La Iglesia y Los Orígenes de La Ilustración Novohispana
La Iglesia y Los Orígenes de La Ilustración Novohispana
La Iglesia y Los Orígenes de La Ilustración Novohispana
México
Universidad Nacional Autónoma de México,
Instituto de Investigaciones Históricas
2010
416 p.
(Serie Historia Novohispana, 83)
ISBN 978-607-02-0936-9
Formato: PDF
Publicado: 8 de noviembre 2012
Disponible en:
http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros
/iglesiane/iglesiane.html
DR © 2015, Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de
Investigaciones Históricas. Se autoriza la reproducción sin fines lucrativos,
siempre y cuando no se mutile o altere; se debe citar la fuente completa
y su dirección electrónica. De otra forma, requiere permiso previo por
escrito de la institución. Dirección: Circuito Mario de la Cueva s/n,
Ciudad Universitaria, Coyoacán, 04510, México, D. F.
LA IGLESIA Y LOS ORÍGENES
DE LA ILUSTRACIÓN NOVOHISPANA
Una primera versión de este texto se presentó en el coloquio La Iglesia en Nueva España:
problemas y perspectivas de investigación con el título “Intelectualidad e Iglesia en los inicios de
la Ilustración mexicana”. Agradezco a Óscar Mazín, Antonio Rubial, Jaime Cuadriello y
Paula Mues sus opiniones, comentarios y sugerencias para este trabajo.
“Introducción”, en Fernández Albaladejo, Fénix de España…, p. 12.
Véanse los interesantes balances de Mestre, “La historiografía...”, y de Enciso, “La
Ilustración...”, en Coloquio..., v. i, p. 21-60 y 621-696.
Traducido prontamente al español, de donde resulta buena parte de su importante
presencia en la historiografía: Sarrailh, La España ilustrada...
La palabra novator (en latín, “renovador”) fue usada aparentemente por primera vez
por el escolástico Francisco Palanco en su Dialogus physico-theologicus contra philosphiae nova-
tores, sive thomista contra atomistas de 1714, en el curso de una polémica en contra de la teoría
atomista de la materia, que era lo mismo que decir que en contra de los partidarios del expe-
rimentalismo y de la independencia de los estudios de filosofía natural respecto de la meta-
física: véase Mestre, “La historiografía...”, p. 22.
Sobre la “autosuficiencia” de la cultura barroca hispánica, véanse los ensayos conte-
nidos en Flor, Barroco…
Véase Sánchez-Blanco, La mentalidad…, especialmente p. 7-11 para la enunciación de
esta tesis; igualmente, El Absolutismo..., passim. También su estudio a J. E. de Graef, Discursos
mercuriales…
Con poca diferencia es la postura que sigue apareciendo en síntesis recientes: cf. Tanck,
“Ilustración, educación…”
Todavía hace diez años una distinguida profesora, ya fallecida, mantenía ante quien
escribe que la Ilustración novohispana había sido escasa y tardía, y se había debido exclusi-
vamente a los influjos de la independencia de los Estados Unidos de América y de la Revo-
lución Francesa.
10
Para una revisión de los aportes de Moreno de los Arcos al conocimiento de la Ilus-
tración en Nueva España, véanse la bibliografía y trabajos reunidos en Yuste, La diversidad...
11
Como ejemplos de la postura de estos historiadores pueden citarse: De la Maza, El
guadalupanismo…, y O’Gorman, Meditaciones… Brading, por su parte, ha desarrollado su in-
terpretación, referida inicialmente sólo a México en Los orígenes…, hasta extenderla al resto
de Hispanoamérica en The First America...
12
No siendo el tema principal de este trabajo, sólo puedo apuntar como una de las
causas probables y evidentes de este giro historiográfico la serie de cursos y seminarios sobre
historia del pensamiento en lengua española que José Gaos impartió en esa época en El Co-
legio de México y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma
de México (cf. Andrés Lira, “Prólogo”, en Pérez-Marchand, Dos etapas..., p. 13-19).
13
Pérez-Marchand, Dos etapas…
14
Navarro, Cultura mexicana moderna...
15
Pérez Marchand, Dos etapas..., p. 80.
