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Año I • Número 2 • enero-junio, 2023 Revista Iberoamericana de Economía Social y Solidaria

La Economía Social y Solidaria será


feminista o no será.
The Social and Solidarity Economy will be feminist, or
it won´t be.
Raquel Lynn Massry Huerta |
Licenciada en Filosofía por la Universidad Iberoamericana Puebla.
massryraquel@gmail.com

Semblanza
Raquel es licenciada en Filosofía por la Universidad Iberoamericana Ciudad de
México. Se ha enfocado en el acompañamiento a mujeres y adolescentes. Gran parte de
su vida recibió formación dentro de la pedagogía ignaciana, camino que la llevó a ser
voluntaria jesuita en una escuela intercultural. Así pues, ha impartido clases de Filosofía
en Prepa Ibero Ciudad de México y colaboró como promotora de Inclusión y género en
Yomol A´tel, proyecto de economía social y solidaria en la Selva Norte de Chiapas.
Tiene un profundo interés en temas ambientales y de género, especialmente en
comedia, sexualidad y economía feminista. También es co-creadora de la marca de
juegos de mesa Mnemo. Vegetariana y ciclista urbana.

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Revista Iberoamericana de Economía Social y Solidaria Año II • Número 2 • enero-junio, 2023

PALABRAS CLAVE
Economía feminista, división sexual del trabajo, trabajo productivo, trabajo
reproductivo, justicia, equidad, género

KEYWORDS
Feminist economy, sexual division of labor, productive work, reproductive work,
justice, equity, gender

INTRODUCCIÓN
La lucha por la equidad de género ha ido cobrando cada vez más relevancia
en el sector laboral y los proyectos de Economía Social y Solidaria no han sido la
excepción. Cada vez se suman más mujeres al movimiento feminista y la voz que grita
sus demandas se ha intensificado. Gracias a esta lucha las empresas han asumido
un mayor compromiso por generar ambientes laborales más seguros y con mayores
oportunidades para las mujeres, así pues, han adquirido un mayor compromiso por
transversalizar la perspectiva de género en sus políticas, por ejemplo, extendiendo
los períodos de licencia por paternidad o disolviendo la brecha salarial. Sin embargo,
a pesar de estos esfuerzos, las desigualdades entre hombres y mujeres en el ámbito
laboral continúan siendo una realidad palpable.
Yomol A´tel1 es un proyecto que ha logrado posicionarse como modelo de
economía social y solidaria y como inspiración a otras cooperativas. Quienes
formamos parte de este proyecto hemos aprendido mucho dentro de él y juntas y
juntos hemos explorado alternativas para seguir creciendo. Uno de los caminos que
se han explorado y priorizado en los últimos años es el de género.
Como parte de este esfuerzo, hace tres años se creó en Yomol A´tel el área
de Inclusión y género, con la intención de generar políticas institucionales que
favorecieran la equidad de género en todas las empresas sociales y solidarias y que,
a su vez, se basaran en una reflexión colectiva, tanto de trabajadores y trabajadoras
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Grupo de empresas de Economía Social y Solidaria ubicado en la Selva Norte de Chiapas dedicado a la
producción y comercialización de café orgánico, miel orgánica, textiles y cosmética artesanal. Para conocer más
sobre el proyecto puede visitar la página oficial Yomol A’tel | Página de Inicio (yomolatel.org). Para conocer más
sobre su historia consultar Voces de Yomol A´tel: una experiencia de economía social y solidaria.

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como de las familias productoras en las comunidades, respetando así los diferentes
modos de ser y hacer en el grupo.
En este texto presento la metodología y un análisis de resultados de la
investigación que se llevó a cabo durante el verano de 2022. Comparto los resultados
esperando que sirvan para aportar a otros esfuerzos similares reflexiones que sumen
al trabajo de género. La finalidad de dicha investigación fue conocer la dinámica de
trabajo de un grupo de mujeres y sentar las bases para un diálogo sobre economía
feminista con ellas y las demás socias y trabajadoras pertenecientes al proyecto.
Antes de ello considero necesario problematizar el tema de la división sexual del
trabajo en el contexto de la economía social y solidaria.

