Oraciones
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Oraciones
«Dios de mis antepasados, Señor misericordioso, que por tu palabra has hecho todas
las cosas, que con tu sabiduría has formado al hombre para que domine sobre toda tu
creación,
para que gobierne el mundo con santidad y rectitud, y administre justicia con recto
corazón:
Otorgame el acceso ahora hacia la sabiduria, aquella que reina y gobierna junto a
ti, por favor. Brindame de tu inteligencia, conocimiento y entendimiento,
depositalos en mi;
y no me excluyas del número de tus hijos, porque soy tu siervo "Señor", hombre
débil, de breve existencia, incapaz de entender la justicia y las leyes.
Por perfecto que sea cualquier hombre, nada vale si le falta la sabiduría que de ti
viene.
Contigo está la sabiduría, ella conoce tus obras y estaba presente cuando hiciste
el mundo; ella sabe lo que te agrada y lo que está de acuerdo con tus mandamientos.
Envíala, por favor, desde tu santo cielo, mándala desde tu trono glorioso, para que
me acompañe en mi trabajo y me enseñe lo que te agrada.
Ella, que todo lo conoce y lo comprende; me guiará con prudencia en todas mis
acciones y me protegerá con su gloria.
Mis obras serán entonces de tu agrado, y con justicia viviré.
Porque, ¿qué hombre conoce los planes de Dios? ¿Quién puede imaginar lo que el
Señor quiere?
Débil es la inteligencia de los hombres, y falsas muchas veces sus reflexiones;
el cuerpo mortal es un peso para el alma; estando hecho de barro, oprime la mente,
en la que bullen tantos pensamientos. Con dificultad imaginamos las cosas de la
tierra, y trabajosamente hallamos lo que está a nuestro alcance.
Enseñame a honrarte "Señor" con todos los bienes que me permitas poseer, Y con las
primicias de todos mis frutos;
Que mi corazón repose completamente y plenamente en Tí "Señor", Y no me apoye en mi
propia prudencia la cual solo es necedad.
Enseñame a reconocerte en todo mis andar; en cada uno de mis pasos en todos en la
totalidad de mis caminos.
Que siempre busque tu consejo de la mano de la hulmidad y obediencia; Enseñame a
temerte "Señor, y apártarme del mal;
«QUE TU FAVOR Y MISERICORDIA SIEMPRE ME ACOMPAÑEN, ¡AMEN!»
Muestrame el camino siempre en que debo de andar para honrarte con la totalidad de
mi ser; que mis obras y palabras sean siempre de tu agrado.