le otorga otro sentido, pues para él la Revolución ya había sido consum ad a
previam ente, por lo que la continuidad q u e postula no puede ser la m ism a que la de sus
origen de la nación, hay u n a historia previa q u e perm itió su consum ación y que, p o r eso m ismo,
Esta idea m ostraría su fertilidad de ahí en m ás pues perm itiría ir incorporando en esa historia
actores, hechos, fenóm enos o procesos cada vez m ás lejanos en el tiem po, com o lo haría el propio
M itre pocos años después en su tercera edición d e 1876/7. De ese m odo dejó sentadas las
representaciones sobre la R evolución y sobre el pasado local en general. La tesis podría entonces
concluir aquí. Sin em bargo hay u n a cuestión m ás q u e m erece ser exam inada pues fue una
condición necesaria p ara q u e su interpretación lograra afinarse e im ponerse: el balance crítico que
hizo de las representaciones del pasado preexistentes y las respuestas que recibió.
fue consecuencia del hecho q u e su obra em p ezó a ser co n sid erad a p o r m uchos com o u n
v e rd ad ero trabajo histórico y, com o tal, con m ay o r cap acid ad in terp re tativ a q u e las realizad as
h asta entonces. P ero m ás allá d e las percepciones d e M itre, sus allegados o d e qu ien es lo
h erm en éuticas y d e u n cúm ulo docum ental que fue increm entándose p ara regocijo de su au to r en
cada nueva edición o polém ica. Para ello tam bién fue decisivo, y quizás en prim er lugar, el haber
logrado situarse en u n a posición exterior a las obras precedentes que som etió a juicio crítico p o r
considerarlas erróneas o parciales. Es p o r eso q u e a estas cuestiones les dedicó casi tanta atención
com o a d a r form a y sustento a su interpretación, pues entendía que este balance era u n a condición
Esto no im plicó en m odo alguno que M itre hiciera tabla rasa y desdeñara los trabajos que
precedían al suyo; m uy por el contrario los reunió, clasificó, reinterpretó y corrigió. En ese
sen tid o d e esos textos, entre las cuales hay dos que re su lta n especialm ente significativas. En
p rim er lugar las d e carácter discursivo q u e eran consecuencia d e su consideración desd e una
Autobiografía de Belgrano o las Memorias d e S aavedra q u e h asta entonces solían ser considerad o s
en pie de ig u ald ad con interpretaciones o relatos sobre la R evolución com o la obra teatral de
A lberdi, p asa ro n a ser tratad o s com o fuentes docum entales. En seg u n d o lugar, y m ás
im p o rtan te aún, las referidas a sus contenidos. Es q u e M itre no preten d ió desconocer las
m o vim iento revolucionario com o a sus representaciones; p o r otro lado h u b iera re su ltad o
im posible obviarlas ya q u e en ese caso su relato h ab ría carecido d e toda verosim ilitud. Lo q u e
hizo fue algo m ucho m ás astuto: ubicó a esos conflictos en u n plan o secundario al co n sid erar
que, con m ayor o m enor conciencia, todos los p ro tag o n istas d e la R evolución hab ían sid o
Esto perm ite entender p o r qué m ás allá de aspectos m etodológicos com o el uso d e fuentes, se suele
considerar que su m ayor aporte historiográfico fue hab er d a d o form a al decurso histórico de la
nacionalidad argentina cuyas raíces procuró rastrear hasta el m om ento m ism o de la conquista.
Claro q ue com o ya advertí, quizás en dem asiadas ocasiones, esto se ajusta a su tercera edición de
1876/7, pero todavía no a las que aquí estoy exam inando cuya m ayor innovación fue plantear la
existencia de u n sujeto revolucionario. En relación a esto hay u n pasaje sobre el que quisiera volver
tram o trata las consecuencias de la llegada e n m ayo d e 1810 d e las noticias sobre la caída d e la
Ju n ta C entral en E spaña q u e desen cad en aría la R evolución. M itre asegura q u e ésta igual estaba
d e tal o cual personaje, p ara plantear la existencia d e un sujeto revolucionario conciente d e sus
actos. En tal sentido nota que ya le había llegado su hora a las au to rid a d es españolas, p u es m ás
allá d e los sucesos d e España su caída había sido d ec retad a p o r los p atrio tas reu n id o s en ju n tas
secretas. Por cierto q u e esto no era suficiente, ya q u e tam b ién debía explicar p o r q u é ese
hechos difíciles d e obviar pero que no se ad e cú an del to d o bien a su interpretación. En este caso
Más allá d e los problem as provocados p o r esa inadecuación en tre m ateria histórica y las
hipótesis con las cuales las q uería m odelar, esto p erm ite en te n d e r por q u é M itre sentía q u e
u n a aventura sin plan y sin vistas ulteriores, im provisada en vista del estado de la España" (p. 99).
