sexta-feira, 13 de agosto de 2010

Cerrado por reformas

La memoria. Bendita memoria que nos permite vivir cada día, recordar quiénes somos, porqué estamos aquí y qué función tiene cada cosa en nuestra vida y nuestra historia.

Gracias a ello recordamos porqué sentimos, porqué sufrimos, porqué reímos, porqué amamos. Pero lo cierto es que a veces uno siente que le gustaría olvidar, apretar el botón del olvido con el cual, de forma selectiva ciertos recuerdos desapareciesen. 

A veces no nos sirve la fortaleza, el aprendizaje o la experiencia, un cúmulo de recuerdos puede convertirse en una ruptura en nuestra mente, en una quiebra en el espacio tiempo en la cual nos seguimos moviendo pero nos quedamos ahí, en ese lugar en ese instante. 

Por ello digo que adoro mis recuerdos, adoro mis momentos, pero hoy le hablo a mi mente y le digo que cerrada por reformas. 

Porque aunque a veces es bonito recordar, cuando ello te quiebra, lo mejor es olvidar. 

sexta-feira, 11 de junho de 2010

Se busca un frasco para envasar deseos

La mente se confunde en un trance de deseo de que el tiempo deje de medirse en horas sino en recuerdos, que se parta en un instante en el cual algunas cosas de un mismo espacio, lugar y tiempo, pasen rápido y otras lento, unas se mantengan eternas, y otras se desvanezcan rápido.

La mente se confunde deseando lo que no debe, porque así es el ser humano, porque así vivimos siempre, porque lo cierto es que por algo la mente olvida, por algo las cosas se desvanecen, porque un beso no sería beso si estuviese a cada instante, porque no respondemos a la lógica de lo bien hecho, sino al deseo de un buen momento. 

Pese a saberlo hoy pido lo que no debo, quiero tener un frasco donde conservar deseos, guardar sonrisas y coleccionar te quieros. Hoy quiero una caja de momentos, para como quién lee un libro, poder abrirla una y otra vez, para esparcir sobre mi piel todo lo que yo quiero.


quinta-feira, 27 de maio de 2010

Postal de viaje

Jamás había visitado un paisaje semejante. Me sorprendió la cercanía de sus curvas cual colinas, y las llanuras que emulaban valles. Siempre hermosa, la inmensidad de su belleza y la historia que acompañaba cada paso de mi viaje, me hicieron no olvidar ese momento.

Recorrí paisajes de color avena que parecían sentir cada uno de mis movimientos, el viaje corto pero intenso dentro de algo tan pequeño y tan inmenso, me hizo contemplar la belleza de la vida. Me planteé quedarme a vivir eternamente pero entonces decidí visitarlo al ir sintiendo la necesidad de ese momento.

Sí, era similar a un campo de trigo que se erizaba con el contacto, estaba cubierto por  pequeñitos círculos color tierra que marcaban la singularidad de su belleza. Alguna leve cicatriz en el paisaje decía que no todos los tiempos fueron mejores.

Sin duda debo afirmarte que me encantó el viaje y termino mi postal diciéndote gracias por recomendarme esta visita, desde tu espalda firmo que cada vez que añore el suave roce de tu piel, me perderé en otro viaje por las curvas de tu cintura.


Sin más me despido,

            Mis dedos por tu espalda. 

terça-feira, 18 de maio de 2010

notas en mi agenda

Dicen que existen cosas en esta vida que son automáticas, que no las piensas, que sencillamente las haces: sencillamente respiras, sencillamente comes, sencillamente te despiertas, sencillamente vives. Nacemos con el don de poseer ciertos reflejos de subsistencia que nos otorgan la vida, la calidad o no de ésta, depende de cómo puedas o quieras vivir.

Aún así y pese a comprender la hipótesis más que demostrada de que vivir en su puro sentido es eso, debo contradecir a la ciencia de la vida, al ser humano y su mecánica y debo decir hay veces en las que sientes que nada marcha porque sí, que respirar supone un recordatorio en tu mano y comer una nota en la agenda, que vivir, sencillamente pesa y que sin duda, vivir no supone eso. 

Todos hemos pasado por uno de esos días en que desafiamos a la lógica de la vida y yo debo afirmar que a mi me resulta agotador subsistir con tu ausencia. Diremos que todo pasa, convengamos que el tiempo arregla, y sobre todo pensaremos, creeremos, que un día estarás tú y podré dejar de vivir, anotando en una agenda. 

sexta-feira, 7 de maio de 2010

El viaje de Diente

Se llamaba Diente y aunque no lo parezca era un nombre muy común, sobre todo en la familia. Él era sencillo, sin pretensiones, no conocía nada más que aquello que podía apreciar en su entorno, ¿Para qué necesitaba más? ¡Tan sólo era una planta! Le bastaba con sentirse atado a la vida, atado al lugar donde nació y creció acompañado de todos los pequeños y diminutos hermanos que lo acompañaban día a día.

Tenía centenares de hermanos: unos amarillos, otros blancos, unos se llamaban diente, otros se llamaban león y otros más familiares se hacían llamar flor.

Diente un día escuchó hablar a León de que existían unos seres terroríficos que no      eran como ellos. Podían moverse y no se morían, se separaban del suelo y no se caían, eran enormes y aterradores, y siempre que veían a un Diente de León les hacían algo malo. Diente no comprendió y preguntó asustado:

-¿Y porqué nos matan?

