No sé quién es este chico ni quiero saberlo, solo su música me dice algo. Escucho y me pierdo, golpea el viento sobre la colina. La canción no es suya, sino de John Martyn. La canta a cielo abierto, en una pradera bajo un cielo nublado, con la naturaleza como testigo. Over the hill, el segundo corte de Solid Air, esa maravilla inadvertida que redescubrí hace unos años. Me inspira ilusión, vitalidad. Eh eh eh, un pequeño salto hacia la paz y la alegría.
jueves, abril 03, 2025
domingo, marzo 30, 2025
LIVE IN 308: MADONNA Y EL INTERCAMBIO DE MÚSICA
Londres volvió a mi vida. Más bien volví al encuentro de Londres por unos días. Unos diez años después de nuestra última cita. Diría que son más las cosas que no han cambiado (los parques, las ardillas, las calles, el metro, la Guinness, el Thames marrón, el cielo gris, el pescado rebozado) aunque todas ellas son ahora más caras. Todo en la vida es más caro. Salvo... que a veces te sorprendes con esos viejos discos en vinilo y cd que mantienen el precio o lo bajan sin pensar en cómo pasa el tiempo. Se hizo de noche pero quedó tiempo para una rápida escapada a aquella tienda a la que siempre he ido cada vez que los pasos me llevan a Londres, a unos pocos metros de la boca de metro de Notting Hill Gate. Intercambio de Música y Vídeo se llama. Algo tan sencillo como eso. Otra cosa que tampoco cambia. Siempre suena la música, a veces un disco entero, y los dependientes hablan entre sí o con algún cliente y los demás buscan entre los plásticos, esperando que caigan algunas joyas o rarezas a 1, 2, 3, 4, 6 o 9 libras. Y van al saco mientras Madonna no puede ser más perfecta como una virgen dentro del groove.
lunes, marzo 24, 2025
VOLUME ONE 686: TRAILBLAZER (LOLA KIRKE)
Country pop o pop country. Que no disuada la catalogación a los más suspicaces. Cierto, no es una combinación para confiar demasiado. Enseguida nos vienen a la mente decenas de cantantes (ellos y ellas) con algún ropaje vaquero, una carretera en el desierto, un caballo, una camioneta, maquillaje, el viento en el cabello, Taylor Swift menor de edad... ningún disco, ninguna canción que seamos capaces de retener. A veces hay elementos extraños en la granja, ojo, esta no es lo de siempre. A Lola Kirke la descubrimos hace poco y no ha dejado de seducirnos.
Lo hace en su tercer álbum también, las lágrimas resbalan por su traje de vaquera, un corazón pintado en su cara. Trailblazer (One Riot Records, 2025) es el título. La actriz agranda su faceta musical, y basta oírla cantar Trailblazer, Easy on you, Raised by wolves y ese irresistible Zeppelin III ("Él me enseñó Zeppelin, me enseñó a conducir, me enseñó a hacer reír a alguien hasta llorar") para sumergirse en el remolino cristalino de su música: pop, country... de confianza. Para nada una de tantas.
Nota: 7,5/10
viernes, marzo 21, 2025
GREATEST HITS 357: WHERE THE STREETS HAVE NO NAME (U2)
Yo estaba en los 13 años, camino de los 14. Notaba que aquello del rock me hacía cosquillas. Descubría grupos, encontraba favoritos. Grababa canciones, compraba discos, veía vídeos. Y entonces aquellos cuatro tipos se subían a lo alto de un edificio en Los Angeles, no muy alto para que los peatones los viesen de cerca. En un cruce de calles, aunque ellos le cantaban a un lugar en el que las calles no tenían nombre. Los policías controlaban el tráfico, contenían a la gente. Años más tarde supe que los Beatles se habían subido a una azotea de Londres tiempo atrás. Abajo subía la fiebre, arriba los músicos eran dioses.
