sábado, 5 de abril de 2025

PASTIERRA SALADA PARA SEMANA SANTA

 

PASTIERRA SALADA

PARA SEMANA SANTA

Ingredientes

300 gr de harina

170 gr de mantequilla

3 Huevos

2 Cucharadas de agua

500 gr de queso ricotta

150 gr de queso provola en dados

50 gr de salami

50 gr de jamón cocido

50 gr de beicon

250 gr de maíz cocido

100 ml de leche

Sal al gusto

Pimienta negra recién molida al gusto

Elaboración

Preparamos la masa: mezclamos rápidamente la harina a mano o con una batidora con 150 gr de mantequilla en trozos pequeños, una pizca de sal, un huevo y agua. Formamos una esfera y dejamos reposar en el frigorífico envuelta en papel film.

Mientras tanto, vierte el trigo en una cacerola junto con la leche y la mantequilla.

Cocinamos a fuego medio hasta que se haya absorbido toda la leche, dejamos enfriar...

En un bol grande, mezclamos la ricotta con el trigo frio, los huevos, la sal, y la  pimienta negra recién molida al gusto, los embutidos seleccionados y el queso. Amasamos todo muy bien para que se integren bien todos los ingredientes.

Estiramos la masa quebrada que teníamos guardada en el frigorífico y forramos con ella un molde desmoldable de 24-26 centímetros de diámetro, dejando reservado un poco de masa para las tiras decorativas. Distribuimos bien el relleno y nivelamos.

Cruzamos las tiras en la superficie sobre el relleno, como si formáramos una rejilla. Metemos en horno previamente calentado a 180º, y lo horneamos durante una hora aproximadamente.

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Sacamos, dejamos atemperar, y desmoldamos con cuidado.

¡Buen provecho!

Variante de la pastierra salada

Puedes personalizar el relleno de la pastierra salada, sustituyendo las carnes y quesos por los ingredientes que más te gusten, intentando respetar las cantidades indicadas. Puedes elegir aceitunas, verduras como el calabacín, zanahorias o guisantes y los embutidos y quesos sobrantes en el frigorífico, como siempre digo la “cocina es un mundo libre”

viernes, 4 de abril de 2025

cheesecake de salmón con dos perejiles

 

CHEESECAKE DE SALMÓN CON DOS PEREJILES

Ingredientes

100 gr de galletas normales

50 gr de mantequilla

200 gr de salmón ahumado

700 gr de requesón

3 Hojas de gelatina

½ manojo de perejil de hoja plana

½ manojo de perejil rizado

1 Cucharada de zumo de limón

Sal

Pimienta negra recién molida

 

Elaboración

Forramos el interior de un molde redondo para tartas desmoldable con papel film.

En un bol, trituramos las galletas finamente, agregamos la mantequilla ablandada, amasamos con los dedos, hasta que estén bien integrados los dos ingredientes.

Cubrimos el fondo del molde con la masa  de galletas y metemos en el frigorífico.

Ponemos una hoja de gelatina en un recipiente con agua fría.

Mezclamos el salmón, el jugo de limón y 250 gr de requesón, añadimos sal si fuese necesario.

Vertemos en una cacerola y calentamos suavemente, incorporamos la hoja de gelatina mientras batimos, manualmente.

Cuando la crema de salmón este tibia, vertemos en el molde y guardamos en la nevera.

Colocamos las otras 2 hojas de gelatina en un recipiente con agua fría.

Picamos finamente los dos perejiles y mezclamos con el resto del requesón, condimentamos con sal y pimienta negra recién molida, mezclamos bien para integrar los ingredientes en la masa.

Vertemos en una cacerola y calentamos suavemente.

Incorporamos la gelatina bien escurrida con una varilla.

Dejamos enfriar y vertemos sobre la crema de salmón y luego metemos en el frigorífico por la noche.

Al día siguiente desmoldamos y quitamos el papel film.

