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Poemas Hondureños

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LOS CLAUSTROS LA ETERNIDAD Y UN DÍA EL AIRE QUE NOS QUEDA COMBATE EL VIEJO PONTIAC

Sobre las salas y ventanas


Nuestros cazadores Se hace tarde, cada vez más sombreadas de abandono. Yo soy un poeta, A la altura de su propia
—casi nuestros amigos— tarde.Ni el viento pasa por Sobre la huida de la un ejército de poetas. medida el viejo Pontiac es un
nos han enseñado, sin aquí y hasta la Muerte es primavera, ayer mismo Y hoy quiero escribir un jardín que se abre.
equivocarse jamás, parte ahogada poema, Antes,
los diferentes ritmos del paisaje. en un vaso de agua. un poema silbatos de esto hace ya muchísimo,
que conducen al miedo. Bajo su estrella fija Sobre la viejísima melancolía un poema fusiles. fingía un tigre manso
Nos han amaestrado con Tegucigalpa es una ratonera. (tejida Para pegarlos en las puertas, deslizándose blanco entre
sutileza. Matar podría ahora y en la y destejida largamente) hija en las celdas de las prisiones mujeres bellas.
Hablamos, hora en que ruedan sin amor de las grandes traiciones en los muros de las escuelas. Hoy por hoy
leemos y escribimos sobre la las palabras. hechas a nuestros padres y el noble bruto envejece
claridad. Solo el dolor llamea abuelos: Hoy quiero construir y dignamente y sin prisa
Admiramos sus sombras en este instante que dura ya estamos solos. destruir, hasta la consumación de los
que aparecen de pronto. la eternidad Sobre las sensaciones de levantar en andamios la siglos... y le salen
Oímos y un día. vacío bajo los pies. esperanza. de puertas y ventanas
los sonidos de los cuernos ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Sobre los pasadizos Despertar al niño, florecillas del campo
mezclados Alguien que siente y sabe de inclinados que el miedo y la arcángel de las espadas,
con los ruidos suplicantes del qué habla duda edifican. ser relámpago, trueno, Argentina Díaz
océano. exclama, por mejor decir, Sobre la tierra de nadie de la con estatura de héroe
Roberto Quesada musita hagamos algo pronto, Historia: estamos solos para talar, arrasar,
hermanos míos, por favor sin mundo, desnudo al rojo las podridas raíces de mi
muy pronto vivo el barro que nos cubre, pueblo.
Medardo Mejia estrecho
en sus dos lados el aire que Lucila G. de Medina
nos queda todavía
Roberto Castillo

LAMENTOS EN EL LAS NUBES AMANECER Fue mi niñez como un Los pobres


ESPACIO un carretero crucificado en jardín risueño
Afuera ruge el viento. Tu Las nubes con sus formas efigie en su aguijada y cuyo Los pobres son muchos
cabeza está caprichosas revolando nombre cruje dulcemente Fue mi niñez como un y por eso
en mis piernas. impelidas por el viento, me con el santificado tiniebla de jardín risueño es imposible olvidarlos.
la noche se entretiene en hicieron pensar por un carreta, bueyes y sogueo de donde a los goces de mi Seguramente
ronda de fantasmas. cuero para yugo de vacas. edad esquivo, ven
momento en la efímera vida
Viene por el amanecer el presa ya de la fiebre del en los amaneceres
Aguas desbarrancadas de las cosas Al cambiar sus
tembloroso monumento múltiples edificios
cortan narcisos y nieblas, figuras vaporosas, al empuje ensueño
donde ellos
para adornar la tumba de del raudo movimiento, las como si contuviese en su vague dolientemente
quisieran habitar con sus hijos.
tanto pájaro muerto. castillo andante la luz pensativo.
creyó el visionario Pueden
Tú peinas y despeinas mi delgada del amanecer, y Sentí en el alma un natural llevar en hombros
pensamiento alas de
cabello temiese verterla. En ese deseo el féretro de una estrella.
gigantescas mariposas. Ora cuello y pulsos trasparecen de cantar a la orilla del
mientras el mar arrastra Pueden
sangre y lodo. fingen tropel de extraños las venas: digo en el cuerpo camino destruir el aire como aves
La sombra parece que seres, siluetas de fantásticas del va-a-ser-de-día. Otoño es halle una lira no cual la de furiosas,
esculpiera cadáveres. mujeres, o visiones de un salir a pie de una ciudad por Orfeo nublar el sol.
¿Quién llora y se desespera mágico espejismo; pórticos el arrabal del olvido: lo notas y obedezco el mandato del Pero desconociendo sus
en el aire? de palacios imperiales en la luz ensimismada, lo destino. tesoros
Amor. Tú estás dormido, errando en la locura del conoces cuando empiezan Al mirarme al espejo, ¡cuán entran y salen por espejos de
-sin darte prisa por salir de la abismo. las afueras granujas, cambiado sangre;
noche- trascorrales del desconcierto estoy! no me conozco ni yo caminan y mueren despacio.
mientras yo atajo lamentos cariacontecido y calzadas mismo Por eso
juiciosas con garajes de tengo los ojos de mirar es imposible olvidarlos.
de madres y de niños.
Froylán Turcios raciocinio en pulsos. cansado
Roberto Sosa
Helen Umaña Ramón Amaya Amador algo del miedo del que ve un
abismo
Juan Ramón Molina

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