Hoy he vuelto a ver este vídeo, a escuchar esta canción, con mi hijo de casi 10 años, justo después de leer sobre la épica que alcanza la música cuando se corea en un estadio, todo el mundo metido en una canción que se te mete en el cuerpo y te eleva en la gloria, el éxtasis. En un tema como este de U2 cuando se escucha en un estadio. Yo que viví este mismo momento dos o tres veces, aún prefiero quedarme con la épica de un cruce de calles, con la banda en el umbral de mi romance insobornable con la música.
martes, marzo 18, 2025
BOOTLEG SERIES 131: DEE GEES
No sé cuánto duró esto, por qué surgió. Se ve que se lo pasaron en grande. Poco más hace falta saber. Se hicieron llamar Dee Gees y adoptaron el falsete de los hermanos Gibb con algo más crujido rockero para versionar el superéxito discotequero con el que Tony Manero rompía las pistas los sábados por la noche. ¿Bailamos ahora? ¿Llegamos alguna vez a hacerlo como se hacía antes? Grohl y los suyos aún más cool.
sábado, marzo 15, 2025
GREATEST HITS 356: JUST LIKE A MAN (DEL AMITRI)
Estoy de vuelta en la universidad al dejarme mover por el ritmo saltarín y las guitarras seductoras de Just like a man. Un compañero tenía aquel disco en la habitación donde estudiábamos, Change everything, del 92, con los cuatro hombres en recuadro de luz al fondo de la imagen. Allí supe de Del Amitri, una banda escocesa que tardé mucho tiempo, después, en conocer mejor. En cinco décadas solo completaron siete álbumes. No sabías bien si era un grupo británico o americano, te sonaba más a lo segundo. Esta canción la descubrí hace más de treinta años, y dirías que hoy mismo podría haber salido de fábrica.
jueves, marzo 13, 2025
SOUNDTRACK 289: BLUE LIGHTS
Belfast. No es la mejor ciudad para vivir. No es el mejor lugar donde ser policía. Pero allí tres novatos inician su periodo de prácticas en una comisaría patrullando con los veteranos, afrontando la rutina de la violencia o el desamparo: una antigua trabajadora social, madre soltera de un hijo mulato; una joven atrevida capaz de levantar la voz si no está de acuerdo; un joven tímido con mala puntería al que coge cariño el compañero más experimentado. Conviven con agentes con fama de raros, con superiores exigentes pero comprensivos, con colegas cobardes sin futuro en el cuerpo. Y del otro lado de la ley viven las mafias en las zonas prohibidas donde las luces azules de los coches policiales no deben entrar, las familias rotas por los años de delitos o la atracción irresistible del peligro y los bajos fondos.
Es Blue Lights. Los seis primeros capítulos de esta serie irlandesa (hay otra temporada con la misma duración) transcurren con una tensión latente, con el riesgo acechante en las acciones comunes o extraordinarias de sus policías. Es fácil encariñarse con las debilidades de sus personajes, también con su tenacidad, con sus fortalezas y debilidades. Y, como ellos, excelentes actores y actrices, el espectador siente cerca los demonios de su profesión, tratando de mirar con firmeza adelante cuando duele hacerlo hacia atrás.
lunes, marzo 10, 2025
BONUS TRACK 306: HAWKS AND DOVES (NEIL YOUNG)
Hasta hace unos años, cuando las discografías oficiales no tenían recovecos ni se confundían con incontables archivos lejanos rescatados para saciar el apetito de los coleccionistas más voraces, me empeñé en completar la carrera de Neil Young. Entonces lo oficial estaba bien delimitado, y a ello se podía añadir algún bootleg pirata de mejor o peor calidad de sonido. Me llevó bastante tiempo esa tarea desde mi bautismo en el universo Young, buscando aquí y allá hasta cerrar el círculo. Pero luego el propio músico decidió ir entregando con notable frecuencia grabaciones guardadas y protegidas, un archivo vasto que sigue goteando.
Lo último que acaba de desvelar es Oceanside Countryside, una decena de versiones de canciones grabadas en sus álbumes de finales de los setenta con apenas variaciones respecto a las originales. Es de lo menos interesante de ese legado escondido e interminable de Young, aunque pertenece a una de las etapas más productivas y brillantes, con álbumes como Rust never sleeps o Comes a time. Esta última selección recuperada me devuelve a uno de sus discos que pasó más desapercibido, escaso de valor y relevancia y previo al comienzo de otra fase más osada e irregular, por no decir frustrante. Me refiero a Hawks and doves (1980).
