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Módulo 1: La Política

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Módulo 1

LA POLÍTICA

Introducción

1. LA POLÍTICA

1.1 La idea de política

1.2 El signi cado clásico y moderno de la política

1.3 La autonomía de la política

1.4 La identidad de la política

1.5 El concepto de política

1.6 Ámbitos de la actividad política

1.7 Las categorías de lo político

1.8 Los nes de la política

2. EL CON OCIMIEN TO DE LO POLÍTICO


2.1 Los modos del conocimiento político

2.2 La ciencia

2.3 La ciencia política

2.4 El objeto de estudio de la ciencia política

2.5 Características de la realidad política

2.6 Teoría Política

2.7 Teoría política — Doctrina política — Ideología política

2.8 La Teoría del Estado

2.9 El Derecho Político

2.10 Enfoques de investigación

CIER R E DEL MÓDULO

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Introducción

Derecho Político M1
EaD Kennedy

07:03

Durante este módulo profundizaremos en los aspectos del concepto de la política y del conocimiento de
la misma, considerándola una condición humana y separándola de la mirada partidaria.

La política es un aspecto inmanente a la condición humana y comprende distintas actividades de las


personas que intentan influir en otras y tomar decisiones o llegar a acuerdos. Veremos 4 ámbitos de
desarrollo de la política: Micropolítica, mesopolítica, macropolítica y megapolítica.

Nos focalizaremos también en 3 aspectos: La política como arte, como técnica y como ciencia.
Objetivos del módulo

Situar a la política dentro de las actividades del hombre.

Lograr una aproximación al concepto de política.

Conocer los diferentes modos de conocimiento de los fenómenos político.


1.1 La idea de política.
1.2 El significado clásico y moderno de
la política
1.3 La autonomía de la política.
UNIDAD 1
¿Qué es la política? 1.4 La identidad de la política.
Diferencias con la economía, la religión
y la moral.
1.5 El concepto de política.
1.6 Ámbitos de la actividad política.
1.7 Las categorías de lo político.

2.1 Los modos del conocimiento


político.
2.2 La ciencia.
UNIDAD 2 2.3 La ciencia política
El conocimiento de lo 2.4 El objeto de estudio de la ciencia
político. política.
2.5 Características de la realidad
política.
2.6 Teoría política.
2.7 Teoría política - Doctrina política -
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1.1 La idea de política

Durante esta unidad desarrollaremos el concepto de política: Su etimología y las distintas perspectivas
teóricas que la estudiaron a lo largo de la historia. En esta instancia, tomaremos definiciones de Aristóteles,
Maquiavelo, Parsons, y otras más actuales. Empezaremos también a definir las relaciones entre el Estado y
la sociedad, lo público y lo privado, el poder y la religión. También definiremos sus funciones y haremos una
catalogación de la política según los diferentes ámbitos en los que nos encontramos y se manifiesta.

Es tan natural como legítimo que el estudiante, a la hora de enfrentarse con el desarrollo de una nueva
asignatura, interrogue acerca de su contenido, su extensión, utilidad y sobre las herramientas que permiten
el abordaje de la nueva disciplina.
Probablemente, sea el interrogante sobre el contenido —llevado por el impulso natural de acotar lo más
posible el objeto de estudio— el que prevalezca entre aquellas reacciones iniciales que, casi
inevitablemente, el contacto con una nueva disciplina suscita.

El título de este manual, Teoría del Estado y Derecho Político —aunque debería denominarse Elementos de
la Ciencia Política, como lo consigna el subtítulo—, no solamente prefigura su contenido, sino que para
quienes no han sido iniciados en el conocimiento científico de los fenómenos políticos, abre un ancho
abanico de expectativas y despierta ilusiones. Los primeros escarceos alrededor de las cuestiones
fundamentales de la Ciencia Política suelen provocar un derrumbe de aquellas expectativas e ilusiones.

El concepto de política es amplio y no existe consenso acerca de su idea y definición. Lo mismo sucede con
varias áreas de las ciencias sociales. Esta pluralidad de interpretaciones y las vicisitudes que
históricamente ha atravesado el estudio de la política, contribuyen a ensanchar nuestro objeto de estudio y a
dotarla de dinamismo. Por lo tanto, a la hora de responder a la pregunta sobre qué estudia la ciencia política,
es inevitable hacer esta aclaración sobre la enorme diversidad de enfoques y matices con que los propios
científicos y pensadores de la política abordan la problemática del objeto de estudio.

La tarea de desentrañar el significado de este término, teniendo en cuenta al mismo tiempo que con su
delimitación conceptual estamos prefigurando el objeto de nuestra materia, no es fácil. Ciertamente, poco
nos aporta el saber que la palabra política, tal como la conocemos en nuestra lengua, proviene del vocablo
griego polis, que significa ciudad. Es necesario conocer, además, qué tipo de realidad describe el vocablo
polis y en qué contexto lo hace. Como punto de partida diremos que la polis griega era la comunidad
integrada por un conjunto de hombres que residían en un territorio delimitado con una entidad política
autosuficiente y regida por un gobierno autónomo.

El origen de la palabra política se sitúa en la antigüedad clásica, y no solo desde el punto de vista
etimológico, sino también desde el histórico. Con esa palabra, los griegos designaban todo aquello
perteneciente o relativo a la polis y, de algún modo, hacían también referencia a los asuntos que eran de la
incumbencia de aquella colectividad: Los asuntos públicos.

La Real Academia de la Lengua Española nos dice que política es el arte, doctrina u opinión referente al
gobierno de los Estados, como la actividad que rigen o aspiran a regir los asuntos públicos, como también la
actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, su voto o de cualquier otro
modo. Para el diccionario, política significa también cortesía y buen modo de portarse. Por extensión de las
dos primeras acepciones, también con esta palabra se alude al arte o con que se conduce un asunto o se
emplean los medios para alcanzar un fin determinado. Por último, se hace referencia a orientaciones o
directrices que rigen la actuación de una persona o entidad en un asunto o campo determinado.

Pero en tanto de la misma raíz griega, el castellano recoge la palabra política con las diferentes acepciones
y significados que acabamos de ver, en el inglés (idioma en el que se han desarrollado los principales
estudios politológicos contemporáneos) la raíz griega ha derivado en tres palabras diferentes:

PO LI T I C S PO LI C Y PO LI T E

Referida a la actividad del gobierno, de los miembros de las organizaciones legislativas o de las personas
que intentan influenciar sobre el poder. Este vocablo designa también al trabajo que supone mantener una
posición de poder en el gobierno. Por otro lado, con la palabra politics se alude al estudio de las formas en
que un país es gobernado. Pero también la politics de una persona son sus opiniones acerca de cómo debe
ser gobernado un país. Al igual que lo que sucede en castellano, por extensión, politics también designa a
las relaciones que se establecen dentro de un grupo particular o de una organización en los que se permite
a determinadas personas detentar poder sobre las otras.

PO LI T I C S PO LI C Y PO LI T E

Es lo que se entiende como un conjunto de ideas o un plan de acción para situaciones particulares que han
sido acordadas oficialmente por un grupo de personas, una organización de negocios, un gobierno o un
partido político. Otro significado de esta palabra es equivalente al español póliza, ya que se refiere al
documento en el que se recoge un acuerdo alcanzado con una compañía de seguros. Este último giro no es
relevante para nuestro objeto de estudio.
PO LI T I C S PO LI C Y PO LI T E

Se refiere al comportamiento que es considerado socialmente correcto y que demuestra preocupación y


cuidado por los sentimientos ajenos. Al mismo tiempo, cuando se habla de polite society o polite
company, se está haciendo referencia a la clase de personas que se consideran a sí mismas como
mejores que otras.

La primera conclusión que arroja la comparación entre el significado primigenio de la palabra política y sus
diversos significados actuales, es la constatación de la riqueza y variedad de la fenomenología que gira
alrededor del concepto. Claro que aún nos movemos en el terreno de los significados más usuales y
corrientes de política y más adelante será necesario contrastar estas conclusiones con las que formulan los
científicos de la política cuando intentan precisar el objeto de nuestra disciplina. Pero es innegable el hecho
de que aquella carga de ambigüedad que pesa sobre la definición de la política en términos corrientes, se ha
trasladado también al campo del conocimiento científico, dificultando el ejercicio de los especialistas a la
hora de determinar el concepto.

Hasta aquí se destacan algunas ideas que pueden extraerse para comenzar a construir un concepto de la
política: Es aquella que refiere, por ejemplo, a los asuntos públicos, al gobierno, a las comunidades o los
grupos, así como a las ideas de acción y de actividad.

Para seguir construyendo el concepto, será necesario repasar brevemente las principales diferencias y
analogías entre la política clásica y la política en su sentido más moderno.

La idea de política

Como dijimos, el origen de la palabra política se sitúa en la antigüedad clásica, y no solo desde el punto de
vista etimológico, sino también desde el histórico. En el siguiente video veremos qué consideraba Aristóteles
como política.
Les proponemos las siguientes preguntas para reflexionar:

¿Es la política un medio para transformar la sociedad?

¿Considera que en la actualidad la palabra política está distorsionada?

10:54

Educatina (2012). Aristóteles. Política. Recuperado el 20 de septiembre de 2020 de YouTube.

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1.2 El significado clásico y moderno de la política

Marcel Prelot (1961) afirmó que para los antiguos, la política pragmática era el estudio de la vida en común
de los hombres según la estructura esencial de esta vida, que es la constitución de la ciudad. Esta
afirmación no solamente ilustra la amplitud del término política, como lo utilizaban los clásicos, sino que
también demuestra que en la antigüedad no era posible dividir los conceptos de Estado y sociedad civil. La
política era todo aquello referido a la vida en común de los hombres en el ámbito de la ciudad y comprendía
tanto lo social como lo político. Luego, Aristóteles sugirió el hombre es un animal político condenado a vivir
en sociedad con otros hombres. En modo alguno, esto supone el desdoblamiento entre las esferas de lo
político y de lo social.

Aristóteles y Maquiavelo en El Príncipe (1513) también quisieron responder la pregunta sobre qué es la
política. Talcott Parsons (1937) realizó un modelo tricotómico en el que distinguió tres planos de la política:

1 Plano de la realidad natural.

2 Plano de la realidad humana.

3 Plano de la realidad transhumana.

Tanto Aristóteles como Maquiavelo no dudaron en ubicar a la política en el plano de la realidad humana que,
por situar al hombre en el tiempo y el espacio, es también una realidad histórica. A este plano pertenece la
realidad política.
Aristóteles lo sostuvo con su famosa frase: El hombre es un zoon politikón, un animal político, un ser político
en el sentido de que históricamente siempre ha sido miembro de un sistema político, llámese este polis,
civitas, regnum, imperio, principado o Estado Nación. De no ser así, este sería un ser inferior, una bestia,
perteneciente al plano de la realidad natural; o bien un ser superior, un Dios, situado en el plano de la realidad
transhumana.

No toda actividad del hombre, para la Grecia antigua, era actividad política. Sin embargo, siempre formaba
parte de un sistema político, cualquiera sea su grado de participación en él. Las reflexiones aristotélicas
sobre la política como naturaleza del hombre, son más que un estudio sobre las formas de organización.
Estas constituyen una especulación sobre el hombre mismo, una verdadera antropología al tratar el
comportamiento del hombre como miembro de una comunidad o de una sociedad. En otras palabras, la
reflexión aristotélica supone más una definición del hombre que una definición de la política.

Es porque el hombre vive en la polis y porque la polis vive en él, que el hombre se realiza completamente
como tal. Con la idea de animal político se expresaba la concepción griega de la vida. Una concepción que
hacía de la polis la unidad constitutiva y la dimensión completa de la existencia. Por lo tanto, en el vivir
político y en lo político, no se veía una parte o un aspecto de la vida, sino el todo y la esencia. Por el contrario,
el hombre no político era un ser defectuoso, un ídion, un ser carente cuya insuficiencia estaba en haber
perdido o en no haber adquirido la dimensión y la plenitud de la simbiosis con la propia polis. Aristóteles
decía que el hombre vive en la polis y para la polis y que solo una bestia o un dios puede vivir fuera de ella.
Ese animal político de la concepción griega, el polites, no se distinguía en modo alguno de un animal social.
El vivir político en la polis era, al mismo tiempo, el vivir colectivo, el vivir asociado y en comunión o
comunidad. Por lo tanto, no sería correcto afirmar que Aristóteles fundió lo social en lo político, ya que para él
ambos términos significaban las dos cosas a la vez. De hecho, la palabra social no es griega, sino latina, y
sus traductores y comentaristas medievales se la atribuyeron a Aristóteles. Con este razonamiento se deja a
la posteridad no solo la imagen de un animal político, sino también la de un animal social. Estas dos esferas
de lo político y lo social caracterizan el debate hasta nuestro tiempo.

