Conquistada - Leslie Ann Miller
Conquistada - Leslie Ann Miller
Conquistada - Leslie Ann Miller
Traduccin: Atala
CONQUISTADA
de
Leslie Ann Miller
Traduccin: Atala
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Mientras siga viva, representa una amenaza. Tendr que ponerla a buen
recaudo. Se qued pensando un momento. La enviar al penal de la Isla del
Tiburn y la rodear de guardias de Atenas.
La matarn.
Tal vez, pero no tendr la preocupacin de que algn da puedan soltarla.
Era cierto. Si a Xena se le iba a permitir vivir, Alejandro tena que asegurarse de
que ningn traidor pudiera liberarla. Asent.
Alejandro se coloc ante m y me apret los hombros, mirndome a los ojos.
Gabrielle, hoy hemos logrado la victoria. Xena ha sido derrotada. El reinado de
Ares ha terminado. Maana entraremos triunfantes en Corinto y me coronar
emperador. Cuando el Partenn est restaurado, establecer mi capital en
Atenas. Me toc la mejilla. Xena ha sido conquistada, tal y como predijo tu
visin. Olvdate de ella ahora, puesto que s que no puedes perdonarla.
Tena razn. Era mejor olvidar y concentrarse en el futuro. Por fin, lo mir a los
ojos y sonre.
T tienes mucho que hacer, y yo... bueno, yo tengo mucho que escribir.
Traduccin: Atala
No quise aceptar las enormes riquezas que me ofreci el emperador, tan slo un
pequeo salario adecuado para una historiadora y poeta de la casa real.
Comparado con lo que haba tenido hasta entonces, era una vida de lujo. Tena
todo el pergamino que necesitaba y poda comprar tinta en lugar de fabricarla yo
misma. Tena medicinas que me aliviaban el dolor. Las riquezas excesivas que
me ofreca, le dije, estaran mejor empleadas ayudando a los pobres. Por fin,
acept, y se construy en mi honor un bao pblico en la zona pobre de Corinto.
An ms preciado para m era el tiempo que tena para reflejar mis palabras
sobre el papel. Durante la rebelin, siempre estaba el miedo, la huida, el
combate. Mientras que antes haba dedicado gran parte de mis esfuerzos a
escribir discursos y propaganda, ahora poda escribir las crnicas.
El problema era que no estaba satisfecha con ellas. La poeta que haba en m
estaba descontenta. Era mi retrato de Xena lo que ms me molestaba. Oh, no me
faltaba material para demostrar lo malvada que era, y presentaba un contraste
perfecto con Alejandro. Era la historia clsica del bien contra el mal, el cabello
dorado contra el cabello negro. Era fcil demostrar la locura de sus costumbres,
la forma en que la crueldad haba provocado su cada, la manera en que la
arrogancia no le sirvi de nada al final. Era un largo discurso sobre el triunfo de
la luz sobre la oscuridad.
Pero Homero, cuyo hroe era Aquiles, retrataba a Hctor, su enemigo, con
absoluta compasin. Lo cierto es que eso haca que la historia fuera mejor. Y
aunque yo no quera que el futuro se compadeciera de Xena, no crea que ningn
ser humano naciera tan malvado como haba llegado a ser ella. No consegua
explicar por qu era como era. No consegua explicar su crueldad, no consegua
explicar su odio. Haba construido un imperio para gobernarlo con un corazn de
hielo y, sin embargo, yo, que era poeta, no consegua explicar por qu.
Sin esa explicacin, mi historia estaba incompleta. Sin esa explicacin, la
historia de Alejandro estaba incompleta, pues su destino y el de Xena estaban
inextricablemente unidos.
Me di cuenta entonces de que por el bien de la historia, tendra que volver a
enfrentarme a la Destructora, para encontrar las respuestas a mis preguntas.
Alejandro, por supuesto, se opuso.
Necesito que reflejes mis actos como emperador!
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Ya tienes escribas que reflejan tus actos como emperador. Recogen tus
decisiones, tus nuevos cdigos de leyes. Recogern todo lo que necesites o
desees. Yo estoy contando la historia de la guerra, Alejandro, y no puedo hacerlo
sin averiguar la historia de ella.
Sigo sin comprender por qu.
Eso es porque eres guerrero, no poeta.
T eres mi conciencia.
Tienes tu propia conciencia y confo en ella con todo mi corazn.
Eres mi inspiracin.
La idea de seguir remediando las injusticias del reinado de Xena debera
inspirarte ms que yo.
Se ech a rer.
Te quiero.
Como a una hermana! Tu autntico amor es Hefestin, y no intentes negarlo.
Le estrech la mano. Ya s que esto no tiene ahora mucho sentido para ti.
Pero tengo que hacerlo, Alejandro. Estoy escribiendo la historia y tengo que
hacerlo para el futuro.
Me mir con seriedad.
Desde tu crucifixin, has seguido tu corazn con la certeza de una sabidura
que yo no comprendo. Ya s que dices que t misma no comprendes este don,
pero no me voy a interponer en tu camino. Si deseas ir, no te detendr. Pero
debes prometerme que no permitirs que ese monstruo te haga dao. No corras
el menor riesgo. Incluso en prisin, Xena es peligrosa.
Asent.
Lo s. Te lo prometo.
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Averig dos cosas importantes en el viaje a la Isla del Tiburn. En primer lugar,
averig que me mareaba fcilmente. No fue una revelacin agradable. En
segundo lugar, averig que aunque en tierra firme tena un equilibrio
extraordinario con mi nica pierna, al parecer no lo tena tan bueno en la
cubierta en perpetuo movimiento de un barco. Aunque haba maldecido a
menudo la necesidad de avanzar por terreno abrupto y montaoso con el
ejrcito, ahora daba gracias a los dioses por que Alejandro hubiera ganado su
guerra en tierra fundamentalmente. Apenas poda mantenerme en pie ni con la
ayuda de las muletas, y me pas la mayor parte del viaje a la isla vomitando en el
camarote del capitn.
A primera vista, la Isla del Tiburn pareca tan sombra como su propio nombre
indicaba, pero podra haber besado el suelo cuando llegamos. La alcaidesa del
penal se llamaba Talasa, y me recibi en el muelle con el capitn de la guardia,
un hombre de aspecto severo llamado Braxis. Me sorprend al ver que a Talasa le
faltaba un brazo, y sent una afinidad instantnea con ella cuando me sonri
clidamente.
Es un honor tener aqu a la poeta de Potedaia dijo. He mandado prepararte
unos aposentos especiales cerca de la cocina. Dan directamente al patio, de
modo que no hay escaleras, tal y como pidi el emperador.
Gracias dije agradecida. Alejandro no me haba dicho que haba solicitado
aposentos especiales para m en la isla, pero con lo enferma que me senta
todava por el viaje de venida, no me iba a quejar.
Al parecer, Talasa lo percibi en mi cara.
Tena planeado ensearte el penal, pero tal vez prefieres ir a tus habitaciones
a descansar? Debes de estar cansada del viaje.
Me temo que me he mareado muchsimo. Sonre.
Comprendo. Se volvi hacia el capitn. Encrgate de que lleven las cosas
de Gabrielle a sus habitaciones. Yo misma le mostrar el camino.
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guardaban. Haba unas sesenta personas estacionadas aqu, entre los soldados,
los cocineros, la alcaidesa y un sanador jubilado de Elis. Casi todos ellos eran de
Atenas.
A Xena nunca se le permita salir al patio infestado de malas hierbas. En
realidad, nunca se le permita salir de su celda. La celda misma estaba
construida de una forma especial. Era una jaula situada en el centro de una
estancia fra y oscura con una antorcha que daba luz al pie de las escaleras. El
suelo era de granito y los barrotes de su celda haban sido forjados por maestros
herreros de Chin. En los brazos llevaba grilletes y cadenas. Las cadenas estaban
sujetas a la pared y de ah pasaban a una manivela situada cerca de las
escaleras. Cuando era la hora de darle las dos comidas que reciba al da, dos
guardias se encargaban de la manivela, tirando de ella hasta el fondo de la jaula
para que no pudiera hacer dao al guardia que dejaba la comida a su alcance
fuera de los barrotes.
Dado que hasta los objetos ms vulgares se convertan en armas mortferas en
manos de Xena, no se le daban cubiertos. La comida se serva siempre en
rodajas de pan rancio o en cuencos de pan, y se le haca pasar hambre suficiente
para que se comiera el pan, en lugar de intentar guardarlo para usarlo contra un
guardia. Haba estado a punto de matar con una manzana a uno de los soldados
encargados de la manivela, por lo que ahora slo se le daba comida blanda, sin
huesos.
Se le daba agua tres veces al da por un agujero del techo que haba en un
rincn de su celda. El agua caa chorreando a travs de los barrotes y poda
usarla para beber, baarse o limpiar sus heces echndolas por la pequea rejilla
de hierro que serva como desage y que estaba debajo. Al menos hasta ahora, el
sistema pareca funcionar. Xena segua viva, no haba conseguido matar a
ningn guardia y no se haba escapado.
Tard dos das en hacer acopio de valor para ir a verla por primera vez. La
alcaidesa me dijo que le daban frecuentes ataques de ira rayanos en la locura.
Los guardias me dijeron que haba dejado de intentar matar a las ratas y que
ahora en cambio hablaba con ellas. Yo no saba qu esperar.
Quera ir sola, pero Talasa no quiso ni or hablar de ello.
Voy a ir contigo dijo, cogiendo un ltigo de la pared. Te voy a demostrar
cmo le enseamos a la gran Conquistadora la gravedad de sus faltas pasadas.
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Cuatro guardias nos escoltaron por la estrecha escalera, dos ellos con antorchas,
los otros dos armados con espadas y escudos. Los escudos, segn me dijo
Talasa, eran para protegernos en caso de que Xena encontrara algo que pudiera
tirarnos.
