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Historia de La Masoneria en Italia

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HISTORIA DE LA MASONERÍA EN ITALIA

Durante el siglo XVIII la diversidad de territorios soberanos explica la


inexistencia de un Gran Oriente masónico para toda Italia. A finales del
siglo XVIII, un vistazo al mapa de la compleja geografía política italiana
mostraba la siguiente situación; en el sur, el reino de Sicilia (reino de
Nápoles e isla de Sicilia), en la franja central, los Estados Pontificios se
extendían desde Roma hasta Ferrara y Bolonia, pasando por Rávena; y
hacia el norte, el gran ducado de Toscana (Florencia), los ducados de
Módena, Parma, las Repúblicas de Venecia y Génova y el reino de
Cerdeña (Saboya e isla de Cerdeña).

Entre los primeros masones cabe citar a Antonio Cocchi, famoso médico,
naturalista y escritor, miembro de la Academia de la Crusca, quien había
sido iniciado en Londres. Bartholomew Ruspini (1728-1813), fundador de
la Real Escuela masónica de niñas en 1788 que perdura en nuestros días. O
el pasado gran maestro de la Gran Logia de Londres, Thomas Howard,
duque de Norfolk, católico y jacobita, que en 1729 se encontraba en
Florencia y que con el apoyo del masón Francisco de Lorena, duque de
Toscana y futuro emperador, fundó una logia en 1733. El aval masónico de
Francisco de Lorena, duque de Toscana y futuro emperador, fue decisivo
para que se extendiera por otros territorios.

También se reprodujeron tensiones entre los dos modelos de masonería: el


anglófilo racional-mesocrático y el francés místico-aristocrático. Una de las
consecuencias de esta tensión se cifraba en que, frente al sencillo modelo
liberal e igualitario inglés de los tres grados, el modelo aristocrático
introducía la moda francesa que añadía otros grados complementarios a los
tres ya conocidos.
Reino de Nápoles

En 1750 se constituyó en la Gran Logia Nacional de Nápoles y eligió como


gran maestro al príncipe Raimondo de Sangro de San Severo (1710-1771),
una de las principales personalidades del reino de Nápoles. Ha pasado por
ser uno de los napolitanos más cultos e inquietos de la época, esforzado
militar, ingeniero, arquitecto, inventor, ocultista, alquimista y rosacruz que
destinó parte de su fortuna a la edición de libros en una imprenta clandestina
situada en los sótanos de su propio palacio napolitano.

En el último tercio del siglo XVIII napolitano, uno de los acontecimientos


masónicos más llamativos fue la rivalidad y enfrentamiento entre las dos
tendencias masónicas antes mencionadas; la racionalista-humanitaria y la
mística-esotérica. Estas dos tendencias dieron lugar a dos Obediencias
rivales. De un lado, la Gran Logia Provincial para el reino de Nápoles y de
Sicilia, que trabajaba bajo jurisdicción inglesa, cuyo gran maestro era el
duque Cesar Pignatelli de la Roca. De otro lado, la Gran Logia Nacional
independiente, dirigida por el príncipe Francesco de Caramanico, que
llegaría a ser reconocida por el Gran Oriente de Francia y acabaría
situándose bajo la obediencia de la Gran Logia de Viena.

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También se extendió en Italia el régimen de la Estricta Observancia
Templaria. La rápida aceptación del nuevo régimen masónico se debía a su
carácter marcadamente católico, su jerarquización y su panoplia de altos
grados basados en el misticismo cristiano y ocultista. Recordemos que la
Orden masónica templaria afirmaba que su líder y Superior Incógnito era el
pretendiente al trono de Inglaterra, Carlos Eduardo Estuardo (1720-1788),
hijo del rey Jacobo que fue destronado por no querer abjurar de sus
creencias católicas. Y respecto a las inclinaciones alquimistas, herméticas y
mágicas de la Orden filoalemana, ellas no constituían obstáculos insalvables
si tenemos en cuenta que tales conocimientos habían sido estudiados y
cultivados desde antiguo por miembros del clero, e incluso por santos como
Alberto Magno o Tomás de Aquino. Además, el proyecto de
reflotación de la Orden del Temple un arma contra el racionalismo
protestante.

