AGRICULTURA, INDUSTRIAS Y COMERCIO La tradicional fuente de riqueza del Cantón Machala ha estado en la inmensa producción cacaotera, o sea la "pepa de oro, y en la ganadería, de las vastas zonas de Máchala y Guabo, con sus principales haciendas de Retiro, Recuerdo, La María, Unión Colombiana, Mercedes, Rosa Delia, Corralitos y muchísimas otras hacia el sur del río Jubones i hacia el Norte, las haciendas Santa Clara, Monterrey, Mercedes, La Palma, San Gerónimo, La Paz, Santa Lucía, La Tentación, María Teresa, Pensilvania, El Recreo, La Victoria, El Paraíso, Filadelfia, Chaguana, Santa Gertrudis, Chontillal, Santo Domingo, etc.
Y diciendo esto sacó la Golondrina de su seno una carta rugosa que entregó a Paco el Piri, el cual, tras posar una mirada en el papel, -Léala usté -repúsole con acento sombrío-, que yo no sé leer esa letra, que parece un enrejao. -Pos se la leeré yo -díjole Pepa.
Cayetano, deteniendo el paso de su cabalgadura delante de la puerta del corral de Juan el Pulío, dejó escapar un silbido prolongado. -Ahí está tu primo -exclamó, gozosa, la señora Pepa, apoyando ambas manos en las rodillas.
Y casi sin mirarla, leyó: «Pepa de mis ojos: Cuando recibas esta carta ya estaré yo camino de Sivilla, y dentro de na estaré más repinturero que un loro, con mis calzones encarnaos y mi guerrera azul turquí.
Tú suponte que yo, Paco el Piri, un gachó que ni debe ni teme, con veinticuatro años no cumplíos entoavía, con un corazón más grande que un bocoy; un mozo que se ha criao en los mejores pañales, que tiée una barbería a la que no hay hombre de cartel en to el barrio, que no vaya a soltar er pelo y a que le enjabonen los carrillos; un hombre por el cual, y no es alabancia, subirían descalzas las mejores mozas del distrito a la mismísima cresta del Calvario; el hijo de mi mare, en fin, acaba de sufrir un sofión de Pepa la Golondrina, que le ha puesto encarná jasta la punta del pelo.
Y cuando ya su mano temblorosa posábase en la llave, cuando con toda el alma hecha lágrimas y cólera disponíase a ir en busca de la mujer querida y del amigo que lo traicionaba, abrióse la puerta de cristales de la alcoba y, cogidos del brazo, sonriente él y colérica ella, penetraron en la sala, seguidos de la tía Candela, Pepa la Maripozona y Currito el Carabina.
La señora Pepa penetró en la habitación, sobre el encallecido pelo amplio pañuelo de hierbas anudado en la frente, en la mano la escobilla de blanqueo y algunos manchones de cal en el rostro y en los renegridos brazos, que dejaban ver las arrolladas mangas de la chaquetilla.
Los ojos de Joseíto contestaron de modo elocuentísimo a la pregunta, y tras un breve silencio: -Pos si la cosa no estuviese ya tan pa granar, yo mesma te la traería -dijo la señora Pepa-, pero como ya, gracias a Dios y a la Virgen Santísima, estás tú tan requetemejorao...
-¿Por usté? Ca, compadre, por él. Miaú miauú, mirrimimiau Y la señá Pepa remedó de modo maravilloso al más humilde de los felinos. -¡Zape!
tendrá por conveniente valerse de Domingo Otaegui, que según me han escrito debe a esta fecha estar casado con la Pepa Zuazagoitía.
los cuarenta y nueve, señá Rosalía, ¡los cuarenta y nueve! -¿Pero ná más que los cuarenta y nueve años, señá Pepa? -¿Pero es que le parecen a usté pocos?
-¿Yo? ¿Pa qué? Pero tenga usté cuidiao, señá Pepa, tenga usté cudiao, que aonde menos se piensa... -¿Cudiao con quién, con el Pipiolo?