1. El feminismo en la Economía Social y Solidaria.


1.1 Economía Feminista
Durante la pandemia, Reas Euskadi, Red de Economía Alternativa y Solidaria,
publicó el libro Diccionario feminista para una Economía Solidaria. En él leí una frase
que me pareció contundente y que condensa el objetivo de la lucha por transversalizar
la perspectiva de género en proyectos sociales: “La economía social y solidaria será
feminista o no será” (Askunze, C. et. al, 2020). Si tomamos esta idea como punto de
partida, veremos que el modelo de economía social y solidaria presenta enormes
retos para hacer efectiva esta afirmación, en el caso de Yomol A´tel, estos retos
implican el aterrizar la economía feminista al contexto indígena, específicamente
tseltal en la Selva Norte de Chiapas, y comprender cómo atraviesa desde el espacio
privado hasta el espacio público.
Antes de continuar me gustaría aterrizar un poco más el concepto de economía
feminista haciendo una comparativa. Si nos remontamos unos años atrás a la
Revolución Francesa, recordaremos que su lema era “libertad, igualdad, fraternidad”.
Si miramos de cerca esta lucha, así como la mayoría de las revoluciones a lo largo
de la historia, nos daremos cuenta de que esta fue emprendida por hombres, con
demandas de hombres y para hombres. La misma palabra fraternidad nos habla de la
dinámica y objetivo de esta revolución: “amistad o afecto entre hermanos” (RAE, 2022).
Podríamos pensar que la palabra hermanos en esta definición es un término neutral
refiriendo tanto a hermanos como a hermanas, pero en realidad, solo se refiere a
hermanos varones. De hecho, su equivalente sería la palabra sororidad, que significa

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“amistad o afecto entre mujeres” (RAE, 2022). Dicho concepto ha sido reapropiado por
el feminismo para reivindicar el amor y la solidaridad entre mujeres, contrario a la
enemistad histórica bajo la que crecemos y somos educadas.
Precisamente en la coyuntura de la Revolución Francesa, es cuando nace el
feminismo como un movimiento filosófico, político y social. Surge como una corriente
de pensamiento, inspirada en las demandas de las mujeres que las antecedieron, en
la que varias pensadoras, como lo fue Simone de Beauvoir, comienzan a teorizar
sobre las desigualdades entre hombres y mujeres. Este movimiento también surge
como una crítica a las demandas de la Revolución Francesa, señalando que las
mujeres no han sido tomadas en cuenta dentro de las mismas en tanto que esta
solo exige la libertad e igualdad entre sujetos del sexo masculino. Las pensadoras
feministas argumentaron que, si bien los hombres podían lograr igualdad gracias a
la revolución, esta solo sería entre ellos, y que era fundamental luchar también por la
igualdad entre hombres y mujeres.
En ese ejercicio de comparación es posible evidenciar que, así como el
movimiento feminista señaló en sus inicios a la Revolución Francesa que las mujeres
no estaban siendo tomadas en cuenta; de la misma manera la Economía Feminista
hace una crítica a la Economía Social y Solidaria (y a la economía, como ciencia en
general) de que no se puede teorizar sobre las dinámicas productivas sin hablar del
papel que la mujer juega dentro de ellas.
La Economía Feminista es, por tanto, una corriente de pensamiento que surge a
mediados del siglo XX como una crítica a la invisibilización de las mujeres y su papel
dentro de los procesos económicos. Algunas de las pensadoras más sobresalientes
en este ámbito han sido Silvia Federici, Sharon Smith y Heidi Hartman; cuando
comenzaron a teorizar dentro de esta línea de pensamiento, argumentaban que las
relaciones productivas y económicas están directamente atravesadas por el género,
dato que históricamente habían ignorado los teóricos de la economía.

1.2 División sexual del trabajo


Una de las bases de la economía feminista es la división sexual del trabajo,
concepto que señala que existen dos tipos de trabajo: el productivo y el reproductivo.
El trabajo productivo es aquel que ha sido históricamente desempeñado por los
hombres dentro de la esfera pública y, en tanto que es remunerado, se reconoce
como generador de valor. Por otro lado, el trabajo reproductivo es aquel que

