Cuando apenas ví malhora Tu belleza seductora Si muriera… Catalina!… Viera entonces derramada Esa copa empozoñada Que la suerte me destina.
-Copperfield -dijo Murdstone. -¡Ah, vamos! ¡El estorbo de la seductora mistress Copperfield, la viudita bonita! -exclamó el caballero.
-replicó mi tía---. Y estoy segura de que te parece esa criaturita muy seductora. -Querida tía -le contesté-, nadie puede hacerse idea de lo que es.
¡Qué seductora estaba con su traje blanco, una rosa prendida en sus cabellos, un collar de perlas, brazaletes de oro y ricas piedras!
Estaba, pues, concluyéndose cuando entró; mas era otra su intención que la de oírla, porque concluida toda, fuese al vestuario, y con maña, llamando aparte a una moza que él sin duda conocía, la interpeló en esta forma: «Toma esos ocho doblones y a esa sirena engañosa a quien sirves, si te estimas, dirás lo que aquí me oigas. Y es: que hay un noble extranjero que, al verla tan seductora, volver no quiere a su patria sin un adiós de su boca.
Y si va a decir lo cierto la chica es como una perla, y fina como un coral, aunque hay una diferencia: que perla y coral con arte, con red y estación se pescan, y aquí sucede al contrario, pues la pescadora es ella. Sirena la llama el vulgo, y en verdad, que no hay sirena ni de voz más seductora, ni en los encantos más diestra.
Y gira y cruza y resbala y los sentidos no aciertan si de ello nace su impulso o el aire sutil la lleva. Hasta que al fin fatigada sobre un almohadón se sienta, más seductora que nunca y más que nunca halagüeña.
En tanto a la lisonja
seductora del asiduo amador fácil oído da la consorte; crece en la materna escuela de la disipación y el galanteo la tierna virgen, y al delito espuela es antes el ejemplo que el deseo.
Andrés Bello
Se sentó de nuevo para terminar la carta a Clara, pero una mirada hacia la ventana le hizo ver que Olimpia aún estaba allí sentada, y al instante, empujado por una fuerza irresistible, cogió los prismáticos de Cóppola y ya no pudo apartarse de la seductora mirada de Olimpia hasta que vino a buscarle su amigo Segismundo para asistir a clase del profesor Spalanzani.
La señorita de Puygarrig tenía dieciocho años; su talle, esbelto y delicado, contrastaba con la constitución huesuda de su robusto novio. No sólo era hermosa, sino también seductora.
Para sus sentidos, atesoró Edgard los colores combinados en
seductora armonía, los sonidos que se funden abrazándose y encadenándose, los sabores raros y exquisitos, los perfumes que hacen desvanecerse de ventura, y la euritmia de las formas artísticas en que la línea es un himno.
Emilia Pardo Bazán
Asegurar el albedrío humano; dejar a los espíritus su seductora forma propia; no deslucir con la imposición de ajenos prejuicios las naturalezas vírgenes; ponerlas en aptitud de tomar por sí lo útil, sin ofuscarlas, ni impelerlas por una vía marcada.