Los guardias armados entraron primero, con los escudos por delante. Los dos
guardias de las antorchas las colocaron en unos candelabros de pared al pie de
las escaleras. Luego se ocuparon de la manivela. O el ruido de las cadenas al
agitarse mientras daban vueltas a la manivela, pero los soldados que tena
delante me impedan ver a Xena.
Por fin o un gruido de dolor y Talasa dijo:
As est bien.
Los guardias de delante se apartaron y la alcaidesa se adelant, con el ltigo en
la mano.
Segu a Talasa y vi por primera vez a la infame Destructora de Naciones en su
nueva morada.
Xena estaba situada al fondo de su jaula por el tirn de los brazos encadenados.
Los tena estirados hacia atrs, hacia la pared, en un ngulo doloroso. Estaba
ojerosa, flaca y plida, y el odio de sus ojos al ver a Talasa acercarse era de lo
ms evidente.
Hola, Xena sonri la alcaidesa. Ha venido alguien para hablar contigo.
Sus ojos se posaron en m, pero si le sorprenda verme, no lo demostr.
Vaya, vaya, vaya dijo. Pero si es la pequea poeta de Alejandro. Qu, ha
decidido que hacerme torturar por una tullida pattica no era suficiente y por
eso ha enviado a otra?
Me qued petrificada ante las palabras de Xena, pero Talasa se enfureci. Dio la
vuelta a la jaula con una mueca de rabia hasta que estuvo cerca de los brazos
estirados de Xena.
Vas a pagar por eso, Xena dijo con frialdad, y descarg el ltigo cruelmente
sobre los brazos de la mujer.
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Xena hizo una mueca de dolor, pero no grit mientras Talasa le azotaba los
brazos sin piedad. Me qued mirando, curiosamente indiferente, mientras iban
apareciendo verdugones en su carne expuesta. Cont seis, siete latigazos antes
de que la alcaidesa se echara por fin hacia atrs. Se volvi hacia m.
Quieres probar, Gabrielle? sonri.
Pens que algn dios del Olimpo deba de haber escuchado mis plegarias y ahora
me ofreca la oportunidad de vengarme. Rode la jaula, me equilibr sobre las
muletas y cog el ltigo con una mano. Entonces, advert la sangre que goteaba
por el cuero trenzado. Tragu con dificultad.
Adelante me incit Xena. A ver cunto dao me haces.
Hubo momentos durante la guerra en que me vi obligada a defenderme. La
mayora de los soldados no se esperaban ser golpeados con una muleta, en
especial si la blanda una muchacha tullida de aspecto indefenso. De modo que a
lo largo de los aos, haba acabado derramando una buena cantidad de sangre,
haba fracturado una buena cantidad de crneos. Pero nunca haba matado a
nadie, y slo haba actuado por necesidad, normalmente para defenderme como
ltimo recurso. Desde luego, no era una guerrera.
Esto era distinto. Xena haba asesinado a centenares, tal vez miles de inocentes.
Haba arrasado ciudades enteras y me haba abandonado a morir en la cruz por
un crimen que ni siquiera haba cometido. El dolor de los verdugones que tena
en los brazos no era nada comparado con la agona de sentir los clavos
atravesndote la carne, de intentar sostener tu peso sobre unos pies empalados
y unas piernas rotas para poder seguir respirando un minuto ms. No eran nada
comparados con la angustia de estar atada a una cama y ver cmo te cortaban la
pierna por encima de la rodilla.
Alc el ltigo para golpear. Xena deba sufrir algo de dolor.
S susurr Talasa.
La excitacin y el deseo que rezumaba su voz fueron como una bofetada en la
cara. Si golpeaba a Xena ahora, indefensa como estaba, cruzara una lnea que
saba que no deba cruzar bajo ningn concepto, por mucho que lo deseara.
Alejandro haba decretado que el castigo de Xena fuera el encarcelamiento hasta
que reconociera que estaba conquistada. Su intencin no era que fuera
torturada. Esto no estaba bien.
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amarme a m, a una tullida, a un fenmeno de las palabras con una sola pierna?
Cuando el sanador me cort la pierna para detener el avance de la gangrena,
tambin me hizo un agujero en el corazn. Ansiaba tener a alguien, anhelaba a
mi media naranja. Pero era grotesca e incompleta, y nada, nada podra volver a
hacer que me sintiera entera.
A veces la verdad me dola ms que la crucifixin.
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A la maana siguiente volv a discutir con Talasa hasta que acept permitirme
ver a Xena a solas. Fui despus de que le hubieran dado la comida de la
maana. Baj cojeando por las escaleras hasta su celda y me sent en el
pequeo banco de piedra que los guardias haban colocado all para m, bien
lejos de su alcance. Me mir con despreocupacin, apoyada tranquilamente en
los barrotes ms cercanos. Sonri con sorna cuando me sent.
No esperaba que fueras a volver tan pronto sonri. Resulta que la tullidita
tiene cierto valor, despus de todo.
Suspir. La verdad dola, pero era lo que me haca ser quien era. Quise que Xena
supiera que haba llegado a aceptar mi sino. Si quera mi sufrimiento, se lo dara.
Quise morir en la cruz, por el dolor dije despacio, con franqueza. Pero el
sanador hizo que me recuperara. Cuando me cort la pierna a causa de la
gangrena, quise morir de nuevo, porque no soportaba la idea de vivir... de esta
forma. Pero viv, y aqu estoy. Lo que dijiste ayer era cierto, en su mayor parte, y
reconozco que me duele. Pero eso ya lo sabas, verdad? La gran seora
Conquistadora reducida a atormentar a una pobre poeta tullida. Espero que te
produzca satisfaccin.
Pues s.
Por qu? pregunt.
Pareci sorprenderse por la pregunta, pero se apresur a poner cara de fastidio y
desprecio.
Por qu no me dejas en paz?
Tantas ganas tienes de librarte de m? sonre. La alcaidesa me ha dicho
que cree que te vas a volver loca de aburrimiento. Y los guardias me han dicho
que hablas con tus amigas las ratas.
La alcaidesa es una necia y los guardias son unos idiotas.
No se te da bien juzgar el carcter de las personas, Xena.
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Traduccin: Atala
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Durante doce das ms, las cosas siguieron igual. Yo iba a su celda, ella me
insultaba y luego se quedaba callada. Entonces yo pasaba a hablar con su
espalda. Le habl del levantamiento de Persia y de lo rpidamente que haba sido
sofocado. Le cont quin haba sustituido a sus gobernadores provinciales. Le
cont todas las noticias que se me ocurrieron, pero cuando le habl de la
reconstruccin de Atenas y de las muchas otras ciudades que haba destruido en
la guerra, por fin se decidi a hablar.
Y Anfpolis? pregunt en voz baja.
Mmmm? Me haba interrumpido a media frase.
Est reconstruyendo Anfpolis? repiti enfadada.
S. Todas las ciudades que se quemaron durante la guerra.
Se qued en silencio.
Por qu lo preguntas? me pregunt.
Al principio pens que no iba a responder.
Tengo entendido que opuso mucha resistencia.
Cirene fue una buena dirigente.
Xena solt un resoplido.
Fue una necia por dirigirlos contra m.
Para ti todo el mundo es un necio, Xena. En mis pergaminos la llamo herona.
Qu ha sido de ella? pregunt Xena. La encerr en prisin. Sigue all? O
a tu precioso Alejandro se le ha ocurrido soltarla?
Senta mucha curiosidad por saber por qu Xena pareca tan interesada. Ella no
haba participado en el saqueo de Anfpolis. En aquel momento se encontraba en
el sitio de Atenas. No me pareca a m que la rebelin de un pequeo pueblo de
Peonia le hubiera preocupado mucho en aquel momento.
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Alejandro ha liberado a todos tus presos polticos, Xena, los pocos que dejaste
con vida. Cirene es libre.
Tal vez no fueron ms que imaginaciones mas, pero casi me pareci que se le
relajaban un poco los hombros cuando le dije eso. Tom nota mental para
localizar a Cirene cuando terminara aqu. Tal vez ella me pudiera decir por qu a
Xena le importaba Anfpolis.
Esa noche cen con Talasa en sus aposentos privados. Por las noches me haba
dedicado a entretener a los guardias con mis historias, de modo que agradec
mucho el cambio.
La comida era buena: al parecer Talasa le haba pedido al cocinero que nos
preparara una comida especial a base de pato y fruta fresca.
De dnde...? empec a preguntar, cuando nos sirvieron naranjas. Deban
de haberlas trado directamente de Chin!
Talasa sonri.
El emperador las envi ayer en el barco de suministros.
Me sonroj. Qu detalle por parte de Alejandro! Saba cunto me gustaban las
naranjas, y yo saba lo difciles que eran de conseguir, incluso para un
emperador.
Te quiere mucho, verdad? pregunt Talasa.
Asent.
Hemos pasado muchas cosas juntos.
Entonces por qu no te hace su emperatriz? pregunt, y luego se ruboriz
. O es una pregunta demasiado indiscreta?
Me ech a rer.
No, tranquila. Alejandro me quiere, pero su corazn pertenece a otra persona.
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En mi tono se
compasivamente.
deba
Traduccin: Atala
de
notar
cierta
tristeza,
porque
Talasa
sonri
Lo siento dijo.
Sacud la cabeza. No haba necesidad de caer ahora en la melancola.
No pasa nada. Siempre lo he sabido... incluso antes de... Me call, incapaz de
decirlo.
Antes de perder la pierna?
Asent y jugu con la comida que tena en el plato.
Talasa cogi una naranja y me la alarg.
Te importa pelrmela? pregunt, casi con timidez.
Levant la vista sorprendida. Por supuesto, ella no poda hacerlo con un solo
brazo.
Ser un placer. Se la cog y me puse a pelarla.