La palabra política se origina en griego a partir de:

Polis

La ciudad Estado, el recinto urbano, la comarca y también la reunión de ciudadanos que forman la ciudad.

Politeia

El Estado, la Constitución, el régimen político, la República, la ciudadanía (en el sentido de derecho de los
ciudadanos).

Política

Plural neutro de políticos, las cosas políticas, las cosas cívicas, todo lo concerniente al Estado, la
Constitución, el régimen político, la República, la soberanía.

Politiké (techné)

El arte de la política.

El título griego de la obra de Platón, conocida por nosotros como la República (370 a.C.), era Politéia, que
significaba cosa común, cosa de la comunidad. Si bien Cicerón toma directamente del griego la
palabra politéia para designar la república, el latín clásico no utiliza la palabra politicus más que como
adjetivo, usando para designar el conocimiento político palabras como civilis scientia o rerum civilium
scientia.
Las relaciones verticales entre los hombres no siempre fueron identificadas con la palabra política. Se las
expresaba de diferentes formas hasta el siglo XVII mediante términos como principatus, regnum, dominium,
gubernaculum y por sobre todo potestas e imperium. Si hay un término que simboliza más que ningún otro el
enfoque vertical, el discurso que llamaríamos característicamente político, ese término era príncipe. No por
azar El Príncipe (1513) fue el título elegido por Maquiavelo para su obra más trascendental.

Como vimos, la política de Aristóteles era una antropología ligada al espacio de la polis. Una vez caída la
polis, “lo político” se atenúa, diluyéndose en diferentes formas o transformándose en otra cosa. Por un lado,
la política se hace más jurídica, desarrollándose en la dirección indicada por el pensamiento romano. Por
otro lado, la política se teologiza, primero adaptándose a la visión cristiana del mundo, después con respecto
a la lucha entre el papado y el imperio, y finalmente en función de la ruptura entre el catolicismo y el
protestantismo. En todo caso, el discurso sobre política se configura, comenzando por Platón, con un
discurso que es al tiempo e indisolublemente ético y político. La ética en cuestión puede ser naturalista o
psicologista, teológica o jurídica y debate el problema del bien en nombre de lo justo y de iguales leyes. La
doctrina del derecho natural, en sus sucesivas fases y versiones, resume esta normativa jurídica y moral.

La caída de la polis inaugura una compleja idea de política. De alguna forma, lo político se atenúa y se diluye
frente a diferentes influencias. Así, la política se juridiza, desarrollándose en la dirección indicada por el
pensamiento romano. Más tarde, la política se teologiza, adaptándose primero a la visión cristiana del
mundo, luego a las complejas y a veces turbulentas relaciones entre el papado y el imperio y, por último, a
las consecuencias de la ruptura entre el catolicismo y el protestantismo. De esta forma, aquel significado
clásico de la política, integrado a un discurso de corte ético político que comienza con Platón, fue
matizándose al compás de la evolución del pensamiento y de las formas políticas, sin perder aquel su perfil
ético y prescriptivo. Las ideas sobre lo bueno y lo justo (que expresan las aspiraciones de la ética naturalista,
la ética teológica y la ética jurídica) planean sobre la reflexión política posclásica y alcanzan su punto de
perfección en el desarrollo de la doctrina del Derecho natural que resume esta amalgama entre normativa
jurídica y normativa moral.

La vida plenamente humana se da en la comunidad política. Así lo vio Aristóteles en la polis griega y también
Santo Tomás de Aquino al considerar dicha comunidad política como sociedad perfecta en el orden
temporal. El sentido clásico de lo político perduró hasta la Edad Media, cuando autores como Lentini
postularon que la política comprende generalmente todas las artes que ocupan la comunidad humana.

¿Significa que en la vida humana todo es política? He aquí una cuestión fundamental que requiere una
respuesta clara. Su búsqueda nos lleva a efectuar una distinción no siempre formulada entre la política y lo
político.

La política se da en el plano de la acción humana, constituyendo una actividad que realiza el hombre. Al
respecto señala Julien Freund (1965):

Es preciso insistir constantemente sobre este punto: la política es una actividad circunstancial, casual y
variable en sus formas y orientación, al servicio de la organización práctica y de la cohesión de la
sociedad. Esto significa la inteligencia, voluntad y libertad del hombre. Es ella la que da a la sociedad sus
estructuras, sus formas; es ella la que crea las convenciones, las instituciones, las leyes y los
reglamentos; la que modifica las situaciones y permite al hombre adaptarse a las condiciones variables
según el espacio y el tiempo

En consecuencia, podemos responder que en la vida humana no todo es política, como lo pone de
manifiesto la apatía política comprobada por numerosos análisis políticos existente en los sistemas
políticos modernos.

Si toda la actividad del hombre no es política, entonces ¿por qué el pensamiento reflexivo lo ha caracterizado
como un ser político (zoon politikón)? Porque siempre se lo encuentra como miembro de un sistema político,
cualquiera sea su grado de participación en él. Pero existe una razón más profunda y más esencial: Lo
político es una esencia, específica, natural y de algún modo “innata” del hombre. Pero lo político no es la
única esencia. Existen otras como la religión, la economía, el arte, el conocimiento, la moral, etcétera. De
modo que, como señala Freund (1965): “Cada esencia obedece a sus propios presupuestos y posee su fin
específico: tiene, por tanto, una jurisdicción que se extiende a un sector delimitado de la vida humana”. Es
necesario precisar la distinción entre la política y lo político como esencia. Lo político es una potencia de la
sociedad que la política traduce en actos concretos y contingentes de organización.

Ese carácter de esencia originaria que reviste lo político es lo que impide su reducción a otras esencias,
otorgándole su propia identidad que la hace distinta a la moral y la religión, como lo mostrará Maquiavelo.
Luego, se pudo demostrar su diferenciación respecto de lo económico y de lo social. La confusión entre (o la
imposibilidad de aislar) las ideas de política, antropología, moral y derecho es, precisamente, la nota
distintiva del concepto clásico de política. El primer intento de separar estos campos y de emancipar a la
política de la influencia de otras actividades humanas fue una de las tareas de Maquiavelo (1469-1527).
Para el pensador florentino, tanto la moralidad como la religión son componentes fundamentales de la
política, pero a título instrumental. No son, pues, la política misma. El autor postula que la política tiene sus
leyes propias, leyes que ya poco tienen que ver con los mandatos prescriptivos de la moral, la religión o el
derecho. Quizá sea esta última reflexión, la contribución más importante del autor a la consolidación de la
autonomía de la política como terreno de reflexión y especulación teórica. Es ciertamente este autor quien
inaugura la moderna visión de la política, caracterizada por la distinción cada vez más nítida y acentuada,
entre política y moral, entre política y economía, entre política y derecho.

El Capital de Marx (1867) hace de la economía la base o infraestructura social, negando la esencia de lo
político, de manera que la política queda relegada a la superestructura. Más aún, llega a predecir su
desaparición y la del Estado para ser sustituida por la simple administración de las cosas, una vez que la
humanidad alcanzara el estadio más evolucionado de una sociedad sin clases. En la realidad histórica
jamás se ha cumplido esta predicción teórica del marxismo, absolutamente antitética del pensamiento
realista que expresó Aristóteles al ver en el hombre un ser político y que precisó Maquiavelo al describir la
política como actividad tal cual como es y no como debe ser. Por eso es distinta de la moral y de la religión y,
en consecuencia, autónoma.

Hoy estamos habituados a distinguir entre lo político y lo social, entre el Estado y la sociedad. Pero estas son
distinciones y contraposiciones que se consolidaron por el impulso de los economistas clásicos
preconizadores del librecambio en los siglos XVIII y XIX que, circunscribiendo la acción del Estado,
separaron la economía de la política. Queda entonces planteada la cuestión de la relación entre el Estado y
la sociedad, de la que se desprende la dicotomía público/privado, uno de los presupuestos de la esencia de
lo político
¿Cuáles son los tres planos de la realidad del modelo
tricotómico de Parsons?

Plano de la realidad natural, plano de la realidad humana y


plano de la realidad transhumana.

Plano de la realidad natural, plano de la realidad social y


plano de la realidad transnatural.

Plano de la realidad política, plano de la realidad humana y


plano de la realidad transhumana.

Plano de la realidad política, plano de la realidad natural y


plano de la realidad transhumana.
Plano de la realidad natural, plano de la realidad humana y
plano de la realidad transnatural.

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1.3 La autonomía de la política

Ha de entenderse esta autonomía, no en sentido absoluto sino en sentido relativo. Al respecto podemos
decir que la política es:

1 Diferente: A otras actividades que realiza el hombre.

2 Independiente: Porque sigue leyes propias, instaurándose literalmente como ley de sí misma.

3 Autosuficiente: Autárquica en el sentido de que se basta a sí misma.

4 Una causa primera: Una causa generadora no solo de sí misma, sino también de todo el resto
dada su supremacía.

Afirmar que la política es diferente equivale a poner una condición necesaria, no todavía una condición
suficiente de la autonomía. ¿Diferente de qué? ¿De qué modo? ¿Hasta qué punto? Con Maquiavelo la política
se diferencia de la moral y de la religión. Es esta una primera y nítida separación y diferenciación. La
moralidad y la religión son ingredientes fundamentales de la política, pero a título de instrumentos.
Maquiavelo no se limitó a señalar la diferencia entre la política y la moral. Llegó a proclamar una vigorosa
afirmación de su autonomía: La política tiene sus leyes, leyes que el político debe aplicar. En este sentido es
Maquiavelo y no Aristóteles quien descubre la política. ¿Por qué él? ¿Por qué motivo? Maquiavelo no fue
filósofo, y precisamente por ello pudo alcanzar una visión directa de la realidad.

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1.4 La identidad de la política

Diferencias con la economía, la religión y la moral


Un primer modo de afrontar el problema es el de plantear algunas preguntas: ¿Qué es un animal político a
diferencia del hombre religioso, moral, económico, social? ¿Cómo reconducir la política, la ética, la
economía, a comportamientos, a una acción tangible y observable? ¿En qué se distingue un comportamiento
económico de un comportamiento moral y qué es lo que los distingue a ambos de un comportamiento
político?

La política no es solamente diferente de la moral, tal como hemos visto. Es también distinta de la economía
y no incluye dentro de sí misma al sistema social. El exitoso intento por perfilar la identidad de la política fue
la ruptura de los vínculos entre política y derecho, en el sentido de que un sistema político ya no se
comprende como un sistema jurídico. La política aparece como distinta de todo, lo que obliga a preguntarse
qué es la política en sí misma.

Paradójicamente, la palabra política cae en desuso durante casi dos milenios. Cuando la reencontramos
aisladamente —como en la expresión dominium politicum— el vocablo es utilizado para caracterizar un
pequeño espacio, un fenómeno puramente marginal. Entre los siglos XVI y XVIII la palabra política se utilizó
de diversas formas, que no son sino desviaciones semánticas de su sentido original: policie para el
francés, policey en alemán y policy en el inglés. Lo auténticamente paradójico, sin embargo, es que durante
aquel tiempo se ha seguido pensando siempre en política, porque como telón de fondo generalmente ha
existido la preocupación por mitigar y regular el dominio del hombre sobre el hombre.