¡Buen provecho!

jueves, 3 de abril de 2025

ALBONDIGAS DE BONITO EN SALSA DE TOMATE

 

ALBONDIGAS DE BONITO EN SALSA DE TOMATE

Esta exquisita receta de albóndigas de bonito es ideal y sobre todo el mojete con pan de la salsa de tomate. Si no podéis conseguir bonito, podéis utilizar atún rojo. El Secreto es no hervir la salsa al cocinar las albóndigas de bonito o se secaran. Mi consejo para un buen resultado de la salsa es añadir un pimiento rojo recién asado a la salsa de tomate, bien triturado con la salsa de tomate, lo que hace resaltar el color y el sabor de la salsa de tomate.

 

Ingredientes

1 K de bonito fresco, limpio, sin piel ni espinas

1 Cebolla, picada finamente y rehogada 5 minutos en una sartén con un chorrito de aceite.

2 Cucharadas de perejil, finamente picado

1 Trozo de pan (migas) remojado en leche

1Huevo

Sal al gusto

Harina para rebozar las albóndigas

Aceite de oliva para freír

Para la salsa de tomate:

4 Cucharadas de aceite de oliva

1 Cebolla grande, muy picada

1 Diente de ajo pelado y picado finamente

1 Pimiento verde, bien limpio de semillas y pedúnculo, rotado en rodajas finas.

1 Pimiento rojo grande, cortado a lo largo por las mitas, sin semillas

100 ml de vino blanco seco

1 K de tomates maduros, picados en trozos grandes

Una pizca de azúcar glas

Sal al gusto

 

Elaboración:

Comenzamos haciendo las albóndigas de bonito: En  el vaso de la trituradora, agregamos el bonito cortado en trozos pequeños y trituramos hasta obtener una masa de pescado picado.

Colocamos en un bol grande y mezclamos con la cebolla rehogada, el perejil picado, el huevo, la masa de pan remojada en leche, el ajo picado y sazonamos con sal. Mezclamos muy bien con nuestras manos o con una cuchara hasta que todos los ingredientes estén bien integrados y formen una masa homogénea.

Formamos albóndigas del tamaño de una pelota de golf. Dejamos reposar en el frigorífico sobre un plato humedecido con aceite, por unos 30 minutos.

Para la salsa de tomate: ponemos una sartén mediana a fuego lento, con el aceite y añadimos la cebolla, el ajo y el pimiento verde picado y dejamos rehogar unos 10 minutos hasta que estén tiernos. Añadimos el vino blanco seco y dejamos reducir a la mitad. Incorporamos los tomates picados y dejamos cocer a fuego lento durante 30 minutos, removiendo de vez en cuando. Añadimos una pizca de azúcar glas para equilibrar la acidez de los tomates y rectificamos de sal.

Mientras  se cocina la salsa, precalentamos la parrilla del horno. Untamos con una cucharada de aceite de oliva las mitades del pimiento rojo y colocamos en el horno, hasta que la piel este completamente negra por todos lados. Retiramos del horno, cubrimos con papel de aluminio, y dejamos reposar unos 10 minutos pelamos los pimientos una vez atemperados, pelamos los pimientos, cortamos en tiras largas y finas y los añadimos a la salsa junto con el aceite y los jugos de la cocción del pimiento rojo.

Cocinamos la salsa durante 10 minutos más a fuego lento y pasamos por un molinillo o la trituradora, Pasamos la salsa a una cazuela baja, comprobamos el condimento y la mantenemos caliente.

Calentamos un poco de aceite en una sartén grande y freímos las albóndigas previamente enharinadas, hasta que estén ligeramente doradas por todos lados.

Agregamos las albóndigas de bonito a la rica salsa de tomate y cocinamos a fuego lento sin que hierva la salsa durante 2 minutos por cada lado.

Servimos caliente acompañados de la guarnición que más os guste.

¡Buen provecho!

JUGO ANDALUSÍ DE UVAS

 

JUGO ANDALUSÍ DE UVAS

A nuestros antepasados andalusíes debemos la introducción del azúcar, especias, frutas y flores, en forma de jaleas, mermeladas, refrescos, etc., que fueron recibiendo curiosos nombres de sabor oriental, como arropes (jarabe de mosto con trozos de frutas) del árabe rubb (zumo), jarabes y siropes del árabe sharab (bebida), o sorbetes (del mismo origen, también incorporado al turco).

Con el fin de recuperar las tradiciones saludables de las bebidas naturales y los refrescos caseros, hoy os ofrezco esta receta andalusí.

