l hijo de rana, Rinrín renacuajo Salió esta mañana muy tieso y muy
majo Con pantalón corto, corbata a la moda Sombrero encintado y chupa de boda.
Rafael Pombo
La banda, reforzada para esta solemnidad, prorrumpe en marcha estrepitosa. El niño, selvático y
majo, se entremece. ¡Infancia harto rara la de esta criatura!
Tomás Carrasquilla
Este tal, galán y apuesto, de cara muy expresiva, de talle en extremo airoso, de aguda fisonomía, con aire matón y jaque, calzas de
majo y ropilla, con un inmenso chapeo de alas luengas y tendidas, con su cuera y sus mangotes, y sus frascos en la cinta, de recamos adornada y de escarcela provista, se acerca al rey, y apoyado del arcabuz en la horquilla, y zarandeando el cuerpo, cual hombre que nada admira: «Señor -con ceceo dice, y lengua, aunque gorda, viva-: Cuando mi sargento anoche me dijo que combatía »vuestra alteza en este empeño, preparé varias cosillas; los trastos que en tales lances cualquier hombre necesita.
Ángel de Saavedra
La variante de Burgos, Salas de los lnfantes, es la más clara de todas: :Qué
majo que eres, :qué mal que lo entiendes, :que está el padre en casa :y el niño no duerme.
Federico García Lorca
La madre: «Micaeliña, no te arrugues», por aquí, y «Micaeliña, no te manches», por allá; y la criatura, al principio, respetando mucho la gala; pero, ya se ve, luego se cansó de guardarle miramiento al vestido majo y vino, disparada, a tirarme del balandrán.
Es de primera necesidad que se vista de
majo y eche un cuarto a espadas en cualquier funcioncilla de toros extraordinaria que entre señoritos aficionados se celebre, que sí se celebrará; con estas dos cosas será una columna de la patria, y un modelo del buen tono, según los usos del día.
Mariano José de Larra
Alto ahí, manojito de clavelinas, que por el alma de mi abuela que esté en gloria, hoy has de sacar ánima del purgatorio dándole a este
majo un sí como Cristo nos enseña, ¡Jinojo!
Ricardo Palma
Después viene el lujo de la indumentaria: el buen traje de rizo, las polainas de prolijo pespunte, la camisa labrada, la faja que esmaltan flores de seda, el pañuelo majo y la botonadura de plata en el rojo chaleco.
Pues, como digo de mi cuento, iba nuestro galan inquisidor con madama, al canto, midiendo Su-Señoría las losas de la corriente de la calle con aquel cernidillo de menudos pasos, que ensaya una fregatriz que se quiere repulir de damisela cuando (¡flaqueza humana!), no sabré decir si por ir engolondrinado en las glorias del siguiente dia, pudiendo en él mas lo inquisidor que lo galan; ó si, como majo crudo, por ir embebecido segun aquel adagio galante: :::De los dias el de hoy :::De las damas la presente ó bien porque le hicieron alguna empatada las treinta y pico de navidades que arrastraba en cada pié; ello fue que a nuestro decano le faltó el suelo, y Su Señoría dió consigo y la bella compaña en el escotillon de....
Músicos, dueñas, rateros, saltimbanquis y corchetes, tamboriles y danzantes, curiosos e impertinentes. Aquí una moza devota, que el brazo a una vieja tiene, se ajusta en son de maitines con un majo matasiete.
Con estos regalos el pastor, que ya era majo de por suyo, hízose un pasmo de buen mozo; y como entraba tan a menudo en el cuarto de la hija del rey, prendóse ella perdidamente de él.
Allí se encierran, entre espliego, «lesta» y olorosas manzanas, el «dengue» majo, la randada camisa de lino, el «paño» de seda y los brincos de filigrana de plata, galas que sólo salen a relucir el día de fiesta del patrón; allí, en el pico, se esconden, dentro de una media de lana, los ahorros que tantas privaciones presentan, desde el amarillo centén hasta el roñoso ochavo «de la fortuna».