No siempre ha resultado tarea sencilla diferenciar aquellos comportamientos humanos de naturaleza ética,
religiosa o económica de los comportamientos específicamente políticos. Los contornos más difusos de
estos últimos hacen que, a la hora de diferenciar la política de otros comportamientos o funciones sociales
del hombre, el camino más corto consista en aprovechar la marcada identidad de los impulsos económicos,
morales y religiosos del ser humano.
Es posible decir que el criterio que guía los comportamientos económicos es el de la maximización del
beneficio al menor costo posible. La satisfacción de las necesidades elementales de los seres humanos es
una actividad que teje el sistema de interrelación social, dentro del cual las conductas paradigmáticas son
aquellas que responden al impulso de maximización del beneficio. A pesar de que el funcionamiento del
sistema económico condiciona los procesos políticos, los comportamientos políticos del ser humano no
aparecen guiados ni por el apetito de ganancia ni son explicados dentro de la lógica de satisfacción de las
necesidades de adaptación de la especie al medio ambiente natural. Y si bien economía y política aparecen
o funcionan como una dialéctica indisoluble, lo cierto es que ambas dimensiones de la naturaleza humana
son diferentes: La primera atiende a las necesidades fundamentales de supervivencia corporal, en tanto que
la segunda responde a las necesidades organizativas de los individuos que, al reunirse en comunidades,
precisan de una dirección para asegurar la convivencia y el respeto de sus normas. Entre economía y política
no pueden establecerse relaciones de supremacía o subordinación, sino circunstancialmente. Ambas
generan conjuntamente condiciones conflictivas en el interior de los grupos sociales y ambas han
desarrollado mecanismos propios de gestión y resolución de aquellos conflictos. La complejidad creciente
de la vida social moderna hace que aquellos conflictos se resuelvan mediante la interacción recíproca de
estas dos grandes esferas de influencia y de poder. El criterio económico le da la utilidad: Maximizar los
beneficios al menor costo posible. El criterio de los comportamientos éticos es el bien, la acción moral es la
acción debida. Pero, ¿cuál es el criterio o la categoría de los comportamientos políticos? Debemos
preguntarnos cómo se han ido diferenciando y organizando estructuralmente las colectividades humanas.
Los denominados comportamientos políticos son comportamientos calificables en la misma medida que
todos los comportamientos no morales, es decir, calificables en función de aquellos que se adscriben al
ámbito del sistema político. El interrogante se convierte entonces en qué es lo que denotan los términos
política y sistema político con respecto a sistema social y sistema económico.

La moral no ha de ser confundida tampoco con la política, muy a pesar de que la moral aparezca
frecuentemente —y ello es deseable— como un componente central de la acción política. El criterio que guía
los comportamientos éticos es el del bien. La acción moral es la acción debida. La acción política es una
acción dirigida a establecer un orden de convivencia humana a través de la utilización del poder. Es cierto
que muchas veces aquel orden de convivencia habrá de estructurarse alrededor de valores y de principios,
pero la política en sí misma, como categoría científica, prescinde de cualquier ejercicio valorativo. Por estos
motivos, a veces resulta sumamente difícil separar ambas actitudes humanas y es de esperar que política y
moral continúen implicándose y sirviéndose recíprocamente.

Quizá resulte un poco menos dificultosa la tarea de distinguir entre política y religión. Si entendemos a la
religión como un conjunto de conductas específicamente humanas que derivan de su incapacidad para
comprender ciertos aspectos de la realidad que nos rodea, podemos advertir que la política apunta en una
dirección bastante diferente. Pero en todas las épocas, el temor a lo desconocido y la incapacidad humana
para elaborar explicaciones sobre determinados aspectos de la vida, ha estado atravesado por el ejercicio
del poder en el seno de la sociedad. Muchas veces la política ha sido un instrumento al servicio de la religión
y otras ha sido la religión la que ha servido a los propósitos de la política. Las diferencias religiosas han sido
utilizadas para alentar propósitos de hegemonía y, al mismo tiempo, los poderes políticos han sostenido
posiciones religiosas o teológicas.

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1.5 El concepto de política

Podemos entender a la política como aquella actividad humana mediante la cual alguna/s persona/s trata/n
de influir en el comportamiento de otros u otras. Así, la política puede empezar a ser definida como una
actividad, entendida como un conjunto de operaciones o tareas propias de una persona o entidad. Este
concepto de actividad ya nos está advirtiendo que hablamos de una actividad humana, sea en su faz
individual o sea en su faz colectiva.

El concepto de actividad supone que aquellas operaciones y tareas propias de una persona o una entidad se
hallen encaminadas hacia un fin. La existencia de un fin concreto supone que quienes desarrollen aquella
actividad empleen determinadas herramientas, instrumentos o medios para alcanzar tal fin. Por tanto, un
buen paso en la elaboración de la definición de política consistirá en averiguar qué se proponen los hombres
y sus organizaciones cuando despliegan su actividad política y cuáles son los medios que emplean para
conseguir esos propósitos.

Hay quienes entienden la política como una actividad caracterizada por la lucha por el poder. Más apropiado
que hablar de lucha es hablar de competencia, que en condiciones de normalidad debe ser pacífica y
reglada. Pero también es política la actividad que desarrollan quienes ya detentan el poder y lo ejercen sin
necesidad alguna de competir por él con otros hombres.

Otro enfoque es aquel que alude a la política como el arte de lo posible, expresión que se atribuye a Otto von
Bismarck. Quienes combaten esta visión suelen decir que si algo es posible no habrá de necesitar de la
política para poder concretarse, por lo que invirtiendo los términos de la frase postulan que es más
adecuado pensar a la política como el arte de lo imposible, ya que la política como actividad humana no
reglada ni sujeta a normas jurídicas con un amplio margen de libertad es, por tanto, acción creadora, fuente
de cambio, impulso de lo nuevo y de lo imprevisto. Así como el hombre usa sus manos para modificar la
naturaleza y crear cultura, encuentra en la política la única y formidable herramienta para transformar la
realidad.
Otros han llegado a emparentar la política con la guerra y eso, de alguna manera, corresponde a
desnaturalizarla. Si la guerra es la política hecha con otros medios, a la inversa, la política podrá ser
entendida como la guerra encarada también con medios diferentes, y ello corresponde a una exageración
notable. Lo cierto es que las relaciones entre la política y la guerra soslayan el hecho de que la política es,
esencialmente, una actividad tendente a construir los consensos que permiten el establecimiento de un
orden social para la convivencia de los hombres en sociedad.

Por otra parte, no debe circunscribírsela solamente al ámbito estatal, ya que la política está presente
prácticamente en todos los campos de la actividad del hombre. Los politólogos Marsh y Stoker (1997)
afirman que la política es una actividad generalizada que tiene lugar en todos aquellos ámbitos en los que
los seres humanos se ocupan de producir y reproducir sus vidas. Esta actividad puede entrañar tanto
enfrentamiento como cooperación, de forma que los problemas se presentan y resuelven a través de
decisiones tomadas colectivamente.

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1.6 Ámbitos de la actividad política

¿Dentro de qué ámbitos se despliega la actividad política? En este sentido, podemos hablar de:

1 Micropolítica: Ámbito en donde las relaciones de poder se manifiestan a nivel individual o


grupal, generalmente el grupo, cara a cara o grupo de encuentro (por ejemplo, en la familia, en
el barrio, en el club, etcétera).

2 Mesopolítica: Se desenvuelve en un ámbito inferior al de la nación. Comprende la vida política


de las ciudades o pueblos.

3 Macropolítica: En donde la política alcanza su máxima expresión y comprende las relaciones


políticas de alcance nacional que sirven para definir y explicar en profundidad la vida política
completa de un país.

4 Megapolítica: Trata de la política existente por encima de las naciones y es materia de estudio
de las Relaciones Internacionales.

La actividad política suele concretarse en decisiones y estas decisiones, tienen la particularidad distintiva
de ser vinculantes. Es decir, obligan a todos los integrantes de una comunidad al efectivo cumplimiento de
sus mandatos sin que exista para ellos ninguna forma de ignorarlas o desobedecerlas, ya que está siempre
presente la amenaza de la sanción. De todas las comunidades, la que más ha perfeccionado este
mecanismo de obediencia es el Estado, que se ha reservado para sí la coacción, que consiste en usar en
legítimamente la violencia en última instancia para asegurarse el acatamiento a sus decisiones.
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1.7 Las categorías de lo político

Para que un hecho o fenómeno pueda ser cualificado como político y distinguirse de otros hechos o
fenómenos que conforman la realidad humana, deberá poseer características singulares. De esta manera,
Schmitt (1933) plantea que:

Se puede llegar a una definición conceptual de lo político solo mediante el descubrimiento y la fijación de
las categorías específicamente políticas. Lo político tiene, en efecto, sus propios criterios que actúan de
manera peculiar frente a diversas áreas concretas, relativamente independientes, del pensamiento y de
la acción humana, en especial del sector moral, estético y económico. Lo político debe por esto contener
alguna distinción de fondo a la cual pueda ser remitido todo el actuar político en sentido específico.
Admitamos que en el plano moral las distinciones de fondo son bueno y malo; en el estético, belleza y
fealdad; en el económico, útil y dañino o bien rentable y no rentable. El problema es entonces si existe un
simple criterio de lo político y dónde reside; una distinción específica, aunque no del mismo tipo que las
distinciones precedentes, sino más bien independiente de ellas, autónoma y válida de por sí.
En la búsqueda de esta puntualización se han establecido tres categorías en las cuales es posible encontrar
la esencia de lo político:

La primera categoría de lo político reside en la relación mando/obediencia y constituye el presupuesto


básico de la política en general. Entiende a la política como una relación interhumana en virtud de la cual
la acción de unos determina el comportamiento de otros. Es un presupuesto fundamental porque es
netamente político en sus dos términos: El mando y la obediencia. Pero, además, porque de esa relación
se desprende el medio específico de la política, que es la fuerza, cuyo monopolio para la regulación de su
uso legítimo está centralizada en el Estado, que emerge precisamente como guardián del orden de
subordinación emergente de la relación mando/obediencia.
El carácter relacional del poder se hace evidente a poco que se lo observe. El gobernante es poder o tiene
poder solo en la medida en que es obedecido. Esta relación debe ser entendida en su sentido más amplio
y abarcando todos los ámbitos de la actividad humana.

La segunda categoría es una distinción entre lo público y lo privado. Con ella se trata de establecer la
distinción entre lo que pertenece genéricamente a la sociedad global y lo que pertenece a sus miembros
considerados individualmente. Existe una supremacía de lo público sobre lo privado. La esfera pública se
caracteriza por relaciones de subordinación entre gobernantes y gobernados, que son relaciones entre
desiguales, mientras que en el ámbito privado estas relaciones son entre iguales. En el campo jurídico
esta distinción se traduce en que el derecho público es tal en cuanto es impuesto por la autoridad
política y asume la forma específica de ley (norma general de carácter obligatorio reforzada por la
coacción), mientras que el derecho de los privados es un conjunto de normas que los sujetos establecen
para regular sus relaciones patrimoniales y cuya fuerza vinculante reside en el principio de la
reciprocidad, asumiendo la forma específica del contrato. En el plano de la justicia, esta dicotomía
público/privado se manifiesta en la diferenciación entre justicia conmutativa, que tiene lugar entre las
partes, opera en la sociedad de iguales y regula los intercambios apuntando a que estos sean entre
cosas de igual valor a fin de que puedan ser considerados “justos” (por ejemplo, en una compraventa fijar
el precio justo, en un contrato de trabajo establecer un salario justo, ante un daño establecer una
indemnización justa o frente a la consumación de un delito establecer una pena justa para el culpable) y
justicia distributiva que tiene lugar entre el todo y las partes y regula la sociedad de desiguales. En ella se
inspira la autoridad pública para la distribución de honores y gravámenes, apuntando a que a cada uno le
sea dado lo que le corresponde según su mérito, su necesidad o su trabajo.

