Mas Simón Tórtolo, colocándose el lío bajo el brazo, partió a correr gritando: -¡Apóstoles, sigan a Cristo! Los ladrones lo intentaron; pero el clérigo, a quien no embarazaba la sotana, corría como un
gamo y se les escapó fácilmente.
Ricardo Palma
Lo poco que más tarde pudimos recoger gracias a la caridad de unos desconocidos o al buen afecto de nuestros amigos, nos fue robado por una cuadrilla de ladrones y queriendo mi hermano único, Arisuat, rechazar su ataque cayó el pobre degollado a mis pies.» Mientras hacía esta narración con profundas muestras de dolor, Cerdón, el negociante, había cogido de nuevo el dinero destinado a pagar la profecía y había huido como un gamo.
El afán de riquezas sube con nosotros a las naves guarnecidas de bronce, y sigue a los escuadrones de caballeros más veloz que el gamo y más veloz que el Euro, forjador de tempestades.
Filetas consintió en tocar, y si bien lamentándose de que con la vejez le faltaba resuello, tomó la flauta de Dafnis; pero halló que era pequeña para lucir en ella toda su maestría, y sólo propia para la boca de un rapaz, y envió a Titiro en busca de su flauta, aunque distaba su casa diez estadios de allí. El chico soltó la ropa que le estorbaba, y casi desnudo echó a correr como un gamo.
-¿Por qué vuela el ave? ¿por qué corre el gamo? -les he respondido yo-; y ¿por qué se dan los dátiles en Berbería, y las naranjas en Murcia, y el arroz en Valencia?
A Pedro Labrosse, barbero de Felipe el Atrevido, y a Oliverio el
Gamo, barbero de Luis XI, los afeitó en toda regla el verdugo; y si Bejarano, barbero del tirano Francia del Paraguay, no tuvo idéntico final, por lo menos le arrimaron doscientos zurriagazos en plena plaza de la Asunción.
Ricardo Palma
Era ágil y ligero como un gamo; conocía los más intrincados sitios y las más extraviadas sendas del bosque, y pronto desapareció como por encanto, no sin exclamar antes con su voz de niño, que se contraponía a la firmeza del tono: -Ser padre de ella te ha salvado de la muerte.
Oprimió el disparador, y el gamo cayó herido. -Anda en busca de tu presa -ordenó Otaduy. Y Basilio, saltó del reducto, corrió hacia el sitio donde el gamo yacía, y le arrastró hasta introducirlo detrás de los estacones que los defendían.
Cuando un adorador de Weng-Chan –dios de la literatura– era favorecido en sus versos y canciones, cuando el rico sembrador hacía una buena cosecha de habas; cuando el vil carnicero sacaba más pesas de grasa del cerdo joven; cuando el pobre de hacienda, a fuerza de estudio y de virtud era favorecido por el mandarín; cuando el transeúnte llevaba un traje de seda amarillo, cuando el honesto labriego podía comer un paté de entrañas de gamo o un nido de golondrinas; cuando el alumno distinguido de la academia conseguía una mención de honor; cuando el justo era alabado; cuando algo bueno hacía sonreír el alma de los habitantes de Siké, los enfermos de la "torva enfermedad" saciaban su despecho en la reputación del favorecido.
¡Y qué fuerte me ha dejado la pierna ese zorro viejo del doctor! ¡Ando como un
gamo! Dígame usted, cara de cielo, ¿a cómo estamos hoy?
Pedro Antonio de Alarcón
Se descolgó de las peñas con la agilidad de un
gamo, arrojó al suelo la gorra, cuya redonda y larga pluma podía embarazarlo para correr, y desnudándose del ancho capotillo de terciopelo, partió como una exhalación hacía el puente.
Gustavo Adolfo Bécquer
No salió de su escondite el corzo, ni el cobarde gamo, ni el ciervo, sino un enorme jabalí de extraordinaria corpulencia, musculoso y de abundante grasa.