 

Ingredientes

Uvas

Limón natural

Canela

Agua de azahar (opcional)

 

Elaboración

Prensamos un par de buenos racimos de uvas y pasamos por un colador fino, le añadimos al zumo resultante un chorrito de zumo de limón, y lo aromatizamos con agua de azahar o con un poco de canela.

Servir frio.

¡Buen provecho!

miércoles, 2 de abril de 2025

PECHUGA DE PICHÓN CON BROCOLI Y REDUCCIÓN DE VERMUT ZECCHINI

 

PECHUGA DE PICHÓN CON BROCOLI Y REDUCCIÓN DE VERMUT ZECCHINI

Ingredientes

Para la pizza:

270 gr de masa fermentada

90 gr de café con leche

1 Pichón

10 lonchas de beicon

400 gr de flores de brócoli

Ralladura de 1 lima o limón

Para el acabado:

Salsa a base de reducción de VERMUT ZECCHINI

Elaboración

Deshuesamos el pichón y dejamos marinar durante 12 horas con la ralladura de la lima o limón, agujas de romero, sal y un chorrito de aceite de oliva.

Limpiamos el brócoli, lo blanqueamos en agua ligeramente salada y luego blanquearlo durante 2 minutos en agua con hielo.

En una bandeja de horno, colocamos el café con leche (flor di latte) sobre la base de la pizza y horneamos en horno previamente calentado a 250º, durante 5-6 minutos.

También ponemos la pechuga y las patas del pichón en el horno y las cocinamos durante ¾ partes del tiempo que tarda la pizza en cocerse. Mientras tanto, asamos las flores de brócoli en una plancha o sartén y condimentamos ligeramente con aceite picante y ralladura de lima o limón.

Una vez cocida la pizza en el horno, sacamos y dividimos en 8 gajos y colocamos sobre cada uno un poco de flor de brócoli y una loncha de pechuga de pichón o pata.


Completamos con un chorrito de salsa reducción de VERMUT ZECCHINI:

¡Buen provecho!

TORTAS RUSAS

 

TORTAS RUSAS

En esta receta, las tortas rusas las he acompañado de una guarnición de  zanahorias baby, aunque normalmente en casa las comemos con patatas fritas y  a veces mojada con  cada torta por el comensal con un poco de mayonesa, o la salsa que más os guste, como siempre digo “la cocina es un mundo libre”.

Ingredientes

800 gr de carne picada mixta cerdo-ternera

Perejil

Romero

Tomillo

1 Diente de ajo

4 Huevos

Harina de garbanzo o harina común

Panko

Salsa inglesa

100 gr de piñones (opcional)

300 gr de zanahorias baby

50 gr de miel

50 gr de mantequilla

Aceite de oliva

Sal

 

Elaboración

En un bol, ponemos la carne picada con las hierbas pueden ser frescas o secas de bote, dos huevos y un chorreón de salsa inglesa, mezclamos bien todo con nuestra manos, hasta que todos los ingredientes estén bien mezclados.

Una vez la masa de las tortas estén bies mezcladas e integradas, formamos bolas de unos 100 gramos (según gusto de cada uno), las aplastamos y formamos como unas hamburguesas pequeñas.

Las pasamos por harina, huevo batido y panko, procurando que el panko quede bien adherido a la torta apretándolo un poco con nuestras manos.

En una sartén con  abundante aceite de oliva vamos friendo las tortas rusas, procurando que se doren por ambos lados, las sacamos y ponemos sobre papel absorbente de cocina para quitar el exceso de aceite. Reservamos.

En una sartén al fuego ponemos  la mantequilla, y en ella doramos un poco las zanahorias baby, bien limpias anteriormente. Añadimos la miel, un poco de romero seco de bote y dejamos que reduzca.

Servimos en un plato los filetes rusos y como guarnición las zanahorias baby.

¡Buen provecho!

 

LAS NORIAS DEL SURESTE DE ESPAÑA

 

Las norias del Sureste de España

Artículo de Abdo Tounsi

El agua forma parte de todo ser vivo, y todos necesitan de ella para seguir viviendo, por lo tanto, es un bien de vida. A lo largo de la historia el hombre buscó las formas más ingeniosas para tener, mantener y consumir este bien; una de estas formas son las norias que ayudan a elevar el agua de una parte a otra, tanto para regar campos como para uso doméstico. En el Sureste de España y gracias a su introducción por los árabes venidos del Levante árabe, podemos apreciar la presencia de estos artilugios en muchas partes de esta zona.