16
Álvarez, “Ideas económicas…”
Posada, “El P. Oviedo…”
17
18
Véase Trabulse, “Clavigero, historiador…”, p. 42-43. En muchos otros trabajos Tra-
bulse ha continuado desarrollando esta idea: por ejemplo, “La ciencia y los jesuitas…”
19
De la Torre (coordinación y presentación), Juan José de Eguiara... Los colaboradores
escribieron acerca de Eguiara como filósofo y teólogo, y sobre contemporáneos suyos como
Cayetano Cabrera Quintero y José Antonio Villaseñor y Sánchez. El volumen incluye también
traducciones y textos del bibliógrafo y su círculo.
20
Con su traducción de Eguiara, Prólogos...
21
Eguiara, Bibliotheca... El gran interés producido por la reedición de la Bibliotheca de
Eguiara se refleja en otras publicaciones, como la de López, Diálogo...
22
La parte inédita del manuscrito de Eguiara incluye las letras d a j de su catálogo
biobibliográfico. El original existe en la Benson Latin American Collection en la Universidad
de Texas en Austin; de éste se sacó en 1928 una copia fotostática que resguarda la Biblioteca
Nacional de México. Para la historia de estos manuscritos véase Rivas, Bibliografías..., p. 48-49.
El que escribe ha visto en el archivo capitular de la catedral de Puebla una copia del siglo xviii
del manuscrito de la Bibliotheca.
23
Villaseñor, Theatro... El “Suplemento” fue publicado por primera vez por Ramón
María Serrera en Villaseñor, Suplemento...
24
Biblioteca Valenciana, Gregorio Mayans...
25
Proyecto Filosofía en Español, Biblioteca Feijoniana...
26
Algo de lo que ya se ha logrado en este sentido en México se halla en el portal en línea
de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, http://www.cervantesvirtual.com, y dentro de
ella en los portales de la Biblioteca Nacional de México, http://www.cervantesvirtual.com/
portal/bnm/index.jsp, y de la Biblioteca Francisco Xavier Clavigero de la Universidad Ibe-
roamericana, Campus Santa Fe, http://www.cervantesvirtual.com/portal/uia/index.jsp,
que han incorporado la digitalización, entre otras muchas obras, de importantes títulos no-
vohispanos del siglo xviii.
27
En ese sentido se había manifestado la XV Congregación General de la Compañía en
Roma en 1706, según apunta Chiaramonte, “Prólogo”, en Pensamiento..., p. xv-xvi, apud Gui-
llermo Furlong, Nacimiento y desarrollo de la filosofía en el Río de la Plata, 1536-1810, Buenos
Aires, 1952.
28
Cf., además de las insustituibles Vidas de algunos mexicanos ilustres de Juan Luis Ma-
neiro, la documentación develada por Ronan, Francisco Javier Clavigero...
29
Trabulse, Ciencia y religión...
guieron apareciendo con frecuencia —de hecho, todos los años— fue-
ron los almanaques. En cambio, en lo que se refiere a las otras ramas
del conocimiento, parece claro que si persistimos en buscar para 1700-
1750 las huellas de una modernidad por las vías en que tradicional-
mente se ha emprendido, nos toparemos a cada momento con grandes
dificultades; tal vez terminaríamos poniendo en duda incluso la con-
vención ya alcanzada respecto del carácter ilustrado para el siguien-
te medio siglo.
Quizás la solución a este problema aparentemente insalvable está
en la clase de fenómeno intelectual que estamos buscando y por la que
preguntamos. Buscamos lecturas ilustradas y muy concretas, cuando
quizás lo que debemos encontrar es una actitud ilustrada ante la lec-
tura y las lecturas; intentamos entresacar discursos ilustrados de los
testimonios de la época, cuando tal vez debamos primero indagar
acerca de la modificación de los discursos y las prácticas tradicionales;
imaginamos una modernidad autóctona, cuando tendríamos que en-
tenderla también como respuesta y reto a estímulos externos; quere-
mos centralizar la conciencia ilustrada en los centros tradicionales de
cultura y saber, como México y Puebla, cuando tal vez nos hallamos
ante múltiples partos locales de modernidad; influidos por una teleo-
logía histórica liberal, pretendemos encontrar una Ilustración secular
y secularizante, cuando quizás tengamos que enfrentarnos con una
Ilustración eclesiástica. Lo que a continuación se propone en este en-
sayo, a partir de una serie de reflexiones, interrogantes y propuestas
de investigación, es que al interior de la Iglesia novohispana, o mejor
dicho, de los diferentes grupos, corporaciones, élites e intereses que
la conformaban, existieron desde la primera mitad del siglo xviii con-
diciones favorables para un cambio cultural, y para el surgimiento y
desarrollo del pensamiento crítico que identificamos generalmente
con la Ilustración.
