Conocimiento y Realidad en Bertrand Russell
Conocimiento y Realidad en Bertrand Russell
Conocimiento y Realidad en Bertrand Russell
Sin embargo, dentro de la historia de la filosofía, hay sistemas que rompen con
el paradigma tradicional y que se acercan de cierto modo a la ciencia. Entre
estas anomalías se encuentra el sistema russelliano, el cual ha estado formado
de numerosas verdades, algunas de ellas, hasta contradictorias. Bien, el
sistema de Bertrand Russell, aunque no da la apariencia de ser una progresión,
sí está formado, al igual que las ciencias, de varias “verdades” que se
adecuaron a los cambios sociales, políticos y científicos de su tiempo.
¿Qué es lo que forma un sistema filosófico? A mi modo de ver, son dos las
cualidades que se deben cumplir para que un conjunto de estudios filosóficos
sea considerado un “sistema”: 1) un método y 2) que se expliquen los
conceptos de realidad y conocimiento. Así, el trabajo de Bertrand Russell tiene
dichos requisitos, pero con resultados dinámicos. Con ello me refiero a que el
filósofo británico no mantuvo estáticas sus opiniones respecto a temas
ontológicos y epistemológicos, sino que éstos fueron cambiando.
Este trabajo es un intento de explicar una de las esferas del extenso sistema
russelliano, con sus verdades y su método. El objetivo es mostrar cómo los
conceptos de realidad y conocimiento fueron modificados por el método del
análisis lógico, durante el periodo de 1903 a 1918 que comprende desde la
escritura de the principles of mathematics hasta la filosofía del atomiso lógico.
El primer capítulo está dedicado a hacer una contextualización general de
Bertrand Russell, abarcará desde sus inicios en el idealismo neohegeliano,
pasando por los matemáticos y lógicos que fueron la base técnica de sus
trabajos logicistas hasta la capital importancia de Wittgenstein, que modeló la
cúspide de la lógica russelliana: el atomismo lógico.
Así, en este capítulo se muestra cuáles han sido los temas e ideas que
influyeron en el pensamiento de Bertrand Russell, por lo que se mostrarán
algunos aspectos del idealismo inglés, remarcando los aportes de Bradley y
McTaggart; los lógicos de finales del siglo XIX con especial cuidado en Peano y
Cantor, y para finalizar se mostrará a la nueva generación de filósofos de
Cambridge donde se encuentra Wittgenstein quien influyó notablemente en
movimientos analíticos posteriores.
1
RUSSELL, Bertrand (1976), Retratos de memoria y otros ensayos, Madrid: alianza editorial, pág. 13
1.1 Contexto económico socio-cultural
2
RUSSELL, Bertrand (1976), Retratos de memoria y otros ensayos, Madrid: alianza editorial, pág. 6
3
Véase RUSSELL Bertrand (2001), Misticismo y lógica, España: editorial Hasa, pág. 92
postulados del empirismo de Locke y Hume y del utilitarismo de J. S. Mill;
además, rechazaba en menor medida y con ciertas excepciones, el
materialismo alemán, el evolucionismo de Herbert Spencer y el ateísmo en
general.
Green cree que puede darse la razón, en parte, a los materialistas de que la
naturaleza es reducible a cuerpos físicos con extensión y una variedad de
movimiento en el espacio; sin embargo, eso no explicaría la cuestión de cómo
es posible el entendimiento de ésta. Pues, aunque el entendimiento sea parte
de la naturaleza, no puede reducirse a los mismos factores que sintetiza. De
esta manera, la naturaleza es formada por la actividad del entendimiento para
hallar las relaciones internas. No obstante, el humano, como conciencia finita,
no es suficiente para generar la naturaleza infinita. De este modo, es Dios
quien genera en su mismo entendimiento la naturaleza y el humano participa
de este conocimiento.
Desde aquí cabe la pregunta ¿Qué es lo Absoluto para que pueda superar
dichas apariencias?, de forma clara, Bradley respondió que lo Absoluto es
Espíritu y con ello la realidad es también espiritual. En este sentido debe
entenderse al Espíritu como la unidad de la multiplicidad, donde el externalismo
que surge del dualismo sujeto-objeto queda superado. De igual modo, sólo las
relaciones internas quedan aceptadas en dicha teoría, pues aceptar las
relaciones externas supone que puede haber entes independientes a lo
Absoluto y cuyas relaciones sean accidentales. En última instancia, lo Absoluto
coincide con todas sus formas de aparecer. Además, lo Absoluto es supra-
personal, por lo que no puede ser identificado con el “yo” ni tampoco con Dios y
Bradley entiende el concepto de Dios como un ser personal. Esta premisa
influye sin duda en la idea que tiene Bradley respecto de la religión. La religión
pertenece a la esfera de lo aparente, ésta es un intento, al igual que la
metafísica, de comprender la totalidad. Si Dios es identificado con lo Absoluto,
no puede ser el Dios del cristianismo. Así, para Bradley, la religión absoluta no
está identificada con el cristianismo, idea contraria a lo que pensó Hegel.
4
RUSSELL, Bertrand (1976), Retratos de memoria y otros ensayos, op. Cit., pág. 5
5
La relación biyectiva se establece cuando a cada elemento del conjunto A le corresponde un elemento
del conjunto B y si y sólo si A y B tienen el mismo número de elementos. A esta relación también se le
conoce como cardinalidad.
biyectiva con cualquiera de sus subconjuntos. El mismo procedimiento pudo
aplicarlo a los conjuntos de números enteros Z y racionales Q y estableció que
son iguales en cantidad o, dicho de otra forma, tienen la misma cardinalidad. A
este primer conjunto de números transfinitos le denominó א0.
Ahora, respecto a los números reales R, Cantor demostró que tienen mayor
cardinalidad que cualquiera de los conjuntos mencionados anteriormente y a
dicha demostración se le denominó el argumento de la diagonal. Según éste el
método supone que efectivamente puede establecerse una biyección entre un
elemento de N con algún otro de R sólo en el intervalo [0,1], se establece la
secuencia de reales r1, r2, r3... donde se colocarían los decimales, sin embargo,
puede construirse un número real distinto a cualquier otro que no tendrá una
biyección con algún natural si se cambia el decimal de cada fila que ocupe el
mismo lugar en el número de fila por otro distinto. El siguiente cuadro muestra
la demostración que pretendo explicar:
N R
r1 0. 3 3 3 3
r2 0. 2 2 2 2
r3 0. 1 1 1 1
r4 0. 0 9 9 9
X 0. 4 3 2 0
Las tres ideas son número, cero (0) y sucesor; éstas no son susceptibles de
definición, sino que deben ser entendidas por mera intuición. Las proposiciones
primitivas son:
1) 0 es un número.