Talasa se ri por lo bajo al cabo de un momento.
Vaya par de tullidas.
Sus palabras reflejaban mis propios pensamientos. Part la naranja y le pas un
gajo.
Es curioso. Durante la guerra, haca todo lo que haca el ejrcito. Suba
montaas, luchaba en las batallas, acampaba en la nieve, combata incendios.
Bueno, haba cosas que no poda hacer... que no haca... como correr llevando
mensajes, sonre, pero participaba en todo. Yo no me senta particularmente
lisiada. De hecho, en algunos sentidos, me siento ms fuerte que nunca. Pero s
que otras personas no me ven as.
No aborreces esa expresin de lstima que se les pone en los ojos?
O peor, el miedo y el asco, como si por tocarte, se les fueran a caer a ellos las
extremidades.
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Traduccin: Atala
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Sonri.
Quieres ms vino? Yo me suelo beber dos vasos antes de acostarme. Parece
calmarme el dolor y as puedo dormir por la noche.
S, gracias. Yo hago lo mismo. Aunque tambin tengo unos medicamentos que
me ayudan en los das malos. Alejandro tiene un sanador de Chin que recibe
hierbas de Oriente. Quieres probarlas?
Por favor. En los das previos a una tormenta, casi no consigo tolerarlo.
Has probado con masajes?
La verdad es que no, todava me duele un poco.
Vamos, has terminado de comer? Deja que te lo ensee. Seal hacia su
cama, para poder sentarme a su lado, y pas a mostrarle las tcnicas de masaje
que me haba enseado el sanador.
Mmmmmmm suspir. Qu gusto da.
Incluso con una sola mano, si lo haces varias veces al da, conseguirs que
est menos sensible.
Gracias, Gabrielle dijo Talasa, cogindome la mano y estrechndomela.
No hay de qu sonre.
Me invit a quedarme ms rato, pero estaba cansada y decid despedirme.
Cuando me acost despus de tomar nota de los acontecimientos del da, an
senta la presin de la mano de Talasa sobre la ma. Era agradable, pens, antes
de quedarme dormida.
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Traduccin: Atala
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Slo llevaba una tnica corta hecha jirones. Levant las rodillas y se subi la
tnica por encima de las caderas.
Apart la mirada, avergonzada.
Xena se ri.
Eres virgen, verdad? Cuntos aos tenas cuando te hice crucificar?
Diecinueve? Veinte?
Diecisiete.
Se le estremeci la mejilla un momento con lo que cre que poda ser lstima...
pero no, la Destructora de Naciones no poda sentir remordimientos.
Chasque la lengua.
Diecisiete. Tan joven. Tan dulce. Seguro que los chicos beban los vientos por ti
en Potedaia.
No haba chicos en Potedaia. Casi todos fueron obligados a servir como
remeros en tu armada.
Ah, s, se me haba olvidado. Se masaje un pecho con una mano. No
haba chicos que dieran placer a la dulce Gabrielle. Qu desperdicio. Y luego en
Corinto. Qu hacas en Corinto, Gabrielle?
Intentaba encontrar a mi prometido, Prdicas.
Prometido? Un matrimonio acordado?
Asent.
Lo amabas?
Lo pens un momento y luego asent de nuevo.
Lo encontraste?
Muri encadenado a un remo de una trirreme en la Batalla de Krpatos.
Una muerte gloriosa, pues, en una batalla gloriosa.
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Traduccin: Atala
No veo nada de glorioso en ahogarse como esclavo, arrastrado al fondo del Mar
de Creta por tus cadenas.
Xena pareci irritarse al or esto, y por un momento tuve la esperanza de haber
conseguido distraerla de lo que estaba haciendo. Ya tendra que haberme
imaginado que no iba a ser as.
Y el nio bonito, Alejandro? Cundo lo conociste?
En Macedonia, de camino a Corinto.
Ah, y cuando llegasteis a Corinto, os unisteis a los traidores?
Sonre a mi pesar.
En realidad, no nos unimos al levantamiento hasta que me crucificaste. El
resto, como se suele decir, es historia.
Xena frunci los labios y se toc entre las piernas.
Es tu amante, Gabrielle? Es por eso por lo que te rescat?
Suspir. Esto era lo que me haba estado esperando, pero vaya si haba tardado
en ir al grano.
No, Xena, Alejandro nunca ha sido mi amante. Me rescat porque saba que
era inocente y aborrece la injusticia. Su corazn pertenece a Hefestin. Yo slo
soy su poeta e historiadora.
Xena se ech a rer.
Ah, sa s que es buena. Pobre Gabrielle. Y nadie te deseaba despus de que
perdieras la pierna, verdad? Ni siquiera los soldados desesperados del ejrcito,
estoy segura. No les gusta que les recuerden la falta de miembros... el miedo es
demasiado real para ellos.
Continu cuando se dio cuenta de que yo no iba a responder.
Alguna vez te has dado placer a ti misma, Gabrielle, imaginando que estabas
con otra persona? Su mano empez a moverse con mayor firmeza.
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Traduccin: Atala
Traduccin: Atala
Traduccin: Atala
Bueno, as que has tardado tres das en anotar debidamente nuestro ltimo
encuentro? dijo Xena con humor cuando por fin fui a verla otra vez.
S que me puse coloradsima, pero lo cierto era que no haba sido capaz de volver
a enfrentarme a ella al da siguiente.
No he venido a hablar de tu presente, Xena, slo de tu pasado.
Qu pena dijo crpticamente.
No supe qu decir a continuacin, pero decid intentar empezar de nuevo por el
principio.
Dnde naciste, Xena?
Pienso en ti en la oscuridad dijo.
Oh, no, otra vez no.
Pienso en cmo sera tocarte...
Me levant.
No me interesa or tus fantasas, Xena. Adis.
Ya haba llegado al pie de las escaleras cuando o que deca:
Espera.
Vacil.
Por favor dijo.
Por favor? Eso no tena que haberle resultado fcil de decir. Me di la vuelta.
Si te digo de dnde soy, te quedars a hablar conmigo un rato?
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Traduccin: Atala
Asent.
Soy de Corcira.
Corcira. Era una isla de buen tamao situada frente a la costa de Epiro en el
Mar Jnico. Era posible, supuse, pero haba algo en su aspecto que me hizo
desconfiar.
Quines eran tus padres? pregunt.
Ah, no dijo. El trato es que yo te digo de dnde soy y t hablas conmigo.
Qu noticias hay de Alejandro, el nio bonito?
El barco de suministros tardar todava un da en llegar. No he odo nada
nuevo.
Pues recita algn poema tuyo.
Muy bien acept, y volv al banco. ste se titula Mi musa.
Xena hizo una mueca cuando termin.
Qu clase de poema es se? No tiene forma, ni estructura. Ni siquiera rima!
Me re.
A Alejandro tampoco le gust. De hecho, todava no he encontrado a alguien
que le guste.
Pues rectame un poema que s le guste al nio bonito.
Suspir y me lanc a recitar mi largo poema sobre el nacimiento de Atenea y su
ascenso al poder en el Olimpo.
Cuando termin, Xena solt un resoplido.
El tema no me gusta mucho, pero me doy cuenta de que estaba bien hecho.
Eso ha sido un cumplido?
En realidad no eres de Corcira, verdad?
Apret los msculos de la mandbula y estrech los ojos.
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Traduccin: Atala
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Traduccin: Atala
Frunc el ceo. Ahora era evidente lo que estaba buscando. El bueno del capitn
senta algo por la alcaidesa. Por eso, sin duda, quera que me fuera. Tena celos.
Deba de haber captado el vnculo que nos una. Talasa era atentsima conmigo.
Incluso ahora, vena hacia mi mesa.
Termin de desayunar a toda prisa, un poco nerviosa por lo que haba
descubierto. No quera enfrentarme a Braxis, y aunque valoraba mi creciente
amistad con Talasa, no estaba en absoluto interesada en ella de esa forma.
No?
Tan pronto te vas? pregunt Talasa, evidentemente decepcionada al ver que
me levantaba cuando ella se acercaba.
S, lo siento dije, alcanzando mis muletas. Tengo mucho que escribir y
quiero terminarlo hoy.
No vas a visitar a Xena?
No, hoy no. Probablemente no ir hasta dentro un par de das.
Talasa y Braxis intercambiaron una mirada que no comprend, pero no me
ofrecieron ninguna explicacin.
Yo me ocupo de tus platos, seora dijo Braxis cortsmente.
Gracias dije, y me fui del bullicioso comedor en busca de la tranquilidad de
mi habitacin privada.
Tres das despus decid volver a visitar a Xena. Estaba sentada apticamente en
el rincn de su jaula junto al desage y no levant la vista cuando me sent. Me
qued horrorizada por su aspecto. Tena vvidas marcas de latigazos en los
brazos y el cuello y manchas de sangre en la tnica. Al parecer, Talasa la haba
castigado de nuevo y pareca... rota.
Record la mirada que haban intercambiado la alcaidesa y el capitn cuando les
dije que no tena intencin de visitar a Xena en un par de das. Llegu a la
conclusin de que haban planeado hacer esto juntos y por algn motivo eso me
puso furiosa.
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Traduccin: Atala
Traduccin: Atala
Traduccin: Atala
Asent.
Y causando el caos en toda Grecia aad. Xena?
S?
De verdad eres de Anfpolis?
S.
Quines eran tus padres?
Sonri con irona.
Vuelve maana, Gabrielle, y te lo dir.
Lo har promet.
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Traduccin: Atala
No me haba golpeado, pero fue como si lo hubiera hecho. Baj las manos y me
di la vuelta para marcharme, muy dolida.
Gabrielle... empez a decir Talasa cuando ya sala cojeando por la puerta.
No te disculpes, Talasa dije sin volverme. Prefiero saber cul es mi
situacin con la gente.
Espera...