Las norias del Sureste de España tienen sus orígenes en la época musulmana, cuando al-Ándalus florecía como centro de innovación agraria. Estas estructuras hidráulicas utilizaban la fuerza del río Segura y sus afluentes para elevar el agua, esencial para el riego de huertas en una región árida. Construidas principalmente de madera y barro, las norias eran ejemplos de la combinación de ingeniería avanzada y conocimiento local.

Son estructuras hidráulicas de gran importancia histórica y cultural, especialmente en las provincias de Alicante, Murcia y Almería. Estas construcciones se utilizan para elevar agua desde los ríos o acuíferos hacia terrenos agrícolas, y su uso se remonta a la época andalusí, cuando se desarrollaron técnicas avanzadas de riego en la península ibérica.
Las norias son grandes ruedas de madera que giran gracias a la corriente del agua. Están equipadas con cangilones o recipientes que se llenan de agua al sumergirse en el río y que, al girar, se vacían en acequias o canales destinados al riego. Este ingenioso sistema permitió transformar el paisaje árido del Sureste español en tierras productivas, facilitando el cultivo de cereales, hortalizas y frutas, lo que a su vez sustenta la economía local.

Existen diferentes tipos de norias según su tamaño y diseño. Las más grandes, conocidas como «norias de sangre», eran utilizadas para mover grandes volúmenes de agua y se les atribuía un gran valor visual y simbólico en los pueblos. En contraste, las norias más pequeñas solían estar diseñadas para usos domésticos o jardines.
Hoy en día, muchas de estas norias han sido declaradas Bien de Interés Cultural debido a su relevancia histórica y arquitectónica. Se han convertido en un atractivo turístico que permite a los visitantes conocer una parte esencial de la vida agrícola y rural de la región. Además, algunas de ellas aún están en funcionamiento y se utilizan para la agricultura sostenible.


Las norias del Sureste de España son un claro ejemplo de cómo las innovaciones tecnológicas de hace siglos han dejado una huella profunda en el paisaje y la cultura de una región. Al visitar estas norias, no solo se aprecia su singular belleza, sino también la historia de un pueblo que ha sabido adaptarse y prosperar en armonía con su entorno natural, apreciando la gloriosa época andalusí.

• Las norias son símbolos perdurables de la identidad cultural del Sureste español. Representan una era en la que la armonía entre tecnología y naturaleza permitió el desarrollo económico y social.
• Hoy en día, muchas de estas norias han sido restauradas y declaradas bienes de interés cultural, sirviendo como recordatorio de la herencia compartida y atracciones turísticas que educan sobre el pasado de la región.
• Estas estructuras continúan siendo estudiadas y valoradas por su ingenio práctico.
• Las norias atraen a turistas que buscan comprender esta parte del patrimonio.
• Los proyectos de restauración han permitido conservar su diseño original.
• Su conservación ha impulsado iniciativas locales de desarrollo sostenible.

Las norias del Sureste de España representan un fascinante capítulo en la historia de la ingeniería hidráulica y la cultura agrícola. Estas estructuras, que han sobrevivido a la modernidad, son un símbolo de la capacidad humana para adaptarse y resolver problemas en armonía con el entorno natural. A medida que avanzamos hacia un futuro donde la sostenibilidad y la conservación del agua son cada vez más cruciales, las norias no solo nos recuerdan nuestro pasado, sino que también ofrecen lecciones valiosas para el presente y el futuro. Preservarlas es asegurar la continuidad de una tradición que ha alimentado y sustentado a generaciones.

 

domingo, 30 de marzo de 2025

LITERATURA AGRONÓMICA ANDALUSÍ

 

LITERATURA AGRONÓMICA ANDALUSÍ.

(711-1492) Al-Andalus es el nombre con el que se conoció a todas aquellas tierras, gobernadas por musulmanes, que habían formado parte del reino visigodo: la península Ibérica, la Septimania francesa y las Islas Baleares.  Su zona este se denominó Xarq al-Andalus.