Para concluir este apartado haremos mención del trabajo de Gottlob Frege
(1848-1925), no porque esté haya sido una influencia directa en la obra de
Russell, sino porque fue el primer logicista en sentido estricto, es decir,
estableció concretamente que las matemáticas son una prolongación de la
lógica y fue el primero en dar una definición de número en términos meramente
6
Véase, RUSSELL B. (1988), Introducción a la filosofía matemática, Barcelona: ediciones paidos, pág. 14
lógicos. Frege, a pesar de sus aportes, fue un autor casi desconocido durante
su época, sólo Russell, una vez que había llegado a las mismas conclusiones
que el lógico alemán pudo darle el crédito que merecía. Quizá su obra fue
ignorada al propósito debido al complicado aparato simbólico que utilizó en sus
libros. Russell lo expresó de la siguiente forma: “Leí la introducción con
admiración apasionada; pero me repelió el enmarañado simbolismo que Frege
había inventado y sólo fui capaz de comprender lo que había escrito en el texto
principal, después de haber hecho yo mismo igual trabajo”7. Por otra parte, el
desarrollo de su lógica abrió el estudio de la filosofía del lenguaje en un camino
completamente nuevo.
7
RUSSELL B., Retratos de memoria y otros ensayos, op. Cit. pág. 15
8
Véase, SEGURA Felipe (2001), la prehistoria del logicismo, México: Plaza y Valdez, pág. 127-130.
a sí mismo, por ejemplo, la clase de todos los filósofos no es un filósofo, por lo
que no se contiene a sí misma. Por otro lado, la clase de todas las clases es a
su vez una clase, por lo que se contiene a sí misma. Ahora se añade la clase
de todas las clases que no son miembros de sí mismos que denotaremos con
M, entonces, ¿es M miembro de sí misma? Si la respuesta es no, entonces
debe contenerse a sí misma; por otra parte, si la respuesta es sí, entonces M
contradice su propia definición.
Por otro lado, hay otros autores que influyeron en el pensamiento filosófico de
Russell de manera más directa, cuyas ideas quedaron plasmadas en un
collage que mezclaba las propias ideas de Russell con estos autores. Estos
contactos filosóficos se llevaron a cabo durante la estancia de Russell en
Cambridge. Moore, Whitehead and Wittgenstein dejaron una importante marca
en el pensamiento lógico-filosófico del autor que se representan en las obras
The principles of mathematics, principia mathematica y La filosofía del
atomismo lógico respectivamente.
Whitehead fue conocido en Inglaterra por sus obras matemáticas más que por
sus trabajos filosóficos, de hecho, desarrolló su producción filosófica en
Estados Unidos mientras en Europa estaba reinando la posición anti metafísica
del círculo de Viena. A pesar de que no contaba con estudios profesionales en
filosofía, Whitehead está a la cabeza del movimiento metafísico llamado
“filosofía del proceso”. Esta corriente consiste en suponer que la realidad está
9
RUSSELL B., Retratos de memoria y otros ensayos, op. Cit. pág. 39
10
RUSSELL Bertrand (1937), The principles of mathematics, London: George Allen & Unwin, preface, pág.
XIV
constituida de procesos dinámicos en lugar de elementos individuales e
inmutables. Pensaba que la visión reduccionista-materialista de la ciencia y la
filosofía moderna de occidente se debe a que el lenguaje tiende a considerar a
la realidad como formada de elementos individuales. Aunque, contrario los
filósofos analíticos, no creía que el problema de la filosofía fuera el lenguaje,
sino el estudio de la realidad.
El próximo autor que trataré tiene una especial importancia en esta obra: L.
Wittgenstein (1889-1951) fue quizá la influencia más importante para Russell
durante la creación de La filosofía del atomismo lógico, la cual, a su vez,
representa la cúspide del pensamiento lógico de Bertrand Russell. El
pensamiento del filósofo austriaco quedó clasificado en dos filosofías casi
opuestas, la primera la desarrolló en su única obra que publicó en vida el
Tractatus logico-philosophicus publicado en 1921 y la segunda corresponde a
su obra póstuma Investigaciones filosóficas de 1953. Para motivos de este
trabajo estudiaremos brevemente la primera obra de Wittgenstein
11
El texto original es 'Was der fall ist, die Tatsache, ist das bestehen von sachverhalt' y tomo como
traducción de 'sachverhalt' 'hechos atómicos', por motivos de interés en esta obra.
manera lógica, es decir, nosotros conocemos el mundo por las figuras mentales
que nos hacemos de los hechos. En términos de Wittgenstein “la figura está
ligada a la realidad; llega hasta ella” (2.1511) y “es como una escala aplicada a
la realidad” (2.1512).
Aquí Wittgenstein desarrolla su teoría del análisis lógico: las cosas comunes
que vemos diariamente, conformadas en hechos atómicos, sólo pueden
expresarse lógicamente por medio de funciones proposicionales, las
proposiciones elementales, por ejemplo ‛x es una piedra’, o bien, “f(x)”, donde
se refleja la función ‛ser piedra’ y la variable ‛x’. En palabras del filósofo
austriaco: “la proposición más simple, la proposición elemental, afirma la
existencia de un hecho atómico” (4.21) y en “la proposición elemental consta de
nombres. Es una conexión, una concatenación de nombres” (4.22). El análisis
de Wittgenstein es, al igual que el de Russell y Frege, veritativo-funcional y
bivalente, por lo que las proposiciones elementales determinan la verdad o
falsedad de proposiciones más complejas y este análisis veritativo es resuelto
mediante sus tablas de verdad que contienen reglas de combinaciones – las
tablas de verdad como método de análisis veritativo-funcional es tomada de
lógicos como Pierce y Schröder, pero a partir de Wittgenstein se toman como
un elemento más recurrente. En este punto se establece que los dos extremos
a los que puede llegar el análisis son la contradicción (donde es imposible que
la proposición sea verdadera) y la tautología (donde la proposición siempre
será verdadera); para Wittgenstein a este último caso pertenecen las
proposiciones de la lógica.
