
SOÑAR ES YA SER LIBRE
Imposiblemente vivir
Tantear lo inconcebible
Palpar lo imaginario
Empollar el huevo de luz
Y romper el cascarón
Sin matar el feto.
La obra de arte auténtica posee esencialmente un po-
der de choque que molesta por fuerza a los espíritus anquilosados,
por miedo a la aventura, en la normalidad de lo cotidiano.
El sueño es sin lugar a dudas el primero de los caminos que
conducen a la libertad.
Soñar, es ya ser libre.
*
Flores de insomnio / flores proféticas
De lleno en el mutismo, en medio de las tinieblas, la noche
estalla de silencio.
Todo puede imaginarse para masacrar el vacío.
En esos espacios de desamparo, no brota ninguna planta,
Salvo las flores del insomnio.
Entonces, todo puede decirse para colmar los desiertos.
De memoria en el espejo nunca pude ver tantas flores
de insomnio abrirse en la noche.
Sin embargo, hace mucho que, en la soledad de un via-
je atormentado, sufro horriblemente la temida
enfermedad de los dioses, el mal de los ojos abiertos.
Tierra salvaje de deslizamientos imprevisibles en la noche
travestida de máscaras bárbaras donde se trama el juego de las
cifras malditas para desflorar las horas en la homosexual
obsesión de los espejos en pánico.
*
Acostado de cara a la tierra, un anciano con cara y
barba de profeta solloza de asco.
Acurrucado en mi cama
Hurgo pacientemente en mis desagües
Curo los hendiduras
Decapo mis llagas malignas.
Y limpio las heridas
Recargando las salvajes pasiones del alma.
En el despilfarro cotidiano de la palabra mueble, busco
el silencio clave.
*
A través de las agitaciones del espejo, toda semejanza es
más que fortuita con los pájaros ruidosos navegando en mis
sueños ardientes de palabras. En el espacio de un tránsito entre
vida y
muerte, contabilizo mis gritos a contraviento, animando
el horizonte en la desmesura de mis gestos, tragándome la
esperanza por caminos ciegos, anticipando la fiesta escandalosa
que llega con tanta dificultad.
Identifico mi miedo a contraluz, volviendo siempre a mi pesar
al fantasma del mismo amor, eco rebelde de un vocativo
antiguo, vals amargo de los cuerpos utópicos.
Me tanteo, me palpo, buscando mi diferencia y mis
variables en el ciclo de los cangrejos, esparciéndome entre
la imagen y el reflejo, recogiendo los falsos juguetes de la memoria
en un simulacro de amnesia.
*
Tiembla mi alma bajo el dolor del despertar, la pesada
inmovilidad de un cuerpo indócil a las exhortaciones del sol,
impermeable a las invectivas del rayo.
Toda desolladura, mi oreja es tan sensible a las respiraciones
del tiempo presente que escucho morir suavemente las lán-
guidas caídas de un largo suspiro que más tarde en el recuerdo
se convertirá en un placer mórbido.
*
Viudez de isla devastada atizada de delirio de sombras crueles
los tambores nocturnos estallan igual que nuestros pulmones
destrozados por la rabia diluviana la impudicia de las lunas
sangrantes y las mordidas de los vientos impuros.
El pájaro voluble se ahogó en las quemaduras orto-
gráficas del rayo exterminador.
El horizonte naufraga en el mar apaleado por olas al rojo vivo.
*
Fiebre en las sienes, el cuerpo atravesado de deseos, me
acuesto en el ardor de mi lámpara, aprendo a dormir en
el centro de mi llama.
Y preparo mi despertar en los estallidos de mis sueños.
Por fuerza, me instalo en lo más profundo del misterio a
la búsqueda de mis nudos.
Quemo mis libros mis imágenes mis parásitos mis miserias
y mis ojos por la permanencia del rechazo, el despuntar
del grito, la germinación de la sangre y la resonancia de mis
abismos.
*
Máscara y metamorfosis
Por haber andado
por haber visto tanto
Por haber leído demasiado
Por haber dicho demasiado
Por haber cambiado
Por haber bailado
Y por haber tropezado tan a menudo
Desconfiamos de las muecas de nuestras sombras.