30
Eguiara, Prólogos…, p. 56.
31
Castro, Las primeras... Lamentablemente el doctor Castro no ha publicado hasta ahora
los interesantes documentos por él localizados en que se basa este sugerente y muy breve
trabajo suyo, sobre lo que llama el “comercio literario”.
32
Lo que contrasta con los contactos literarios con el exterior, sin duda importantes pero
singulares, como los del jesuita Kircher con algunos mexicanos: véase Osorio, La luz...
38
Ejemplos de la fuerza de las tradiciones literarias (en temas y formas) durante la pri-
mera mitad del siglo xviii en los estudios de Osorio, El sueño...; Herrera, “La decadencia...”
39
Sobre la formación académica de Cabrera, véase la introducción de Claudia Parodi en
Cabrera, Obra... En relación con esto, cf. la trayectoria de algunos de los jóvenes peninsulares y
criollos que formaron el acompañamiento de este arzobispo en Aguirre, El mérito..., p. 186-195.
40
Véase infra, nota 47.
41
Sobre la condición del hombre de letras en el mundo colonial existen estudios referidos
al periodo anterior al aquí tratado, como el de Chocano, La fortaleza... Como punto de compa-
ración con la época anterior y con la situación americana véase Chartier, “El hombre...”
42
En Eguiara, Bibliotheca..., v. v, p. 247-445, Ernesto de la Torre incluye una lista de los
títulos salidos de la Imprenta de la Biblioteca Mexicana, desde el inicio de sus trabajos en 1753
hasta su desaparición en 1783. Los impresos aparecidos en vida de Eguiara (hasta 1763)
concluyen en la p. 366.
43
Ramos, “El ‘santo oficio’...”
44
Por ejemplo, Moreno, Historia...; Gómez Álvarez, “Las redes...”
45
Defourneaux, Inquisición...
tenían tampoco que ser por fuerza en castellano parecen también mostrar-
lo las noticias con que se cuenta de traducciones completas o parciales de
textos extranjeros, tanto en francés como en italiano,46 algunas incluso
de tema distinto al devoto, debidas al interés de varios grupos al inte-
rior de la comunidad letrada.47 Lo que revelan todas estas nuevas eviden-
cias es que aún hay mucho trabajo por hacer, por ejemplo, reconstruyen-
do y estudiando las bibliotecas privadas de hombres de letras, a partir
de los datos proporcionados por los archivos y también por los libros
que, por fortuna, sobreviven físicamente en nuestros acervos antiguos
portando aún las marcas de sus antiguos poseedores, como ocurre con
los de Andrés de Arze y Miranda en la biblioteca Lafragua de Puebla.48
En cuanto a la que ha sido la mayor preocupación de muchos en
torno a nuestra Ilustración, la presencia de ideas nuevas, preferente-
mente venidas del exterior del mundo hispánico, es preciso insistir,
como lo ha demostrado la historiografía para el caso español, que, por
importante que pudiese ser el influjo exterior en la apertura intelectual,
no es posible ya entenderlo como causa única y fundamental;49 en otras
palabras, no esperemos a ver citado a Leibniz o a Newton en un texto
novohispano para poder presumir ansias de renovación ideológica o
nuevos intereses intelectuales en la academia novohispana. Ni siquiera
el tomismo pudo permanecer estático aquí durante el siglo xviii: si es
cierto que Juan José de Eguiara cobijó críticas a la actitud aperturista
del padre Feijoo al editar tan tarde como 1760 en su imprenta, desobe-
deciendo la prohibición real de una década atrás, una de las Cartas en
que el cubano Francisco Ignacio Cigala polemiza con el gran divulgador
benedictino, también lo es, como lo ha expuesto Mauricio Beuchot, que
46
El problema de la traducción de textos extranjeros apenas comienza a estudiarse para
la España de la primera mitad del siglo xviii. Un acercamiento al tema puede verse en Etien-
vre, “Traducción...”