La sexta premisa “la forma general de una proposición de verdad es: [-p, -ξ N
(-ξ)]. Esta es la forma general de la proposición” (6) expone el carácter
tautológico de la lógica mediante el uso de [-p, -ξ N (-ξ)] y que la lógica no
puede ser generalizada como se expresaba en los trabajos de Russell. Para
Wittgenstein la lógica es la estructura formal de todo lo posible, mientras que
para Russell la lógica describe la forma de las cosas que ya existen. En este
punto, el filósofo austriaco critica el axioma de reductivilidad al catalogarlo
como un postulado que efectivamente funciona para este mundo, pero que al
mismo tiempo puede ser superfluo en otro mundo. Sólo la lógica tiene la
característica de formular leyes, las demás ciencias sólo pueden formular
hipótesis. Cualquier proposición que posea un contenido no puede ser una
proposición legítima de la lógica, por ello no puede ser una ley; casos
especiales, como la causalidad, explica Wittgenstein, corresponden más bien a
la estructura de nuestro pensamiento más que a la del mundo, por lo que
deben ser estudiados por la psicología.
No hay enigma.
Si se puede plantear la cuestión, también se puede responder. (6.5)
La última premisa “de lo que no se puede hablar, es mejor callarse” (7) se
refiere, a partir de lo explicado anteriormente, a que el discurso humano puede
enfocarse a dos ramas: la primera es al mundo (los hechos) y la segunda a su
estructura (la lógica). La primera puede aumentar las proposiciones que
tenemos de la realidad o aumentar el conocimiento y la segunda es estéril
porque no crearía ningún dato nuevo, aunque es la base de la primera.
Cualquier expresión fuera de estos dos rubros es un sinsentido como el caso
de la metafísica.
Las diferencias entre la filosofía del primer Wittgenstein y el Russell del periodo
de 1903 - 1918 son muy notables, principalmente por la concepción que tiene
cada uno de la naturaleza de la lógica. Por una parte, el filósofo austriaco
asume que la lógica es una disciplina únicamente con valor formal, todas sus
proposiciones son vacías en el sentido de que no pueden decir nada del mundo
y, al mismo tiempo, son la representación de la estructura del mundo. Nada
puede ser ilógico y cualquier proposición que se presuma de orden lógico debe
ser tautológica y necesaria.
12
Paradoja del tipo autoreferencialista que se le atribuye a Bertrand Russell, aunque su descubrimiento
se debe a Epiménides de Creta, la cual versa de este modo “todos los cretenses son mentirosos”, dado
que el autor es cretense, el enunciado se auto contradice.
arduo trabajo para ambas partes. En un principio, Russell y Whitehead tenían
la intención de que los principa fueran una continuación de The principles of
mathematics, pero conforme el trabajo se iba desarrollando, muchas de las
ideas sostenidas en la primera obra fueron desechadas, tanto en el ámbito
matemático como en el filosófico.
De este modo, Russell, al igual que Frege, define un número como el conjunto
de todos los conjuntos que tienen la misma cantidad de elementos:
Los números se, esto será admitirá, aplican esencialmente a clases. Es cierto
que, cuando el número es finito, los individuos pueden ser enumerados para
formar el número dado y pueden ser contados uno a uno, sin mención de algún
concepto-clase. […] Así que lo que resulta de todos es el número de una clase.
Y cuando el número es infinito, donde los individuos no pueden ser contados,
debe ser definido por intención, i.e. por una propiedad en virtud de la cual
forman una clase […].13
Ahora bien, para determinar que dos o más conjuntos poseen la misma
cantidad de elementos, se establece una relación biyectiva entre ellos, esto es,
que cada elemento del conjunto A se relaciona únicamente con otro elemento
del conjunto B sin que sobre o falte algún miembro de cualquiera de las clases.
En otros términos, los conjuntos en cuestión tienen la misma cardinalidad. De
este modo, se pueden definir los números en términos meramente lógicos, sin
13
RUSSELL Bertrand (1937), The principles of mathematics, op. cit. §113
hacer uso de la capacidad de contar. Cualquier número podía definirse
siguiendo este método. El cero, aunque no es estrictamente un número, y el
infinito, podían definirse mediante clases vacías y clases con infinitos
elementos respectivamente.
Cabe resaltar que, filosóficamente, esta obra va en contra de los postulados del
idealismo kantiano y hegeliano. El primero es criticado por hacer uso de la
noción de espacio: el descubrimiento de geometrías distintas a la euclidiana
demostró que no era necesario hacer uso de la geometría, y con ello de la
noción de espacio para fundamentar las matemáticas; además, no era
necesario tener la intuición de unidad para explicar cualquier cantidad, de
hecho, el número 1 era perfectamente definido en términos de conjuntos.
Por otro lado, la crítica a Hegel se debió a que el uso de la lógica para explicar
el absoluto era contrario a la lógica necesaria para explicar las matemáticas. El
idealismo absoluto producía una serie de contradicciones al interior de las
matemáticas en cuestiones tan fundamentales como lo son la continuidad, los
infinitesimales, la validez de la inducción matemática, entre otros. Por ello, en
The principles, Russell se sirve de una lógica que él denomina “lógica de
14
Véase, ídem.
relaciones externas”, la cual, contraria a la lógica monista del idealismo, asume
la existencia de una multiplicidad de entes, todos independientes entre sí, pero
que al mismo tiempo se relacionan por enlaces de la misma naturaleza.
15
Ibídem, §46
realidad “Todo término para empezar es un sujeto lógico: es, por ejemplo, el
sujeto de la proposición que él mismo es uno. Además todo término es
inmutable o indestructible. Lo que un término es, eso es, y no puede concebirse
en él ningún cambio que no destruya su identidad y lo transforme en otro
término”16. En otras palabras, un término representa unidad, cualquier palabra
que se clasifique dentro del grupo de los términos está en representación de la
cosa que denota, independientemente de si la cosa en cuestión existe o no.
Esto se expresa en el siguiente pasaje “Llamaré <<término>> a todo lo que
puede ser objeto de pensamiento o pueda figurar en cualquier proposición
verdadera o falsa, o pueda contarse como <<uno>> […]”17. En otras palabras,
los términos son la unidad básica de la realidad.