Un resplandor de sangre atraviesa la pasión del mirón enfebrecido
por la luz de la masacre
La frase del crimen asesina el sueño del testigo
Tímpano reventado en herencia
La sordera del cielo
La soledad del poder.
*
Utopía, quimera, obsesión neurótica de querer crear un
mundo nuevo con una pasta antigua en un espacio de
usura.
Pero, comienza pues por romper el espacio para modificarlo.
Luego, recompone la pasta para animar el cuerpo, la tierra y el
soplo mezclados.
Aprende por fin a remodelar la vida
frutos y flores confundidos.
Toda inspiración toma forma en la intensidad de la mirada
que destruye el objeto para reconstruirlo en la unidad del gesto
y de la imagen.
Nacido del deseo, me encamino hacia el cuerpo blasfematorio.
Visiones arborescentes me proyectan a un espacio
semi-nocturno repleto de signos imposibles.
Fulguraciones de orgasmo y vértigo.
Escucho una voz lejana, más honda que la noche.
Luego, regresa el silencio dado vuelta como un guante de sombra y
terciopelo.
En el interior de la piedra, el último refugio. Polvo y
susurros infinitos. Sólo dicción de arena en la
memoria del agua.
*
Insisto en sondear las brumas y las nubes del horizonte
bajo el parpadeo de la pequeñita llama rebelde ante la
muerte.
Vivir
Temblar
Brincar
Saltar
Piafar
Correr
Bailar
Revolotear
Sin nunca romper mis trampolines.
*
Me invento caminos locos.
Me ejercito en espejismos.
Lo real vuelve en cortocircuitos, me asalto con letanías y
tiro ante mis pies el equipaje de agobios.
Inmóvil en mi etimología, varío mis armónicos,
refuerzo mis desfallecimientos, tomo mis ambigüedades,
decapo mis errores hasta el imaginario desollado puro y
cuido mis amores terminales.
Mi insomnio bárbaro interrumpe la liturgia de las tinieblas.
Mi desnudez salpica la sintaxis de la noche. Huérfana de
extrañamiento la luna.
Cada mañana, me despierto sorprendido de volver a ver el sol,
viejo cuerpo decapitado en el que todavía arde del recuerdo de su
cabeza.
Cáncer granuja
embarazo de la vocal
cero sangrante
una sombra bosteza
que no me acaba
de soledad.
*
La luz atraviesa las máscaras sin un grito.
Dolor más duradero que el fuego, mi discordante
desgarradora.
La noche se desvía hacia las heridas que sangran entre la
muralla que hay que borrar y la mirada que hay que suprimir.
Hay crisálidas que se mueven lentas en un camino cojo
arrasando los alimentos arcaicos bajo los susurros
imperceptibles de un amanecer lejano.
Tengamos el ojo en vilo mientras balbucean
luciérnagas de soledad.
vivir / sobrevivir en la jungla frente al terror de las quimeras.
A falta de luz, aprendamos a madurar chupando la miel
oculta de las tinieblas.
Los fuegos del deseo poco a poco se comen la noche.
Traducciones de Rodolfo Häsler
Frankétienne, cuyo verdadero nombre es Jean-Pierre
Basilic Dantor Franck Étienne d’Argent, nació en 1936 en Ravine-Sèche,
en el departamento de Artibonite, Haití. Es autor de casi cuarenta
libros de poesía y narrativa. Es además un reconocido pintor. En la
década de los 60, a comienzos de la era Duvalier, frecuentó el grupo
Haïti Littéraire. Frankétienne permanece en el país para escribir y
luchar. Su obra profundiza en la historia contemporánea haitiana,
logrando convertirse en una suerte de conciencia nacional. El vértigo de
la errancia sin fin y sin finalidad, el desarraigo, el país habitado
por un mal superior forzando a sus hijos al éxodo masivo, la falta de
esperanza en un entorno condenado al fracaso, son temas presentes en
toda su obra. Frankétienne comienza a publicar poesía en 1964, creando
el movimiento espiralista, escritura en espiral como él la llama,
próxima a los Cantos de Maldoror de Lautréamont. Frankétienne, pilar de
Haití, artiste total de recorrido fuera de lo común, reside en Puerto
Príncipe. Esta traducción de algunos poemas de Fleurs ´insomnie es la
primera vez que se le traduce al español.
(Fuente: trasdemar.com)