La tercera distinción es entre amigo/enemigo y sostiene que lo político puede encontrar su fuerza en los
más diversos sectores de la vida humana, en las contraposiciones económicas, religiosas o de otro tipo,
no indicando un sector particular concreto, sino solo el grado de intensidad de una asociación o
disolución de hombres, creando la dialéctica del conflicto y la lucha con el enemigo público. Es ella la que
da a los actos y a los motivos humanos sentido público y a ella se refieren todas las acciones y motivos
políticos. Pero esta manera de entender a lo político no es enemistad pura y simple, sino la posibilidad de
distinguir entre el amigo y el enemigo y poder presuponerlos. Como sostiene Delgado Parra de la
Universidad Nacional Autónoma de México en su trabajo El criterio amigo/enemigo en Carl Schmitt, es
una expresión de la necesidad de diferenciación que conlleva un sentido de afirmación de sí mismo
(nosotros), frente al otro (ellos). Así, es posible observar el contenido positivo de la relación
amigo/enemigo como conciencia de la igualdad y de la otredad, la cual se define marcando al grupo
entre los que se distinguen de los otros con base en ciertos referentes. La diferencia nosotros/ellos
establecen un principio de oposición y complementariedad. La percepción que un grupo desarrolla de sí
mismo en relación con los otros es un elemento que, al mismo tiempo que lo cohesiona, lo distingue. La
posibilidad de reconocer al enemigo implica la identificación de un proyecto político que genera un
sentimiento de pertenencia. Pero ni la identificación del enemigo, ni el sentimiento de pertenencia, ni la
misma posibilidad de la guerra que le dan vida a la relación son inmutables. Se encuentran sometidos a
variaciones continuas. Al enemigo político se lo distingue porque es el otro, el extranjero. La tensión
específicamente política de esta separación se manifiesta en la posibilidad extrema de la guerra. Plantea
la problemática de la relación y organización internacionales.
Las dos primeras categorías se manifiestan en el plano interno de la realidad política y la tercera, en el plano
externo.

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1.8 Los fines de la política

La actividad humana política tiene una esencial dimensión teleológica y como tal está orientada hacia un fin,
que es el realizar un orden de convivencia humana y crear un orden social deseable. Pero no toda actividad
que se pronuncie por un orden de convivencia puede considerarse actividad política en sentido estricto. El
orden de convivencia que la actividad política se propone realizar y que afecta a la comunidad entera, ha de
ser libre y voluntariamente admitido. Los medios con que cuenta la política para alcanzar estos fines y que
habrán de adecuarse a tal pretensión, se manifiestan a través del poder.

La política como arte, como técnica y como ciencia.

En el devenir de la política cotidiana la actividad se desarrolla en diferentes dimensiones, que a los fines
analíticos podemos diferenciar entre:

LA PO LÍ T I C A C O M O A RT E LA PO LÍ T I C A C O M O T É C N I C A LA PO LÍ T I C A C O M O C I E N C I A

Se manifiesta en la competencia que se establece entre los individuos que tratan de alcanzar el poder. Al no
ser una competencia reglada, cada uno de los protagonistas que procura el poder, a la manera de un artista,
le imprimirá a su accionar su sello personal y, seguramente, aquellos que se diferencien por su habilidad,
intuición, adaptabilidad a nuevas situaciones, coraje, prudencia, serán los que obtengan los mejores
resultados. La actividad política desplegada será creativa y desde luego, imprevisible.
LA PO LÍ T I C A C O M O A RT E LA PO LÍ T I C A C O M O T É C N I C A LA PO LÍ T I C A C O M O C I E N C I A

Dimensión que comprende la actividad que despliegan los gobernantes. Si bien estos podrán imponer su
particular estilo de conducir y cierto margen de discrecionalidad, el ejercicio del gobierno es una actividad
reglada a la cual necesariamente deberán ajustarse todos aquellos que sean los titulares de los cargos. En
este caso, la actividad política será perfectamente previsible. Para sancionar una ley, por ejemplo, deberá
siempre seguirse el mecanismo ya establecido.

LA PO LÍ T I C A C O M O A RT E LA PO LÍ T I C A C O M O T É C N I C A LA PO LÍ T I C A C O M O C I E N C I A

No se manifiesta en la actividad política que desarrollan los hombres, sino en el conocimiento que podemos
tener de esa actividad ajustándonos a las reglas del método científico. Será la ciencia política la disciplina
que se encargue del conocimiento sistemático y objetivo de los hechos y fenómenos que conforman la
realidad política.
Bibliografía de referencia

Aristóteles (1976). La Política. Madrid: Editorial Bruguera.

Maquiavelo, N. (2016). El príncipe. Buenos Aires: Prometeo Libros.

Schmitt, C. (2014). El concepto de lo político. Madrid: Alianza Editorial.

Bibliografía obligatoria

Bidart Campos, G. (2012). Lecciones elementales de política. Buenos Aires: EDIAR.

Caro Figueroa, R. (2000). Manual de Teoría del Estado y Derecho Político. Buenos Aires: LEUKA.

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2.1 Los modos del conocimiento político

En esta unidad nos volcaremos hacia la ciencia política y el conocimiento de la misma. También la ciencia
es un concepto amplio que tiene sus propias discusiones. A modo de resumir, diferenciaremos las ciencias
formales de las fácticas e intentaremos especificar las funciones de la ciencia política y sus objetivos de
estudio. También hablaremos de la importancia del conocimiento político para actuar en la sociedad. Hacia
el final desarrollaremos la teoría política y la teoría del Estado hasta llegar al derecho político.

Desde la antigüedad clásica hasta los finales del siglo XIX, el estudio de la vida política no constituyó una
disciplina en sentido estricto, sino un cúmulo de influencias heredadas. Desde los griegos en adelante,
todas las civilizaciones han dejado testimonio de su vida política. En La República de Platón (-375 a.C.) se
habla de un Estado ideal que no ha existido ni existirá jamás. Desde entonces se ha puesto el acento en el
deber ser, reflexionando sobre la mejor forma de gobierno, sobre el estado idea y la justificación del poder.
Estas reflexiones carecen de valor científico. Un primer paso hacia esa objetividad que exige la ciencia es la
fractura epistemológica que produce Maquiavelo en el siglo XVI, quien hace hincapié en la observación y
declara que quiere describir lo más objetivamente posible, la realtá effetuale. Hasta finales del siglo pasado
los estudios políticos son de base fundamentalmente moral, con un carácter profundamente sintético y su
objeto consistió en una colección de temas vagamente relacionados, transmitidos y modificados a través de
los siglos. Exteriormente, todo lo que parecía unirlos era su relación común con ciertas instituciones y
prácticas políticas.

A partir de la formulación de las ciencias sociales hacia finales del siglo XIX, se han tratado de aplicar los
métodos de la ciencia naturales a los fenómenos sociales, suponiendo que el método científico podría
contribuir tanto a su mejor comprensión como a la solución de problemas prácticos que enfrentan los
hombres en su vida en comunidad. A partir de esta nueva perspectiva se trataron de encauzar los estudios
políticos por las ciencias exactas para evitar la especulación no científica acerca de la vida política.

Lo que distingue a los hombres que escribieron sobre los asuntos políticos no es el objeto de su
especulación, sino el método con el que tratan de aplicar al conocimiento de la realidad que estudian. Los
politólogos pretenden un alto grado de confiabilidad en sus conclusiones y difieren de las consideraciones
de filósofos y teólogos, de testimonios y comentarios de los participantes, o de referencias literarias. El
politólogo busca identificar las condiciones bajo las cuales resultan verdaderas las afirmaciones que realiza.

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2.2 La ciencia

Podemos definir a la ciencia como un conocimiento sistemático y objetivo, sujeto a verificación empírica e
intersubjetivamente transmisible.

Una primera clasificación distingue entre ciencias formales y ciencias fácticas. Bunge (1960) señala que
las primeras no informan sobre la realidad ni se ocupan de los hechos. La matemática y la lógica (ciencias
formales) son construcciones racionales, sistemáticas y verificables, pero no son objetivas, (tratan de entes
ideales que solo existen en la mente humana). Los lógicos y los matemáticos construyen sus propios
objetos de estudio (por ejemplo, el número). Estas ciencias se denominan formales porque sus objetos no
son cosas ni procesos, sino formas en las que se puede verter una cantidad ilimitada de contenidos, tanto
fácticos como empíricos. De esta manera, la ciencia formal nunca entra en conflicto con la realidad, ya que
se ocupa de las relaciones entre signos.

Las ciencias fácticas, como su nombre lo indica, se ocupan de los hechos. El objeto de ambos tipos de
ciencia es diverso: Las ciencias fácticas tratan sobre sucesos y procesos. El método también difiere: Las
ciencias formales se contentan con la lógica para demostrar sus teoremas y las ciencias fácticas necesitan
de la observación y la experimentación para confirmar sus conjeturas.

A diferencia de las formales, en las ciencias fácticas la racionalidad (o coherencia con un sistema de ideas
ideado previamente) es necesaria, pero no suficiente. No es garantía que se obtenga la verdad. Además de
ello, es necesario que los enunciados de las ciencias fácticas sean verificables en la experiencia. Solo luego
de esta verificación empírica puede considerarse que un enunciado es adecuado a su objeto (es decir,
verdadero) y aun así, solo será válido hasta el momento en que nuevas experiencias demuestren lo
contrario.

A esta altura de la exposición se habrá advertido que la ciencia política es una ciencia fáctica. Como tal,
participa de las características de tal tipo de conocimiento: Se ocupa de los hechos (fenómenos políticos),
requiere verificación y sus hipótesis son provisionales (una experiencia posterior puede no confirmar la
previsión).

Las ciencias fácticas suelen clasificarse en ciencias naturales (física, química, astronomía, etc.) y ciencias
sociales. Entre estas últimas deberá colocarse a la ciencia política, junto a la economía, la sociología, la
antropología, la psicología, la historia, etc.

La ciencia fáctica se caracteriza por ser:

BU S C A LE Y E S
A N A LÍ T I C A E S PE C I A LI Z A D A V E RI FI C A BLE
G E N E RA LE S

Aborda problemas circunscriptos y trata de descomponer el todo en sus elementos. No ignora la síntesis,
pero descarta la pretensión de que las síntesis puedan ser aprehendidas por una intuición especial, sin
previo análisis.

BU S C A LE Y E S
A N A LÍ T I C A E S PE C I A LI Z A D A V E RI FI C A BLE
G E N E RA LE S

La aplicación del método depende del objeto al que se aplica. Esto explica la multiplicidad de técnicas y la
relativa independencia entre los diversos sectores de la ciencia. Sin embargo, esta diversidad atenta contra
la necesaria interrelación que debe existir entre las diversas ciencias que se ocupan del mismo objeto y a la
que se tiende por medio de estudios interdisciplinarios.

BU S C A LE Y E S
A N A LÍ T I C A E S PE C I A LI Z A D A V E RI FI C A BLE
G E N E RA LE S
G E N E RA LE S

Debe poner a prueba toda suposición. Es empírica en el sentido que la comprobación de sus hipótesis
involucra experiencias, pero esta experimentación no se reduce al laboratorio. Las ciencias sociales, a
diferencia de las naturales, tropiezan con la seria dificultad de poder aislar el objeto de estudio (en
condiciones de laboratorio) o sustraer la experiencia de las influencias externas.

BU S C A LE Y E S
A N A LÍ T I C A E S PE C I A LI Z A D A V E RI FI C A BLE
G E N E RA LE S

Trata de insertar los hechos singulares dentro de leyes que se pretenden cada vez de mayor grado de
generalización.

El hombre se encuentra dentro de un gran universo y a la vez siente que hay otro ámbito mucho más
complejo, que es donde se encierra su yo. Aparentemente, las regularidades de este mundo son caóticas y
la tarea de la ciencia consiste en interpretar razonadamente la experiencia a través del descubrimiento de
generalidades válidas y su consecuente aplicación a acontecimientos particulares. En toda observación hay
implícito un trabajo de descripción y de interpretación. La labor del científico consiste en seleccionar
elementos de la experiencia, interpretarlos y extraer una consecuencia generalizadora.

Ciencia y filosofía

Aunque todas las ciencias nacen merced a su separación de la filosofía, algunas de esas separaciones
fueron adquiridas. El cultor de las ciencias naturales y experimentales no sintió más la necesidad de
definirse a sí mismo como un no filósofo. Distinto es el caso de las ciencias sociales, cuya separación es
relativamente reciente y todavía incompleta. De ello se desprende que, para las ciencias sociales, el
problema de las relaciones con la filosofía sigue estando de pie.
Una pregunta general que podremos formularnos será en qué consiste la diferencia de la filosofía con la
ciencia, una pregunta específica será en qué se diferencia la filosofía política de la ciencia política.

La filosofía puede ser vista como un contenido de saber y/o como un método de adquisición de ese saber. Si
los temas del filósofo son diferentes a los temas del politólogo, es porque uno mira hacia donde el otro no
ve, es decir, porque los criterios y objetivos del primero no son los del segundo. Por ello, es preciso
establecer claramente las diferencias que se establecen entre filosofía y ciencia.