De hecho ésta sería una d e sus críticas m ás insistentes pues d e haber sido así, el carácter
contingente de los hechos im pedía o dificultaba que p u d iera considerarse a la R evolución com o el
resultado del accionar d e un m ovim iento con protagonistas concientes d e sus acciones. Es p o r eso
q u e en el Prefacio agregado pocos m eses m ás tarde a la seg u n d a edición procuró establecer con
m ayor precisión a quiénes se refería en sus críticas y cuáles eran sus posiciones. En tal sentido
lam entaba que la R evolución no hubiera logrado hasta entonces u n a narración acorde con su
Esto le parecía particularm ente grave p u es había provocado que algunos escritores hub ieran
llegado a negarle a los revolucionarios la "trascendencia d e sus ideas". Este era el caso d e Florencio
Varela de quien recordaba sus expresiones sobre las v erd ad eras intenciones de los revolucionarios
contrario, asegura que después de leerse en su trabajo cóm o se había desarrollado la idea
revolucionaria ya nadie podría poner en d u d a q u e los proceres d e 1810 habían pensado constituir
Un lustro m ás tarde trazaría u n a versión m ás com pleta y com pleja de este balance m ientras ejercía
cordobés D. Vélez Sarsfield. La polém ica se había originado com o consecuencia d e unos artículos
periodísticos en los que éste había im p u g n ad o e n form a anónim a algunos asertos sobre Belgrano,
G üem es y el estado d e la opinión pública en las provincias hacia 1812, pues estim aba q u e M itre no
había valorado correctam ente el papel d e los pueblos y sus caudillos. Estos cuestionam ientos
tuvieron entre otras consecuencias la de obligar a M itre a precisar m ejor su lectura del pasado en
Independencia Argentina360. Entre estos ajustes se destaca su intento por sistem atizar las
interpretaciones dom inantes de las causas y el desarrollo de la Revolución de Mayo. Afirm a en ese
sentido que existían dos corrientes que apenas m erecían el nom bre de escuelas históricas pues
estaban form adas por ensayos incom pletos y m eras opiniones producto de la intuición y no del
estudio d e los hechos: a) la que atribuía todo el m érito a las m inorías dirigentes, "lo que equivale a
negar la existencia de las fuerzas sociales al servicio d e la idea"; y b) la que se lo atribuía al pueblo
com o ente colectivo, es decir a la m ultitud, "negando a los pensadores iniciativa y alcance en las
ideas, lo que es lo m ism o que negar el p o d er y la idea que gobierna y aplica las fuerzas sociales".
T am bién sostiene que entre estas versiones extrem as existían otros juicios form ados por el análisis
parcial d e los acontecim ientos y por el uso d e docum entos que eran necesarios exam inar mejor. En
em ancipación del país d e la tutela peninsular, o si sólo se p ro p u siero n im itar el ejem plo de la Junta
am ericanos!". En segundo lugar el d e la obra d e teatro de A lberdi a la que considera com o una
com edia protagonizada por dirigentes carentes d e convicciones que negaba a "nuestros
p rohom bres hasta la previsión, hasta la constancia, hasta la conciencia d e las cosas que iniciaron y
llevaron a cabo acaudillando o dirigiendo los pueblos!". En tercer lugar el d e Sarm iento, qu ien
creía q u e se había tratado d e u n a revolución sin pueblo dirigida p o r m inorías que debían luchar
contra la inercia reaccionaria de las m asas. Y finalm ente el d e Vélez, al que acusa d e recurrir a
todos esos argum entos según su conveniencia p ara d ar form a a u n sistem a contradictorio (pp.
275/6).
Pero M itre no sólo estiliza esas diversas posiciones. T am bién les atribuye u n a entidad que no
protagonism o al pueblo. Es que esta interpretación apenas logró ser enunciada en el período
j6° Por ejemplo cuando insiste en que “Este libro, al cual parece reprochársele sacrificar la influencia
eficaz de los pueblos a la acción aislada de las individualidades históricas, fue precisamente escrito para
despertar el sentim iento de la nacionalidad argentina, am ortiguado entonces [1858] por la división de los
pueblos. Por eso nos em peñam os en estudiar en sus páginas los orígenes del sentimiento nacional y el
modo com o la idea de independencia se vino elaborando desde fines del siglo pasado, primeramente en
las cuestiones sobre la libertad de comercio, y más tarde en el desarrollo progresivo de la fuerza de la
nación, dando así a aquel sentimiento una sola raíz genealógica”, “Estudios Históricos sobre la
Revolución Argentina. Belgrano y G üem es”, en OCM. vol XI, Bs.As., 1942, p. 363 [Buenos Aires,
Im prenta del Com ercio del Plata, 1864], •
278
exam inado, pues fueron contadas las voces que pusieron en cuestión que se había tra ta d o d e
d eterm inación p ro p ia g u iad o por ésta. P ara peor, quienes creían esto últim o tam b ién le
atrib u ían a este hecho g ra n parte d e los m ales sufridos p o r la sociedad. Es por eso q u e m ás allá
de la existencia real o no d e esas dos corrientes o escuelas, y d e la entidad que po d ían tener las
ideas d e Alberdi, Varela, Sarm iento o Vélez, lo q u e a M itre en v erd ad le interesaba era posicionarse
com o aquel capaz de p o d er apreciar el aporte parcial de cada u n a de ellas. Para eso llam a la
objetivo. Y esto no sólo por su conocim iento sobre lo sucedido, sino m ás bien porque todas
aquellas apreciaciones parciales contradecían las reglas de la lógica, por lo que las creía erradas
Por eso, y tras descalificar la interpretación d e Vélez, concluye q u e a veces eran las m inorías las
q ue dirigían la acción dom inando al pueblo p o r la razón, la fuerza o el ejemplo. O tras, cuando los