Sin embargo, una de las condiciones para que una palabra sea un término en
“The principles” es que debe poseer significación propia, es decir, el significado
de la palabra en cuestión no debe depender de ningún otro término, de lo
contrario, se trataría de una convicción lógica, lo que más adelante llamaría
“una ficción lógica”. Por lo tanto, ¿qué es la significación? Para Russell, que
puede ser considerado un referencialista, el significado de un término se agota
en la cosa que denota, es decir, un término está en lugar de la cosa y refieren
exactamente lo mismo. En otras palabras, la significación de un término está en
el objeto denotado. Esta afirmación de Russell corrobora mi idea: “[…] Todas
16
Ibídem, §47
17
Ídem
18
HURTADO Guillermo (1998), Proposiciones russellianas, UNAM, México, pág. 21.
las <<palabras>> tiene significación, en el sencillo sentido de que son símbolos
que representan algo distinto de ellas […]”.19
Sin embargo, ¿Qué ocurre cuando una proposición versa sobre un objeto que
no existe?, es decir, ¿Podemos predicar algo de algún “objeto” inexistente? La
respuesta de Russell en TPM es que este tipo de proposiciones son
19
RUSSELL Bertrand, The principles of mathematics, op. cit. §51
20
Ibídem, §56
21
Véase, Ibídem, §57
asignificativas cuando el sujeto de la proposición es un “objeto” inexistente
comprobado mediante una descripción. Por ejemplo, (1) 'Mickey mouse es un
importante accionista de Disney' puede transformarse en (2) '<<La mascota
animada de The Walt Disney Company>> es un importante accionista de
Disney'. La proposición (1) puede ser veritativamente incierta para quien no
tiene una impresión del sujeto, pero la proposición (2) es asignificativa porque
se predica algo de una descripción que no tiene una denotación.
22
Ibídem, §52
23
HURTADO Guillermo (1998), Proposiciones russellianas, op. Cit., pág. 20.
refutar el idealismo y, al mismo tiempo, justificar su posición, aunque no
siempre es posible distinguirla. Explico: por una parte, Russell pretende que
todo aquello que es objeto de conocimiento sea independiente de la mente que
lo conoce, la cual es una postura realista que adopta de Moore; por otro lado, el
conocimiento de entes no-existentes, como los matemáticos, sugiere una
realidad ideal de la que se pueden extraer. Lo único inmutable en este aspecto
es que mantiene una posición empirista, aunque con toques realistas o
idealistas.
24
PÉREZ Jara Javier (2012), La filosofía de Bertrand Russell, Pintalpa ediciones, España, pág. 445
justificación de las matemáticas. El orden para Russell es una combinación de
tres tipos de relaciones: asimetría,25 transitividad y conexidad.26
La lógica idealista se basa en relaciones internas, esto es, que existe un todo
en el cual se dan las relaciones entre sus propios términos y al cabo de un
análisis correcto de la misma unidad se puede dar cuenta de que no existe
diferenciación entre los términos y las relaciones pues ambas son parte de la
misma cosa. “Toda noción de orden antes dada […] será rechazada por
aquellos filósofos […] que sostienen que ninguna relación puede tener validez
absoluta y metafísica”.27 Por lo tanto, no hay ninguna diferencia entre sus
propios términos ni entre sus relaciones.
Russell ejemplifica esta cuestión con la relación aRb, donde R es ‛mayor que’
(el cual es asimétrico). Para los monistas, esta relación se representaría (ab)R,
recordando que los términos a y b son un todo, por lo que diríamos que “(ab)
tiene la relación ‛mayor que’” o “(ab) contiene diversidad de magnitud”. Pues
bien, ambas opciones son simétricas. Las proposiciones no impiden que tanto
a como b sean antecedentes o consecuentes, por lo que sería imposible formar
una serie numérica mediante tal herramienta.28
25
La asimetría también se le ha denominado relación aliorelativa, término que Russell acuñó de Peirce.
26
Véase, RUSSELL Bertrand & WITHEHEAD Alfred N. (1927), Principia mathematica, Volume II,
Cambridge at university press, second edition, pág. 497.
27
RUSSELL Bertrand, The principles of mathematics, op. cit., §212.
28
Véase, ibídem, § 215
completamente necesario que una serie posea términos, en cambio, la clase
puede prescindir de éstos.
Para librar las dificultades del monismo, Russell propone una lógica de
relaciones externas, que se desprende del instrumento simbólico de la lógica
de Peano. En esta nueva concepción, las cosas ya no pertenecen a un único
conjunto, sino que cada elemento de la realidad es independiente de los
demás, pero que al mismo tiempo se relacionan entre sí. Estas relaciones, a su
vez, son independientes de los objetos que relacionan. En el lenguaje corriente,
se les conoce como verbos.
Por otro lado, el conocimiento de los entes que no poseen existencia se basa
en la percepción mental, este es el caso de los números y del conocimiento por
29
Ibídem, § 462
inferencia. Dicha percepción mental puede dividirse en dos subtipos, una es el
conocimiento directo de los entes no-existentes y otra es el conocimiento
inferido; este último es posible gracias a la relación lógica entre los entes
implicados. “[…] la mente, de hecho, es tan puramente receptiva en la
inferencia como el sentido común supone que lo es en la percepción de los
objetos sensibles”.30
30
Ibídem, § 37
31
Ibídem, § 427
Entre las nociones más fundamentales de las matemáticas se encuentra la de
clase o conjunto, la cual, como vimos anteriormente, se usa, tanto para
construir la definición de número, hasta para definir el predicado (los conceptos
de relación y propiedad). Bien, en 1901, Russell descubre que la noción de
clase usada en su propio logicismo y, a la vez el de Frege, esconde una
dificultad prácticamente insalvable: existe una contradicción en la definición y
uso lógico de las clases, del mismo tipo que la contradicción del mentiroso o la
del barbero, es decir, una contradicción autoreferencialista.
