El desecado y terraplenado de esos llamados "lavajos" es muy antiguo (desde el siglo XVI), pero aún hoy, en el siglo XXI, siguen las quejas sobre los malos olores que desprenden los que quedan.
Hay, pues, que proteger, respetar y recuperar esos hábitats donde viven especies de gran valor: ribazos, regatos, áreas de monte bajo, retamales, carrascales, baldíos, setos, bosquetes, lavajos, humedales, etc., que, si bien no parecen económicamente aprovechables, son irreemplazables desde el punto de vista natural.
Inmediatamente de salir de esta zona y de adentrarse en la de Nava de Arévalo (Hoja 481, de 1941 en su 1ª edición), la Cañada vuelve a atravesar el Arevalillo, en este caso sin puente alguno y penetra en la comarca de la Moraña, donde pasa por los pequeños lugares de Pedro-Rodríguez, Cabizuela y Papatrigo y junto a diversos lavajos en los que los rebaños trashumantes disponían de fácil abrevadero.
Sus tierras uniformes, salpicadas por algunos hitos y colinas así como algunos valles y lavajos, en las que tradicionalmente se alternaba el cultivo del cereal y de las legumbres con los rebaños de ovejas, son tan sólo alteradas por la presencia del río Adaja y sus pequeños afluentes, que atraviesan esta comarca y proporcionan zonas boscosas y húmedas, que se suman al salpiqueo de bosquetes islas y pinares.