dirigentes flaqueaban, el pueblo los corregía y los alentaba, m ás por instinto q u e por razón. Y, con
frecuencia, con pueblos y gobiernos em peñados en perderse, se cum plían en form a fatal algunos
siem pre lograba encontrar quien la llevara a bu en térm ino cu an d o alguno d e sus agentes
desfallecía. Esta interpretación posibilitaba de algún m odo su tu rar todo aquello q u e en la prim era
edición no podía ser explicado o aparecía contradicho p o r los m ism os hechos. A dem ás se adecúa
perfectam ente al talante progresista y optim ista que anim aba a M itre en su labor intelectual y
política. Este rasgo le perm itía hacer una interpretación positiva de fenóm enos q u e p ara otros
políticos o publicistas resultaban naturalm ente aborrecibles, o al m enos se perm itía el lujo d e
posiciones populistas: a pesar de las objeciones d e Vélez, que igual se refieren a los pueblos del
interior hacia 1812, su biografía d e Belgrano es u n a clara m uestra d e ello. Vale com pararla en ese
279
sentido con textos anteriores com o el d e Alberdi. En una escena d e su obra de teatro, y ante las
Berutti proponiendo los nom bres de quiénes debían integrar el nuevo gobierno obteniendo la
aprobación d e sus contertulios. M itre tam bién le atribuye a Berutti la elaboración d e esa lista, pero
traslada la acción al día siguiente, en otro escenario y ante otros interlocutores: la aprobación no la
obtiene de ese g rupo m inoritario y conspirativo, sino del pueblo que aclam ó ese rapto de
inspiración m ientras esperaba la resolución del Cabildo para que cesara la Junta presidida p o r
El debate entre Mitre y Vélez que se dio prim ero a través de la prensa y luego en un libro que
recopila los artículos de am bos, m erece ser considerado tam bién en u n m arco m ás am plio pues
retom a cuestiones en discusión desde hacía años y dio tam bién pie a otros escritos. Q uizás la
respuesta m ás conocida sea la d e Alberdi, aunque ésta haya tom ado estado público en form a
postum a. Entre 1864 y 1865 A lberdi escribió u n trabajo q u e exam ina con gran agudeza y acidez la
polém ica pero m ás aú n la propia Historia de Belgrano, deteniéndose para ello en sus aspectos
conceptuales, estilísticos, docum entales, fácticos y políticos. En tal sentido argum entaba por
ejem plo que le parecía ridicula la b ú squeda d e fenóm enos q u e hubieran alentado el desarrollo del
librecam bio en el período colonial, pues éste fue producto d e la Revolución, señalando, a su vez la
inconsecuencia d e Buenos Aires y de M itre para con esos principios361. Por otro lado le parece
ocioso indagar si el sujeto revolucionario había sido el pueblo o u n a m inoría dirigente, si al fin y al
com erciales e industriales en busca d e nuevos m ercados. Por eso se p erm ite iro n izar q u e n o debía
q u e parecía trata r en form a tan cru d a a los revolucionarios era A lberdi, qu ien se ofuscaba ante
lo que percibía com o intentos p o r forjar leyendas p ara encanto d e u n público im presionable. Es
j61 “A qué atribuir a un consulado colonial, ni al secretario colonial, ni a sus trabajos realistas y coloniales, la
instalación del libre cambio, que florece hoy día como conquista entera y pura de la Revolución, cuando hoy
mismo, a los 54 años del 25 de mayo de 1810, todavía Buenos Aires mira de mal ojo la libertad de comercio
entera y para todas las provincias”. J. B. Alberdi, “Belgrano y sus historiadores” op.cit., p. 209.
280
Pero el texto d e Alberdi no fue el único inspirado en la Historia de Belgrano y en el debate con Vélez.
En ese sentido se debe considerar que si uno de los aspectos novedosos introducidos por M itre fue
su rastreo del accionar de la m inoría dirigente antes del siglo XIX atribuyéndole adem ás u n a clara
conciencia de su papel; m ás aú n lo era atribuirle un rol relevante al pueblo. En efecto, entre las
elites prevaleció durante todo el siglo XIX la presunción q u e la R evolución había sido obra de una
m inoría dirigente. De capital im portancia fue en ese sentido la obra d e Sarm iento, particularm ente
el Facundo que logró una im portante influencia en vastos sectores dirigentes sobre todo del interior.
Esto p u ed e apreciarse por ejem plo en u n artículo publicado por u n periódico cordobés a m ediados
d e la década de 1850, cuyo autor estiliza esos argum entos y los funde con otros provenientes de
autores com o Félix Frías para quien los sucesos de 1848 habían hecho aú n m ás tem ibles a las
m asas. El articulista considera que la Revolución de M ayo sólo había tenido una parte de la
sociedad a su altura capaz de com prenderla y llevarla adelante, m ientras que la gran m ayoría
siguió a sus caudillos sin saber por qué lo hacían y sin preparación alguna. Es p o r eso q u e el día
U no d e los m ás fervorosos apologistas d e Sarm iento y d e sus ideas d u ran te esos años fue Nicolás
A vellaneda, un joven tucum ano que sería su M inistro de Educación y sucesor en la Presidencia. Al
igual que m uchos d e sus contem poráneos, A vellaneda estim aba q u e el m érito d e Sarm iento era
haber logrado acertar con u n a explicación p ara las g uerras civiles y el estado social rioplatense que
dejaba atrás los planteos m orales de Frías o Zuviría, prestan d o m ayor atención a las fuerzas
sociales y a sus contradictorios intereses y form as de vida.363. Sin em bargo, esto no obstó p ara que
pocos años después diera a conocer u n trabajo que desm entía en gran m edida las tesis del
m ism o año que se produjo la polém ica entre M itre y Vélez, A vellaneda publicó en form a