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históricamente ha sido desempeñado por las mujeres dentro de la esfera privada (el
hogar) sin remuneración alguna.
Ahora bien, la economía feminista señala que el trabajo reproductivo, si bien no
ha sido remunerado a lo largo de la historia -y si es remunerado, es precarizado- sí
que es trabajo en tanto que sostiene la vida y es la condición de posibilidad de otras
formas de producción. Me gustaría ofrecer un ejemplo aterrizado al contexto indígena
tseltal: para que un campesino pudiera ir a trabajar a la milpa y al cafetal tuvieron
que suceder una serie de cosas que hicieran esto posible: que su ropa estuviera
limpia, que los alimentos estuvieran preparados, que sus hijos e hijas estuvieran
provistos de todos los cuidados, entre otras cosas. Todas las condiciones anteriores
fueron necesarias para que el campesino dispusiera de tiempo suficiente y pudiera
llevar a cabo el trabajo productivo que le correspondía hacer.
Si pensamos en la historia de la humanidad, inevitablemente nos vendrán a la
mente los nombres de los grandes pensadores, artistas, científicos, políticos, todos
ellos, o en su mayoría, hombres. Me parece que ante la pregunta de ¿Dónde estaban,
entonces, las mujeres? la respuesta es: en las casas de dichos personajes, cuidando
de ellos y de sus hijos e hijas; lavando, cocinando, limpiando. Sería injusto e insensato
afirmar que ellas no han formado parte de la historia, de la economía, de la política,
de la ciencia, de la filosofía.
Sin embargo, esta ha sido la premisa de la historia de la humanidad,
las mujeres siempre hemos estado aquí, nunca fuimos invisibles, pero sí
hemos sido invisibilizadas.

Existe una jerarquía entre ambas formas de trabajo. Una jerarquía que se refleja
en el reconocimiento tanto económico como moral/personal. Quisiera mencionar
brevemente una conversación que tuve recientemente con un adolescente y que, me
parece, refleja la manera en la que pensamos el trabajo a nivel sistémico y social:
Yo le pregunté por sus padres y sus ocupaciones, solo respondió que su papá era
dueño de un restaurante; le pregunté por la ocupación de su madre y su respuesta
fue “nada, no hace nada”; seguí interpelándolo y le pregunté si estaba seguro, a lo
que respondió que sí, que su mamá “solo estaba en la casa y hacía cosas de la casa”.
Fue un duro pero necesario golpe de realidad porque conversaciones como estas me
dan la pauta para entender cada vez más las exigencias de la Economía Feminista.
Esta brecha no proviene de la opinión de algunas mujeres, hay varios métodos

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de medición que validan existente desigualdad entre hombres y mujeres, partiendo


por el hecho de que las mujeres disponen de una menor cantidad de tiempo para el
trabajo remunerado porque globalmente realizan casi 75% del trabajo doméstico y
de cuidados no remunerados (McKinsey Global Institute, 2015).
La Economía Feminista señala que para que la Economía Social y Solidaria luche
de manera genuina por construir un modelo económico más justo para todos y todas,
debe ser, a su vez, feminista. Esto quiere decir que debe tomar en cuenta la división
sexual del trabajo que históricamente ha originado desigualdad entre hombres y
mujeres. Si bien muchas propuestas surgen a partir de este debate, me parece que
la premisa de todas ellas es la importancia de repensar y reorganizar el trabajo,
sobre todo, colectivizar los trabajos de cuidado. Esto último tiene una profunda
conexión con los ecofeminismos y con la propuesta de que colectivizar los cuidados,
no solo del hogar, sino también del ambiente, es una acción que se hace cada vez
más necesaria2.
Kate Millet, pensadora feminista de los años 70, defendía que “lo personal es
político”, premisa que se convirtió en una de las ideas más importantes de la lucha
feminista. Si no damos prioridad al ámbito privado, si no conversamos sobre lo que
sucede en casa, el tema de la justicia social será solo una trampa para las mujeres.
Ciertamente, el hecho de que las mujeres comenzaran a formar parte del mundo
laboral remunerado desplegó un abanico de posibilidades para ellas y significó un
logro muy importante dentro de la lucha feminista. Sin embargo, no hay que perder
de vista que, desde sus inicios, esto ha implicado una doble (o triple) jornada laboral
para la gran mayoría de ellas. Cuando las mujeres incursionaron en el mundo laboral
remunerado no abandonaron los trabajos de cuidado necesarios para sostener su
hogar, por otro lado, los hombres no se involucraron en las labores de cuidado.
Entonces ¿quién trabaja más? El INEGI indica que las mujeres trabajan en promedio
59.5 horas a la semana, mientras que los hombres 53.3; es decir que las mujeres
dedican 6.2 horas más que los hombres al trabajo (INEGI, 2009). La pobreza de tiempo
de las mujeres es otra de las problemáticas que deriva de la división sexual del trabajo
Si no ponemos atención a las dobles o triples jornadas laborales que
viven las mujeres, no podremos transformar la realidad en la que han sido
históricamente explotadas, dominadas y oprimidas. Y si una lucha que
persigue la justicia se olvida de la mitad de la población, en realidad, solo
estará buscando beneficiar a unos cuantos.

