La exposición Madrid ¡Viva la Bohemia! Los bajos fondos de la vida literaria, presenta una amplia selección de piezas: óleos, dibujos, estampas, carteles, fotografías, películas, libros y periódicos, que aportan una imagen global de lo que supuso la bohemia literaria, tomando a Madrid como epicentro, ciudad en la que se desarrolló la bohemia.
En sus orígenes, el término bohemia, hacía
referencia a los gitanos, cuyas señas de identidad eran la libertad, la
rebeldía y un lenguaje propio.
En París nació la bohemia. Los jóvenes artistas habitan en las buhardillas del cielo parisino, “vivían a salto de mata, pintaban cuadros que no vendían y publicaban versos que nadie leía”.
Montmartre y el Barrio Latino fueron fuente de inspiración para pintores como Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Anglada Camarasa, Utrillo…
Inspiró a Puccini para su exitosa ópera “La Bohème”, que tuvo su reflejo en Madrid, en una parodia titulada “La golfemia”, zarzuela estrenada en Madrid en el Teatro de la Zarzuela.
En Madrid, en torno a 1840, surge en la ciudad la que se considera primera generación de bohemios ligada a los periódicos, al teatro y al desarrollo del folletín y la novela por entregas, según el modelo francés.
Son los tiempos del café, como el “El café del Príncipe, el Suizo o “El Parnasillo”.
Gente Nueva era la denominación de un grupo de escritores preparados académicamente, con un compromiso social con los más desfavorecidos muy acentuado, y que rechazan abiertamente los valores burgueses.
Este grupo escribe en periódicos de izquierdas como La Piqueta, Don Quijote y, sobre todo, Germinal, que dirigirá Joaquín Dicenta, uno de los líderes de esta “tribu bohemia”.
Hay un nombre considerado el gran príncipe de los bohemios: Alejandro
Sawa, en quien se inspiró Valle-Inclán para crear a Max Estrella, protagonista
de Luces de bohemia.
La noche, el ambiente preferido de los bohemios.
Ese Madrid que, amparado en la oscuridad, se ve sacudido por la presencia de prostitutas y chulos, bien representados en las obras de Gutiérrez Solana.
La noche madrileña, poco recomendable, queda retratada en ensayos como La mala vida de Madrid, de Bernaldo Quirós o en las negras xilografías de Francisco Bores, Pancho Cossío o Ricardo Baroja.
En palabras de Pío Baroja: «La bohemia es una de tantas leyendas que corren por ahí; una bonita invención para óperas y zarzuelas, pero sin ninguna raíz en la realidad».
Tomando como referencia la afirmación de Max
Estrella: “¡El esperpento lo inventó Goya!”, se incluyen en este espacio
algunos Caprichos de Goya, en los que se aprecia la deformación o
caricaturización de sus protagonistas, fuente de inspiración de Valle-Inclán.
Según escribió en 1836 Mariano José de Larra, "Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta".
Así terminamos la visita a una exposición preciosa y aún nos dio tiempo a dar una vuelta por la tienda del museo y ver unos interesantes paneles con el desarrollo y la evolución urbanística de Madrid desde que Felipe II en 1561 la designo como capital de España.
Y ya finalizada la parte cultural, dimos un pequeño paseo hasta Mejía Lequerica para ir a comer.
El restaurante La Petisquería, es muy recomendable tanto por la comida como por el servicio y el precio.
No nos quedaba más que el café; lo tomamos en un local muy francés: Aux Merveilleux, y sí podrá ser maravilloso si no fuera tan bullicioso. Pero bueno, celebramos allí nuestra tertulia: leer los trabajos, poner los "deberes" para el próximo día y acordar las siguientes reuniones.
Aún tuvimos tiempo para fijar nuestra vista en la arquitectura de la zona, en los preciosos edificios, galerías, ventanales, balconcillos, así como sus elementos decorativos.