McDougall, Joyce - Alegato Por Una Cierta Anormalidad. Cap 13
McDougall, Joyce - Alegato Por Una Cierta Anormalidad. Cap 13
McDougall, Joyce - Alegato Por Una Cierta Anormalidad. Cap 13
NOTA: esta es la versin ntegra del captulo que da ttulo al libro y con el que
culmina.
Sra. N... -"Sin duda se preguntar usted por qu he venido a verla. Y bien, mi
mdicome aconsej que hiciera un psicoanlisis. Desde hace cierto tiempo mi
matrimonio pasa por dificultades y eso me cansa. Los dos tenemos cuarenta y
cinco aos y hemos tenido tres hijos. Yo quiero a mi marido y a mis hijas; ahora
bien, desde hace cierto tiempo, mi marido me hace la vida imposible. Est de
mal humor... grita por un s o por un no... bebe un poco demasiado...
Durante mis dos nicas entrevistas con la Sra. N... esta frase retornaba sin
cesar: Me siento muy bien ("Estoy muy bien en mi piel"). Efectivamente, la Sra.
N... me pareca muy cmoda en su tegumento. Si haba un problema, para ella
se situaba fuera de este envoltorio de piel. Qu peda la Sra. N...? Que lo que
pasaba fuera de su piel fuera tan ordenado, tan cmodo como ella misma,
adentro.
Qu otra puedo decir sobre ella? Proviene de una familia de la alta
burguesa -familia creyente sin ms, afectuosa sin exceso, patriota sin ser
calvinista, simpatizante con la izquierda sin dejarse envolver por la misma-, y
la Sra. N... se estima digna de su ascendencia. Como las otras mujeres de su
familia, es una buena ama de casa, vigila bien a las criadas, a los nilos y al
marido. Le es fiel y no es frgida. Practica esqu en invierno, va al mar en
verano y est ocupada en muchas actividades cvicas y sociales. Durante
nuestro segundo encuentro lleg hasta decir ella misma no saba demasiado
qu podra hacer el psicoanlisis por ella. Yo comparta ms bien su opinin,
pero no dejaba de preguntarme, lo confieso, si a veces uno puede sentirse
demasiado bien.
Pero qu quiere decir esto? Demasiado bien para el anlisis? Para el
analista? De acuerdo con lo que ella dice, la Sra. N... es una mujer normal,
normal ante sus propios ojos como ante los de su familia, de sus vecinos, de
sus amigos. Qu ms puede pedirse? El psicoanalista, en cambio, pide ms.
En cuanto analistas, no podemos evitar sentir una impresin de falta en los
qu le pasaba por la cabeza. "Los analistas, respondi la hija, slo hablan del
pene o del Instituto de Psicoanlisis!Te parece normal eso?"
Y bien, pensndolo, me veo obligada a admitir que, normales o no, los
analistas en libertad no hablan como los dems. Por otra parte, se trate del
pene o del Instituto, podemos preguntarnos si al fin decuentas no es lo mismo.
Y, cosa mucho ms inquietante, compruebo que con el correr de los aos, los
analistas experimentados hablan cada vez menos del pene y cada vez ms del
Instituto. Es una evolucin "normal"? Sea como fuere, no est demostrado que
el analista pertenezca a una especie normal. Incluso los analistas
norteamericanos, con su gustopor la adaptacin y su capacidad de tomar
decisionesm han hecho sonar la alarma ya hace bastante tiempo contra los
sujetos que no se reconocen ningn sntoma, que ignoran el sufrimiento
psquico, que jamshan sido rozados, de cerca o de lejos, por la tortura de la
duda, por el temor al Otro, esa gente demasiado-bien-en-su-piel no est
capacitada para ser analistas.
Qu ocurre con la sexualidad? Existe una sexualidad normal? He aqu una
pregunta aparentemente "psicoanaltica". Pues bien, Freud subray claramente
desde 1905 que la barrera entre una sexualidad llamada normal y una
sexualidad desviada era ms bien frgil. Despus de haber caracterizado a la
neurosis como un polo"positivo", del cual entonces la perversin se tornaba el
"negativo" en funcin de una misma problemtica sexual, aada "En los casos
ms favorables, gracias a ciertas restricciones efectivas y otras modificaciones,
puede producirse lo que podemos llamar una vida sexual normal".(Tres
ensayos). Es evidente que Freud considera la vida sexual como regida por el
azar, y una vida sexual exitosa, como un lujo. En cambio, hallaba trivial lo que
l llamaba "la credulidad del amor" y "el capricho intelectual por... las
perfecciones del objeto sexual", "sobrestimado". A este respecto, Freud
establece una distincin entre la vida ertica de la Antigedad y la de nuestra
poca, o ms bien, de la suya, pues las costumbres sexuales cambian... Los
Antiguos, duce Freud, glorificaban la pulsin sexual en provecho del objeto,
mientras que el hombre moderno idealizaba al objeto sexual al mismo tiempo
que menospreciaba la pulsin, Por supuesto, podramos poner en duda la
"glorificacin" antigua dado el porcentaje de fantasa y de nostalgia que podra
contener; pero entonces tambin podramos cuestionar la "sobreestimacin"
freudiana del objeto sexual en la hora actual. Las comedias musicales
modernas, los sex-shops, las pelculas pornogrficas, todos idealizan la pulsin
en cuanto tal, y en todas sus formas de expresin ertica, mientras que el
objeto no se individualiza y ms bien es intercambiable.