Ahora bien, considérese la clase de todas las clases que no son miembros de
sí mismas, es decir, todos los conjuntos de Russell reunidos en un único
conjunto que denominaré W, entonces, ¿W es miembro de sí mismo? Por un
lado, si W pertenece a W, no debería ser miembro de sí mismo ya que W no
pertenece a W según su propia definición. Por otro lado, si W no pertenece a
W, entonces sí debería pertenecer a sí mismo debido a su definición, por lo
tanto, W se contradice a sí misma. Russell la representa formalmente del
siguiente modo:
Esta paradoja pone en jaque el logicismo ya que uno de los indefinibles de las
matemáticas es contradictorio. Una resolución satisfactoria es esta dificultad
tardaría cinco años más, sin embargo, el logicismo había empezado a levantar
sospechas entre los matemáticos y en 1931, el matemático alemán Kurt Gödel
publicó dos teoremas de incompletud donde demostraba que ningún sistema
formal puede ser al mismo tiempo completo y consistente, es decir, que la
aritmética no podía fundamentarse por completo sin introducir una fuente
externa al formalismo o, en su defecto, debía aceptar antinomias. Ello era lo
que exactamente había pasado con la paradoja Russell.
Según Russell, toda función proposicional define una clase, y ésta equivale a
todos los valores verdaderos para la sustitución de la variable. Pensemos en ‛x
en un humano’ que define la clase compuesta por los seres que comparten la
característica de tener humanidad. ‛x’ puede sustituirse por ‛Zeus’ o por
‛Sócrates’, pero sólo la sustitución del segundo caso pertenecería a la clase
conformada por los humanos. De este modo, la paradoja también se presenta
en la predicabilidad como lo muestra el siguiente párrafo:
32
Ibídem, § 78
cuales se le conocen como teoría de los tipos lógicos y teoría de las
descripciones definidas.
El presente capítulo tiene por objetivo enunciar las soluciones de Russell para
la paradoja de los conjuntos. En un principio, el filósofo británico pensó que la
solución sería rápida y que la propia paradoja era únicamente un juego del
lenguaje, pero, a medida que intentaba encontrar una solución, se daba cuenta
de que el propio lenguaje jugaba en su contra y si quería tener una solución,
debía realizar sutiles modificaciones a éste.
La teoría de las descripciones es una de las pautas para el análisis del lenguaje
y también para resolver algunas dificultades en torno a la paradoja Russell.
Esta teoría pretende solucionar los problemas en torno a la significación de
proposiciones donde se predica algo de una descripción. En primera instancia,
puedo adelantar que en On denoting (1095), el filósofo inglés resuelve los
problemas de la denotación quitando significado propio a las frases
denotativas, es decir, crea los símbolos incompletos. En principia mathematica,
este concepto se define del siguiente modo: “Por un símbolo <<incompleto>>
nos referimos a un símbolo el cual no tiene significado en solitario, pero es
𝑑 𝑏
definido en ciertos contextos. En matemáticas ordinarias, por ejemplo 𝑑𝑥 e ∫𝑎
son símbolos incompletos: algo tiene que ser proporcionado antes de que
tengamos algún significado”.34
Al analizar lógicamente las proposiciones que cuentan con una descripción por
sujeto, Russell notó que no hay una manera clara de simbolizarlas, es decir,
lógicamente, las frases denotativas son incompletas. La teoría denotativa de
Russell está enfocada en resolver tres dificultades básicas; la primera respecto
a la validez de una sustitución de una denotación por un nombre propio, por
ejemplo, ‛Scott es el autor de Waverley’ (ᴊx)(x es autor de Waverley)35, si Scott
33
Véase, infra, pág.
34
RUSSELL Bertrand & WITHEHEAD Alfred N., principia mathematica, tomo I, Op. Cit., pág. 66
35
La forma canónica es (ᴊx)(φx) que significa el x que satisface φẋ. La iota invertida significa una
descripción. Por ejemplo (ᴊx) es una descripción de x.
lo era realmente, entonces Scott es Scott, es decir, si α= (ᴊx)(φx), entonces
α=α. Esta misma dificultad podemos hallarla en la descripción ‛el primer
hombre en pisar la luna’ donde ésta no es lo mismo que Neil Armstrong.
36
α no existe
II) Que exista uno y sólo un individuo que haya pisado la luna, es decir,
“es siempre verdadero que ‛si x e y fueron los primeros en pisar la
luna, x e y son idénticos’”
Dadas estas tres suposiciones que tiene la proposición ‛el primer hombre en
pisar la luna era estadounidense’ tendríamos la siguiente proposición, “existe
un c tal que ‛x es el primer hombre en pisar la luna, es siempre verdadero para
x’ si y sólo si x es idéntico a c”, nosotros diremos con razón del ejemplo que c
es Neil Armstrong; formalmente:
Para Russell toda palabra debe referirse a algún objeto de la realidad, teoría
que se conocería como referencialismo. A todo objeto de la realidad le
corresponde un nombre, por ejemplo, libro, mesa, televisión, en otras palabras,
el nombre está en lugar de la cosa. "[…] si <<a>> es un nombre, tiene que
nombrar algo; aquello que no nombra nada no es un nombre y, por lo tanto, si
se presenta como un nombre, es un símbolo desprovisto de sentido
[significado]"37.
37
RUSSELL Bertrand, introducción a la filosofía matemática, Op. Cit. Pág. 156
valores de x (universal) y ‛φx a veces es verdadera’ que es válida para algunos
valores de x (existencial). De igual modo, otra función de función es la que
permite de uno u otro modo la intervención de una función que tiene una
expresión denotativa, esto es, que f[(ᴊx)(φx)] es parte de otra función, por
ejemplo, 'yo pensaba que el primer hombre en pisar la luna era toluqueño'. Esta
última proposición es lo que Russell llamará ocurrencia secundaria [occurrence]
y de la sustitución de la descripción por una constante resultará una
proposición ambigua. En cambio, una ocurrencia primaria será aquella en que
la descripción pueda sustituirse por una constante y resultará una proposición
completamente significativa como 'el primer hombre en pisar la luna era
estadounidense'.
38
Véase, RUSSELL Bertrand, lógica y conocimiento, Op. Cit. pág. 70.
la diferencia. Sin embargo, si es cierto que A y B son diferentes, entonces tal
diferencia existe.