Baj renqueando por las escaleras y volv a mi habitacin. No me sigui.
Me derrumb en la cama y me tap la cara con las manos. Estaba a la vez
furiosa y herida. Crea haber encontrado amistad y comprensin verdaderas en
la alcaidesa, pero no era as en absoluto. No, ella estaba amargada de una forma
que me daba tanto miedo como la fra crueldad de Xena.
Habra acabado yo as de no haber tenido aquella visin en la cruz? Si no
hubiera visto esa luz blanca y no hubiera recibido la profeca para contribuir a
guiarme en los momentos difciles, me habra arrastrado hasta una isla para
esconderme, avergonzada de que me viera el resto de la humanidad, llena de
rencor y resentimiento?
Supongo que Talasa me daba miedo porque en ella vea un reflejo de m misma:
un reflejo de lo que yo podra haber sido. Tom aliento profunda y
temblorosamente.
Qu iba a hacer ahora? Deba marcharme, como haba dicho ella, volver a mi
palacio y a mi criada y al calor de la amistad de Alejandro? O deba pedirle a
Alejandro que la sustituyera como alcaidesa envindole un mensaje en el
siguiente barco de suministros? O deba irme en el barco y hacerlo en persona?
O tal vez sera mejor quedarme a pesar de la hostilidad de la alcaidesa e
intentar terminar mi tarea?
Marcharme era sin duda la opcin ms atractiva. Poda marcharme sin mirar
atrs. Poda olvidarme de Talasa y de Xena y abandonarlas a las dos a su
horrible fealdad. Eran dignas la una de la otra. S, deba marcharme sin ms.
Que se pudrieran en esta roca dejada de la mano de los dioses hasta que a
Hades se le antojara reclamarlas.
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En algn momento, Xena se haba convertido en una persona real para m. Poda
odiar a la Conquistadora, a la bestia inhumana que me haba crucificado. Poda
odiar el mal y la injusticia personificados. Pero el cuerpo que tena delante no era
la Conquistadora ni la Destructora de Naciones. Era simplemente una mujer que
sufra. Y, desgraciadamente, eso haca que me importara. A pesar de ser
consciente de que probablemente estara ms feliz muerta, yo no poda dejar que
eso pasara. Tampoco sera capaz de ahogar gatitos!
Respir hondo. Para bien o para mal, esto era lo que tena que hacer. Termin de
limpiar y vendar las heridas de Xena, con cuidado de volver a poner todas las
cosas del sanador fuera de la celda cuando termin con ellas, y luego la abrigu
con las mantas.
Por fin, Talasa en persona baj tambalendose por las escaleras para dejarme
salir. No dijo nada al abrir la puerta de la celda.
Me levant haciendo un esfuerzo y salt hacia la puerta. Talasa se agach para
recoger mis muletas y me las pas.
Gracias dije, cogindolas.
Talasa cerr la puerta y ech la llave.
Podra haberte matado, sabes dijo sin mirarme.
Pues no lo ha hecho dije, encogindome de hombros.
Tantas ganas tienes de sacrificarte por ella? pregunt la alcaidesa,
disimulando apenas la amargura de su tono.
Yo estaba cansada y agotada emocionalmente y no tena la menor gana de tener
esta conversacin. Suspir con fuerza.
Escucha, no me estoy sacrificando por ella. No est en condiciones de hacerme
dao y por alguna razn, no creo que lo hiciera aunque pudiera.
Qu quieres decir?
Mene la cabeza.
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Esa noche el capitn Braxis se acerc a m cuando sala del comedor, y por su
expresin supe que fuera lo que fuese lo que quera de m, la cosa no iba a ser
agradable.
Buenas noches, capitn dije lo ms alegremente que pude al tiempo que me
armaba de valor por dentro. Qu puedo hacer por ti?
Me gustara hablar contigo, si tienes un momento.
Por supuesto. Lo mir, sonriendo expectante. Saba que mi sonrisa poda ser
bastante encantadora y era la nica arma que tena contra l en este momento.
Se frot la barbilla y mir a su alrededor nervioso. Trag.
Los guardias me han contado lo que ocurri ayer en la celda de Xena.
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Guardias! grit Talasa y fuera o unos pasos que empezaban a subir por las
escaleras de madera.
Parece que s. Ya haba forzado las cosas con los guardias y no caba duda de que
Talasa y Braxis los haban llamado al orden desde entonces. Lo cierto era que en
este sitio yo no tena la menor autoridad.
Ya me voy dije.
Llegaron los guardias y nos miraron a Talasa y a m con curiosidad.
Gabrielle est cansada dijo la alcaidesa. Aseguraos de que baja las
escaleras sin peligro.
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Talasa me toc suavemente un lado de la cara y luego me pas los dedos por el
pelo hasta la nuca. De repente, me ech la cabeza hacia delante y puso sus
labios directamente sobre los mos.
Mmmmmff! Me qued tan sorprendida al recibir mi primer beso que no supe
si deba disfrutarlo o enfurecerme. Intent apartarme, pero el fuerte brazo de
Talasa me sujetaba en el sitio y yo no quera soltar las muletas por temor a
perder el equilibrio.
Por fin, me solt, mirndome a los ojos con tal anhelo que me qued sin aliento.
De repente not el calor que despeda su cuerpo contra el mo, la agitacin de
sus pechos apretados contra los mos.
Me perteneces, Gabrielle susurr.
Eso acab con mi trance. Yo no perteneca a nadie. Sent que la rabia se iba
acumulando en mi interior. Cmo se atreva a besarme sin mi permiso?! Sin
pensarlo, le di una bofetada.
Se tambale y luego se enderez. Vi que la sorpresa de su rostro se transformaba
en una ira comparable a la ma. Antes de que me diera tiempo a reaccionar, me
empuj hacia atrs con todas sus fuerzas.
Perd las muletas y ca por las escaleras. Mi cuerpo estall de dolor al aterrizar
con fuerza y rod escaleras abajo. Me qued tirada al final, atontada, llena de
dolor en demasiadas partes, apenas consciente de que Talasa gritaba por encima
de m y del ruido de pisadas que corran hacia m.
Unas manos delicadas me dieron la vuelta y gem cuando el movimiento me
caus un dolor que me atraves la cabeza y la pierna.
La voz de Talasa penetr la neblina roja del dolor.
Llevadla a la celda de Xena y metedla ah!
Me obligu a abrir los ojos y vi la expresin horrorizada de los dos guardias que
estaban a mi lado.
Mi seora? pregunt uno de ellos.
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Que la llevis a la celda de Xena! le grit Talasa. Emple ese tono, el tono
que yo saba que obedeceran. Perd el conocimiento en el momento en que me
agarraban de los brazos para llevarme.
Primero, tuve conciencia del dolor, luego, la idea semicoherente de que me dola
la cabeza. Abr los ojos en la oscuridad. Dnde estaba? Pareca estar tumbada
boca arriba sobre un suelo duro y glido y me dola algo ms que la cabeza. La
pierna buena... me debat con un momento de pnico. Qu haba pasado? No lo
recordaba. Dnde estaba? Qu fro tena. Intent levantar la cabeza. Grave
error... mi estmago se rebel.
Tranquila dijo una voz en la oscuridad, dndome un susto de muerte.
Sonaron unas cadenas y una mano caliente me apret el hombro, sujetndome
para que no me moviera. No intentes levantarte.
Tena la boca seca como la lija y la lengua hinchada y rara, pero de todas formas
intent hablar.
Dnde...?
Silencio, luego por fin:
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Abr los ojos en la negrura, con la mente nublada de restos de sueos infelices.
Dnde estaba? Me dola la cabeza horriblemente.
Ay dije a falta de algo ms profundo.
Gabrielle? pregunt una voz a mi lado.
El recuerdo volvi de golpe. Talasa... las escaleras... Xena. Dioses, estaba
encerrada en la celda de Xena, no?
Xena?!
Mi pnico repentino debi de reflejarse en mi voz, porque Xena tard varios
segundos en responder.
Eso me temo. Recuerdas cmo has llegado aqu?
Talasa... los guardias... Cunto tiempo...?
Unos tres das.
Tres das! Llevaba tres das en la celda de Xena y segua viva? Alejandro deca a
menudo que los dioses amaban a los necios y a los poetas. Tal vez tuviera razn.
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Talasa?
No la he visto. Ni a su querido capitn.
Los guardias?
Panda de cobardes! Ni siquiera abren la puerta! Al menos han trado mantas
y algo ms de comida.
He comido? Como en respuesta, me rugi el estmago.
Xena se ri entre dientes.
Algo. Tambin te he guardado un poco, aunque no ha sido fcil. Puede que
Ares nunca me perdone.
Ares? pregunt confusa.
Oh, ah... una de mis ratas amaestradas. Pareca cohibida. Me hart de
matarlas y... bueno, en cambio empec a amaestrarlas. Les doy un poco de mi
comida todos los das.
Xena, Destructora de Naciones, compartiendo la comida con sus ratas
amaestradas. No pude evitarlo. Sonre.
Xena resopl.
Bien pattico, eh?
No, conmovedor! En serio.
Te ests burlando.
S...
Tras una larga pausa o que se rea por lo bajo y cambiaba de postura.
Gabrielle...
Xena... dije al mismo tiempo.
T primero dijo ella.
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Yo... mm...
Vaya, a que es una situacin incomodsima? Saba que Xena tena motivos ms
que suficientes para desear verme muerta y era evidente que haba tenido
oportunidades de sobra para hacer realidad ese deseo.
Gracias por no matarme me limit a decir. Todava. Pens que le deba algo
por eso, al menos.
Se qued en silencio durante un rato incmodamente largo.
Curiosamente dijo por fin, no tengo el menor deseo de hacerte dao,
Gabrielle.
Solt un suspiro de alivio. Pareca decir la verdad.
Me alegro.
Ms silencio.
