Ejemplos ?
Elvira, al fin, alzó la cabeza, e hizo un gesto de negación, un solo gesto..., pero tan expresivo y trágico, que el madrugador Tenorio se desvió, viendo allí un dolor grande, algo terrible, sin duda, una historia seria, distinta de aquel dulce y ligero devaneo que iniciaba.
Broade se había evaporado «cual gota de agua que seca el ardor canicular» -exclamó uno de los empleados de la casa de banca, cómico de afición, que solía representar, en noviembre, el «Tenorio».
A las diez de la noche, y cuando ya el vecindario estaba entregado al reposo, Sucre, seguido de su ayudante el teniente Pezet, y acompañado del gobernador eclesiástico, fue al convento, platicó con la abadesa y monjas caracterizadas, las aconsejó que echasen tierra sobre lo sucedido, y se despidió llevándose al Tenorio argentino.
Y despejando la chusma, lograron a solas verse con el difunto sus deudos y el reo con los corchetes. En esto don Luis Tenorio, que a su balcón salió a verles, bajo él al pasar el preso, gritó a la justicia: «¡Téngase!
-Y luego añadió alzando la voz:- Tranquilícese, niña; apóyese en mi brazo, y véngase conmigo a la prefectura. Hildebrando Béjar era el don Juan Tenorio de Arequipa.
—¿Qué quiere el señor Tenorio? preguntó un juez descubriéndose. —¡Justicia! —¿Y en qué servirle aquí la justicia puede? —En dar libertad a ese hombre, que por Dios que está inocente.
Resistíase ésta a las exigencias del Tenorio, que probablemente llevaban camino de pasar de turbio a castaño obscuro, cuando una mano se apoderó con rapidez de la espada que el oficial llevaba al cinto y le clavó la hoja en el costado.
De su moral… mas no hablemos; yo opino con mi Don Juan Tenorio, que en un inédito libro, canta este cantar: «Luchó la Naturaleza un día con la Moral; la Moral cayó debajo… no se ha vuelto a levantar.»
Chiquito, arrebolado de cutis, bigotudo, peludo, de voz atiplada y muy tripón, don Atilano pasaba, no obstante, por furioso tenorio, y ni casadas ni solteras se veían libres de sus empresas galantes.
No hay, pues, estudiante suspenso que no se crea este mes un Don Juan Tenorio, ni modistilla que no se considere una heroína de novela.
Los abrazos que Tenorio al de Alejandría dió, del comerciante de Oriente la magnífica oración, el asombro del incógnito que a don Tello Arias mató, de Zulima, hoy Eliodora, el consiguiente rubor al encontrar otra vez al dueño que abandonó, y las dos mil zarandajas con que imberbe historiador emborronara papel y cansara tu atención, no son medios que acomodan a mi actual pésimo humor, para dar a mi leyenda competente conclusión.
Acaso por esta razón Juanito quiso emprender algo que rompiese la monotonía de la eterna seducción de modistillas, fregonas y señoritas de medio pelo y estuviese en armonía con El trovador y el Tenorio.