Paralelamente, en la clnica psicoanaltica comprobamos cambios que se
mueven en el mismo sentido. Hace algunos aos encontrbamos sobre el divn
del analista un buen nmero de pacientes que sufran diversas formas de
impotencia sexual o de frigidez, en un contexto en que el objeto sexual
oculte sntomas an ms complejos que los de Gabriel. Dirn que una relacin
objetal donde el erotismo est vinculado con el amor es ms bien normativa.
Se tratar de un prejuicio contratransferencial? La norma, sexual o no, tiene
una dimensin socio-temporal. Una reciente "manifestacin de homosexuales"
contra la discriminacin de que son objeto les parece escandalosamente
anormal a los "bien pensantes". En cambio, para muchos jvenes
esabsolutamente normal. Por qu, se dicen, vamos a aceptar ser perseguidos,
unicamente porque no practicamos la "sexualidad de pap"? Pero despus de
todo, son stos problemas psicoanalticos? Creo que no. El analista nunca
tiene como funcin decidir lo que el analizando debe hacer con su vida, con sus
hijos o con su sexo.
Si Gabriel, impotente, y Pierre-Andr, incapaz de amar, son dos casos de
psicoanlisis, no es a causa de su comportamiento sexual, sino porque se
cuestionan. Si hay juicio, el juicio atae a la "analizabilidad" del que hace la
demanda de anlisis. Los dos pacientes evocados aqu poseen una estructura
psquica bastante diferente una de la otra. Las fantasas reprimidas de Gabriel,
con su contenido angustiante, impregnado de castracin flica, hallan su
expresin simblica en el cuerpo mismo, dominando as el peligro fantasmado,
En cuanto a Pierre-Andr, su angustia de castracin es ms global, "primaria".
Se parece a un lactante cado del seno , y que lo busca desesperadamente a
travs de la droga, de su prjimo y de su aparato genital. Tiene sed de los
dems y su pene funciona a este efecto. Movido por la fantasa de castracin
que le es paricular, se lanza a travs del espacio angustiante que lo separa del
Otro, tal como un trapecista que se preocupa poco por la identidad de ese otro
que le tiende las mans, con tal de qu est ah. En cuanto a la sexualidad, todo
lo que puedo comprobar en cuanto analista, es que las normas sexuales
cambian, pero que la angustia de castracin permanece. Simplemente ha
hallado nuevos disfraces.
que "es normal hacerce analizar"? El objetivo de tal anlisis slo podra ser
poner en evidencia un sufrimiento ignorado hasta ese momento, hacer que el
otro se torne apto para sufrir. Ansiamos propagar la peste por el mundo
entero?
La normalidad, erigida en ideal, es ciertamente un sntoma. Pero es curable?
No nos dejamos curar tan fcilmente nuestros rasgos de carcter. Hay
quimeras a las cuales nos aferramos ms que a nuestra propia vida. Y si "la
normalidad" fuera una de ellas? La certeza de ser "normal", conforme, de estar
en el orden, de ser ordinario, que se desprende de este estado caracterial,
impide el cuestionamiento de uno mismo, y amenaza con tornar inaccesible al
anlisis al individuo que tiene esa certeza. Observemos tambin que entre
todos los sntomas caracteriales, ste es el que aporta ms beneficios
secundarios. Que la creencia de los otros en su "normalidad" sea patolgica
para nosotros, no nos da el derecho de querer abrirles los ojos a todo precio en
cuanro a las mscaras y las mentiras del espritu. El anlisis se propone como
objetivos hacernos descubrir todo lo que hemos pasado la vida ignorando,
hacernos afrontar todo lo que hay de penoso, de ms escandaloso en el fondo
de nuestro ser, no solamente los anhelos sexuales prohibidos, sino tambien
nuestra avidez por todo lo que no poseemos, nuestra avaricia insospechada,
nuestro narcisismo infantil, nuestra aagresividad asesina, resmiendo,
revelarnos no solamente qu "Yo (Je) es otro" sino que es varios, peeor an, que
el Yo(Je) es capaz de disolverse dejando el sitio a una angustoa sin nombre.La
cosecha de un anlisis! Quin la quiere? Quin trata de abrir para siempre
una cuestin sobre todo lo que sabe y sobre todo lo que es? Que el analista se
guarde para l este beneficio ambiguo, dirn los que viven cmodamente a
distancia de su inconsciente.
En resumidas cuentas, un anlisis nos ayuda a vivir con la gente normal?
Nosotros somos marginales y nos ocupamos de otros marginales. Si ya no fuera
as, si el psicoanlisis un da cesa de estar al margen de las normas aceptadas,
pues bien, no seguir cumpliendo su funcin.
Si la conviccin "de ser normal" es una defensa caracterial que traba la
libertad de pensar, por qu las personas estn afectadas por esa conviccin
en tan gran nmero? Cules son los signos particularesm cul es la causa de
esa afliccin? Trataremos de delimitar mejor la cuestin desprendiendo los
signos contrarios. Comparo fcilmente la personalidad llamada "normal" (tanto
desde el punto de vista estadstico, como del normativo) con la personalidad
creadora. La mayora de las personas no son de ningn modo creadoras, en el
sentido fuerte del trmino. Pero en una perspectiva ms amplia, debemos
reconocer que el ser humano siempre crea algo en el espacio que lo separa del
otro, o de su deseo: puede ser una neurosis, una perversin, una psicosis o
bien una obra de arte o una produccin intelectual. La cualidad variable de
estas diferentes formas de creacin supera nuestro tema, pues se trata de esa