A lo que León con tono enigmático respondió:

-¡Para pedir un deseo!

Desde entonces se corrió la voz, y todos en la flor no podían creer el peligro que les acechaba: nunca habían vivido en otro sitio, Ellos no eran como aquellos monstruos, no podían ir de un lado a otro, separarse del suelo sin morir, ¡Los monstruos ni siquiera necesitaban la lluvia para alimentarse, era ridículo! ¿Qué les pasaría si uno de esos monstruos gigantes venía y los soplaba a todos? Diente pensó que prefería ser devorado por un animal, al menos tendría utilidad, él no sabía conceder deseos, no era justo y aquello era el fin.

Pasaron los días y nada ocurrió, hasta que un día, cuando ya nadie hablaba de aquellos monstruos gigantescos, dos de ellos aparecieron, pusieron algo en el suelo y se tumbaron allí. 

En ese instante uno de ellos arrancó al diente de león y se lo dio al otro. Todos los Diente y todos los León aterrados trataron de agarrarse bien fuerte para no desprenderse pero fue inútil: salieron volando muy muy lejos. Volaron todos, casi todos, de hecho todos menos uno: nuestro querido diente que se quedó prendido en un cesto que llevaba uno de ellos.

Diente se quedó allí, sólo, desprotegido, pensando que jamás vería a sus hermanos y que no podía vivir desprendido del suelo. 

En ese instante algo mágico ocurrió: los monstruos se levantaron y empezaron a moverse, Diente, agarrado al cesto se fue con ellos, y descubrió, que existían muchos más como el tío Roble, ¡Y que el agua de la lluvia volvía a una especie de lago infinito!, vio que tenía muchísima familia, existían muchas más plantas, animales, y cosas que jamás había visto. Además de todo eso Diente apreció que no eran los únicos dientes de león, existían muchos más aterrados esperando a que uno de esos gigantes pidiese un deseo.

En ése instante, mientras descubría todo lo que jamás habría visto atado al prado: los animales, los árboles, los mares, los ríos y la inmensidad del mundo, Diente pudo ver algo maravilloso absorto entre tanta magia: Él no había concedido un deseo, se lo habían concedido a él, porque Diente, temiendo a la muerte, descubrió la vida. 

segunda-feira, 3 de maio de 2010

Definiciones de vida



Llamo miedo a aquél sentimiento de angustia e indecisión cuando te invade la incertidumbre y te mata el tiempo.

Llamo felicidad al momento en el que el espacio tiempo comienza a alterarse sin carecer ya de sentido alguno y no existe forma de medir las horas o los minutos. Lo describiría como aquél momento cuando llega a mi mente el eco de una risa, el flash de una mirada, el escalofrío de un leve tacto, el sonido de una voz y nada más que eso importa.

Llamo dolor cuando el no verte hace que el mundo carezca de sentido, cuando todo pierde importancia, cuando la vida pesa, cuando el corazón se siente falto de espacio para seguir latiendo.

Llamo éxtasis, cuando la sonrisa me invade, mi corazón palpita fuerte y amo vivir.

Y es que tal como ocurre con la mejor receta donde la pizca de sal en el postre dulce aporta el toque necesario, me sentí completa cuando el miedo u el dolor me hicieron apreciar el éxtasis y la felicidad que me hicieron sentirme viva.

Hoy, viva, sonrío por haber llorado porque me llena la certeza de que volveré a sonreír.

quinta-feira, 15 de abril de 2010

Cuestión de amor propio


Cuando me haces una pregunta así sólo puedo pensar en cómo puedo responderte de manera que las palabras alcancen para expresar algo al fin y al cabo incalculable. Supongo que ni el mayor don de palabra podría darme los calificativos suficientes para definirlo. Responderte desde el corazón, la razón, la lírica o la matemática, serían sin duda recursos insuficientes como todo aquél que pueda imaginar.

Diremos que se trata de autoestima, de cuánto uno se aprecia o se valora de manera interna, de contar con uno mismo más que con nadie en este mundo, ser fiel de que no nos vamos a fallar a nosotros mismos, de que nuestros principios, verdades, opiniones, vivencias, son ciertas e indiscutibles y que nos guiarán a lo largo de la vida por el camino más óptimo sin abandonarnos en este viaje.

A lo largo de mi corta vida he comprendido que el cariño o afecto de las personas nunca es incondicional, todo amor viene dado por unas circunstancias que nos aferran a nuestros seres queridos y que puede verse modificado por un mal comportamiento, discusión, distanciamiento, entre muchas otras razones. En ese momento es cuando debemos apoyarnos en nosotros mismos, ser conscientes de quienes somos y amar nuestra persona más que a nadie ni a nada en este mundo como apoyo incondicional para seguir adelante.

            Deberás sentirte seguro de que el hecho de que esta respuesta aparentemente tan racional y calculada desde la psicología, la lógica y sin duda la más absoluta razón también viene dotada de la mayor carga de sentimiento jamás imaginada.

Mi amor, cuando me haces una pregunta así solo puedo responderte que como mi mitad, alma de mi alma, vida de mi vida, extensión de mí y parte inseparable de lo que yo simbolizo en este mundo, a la pregunta de cuánto te amo solo puedo responderte: Querido formas parte de mi, es cuestión de amor propio, de quererse a uno mismo.