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Para más información consultar Diccionario Feminista para una Economía Solidaria.

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2. Estudio sobre el tiempo y los cuidados del hogar en Yomol


A´tel.
Como se menciona al principio, uno de los retos más importantes en Yomol A´tel
es poner en práctica las propuestas de la Economía Feminista en el territorio tseltal,
algo que no es posible si no se establece primero un diálogo con las mujeres que
forman parte del proyecto.
Siendo responsable del área de género de Yomol A´tel aprendí muchas cosas,
estar en un espacio completamente nuevo y distinto me obligó a ser más abierta y
creativa para comunicarme con quienes lo habitan y poder comprender mejor sus
dinámicas, sus modos de vida y de ver el mundo. Es desde esta experiencia que
surge la idea de plantear una investigación en temas de Economía Feminista como
línea de trabajo del área de Inclusión y Género, para lograr conocer más sobre el uso
del tiempo, sentires y pensares de las socias y trabajadoras del proyecto
2.1 Metodología
La investigación fue llevada a cabo en la comunidad Paraíso con algunas esposas
de los socios productores de café. Al principio fue difícil convocarlas, precisamente
porque su carga de trabajo es ardua, pero después de varios intentos logramos reunir
a ocho de ellas en el beneficio húmedo3 de la comunidad.
El objetivo de la investigación consistía en obtener datos sobre el tiempo que
dedican las mujeres a las labores de cuidado y reproducción, veía la necesidad de
hacer un ejercicio dinámico en el que cada mujer pudiera plasmar las actividades
que realizan a lo largo del día. Durante el diseño me di cuenta de que el lenguaje sería
una barrera en la comunicación, yo no hablo tseltal y no todas las mujeres hablan
bien el español, pero las imágenes podían ser un recurso bastante útil para facilitar
la interacción. Sin embargo, en la preparación del material me topé con una barrera
más: la representación. En el mar de imágenes que existen en internet, muy pocas
son de mujeres indígenas y las pocas imágenes que hay de mujeres en el campo no
reflejaban a las mujeres de Yomol A´tel. Nunca me consideré buena dibujante, pero al
no tener otra opción, me di a la tarea de ilustrar mis propias imágenes.
Primero dibujé un reloj en espiral para poder completar las 24 horas del día, un
reloj doble, y después dibujé a mujeres tseltales realizando labores cotidianas. Estas
ilustraciones se dividen en dos tipos: el primero muestra las labores de cuidado que se

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Este es un espacio en el que se llevan a cabo algunos de los procesos de la producción de café como el
despulpado, fermentación y secado de los granos.

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realizan en la casa (las no son remuneradas); el segundo tipo refleja su participación


dentro del trabajo productivo que sostiene económicamente a la familia, como la
producción de café o la elaboración de jabones y/o artesanías.
Tabla n.° 1 Imágenes de mujeres en el trabajo.

Fuente: Elaboración propia

Durante la dinámica las mujeres colocaron las imágenes de las actividades que
realizaban durante el día dentro del reloj de 24 horas. El ejercicio fue sencillo pero
muy revelador, nos permitió ver un poco más de cerca la realidad y cotidianidad de
las mujeres. La mayoría de ellas coincidían en tener una jornada de trabajo continuo
que comenzaba desde las 3:00 o las 4:00 horas y terminaba a las 18:00 o 19:00 horas,
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Con la cara triste porque me pareció importante reflejar dos cosas: que no siempre estamos felices y que
hay tareas que, ciertamente no nos gusta hacer.

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alternando entre labores productivas y reproductivas.


Imagen n.° 1 Dibujos de mujers haciendo labores de cuidado y trabajo
reproductivo.

Fuente: Elaboración propia

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Imagen n.° 2 Dibujos de mujeres haciendo trabajo productivo

Fuente: Elaboración propia

Usualmente, al realizar este tipo de actividades, las mujeres suelen estar


cohibidas; al principio no participan demasiado y, si lo hacen, es de forma breve y en
voz baja. Este caso no fue la excepción, sin embargo, poco a poco se fueron ganando
confianza.

