Nosotros que nos reconocemos tus súbditos sentimos el rigor de tus armas, y tus débiles brazos se detienen ante el que te ofrece resistencia. ¿Qué ganas con embotar tus finos dardos en mis huesos descarnados, ya que el amor me ha reducido a los huesos?
No hay en nuestro país una influencia más poderosa para envenenar la imaginación, destruir las impresiones religiosas y embotar el gusto por los placeres tranquilos y las sobrias realidades de la vida, que los entretenimientos teatrales.
Ahí he dejado a esos amigos que creen vivir pretendiendo embotar en burlas y en sátiras amarguísimas o en sueños de una suspirada ventura, la espina fiera que todo nacido lleva en sus entrañas.
¿Sentíase vencido en su poderío de déspota? ¿Humillado en su arte de atemorizar corazones y embotar ánimos? ¿Frustrado en sus esperanzas y afrentado en sus previsiones?
"Necesaria como pudo haber sido la sumisión de la humanidad a la autoridad sacerdotal en el curso de la evolución humana, era la forma de tutela que, de entre todas, era la más calculada para embotar y entumecer las facultades afectadas por ella, y el colapso del eclesiasticismo preparó de inmediato el camino a un interés entusiasta en los grandes problemas de la naturaleza humana y su destino, que apenas habrían sido concebibles por los respetables eclesiásticos de sus tiempos, quienes con penosos esfuerzos y pequeños resultados intentaron que sus rebaños tomaran consciencia de los asuntos espirituales.
Yo observo que los diarios dedican algunas de sus columnas especialmente a la política o al gobierno sin mayores dificultades, y esto los salva; pero como yo amo la literatura y en algún grado también la verdad, no leo estas columnas por ningún motivo ya que no quiero
embotar mi sentido de la justicia.
Henry David Thoreau
Que no se me tache de innovador peligroso; que no se diga que hay riesgo en embotar, como quizá hagan estos escritos, el remordimiento en el alma de los malhechores; que mayor mal hay en aumentar, mediante la suavidad de mi moral, la inclinación que esos mismos malhechores tienen hacia el crimen: afirmo aquí formalmente no tener ninguna de esas miras perversas; expongo ideas que desde la edad de razón se han identificado conmigo y a las que el infame despotismo de los tiranos se ha opuesto durante tantos siglos.
Ellos, entretanto, se dejan embotar, y es cosa extraordinaria la naturaleza de estos hombres, que tanto aman la inercia, como aborrecen el reposo.