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Gringolandia de los dioses

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Freddy Alexis
Luz Dorada
Boca Budi, Región de La Araucanía, Chile
8 de septiembre, 2021, 04:00 AM

Esa misma noche, ya de madrugada nos estábamos turnando


para echar leña al fuego (el frío era particularmente intenso
a esa hora). Estábamos despiertos tan tarde porque unos
vecinos de la calle de en frente llegaron de sorpresa, y
habían olvidado la llave del portón de entrada. Tras todo
el ruido que hicieron la señora, los hijos, el marido, etc… el
sueño nos abandonó y agregado lo de la estufa, el escenario
no era el mejor.

Ya a esa hora me tocaba a mí reponer la leña, de reojo, miré


hacia aquel lugar y ya estaba casi extinta la última llama de
la estufa, no quería morir de frío así que me armé de valor
y me levanté en dirección a la pila de maderos secos, en
realidad a donde yo suponía que estaban. Eran las cuatro
de la mañana y estaba tan oscuro que no se veía nada, todo
eran manchas negras sobre un fondo negro. Levanté la
mano derecha en dirección a mi rostro y la moví tratando de
forzar la vista, intentando ver, aunque fuese un poco, nada.
Logré caminar dos pasos en plena oscuridad sin golpearme
las canillas, afuera la lluvia y la tormenta arreciaban, daba
la impresión que en cualquier momento el viento botaba la
casa, el ulular eólico era casi un canto de sirena, constante.
Sentía las maderas crujir con la fuerza del vendaval. De
pronto, un flashazo imponente se enciende llenándolo todo
de un resplandor dorado, ni blanco ni amarillo, era del
color del oro, intenso y entre los rayos de luz era posible
ver pequeñas partículas moviéndose en cámara lenta. Lo
primero extraño que noté, fue que el sonido ambiente
desapareció por completo, había un silencio inquietante,
muy antinatural. Contrastaba totalmente con el ruido de la

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Gringolandia de los dioses
tormenta, cási omnipresente minutos atrás. Miento si digo
que escuché algún sonido extraño procedente del exterior,
nada de eso sucedía. La sensación era de haberse quedado
detenido en el tiempo, volví a mirar mi mano y era posible
ver cada detalle de ella, los pliegues, las uñas, miré hacia
atrás y vi a mi compañera de pie en el dintel de la puerta del
dormitorio, su cara reflejaba un asombro quizás tan grande
como el mío. Pude notar sus ojos color almendra con toda
claridad, la cantidad de luz que bañaba el living de la casa
era irreal. Entraba con fuerza por todos los ventanales en un
perfecto ciento ochenta, giré nuevamente mi rostro hacia el
gran ventanal, las gotas de lluvia caían en absoluto silencio
rodando por el vidrio. Sentí pasos detrás, era mi novia que
caminaba como un gato hacia una ventana, la descorrió y
entró un potente rayo de luz que le bañó el rostro. Esto no
puede estar pasando, me dije.

Yo tenía el pomo de la puerta a centímetros, y pensé.

- ¿y qué pasa si abro la puerta y salgo?

Giré el pomo metálico que estaba muy frío bajo mi tacto,


detrás mío escuché un fuerte

- ¡No!

De manera automática abrí la puerta principal de la casa y


un brillo cegador inundó la habitación, ese momento para
mi duró una eternidad, me sentía atraído por esa luz, yo
tenía que salir…
Creí escuchar a lo lejos, como cuando se está en un sueño,
una voz de mujer que se perdía en la lejanía:

- ¿Y que le digo a tu familia si no vuelves?

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Freddy Alexis
La voz de mi novia me hizo salir de esa suerte de trance en el
que estoy seguro que había caído. Ella me trajo de regreso,
no sé qué habría pasado si salgo, no lo sé ni lo sabré, porque
es algo que no estoy dispuesto a intentar averiguar jamás.
Cerré la puerta de golpe, no podía moverme, estaba clavado
al piso. La luz seguía afuera iluminándolo todo como si
fuera mediodía. A través de las delgadas cortinas veía la
calle, las casas con lujo de detalle. Intentaba comprender
que mecanismo natural o qué tipo de fenómeno podía lograr
ese efecto, pero nada me venía a la mente. Estaba aturdido.
Deben haber pasado cerca de 3 o 4 minutos cuando aquella
luz, así como apareció, se desvaneció. Inmediatamente
regresó el ruido de la tormenta, también la oscuridad y la
incapacidad para orientarme en la negrura de la noche. En
silencio, ella se acercó a mi y me llevó de vuelta a la cama,
no recuerdo como fue que nos dormimos, solo tengo en
mi mente la emergencia de una sensación, una especie de
sentimiento que de a poco había comenzado a tomar cuerpo
dentro de mi mente.

Aquel suceso extraordinario había estado ahí por una razón,


que no era ni paranormal ni extraterrestre, se presentó frente
a mi para confirmar, de una manera innegable, que existe
este mundo intermedio, donde aquello que forma parte de
lo inexplicable puede sorprenderte y ponerte en contexto
de que, de alguna manera que no comprendemos del todo,
no estamos solos.

Después de eso, hubo un largo por mientras.

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