2.2 Primero resultados


Al finalizar la actividad tuvimos un espacio de reflexión en el que las mujeres
dialogaron sobre qué miembros de la familia forman parte de ciertas actividades.
Quienes tienen hijas expresaron sentirse apoyadas por ellas con las labores de
cuidado, al contrario de quienes solo tienen hijos varones, ya que ni ellos ni sus
maridos colaboran con las tareas del hogar. Muchas de ellas también expresaron
sentir cansancio por las jornadas tan largas de trabajo.

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Desde la Comon Sit Ca´teltic, la microfinanciera de Yomol A´tel, se les extendió la


invitación a solicitar un crédito productivo como una fuente de ingreso alternativa,
pero dada la poca disposición de tiempo expresaban varias dudas.
Por otra parte, y a pesar de que el tema de la actividad no era la violencia
doméstica, en las reflexiones el ejercicio las llevó a hablar sobre ello; expresaron
que en su comunidad no había casos de este tipo de violencia, pero que habían
escuchado que sucedía en otras.
Desde Yomol A´tel deseamos continuar con esta investigación y que el ejercicio
se reproduzca en cada una de las regiones en donde hay socios y socias, la situación
en cada comunidad es distinta. En la comunidad de Paraíso, por ejemplo, las
mujeres que nos apoyaron con la investigación no son directamente socias de la
cooperativa, sino sus maridos; sin embargo, esto no significa que no se involucren en
la producción. El café que llega a la planta tostadora también es fruto de su esfuerzo,
ya que colaboran y dedican gran parte de su tiempo a actividades como el corte o
el secado del café. Este hecho en sí mismo nos habla de una desigualdad, ya que el
reconocimiento tanto personal como económico se le atribuye solo al esposo al ser
su nombre el que está registrado en el padrón de la cooperativa.
Ahora bien, en otras comunidades de Yomol A´tel sí hay socias: la mayoría son
socias por la elaboración de bordados o jabón, pero también las hay, aunque pocas,
socias productoras de miel o café; hay mujeres que incluso son socias de dos o más
procesos. Estos matices sobre el uso de tiempo en la diversidad de realidades son
los que nos interesa que la investigación arrojé. De manera complementaria, hemos
propuesto realizar este mismo ejercicio con los hombres para conocer si realizan
tareas reproductivas en sus casas y cuánto tiempo dedican a ellas y, a partir de esto,
hacer una comparación entre los relojes de las mujeres y de los hombres.
El ejercicio que aquí se presenta es tan solo el inicio de una iniciativa que tiene
mucho potencial y un terreno muy amplio por explorar. A pesar de que su ejecución
es reciente consideré importante compartirlo como un medio seguir creciendo
y mejorando a partir del documentar cada etapa del proceso porque, si bien la
investigación puede ser considerada un fin en sí misma, es también un medio para
conseguir otros fines como lograr una reflexión profunda con las mujeres, abrir
espacios de diálogo con y para ellas, además generar propuestas e iniciativas que
den solución a las problemáticas de desigualdad que se vive dentro de la cooperativa.

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CONCLUSIONES
La división sexual del trabajo es una realidad que nos atraviesa a todas las
mujeres, lamentablemente esto conlleva otras implicaciones como la pobreza de
tiempo. Nunca habrá justicia si esta no es demandada también por y para las mujeres,
en este sentido, la economía necesita transformarse para abonar a la creación de
modos de vida más justos.
Enlisto a continuación algunas de las reflexiones centrales que se fueron
construyendo en conjunto durante el transcurso de esta iniciativa
• La equidad de género no se trata únicamente de incorporar a las mujeres
en el mundo laboral, se trata también de que los hombres se incluyan y
participen de las labores de cuidado y de la carga mental que estas implican;
de lo contrario estamos reduciendo la brecha laboral a costa de la salud física,
mental y el cansancio de las mujeres. Es importante que la participación de los
hombres en dichas tareas no se perciba como ayuda, cosa que es muy común,
sino que demos un giro radical al esquema de pensamiento que nos ha llevado a
creer que cuando un hombre participa de estas actividades está llevando a cabo
un acto extraordinario y sumamente noble (algo que no pensamos cuando estas
son ejecutadas por mujeres).
• Desde la perspectiva indígena tseltal todos los aspectos de la vida de una
persona están interrelacionados, no podemos separar lo laboral de lo familiar, la
salud del trabajo, la vida familiar de la comunitaria. En ese sentido, la economía
social y solidaria, al ser una alternativa que vela por el cuidado de las personas,
debe apostar por tener una visión más integral de trabajo, en la que se
considere el tiempo invertido a las labores de cuidado del hogar al momento
de construir esquemas de trabajo. Así pues, desde la perspectiva feminista el
espacio privado y público están profundamente vinculados y, si no hay justicia
en el primero, no la habrá en el segundo.
• El estudio realizado en Yomol A´tel pone en evidencia la necesidad de
crear instancias que apoyen a las mujeres a la realización de sus actividades
laborales. De esta investigación nace la idea de crear un espacio de cuidados y
aprendizajes para aquellas ocasiones en las que las mujeres necesiten disponer
de un tiempo para la producción, alguna capacitación o reunión. Esta idea está
pensada no solo para apoyar a las madres en los cuidados de sus hijas e hijos,
sino también como una manera de comenzar a formar a las nuevas generaciones
en temas ambientales, de género, ética, sexualidad, entre otros.