La teoría de los tipos marca una disociación entre el conjunto y los elementos
que contiene, pero no viceversa, es decir, la disociación es asimétrica respecto
a la relación que existe entre el elemento y el conjunto al que pertenece. En
otras palabras, la teoría prohíbe que un conjunto sea definido en términos de sí
mismo o por medio de los elementos que contiene, pero no prohíbe que el
elemento sea definido por medio del conjunto. Las paradojas sólo pueden
evitarse mediante esta disociación, en términos de Russell: “Estas falacias,
como vimos, han de ser evitadas poniendo en práctica lo que podría llamarse
<<el principio de círculo vicioso>>, esto es: <<Ninguna totalidad puede
contener miembros definidos en términos de sí misma>>”.39
Esta disociación no sólo marca una restricción a las paradojas, sino también a
la inducción matemática, es decir, si la teoría de los tipos es cierta, deducir las
propiedades de un término a su sucesor es imposible. En otras palabras, no se
pueden deducir las propiedades del número cero a sus sucesores 0 + n, ya que
están restringidas las proposiciones del tipo “todo x” o “todas las proposiciones
de x”. Una proposición como ‛todas las propiedades de un número natural S
son verdaderas para cualquier sucesor Sn y lo serán también para Sn+1’, resulta
ser una antinomia bajo la normativa de la teoría de los tipos. Otra crítica fue la
realizada por Poincaré, argumentó que el principio de inducción matemática era
definido en los propios términos del mismo para el proyecto formalista de
Hilbert.
39
RUSSELL Bertrand (1966), lógica y conocimiento, Madrid: Taurus ediciones, pág. 102.
de vista. El problema tanto de las paradojas auto-predicativas como del
formalismo del principio de inducción completa de Hilbert residía en el uso de la
totalidad, mediante ‛todos’. “[…] En cada una de las contradicciones se dice
algo acerca de todos los casos de un determinado género, y de lo que se dice
parece resultar un nuevo caso que es y no es a la vez del mismo género que
los casos comprendidos, todos ellos, en lo que se dijo. […]”.40 Por lo tanto,
Russell sabía que debía limitar o prohibir el uso de las totalidades,
concretamente de aquellas que se definen en términos de sí mismas. El filósofo
inglés optó por la segunda opción con su teoría de los tipos. Por un lado, esta
prohibición salvó, provisionalmente, el logicismo. Por otro lado, respecto de la
inducción matemática, que requería de totalidades, descubrió que los términos
todo y cualquiera son distintos pero que cumplen la misma función para el
principio de inducción completa.
En lugar de demostrar que todos los números que siguen de 1 tienen las
mismas propiedades que su antecesor, notó que es más fácil demostrar que lo
tiene cada uno de los sucesores, es decir, no debe demostrarse que todo
número natural tiene x propiedad, sino que cualquier número que se tome de la
serie de los naturales tiene la propiedad x. El siguiente paso era convertir todas
las proposiciones con el cuantificador universal en proposiciones existenciales.
Este problema se resolvió mediante el axioma de reductibilidad, el cual enuncia
que cualquier proposición universal puede transformarse en una proposición
predicativa, es decir, en una proposición de la que dado un sujeto x se puede
predicar una función φ. “[…] Toda función proposicional es equivalente, para
todos sus valores a alguna función predicativa”41. Este fue el procedimiento
más criticado por Wittgenstein porque, aunque nada evita que pueda hacerse
tal reducción, tampoco hay nada que obligue dicho proceso, es decir, se
convierte en un axioma verdadero, algo que en lógica y matemática es
impensable, todo axioma es necesario y éste parece ser contingente.
40
Ibídem, pág. 80.
41
Ibídem, pág. 112.
que generaba. No obstante, esta teoría, junta a la de las descripciones,
modelaron el pensamiento filosófico de Russell al grado de modificarlo casi por
completo.
La filosofía del atomismo lógico es una serie de ocho conferencias que Russell
dictó en Londres, en 1918 y que se publicaron en la revista The mosnit. La
reedición de estas conferencias se recoge el texto Lógica y conocimiento
(1956) a modo de ensayo. Las ideas que expresa en este texto son producto
de las construcciones lógicas de Principia mathematica (1910-1913) y de las
conversaciones que tuvo con su discípulo y colega austriaco L. Wittgenstein;
mientras ésta residía en Cambridge.
La manera de descubrir los elementos lógicos del mundo se hace por medio
del lenguaje. Sin embargo, éste análisis no se realiza sobre el lenguaje
cotidiano, sino del lenguaje creado por Russell y Whitehead en Principia
42
RUSSELL Bertrand, lógica y conocimiento, Op. Cit. pág. 252.
mathematica, el cual, a modo de ver de Russell, es una perfecta representación
de la realidad sin las ambigüedades del lenguaje corriente. En otros términos,
el análisis lógico del mundo es, al mismo tiempo, el análisis lógico del lenguaje.
Todos los hechos con los que nos encontremos son objetivos, en el sentido de
que pueden ser percibidos por medio de nuestros sentidos, sean éstos por
medio del cuerpo o de las sensaciones psicológicas. “Es importante reparar en
que los hechos pertenecen al mundo objetivo. No han sido creados, salvo en
casos especiales, por nuestros pensamientos o creencias […]”44 En el
inventario ontológico de Russell, existen diferentes tipos de hechos que
guardan distintos niveles de realidad. Por un lado, están los hechos que
corresponden a la naturaleza como del tipo 'Está lloviendo' o 'Esto es blanco' y
de los que se encargan las ciencias naturales.
43
Ibídem, pág. 255
44
Ibídem, pág. 257
45
Ibídem, pág. 303 - 304
expresen deseos o creencias o cosas por el estilo son representaciones de
hechos del tipo 'deseo p' o 'creo en la proposición p'.
Los hechos generales son otro tipo de hechos, es decir, aquellas que llevan el
cuantificador relativo a “todos”, como 'Todos los hombres son mortales'. “[…]
está claro que contamos con proposiciones generales en el mismo sentido en
que contamos con proposiciones atómicas […], pero no sólo tenemos
proposiciones: también tenemos hechos de este género […]”46. La
consideración de este tipo de hechos por parte de Russell se debe a que no es
posible inferir una proposición generar por medio de la inducción, sin antes
haber considerado la misma proposición general dentro de las premisas. En
otras palabras, la inducción no se completa únicamente de proposiciones
particulares, sino que necesita de una proposición general que determine el
final de la enumeración.
En torno a las proposiciones generales, Russell nos aclara dos pautas lógicas:
1) una proposición general no implica nunca una proposición de tipo
existencial, por ejemplo, 'Todos los hombres son mortales' no implica que haya
hombres; si se quiere dar a entender que éstos existen, se debe añadir por
separado 'y existen hombres', esto se hace con el objetivo de evitar la
multiplicación innecesaria de seres. 2) Las proposiciones generales tienen
implícita una proposición hipotética, por ejemplo, 'Todos los hombres son
mortales' significa “'x es un hombre' implica 'x es mortal' cualquiera que x pueda
ser”47; esta distinción se hace, por una parte, para evitar asumir que existen
seres llamados hombres y, por otro lado, para evitar la paradoja
autoreferencialista, que se presenta en las totalidades.
