Después se cambió de ropa, y observé que cubría sus hermosos cabellos con redecilla y un sombrero de plumas, ya que las mujeres se apresuran en ponerse tan pronto como pueden los adornos que la costumbre les prohibe llevar mientras son solteras.
Allí estaba: a la derecha, haciendo saliente sobre la acera con una de sus esquinas, la casa de mi sueño; allí estaba la vieja puerta cochera, con adornos de piedra labrada a ambos lados...
Y, descubriendo un cofrecico donde venían las de Preciosa, se le puso en las manos al corregidor, y, en abriéndole, vio aquellos dijes pueriles; pero no cayó en lo que podían significar. Mirólos también la corregidora, pero tampoco dio en la cuenta; sólo dijo: -Estos son
adornos de alguna pequeña criatura.
Miguel de Cervantes
Con esta exquisita crianza, pues, y vestirse de vez en cuando de majo, traje que lleva consigo el «¿qué se me da a mí?» y el «¡aquí estoy yo!», ya se deja conocer que es uno de los gerifaltes que más lugar ocupan en la corte, y que constituye uno de los
adornos de la sociedad «de buen tono» de esta capital de qué sé yo cuántos mundos.
Mariano José de Larra
Todo lo que vio y notó de la capacidad y ricos
adornos de aquella estancia le dio a entender que el dueño della debía de ser hombre principal y rico, y no comoquiera, sino aventajadamente.
Miguel de Cervantes Saavedra
¿Qué vendría luego? Criados y señoritas corrían de un lado para otro y no se cansaban de colgarle
adornos y más
adornos. En una rama sujetaban redecillas de papeles coloreados; en otra, confites y caramelos; colgaban manzanas doradas y nueces, cual si fuesen frutos del árbol, y ataron a las ramas más de cien velitas rojas, azules y blancas.
Hans Christian Andersen
Cuando Rosarito quedó sola no pudo resistir la curiosidad, y momentos después, no sin antes cerrar la puerta de la sala, deleitábase contemplando todo cuanto llevaba de venta la más popular de todas las vendedoras de Andalucía. Durante algunos minutos los ojos de Rosario recreáronse en la contemplación de tantos adornos tentadores.
Luego que preparó el bello mal, a cambio de un bien, la llevó donde estaban los demás dioses y los hombres, engalanada con los adornos de la diosa de ojos glaucos, hija de poderoso padre; y un estupor se apoderó de los inmortales dioses y hombres mortales cuando vieron el espinoso engaño, irresistible para los hombres.
¿Diremos que un hombre está en su sano juicio, cuando, vestido con un traje de diversos colores y llevando una corona de oro, llora en medio de los sacrificios y de las fiestas, aunque no haya perdido ninguno de sus adornos, o cuando, en compañía de más de veinte mil amigos, se le ve sobrecogido de terror, a pesar de no despojarle ni hacerle nadie ningún daño?
La colocación de estos, las dimensiones y adornos del pabellón imperial, del de guerra, del nacional, del mercante y del gallardete de marina, así como el escudo de armas, se detallarán en una ley especial.
Así, el fuego interior de la tierra fue personificado en un joven completamente desnudo, pero de aspecto terrible y siniestro. Pocos adornos embellecían su desnudez.
Allí, vestido con su traje de obsidiana verde oscuro, casi negro, se desplazaba lentamente, ya no con la ligereza que antes acostumbraba; apenas se escuchaba el tintineo de sus espléndidos adornos: el gran medallón que como espejo le cubría el pecho, sus brazaletes de oro, sus dos aretes por cada oreja, unos de plata y otros de oro, su abanico de este mismo metal, pero enriquecido con plumas verdes, azules y amarillas.