El álbum pasó por mis manos en formato vinilo cuando estaba por la labor completista de discografía, aunque la copia que poseo tiene una pegatina que indica que es un disco publicado "¡por primera vez en CD!". Los Crazy Horse se bajan del barco y se suben leales colaboradores de Young como Tim Drummond al bajo y Ben Keith en la steel guitar. En solo media hora, Neil Young recupera canciones compuestas cinco y seis años antes y compone otras nuevas que juntas dan sentido a un disco de country oscuro y atípico, inconformista y cambiante como su autor, con el extenso tema The old homestead como ejemplo de su inquietante atmósfera.
jueves, marzo 06, 2025
BONUS TRACK 305: I SHOULD COCO (SUPERGRASS)
Con algunos discos nos desplazamos por los pliegues del tiempo, retrocediendo a cuando sus canciones fueron parte de la banda sonora de una etapa significativa de nuestra vida. Supergrass fueron en su despegue "el sonido de la adolescencia" (tomo prestado el entrecomillado), aunque en realidad ya habíamos dejado atrás aquella edad en la mitad de los años universitarios. También le sentaba bien a aquellos días la energía contagiosa del trío de Oxford, un nervio incontenible que hacía que las canciones de su disco de debut, I should Coco (1995), oscilasen entre el descontrol punk y la artesanía pop. Alright quedará para siempre como la melodía del bienestar juvenil, el de las mañanas de pletórico despertar con ganas de compartir la felicidad con el mundo. Había furiosos temas que compensaban otras delicias más moderadas, como las deliciosas Time y She's so loose. A aquel primer álbum de Supergrass siguieron cinco episodios más; la racha se cortó en 2008, aunque la travesía en solitario de Gaz Coombes regaló otras entregas satisfactorias. Coco nos queda aún como el lejano eco de la adolescencia.
miércoles, marzo 05, 2025
SOUNDTRACK 288: LA NADA FIABLE GARANTÍA DEL OSCAR
Dejé de seguir la noche de los Oscars hace años, quizá cuando mis favoritas se quedaban sin el gran premio. Pero no dejé de ver las películas, las que ganaban y las que más me interesaban entre las que no lo hacían. Mi opinión vale poco, de cine entendemos tan poco como de fútbol o de política. Nos guiamos por lo que nos gusta y lo que no, más allá de sus virtudes argumentales y técnicas. Y a mí lo que ha ganado en los últimos años me gusta bastante poco o nada.
Me voy a 2016 para aplaudir indudablemente Spotlight; a partir de ese año las películas ganadoras me llevan desde la indiferencia (Moonlight, Nomadland) al tedio (Oppenheimer, Parásitos), van del disparate (Todo a la vez en todas partes) a la estupidez (Anora). Incluso las obras decentes caen en el olvido (La forma del agua, Green book). De cine, con miles de películas a nuestras espaldas, sabemos lo justo y necesario.
martes, marzo 04, 2025
SOUNDTRACK 287: UN COMPLETO DESCONOCIDO
El dylanismo puede darse por satisfecho, me atrevo a decir. Este creyente lo está. Porque, entre otras razones, no queremos que se nos desvele a Bob Dylan más de lo que él ha permitido y nosotros ya sabíamos. Conozcámoslo, pero con tal de que al final de la sesión siga siendo un completo desconocido. Con el mito intacto.
Vemos a un Dylan transparente explotando su misterio, no a un actor metido en su cuerpo y en su cerebro. Dylan y su desgana, su inspiración, su hartazgo, la manera de fumar, quitarse las gafas o subir a la moto. Pete Seeger orgulloso de haberlo descubierto, preocupado por el temor a perderlo. Joan Baez atrapada entre la admiración y el desprecio.
Aquel tiempo en el que llegó, un extraño en la ciudad, un mundo convulso, una crisis, una paranoia, la gasolina para los cantantes que protestaban, para la audiencia que escuchaba. Una guitarra en la que bailan los dedos, la canción para un moribundo, una voz que va más allá, que cruza la piel. Una chica a la que conquistar, una mujer que se pierde.
Sí, hay un par de hechos que no encajan: ella no se marchó en el ferry después de verlos cantar juntos en Newport, cuando comprendió que ya lo había perdido, que nunca lo tendría. Y no fue en Newport cuando el público gritó Judas y él no lo creyó, justo en el momento en que pidió tocar más alto que nunca. Pero fue allí, en ese momento, cuando al enchufar la guitarra y cabrear a quienes le escuchaban, cuando se convirtió para siempre en un dios.
jueves, febrero 27, 2025
SOUNDTRACK 286: POPEYE
¿Qué pasa con Gene Hackman?, me pregunté hace unos años. La respuesta me llevó a su retiro: desde 2004 no protagonizaba una película. A los 74 años dijo 'el cine se acabó'. En los ochenta y en los noventa llegó a protagonizar tres o cuatro filmes por año, y su carrera recoge más de cien créditos entre cine y televisión. No hace mucho vi una fotografía suya actual, una de esas imágenes furtivas que alguien roba a un famoso desaparecido cuando se lo cruza por la calle o lo ve a lo lejos saliendo de una tienda. No reconocí al actor: encogido, esquelético, irreconocible... la tristeza de la vejez extrema en el umbral de la línea de meta. Esa tristeza alcanza la brutalidad cuando hoy nos enteramos de que Gene Hackman y su esposa han sido hallados sin vida en su domicilio junto a su mascota también muerta. En el silencio de la soledad, en el desamparo de la enfermedad.