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Se plantea que este espacio sea al principio para las madres que apoyan en
los cuidados de las niñas y niños quienes formen parte de este, pero que
poco a poco la idea de que los cuidados deben ser colectivos permee y así,
estos espacios se vuelvan colectivos para hombres y mujeres. En este sentido,
idealmente se esperaría que los papás que formen parte del proyecto asuman la
corresponsabilidad en el cuidad de niñas y niños
• Varias son las demandas que surgen a partir de la reflexión de la Economía
Feminista. La problemática es compleja y, en ese sentido, no existe una
solución. Todas las propuestas que han surgido de la reflexión son dignas de ser
evaluadas para poder repensar la manera en que nos organizamos, pensamos
y vivimos. Algunas de las propuestas son: la creación de espacios en donde los
cuidados sean colectivos (ya sea de menores, adultas/os mayores o personas
con discapacidades o enfermedades); la intervención del gobierno y la creación
de políticas en favor de las mujeres y el reconocimiento tanto legal como
económico de las labores que realizan. Esto último podría derivar en salarios
y jubilaciones para quienes se dedican al cuidado del hogar; y por supuesto,
la distribución equitativa tanto de las labores como de la carga mental que
implican las labores de cuidado necesarias para sostener la vida.
• Si bien este primer estudio revela el panorama para las mujeres, lo hace en
un contexto muy específico. Es necesario que se puedan replicar ejercicios de
esta magnitud en otras organizaciones e instituciones, para generar propuestas
adecuadas a la realidad de cada contexto y para seguir visibilizando la
problemática abordada.
Para concluir, creo firmemente que el feminismo no solo nos compete a quienes
teorizamos sobre él, porque el conocimiento lo poseemos todas en tanto que hemos
atravesado diversas experiencias de desigualdad, sexismo, discriminación, violencia,
etc. Aunque las mujeres tseltales y yo habitamos contextos distintos, compartimos
estas realidades y es justo ahí donde se encuentran nuestros conocimientos y nuestra
lucha. A veces lo único que hace falta es nombrar nuestras realidades y permitirnos
sentir indignación para dar espacio a la esperanza y la lucha colectiva. La lucha
feminista es necesaria en todos los rincones del mundo, ya que las opresiones que
vivimos las mujeres -sin importar la edad, etnia, religión, estatus económico, etc.
continúan vigentes.

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Imagen n.° 3 Dibujos de mujeres haciendo trabajo reproductivo y productivo.

Fuente: Elaboración propia

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REFERENCIAS
Askunze, C. et. al. (2020) Diccionario Feminista para una Economía Solidaria. REAS
EUSKADI. Encontrando en: https://www.economiasolidaria.org/wp-content/
uploads/2020/12/DICCIONARIO-FEMINISTA.pdf
Mickensey Global Institute. (2015) How advancing women’s equality can add $12 trillion
to global growth Consultado en: https://www.mckinsey.com/featured-insights/
employment-and-growth/how-advancing-womens-equality-can-add-12-trillion-
to-global-growth
Real Academia Española. (2014). Diccionario de la lengua española (23a ed.) Recuperado
el 28 de octubre de 2022, de https://dle.rae.es
Rodríguez, M. García, B. (2020) Un modelo espacial de desigualdad de género sobre
trabajo no remunerado en México. Realidad datos y espacio, Revista internacional
de estadística y geografía. Vol 11. Núm 1. Enero – abril 2020. Consultado en: https://
rde.inegi.org.mx/index.php/2020/03/24/un-modelo-espacial-de-desigualdad-
de-genero-sobre-trabajo-no-remunerado-en-mexico/

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