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LA NOVELA ESPAÑOLA DE 1939 A 1974 - Tema

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LA OVELA ESPAÑOLA DE 1939 A 1974

La Guerra Civil y el establecimiento de la Cela, fue la primera de estas obras. Es más, con ella
dictadura de Franco supusieron un corte cruento en la nació una forma extrema de la novela existencial a la
historia de España y, por supuesto, en su vida que se llamó “tremendismo”, que elegía escenarios y
cultural. La purga de los disidentes (con el exilio, que situaciones especialmentee crudos, violentos, deni-
vivió la mayoría de los intelectuales de entonces, y grantes o desagradables. En esta novela, supuesta
con la represión interior) duró décadas. Todas las autobiografía de un condenado a muerte por ase-
manifestaciones culturales se vieron afectadas sinato, Cela rescataba procedimientos típicos de la
directamente por la imposición de la ideología única, novela picaresca.
que abarcaba no sólo lo político, sino también lo Otra de las novelas destacadas de la orientación
moral, lo religioso, las costumbres. Sufrieron, en existencial fue ada (1945), por la que Carmen
definitiva, unas constricciones y un empobrecimiento Laforet, a los diecinueve años, obtuvo el recién crea-
que contrastan dramáticamente con la efervescencia do premio Nadal, que desde entonces estimuló la
creativa de los años anteriores a la guerra. narrativa que se alejaba de los moldes oficiales. En
El régimen de Franco, de todos modos, no se 'ada, se mostraba la vida sin ilusión de una adoles-
mantuvo siempre igual. Así, después del aislamiento cente huérfana, encerrada en el seno agobiante de una
que vivió al acabar la II Guerra Mundial, se produjo familia venida a menos, en la Barcelona de pos-
una leve apertura a fines de los años 50 (por los guerra.
acuerdos con EEUU y el Vaticano) y, algo más También se inicia con una novela de tono
acusada, en los años 60, en que comenzaron el existencial (La sombra del ciprés es alargada, 1947)
“desarrollo económico” y el auge del turismo. Miguel Delibes, que, evolucionando en las décadas
siguientes, vino a ser, junto a Cela, uno de los
Hablando ya de literatura, en el género
narradores fundamentales del periodo, con un mundo
narrativo hay que empezar mencionando que los
narrativo centrado en el campo castellano y los
mejores entre los jóvenes que estaban ya publicando
ambientes de la burguesía provinciana.
antes de 1936 tuvieron que exiliarse, y fue en sus
respectivos lugares de exilio donde siguieron En los años 50 aparece y se desarrolla un nuevo
desarrollando su importante obra narrativa, que no tipo de narración: el realismo social. Fue el modo de
pudo ser conocida en España hasta mucho después. creación seguido por escritores que, influidos, entre
Aun con su variedad temática y estilística, comparten otras cosas, por las ideas de J.P. Sartre y por el
el hecho de que presentan, en algunas de sus novelas, neorrealismo italiano, y a falta de cauces políticos
la España del periodo bélico o prebélico. Destacan para quejarse y transformar la sociedad, consideraron
entre ellos Francisco Ayala (autor de Muertes de que la novela (y, en general, la literatura) podía servir
perro o El fondo del vaso), Rosa Chacel (con Barrio como arma de denuncia de algunos de los males de la
de Maravillas o Memorias de Leticia Valle), Ramón sociedad, y como instrumento de concienciación,
J. Sender (Crónica del Alba, Réquiem por un campe- para transformarla, de las clases populares.
sino español) y Max Aub (El laberinto mágico). Los autores de esta tendencia pretendieron,
pues, reflejar de forma crítica la sociedad española de
En España, los años cuarenta estuvieron
la época. Sin recurrir a las exageraciones del tremen-
dominados por un tipo de narración que, aunque utili-
dismo, y saliendo del malestar individual del existen-
zaba los procedimientos ya trillados del realismo, se
cialismo, pretendían mostrar las cosas objetivamente,
apartaba de la realidad que se vivía entonces, cuya
pero seleccionándolas y presentándolas de tal modo
dureza era oficialmente soslayada, y la sustituía por
que ellas mismas se revelasen intolerables (no de otro
una visión triunfalista, exultante, que respondía a los
modo se podría sortear la censura). Para esto, se
valores del nuevo régimen. Así se veía en las obras
recurrió a algunos procedimientos narrativos innova-
de autores como Rafael García Serrano (La fiel infan-
dores que, sin embargo, se repitieron hasta la
tería) o el primer Torrente Ballester (Javier Mariño),
saciedad.
o, de forma más moderada, en autores de un realismo
El protagonista era colectivo: lo típico era
tradicionalista como J.A. Zunzunegui (La úlcera) o
presentar multitud de personajes, a menudo repre-
Ignacio Agustí (Mariona Rebull).
sentativos de grupos sociales determinados, cuyas
En contraste con ese panorama, a partir de 1942
historias se entrecruzaban. El tiempo era breve: más
se publican algunas obras que expresan diversas
que peripecia, se pretendía mostrar situaciones reve-
formas de malestar, mostrando personajes perdidos,
ladoras de la vida cotidiana. Respecto a ambientes y
sin norte, futuro ni ilusión, desasidos de un mundo
temas, aparecían el campo, el trabajo (en una mina,
que los trata con indiferencia o con crueldad. Se trata
en el mar, en una central eléctrica…), los suburbios
de un tipo de novela que puede llamarse “exis-
de la gran ciudad… El narrador solía ser objetivo, y