Incluso en sus peores películas él sobresalía con un gesto, con una ironía, una mirada, una pose. Podía ser bruto y encantador, cínico y simpático, entrañable y desagradable. Piensen en otro actor como él, de antes o de ahora; difícil dar con uno igual. Repaso la lista de sus películas y las he visto casi todas. Siempre estaba bien, en algunas sensacional. Algunos de sus personajes lo inmortalizan, le sobreviven hasta la eternidad como hitos de la pantalla; puede que muchos estemos de acuerdo en cuáles. Yo nunca lo olvidaré por su Harry Caul de La conversación; su Anderson de Arde Mississippi, Little Big Daggett de Sin perdón; y, sobre todo, Popeye Doyle de The French Connection.
lunes, febrero 24, 2025
VOLUNE ONE 685: THE LAND WE KNEW THE BEST (CHRIS ECKMAN)
Las emociones que desprende un disco a través de la imagen de su portada no siempre acompañan con su escucha. La obra de Chris Eckman en solitario sí consigue esa sintonía: la música que te sugiere la fotografía principal de sus álbumes cuadra con lo que escuchas: una paz general alterada por algún ajetreo oculto en la distancia, aislamiento, reposo. Coged su última muestra, The land we knew the best (Glitterhouse Records, 2025). La cinemascópica imagen de una cabaña solitaria entre los troncos apilados delante y la profundidad de un bosque que se hunde en un valle guarda un disco de temblorosa belleza, probablemente el mejor de su carrera: un nuevo acto de fe para quien admira a este músico superlativo al que una vez, ya lejos, conocimos en los Walkabouts.
Precioso álbum el de esta tierra que parecemos conocer tan bien. Esa imagen frontal es un paisaje de Eslovenia, donde reside desde hace años Chris, donde se rodea de músicos de la capital para su música más privada, que llega como un susurro y se queda como un escalofrío. Tiene una sabia profundidad este trabajo, emerge con solo escuchar cómo flotan o hierven Genevieve, Buttercup o Laments, con solo dejar que Chris Eckman lo abarque todo con la voz de la experiencia.
Nota: 9/10
jueves, febrero 20, 2025
VOLUME TWO 130: DEACON BLUE
Hace unos años me sorprendí a mí mismo en una discoteca poco acorde con mi edad y mis gustos, aunque había una razón de peso para estar allí: enfrente tenía a los Deacon Blue. Solo con mencionar a esta banda se me enciende una sonrisa; y la nostalgia de aquellos días en los que la música nos acompañaba de otra manera, cuando nos entregábamos a ella de un modo más... puro y emocional. Algunas de sus canciones aún siguen haciéndome cosquillas en la nuca. Acabo de reescuchar su colección de éxitos con temas inéditos Our town, un lanzamiento de hace treinta años, y sigo recreándome en la admiración por este grupo.
Cierto, Deacon Blue no serán recordados entre los más relevantes formaciones de la música británica (no es necesario), pero el éxito que tuvieron al comienzo de su carrera y la modestia y la autenticidad con la que han vivido de la música los hace ejemplares. Cuando aparecieron a mediados de los ochenta aportaron algo de brillo y limpieza a un música en el Reino Unido que se dispersaba en distintas direcciones, algunas erráticas; también se abrazaron a un impulso de controlada épica que hacía músculo con pop, folk y soul. Los primeros álbumes, los fantásticos Raintown y When the world knows your name, los convirtieron en superventas, admiradísimos por el público, bien tratados por la prensa.
Y aunque la banda se separó una temporada en los noventa, volvió a encontrarse para grabar cada cierto tiempo, nada que alcanzase la inocencia prometedora con que había nacido, pero sí trabajos dignos aunque no tuvieran mucho eco y que les permitiesen seguir girando para satisfacción de una audiencia que se deleitaba en los tiempos más jóvenes. Ricky Ross escribió para otros y grabó para sí mismo, siempre acompañado por Lorraine McIntosh. Aquella noche llegaron a mi ciudad, y a mí se me puso la piel de gallina cuando cantaban aquello de "This is my country, and these are my reasons".