La llegada de los musulmanes a partir del s. VIII marca el comienzo de un nuevo y más profundo desarrollo agrícola en la Península Ibérica.  Testimonio de la importancia que se le daba a la agricultura es, por ejemplo, Abû l-Jayr, Kitäb al-filäha, pág. 19:

«la agricultura es una ciencia bien fundada, una gracia divina y una enorme recompensa»

y en ese mismo sentido se expresan los restantes agrónomos andalusíes.

Durante la Edad Media, hubo un florecimiento de la agricultura en Al-Andalus redactándose un conjunto de obras que recogieron el legado de los tratadistas clásicos y otros autores famosos que se preocuparon también por la Botánica y la Agricultura. A partir del siglo X los científicos andalusíes comienzan a hacer aportaciones originales a la ciencia, como Avempace (Ibn Baÿÿa), nacido en la capital de la Taifa de Saraqusta (hoy es Zaragoza); Avenzoar (Ibn Zuhr), nacido el año 1073 en la localidad de Peñaflor, cerca de Išbīliya (hoy Sevilla);  Averroes (Ibn Rushd), nacido el 1126 en Qurṭuba (actual Córdoba);  el geógrafo al-Bakri de Welba (Huelva), nacido en 1014 o el oftalmólogo al-Gafiqi (?-1166) nacido en Gafiq (Belalcázar) .


Una de las primeras medidas que adoptaron los musulmanes fue la recopilaron y traducción de gran cantidad de textos antiguos sobre agricultura -la mayoría orientales-, por ejemplo, la política unificadora y universalista del Califa Abderrahmán II, cuyo nombre honorífico era: al-Nasir Li-din (el que combate victoriosamente por la religión de Alá) atrajo numerosas embajadas extranjeras, que acudían a al-Andalus con el fin de pactar o negociar con él. Fue a través de una de ellas nos llegó un tratado que habría de permitir una extraordinaria evolución en el terreno de la ciencia: el libro de «Dioscórides», donde estaban recopiladas la mayor parte de las plantas conocidas y junto a su descripción, una detallada enumeración de sus propiedades farmacológicas y alimenticias. Y en el siglo X ya surgió «La escuela agronómica andalusí», en Qurṭuba (la actual Córdoba), capital del califato occidental.


En Córdoba confluyen una serie de elementos y circunstancias que fueron el embrión de la llamada “escuela agronómica andalusí”, definida por la figura de un maestro en torno a cuyo magisterio se agrupan una serie de discípulos que, además, forman una verdadera comunidad científica, compartiendo una unidad de criterios y de esquemas de pensamiento (García-Sánchez, 1994). El hecho más decisivo en el nacimiento de esta escuela agronómica fue la redacción, por ʻArīb b. Saʻīd, del Kitāb al-Anwā’ (s. X), conocido como Calendario de Córdoba, y fuente básica de los otros dos calendarios agrícolas andalusíes conocidos: Kitāb al-Anwāʼ wal-azmina del cordobés Ibn ʻĀṣim (ss. X-XI), y el anónimo Risāla fī awqāt al-sana (s. XIII).

De la escuela agronómica andalusí conocemos un buen número de obras que sentaron las bases teóricas y prácticas de la agricultura del momento y que, lejos de quedar olvidadas tras la conquista cristiana, tuvieron una importante proyección posterior tanto dentro como fuera de la Península Ibérica hasta, incluso, el siglo XIX y primeros del XX. Durante su gran auge, en los siglos XI-XII, se escribieron numerosos tratados de agricultura, plasmándose también las costumbres comerciales agrícolas en los tratados de «Hisba» (de usos y costumbres)».


Los tratados sobre agricultura eran muy completos, con un contenido y una estructura uniformes. Describen los distintos tipos de tierra y formas para modificarla, como nivelas las para que puedan ser regadas correctamente. Distintos tipos de agua y la conveniencia de uno u otros en función del tipo de tierra y vegetales que se regarán. Abonos según la época, la tierra o las plantas. Los vegetales los estudian por grupos: cereales, hortalizas, frutas, modo de siembra, abonado cultivo, injerto, poda, modo de eliminar plagas, recolección de cosechas y modo de guardar los productos. La importancia que cada uno tiene en la alimentación teniendo en cuenta sus cualidades, composición y sabor, así como sus propiedades curativas o efectos sobre el ser humano, dando incluso recetas culinarias y médicas.