Filosofía Ciencia

Incluirá el pensar caracterizado por uno o más de los caracteres siguientes:

Deducción lógica. Comprobación empírica.

Justificación. Explicación descriptiva.

Valoración normativa. No valoración.

Universalidad y fundamentalidad. Particularidad y acumulabilidad.

Metafísica de esencias. Relevamiento de existencias.

Inaplicabilidad. Operacionabilidad y operatividad.

Tabla 1. Ciencia y filosofía. Elaboración propia.

¿Cuál de las siguientes corresponde a una definición de


ciencia?
La ciencia es un conocimiento sistemático y objetivo,
sujeto a verificación empírica e intransferible.

La ciencia es un conocimiento sistemático y objetivo, no


sujeto a verificación empírica e intersubjetivamente
transmisible.

La ciencia es un conocimiento sistemático y objetivo,


sujeto a verificación empírica e intersubjetivamente
transmisible.

La ciencia es un conocimiento subjetivo, sujeto a


verificación empírica e intersubjetivamente transmisible.

La ciencia es un conocimiento sistemático, sujeto a


verificación teórica e intersubjetivamente transmisible.
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2.3 La ciencia política

El interés de la ciencia política se centra en el conocimiento de lo político y no en el hacer como arte de la


política. De ahí que sea pertinente señalar los conceptos del conocimiento en general y del conocimiento
político en particular.

El conocimiento

Partiendo de un realismo gnoseológico, es decir, sin supeditación a valores (el proceso de cognición precede
a nuestras elecciones de valor), entendemos que el conocimiento expresa una relación entre un sujeto
cognoscente y un objeto por conocer en la que este sujeto busca aprehender al objeto sin modificarlo ni
confundirse con él. De manera que ambos conservan su independencia en todo el proceso del
conocimiento, manteniéndose el dualismo sujeto/objeto que constituye la esencia del conocimiento, no
obstante la correlación existente. El sujeto cognoscente actúa receptivamente frente al objeto por conocer,
de modo que el conocimiento es la captación del objeto por el sujeto que se determina en una imagen
objetiva de aquel.

Durante todo el proceso del conocimiento, ambos —sujeto y objeto— conservan su independencia. En este
proceso del conocimiento se distinguen:

1 El sujeto en el plano psicológico.

2 El objeto en la esfera ontológica.

3 La imagen en el terreno lógico.


Desde el punto de vista gnoseológico, la correlación sujeto/objeto es irreversible y se da como
determinación del sujeto por el objeto. En cambio, se revierte la correlación desde el plano de la acción, pues
el objeto es determinado por el sujeto.

El conocimiento político

En el conocimiento político, el sujeto cognoscente se encuentra frente a un objeto por conocer: La realidad
política. La aprehensión por el sujeto cognoscente de la realidad política, tal como ella es, constituye
el saber teórico o teoría política. Este conocimiento es un modo del conocimiento científico porque participa
de sus características esenciales:

Es un saber objetivo porque se esfuerza en aprehender al objeto (la realidad política) en su


manifestación existencial, es decir, en su dimensión ontológica y no en la esfera metafísica o del deber
ser. De ahí que sea un saber basado en juicios existenciales o de mero conocimiento, y no en juicios de
valor o subjetivos.

Se adquiere con arreglo a un método, que es el método científico, que según Arnold Brecht se
desenvuelve en las siguientes etapas:

1. Observación: Basada en la captación o atenta consideración profunda de los hechos y fenómenos


de la realidad política, o algún sector de ella, la que se presenta como el objeto por conocer, a fin de
aprehenderla tal como ella es (y no como debería ser).
2. Descripción del objeto: Expresando mediante símbolos o signos los datos obtenidos.

3. Clasificación y medición: Ordenando los hechos o fenómenos en categorías o tipos especiales, y


de ser posible medirlos.

4. Aceptación o recusación: Es un chequeo que se realiza antes de seguir avanzando en la


investigación a los efectos de aceptar (o no) los resultados obtenidos en los pasos anteriores. Es
una confrontación de objetividad a fin de no desnaturalizar el objeto por conocer.

5. Generalización inductiva: Es también provisoria y se formula como una hipótesis fáctica, resultante
de los hechos particulares aceptados en los pasos anteriores. Es una etapa fundamental, pues
aquí se realiza una operación propiamente teorética, como es la elaboración inductiva de una
hipótesis fáctica basada en los hechos y fenómenos observados, y no en meras formulaciones
apriorísticas.

6. Intento de explicación: Se efectúa como hipótesis teorética. La teoría es principalmente explicativa.


Este paso se sitúa en el centro de la función teórica, procurando explicar, mediante determinadas
causas, los hechos o fenómenos particulares.

7. Deducción lógica: Aquí se aplica la deducción lógica pero basada en generalizaciones fácticas o
inductivas. Por lo tanto, no es una formulación deductiva a priori.

8. Comprobación: Las generalizaciones teóricas formuladas y las explicaciones deductivas


mantienen siempre un carácter provisional, cuya aceptación será contrastada mediante nuevas
observaciones, descripciones, clasificaciones o mediciones, con el fin de verificar la validez de la
proposición o generalización teórica.

9. Corrección: Es una consecuencia necesaria del paso anterior. La aceptación provisional debe ser
ajustada o corregida si no ha podido ser comprobada. Esto debe ser así porque la teoría constituye
un cuerpo articulado y coherente de proposiciones o generalizaciones lógicas no contradictorias.

10. Previsión: Apunta a la predicción, fase superior de la teorización, de hechos o fenómenos como
consecuencia de ciertas conexiones causales. No se trata, pues, de una predicción intuitiva o
basada en una verdad revelada, sino de una previsión fundada en la realidad fenoménica,
empíricamente elaborada y que reviste, en todo caso, un carácter probabilístico.

11. Recusación: Esta etapa confirma el carácter provisional con que se aceptan todas las afirmaciones
obtenidas por la aplicación rigurosa de los pasos anteriores. Las proposiciones no confirmadas por
el método científico quedan excluidas sistemáticamente. La verdad científica es relativa, no
absoluta; es provisional, no eterna; se alimenta en la duda, no en la fe.
Siendo un conocimiento empírico y adquirido conforme a las reglas del método científico, sus datos pueden
ser comunicables por el sujeto cognoscente, de manera que es intersubjetivamente transmisible a otros
sujetos cognoscente. A su vez, pueden verificarlo usando el mismo instrumento de análisis para esos
hechos, fenómenos, hipótesis o proposiciones.

Niveles de teorización

En la ciencia política podemos distinguir tres niveles de teorización: Un nivel inferior, que es descriptivo y se
manifiesta en los primeros pasos del método científico. El segundo nivel se desenvuelve en el plano
explicativo y constituye la genuina labor teorética que está destinada a establecer un núcleo teórico sólido
de la ciencia política. El tercer nivel de teorización, o fase teorética superior, corresponde al plano predictivo,
que es el de mayor desarrollo teórico dentro de las ciencias.

La ciencia política

Muchos se formulan las siguientes preguntas: ¿Qué es la Ciencia Política? ¿Cuál es su objeto de estudio? Lo
que podríamos decir es que el interés se centra en el conocimiento de lo político y no en el hacer como arte
de la política.

Les proponemos las siguientes preguntas para reflexionar:


¿Sirve el estudio de la ciencia política para entender los distintos hechos que ocurren en una
sociedad?

¿Considera que hoy se formulan afirmaciones políticas sin el debido fundamento? ¿Por qué?

03:38

Educatina (2013). ¿Qué es la Ciencia Política? Recuperado el 20 de septiembre de 2021 de YouTube.

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2.4 El objeto de estudio de la ciencia política

Toda ciencia deberá determinar con precisión cuál será su objeto de estudio y su método de estudio.
Establecidas las premisas del método para un conocimiento científico, deberemos precisar cuál será su
objeto de estudio. Este fue un tema debatido durante mucho tiempo y luego de establecer que tanto el
Estado (una forma política transitoria) como el poder (un concepto que resulta demasiado amplio si no se
especifica qué es poder político) no eran lo suficientemente precisos, se determinó que su objeto de estudio
es la realidad política, parte integrante de la más amplia realidad humana y que a su vez se distingue de la
realidad natural (o plano no humano) y de la realidad última y trascendente (situada en el plano teológico o
trascendente).

La realidad política (que abarca tanto al Estado como al poder, pero los trasciende) está conformada por los
siguientes elementos políticos o que tienen incidencia política:

Hechos.

Fenómenos (todo aquello que es objeto de la experiencia sensible).

Actores socializados (individuales o grupales).

a. Ideas, doctrinas, ideologías, creencias, valores y opiniones


dominantes.
b. Estructuras de mediación (partidos, grupos de interés, de presión y
de tensión, y asociaciones).

Normas formalizadas para la solución de los conflictos.

Reglas no formalizadas pero aceptadas implícitamente.


Instituciones.

Para que estos elementos constitutivos de la realidad política puedan ser cualificados como políticos deben
estar insertos en alguna de las categorías de lo político: mando/obediencia, público/privado,
amigo/enemigo. Las dos primeras se manifiestan en el plano interno de la realidad política y la tercera, en el
plano externo.

La realidad política incluye valores, y fundamentalmente al hombre, con sus valoraciones, sus instituciones,
sus formas relacionales, y su historia, por lo que como orden de convivencia presenta elementos objetivos y
subjetivos y en este sentido, tanto la investigación de las individualidades como la captación de las formas
sociales en su integridad, constituyen la esencia de los análisis políticos.

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2.5 Características de la realidad política

En la realidad política, a la que solo podemos escindir con fines teóricos de la realidad humana en la que
está inserta, distinguimos dos planos:

1 El plano interno: Conforma el sistema político tradicionalmente conocido como Estado, pero no
se confunde con este, ya que lo político precede y supera histórica y ontológicamente al
Estado.

2 El plano externo: Que corresponde al sistema político internacional.

Analíticamente, es conveniente distinguir el sistema político interno y sus diferentes regímenes políticos, del
sistema internacional, por la presencia de características específicas de cada uno de ellos. Para
distinguirlos claramente deberemos precisar su elemento determinante: La fuerza. Las relaciones entre los
miembros de cada uno de los sistemas también es distinta: De subordinación en el plano interno y de
coordinación, en el externo.

La realidad política es además una realidad:

Múltiple

Si bien en su esencia más profunda es siempre la misma, reducible a una relación de poder, en sus
manifestaciones epocales es una realidad múltiple. Así, personas tan distintas como un faraón, un
emperador, un cónsul romano, un rey o un presidente tienen en común el ser depositarios del poder político.
Polifacética

Reconoceremos dos faces:

La faz estructural: Expresada en instituciones que plantean un sistema de cargos o roles


diferenciados y jerarquizados que diferencian y jerarquizan a sus ocupantes respecto del resto de la
gente y entre ellos.

La faz dinámica: Que se desarrolla en el interior de la estructura. Su actividad puede tener como fines
inmediatos la ocupación de cargos o roles en el sistema político, su conservación, la resistencia o
adhesión a la actividad que se despliega desde ellos, etc. Como fines mediatos encontramos la
realización de una determinada representación de un orden social deseable. Esta faz comprende a su
vez:

La faz arquitectónica: Es el ejercicio del poder político por parte de los gobernantes y en general se
orienta hacia los fines mediatos. Es, por lo tanto, actividad creadora, constructora, conductora e
integradora.

La faz agonal: implica competencia por el poder entre aquellos que quieren ocupar los cargos de
gobierno.

La faz plenaria: es la integración de las dos faces anteriores y busca permanentemente el equilibrio
entre consenso y conflicto, entre orden y movimiento, y entre estabilidad y cambio.

Variable

Si bien siempre existen las fases anteriormente citadas, varían las modalidades en que se presentan
porque varían las formas, las fuerzas, las actividades, los comportamientos, las creencias, los valores y las
opiniones de los miembros de una comunidad política.

Simbólica

No es una realidad totalmente objetiva como la naturaleza, ni totalmente subjetiva como los sueños. Es una
realidad objetivable impregnada del subjetivismo de los hombres. Además de racional, es un universo
mágico de representaciones, creencias y apariencias.