47
Así tenemos noticia a través de Beristáin, Biblioteca..., de la traducción del manual de
retórica Il cannochiale aristotelico de Emmanuele Tesauro, realizada hacia 1730 por Francisco
Ríos. En 1728 se editó en México la de Interets de l’Angleterre mal entendus dans la guerre pre-
sente (1703), texto polémico sobre política europea y comercio de Jean Baptiste Du Bos, de-
bida al jesuita Juan de Urtassum: véase Escamilla, “Juan Manuel de Oliván...”; Urtassum ya
había sido autor de la traducción de La gracia triunfante en la vida de Catharina Tegakovita,
india iroquesa..., publicada en 1724. Asimismo se conserva en la Biblioteca Nacional de Méxi-
co una traducción manuscrita de la parte relativa a la pintura del Prodromo overo saggio di
alcune inventioni premesso all’Arte Maestra (1670), del científico jesuita Francesco Lana-Terzi,
elaborada anónimamente quizás entre 1740-1750 y en la que pudieron haber colaborado en
una especie de academia el poeta Cayetano Cabrera Quintero y el pintor José de Ibarra,
además de otros artistas y aficionados a la pintura. Al respecto cf. Soto, El arte maestra...;
Mues, El arte maestra...
48
Véase el interesante ensayo reconstructivo de esta colección hecho por Salazar, Una
biblioteca...
49
Enciso, “La ilustración...”, p. 639-644.
50
Beuchot, “La ciencia...”; del mismo, “Introducción”, en Filósofos..., p. v-x.
51
Los nueve volúmenes de la primera edición del Teatro crítico de Feijoo se imprimieron
por primera vez entre 1726 y 1740. En los fondos antiguos de la Biblioteca Nacional de
México existen muchos ejemplares de esta primera impresión, con marcas de fuego de varios
conventos de la capital, y al autor se le cita en textos novohispanos por lo menos desde 1741
(véase Escamilla, “Máquinas...”), lo que se contrapone con lo referido por Pérez-Marchand,
Dos etapas..., p. 82, que basada en papeles inquisitoriales no encontraba referencias a la obra
de Feijoo antes de 1759. Para una caracterización de Ferreras, Segura y otros historiógrafos
españoles del periodo véase Sánchez-Blanco, La mentalidad..., y Mestre, Historia, fueros...,
capítulo i.
52
Aunque también suscitó rechazo y ataques por parte de otros grupos. Véase Escami-
lla, “Máquinas...”; del mismo, “Lorenzo Boturini...”
53
Véase Rubial, “Los ángeles...”, donde el autor adelanta algunos resultados de una
amplia investigación de futura aparición.
54
Darnton, “Los filósofos...”
55
Véase Cuadriello, “Zodíaco...”, p. 108-109.
56
He hecho algunas observaciones sobre este fenómeno en Escamilla, “La riqueza...”
el caso europeo) los límites estrechos que la labor individual del inte-
lecto no había conseguido superar pese a las transformaciones en la
producción de conocimiento desencadenadas desde el advenimiento
de la imprenta. En este sentido, se puede concluir que la trascenden-
cia de los resultados de esta Ilustración americana de marcado carácter
eclesiástico, la de los cambios que se operan en la cultura novohispana
durante la primera mitad del siglo xviii, ha de medirse entonces, más
que por las ideas en sí, por las nuevas formas de difusión del conoci-
miento, por nuevas prácticas en torno al mismo, y por las nuevas cir-
cunstancias en que se produce el saber en estas tierras.
Si lo anterior es cierto, una revisión como la propuesta en estas
páginas podría no sólo acercarnos mejor a una época aún insuficiente-
mente conocida, sino también a anticipar e interpretar a través de ella
muchas de las inquietudes, logros y limitaciones de la Ilustración no-
vohispana que más nos enorgullece, la de finales del siglo y vísperas
de la Independencia; y finalmente, contribuir a cambiar nuestra com-
prensión general del proceso histórico de la Iglesia en Nueva España.
Obras citadas