Crees que puedes comer algo? pregunt por fin. Los guardias han dejado
un odre de agua lleno.
Agua primero, comida despus sonre.
Te voy a ayudar a incorporarte. No intentes ayudarme. No quiero que te apoyes
en la pierna en absoluto.
La pierna? Me dola sordamente, pero sobre todo la notaba adormecida.
Est rota.
Sent que me daba un desvanecimiento.
Oh, dioses...!
Xena me agarr por los hombros con firmeza cuando empec a debatirme.
Eh! Tranquilzate. Se va a curar. Te la he colocado bien y te he dormido los
nervios para que no puedas moverla. Mientras no muevas demasiado el cuerpo,
estar bien.
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Aydame susurr por fin a los dioses, a Xena, a la voz de la luz blanca. A
alguien, a cualquiera. Por favor, aydame.
Por qu tendra que hacerlo? buf Xena desde la oscuridad.
Sofoqu un sollozo.
Por favor... no me dejes as...
Cuando lo nico que obtuve fue el silencio por respuesta, me tap la cara con las
manos y me ech a llorar con fuerza.
Oh, por el amor de Zeus exclam Xena asqueada. Has sobrevivido a una
crucifixin y te pones histrica por una pierna rota? Pero qu te pasa? Por favor,
dime que no eras as de llorona con el nio bonito...
O que se acercaba a m, not unas manos que me palpaban la curva de la
cadera. De repente, me clav los dedos dos veces y la pierna se me durmi. Jade
al sentir la liberacin del dolor, casi mareada de alivio.
Qu has hecho? pregunt sin poder crermelo, enjugndome las lgrimas
de la cara.
Suspir con fuerza.
Es un viejo truco que me ense una amiga.
Y no podras usarlo para quitarme este dolor de cabeza? dije slo medio en
broma.
No. Ahora escucha, esto te va a doler. Intenta relajarte.
Sorb.
Que me relaje. Ya. Me... AAAAAAAAAAA!!!! No quera gritar, sobre todo
despus de su comentario sobre lo llorona que era. Pero por los dioses, os juro
que intent arrancarme la pierna. No slo me doli espantosamente, sino que la
sensacin de roce de los huesos al frotarse entre s me result de lo ms
enervante.
Hala dijo Xena, mucho mejor. Pareca muy satisfecha de s misma
incluso en la oscuridad.
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Qu clase de preguntas?
Dnde estoy? Qu ha pasado? No recordabas nada. Ni siquiera tu nombre.
Oh. Todava me estaba preguntando qu se sentira al olvidar tu propio
nombre cuando o unos extraos roces procedentes de un rincn alejado de la
estancia. Qu es eso?
Oh... slo son Ares y algunos de sus amigos que han venido a comer. Saben
que pueden venir cuando se van las antorchas. Los ahuyentar si quieres.
Por favor, cmo no voy a recibir a tus amigos!
Gabrielle, son ratas. De verdad quieres que se te suban encima?
Tragu.
Encima?
Al cabo de un tiempo, ansas el contacto con cualquier ser vivo.
Puaj!
No dije nada, pero Xena debi de notar mi respuesta. Peg un grito hacia los
roces hasta que por fin se fueron.
Al cabo de un tiempo, ansas el contacto con cualquier ser vivo. Por un momento vi
con absoluta claridad lo horrible que era realmente la existencia de Xena en esta
celda. Cmo haba logrado sobrevivir?
Xena me toc el hombro.
Gabrielle... empez.
Sonre a la oscuridad y puse mi mano encima de la suya.
Hizo amago de retirar la mano y luego se detuvo.
Mmmmm... empez de nuevo. S que probablemente esto no signifique
mucho para ti, viniendo de m, pero para lo que valga, bueno, lamento que te
haya ocurrido esto. No te lo mereces.
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estara preocupada por carecer de ella. Creo que eso dice algo sobre ti, tanto si a
las dos nos gusta admitirlo como si no.
Y preferiras no admitirlo?
Es mucho ms fcil odiarte que perdonarte.
Crees que podras llegar a perdonarme?
Me lo preguntas como hiptesis?
No... no lo s.
Hipotticamente... empec, y me call. No me poda creer que estuviera
manteniendo esta conversacin. Me resultaba tan surrealista. Me ests
pidiendo que te perdone, Xena?
Claro que no!
Puse los ojos en blanco. No, claro que no.
Pues est bien, hipotticamente, me gustara pensar que podra perdonar a
cualquiera, porque es lo correcto.
Por qu?
Por qu qu?
Por qu es lo correcto? Para qu sirve?
De repente me sent como un filsofo con un joven alumno. Cmo se le
explicaban las ventajas del perdn a un nio?
Bueno, para empezar dije, el perdn no es algo que uno hace por otra
persona.
No?
Si yo te perdonara, Xena, no te hara a ti mejor persona. Ni hara menos
horrible o malo lo que me hiciste. El perdn es algo que haces por ti, para no
tener que cargar con el peso del resentimiento.
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Qmf...
Xena, estoy demasiado cansada para discutir contigo. Dej que mis dedos se
movieran por su mejilla, secando la humedad que todava quedaba en ella.
Xena me cogi la mano.
Tienes la mano helada dijo.
Hice una mueca.
Lo siento dije, intentando que me la soltara. Me la agarr con fuerza.
No lo sientas. Unos labios clidos me rozaron la piel.
La sensacin de que el mundo se estaba volviendo del revs regres con toda su
fuerza.
No... susurr, notando que se me llenaban de nuevo los ojos de lgrimas.
Pero qu me pasaba?!
Por qu tiemblas? Tienes fro? No qu?
Estaba tan confusa y cansada. Todava me dola la cabeza. Estaba harta de
pensar, harta de intentar seguir una conversacin con esta mujer agotadora que
tena al lado, harta de tratar de comprender lo que me estaba pasando, harta de
preocuparme por lo que podra pasar.
Un abrazo murmur.
Que no te d un abrazo? Qu te hace pensar que lo iba a hacer? Antes slo
lo he hecho porque te estabas congelando!
Dioses, es que tena que convertirlo todo en una batalla? Y cundo me haba
abrazado?
O te refieres...?
No saba a qu me refera. No saba qu quera. De repente me senta muy
confusa. Qu estaba ocurriendo? Me entr una sensacin extrasima de que
me caa.
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Estaba tendida en la cruz, con las manos y las piernas sujetas por soldados
cuyos rostros estaban tallados en piedra. El primer clavo atraves mi mano
derecha. La sensacin del metal al deslizarse a travs de mi carne, desgarrando
tendones y huesos, no estaba, afortunadamente, nublada por el dolor. No grit
cuando me incrustaron el clavo en la mano izquierda con la misma sensacin
nauseabunda. Curiosamente, slo me clavaron un pie a la madera.
Rompedle la pierna orden la voz de Xena, y mir por encima de las caras de
los guardias para descubrir a Talasa, vestida como Xena la emperatriz,
mirndome con una sonrisa malvola. Llevaba un ltigo en su nica mano.
Terminaba con la cabeza de una serpiente viva y siseante.
Rec a Atenea pidiendo misericordia cuando un gran guardia se adelant con un
gran martillo. Lo descarg y grit de agona cuando los huesos de la pierna se me
rompieron.
Talasa hizo un gesto a los guardias para que se marcharan y se arrodill a mi
lado.
Gabrielle dijo, acaricindome la mejilla con el dorso de la mano. Estamos
destinadas a estar juntas, t y yo. La serpiente que era su ltigo reptaba por la
carne expuesta de mi estmago.
Gem, luchando contra los clavos que me tenan presa en el sitio. No poda
moverme, ni siquiera la pierna libre, no poda defenderme de Talasa ni de la
serpiente.
Talasa solt el ltigo y ste empez a deslizarse por la cintura de mi falda.
Gabrielle susurr Talasa, inclinndose hacia mi cara. Me pas la lengua por
la mandbula.
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esta...
situacin...
te
est
trayendo
muchos
recuerdos
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Vienen los guardias susurr Xena, y sent una corriente de aire fro cuando
sali de debajo de las mantas.
Advert la luz que se mova sobre las paredes y el ruido de varios pies que
bajaban por las escaleras. Xena estaba sentada al borde de la jaula donde la
arrastraran las cadenas cuando giraran la manivela.
La luz de las antorchas cuando entraron los guardias era casi cegadora. Eran
tres, uno de ellos el soldado que haba prometido pedir tablillas para mi pierna.
Mi seora dijo suavemente. Sigues despierta?
Lo que preguntaba en realidad, pens, era: "Sigues viva?" Lo salud para
tranquilizarlo agitando la mano, ya que levantar la cabeza me causaba dolor.
Aqu sigo, vivita y coleando dije, y me lo pens mejor. Bueno, coleando no,
en realidad, pero s que sigo aqu.
Sonri e hizo un gesto de asentimiento a sus compaeros. Hicieron girar la
manivela hasta que los brazos de Xena quedaron estirados detrs de ella en ese
ngulo tan espantosamente incmodo.
l se adelant y se arrodill ante la jaula, poniendo dos de mis largos estuches
de cuero encerado para los pergaminos en el suelo junto con uno de mis peplos
viejos.
Por qu has trado eso? pregunt, perpleja.
El sanador indic que los estuches funcionaran bien como tablillas, pero no
como armas. El peplo se puede romper en tiras para sujetar los estuches. Lo
siento, seora, pero el capitn me ha prohibido traer ninguna de nuestras cosas.
Claro, que como todo esto es tuyo, tcnicamente no son nuestras cosas...
Podrais tener problemas por hacer esto? pregunt, preocupada. Hasta
ahora, no me gustaban los castigos que haba visto imponer aqu.
Bueno, en realidad no estamos desobedeciendo sus rdenes directas. Ech
una mirada a Xena. Mientras Xena cumpla su juramento de no usarlos contra
nosotros, el capitn no nos har ningn dao permanente.
