No era nada de este planeta, sino un trozo del espacio exterior; y, como tal, estaba dotado de propiedades exteriores y desconocidas y obedecía a leyes exteriores y desconocidas.
Una leve aunque visible fosforescencia parecía surgir de toda la vegetación, y en un momento determinado un trozo de aquella fosforescencia se deslizó furtivamente por el patio que había cerca del granero.
Últimamente en lo relativo a la oposición de los españoles en el “Reino de las Indias” – excluido si se quiere el breve trozo de Montevideo y la Banda Oriental, ya que éstos no hacen cuenta en el balance - ¿qué duda cabe que ellos (los peninsulares) habían sido sus pobladores y primeros civilizadores?
Lo que vivimos es un punto, y menos aún que un punto, y aún, esta cosa tan pequeña, la naturaleza la ha engañado con la apariencia de un largo espacio; de un trozo ha hecho la infancia, de otro, la niñez, de otro la adolescencia, de otro una cierta caída de la adolescencia a la vejez, de otro la vejez misma.
Prueba de ello – y por cierto bien clara – nos la proporciona el trozo de un documento publicado por el historiador Don Ariosto D.
Templados de esta manera calor y fresco entre sí, hacen que florezca allí una eterna primavera; por lo cual si la alta esfera fuera capaz de desvelos, tuviera sin dudas celos de ver que en blasón fecundo abriga en su seno el mundo ese trozo de los cielos.
(Décimo primero) Repasaban luego las lecciones leídas por la mañana y concluida la comida con alguna confitura de naranja, se limpiaban los dientes con un trozo de lentisco, se lavaban las manos y los ojos con agua alabanza de la munificencia y benignidad divinas.
Una leve, aunque visible, fosforescencia parecía surgir de toda la vegetación, y en un momento determinado un trozo de aquella fosforescencia se deslizó furtivamente por el patio que había cerca del granero.
A la primera luna nueva del año siguiente, siguiendo una vieja tradición, salió a la calle con un
trozo de pan y un chelín, y abrió el libro al azar, buscando una canción que le descubriera su porvenir.
Hans Christian Andersen
enetró Pedro el Áncora en la vivienda del señor Frasquito el Levantino, y tras dar los buenos días a Ángeles, que, sentada junto a la ventana, entreteníase en componer un trozo de malla, se dejó caer frente a ella sobre un tosco taburete.
Pero entonces la cosa fue peor todavía, porque había partículas que eran del tamaño de un granito de arena y se esparcieron por todo el mundo, y si caían en el ojo de alguien, se incrustaban en él y los hombres lo veían todo deformado y sólo distinguían lo malo, porque el más pequeño
trozo conservaba el poder de todo el espejo.
Hans Christian Andersen
Una de esas noches, como nuestros pasos nos hubieran llevado a la vista del cementerio, sentimos curiosidad de ver el sitio en que yacía bajo tierra lo que habíamos sido. Entramos en el vasto recinto y nos detuvimos ante un
trozo de tierra sombría, donde brillaba una lápida de mármol.
Horacio Quiroga