Jardines, y casas de campo, con indicación de las plantas más adecuadas para ambos casos y dando normas para emplazarlas en la mejor situación, tanto las plantas como las edificaciones. Es frecuente que la parte final de cada obra esté dedicada a los animales domésticos, sus características, cuidados y aprovechamiento, contándose entre tales animales las abejas, como productoras de miel.



Una de las principales obras agrícolas andalusíes es El Tasrïf, además de un alto valor médico y quirúrgico, interesa en nuestro caso por ser fuente para autores de textos agrícolas posteriores y confirma que la agronomía andalusí tiene sus orígenes en la medicina y en la farmacología. Su autor, Abü-l-Qäsim ibn ‘Abbäs al-Zahräwi, conocido entre los latinos como Abulcais o Albucasis, fue un gran científico de renombre, sobre todo por su obra médica, de gran altura científica, en la que se ocupa de la anatomía, la patología, la higiene, la dietética, la cosmética, la farmacología y especialmente la cirugía.


También hemos de reseñar el Kitäb tafsïl al-azmän wa-masälih al-abdän, escrita alrededor del año 962, coincidiendo con la subida al trono de al-Hakam II, y obra de otro gran personaje, médico y político afamado, e hijo de un cristiano converso Abü-l-Hasan ‘Arïb ibn Sa`ïd al Ktïb¨al-Qurtubï al-Andalisï, conocido como ‘Arïb ibn Sa`ïd. Paradigma de las que vendrán luego englobadas bajo el nombre de Calendarios, fue el Kitäb al-anwä’, tradicionalmente conocido como el Calendario de Córdoba, donde se ofrecen datos de tipo astrológico, meteorológicos, médicos, agrícolas y veterinarios, todo ello ordenado por meses.



Probablemente redactado a finales del siglo X, por lo que sería el primero de los andalusíes, contamos con un texto agronómico anónimo titulado Kitäb fï tarïb al-giräsa wa-l-magrusät (Libro del ordenamiento de los tiempos de la plantación y de los plantíos). El tratado aparece dividido en diez capítulos en los que se habla principalmente de arboricultura, jardinería y horticultura, destinándose los tres últimos a prácticas diversas, a economía doméstica y a la tala de árboles.



En el siglo XI surgió en Sharq al-Andalus un nuevo género literario que describía con júbilo los jardines y frutos de la época. El género poético sobre jardines se conoció como rawdiyyat (de rawd, ‘jardines’ en árabe). En él se aludía a los jardines en general, pero existía otro género llamado ‘poema floral’, que se conocía en árabe como nawriyyat, y se refería específicamente a las flores.

Volviendo a la botámica y a los tratados sobre agricultura, Maymü ‘fi-l-filäha (Compendio de agricultura), es el resultado de los conocimientos médicos y botánicos de su autor, Ibn Wäfïd médico de la corte de Toledo y reputado botánico conocido como Abengëfit, Aben Nufit o Abencenif. En su compendio se tratan, a grandes rasgos, las siguientes materias: aguas, tierras y estiércoles, economía doméstica y normativas sobre elección de los trabajadores y encargados de las explotaciones agrarias. Tras ello vienen los capítulos relativos a cerealicultura, arboricultura y horticultura, para finalizar con un calendario agrícola y unos breves apartados de zootecnia. Esta obra gozó de una enorme difusión y renombre en la España cristiana, como lo demuestran las traducciones que de ella se hicieron a dos de las lenguas romances peninsulares -castellano y catalán-, y su posterior influencia en la principal obra agronómica del Renacimiento, la Agricultura General de Gabriel Alonso de Herrera, redactada en 1513.