El último de los hechos que hay que considerar son los hechos negativos;
éstos deben su existencia de acuerdo a las proposiciones atómicas negativas
verdaderas. Un hecho atómico se corresponde con una proposición atómica,
por ejemplo ‛el agua marina es salada’ (p), cuya verdad se corroborará con un
hecho. Ahora, la proposición molecular ‛el agua marina es salada o picosa’ (p ˅
q) son dos proposiciones atómicas a cada cual le debería corresponder un
46
Ibídem, pág. 329
47
Véase, Ibídem, pág. 333
hecho. Sin embargo, cuando voy a playa y por alguna distracción ingiero agua
marina, me percataré de que ésta es salada y bajo ninguna situación
encontraré alguna otra que sea picosa, entonces ¿cuál es el hecho que se
corresponde con ‛el agua marina es picosa’? Hay dos opciones, o existe un
hecho molecular que sintetice la disyunción o existe un hecho para q. En este
caso, Russell acepta la existencia de un hecho que niegue q, es decir, ¬q. “[…]
en cuanto llevo dicho hasta el presente, se halla implícita la admisión de que
hay hechos negativos […]”48 Con esto, hay un hecho negativo que me permita
corroborar q. Ambas opciones presentan graves dificultades, por un lado,
aceptar que existen hechos moleculares equivale a aceptar la existencia de las
constantes lógicas y más grave aún, aceptar que el mundo puede tener casos
contradictorios y tautológicos, algo completamente demencial. Por otro lado, los
hechos negativos representan un número mayor que los hechos positivos, por
ejemplo, si afirmo que el agua marina es salada, niego los otros sabores que
pueda percibir, ello crea un universo superpoblado de hechos negativos, donde
sólo una pequeña parte de la totalidad son conocidos afirmativamente. Ambas
opciones son completamente descabelladas, pero creo que los hechos
negativos son el menor de los males. A raíz de esto, Russell relata “[…]
Cuando hablé en Harvard de este tema sostuve que había hechos negativos, y
tal afirmación estuvo a punto de provocar un tumulto: la concurrencia no quería
oír hablar, bajo ningún concepto, de la existencia de hechos negativos. Por mi
parte, sigo inclinado todavía a pensar que los hay […]”49.
48
Ibídem, pág. 296
49
Ídem
que usualmente nombramos como tal. “[…] ocurre que nosotros aceptamos
como particulares, en la vida cotidiana, toda suerte de cosas que lo son
realmente […]”.50Un particular debe ser conocido directamente. Así, lo que
Russell llamará particulares son, entonces, fugaces percepciones de las cosas,
y éstas, a su vez, son una serie de particulares correlacionados, de los que nos
es posible predicar. El particular tiene una realidad objetiva, en cambio, las
cosas, o lo que nosotros llamamos como tal, no la tienen. Lo que nosotros
conocemos como cosas son una especie de película en stopmotion y cada
particular no es más que una fotografía de la secuencia, una entre los miles de
fotogramas que componen esta película que llamamos objeto.
50
Ibídem, pág. 281
51
Ibídem, pág. 384
abreviadas; más aún, lo que éstas describen no son particulares, sino
complicados sistemas de clases o de series […]”.52
Los únicos componentes que tiene un significado propio y que, por lo tanto,
pueden ser un verdadero componente, son, únicamente, los nombres propios;
éstos deben aprenderse exclusivamente en presencia del particular que
constituye su legítimo significado. Las descripciones definidas no son sujetos
lógicos, sino símbolos complejos.
52
Ídem
53
AYER A. J., (1973), Russell, España: Grijalbo, págs. 60-61
54
Ibídem, pág. 39
forzosamente deben ser percibidos. Aquellas cuasi-entidades a las que se
refiere la lógica y las matemáticas son ficciones lógicas. Ello se debe a que el
significado de un término está ligado al particular percibido, en otras palabras,
el significado de un término es la percepción de la cosa a la que se refiere
dicho término. Las ficciones lógicas no pueden ser particulares porque no
tienen un significado propio.
Dado que los particulares son datos sensoriales simples con una corta
duración, los símbolos para referirse a ellos también deben ser simples.
Cualquier entidad que sobrepase los datos sensoriales es una construcción
lógica o mental que corresponde al conocimiento por descripción, pero hablaré
de ello más adelante. Dichas entidades simples deben ser correspondidas con
un símbolo simple que son los nombres propios. Los símbolos del lenguaje
deben dar crédito de la existencia de las entidades a las que refieren. En otros
términos, el lenguaje debe reflejar exactamente la realidad.
La razón de que un lenguaje así exista es que, para Russell, el mundo tiene
una estructura intrínseca, la cual puede ser descubierta por medio de la lógica,
es decir, hay un isomorfismo mundo-lenguaje. El contenido de la realidad se
corresponde a las pautas de significado establecidas por la teoría de las
descripciones, mientras la estructura lógica de la realidad se corresponde a la
sintaxis en un lenguaje formal que se expresa con la teoría de los tipos lógicos.
La teoría de los tipos lógicos establece una jerarquía de términos donde no es
posible crear proposiciones entre términos de tipos idénticos. Si formulamos
55
RUSSELL Bertrand, lógica y conocimiento, Op. Cit. pág. 277.
una proposición que no obedece a tal estructura, se incurren, no en
proposiciones falsas, sino en pseudo-proposiciones. Algunos de los ejemplos
más claros de estas violaciones se encuentran en la metafísica clásica. A razón
de ello, Rudolf Carnap (1891-1970) muestra cómo algunas de las
proposiciones de la metafísica tradicional incurren en faltas sintácticas de esta
categoría: “[…] aquí tenemos una violación de las reglas de la llamada Teoría
de los tipos. Un ejemplo artificial es la proposición anteriormente analizada:
'Cesar es un número primo'. Los nombres de personas y los nombres de
números pertenecen a diferentes tipos lógicos […]”.56 Aunque el ejemplo del
autor está claramente exagerado, muestra que este tipo de violaciones pueden
llegar a ser evidentes bajo la lupa de un aparto lógico adecuado.
