Menefee argumentó que el ritual reproducía el proceso habitual de compra-venta de ganado, incluyendo el significado simbólico del ronzal, o que algunas esposas fueron incluso valoradas en peso, al igual que el ganado.
Aunque el ronzal se consideraba fundamental para la «legitimidad» de la venta, Thompson ha sugerido que Menefee puede haber malinterpretado el contexto social de la transacción.
En todas partes, guardias que los miraban con ojos vagos, como si aún no estuvieran despiertos; labradores que, con la mano en el
ronzal, guiaban su carro de verduras, esparciendo en las calles la fresca fragancia de los campos; viejas arrebujadas en su mantilla, acelerando el paso, como espoleadas por los esquilones que volteaban en las iglesias próximas; gente, en fin, que, al verlos metidos en el negocio, chillaría o se apresuraría a separarlos.
Vicente Blasco Ibáñez
Sá menester tamién saber de qué pie cojea er que viene a la casa, saber cuánto puée valer er chaleco y la leontina que traen, que dambas cosas son lo primerito que dejan en prenda, bailar y cantar lo menos posible, que al hombre jarto jasta su jálito le jiede; y sobre tó, hija mía, sobre tó en lo que resperta a lo otro, a lo de chipé sá menester no dar al orvio que a los hombres hay que trastearlos con muchísimo entendimiento, que los hombres tós o cuasi tós están pidiendo a voces una enjalma y un ronzal y una batícola.
¿Tú te enteras? -¡Eso es, una enjalma y un ronzal y una batícola! -Pos sí, hija mía -continuó la de los Chícharos, aprovechando el inciso de su marido para tomar resuello-, haz tú caso de lo que yo te digo, con los hombres no hay que ser ni palomas ni zarzales; hay que llevarlos y sobrellevarlos con muchísimo pesqui, y decirles con los sacais «Júrgame» y con la boca: «Como me jurgues te mato», y sobre tó, Curra, sobre tó que no se enteren nunca de cómo pones tú el perfil cuando se te va er sentío, porque los hombres en cuantito se enteran de eso ya no quieen saber más.
-Jesús, María y José -exclamó con cómica gravedad el Cachetina, al par que ataba el ronzal del mulo a una de las grandes estacas que sostenían el emparrado.
Unos carreteros remangados sostenían por el ronzal caballos sementales encabritados que relinchaban con todas sus fuerzas hacia donde estaban las yeguas.
Como el corcel avezado a bañarse en la cristalina corriente de un río, cuando se ve atado en el establo come la cebada del pesebre, y rompiendo el
ronzal sale trotando por la llanura, yergue orgulloso la cerviz, ondean las crines sobre su cuello y ufano de su lozanía mueve ligero las rodillas encaminándose al sitio donde los caballos pacen; tan ligeramente movía Héctor pies y rodillas, exhortando a los capitanes, después que oyó la voz de Apolo.
Homero
2. Y ensilló su burra, y puso sobre ella a María, y su hijo llevaba la bestia por el ronzal, y él los seguía. Y, habiendo caminado tres millas, José se volvió hacia María, y la vio triste, y dijo entre sí de esta manera: Sin duda el fruto que lleva en su vientre la hace sufrir.
Una espesa cortina de copos blancos se desplegaba continuamente, abrillantada y temblorosa; cubría la tierra, sumergiéndolo todo en una espuma helada; y sólo se oía en el profundo silencio de la ciudad el roce vago, inexplicable, tenue, de la nieve al caer, sensación más que ruido, entrecruzamiento de átomos ligeros que parecen llenar el espacio, cubrir el mundo. El hombre reapareció, con su linterna, tirando de un ronzal sujeto al morro de un rocín que le seguía de mala gana.
¡No te digo que alces! -y tirando del ronzal, levantó 1a cabeza del borrico, le sacudió con ella dos palos, y quiso obligarle a ponerse en pie.
En medio de la estancia hallábase un hombre puesto a cuatro pies sobre la alfombra: encima de él estaba montado un niño de tres años espoleándolo con los talones, y otro niño, como de uno y medio, colocado delante de su despeinada cabeza, le tiraba de la corbata, como de un
ronzal, diciéndole borrosamente: -¡Arre, mula!
Pedro Antonio de Alarcón