tencial”, por la visión del ser humano que ofrece.
el estilo, por fin, sencillo y directo, para poder ser
La familia de Pascual Duarte, de Camilo José
entendido sin dificultad hasta por un público no tacar a F. Kafka, M. Proust o W. Faulkner. Lo expe-
habituado a la lectura. rimental llegó hasta tal punto, especialmente ya en la
Fue el mismo C.J. Cela el que, con La década de los setenta, que se llegó a hablar de la
colmena, de 1951, abrió este camino, que siguieron “muerte de la novela”, como si se hubiesen tras-
muchos autores a lo largo de la década. En esta obra pasado del todo los límites del género.
se muestra el discurrir, a la vez anodino, rancio y Entre las novedades que fueron apareciendo en
opresivo, de la vida en el Madrid (la “colmena”) de estas novelas, cabe destacar las siguientes:
1942, mediante los sucesos, desmenuzados y entre- - Juegos de estructura, aún más complejos que el
cruzados, vividos en pocos días por numerosos caleidoscopio de la novela social.
personajes. - Mezcla de narradores y, por tanto, de pers-
Delibes pasa también por un periodo “social” pectivas.
(con Las ratas, por ejemplo), pero los autores más - Inmersión en la mente de los personajes, hasta el
destacados de esta tendencia, fueron los que punto de que se llegan a componer obras en las
constituyeron la llamada “generación del medio que no hay personajes, sino sólo el discurrir de
siglo”, en la que se incluyen Rafael Sánchez una conciencia que transmite sensaciones o
Ferlosio, con El Jarama, paradigma de novela pensamientos.
objetivista; Carmen Martín Gaite (Entre visillos); - Se incorporan, como collage, materiales previos
Juan Goytisolo (La resaca); José Manuel Caballero (fotos, noticias, citas…),
Bonald (Dos días de Septiembre), Ignacio Aldecoa - Se utilizan sistemas de puntuación contrarios a
El fulgor y la sangre), Juan García Hortelano las normas (o, incluso, se escribe sin puntua-
(Tormenta de verano), Jesús Fernández Santos (Los ción).
bravos); Antonio Ferres (La piqueta) o Armando - Se emplean procedimientos tipográficos que
López Salinas (La mina). añaden un componente plástico a la obra.
Quienes se adentraron en esta vía fueron, en
En los años sesenta tuvo lugar una renovación primer lugar, autores de la generación del medio
muy significativa en las formas y los temas siglo. A ella pertenecía Luis Martín-Santos, y
narrativos: la de la novela experimental. A ello con- también Juan Benet (autor de Volverás a Región,
tribuyeron, en primer lugar, la evolución del régimen 1967) y Juan Marsé (con Últimas tardes con
franquista y la sociedad española, en los que se Teresa, 1966), dos autores de primer orden que
apreció una progresiva apertura al extranjero y una crearon mundos muy personales, a los que se fueron
cierta relajación de la censura. Pero también indujo al sumando casi todos los demás: Juan Goytisolo
cambio el cansancio de la fórmula y los temas del (Señas de identidad, Reivindicación del conde don
realismo social, así como la sensación de inutilidad Julián), Luis Goytisolo (Recuento), J.M. Caballero
de su denuncia. Avanzada la década, el “boom” de la Bonald (Ágata, ojo de gato), Carmen Martín Gaite
narrativa hispanoamericana acabó de impulsar la (Retahílas).
experimentación. También se adentraron por la experimentación
El comienzo de la renovación suele fecharse en los mayores, como Cela (Oficio de tinieblas 5),
1962, con la publicación de Tiempo de silencio, Delibes (Cinco horas con Mario) o Gonzalo
novela única de Luis Martín-Santos. En ella, y Torrente Ballester (La saga/fuga de J.B.). Y para
tomando como modelo Ulises, del irlandés James terminar, los autores más jóvenes se incorporaron
Joyce, utilizaba una gran variedad de procedimientos casi sin excepción a ella, de modo que, en los últimos
narrativos, perspectivas y estilos, incluyendo la lla- años del franquismo, ya en los setenta, se dio el
mada “corriente de conciencia”, forma de monólogo periodo de mayor profusión y riesgo en la creación
interior cuyo desorden refleja el discurrir libre del experimental, con unas obras que exigían de los
pensamiento. Si bien tenía cierto contenido social, la lectores una participación activa, que desentrañase lo
obra ampliaba el campo temático habitual entonces, que, muchas veces, eran textos voluntariamente
pues lo fundamental era, aparte de lo estético, la pro- enmarañados u oscuros. Algunos títulos de la época,
fundización en la psicología de los personajes y, con aparte de los ya mencionados, pueden dar idea de
ella, la reflexión sobre los conflictos morales que ello: El mercurio (José Mª Guelbenzu), Escuela de
entraña cualquier decisión. mandarines (Miguel Espinosa), Heautontimorou-
Tras Tiempo de silencio, hubo una progresiva menos (J. Leyva) o Crónica de la nada hecha peda-
incorporación a la experimentación, a lo que podría- zos (Juan Cruz Ruiz).
mos llamar “neovanguardismo”, que no consistía sino El experimentalismo aún se mantuvo vivo
en indagar en nuevos procedimientos, apartándose de después de la muerte de Franco, en 1975, pero en ese
los moldes ya conocidos y aprovechando, eso sí, los mismo año se publicó una novela (La verdad sobre el
modos ya introducidos por grandes autores extranje- caso Savolta, de Eduardo Mendoza) que anticipaba el
ros que, hasta entonces, apenas se habían conocido en retorno a una narrativa de lectura más fácil, que daría
España. De ellos, y además de J. Joyce, hay que des- nuevamente importancia a la intriga argumental.

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