espaldas del pueblo y d e las provincias del interior cuyas acciones habían im pedido q u e se
consagrasen com o hechos. Sus argum entos parecen sintonizar con los vertidos en la polém ica entre
M itre y Vélez producida ese m ism o año. Por ejem plo cuando asegura que
"La historia su p lan tad a por la biografía, el detalle íntim o, la im presión individ u al
subordinando á su capricho los hechos históricos, el gran conjunto del m ovim iento social
q u e desaparece, el individuo que abarca la escena: -h e ahí el origen d e aquellas extrañas
'’w "Educación Pública", en Orden y Progreso. Córdoba, Imprenta del Estado, n° 4, 29/11/55
' 6j N. Avellaneda, Carta al Doctor Vallejo, Bs.As., 1859 en Escritos y discursos, t. 1, Bs.As., Compañía
Sudam ericana de Billetes de Banco, 1910, p. 10. •
281
En consecuencia concluía p reg u n tán d o se "¿D ónde está la fuerza m otriz d e n u estro s
acontecim ientos históricos?"364. Posiciones com o ésta no p asa rían d e ser fo rm u lad a s com o
in terro gantes o com o sim ples enunciados a los que n o se les d aría u n tratam iento p ro fu n d o y
sistem ático al m enos h asta fines del siglo XIX, p articu larm en te en la obra de José M aría R am os
p o p u lism o peronista. Es im p o rtan te destacar sin em b arg o q u e uno d e los saldos q u e dejó la
biografía d e Belgrano y la polém ica con Vélez es precisam ente la afirm ación sobre la existencia
N ación argentina. Esto sólo perm ite visualizar las p o sib ilid ad es discursivas y n arrativ as
abiertas p o r la intervención d e M itre, algunas de ellas incluso contradictorias con las ideas
j64 “El Congreso de Tucum án” (fragmento) en id., pp. 43/4 fEl Correo del D om ingo. 1864]
282
CONCLUSIONES
',6' J.M. G utiérrez a A. M agariños Cervantes, Rosario, 17/10/1858, en E. Morales (ed.), Epistolario de
Juan María G utiérrez. B sA s., Instituto Cultural Joaquín V. González, folio 70. •
283
con su p asa d o entre 1830 y 1860. P ara ello se exam inaron dos grandes núcleos tem áticos: los
representaciones del pasado que co b raro n form a en el discurso d e las elites. Estas págin as
finales tien en com o objetivo destacar los principales ap o rtes realizados, así com o tam b ién
alg u n as d e sus proyecciones en lo q u e hace a una m ejor co m prensión de la v id a pública del
p erío d o y su posterior deriva. En tal sen tid o m e p erm itiré p a rtir u n a vez m ás de un peq u eñ o
A com ienzos d e 1859, m ientras recrudecía el conflicto en tre Buenos Aires y la C onfederación
m an ifestándole su desencanto ante esa situación cuyos posibles desenlaces se le o cu rrían todos
igu alm ente insoportables. Este estad o d e ánim o, que se basaba en dato s al alcance d e cualqu ier
o bserv ador, era tam bién consecuencia d e la m arginación política sufrida p o r López tras su
fallida defensa del A cuerdo d e San N icolás e n junio de 1852. D icho trasp ié había m o tiv ad o su
decisión d e v o lv er a residir en M ontevideo, ciu d ad d esd e la cual le envió esa carta al entonces
estu d io s históricos. Más precisam ente m anifestaba su intención d e escribir en uno o dos años
"La H istoria d e n u estra Revolución". Este anuncio no debió so rp re n d er a Paz: hacía veinte años
q u e L ópez lo venía haciendo en form a periódica, a u n q u e recién cobraría form a d e obra dos
p o d ría decirse entonces q u e su interés p o r el p asa d o fu e ra circunstancial, así com o tam poco lo
' 66 V. F. López a Marcos Paz, M ontevideo, 16/3/1859, en Archivo del Coronel Doctor Marcos Paz, t. 11,
(1858-1862), UNLP, 1961, pp. 49/50. .
284
La carta anuncia tam bién u n m ovim iento q u e parece típico en u n letrado d esp lazad o del poder:
" a p a rta r la vista d e este espectáculo". Pocas líneas m ás ad elan te refuerza esta in ten ció n al
ase g u rar que "esta em presa va á form ar el consuelo y el aliento d e m is fuerzas m entales p ro n tas á
desm ayar al am argo espectáculo de nuestro horizonte patrio" (p. 50). Por cierto q u e no fu e el
ú nico ni el prim ero d e los hom bres públicos del perío d o en pro n u n ciarse d e ese m odo. Pocos
años m ás tard e el tucum ano Salustiano Z avalía se quejaría am arg am en te pues en ten d ía que
"A travesam os u n tiem po de anarquía en las ideas; las pasiones h an cam biado h asta el sen tid o
esp íritu s lo m ejor es el silencio y el retiro"367. A hora bien, las causas del hastío y la retórica
eran. Es que el "a p a rta r la vista" d e L ópez no p u ed e ser h o m ologado al "silencio y el retiro "
h arto d e luchas estériles; ni el d e u n alma bella d esp ech ad a q u e se refugia en la in terio rid ad
in co n tam in ad a del poeta o del filósofo; y ni siquiera el d e u n eru d ito q u e busca d eleite o
b uscaba alejar la m irad a d e su p resen te no era sólo p ara p reserv arse d e los disgustos q u e éste
e sp erab a hallar el o rig en y las causas d é los m ales q u e la aquejaban. C on lo cual, y m ás allá d e
in ten to de prestigiarse, resu lta evid en te q u e esa operación historiográfica era e n p rim er lu g ar
u n a em presa política.
la reg ión desde hacía décadas. Pero m uchos políticos y publicistas co n sid erab an com o L ópez
histórica local sin el cual estarían co n d e n ad o s a seguir v iv ien d o "al acaso sin trad ic ió n ni
los acontecim ientos y d e las leyes q u e reg ían su rum bo. Su intervención era decisiva p a ra p o d e r
"b rú ju la" p ara orientarse en el caos d e los acontecim ientos, y la d e d ar form a d e relato escrito a
~’67 S. Zavalía a Juan M. Gutiérrez, Cruz Alta, 9/9/1863, AE, t. Vil, p. 237.