Me preocupa ms Talasa. Y deja de llamarme seora. Me llamo Gabrielle.
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Traduccin: Atala
Sonri.
No puedo predecir lo que har la alcaidesa, pero no le tengo miedo.
Pues deberas dijo Xena gravemente. Es peligrosa.
Tal vez dijo dubitativo. Pero nunca ha maltratado a un guardia. Jams.
Cmo te llamas? pregunt.
Peonius respondi.
Peonius dije, eres un buen hombre por ayudarme y te estoy
profundamente agradecida. Pero si ests dispuesto a hacer una cosa ms por m,
me asegurar de que tu nombre quede inmortalizado en un poema de
agradecimiento.
Trag, pero los ojos se le iluminaron de emocin.
Lo que sea dijo.
Quieres avisar a Alejandro de mi situacin? Tal vez el cocinero est dispuesto
a ir en su barco. O podras enviar un mensaje en el prximo barco de
suministros.
Pareci decepcionado.
Ya se ha hecho. El ayudante del cocinero parti ayer.
Le sonre.
No te preocupes, te escribir un poema de todas formas.
Gracias! Tengo un hijo... para l sera muy importante. Volvi a mirar hacia
las escaleras. Ahora tenemos que irnos, antes de que venga el capitn. Si
necesitas cualquier otra cosa, dselo a los guardias que traen la cena. Pero
asegrate de que el capitn no est con ellos. Con eso, se reuni con sus
compaeros. Soltaron la manivela y subieron juntos por las escaleras, llevndose
las antorchas.
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Traduccin: Atala
pierna
dijo
Xena,
apartando
la
manta.
Apret los dientes durante el doloroso tratamiento, pero cuando se termin, solt
un suspiro de alivio. Al menos ahora podra cambiar de postura en el suelo sin
temor a descolocarme los huesos.
Mejor? pregunt Xena.
Mucho, gracias.
Todava queda la mayor parte de tu peplo. Te importa si me lo pongo?
Se me pas por la mente que estaba tan bella desnuda que era una lstima que
quisiera taparse, pero era una tontera, por supuesto.
Por favor, adelante.
Tras una buena dosis de ruidos de cadenas, Xena gru.
Eres una canija, verdad?
Es que no te est bien? Los peplos se llevaban sueltos. Incluso con nuestra
diferencia de tamao, me costaba creer que Xena no se lo pudiera poner.
Bueno, no me lo puedo pasar por los hombros por culpa de estas malditas
cadenas. Parece que se va a sujetar l solito. Se ri por lo bajo. Supongo que
eso est bien, ahora que lo pienso. Se acomod a mi lado. Quieres probar a
sentarte?
Sabes, me doli mucho la cabeza cuando intent levantarla para mirar al
guardia. No creo que sea buena idea.
Mmmm. Pues probablemente no. Se puso a palparme el crneo con dedos
delicados. Esto te duele?
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Bueno, no me caba duda de que la Xena que yo odiaba poda volver en cualquier
momento. Pero ahora haba visto una faceta distinta de ella y saba que su
corazn no estaba tan absolutamente corrupto ni era tan malvolo como antes
crea. De hecho, tena algo que resultaba... bueno, muy simptico.
Por qu sonres as? pregunt Xena con desconfianza. Si supieras lo que
te conviene, me tendras miedo.
Esper que no viera cmo me sonrojaba en la oscuridad, pero me sent como una
nia a la que hubieran pillado robando dulces.
Si supiera lo que me conviene, nunca me habra marchado de Potedaia.
Sonre, intentando disimular mi turbacin. Y nunca me habra unido a la
rebelin contra ti.
T nunca me has tenido miedo, verdad? pregunt despacio.
Parece que mi intento de pasar al humor ha fracasado.
No, te tena terror. Me crucificaste. Mataste a tantos... No pude terminar de
decirlo, no pude animarme a pensar en todos los amigos y compaeros que
haban muerto a manos de esta mujer y sus soldados. Cmo no te iba a tener
miedo? Vivamos aterrorizados por ti y por tu ejrcito todos y cada uno de los
das de nuestra vida!
O que se levantaba inquieta.
Lo siento dijo.
Cerr los ojos.
Ahora ya se ha terminado. Te he perdonado.
Lo s, pero... no quiero que me tengas miedo, Gabrielle. Ya no.
Suspir.
Eso lo veo ahora. Aunque todava no comprendo por qu. T podras
fcilmente odiarme tanto como yo te odiaba a ti.
Suspir a su vez y se sent de nuevo a mi lado.
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soldados. Pero no era suficiente. Les dije a mis padres que me iba para buscar a
Prdicas, pero creo que saban la verdad. Si no, no me habran dejado marchar.
Cmo te las arreglaste sin dinero?
Al principio, contaba mis historias. Despus, conoc a Alejandro.
Y l tena dinero?
Algo.
Me alegro dijo despacio. Me cogi la mano y me la estrech. A veces
deseara... Se call y me solt la mano.
El qu?
Nada.
Busqu a tientas su mano, pero en cambio me top con su muslo. Dej ah mi
mano, disfrutando de su piel clida y lisa.
Has dicho, "A veces deseara..." Me gustara saber qu deseas, Xena.
Carraspe.
A veces deseara poder volver y hacer las cosas de otra manera.
No lo dices por decir?
No.
Xena?
S?
Si pudieras escapar de esta prisin y recuperar la libertad, qu haras?
Es una pregunta capciosa?
No, es mera curiosidad. Intentaras derrocar a Alejandro?
Se lo pens un rato antes de responder.
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Pues cuntales esto dijo Xena por fin entre dientes. Ares me abandon el
da en que quem Atenas.
Ares? El dios de la guerra?
No, Ares la rata dijo, irritada. T qu crees?!
No hice caso de la pulla.
Por qu te abandon?
Por Atenea. El muy cabrn le tiene miedo, y cuando arras el Partenn, ella se
enfad muchsimo.
Me qued algo desconcertada. Hablaba de los dioses como si los conociera en
persona.
Entonces, en realidad culpas a los dioses de tu derrota dije.
No. Pero cuando Ares se march, creo que empec a ver en qu me haba
convertido. No quera reconocerlo, Gabrielle, pero estaba asqueada de lo que
haba hecho en Atenas. Todos esos nios...
Solt un ruido que sonaba muy parecido a un sollozo.
Sus soldados haban masacrado a cientos de civiles inocentes cuando cay
Atenas. Muchos ms se quemaron vivos en los edificios donde se haban
refugiado.
Todos esos nios repet en un susurro, cerrando los ojos para no ver el
horrible recuerdo.
Oh, dioses gimi Xena, un sonido desgarrador que me llen los ojos de
lgrimas al instante. De repente, cay de rodillas a mi lado y hundi la cabeza en
mi hombro. Diles que lo siento, Gabrielle. Por favor... diles que lo siento
muchsimo! Haz que la historia sepa que lamento lo que he hecho!
Fue tan repentino y tan absolutamente inesperado que me qued ah echada,
atnita, cuando la mujer se derrumb literalmente encima de m, llorando.
Tard un momento en recuperar la serenidad y luego la tom entre mis brazos.
Me dola el corazn por ella. Una matanza tal pesara mucho en la conciencia de
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cualquiera. Y Xena tena conciencia. Not que me caan las lgrimas por las
mejillas. Por qu, ay, por qu no lo descubri muchos aos antes?!
Habra resultado un espectculo extrao para cualquier guardia que hubiera
bajado a la celda de Xena vernos a la una en brazos de la otra, llorando como
bebs hasta que nos quedamos sin lgrimas.
Al final, nos quedamos abrazadas en silencio hasta que la luz de las antorchas
anunci otra visita de los guardias que traan comida.
Gracias me susurr Xena al odo antes de apartarse.
La agarr del hombro.
Xena, me asegurar de que el futuro conozca la verdad sobre ti.
Ella me apret la mano como respuesta.
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Era difcil contar el paso de los das en la oscuridad total. Hasta las visitas de los
guardias parecan irregulares y a intervalos poco fijos. Perd la nocin del tiempo
por completo. Podra llevar all unos pocos das o un mes: daba igual. Pareca
una eternidad.
Slo la presencia de Xena me mantena cuerda. Su tacto delicado al comprobar
mis lesiones era lo nico que me sujetaba a la realidad. Su voz calmaba mis
miedos.
Hablamos de muchas cosas en la oscuridad. Le cont ms historias mas y ella
me habl ms de su pasado. Me descubr abrindome ante ella como no lo haba
hecho con nadie, y lo asombroso es que ella responda con respeto y compasin.
Cuando
no
hablbamos,
simplemente
nos
quedbamos
reconfortndonos con el clido contacto de otro ser humano.
abrazadas,
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cicatriz del dorso por donde haba pasado el clavo. Luego le dio la vuelta y bes
la cicatriz del otro lado.
Tragu y ella me cogi la otra mano y repiti la accin.
Yo te deseo, Gabrielle. Te deseo muchsimo dijo Xena suavemente.
Gem, sintiendo que recuperaba plenamente mi deseo por ella.
Entonces, por favor...! rogu.
O que tomaba aliento con fuerza y de repente estaba a mi lado, sus manos
exploraban mi cuerpo, sus caricias me devolvan a la vida tras la insensibilidad
de la depresin, sus labios dejaban un reguero de fuego por mi cuello. Jade
cuando una de sus manos encontr mi pecho y me acarici el pezn.
Eres tan bella, Gabrielle me susurr al odo antes de mordisquearme el
lbulo.
Gem de placer, ms por las palabras que por las sensaciones. Sub la mano y le
acarici la cara, el cuello, los hombros. Volvi a apartarse.
No! supliqu, tirando de ella para que volviera.
Se ri por lo bajo.
