En la actualidad incursiona junto a su actividad lírica, en la música popular cantando junto a artistas como Jairo, Lito Vitale, Sandra Mihanovich, Patricia Sosa, Zamba Quipildor, Juan Carlos Baglietto, Hilda Lizarazu, Minino Garay, Franco Luciani, entre otros.
Vaya una tardecita que se ha puesto" Polka del Cinematógrafo: "Todo por mi fuerza moviéndose esta" Couplets - Tango de las películas: "Miranos que somos bellas" Jota de los consumos: "Por este fielato del oscurantismo" Salida de los Aragoneses (Orquesta) Canción de las Toreras: "De Iberia nos vamos que allí too es Francés" Baile del ¡Pam Pam!: "Se ha prohibido porque manda Don Antonio el Capellán" Quinteto de la Abstención: "Con esta musiquita antigua y nacional" Escena de la Diosa del Tango: "Ego sum leguito del convento" Tango de la Sicalipsis: "De una pulga que pica y salta de un minino mu retozón" Baile de las vestales...
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Los Pelusos. Cuentos. Policíacos, Ciudad México, Ed. Alfaguara, 2001. Minino e Micifuz, Milán, Ed. Adriano Salani, 2002. Los Pelusos.
Monstruosi (Coedición) Colección Dienteleche, Ediciones Unión-Comisión Permanente Feria del Libro República Dominicana, 1999. Micifúz y Minino son grandes amigos, Colección El Barco de Vapor, Ediciones SM, España, 2000.
Minino de Cheshire, ¿podrias decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí? - Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar - dijo el Gato.
Pero el gatito negro ya lo había despachado Dina antes aquella tarde y así fue como ocurrió que, mientras Alicia estaba acurrucada en el rincón de una gran butacona, hablando consigo misma entre dormida y despierta, aquel minino se había estado desquitando de los sinsabores sufridos, con las delicias de una gran partida de pelota a costa del ovillo de lana que Alicia había estado intentando devanar y que ahora había rodado tanto de un lado para otro que se había deshecho todo y corría, revuelto en nudos y marañas, por toda la alfombra de la chimenea, con el gatito en medio dando carreras tras su propio rabo.
y entonces se encaramó en su butaca llevando consigo al gatito y el cabo del hilo de lana para empezar a devanar el ovillo de nuevo. Pero no avanzaba demasiado de prisa ya que no hacía más que hablar, a veces con el minino y otras consigo misma.
Estuve viendo cómo los chicos reunían leña para la fogata... ¡y no sabes la de leña que hace falta, minino! Pero hacía tanto frío y nevaba de tal manera que tuvieron que dejarlo.
Al llegar a este punto, a Alicia se le ocurrió darle dos o tres vueltas de lana alrededor del cuello al minino, para ver cómo le quedaba, y esto produjo tal enredo que el ovillo se le cayó de las manos y rodó por el suelo dejando tras de sí metros y metros desenrollados.
¿Y qué pasaría si me acumularan a mi todos mis castigos, --continuó diciendo, hablando más consigo misma que con el minino, --qué no me harían a fin de año?
-Vamos, caballeros -dijo el señor Curro el Velones, haciendo entrar su encanecida cabeza a modo de cuña entre las de los que discutían de modo tan mesurado-, que la cosa no se lo merece, que en eso de valentía hay sus más y sus menos, y hombres conozco yo a los que se les encoge el corazón si oyen maullar a un minino, y aluego si se ven en un aprieto jarrean muchísimo, pero que muchísimo más que puée jacerlo un piquete.