285
la "trad ición" p ara saber quiénes eran, d e d ó n d e venían y cuáles eran las causas d e los m ales
p o d ían a d q u irir tonos dram áticos pero q u e no eran sólo d e él. En ese sen tid o invitan a
d u ra n te esos años.
algunos d e ellos de g ra n valor p o r su cap acid ad in terp retativ a o por sus ap o rtes em píricos. Sin
p o rq u e m uchos au to res parecen contentarse con señalar la influencia del historicism o rom ántico
sin p lantearse la necesidad d e an alizar cuáles fu ero n sus expresiones concretas. E n seg u n d o
lugar, p o r el cariz teleológico con el q u e se exam ina el perío d o y que, en este caso, lleva a tra ta r
arg en tina y u ru g u a y a co n stitu id a entre fines d el siglo XIX y m ed iad o s del XX. En tercer lugar,
p o rq u e se privilegia p arte d e la obra de u nos pocos au to res, com o si éstos sólo hub ieran
aproxim aciones re su lten in ad ecu ad as p a ra otro tipo d e indagaciones, pero sí q u e lo son p ara la
aquí p ropuesta. C on el p ropósito d e su p e ra r estas lim itaciones, en la tesis se p lan tearo n
sucesivas .aproxim aciones q u e p erm itiera n d a r cuenta d e los p ro b lem as p lan tea d o s y, a la vez,
q u e co n stitu y eran u n a p o rte al conocim iento d e la v id a pública del período. A tales fines se
p ro d u cció n y su s rasgos singulares. E n las siguientes líneas se rep asa b revem ente el tratam ien to
q u e se hacía de los dos núcleos señalados y el p lan tea d o en la tesis a fin d e p o d e r precisar m ejor
sus aportes.
En relación a los m edios con los cuales se procuró d a r form a al conocim iento histórico, suele
arg ü irse que la recepción del historicism o rom ántico a p a rtir d e la d écad a d e 1830 había
cu ltu ral a la v ez q u e se reconoce la debilidad que tuv iero n las q u e debieron ser sus expresiones
distintivas. Esta paradoja, q u e podría ser enunciada com o la d e u n a cultura histoñcista sin
historiografía, tendía sin em bargo a pasar desapercibida. Las causas son varias, pero hay dos q u e
exam en superficial q u e se hace d e los fenóm enos ligados al conocim iento histórico cuyos rasgos
precisos y sen tid o no parecen d esp ertar dem asiado interés salvo e n algunos estu d io s pu n tu ales.
em p resas d e v id a efím era; escritores con ocupaciones m últiples y co n stan tem en te req u erid o s
d eb ilid ad institucional.
E n el caso d e López p o d ría arg u m en tarse q u e fue ese contexto poco favorable el q u e provocó la
d em o ra d e casi m edio siglo entre sus prim eros acercam ientos al p asa d o local y la publicación d e
sus obras m ayores. De hecho él m ism o parecía considerarlo así en sus periódicas m u estras d e
fastidio p o r carecer d e la tran q u ilid ad y d e los ingresos necesarios p ara realizar esa tarea. O tros
tam b ién le había solicitado su colaboración p a ra hacerse co n d ocum entos d e las provincias del
h ab ían recibido el encargo. La resp u esta d el G obernador d e T u cu m án parecía prom isoria: hab ía
p atrio ta d e los cuales alg u ien cap az e inteligente p o d ría sacar algo útil. Pero quienes cu m p lían
estas restricciones q u e afectaron la vida cultural en general fueron las q u e d ificu ltaro n el
p ro clam ad a necesidad.
j68 M. Paz a V. F. López, Tucum án, 28/4/1859 en AGN, Sala VII, Archivo y Colección los López, Legajo
n° 2371, doc. n° 4690. ' ” •
. 287
pro b lem a es q u e así p lan tead as las cosas q u ed a n opacadas las m o d alid ad es m ed ian te las cuales
se p ro curó conocer el pasado, m ayorm ente tratadas en el m arco de las biografías d e sus
p ro tag onistas y v alo ra d as com o antecedentes lejanos y heroicos d e las historiografías arg en tin a
y u ru g u a y a del siglo XX. En la tesis se encaró el problem a d e otro m o d o ya que se an alizaro n las
activ idades ligadas al conocim iento y la difusión del p asa d o p ro c u ran d o d ilu cid ar sus
h ab er sido o lo que hab rían anticipado. Este exam en ocupó los prim eros cuatro capítulos
ded icados a los géneros en los q u e cobraron form a las representaciones del pasado, prácticas
conocim iento histórico, y los sujetos a los que se les reconocía capacidades p a ra p o d er
desarrollarlo. Las principales características q u e tuv iero n estas em presas, aquellas q u e perm iten
considerarles com o hilos d e u n a m ism a tram a sociocultural, p u e d e n ser sin tetizad as en los
fines pragm áticos, ya sean políticos, cívicos, económ icos, territoriales o d e prestigio p erso n al o
relación con lo anterior, la valoración q u e se hacía d e su n ecesid ad p ara vincularse con centros
culturales, p erso n alid ad es y asociaciones prestigiosas que, a su vez, p o d rían legitim ar a los
E n estos capítulos se exam inó tam bién u n tópico recurrente en el período: el historiador futuro.
in d ag ar en dos planos el carácter y el sen tid o q u e ten ían las m anifestaciones ligadas al
precisar m ejor las condiciones q u e se su p o n ía deb ían d arse p ara su existencia: u n a v id a pú blica
p erm itieran afrontar con tran q u ilid ad su labor; la creación d e ám bitos p ara p o d e r d esarro llar
intercam bios con sus p ares leg itim an d o u n espacio d e saber con cierta autonom ía; u n m ay o r y
m ás fácil acceso a las fuentes. T odas estas cuestiones ya fu e ro n señaladas, pero hay u n a m ás q u e
resu lta decisiva y q u e se p u e d e e n ten d e r m ejor en las invocaciones hechas al historiador fi.<turo: la
288
labor. Tal com o se esbozó en varios pasajes, esto tam bién p u e d e apreciarse si se confronta la
diferen tes condiciones culturales, políticas e institucionales crearo n en esos países u n contexto
favorable p ara el desarrollo de em presas q u e p ro m o v iera n el conocim iento y la d ifu sió n d e sus
co ntar a m ed iad o s d e siglo con historias nacionales, lo cual nos lleva al seg u n d o d e los núcleos
tem áticos tratad o s en la tesis que es el d e los contenidos d e las representaciones del pasado.