No te preocupes, slo me estoy quitando el peplo. Un momento despus
volva a estar a mi lado y sent que tiraba de mi propia prenda. La ayud a
subirla por mis muslos, mis caderas y mi cintura. Me pas las manos por los
costados, levantndola por encima de mis pechos y sacndomela luego por la
cabeza.
Me estremec por el aire fro, sintindome expuesta y vulnerable.
Dioses, Gabrielle, eres perfecta susurr Xena sin aliento, y yo sonre.
Intent imaginarme su aspecto arrodillada a mi lado en su gloriosa desnudez. Lo
que imagin me aceler an ms el pulso.
Xena...
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Cubri mi boca con un beso, crudo y apasionado. Le rode los hombros con los
brazos, pegando su cuerpo al mo. Se movi ligeramente y una cadena fra me
roz el pecho cuando intent recuperar el equilibrio. Solt un grito sofocado y me
encog por el contacto.
Lo siento farfull Xena, intentando colocarse bien de nuevo.
No! jade. Quiero sentirte encima de m...
Xena gimi y se puso encima de m, a horcajadas sobre mi media pierna. Me
bes de nuevo y apret las caderas contra mi muslo.
Oh, dioses murmur, arquendome hacia ella. El movimiento me caus dolor
en la pierna rota, pero me dio igual.
Su mano empez a acariciarme el pecho y la curiosa mezcla de metal fro y carne
caliente sobre mi piel sensible hizo que me estremeciera de placer. Mis dedos se
clavaron en los fuertes msculos de su espalda.
Xena jadeaba ahora, con la cara a escasos centmetros de la ma. Notaba su
aliento en la mejilla, notaba cmo aceleraba el ritmo al moverse contra m.
Notaba que su humedad me pringaba la pierna con cada empujn e intent
pegarla ms a m, pues necesitaba sentir la presin sobre mi propio cltoris.
Gem, deseando algo ms directo, y me vi recompensada cuando dej mi pecho y
se alz sobre los dos brazos, apretando mi pierna entre las suyas y empujando
hacia abajo con las caderas, con lo cual aument la friccin sobre mi sexo.
Oh, s!
Sigui embistiendo contra m y not el calor exquisito que iba creciendo entre
mis piernas. Le toqu los pechos con las manos, apretndolos y estrujndolos
delicadamente.
Oh, s gru Xena. Ms fuerte!
Obedec encantada, tocndolos con la mano entera.
Oh, dioses! exclam Xena y not que se estremeca. Su espalda se apart de
m arquendose e incrust el pubis en mi muslo. Oh, dioses! repiti y not
otro espasmo que le sacuda el cuerpo. Se peg a mi pelvis. Oooooh, dioses!
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Traduccin: Atala
Traduccin: Atala
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Traduccin: Atala
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Xena me despert con una nana, y por un momento la dulzura de su voz me hizo
olvidar nuestra horrible situacin, recordndome en cambio los das ms felices
de mi infancia. Cuando termin, sonre.
Hay tantas cosas sobre ti que todava no conozco, Xena dije. No saba que
cantabas tan bien.
Se ri por lo bajo.
Seguro que no me puedo comparar contigo.
Sonre ampliamente.
Ah, no, hay un motivo por el que soy poeta y no cantante.
Pero tienes una voz preciosa.
Ah, pero hasta los muertos del Trtaro se quejan cuando intento cantar. Y, por
favor, advierte que digo "intento". No considero que mi gorjeo desafinado sea
cantar realmente.
Xena se ech a rer.
Bueno, pues tu poesa es msica para mis odos. Me recitas otra, por favor?
Algo corto o algo largo?
Lo que t quieras.
Su nana me record un poema que haba escrito haca muchos aos para
ayudar a mi hermana Lila a quedarse dormida por las noches.
ste es uno que escrib antes de irme de casa dije.
Cuando iba por la mitad del poema un leve destello de luz procedente de lo alto
de las escaleras hizo que me detuviera. Xena se apart de m y se incorpor con
cautela.
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Traduccin: Atala
Traduccin: Atala
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Traduccin: Atala
Cllate! grit.
No le hagas caso la inst el capitn. Acaba de una vez!
Da gusto, verdad, Talasa? sonri Xena. Tener el poder de la vida y la
muerte en tus manos? La capacidad de castigar como te plazca? Ahora
comprendes por qu a m me gustaba tanto!
Not que la mano de la alcaidesa temblaba al tiempo que sus dedos se
incrustaban en mi cuello. Cerr los ojos antes de que la oscuridad me tragara
por completo.
De repente la presin que me cerraba la garganta se afloj y jade recuperando el
aliento. Talasa solt un grito de rabia primitiva y me agarr del pelo,
estrellndome la cabeza en el suelo con todas sus fuerzas. La cabeza me estall
con una explosin de estrellas y dolor y cuando por fin se me despej la vista, vi
a Talasa de pie por encima de m, con la mano en la cara, mirndome
horrorizada y confusa.
Por un segundo tuve la esperanza de poder escapar de esta isla con vida, pero
Braxis me agarr del pelo y volvi a estamparme la cabeza en el suelo,
borrndome todo pensamiento coherente. Se levant y sac la espada mientras
yo yaca all demasiado atontada para moverme, luchando con una bruma roja
de dolor que amenazaba con dejarme sin sentido.
Lo har yo gru Braxis, apartando a Talasa de un empujn. Movi las
manos en la empuadura para sujetar la espada hacia abajo y la levant para
clavrmela en el pecho como si fuera un sacrificio.
No! gritaron Xena y Talasa a la vez cuando sus msculos se tensaron.
Impulsada por el terror ciego, consegu apartarme en el momento en que bajaba
la espada hacia mi cuerpo. Me hiri entre la parte superior del brazo y el pecho y
golpe el granito con un resonante tono metlico.
Maldita sea! exclam Braxis y yo aull de dolor cuando la espada me raj
an ms el brazo al retirarla para volver a intentarlo. La sangre sali a
borbotones cuando la hoja se solt, cubriendo de rojo mi peplo blanco. Talasa se
tir contra Braxis antes de que pudiera golpear de nuevo y los dos se chocaron
con los barrotes de la jaula de Xena.
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Traduccin: Atala
Rpida como el rayo, Xena le incrust los dedos a ambos lados del cuello y l se
desplom de rodillas a sus pies.
Me apret el brazo con la mano, intentando desesperada detener el chorro de
sangre de la arteria.
Talasa mir a Xena aterrorizada, sin moverse. Xena la agarr de los hombros y la
zarande.
Talasa, reacciona. Tienes que ayudar a Gabrielle!
Sent que iba perdiendo el conocimiento junto con el hilo de sangre que todava
se escurra entre mis dedos, pero vi que Talasa me miraba, luego miraba a
Braxis y por fin las manos de Xena sobre sus hombros. Se apart de las manos
de Xena y luego la oscuridad se apoder de m.
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Traduccin: Atala
Traduccin: Atala
Traduccin: Atala
Traduccin: Atala
Traduccin: Atala
Se ech a rer.
S que ests decidida a obtener tu historia, pero eso tendr que esperar a que
ests curada. En cuanto tengas bien la pierna, te enviar de vuelta en el primer
barco de suministros.
Dioses, cmo quera a este hombre! Pero cmo poda hacrselo entender?
Alejandro, ya tengo mi historia. No quiero dejar a Xena porque, bueno,
porque... Tragu, incapaz de continuar.
l abri la boca para decir algo y luego la cerr. De repente, se le llen la cara de
preocupacin.
Ests herida. Y te has fracturado el crneo. Me toc la cara dulcemente. Es
lgico que ests desorientada despus de tener una lesin en la cabeza,
Gabrielle. Deja que te lleve con mis sanadores, te lo ruego.
Gem por dentro. Esto iba a ser dificilsimo. A m me haba costado muchsimo
superar el odio que senta por Xena y saba que los sentimientos de Alejandro
eran tan intensos como los mos. Casi me pareca que lo estaba traicionando al
confesar... al confesar... Oh, dioses, ayudadme! Not que se me llenaban los ojos
de lgrimas al tiempo que mova la cabeza para negarlo.
Gabrielle, qu pasa? pregunt Alejandro con ternura.
Me tap la cara con las manos, incapaz de ver la expresin de su cara.
Oh, dioses, creo... creo que la amo.
Se qued en silencio un momento, como si intentara decidir si me haba odo
correctamente. Por fin, me apart las manos de la cara.
Que la qu?!
Amo a Xena solloc.
l sacudi la cabeza con rabia.
No! No, no la amas. No puedes! Ests herida!
No lo entiendes! Me salv la vida! Oh, Alejandro, ha cambiado!
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Traduccin: Atala
No te creo!!
Es cierto! Lamenta lo que ha hecho!
Te est engaando, Gabrielle! me grit. Malditos sean los dioses, tendra
que haberla matado en la llanura del Monte Citern!
No! No! Alejandro, no es eso! No te das cuenta... est... es... una redencin.
Me re entre lgrimas. Se ha redimido. Contra todos nuestros pronsticos.
Tienes que verla. Habla con ella! T mismo lo vers!
Reconocer que ha sido conquistada?
S! Tal vez! No lo s! Pero Alejandro, sabe que ha hecho mal y lo lamenta.
Acaso pedira perdn la Xena que odibamos?
Claro que no.
Pues lo ha hecho. Me ha pedido perdn por crucificarme. Hasta me dijo que lo
lamentaba.
Manipulaciones!
Se ech a llorar!
Eso lo dej parado. Saba que Alejandro no poda imaginarse a Xena llorando
para manipularme a m, que podra contrselo al mundo ms adelante.
Asent.
Lo hizo, Alejandro.
Se qued pensativo un momento, aunque segua furioso.
Cunto tiempo estuviste en su celda?
Doce das.
Doce das?! Te dej vivir doce das?
Asent de nuevo.
Se pas la mano por el pelo.