Multirrelacionada

La realidad política mantiene relaciones con todas las manifestaciones de la realidad humana, con la
sociedad, con la moral, con la economía, con el derecho, con la historia, con la psicología, etcétera.

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2.6 Teoría Política

La teoría política, enfocada como conocimiento científico de lo político, surgió hacia fines del siglo XIX y se
afianzó en esta dirección en el siglo XX, particularmente después de la II Guerra Mundial.

Se distingue, entonces, la teoría política moderna de la tradicional, así denominada porque su origen data
desde el pensamiento filosófico de Platón y Aristóteles y se prolonga bajo diversas corrientes doctrinarias
por casi veinticinco siglos. Esa ciencia política tradicional se caracterizó por su fundamentación filosófica,
en general de base ética, histórica, institucional y predominantemente jurídica y estrechamente vinculada
con el Estado.

De este dominio amplio e impreciso de la ciencia política tradicional, se separa un sector definido para
someterse a la rigurosidad del método científico y como enfoque teórico. A partir de aquí, no solo la forma
política Estado es analizada en virtud de una teoría científica, sino también se incluyen en el análisis otros
sectores no públicos integrantes de la realidad política como los partidos, los grupos de interés, las
asociaciones, la opinión pública, ampliándose el contenido de una materia que ya no puede seguir siendo
denominada teoría del Estado o derecho político, en lugar de su más apropiada designación de teoría
política.

La teoría política es una teoría empírica, no valorativa, que constituye el núcleo de la ciencia política
moderna. Es importante precisar que no hay ciencia política sin teoría política, ni teoría política que no sea
científica. Es por ello que todo conocimiento que no busque aprehender la realidad política de manera
sistemática y tal como ella es, será doctrina, ideología, utopía, pero de ninguna manera teoría. La teoría
política describe los hechos y explica las relaciones fácticas o las regularidades que descubre en la realidad
política, acerca de la autoridad, el poder, las instituciones y demás hechos y fenómenos que la conforman,
mediante juicios de conocimiento que integran la ciencia política moderna, diferenciándose de la tradicional.
Por esto es importante establecer claramente cuáles son las diferencias que distinguen al enfoque
tradicional del enfoque moderno, pues es solamente este último el que deberá considerarse como ciencia
política en el más estricto sentido.

Este criterio que sostenemos, y que tal vez pueda parecer demasiado riguroso, es el que le permitió a la
ciencia política adquirir su identidad, precisar su objeto de estudio y promover su espectacular desarrollo a
partir de la segunda mitad del siglo pasado.

A pesar de que aún hoy existen quienes confunden la teoría científica con postulados de carácter normativo
o prescriptivo, el verdadero empeño en avanzar hacia una disciplina autónoma, con su propio objeto de
estudio y con métodos y técnicas apropiadas, está en recorrer el camino que nos marca la labor teorética
basada en la rigurosa aplicación de los pasos del método científico. Por ello creemos útil marcar las
diferencias que existen entre la ciencia política tradicional y moderna.

Diferencias entre ciencia política tradicional y moderna

Variable de
Ciencia política tradicional Ciencia política moderna
diferenciación

Fundamentación
ética — moral científica — relativista

Procedimiento apriorístico empírico

práctico — doctrinal —
Modo de
especulativo — teórico
conocimiento
ideológico — utópico

Plano metafísico — deber ser ontológico (del ser)

Tipo de juicio subjetivo — valorativo — crítico objetivo — no valorativo —


existencial

Método predominantemente deductivo inductivo (científico)

relacional — estructural

Base filosófica — jurídica — institucional

funcional — sistémica

esencialmente político,
presupuestos:

residual — sintético — selectivo — mando — obediencia


Contenido
perspectivista

público — privado

amigo — enemigo

dinámico (enfocado en lo
Enfoque estático (enfocado en el Estado) político como sistema, como
proceso)

subordinada (a la filosofía, al
derecho público, a la economía, a la
autónoma (con relación
Relación historia)
interdisciplinaria)

Tabla 2. Diferencias entre ciencia política tradicional y moderna. Elaboración propia.

La ubicación dada por los especialistas y estudiosos que confeccionaron la lista tipo de la Unesco en 1948
demuestra el carácter prioritario de la teoría política para la ciencia política, no solo por cuanto la encabeza,
sino porque se la supone en los demás temas que se incluyen en el listado, como las teorías particulares
referidas —en el plano interno— a las instituciones políticas, a los partidos, a las asociaciones de interés y
opinión pública, abarcando, asimismo, a las relaciones internacionales en el plano externo de la realidad
política.

Lista tipo de la UNESCO

La teoría política

1. La teoría política.

2. La historia de las ideas.

Las instituciones políticas


1. La constitución.

2. El gobierno central.

3. El gobierno regional y local.

4. La administración pública.

5. Las funciones económicas y sociales del gobierno.

6. Las instituciones políticas comparadas.

Partidos, grupos y opinión pública



1. Los partidos políticos.

2. Los grupos y las asociaciones.

3. La participación del ciudadano en el gobierno y en la administración.

4. La opinión pública.

Las relaciones internacionales


1. La política internacional.

2. La política y la organización internacional.

3. El derecho internacional.

Esta lista, confeccionada bajo una fuerte influencia del pensamiento anglosajón, constituye una mera
enumeración pragmática de temas de la ciencia política, en el sentido que no encierra un concepto esencial
y distintivo de lo político, Por este motivo la lista deberá ser considerada como una nómina ejemplificativa o
indicativa, pero no como limitativa o taxativa de los temas que corresponden estudiar. De todas maneras,
este criterio no significa restarle su valor, pues al momento de ser formulada constituyó un serio intento de
acotar el objeto de estudio cuando parecía que la disciplina se subsumía o diluía en otros campos del
conocimiento. Una prueba de su importancia es que a los pocos años Easton, D. introduce el análisis
sistémico, produciendo un cambio radical en los paradigmas que hasta entonces dominaban los estudios
políticos. Del mismo modo, la lista tipo es un referente obligado para la construcción de las currículas
universitarias, pues la remisión a ella cuando se diseñan planes de estudio es inevitable.

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2.7 Teoría política — Doctrina política — Ideología


política

Concepto de Teoría Política

Conforme a los presupuestos sentados precedentemente acerca del conocimiento científico, podemos
concebir a la teoría política como el conjunto sistemático de proposiciones o generalizaciones basadas en
el análisis riguroso de los hechos y fenómenos que conforman la realidad política. La teoría política
moderna reconoce su objeto de estudio en la realidad política, ampliándolo más allá del Estado y del poder;
pero, a la vez, circunscribe su enfoque a la captación de esa realidad tal y como es mediante la formulación
de juicios existenciales y procura la elaboración de un cuerpo coherente o sistema de generalizaciones
explicativas de los hechos y fenómenos que conforman la realidad política, sin que dicha explicación
trascienda al plano metateórico con la expresión de juicios de valor, es decir, poniendo énfasis en la
investigación empírica y no en la filosofía moral.

Diferencia entre teoría política y doctrina Política

La confusión conceptual entre teoría política y doctrina política ha sido categóricamente recusada con
claros fundamentos y hoy ya no son términos intercambiables. Teoría corresponde al conocimiento
especulativo y la doctrina al conocimiento práctico. Mediante la teoría se trata de reconocer la realidad tal
cual es, mediante la doctrina de influir sobre ella. La primera es un modo de pensar destinado al
conocimiento comunicable, confrontable y de validez general. La segunda es un modo de pensar destinado
a proyectarse en la realidad política.
Podemos definir a la doctrina como un modo de conocimiento
reflexivo que trata de interpretar la realidad política desde un punto
de vista subjetivo, juzgando y valorando los hechos, aceptándolos o
rechazándolos en función de una weltanschauung (cosmovisión), de
valores, creencias, motivaciones o finalidades del sujeto
cognoscente. La doctrina no necesariamente conduce a la acción.

Durante mucho tiempo se ha tendido a considerar, especialmente en el nivel de la enseñanza, que la teoría
política se reducía principalmente al análisis de las doctrinas, o sea de las “grandes obras” del pensamiento
político. Sin embargo, el pensamiento político de los autores clásicos constituye el conjunto de las doctrinas
políticas que son el objeto de la historia de las ideas y prestan una ayuda valiosa para conocer tanto la época
como el ambiente en que se formularon y la influencia que ejercieron.

Diferencia entre teoría política e ideología política

Hemos visto que el conocimiento teórico constituye un sistema de saberes enunciados como aserciones o
hipótesis sobre la realidad política. La ideología también es un sistema de ideas. Pero mientras el sistema
teorético es un sistema abierto o redefinible, la ideología, en cambio, es un sistema predominantemente
cerrado a cualquier recusación y cuasi dogmático que primordialmente se orienta hacia la acción política.

Definiremos a la ideología como un sistema cerrado de


pensamientos y creencias que explican la actitud del hombre frente
a la vida y su existencia en la sociedad, y que propugna
(contribuyendo de esa manera a su realización) una determinada
forma de conducta y acción que se corresponde con dichos
pensamientos y creencias. Las ideologías son sistemas de ideas
relacionadas estrechamente con la acción, por ello contienen un
programa y una estrategia para su concreción, y su función esencial
es unir a las organizaciones que se han levantado a su alrededor.

Es confuso y erróneo llamar ideología a todo sistema de ideas, como se hace a veces con la filosofía de
Aristóteles o con la teología del Antiguo Testamento. Esos sistemas de ideas pueden suministrar la base de
una ideología, pero solo después de haberse relacionado con la acción en un sentido específico y para una
específica situación. Las ideologías son conjuntos de ideas vinculadas al orden político y social existente y
pretenden cambiarlo, defenderlo. Las ideas contenidas en una ideología están, en cuanto tales, relacionadas
con la acción y pueden ser verdaderas y apropiadas o no serlo; lo que las convierte en ideología es su
función en el cuerpo político. Las ideologías, y esto es lo que las diferencia de la teoría y la doctrina,
impulsan a sus partidarios y adeptos a la acción para conseguir su realización.

Resumiendo podemos decir que tanto la teoría, doctrina e ideología política son modos de conocimiento de
lo político; por lo tanto, en las tres siempre podrá haber un sujeto cognoscente y un objeto por conocer: la
realidad política. Tres observadores frente a una misma realidad política se diferenciarán entre sí por la
actitud como sujeto cognoscente respecto a esa realidad política que observan.

1 Si un sujeto analiza esa realidad objetivamente, estará haciendo teoría.

2 Si otro la analiza desde su subjetividad, y en concordancia con sus valoraciones y creencias


acepta o rechaza esa realidad, estará haciendo doctrina.

3 Si el tercero analiza esa misma realidad, también desde su subjetividad y además actúa sobre
ella para mantenerla o modificarla, estará haciendo ideología.

Teoría política y filosofía política


Su puntual distinción ha constituido una de las cuestiones más complejas y arduas dentro de la ciencia
política, a tal punto que una corriente del pensamiento identificaba (aún hoy existen unos pocos que lo
siguen haciendo) a la teoría política con la filosofía política. Pero en realidad constituyen dos órdenes de
conocimiento enteramente distintos. La filosofía política se adosa a valores en los que el fundamento, cierta
concepción del hombre y de los fines de la autoridad política, se sitúa al margen de la realidad política
(valores metafísicos, religiosos, morales), y su objetivo consiste en descubrir cómo deberían ser las
relaciones entre los hombres dentro una comunidad política, para que el orden que las exprese pueda ser
tenido por un bien. La teoría política, en cambio, tiene por objeto materializar y buscar los lazos de causalidad
que puedan existir entre los hechos y fenómenos que constituyen la realidad política. Establecida la
diferencia entre ambas, veremos, los diversos modos en que puede entenderse a la filosofía política, según
Norberto Bobbio son:

La filosofía política como determinación del Estado óptimo

En este compartimiento entran, por igual, las antiutopías que describen no un ideal que debe ser
perseguido, sino un modelo que jamás debe cobrar vigencia.

