Ejemplos ?
Que dentro en mí bullía deseo con que intento pintarla a ella y cantarla; y en querer retratarla no basto y me parece que reviento.
Amarillentos como figuras de cera, arrastraban sus chinelas entre el negro gentío, pregonando con femeniles voces abanicos de sándalo y basto-nes de carey.
Parecía mentira que hubiese en la casa personas que diesen tanta importancia al basto y aun a la espada, estando él tan malito, como sin duda se iba poniendo.
Entre las aves tenemos, Martin pescador grande, Cara cara, Vencejo Tijereta Chico, Zapilote Negro, Paloma Montaraz Común, Columbina Ecuatoriana, Urraca de cola blanca, Cuco-ardilla Común, Garrapatero Aní, Trepatroncos Fuliginoso, Trepatroncos Olivaceo, Trepatroncos Cabecirrayado, Semillero Basto...
"Este rio («el Colorado») dice el autor en uno de ellos Diario de Villarino: Notas, tendrá la cuarta parte del caudal del Rio Negro, ó menos. Yo lo pasé á caballo, y adonde era mas hondo me llegó el agua al basto del lomillo.
5 Cierto pienso que en nada he sido inferior á aquellos grandes apóstoles. 6 Porque aunque soy basto en la palabra, empero no en la ciencia: mas en todo somos ya del todo manifiestos á vosotros.
Hoy me han endurecido mi pensamiento y su crueldad. ¡Guerra a muerte! ¡Me basto contra todos! ¡Tengo frío en el alma como en el cuerpo!
Yo jamás permitiré que quieran burlarse de mí. En realidad, me basto y sobro para ser una mujer independiente. Tengo una profesión, un buen trabajo y unos padres que me apoyan en todas mis decisiones, pues saben que todo lo que realizo, no lo hago al azar, sino bien meditado.
Huyen en tanto, azoradas, de las lagunas vecinas, como vivientes neblinas, estrepitosas bandadas; las grandes plumas cansadas, tiende el chajá corpulento; y con veloz movimiento y con silbido de balas, bate el carancho las alas hiriendo a hachazos el viento. Con fuerte brazo les quita robusto joven la prenda, y tendido, a toda rienda: "¡Yo solo me basto!", grita.
Al verle los muchachos con el hábito raído y basto, se burlaban de él y le injuriaban, como se hace con un loco; y el hermano Bernardo todo lo soportaba con paciencia y alegría por amor de Cristo.
Hizo que lo trasladasen la cama al gabinete; y de noche, mientras duraba la tertulia de los pocos huéspedes que quedaban, en el salón, que estaba más cerca, don Mamerto mandaba que abrieran la puerta de su habitación para oír fragmentos de las conversaciones. Se jugaba al tresillo, y lo que oía más a menudo era: «Espada, mala, basto.
Y que los primeros síntomas de dolencia que llegó á ser crónica, se revelaron en él desde 1836, nos lo comprue- ban estas palabras de Santa Cruz:— Sepa usted, general O'Con- nor, que en el campo de batalla no tolero dos capitanes gene- rales. Para capitán general, basto yo solo.