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Traduccin: Atala
Alejandro volvi poco despus y se me cay el alma a los pies al ver su rostro
impasible. Se sent en silencio en la silla de mi mesa.
No ha reconocido que la has conquistado, verdad? pregunt, conteniendo
una sbita oleada de amargura.
No, no lo ha hecho. Frunci los labios un momento antes de volver a adoptar
la misma expresin inescrutable. Sin embargo, me ha recordado enfticamente
que te ha salvado la vida.
S? Y qu le has dicho?
Le he dado las gracias.
Y luego qu?
Me ha pedido que se lo compense.
Cmo?
Con una ejecucin honorable.
Solt una exclamacin de horror.
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Traduccin: Atala
Traduccin: Atala
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Traduccin: Atala
Quiero morir.
No pude soportarlo. Me agarr a los barrotes de la jaula, deseando romperlos.
No! le rogu. Por favor, no! Vendr a verte todos los das! Te contar
todas las historias que conozco... cada poema que escriba... te lo juro!
Entonces me mir y el dolor que vi en sus ojos enrojecidos me dej sin aliento.
Gabrielle dijo apagadamente, ste no es tu sitio. No puedes pasarte la vida
en este agujero. Mereces algo muchsimo mejor.
Xena, te amo.
Su cara se contrajo de dolor como si la hubiera golpeado fsicamente. Cay de
lado, acurrucada en posicin fetal, con la cara entre las manos, ocultando sus
lgrimas.
Empec a arrastrarme hacia ella, consciente slo de una necesidad abrumadora
de abrazarla.
Por Zeus bendito solt Alejandro, agarrndome por los hombros y
llevndome medio a cuestas, medio a rastras alrededor de la celda hasta donde
estaba Xena. Met los brazos en la celda y tir de ella hacia m. Echndome de
lado, le rode la espalda con los brazos, detestando los fros barrotes de metal
que nos separaban.
No hagas esto, Gabrielle suplic Xena.
No puedo negarlo, Xena susurr. Te amo. Por favor, no mueras.
Se dio la vuelta para mirarme y me toc la mejilla con dedos mojados.
Esto es tan malo para ti. Slo te he hecho dao...!
Tu muerte me hara an ms.
T... nosotras... no podemos... vivir as!
Xena, t me amas? Tena que saberlo, tena que or su respuesta, aunque
me destrozara.
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Traduccin: Atala
Traduccin: Atala
S.
Xena, te ha conquistado Alejandro?
Por favor, miente, por favor, miente, por favor, miente.
Se qued paralizada y sus ojos soltaron un glido destello azul al encontrarse
con los mos.
Las dos sabemos la verdad dije, intentando sonrer a travs de mis propias
lgrimas. Confa en m, por favor. Te ha conquistado Alejandro?
Por ti dijo por fin, sin apartar los ojos de los mos, reconocer que
Alejandro me ha conquistado. Sonri de medio lado. Y que t has
conquistado mi corazn.
Mir triunfante a Alejandro. ste miraba a Xena sin dar crdito.
Revoca su condena! le rogu, incorporndome hasta sentarme. Dijiste que
lo haras si alguna vez lo reconoca.
l se puso a dar vueltas.
No puedo dejarla libre, Gabrielle.
Ya lo s, pero no tiene por qu quedarse encerrada en esta celda. Deja que su
encierro sea toda esta isla, en cambio.
Es un peligro para los guardias.
No merezco tu clemencia, Alejandro dijo Xena con tono apagado,
incorporndose tambin. Pero te juro que no har dao a los guardias.
Alejandro se volvi en redondo para mirarla.
Cmo puedo fiarme de ti?!
Yo me fo de ella intervine con firmeza.
l hizo una mueca.
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Traduccin: Atala
Traduccin: Atala
agujero miserable y recuperar la libertad. Creme, los primeros meses que estuve
aqu lo intent. Pero ya no. No s cmo convencerte de esto, pero jams le hara
dao a Gabrielle.
La crucificaste!
Y fue un acto horrible. Ojal pudiera deshacerlo, pero no puedo.
Bonitas palabras, Xena. Si creyera que naciste con corazn, hasta podra
crermelas. Dicho lo cual, se march.
Xena suspir profundamente y se sent a mi lado, cogindome en sus brazos
como mejor pudo con los barrotes y las cadenas de por medio.
Lo siento, amor mo dijo suavemente. Por favor, no llores!
Yo no poda parar.
Se cree que estoy irracional! Hund la cara en su hombro. Cree que me he
dado un golpe en la cabeza y que no puedo pensar como es debido! No quiere
creer que hayas cambiado!
Xena me bes en la cabeza.
Gabrielle, ests irracional al haberte enamorado de m. l slo intenta
protegerte.
Pues ya no quiero su proteccin!
Bueno, creo que puedo decir con bastante conocimiento de causa que a los
"Dirigentes del Mundo" no les hace gracia en general que les den una bofetada
brome. Pero me parece que te va a hacer falta algo ms que eso para convecer
a Alejandro de que te abandone.
Solt un resoplido entre lgrimas.
Pues la prxima vez tendr que darle una patada!
Xena se ri por lo bajo.
Eso me gustara verlo. Volvi a besarme con seriedad. Me prometes una
cosa, Gabrielle?
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Traduccin: Atala
El qu?
Promteme que seguirs adelante sin m.
Me apart de ella para poder verle la cara, sin poder creer que fuera tan cruel de
pedirme una cosa as.
No!
Su cara se contrajo de dolor.
Siento tanto que est pasando esto, Gabrielle. Lo lamento tanto. Todo. Nunca
podra salir nada bueno de algo que tenga que ver conmigo. Lo mejor es que
muera maana. Lo mejor es que te libres de m para que no pueda volver a
hacerte dao.
No digas eso! dije, ponindole dos dedos sobre los labios, recordando cmo
habamos hecho el amor. Eres lo peor y lo mejor que me ha pasado en mi vida!
Lo digo en serio, Xena. No s cmo voy a poder vivir con el corazn roto.
Tendrs que encontrar una forma, Gabrielle. Por m... por favor?
Te amo, Xena.
Y yo te amo a ti, Gabrielle.
Nuestro tierno abrazo qued interrumpido por unos fuertes pasos en las
escaleras seguidos de juramentos entre dientes. Mir a Xena, confusa. No
parecan los guardias. Ella capt mi mirada y se encogi de hombros.
Momentos despus apareci de nuevo Alejandro al pie de las escaleras.
Por Zeus bendito rezong. Nunca en mi vida he odo unas confesiones de
amor ms ridculas, bobas, melosas y asquerosamente desgarradoras!
Me lo qued mirando pasmada.
Estabas escuchando?!
Eso no era digno de l!
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Traduccin: Atala
Ha sido sin querer dijo defendindose. No poda dejarte aqu abajo sola,
Gabrielle. Me detuve a mitad de las escaleras. Y entonces os o hablar... Mm, al
parecer la acstica es muy buena... Simplemente decid no interrumpiros, nada
ms.
Era evidente que estaba ms cortado que enfadado y not que poda estar
dispuesto a renegociar. La pregunta era, hasta dnde estaba dispuesto a llegar?
Alejandro dije, intentando secarme los ojos con mi peplo. Por favor,
reconsidera la condena.
Se cruz de brazos, con rostro ceudo.
Levntate, Xena.
Despacio, ella obedeci, adoptando la misma postura que l.
l sonri.
Te he conquistado, Xena?
Xena tambin sonri.
Te he dejado, por supuesto, pero s, me has conquistado.
Que me has dejado?
Mm-mm.
Ah, s? Y cmo lo explicas?
Ella dej de sonrer.
Despus de lo de Atenas... bueno, digamos que dej de creer en lo que estaba
haciendo.
Alejandro se puso plido, y supe que estaba recordando la guerra y cmo
entonces haban cambiado las cosas contra todo pronstico.
Alejandro... empec, pero me detuvo alzando una mano.
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Traduccin: Atala
Jura por lo que ms quieras que no intentars escapar de esta isla, Xena. Jura
que no intentars hacer dao a los guardias ni a nadie del personal.
Hecho dijo Xena sin vacilar. Lo juro por mi amor por Gabrielle.
Se miraron fijamente a los ojos y parecieron intercambiar algo, un entendimiento
tcito que slo ellos compartan. Al cabo de unos segundos, Alejandro asinti.
Que as sea. Quedas confinada a esta isla de por vida, Xena. No rompas tu
palabra o ya sabes que mi castigo ser duro y rpido.
Lo tendr presente dijo ella.
l me mir.
Ms vale que no te equivoques con esto, amiga ma.
Sonre.
No me equivoco. Lo s en lo ms hondo de mi corazn.
Asinti.
Ahora, si me disculpis, tengo que ocuparme de la alcaidesa y del ex capitn.
A menos, claro est, que quieras marcharte conmigo? pregunt, mirndome.
Hice un gesto negativo con la cabeza.
Se clemente, Alejandro le implor. Talasa, sobre todo, lamenta lo que ha
hecho. Tambin ella me salv la vida al final.
Asinti y se march de nuevo, y yo me volv hacia Xena.
Por favor, amor mo, dime que compartir la vida conmigo en esta isla es mejor
que la muerte.
Gabrielle... empez y luego trag, al tiempo que sus hermosos ojos azules se
llenaban de lgrimas. Es mucho ms de lo que merezco susurr. No
merezco ser tan feliz.
Sonre de buen grado.
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Traduccin: Atala
Shhh. Por favor, no llores dije, y sent que se me llenaba el corazn de una
alegra absoluta, sabiendo que ahora poda compartir mi vida con la mujer a la
que amaba. Me ech hacia delante y la bes... con mis labios, mi corazn y mi
alma.
FIN
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Traduccin: Atala
J7 y XWP
(Traducciones al espaol y dems)
https://j7yxwp.wordpress.com
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