La filosofía política como búsqueda del criterio de legitimidad del poder

Incluye a los escritores políticos que se han propuesto analizar el fundamento de la relación política, es
decir, determinar el porqué unos hombres aceptan ser mandados por otros hombres y los motivos que
explican la obediencia al poder. Se agrupan aquí pensadores antiguos y modernos que proponen
variadísimas soluciones, que en el fondo se limitan de ordinario a señalar las condiciones que el poder
debe adoptar para ser aceptado como válido, dejando indeterminado los modos en que, en la práctica,
pueden darse esas condiciones. Desde este punto de vista, la filosofía política es una ideología.
La filosofía política como individualización de la categoría de lo político

Tratando de lograr la determinación del concepto general de política, de lo que caracteriza al fenómeno
político y lo hace tal diferenciándolo de los demás fenómenos humanos. Se inscriben aquí los que
sostienen a la ideología de la fuerza como el elemento constitutivo y legitimante del Estado, y a las
categorías, amigo/enemigo, público/privado y mando/ obediencia.

La filosofía política como metodología de la ciencia política

Es la orientación filosófica más moderna y aguda. Es el modo más correcto de entenderla: Como una
simple metodología, como una reflexión crítica sobre el discurso político, ya sea este del científico
moderno o de los teóricos políticos del pasado. La filosofía política se presenta aquí como una
investigación de segundo grado que tiende a analizar, aclarar y clasificar el lenguaje (que se presenta
impuro o de muchas dimensiones y que en el acto en que se usa cumple funciones diversas: designa y
evalúa, describe y al mismo tiempo prescribe), los argumentos y los propósitos de todos los que han
hecho o siguen haciendo de la política un objeto de discusión y de estudio. En este sentido se puede
hablar de filosofía política como la comprobación rigurosa de los procedimientos con que se lleva a cabo
la investigación de la ciencia política empírica y como una operación crítica que tienda a cuestionar
cualquier discurso, investigación o razonamiento, que tenga por objeto la política.
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2.8 La Teoría del Estado

La teoría del Estado en sentido estricto —esto es, no como estudio de todas las formas de dominación
política— hace su aparición conjuntamente con su objeto. Por acuerdo generalizado, datamos el origen del
Estado en la época del renacimiento europeo y, como el primer Estado comenzó siendo absoluto, la primera
teoría del Estado comenzó siendo del Estado absoluto.

Para esta teoría del Estado absoluto, el primer problema es el de conocer el sujeto a que ha hecho
depositario del poder por designio divino, esto es, el soberano. Intervienen aquí consideraciones no muy
refinadas por la injerencia de cuestiones morales, sumado a la tosquedad de las instituciones políticas que
apenas dejaban sitio para formas de cambio pacífico del poder, propuestas por los teóricos absolutistas que
vinculaban el objeto de esta con la divinidad. La teoría del derecho divino de los reyes es una piedra angular.
La contrapartida a la teoría del monarca absoluto como justificación de este tipo de poder es que aquel sea
un déspota. El mecanismo del derecho divino no dejaba sitio a una consideración racionalista de la política.
Sin duda se pensaba que la ley es la materialización de la razón, solo que esta, en lugar de reinar de modo
indiscutible, tenía por encima nada menos que la verdad revelada, una verdad tanto más incuestionable
cuanto que, en muchos casos, parecía problemática. Esta teoría del Estado absoluto realizó una obra en
sentido permanente, ya que los estudiosos de la época estaban obligados a abordar de modo objetivo y dar
cuenta de la lenta aparición de un ente nuevo, compuesto, a su vez, por factores insólitos hasta la fecha,
como funcionarios públicos y burócratas, haciendas públicas, ejércitos permanentes, etc. El Estado sería un
fenómeno decisivo en la historia de la humanidad y no es aventurado atribuirle buena parte de la
responsabilidad histórica en el cambio de la sociedad del antiguo régimen a la sociedad moderna, esto es,
en la famosa desaparición de los órdenes intermedios y los mecanismos de identificación grupal de las
personas.

Una de las consecuencias paradójicas fue, que en la lucha del monarca contra los estamentos, y muy
especialmente la nobleza, la racionalidad de la administración obligaba a tratar de igual modo a los súbditos.
Lo que distingue a los ciudadanos de los súbditos no es que los primeros tengan derechos, ya que los
segundos también los tenían, sino que tienen iguales derechos. Esta igualdad, que se afirma con la
Revolución Francesa de 1789, había comenzado a gestarse durante el Estado absoluto.

De aquí surge, casi de modo imperceptible, la teoría del Estado de derecho. Sin duda ésta se formula más
velozmente en las sociedades posrevolucionarias como Inglaterra, a partir de la doctrina lockeana del
gobierno por consentimiento o en Francia con la idea del poder neutro o poder moderador. Pero también se
recibe en sociedades en las que no ha habido revolución burguesa, como en Italia y Alemania.

De los germanos surge la Rechtsstaat, la Teoría del Estado de Derecho, propuesta por Von Mohl en el siglo
XIX, que en su concepción continental es un programa político de la burguesía liberal y sus ideólogos frente
al monarca absoluto. La teoría pretende hacer admitir al monarca la supremacía, no del pueblo o de la
nación, como predicaban los revolucionarios franceses, sino del derecho, de la ley. En cuanto teoría del
imperio de la ley, planteaba al Estado la tarea de hacerse garante, hacedor de un tipo de justicia. Esta misión
no planteaba problemas con el concepto de justicia que inspiraba aquella ley. Era oligárquico. Aunque la ley
se quería igual para todos, lo importante no era a quién iba destinada, sino quién la hacía. Mientras la
representación fue censitaria, no se plantearon problemas con el concepto de justicia que profesaban los
representantes de la soberanía y la doctrina del Estado de derecho podía formularse sin un exceso de mala
conciencia. Pero los problemas comenzaron con la implantación del sufragio universal y el hecho de que una
representación también universal, incluidos los sectores menos privilegiados de la población, podía cambiar
substancialmente el concepto intrínseco de justicia. Por ejemplo, sosteniendo que las diferencias
económicas (y de todo género) entre los seres humanos no eran una consecuencia lamentable de un
proceso mecánico y sin responsable visible, sino que constituían el producto moralmente reprobable de la
práctica de la explotación de unos hombres por otros. Se consagran así los derechos económicos y sociales
que suponen una variación considerable en relación con la teoría clásica del Estado de Derecho y la visión
que ésta tenía de los derechos individuales. Se sigue de ello que el llamado Estado del bienestar o Estado
social y democrático de derecho, es una derivación del Estado de derecho, una de sus fórmulas posibles
que apunta a finalidades distintas que habrían de articularse, también, en propósitos programáticos
distintos.

La teoría del Estado ha evolucionado notablemente desde la teoría del Estado absoluto, pero casi todos los
conceptos acuñados por ésta seguirán siendo operativos, aunque pueden resultar cambiantes: Soberanía,
poder, autoridad, derechos (incluidos los históricos), legitimidad, etcétera. Todas estas nociones han sufrido
una variación de significado muy notoria.
La teoría del Estado y las ciencias sociales

En cuanto disciplina que estudia un objeto complejo, el Estado, la teoría del Estado está obligada a valerse
de otros conocimientos, que al ser aportados por disciplinas autónomas, cumplen una función auxiliar. Se
trata del derecho, la economía, la historia, la sociología y las relaciones internacionales. Todas estas
ciencias tienen un objetivo más amplio que el Estado. Por ejemplo, el derecho y la economía estudian
además las relaciones privadas desde puntos de vista diferentes y también complementarios. La historia
considera la evolución en el tiempo de la totalidad del quehacer humano. La sociología se ocupa de la
génesis y explicación de pautas de comportamiento y de los sistemas de transmisión de valores. Las
relaciones internacionales toman en cuenta no solamente los procesos de actividad de los Estados, sino
también los de muy diversos tipos de organizaciones internacionales. Pero al mismo tiempo, todas estas
ciencias se ocupan del Estado desde su específico punto de vista, de modo que el Estado es el único punto
dotado de objetividad real en el que coinciden todas. Frente a esto pueden darse dos alternativas:

1 Que las distintas ciencias elaboren una teoría privativa del Estado, tratando de explicarlo en
función de sus propios sistemas cognoscitivos y conceptuales.

2 Que cada una de estas ciencias proporcionen los soportes conceptuales para explicar las
partes componentes de la institución estatal que, por su naturaleza, sean objeto propio de
tales ciencias, con el fin de alcanzar luego una síntesis posterior y de esta manera intentar la
elaboración de una teoría integral del Estado.

Los ejemplos de la primera posibilidad son numerosos y muy significativos. Kelsen fue un ejemplo
paradigmático de identificación entre derecho y Estado, siendo que para el autor lo que no es derecho
tampoco es Estado.

La teoría del Estado y El derecho

Una de las formas de actuación del Estado, y la más importante, es por medio de la ley. A ello se añade que,
al margen de otras consideraciones, las relaciones entre los diversos órganos del Estado y la de éstos con
los particulares están, o deben estar, reguladas por normas jurídicas. El Estado de derecho se nos aparece
no solamente como un mecanismo explicativo de una parte del Estado y, más concretamente, de su acción
en el aspecto formal, sino que también se nos aparece como un fin de esa misma acción del Estado en la
medida en que hoy se acepta de manera generalizada que el Estado ha de someterse al imperio de la ley que
él mismo dicta (principio de autolimitación jurídica del Estado de Jellinek). La concepción del imperio de la
ley (rule of law) implica que todos los actos del Estado en su conjunto o los de sus agentes en concreto han
de estar sometidos a una norma (escrita o consuetudinaria) preexistente o a algún tipo de principio jurídico.

Dentro del campo jurídico, aparte de la teoría general del derecho, es de especial importancia para la
elaboración de la teoría del Estado de derecho, el derecho Constitucional. Esta variante de las ciencias
jurídicas, conjuntamente con el derecho administrativo, constituye un derecho propio del Estado y de sus
órganos en sus relaciones entre sí y con los particulares. En muchas ocasiones, la acción pública
desencadena en los ámbitos privados procesos de carácter conflictivo, en cuya resolución definitiva ha de
actuar la jurisdicción ordinaria, siendo imprescindible que aquella acción pública primero esté amparada por
algún tipo de norma previa. El conjunto positivo de estas normas forma el contenido y el objeto del derecho
administrativo y del derecho constitucional. Los dos nos ofrecen sendos enfoques del Estado como
maquinaria burocrática o como acción de sus órganos, sometida a unos principios políticos de índole
general contenidos a modo de objetivo programático en la constitución.

La teoría del Estado como parte de la ciencia política

La teoría del Estado se nos aparece como una rama dentro de la ciencia política, con una serie de
conocimientos y enunciados sobre un objeto singular, que es el conjunto de instituciones mediante las
cuales se manifiesta el poder público. Su estudio, a partir de una metodología científica propia, abarcará
tanto el aspecto institucional y estático, como el aspecto dinámico que encauza la acción política y las
fuerzas que lo protagonizan, pues las decisiones estatales son el resultado de un proceso en el que
intervienen e interactúan, de diferentes maneras, los partidos políticos, los grupos de presión, los estados de
la opinión pública, los factores internacionales, el poder ejecutivo, el parlamento, etcétera. De esta manera
se podrá tener una visión más rica y más compleja del Estado y sus instituciones. Así, por ejemplo, los
análisis de los procesos electorales, de los programas partidistas y de las ideologías políticas ayuda a
entender el sentido que en muchas ocasiones tiene la acción de ciertas instituciones u órganos del Estado.
Un ejemplo suficientemente conocido: De que gobierne uno u otro partido, una u otra corriente política
depende que una instancia concreta como el poder judicial tenga una u otra composición y su influencia
sobre el funcionamiento general del sistema político sea de uno u otro tipo.
El hecho que el Estado sea una realidad sui generis en la que se manifiesten elementos normativos,
económicos, sociales, etcétera, obliga a articular un tipo de conocimiento en el que están presentes los
elementos conceptuales de las distintas ciencias que se ocupan de esas realidades. La teoría del Estado
presupone, en consecuencia, que el estudio de la faceta normativa del Estado tiene que complementarse
con un conocimiento adecuado que tenga presente la complejidad que surge de los elementos de la
circulación económica estatal, su estructura social y las relaciones dentro de ellas. También los medios por
los cuales el Estado trata de regular a la sociedad civil y ésta, a su vez, trata de manifestarse con
independencia de las regulaciones normativas, así como el estudio de las distintas concepciones
ideológicas acerca del sentido y la función de las instituciones estatales son parte indiscutible de la teoría
del Estado.