En relación a éstas se su ele destacar q u e el eje d e las indagaciones históricas en ese p erío d o era
p alab ras d e López p rom oviendo “U na h istoria qe. d é u n id a d a la raza, qe. consagre la
so lid arid ad d e la N ación" avalarían esa in terp retació n que, a fu erza d e ser re p etid a y d e
po ten ciarse p o r la tensa relación q u e tu v o con la obra y con la figura d e M itre, se tornó en u n a
ev idencia con la cual se busca ilu m in ar la pro d u cció n historiográfica d e las ú ltim as décadas del
p lan tea d o s esta evidencia resulta u n obstáculo epistemológico p u es dificulta la co m prensión d e las
d esarro llo d e la nacio n alid ad o la id e n tid a d nacional argentina. D e hecho, los relatos históricos
elab o rados en el p e río d o exam inado e stán p ro tag o n iz ad o s p o r figuras, facciones, valores,
ciu d ad es o las provincias. Las p alab ras d e L ópez p u e d e n ser entonces en ten d id a s en dos m arcos
construcción d e u n a historiografía nacional, las tom aría com o u n anu n cio d e su obra futura. El
seg u n d o, q u e es el aq u í plan tead o , las co n sid era com o u n señalam iento d e la ausencia d e esas
El hecho d e q u e no se h u b iera n elaborado relatos históricos nacionales p lan tea o tra parad o ja
historia nacional. Este fenóm eno suele atrib u irse a las dificultades p ara sin g u larizar la
p asa d o indígena y colonial cuya influencia buscaba ser d esterrad a p o r considerársela nefasta.
E n ese sentido se h a señalado que u n a d e las p articu larid ad es del rom anticism o rioplatense fue
sobre la am bigua valoración q u e se hacía del legado revolucionario y, fu n d am entalm ente, sobre
p ara legitim arse y, m ás aún, que perm itiera articular u n a persp ectiv a capaz d e d o tar de u n
o rd e n a los hechos históricos. Este vacío, potenciado p o r los conflictos que d esg a rrab a n la
sociedad, tam bién afectó a las em presas ligadas al conocim iento histórico. De ahí que al
p ro m o v er la fu n d a ció n del Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata, M itre se contentara
con p o n er alg ú n o rd e n en los docum entos existentes ante la falta de un "sano criterio" q u e
p erm itiera exam inarlos con provecho. De ese m ism o m o d o se h abía p ro n u n ciad o López u n m es
an tes cu an d o notó q u e "El p ro fu n d o caos en qe. estam os com o e n tid a d política es causa d e qe.
sea im posible arm o n izar las ideas, cada u n o lucha pr. la suya y no h ay criterio pa. lo b u eno"369.
era q u e h asta tan to no p u d ie ra n ord en arse los acontecim ientos d el presente tam poco p o d ría
d iferente d e sus causas. Es ese sen tid o se arg u m en tó q u e el p ro b lem a no era tanto la falta d e u n
q u e entonces se co n sid erab an seriam ente, eran pocos los q u e se anim ab an a hacer
pro n u n ciam ien to s definitivos sobre cóm o debían constituirse los pueblos asen tad o s en el
territo rio del an tig u o V irreynato y, m enos aún, quienes ac tu ab an en form a consecuente. Este
estad o d e cosas es el q u e finalm ente perm ite explicar la ausencia d e una perspectiva político-
’69 B. Mitre “Preliminar de las Bases Orgánicas del Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata”
en R. Levene. Mitre y los estudios.... op.cit., p. 296 [Discurso pronunciado en la Biblioteca Pública con el
objeto de promover á la asociación el 3/9/1854, Bs.As., Imprenta Argentina de La Tribuna, 1856]; V. F.
López a J. M. Gutiérrez, Montevideo, 18/8/1854, en A Et. III, p. 66. •
290
co m u n itaria inequívoca d esd e la cual p u d iera trazarse el ru m b o del que ese o rd e n institucional
La p reocupación recu rren te q u e m ostró la historiografía por en co n trar en el perío d o elem entos
textual referida al p asa d o local que no p o d ía encuadrarse en ese m arco interp retativ o o, en todo
dejó d e lado esta preocupación, p ro cu ran d o dilucidar los contenidos y el sentido que tenían las
representaciones del p asa d o en el m om ento d e su elaboración y circulación. P ara ello exam iné
una serie discursiva co m p u esta p o r textos heterogéneos que, a pesar de sus diferencias
enunciativas, form ales y m ateriales, com parten el hecho d e tem atizar el pasad o local en u n
m arco sociocultural co m ú n así com o tam bién el propósito d e legitim ar posiciones e intereses:
correspondencia; artículos y polém icas periodísticas com o la en tab la d a en tre M itre y Bilbao o
en tre R ivera In d a rte y P edro d e Angelis; debates p arlam en tario s com o el d el C ongreso d e 1826;
discursos com o los p ro n u n c ia d o s e n el Salón Literario o p o r S arm iento en el Ateneo del Plata;
reg lam entos y bases d e sociedades d ed icad as al estudio d el pasad o ; biografías, m em orias y
textos testim oniales com o los d e la Galería de Celebridades o los d e Saavedra, N ú ñ e z y Paz;
m an u ales com o los d e López, d e la Sota y M anso; notas in tro d u cto rias o aclaratorias de
d o cu m entos com o las d e las colecciones dirig id as p o r V arela, A lsina y d e A ngelis; obras d e
teatro com o las d e A lberdi y B erm údez; ensayos y relatos históricos com o los d e Funes, López,
A renales, Q u e sa d a y Parish.
