AQUIÉTATE Y SABE (Joseph Benner, La Vida Impersonal) .
AQUIÉTATE Y SABE (Joseph Benner, La Vida Impersonal) .
AQUIÉTATE Y SABE (Joseph Benner, La Vida Impersonal) .
Ahora, a fin de que puedas aprender a conocerMe, en tal forma que puedas estar seguro de
que Soy Yo, tu propio y verdadero Ser, Quien habla estas palabras, debes, primero,
aprender a Aquietarse, es decir, a sosegar tu mente y serenar tu cuerpo humano, y todas sus
actividades, de manera que no seas ya consciente de ellos.
Pero Yo te ensear como lograrlo, si es que realmente quieres conocerMe, y ests deseoso
de probarlo, para cuyo efecto debes confiar en M, y obedecerMe en todo lo que desde
ahora te pida.
Atiende!
Trata de imaginar que el "Yo" que habla a travs de estas pginas es tu Ser Superior o
Divino, que est dirigindose y exhortando a tu mente e intelecto humanos, a los que debes
considerar, por el momento como si fueran una personalidad separada. Tu mente humana
est de tal modo constituida, que no puede aceptar nada que no se ajuste a lo que antes ya
haya experimentado o aprendido, y que su intelecto no considere razonable. Por tanto, al
dirigirte a ella, siempre emplears los mismos trminos o expresiones que ms claramente
expliquen a tu intelecto las enseanzas que necesite comprender, antes que la mente pueda
despertar a la conciencia de lo que quieres darle a entender.
Lo cierto es que este "Yo" eres t mismo, tu Verdadero Ser. Tu mente humana ha estado,
hasta hoy, de tal modo absorta en la tarea de suministrar a su intelecto y cuerpo toda clase
de complacencias egostas, que no ha tenido tiempo de relacionarse con el Real T, su
verdadero Amo y Seor. Y t, por otra parte, has estado tan interesado en las sensaciones de
tu cuerpo e intelecto, y te has sentido tan afectado por sus placeres y sufrimientos, que has
llegado a creer que T eres tu cuerpo e intelecto, en razn de lo cual te has olvidado casi de
M, tu Ser Divino.
Pero sabe que YO no SOY tu intelecto ni tu cuerpo, y precisamente este Mensaje lleva en s
la finalidad de ensearte que T y Yo somos Uno. Las palabras que Yo aqu hablo tienen
por mira principal el despertarte la conciencia de este gran hecho.
Mas t no podrs darte cuenta de esta verdad, sino hasta que logres salir de la conciencia de
ese cuerpo e intelecto que te crees ser, a la cual conciencia has estado sujeto por tanto
tiempo. T debes, primero, sentirMe en tu interno, antes de que puedas saber de cierto que
YO SOY (o estoy) ah.
Ahora bien, a fin de que puedas llegar a abstraerte por completo de tu mente y sus
pensamientos, as como de tu cuerpo y sus sentidos, y puedas, de esa manera, sentirMe en
tu interno, se hace necesario que, asidua y engaosamente, obedezcas estas Mis
instrucciones.
Sintate, y permanece quieto, de manera que desaparezca toda tensin de tu cuerpo (o sea,
no teniendo los msculos en tensin), y, cuando te sientas completamente tranquilo y
descansado, deja que tu mente penetre el significado de estas palabras:
Sin pensar, deja tambin que este Mi Divino Mandato penetre muy hondo en tu Alma. Deja
tambin que, sin esfuerzo o ingerencia alguna de tu parte, entren libremente a tu mente
cualesquiera impresiones que le lleguen. Toma nota, sin embargo, cuidadosamente, de la
importancia de ellas, porque SOY YO el que, de lo interno de ti mismo, te est instruyendo
por medio de dichas impresiones. Y entonces, cuando algo de vital significacin comience
a alborear en tu conciencia, habla estas Mis Palabras, lentamente, imperativamente,
dirigindolas a cada clula de tu cuerpo, a cada facultad de tu mente, con todo el poder que
conscientemente posees.
Hblalas tal como aparecen escritas (haciendo las pausas que indican las rayas), tratando
de darte cuenta de que el Dios, que est en ti, impone y exige de tu ser mortal implcita
obediencia.
Cavlalas hondamente; llvalas contigo a tu trabajo diario, cualquiera que ste sea. Has de
ellas el factor dominante y vital de todas tus labores, de todos tus pensamientos creadores.
Hasta que cada pensamiento errabundo que ronde por tu mente se apresure a desaparecer en
la nada.
Cuando as sea, a medida que esas Palabras repercutan en las profundidades de tu ser, ya
ahora vaco y libre de toda sensacin personal,
Pero tuvieron la flor y el polluelo que hacer algo de s mismos para lograr tal cosa?
No, nada; solamente sometieron o unificaron su voluntad a la Ma, dejando que Yo, con
Mi Sabidura, determinara la hora y el punto de madurez para entrar en accin; y fue
entonces precisamente cuando, por el hecho de haber obedecido el impulso de Mi Voluntad,
pudieron hacer el esfuerzo y dar el paso adelante, para entrar en la Nueva Vida.
T, en cambio, intentars mil y mil veces, dentro de tu personalidad, romper el cascarn de
tu conciencia humana;
Pero de ello slo resultar, si acaso, la ruptura de las puertas que Yo he colocado entre el
mundo de las formas tangibles y el reino de los sueos intangibles; y, una vez que hayan
quedado abiertas esas puertas, no podrs ya evitar, sino a costa de grandes dificultades y
sufrimientos, la entrada de los intrusos a tus dominios privados.
Pero aun esto mismo, algunas veces, Yo tambin lo permito, a fin de que, por medio de
tales sufrimientos, puedas alcanzar la fortaleza que te falta y la sabidura que necesitas, para
saber que, mientras no abandones todo deseo de conocimiento, de bondad, s, aun de unin
conMigo, con el propsito de beneficiarte slo a ti mismo en lo personal, no podrs
desplegar los ptalos de tu Alma, para mostrar la perfecta Belleza de Mi Naturaleza Divina,
ni desasirte del cascarn de tu humana personalidad, ni dar el paso hacia adelante, para
entrar a la gloriosa Luz de Mi Reino Celestial.
Por tanto, Yo te doy ahora, desde un principio, estas instrucciones, para que puedas ir
aprendiendo la manera de reconocer-Me.
No pases a otro prrafo, ni a otro de los pensamientos de cada prrafo, sino hasta que se te
haga enteramente claro todo lo que en ellos Yo quiero darte a entender.
Pero debes tener presente que toda tu bsqueda y todos tus esfuerzos deben descansar en
una completa fe y confianza en Mi, tu Verdadero Ser, en lo interno, sin que te inquieten,
para nada, los resultados; porque, sabe que stos, todos estn bajo Mi custodia, y, por tanto,
Yo ser el que se haga cargo de ellos. Tus dudas y tu inquietud no son sino de la
personalidad, y si dejas que persistan, te habrn de conducir, tenlo bien en cuenta, tan slo
al fracaso y a la desilusin
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