Bien, un lenguaje que respete las teorías antes mencionadas y siga la forma
descrita en los principia mathematica, será un lenguaje meramente formal. Así,
aunque un lenguaje como el de los principia evada las complicaciones
recurrentes de la metafísica clásica sería, en efecto, inútil a la comunicación
humana. A raíz de las discusiones con Wittgenstein, Russell adopta la postura
de que la lógica y, con ello, las matemáticas son tautológicas, es decir, no
puede decirse nada que no esté ya contenido en el sistema: “[…] toda
proposición perteneciente al dominio de la lógica habrá de equivaler en uno u
56
CARNAP R., Superación de la metafísica mediante al análisis lógico del lenguaje, en AYER A. J. (comp.),
(1973), el positivismo lógico, México: fondo de cultura económica, págs. 81-82
otro sentido a una tautología”57. Por ende, un lenguaje de estas características
tornaría a la comunicación humana en un intercambio de sinónimos. Russell lo
expresó de esta forma:
57
RUSSELL Bertrand, lógica y conocimiento, Op. Cit. pág. 338
58
Ibídem, pág. 274
59
Russell Bertrand, El conocimiento humano. Sus alcances y sus límites, op. Cit., pág. 74
denotativa de Russell arrojó que las formas lingüísticas no son iguales a las
formas lógicas, como diría Wittgenstein:
60
AYER A. J., (1973), Russell, op. cit., pág. 49
61
RUSSELL Bertrand, lógica y conocimiento, Op. Cit. pág. 256
“Los fantasmas e imágenes existen, indudablemente, en el sentido,
cualquiera que éste sea, en que lo hacen los objetos ordinarios. […] Las
correlaciones de sus imágenes unas con otras son muy diferentes de las
correlaciones entre los que damos en llamar objetos 'reales'. Pero esto
no es decir que las imágenes sean irreales. Es decir sólo que no
pertenecen al dominio de la física. […] ”62
Toda proposición lleva consigo algún término que represente una idea
universal, este es el caso de los verbos y los conceptos, principalmente. Los
universales son percibidos directamente debido a su simplicidad simbólica.
Russell indica que los universales no existen en el tiempo o el espacio, sin
embargo, que son “algo” del que se pueden desprender las cualidades de los
62
Ibídem, pág. 361
63
Los problemas de la filosofía, pág. 31 ***
objetos, por ejemplo, la blancura es un universal de que se desprenden las
cosas blancas.
Los universales son conocidos por medio de una abstracción mental de ciertas
cualidades o relaciones presentes en los particulares “cuando vemos una
mancha blanca, conocemos directamente, en primer lugar, esta mancha
particular; pero al ver varias manchas blancas, aprendemos fácilmente a
abstraer la blancura que tienen todas en común, y al hacerlo, aprendemos a
tener conocimiento directo de la blancura”64. Pero los universales existen en
independencia de la mente que los percibe; no es necesario conocer todos los
casos de caída de libre para saber que, si suelto un objeto, caerá. Del mismo
modo, basta con que me exponga a unos cuantos objetos blancos para poder
reconocer en el futuro nuevos casos de blancura.
64
Ibídem, pág. 65
65
Véase, RUSSELL Bertrand, lógica y conocimiento, Op. Cit. pág. 292-293
se da división alguna de los hechos en verdaderos o falsos: sólo hay hechos a
secas. […]”66
66
Ibídem, pág. 259
67
Ibídem, pág.281
del universo tiene una estructura lógica que puede ser descubierta mediante un
lenguaje apropiado.
Los objetos que usualmente creemos conocer son ciertamente conocidos por
referencia, ya que lo que llamamos mesa o casa son una serie de particulares
que guardan ciertas relaciones, como una relación espacial o una relación con
otros objetos incluido el sujeto que la percibe. Cuando me refiero a la mesa
como un objeto, lo que en realidad hago es reunir todos los particulares como
su color, textura, posición, etcétera en un solo conjunto que enuncio como
mesa. Al emitir una proposición sobre la mesa versará sobre dicho conjunto y
establecerá una relación que, dependiendo del hecho a que se refiera, será
68
Los problemas de la filosofía, pág. 31 ***
verdadera o falsa. Por lo tanto, nuestro conocimiento de los objetos es un
conocimiento por descripción, aunque estas descripciones estén disfrazadas.
En suma, todo nuestro conocimiento por referencia debe estar formado por
conocimiento directo, del mismo modo que los símbolos complejos están
formados por símbolos simples. Nuestro lenguaje debe, en teoría, reflejar esta
estructura, tanto de la realidad como del conocimiento, “Toda proposición que
podamos entender debe estar compuesta exclusivamente por elementos de los
cuales tenemos un conocimiento directo”69. Estas ideas, además del análisis
lingüístico, serán aprovechadas por algunos miembros del círculo de Viena tan
solo unos años después.
69
Ibídem, pág.37
Conclusiones
El objetivo de este trabajo era el de mostrar que la teoría de los tipos lógicos y
de las de las descripciones cambiaron los conceptos de realidad y
conocimiento que Russell había establecido en The principles of mathematics.
El modo en que esto se logró fue en base a la significación de los términos.
Para Russell, un término debe significar la cosa a la que se refiere, es decir, la
palabra está en representación de la cosa, por lo que, al entender una palabra,
estamos también entendiendo la cosa a la que hace referencia. En este
sentido, el lenguaje está en medio del mundo y del sujeto, es el camino para
conocer el mundo.
Sin embargo, la teoría de las descripciones no evita por sí misma que las
paradojas se generen, es decir, no evita que existan clases definidas por sus
elementos, sólo indica que pueden ser definidas por otros medios. Para ello
surge la teoría de los tipos, la cual enuncia tajantemente que no se pueden
definir las clases en términos de sus elementos y lo hace creando niveles o
tipos de palabras donde, lógicamente, no pueden enunciarse proposiciones con
palabras del mismo nivel; por lo que, si quiero definir el conjunto de los lápices,
no puede hacerlo por medio de los lápices.
Es cierto que estas teorías generan aún más problemas, incluso, no hay una
definición concreta de lo que significa una clase, a medida que Russell subía
un escalón hacía su objetivo, la escalera aumentaba dos peldaños más. Estas
críticas las hizo ver Wittgenstein en su tractatus, al punto de juzgar que el
trabajo de Russell no era lógico, sino metafísico, cosa que el mismo Russell
aceptó en 1918.