Ibn Bassäl, de nombre Abü ‘Abd Al.läh Muhammad ibn Bassäl, puede ser considerado como el maestro de la escuela andalusí del siglo XI. Autor de Kitäb al-qasad wa-l-bayän (Libro del propósito y la demostración), aunque el texto que ha llegado hasta nosotros no abarca la totalidad de su obra, consta de 16 capítulos que se ocupan de los distintos tipos de aguas, de las tierras y sus propiedades, de los abonos y estiércoles, del conocimiento de las tierras por medio de la vegetación espontánea, de las plantas cultivables y sus cuidados, los árboles sus injertos su poda y tala, el cuidado de las plantas herbáceas, las especias, el regadío, los bulbos y las raíces, verduras, plantas aromáticas, noticias referentes a los pozos, los modos de cuidar la tierra para evitar las plagas, y la conservación de frutas y frutos secos. Su tratado también se tradujo al castellano medieval, posiblemente en tiempos de Alfonso X el Sabio.

No podemos olvidar al agrónomo y experto botánco Abü-l-Jayr también conocido por su su apelativo al-Šaŷŷār, “el arboricultor” o “el botánico”; autor del Kitäb al-filäha (Tratado de Agricultura), de un Calendario andalusí, del Kitäb al-nabät, y de la magnifica obra titulada ʽUmdat al-ṭabīb fī maʽrifat al-nabāt li-kull labīb (Libro base del médico para el conocimiento de la botánica por todo experto).  En ella, a modo de diccionario alfabético, van apareciendo las distintas plantas -medicinales o no- encabezadas por su nombre más conocido en árabe clásico. A continuación, se dan los siguientes datos: género al que la planta pertenece, con sus diferentes especies y variedades; descripción morfológica; sinónimos en otras lenguas (griego clásico, griego bizantino, latín, árabe, árabe vulgar de al-Andalus, beréber, persa, siríaco y lengua romance andalusí o `aŷamiyya, de la que se distinguen a veces varios dialectos como el gallego, el de la Frontera Superior, el franco, etc.); localización geográfica de la planta en cuestión y tipos de tierra en que se da, y usos o aplicaciones del vegetal, tanto de carácter farmacológico como industrial (combustible, cosmética, textil…) y doméstico (comestible o condimento).

El agrónomo Ibn Hayyäy, perteneció a una rama de la familia visigoda descendiente de Witiza que había emparentado con una familia de origen yemení, y fue el autor de al-Muqni `fil-filäha (Lo que basta saber en torno a la agricultura).

El granadino al-Tignarï, geópono, es el autor de Zuhrat al-bustän wa-nuzhat al-adhän (Esplendor del jardín y recreo de las mentes). Al-Tignarï, fue uno de los más destacados miembros de la escuela agronómica andalusí; de nombre Abü `Abd Allah Muhammad Ibn Mälik al-Mürri, era más conocido por su nisba geográfica, al-Tignari (de la alquería de Tignar en la Vega granadina), o por al-hayy al-Garnati;  es el agrónomo andalusí del que nos han llegado más datos biográficos, junto con el almeriense Ibn Luyün. Su tratado es uno de los más ordenados y sistemáticos, y en él se aúnan la teoría con la práctica vivida y experimentada. Del texto original, incompleto, sólo se ha conservado un manuscrito, aunque del resumen que se
hizo del mismo existen numerosas copias repartidas principalmente en bibliotecas del N. de África. Tras un extenso prólogo en el que se mezclan temas diversos, especialmente de reglamentación jurídica aplicada a la agricultura, siguen otros comunes a los de los restantes tratados. Destacan, por su extensión e interés, los dedicados a la vid y al olivo y, muy especialmente, al tema de los injertos, donde introduce cuestiones novedosas desde el punto de vista técnico y lingüístico. Además, posee un mayor interés por su especial concepto de la sistemática botánica, al agrupar las distintas especies de acuerdo con un sentido utilitarista y eminentemente práctico.

Ibn al-Awwän ó Abü Zaccaria (Aben Mohamed Ben Ahmed Ebn El Awam. Sevilla finales siglo XII y comienzos del siglo XIII) es el autor de origen andalusí que con más detalle escribió sobre agronomía en su Libro de Agricultura Kitäb al-filäha. Es el único de los tratados agronómicos andalusíes que ha llegado hasta nuestros días completo. Sobrevivió al incendio que tuvo lugar en la Biblioteca del Escorial en 1671 y que destruyó tantos otros manuscritos existentes en su colección hasta esa fecha. Kitāb al-Filāḥa es conocida en algunas fuentes posteriores también como al-Filaha al-andalusiya (Agricultura andalusí). Esta obra enciclopédica recoge todo el saber agrícola y zootécnico de su época, y fue fue traducida al castellano por Don Josef Antonio Banqueri, Prior-claustral de la Catedral de Tortosa, Individuo de la Real Biblioteca de S.M., y Académico de número de la Real Academia de la Historia. Madrid en la Imprenta Real, 1802. 