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2.9 El Derecho Político

La expresión derecho político, empleada en la mayor parte de los planes de estudio de las universidades
argentinas, fue utilizada por primera vez por Montesquieu (1748) en su libro El espíritu de las leyes. Fue
recogida por los españoles y en nuestro país receptada en 1810, cuando Mariano Moreno mandó a editar la
obra de Rousseau (1762) El contrato social o principios de derecho político.

Se ha utilizado al derecho político como una disciplina que pretendía ser la que brindara las herramientas
conceptuales para el estudio de la realidad política, o más precisamente ser una forma especial de
conocimiento político: La de conocer la realidad política que cae bajo la regulación del derecho. Pero la
tendencia a abarcar bajo esta denominación a un estudio de las teorías de la sociedad, de la organización,
de la constitución y de los actos políticos, pone de manifiesto su inconsistencia conceptual y el sincretismo
que la expresión derecho político encierra en sí misma.

Es en España donde se ha hecho tradicional el nombre derecho político, aplicándoselo a manera de un gran
continente para los más variados estudios políticos, como los de teoría del Estado y de la constitución. De
allí pasó a nuestro país, pero aquí englobando en la materia solo el estudio del Estado y la teoría de la
constitución, dejando que el derecho constitucional positivo fuera el objeto de estudio de otra disciplina
académica.

Sobre fines del siglo pasado los cursos de derecho público en nuestro país se reducían a la exégesis del
texto constitucional, tal como lo hacían José Manuel Estrada y Aristóbulo del Valle. Ante las grandes
transformaciones del Estado a partir de la I Guerra Mundial, conjuntamente con la aparición de los
regímenes totalitarios, muchos docentes de buena voluntad pensaron en la necesidad de abordar
científicamente el estudio del derecho público. Así, el Consejo Directivo de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Buenos Aires sometió a su consideración un nuevo plan de estudios el 11 de octubre de
1922, sosteniendo en aquella oportunidad el Dr. Mariano de Vedia y Mitre que: “el curso de derecho político
tiende a dar al estudio de los fundamentos del Estado, la amplitud necesaria para poder entender bien los
principios de derecho político general; es decir, las base en que reposa el conocimiento del derecho público
interno”. La aprobación del nuevo plan se sancionó por unanimidad el 30 de noviembre de 1922. Poco tiempo
después, en 1924, el Dr. de Vedia y Mitre en la Universidad de Buenos Aires es el titular de la primera cátedra
de derecho político en el país, iniciándose con ella los estudios políticos a nivel universitario. Su conferencia
inaugural versó sobre la crisis del Estado.

Si bien el nombre derecho político persiste en la mayoría de las universidades argentinas, unas veces con el
agregado de teoría del Estado o de historia de las ideas políticas, otras, es auspiciosa la corriente iniciada
por algunas casas de altos estudios que ya adoptaron para esta asignatura un más correcto nombre: Ciencia
política.

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2.10 Enfoques de investigación

Un enfoque de investigación expresa una preferencia acerca de que observar a la hora de aproximarse a la
realidad. Un enfoque ilumina a una parte de la realidad, nunca ésta en su totalidad.

Enfoque conductista
Surge aproximadamente en los años 50. Se lo considera como la primera revolución científica en la Ciencia
política. Tuvo su origen en la sociología y sobre todo en la psicología. El Conductismo o el Behavorismo
(llamado así por su énfasis en el estudio de la conducta política de los individuos), supuso el declive de los
Estudios jurídicos formales y la apertura de un nuevo campo de investigación centrado en el
comportamiento de los principales actores del juego político (electores, gobierno, partidos y grupos de
presión). Hasta entonces, el estudio de la política se había situado en el campo de la filosofía o el derecho).

Los conductistas sostenían que la política podía estudiarse de forma científica, enfocando la atención en el
comportamiento y las actitudes de los individuos. El estudio de la política no constituía un arte, sino la teoría
y práctica de la lucha por el poder. Toda actividad política consistía en una lucha entre elites rivales
orientadas a mantener, incrementar o demostrar poder.

La ciencia política anterior al conductismo estaba relacionada con el derecho político, dado que el estado
como institución formal y legal constituía el objeto de estudio principal. Prácticamente, todos los trabajos
previos al desarrollo del conductismo se enmarcaban en la teoría del Estado.

El conductismo parte de la necesidad de observar y analizar empíricamente los fenómenos políticos y más
específicamente, las actitudes y los comportamientos de los individuos y grupos. No se interesa por las
estructuras formales y las normas jurídicas, sino por las conductas o comportamientos de los actores
políticos, sean éstos los ciudadanos, las organizaciones políticas, los representantes parlamentarios, los
miembros del gobierno o los empleados del Estado.

El conductismo comenzó a caer en descrédito a finales de los años 60 por tres frentes:

El primero, proveniente de la nueva izquierda y de la contracultura de los años 60 y 70,


argumentaba que el conductismo, con su obsesión por las técnicas y los métodos de
investigación, había contribuido a desconectar de la realidad sus investigaciones,
convirtiéndose en una ideología conservadora del statu quo.

El segundo, proveniente de la economía, cuestionó la cientificidad del método inductivo y


planteo una alternativa basada en el modelo de razonamiento deductivo, dominante en la teoría
de la elección racional y en el análisis del comportamiento de los actores económicos.

El tercer frente, proveniente de la crítica neomarxista al pluralismo, acusó al conductismo de


concebir el Estado como un espacio neutral, cuando la evidencia empírica señalaba que esto
no era así.

Enfoque de la elección racional


Después de la psicología, la economía constituye la otra gran fuente de influencia y presiones que han
incidido en la ciencia política en los últimos 50 años. Esta influencia ha sido notable en cuatro campos
centrales de la ciencia política:

El comportamiento electoral de los individuos.

El análisis de los procesos por lo que los actores forman y establecen las preferencias que
definen sus posiciones en el juego político.

El estudio de los modos en los que la información, la comunicación y la coordinación son


relevantes a la hora de explicar los resultados de la acción política.
Los análisis sobre la influencia de las instituciones (entendidas no solo como organizaciones,
sino en un sentido más amplio, como reglas de juego).

El punto de partida entre la relación contemporánea entre economía y política se genera en los
planteamientos de Joseph Schumpeter (1942) en “Capitalismo, socialismo y democracia”. Se esboza, por
primera vez, un modelo de comportamiento político basado en el supuesto de racionalidad económica
consistente en suponer que toda acción humana está orientada a la maximización de algún tipo de interés
asociado al bienestar personal. Schumpeter (1942) fue el primero en proponer que el comportamiento de los
políticos y, subsidiariamente, de los electores, se estudiara sobre la base de sus motivaciones e intereses
personales, y no de la retórica en torno al interés general.

La teoría económica de la política tiene una serie de rasgos definitorios;

1 Individualismo metodológico: Aunque se acepta que las estructuras o instituciones limitan las
alternativas de las que disponen los individuos, se rechaza la idea de que determinan el
comportamiento de los individuos. Se niega el determinismo estructural o institucional. Para
los individualistas metodológicos, el principal motivo de las acciones humanas reside en otras
acciones individuales y no de actores colectivos como las naciones, las clases sociales o las
razas,

2 El segundo supuesto de la teoría de la elección racional se refiere a la consideración de la


racionalidad económica como motivaciones básicas de las acciones humanas. Este es un
punto controvertido de la teoría de la elección racional. Este principio implica que las acciones
individuales se explican por los resultados que estas producen en estos individuos. La teoría
de la elección racional da cuenta de porque los individuos realizan ciertas acciones para
conseguir determinados fines, pero no aclara los orígenes de esos fines. Así, las teorías que
utilizan el marco de la elección racional tienden a explicar las acciones de los individuos como
la interacción de los fines últimos que persiguen éstos bajo unas determinadas condiciones.
La teoría de la elección racional supone que existe un mínimo de racionalidad común a todos
los individuos. Esto no implica afirmar nada acerca de sus cualidades morales porque la
explicación de los fines últimos de cada individuo no forma parte de los objetivos de la teoría
de la elección racionalidad.
Enfoque del nuevo institucionalismo
Tras varias décadas de concentración en los individuos y paralelamente, de olvido de las instituciones, tanto
los politólogos como los sociólogos y los economistas volvieron su mirada hacia aquellas.

Para el nuevo institucionalismo, las instituciones son las reglas formales e informales, las normas y
prácticas, los hábitos y las costumbres que influyen en el proceso político, tanto en el nivel macro (las
constituciones, la cultura política, etc.) como en el nivel micro (las reglas del juego, el sistema electoral,
etc.).

Dado que la hipótesis central del nuevo institucionalismo es que las instituciones median entre el poder y los
resultados políticos, los análisis neoinstitucionalistas descubren las instituciones caso por caso.

El Institucionalismo histórico: La línea de investigación que enfatiza la importancia de los legados históricos
e institucionales. Para estos, las instituciones configuran las estrategias y los objetivos de los actores y
median en sus relaciones de cooperación y conflicto. Mediante estas vías estructuran el juego político y
condicionan decisivamente los resultados del mismo.

En oposición a la teoría de la elección racional, los partidarios del nuevo institucionalismo histórico han
sostenido que las instituciones definen las preferencias y que estas solo pueden ser entendidas como un
producto del contexto político, social e histórico y que las acciones de los individuos están más orientadas
hacia la satisfacción de normas y valores que hacia la maximización de beneficios personales o
individuales.

Para el nuevo institucionalismo histórico, lo relevante no es que los actores se comporten racionalmente
dentro de unas estructuras sobre la base de unas preferencias dadas, sino cómo explicar el surgimiento de
dichas instituciones, los cambios en las preferencias de los actores, las transformaciones institucionales y
su impacto sobre el curso de la historia.

Por esta razón, en los estudios que adoptan esta perspectiva institucionalista-histórica han sido recurrentes
las consideraciones acerca de:

La influencia de las ideas que albergan los actores políticos.


1
2 Las consecuencias no intencionadas de los diseños institucionales.

3 La forma en que las decisiones adoptadas en el pasado inciden en las decisiones del presente
creando una dependencia de senda.

El Institucionalismo racional. Los estudios que se agrupan bajo este nombre tiene en común 4 elementos:

1 El supuesto de racionalidad instrumental y maximizadora de los actores.

2 El planteamiento de la acción política en términos de dilemas de acción colectiva, debido a los


cuales la racionalidad individual tiende a producir resultados subóptimos desde el punto de
valor agregado.

3 El énfasis en los comportamientos estratégicos de los actores o la suposición de que todo


actor, antes de emprender un determinado curso de acción, intenta anticipar que harán los
demás a continuación.

4 La consideración de las instituciones como instrumentos designados para reducir la


incertidumbre inherente a toda interacción humana.

El Institucionalismo sociológico: Adopta el programa constructivista de acuerdo con el cual la realidad está
socialmente construida y, en consecuencia, conceptos tales como racionalidad o institución son
inseparables del contexto social en el que se formulan. De esta manera, las preferencias de los individuos
resultan de la interacción social o son creadas por las instituciones, la cultura, el hábito y otras pautas, pero
nunca son autónomas o individuales. Por lo tanto, para los neoinstitucionalistas sociológicos, el
comportamiento de los actores políticos responde más a la influencia de pautas culturales que a lo racional
instrumental.

No se trata de que las instituciones marquen que es apropiado hacer en cada momento, sino que construyen
estructuras completas de significado para interpretar las acciones individuales en cada contexto.
Así, las instituciones constituyen marcos de significado, percepción y comportamiento. Indican a los actores
lo que deberían preferir en cada momento, y no son simples instrumentos para la realización de sus
preferencias.

Bibliografía de referencia

Freund, J. (2018). La esencia de lo político. Madrid: Centro de estudios constitucionales.

Prelot, M. (2010). La ciencia política. Buenos Aires: EUDEBA.

Sodaro, M. (2006). Política y ciencia política. Una introducción. Madrid: Editorial Mac Graw-Hill.
Bibliografía obligatoria

Bidart Campos, G. (2012). Lecciones elementales de política. Buenos Aires: EDIAR.

Caro Figueroa, R. (2000). Manual de Teoría del Estado y Derecho Político. Buenos Aires: Leuka.

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