Masones en los Estados Pontificios

Antes de la bula pontificia prohibitiva de la masonería, hubo diversas logias


en los Estados Pontificios. El cuadro lógico de la que trabajaba en Roma ha
quedado perfectamente documentado a través del libro de actas, que abarca
desde la fecha de su fundación el 16 de agosto de 1735 hasta el 20 de agosto
de 1737 en que fue disuelta por la Inquisición. La mayoría de sus miembros
eran ingleses jacobitas exiliados.

Se ha discutido si, a pesar de las prohibiciones pontificias que siguieron a la


bula de 1738, subsistieron logias masónicas en Roma. Ciertamente que
las hubo y algunas de ellas dejaron huellas. El Santo Oficio detuvo en 1790
a más de cien, con el consiguiente revuelo habida cuenta de la condición
clerical de varios de ellos.
El Gran Oriente de Italia (1859)
La consecución de la unidad de Italia marcó a varias generaciones de
patriotas que veían en la lucha armada y en la conspiración revolucionaria
algo inexorable. Durante esos años, las logias se poblaron de militares y
milicianos deseosos de arrojar de su país a los austriacos y acabar con el
absolutismo pontificio o borbónico. Por eso, el perfil del masón italiano de
mediados de siglo XIX era el de un patriota que, con independencia de su

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oficio o profesión, había tomado las armas para contribuir a la liberación y
unificación del país.

Entre ellos hay que citar a los condes Costantino Nigra y Livio Zambeccari,
o Filippo Còrdova, fundadores del Gran Oriente para todo el reino de Italia,
que fueron los primeros de la serie de grandes maestros. Durante los
primeros años, el Gran Oriente de Italia acusó la influencia política
nacionalista y patriótica de sus integrantes, pues no en vano, todavía
quedaban por anexionar Venecia y Roma. Por eso, frente a la purista
tradición masónica anglosajona, exclusivamente humanitaria, filantrópica y
cosmopolita, que buscaba el perfeccionamiento moral de sus miembros y
que proscribía los debates políticos y religiosos, la nueva Obediencia
afirmaba su voluntad de luchar por la libertad de los ciudadanos y la unidad
e independencia de la Nación. Con todo, este perfil político de la masonería
italiana no impidió que negociaran el reconocimiento de los ortodoxos
masones ingleses. Así, cuando en julio de 1867 Còrdova renunció a la gran
maestría, fue sucedido por Lodovico Frapolli, quien promovió una gran
reforma estatutaria para afianzar el carácter exclusivamente filantrópico y
humanitario de la masonería situándola, de manera que en 1875, el Gran
Oriente de Italia obtuvo el reconocimiento de regularidad por parte de la
Gran Logia Unida de Inglaterra.

Durante la primera mitad del siglo XX fueron varios los acontecimientos


que agitaron el panorama masónico. El primero de ellos se saldó con la
escisión del Gran Oriente de Italia. En efecto, en 1904 el prestigioso escultor
Ettore Ferrari fue elegido gran maestro del Gran Oriente de Italia. De
ideología progresista y anticlerical, sus deseos de involucrar la Orden en
determinadas cuestiones políticas provocaron una profunda escisión que se
consumó con la creación de la Gran Logia de Italia. El asunto tuvo su origen
en la propuesta de ley en defensa del carácter laico de la escuela primaria,
presentada el 21 de febrero de 1907.

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Giuseppe Garibaldi, iniciado en 1844 en la logia "Les amis de la Patrie" de Montevideo

El Gran Oriente de Italia intentaba corregir los excesos radicales de algunas


logias bajo su jurisdicción, que hacían pública profesión de fe
antimonárquica, anticlerical o antimilitarista. Paralelamente, también se
enfrentaba a la política socialista de tono pacifista y anticolonialista
contraria a la ocupación de Libia que finalmente llevó a la ruptura entre
masones y socialistas.

La nueva Constitución aprobada el 22 de diciembre de 1947 y puesta en


vigor el día 1 de enero de 1948, consagraba los derechos de reunión y
asociación. Al calor de ellos, las diversas Obediencias masónicas
reabrieron sus templos y continuaron con sus ritos y actividades, pero
también con sus rivalidades y disputas sobre la regularidad. Así, mientras
los más puristas de la Gran Logia de Italia trabajarían a la gloria del Gran
Arquitecto y obtendrían el reconocimiento de la Gran Logia Unida de
Inglaterra en 1972, por el contrario, el Gran Oriente de Italia trabajaría a la
gloria de la Humanidad.

Extractado de: Javier Alvarado Planas, Monarcas masones y otros príncipes


de la Acacia, Madrid, 2017, tomo I, pp. 167-257.

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