El brillante botánico Ibn al-Baytär, llamado el Dioscórides español por Menéndez Pelayo, ha sido el autor de diversas obras, pero solo citaremos su Kitäb al-yämi`li-mufradät al-adwiya wa-l-agdiya donde se refiere a unos 1.400 simples, contados entre vegetales, animales y minerales, cifra que rebasa bastante la de la Materia Médica tenida entonces y siempre como modelo.

Enlazado cronológicamente con él encontramos al más importante de los geóponos andalusíes, Abü Zakariyyä, conocido como Ibn al-`Awwäm, su enciclopedia de economía rural Kitäb al-Filäha, que fue, durante bastante tiempo, la única referencia sobre la agronomía hispanomusulmana. Este tratado agrícola dividido en 34 capítulos, recoge lo mejor de cuanto se había escrito antes por griegos y árabes, además de incluir muchas ideas propias. Esta obra es de tal calidad e interés que en el siglo XVII el ministro Campomanes la consideró útil y necesaria para la agricultura española de aquel tiempo y mandó al franciscano Josef Banqueri que la tradujera al castellano. Posteriormente se publicó, en dos volúmenes en 1802, y en 1988 el Ministro de Agricultura Pesca y Alimentación costeó la edición en facsímil. También existe una versión francesa que se llevó a cabo entre 1864 y 1867.

A la segunda mitad del siglo XIV pertenece el Poema Agrícola Kitäb ibdä `al-maläha wa-inhä`al-rayäha fi usül sinä`at al-filäha (Libro del principio de la belleza y fin de la sabiduría que trata de los fundamentos del arte de la agricultura). La obra está redactada en verso y en la Escuela de Estudios Árabes de Granada, se conservan 50 folios dobles de este manuscrito escrito en verso por el almeriense Ibn Luyün.

Escuela Agronómica Andalusi. Principales autores y obras agronómicas.

Siglo X

Al Zaharawi(?)(Abulcasis)

Médico cordobés. Posible autor de un Tratado de Agricultura (Carabaza, 1995)

Arib ben Said

Historiador, agrónomo, médico y veterinario cordobés. Autor del primer Calendario Agrícola (traducción Pellat, 1961)

Anónimo andalusí

Autor de un Tratado Andalusí de Agricultura (traducción de López López, 1990)

Siglo XI

Ibn Wafid

Médico y agrónomo toledano autor de Compendio de Agricultura (traduc. de Millas Vallicrosa,1943)

Ibn Hayyay

Sevillano, autor de la obra titulada Lo que basta saber sobre Agricultura (traduc. Carabaza, 1988; estudio de Bolens, 1981)

Ibn Bassal

Agrónomo toledano, autor de un Tratado de Agricultura (traduc. Millas Vallicrosa y Azitnan, 1955)

Abu l-Jayr

Sevillano, autor de un Tratado de Agricultura (traduc. Carabaza, 1991)

Al-Tignari

Granadino, autor de la obra titulada Esplendor del jardín y recreo de las mentes (estudio y traduc. García Sánchez, 1987, 1988)

Siglo XII

Ibn al-Awwam (Abu Zacarías)

Agrónomo sevillano, autor de su Tratado de Agricultura (traduc. de Banquerí, 1802; estudio Hernández Bermejo y García Sánchez, 1988)

Siglo XIV

Ibn Luyun

Granadino, autor de su Tratado de Agricultura (traduc. E Guaras, 1975)

Ver también UN TRATADO NAZARI SOBRE ALIMENTOS: AL-KALÃM `ALÀ L-AGDIYA de al-Arbülï, científico andalusí del siglo XV, originario probablemente de Arboleas,​ en la provincia de Almería.

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA:

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