P ara exam inar las representaciones del p asa d o presentes en esa serie discursiva se ensayaro n
sucesivos acercam ientos no m enos heterogéneos q u e los elem entos q u e la com ponen. Esto
la v id a pública del período. En ese sen tid o p u d e verificar, explicar, d o tar d e m ayor precisión e
relación al p asa d o que, en m ay o r o m enor m edida, eran co m p artid o s p o r los distintos sectores.
P or u n lado el rechazo y la negación del m u n d o indígena y la experiencia colonial. Por el otro,
d u ra n te las décadas siguientes que, por el contrario, m anifestaba un total desinterés por esos
tam bién se destaca su tratam iento com o u n a totalidad abstracta q u e sólo p o d ía m erecer repu d io
crítica de ese pasado era ta n fuerte q u e tam b ién alcanzó a aquellos sectores que, com o la N ueva
revisar esos juicios que, sin em bargo, no lograron traducirse en relatos capaces de d otar de
espesor a esa experiencia y, m enos aún, integrarla en u n a m ism a línea histórica con el proceso
La valoración del proceso revolucionario no sólo fue divergente, sino q u e im plicó tam bién la
m irad o r privilegiado d esd e el cual se exam inaba la experiencia histórica local, pues era
en la h istoria local. En ese sen tid o se trató d e u n v erd ad ero mito de orígenes co m p artid o por los
el rég im en rosista y su s diversos opositores, así com o tam b ién las q u e se d iero n en la décad a d e
1850 entre Buenos A ires y la C onfederación. A hora bien, esta reivindicación no p o d ía ocultar
ciertas aprensiones p ro v o cad as por la certeza de q u e tam bién h abía d a d o inicio a u n proceso
conflictivo d e final incierto tras hab er p ro v o cad o la caída del an tig u o o rd e n sin hab er lograd o
En cu anto a sus causas, la R evolución solía ser co n sid erad a com o el re su ltad o de hechos
consecuencia de esta in terp retació n es la escasa incidencia q u e h ab ría n tenido los actores locales
q u e desem bocó en la R evolución se u tiliz a ra n m etáforas o im ágenes q u e rem iten a fenóm enos
n atu rales e incontrolables p o r el hom bre. Esto aten tab a contra la p o sib ilid ad d e d arle u n
entre d os m om entos: por u n lado la crisis m onárquica y, por el otro, la lucha por la
v o lu n tad y la conciencia d e los actores. U n m atiz e n relación a esta cuestión aparece en los
relatos biográficos y testim oniales que enfatizan la participación d e sus p ro tag o n istas en el
llam ativo son las dificultades existentes p a ra darle form a d e relato histórico a los sucesos
revolucionarios com o p u d o apreciarse en la obra de teatro d e A lberdi. Sería recién M itre con su
Biografía del General Belgrano q u ien lograría articular u n relato que, con contradicciones y vacíos
que, adem ás, había sido expresión d e las transform aciones sufridas p o r la región a fines del
Éstas fu e ro n en g ra n d es líneas las principales conclusiones a las q u e arribé en la tesis. Pero antes
d e concluir quisiera v o lv er sobre u n aspecto d e las relaciones que las elites establecieron con el
p asad o q u e m erece su b ray arse p o r su carácter general, p ero sobre to d o p o rq u e p erm ite revisar
sectores com o p u d o apreciarse en las colecciones docum entales, los Institutos H istóricos y los
solam ente p o r la adscripción política o ideológica d e sus autores. P ero hay algo m ás en relación
dicotóm icas, m uchas veces teñidas p o r juicios m orales, resu ltan hab itu ales en la p ro d u cció n
S arm iento: una liberal, cosm opolita, urb an a y anticlerical; otra del interior, clerical e hispanista370.
Este esquem a recibió varios em bates en los últim os años. Sin em bargo continúa siendo utilizado,
au n q u e en algunos casos se aggiornò com o efecto de la renovación prom ovida p o r los estudios
culturales. Esto p u ed e apreciarse por ejem plo en el exam en de las "ficciones orien tad o ras"
' 70 J. Barager. "The Historiography o f the Río de la Plata Area Since 1830". en Hispanic American
Historical Review, vol. XXXIX, n° 4, noviembre 1959. •
293
p ro p u esto por N icolás S h u m w ay p ara d ar cuenta d e la v ida pública decim onónica, no m enos
dicotóm icas e irreductibles q u e las líneas político-ideológicas p lan tead as p o r sus antecesores,
D esde luego q u e las diferencias políticas e ideológicas existieron, así com o tam b ién los
en frentam ientos en cuyo m arco cobraron form a y sentido. M ás aún: resu ltan im posibles d e
este enfoque dicotóm ico es que aten ta contra la com prensión d e algunos fenóm enos q u e no se
ad e cú an del todo bien a ese m arco interpretativo. Es p o r eso que juzgué m ás propicio
co n siderar las cosas de otro m odo: sin desconocer esas diferencias procuré d estacar aquellos
m atizad as a la luz de otros trabajos, pero d e todos m odos, y m ás allá d e tal o cual p u n to preciso,
caracterizaciones estereotipadas.
