El resultado fue un niño pálido, triste, malhumorado, fofo y tragón, con exceso de peso, que habla constantemente de alimentos y odia hacer ejercicio.
Digan lo que quieran los aduladores, la carne sana y robusta de unos cuantos albañiles o gañanes importa más en la vida del Universo que el aparato fofo y anémico de un noble minado por la tuberculosis y la sífilis.
Su culo era muy fofo y resabiado, completamente fláccido y marchito, y tan curtido por hábitos libidinosos que nos contará su historia, que podía hacerse en él todo lo que uno quisiera sin que ella lo advirtiese.
Cuando Edgard veía, oía, tocaba, olía y gustaba, le parecía feo, inarmónico, áspero o
fofo, apestoso, desabrido y, en suma, repugnante y odiable en grado sumo.
Emilia Pardo Bazán
—Y no me dice más que eso…—murmuró. Y con una honda náusea por aquello pegajoso,
fofo e inerte que era su marido, se fué a su cuarto.
Horacio Quiroga
Lo que acababa de relatar Duelos había sido realizado por un hombre con el miembro mustio y la descarga de su fofo pito podía dirigirse a voluntad.
Soltóse, rígida, de espaldas sobre la batea, cayendo exactamente en la cuenca, con aplastamiento
fofo; su cabeza dio de nuca en el borde, saltó, desprendiéndose, rebotó hasta la ventana, donde transformada ya en cuervo nocturno, violentó con seco aletazo el aire, apagando de retroceso el candil, y lanzándose a la obscuridad con lúgubre risotada.
Leopoldo Lugones
Dejemos hablar al señor X que contaba después este trance, temblando todavía. «Los golpes del chuzo caían sobre algo fofo y suelto, y, sin embargo, unido y compacto.
Se trataba de un individuo de unos cincuenta años; apenas había entrado cuando, sin preliminares de ninguna clase, sin caricias, mostró su trasero a mi hermana, la cual, al tanto de la ceremonia, hizo que se inclinara sobre la cama, se apodera del fofo y arrugado culo, hunde sus cinco dedos en el orificio y empieza a sacudirlo de una manera tan énergica que la cama crujía.
En la parte inferior del vientre tan arrugado como lívido y fofo, se veía en un bosque de pelos un instrumento que, en estado de erección, podía tener unas ocho pulgadas de largo por siete de circunferencia; pero dicho estado era muy raro y era necesaria toda una serie de circunstancias furiosas para lograr que se irguiera.
Lo primero, nunca he de querer á mujer ninguna, y en viendo una beldad acabada diré en mi interior: Un dia se ha de arrugar ese semblante; ese turgente y redondo pecho se ha de tornar
fofo y lacio; esa tan bien poblada cabeza ha de quedarse calva: y me basta con mirarla desde ahora como la he de ver entónces, para que esa linda cabeza no me haga perder la mia.
Voltaire
No contesté. En un rincón, sobre
fofo cojín de seda, se enroscaba Medorita, abatida, inerte. Mis ojos se fijaron con tal extravío en el animal, que Enrique, a su vez, comprendió.
Emilia Pardo Bazán