Pero no bien supo que se trataba de un pretendiente, prorrumpió a llorar con tal violencia, que cetro y globo le cayeron al suelo y hubo de secarse los ojos con la
bata de dormir.
Hans Christian Andersen
Diego Centeno Vino al Perú, dos años después del asesinato de Atahual- pa, en la exi edición de Pedro Al varado; y Pizarro le dispensó dedc el primer día su poderoso amparo. Por eso, en las bata- llas de Salinas y de Chupas, lo hallamos combatiendo biza- rramente contra los almagristas.
No hago cuestión bata- llona del modernismo en boga con sus ramas de parnasianos, decadentes, simbolistas, etc., etc., por mucho que el modernis- mo no sea ángel de mi coro.
Una mujer joven, en bata de merino azul adornada con tres volantes, vino a la puerta a recibir al señor Bovary y le llevó a la cocina, donde ardía un buen fuego, a cuyo alrededor, en ollitas de tamaño desigual, hervía el almuerzo de los jornaleros.
Emma, vestida con una bata de bombasí(1), apoyaba su moño en el respaldo del viejo sillón; el papel amarillo de la pared hacía como un fondo de oro detrás de ella; y su cabeza descubierta se reflejaba en el espejo con la raya Blanca al medio y la punta de sus orejas que sobresalían bajo sus bandós.
-gritó el anciano Rey al llamar Juan a la puerta. La abrió el mozo, y el Soberano salió a recibirlo, en
bata de noche y zapatillas bordadas.
Hans Christian Andersen
¡Y bien que le vinieron al mozo! Se marchó en volandas, se compró una nueva
bata y se fue al bosque, donde se puso a componer un cuento.
Hans Christian Andersen
3º.- Esta Ley entrará en vigor a partir de la fecha de su publicación en el Boletín Oficial del Estado. Dado en Bata, a dieciocho de Octubre de mil novecientos setenta y uno.
En el trabajo, su labor principiaba por colocarse una deteriorada
bata, coger un plumero y empezar a sacudir los abundantes armatostes de los despachos.
Antonio Domínguez Hidalgo
El balance de las principales riquezas adquiridas por Alemania en Checoeslovaquia es considerable: 500 millones de coronas oro; las fábricas Skoda de material de guerra, las más grandes después de las de Krupp, con 42,000 obreros; la fábrica de calzado Bata...
En la angustia del esfuerzo me encontré con los ojos casi pegados al respaldo de su sillón; y el barniz oscuro y la esterilla llena de agujeritos, como los de un panal, me hicieron acordar de una peluquería a la que me llevaba mi abuelo cuando yo tenía seis años. Pero estos agujeros estaban llenos de bata blanca y de la gordura de la señora Margarita.
Entre tanto la pobre condesa, encerrada en su gabinete y mostrando en su rostro hermosísimo el estupor y la angustia que le causaba aquella desgracia, seguía con ojos húmedos todos los movimientos de su doncella, que registraba los armarios de roble buscando una bata negra, completamente lisa y propia a las necesidades del momento.