La necesidad d e esta revisión se hizo p aten te p o r ejem plo e n el caso de Florencio Varela, cuya
condición de unitario, ilu strad o y neoclásico no le im p ed ía co m p artir num erosos juicios, ideas y
representaciones con los jóvenes rom ánticos y con los publicistas del rosism o. P ero es este
insisto, no im plica e n m o d o alguno desconocer su sin g u larid ad , p ero sí llam ar la atención sobre
la existencia de rasgos co m p artid o s con otras form aciones políticas e ideológicas q u e m uch as
veces p asan desapercibidos com o consecuencia d e los enfrentam ientos facciosos y regionales y
m an d ato s d e Rosas. U no d e los aportes d e la tesis en ese sen tid o fue el exam en d e las
representaciones del p asa d o elab o rad as p o r los publicistas d el régim en, cuyas inflexiones
necesid ad o interés, pero incluso a u n q u e h u b iera sido p o r alg u n a d e estas dos últim as razones,
alg ú n m odo a las m ism as p a ra to d a aquella form ación política q u e quisiera actu ar con éxito. Lo
m ism o p o d ría plan tearse p o r ejem plo en relación a P ed ro Ferré quien, recordem os, defen d ía la
'’71 N. Shumway, La invención de la Argentina. Historia de una idea, Bs.As., EMECE, 1993.
294
teóricam ente, por lo q u e sólo le q u ed ab a criticar a B uenos A ires p o r ejercer u n " liberalismo mal
entendido"372.
Precisam ente, uno de los núcleos de ese h o rizo n te ideológico-discursivo es el consenso en torn o
al legado revolucionario y republicano, p ero tam bién a la legitim idad del liberalism o. U n
liberalism o que, al igual q u e otros que le eran contem poráneos, debió ad a p ta rse a u n a sociedad
co artar incluso algunas libertades en caso d e considerarse necesario. U n liberalism o del que
ad em ás sería ocioso buscar u n a form ulación p u ra pues debió coexistir en el discurso d e los
políticos y publicistas con im ágenes, conceptos e ideas d e tradiciones diversas com o las
Más allá d e las precisiones q u e se p u e d a n h acer al respecto y q u e exceden las posib ilid ad es d e
este trabajo, esta im p ro n ta ideológica tam b ién resu lta d e interés p o r su s proyecciones en el largo
plazo. Si bien en la tesis insistí en la n ecesid ad de exam inar la sin g u larid ad del período, este
consenso p erm ite p lan tea r tam b ién algunos interrogantes en torno a la existencia d e líneas de
liberalism o e n la cu ltu ra y la política arg en tin a y u ru g u a y a d e los siglos XIX y XX. En el caso de
la R evolución resu lta fácil percibir q u e su reivindicación co n stitu y e u n o d e los rasgos p eren n es
tradiciones com o la neoescolástica española con el fin d e atrib u irle u n a genealogía q u e la alejara
d e la ilustración y el liberalism o. Pero a p esa r d e estos em bates, b astante tardíos por cierto, el
liberalism o tam bién constituyó u n a trad ició n sólidam ente a rraig ad a e n la c u ltu ra política local,
u n p artid o o u n m ovim iento p roclam ado com o tal, en su ad o p c ió n no siem pre conciente p o r las
372 P. Ferré, “Cuestiones nacionales. Contestación al Lucero ó los falsos y peligrosos principios en
descubierto. Con la refutación a los autores escondidos bajo el título de Cosmopolita y Porteño, por el
Gobierno de Corrientes”, en E. Ravignani (ed.) Documentos para la Historia Argentina, tomo XVII,
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j73 Para un examen de esta cuestión en las formaciones políticas de derecha, puede consultarse el trabajo
de F. Devoto, Nacionalismo, fascismo y tradicionalismo en la Argentina moderna. Una historia. Bs.As.,
Siglo XXI, 2002. ■
295
C om o h ab rá no tad o el lector, las tres secciones de la tesis concluyen con las intervenciones d e
M itre a fines d e la d écada de 1850 y principios de la d e 1860 q u e dieron com ienzo al cierre d e un
ciclo en lo que hacía a las representaciones del p asa d o y a las m o d alid ad es q u e asu m ió el
conocim iento histórico. M itre fue tam b ién qu ien m ejor su p o recoger el legado republican o ,
m ad u rez. Este relato del curso al que estaba d estin ad o la región desd e sus m ism os orígenes se
V icente F. López o en la que Francisco B auzá estaba llevando a cabo entonces d e sd e la o tra
orilla del Río d e la P lata cuyo trazad o tam bién m ostraría su v italid ad d u ra n te d écad as en la
v id a político-cultural u ru g u ay a. .
relatos h erederos d e esos esquem as, p u es fue a través d e ellos q u e la so cied ad arg en tin a
ap ren d ió a reconocerse. Sin em bargo, y com o quiso m o strar este trabajo, hace y a tiem p o q u e
estas n arrativ as resu ltan inad ecu ad as p a ra u n a historiografía q u e se plan tea in terro g an tes q u e
sociedad que difícilm ente p u e d a seguir creyendo q u e su d estin o providencial, ese destin o q u e
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343
INDICE
pg-
AGRADECIMIENTOS 1
ABREVIATURAS 3
INTRODUCCIÓN 4
Tesis 7
Historia y el conocimiento histórico en el siglo XIX 8
Alternativas en la búsqueda de un nuevo orden:
el Río de la Plata entre 1830 y 1860 14
El historicismo romántico rioplatense y su historiografía 22
Aspectos teóricos y metodológicos 28
Estrategia expositiva y organización de la tesis 29
CONCLUSIONES 282